Al margen de las películas de Paul Smith y Michael Coby y sus descarados exploits de las de Bud Spencer y Terence Hill, podemos hablar de otro fenómeno estrictamente italiano, que quizás prosperó algo menos a nivel popular, pero convertiría las películas de Spencer + Hill en un género en sí mismo. Me refiero a aquellas similares a las de la pareja europea por antonomasia, en las que otros actores adoptarían los roles que ellos deberían asumir (sin que estos los interpreten ni Paul Smith ni Michael Coby). Para que me entiendan, películas como las de ellos, pero sin ellos (ni sus clones). “Forajidos 77” tendría ramalazos de esto que digo y “Dos primos y un destino”, con Tomas Milian y Renato Pozzetto, pese a ser una cinta más dentro de la saga de "Monnezza", uno de los personajes que popularizaría Milian en su cine, bien podría ser un producto más de los que protagonizaron Spencer y Hill.
Pero el caso que nos ocupa es más flagrante. Y se trata de una gran rareza.
Es una secuela directa del clásico “También los ángeles comen judías”, una comedia ambientada en el Nueva York de los años 30, al igual que su predecesora, que, a pesar de contar con su estreno en salas en Italia e incluso ser exportada a España, pasó inadvertida para el imaginario popular. No sin razón, porque se trata de una de Bud Spencer y Terence Hill sin Bud Spencer ni Terence Hill. Hablo de “El contragolpe” (el título, obviamente, trata de parodiar el del clásico americano “El golpe”) de 1973.
Y es que cuando Enzo Barboni puso en marcha su coproducción ítalo-hispano-americana “También los Ángeles comen judías”, lo que tenía en mente era hacer una película con Bud Spencer y Terence Hill, pero, a causa de problemas burocráticos que venían por parte de la producción estadounidense, se contrató a Spencer, pero no a Hill, por lo que se buscó un sustituto, en este caso Giuliano Gemma, que no había hecho nunca comedia. Así las cosas, se le pidió que, para la ocasión, imitara lo máximo que pudiera el estilo de Terence Hill y, obediente, Gemma así lo hizo.
Barboni rodó su película lo mejor que pudo; sin embargo, poco antes del estreno les advirtió a los productores que no se fliparan, que esto no iba a ser un gran éxito como las películas de “Trinidad”, porque aquí no estaba Terence Hill. Barboni se equivocaba, porque lo cierto es que hizo una de las mejores del subgénero, y Bud Spencer y Giuliano Gemma tenían la química suficiente como para que no se echara de menos a Hill. Hay quien dice que Bud funcionaba mejor con Giuliano que con Terence. Y la película resultó ser un éxito internacional. En España la vieron en el cine casi dos millones de espectadores.
Debido a semejante pepino, todavía caliente, Barboni escribió una secuela para seguir explotando la gallina de los huevos de oro, pero, consciente de la apretada agenda de Bud Spencer, contó con los servicios de Giuliano Gemma, que interpretaría el mismo rol que en la anterior, "Sonny", y escribió un papel para un sustituto de Spencer, que interpretaría el sueco Ricky Bruch, con un físico similar, quizás más mazado, pero espantoso actor en general y, en particular, espantoso imitador de Bud Spencer.
Bruch en realidad no era actor. El año anterior se hizo muy popular en Alemania porque, como atleta de élite, había ganado la medalla de bronce de lanzamiento de disco en las olimpiadas de Múnich, y como el público potencial de las películas de Barboni se encontraba en Alemania, quiso usar al deportista como reclamo. Luego aparecería en un par más de películas, pero su carrera como actor no prosperó más allá de “El contragolpe”.
Asimismo, aunque utiliza a un personaje principal de “También los ángeles comen judías”, el film no tiene continuidad con aquella.
"Sonny" es un tipo muy pobre que sueña con ser gánster. Con malas artes logrará embaucar a un mafioso que le ofrecerá una calle a su cargo en Nueva York, que a su vez está protegida por un tal "Rocky" quien resulta ser el cura del barrio que, además de exboxeador, regenta una destilería clandestina. Se creará un conflicto de intereses que desembocará en enredos y secuencias de peleas al estilo Spencer-Hill.
Esta vez la cosa resultó un fracaso. En España la vieron medio millón de espectadores de la época y ni siquiera tuvo edición en vídeo. La única forma de consumirla hoy es recurriendo a la descarga ilegal de una copia proveniente de su emisión en el canal 8 Madrid.
De título original “Anche gli angeli tirano di destro” (que podría haberse traducido como “También los ángeles se levantan con el pie izquierdo”), y conocida en según qué otros países como “Charlestón”, “El contragolpe” resulta una estupenda comedia de hostias, enredos y situaciones resueltas a base de slapstick y malentendidos que quizás no obtuvo el éxito que merecía porque en realidad es una película de Terence Hill y Bud Spencer en la que ellos no están; es decir, falta el reclamo principal por mucho que Gemma vuelva a interpretar el papel de "Sonny". Y no creo que el gigante sueco, que a buen seguro enviaba los discos que lanzaba al quinto coño, resulte tan atractivo para el público de este tipo de películas como sí lo era Bud Spencer. Por supuesto, no es tan divertida como “También los ángeles comen judías”, pero sí que es estimable y a tener en cuenta.
Mostrando las entradas para la consulta MICHAEL COBY ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta MICHAEL COBY ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas
martes, 7 de abril de 2026
sábado, 25 de enero de 2025
QUINTA AVENIDA
Traduciendo literalmente uno de sus dos títulos originales, "Fifth Avenue" (el otro, mucho más adecuado y conocido, es "Bits & Pieces") "Quinta Avenida" parapeta un auténtico desvarío que, perfectamente, podría encajar en una lista de "malas pero divertidas". Además, fue parida el sagrado 1985... ¿se puede pedir más?
Arthur sufrió muchas vejaciones por parte de su madre cuando era chaval. Por ello, acabó matándola. Ya adulto, se ha convertido en un auténtico misógino que secuestra a mujeres golfas, las disfraza de su progenitora y descuartiza. Eso mismo le ha pasado a la amiga de la prota, quien se enamorará del policía que investiga el crimen y, juntos, terminarán enfrentados al temible psicópata.
Hacer un recuento de todas las anti-virtudes de "Quinta Avenida" supone un auténtico esfuerzo. Probablemente me deje algunas pero, oiga, mejor para ustedes. Más sorpresas.
De entrada, por el trauma con su madre y el hecho de que existe un maniquí disfrazado de esta con el que el asesino parlotea, la cosa recuerda mucho a "Maniac". Luego, que el tipo vista con una camisa blanca y su corbata (siempre susceptibles de recibir salpicaduras tras cometer un crimen, aunque al día siguiente luzcan como nuevas) y mutile a sus víctimas -todas "bimbos". A veces cuesta distinguirlas, e incluyo aquí a la protagonista- tumbándolas en una mesa de sacrificios, trae a la memoria los desmanes de "Fuad Ramses" en "Blood Feast", el clásico de Herschell Gordon Lewis. Cosa ampliada a la incapacidad de ambos intérpretes. Los dos "histrionan" que da gusto. Hasta la risa. Aunque, por desgracia, el gore de la reseñada es menos explícito. Mucho líquido rojo, pero casi siempre fuera de cámara.
¿He dicho risas? "Quinta Avenida" reserva unas cuantas de esas involuntarias, las que molan. Tal vez, lo mejor recaiga sobre la historia de amoríos entre la protagonista y el policía. Ella, como decía, rubia, guapa y joven. Él, un señor de mediana edad, medio calvo, con mostacho y no muy agraciado. Primero tienen un encuentro algo tenso en comisaría. Terminan haciendo las paces y él se compromete a llamarla en caso de que haya novedades. Al día siguiente cumple, aunque el motivo no es la investigación del crimen, sino para preguntarle si quiere acompañarle a la playa. Ella, a pesar del trauma de saber que su amiga ha sido descuartizada como quien dice ayer, accede encantada. Y van, y nos comemos una larga escena de ambos jugueteando en la arena, besándose y amándose a base de alegre tonadilla pop, imágenes que se intercalan con otras del asesino cazando y mutilando a otra de las amigas de la protagonista (una vez más, de look perturbadoramente parecido).
Pero no acaba aquí la cosa, seguidamente el poli y la rubia deciden pasar la noche en un jacuzzi, a base de más besos y carantoñas. Y luego, junto a la chimenea. Al menos aquí la chica siente algo de remordimientos... aunque le duran poco. Pero bueno ¿¿es que este poli no curra o qué?? ¿¿no debería estar investigando?? más le valdría, ya que, de mientras, el psycho-killer acude hasta casa de los padres de la protagonista y los asesina -menuda gafe-. Otro momento de órdago porque, primero, papá, al que le encanta situarse frente a su equipo estéreo e imitar las maneras de un director de orquesta, es un señor de unos cincuentaymuchos, gordo y barbudo. Mientras que mamá está un rato rica (tan rubia como -y casi igual de joven que- su hija) y nos regala un desnudo ultra-gratuito a base de teta siliconada.
En fin, ya ven un poco por donde van los tiros. Y hay más. Al parecer en 1985 estaban de moda los locales de strippers a los que acudían marujas para ver a tipos de aspecto afeminado contorsionarse en tanga, así la película los explota a conciencia, mostrando imágenes que parecen totalmente reales... y un par de veces. Es de semejante sucio antro de donde salen las "mujeres golfas" que el asesino captura, incluida la chica prota, aunque ella únicamente fue a tomar apuntes para una tesis doctoral, ¡aaaro! ya saben lo de la doble moral yanki, la heroína debe ser casta y pura.
Quizás lo más decente de "Quinta Avenida" sea el desenlace. Pero no diré más, que ya he largado demasiado.
El culpable de este cristo responde al nombre de Leland Thomas, quien dirigía por primera y última vez. Lo mismo que el co-guionista, Michael Koby... nada que ver con el Michael Coby de infausta memoria.
El reparto viene trufado por una serie de actorzuelos a los que les falta el talento (el que hace de poli es especialmente negado) o les sobra la capacidad de sobreactuar y efectuar escalofriantes cucamonas. Algunas de las víctimas del psycho-killer hicieron luego algo de carrera, casi siempre en función de extra y/o sin acreditar y, también casi siempre, tirando de sus encantos físicos. Destaco únicamente a Sandy Brooke, que venía de marcarse un rol para "Sledgehammer", el infame slasher grabado en vídeo por David A. Prior, y terminaría dándolo todo en subproductos de Fred Olen Ray y David DeCoteau. Vale, no es que sea algo de lo que presumir, pero al lado de Leland Thomas, los señores Prior, Ray y DeCoteau eran Coppola, Scorsese y Spielberg.
Ya no se hace mierda como esta. Lamentémonos al unísono.
Arthur sufrió muchas vejaciones por parte de su madre cuando era chaval. Por ello, acabó matándola. Ya adulto, se ha convertido en un auténtico misógino que secuestra a mujeres golfas, las disfraza de su progenitora y descuartiza. Eso mismo le ha pasado a la amiga de la prota, quien se enamorará del policía que investiga el crimen y, juntos, terminarán enfrentados al temible psicópata.
Hacer un recuento de todas las anti-virtudes de "Quinta Avenida" supone un auténtico esfuerzo. Probablemente me deje algunas pero, oiga, mejor para ustedes. Más sorpresas.
De entrada, por el trauma con su madre y el hecho de que existe un maniquí disfrazado de esta con el que el asesino parlotea, la cosa recuerda mucho a "Maniac". Luego, que el tipo vista con una camisa blanca y su corbata (siempre susceptibles de recibir salpicaduras tras cometer un crimen, aunque al día siguiente luzcan como nuevas) y mutile a sus víctimas -todas "bimbos". A veces cuesta distinguirlas, e incluyo aquí a la protagonista- tumbándolas en una mesa de sacrificios, trae a la memoria los desmanes de "Fuad Ramses" en "Blood Feast", el clásico de Herschell Gordon Lewis. Cosa ampliada a la incapacidad de ambos intérpretes. Los dos "histrionan" que da gusto. Hasta la risa. Aunque, por desgracia, el gore de la reseñada es menos explícito. Mucho líquido rojo, pero casi siempre fuera de cámara.
¿He dicho risas? "Quinta Avenida" reserva unas cuantas de esas involuntarias, las que molan. Tal vez, lo mejor recaiga sobre la historia de amoríos entre la protagonista y el policía. Ella, como decía, rubia, guapa y joven. Él, un señor de mediana edad, medio calvo, con mostacho y no muy agraciado. Primero tienen un encuentro algo tenso en comisaría. Terminan haciendo las paces y él se compromete a llamarla en caso de que haya novedades. Al día siguiente cumple, aunque el motivo no es la investigación del crimen, sino para preguntarle si quiere acompañarle a la playa. Ella, a pesar del trauma de saber que su amiga ha sido descuartizada como quien dice ayer, accede encantada. Y van, y nos comemos una larga escena de ambos jugueteando en la arena, besándose y amándose a base de alegre tonadilla pop, imágenes que se intercalan con otras del asesino cazando y mutilando a otra de las amigas de la protagonista (una vez más, de look perturbadoramente parecido).
Pero no acaba aquí la cosa, seguidamente el poli y la rubia deciden pasar la noche en un jacuzzi, a base de más besos y carantoñas. Y luego, junto a la chimenea. Al menos aquí la chica siente algo de remordimientos... aunque le duran poco. Pero bueno ¿¿es que este poli no curra o qué?? ¿¿no debería estar investigando?? más le valdría, ya que, de mientras, el psycho-killer acude hasta casa de los padres de la protagonista y los asesina -menuda gafe-. Otro momento de órdago porque, primero, papá, al que le encanta situarse frente a su equipo estéreo e imitar las maneras de un director de orquesta, es un señor de unos cincuentaymuchos, gordo y barbudo. Mientras que mamá está un rato rica (tan rubia como -y casi igual de joven que- su hija) y nos regala un desnudo ultra-gratuito a base de teta siliconada.
En fin, ya ven un poco por donde van los tiros. Y hay más. Al parecer en 1985 estaban de moda los locales de strippers a los que acudían marujas para ver a tipos de aspecto afeminado contorsionarse en tanga, así la película los explota a conciencia, mostrando imágenes que parecen totalmente reales... y un par de veces. Es de semejante sucio antro de donde salen las "mujeres golfas" que el asesino captura, incluida la chica prota, aunque ella únicamente fue a tomar apuntes para una tesis doctoral, ¡aaaro! ya saben lo de la doble moral yanki, la heroína debe ser casta y pura.
Quizás lo más decente de "Quinta Avenida" sea el desenlace. Pero no diré más, que ya he largado demasiado.
El culpable de este cristo responde al nombre de Leland Thomas, quien dirigía por primera y última vez. Lo mismo que el co-guionista, Michael Koby... nada que ver con el Michael Coby de infausta memoria.
El reparto viene trufado por una serie de actorzuelos a los que les falta el talento (el que hace de poli es especialmente negado) o les sobra la capacidad de sobreactuar y efectuar escalofriantes cucamonas. Algunas de las víctimas del psycho-killer hicieron luego algo de carrera, casi siempre en función de extra y/o sin acreditar y, también casi siempre, tirando de sus encantos físicos. Destaco únicamente a Sandy Brooke, que venía de marcarse un rol para "Sledgehammer", el infame slasher grabado en vídeo por David A. Prior, y terminaría dándolo todo en subproductos de Fred Olen Ray y David DeCoteau. Vale, no es que sea algo de lo que presumir, pero al lado de Leland Thomas, los señores Prior, Ray y DeCoteau eran Coppola, Scorsese y Spielberg.
Ya no se hace mierda como esta. Lamentémonos al unísono.
lunes, 23 de diciembre de 2019
SIMÓN Y MATEO
“Simón y Mateo” es una de las películas más divertidas de
Paul Smith y Michael Coby, ya saben, los clones de Bud Spencer y Terence Hill.
Una chabacanería donde las máximas cotas de humor las ponen los chistes sobre
cuernos —y cornudos, al más puro estilo garrulo italiano— y donde nuestros dos
protagonistas tienen conversaciones absolutamente demenciales. Un guion que
hace parecer a sus protagonistas poco menos que deficientes mentales. Así, se
nos presenta a un par de ladrones de poca monta que deciden pasarse a echar un
rato a la oficina de empleo (no tienen la más mínima intención de trabajar) y
allí les ofrecen un trabajo que no podrán rechazar. Tienen que llevar un camión
con una carga de sprays anti-mosquito hasta una dirección concreta en Marsella.
Durante el periplo descubren que no es la oficina de empleo la que les ha
enviado a hacer ese trabajo, ni que lo que transportan son sprays anti-mosquito
y pronto se las tendran que ver con un clan mafioso que es el que los ha metido
en semejante lío. Ante tal tesitura, y mientras se pelean entre ellos por
chorradas, nuestros protagonistas resolverán sus diferencias con los mafiosos a
mamporro limpio.
Ambientada en la actualidad del momento (los años 70) y
consciente la producción de que lo que vende es una burda imitación de las
películas de Bud Spencer y Terence Hill, nada como introducir elementos que la
hagan parecerse a “Y si no… nos enfadamos” con unos toquecitos de “También los
ángeles comen judías” y ya tenemos el producto servido. La cosa funcionó bien
y, antes de que se fuera de madre, les dio tiempo a rodar una secuela para después, por su propia naturaleza y, para siempre, desaparecer lo que fue la pareja
de clones más descarada de la historia del cine.
Eran tiempos de sesiones dobles, salas de barrio y Drive-in,
por lo que la venta de las películas de serie B y Z europeas, estaba a la orden
del día. Con esto quiero decir que si bien las películas de Bud Spencer y
Terence Hill llegaban de alguna manera a los Estados Unidos, estas de los
clones también lo harían. Y se desató la polémica el día que la Venture Films
de Edward L. Montoro —que distribuyó en USA las películas de Juan Piquer Simón
o el “Tiburón 3” de Castellari— adquirió “Simón y Mateo” para su distribución en cines
americanos. Algo de popularidad debían tener entonces las de Spencer/Hill,
sobre todo, sus westerns, por lo que Montoro decidió hacer más notoria la
condición de plagio de “Simón y Mateo” haciendo figurar en los créditos a Paul
Smith y Michael Coby bajo los nombres de Bob Spencer y Terrence Hall en lo que
se llamó en los USA “Convoy Buddies” (cuyo póster hemos elegido para ilustrar
esta reseña), cosa esta que cabreó particularmente a Paul Smith quien había
firmado un contrato en calidad de estrella principal. En la versión USA, no
solo no aparece su nombre, sino que el pseudónimo que se le endosa aparece en
segundo lugar después del de Terrence Hall, motivo por el cual Paul Smith
denunció a Montoro en un juicio en el que no se sabe a favor de quién falló el
jurado.
La película, una co-producción de Italia con España, cuenta
con papeles secundarios para Eduardo Fajardo que interpreta al padrone del clan
mafioso que hace la vida imposible con el camión a nuestros protagonistas,
Francisco Merino o Fernando Bilbao, así como la dirección está a cargo de
Giuliano Carnimeo, artesano y responsable de títulos tan populares como
“Jaimito, médico del seguro”, “El hombre rata” o “Computrón 22”. Se dice que
las películas de Smith y Coby no eran del todo horripilantes gracias al trabajo
solvente de los artesanos que las dirigieron. Algo de razón hay en eso.
Como anécdota, decir que estas películas, igual que las de
Spencer/Hill, se rodaban sin sonido directo, por lo que se doblaban dejando a
Bud y Terence una pareja de dobladores fijos que, para acabar el chiste,
también doblaron a Smith y Coby en sus películas. Y más marciano todavía, en
España, doblaron a estos actores los mismos que doblaban a Bud Spencer y
Terence Hill en sus películas… cosas de aquella época.
Por lo demás, “Simón y Mateo”, que en nuestro país llegó a
reunir en salas a casi medio millón de espectadores, es una película agradable
y, como ya he dicho en otras ocasiones, a la altura de las de la pareja
original Spencer/Hill que tampoco es que estuvieran mucho más dotados para la
actuación que Smith/Coby. Si acaso, las coreografías de pelea, si que eran
mejores, que estas son una puta mierda.
viernes, 24 de marzo de 2017
CARAMBOLA
“Carambola”, probablemente sea la más popular de las
películas protagonizada por los clones de Bud Spencer y Terence Hill, PaulSmith y Michael Coby, de los que ya he hablado tanto por aquí, que con pinchar
en sus nombres ya les debería bastar para saber quienes son, si es que a estas
alturas, y visitando un blog como este no lo saben ya.
Así pues, “Carambola” es una de las consecuencias directas
del éxito de “Le llamaban Trinidad” y en
la que Paul Smith y Michael Coby procuran imitar a Spencer y Hill al máximo. Y
lo consiguen hasta tal punto que parece que estés viendo una película de ellos.
Porque, si algo me ha llamado la atención, es que la película es tan difrutable
como las de los originales, incluso más, que algunas de las mas flojas de la
pareja clonada.
Porque, si efectivamente, en las películas Israelíes en las
que Paul Smith hace las veces de Bud Spencer (“Si me enfado… lo rompo todo”) si
que puedo destacar la pobreza de medios con los que esas películas están
realizadas, aquí la producción no dista mucho de las de Bud Spencer y Terence
Hill. Es más, Carambola podría estar protagonizada por ellos perfectamente.
Teniendo en cuenta que en Italia “Carambola” funcionó de
perlas en Italia, e incluso, en nuestro país llevó casi 700.000 espectadores a
las butacas –váyanse a saber ustedes si engañados por el póster de la película
y el parecido de los clones, o por ser un western cómico-, me pregunto yo: ¿No
será que el hecho de que estas películas resultaban un éxito solo por ser
películas con clones? Yo creo que es más que probable, porque se trata de un
guion que perfectamente podrían haber hecho los auténticos, o que hubiera
resultado atractivo con otros personajes que no imitaran los arquetipos de
Spencer y Hill. Además el director, Ferdinando Baldi, ya había trabajado con
Terence Hill en otras ocasiones (en “El clan de los ahorcados”, por ejemplo).
Cuenta la historia de un experto del billar –graciosísimo el
verle ejecutar jugadas imposibles de billar, siendo estas resueltas con ¡Stop
Motion!- que es encarcelado por usar un revolver no reglamentario, y de un
busca bullas que es encarcelado por eso mismo, por montar bronca, y que estando
ambos en la cantera realizando trabajos forzados, uno de ellos mata en un
accidente a uno de los guardias y se ven obligados a fugarse de allí. Todo se
enredará cuando descubramos que en realidad no han matado a nadie y que todo es
una encerrona en la que se les mete, y de la que ellos saldrán a base de
mamporrazo, arte Italiana esta, en la que Smith y Coby, no son tan vistosos
como Spencer y Hill.
Funcional entretenimiento. Un Spaghetti Western de corte
cómico y autoconsciente, y espoliador de lo que espolia, que es su principal
atractivo.
Del dire, Ferdinando Baldi, decir que en una más que
prospera carrera, dirigió varias
películas del dúo Smit-Coby, llegó a dirigir, con anterioridad, al mismísimo
Orson Welles en “David y Goliat”, pero sobretodo, es popular para los
integrantes (y los asiduos) de este blog, por dirigir esa joyita del trash que
es “El tesoro de las cuatro coronas” de la que ya hemos hablado en varias
ocasiones, ya sea en formato podcast, como en formato “Pest Seller” en “Malas pero divertidas”.
viernes, 17 de octubre de 2014
NOSOTROS NO SOMOS ÁNGELES
El “Exploitation” Italiano es absolutamente fascinante,
descarado y rozando la ilegalidad. No contentos con plagiar todo éxito
norteamericano que se les ponía a tiro, también tenían que auto plagiarse y hacer las versiones de los éxitos autóctonos
con la idea de arañar unos cuantos miles de dólares.
Así nace el fenómeno Michael Coby y Paul Smith o como vulgarmente se les conoce en círculos
más o menos especializados “Los clones de Bud Spencer y Terence Hill”.
Obviamente, Bud y Terence lo petaron no solo en Europa, sino
que en estados unidos llegaron a tener algo de éxito.
Todo esto nos remite a los años setenta y tras el éxito de
“Le llamaban Trinidad”, que a algún despiadado productor Italiano, se le
ocurrió plagiar la película y para ello contrató a dos actores que se
parecieran a los astros, o al menos, que juntos pudieran crear confusión entre
las plateas europeas. Estos fueron el
americano Paul Smith y el Italiano
Michael Coby: el primero sería el sosias de Bud Spencer, y el segundo lo sería
de Terence Hill, y si bien es cierto que el primero tiene un gran parecido con
Spencer, el segundo, nacido con el nombre de Antonio Cantafora se parecía a
Hill únicamente en que era delgado y rubio. Pero efectivamente, juntos daban el
pego, y podían pasar por los auténticos ante el espectador más despistado,
máxime cuando, al estar rodadas las películas de Bud y Terence en Inglés, eran
doblados por los mismos actores que solían doblar a Bud Spencer y Terence Hill
en las versiones italianas de sus películas.
Así, el “exploitation” que generó “Le llamaban Trinidad”,
pasó a llamarse “Carambola”… y coló, ¡vaya si coló! La película fue lo
suficientemente rentable como para generar una secuela y tres
películas más con esta pareja, hasta que el engaño dejó de ser efectivo.
En España, pasó algo curiosísimo. Se estrenó la película
“Carambola” y pasó inadvertida, apenas congregó 30.000 espectadores de los años
setenta. Pero la secuela se estrenó con el título de “Les llamaban los hermanos
de Trinidad”, y esta si, congregó cerca
de los 700.000 espectadores. Así que se re-estrenó “Carambola” un año después
con la premisa de ser “De los creadores de “Les llamaban los hermanos de
Trinidad”” y metió en salas 500.000 espectadores más… pero ya la película
posterior, que es la que nos ocupa, no logró engañar a nadie y no la vio en
cine ni el Tato. Las ultimas, directamente, ni se estrenaron. Quizás en vídeo.
No obstante, y antes de pasar a comentar la película,
contaré una anécdota: Resulta que el productor de su última película como clones
“Simón y Mateo”, Edward L. Montoro, decidió estrenarla en Estados Unidos bajo
el título de “Convoy Buddies”, y para ver si los yankies picaban, borró de los
créditos los nombres de nuestros protagonistas, pasando a rebautizarles como ¡Bob Spencer y Terrance Hall! Esto cabreó
muchísimo a Smith que decía que el nombre era la única identidad de un actor, y
denunció a Montoro, ganando el litigio y siendo indemnizado por daños y
prejuicios. En consecuencia, se acabó el fenómeno de los clones de Bud Spencer
y Terence Hill, siguiendo cada uno de los actores sus carreras por separado. En
el caso de Smith, la cosa fue a mejor, ya que, tras hacer una película en
solitario como clon de Spencer en Israel –“Si me enfado… lo rompo todo”-, dónde
esta particular pareja gozó de mayor éxito, se trasladó a Hollywood, donde se
ganó un huequito en el “Star System”, haciendo de Brutus en el “Popeye” de
Robert Altman, y haciendo papeles en “El
Expreso de medianoche”, “Dune” e incluso un auto-homenaje en “Maverick”
junto a Mel Gibson, aunque siguió
haciendo roñas, incluso en España, donde participó en nuestra “Mil gritos tiene
la noche” de Juan Piquer Simón.
Por su parte, Coby, llegó a trabajar con directores como
Fellini, Skolomovski o Michael Winner, pero su carrera deambuló por la serie B
más feroz apareciendo en films como “Demons II”, “El Jugador” de Argento, y
fue la identidad secreta de “Supersonic
Man” de Juan Piquer Simón…. Así que
¡Ambos trabajaron a las ordenes de Juan Piquer Simón¡ ¿Conocería este estas
películas?

Por su parte, “Nosotros no somos ángeles” sería consecuencia
del éxito de “También los ángeles comen judías” y en algunos países como
Francia, llegó a estrenarse como tercera parte del binomio “Trinidad”, convirtiéndolo
en trilogía aunque nada tenía que ver. Aún así, esto tiene algo de sentido
porque esta película aprovechaba todos los tópicos del cine de Terence Hill y
Bud Spencer; Es decir, se parecía en el póster y en el título a “También losángeles comen judías” y Paul Smith aquí es luchador de lucha libre como lo era
Spencer en la que expolia, pero por otro lado, la película transcurre en el
lejano Oeste, pero ya con la mecánica instaurada, lo que les permite a nuestros
protagonistas, pelearse por la propiedad de un automóvil , como lo hacían Hill
y Spencer en “Y si no nos enfadamos”. Vamos, para que el público pique, si no
es por un lado, por otro. Huelga decir que en todas sus películas, nuestros
actores se peleaban (un tanto chusqueramente) e imitaban gestos y ademanes de Bud
y Terence, con el fin de asemejarse lo máximo posible.
“Nosotros no somos ángeles” tiene la trama más confusa y
peor explicada de la historia del cine. Vemos a nuestros actores haciéndolo
como los otros, pero todo lo demás falla, no solo el entretenimiento (esto es aburridísimo)
si no la dirección y la estructura de la película, con lo que nos enteramos de
poco, pero la película trata de contar la historia de dos hermanos que,
peleándose por un coche Europeo que han comprado, deciden poner una empresa de
automóviles en el oeste, donde este
vehículo aún no ha llegado, y donde los republicanos se oponen a tal progreso, lo que les acarreará un montón de
problemas que tendrán que resolver a base de mamporros y buenos sentimientos.
Ni que decir tiene, que las peleas de esta película están a años luz de las de
las películas de Terence Hill y Bud Spencer. Pero eso es lo grande de todo
esto. Con este tipo de películas, es mejor lo que hay detrás que las pelis en
si mismas, que siempre son insoportables.
Dirige la película bajo pseudónimo de Frank Kramer,
Gianfranco Parolini, artesano italiano como cualquier otro, que firmó cosas
como “Los 3 Supermen”, reputados
“Spaghetti Westerns” como “Adiós Sabata” o “Seis balas, una venganza, una
oración” y otras marcianadas como "Yeti: el abominable hombre de las nieves" o "El secreto del imperio de los incas".
Ahora vayamos con una de las ediciones videográficas de esta
película en nuestro país, y que muy bien podría ir en nuestra sección “Aquellas carátulas maravillosas”. Porque si en Italia eran expoliadores, aquí en
nuestros videoclubes, con tal de que alquiláramos como borregos, hacían con la
carátula lo que les salía de los cojones.
Vale que la peli se vende como si fuera de Terence Hill y
Bud Spencer –fíjense bien en el cartel que ilustra la reseña- pero si
presidiendo el póster tenemos una ilustración de Paul Smith… ¿Qué necesidad
había de poner otra del propio Terence Hill al lado y no de Michael Coby?. Y
por si eso fuera poco, miren el dibujillo de debajo de los actores. Ahora miren
este cartel de “Loca academia de Policía IV” que les he colocado a la derecha.
Saquen sus conclusiones.
En cualquier caso, resulta todo esto del todo fascinante.
Igual que el fenómeno “Clones”. Ahora ¿Las películas? Una puta mierda. Pero hay
que verlas y coleccionarlas… al menos yo no puedo evitarlo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


