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lunes, 3 de junio de 2024

NECROMANIA

Otra de las películas pertenecientes al periodo de decadencia de Edward D. Wood Jr. Un pornete tempranero —que se rueda a principios de los 70, justo con la industrialización del género— inspirado en una de las novelas de “a duro” que escribía Wood, “The only house”, que tan pronto como se rodó, y gracias a la incapacidad del amigo Eddie de conseguir distribución en condiciones, se perdió en el éter sin que nadie supiera nada hasta finales de los años 80, cuando los estudiosos de Ed Wood,  Alexander W. Kogan Jr. y Rudolph Gray, tras años de buscar los resquicios del considerado peor director de todos los tiempos, la encontraron en un polvoriento almacén de Los Angeles.
Indiscutiblemente, Ed Wood era un autor puro; “Necromania” es un porno normal y corriente pero que trae consigo toda suerte de señas de identidad propias del director, llenando los decorados de color y efectos esotéricos (todo muy cutre) que le servirán para ilustrar una historia cuyo guion es tan demencial y desmadrado como habitual en cualquiera de sus producciones previas, solo que aquí adapta sus gustos y obsesiones al mundo del porno en el que osó invertir dos días de filmación y la irrisoria cantidad de 7.000 dólares.
La sinopsis de por sí es bastante simpática: Un matrimonio tiene problemas porque él no es capaz de enderezar el rabo en sus relaciones sexuales. En lugar de acudir al urólogo, deciden consultar a una nigromante que le hace un conjuro de sanación a base de restregarse una calavera por las tetas. Pues, ni por esas consigue que el muchacho tenga erecciones. Esto motivará que la mujer se lance al lesbianismo, mientras que la nigromante aprovechará para acostarse con nuestro disfuncional protagonista.
Una de las muchas gracias de esta película consiste en que, por algún extraño motivo, Wood decidió firmarla, ejerciendo de productor, director y guionista, bajo el seudónimo de Don Miller, mientras que, por otro lado, en los títulos de crédito se anuncia que el elenco prefiere permanecer en el anonimato. Ergo, los actores y actrices no aparecen acreditados, sin embargo no son amateurs desconocidos, disponen de nombre y un indiscutible culto dentro de la pornografía. Así, tenemos en pantalla a la estupenda, súper sexy y voluntariosa Maria Arnold, también conocida como Maria Aronoff,  dando vida a la nigromante. Arnold, además de hacer unas felaciones que quitan el hipo, después de “Necromania” desarrolló una carrera dentro del porno y el cine de serie B / Z apareciendo en films de interés como puedan ser “No mires tanto… o te quedarás ciego”, “Las eróticas aventuras de Don Quijote” o “Masacre en la universidad” en la que, dicen, también tuvo algo que ver Ed Wood; René Bond, follable pero no tan apetecible como la Arnold, aparecía en “The Jekyll & Hyde Portfolio” y, valga la redundancia, en “The adult version of Jeckyll & Hyde”. Bond sería aquí nuestra protagonista femenina, la esposa del pichafloja interpretado por Ric Lutze, al que veríamos empalmado en toda suerte de películas eróticas y pornográficas, siendo una de las más populares “Auditions”, guionizada en su momento por el bueno de Charles Band.
“Necromania” tiene la suerte de nutrirse de todos los vicios y virtudes del cine —y maneras de hacer— de Edward D.Wood Jr., por eso, además de que la dirigió ataviado con sujetador y camisón rosa, tenemos cosas tan “woodianas” como dejar en el corte final una toma falsa en la que Ric Lutze tiene dificultades para desenredar unos pantalones que se va a poner; en consecuencia, el actor se descojona en escena para a continuación insertar Wood (que también montó la película) un plano aleatorio y volver cuando el actor ya tiene los pantalones puestos. Simplemente delirante. También, hacia el final, durante un ritual en el que una mujer surge de un ataúd (propiedad del mentalista y amigo de Ed, Criswell), vemos en plano general que lo que sale parece un señor disfrazado de señora... Luego vamos a un plano medio donde, ahora sí, se ha dado el cambiazo y reconocemos a la actriz. Este montaje me genera dudas porque ¿eso que asemeja un hombre lo es en realidad? ¿O es, simplemente, que la chica está fatalmente iluminada? Esto que voy a decir es una elucubración, pero, durante mucho tiempo se ha especulado que Ed Wood aparecía acreditado como actor en la película, aunque no le vemos. Según dicen, porque su intervención fue amputada del montaje final. Yo creo que en realidad, eso que parece un  señor disfrazado de chica en picardías es el propio Ed Wood, de ahí el crédito como actor. Repito, son solo elucubraciones mías.
También se cuenta que ofreció a Vampira (es decir, Maila Nurmi) el papel de la nigromante, pero esta declinó la oferta. Según unas fuentes lo rechazó porque el aparecer en esta película suponía un suicidio profesional, mientras que otras aseguran que rehusó porque se estaba recuperando de un derrame cerebral. Le dijo a Ed Wood que apenas podía caminar y, este, manifestó no encontrar ningún problema en ello, instándola a que saliera sentada. Ante la negativa de la actriz, lo que hizo fue maquillar a Maria Arnold para que se pareciera a Vampira lo máximo posible. Hay mucho empeño en querer hacer parecer a Wood mucho más fascinante de lo que en realidad era, por lo que me creo la primera versión: “Si salgo en esta mierda me cargo mi, de por sí, maltrecha carrera”.
Pornógrafos especializados aseguran que, por las características de “Necromania” (esto es, cine porno explícito con guion y argumento), pertenece sin ningún tipo de problemas a la edad de oro del género, junto a títulos como “El diablo en la señorita Jones”, “Tras la puerta verte”, “Mona, The virgen Nynph” o “Garganta profunda”.
Verdaderamente, se trata de una película de Ed Wood con todas sus letras, resulta divertida gracias a lo marciano de los diálogos, su torpeza y su sentido estético. Como producto porno es tan competente como cualquiera de las de aquella época, sino superior por todo esto que les he contado. En definitiva, y al contrario que el otro largometraje inspirado en la novela “The only house”, “The only house in town”, que es ya el resultado de una salud mental bastante trastocada, “Necromania” sí merece ser tenida en cuenta dentro de la filmografía del director, así como una muestra de porno seminal que, a rasgos generales, mereció más suerte. Porque, igual sí hay que hacer un esfuerzo para ponerse cachondo viéndola (después de todo, esa es la finalidad de cualquier película porno), pero cuando aparece Maria Arnold chupando pollas de esa manera en que lo hace, se consigue.
Existen dos versiones, una soft y otra X. La única diferencia es que la soft cambia las secuencias de penetraciones por otras en las que no las hay, pero sí mucha lamida alrededor de los genitales, mostrados igualmente a las bravas, más desagradable que el concierto de polla fláccida intentando entrar en la versión X. Recientemente, “Necromania” se ha editado en nuestro país en DVD, incluyendo las dos versiones. Los completistas pueden estar contentos.

viernes, 31 de marzo de 2023

F.A.R.T: THE MOVIE

Casi parece una broma  siniestra, un mal chiste que contarle a un deficiente mental, pero no, “F.A.R.T: The Movie” (traducido sería “P.E.D.O. La película”) existe, y es peor de lo que uno puede llegar a imaginarse. Es una estupidez supina. Se puede tender a pensar que esto es una tomadura de pelo, pero no lo es. Es una comedia legítima con la ventosidad como máximo exponente del humor. De hecho, su director Ray Etheridge lleva años ganándose la vida con esta tipo de películas indescriptibles y baratas —que se asemejan mucho al Zen filmaking— cuyo principal punto de venta son tiendas locales de productos tirados de precio, y su equivalencia la encontraríamos en nuestros bazares de todo a 100 regentados por chinos.
“F.A.R.T: The Movie” costó tan solo 43.000 dólares que se recuperarían a lo largo de su vida comercial en VHS y DVD, y se ha seguido vendiendo hasta hace relativamente poco en la página web oficial de la película.
Cuenta la historia de un individuo al que le encanta tirarse pedos. Se los tira además provocando, en la parada del autobús, en el taxi o en el ascensor, lo que causará el enfado y repulsa de quienes están a su alrededor y reciben una de esas ventosidades. Además el tipo siempre expele los aires de la misma manera: Hace un pequeño esfuerzo, suelta el pedo y después pone cara de alivio.
Todo bien, pero en casa continúa con la serenata. Ve la tele, come pizza y se tira pedos, muchos, motivo este por el que su mujer entra en cólera y discuten, pero nuestro protagonista no parece entender a su esposa y continúa tirando pedos y haciendo muecas. Y eso es todo, ese es el argumento de “F.A.R.T: The Movie”.
Para llegar a la duración estándar de una película, como el tipo está todo el rato viendo la televisión, llegados a la mitad de metraje, “F.A.R.T: The Movie” se convertirá en una suerte de film de segmentos en el que el espectador visionará la misma programación que está viendo el protagonista, así, desfilarán  por pantalla monólogos de desangelados cómicos que hablan de pedos, spots que anuncian productos para tapar el olor de los pedos o concursos de televisión cuya ristra de preguntas gira en torno a los pedos. La infamia más absoluta hecha película.
Yo soy amigo del humor de caca-culo-pedo-pis, por lo que he de reconocer que los cinco primeros minutos me hicieron cierta gracia. Incluso la primera discusión con la mujer fue motivo de algarabía con esta película, pero cuando esa misma discusión se eterniza minutos y minutos, y la película entra en un bucle de pedos, ya queda una sensación agridulce, rancia, ocre y lo único que pide el cuerpo es quitar esa mierda que estás viendo. Por suerte, no llega a la hora y media de duración.
Poco más…
Ray Etheridge dirige esto, se trata de una de sus primeras películas y uno tiende a pensar que quizá hay algo de impostación o posmodernismo en algo tan malo. Da peor espina cuando dentro del reparto, al igual que las películas Zen de Donald G. Jackson, tenemos a un ajado Conrad Brooks, pero se trata de una producción de 1991 y el actor todavía no había sido descubierto para el mundo por Tim Burton en el biopic homónimo sobre Ed Wood. Si consultamos la filmografía de Etheridge y su modus operandi a la hora de distribuir sus películas, nos daremos cuenta de que nos encontramos ante un director genuino, un deficiente mental, un outsider que ha encontrado una pequeña vía en la que se siente a gusto, y en la que, si no gana dinero al menos no lo pierde y que le permite continuar haciendo sus películas.
Consultar su IMDB da escalofríos, ya que seremos testigos de las carátulas más cutres y con peor pinta, en títulos como “Mosquitos, alligators and bullets”, “Zombie drug Lord” o “Bigfoot and other adventures”. Asimismo, uno de los ¡tres guionistas que tiene esto! Ray Atherton, no deja de ser un personaje curioso ya que cuenta con una filmografía de lo más pintoresca, de hecho, suyo es el libreto de “Masacre en la Universidad” —la cual igualmente produce así como toda suerte de documentales e incluso mondos. — y también aparecía en un pequeño papel en “Henry: retrato de un asesino”. Los otros dos, Drew McWeeny y Scott Swan, se suponen responsables de un par de capítulos de la posterior "Masters of Horror" (además, uno de ellos considerado el mejor, "Cigarette Burns" de John Carpenter) lo que no deja de ser llamativo, salvo por el hecho de que, según donde mires, figuran o no... ¿error o ellos mismos intentando desvincularse de esto?.
En cuanto al anecdotario, cuentan que Conrad Brooks, cuando vio el festival de pedos en el que se había metido, se acercó a Ray Etheridge y le dijo que a partir de ahora iba a ser conocido por haber trabajado en las dos peores películas de la historia, una “Plan 9 From Outer Space” y otra “F.A.R.T: The Movie”. También dicen que, en las agencias de casting y demás lugares donde se estaba buscando personal, había un gran número de individuos que no ponían objeción al mal gusto de la cinta, y no solo eso, sino que también pedían trabajar en ella particularmente, eso sí, siempre y cuando aparecieran acreditados en la misma bajo pseudónimo. De hecho, aparecen acreditados bajo pseudónimo… como si los fueran a reconocer de algún modo.
“F.A.R.T: The Movie”, de largo, es una de las peores películas que he visto nunca, con toda seguridad una de las más incapaces de provocar la risa del espectador cuando está totalmente concebida para lograrlo, es cutre, chabacana, estúpida, insultante… pero no deja de hacerme gracia el hecho de que exista un film cuyo argumento gira en torno a un tío al que le gusta peerse en lugares públicos.
No obstante no es tan raro, y podemos hablar de un subgénero marginal en esto de tirarse pedos, porque anterior y posteriormente han salido películas igual de baratas que esta que van exactamente de lo mismo; por un lado tenemos la rarísima (hasta que la compró la Troma) “Silent But Deadly”, que quizás argumentalmente tiene un poco más de enjundia que esta ya que en ella una presidenta de los Estados Unidos judía construye una poderosa arma de destrucción masiva a base de ventosidades, y otras dos películas que se titulan exactamente igual que esta: “F.A.R.T: The Movie”, una de ellas de origen malayo y otra a la que también se la conoce bajo el título de “Artie” y que tiene una pinta bastante parecida a la reseñada. Por supuesto, son jodidas de encontrar. Igual algún día caen por aquí.

lunes, 16 de enero de 2023

MASACRE EN LA UNIVERSIDAD

Aunque oficialmente “Masacre en la Universidad”, con ese título castellano que casi evoca a la sex comedy, está considerada un pre-slasher, uno de esos films que jugueteaba con el género antes de que este obtuviera calado popular, en realidad, y pese a unas muy sutiles pinceladitas, yo creo que está más cercana al thriller sobrenatural que a cualquier otro tipo de subgénero.
La cosa es bastante sencilla: Un profesor de universidad se pasa clases enteras hablando a sus alumnos sobre demonología. Por este motivo, porque el señor delira un poco, estos están hasta los cojones de él y, un buen día, unos cuantos deciden emborracharse e introducirse en su casa con una media en la cabeza, con el fin de gastarle una broma pesada. Sin embargo la broma se les va de las manos y acaban asestando un golpe mortal a su maestro, y ya que están allí, acaban también apuñalando al resto de su familia. Pronto descubriremos que el profesor ha sobrevivido a ese ataque y que "tan solo" se ha quedado tetrapléjico. En consecuencia, este invocará a un poderoso demonio que tomará forma corpórea y hará una escabechina con esos hijos de puta, se generará, como reza el título español, una masacre en la universidad.
Sin rasgarse la vestiduras, y como buen bodrio setentero y exploit que es “Masacre en la universidad”, no está mal del todo este folletín. Si le quitamos los tempos muertos —muertísimos— y nos quedamos con lo impactante que es visualmente, con tanto gran angular, tanto ojo de pez y buscando la psicodélia cormaniana tan propia de la época, podemos decir que estamos ante una suerte de “Easy Rider” del cine de terror. Además que la influencia de la contracultura y de la era hippie es más que palpable en esta película, con ese acercamiento argumental que se hace a los asesinatos del clan Manson perpetrados unos años atrás.
Curiosa, medio interesante y con unos arcaicos F/X gore, la verdad es que un visionado no hará mal a nadie que tenga un poco de aguante.
Por supuesto, y aunque no sea este un producto del todo desdeñable, son siempre más interesantes algunas de las historias que se ocultan detrás de las cámaras.
“Masacre en la universidad” se estrenó inicialmente de manera local en la ciudad de Casa Grande, en Arizona, en el año 1976 bajo el estupendo —pero inapropiado— título de “Hollywood Meatcleaver Massacre” (algo así como “La masacre del picador de carne de Hollywood”, en claro expolio a “The Texas Chainsaw Massacre”, ya saben, “La matanza de Texas”). Al año siguiente se volvió a estrenar en unos pocos cines más, pero con su título original abreviado a “Meatcleaver Massacre”. Esta versión, que fue la que prevaleció como oficial y la que se exportó en sus ventas internacionales, tenía una particularidad, y es que su publicidad aseguraba que Christopher Lee interpretaba uno de los roles protagónicos, cosa que era del todo improbable puesto que este no aparecía en ningún momento en la versión anterior. Resulta que Christopher Lee fue contratado para hacer de narrador de una película que jamás vería la luz, quedando su intervención almacenada en unas latas. Los productores de este proyecto inacabado (solo llegaron a rodar esa intervención de Lee) decidieron poner ese material en venta puesto que no iban a hacer nada con él. Y mira por donde los productores de “Masacre en la universidad”, Ray Atherton, que posteriormente se dedicaría en cuerpo y alma a la producción de cine documental del más variado pelaje, y Mark L. Rosen, que se dedicaría exactamente a lo mismo pero que además se haría inmensamente rico produciendo muchos años después “Spiceworld: La película”, se toparon con ese material de Christopher Lee en venta, y como este era una cosa neutra y genérica, un plano secuencia de Lee vestido con bata señorial y soltando una especie de soflama sobre espíritus benignos y malignos mientras se dirige a cámara, quedaba bien con el argumento de la película que tenían en ciernes. Compraron ese material y lo insertaron al principio y al final de “Meatcleaver Massacre” y, de esa forma, con una estrella de semejante calibre, obtendrían un reestreno de mayor categoría. Y la película se estrenó con Christopher Lee en su reparto en el papel de “The Host”.
No mucho después, Lee se percató de que aparecía en una película para la que él no había sido contratado. De hecho nadie le avisó de que el material que había filmado para lo que fuera, había sido puesto a la venta, y cuando se encontró encabezando el reparto de esta película entró en cólera y emprendió acciones legales para demandar a Atherton y Rosen por uso indebido de su imagen. Al respecto, sus abogados le recomendaron no hacerlo, básicamente porque los costes de un juicio como ese iban a ser más altos de la cantidad que iba a percibir en caso de ganarlo y porque para cuando se diera la vista, la película ya iba a tener su carrera comercial más que terminada. Así que desestimó demandar a la producción, cagándose en todos sus muertos por el camino, eso sí.
Y es que en los setenta, década esta en la que Lee tenía que alimentarse como buenamente podía, apareció, con o sin su consentimiento, en un buen número de producciones más bien tirando a mierdosas. Por suerte en décadas posteriores remontaría, no se convirtió en una especie de John Carradine, que incluso actuaba siendo cadáver en todo tipo de basuras, por los pelos.
“Masacre en la universidad”, que quizás por tratarse de un título súper setentero no tiene a día de hoy el culto que en teoría debería tener, fue dirigida con cierto estilo, rozando por momentos lo experimental, por Evan Lee, del que no se conocen más trabajos acreditados (también se especula con que la película está co-dirigida nada menos que por Ed Wood, pero esto habría que contrastarlo).
En España la película llegó directamente a vídeo, existiendo varias ediciones con distintas caratulas. Para ilustrar esta entrada he elegido la más fraudulenta, que sugiere similitudes con la saga “Viernes 13” cuando, obvio, no tiene absolutamente nada que ver. Curiosamente, la otra pretendía sugerir similitudes con "Pesadilla en Elm Street" (aquí ejemplo visual). Menudos jetas.