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lunes, 16 de enero de 2023

MASACRE EN LA UNIVERSIDAD

Aunque oficialmente “Masacre en la Universidad”, con ese título castellano que casi evoca a la sex comedy, está considerada un pre-slasher, uno de esos films que jugueteaba con el género antes de que este obtuviera calado popular, en realidad, y pese a unas muy sutiles pinceladitas, yo creo que está más cercana al thriller sobrenatural que a cualquier otro tipo de subgénero.
La cosa es bastante sencilla: Un profesor de universidad se pasa clases enteras hablando a sus alumnos sobre demonología. Por este motivo, porque el señor delira un poco, estos están hasta los cojones de él y, un buen día, unos cuantos deciden emborracharse e introducirse en su casa con una media en la cabeza, con el fin de gastarle una broma pesada. Sin embargo la broma se les va de las manos y acaban asestando un golpe mortal a su maestro, y ya que están allí, acaban también apuñalando al resto de su familia. Pronto descubriremos que el profesor ha sobrevivido a ese ataque y que "tan solo" se ha quedado tetrapléjico. En consecuencia, este invocará a un poderoso demonio que tomará forma corpórea y hará una escabechina con esos hijos de puta, se generará, como reza el título español, una masacre en la universidad.
Sin rasgarse la vestiduras, y como buen bodrio setentero y exploit que es “Masacre en la universidad”, no está mal del todo este folletín. Si le quitamos los tempos muertos —muertísimos— y nos quedamos con lo impactante que es visualmente, con tanto gran angular, tanto ojo de pez y buscando la psicodélia cormaniana tan propia de la época, podemos decir que estamos ante una suerte de “Easy Rider” del cine de terror. Además que la influencia de la contracultura y de la era hippie es más que palpable en esta película, con ese acercamiento argumental que se hace a los asesinatos del clan Manson perpetrados unos años atrás.
Curiosa, medio interesante y con unos arcaicos F/X gore, la verdad es que un visionado no hará mal a nadie que tenga un poco de aguante.
Por supuesto, y aunque no sea este un producto del todo desdeñable, son siempre más interesantes algunas de las historias que se ocultan detrás de las cámaras.
“Masacre en la universidad” se estrenó inicialmente de manera local en la ciudad de Casa Grande, en Arizona, en el año 1976 bajo el estupendo —pero inapropiado— título de “Hollywood Meatcleaver Massacre” (algo así como “La masacre del picador de carne de Hollywood”, en claro expolio a “The Texas Chainsaw Massacre”, ya saben, “La matanza de Texas”). Al año siguiente se volvió a estrenar en unos pocos cines más, pero con su título original abreviado a “Meatcleaver Massacre”. Esta versión, que fue la que prevaleció como oficial y la que se exportó en sus ventas internacionales, tenía una particularidad, y es que su publicidad aseguraba que Christopher Lee interpretaba uno de los roles protagónicos, cosa que era del todo improbable puesto que este no aparecía en ningún momento en la versión anterior. Resulta que Christopher Lee fue contratado para hacer de narrador de una película que jamás vería la luz, quedando su intervención almacenada en unas latas. Los productores de este proyecto inacabado (solo llegaron a rodar esa intervención de Lee) decidieron poner ese material en venta puesto que no iban a hacer nada con él. Y mira por donde los productores de “Masacre en la universidad”, Ray Atherton, que posteriormente se dedicaría en cuerpo y alma a la producción de cine documental del más variado pelaje, y Mark L. Rosen, que se dedicaría exactamente a lo mismo pero que además se haría inmensamente rico produciendo muchos años después “Spiceworld: La película”, se toparon con ese material de Christopher Lee en venta, y como este era una cosa neutra y genérica, un plano secuencia de Lee vestido con bata señorial y soltando una especie de soflama sobre espíritus benignos y malignos mientras se dirige a cámara, quedaba bien con el argumento de la película que tenían en ciernes. Compraron ese material y lo insertaron al principio y al final de “Meatcleaver Massacre” y, de esa forma, con una estrella de semejante calibre, obtendrían un reestreno de mayor categoría. Y la película se estrenó con Christopher Lee en su reparto en el papel de “The Host”.
No mucho después, Lee se percató de que aparecía en una película para la que él no había sido contratado. De hecho nadie le avisó de que el material que había filmado para lo que fuera, había sido puesto a la venta, y cuando se encontró encabezando el reparto de esta película entró en cólera y emprendió acciones legales para demandar a Atherton y Rosen por uso indebido de su imagen. Al respecto, sus abogados le recomendaron no hacerlo, básicamente porque los costes de un juicio como ese iban a ser más altos de la cantidad que iba a percibir en caso de ganarlo y porque para cuando se diera la vista, la película ya iba a tener su carrera comercial más que terminada. Así que desestimó demandar a la producción, cagándose en todos sus muertos por el camino, eso sí.
Y es que en los setenta, década esta en la que Lee tenía que alimentarse como buenamente podía, apareció, con o sin su consentimiento, en un buen número de producciones más bien tirando a mierdosas. Por suerte en décadas posteriores remontaría, no se convirtió en una especie de John Carradine, que incluso actuaba siendo cadáver en todo tipo de basuras, por los pelos.
“Masacre en la universidad”, que quizás por tratarse de un título súper setentero no tiene a día de hoy el culto que en teoría debería tener, fue dirigida con cierto estilo, rozando por momentos lo experimental, por Evan Lee, del que no se conocen más trabajos acreditados (también se especula con que la película está co-dirigida nada menos que por Ed Wood, pero esto habría que contrastarlo).
En España la película llegó directamente a vídeo, existiendo varias ediciones con distintas caratulas. Para ilustrar esta entrada he elegido la más fraudulenta, que sugiere similitudes con la saga “Viernes 13” cuando, obvio, no tiene absolutamente nada que ver. Curiosamente, la otra pretendía sugerir similitudes con "Pesadilla en Elm Street" (aquí ejemplo visual). Menudos jetas.

viernes, 13 de octubre de 2017

DRÁCULA PADRE E HIJO

Eduard Molinaro, reputado director clásico gabacho, que gozó de fama internacional gracias a su película “Vicios pequeños”, realiza una parodia del cine vampírico –y gótico- como ya lo hiciera Roman Polanski en “El baile de los Vampiros”, adaptando la novela “Paris Vampire” de Claude Klotz, y para ello, no se le ocurre otra cosa que contratar a Christopher Lee para que haga, por enésima vez, del Conde Drácula, aunque poco tiene que ver el carácter de esta versión con el que ya interpretó previamente con los films de “Hammer”, o con el de Jess Franco. Claro, que Lee tenía la fea costumbre de no rechazar papeles, pero como tendría que estar hasta los cojones de  hacer de Drácula, que tras esta película ya nunca volvió a interpretarlo. Por otro lado, el hacer una comedia de Molinaro en aquél 1976, era una señal de prestigio, y quizás por eso no lo rechazó.
La película es de lo más tonta; El Cónde Drácula logra enamorar a una joven  que le servirá para engendrar un hijo muy deseado. Poco después ella muere, y el hijo de Drácula, Ferdinando, resulta ser un jovencito un tanto trasto. Llegan hasta nuestros días, y huyendo del bolcheviquismo, Drácula y su hijo acaban escapando, separando sus destinos durante el viaje, a París. Allí Drácula se desenvolverá a sus anchas en el mundo del cine, y chupando la sangre de bellas jovencitas, mientras que Ferdinando no se adapta a su condición de Vampiro, queriendo convertirse en humano a toda costa. La cosa se complicará cuando ambos se enamoran de la misma mujer.
La comedia Francesa es característica por ser más serena, menos desmadrada que otras muestras Europeas y aunque queda claro desde el principio que “Drácula, padre e hijo” es una comedia paródica sin mayores pretensiones, el cómo se va desarrollando la acción hace que por momentos no parezca una comedia, si bien es cierto que el comportamiento del conde Drácula es el de un padre abnegado que lucha para que su hijo sea como ha de ser un vampiro, y le sale rana, es tan propio de la comedia, que casi da pena que esta no haya salido un pelín más alocada. Vamos, que es de ritmo agradable, está bien filmada, pero no esbozamos ni una sola sonrisita mientras la vemos, a pesar de que los gags son numerosos, muchos de ellos, filosóficos o de contenido político. Muy a la Francesa.
Al final, lo más interesante es poder ver  a Christopher Lee haciendo de Drácula en una comedia, sin más. Por ver la gracieta. Aunque tampoco sería la primera parodia en la que Lee hace de vampiro, sin ir más lejos, hizo el caricáto en los años 50 en “Agárrame ese Vampiro”, italianada del director Steno, antes de convertirse en un director habitual de las películas de Bud Spencer.
Pasable, sin más.

miércoles, 19 de junio de 2013

VAMPIR CUADECUC

Hacía ya tiempo que le tenía yo ganas a esta película.
Pere Portablella, director de corte experimental, que como tal hacía cosas muy interesantes, pero también piezas absolutamente insoportables (un tío tocando el piano y similares), es el culpable.
Y en cuanto tuve conciencia de la existencia de "Vampir Cuadecuc", quedé completamente enamorado del concepto. Una película en 16 mm a partir del rodaje de “El Conde Drácula” de Jess Franco. ¡Ojo! No es un making of, es... otra cosa. Con lo cual tenemos a Portabella no documentando la creación del film sobre el vampiro, sino experimentando y filmando lo que al señor, en esos momentos, le sale de los mismísimos. Pero, muy a mi pesar, "Vampir Cuadecuc" me ha decepcionado profundamente. Aunque quizás  sea injusto decepcionarme con esto.
El caso es que, cuando vi por primera vez imágenes de esta película (Christopher Lee quitándose las lentillas de vampiro y mostrándolas a cámara), me la imaginé de determinada manera, luego al verla, nada tenía que ver con lo que esperaba, que básicamente era un diario de rodaje. Al estar filmada con dos cámaras, Portabella rueda desde otro ángulo las mismas escenas que Franco y lo monta de tal modo que se convierten en conversaciones eternas en las que no oímos los diálogos, tan solo excentricidades tales como martillos hidráulicos.
Todo esto compaginado con escenas donde, efectivamente, vemos al equipo de "El Conde Drácula" trabajando (maravilloso cuando cubren a Lee con telarañas, usando una máquina con aspecto de ventilador que las fabrica) pero de manera mínima. Digamos que de un 100% de "Vampir Cuadecuc", solo el 3% está dedicado a lo que ocurre detrás de las cámaras o a otros menesteres.
Al final volvemos a lo de siempre con este tipo de cine: Mola muchísimo el concepto, pero el verlo, eso ya es otra cosa. Esto aburre a las vacas. Con todo, el granazo del 16 mm y momentos como el único de toda la película con audio, cuando Christopher Lee lee a cámara un fragmento del “Drácula” de Stroker, son merecedores de tragarse el ladrillo. Además, mientras observamos al actor, da la sensación de que está muy satisfecho con esta versión de Jess Franco (al que, por cierto, nunca vemos dirigiendo pero sí actuando) que, se supone, era por entonces la más fiel a la novela que se había rodado nunca.
Recomendada a esnobs y culturetas recalcitrantes... el resto, mejor ir bien preparados.

viernes, 20 de enero de 2017

AULLIDOS 2

Con lo maja y resultona que era el “Aullidos” de Joe Dante, es muy curioso lo condenadamente mala que es esta secuela. Mala, malísima, pero también muy graciosa.
Una especie de investigador llega a la conclusión de que la mujer a la que están dando el último adiós en un funeral es una licántropo. Así que, tras la noticia, la hermana de la muerta y su maromo se van con el tipo este a Rumanía con el fin de cargarse a una jamona (Sybil Danning) que responde al nombre de Stirba, quien se saca las tetas cuando le viene en gana, y es la jefa de todos los hombres lobo. Entre tanto, la banda new wave “Babel” toca su canción, y los punks arrasan con todo a su paso, o  regalan gafas de sol fardonas a Christopher lee.
Eso es lo que alcanza a comprender mi cerebro para construir una sinopsis de “Aullidos 2”, “Your sister is a werewolf” como subtítulo de algunas versiones o “Striba, The Werewolf Bitch” de otras.
Basada chabacanamente en la segunda novela de las tres que componen “The Howling” y rodada en Checoslovaquia, este pedazo de mierda sigue, por los pelos, el argumento que dejó la de Joe Dante y viene dirigida por Philippe Mora, quien también se encargó de “Aullidos 3”.
Cuentan que como “Aullidos 2” se filmó en co-producción con Checoslovaquia, el equipo andaba hasta las trancas de autóctonos desconocedores de cómo afrontar la confección de una película. Concretamente, la ineptitud del que le tocó a Mora como asistente de director afectó tanto a la película que se nota en pantalla. Y vaya si se nota, lo que no sabemos es si culpar al checoslovaco o se trata de una excusa barata inventada por Philippe Mora.
La presencia de Christopher Lee es meramente alimenticia y por poco no se nos convierte en un John Carradine más. Él mismo aseguraba que esta era su peor película.
Pero la verdadera protagonista de “Aullidos 2” es la secuencia de créditos finales, donde vamos viendo, entrelazadas entre si, tomas falsas, la actuación del grupo “Babel” y, al ritmo de la música, una y otra vez, con cada golpe de batería, las ubres de Sybil Danning, cuyo arrogante y agresivo destete, repetido en esta secuencia hasta 18 veces, da lugar a pensar que se están mofando de ella, y de la propia película. A saber. Cosa de los montadores, o de Mora, o de su putísima madre.
Así pues, resulta un producto simpático, un despropósito calamitoso en el que nunca sabemos lo que pasa, y en el que además de punks podemos ver enanos, despelote, negras y hombres lobos que atacan en exteriores diurnos desde estudios con fondos negros. ¡Véanla!

lunes, 19 de agosto de 2013

INTERVIEW: GERMÁN MONZÓ

Los asiduos a este blog deberían saber de sobra quien es Germán Monzó ya que, por motivos obvios, se trata de uno de los directores favoritos del triunvirato que forma esto que tienes ante tus ojos. Si hemos vivido intensamente alguna película durante un visionado- no necesariamente conjunto- esa es, sin duda, una de Monzó. Aunque él no parece estar muy contento del resultado final de ninguna de ellas.
Director de una de las películas más buscadas por todo cinéfilo que se precie, “Kibris, la ley del equilibrio”, de inauditas joyas como “El Anticristo 2” o “El poder de la venganza”, blanco de las críticas más feroces y de las leyendas más fantasiosas que se le puedan ocurrir al fandom. Experto en artes marciales y fan del terror más clásico, Germán Monzó acaba de montar su ultima película, “Vampire´s Mark”.
Sobre ella y sobre muchos aspectos de su ya longeva carrera, habló para “Aquí vale todo” en exclusiva.
Tenemos el pacer de ofrecerles esta memorable “Interview” con uno de los directores más valientes del cine español, Germán Monzó.



Germán Monzó ¿Un apasionado del cine o de las artes Marciales?

 De las dos.

¿Cuando y por qué decidiste que querías meterte en esto del cine?, ¿pasaste por la   etapa de hacer pequeñas películas caseras siendo adolescente?

Desde pequeño, ya era un fan de las películas de terror y de acción con tan solo cuatro años. Con doce años ya hacia anuncios en televisión como pastelitos “Tunos” de Bimbo. Mi primera cámara de cine me la compre con quince años y era una Bolex Pallard de 16mm.

También has actuado en algunas de tus películas, ¿pura necesidad o te interesa la interpretación?

Siempre lo que más me ha gustado e interesado es la interpretación. Prefiero antes hacer de actor que de director.

Precisamente, has interpretado en -creo- dos ocasiones a Drácula. ¿Por qué ese interés en el personaje y por qué esa fijación en los clásicos del terror gótico?

Siempre he sido un fiel seguidor de estas películas, sobre todo, las interpretadas por Christopher Lee.



Es ya legendaria tu amistad con Jackie Chan y tu participación en “Los Supercamorristas”. ¿Qué puedes contarnos de todo eso?

Es un gran actor y un buen cómico. Como persona es muy buena persona y siempre está de buen humor y le gusta mucho bromear en la vida normal.


Sabemos que has rodado vídeos didácticos sobre artes marciales y que llegaste a contar con el doble español de Jean-Claude Van Damme. Cuéntanos…

Hice una serie de vídeos documentales con Teo García, sobre Defensa Personal, Muhatai y Kobudo.


Tu película “La pasión de un mordisco”, si no me equivoco, se rodó consciente de que su destino era la televisión Asiática. ¿Cómo funciona tu cine dentro de este ámbito?

Esta película se vendió en Malasia. En Asia gusta mucho el cine de terror sobre todo de vampiros.


¿Es cierto de que has reaprovechado metraje de esta película para montar la nueva “Vampire´s Mark’?

Una parte si.



A la espera todavía de que “Magic London” se edite en DVD, pienso que a estas alturas, que todo el mundo sabe que “Magic London” es de Germán Monzó, el que esta vaya firmada con el seudónimo de Sergio Argento, puede ser perjudicial para su difusión ¿Qué opinas al respecto?

Está película se hizo con muy poco presupuesto y no quedó como a mí me gusta, entonces se la di a mi distribuidor Francisco Herrera y le dije que hiciese lo que quisiese y que si la sacaba, que cambiase el nombre, y así hizo, él puso ese nombre.


Según tenemos entendido, anduviste metido en dos proyectos problemáticos que terminaron por no ver la luz, “Honor de ninja” y una versión de “Ricochet” alternativa a la que hicieron los americanos. ¿Qué fue lo que pasó?.

La primera solo se rodó unos días y tuvimos que parar ya que los inversores no tenían el suficiente dinero como nos habían dicho. La segunda la hizo el hijo de un actor conocido que me pidió que colaborase y yo no lo vi claro, así que no participé.


Puesto que hay demanda por parte del aficionado ¿Por qué es tan difícil conseguir una de tus películas? ¿Por qué no se editan de una vez por todas?

Pregúntaselo a mí distribuidor Francisco Herrera. Este Septiembre salen varias películas como “La Marca del Vampiro”.



¿Qué vida comercial han tenido tus películas? Me refiero a cine, vídeo, etc…

“Kibris” se estrenó en cine, y las otras fueron hechas para ser comercializadas directamente a vídeo o DVD.


“Kibris, la ley del equilibrio”, probablemente sea la película del cine español más buscada. Puesto que tuvo una distribución en cines más o menos decente ¿Cómo es que no acaba de salir en DVD?


No la he sacado en DVD, ya que en esta película no se rodó, ni se hizo lo que yo mandaba y cuando vi el material en la sala de edición me llevé un disgusto. Intenté editar y añadir algunos insertos ya que faltaba material y metraje, pero no quedé satisfecho con el resultado, aunque la película fue la única española que fue seleccionada en el Festival Internacional de Shanghai (SIFF), que es de clase A, en el año 2005.


En “Kibris, la ley del equilibrio”, trabajas por primera vez con actores de renombre como Pepe Sancho, o gente conocida del “Star System” como Paula Vázquez, aunque ya habías trabajado con grandes como Víctor Israel. ¿En qué se diferencia el trabajar con actores aficionados del trabajar con estrellas?

Los grandes actores son fantásticos a la hora de trabajar con ellos, son muy profesionales, pero también me he encontrado aficionados que amaban el cine y ponían tanto interés por hacerlo todo bien y creíble, que era como trabajar con grandes profesionales.


¿Hay algo de cierto en la leyenda que corre, de que rodaste una película de cavernícolas en la cual, estos calzaban zapatillas, o es solo eso, una habladuría?

Colaboré en una película de cavernícolas con mi buen amigo Santiago Lapeira, pero cuando se rodaba no llevaban zapatillas.


Hay quien dice  que eres el “Ed Wood Español”, esto quiere decir, que se te considera el peor director español de la historia ¿Cómo te tomas estas cosas? ¿Qué les dirías a quienes te ponen estas etiquetas?

Primero, uno hace con amor y sentimientos una obra en las artes, puede ser cine, escultura o pintura, etc… Y el resultado es mejor o peor según los gustos de cada persona, y el presupuesto con el que cuentes. Yo espero poder tener un presupuesto decente y poder hacer algo como a mí me gusta y así se podrán ver mis cualidades. En cuanto a esos que solo saben criticar a los que hacen algo, aunque sea con pocos medios, que en vez de tanta envidia y críticas,  que cojan  ellos e intenten hacer algo, ya que son tiñosos que se mueren de envidia cuando alguien hace algo y ellos no lo consiguen ya que no tienen el suficiente valor para embarcarse en un proyecto, son cobardes pobres de espíritu.


¿Qué puedes contarnos acerca de la nueva película “Vampire´s Mark”?

Es una película con bajo presupuesto y con unos pequeños efectos bien cuidados.



¿Qué otros cineastas o películas influencian a Germán Monzó?

“Drácula” con Christopher Lee, “Frankenstein” con Boris Karloff, “El Hombre Lobo” con Paul Naschy, “El Mundo de Suzy Wong” con Nanci Kwan. Sergio Leone, Spielberg, GeorgeLucas, Clint Eastwood, Joan Chen, Alfred Hitchcock.

 Dime directores y películas que te horroricen.

No entiendo el termino “horrorizar”, en cine no existe, es un arte.



¿Algo que añadir para los lectores de AQUÍ VALE TODO?

Una imagen dice más que mil palabras, ved mucho cine y no os creáis lo que os digan comprobadlo por vosotros mismos, nunca hay algo al gusto de todos.




jueves, 30 de octubre de 2008

DRACULAS SETENTEROS (DRACULA 79 + LOS RITOS SATÁNICOS DE DRACULA)

Desde que tengo uso de razón, he vivido convencido de que la versión de "Dracula" rodada a finales de los setenta por John Badham tenía que ser la peor de todas. Y sin embargo, tras el visionado que me metí ayer noche, casi que he cambiado de opinión de modo radical. Probablemente sea la mejor.
En 1979 nadie parecía estar muy interesado en los monstruos clásicos o el romanticismo gótico. A pesar de ello, alguien decidió arriesgarse con esta peliculilla que, guste o no, acaba haciendo gala de algunos tics muy de la época, tanto a nivel estético (el aspecto que gasta el vampiro. Hay una secuencia en la que se pasea con la camisa abierta y solo falta un poco de "disco music" para ambientar) como visual (el look granuloso y oscuro, y arrebatos de violencia tirando a cruda, como el desgarramiento de una garganta en manos de un licántropo o la dura imagen de un bebé asesinado por un vampiro). Y es que, además, la peli tiene una atmósfera muy lograda, algún susto, ideas cojonudas (cómo Dracula se cuela en la habitación de Mina... ¿o era Lucy?), los decorados y la ambientación están extremadamente bien hechas (en especial el castillo habitado por el no-muerto) y en sendos momentos resulta francamente inquietante (cuando Van Helsing entra en la mina que hay bajo el cementerio dispuesto a acabar con su hija, ahora una chupasangre de efectivo y espeluznante aspecto).
Mención aparte merece el gran Frank Langella como Dracula. Las fotos hacían suponer que no existía actor menos adecuado para el rol que él. Sin embargo, la clava. Compone un Drácula diferente y muy carismático, tope de educado y sociable (la verdad es que casi acabas más de su lado que de los buenos) a la par que maligno. Digamos que cae entre la fiereza de Christopher Lee y la ñoñería de Gary Oldman.
La historia no difiere en exceso de otras adaptaciones del libro de Bram Stoker (por lo visto, está más inspirada en la obra teatral con la que debutó Bela Lugosi), la única diferencia es que está narrada con más brío y efectividad.
Seis años antes, Hammer Films se sacó de la manga "Los ritos satánicos de Drácula", con el tándem Lee & Cushing como absolutos protas. Decir que por esa época la factoría británica de terrores ya andaba algo perdida, pero para mi eso es casi una ventaja, puesto que he descubierto que mis films favoritos de su catálogo son los que la crítica considera peores (como éste o la de los vampiros de oro). Si el anterior "Dracula" era eminentemente setentero, este es ya la repanocha. Desde la inconfundible música con regusto funky con la que arranca el film, hasta el patillero look del 90% del reparto. Añádale a la mezcla un remalazo jamesbondiano (con organizaciones secretas de espías high-tech o planes para acabar con la humanidad entera), la obsesión por movidas satánicas (también muy de moda entonces) y la delirante idea de un Dracula empresario (sin duda, la personificación del mal).
Planteada como una secuela de "Dracula 73" (ambas comparten director), el film narra las malvadas intenciones del vampiro de crear un virus ultra-potente capaz de arrasar con el planeta entero (y cuyo fin es, simplemente, ¡quedarse sin alimento y morir!) y de cómo el descendiente número mil de Van Helsing (el gran Peter Cushing), aliado con las fuerzas de la ley, intenta sabotearlo.
El resultado final es cuanto menos bastante entretenido.

sábado, 25 de junio de 2022

LA SOMBRA DEL FARAÓN

Llegados finales de los 90, a Hollywood le entró la neura de resucitar y rejuvenecer un olvidado icono del terror, la momia. Como suele ocurrir con estas movidas, procedieron rodando dos películas prácticamente a la vez. Cada una con productora / equipo distintos y lógicas prisas por estrenar el primero. Aunque entonces ya era todo un experto en oportunismo cinematográfico, debo reconocer, con dolor, que piqué. Al no estar demasiado interesado en la materia, cuando se estrenó "La sombra del faraón" ("Tale of the mummy" en v.o.) pensé que iba a ver "La momia" de Stephen Sommers. Sí, asín de tonto. Y claro, al poco de comenzar me doy cuenta que no, que esa es "la otra", "la fea", "la pobre" o "la mala". Puede que ello influyera y, por eso, me dejó un regusto tan amargo. Siempre la consideré muy horrible. Hasta que comencé con lo de las segundas oportunidades.
Los restos malditos de una momia llegan al Londres actual. Cobrarán vida y comenzarán a matar gente (incluido un humilde quiosquero ¿¿armado con pistola??) para extraerles sendos órganos con el fin de obtener forma humanoide y, aluego, dominar el mundo. En tal caso, necesitará el corazón de la chica que, siguiendo los pasos del abuelo arqueólogo, excavó su tumba. Entre medias aparecerá un policía dispuesto a detener al monstruo y salvar a la chati.
Cuando me senté en el sofá para zamparme "La sombra del faraón" tras trece largos años, lo hice predispuesto a sufrir un mojón. Y, claro, no me pareció tan terrible. La encontré medianamente soportable, razonablemente amena y bien facturada. Salvo por dos elementos. Dos que, a la larga, son sus mayores flaquezas. Por un lado, los efectos infográficos. En aquella época todavía andaban un poco en pañales y, o invertías mucha mucha tela para que quedaran dignos, o te salían como el culo. Y ese es el caso de "La sombra del faraón". Dan vergüenza ajena. La idea de una momia que, en realidad, son solo unos vendajes con vida propia capaces de generar toda suerte de formas, suena "cool" sobre el papel. Pero llevarla a la práctica en imágenes es muy arriesgado. Y puede quedar ridículo... como es el caso. La segunda flaqueza se llama Jason Scott Lee. Darle el rol protagónico a alguien tan poco carismático fue una gran cagada. Es incapaz de soportar el peso de la función.
Por lo demás, pues bueno, algunas partes son un poco plomo. Y el plano final-final espantoso (de hecho, en el cine propició algún que otro abucheo). Pero, al menos, es de terror, cosa que no podemos decir de "la otra" momia, mucho más enfocada a la aventura con ribetes indianajonescos (y absurdamente sobrevalorada).
El (resto del) reparto depara algunas curiosas y agradables sorpresas. Un Sean Pertwee tan histriónico como siempre y que, para no perder las viejas costumbres, nos regala uno de sus característicos babeos. Lysette Anthony, a la que no situaba hasta que reconocí su careto de porrera en "Drácula, un muerto muy contento y feliz". El gran y siempre efectivo Michael Lerner. Una Shelley Duval cuya carrera ya comenzaba a hacer aguas. El carismático Jon Polito. Dos clásicos, Honor Blackman y Christopher Lee en el rol de arqueólogo (luego le volvemos a ver caracterizado de Drácula en un cartel pegado en los túneles del metro londinense). Aunque las verdaderas sorpresas son un jovenzuelo Gerard Butler y Edward Tudor-Pole dando vida a un ciego. Este hombre destacó durante el vendaval punk británico de finales de los setenta como cantante del grupo "Tenpole Tudor". En su faceta actoril intervino en muchas películas de Alex Cox y cosas tan abominables como "La lengua asesina". Todo un personaje.
Siempre he considerado "La sombra del faraón" el principio del fin de la carrera de Russell Mulcahy. Hasta su llegada había ido rodando películas decentes (siendo "Los inmortales" la más famosa de todas). Pero tras la epopeya de la momia, entró en una espiral de chunguismos que ya nunca más abandonaría, por mucho que algunos resulten medianamente simpáticos y entretenidos como "Resurrección" o "Resident Evil: Extinción" e incluso disponga de cosas "serias", pero absolutamente invisibles, del tipo "A contracorriente".
Entre los guionistas localizamos a John Esposito, quien acabaría ligado a la versión televisiva de "Creepshow".

sábado, 3 de agosto de 2024

GARDEN OF THE DEAD

Una panda de reclusos aprovechan su curro, trasladando bidones de una versión experimental de formaldehido, para esnifarlo apasionadamente hasta quedarse ciegos. Una noche huyen y son abatidos a disparos por los guardias. El producto químico en cuestión hará que se levanten de sus tumbas e inviertan tiempo y esfuerzo en matar a todo bicho viviente con el que se crucen, especialmente aquellos que les llenaron de plomo.
John Hayes llevaba ya una década nadando entre productos de pura naturaleza "exploitativa" cuando, en 1972, se vio obligado a rodar en tan solo diez días el relleno de una sesión doble encabezada por otra de su paternidad, y medianamente popular, "La tumba del vampiro". De ahí, pues, que "Garden of the dead" dure únicamente unos maravillosos 58 minutos. La conocía por los llamativos carteles y el look nada desdeñable de sus curiosos zombies, unos que hablan, corren, razonan y son tan yonkis -del formaldehído- como fotofóbicos, pero jamás había logrado verla ya que no tuvo distribución en las Españas. Así pues, por una vez, demos las gracias al interminable y apestufante catálogo de ciertas plataformas de streaming con el mismo criterio selectivo que un invidente en el supermercado.
Setentera hasta las trancas, "Garden of the dead", no obstante, se muestra cero generosa en lo referente a violencia (todo muy estándar) y sexyismo. Dada la naturaleza de la trama, únicamente hay una señora en el reparto, de muy buen ver, eso sí. Es la novia de un prisionero de noble corazón y, llegado el momento, la usarán como cebo para atraer a unos zombies ansiosos por ventilársela.
"Garden of the dead" no tiene problema en saltarse algunos tropos y clichés, como cargarse al medianamente malvado alcaide a mitad de peli, y del modo más tonto y poco llamativo, justo cuando uno estaba ya convenciéndose de que su presencia iba a traer más cola. Agradezco estos detalles, ciertamente.
Del reparto solo reconocí las facciones de Carmen Filpi, actor todoterreno que puedes ver en la más dispar gama de títulos imaginables. Acabó convertido en fetiche de Tim Burton, dando vida al administrativo aplastado por un camión de "Bitelchús" o a un travelo viejo en "Ed Wood". Otro de sus roles más destacados lo hizo para Mel Brooks en "Que asco de vida", era aquel vagabundo al que llamaban "Once".
En cuanto a John Hayes, seguiría imparable pariendo subproductos olvidables, de entre los que destacaría uno tan recurrente en nuestros añorados videoclubes como "El último día del mundo", con Christopher Lee, o un capítulo de la legendaria -y algo sobrevalorada- serie "Tales from the Darkside".
Si te pilla un día tonto, sin mucho que hacer, ni ganas de levantarte del sillón, "Garden of the dead" puede valer como mata-ratos.

lunes, 23 de septiembre de 2019

DRÁCULA BARCELONA

Curioso documental de Carles Prats que reutiliza material ya filmado con anterioridad —material descartado de otro documental suyo, “Llámale Jess”— y material filmado ex profeso, para construir un raro documento en el que se nos contarán los tejemanejes y los pormenores de dos producciones que se filmaron en el mismo set y al mismo tiempo; “El Conde Drácula” de Jess Franco y “Vampyr Cuadecuc” de Pere Portabella. La primera, una adaptación más de la novela de Bram Stoker barata y descuidada y, la segunda, un film vanguardista que retrataba los entresijos de la primera, un producto totalmente artístico, curioso y atípico.
De la manera más formal posible, que es a base de entrevistas a propios y ajenos, Carles Prats nos muestra las interioridades de esas dos películas al igual que desglosa los puntos de conexión entre dos realizadores tan opuestos como Franco y Portabella, que además eran buenos amigos. Miembros del equipo de filmación de ambas películas, así como estudiosos del cine con veneración hacia ambos directores, dan sus impresiones, cuentan sus anécdotas y, en definitiva, nos explican como se realizaron esas dos películas. Así, tenemos declaraciones de, por ejemplo, Jack Taylor, Jordi Costa, Caglos Aguilag, Teresa Gimpera, Álex Zinéfilo, Esteve Rimbau o Jeannine Mestre, pero, lo verdaderamente bueno es que también podemos escuchar las versiones que dan sobre el asunto los propios Christopher Lee y Jess Franco, aunque ya no se encuentren entre nosotros, y Pere Portabella.
El resultado es una película amena, agradable y, sobre todo, interesante, que por otro lado, puede carecer de todo esto si el que se enfrente a “Drácula Barcelona”, se la traen floja los desvaríos pop de Franco o los experimentales de Portabella. Da la casualidad que por la parte que me toca, me interesan ambos.
Por otro lado, ya que Jess Franco ha muerto, algunos de los entrevistados no dudan en desmitificar  al director, no solo hablando “mal” de él, sino asegurando que nadie que le conociera personalmente, podría hablar bien de él.
Por lo demás, absolutamente funcional. Para completistas.

sábado, 28 de marzo de 2026

EL ACTOR DEL TERROR

El actor especializado en cine de terror "Conrad Radzoff" no se lleva demasiado bien con sus directores. En apenas quince minutos de película, se carga a dos de ellos. Así pues, ya vemos cómo las gasta. Por ese motivo, cuando tras palmar por causas naturales y terminar como cadáver / entretenimiento en manos de un grupo de fans para dar color -paliducho- a una reunión social, revive gracias a la ayuda de una médium (en una escena de sobreactuación desaforada) y comienza a cepillárselos mediante crímenes que van de lo majo o truculento, a lo completamente tonto. Y eso es "El actor del terror" ("Frightmare" como título original, "Horror Star" como más popular segunda opción), película de inicios de los ochenta algo oscurilla, de buen arranque aunque plomizo desarrollo y no especialmente bendecida por los favores del fandom moderno, uno que queda en las antípodas de aquel que la protagoniza. Eran otros tiempos, y por ello aquí los devotos del terror son una panda de fiesteros, con cierta predilección por estéticas "new wave", que pasan mucho tiempo de charla y chirigota, pero poco viendo cine. Habitan un enorme edificio victoriano en cuya entrada destaca una hilarante placa donde reza "Horror Film Society" (también presente en su coche oficial, funerario por supuesto) y con variados posters en las paredes ("Las colinas tienen ojos", "Nueva York bajo el terror de los zombi", "Ssssilbido de muerte") o memorabilia en los estantes (parte cedida por Forrest J. Ackerman y David Del Valle, dos reputados expertos y/o coleccionistas). En lo que sí superan a los fans de hoy día es en devoción, tanta como para mangar el fiambre del Vincent Price, Peter Cushing o Christopher Lee de la ficción... y, justo, recurren a una añeja película de este último cuando se supone que estamos viendo al "Conrad Radzoff" más joven en el apogeo de su carrera, impogtando un cagajo que el parecido físico entre el famoso "Drácula" y el del "actor del terror", Ferdy Mayne, sea escaso. De inmenso currículum iniciado nada menos que en los años cuarenta, Mayne reserva una llamativa sorpresita, fue "dios" en "Noche en el tren del terror", película con la que, para bien o para mal, mantenemos una relación bastante estrecha (busquen la respectiva edición patria en dvd). Aunque decir que ese es su rol más icónico sería injusto considerando que dio vida al "Conde Von Krolock" de "El baile de los vampiros" (cuyo poster igualmente luce en los muros de la "Horror Film Society", toma guiño legañoso). También lo has visto en "Los desmadrados piratas de Barba Amarilla", "Conan, el destructor", "Aullidos 2" y un montón de productos añejos mejor considerados pero que, en fin, quedan fuera de nuestros intereses.
Le acompañan Luca Bercovici, que cuando no dirigía (como con "Ghoulies" y "Rockula"), gustaba también de actuar (en el "Parásito" de Charles Band, por ejemplo), Scott Thompson, el "Copeland" de la franquicia -iniciada con- "Loca academia de policía" y que, básicamente, encarna al mismo personaje que interpretara en, justo, "Ghoulies", el del colgado incapaz de quitarse las gafas de sol (pero, eso sí, que dedica un ratico a leer una novela de Stephen King), Jennifer Starrett como la chica buena del clan, un jovenzuelo Jeffrey Combs y, en el grupo de los veteranos, Chuck Mitchell (el mismísimo "Porky" de ya saben qué franquicia -es decir, la uno y la tres-), Nita Talbot, Leon Askin y Barbara Pilavin. Escribe y dirige Norman Thaddeus Vane, de poco lustrosa trayectoria. Otra suya que me sonaba haber visto chorromil veces en los vídeo-clubs es "Midnight" de 1988. Palmó en 2015.
Jeffrey Combs no es la única conexión indirecta de "El actor del terror" con la posterior "Re-Animator". Su personaje fallece decapitado, cosa especialmente graciosa dadas las circunstancias. Y su compañera de reparto, doña Starrett, gasta un aire a lo Barbara Crampton. Encima, ambas actrices responden al mismo nombre en sus respectivas ficciones, "Meg". ¡Asstupendo todo!.
Chapo el chiringo con una llamativa estampa (ausente en el film) escaneada de las páginas de un "Fangoria" de la buena época, de esas que le ponían los dientes largos a un jovenzuelo impresionable de mi porte.


martes, 4 de noviembre de 2008

LOCA ACADEMIA DE POLICÍA 7: MISIÓN EN MOSCÚ

Cuando 
a mediados de los noventa la saga de "Loca Academia de Policía" estaba ya muerta, enterrada y super olvidada, a Paul Marlansky se le ocurrió que, si la resucitaba, igual podía embolsarse unos cuantos dólares. Para ello contrató a un director televisivo pero que también había hecho películas bastante prestigiosas dentro de la comedia USA como pueden ser "Regreso a la escuela" con Rodney Dangerfield o "Nos Mudamos" con Richard Pryor, Allan Metter, quien en la actualidad dirige comedias para lucimiento de las gemelas Olsen.
Desde luego, no era el momento más oportuno para estrenar la séptima película de la saga. Aun así, fichando a los actores de las anteriores que se dejaron contratar (George Gaynes, Michael Winslow, David Graf, Leslie Easterbrook y G.W. Bailey) y a otros como Ron Perlman , Christopher Lee y Claire Forlani, consiguió hacer una película decente, bastante superior a la sexta y quinta partes, pero que pasó inadvertida en las salas.
En Moscú ha salido un videojuego muy simple pero que deja embobados a quienes lo juegan y hará multimillonario a un gerifalte ruso. La policía del país pide ayuda a la estadounidense para investigar este caso y, como no, el Comandante Lassard (esta vez protagonista absoluto), Tackelberry, Jones, Callahan y el inevitable Capitan Harris -sin su ladilla Proctor-, son los elegidos para llevar a buen puerto esta misión.
La gracia de esta peli es comprobar lo viejos que están los actores y como se ha reducido 
notablemente la plantilla del cast original. Por lo demás, un poquito de entretenimiento sano y más de lo mismo.
Llevo un par de años escuchando que se está preparando una nueva secuela de la saga, un "Loca academia de policía 8" que, en los tiempos que corren, sería mas que oportuna. De momento, todo se ha quedado en un rumor.

domingo, 10 de marzo de 2013

LOS CRÍMENES DEL ÁTICO

El británico Pete Walker (que no Peter!!) es un personaje bien curioso que, con los años, ha quedado en el semi-olvido. Cineasta especializado en terror (y porno-soft, o sexploitation, o llámenle como quieran) activo sobre todo durante los años 70, dirigió su última película, la simpática "La casa de las sombras alargadas" (aquella que reunía a unos abueletes Vincent Price, Christopher Lee, Peter Cushing y John Carradine), el año 1983... y desde entonces no ha hecho nada más, salvo aparecer en algún documental o reportaje. Pero vamos, que vivo está. Resulta curioso que, a diferencia de los muchos "artesanos del terror" de antaño, Walker no haya intentado regresar, ni aunque sea por la puerta pequeña. En realidad la mayoría de sus pelis son un coñazo de órdago, ¿para qué engañarnos?, no llegan a los niveles zetosos de su compatriota Norman J. Warren, aunque por los pelos.
A Walker lo descubrí de jovenzuelo a través del "Fangoria" yankee y la primera de sus pelis que alquilé fue "Terror sin habla", o "Frightmare" en su país de origen, con una atractiva portada y una trama que prometía canibalismo y sordidez. Naturalmente el resultado me decepcionó profundamente. Aún así, seguí viendo aquellas pelis del Sr.Walker que cazaba en el video-club y, salvo la mentada "La casa de las sombras...", poco lograba complacerme. Hasta que un día alquilé "Los crímenes del ático" y, por alguna razón, se quedó grabada en mi mente. Un tiempo después volví a recordarla y la busqué, lo que me obligó a comerme otras obras del señor director y que, vamos, tampoco es que me hicieran muy feliz (como "Esquizofrenia", por ejemplo). Finalmente un día vi una reseña de aquel misterioso film desaparecido en un blog americano y reconocí un par de imágenes (una de ellas, una faz putrefacta repleta de gusanos, acabó en mi facebook),¡¡por fin!!, se llamaba "The Comeback" (igual que el título hispánico, vamos), año 1978. Cuando vi la caratula (esta que tienen por aquí cerca) todo terminó de cuadrar. Gracias a mi querido "brodah" la conseguí y ayer me la zampé, por fin, tras tantos años de dudas y dudillas.
Nick Cooper es un "crooner" -a mi me recuerda bastante a Scott Walker- que regresa a su Inglaterra natal y querida tras una prolongada estancia en Los Angeles. Además de cantante, también es un puto calzonazos. Dejó su carrera cuando se casó con una pava de esas manipuladoras y ahora que le ha abandonado, el muchacho quiere recuperar fama y gloria, para lo que se instala en un enorme y neogótico caserón regentado por un par de siniestros ancianos, donde piensa grabar su nuevo disco. Mientras ocurre todo ello, su ex visita el que antaño fuera el bonito ático de la parejita y, cuando menos se lo espera, aparece un intruso vestido de anciana, con una aterradora máscara y, a base de berridos y guadaña, se la carga en lo que es una secuencia bastante impactante y truculenta (antes de su aparición, la falsa abuela va siempre acompañada de unos inquietantes aullidos). De todo esto el prota, ni papa, que sigue a su rollo, liándose con la secre del jefe y, eso sí, oyendo por las noches extraños llantos y gritos. Incluso llega a toparse con un cadáver putrefacto sentado en una silla de ruedas. ¿Se estará volviendo locuelo, o tanto la asesina de la guadaña como los momentos "Cuarto Milenio" van conectados?, ¿quizás alguien intenta hacerle perder la razón?. Caray, cuanto misterio (y cómo se nota la influencia de Dario Argento... ¿un cantante moderno enfrentado a unos crímenes bien sangrientos perpetrados por arma blanca?. Bien debió de liarla Argento en las Inglaterras cuando también Norman J. Warren plagió su "Suspiria" con "Terror", "El ente diabólico" en Espaing).
Pues sí, compañeras y compañeras, el buen regusto que conservaba del primer visionado adolescente de "Los crímenes del ático" estaba justificado. La peli funciona, y bastante bien. Toda ella va repleta de enigmáticos enigmas que te mantienen en vilo hasta el final, que es cuando se aclaran... y aunque el motivo del asesino, a pesar de ser potente, está un poco puesto ahí con calzador, lo perdonas, lo perdonas porque, de mientras, lo has disfrutado bastante y, más importante aún, has gozado de algunos muy leves pero significativos momentos de sutil escalofrío. Repito que la imagen de la vieja asesina funciona muy bien, y cada una de sus apariciones viene acompañada de una descarga en el espinazo. También molan las escenas en las que el cantante se pasea por el caserón, de noche, intentado descubrir el origen de los acojonantes llantos y berridos... sin mencionar cuando le conducen hasta el sótano y... en fin, mejor lo véis.
Muy británica toda ella y muy de los 70 (esos peinados, ese look, esas ropas, esas canciones deliciosamente horteras...), "Los crímenes del ático" no termina por ser ninguna obra maestra, ninguna maravilla ni título imprescindible del terror, pero sí una cosita bien maja y bien válida que merece verse... y, seguramente, la mejor peli de Pete Walker. Al menos de las que yo he visto, sí, sin duda.

viernes, 18 de febrero de 2011

CURSE IV: THE ULTIMATE SACRIFICE / CATACOMBS

Antes de hablar estrictamente de esta peli, hagámoslo de la franquicia de "The Curse". Todo comenzó con la piece de mismo título, estrenada en las Españas como "Granja Maldita" (mediocre, pero pasable, y muy ligeramente inspirada en H.P.Lovecraft). Funcionó tan bien a la hora de recaudar billetes que rápidamente se hizo necesaria una secuela, ¿solución?, pillar cualquier otra peli adscrita al terror y meterle de título "Curse 2", aunque no tuvieran absolutamente naaaada que ver la una con la otra. Y así hasta tres veces. A "Curse 2: the bite", un rollazo de tomo y lomo sobre un tio con un brazo/serpiente, le siguieron "Curse 3: blood sacrifice", que ni me he molestado en ver por la mala pinta que gasta (una historia de vudú con Christopher Lee por ahí metido) y, obvio, "Curse 4: The ultimate sacrifice". Sí, esta cuarta entrega está tan desvinculada de la supuesta peli madre como de las secuelas (que irónicamente se hicieron después), pero claro, a falta de nada mejor, y dada su condición de "peli desvalida", era la perfecta candidata. ¿Que por qué digo lo de "peli desvalida"?, pues porque originalmente esta obra se titulaba "Catacombs" y estaba producida por Charles Band desde su sello "Empire". Sin embargo, este quebró, se hundió y el film quedó en el limbo de los olvidados, a la espera de que alguien lo rescatase. Finalmente, y pasados unos años, se tuvo que conformar con ser la cuarta parte de una saga video-clubera. Independientemente de su calidad, debió ser muy frustrante para su director, David Schmoeller, un tio que sin ser ningún genio, se nota que hace sus proyectos con cariño e intentando dotarles de algo distinto, todo lo distinto que puede ser una horror movie de segunda fila. Schmoeller tiende a ignorar el gore y gusta de crear atmósferas extrañas e inquietantes, de salirse de topicazos y, esta sí es marciana, firmar sus guiones con pseudónimo italiano, ¡justo el caso contrario al habitual!. Así pues, a Schmoeller debemos cosas como la lograda "Trampa para turistas", la aburrida -pero bien considerada por algunos- "El ático", "La venganza de los muñecos" o "Netherworld" (estas dos últimas ya en "Full Moon"). Curiosamente, y según Imdb, actualmente rueda cortometrajes aprovechando sus funciones de profesor!!!, casi todo comedias, dramas y romances. Imagino que debe estar hasta la polla del negocio del cine y ha vuelto a las esencias, rodar por placer... que grande, ¿no?.
Centrándonos en "Catacombs", nos encontramos con una pequeña rareza dentro de su estilo y categoría. Veámoslo: aquí no hay gore, no hay sexo, todo se desarrolla en un monasterio perdido en Italia (país de co-producción) y la mayoría de los personajes son monjes tirando a abueletes. Encima, el único tio joven es religioso también, por lo que pocas posibilidades de marro hay con la chica protagonista (una pipiola). Todos estos personajes se mueven alrededor de una criatura, un especie de albino poseído, que habita las catacumbas del lugar y se muere por cazar a todos los monjes y vengarse así de sus antepasados, los mismos que le encerraron.
A la falta de ingredientes llamativos, hay que añadir una sosería general que duele al alma. Y es una pena, porque la intro está muy bien. Pero luego, nada, rutina casi propia de "slasher" pero sin bimbos tetonas ni asesinos enmascarados molones. Desaprovechar las posibilidades atmosféricas de un entorno como ese es un crimen imperdonable, y la vacua fotografía casi telefílmica no ayuda mucho. Tanto es así, que la única secuencia realmente poderosa y perturbadora (un cristo de ojos negros, tamaño natural, que baja de la cruz ante un flipado monje que cree ver un milagro y poco sabe que va a morir en manos de su supuesto salvador), no es tal. Pura rutina. El desenlace es la mar de tontuno... y dices ¿tanto rollo para esto?. En fin, un notable desperdicio de buenas intenciones e ideas.
Como curiosidad, mencionar que la banda sonora se la debemos a todo un habitual en el cine de terror, y en la filmo de Schmoeller, como es Pino Donaggio y que uno de los productores responde al nombre de Hope Perello, ¡director de "Aullidos 6"!.
El "ultimate sacrifice" es ver esto de un tirón sin dormirse.

sábado, 9 de enero de 2010

PAUL NASCHY: LA MÁSCARA DE JACINTO MOLINA

Habiendo leído hace algo más de 10 años "Memorias de un hombre lobo", lo único que me tentó para comprar esta nueva biografía de Paul Naschy fueron dos cosas: las vivencias narradas precisamente desde que se publicó aquella hasta hoy y el hecho de que me informaron un poco mal (o me enteré yo mal) de que en esta ocasión el actor y director iba a contar efemérides inéditas y se iban a sacar muchos trapos sucios. La maruja que llevo dentro me hizo desembolsar la pasta. Aflojar la gallina. Bien, pues no cuenta grandes cotilleos. Es más, en un momento del libro explica algo ruin y rastrero, pero en lugar de desvelar el "quien", se limita a poner la inicial de su apellido. Así que, si es por morbo, no compréis este libro porque no hay nada de eso.
Ahora, si un tocho de 400 páginas te lo lees en un par de días como he hecho yo o es cojonudo o, como pasa con este, tiene demasiadas fotos de relleno. No me quejo, que la publicidad ya lo avisaba: “Más de 400 páginas y más de 600 fotos”. Pero, joder, un poco más de texto no vendría mal.
Bien, aparte de ese mogollón de fotos, un prólogo de Christopher Lee y una edición muy cuidada, ¿qué más nos ofrece "Paul Naschy: La máscara de Jacinto Molina"? Pues si has leído "Memorias de un hombre lobo", poco, lo mismo más resumido y apresurado (que Naschy se nos va…), la correcta pluma de Ángel Agudo aunque incluso en eso es superior el libro de hace 10 años, porque lo cierto es que Jacinto Molina escribe mejor que Agudo. Y la filmografía comentada por Ángel Gómez Rivero, pasable, aunque para él no hay peli mala de Naschy, y no me lo creo. También prefiero los comentarios de Luis Vigil del anterior libro. Rivero es demasiado técnico. La clave del buen escritor es escribir como si el lector fuera tonto.
Ahora, para un fan de Naschy 
como yo (más de jovencillo que ahora), ¿merece la pena? Francamente, sí.

martes, 21 de abril de 2009

JESÚS FRANCO MANERA DE VIVIR

Decir que este documental es una maravilla no tiene ningún mérito. No por nada en concreto, sino porque ver a Jess Franco contándonos su vida no puede ser malo ni aunque lo intenten. Independientemente de que te gusten más o menos sus películas, escucharle siempre es una experiencia gratificante.
Kike Mesa dirige este documental en el que ha sentado al cineasta en una silla, frente a una pantalla verde que en postproducción convertirá en un tétrico escenario, y con un par de cámaras, Franco comienza a contarnos aspectos muy interesantes 
de su vida. Nada que no hayamos podido leer antes, pero es igual, lo que mola es verle a él, entusiasmado, emocionándose contando su encuentro con Fritz Lang, fumando como un carretero y soltando tacos a punta pala.
Nos explica sus inicios como músico de jazz, así como sus experiencias con Orson Welles y con actores prestigiosos como Jack Palance, Klaus Kinski -para el que solo tiene buenas palabras- o el inevitable Christopher Lee.
Lo mejor es que es un documental muy sencillito, sin demasiada parafernalia, con la música muy bajita como acompañamiento perfecto y montado con fluidez y mucho cariño. El resultado final es muy entretenido, entrañable y corto… porque lo cierto es que, aunque dura hora y media, pasa en cinco minutos.
Muy bueno y recomendable, sí señor.

sábado, 23 de mayo de 2026

DRÁCULA 73

A principios de los setenta, "Hammer Films" veía como el pote de habichuelas se vaciaba a velocidad alarmante. Su formula, infalible durante muchos años, ya no funcionaba igual. Tocaba renovarse o morir. Así pues, la adaptaron a los "tiempos corrientes" con el fin de atraer nuevas generaciones. ¿Y en qué consistían estas? pues jovenzuelos surgidos del "Swinging London" en su versión más mediatizada, establecida, asumida y reducida a un puñado de estereotipos. Así las cosas, y tirando un poco de los todavía recientes crímenes del Clan Manson, se inventan la mandanga de que un acólito de Drácula -de nombre "Johnny Alucard", ¡cof cof!-, situado en plenos años setenta, convence a un grupo de irritantes, estridentes, ridículos, insolentes y "enrollados" mozalbetes "greñudos", ataviados con chillones ropajes y aficionados al rock, para practicar una misa negra, por aquello de invocar al demonio. Aunque en realidad la cosa va de despertar al vampiro bañando sus cenizas con sangre. Y así proceden. Superado el susto inicial, Drácula comenzará a exigir muchachas con las que ponerse hasta el culo... aunque siente predilección por una descendiente de la casta de los Van Helsing y, de hecho, su abuelo se parece mucho a como era aquel en épocas victorianas, además de practicar idénticos hobbies. Así, cuando el chupasangre logre atrapar a la muchacha (que sí, que muy rebelde, moderna y tal pero, como ella misma le cuenta al abue, en realidad todavía es virgen y no ha probado la droga... vamos, una poseur) el Van Helsing de los setenta se pondrá manos a la obra -con una leve ayuda de "Scotland Yard"- para acabar con la criatura del averno.
Y bueno, "Drácula 73" (que en v.o. responde al título de "Dracula A.D. 1972". Sí, tardó un año en estrenarse por acá) arranca bastante bien y mantiene el interés hasta la escena de la misa negra, tal vez porque es donde más se estira el chicle del contraste generacional / cultural, lo que resulta novedoso e hilarante (me encantaría ver qué hubiesen hecho con un improbable "Drácula 77"). Sin embargo, una vez el vampiro se eleva y comienza a matar, nos metemos de lleno en lo de siempre, todo muy rutinario, sin sorpresas y un pelo aburrido. Vamos, que más allá del asunto del "moderneo", el guionista, Don Houghton, tampoco se exprimió las meninges. A pesar de ello, pues te comes la película enterita, sin más. Funcional y olvidable entretenimiento. Tal vez contribuyan las siempre agradecidas y estimulantes presencias de Christopher Lee (aunque sale poco, aparece el primero en los créditos) y el gran Peter Cushing. Les acompañan una novatilla Caroline Munro como moza descocada y, por supuesto, la descendiente de Van Helsing (Stephanie Beacham, quien anduvo por algunas películas de Pete Walker y en "Inseminoid"), que está como un quesito y se pasa media peli bamboleando unas peras tremendas casi manoseadas accidentalmente por Cushing en más de una ocasión. No pongo comillas en accidentalmente porque sabemos sin atisbo de duda que el actor era todo un gentleman (muy al contrario, Marlon Brando sí magreó a la actriz en "Los últimos juegos prohibidos"  según san Michael Winner) 
Pocos gallifantes para el director de carrera básicamente invisible, Alan Gibson, quien reincidiría en la materia con una especie de secuela titulada "Los ritos satánicos de Drácula", donde esta vez apostaba por otros géneros o subgéneros de moda entonces. Pero nada, los intentos de modernizarse de "Hammer Films" no dieron los frutos deseados y terminaron chapando... al menos hasta mediados de los 2000, pero esa es otra historia.

martes, 3 de noviembre de 2009

1941

El fracaso más sonado de Spielberg, y una de sus pocas comedias, se prodiga hoy día como una obra maestra del despropósito. La película es espectacular, cuenta con una media de un gag por minuto, John Belushi está inmenso... pero es un revoltijo incomprensible, con un montaje tan confuso que no conseguimos enterarnos bien de lo que está pasando. Sin embargo, es altamente curiosa y, por ello, he desembolsado los 10 euros que cuesta la nueva edición en DVD.
Cuando la vi siendo infante no me enteré de un carajo, por eso repetía una y otra vez, con la esperanza de comprender algo y convertirla en una de mis favoritas... pero salvo lo atrayente del conjunto, no le encontré nada.
Pasan como 20 años de la ultima ocasión y ahora, con madurez (es un decir) y una plenitud completa de mis capacidades comprensivas (otro decir), decido sentarme delante de la tele, relajado y bien centrado, con la idea de disfrutar como un loco de aquella película que tanto quería que me gustara de pequeño. Y el resultado es que sigo queriendo que me guste, pero no lo consigo ni por el forro.
En la biografía de John Belushi se cuenta que, mientras rodaba, Spielberg se quejaba de que él no sabía hacer comedia, que no entendía como se podía haber metido en tal embolado. Efectivamente, el rey Midas de Hollywood no entiende ni un pijo de comedia, y así le salió esta peli. Pero si no digo algo a favor de "1941", me pego un tiro. Y es que tiene dos cosas muy buenas, que hacen que forme parte de mi dvdteca (aunque no me guste): Como he dicho antes, cada escena, cada plano, cada diálogo, cada frase, tiene un efecto cómico. Es un huracán de gags, posiblemente sea la película que más contiene de cuantas se han rodado. Pero, claro, el tema es que estos, intentando ser “inteligentemente” hilarantes, no hacen puta la gracia. Y eso viniendo de un Spielberg, engrandece la película. Y la otra cosa buena (obviaremos cuestiones técnicas, puesto que estas son impecables) es que hay tantos personajes hablando a la vez, tantas subtramas entrelazadas, tanto caos, que aunque esto fuera en un principio intencionado, a juzgar por el cristo del maravilloso cartel, dudo mucho que Spielberg quisiera algo tan de locos para su película. Y, a causa de ello, "1941" es tan única, aunque diste mucho de ser mínimamente entretenida.
Por otro lado, tenemos a un montón de estrellas reunidas, cada uno en su rol, pero más perdidos que su puta madre, empezando por la estrella del lío, Jonh Belushi, que claramente han dejado actuar a su puta bola (como corroboraremos en los extras, así fue), y aunque divertido, te deja con una sensación de “...no se, no se...”. Treat Williams, Ned Beatty, Christopher Lee, Toshiro Mifune, Dan Ayrkroid y John Candy, pululan por ahí entre muchos otros y, en el caso del ultimo especialmente, preguntándose (y preguntándonos) qué coño hacen en esta película.
Única... pero recomiendo su visionado en partes, seleccionando los mejores / peores momentos según convenga.

lunes, 4 de abril de 2022

CINEMA PERVERSO

Enésima reivindicación del fenómeno “grindhouse”, esta vez proveniente de Alemania, en este estupendo —y cortito— documental que, más que de un tipo de subgénero, vendría a hablarnos de los cines donde era habitual que se proyectaran en Alemania las películas exploitation. Al igual que en España serían los cines de barrio y los de sesión continua los lugares donde el espectador podía ver por pocos duros películas exploit, serie Z, cine de Kung Fu o películas “S” —aunque hay que tener en cuenta que en nuestro país muchas de estas películas se estrenaban en cines de estreno con todos los honores—, en Alemania los complejos cinematográficos en los que se solía exhibir toda esta morralla eran los llamados “cines de estación”. Se ve que en los años 50, con la proliferación del comercio en las estaciones de tren, dentro de muchas de ellas se habilitaron salas de sesión continua que servían, más que para que el público disfrutara de las películas, para que los viajeros que llegaban a la estación con tiempo o los que su tren sufría un retraso, tuvieran un lugar en el que esperar entretenidos. Durante el declive de lo que fueron en general los cines de estación, estos se convirtieron progresivamente en lupanares de vicio que proyectaban cine porno y alojaban a toda suerte de chaperos, pajilleros y prostitutas. Es por eso que junto a la pantalla solían colgar relojes grandes y luminosos para que a sus clientes no se les pasara la hora de tomar el tren.
La programación sería la típica de un cine de barrio.
“Cinema Perverso”, con la eterna estructura del cabezote parlante, reúne a un buen número de reputadas (o no) personalidades del cine fantástico alemán como puedan ser Uwe Boll, Christian Anders, Jörg Buttgereit o René Weller que recordarán el tipo de películas que se proyectaban en esos lugares o su experiencia con alguna de aquellas películas, en el caso de haber participado.
La verdad es que el documental no propone nada nuevo más allá de lo que nos han contado otros documentales americanos, sin embargo la baza fuerte la tiene a la hora de hablarnos del producto autóctono. De esa manera “Cinema Perverso” le pasa factura a subgéneros alemanes que en la mayoría de los casos son desconocidos para el público estándar, como la popular comedia sexy bávara o una especie de subgénero parejo a nuestra clasificación “S” que serían las “report movies”, poco más que documentales sensacionalistas que con la excusa de educar al personal se nos muestra todo el folleteo posible al estilo de los “higiene films”, y que contaba con una zona concreta como era el barrio de St. Pauli en Hamburgo (sí, el barrio donde “El monstruo de St. Pauli” cometía sus fechorías…) para situar las escenas morbosas que querían enseñarnos los directores, ya que se trata de un barrio popular por la inmundicia, los marineros y las chicas fáciles que albergan sus calles. También descubrimos los “stereostrips” que vendrían siendo el equivalente al nudie americano, pero más soso aún si cabe y que, proveniente de Suiza o Finlandia, fue plagiado por nuestros amigos alemanes sin ningún tipo de escrúpulo porque, al fin y al cabo, era un producto que resultaba altamente rentable. También nos hablan de géneros alemanes de corte popular o, más curioso todavía, nos explican que muchas películas americanas eran demasiado cortas para los circuitos de exhibición alemanes, así que, con el fin de llegar a un mínimo de metraje estipulado, las distribuidoras rodaban material de relleno que luego insertaban de manera tosca y chabacana sobre el negativo original, por lo que se alteraba la obra considerablemente. No hay nada que me parezca más estafa que eso, una película americana que, sin la productora saberlo siquiera, lleva minutos extra de metraje alemán dirigido por váyanse ustedes a saber quién.
En definitiva se trata de un documental ameno, dinámico, curioso y entretenido con el que a estas alturas no vamos a aprender ya mucho más, pero que al menos nos descubre una serie de títulos y estilos alemanes que hay que tener presentes porque, al fin y al cabo, se trata de la cinematografía folclórica de un país que, aunque cercano, en muchos aspectos sigue siendo un gran desconocido.
Dirige la cosa Oliver Schwehm, documentalista para televisión que, además de este, ha dedicado documentales a figuras internacionales del fantástico como pueda ser Christopher Lee, pero también, a figuras del más rutilante eurodance como el dedicado a la estafa que supuso al mundo los Milli “don’t forget my number” Manilli.
Recomendable para echar un ratillo agradable.

miércoles, 28 de diciembre de 2022

GALERÍA DE ESCANEOS BONITOS 24 (CARTELES Y CURIOSIDADES)

Imágenes extraídas de las fermosas páginas de "Mad Movies", "L´Ecran Fantastique" y otras revistas franchutes que me alegraron la adolescencia por ahí los años 80/90....

A continuación les dejamos una serie de carteles curiosos de películas -no tan curiosas-. Algunos se parieron antes que la interfecta y no guardan conexión con su contenido. Otros pertenecen a proyectos jamás realizados. Y los hay simplemente bonitos. Gocen.


Sobre la "falsa franquicia" made in Italy de "La Casa"
hablamos largo y tendido en el podcast de "Neon Maniacs",
pero es un fenómeno que nunca deja de sorprender y siempre
mola revisitarlo. Aquí tenemos el cartel de "La Casa 5", es
decir, "Beyond Darkness", dirigida por el inútil de Claudio
Fragasso oculto bajo el alias de Dan Edwards, aunque
finalmente recurriría al habitual Clyde Anderson.


Esta era inevitable. El clásico. Siempre
disfruto mucho con los carteles de la época,
transmiten peligro, horror del duro, emociones
extremas... todas esas sensaciones que, siendo
jovenzuelo, disparaban mi imaginación y
adrenalina. Que luego la peli no me decepcionara -¡para
variar!- 
la puso en el pedestal donde reposa hoy.
Bendita sea.


Otro de esos carteles de películas ignotas
que, siendo joven, me fascinaban por todo
el misterio que las envolvía. En este caso
hablamos de un modestísimo título del año
1978 dirigido por un tal Rodger Darbonne.
Tengo entendido que es aburrido hasta las
trancas y muy horroroso. Hoy en día pueden
localizarlo gratis online. Maldito y bendito interné.


De esta no hablaré mucho porque ya lo hizo Víctor
en su respectiva reseña. Pero este pre-cartel, de cuando 
la peli aún estaba pendiente de estreno, es un rato chulo.
Desde luego mucho mejor que la sosa caratula española.


Una imagen de la segunda entrega de "La matanza
de Texas" para anunciar el rodaje de la tercera. Curioso.
Esto podría ser un invento de la misma revista, nada
oficial, pero es de lo más gracioso.


Y llegamos a la rareza. A finales de los ochenta, el
productor Harry Alan Towers andaba desatadísimo rodando
adaptaciones de Poe en plan baratillo y se planteó poner
al día La Momia con este proyecto que, ya lo adelanto, nunca
se materializó. Pero elementos interesantes tenía. 
Anthony Perkins iba a dar vida a ¡la momia! (muy adecuado,
dirían algunos cabrones) Y le secundarían Christopher Lee
(quien sí acabaría liado en una peli moderna de momias) y
Donald Pleasence. A los mandos de todo ello, nada menos
que Gordon Hessler. ¿Habría molado? Naaah, no lo creo.
En cualquier caso, lo realmente espeluznante de todo este cristo
es pensar que, hoy día, ninguno de los nombres mentados vive ya.



Fabuloso cartel de "Retaliator", pero por las razones
equivocadas... entre ellas el nulo parecido de Robert Ginty
con su versión de carne y hueso.

Y como colofón, sobredosis de Brian Yuzna...


Por un lado, el proyecto que jamás vio la luz... y
nunca mejor dicho. Una puesta al día del hombre invisible.
Al final hubo varias y, en general, se dejaban consumir
dignamente. ¿Habría pasado lo mismo con la aportación
de mister Yuzna? Lo dudo... pero el cartel está majo.


Por otro, la que sí se hizo realidad... para 
nuestro mayor disgusto. La secuela de "Re-Animator".
He escogido este pre-cartel (obviamente la imagen de
Jeffrey Combs pertenece a la original) por su tono
gótico, en blanco y negro, ahí con castillo y todo.
Desde buen principio, ya con el título, cantaba como 
una pestilente almeja el guiño a "La novia de Frankenstein",
pero a la hora de diseñar el cartel, sobre todo con
la tipografía, se lo tomaron literalmente.