Mostrando las entradas para la consulta Nadiuska ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta Nadiuska ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas

viernes, 3 de marzo de 2023

EL TÍO DEL SACO Y EL INSPECTOR LOBATÓN

Extraña, ignota, a todas luces innecesaria, chabacana y fraudulenta secuela de “El violador violado” Dirigida por el experiodista franquista Juan José Porto, que más rancia si cabe que su predecesora, peor rodada y más pobre, llegó a nuestras pantallas en plenos años 90 cuando este tipo de subproductos de serie Z no tenían cabida en nuestros cines. El cine español ya andaba dando cobertura a los Armero, Martínez - Lázaro y Gómez Pereira de rigor en aquellos años y, un subproducto como este, tan tosco, tan de otra época, todavía me estoy preguntando como es que consiguió distribución de algún tipo. Obviamente esta fue ínfima, yendo la película a parar a unos cuantos cines de barrio de provincias y congregando en total a poco más de 1000 espectadores del año 1993, cifra que para aquellos años, es pasar completamente inadvertido. Posteriormente, su vida en vídeo de alquiler no fue mucho más fructífera.
Como fan de “El violador violado”, que según mi fuero considero la peor película española de todos los tiempos, había oído hablar  sobre su secuela, esta “El tío del saco y el inspector Lobatón” durante años, sin que nada indicara que existiera o se hubiera estrenado. Llegué a dudar de su concepción al verme incapaz de encontrar un dato que confirmara su existencia. En plena década de 2000, no había nada. Cero. Ni un triste fotocromo, ni un fotograma. Pero justo cuando ya había desistido en la búsqueda de algo relacionado con esta película, cuando uno menos se lo espera, aparece por todos lados teniendo copias de la misma en VHS a precios prohibitivos en Todocolección y, mejor todavía, algún alma caritativa se ha molestado en colgarla en Internet. Y su visionado supera las expectativas.
“El tío del saco y el Inspector Lobatón” traslada la acción ocho años después de lo acontecido en “El violador violado”. El tío del saco tiene a toda la policía en vilo porque durante todo este tiempo el individuo ha violado mujeres de entre 16 a 116 años y no son capaces de capturarle. El inspector Lobatón junto con “El Paja”, también conocido como “El Harry el sucio español”—e interpretado por el entrañable Carlos Lucas— se están volviendo locos en la investigación cuando aparece Dorita, la mujer que violó al tío del saco en el pasado (en la anterior película) y que le busca porque, casadera como está, considera que el tío del saco es el hombre ideal para ella. Como cambia la actriz (María Mateo en la primera película, en esta, Adriana Vega) solucionan este problema haciendo que ella haya cambiado de aspecto gracias a la cirugía estética y fin de la historia.
Realmente esta sinopsis queda bastante clara, pero he tenido que hacer grandes esfuerzos para reconstruirla y redactarla, porque lo cierto es que la película es tal desbarajuste que uno no se entera de nada. Ni falta que hace porque el interés que pueda despertar la trama en el posible espectador es cero.
Pero lo mejor de todo esto es que la sinopsis ocupa tan solo la primera media hora de la película porque “El tío del saco y el inspector Lobatón” es un corta pega descarado y sin ningún tipo de vergüenza. A la media hora exacta de metraje, Dorita cuenta su historia y, a través del flashback, se nos ofrece un resumen de otra media hora de duración de “El violador violado” que con cartelitos explicativos en los que no se entiende nada y metraje rescatado de la misma, nos van contando de inicio a fin todo lo acontecido en la película predecesora. El resto de celuloide hasta llegar a la hora y diez lo componen los títulos de crédito, excesivos en duración y para el lucimiento, al igual que en la primera película, del historietísta granadino Soria —intuyo que amigo de Porto— o el rodillo de créditos final, también largo en exceso, y en el que encima tienen la jeta de incluir al reparto original de “El violador violado” —es decir, Nadiuska, Ricardo Merino, Luis Lorenzo…—que no solo no aparecen ni en uno de los fotogramas originales de este film, sino que, a buen seguro, no vieron ni un duro. Eso sí, añadieron, por todo el morro, un título más a sus respectivas filmografías.
Los actores que sí que aparecen en el negativo original son Quique Camorras, los anteriormente mencionados Adriana Vega y Carlos Lucas, y Antonio Bravo.
Una película absolutamente espeluznante. Terrible. Verla para creerla y, como las genuinas películas malas, sin un ápice de gracia, elementos sorpresivos ni sobreactuaciones épicas como para que los popes del posmodernismo la adopten y generen un culto forzado, gracias a dios. El nombre de Porto no suena a diestro y siniestro en esos pozos de cine malo en Internet, lo cual está muy bien porque hay que tener dos cojones muy gordos, como los que tenemos en "Aquí Vale Todo", para aguantar esto. Y toneladas de paciencia. Y arrojo. Y valentía. Y estupidez.Y...

lunes, 16 de noviembre de 2020

EL VIOLADOR VIOLADO

“El violador violado”, también conocida como “El tío del saco” o con la combinación estúpida de ambos títulos —“El violador violado (El tío del saco)”— sería una genuina serie Z, y una de mis películas chungas de cabecera. Una verdadera muestra de lo fascinantemente chungo, tan chungo, que afortunadamente jamás ha generado culto alguno. Es, lo que yo llamo, un repelente de modernitos.
Y es que “El Violador Violado” es, probablemente, la peor comedia de la historia, no ya de nuestro cine, sino de la cinematografía mundial, que incapaz de inducir a la risa con su humor, en su desbarajuste reside la posible gracia de todo el asunto.
Tres tramas componen el argumento de esta película; Por un lado tenemos a dos agentes inmobiliarios que han practicado una estafa, han vendido unos apartamentos que en realidad ni se han empezado a construir. Luego tenemos a una especie de médium en cuya casa se refugian los agentes inmobiliarios cuando la cosa se pone fea y se les reclama el dinero que se han quedado de la venta de apartamentos, y lo hacen disfrazados de monjes de váyanse ustedes a saber que congregación y, en un intento de parodia a los caballeros templarios, montan ahí un pifostio incomprensible, eso sí, cargado de lo que su director cree que es desmadrada comedia. Para finalizar, tenemos a un violador que va dando buena cuenta de las jovencitas de la zona, hasta que un día una ninfómana acaba violándole a él.
Se trata de una película terriblemente aburrida y  nada graciosa, a pesar de los excelentes actores que rellenan el reparto, cuyas carencias técnicas, su nefasta factura y la pésima aplicación de cualquier medio a su alcance, la convierten en una película sórdida, grotesca y fascinante que, con toneladas de paciencia y las suficientes inquietudes cinéfilas, puede llegar a disfrutarse, eso sí, siempre como la rareza incompetente que es, y jamás como obra “cool”.
Sorprende llamativamente el hecho de que se trata de una película que “tira con lo puesto”, aquí no hay  más que una cámara de 35 mm, metros de película posiblemente caducada, y una serie de actores que representan frente a la cámara sus textos. Vamos, prácticamente una película amateur. O al menos lo parece. Además de carecer de medios (que igual esta película no requería más), la grandeza de esta película reside en lo chabacanamente que se usan: Hay desencuadres, desenfoques y, en general, se percibe una falta de ganas total por parte de todos los inmiscuidos en la película. Por no hablar del aspecto pobretón  de cada fotograma filmado: Los títulos de crédito se solucionan con cartulinas y no con el rodillo habitual. Sin disimular que son cartulinas, estas vienen decoradas, para que parezcan menos chungas, con las ilustraciones del humorista granadino Soria, cuya trayectoria estuvo limitada a dibujar viñetas para periódicos locales. Añádanle que la banda sonora se compone de una serie de tracks extraídos de “La Antología de la Zarzuela”, para así ahorrarse la composición del soundtrack, o bien, los derechos de autor. Pero lo mejor de todo es la ambientación e iluminación; se ha conseguido, de manera totalmente involuntaria, que esta desmadrada comedia  parezca un drama carcelario, o bien, una película de terror. Y da hasta miedo, con esas sombras de foco tras los actores.
No hay que dejar de decir, que el director, Juan José Porto, muy poco ducho a rasgos generales en esto de hacer cine a pesar de tener un currículum más o menos reconocible —suyas son películas como “El ultimo guateque” o “El año en que amamos a Kim Novak”— no acaba de dominar los géneros cinematográficos si le sacamos de los melodramas de corte nostálgico (que tampoco dominaba). Y lo avalan, además de esta comedia, sus escarceos con el cine de terror con esas dos películas, reivindicadas por el fandom más rancio, curiosas y extrañas pero, a todas luces, espantosas y aburridas como ellas solas, que son “Morir de miedo” o “Regreso del más allá” (1982). Está claro que no atina el hombre.
También se trata de una película para el lucimiento del florero Nadiuska, que se encargó de aumentar la líbido del espectador celtibero pre-clasificación “S”, y que, con los tiempos, ya empezaba a dar signos de decadencia. Su presencia es  anecdótica ya que a la hora de hacer memoria del visionado, ella queda a un lado; no es que no nos guste, es que nos estorba. Si no estuviera en la cinta, no pasaba nada.
Ricardo Merino, protagonista junto a Luis Lorenzo, dando vida a esos agentes inmobiliarios, da la sensación de no tomarse en serio la película en ningún momento, y haciendo un papel clónico de los que interpretaba el gran Antonio Ozores en las películas de su hermano Mariano, nos ofrece una serie de trabalenguas incomprensibles soltados en momentos en los que el personaje no quiere dar explicaciones, que lleva al espectador a preguntarse qué es lo que opinaría Don Antonio Ozores si es que llegó a ver la película. Merino tiene pinta todo el rato de estar deseando de trincar el cheque y marcharse a su puta casa. Luis Lorenzo, tiene la virtud, el don, o la mala suerte de parecer homosexual incluso cuando, esporádicamente, no lo interpreta (casi siempre interpreta a mariquitas), con lo cual su actuación nos deja fríos e inamovibles, al igual que el resto del reparto que, además de escaso, está mal avenido, con la excepción de María Vico, dando vida a Doña Otilia, cuya sobreactuación finalmente se antoja delirante y casi, casi, casi divertida.
El director Juan José Porto, fue uno de los más afectados por la Ley Miró, que si bien perjudicaba a excelentes artesanos como Mariano Ozores, me pregunto yo que no haría con inútiles como Porto al que encima le salían películas, además de malas, raras. Quizás por eso no volvería a rodar en las siguientes décadas hasta que en 2002 rodó su fallida adaptación de “El Florido Pensil”, con una excepción: Siendo como es “El violador violado” una película tan ignota, descubrimos que, curiosa e innecesariamente, en plenos años 90 (concretamente en 1993), se rodó una secuela (¡), “El tío del saco y el inspector Lobatón”, que contando con protagonismo del reparto original, más las presencias de Quique Camoiras y Adriana Vega, tiene pinta de ser mil veces peor que esta que la precede. Editada de mala manera en vídeo, esta secuela, según los datos del ministerio de cultura, la vieron más de 1000 espectadores en cines. Minucias si lo comparamos con los 40.000 largos que consiguió “El violador violado” que, a día de hoy, serían maná del cielo para cualquier comedia española actual.

lunes, 17 de diciembre de 2018

SOLTERO Y PADRE EN LA VIDA

“Soltero y padre en la vida”, al margen de tratarse de un film alimenticio de tantos que realizó Javier Aguirre, que a su vez explotaba el tirón de otra película también de su autoría para lucimiento de Lina Morgan, “Soltera y madre en la vida”, dónde una señora tiene que cuidar un niño sin ayuda de padre alguno, es un film de consumo y uso absolutamente popular que nos presenta la geometría de un Javier Aguirre, artesanal, mercenario, en absoluta forma física. En esta vuelta de tuerca, un meapilas  interpretado por el estupendo José Sacristán pre-pedantismo, se enamorisquea de una hippie —con la cara y forma de Nadiuska— que vive en el piso de enfrente. Cuando esta trata de escapar, ya que es detenida junto con los hippies con los que vive, por escándalo público, se afincará en casa de este meapilas, teniendo con él una relación sexual. Queda embarazada, pero como es una hippie, decide largarse de allí dejando el bebé al cuidado del  hombrecillo, que como buen macho, no tiene ni idea de cuidar a un niño. Así que comienzan las descacharrantes peripecias de este hombre con un bebé.
Y se podría hablar del subgénero de “Papás solteros” con esta cinta y tantas otras que hay de semejante índole y que fueron un éxito de taquilla (a saber; “Las locas peripecias de un señor mamá”, “Tres solteros y un biberón”, “Un genio en apuros”…)
Por otro lado, la película refleja una España del franquismo en la que los hombres no sirven para cuidar niños y las mujeres traen esos cuidados de serie. El personaje de Florinda Chico, vecina cotilla del personaje de Sacristán, acude al rescate ya que aunque nunca ha tenido hijos, sabe exactamente que hacer porque, y cito textualmente, “las mujeres, ya se sabe”. Asimismo, el jefe del personaje de Sacristán, interpretado por un enorme Antonio Ferrandis, al que no se sugiere ninguna ideología política, pero que por su modus operandi suponemos de extrema derecha, es un acosador sexual de padre y muy señor mío que no hace más que soltar improperios —y vanagloriarse de ello— a cualquier fémina que se le pone a tiro durante toda la película. Todo esto, sin condenarlo, mostrándolo con cierta chufla, como si fuera normal.
No es para llevarse las manos a la cabeza siendo una ficción de 1972, lo triste es que este tipo de seres existen hoy en pleno 2018. Sin embargo es una actitud condenable de una película de otro tiempo dónde todo funcionaba de otra manera. Por ello a día de hoy se le critica. Bien, yo no quiero este tipo de seres en la vida real, pero en una película, son inofensivos. Lo fueron en los setenta y lo son hoy. Lo demás, son tonterías, así que, pasen páginas, señores defensores de los valores humanos, la moral y la corrección política.
Por otro lado, decir que si tuviera que poner un ejemplo de lo que entiendo por “Españolada”, uno de los que pondría, sería este “Soltero y padre en la vida”, que responde a la etiqueta como si la película hubiera sido concebida para ella.
Y sin más, tan solo decir que se trata de una película dinámica y divertida, con un pulso narrativo y cómico como solo podían tenerlo aquellas “españoladas” y que casi 50 años después de su concepción, esta película se disfruta ¡a las mil perfecciones!
Para pasar el rato, que es lo que yo pretendo cuando me pongo una peli, aunque esta sea de arte y ensayo, “Soltero y padre en la vida” es una película adecuadísima. Compruébenlo.

miércoles, 14 de enero de 2015

OTELO, COMANDO NEGRO

La carrera como actor y director de Max H. Boulois, es fascinante. Quizás él ni fuese consciente de ello, pero creó un sub-género dentro de un sub-género, así, tenemos con Boulois el “Euroblaxploitation” o mejor todavía, ya que la mayoría de su filmografía la  desarrolló con capital español, el “Spanisblaxploitation”, ahí es nada, señores míos.
Y aunque estas películas son muy difíciles de encontrar, al menos, hizo poquitas y de vez en cuando va cayendo alguna en mis manos.
En esta ocasión y en un alarde de cultura y de sentido del espectáculo, Max  H. Boulois se atreve a llevar al terreno de la acción bélica  nada menos que a William Shakespeare y su dramón “Otelo”, bajo producción española y francesa, de la mano de la mítica productora de zetosidades “Eurociné” por parte gabacha, la misma que financió algunas de esas locuras a Jess Franco.
Una adaptación muy libre, eso si, pero al final respetuosa con la obra original. E incluso acertada… al fin de al cabo, el Otelo original era una historia de celos y guerra… aquí los celos dan un poco lo mismo. Y  rodada con el presupuesto recaudado de un premio de una máquina tragaperras. Esto es, una miseria. Eso si, con protagonismo de un alcoholizado y salido de madre Tony Curtis.
Otelo es un mercenario negro que acude a luchar a un país Africano, dónde una epidemia de origen desconocido, a provocado una guerra civil. Este mercenario se enamora de la doctora que se encarga de la salud de estos guerrilleros que, además, se llama Desdémona. Su padre, senador de Boston, se opone a esta relación. También tenemos al Coronel Iago, que odia a Otelo por una cuestión meramente racista.
Mientras Boulois procura contarnos la historia de Otelo en un contexto belicoso y contemporaneo –y tercermundista- vemos escenas de guerra de lo más sosas y por lo tanto hilarantesy otras escenas en las que Tony Curtis se emborracha y no sabemos si es que es un gran actor, o es que está borracho de verdad.
La película es mala a más no poder, pero es de aquellas que no te aburren y da gusto verlas. Es una locura.
Lo mejor de ella es, como supondrán, Tony Curtis sabiendo en el fregado que se ha metido, cobrando cuatro pesetas que por otro lado le vienen muy bien y  haciendo su papel a desgana, sin compromiso. Impagable la conocida escena en la que en la habitación de un hotelucho, le muestra su racismo a Nadiuska: -“Como odio a los negros, con esos labios enormes, y esa piel. Y ese olor tan fuerte” – “Los negros no huelen, eso es un mito” – “¡¡Todos los negratas apestan!!” es la conversación que tienen.  O - “Mira, son la bella y la bestia. Ella la bella, y el mono la bestia” es una de las perlas que suelta Curtis, con esos coloretes y esa nariz que destella. No deja de ser gracioso que el guionista sea el propio Boulois, con lo que queda claro, lo que él cree que los blancos pensamos de los negros. No le juzguemos, al fin de al cabo, no iba mal encaminado.
Por otro lado, las escenas de acción son de lo más gratuito que se pueden ver en una pantalla y de lo más sosas, y a rasgos generales lo que más llama la atención de la película, es el aspecto pobre que destila toda ella. No se gastaron un duro y eso se nota en cada uno de sus fotogramas. Por otro lado, es curioso ver que Max H. Boulois, en algunas escenas, que tampoco tienen demasiado que ver con lo que nos cuenta la película, va vestido con el mismo chándal y gorra que usa en “Cazar al negro”… con lo que, a poco que pensemos, nos hace llegar a la conclusión de que,  escenas que no utilizó en aquella, le vinieron muy bien para rellenar en esta. Absolutamente fascinante.
En definitiva, que el empeño y energía de Boulois, tanto delante como detrás de la cámara (o al menos, eso es lo que trasmite) hacen que este señor negro me caiga muy bien, y que disfrute mucho de sus películas. Lastima que cueste tanto encontrarlas y que encima sean pocas.
Junto a Boulois, tenemos en pantalla a  media plana mayor de “Exploitation” hispano. Además de la ya mentada Nadiuska el reparto lo completan Ramiro Oliveros (“Elpantano de los cuervos”, “El Ser” la de Sebastián D' arbó, no  la de Bill Osco...), Fernando Sancho, Andrés Resino, Tom Hernández o Aldo Sambrell.
Una delicatessen, el tipo de “Serie Z” que me gusta a mí.
Congregó en taquillas españolas poco más de 250.000 espectadores. Como le gustaría hoy pillarlos a más de uno…

lunes, 4 de agosto de 2014

DUELO DEL DRAGÓN Y EL TIGRE

Las “Brucexploitation” trajeron como consecuencia, que los clones de Bruce Lee se volvieran estrellas zetosas que lograban atraer culos a las butacas. Por eso, Bruce Le (con una sola “e”) llegado un punto de su carrera en el que era consciente de que, a pesar del nombre impuesto para el cine que recaía sobre sus hombros, explotar la imagen del pequeño Dragón ya era una cosa secundaria, se lanzó a la piscina con estas cosas de artes marciales contemporáneas mezcladas con unas buenas dosis del cine de agentes secretos, la locura reinante en este tipo de productos aquella época, y los elementos primordiales a la hora de fabricar un éxito: Sexo, violencia y modernismo.
Por eso, Bruce Le, para esta película cargó todo de esos elementos, más uno que, también, se puso de moda en el cine de kung fu serie Z de aquellos años: El Europeísmo.
Así que en esta ocasión, Le, se alía con los italianos en la producción y se viene a rodar a España una historia en la que él es el elegido, junto al agente Inglés Richard (interpretado por el pobre Richard Harrison, al que estos putos Chinos tanto putearon) para encontrar una formula secreta que circula en manos malosas. Esta formula, descubierta por científicos españoles posteriormente asesinados, puede ser súper perniciosa para la humanidad, así que deben encontrarla como sea, contando que mientras que el Inglés es un mujeriego que puede echarlo todo a perder por oler un coño, el Chino es un ser impulsivo y violento. Echarlo todo a perder, no es para nada descabellado.
Lo que es descabellada es la puta película, de las más malas de esta gentuza que me he echado a los ojos y no del todo divertida, como parecía en un principio. Lo que, como siempre digo, es motivo de elogio en esta casa, y no de denuncia.
Y es que, si de primeras apunta a que todo va a ser un desmadre incomprensible, pulpero y postmoderno como lo era “La saga de Bruce Lee” (aquella en la que todos los clones de Bruce Lee aparecen juntos), pronto la cosa pierde fuelle y pasa a ser una peli de artes marciales de las mas flojas, con unas coreografías de lo más sosas, y con un imperante aburrimiento por bandera. Pero destacaré que la primera media hora es un tremendo delirio con tetas por todos lados;  Solo por el partido de tenis que juegan las chicas del harén de Richard Harrison, ya merece la pena ver la película, porque si los desnudos gratuitos siempre están a la orden del día en este tipo de films, en este ya no es que sean gratuitos, es que se consigue que te descojones de una bella señorita de enormes tetas… porque, ¿Qué coño hacen jugando al tenis con toda la indumentaria del tenis femenino, pero haciéndolo con las tetas al aire? Todo eso acompañado por cámaras lentas que realzan esos movimientos mamarios.
Por otro lado, siempre es habitual que en estas pelis, todo el mundo sepa hacer Kung fu… Vale que Richar Harrison haga sus movimientos, pero ver a Tito García, secundario del cine español de toda la vida, que aparecía en las películas de “Parchís”(pincha aquí para ver su jeto), haciendo un par de movimientos de Kung Fu… eso es para mear y no echar gota. Vamos lo mejor de la película.
Por otro lado, decir que si los Japoneses años atrás se colgaron la medalla de hacer una escena de Kárate con un hombre enfrentándose a un toro en un tendido, Bruce Le tomó buena nota de aquella película, “KarateBull Fighter”, y aquí plagia casi plano por plano ese enfrentamiento, solo que vemos claramente que cuando Bruce Le arrea al toro, este es claramente un muñecote, y lo entremezcla con planos del toro yendo a su bola por el tendido. No tuvo huevos a meterse con un toro de verdad. A su favor decir, que esta escena es, además de infinitamente más ridícula que la de “Karate Bull Fighter”, mucho menos violenta afortunadamente.
Y salvo estas estridencias tan míticas (“Duelo del Dragón y el Tigre” es una película muy popular, por lo obvio,  dentro del circuito de aficionados al cine de artes marciales) como reconocibles y que le otorgan valor a la cinta, el resto de la misma no es demasiado destacable, ni entretenida, ni rara. Eso si, la galería de secundarios, con los españoles a la cabeza, no tiene desperdicio. Junto a Bruce Le y Richard Harrison, y el anteriormente mentado Tito García, tenemos a Nadiuska, Bolo Yeung, José Riesgo o Hwang Jang Lee.
En la dirección solo sale acreditado Bruce Le, pero las malas lenguas dicen que Richard Harrison metió algo de baza, y que el hombre que de verdad la dirigió fue Luigi Batzella, responsable del “Nazixploitation” “La Bestia en calor” entre otras.
Mala… pero de esas con encantillo.

miércoles, 11 de junio de 2014

CHELY

Ramón Fernández es ya –por mi parte- un habitual de este blog. Director de comedia que supo dar siempre lo que pedía el público y llenar las butacas de gente.
Pues, además de todo eso, fue percusor del “Cine Quinqui”. Ignoro cual sería la primera película adscrita al subgénero. Decir que "Chely" es la primera, sería muy descabellado por mi parte pero, desde luego, antes de que este explosionara con las películas de Eloy de la Iglesia, en su vertiente más social o  las de José Antonio de la Lomaen su lado más popular, y mucho antes de que cineastas autores como Carlos Saura se infiltraran con la deshonesta intención de dotar de “dignidad” al subgénro con la espantosa “Deprisa, deprisa”, ya estaba el señor Fernández, que venía de generar millones con “No desearás al vecino del quinto” haciendo películas de quinquis en las que el delincuente es el bueno de la función. Como esta “Chely”, que además, por si no funcionaba lo de los delincuentes, ya se encargarían de traer gente a los cines los reclamos de Nadiuska como absoluta protagonista y Fernando Fernán Gómez, que llega, cumple con su contrato de, pongamos, dos días de rodaje y se las pira con viento fresco, quedando ahí en la película, eso si. El guión sería cosa de Juan José Alonso Millán.
Ahora, ¿Cómo siendo precursora es la menos conocida y la única que apenas se reivindica? Pues yo creo que es por su condición de populachera, por ser la menos sensacionalista, y no tener en el reparto delincuentes reales, sino actores que, en esta ocasión, dan el tipo bastante bien.
Cuenta, por un lado, la historia de una jovencita que, muy metida en el mundo de la droga (no sabemos si por consumirla o venderla, la cosa queda ambigua), es encarcelada justo al tiempo que su padre, un viejo profesor, sale de la cárcel. Los amigos de esta, una banda de delincuentes juveniles, se dedican a prostituir a una de las chicas del grupo, para cuando esta está en casa del cliente, irrumpir allí a golpe de pistola y desplumar todo lo que tengan a tiro. Deciden ir a buscar al padre de su amiga y colmarle de atenciones, hasta que este muere en trágicas circunstancias, y la trama se complica.
Desde luego es una obra menor de Ramón Fernández, no es una gran película “quinqui”, y el guión hace aguas por todos lados, así como el ajustado presupuesto. A Fernando Fernán Gómez se lo quitan de encima rápido, quizás porque no  había dinero para pagarle el caché, váyanse ustedes a saber. Sin embargo, el hecho de que esta película apareciera antes que lais famosas, la convierte, sino en pionera, si en algo a tener en cuenta, sobretodo por su carácter de cine palomitero, alejado de malos rollos y amarillismos en pro de la diversión (aunque la chica protagonista ande en movidas de drogas, es muy sutil y no vemos ni gente inyectándose, ni tan siquiera un mal porro que se fumen los chavales) De hecho, "Chely" contiene un sobre exceso de ritmo, pasa todo a tantísima velocidad, que entre eso y lo confuso del guión, hace que te pierdas, pero en absoluto, te aburras.
Así que, se deja ver, sencillamente.
Encarnando a los delincuentes tenemos a Nadiuska, que tiene tanta pinta de quinquillera como yo de sacerdote, Josele Román, que por físico y voz de cazallero sí que da más el tipo, José Maya, y el Aston Kutcher patrio (es clavado), Pedro Mari Sánchez muy popular de niño al interpretar a Críspulo en “La gran familia”. Ya de mayorcito pudimos verle en esa cosa extraña que es “El refugio del miedo” y, paradójicamente, luego trabajaría para Eloy de la Iglesia en algunas de sus películas, sería el doblador de JoséLuis Manzano en “El Pico”. Curioso.
Por la parte de las víctimas de estos desalmados tenemos a  Manuel Alexandre, Ricardo Palacios o Tomás Zori,  y por la de los que simpatizan con los macarras, el antes mentado Fernán Gómez, a Antonio Merino o a Isabel Luque, que no es normal lo buena que estaba esa mujer, y lo bien que está ahora con casi sesenta años El destape, a rasgos generales, está servido.