Mostrando las entradas para la consulta quique camoiras ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta quique camoiras ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

viernes, 6 de octubre de 2023

EL HOMBRE DE ROJO

Obra de teatro producida por la compañía de comedias de Quique Camoiras y dirigida por el propio actor, que en cierto modo se aprovechaba del éxito de la película “La mujer de rojo”, por lo menos en lo que al título se refiere. Ni tan siquiera es una parodia de la misma. La única conexión que tiene esta obra con la película de Gene Wilder es la carátula con la que la grabación de la misma se distribuyó en vídeo —esta vez sí , una parodia del póster original de “La mujer de rojo”— y el hecho de que justo antes de abrir el telón, para dar comienzo a la función, se escuchaba, en el teatro donde se interpretase la obra, el “I Just Called”. Decir te amo” de Stevie Wonder. Por lo demás, se trata de una obra cómica para el total y absoluto lucimiento de Quique Camoiras en la que se cuenta con la particularidad de que, este, va vestido de riguroso rojo. Por lo demás, y con un par de decorados al máximo, se trata de la típica obra humorística en la que una serie de personajes entran y salen en escena mientras les suceden cosas. Todo muy exagerado y haciendo los actores un uso excesivo de la sobreactuación.
Así, cuenta la historia del dueño de un hotelito que se queja de que no va nadie, y cuando empiezan a llegar clientes parece molestarle . En esa tesitura habrá enredos de cama, señoritas en ropa interior, ladrones de variado pelaje y unas joyas escondidas. Todo ello a disposición de Camoiras que se erige como el rey indiscutible de la función contando con el beneplácito del público en todo momento.
Dos horas de implacable teatro de vodevil, largas como un día sin pan, con un humor que ya en el año de su producción, 1985, pecaba de rancio y obsoleto en lo que son los resquicios de un actor de otra época dando sus últimos coletazos en los 80. Esto en su momento debía tener mucha gracia —aunque yo nunca conecté con el humor de Camoiras, ni siquiera de niño—pero los fans del cómico entonces aún eran muchos y sus obras de teatro contaban con un gran éxito de público.
Más allá de esto, resulta curiosa la labor de preservación del teatro de revista que realizó, sin darse cuenta, la distribuidora de vídeo de José Luis Sánchez Codina Olimpy Vídeo. Además de producir películas de Mariano Ozores para su distribución exclusiva en cinta magnetoscópica y otro tipo de productos audiovisuales de difícil catalogación, también sacó un buen número de grabaciones de obras de revista de nuestros cómicos más queridos, a saber: Pajares y Esteso, Juanito Navarro, Antonio Ozores, etc… así como una integral de Quique Camoiras. Además de “El hombre de rojo”, otros celebrados títulos ochenteros de su compañía de comedia como puedan ser “Don Armando Gresca” o “Qué solo me deja”, conocieron su propia edición. Lina Morgan,
Al margen de lo que estas obras le puedan parecer a uno (a mí unas me hacen más gracia, otras, como las de Camoiras, ninguna), lo que es cierto es que Olimpy registró en vídeo un material que, De otra manera, se habría perdido para siempre. Lo grabó, distribuyó y rescató del más vil de los olvidos. Hoy estas cintas no tienen demasiado valor, no están demasiado cotizadas en el mercado del coleccionismo pero, desde luego, son un documento histórico de nuestro teatro, vodevil o no, y nuestro humorismo imprescindible si se quiere estudiar o conocer la comedia de primera mano.
“El hombre de rojo”, por sus características, y que todavía coleaba en el imaginario colectivo la película a la que toma como reclamo, puede que sea una de las cintas de Olimpy Vídeo más recordadas.

lunes, 8 de mayo de 2017

LOS GUSANOS NO LLEVAN BUFANDA

Desde luego, el interés de esta película radica en lo descabellado y bizarro de su reparto. ¿A quién se le ocurriría meter en la misma película a Anthony Perkins, Quique Camoiras, Rody McDowall, José Luis López Vázquez y Beatriz Carvajal? Pues nada menos que al productor José Frade y al compositor/actor/director Javier Elorrieta, que estaban convencidos de que, por encima del talento, y con un pensamiento muy a la americana, lo que prima en el éxito de una película es el número de estrellas internacionales que contrates para ella, aún estando estas en decadencia. Con esa premisa rodaron en 1989 “Sangre y Arena” que cuenta con la particularidad de tener en su reparto a Sharon Stone que aún no era una súper estrella y con la que ya sonaron campanas en cuanto a su carácter de mujer caprichosa irracional e insoportable. Y en 1992, disponen todo para poner en marcha esta “Los gusanos no llevan bufanda”.
Aunque esta películas con estrellas internacionales probablemente funcionarían bien en el resto del mundo, ya fuera en ediciones en vídeo, ya fuera en ventas a televisión, lo cierto es que en España pasaron inadvertidas, si bien es cierto que, mal publicitadas, y malas como el mismo diablo, lo más probable es que sus estrenos comerciales en la península importaran un pimiento; no eran esas vías las que harían que los bolsillos de Frade se llenasen, sino las anteriormente mencionadas.
Estrenada internacionalmente con el título de “The Naked Target”, en clara alusión y explotando el tirón de la saga “The Nuked gun” - “Agárralo como puedas” , “Los gusanos no llevan bufanda” cuenta la historia de un inepto mensajero neoyorquino que, sin saberlo, es enviado por la CIA a España a una misión secreta, para la cual se le esposará a la mano un misterioso maletín metálico. Una vez en España es recibido a tiros, comenzando así una trama incomprensible, liosa e incoherente que se irá desarrollando entre gags cómicos de sal gruesa. El tedio más absoluto se apodera del espectador.
Y es que esta película es una rara avis, quizás, la película más extraña del cine español. Una mezcla, intuyo que involuntaria, de acción al más puro estilo americano –pero muy mal rodada- con la comedia española de toda la vida, la de la pandereta, los cuernos y el esconder al amante dentro del armario.
Para que el entramado internacional cuadre más, y rodada íntegramente en Madrid, se soluciona esta papeleta rodando unos planos de Nueva York muy bonitos y pintones que se colocarán  al principio, durante los títulos de crédito, y así queda cubierta la parte americana de la película.
Protagonizada, sin comprender muy bien por qué, por el actor Clayton Rohner, secundario americano especializado en producciones de serie B, su nombre sonará a amantes del género de terror al estar su nombre implicado en los repartos de películas como “Inocentada Sangrienta”, “Lecturas Diabólicas” o más recientemente “The Human Centipede III”, pero para el resto de los mortales, y más en concreto para el publico del cine español, un completo desconocido. Rohner encabeza el reparto intentando ser lo más gracioso posible, sin conseguirlo, y con cara de preguntarse todo el tiempo qué demonios hace ahí.
Más decadente resulta la aparición de Anthony Perkins dando vida a una especie de putero  homosexual adicto a los accidentes de tráfico, con medio cuerpo articulado en plan robot,  que va en busca de travestís y que por motivos meramente cómicos, acaba contratando los servicios de nuestro protagonista perfectamente disfrazado de mujer por motivos que no vienen al caso, ni en lo que cuento, ni tan siquiera en la película. Y a pesar de lo decadente de esta intervención del que fuera antaño Norman Bates en “Psicosis", esta se antoja de largo como lo mejor y más divertido de la película, lo más desmadrado, y un claro guiño a clásicos de de la serie B americana como, por poner un ejemplo, “La carrera de la muerte del año 2000” producida por Roger Corman, en caso de que, efectivamente, existiera la intención de homenajear por parte del director Javier Elorrieta. Mucho me temo, que el posible homenaje, sería también involuntario, pero ahí queda.
Más digno sería el papel que desempeña Roddy McDowell, que venía directamente del tirón que el actor adquirió al protagonizar al cazador de vampiros Peter Vincent en “Noche de Miedo” y que daría vida al contacto español que capitanea la misión de nuestro protagonista y si bien es cierto que su rol sería el menos excesivo de toda la película, la cosa se torna bizarra cuando en la sala de doblaje de la versión española de la cinta se decide que su voz sea doblada por ¡¡Jesús Puente!! El actor tenía una larga carrera de doblaje a sus espaldas, pero el tono  de su voz y el hecho de que por aquél entonces gozaba de cierta popularidad por presentar en televisión diversos programas televisivos, hacen su presencia en la película demasiado evidente como para que esto no resulte hilarante y, en cierto modo, incluso ridícula.
Y a todo este elenco internacional, imagínenselos interactuando con un enloquecido Quique Camoiras que, sierra mecánica en mano, está a punto de rebanarle los sesos a Clayton Rohner, o con un José Luis López Vázquez que da vida a un oficial del ejercito cuya mujer, Beatriz Carvajal, le pone los cuernos, y creyendo este que el amante de su mujer es el mismo Rohner,  la emprende con él a tiro limpio, o con un Juan Carlos Martín, recién salido de los programas televisivos de Tele Cinco y que comenzaba con su fallida carrera cinematográfica compartiendo un momento con Rohner en el que son masacrados a golpe de metralleta en la cornisa de un edificio. El resultado es del todo hilarante, pero dista mucho de ser de interés o minimamente divertido, pero si que es una comedia española para nada convencional. Tampoco es convencional su director, Javier Elorrieta, hijo del famoso productor José María Elorrieta, y que empezó su carrera como compositor –suya es la partitura de “Descanse en Piezas” para la que además hace un papelito- y protagonizó la película “Freddie, El Croupier" , para rápidamente pasarse a la dirección cinematográfica facturando títulos de cierto prestigio como “La noche de la Ira” , despropósitos deleznables como “Demasiado caliente para ti”  o acabar dirigiendo “Sitcoms” de factura patria que muy bien se podrían reseñar en este blog como pueda ser “Arévalo & CIA”  a mayor gloria del humorista Arévalo, para acabar sus días en el cine filmando directamente en vídeo con “Humo y Azar”.
Actualmente, compagina la dirección por encargo con su tardía carrera paralela como cantante y de la cual ya cuenta con cuatro discos en el mercado.
Un director curioso.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

LA MOMIA NACIONAL

Con dinero de ese hombre tan horrible, pero que tan buenos ratos nos hizo pasar como productor o distribuidor, que es José Frade, con ¿guión? del inefable Juan José Alonso Millán y dirección de el aun mas inefable José Ramón Larraz, nos enfrentamos a una de esas joyas de nuestra cinematografía que, de puro chabacano, no nos explicamos como es posible que se estrenaran en salas. Esta película, junto con "El violador violado", son los dos productos de la transición que más me han espantado y, a la vez, fascinado.
A un caserón llegan individuo y su hija, portando una momia en una caja. Y ya no puedo continuar con mas sinopsis, porque no la hay... esta peli es una sucesión de situaciones, que nada tienen que ver unas con otras. Ojo, no son sketches, es la obra de una panda de incapaces.Ambientada en 1800, más o menos, nace a la sombra de los éxitos de aquellos años perpetrados por Mariano Ozores, "El liguero mágico" y "Brujas Mágicas", que incorporaban ingredientes básicos para que el publico asistiera a las salas: chufla del terror gótico, tetas y chistes de política. Bien, multipliquemos todo eso por tres y démosle el proyecto a una panda de inútiles. Tenemos "La momia nacional".
Es la película con más chistes de política que existe, y en un 80% de los diálogos, tienen que nombrar a Suárez, Tejero, Abril Martorell, Pío Cabanillas y etc, etc... En cuanto a tetas y pubis, está mas que bien servida, y da hasta cierta grima ver como Quique Camoiras y Francisco Algora succionan con fuerza los pezones de las bellas damiselas que les ponen a tiro (Azucena Hernández, una de ellas) Es de un cerdo todo el folleteo de esta peli, que bien podría considerarse pornográfico. Además, asocian el sexo a la suciedad, cosa que 
parece no importarle a un enano que aprovecha para follarse a la momia del titulo. Verla para creerla. Y en cuanto a terror gótico, pues Camoiras se transforma en hombre lobo, uno muy deudor del de Paul Naschy en cuanto a aspecto. Por otro lado, tenemos a un Nosferatu que se hace llamar Doctor Cabezas (otro gag político), y cuando no ejerce de psicólogo, ejerce de chulo de un burdel de vampiras. Además de un par de escenas gore, muy burras y cómicas que yo personalmente agradezco enormemente.
Un despropósito en el que no entendemos nada, ni nos entretenemos especialmente. Eso si, la curiosidad es grande y al final tienes que acabar adorándolo, a pesar del regusto amargo que te deja en la boca a pelos de coño sucio.

lunes, 9 de enero de 2017

LA MASAJISTA VOCACIONAL

En pleno destape y, quizás, como consecuencia de las “Comedias Sexy” Italianas –ya saben, las protagonizadas por Lino Banfi y AlvaroVitali mayormente-, o al menos con ese tono, y como revulsivo a los reyes del género que por aquél entones eran Pajares y Esteso, Francisco Lara Polop se pone a dirigir, con muy poquitas ganas, esta “La Masajista Vocacional” que a su vez es, probablemente, la película más zafia y de mal gusto de la historia de nuestro cine de tetas y culos. Al menos en intenciones, que mostrando carne tampoco es que destaque en calidad o cantidad. También se adscribe a ese género que en los ochenta fue recurrente, las comedias que transcurren en hospitales.
Es una película de meter mano. Eso es. Porque al final lo que tenemos aquí es a un puñado de señores salidos metiendo mano a una masajista titulada, que va vestida como una puta, ya sea en el hospital, o en el lecho dónde deja que un babeante Quique Camoiras le pegue unos sobos de órdago. Todo ello en pro del humor, pero a pesar de la presencia de grandes del género como Juanito Navarro o Raúl Sender, la cosa no termina de cuajar. Y es que el protagonismo cae en Paco Cecilio que no tiene carisma alguno.
La cosa va de un famoso pelotari que recibe un pelotazo en los cojones, por lo que tendrá que ir al hospital completamente quebrado.
Allí, recibirá los servicios de una masajista que tiene unas manos maravillosas, y un culo esplendido, por lo que la cosa se complicará, ya que escayolado como está, en salva sea la parte, las erecciones que le pueda provocar la mujer con su sola presencia pueden ser fatales. Así que su mejor amigo se pasará la mayor parte de la película intentando evitar que este se ponga palote, cosa difícil porque la masajista es una cachonda de tomo y lomo, además de una idiota que se deja manosear y meter mano, ya que ni se entera, ni tiene voz, ni voto, y permanece pasiva ante el acoso sexual al que es sometida por todo macho que aparece la historia.
Como ven, pura poesía, firmada, en el guion, por Juan José Alonso Millan.
Miren que soy fan de la españolada, del destape y de todo aquel cine español de los ochenta, pero que quieren que les diga, con “La Masajista Vocacional”, no puedo. Me parece una película estúpida y me caen muy mal sus personajes, Además, es especialmente mala y puede confundir a los neófitos para creen que todas las películas de destape eran así de estúpidas. Nada más lejos de la realidad.
El ver a Quique Camorras haciendo de sátiro, detrás del culo de la masajista, a la que da vida Adriana Vega (ella estupendísima, eso si), corriendo en gayumbos con topos mientras masculla obscenidades, puede resultar gracioso, pero también da mucha, mucha grima.

viernes, 4 de agosto de 2023

CUANDO ALMANZOR PERDIÓ EL TAMBOR

Era tendencia en nuestro cine popular de los años 80, que cuando una fórmula funcionaba bien, fueran varios los que la copiaran copando la cartelera de títulos de similares características. Y, mira tú por donde, el que solía traer esa fórmula solía ser siempre Mariano Ozores, que abría la veda para que directores, no necesariamente segundones, se sumaran al estilo que en ese momento cultivaba Mariano. Cuando Ozores se metió de lleno en aquellas películas con el divorcio como telón de fondo, por ejemplo “¡Qué gozada de divorcio!”, pronto llegaría Summers a hacer los propio con “El primer divorcio” y, copiando descaradamente, Juan Bosch con “Caray con el divorcio”.
“Cristóbal Colón… de oficio descubridor” fue el pistoletazo de salida que dio inicio a la popular trilogía de parodia histórica, el spoof autóctono, tres títulos de gran tirón popular producidos por José Frade, y en los que la mayor baza cómica consistía en los anacronismos y los chistes de política de la transición. Las tres películas partían de hechos históricos que, con cierto rigor a la hora de ser planteados, acababan siendo destrozados por los chistes sobre UCD o Alianza Popular. La mejor de todas, naturalmente, sería “Cristóbal Colón… de oficio descubridor”, por supuesto, dirigida por Mariano Ozores. A esta le seguirían, más mediocres, “Juana La Loca… de vez en cuando” con Lola Flores y dirigida por José Ramón Larraz, y “El Cid Cabreador” de Angelino Fons y protagonizada por Ángel Cristo. A este combo podíamos sumarle esa joya del cine valenciano parido desde la contracultura como fue “Que nos quiten lo bailao” de Carles Mira, no nos olvidemos de “La Biblia en Pasta” de Summers y la que nos ocupa, “Cuando Almanzor perdió el tambor”.
Pese a tener en plena forma a toda la plana mayor de la comedia popular española, esto es: Antonio Ozores, Juanito Navarro, Florinda Chico, Quique Camoiras, Luis Varela, Vicente Parra, Ricardo Merino.., sin lugar a ninguna duda “Cuando Almanzor perdió el tambor” es la peor de todas estas películas. Un intento de Luis María Delgado por recoger los frutos sembrados por la trilogía de Frade a destiempo y cuando la fórmula ya estaba más que agotada.
La acción se traslada al año 1002 cuando Almanzor tenía bajo su yugo a los cristianos y estos debían pagarle el pertinente tributo. Almanzor pide en pago doce doncellas y, a no tener ninguna disponible, lo que los Reyes Cristianos le envían es a doce putas. El festival de lo vulgar, lo chabacano y lo soez, está servido.
Una parodia histórica de menos de hora y media, con mucho menos presupuesto del que este tipo de películas solían contar y una dirección bastante apocada y perezosa por parte de otro de nuestros artesanos más exitosos, Luis María Delgado. Una metralleta de chistes de fútbol, política y guardias civiles que pierde fuelle a medio camino. Suerte que la presencia de Antonio Ozores, que suelta chascarrillos e improvisaciones a cascoporro, salvan de la quema una película que es de lo peorcito de aquellos años. Cosas como el memorable comienzo, con un plano de Ozores vestido de Almanzor subido a caballo y limpiándose las gafas con un Kleenex (y de la marca Kleenex como reza la cajita que lleva), consiguen que el espectador se ría. Pero nada más. Cuando no está Ozores en plano, el resto es terriblemente tedioso. Y, para más inri, no tenemos NADA de destape. Desde luego, “Cuando Almanzor perdió el tambor” es una auténtica rara avis de la época. Sin chispa, sin gracia, pero una rareza.
También resulta positivo, aunque cutre, que, nada más comenzar la película, una voz en off nos va introduciendo en la historia, acompañándose por una serie de bonitas ilustraciones hechas para lo ocasión por José Ramón Sánchez. El póster original de cines también es cosa suya. Y Sánchez siempre ha sido una maravilla.
El resto ¡No se toca! ¡Caca!

lunes, 27 de marzo de 2023

LA CORTE DE FARAÓN

De 1910 data la opereta, zarzuela, o musical —llámenlo como quieran— “La corte de Faraón”, escrita por Miguel de Palacios y Guillermo Perrín y con música de Vicente Lleó.
Se trata de una obra absolutamente inofensiva ambientada en Egipto y cuyos numeritos musicales recuerdan más a una revista de vodevil, que a una epopeya bíblica, y la característica principal de “La corte de Faraón” consiste en unos numeritos musicales picantones en cuyas letras abundan los dobles sentidos y las insinuaciones sexy por parte de las vicetiples que los interpretaban. La cosa, hablando en plata, va de un pastor virgen, un meapilas llamado El casto José, al que se quieren tirar todas las mujeres que se cruzan en su camino. Una chorradita que servía para entretener al público aunque, dicen, verdaderamente contenía mensajes velados de alto contenido político.
Años después de su estreno, la censura decidió prohibir directamente la obra, porque, según ellos, era un canto a la concupiscencia que se mofaba del caudillo, del orden establecido e incluso de Dios. En consecuencia, la obra no se volvería a representar durante años.
“La corte de Faraón” cobró su fama de manera incluso internacional, motivo por el que se adaptó al cine en México donde no vieron ningún comportamiento ácrata en la misma, en un film del año 1944 dirigido por Julio Bracho y para el lucimiento de primeras figuras mexicanas de la época.
Y por fin llegamos a la película española de gran éxito en el momento de su estreno, 1985, que en lugar de adaptar directamente la obra, recrea una situación en la posguerra  en la que un grupo de teatro representa “La corte de Faraón” sin haber pasado previamente la censura. Un censor del clero que se encuentra en el teatro, denunciará la situación, y la policía se llevará a toda la compañía detenida. En comisaría, el comisario les irá interrogando con el fin de averiguar si la obra que han interpretado es o no es antifranquista.
Se trata de un intento por parte de José Luis García Sánchez de emular, como viene siendo habitual en la mayoría de sus películas, el cine de Luis García Berlanga, compartiendo pluma con Rafael Azcona y rodeándose de la creme de la creme del cine español en lo que a actores se refiere.
Pese al enorme éxito de su momento y ese reparto absolutamente maravilloso — a saber: Fernando Fernán Gómez, Agustín González, José Luis López Vázquez, Antonio Banderas, Luis Ciges, Quique Camoiras, Juan Diego, María Luisa Ponte y Antonio Gamero (además de la repelente de Ana Belén)— no es una película que haya resistido bien el paso de los años y la cosa se torna rancia, desfasada y salvo algún momento francamente divertido (como la escena del “descapullamiento”), con tanto numerito musical de corte popular y un montaje tosco que tira de flashback al corte — por lo que a veces cuesta un poco detectar si es un flashback o si es que está avanzando la historia—, acaba resultando un poco pelma. Y es que, desengañémonos; la obra de “La corte de Faraón” de los años 10, opereta, tan atrevida y osada, tan política que la censura tuvo que prohibirla, como la zarzuela, la copla o la música ligera es un género muerto, de otra época. Y quizás en 1985 todavía quedaran generaciones del pasado que supieran apreciarlo o modernos del momento que lo reivindicaran por esnobismo, pero, a mí en la época, siendo niño (y ahora en mi mediana edad) me parece completamente insoportable. Entonces, una película que incluye en su metraje la obra completa original ocupando un 75% de la misma, se pueden imaginar ustedes lo desesperante que se me puede llegar a hacer. Se soporta, como ya he dicho, gracias a los momentos divertidos de entre medias, que son los menos.
Realmente lo que me ha instado a revisar una película que no me ha gustado nunca especialmente, es la lectura del libro “No se lo digas a nadie: Historias secretas de Martes y Trece” en el que cuentan que esta película aparece en sus vidas justo en el impás que sufrieron cuando convinieron que Fernando Conde abandonara la agrupación cómica para irse a hacer teatro. Como Josema y Millán se consideraban actores antes que cómicos, y como estaban en un momento de gran popularidad y decidiendo que hacer con Martes y 13 tras la marcha de Fernando, García Sánchez les ofreció un papel en la película. Pero hay algo que no cuaja, porque Josema tiene un papel de gran importancia, casi de protagonista, mientras que a Millán se le concede uno nimio, casi en calidad de extra —no me quiero imaginar el cuadro de envidia y la lucha de egos de esos dos durante la filmación—. Y, quizás por el nivel de los actores que tienen a su lado, sus presencias se antojan sosas, incluso molestas. Es una lástima, pero “La corte de Faraón” es la muestra de que ni Josema ni Millán son buenos actores si los sacas de sus roles de Martes y 13. Se supone que sus papeles en esta película servían para desmarcarse un poco de su imagen de humoristas, para ver sí podían ganarse la vida como actores si finalmente Martes y 13 desaparecía, pero ninguno de los dos puede abandonar los tics, muecas y gestos que les hicieron populares. Josema actúa como en un sketch cualquiera de sus especiales televisivos, mientras que a Millán, que sale poco, tienen que eliminarle en montaje el exceso de “millanadas” que, intuyo (y se nota además), a buen seguro hizo durante su interpretación, incapaz de olvidarse de que era Millán.
Por suerte para ellos, poco después del estreno de la película, se decidieron a continuar con Martes y 13 sin Fernando y, en el especial de fin de año no se les ocurrió otra cosa que inventar in situ el sketch de “La empanadilla de Móstoles”. El resto es historia. Y como fuera, lo cierto es que mientras que el dúo permaneció en activo, el cine español no les volvió a ofrecer una película (con excepción de las concebidas para su lucimiento como cómicos). Y con la disolución del grupo… casi tampoco. He dicho casi.

lunes, 16 de noviembre de 2020

EL VIOLADOR VIOLADO

“El violador violado”, también conocida como “El tío del saco” o con la combinación estúpida de ambos títulos —“El violador violado (El tío del saco)”— sería una genuina serie Z, y una de mis películas chungas de cabecera. Una verdadera muestra de lo fascinantemente chungo, tan chungo, que afortunadamente jamás ha generado culto alguno. Es, lo que yo llamo, un repelente de modernitos.
Y es que “El Violador Violado” es, probablemente, la peor comedia de la historia, no ya de nuestro cine, sino de la cinematografía mundial, que incapaz de inducir a la risa con su humor, en su desbarajuste reside la posible gracia de todo el asunto.
Tres tramas componen el argumento de esta película; Por un lado tenemos a dos agentes inmobiliarios que han practicado una estafa, han vendido unos apartamentos que en realidad ni se han empezado a construir. Luego tenemos a una especie de médium en cuya casa se refugian los agentes inmobiliarios cuando la cosa se pone fea y se les reclama el dinero que se han quedado de la venta de apartamentos, y lo hacen disfrazados de monjes de váyanse ustedes a saber que congregación y, en un intento de parodia a los caballeros templarios, montan ahí un pifostio incomprensible, eso sí, cargado de lo que su director cree que es desmadrada comedia. Para finalizar, tenemos a un violador que va dando buena cuenta de las jovencitas de la zona, hasta que un día una ninfómana acaba violándole a él.
Se trata de una película terriblemente aburrida y  nada graciosa, a pesar de los excelentes actores que rellenan el reparto, cuyas carencias técnicas, su nefasta factura y la pésima aplicación de cualquier medio a su alcance, la convierten en una película sórdida, grotesca y fascinante que, con toneladas de paciencia y las suficientes inquietudes cinéfilas, puede llegar a disfrutarse, eso sí, siempre como la rareza incompetente que es, y jamás como obra “cool”.
Sorprende llamativamente el hecho de que se trata de una película que “tira con lo puesto”, aquí no hay  más que una cámara de 35 mm, metros de película posiblemente caducada, y una serie de actores que representan frente a la cámara sus textos. Vamos, prácticamente una película amateur. O al menos lo parece. Además de carecer de medios (que igual esta película no requería más), la grandeza de esta película reside en lo chabacanamente que se usan: Hay desencuadres, desenfoques y, en general, se percibe una falta de ganas total por parte de todos los inmiscuidos en la película. Por no hablar del aspecto pobretón  de cada fotograma filmado: Los títulos de crédito se solucionan con cartulinas y no con el rodillo habitual. Sin disimular que son cartulinas, estas vienen decoradas, para que parezcan menos chungas, con las ilustraciones del humorista granadino Soria, cuya trayectoria estuvo limitada a dibujar viñetas para periódicos locales. Añádanle que la banda sonora se compone de una serie de tracks extraídos de “La Antología de la Zarzuela”, para así ahorrarse la composición del soundtrack, o bien, los derechos de autor. Pero lo mejor de todo es la ambientación e iluminación; se ha conseguido, de manera totalmente involuntaria, que esta desmadrada comedia  parezca un drama carcelario, o bien, una película de terror. Y da hasta miedo, con esas sombras de foco tras los actores.
No hay que dejar de decir, que el director, Juan José Porto, muy poco ducho a rasgos generales en esto de hacer cine a pesar de tener un currículum más o menos reconocible —suyas son películas como “El ultimo guateque” o “El año en que amamos a Kim Novak”— no acaba de dominar los géneros cinematográficos si le sacamos de los melodramas de corte nostálgico (que tampoco dominaba). Y lo avalan, además de esta comedia, sus escarceos con el cine de terror con esas dos películas, reivindicadas por el fandom más rancio, curiosas y extrañas pero, a todas luces, espantosas y aburridas como ellas solas, que son “Morir de miedo” o “Regreso del más allá” (1982). Está claro que no atina el hombre.
También se trata de una película para el lucimiento del florero Nadiuska, que se encargó de aumentar la líbido del espectador celtibero pre-clasificación “S”, y que, con los tiempos, ya empezaba a dar signos de decadencia. Su presencia es  anecdótica ya que a la hora de hacer memoria del visionado, ella queda a un lado; no es que no nos guste, es que nos estorba. Si no estuviera en la cinta, no pasaba nada.
Ricardo Merino, protagonista junto a Luis Lorenzo, dando vida a esos agentes inmobiliarios, da la sensación de no tomarse en serio la película en ningún momento, y haciendo un papel clónico de los que interpretaba el gran Antonio Ozores en las películas de su hermano Mariano, nos ofrece una serie de trabalenguas incomprensibles soltados en momentos en los que el personaje no quiere dar explicaciones, que lleva al espectador a preguntarse qué es lo que opinaría Don Antonio Ozores si es que llegó a ver la película. Merino tiene pinta todo el rato de estar deseando de trincar el cheque y marcharse a su puta casa. Luis Lorenzo, tiene la virtud, el don, o la mala suerte de parecer homosexual incluso cuando, esporádicamente, no lo interpreta (casi siempre interpreta a mariquitas), con lo cual su actuación nos deja fríos e inamovibles, al igual que el resto del reparto que, además de escaso, está mal avenido, con la excepción de María Vico, dando vida a Doña Otilia, cuya sobreactuación finalmente se antoja delirante y casi, casi, casi divertida.
El director Juan José Porto, fue uno de los más afectados por la Ley Miró, que si bien perjudicaba a excelentes artesanos como Mariano Ozores, me pregunto yo que no haría con inútiles como Porto al que encima le salían películas, además de malas, raras. Quizás por eso no volvería a rodar en las siguientes décadas hasta que en 2002 rodó su fallida adaptación de “El Florido Pensil”, con una excepción: Siendo como es “El violador violado” una película tan ignota, descubrimos que, curiosa e innecesariamente, en plenos años 90 (concretamente en 1993), se rodó una secuela (¡), “El tío del saco y el inspector Lobatón”, que contando con protagonismo del reparto original, más las presencias de Quique Camoiras y Adriana Vega, tiene pinta de ser mil veces peor que esta que la precede. Editada de mala manera en vídeo, esta secuela, según los datos del ministerio de cultura, la vieron más de 1000 espectadores en cines. Minucias si lo comparamos con los 40.000 largos que consiguió “El violador violado” que, a día de hoy, serían maná del cielo para cualquier comedia española actual.