Llevaba años acudiendo a las salas de cine para ver aquellas películas de los hermanos Coen que más me llamaban. Por eso, cuando se estrenó "Quemar después de leer", cumplí. Fue la última. A partir de entonces, todo lo demás lo he ido consumiendo en vídeo, dvd o descarga. ¿Motivo? La odié. Salí del cine ultra-cabreado. Me agobié muchísimo durante la proyección. Y, desde entonces, que la consideraba su peor obra, calificándola alegremente, y sin despeinarme, de horrenda.
Pasaron los años, cayó en mis manos el ya mentado libro de Ian Nathan sobre Joel y Ethan Coen y, en fin, me animé a revisar algunas, incluidas aquellas sobre las que no tenía buen concepto. "Quemar después de leer" fue la primera y ¿saben qué? me gustó. Los años transcurridos pudieron influir, no lo niego. Pero hubo algo más. Comprendí a qué se debió mi negativísima primigenia reacción.
Antes, la sinopsis.
"Quemar después de leer" vendría a ser, esencialmente, una comedia de enredos. Claro que, menudos son. La cosa va de espionaje. Un agente de la CIA es obligado a retirarse. Cabreado, y aburrido, decide escribir unas memorias, contándolo todo. Aquello que, accidentalmente, el disquete con el material termina extraviado en un gimnasio, donde es recogido por un par de palurdos decididos a usarlo para chantajear a su responsable y sacarle unos dineros. La cosa dará pie a un montón de equívocos y algunas muertes.
Bien, digámoslo ya: "Quemar después de leer" puede que sea la película más misántropa que he visto en mi vida. Ya suele ser un signo habitual en la producción Coeniana, pero aquí estalla a lo bestia. No hay ni un solo personaje positivo, o que merezca ser salvado de la quema. Todos, y digo todos, son patéticos, estúpidos y rastreros. El agente amargado siempre de mala hostia. Su mujer, que se acuesta con un tipejo igualmente incapaz de mantener la bragueta cerrada. Los paletos del gimnasio, ella obsesionada con hacerse la cirugía estética. En fin, y la lista sigue y sigue. Añadan una fotografía poco glamourosa, que incrementa la fealdad del conjunto. Elección totalmente deliberada por parte de los Coen, quienes pretendían darle al film un adecuado aire a película conspiranóica de los setenta. Todo eso, mezclado y rejuntado, más algunas crueles muertes accidentales, o la presencia de patéticas almas solitarias en busca de amor a través de internet, fue lo que provocó en mí aquel radical rechazo. Ni una mala calidad, un pésimo guion o una dirección desenfocada. Para nada. Mi problema fue puramente moral o, mejor, anímico. Diría incluso que, al cabreo resultante, se sumó una sensación tirando a deprimente.
Vista del modo correcto, y sin dejarse llevar por emociones primarias (algo inmaduras, témome), "Quemar después de leer" se convierte en un entretenimiento total. Dinámico incluso. Hasta cierto punto parece que los hermanos pretendan repetir un poco la fórmula "Fargo", la del thriller repleto de comedia negrísima trufado de personajes feos, estúpidos y miserables. La diferencia es que en aquella sí había uno medianamente positivo. O dos. En esta, es una especie ya extinguida.
Y el reparto, pues a la altura. George Clooney parodiando su imagen de seductor. Un sorprendente Brad Pitt disfrutando como un mono en el papel de imbécil redomado. La inevitable, pero siempre eficiente, Frances McDormand. John Malkovich. Tilda Swinton. Richard Jenkins. J.K.Simmons y la gran sorpresa, mi querido David "Sledge Hammer" Rasche. Todos estupendos.
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sábado, 7 de septiembre de 2024
martes, 6 de agosto de 2024
LA PLAYA
Recuerdo que cuando se estrenó “La playa” en nuestro país, venía precedida de las peores críticas que podían acompañar a una película. Era principios del nuevo milenio, Leonardo DiCaprio venía de enamorar a medio mundo con “Titanic” y Danny Boyle venía de hacer tres cuartos de lo mismo, como director, con una película en cierto modo rompedora como lo fue en su momento “Trainspotting”. Así que un producto como "La playa", con el actor y el director de moda a bordo, era carne de cañón para esa crítica de los 90 compuesta por señores con corbata y muy mala hostia, que la tachó de estar pergeñada poco menos que por retrasados mentales. Yo la vi durante el fin de semana de su estreno y recuerdo que me pareció estupenda. Pero tenía presentes aquellas reacciones carniceras por parte de la prensa.
El caso es que se trataba de una cinta mainstream entretenida y sin mayor relevancia para mí, estaba bien, así que pronto la olvidaría y pelillos a la mar. Creo que la vi alguna vez más. Pasados muchos años, la encontré en DVD por un euro en un "Cash Converters", era uno de esos DVDs excedentes de Fox que, de tantísimos que habían fabricado, podías encontrar en cualquier saldo casi regalada. Y me la compré. Total, por un euro… Pero lo dejé ahí en la estantería hasta que un día me diera el venazo de volver a verla. Y anoche me dio.Basada en la novela homónima de Alex Garland, hoy reputado guionista y director por cuenta propia, narra la historia de un mochilero estadounidense que decide irse de aventuras a Tailandia. Una vez allí, un individuo completamente ido le invita a un canuto y la habla de una playa paradisíaca, casi virgen, donde las arenas son blancas y las aguas cristalinas, bla,bla,bla.
Le da un mapa de dónde está y, acto seguido, se suicida.
El mochilero, que en el hotel ya le ha echado el ojo a una franchute que retoza con el novio, insta a estos a que le acompañen hasta ese lugar, no sin antes cederles una copia del mapa a unos porreros con los que ha pasado la noche. Y parten hacia el paraíso. Llegan allí, no sin cierta dificultad, y se topan de golpe y porrazo con lo que parece una sociedad secreta —y hippiosa— habitando la mitad de la isla, mientras que la otra mitad está ocupada por narcotraficantes. Conviven en paz… pero el mochilero pronto se da cuenta de que no todo es tan idílico en aquella paradisíaca playa, máxime cuando le han advertido que por allí no puede ir nadie más y se da cuenta de que ha dejado un mapa del lugar a unos mindundis…
Mientras todo eso ocurre, DiCaprio se folla a la franchute (que tiene novio); también a la que parece liderar todo el tinglao (Tilda Swinton), igualmente con novio; se fuma tres cartones de cigarrillos; se fuma ni se sabe cuantos canutos de marihuana; lucha contra un tiburón al cual vence clavándole un cuchillo; se hace el guay en la playa; se va a vivir en medio de la selva sin ropa ni comida —mientras, estéticamente, Danny Boyle nos presenta esa secuencia en plan videojuego—; ruge como si fuera un tigre y sufre una enajenación mental de la que se recupera, sin ningún tipo de medicación, a la velocidad del rayo. También le da tiempo a asfixiar a un enfermo de gangrena, que tampoco es poca cosa.
Y recién vista, entiendo el cabreo de los críticos de la época. Si obviamos el hecho de que técnicamente la película es impecable, todo en ella es tonto, excesivo y, sobre todo, soberanamente ridículo. Pero su mera existencia es también un signo de los tiempos porque, pese a aquellas críticas, el público fue a verla a tropel haciéndole recaudar cerca de 150 millones de dólares del año 2000 (cuando costó tan solo 50). Es decir, las críticas dieron igual. La prensa iba por un lado y el público por otro. Internet estaba en bragas y todavía no había criticuchos de youtube o bloggers que quisieran robar el protagonismo a una película y ganar notoriedad gracias a sus opiniones sobre la misma. Si se hubiera estrenado hoy, otro gallo le hubiera cantado a “La playa”. Igual habría sido un fracaso o la critica hubiese dicho que es una obra maestra dadas las circunstancias del cine actual, así que puede que se trate de uno de las últimos "blockbusters" legítimos, genuinos, en los que una cosa era ir al cine y otra distinta su divulgación, sin que la idiosincrasia de internet mediara en los resultados de taquilla y/o crítica y posterior repercusión.
Al margen de todo esto, la película, efectivamente, es mala a rabiar, con ese estilo dosmilero que tan mal ha sobrevivido al paso de los años. Las situaciones absurdas se suceden sin orden ni concierto y, lógicamente, al final aflora la comedia involuntaria gracias principalmente a la interpretación de DiCaprio, megalómano perdido después de “Titanic” y con todas las mujeres a sus pies, situación esta que le lleva a creerse el mejor actor del universo y a hacer un sin fin de muecas, tantas, que en muchas ocasiones parece que está repitiendo el registro interpretado unos años atrás en “¿A quién ama Gilbert Grape?”, es decir, el de deficiente mental. Este festival de gestos y caras cobra mayor relevancia en la secuencia en la que se afinca en medio de la selva y pierde la cabeza… vamos, es para descojonarse. Quizás, por eso, DiCaprio recibió su correspondiente nominación al Razzie. También me gustaría resaltar, como risión, algunas frases, diálogos y sentencias del guion escrito por John Hodge en colaboración con el autor de la novela, Garland.
Sin embargo, son precisamente estos excesos y desbarres los que la hacen engrosar las filas de la ambigua lista de pelis “malas pero divertidas” del cine mainstream. Y además, está entretenida, entretenida de cojones.
Por lo demás, “La playa” cuenta con anécdotas como la de que Danny Boyle despidió a Ewan McGregor porque se incrementaría el dinero para la producción si fichaba a DiCaprio y el personaje principal pasaba a ser norteamericano —lo que llevó a McGreggor a cabrearse mucho y mandar a tomar por culo al que fue su descubridor—, o que el gobierno de Tailandia continúa a hostias a día de hoy con la producción (de Fox) porque llegaron con sus equipos de filmación, construyeron sus decorados, y destruyeron parte de la flora de la zona, la playa de Ko Phi Phi, podando árboles que no se podían podar, destruyendo zonas paisajísticas y dejándolo todo lleno de mierda. Al mismo tiempo, la película era prohibida en el país donde fue rodada porque la imagen que da la misma de Tailandia, no la deja en buen lugar… salvo si quieres probar drogas, dormir entre cucarachas y beber sangre de serpiente.
Se le puede echar un vistacillo, y luego otro… pasados 24 años.
Si gustan, aquí disponen de los fotocromos.
sábado, 30 de noviembre de 2019
LOS MUERTOS NO MUEREN
Que Jim Jarmusch hiciera una peli de vampiros melodramáticos ("Sólo los amantes sobreviven") tenía cierto sentido. Pero que se apuntara, aunque tardíamente, a la moda del cine de zombies o, si lo prefieren, la comedia zombie, fue algo que, cuando me enteré, no me podía creer. Daba la sensación de que el cineasta, auténtico estandarte de lo que algunos consideran discutiblemente cine "independiente", había tirado la toalla. ¿Estaba Jarmusch deseando meterse en terrenos más comerciales?. ¿Buscaba alguna clase de éxito "mainstream"?. Era todo muy raro. Y más cuando al repasar el reparto encontrabas una ristra de nombres realmente impresionantes, muchos de los cuales llevaban colaborando con el cineasta desde hacía lustros: Bill Murray, Adam Driver, Tom Waits, Chloë Sevigny, Steve Buscemi, Danny Glover, RZA, Rosie Perez, Carol Kane, Tilda Swinton, Sara Driver, Iggy Pop, Selena Gomez y Larry Fessenden (que de alguna manera vendría a ser "el Jim Jarmusch del cine de terror"). ¿Y qué me dicen de su público?. Jarmusch lleva haciendo el mismo tipo de película desde que destacó en sus tiempos con "Extraños en el paraíso" y recuerdo perfectamente, en los 90, una revista super-pedante -"Kinos"- con unos "diez mandamientos cinéfilos" donde encontrabas uno que decía "Adorarás a Jarmusch, Hartley y los Coen". ¿Qué pensarían esos gilipollas de semejante proyecto? Me habría encantado conocer la respuesta.
Aquí la gran incógnita consistía en saber si "Los muertos no mueren" iba a ser una peli muy Jarmuschiana o no. Con sus habituales ritmos reposados, su estética elemental pero elegante y esos diálogos a medio gas tan característicos. ¿Habría gore, habrían imágenes de zombies devorando entrañas?. El trailer no aclaraba mucho la situación y echaba más leña al fuego, especialmente viendo a una Tilda Swinton vestida de samurai dispuesta a recortar extremidades de muertos vivientes. Todo muy muy loco. Me moría de ganas de saciar mi curiosidad.
"Los muertos no mueren" cuenta la historia de un pueblecito asediado por una horda de cadáveres resurrectos. Se han levantado de sus tumbas porque el eje de la tierra se ha desplazado. Veremos como los diferentes y peculiares habitantes, desde el sheriff al racista de turno, pasando por un "fricazo" fan del cine de terror, afrontan tan apocalíptica situación.
¿Por dónde empezar? Sí, Jim Jarmusch se mantiene fiel a sus preceptos. Aunque de un modo más ligero, no tan extremo. Tal y como he leído por ahí, puede que sea su película más accesible. Y es cierto. Pero también que sigue habiendo mucho del cineasta en ella. En esencia es una comedia, rara, como lo eran algunas de sus pelis precedentes, solo que en este caso el humor es increíblemente tonto. Chorra incluso. Con gags elementales, casi infantiles. Completan la tarta unas pocas coñas de metacine y gotitas de ciencia-ficción.
Pero la verdad es que todo ello mola. Funciona. No aburre, lo que en una obra Jarmuschiana ya es mucho. Y dispone de algunos momentos muy inspirados, y divertidos, como la secuencia en la que los policías descubren unos cadáveres en la cafetería. Puro Jarmusch. O los pasajes truculentos, que los hay y no son moco de pavo, aunque cuando los zombies mueren no sueltan sangre, sino polvos negros.
Sorprenden también los guiños "friquis". Desde posters en paredes, a citas directas. La más llamativa es que Adam Driver tenga como llavero una nave imperial de "Star Wars". Más propia de Kevin Smith que de Jarmusch. Aparece Selena Gomez interpretando a lo que uno de los personajes tilda de "hipster", irónico "palo" viniendo de un cineasta que en su época era un "hipster" puro cuyo cine atraía, esencialmente, a los "hipsters" del momento.
Tal vez lo peor sea el extremadamente evidente, básico y previsible elemento crítico contra la sociedad consumista. No sabemos si es parte de la guasa como guiño al cine zombie de George A. Romero o algo genuino que Jarmusch pretende expresar. Pero se perdona, porque, al final, resulta que "Los muertos no mueren" está un rato bien. Te entretiene, te hace reír, goza de un excelente desenlace y, en definitiva, disfrutas semejante marcianada que, no por saciada la curiosidad, deja de ser un perro verde en la filmografía de su director.
Aquí la gran incógnita consistía en saber si "Los muertos no mueren" iba a ser una peli muy Jarmuschiana o no. Con sus habituales ritmos reposados, su estética elemental pero elegante y esos diálogos a medio gas tan característicos. ¿Habría gore, habrían imágenes de zombies devorando entrañas?. El trailer no aclaraba mucho la situación y echaba más leña al fuego, especialmente viendo a una Tilda Swinton vestida de samurai dispuesta a recortar extremidades de muertos vivientes. Todo muy muy loco. Me moría de ganas de saciar mi curiosidad.
"Los muertos no mueren" cuenta la historia de un pueblecito asediado por una horda de cadáveres resurrectos. Se han levantado de sus tumbas porque el eje de la tierra se ha desplazado. Veremos como los diferentes y peculiares habitantes, desde el sheriff al racista de turno, pasando por un "fricazo" fan del cine de terror, afrontan tan apocalíptica situación.
¿Por dónde empezar? Sí, Jim Jarmusch se mantiene fiel a sus preceptos. Aunque de un modo más ligero, no tan extremo. Tal y como he leído por ahí, puede que sea su película más accesible. Y es cierto. Pero también que sigue habiendo mucho del cineasta en ella. En esencia es una comedia, rara, como lo eran algunas de sus pelis precedentes, solo que en este caso el humor es increíblemente tonto. Chorra incluso. Con gags elementales, casi infantiles. Completan la tarta unas pocas coñas de metacine y gotitas de ciencia-ficción.
Pero la verdad es que todo ello mola. Funciona. No aburre, lo que en una obra Jarmuschiana ya es mucho. Y dispone de algunos momentos muy inspirados, y divertidos, como la secuencia en la que los policías descubren unos cadáveres en la cafetería. Puro Jarmusch. O los pasajes truculentos, que los hay y no son moco de pavo, aunque cuando los zombies mueren no sueltan sangre, sino polvos negros.
Sorprenden también los guiños "friquis". Desde posters en paredes, a citas directas. La más llamativa es que Adam Driver tenga como llavero una nave imperial de "Star Wars". Más propia de Kevin Smith que de Jarmusch. Aparece Selena Gomez interpretando a lo que uno de los personajes tilda de "hipster", irónico "palo" viniendo de un cineasta que en su época era un "hipster" puro cuyo cine atraía, esencialmente, a los "hipsters" del momento.
Tal vez lo peor sea el extremadamente evidente, básico y previsible elemento crítico contra la sociedad consumista. No sabemos si es parte de la guasa como guiño al cine zombie de George A. Romero o algo genuino que Jarmusch pretende expresar. Pero se perdona, porque, al final, resulta que "Los muertos no mueren" está un rato bien. Te entretiene, te hace reír, goza de un excelente desenlace y, en definitiva, disfrutas semejante marcianada que, no por saciada la curiosidad, deja de ser un perro verde en la filmografía de su director.
sábado, 24 de agosto de 2019
EGOMANIA, INSEL OHNE HOFFNUNG
Tenía una curiosidad tremenda por ver "Egomania, insel ohne hoffnung", que se podría traducir como "Egomania, la isla sin esperanza", película realizada en 1986 por ese creador iconoclasta que fue Christoph Schlingensief, del que hemos hablado largamente en formato podcast. Y digo que me tiraba mucho porque había leído que se alejaba un poco de su cine habitualmente grotesco, chillón y agresivo para adentrarse en los terrenos más poéticos del Derek Jarman de "The Garden" o "Last of England", lo que daba pie a un contraste harto regocijante. La presencia en el reparto de una jovencita Tilda Swinton, que andaba liada con el Señor Director en la época, incrementaba tal sensación.
El caso es que al final el visionado ha sido toda una sorpresa. De entrada desconcertante, porque la peli arranca haciendo gala de un tono muy "arty". Demasiado. Todo es bonito, no entiendes un carajo y una voz profunda va soltando proclamas líricas sin sentido. "Ay, madre!", piensas. Pero poco a poco, el espíritu genuinamente Schlingensiano se va imponiendo. Cada vez con más ruido y fuerza. Y el temor se diluye, dando paso a la fascinación.
Usar la palabra argumento es decir mucho. Digamos que "Egomania" se sostiene sobre un hilo, una excusa trufada de muchos momentos (improvisados diría yo, cosa esta confirmada ante el hecho de que el director entregaba a sus actores un guion sin diálogos, únicamente con las escenas descritas). Básicamente gira en torno a dos enamorados a los que les impiden disfrutar de su felicidad. Varios personajes se interponen y destruyen. El que más es un especie de Barón que a ratos parece el demonio y a otros viste y se comporta como un vampiro. Y bienvenida sea su entrada, porque es a partir de ahí que la peli gana enteros y muestra su cara más demencial y descarada. Todo ello gracias a un habitual de Schlingensief, el inimitable Udo Kier, que como solía hacer cuando actuaba para el alemán, pierde los papeles que da gusto. Grita, berrea, rueda por el suelo, besa, chupa, se viste de mujer. Decir histrionismo es quedarse corto... pero viniendo de él, es uno que mola. Mucho.
Sí, es cierto que hay unas gotas de Derek Jarman en el conjunto. Pero no contaminan demasiado y dejan espacio para que Schlingensief pueda desarrollar libremente sus maneras. La novedad, tal vez, es que en esta ocasión prefirió apuntar más hacia el terreno visual, creando algunas imágenes indiscutiblemente bellas y arrebatadoras, que chocan de frente con otras sucias, crudas y de una intensidad salvaje capaces de cortar la respiración y dejarte boquiabierto.
El propio director contaba que cuando le mostró el film terminado a Tilda Swinton, al parecer esta quedó horrorizada, comentó que era terriblemente incomprensible y cargado de odio. Luego lloró.
Podemos quejarnos de la falta de narrativa o el caos imperante, pero en ningún momento podemos acusar a "Egomania" de lenta o aburrida, porque va folladísima, a un ritmo imparable, y la galería de ocurrencias extremas es tanta, que nunca sabemos por dónde va a tirar, consiguiendo así mantenernos en vilo durante agradecidos 84 minutos.
Los 16mm con los que está rodada, los puntuales traqueteos de cámara y la excelente selección musical ponen la guinda.
El caso es que al final el visionado ha sido toda una sorpresa. De entrada desconcertante, porque la peli arranca haciendo gala de un tono muy "arty". Demasiado. Todo es bonito, no entiendes un carajo y una voz profunda va soltando proclamas líricas sin sentido. "Ay, madre!", piensas. Pero poco a poco, el espíritu genuinamente Schlingensiano se va imponiendo. Cada vez con más ruido y fuerza. Y el temor se diluye, dando paso a la fascinación.
Usar la palabra argumento es decir mucho. Digamos que "Egomania" se sostiene sobre un hilo, una excusa trufada de muchos momentos (improvisados diría yo, cosa esta confirmada ante el hecho de que el director entregaba a sus actores un guion sin diálogos, únicamente con las escenas descritas). Básicamente gira en torno a dos enamorados a los que les impiden disfrutar de su felicidad. Varios personajes se interponen y destruyen. El que más es un especie de Barón que a ratos parece el demonio y a otros viste y se comporta como un vampiro. Y bienvenida sea su entrada, porque es a partir de ahí que la peli gana enteros y muestra su cara más demencial y descarada. Todo ello gracias a un habitual de Schlingensief, el inimitable Udo Kier, que como solía hacer cuando actuaba para el alemán, pierde los papeles que da gusto. Grita, berrea, rueda por el suelo, besa, chupa, se viste de mujer. Decir histrionismo es quedarse corto... pero viniendo de él, es uno que mola. Mucho.
Sí, es cierto que hay unas gotas de Derek Jarman en el conjunto. Pero no contaminan demasiado y dejan espacio para que Schlingensief pueda desarrollar libremente sus maneras. La novedad, tal vez, es que en esta ocasión prefirió apuntar más hacia el terreno visual, creando algunas imágenes indiscutiblemente bellas y arrebatadoras, que chocan de frente con otras sucias, crudas y de una intensidad salvaje capaces de cortar la respiración y dejarte boquiabierto.
El propio director contaba que cuando le mostró el film terminado a Tilda Swinton, al parecer esta quedó horrorizada, comentó que era terriblemente incomprensible y cargado de odio. Luego lloró.
Podemos quejarnos de la falta de narrativa o el caos imperante, pero en ningún momento podemos acusar a "Egomania" de lenta o aburrida, porque va folladísima, a un ritmo imparable, y la galería de ocurrencias extremas es tanta, que nunca sabemos por dónde va a tirar, consiguiendo así mantenernos en vilo durante agradecidos 84 minutos.
Los 16mm con los que está rodada, los puntuales traqueteos de cámara y la excelente selección musical ponen la guinda.
jueves, 1 de diciembre de 2016
DOCTOR EXTRAÑO
Marvel Studios tiene un formula que de momento les está
reportando ingentes cantidades de dinero, así que no la varia un ápice. Estamos
ante una película de orígenes, en este caso de cómo el Doctor Strange pasa de
cirujano del más alto nivel, a maestro de las artes místicas. Como digo película
de orígenes, pero también de inclusión de la magia y el multiverso que ella
conlleva, dentro del universo cinematográfico Marvel. Y lo hace de forma que no
quede ridículo, que no sea un simple abracadabra, sino que se le da una especie
de sentido a porque y como consiguen los maestros místicos en hacer las cosas
que hacen. Otra cosa que Marvel Studios
hace que el resto de productoras rabien de envidia, y que los aficionados al
cine superheroico mojen bragas y levantes miembros viriles, es el departamento
de casing. Y es que Benedict Cumberbatch era y es el perfecto candidato para
interpretar al Doctor Strange. Al igual que lo fue Robert Downey Jr. en el
papel de Tony Stark , Chris Evans para hacer de Steve Rogers o Mark Rufallo
como Bruce Banner. Volvamos con Cumberbatch, da la talla perfectamente, imprime
el carácter canalla y simpático del personaje, sin caer en ningún momento en la
parodia o la sobreinterpretación. Tilda
Swinton como la anciana, que levanto polvareda por cambiarle el sexo al
personaje también construye un papel emotivo y agradable. El resto de elenco no
desentona, con lo que ya es más que suficiente, y confirma el mejor equipo de casting de Hollywood hasta la fecha.
Steven Strange es un cirujano de éxito, engreído y pomposo,
que un dia tiene un accidente de tráfico que deja sus manos en el peor estado posible.
Las manos de un cirujano son su herramienta de trabajo, y como Strange no sabe
vivir sin trabajar, dilapidara su fortuna intentando encontrar una cura. Esta búsqueda
de curación le lleva hasta Nepal, a Katmandu, donde será entrenado en las artes
místicas por la Anciana y el maestro Mordo. Entra en escena un maestro
renegado, que quiere entregar la Tierra al poderoso Dormammu, un ente de la dimensión
oscura que ansia unificar todos los planos de existencia en el suyo propio.
Strange, deberá de salvaguardar los santuarios repartidos por el mundo que son
los que impiden que Dormammu se haga con la Tierra.
Acción, unas gotitas de humor y unos personajes carismáticos
han hecho que esta película haya superado a día de hoy los 600 millones en
taquilla. Un nuevo universo dentro del que ya existía en Marvel, y unos
personajes que no desentonaran nada cuando todos se junten en El Guantelete del Infinito.
Vamos que todo muy bien, como Marvel sabe hacer.
jueves, 29 de mayo de 2014
ROMPENIEVES
Esto no es normal, no me refiero a la película, sino a que
como ya la comentamos en el podcast no solemos luego reseñarlas en el blog,
pero me ha gustado tanto (y a Naxo) que merece la reseña en formato texto. En
el podcast de AVT ya escucharían a Víctor comentar que en el cartel podemos ver a El Capitán
América (con barba) custodiado por Jess Franco y Lina Romay. Realmente son
Chris Evans, John Hurt y Tilda Swinton, pero casi que da el pego.
Esta película es una adaptación de un comic francés titulado "Le Transperceneige", de Jean-Marc Rochette, Benjamin Legrand y Jacques Lob. El
director surcoreano Bong Joon-Ho leyó el comic en un viaje y se enamoro de la
historia, la cual adapto junto a los autores para realizar el guion y posteriormente
dirigir la película con un reparto completamente internacional. Una historia
post-apocalíptica que sirve de reflejo y critica de la sociedad y los estratos
que la componen. Aun así no se piensen que esto es un rollo macabeo, la cinta
es entretenida, con acción resultona y todo ello ocurriendo dentro de un
inmenso tren.
En el futuro no muy lejano, la humanidad lanza un producto a
la atmosfera para reducir los efectos del calentamiento global, consiguiendo
justamente lo contrario, que se acelere llegando una época de glaciación
extrema. Un millonario excéntrico mando crear un inmenso tren de lujo que corre
por unas vías que dan la vuelta al mundo. El tren no necesita parar, es
autosuficiente, pero al llegar el frio la gente se amontona dentro, es la única
oportunidad de sobrevivir. Así pues la humanidad entera, los que quedan vivos,
están dentro de ese enorme tren que no puede parar, ya que fuera el frio es tan
extremo que no hay nada que sobreviva más de 7 minutos a la intemperie. En la
cabeza está la maquina y Winford, (Ed Harris) el millonario que controla el
tren, y en los vagones de cola, la chusma, la gentuza que entro al tren en último
momento gracias a la generosidad del gran amado líder Winford. Entre medias,
vagones dedicados al cultivo, el agua, una escuela, discotecas, jacuzzis…. Pero
claro, lo bueno es para los de vagones de cabeza, los de cola están hacinados
al fondo sin posibilidad de salir de ese último vagón. Les dan de comer una
barritas de proteínas, los tratan a
palos e incluso les roban a sus hijos, así que es normal que estén hasta los
mismisimos cojones y de vez en cuando organicen algún motín, aunque en anteriores
revueltas no consiguieron llegar muy lejos. Esta vez van a por el premio gordo,
la maquina. La purria de los vagones de cola quiere conseguir llegar a la
maquina y controlarla ellos, dar la vuelta al sistema que tan mal les está
tratando. Para ello contaran con Curtis (Evans) quien con los consejos del
anciano del vagón, Gilliam (Hurt), que además fue uno de los que diseño el
tren, organizaran la revuelta de todas las madres. Como si fuera un videojuego,
irán pasando de vagón en vagón acabando con los obstáculos que se encuentran
(es decir, matando soldados y liberando presos que son de utilidad) Llegando al
final del metraje nos encontraremos con giros de guion interesantes, y
conoceremos el pasado de Curtis que tanto le atormenta, y que es muy chulo y
nos muestra lo desesperados que llegaron a estar en los vagones de cola (véase
vagones de cola como estrato más bajo de la sociedad)
El género post-apocalíptico tuvo su mayor auge en los años
50, con todo aquello de la guerra fría entre USA y la URSS, así que muchas de
las obras cinematográficas de este tipo tienen una estética muy de esos años.
Aunque la catástrofe ocurre en el siglo XXI, dentro del tren la gente pudiente
viste como en aquellos paranoicos años en los USA. Lo vemos claramente en el
personaje de Tilda Swinton, que es la ministra de “no sé qué”, un enlace entre
los de cabeza y los de cola. También en el vagón escuela, donde la embarazada
profesora lleva un vestido digno de estar cocinando un autentico y genuino
pastel de manzana made in USA. También los videos que se les ponen a modo de
lección a los críos en el tren son muy años 50. Lo dicho, no tienen mucho sentido
porque la película se desarrolla en el siglo XXI, pero joder, queda muy bien y
nos hace recordar aquellas películas post-apocalípticas.
De acción está bien servida, no la hay en exceso ni se queda
corta, lo justo. El ritmo de la película también es bueno, tienen un pequeño
bajón a mitad para presentar a un personaje (el ingeniero que abre las puertas)
pero enseguida vuelve a retomar la marcha a un buen ritmo. Con sus dos horas de
duración no se hace larga, lo que habla muy bien de su ritmo y de la pericia de
su director.
En cuanto a leer el comic antes de la película o no, pues en
mi caso yo leí el primer volumen,
y la verdad es que no me ha estropeado la película, y viceversa. Son dos
historias distintas con una base común. Vamos que pueden o no leer el comic, no
hay peligro de spoilers gordos.
Véanla, es cojonuda, además si son ustedes de filosofar con
temas políticos, y quieren extrapolar los resultados de las elecciones europeas
con esta película, es muy posible que encuentren alguna semejanza, o no, o yo
que sé, solo sé que la peli esta de cojones de bien.
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