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martes, 31 de diciembre de 2013

GALAXY DESTROYER

Brett Piper es un personaje del todo singular. Algunos lo calificarán de "cineasta ultra-independiente" por aquello de que lleva desde el ya lejano 1982 pariendo largometrajes de bajísimo presupuesto en, básicamente, el patio trasero de su casa. Pero, vistos los resultados, yo lo llamo "un amateur muy ambicioso", alguien que se curra películas caseras de "alto standing" pero que, en esencia, siguen siendo caseras, repletas de lo que es la especialidad del Sr.Piper, los efectos especiales de tirón artesano. Stop-motion, maquetas a porrillo, pinturas "mate", etc, etc. De hecho, solía presumir de ser uno de los pocos creadores que aún no había sucumbido a los efectos informáticos... hasta hace poco (¿nos lamentamos?). Pero antes de eso, el amigo tuvo tiempo de parir un buen puñado de largometrajes que, así de lejos, pintan cojonudos (... de muy lejos), y lucen títulos tan atractivos como: "Mysterious Planet", "Mutant War", "Drainiac", "Psyclops", "Arachnia", "Shock-O-Rama" o "Bacterium" (sin olvidar sus legendarias colaboraciones con los Hermanos Polonia). Hay dos momentos álgidos en la carrera del muchacho, uno, cuando la Troma adquirió su película "Dark Fortress", la rebautizó como "A nymphoid barbarian in dinosaur hell" (ahí, ahí, Lloyd Kaufman alardeando de su intachable gusto y respeto por el material que maneja) y la lanzó a voltear por medio mundo (en España se tituló "Ninfa Bárbara" y, ya que estamos, es del todo lamentable) y, dos, cuando otro piltrafilla de la serie Z como es Sam Sherman le compró una cosa de zombies y niños repelentes titulada "Dying Day", la masacró, puso su nombre como director (relegando el de Piper a responsable de FX) y la estrenó como "Riders of the living dead" (en España "Guerreros del más allá", pueden leer sobre ella en nuestro pest-seller). Entre toda esta orgía de caos y cine chungo está "Galaxy Destroyer", otra de las poquísimas obras de Brett Piper aterrizadas en nuestros video-clubs que, pa la ocasión, conserva uno de sus títulos originales (el otro es "Battle for the lost planet", como bien ilustra el cartel yanki). Curiosamente la caratula del VHS (que les dejo completa al final del texto, cortesía del gran Mr.Pajarillo), además de lucir un par de imágenes mangadas (la rubia y el pseudo-Flash Gordon), no lleva el nombre del director por ningún lado (menudo gafe, por dios). En concreto la epopeya está fechada el año 1986 y merece que le dediquemos unas cuantas líneas porque no tiene desperdicio.
Harry Trent, espía, ladrón industrial y golfo, escapa de los malos agenciándose una nave espacial por la patilla. Al abandonar la atmósfera terrestre, se cruza con un porrón de artilugios marcianos que se dirigen a nuestro planeta para invadirlo. Harry es testigo del saqueo, pero no puede hacer nada, solo pasarse cinco años y pico flotando hasta que la misma gravedad del planeta azul le arrastre. De nuevo en tierra firme, conocerá a un puñado de supervivientes a los que se unirá para acabar con los invasores -que viven instalados en nuestro globo y tienen a los humanos esclavizados- gracias a una oportuna super-bomba. Por el camino, se asociará con un seudo-"Mad Max 2" con cara de Stallone y que opina que "Las mujeres no necesitan ser inteligentes, pensar demasiado les perjudica", se colocará fumando con un ermitaño drogadizo y se enamorará, además de poder pegarse el gusto de soltar algunos chistes y chascarrillos porque, ahí donde la ven, aún siendo una de aventuras y ciencia ficción seria, "Galaxy Destroyer" tiene su -no muy afortunado- lado humorístico (tal vez el gag más llamativo caiga justo al final del todo).
Si han leído a fondo todo lo expuesto hasta ahora, y tienen en cuenta el año de producción del film, es fácil deducir que "Galaxy Destroyer" es bastante cutre. Rodada en 16mm, con momentos de cámara al hombro estéticamente no muy coherentes con el espíritu de la obra, algunos planos desenfocadillos y más amigos del dire que actores profesionales, lo que abunda durante el metraje son los efectos artesanos, maquetones (ojo a las ciudades destruidas durante el ataque marciano), monstruos a base de stop-motion, maquillajes bastante chapuceros (los invasores son muy patéticos, sobre todo por esa nariz con forma de polla), transparencias y pinturas algo cantosas. Pero se puede perdonar porque todo ello chorrea mucho encanto (mi parte favorita son las escenas que se desarrollan en el espacio. Según el director, Mercurio está habitado por una especie de tortuga-araña). Lo imperdonable es que, pa variar, donde más hace aguas "Galaxy Destroyer" es en su ritmo, su tempo, y lo incapaz que se muestra Brett Piper de que el pitote nos distraiga y entretenga un mínimo. Vamos, que es un poco chapas, pero con algo de paciencia, comprensión, compasión y sentido del humor, se puede soportar bien.
Entrañable a su manera.


jueves, 23 de julio de 2009

BLOOD RED PLANET

De los hermanos Polonia ya he hablado en otras ocasiones. Lo hice en las reseñas de "Splatter Farm" y "Feeders", lo hice cuando desafortunadamente uno de los dos falleció, y lo hice para las páginas del fanzine "El Buque Maldito". Sin embargo, nunca me cansaré de decir una y otra vez que lo que fascinaba de este par era su honestidad a prueba de bombas y su aparente inocencia. Se apartaban muy mucho del típico videoasta americano especializado en horrores truculentos, los Polonia tocaron muchos palos dentro del "fantastique", y cuando ves sus pelis, aunque indiscutiblemente cutres, en realidad están bastante bien rodadas y montadas. Vamos, que su cutrismo es más por la precariedad de medios, porque capacidad no les faltaba. En ese terreno, los brothers gastaban un maravilloso morro incapaz de superar. ¿Para qué disimular las carencias?, mostraban sus cartas invitando al espectador -que siempre se cree más listo- a jugar con ellos, a creerse lo que veían... era como ir al teatro... ya sé que el árbol de cartón es de cartón, pero aceptaré que es un árbol y me dejaré llevar.
Si esa característica siempre destaca en las pelis de John y Mark Polonia, en el terreno de la ciencia ficción la cosa se desmadra. Porque, sí amigos, "Blood Red Planet" es pura ci-fi, el gore es mínimo y todo gira en torno a un equipo enviado desde la tierra para detener una invasión extraterrestre comandado por el también incomparable Jon McBride, habitual del universo Polonia (director de sus propias pelis, la más famosa de las cuales es "Cannibal Campout") y que, durante un tiempo, formó equipo con los gemelos co-dirigiendo (y actuando en) algunos largometrajes, este del que os hablo entre ellos.
McBride y John Polonia son los mejores actores del cotarro (lógico si son, junto a Mark, los directores... ya saben, la pasión que le pone el autor de la pieza siempre está por encima de la que los siguen), el resto dejan bastante que desear, especialmente el que hace de médico, un auténtico incapaz capaz de arrancarnos más de una carcajada. Pero para risas tenemos el monstruo invasor (un puppet creado por el entrañable Brett Piper... pero puppet al fin y al cabo. Los efectos especiales se reparten entre infográficos de tipo básico y maquetones tremebundos) y todo el atrezzo... ¿cómo explicarlo?, digamos que se dejaron los ahorros en la ferretería del barrio. Si se creen que una mesa de edición puede ser los mandos de una nave espacial, que un tipo es capaz de salir al espacio con un casco de moto, unos guantes de lana y un mono (y para pisar un planeta alienígena, nada como una mascarilla contra el polvo y unas gafas protectoras de plástico!!) o que un proyector de diapositivas puede ser la versión pobre de "Hal 9000", entonces sean bienvenidos al universo de este par de encantadores chalados.
Si, ya, todo muy bonito... pero ¿¿y la peli??... la verdad es que es un poco tostón ya que, como en la más común de las series Z, los realizadores suplen la alta falta de medios con no poca verborrea. Aún así, es imposible no mirar "Blood Red Planet" con cierta simpatía, aunque solo sea por la falta de humos y la desconcertante sinceridad con la que John Polonia, Mark Polonia y Jon McBride te presentan su producto.
¡Filosofía casera al poder!.

sábado, 26 de julio de 2025

ICEBREAKER

Lo peor que podía pasar con "Icebraker" es que fuese el anodino producto plano y sin alma que parecía, a pesar de los suculentos elementos ahí dispuestos y que, inevitablemente, me llamaban con la misma insistencia que las sirenas a "Ulises": una imitación videoclubera de "La jungla de cristal" (y su secuela, por aquello de la nieve) en la que, A, Bruce Willis venía sustituido por Sean Astin, quince años después de "Los Goonies" y dos antes de ser rescatado por Peter Jackson para "El señor de los anillos", como poco convincente héroe y, B, el "Hans Gruber" de chichinabo lo encarnaba nada menos que un Bruce Campbell llamativamente rapado al cero. Arropados ambos por Stacy Keach como padre millonario y autoritario que se opone a que su hija pija se case con el personaje de Astin, un "loser" dispuesto a demostrar su valía (ya saben, un rollo muy yanki). Sustituyan al "Nakatomi Plaza" por una estación de esquí y, epa, ya la tenemos liada.
Lo que yo decía, ¡¡tentador!!. Y piqué, y la vi y... en fin, es un puto ascazo tener razón (casi) siempre pero, sí, "Icebreaker" ha resultado ser justo aquello que más temía, la peor forma de arte imaginable: una nadería. Cero. Papel mojado. Ni tan siquiera es útil como producto risible, a pesar de que los papanatas de "RiffTrax" la sometieran a uno de sus ejercicios de humillación arrogante. Deben ser buenos en lo suyo porque, de verdad, no sé qué se puede ridiculizar de esta película. Vale sí, algo hay, aunque sigue siendo demasiado poco. Entre ese poco quizás esté el extraño nombre del guionista... es decir, el que aparece en pantalla, Hasso Wolfe Wuerslin, porque según me informa mi servicio de espionaje (osea, "Imdb") el libreto lo firmó el mismo David Giancola que dirige la película. No sé, tal vez prefería ocultarse tras seudónimo... ¿por vergüenza? dudoso, porque entonces habría hecho lo mismo en su función de director y no es el caso. Ya que hablamos de él, remarcar que comenzó a despuntar en 1989 con el cortometraje "Will Eisner's the Spirit: Ten Minutes" basado en el famoso comic. Ganó premios y tal, pero la cosa no terminó de despegar pues acabaría a los mandos de películas como "Time Chasers" (ciencia ficción barata también ridiculizada a posteriori por "RiffTrax"), "El ojo de la ley" (una de acción con protagonismo de Burt -el "Robin" de los 60- Ward y Miles O'Keeffe según guion nada menos que de Brett Piper, todo un astro del cine de género porculero como verán si le dan al enlace respectivo), una de catástrofes a bajo coste, "Tormenta eléctrica" (con un Jesse Eisenberg aún verde) y la comedia a mayor gloria de Anna Nicole Smith y sus tetas gigantes "Illegal Aliens", cuyo desastroso rodaje dio para un documental-paja del propio David Giancola donde David Giancola nos explica lo jodido que fue para David Giancola hacerla, "Craptastic!" se llama (algo así como "Basurástico!"). ¿¿Una especie de respuesta / justificación por parte del cineasta a las continuas guasas a las que su labor era sometida por los de "RiffTrax"?? Todo es posible en américa.
Una avioneta que transporta plutonio para su venta al mercado negro cae en medio de un monte nevado. El terrorista que iba a adquirir la radioactiva chuche va en su busca. Para hacerlo más "interesante", secuestra al personal de la estación de esquí ahí dispuesta, salvo a uno de sus empleados, quien se encargará de salvar la papeleta, especialmente motivado porque su prometida -y su suegro- anda entre la peña retenida.
Pues eso. Alguna explosión, bastantes escenas de "snowboard" (supongo que era tendencia entonces), mucho tiroteo, una violencia muy tamizada y escuetos intentos de comedia voluntaria de esos que dan vergüenza ajena. De la mayoría se encarga un tal John James como excéntrico y atolondrado "redneck" local. La cuestión es que la película tampoco es un cero absoluto en cuanto a elementos para entretenernos y emocionarnos, sin embargo, la sensación es la de estar viendo un drama telefílmico de domingo por la tarde. ¿Cómo es ello posible? Ni idea, pregúntenle a Hasso Wolfe Wuerslin, tal vez él lo sepa.