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lunes, 30 de noviembre de 2015

INTERVIEW: DANIEL F. AMSELEM

Un buen día me dio por ver una película española cuyo elenco formaba parte de la plana mayor del programa “Crónicas Marcianas”. Y me gustó… Huelga decir que de primeras, siento debilidad por este tipo de producto, este cine español comercial tan al margen del cine español comercial. Y ciertamente, la película me pareció muy curiosa, lo suficiente como para revisarla años después y dedicarle una entrada en este mismo blog. Está película era “Operación Gónada” (pincha sobre el título para saber más) que por algún extraño motivo, en la actualidad, no goza de vida videográfica de ningún tipo y navega por el limbo de las películas “raras”, “malditas” o como diablos queramos llamarlas. Por otro lado, el director, que demostró oficio con la película sin lugar a dudas, no volvió a estrenar largometraje alguno…
Así que con este montón de dudas acerca de “Operación Gónada” y sus entresijos, me puse en contacto con su director, Daniel F. Amselem, que muy amablemente contestó a todas mis preguntas y nos cedió fotografías exclusivas del rodaje de “Operación Gónada” para que ustedes puedan disfrutar de ellas aquí.
Sin más, les dejo con la entrevista.


Muy buenas Daniel. Según tu ficha en IMDB “Operación Gónada” es tu único largometraje pero veo que también has rodado dos cortos, “El Buga y la Tortuga” y “Chat Noir”. Por lo demás, tu nombre es desconocido a pesar de haber rodado un largometraje comercial estrenado en salas. Así pues ¿Quién Es Daniel F. Amselem y de donde sale?

Daniel F. Amselem es un comunicador audiovisual con más de 20 años de experiencia que nació en Madrid, estudió en la Facultad de Bellas Artes de la Complutense (junto con Iciar Bollaín y Santiago Segura) e inició carrera como ilustrador y director de cortometrajes a principios de los noventa. En mis primeros años compaginé la ilustración y el diseño gráfico profesionalmente con la escritura y realización de cortometrajes en Madrid. Me estrené cinematográficamente en 1993 con la productora Dexiderius y el cortomotraje “Jam Session”, película que se exhibió en el MoMA de Nueva York como muestra del nuevo cine Español. Luego vino “El Buga y la Tortuga” (1995) con Loquillo, en su primer papel para el cine, y posteriormente comencé mi trabajo como guionista de largometrajes en Barcelona, dónde me trasladé a vivir. Allí co-escribí el proyecto de “Operación Gónada” con una ayuda del Ministerio de Cultura para su desarrollo, lo que me permitió darme a conocer y que una productora de Madrid, Blue Legend, se interesara en la producción del proyecto.

En “Operación Gónada” aparecen muchos actores que por aquél entonces pertenecían al elenco habitual del programa “Crónicas Marcianas”. ¿Hasta que punto tenía que ver la película con el programa? ¿Cuál es el nivel de implicación del programa en la misma?
Mariano Mariano, a pesar de tener un gran carisma y derrochar simpatía en la pequeña pantalla, resultó un pésimo actor para el cine. ¿Cómo fue el proceso de selección del humorista? ¿Por qué el papel principal?

El proceso de preproducción de la película empezó dos años antes de su estreno. Por aquel entonces, ni Daniela Cardone ni Xavier Deltell eran conocidos ni trabajaban en el programa televisivo de Javier Sardá. Al humorista de Lérida lo descubrí en un programa de TV3. Su casi anonimato y su aire “autista” se acercaba mucho al Franco que quería para mi película. Con la modelo argentina, fue la casualidad. La descubrí viendo un programa del corazón en verano y pensé que era perfecta para el papel ya que representaba la viva imagen de los dibujos y diseños que había elaborado para su personaje. Ella había venido por primera vez a España acompañando a su pareja de entonces, Guillermo Furiase. Todos ellos, tras la experiencia del rodaje y la incorporación de Mariano Mariano al elenco, terminaron colaborando en “Crónicas Marcianas” antes de que la película estuviese terminada. La única implicación del programa con la película fue dedicarnos unos minutos los días previos a su estreno. Un pequeño “favor” que nos hacían para promocionar la cinta. Sobre la elección de Mariano Mariano, fue una imposición del productor y el distribuidor de la película (Columbia TriStar España). Yo había solicitado a un, por entonces, actor en ciernes llamado Javier Cámara y a otro cómico llamado Carlos Iglesias. Para el productor, la elección de Mariano Mariano era su aportación y su gran idea. Con Xavier Deltell y Daniela Cardone pude trabajar y ensayar sus personajes, con Mariano Mariano fue imposible.

 ¿Es cierto que para darle vidilla a su personaje, la voz en off que acompaña al personaje se decidió incluirla durante el montaje?
Si es cierto. El personaje de Mariano Mariano (en el guion) era el personaje más normal de todos que llegaba a un mundo muy loco, absurdo y surrealista. Su actuación debía ser lo más equilibrada posible pero esto, no se pudo conseguir. Mariano Mariano no era un actor y sus líneas quedaron muy planas. Tanto es así, que el humorista llegó a sentirse bloqueado, en algunas tomas, por ser muy diferente a la televisión. Luego, en la postproducción, realizando unos “retakes” de sus diálogos, surgió la idea de colocar una serie de “morcillas” a lo largo de la película. Una idea del productor y de Mariano Mariano que fue secundada por el distribuidor que, de alguna manera, obligó a que esto se hiciera. A mi parecer, la voz en off sobraba claramente a pesar de la plana actuación final de Mariano Mariano.



Hoy por hoy soy fan de “Operación Gónada”. La primera vez que la vi fue al calor del hogar, en VHS cuando todavía se podían alquilar películas en el vídeo club. Y la vi por morbo, leí en la prensa seria que se trataba de una película espantosa. Sin ir mas lejos, la crítica más abrasiva que leí se reducía a una sola palabra; decía “Vergonzosa” y lo cierto es que una vez vista, no me pareció una obra maestra pero si me pareció una comedia muy sólida, con buenos gags, original y con mucha inventiva e infinitamente mejor que la mayoría de películas españolas de aquél año. La única pega reside en algunos de los miembros del casting que tampoco dificultarían el disfrute de la película. Siempre pensé que una mano negra se posaba sobre la misma, ya que las críticas me parecían poco justas y exageradas ¿Qué hay de cierto en esto? ¿A que crees que se debe ese asesinato a tu película y, por ende, a su vida comercial?

La película, lejos de ser un trabajo realizado en dos días (como algunos dijeron), fue un proyecto muy currado desde su concepción inicial hasta su montaje final. Eso, quieras o no, se percibe en la película. Sobre esto quisiera decir que Javier Sardá dijo al ver la película que “estaba demasiado bien hecha” y Boris Izaguirre comentó que le recordaba (a su manera) a unos Monty Python hispánicos. Sobre la sangría a la película quiero pensar que vino porque un total desconocido se había atrevido a tratar un tema muy delicado de una manera “muy irreverente” (según ellos) y lo había hecho sin padrino alguno y consiguiendo todos los recursos posibles para llevarlo a cabo. Para los de derechas parecía que me metía con la figura de Franco mientras que para los de izquierdas hacía coña sobre un tema que había hecho sufrir a mucha gente. Creo que para todos ellos, los de un lado y otro, les faltaba claramente distancia y, sobre todo, saber reírse de uno mismo.

La película fracasó comercialmente, de acuerdo, ni más ni menos que otras películas españolas. ¿Por qué crees que otros directores que fracasan con su opera prima siguen haciendo sus películas y tú eres un completo desconocido?

Porque tienen un productor que les acompaña a lo largo del camino. El cine es de los productores y no de los autores. Para poder triunfar o iniciar un camino medianamente firme, has de ir de la mano de uno de ellos y hacer (casi siempre) lo que ellos opinan. Yo, tras la experiencia, quise seguir fiel a mis principios e intentar hacer lo que creía hasta el final y esto me ha llevado, casi siempre, a encontrarme  con “la puerta de la oportunidad” cerrada a cal y canto.

He leído por ahí que los efectos infográficos, totalmente novedosos en su momento, costaron 500 millones de pesetas. ¿Qué hay de cierto en todo eso?
Pues como todo, marqueting para inflar más el presupuesto de la cinta y alcanzar los mínimos para conseguir la subvención pertinente. La película costo bastante menos de lo que se dice pero se destino mucho esfuerzo y creatividad en plantear y diseñar todo aquel mundo visual e infográfico que luego realizamos en muy poco tiempo y a muy bajo coste.



¿Por qué la película no cuenta con una edición en DVD?

Creo que por dos motivos básicamente. Uno, porque la productora desapareció y es posible que dejara algún pufo económico con el que responderían las películas como único aval y segundo, porque es una obra muy difícil de ubicar en el típico cine español. Sobre el punto uno quisiera remarcar que ninguna de las películas de la productora se distribuyeron nunca en DVD, lo que me hace pensar que su comercialización va más allá de su “denostada” calidad cinematográfica.

¿Cuál es tu opinión sincera sobre tu película?

Que se trata de una obra fallida con un gran potencial detrás. En este proyecto hubo dos visiones muy diferentes que chocaron entre si y que causaron un producto intermedio que no satisfizo finalmente a ninguna de las partes. Yo buscaba una mezcla entre Lubitsch y Berlanga tocado con un poco de los cartoons de Warner Bros. y el productor quería un nuevo “Torrente, El brazo tonto de la ley” mezclado con “Aterriza como puedas”. El resultado: una española televisiva demasiado bien hecha en un contexto histórico no correspondido.

¿Tienes buenos momentos del rodaje en tu memoria o alguna anécdota destacable?

Si, la verdad es que recuerdo con mucho cariño aquella experiencia. Lo pasamos muy bien y el equipo fue una verdadera maravilla. Aún hoy mantengo amistad y buenas relaciones con alguno de sus miembros, a pesar de no haber vuelto a trabajar con ellos. Anécdotas, varias, aunque remarcaría la del primer día de rodaje. Augurio de lo que sería el proyecto en sí. Iniciamos rodaje un domingo con la secuencia más complicada y numerosa (por actores) de la película, la llegada a la estación y la salida del tren rumbo a Hendaya. Era mi estreno, solo disponía de una jornada para realizar un montón de planos en un lugar donde solo podíamos rodar un día ya que era un museo que debía estar libre al día siguiente. Mientras que toda la figuración comenzaba a maquillarse arrancamos con un plano de grúa donde la máquina de vapor se ponía en marcha y salía rumbo a Hendaya. Yo ejercía del maquinista (mi particular cameo a lo Hitchcock) y el plano arrancaba en la chimenea del tren humeando y sonando. Pero aquel inicio, tras una primera y única toma, se truncó con la caída de la cámara de la grúa y su consiguiente rotura. Nos habíamos quedado sin cámara para filmar y con toda la jornada aún por delante y obligados a rematarla aquel mismo día y con la única luz del sol como principal iluminación general de la estación. Pero lejos de entrar en pánico, me retiré a una esquina y medité como solucionar todo aquello en menos tiempo y de la mejor manera posible. La nueva cámara tardó tres horas en llegar y volvimos al tajo. El resultado fue mejor incluso que lo planteado en origen y la experiencia muy reveladora: El cine profesional es, muchas veces, impredecible y, aunque todo esté muy bien preparado, “Murphy” ronda siempre por ahí.



Hoy por hoy, ¿Daniel F. Amselem vive del cine? ¿Te une algún trabajo al medio actualmente?

Hoy no. Durante años trabajé en producción y dirección de cine y publicidad tanto como jefe de producción como ayudante de dirección. Durante este periodo he querido, además, levantar mis propios proyectos y hacerlo desde mi particular productora pero la falta de solvencia económica, en muchos casos, y la dificultad de no tener un padrino en otros, me han impedido rodar un segundo largometraje. Aunque esta circunstancia no me ha coartado la posibilidad de seguir realizando proyectos tanto en formato de cortometrajes, webseries o piezas breves de animación.
  
¿Tienes algún proyecto cinematográfico a la vista?

No. Lo más cercano es realizar una novela gráfica sobre uno de mis antiguos proyectos cinematográficos (“Dragón de Hierro”) que ya consiguió premios y menciones en su fase de escritura. Pienso que la posibilidad de convertir la visión de mis proyectos a novela gráfica es una buena alternativa para expresarme y compartirlos con el gran público. Es un medio que me permite materializar exactamente mis ideas y no necesita de la maquinaria del cine para realizarse. Además, de gustar, es una manera muy cómoda de ver su potencial como futura película.

Pasemos a hablar un poco sobre ti; ¿Qué tipo de cine le gusta a Daniel F. Amselem? Gustos e influencias.

Mis gustos son muy variados. Siempre me han gustado los realizadores que no “existen” detrás de las cámaras, los grandes narradores, vamos. El Western y las películas bélicas son mi género aunque la comedia de la sonrisa es también una de mis debilidades. Si me preguntas directores que me gustan, te diría que muchos pero para darte unas mínimas referencias, me hubiera gustado hacer películas como las de: Ernst Lubitsch, Luis García Berlanga, David Lean, Howard Hawks y los dibujos de la Warner sin olvidarme, por supuesto, de Clint Easwood.



 ¿Qué opinión te merece la comedia clásica española, la vulgarmente llamada “Españolada”?

Es tan respetable como cualquier otro género. Es algo muy nuestro y que durante mucho tiempo (los 60, 70 y 80) llevó a mucha gente a las salas de cine españolas. Luego, todo se globalizó, y la gran industria americana nos impuso su cine fagocitando todo lo nuestro. Una pena porque esta circunstancia ha impedido crecer y desarrollar bien este género, como si lo ha hecho el cine cómico francés. Muy pocas comedias han conectado o aportado nuevas cosas porque es el género más difícil y el que menos oportunidades tiene. Realizar un buen drama es siempre mucho más fácil y rentable que crear una buena comedia. 

Fuiste durante años Jefe de prensa del festival de cine de comedia de Peñíscola. Háblanos de la experiencia.

No solo fui jefe de prensa, también cree la imagen corporativa del mismo y forme parte del núcleo duro de la dirección. La experiencia fue increíble, creamos un festival cercano, donde se daba a la comedia española su protagonismo (que por aquel entonces no tenía) y la oportunidad de juntar a sus creadores con la gente en un marco incomparable, en el mismísimo “Calabuch”. Luego vino Málaga, con mejores infraestructuras y sponsors y Peñíscola termino por desaparecer. Aunque en aquellos años los “viejos dinosaurios” de nuestro cine revivieron y nacieron muchos de los nuevos realizadores que hoy ya ejercen como profesionales consagrados. Todos, tanto nosotros como ellos, guardamos un imborrable recuerdo de aquellos tiempos.

¿Qué Opinas del Goya de honor que se le concede este año a Mariano Ozores, después de años y años de ninguneo por parte de la academia?

Mira me hace ilusión. Mariano fue uno de los asiduos de Peñiscola y un hombre que ha dado de comer a mucha gente en la industria española. Viene de una familia de cine y toda su vida ha querido contar historias y hacerlas para que la gente ría. Nada más. Sus capacidades nunca fueron la de un excelente realizador técnico pero si la de un guionista ágil, muy creativo (con su mundo) y muy capaz de dirigir a unos actores de manera muy creíble y fluida dentro del marco de sus historias. Ahí es nada. Creo que este homenaje tenía que llegar y me alegro que la academia haya dado el paso.



Esto es todo Daniel. Gracias por tu tiempo y si quieres añadir algo, o decirle algo a los lectores de “Aquí Vale Todo”, este es tu espacio.

Gracias a vosotros por la oportunidad de expresarme en este lugar tan libre y mágico. Animaros a seguir viendo cine, tanto el de antes como el de ahora. Saludos a todos.


jueves, 15 de noviembre de 2012

PLAUTO

Me dio anoche por ver esta película, simplemente porque estuve pensando en “Crónicas Marcianas”, el “Late show” de telecinco conducido por Javier Sardá, y me di cuenta de que gracias a ese programa se hicieron unas cuantas películas patrocinadas y apoyadas por el mismo donde sus colaboradores, o sencillamente, los freaks que servían de mofa en el mismo, se estrenaban como directores o guionistas e incluso, solo por pertenecer a dicho programa, llegaban casi todos a estrenar en salas. Luego este es un tipo de películas que por peculiares, dementes, curiosas y por ser realizadas por gente ajena al cine, se merecen, al menos, mi atención.
La más exitosa y honesta, fue “F.B.I: Frikis buscan incordiar” del periodista Javier Cárdenas. Era lo que era una suceción de skechts en el que contemplábamos bromas pesadas a gran parte de los colaboradores más patéticos de programa. Es lo que es, un programa televisivo estrenado en cines. La más demencial sería “Hot Milk” de Ricardito Bofill, que usaba el programa como plataforma de promoción. Una absoluta locura, en la que el interés radica en lo que puede hacer un niño rico pasado de escama, si le das los mandos de una producción. Incluso gente con ligero retraso mental como Leonardo Dantés se animó a hacer cine, creando una obra maestra del cine casero con “L.A.R.R”, que el pobre, por mucho que lo anunciara en el programa de Sardá, no tuvo la suerte de estrenar. Su película era un video casero extendido. Sin embargo a mí me parece la mejor de todas. Y por fin tenemos este “Plauto”, el delirio del narcotraficante con ínfulas de escritor Coto Matamoros, que no hacía más que hablar de su película en el programa, llegando incluso a decir cuando se estrenó, que a aquél que no le gustase le devolvería el dinero de la entrada. Incluso devolvió el dinero de unas cuantas, por supuesto.
Pero en contra de lo que muchos creen, el proyecto es suyo, pero no lo dirige el. Matamoros, no tenía ni puta idea de dirigir, así que se encargó de escribir el guión y para dirigirla contó con los servicios de David Gordon, director que obtuvo cierta relevancia en festivales y demás a raíz de una trilogía de cortos tontísimos con títulos como “Kikos”, “Pipas” o “Chicles”. Luego rodó esto, y nunca más se volvió a saber de el.
Sin duda, de los atentados fílmicos que salieron de la factoría “Crónicas Marcianas”, este es el peor de todos. Si tengo que definirlo con una sola palabra, esta sería “Repugnante”.
Cuenta la historia de un circo que está en las últimas, y para salir adelante, a tres de los artistas se les ocurre utilizar el recinto para mover cantidades ingentes de droga. Se meterán en una espiral de violencia en una pseudo “road movie”, que bebe mucho de aquella gran mierda de Juanma Bajo-Ulloa que era “Airbag”. Los tres artistas de circo, acaban asesinando, esnifando y extorsionando. En consecuencia, tanto la gente que les proporcionó la droga, como la gente que les prestó el dinero para comprarla, acaban yendo al circo para acabar con todos ellos en una masacre a ritmo de metralleta. Ahí es donde entra en juego Plauto, el payaso, del que no puedo decir nada más porque acabaría destripando la película… no vaya a ser que a alguien le interese.
Mala hasta decir basta. Mal rodada, montada con el culo, ridícula, de vergüenza ajena, lo peor sin duda es el guión del propio Matamoros, que construye diálogos larguísimos y llenos de tacos y de alusiones sexuales cerdísimas, que en boca de los malísimos actores resultan de lo más patético. Además, hay que prestar gran atención para comprender una trama, que seguro que Matamoros se creía que era acojonante, cuando en realidad es una mierda.
El reclamo para vender la película, a parte de la autoría del proyecto por parte de Matamoros, era el reparto repleto de freaks mediáticos de los que estaban de moda entonces, así tenemos en el papel principal a El Dioni, que está ahí, supongo que porque es un pelín mejor actor que el resto de desgraciados. Le acompañan en cameos o papeles cortos Loli Álvarez, Leonardo Dantés, Arlekin, Nuria Bermúdez, María Bolkan, Tony Genil, Dinio, el Conde Lequio… y seguro que me dejo alguno. También tenemos actores de verdad como José Carabias como el payaso Plauto, que está como siempre: Bien, o a Javier Cifrián.
También tenemos un cameo del escritor José Manuel Serrano Cueto. En definitiva, un producto curioso por todo esto que cuento, pero también una cosa muy mala y muy antipática e incluso desagradable, para la que hacen falta dos cojones muy gordos para ponerse a verla.
Lógicamente, en taquilla, el desastre fue mayúsculo.

viernes, 4 de julio de 2014

OPERACIÓN GONADA

Soy defensor del, ya extinto, programa de televisión “Cronicas Marcianas”, porque elevó la industria de la telebasura y el entretenimiento a una categoría superior. Fue un absoluto fenómeno que tenía pegados a la tele tanto a sus fieles espectadores, como a sus detractores, llenando la parrilla nocturna de basura, subnormales, cotilleos, violentos contertulios y paletas que no saben ni hablar, pero bien follables, como muy bien su director, Javier Sardá sabrá. Aquello no era televisión, era un fenómeno social.  Yo no podía parar de verlo, sin embargo lo que hay ahora, pues no le muestro ni la más mínima atención, siendo todo, no obstante, heredero de aquello que creó el Sardá.
Tal fue el éxito que, en consecuencia, la marca extendió sus zarpas incluso en el mundo del cine, y muchos de sus colaboradores aprovecharon la fama que el programa les brindaba para embarcarse en proyectos cinematográficos.
Aunque el canal dónde se auspiciaba el programa, no era nuevo en esto de las películas “consecuencia de”, prueba de ello son “El Gran Marciano” de Antonio Hernandez, que explotaba la popularidad del reality “Gran Hermano” o “Aquí el que no corre… vuela” de Tito Fernández, cuya existencia radicaba en presentar en la gran pantalla a la plana mayor de presentadores de “La cadena amiga”.
Lo que tienen en común estas películas, incluidas las precedidas por el programa al que acabo de hacer mención, es que, lo que funcionaba en televisión, jamás funcionó en cine, si bien es cierto que pensar si estas películas servían para engrosar la lista de chanchullos y estafas en las que se ve envuelto el cine español, no sería algo del todo descabellado.
Directamente consecuencia de este programa televisivo serían las películas “F.B.I. Frikis buscan incordiar” del infame Javier Cardenas, ahora tranquilo y feliz en la radio, “Plauto” de David Gordon, pelele dirigiendo bajo la batuta del delincuente Coto Matamoros, que escribió el guión y manejó las riendas de tamaño fracaso, “Hot Milk”, desquiciada ópera prima de Ricardito Bofill que por aquel entonces colaboraba habitualmente en el programa, el cual utilizó para promocionar una película, que, lógicamente, nunca vio nadie, o la que nos ocupa, “Operación Gónada” que tenía en su reparto rostros televisivos destacando, precisamente, los de los de algunos de los cómicos fijos de tan exitoso programa; Mariano Mariano, Xavier Deltell y Daniela Cardone, además de otros de otros programas –y canales- como puedan ser  Juan Imedio, Javivi o EnriqueVillén.
La película cuenta la historia de un paralítico que fabrica utensilios de ortopedia y que inventa unos suspensorios térmicos para combatir el frió y que, por otro lado, potencian la virilidad. Franco se entera de este magnífico invento y decide darle al ortopedista todo el material necesario (material bélico) para que lleve a cabo esa invención con el fin de regalárselos a Hitler durante su famoso encuentro. Por otro lado, un espía enviado por el gobierno británico, intentará por todos los medios, si no sabotear el encentro, al menos que esos suspensorios no lleguen a su destino.
Pues si de alguna película he leído críticas malas, indignaciones y demás destructivas monsergas, es de “Operación Gónada”. Y bueno, tan, tan, tan mala como dicen, no es. Solo por la ambientación y el gracejo de su argumento, más el hecho de que la película en sus escasos ochenta minutos está entretenida, yo creo que está infinitamente mejor que muchas películas españolas que tienen cierto prestigio. Además de tratarse de una película de género lo que para mí, le hace sumar puntos. Pero entiendo que esas  “cagaditas” de principiante llegaran a crispar a los críticos de esa manera. Cagaditas que a mí, por otro lado, me hacen gracia que te cagas.
Mariano Mariano, que en el programa, además de contar chistes derrochaba una energía y una verborrea que le hizo famoso, amén de su jerga callejera y macarra, en la película, incluso trasladando ese estilo de hacer de una manera anacrónica a los años 40, recordemos que,  por muy gracioso que fuera, no es actor, con lo que en la película está soso, contenido y casi dan ganas de darle una colleja para que espabile. De hecho, en montaje debieron pensar lo mismo que yo, y ante la sosa interpretación de este, y los muchos silencios de los que su personaje hace gala, supongo, que a alguien de la producción se le ocurrió que, para despabilar un poco la cosa y darle ritmo, introducirle al personaje de Mariano Mariano una voz en off que da a entender que escuchamos sus pensamientos cuando este no reacciona, cosa absurda porque es el único personaje que tiene esta voz en off, y muchas de estas frases (del tipo “Anda la hostia”, “Que buena está esta tía”, “Que pedazo de maricón” o “Se lo merece por cabrón”) están metidas ahí con calzador y a tiempos para no pisarse con los diálogos reales.
Esto que, seguro, es motivo de denuncia por los plumillas que la vieron, para mí es motivo de algarabía.
Por otro lado, no se trata de una comedia desmadrada, ni “Spoof” ni nada por el estilo. Es una comedia serena que se mantiene muy bien por si sola, así que, otra de esas cagaditas serían unos subtítulos a modo de Karaoke que aparecen en pantalla, en un momento muy tonto en el que el protagonista y su madre se ponen a tatarear una canción. Y es que está claro, cuando tiran de recursos tan estúpidos, que en ningún momento confiaron en la capacidad cómica de la película. Y la “cagaron” entre comillas.
Pero lo que mayor indignación supuso para los periodistas de la prensa seria, es algo ajeno a la creación técnica o artística; resulta que esta película datada en 1999, tiene unos novedosos efectos infográficos (un dinosaurio que representa el nazismo y que arrasa con Londres, o el tren en el que se desarrolla casi toda la película que, en su exterior, es infografía) que ahora están obsoletos, pero que en su momento debían ser la hostia, que costaron cerca de 500 millones de pesetas (o eso he leído) y la película recaudó tan solo 64.116.740 que dejaron en taquilla los 97.000 espectadores que se pasaron a verla a los cines. Lo que la convierte en uno de los grandes fracasos del cine español. Y ya se sabe, si hubiera recaudado mil millones de pesetas… ¡igual decían que era buena!
Pero bueno, el caso es que, sin ser nada del otro mundo, a mí esta película me gusta, me parece distinta y muy efectiva, y la fama de puta mierda que le acompaña no es justa, en mi opinión. Es infinitamente mejor que otros productos consecuencia de “Crónicas Marcianas” como “Plauto”. De hecho, creo que es la mejor del sub género, y una obra maestra si la comparamos con cualquier otra película española de la época o actual.
En cuanto a su director, Daniel F. Amselen, debutaba en el largometraje con esta película, y también se despedía, pues nunca más volvió a rodar ni cine, ni televisión, ni nada parecido.

viernes, 17 de abril de 2020

EL BOMBAZO

Freddy el Bombazo es uno de esos freaks mediáticos proveniente de Tenerife, cuya popularidad podría haber trascendido a toda la península de no ser porque, cuando Javier Cárdenas le ofreció hacer una entrevista para “Crónicas Marcianas”, se negó en rotundo, siendo finalmente un freak local cuya fama queda confinada a las Islas Canarias y, más concretamente, a la zona de Tenerife. Freddy, no quiso participar en aquel circo.
Su gracia como freak radicaba simplemente en que rapeaba. Nada más. Un deficiente mental que rapea. Obviamente, las limitaciones de este al ejecutar sus raps provocaban la mofa del posible espectador, por eso, los canales locales de la televisión tinerfeña, viendo un filón en el muchacho, produjeron el videoclip de una canción de Freddy —sobre una base instrumental robada a 50 Cent— en el que se paseaba por la playa rapeando acompañado de jovencitas que bailaban a su son, mientras los realizadores nos deleitaban con primeros planos de la boca de Freddy llena de voceras. El vídeo se hizo viral y Freddy devino famoso en las Islas (ver vídeoclip en cuestión).
Unos años después de aquello llega “El Bombazo”,  una de esas películas amateur con pretensiones de película “de verdad” que, contando con un ínfimo presupuesto, se inspira en este personaje.
Cuenta su director, Raúl Jiménez Pastor, que tuvo la oportunidad de conocer a Freddy y conectó enseguida con el chaval. Y en un alarde de repugnante moralina barata,  le aconsejó que dejara de hacer esas cosas que hacía, ya que la gente se reía de él, consejo este al que Freddy hizo caso omiso respondiéndole que él se sentía bien con lo suyo. Vamos, le dijo que se metiera en sus asuntos.
Por lo que fuera, Jiménez Pastor sintió la simpatía suficiente como para convertir a este personaje en el motor de su película, una que peca de paternalista, cargada de buenas intenciones pero que, como toda película amateur con aspiraciones a recibir tratamiento de producto profesional, se queda en una anécdota, en una cagarrutilla de rata en el cepo.
Por descontado, está rodada en irritante HD de ese que los no profesionales usan en sus intentos de cine, etalonada con filtros horribles y de tonos sepia para camuflar el vídeo y que este se parezca lo máximo posible al celuloide, amén de contar con una edición de sonido incompetente que se hace notar, sobre todo, en exteriores. Entre esto y el fuerte acento de muchos de los actores, hay que hacer un esfuerzo para entenderla bien. Cuando un amateur hace una película de esta guisa y pretende justificar todas esas carencias, recurre al término “cine independiente”, en lugar de reconocer de que se trata de una película hecha por aficionados. Da lo mismo todo esto porque luego estas películas se proyectan en centros culturales y, al final de su existencia, tan solo las hemos visto cuatro curiosos o los que, zapeando, la pillaron en el canal local de turno donde se programase.
Sin embargo, y dentro de lo mucho que detesto este tipo de medianías, “El Bombazo” tiene su gracia. El hacer una especie de biopic de uno de estos freaks me parece una idea cojonuda y, al final, la ves con interés porque te preguntas cuanto de verdad y de mentira hay en lo que te están contando. Además, “El Bombazo”, a pesar de todo, al ser una comedieta más o menos ligera, pues ayuda a pasar el ratillo. Vamos, que consigue la difícil misión de estar entretenida.
Por otro lado hay que tener en cuenta que el director quería que el protagonista fuera el auténtico Freddy el Bombazo, pero al hacerle una prueba se dio cuenta de que el chaval no podía llevar todo el peso de la película debido a sus incapacidades para la interpretación y, finalmente, contrató a un actor profesional, pero se le ocurrió, asimismo, incluir al verdadero Freddy en algunas secuencias, como una especie de alter ego del protagonista. Y tiene líneas de texto. Y no lo hace tan mal, la verdad. Si hubiera tirado para adelante con el verdadero Freddy, cuanto hubiera mejorado su película. Pero me temo que Jiménez Pastor se toma demasiado en serio como para cometer tal osadía y prefiere quitarle el protagonismo al muchacho para dárselo a un actor del montón al que, para que se parezca un mínimo a Freddy, le planta una peluca terrible que canta por soleares. Qué paradoja.
Así, en el argumento tenemos a este Freddy, que se gana la vida alquilando habitaciones de su casa y haciendo las veces de asistente social para un discapacitado, cuando a su vida llega una especie de perroflauta que le alquila una habitación y que, proveniente de la península, decide buscar trabajo en la isla. Por otro lado, tenemos a un individuo que, en  su afán por transportar un alijo de cocaína, embaucará a Freddy, con tan mala suerte que es detenido con el género en su furgoneta e ingresado en prisión. El cómo el perroflauta se las ingeniará para conseguir trabajo y el proceso de demostración de inocencia por parte de Freddy y sus allegados, componen el resto de la película.
Sin más, se deja ver. La comedia voluntaria es agradable, a veces incluso funciona, y la involuntaria vendría por parte de algunos de sus actores que son para echarlos de comer aparte; El que hace de perroflauta, Tony Masip, de tanto querer vocalizar más bien parece que se estuviera recuperando de un ictus. En una escena en la que, para camelarse a una empleada de una tienda, le suelta: “Si Cristóbal Colón te viera, diría ¡Santa María, que pinta tiene esta niña!”, sentimos como la más feroz de las vergüenzas ajenas se desata en nuestros adentros. Pero esto no es malo, provoca hilaridad. Entonces, no pasa nada por echarle un visionado a la película. Eso sí, cada cinco minutos le entran a uno ganas de darle al stop, por culpa de una banda sonora que no para de sonar, compuesta en su totalidad por el grupo OnoFreeFadar, una formación de ska que estaría bien (se trata de buenos músicos), de no ser porque el vocalista principal resulta de lo más irritante con esos tonos aflamencados que se suelta al cantar, y esas letras de temática neo-hippie con todos los clichés del género que les hace ser un estereotipo. No hay quien lo soporte. Puede que esto sea una cuestión de gustos personales, pero, al margen de eso, es que no paran de sonar. Incluso en escenas de diálogo, lo que hace que no te enteres ni de una cosa, ni de la otra. Terrible. También OnoFreeFadar aparecen en la película durante los créditos, y dando cobertura musical al rap final de Freddy al que acompañan con los instrumentos. Saquen sus conclusiones.
Por lo demás, como les digo, con sus más y sus menos, está bien que Freddy el Bombazo, genere una película en su honor, porque al final el resultado es tan outsider como el personaje en el que se inspira, que eso es lo bueno, no el querer colocarse una medallita lanzando un mensaje de integración social, que es lo que la película, desde el minuto uno, pretende.
Como anécdota, finalizaré diciendo que el actor Tony Masip acudió en calidad de concursante al programa ese tan desagradable que presenta el insufrible Arturo Valls y, con el fin de hacer promo, se le ocurrió decir que con el dinero que sacara procuraría una distribución a la película. El nivel de condescendencia por parte de Valls y del programa en general, rozaba lo patético. Y el pobre Masip, haciendo lo que podía.

viernes, 18 de noviembre de 2022

BLOOD HARVEST

Tiny Tim, músico outsaider de voz chillona y acompañado de un ukelele, se hizo popular a nivel nacional en los albores de los años 60 gracias a una desquiciada versión  que hizo de la canción tradicional de los años 30 “Tip Toe Through the Tulips”. La cantó  en televisión haciendo un estruendoso faselte y se volvió terriblemente famoso, gracias también a su extraño e inquietante físico. Tim, alto y con una rizada melena, tiene pinta de cualquier cosa menos de cantante, lo que ayudó  bastante para alcanzar la popularidad, y aunque hay estudiosos y melómanos que le ven cierto valor tanto a las canciones como a la manera de cantar de Tiny Tim, lo cierto es que, más que por sus habilidades vocales, se hizo tristemente célebre como freak del medio televisivo con el que la audiencia se partía la caja. Para que se hagan una idea, un equivalente español podía ser Josmar o cualquiera de los esperpentos que tenía a bien entrevistar Javier Cárdenas en programas como “Crónicas Marcianas”, salvando de cualquier modo las distancias. Hasta el día de su boda fue un acontecimiento televisivo.
El caso es que, como flor de una primavera, con el paso de los años la popularidad de Tiny Tim fue descendiendo y, en los 80, ya era prácticamente un rescoldo de lo que fue. Sin embargo quedó en la imaginería pop del público norteamericano como una gran presencia, o al menos, como una lo suficientemente célebre como para que fuese reconocido sin más. Quizás ya no se ganaba la vida con sus extrañas canciones, pero todo el mundo sabía quien era Tiny Tim —si quieren saber la historia completa del personaje, desde aquí les recomendamos que vean el documental sobre su vida “Tiny Tim: Rey por un día” de Johan Von Sydow—.
Por otro lado tenemos al cineasta de cine de bajo presupuesto Bill Rebane, lituano que emigró a los Estados Unidos cuando solo era un adolescente, que alojaba en su currículum algún pequeño éxito de la "serie B" como pueda ser “Monster a Go-Go” (que se apropió Herschell Gordon Lewis para poner su estampa) o “La invasión de las arañas gigantes” (aunque en esta casa le tenemos especial cariño por dirigir una obra maestra del desbarajuste como es “Rana: La leyenda del lago de las sombras”, pueden localizar la respectiva reseña entre nuestros fanzines de papel, concretamente el especial para la Maratón de Cotxeres del 2008). Además de residir en Wisconsin, aspiró a gobernador del estado por parte del American Reforn Party y, en general, se trata de un cineasta peculiar cuya vida también resulta interesante.
El caso es que, Tiny Tim actuaba con una aparición estelar en los festejos del Festival de la cerveza celebrado en 1987 en el condado de Lincoln. Como buen ciudadano, Bill Rebane estaba allí disfrutando de la fiesta en su ciudad, y teniendo en cuenta que justo en ese momento tenía una idea para una película de terror, decidió abordar a Tiny Tim para ver si le parecía bien intervenir en ella. Tim, que en esos momentos necesitaba trabajo, aceptó la propuesta de Rebane sin pestañear, así que, casi inmediatamente se pusieron manos a la obra con esta “Blood Harvest”.
Obviamente esta sería una más entre un mar de slashers facturados en la década de los 80, así como una más de las películas de Rebane, sin embargo, al tratarse de una de terror protagonizada por Tiny Tim, a posteriori y como suele ser habitual en este tipo de productos, generó cierto culto, si bien es cierto que, ni con la presencia de Tim, esto se salva de la quema. No es que sea una película mala, es más, se le intuye cierto oficio detrás de la cámara, pero sí que es solemnemente aburrida, se hace larga, y finalmente el visionado se convierte en un suplicio. Lo que sucede es que podemos excusar tal sosería si tenemos en cuenta que —dicen— contó con una preproducción de tan solo tres semanas (escritura del guion incluida) para ser rodada íntegramente en 24 horas… lo que automáticamente la convertiría en una rareza a tener en cuenta y con algo interesante que contar sobre ella.
Por lo demás, un slasher de lo más bobo, rodado en estupendos 16 mm, con algunas tetas y algo de sangre, que nos cuenta la historia de una muchacha que tras un tiempo en la universidad regresa al hogar materno y se lo encuentra abandonado, sus padres se han dedicado a la especulación de terrenos y fraudes en los papeleos de la venta de granjas (o algo así…) y han sido desahuciados. Por otro lado, todos los conocidos de esta muchacha comienzan a ser asesinados por un extraño individuo que lleva una media en la cabeza y que aparece por allí sin venir muy a cuento. El exnovio y su hermano deficiente mental, le ayudarán a esclarecer un poco lo que sucede en esa putrefacta granja.
Obviamente, Tiny Tim interpreta al hermano subnormal del galán, va vestido de payaso y cumple la papeleta soltando eventualmente algún canturreo, sobreactuando como alma que lleva el diablo y disfrazado de payaso sin motivo aparente. Por supuesto, está puesto ahí para que desde el primer momento el espectador lo asocie al asesino… tendremos que verla para saber lo que sucede. El caso es que, Tiny Tim, presente en gran parte del metraje, luce poco, y si se ve esta película por su mera presencia, esta nos dejará con un sabor algo agridulce. Y si se decide ver por tratarse de un slasher, se me ocurren mil mejor que este y más funcionales.
Así pues, el único valor que tiene la película es su condición de rareza, más allá de eso… la nada más absoluta.
Con todo, como subproducto, es graciosa su existencia.

lunes, 23 de junio de 2014

PASTEL DE SANGRE

Se trata de una de esas películas oscuras del cine español que cuesta tanto dar con ellas, hasta que alguien cuelga una copia cochambrosa en Internet, y ya se pierde la magia. Pero al menos podemos verlas.
En esta ocasión, este “Pastel de Sangre”, sería una película de episodios que supondría la incursión en el cine de terror de directores que, posteriormente, se cagarían en el cine de terror, como es el caso de Emilio Martinez – Lázaro (“8 Apellidos Vascos”, “El otro lado de la cama”), que prefiere las películas de, con y para paletos, “antes que una de vampiros” (pero debuta con una de Frankenstein) u otros tan poco afines al género como son Francesc Bellmunt (“La quinta del porro”, “La radio folla”), el prestigioso Jaime Chávarri  (“El desencanto”, “Las bicicletas son para el verano”) cuya relación con el terror posteriormente,  sería el escribir el guión de “Las Vampiras” para Jess Franco, y José María Vallés, quien nunca llegaría a rodar  nada más que un cortometraje.
Se trataría de una película en la que, prácticamente, debutarían en la dirección estos cuatro directores, y que se ganaría la fama de maldita, váyase usted a saber por qué motivos.
El primer capítulo sería el dirigido por Vallés, y que, titulado “Tarota”, nos vendría a mostrar una historia contemplativa en la que un caballero andante se topa con un enano que le acompañará en su travesía y en la que acabará reencontrándose con un viejo amor fallecido. El segundo, “Victor Frankenstein”, sería una revisión  “Sui géneris” del mito por parte  Martínez- Lázaro, cuya pretenciosidad provoca vergüenza ajena. El tercer capítulo, el mejor de la película, sería el de Bellmunt, que nos cuenta una historia de vampiros en tiempos anteriores a Cristo en “Terror entre Cristianos” y por ultimo, Chavarri propone una extraña  ida de olla en “La danza o las supervivencias afectivas”.
El resultado de la película entera es bochornoso, pedante y lejano al cine de terror, una cosa aburridísima, anti- atmósfera, que hace pensar los caprichosas que resultan ser las “Película malditas” que llegan a ese estatus sin motivo, y que, si en su momento pasaron inadvertidas, sería por algo. Mala es decir poco.
Antes de sacarme los ojos, por lo menos me recreé con la presencia de una jovencita Charo López que estaba muy guapa, un Eusebio Poncela que todavía estaba verde y que interpreta a una especie de mono salido, José Lifante en una de género (sin novedad, ergo), Marisa Paredes con sus pellejos en su sitio y Martí Galindo, enano actor que luchaba por hacer papeles secundarios, y que ya de mayor se convirtió en súper estrella televisiva de la mano de Javier Sardá en su programa “Crónicas Marcianas” y cuya popularidad, moriría con el programa.
Por lo demás, una basura infecta del cine español, horriblemente sobre valorada por los aficionados al “fanta-terror”, que se basan, únicamente, en lo mucho que les ha costado verla.
Eso si, desconozco si el cartel dibujado a mano de su edición videográfica sería el  mismo con el que se estrenó en cines, pero me chifla. Es totalmente fanzinero.
¿La peli? Patata hervida.