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jueves, 29 de septiembre de 2016

EN TRIBUTO A HERSCHELL GORDON LEWIS

Si los Lunes ya son un asco por lo que representan, esta semana lo fueron aún más cuando me enteré del fallecimiento de toda una leyenda del cine exploitation, Herschell Gordon Lewis o, por si alguien aún no sabe de quién estoy hablando, el caballero que empujado por el vil metal (y una ayudita de David Friedman) inventó el gore como género el año 1963 con "Blood Feast". De él y algunas de sus muchas películas hemos hablado largo y tendido en este blog. Pero hoy es diferente, hoy se trata de un adiós y uno, además, muy personalizado.
La verdad, no puedo decir que tuviese a Lewis entre mis favoritos, pero supongo que sentía una estima especial por él a causa de lo fascinante que supuso para mi descubrirle cuando era un jovenzuelo a mediados de los años 80 y me adentraba tímidamente en el lado más trash y oscuro del cine de horror gracias a las páginas de la revista "Fangoria". Pronto el tipo se convirtió en una obsesión, tanto como para inspirar el título y el (mínimo) argumento de mi primer corto allí por 1988, "Blood Feast 2", ni más ni menos. Continué imitando el cine de H.G. en los cortos que siguieron, como "Dr.Gore" o "Blood Massacre"... pero siempre basándome en las fotos o en lo que lograba traducir de las páginas de "Fangoria" o del número cuatro de "Nostalgia" (me quedé helado el día que descubrí este fanzine franchute, con dossier exclusivo y completo dedicado al cineasta), porque ver, lo que se dice ver una peli suya, parecía imposible.
Cuando me enteré -cortesía de los anuncios de novedades videográficas en las páginas de "Fotogramas"- que existía una editada en España por "Polygram", hablo de "2000 Maníacos", casi me da un soponcio. Pero más me lo dio el día que la localicé en las estanterías del tristemente desaparecido "Video Club Vergara" (¡cómo echo de menos esa etapa de mi vida, concho!). Rogué a mi padre que se hiciera socio para alquilarla y reuní a unos amigos para visionarla una tarde de Viernes. Creo que no les gustó, lo que me provocó cierto mosqueo. Aunque me parece que a mi tampoco, fue algo decepcionante, solo que no estaba dispuesto a reconocerlo y aceptarlo.
Más tarde, logré comprarme "Wizard of gore" y "The gore gore girls" en dvd, versión original. Flipé especialmente con la segunda. Ingenuamente decidí programarlas en la Maratón de Cotxeres, el primer año que me encargaba de la sala B. Creía que el problema idiomático sería compensado por la cantidad de gore. Pero no coló, al poco de darle al "play" la sala se había vaciado.
Y finalmente, el año 2009, tuve la oportunidad de conocer en persona al Sr. Herschell Gordon Lewis en el Festival de Sitges, cortesía de Diego López, que me invitó a presenciar y grabar con la mini-DV la entrevista que le hizo para su fanzine "El Buque Maldito". Aproveché la buenanueva para parir uno de mis docu-cortos más hardcore, "Sitges From Beyond 2", dedicado al cineasta, y del que he extraído unos fragmentos para que puedan gozarlo al final de este texto, junto a la foto que me tomé con él nada más terminar. Debo decir que H.G. fue en  todo momento un tipo extremadamente encantador y educado. Todo un gentleman.
Pasados dos años, mis compañeros y yo publicamos "Malas pero divertidas", que incluía reseña de la mentada "The gore gore girls". Y seguimos degustando más películas del amigo Lewis, algunas entrañables, otras directamente horribles. De un modo u otro el conocido como "El padrino del gore" ha seguido bien presente en nuestras vidas, incluidas las creativas (sigue inspirándome y, sobre todo, sigo utilizando las hipnóticas, toscas, minimalistas y hasta tristes -en el buen sentido- bandas sonoras de "Blood Feast" y "2000 Maníacos" para ilustrar sonoramente mi diarrea visual). Y supongo que, aunque haya partido al encuentro de su estimado socio David Friedman, lo seguirá estando, porque es parte fundamental de nuestro ADN, de nuestra cinefagia y, guste o no, de la misma historia del cine.
Descanse en paz, Herschell Gordon Lewis.



 Una servidora con el Padrino del Gore

lunes, 30 de diciembre de 2013

BLOOD FEAST

A día de hoy, "Blood Feast" (1963) es mundialmente re/conocida como la primera película abiertamente "gore" de la hitoria del cine. En realidad, antes que sus responsables, Herschell Gordon Lewis (director) y David Friedman (productor) -y Allison Louise Downe (guionista)-, el cine asiático y fugazmente el terror italiano ya habían mostrado material notoriamente truculento. Pero en todas aquellas muestras primerizas el "gore" era algo fugaz, un complemento, nunca el protagonista. Eso no llegó hasta que, ahora sí, Lewis y Friedman, dos hombres de negocios puros y duros, más interesados en los billetes verdes que en la creatividad (y ya ni digamos el arrrrte), se dieron cuenta que el frasco de las habichuelas ya no estaba tan lleno desde que el tipo de cine que solía ser su especialidad, no tenía tanto éxito. ¿Y de cual se trataba?, pues de "nudies", "nudie cuties" o de "roughies". Dicho de otro modo, de todo aquello que, aún mostrando tetas y demás actos eróticofestivos, podía estrenarse en pantallas de cine comerciales sin escandalizar demasiado, ni meterse en marrones legales. Por entonces ya existía la pornografía, pero era algo totalmente marginal, clandestino, y así lo sería hasta los años 70. Aquellos que querían pajearse tranquilos sin que la policía les cortara el rollo tenían que conformarse con ver las películas esputadas por gente como el tándem Lewis/Friedman.
Dada la desesperada situación (y saturación de mercado), ambos buscaban otra fórmula
de idéntico potencial lista para ser exprimida. ¿Y si en lugar de "sexo", ofrecían la violencia más destroyer, gráfica y explícita nunca antes mostrada en una pantalla?. El fin era exactamente el mismo: llamar la atención, regalar la vista con aquello considerado inmoral y semi-prohibido y lucrarse durante el proceso. En lugar de follar, la audiencia vería asesinar. Y ya que el mete-saca no podía mostrarse con todo detalle, iban a recrearse enfermizamente y coloridamente en los actos más truculentos y despiadados (aunque sin olvidar a las mozas de buen ver muy ligericas de ropa, of course). Es decir: pornografía. En la pornografía nos importa un güevo lo que pasa entre polvo y polvo. En el "gore", es tres cuartos de lo mismo. Miren los "slashers", o las películas alemanas consideradas extremas. Pasamos a cámara rápida o pensamos en la lista de la compra cuando los personajes hablan o pasean, pero nos paramos y nos deleitamos gustosamente cuando se nos muestra el acto salvaje, la mutilación.
Aunque el talento de H.G.Lewis como cineasta sea muy limitado, no se trataba ya de que el hombre desconociera el modo de facturar bien las películas, es que a él tampoco le interesaban demasiado las partes que no incluían hemoglobina. No por una cuestión de gusto personal, sino porque el material salpicante era el que la gente pagaba por ver. En sus películas "gore" no hay ritmo, ni suspense, casi ni progresión narrativa, solo una serie de excusas para mostrar la chicha, pa ver cómo el asesino de rigor se pasa tres pueblos con la chica bonita, algo que no tardaría en generar acusaciones de misoginia, ya que en todas las producciones sangrientas de Lewis las que reciben son siempre mozas. Sin embargo, calificarlo de tal cosa es un tanto excesivo, ya que la implicación del cineasta con su material es pura y formalmente mínima, muy superficial (de hecho, el guión de "Blood Feast", y tantas otras de parecido calado, lo firmó una mujer, la esposa de Lewis en la época, la mentada Allison Louise Downe). Es un negocio, es dinero, no hay ninguna otra intención detrás, ningún mensaje, ninguna reflexión, ni buena, ni mala.
Lo sé, sueno como un crítico de cine amigo de Garci, pero no se confundan. Que acepte sin remilgos el binomio "gore" = porno, no significa que lo condene. Es un acto de honestidad. No me importa reconocerlo. Tampoco me excita sexualmente, pero sí me fascina y, muchas veces, noto cómo se me dispara la adrenalina y rebobino para volver a ver el hachazo o el aserramiento. Eso sí, siempre, siempre, teniendo bien claro que se trata de trucajes, de mentira. Jamás me verán con una guarrada real entre manos, ni aunque sea un "mondo". Cualquiera que acabe DE VERDAD con la existencia de un ser vivo en una puta peli solo merece que lo cuelguen de los cojones y le aporren la cabeza con un bate de beisbol... y a aquellos que lo ven, lo gozan y lo permiten, igual. Así se lo digo y así se lo cuento.
Una ricacha quiere montarle una fiesta de cumpleaños a su mimada hija (la guapísima chica "Playboy" Connie Mason, realmente incapaz de actuar, como muchas veces reconocieron sin tapujos los mismos Lewis y Friedman), así que contrata los servicios de Ramses, egipcio de grandes y pobladas cejas que es puro histrionimo desbocado (el culpable, Mal Arnold, años después actuaría en uno de los subproductos ultra-"trash" de Donald Farmer, en concreto "Vampire Cop"), para que monte un banquete. Lo que no sabe la señora, es que el colega va por ahí asesinado a hermosas jovencitas a las que destripa con el fin de meter sus pedazos en una olla y cocinar el delicioso manjar con el que celebrar la resurrección de su querida diosa Ishtar. Suerte tenemos de un policía de lo más enrollado -y pederasta-, que se flipa por los encantos de la moza homenajeada y anda dispuesto a cazar al malvado Ramses.
Contado así, todo suena muy llamativo y "espectacular". El problema es el cómo. Y resulta que Herschell Gordon Lewis y David Friedman eran unos chapuzas de tres pares de cojones. "Blood Feast" es rematadamente cutre e incapaz. Actores terribles, desencuadres, torpes movimientos de cámara, desenfoques, sonido de lata, raccord masacrado, montaje desalmado, efectos especiales de feria (básicamente tripas sacadas del mercado y maniquís impregnados de una rojísima sangre parida con productos de cosmética).... todo ello muy amateur, en el mal sentido. No olviden que hablamos del cine "exploitation" de los años 60, de cuando incluso estas películas, genuinamente independientes y en algunos casos prácticamente caseras, podían encontrar su pequeño hueco en las carteleras y, especialmente, los auto-cines.
"Blood Feast" es, ante todo, un producto entrañablemente risible. Te partes el ojal viéndola, lo que incrementa su indudable encanto. No sé hasta qué punto, consumida en su estreno, pudo resultar realmente impactante para las plateas adultas. En un ataque de romanticismo podemos pensar que todos salían escandalizados, o usaban las famosas bolsitas para vómitos que se regalaban en algunos cines con la entrada, pero lo más probable es que la peña se la tomara a cachondeo. Eso no quita que fue original en su concepto y, sí, innovadora. Ver cuerpos troceados y mutilados de aquella manera, y disfrutarlo a todo color, no era desde luego más de lo mismo, a pesar de lo increíblemente mal ejecutados que están los asesinatos, y lo absurdos que son, como cuando Ramses arranca la lengua de una chica ¡¡con las manos desnudas!!. Fascinante. Aún faltaban muchos años para la llegada del "boom"  de los efectos de látex, del maquillador como la estrella de la función y de la revista que todo lo impulsó, "Fangoria".
Cuando el "exploitation" puro murió, todo este cine, y todos sus responsables, fueron rápidamente olvidados. Y casi nadie se acordaba de ellos ni los reivindicaba hasta su recuperación gracias al floreciente mercado del vídeo en los 80. Ahí sí, ahí comenzó la mítica respecto a Herschell Gordon Lewis, "Blood Feast", el "gore" y la madre que los parió. Claro que, antes de eso (y de que Lewis se retirara del cine y se dedicara con mucho éxito a escribir sobre merchandising, economía de mercado o no se qué polladas) la carrera del cineasta aún esputó un puñado de obras de la más truculenta baja estofa como "Wizard of gore" o la demencial "The gore gore girls", que fue la primera peli clasificada X por su bizarra combinación de sexo y violencia. Fíjense que también entonces H.G. seguía siendo pionero utilizando la etiqueta "gore" incluso en los títulos de sus películas, treta esta que era puro gancho para todos los aficionados a las salpicaduras (y que a mi, de chaval, me volvía totalmente loco de placer).
Una vez recuperada y reivindicada la labor del amigo Herschell, lo demás es ya pura historia, historia compuesta básicamente de remakes no legales ("Fonda Sangrienta" y "Bloodsucking Pharaohs in Pittsburgh", ambas comedias), remakes sí legales ("2001 Maniacos", su segunda parte y el otro "Wizard of gore"), documentales, reconocimiento mainstream y secuelas. A mediados de los 80, Fred Olen Ray anunció un "Blood Feast 2", con Michael Berryman en el reparto, que nunca se llevó a cabo. Esto únicamente lo consiguieron los mismos Herschell Gordon Lewis y David Friedman, juntos de nuevo, en el 2002 con la peli que representaba su verdadero "return", "Blood Feast 2, all u can eat", a la que, seis años después, siguió "The Uh-oh show". Ambas rematadamente malas (o directamente horrendas) y en las que se apuesta mucho más abiertamente por el humor, por el cachondeo y el delirio. Cierto que, salvo "Blood Feast 1" que intentaba ser seria, Lewis ya solía tirar de la risa, aunque fuese en pequeñas dosis (de hecho, hasta cierto punto "2000 Maníacos" es la primera "comedia gore" de la historia. Y "The gore gore girls" se pretendía genuinamente una coña, solo que estaba tan mal parida y era tan retorcida, que nadie lo notó) pero ese humor era siempre extremadamente negruzco. En sus últimas producciones -especialmente "The Uh-Oh Show", pues aún "Blood Feast 2" a ratos resulta un tanto perturbadora- el cineasta parece especialmente interesado en desmarcarse del lado más mal rollero y enfermizo del tipo de cine que él mismo ayudó a crear. O casi directamente creó, con ese anti-clásico altamente recomendable, tanto por su condición de curiosidad, de pieza de estudio antropológico como de amplio generador de carcajadas que es "Blood Feast". Y es que la edad no perdona, amiguitos.

viernes, 31 de diciembre de 2010

HERSCHELL GORDON LEWIS, THE GODFATHER OF GORE

Que manera más cojonuda de acabar el año. Si el Miércoles por la noche sufrí con una de las pelis más horribles de las visionadas este 2010 (sin contar la infame "Machete"), ayer fue el caso opuesto, casi puedo decirles que "Herschell Gordon Lewis, The godfather of gore" es lo mejor que he visto en este año que esta misma medioanoche nos dice adiós. 106 minutos de duración que disfruté desde el primer hasta el último segundo.
Co-dirigida entre Jimmy Maslon y, nada menos, Frank Henenlotter (reconocido fan del cine trash/exploitation y del Sr.Gordon Lewis), el docu repasa de pe a pa la carrera completa del famoso realizador americano (a quien tuve el honorrrrr de conocer in person en Sitges. Un tipo encantador, júrolo), aunque lo de completa no es del todo cierto, ya que sus más recientes contribuciones al séptimo arte ("Blood Feast 2" o "The Uh! Oh! Show" que seguramente en breve reseñaré) son drásticamente ignoradas. Y es que en realidad el tributo de Maslon/Henenlotter no es únicamente a Lewis, lo es también al exploitation original, a una época y un modo de hacer cine olvidados y que no volverán.
Porque H.G.Lewis, antes de inventar el gore como género cinematográfico, tocó otros palos, destacando los "Nudies" o los "Nudie-Cutie" o los "Roughies" (toma castaña!), que eran, básicamente, el porno de la época. Así pues damos un repaso a toda esta parte de su filmografía hasta el parimiento de las míticas "Blood Feast" y "2000 Maníacos", que son las pelis que se llevan una mayor parte de metraje y una mayor dedicación. Claro que luego seguimos palante y cerramos con , obvio, la retorcida "The Gore Gore Girls".
¿Y qué decir del viaje?, que es increíble y totalmente gozable y regocijante. Se nota a la legua que los directores AMAN el tema que están tocando, y por ello lo cuidan, lo miman, se lo pasan pipa y se internan en él hasta el detalle. El docu está plagado de extractos de pelis de lo más oscuras, de cortos educativos, de tomas falsas y/o erradas, de making ofs paridos en 8mm y, en fin, de toda suerte de fascinantes documentos. Incluso se dan el lujo de recuperar secuencias de una peli perdida de Gordon Lewis!.
Por delante de la cámara asoman un montón de ex-técnicos y ex-actores del universo del padrino del gore (y de su carismático socio David Friedman), así como invitados de la categoría de John Waters o el divertido crítico Joe Bob Briggs. El propio Henenlotter se reserva apariciones, muchas de las cuales son lo más coñero del docu. Y es que el humor está muy presente durante toda la proyección, algo muy agadecido.
Sin embargo, para mi, el punto álgido es cuando visitan el pueblo que sirvió de escenario para "2000 Maníacos" en compañía de los propios Lewis y Friedman, van al motel donde rodaron, ahí se encuentran con uno de sus actores y hasta el niño rubito de la soga aparece, ya cuarentón, contando anécdotas del rodaje. Lo dicho, una labor de amor puro total y completamente fascinante.
Yo disfruté como un enano, quizás también ustedes tengan esa suerte. Un diez.

viernes, 17 de diciembre de 2010

DOCTOR GORE

¿Ventajas de pasarse un día entero en cama afectado de tos, mocos y dolores varios?, que tienes más tiempo para leer o ver películas. Incluso aquellas que hace años guardas en tu disco duro y siempre te había dado pereza visionar. Hoy mismo he roto la maldición que me impedía sentarme frente al televisor con "Doctor Gore". Milagros del mal estar, amigos.
"Doctor Gore" es una de esas pelis de "culto" horripilantes con una curiosa historia detras. Su director, guionista, técnico de efectos especiales y actor protagonista es J.G. Patterson Jr. El Sr.Patterson tiene en su currículum haber sido el chico de los trucos y del café nada menos que para el mítico Herschell Gordon Lewis, "el padrino del gore". Un buen día a Patterson le entró el mono de hacer su propia peli y parió "The Body Shop", la historia de un científico que pierde a su mujer en un accidente. Tan enamorado está, que decide reconstruirla a base de trozos de otras hembras.
Naturalmente, teniendo en cuenta las condiciones del rodaje (presupuesto ultra-bajo), el año de filmación (1973) y el bagaje técnico de su "auteur", el resultado es lo que es, un estropicio tremebundo. El caso es que por alguna extraña razón, "The Body Shop" se perdió en el limbo de las pelis olvidadas, hasta que en los 80 alguien la localizó y decidió relanzarla en vídeo, cambiando su título por el de "Doctor Gore" y añadiendo una introducción del propio Herschell Gordon Lewis comentando las bondades de su ex-aprendiz.
Bien, ya sabéis la cantinela: El público que dícese amante del "trash" es en realidad gente que no sería capaz de soportar cine genuinamente "trash", tan genuino como este "Doctor Gore" que, evidente es, inspiró a Frank Henenlotter para rodar su "Frankenhooker" (justamente, muestra palpable de lo que no es "trash" de verdad y sí "trash" maquillado), ya no solo por las coincidencias narrativas y por la utilización de maniquíes, también por el más que conocido amor que Henenlotter procesa al cine "trash" (el de verdad, digo), exploitation y etc y, concretamente, a Herschell Gordon Lewis y su universo, a quien no solo ha dedicado un documental recientemente, también su peli de debút, "Basket Case" (ojo a los créditos finales).
Teniendo ello en cuenta, lo que "Doctor Gore" nos depara es aburrimiento extremo, ausencia total de ritmo, recreación casi pornográfica en el gore, sí (que para ser artesano, está muy bien facturado), pero también en las actividades más poco interesantes. A todo ello debemos añadir los ho/errores propios de esta clase de films (cadáveres que respiran, actores pésimos moviéndose acartonadamente y que miran a cámara, esos escalofriantes peinados setenteros, diálogos absurdos, etc...) y sus tics (la manía de incluir, para alargar metraje, números de cabaret o actuaciones. En este caso tenemos a un country-crooner que se marca unas cuantas canciones muy babosas). El soundtrack está compuesto a base de órgano y es del todo rayante.
Sin embargo, el aspecto más risible e inverosímil se lo lleva el propio J.G. Patterson Jr en su faceta actoril, un tipo bastante horrible (de feo) y de edad respetable que se liga a las mozas más jovenes y atractivas con la facilidad con la que yo me tiro un cuesco de buena mañana.
Con todo, "Doctor Gore" no deja de ser una curiosidad, eso sí, reservada a muy estudiosos del fenómeno exploitation, a individuos muy pacientes o a enfermos de gripe.

jueves, 25 de octubre de 2018

BLOOD FEAST 2016

"Blood Feast" fue la primera película gore tal y como las conocemos hoy. Y la primera de ese tipo realizada por Herschell Gordon Lewis. Luego haría más, pero tenderían a parapetarse en el humor. Voluntario, claro, porque de involuntario hay para dar y regalar en la filmografía del legendario cineasta. Dicho de otro modo, de haberse aplicado más talento en la realización de "Blood Feast" -y algo más de dinero-  podría haber sido una película muy dura e impactante en su gráfica violencia. Luego, con los años, llegaron los homenajes y los semi-remakes, pero todos hacían gala de ese mismo humor, de comedia, como "Bloodsucking Pharaohs in Pittsburgh", "Fonda Sangrienta" o "2001 Maníacos". ¿Qué pasaría si alguien decidiera tomársela en serio? actualizar sus imágenes extremas y su historia sobre un psycho-killer demente que trocea muchachas aplicando efectos especiales de alta calidad y sin soltar chistecillos durante el proceso. ¿Y si ése alguien viniera del llamado ultra-gore alemán? Desde luego muchos pensarían que es el candidato IDEAL para modernizar el cine de H.G.Lewis con la misma cruda honestidad y finalidad, recreándose en el gore bruto de modo enfermizamente detallado por el mero placer de hacerlo, desacomplejadamente pornográfico y sin auto-censura. Si al pack añades un reparto prinicipal tan curioso como el guaperas teen de los 80 Robert Rusler (al que has podido ver en "La mujer explosiva", "Pesadilla en Elm Street 2", "Los centinelas" o "Vamp"), Caroline Williams, superviviente femenina de "Masacre en Texas 2", y la morritos calientes Sophie Monk, entonces estamos ante lo que se dice un proyecto altamente prometedor, que es lo que parecía este remake oficial -y gélidamente serio- del clásico de Gordon Lewis.
Y es que, encima, resulta que la peli se reserva algunas buenas ideas, leves variaciones
bastante ingeniosas con respecto al film de 1963, como aquella según la cual la devoción hacia la diosa Ishtar del protagonista viene motivada por probables alucinaciones consecuencia de abandonar cierta medicación. Vamos, que el cuento de sacrificar inocentes con saña en nombre de la deidad sumeriana es una empanada que el tipo tiene en su cabeza. Todo ello rodado con profesionalidad, de manera sobria, unas dosis de drama para incrementar el tono serio de la movida y efectos especiales del también realizador Ryan Nicholson. Hasta ahí bien, el problema viene cuando tras mucho bla, bla asistimos al primer crimen... en el que se supone veremos una castración y.... ¿qué?, ¡¿fuera de cámara?!, ¿sin mostrarme hasta el mínimo crudo detalle de la misma?!. Espera, algo no funciona. ¿Estaré viendo una versión censurada?. Tras informarme descubro que esa es la íntegra y que, sí, por muy sorprendente que sea, el "Blood Feast" de 2016 va extremedamente escaso en lo referente a truculencia. No lo digo de broma, una puesta al día del clásico del cine gore.... al que le falta este último elemento. De hecho, encontraremos más gore en productos tan estandarizados como "Hostel" o alguna de las secuelas de "Saw". Así se lo digo. ¿Qué sentido tiene? Y más viniendo de Marcel Walz, un realizador independiente germano que, en mayor o menor medida, hasta ahora se había especializado en ese cine -grabado vídeo mediante- generoso en cuanto a horror y hemoglobina. De entre todas sus obras previas destaca "Seed 2", la secuela de una de las ultra-violentas películas que Uwe Boll rodó desde el resentimiento por toda la caña que le estaban dando. Vale, puede que Walz no sea Andreas Schnaas o alguno de esos pirados, pero con él implicado en la producción de "Blood Feast 2016", algo más de chicha podrías esperar. Sin embargo, da la sensación de que el tipo, consciente de que esta peli disponía de una envergadura levemente superior a lo habitual en su filmografía (ni que fuese por tratarse del remake de un film popular y por la intervención de algunos actores de cierto curriculum), decidió que fuese su trampolín al mainstream, apostando por una "dirección de actores" más currada (parece que algunos de ellos crean estar en una candidata a los Oscars), más drama y una rebaja notable del elemento violencia para hacer el resultado final mucho más "aceptable". Y ojo, que me parece muy respetable... pero coño, ¡¡no lo hagas con un remake del "Blood Feast" de Herschell Gordon Lewis!!, porque todo eso es justamente lo que menos necesita.
Total, que el film termina resultando extremadamente aburrido. Pesado. Desaborío. Y las pocas escenas sangrientas no aportan nada llamativo, novedoso o espectacular. Una auténtica decepción o, peor, una oportunidad salvajemente desaprovechada.
Como era de esperar, va incluido papelillo para The Godfather of Gore himself (al que apenas le quedaban ya dos telediarios).

sábado, 3 de octubre de 2009

SMASH CUT + THE HILLS RUN RED / COLINAS SANGRIENTAS

Este año en el Festival de Sitges voy a ver muy poco cine (como cada nueva edición), pero lo poco que vea será reseñado en este vuestro/nuestro querido blog. Ayer noche me zampé la primera de las llamadas "Midnight Extreme", sesiones dedicadas a la proyección de varios títulos más o menos catalogables de extremos, o gore o... muy de genero, en definitiva.
"Smash Cut" prometía mucho, pues se trata de un tributo absoluto a Herschell Gordon Lewis, padre del gore con "Blood Feast" o "2000 Maniacs" y actor en esta ocasión (imita/parodia el aviso previo al contenido del film, tal como hiciera Thomas Wood en "Blood Feast" -o su trailer-, solo que en esta ocasión no debería causarlo el exceso de sangre y violencia, sino la baja capacidad que tiene "Smash Cut" de aportar algo potable). De hecho, el mismo H.G.Lewis in person fue quien introdujo la película ayer noche, intentado sacarle algo bueno. Supongo que no soy muy amigo de las comedias gore... pero es que aún lo soy menos de las comedias gore que no hacen reír, y los niveles de sangre y mutilaciones que muestran es mas bien escaso. "Smash Cut" está entre esas. Un director de cine de terror acabado, descubre cómo utilizando sangre real -y extremidades amputadas auténticas- se siente más realizado, ello le acabará conduciendo a la locura y matando a todo quisqui (o al tipo de personajes que, por lo visto, un realizador "exploitation" está obligado a detestar: críticos petulantes, vídeo-artistas, ejecutivos, inversores... ¡y público!).
La única gracia de "Smash Cut" es su continua alusión a aspectos del universo real y fílmico de Herschell Gordon Lewis, el detective prota es idéntico al de "The Gore Gore Girls", la idea de base, y una secuencia en concreto, son puro "Color me blood red", la música, la estética, el look... lástima que también los defectos (los muchos defectos) del cine de Lewis se recrean, pero sin la gracia y el encanto de la obra original. Encima, los dos guiños actoriles del reparto, David ("La última casa a la izquierda") Hess y Michael ("Las colinas tienen ojos") Berryman resultan patéticos.
"Smash Cut", además de nada divertida, y menos gore de lo que prometía, es aburrida, monótona, sosa y deprimente.
La siguiente fue "The hills run red", primero anunciada como "torture porn" y luego como "slasher". Se trata de una producción "Dark Castle" (aunque solo vemos a Joel Silver como tal) cuyo fin es homenajear el cine de acuchillamientos de los ochenta. No se si el mal sabor de boca que me dejó "Smash Cut" contribuyó a la buena impresión que acabé llevándome de este film, que de no haber visto en Sitges en un cine -proyectado en dvd, eso sí- habría terminado alquilando y, seguramente, disfrutando moderadamente.
Un fan del cine de terror está obsesionado con un slasher oscuro del que solo se puede ver el trailer (muy deudor de "Thanksgiving" y la cargante estética "Grindhouse"... creo que rula por youtube), así que decide investigar al respecto con el fin de localizarlo. Se pone en contacto con la hija del desaparecido director (Sophie Monk, una auténtica morritos calientes que lo enseña casi todo y... bueno, quita el hipo) y, junto a su adúltera novia y su "amigo", parte en busca del bosque donde se rodó y la cabaña que habitaba el autor del ignoto film (interpretado por un adecuado William Sadler). Ni que decir que un psycho-killer enmascarado de chanante aspecto les pisa los talones.
El arranque de "The hills run red" es mejor que el desenlace, y es una lástima. Logran engancharte desde un buen principio, y te van alegrando la vista a ratos con un poco de gore burro (eso sí, en CGI y muy muy Hollywoodiense tipo B) y sutiles guiños al género de asesinos enmascarados. Entonces aterrizamos en el tercer acto y la cosa se desmadra... sí, mucho grito, mucho sufrir, alguna tortura, bastante líquido rojo... la histeria propia del desenlace de "La matanza de Texas", pero estilizada y cargante.
De todos modos, la peli se aguanta bien, entretiene bastante y es perfectamente visible.

martes, 31 de agosto de 2010

2001 MANIACS: FIELD OF SCREAMS

El "2000 Maníacos" original de don Herschell Gordon Lewis, es, guste o no, un pequeño clásico del cine de terror. No fue el primero en explotar el gore como subgénero y/o atractivo comercial (eso lo hizo "Blood Feast" del mismo Lewis), pero sí el primero en combinar gore y comedia, tendencia esta que con el paso del tiempo se acabaría imponiendo del todo. Muchos años después saldría a la luz "2001 Maníacos", el remake oficial con Tim Sullivan dirigiendo, Eli Roth y su clan (Scott Spiegel entre ellos) produciendo y Robert Englund en el rol principal del "jefe" de los maníacos. La peli no es que fuera gran cosa, a su delirante y descerebrada primera parte le seguía una segunda que se obcecaba en tomarse demasiado en serio. Pero bueno, para un visionado tontuno funcionaba. Su modesto pero notable éxito pronto generó el rumor de una secuela. Se habló de "2002 Maniacs", creo, y se habló de "2001 Maniacs: Beverly Hillbillies"... pero algo no acabó de funcionar debidamente porque la segunda parte finalmente parida ni cuenta con Robert Englund (sustituido por Bill Moseley, del que hablaba hace poco), ni con el clan Eli Roth, ni con la mitad del presupuesto de aquella (lo que debería acercarla más a la miseria de medios de la peli antigua y, sin embargo, parece que en aquella se invirtió bastante más dinero -y talento-) y, en fin... que el resultado es absolutamente horrendo.
Los maníacos del título quieren seguir matando yankis, pero el sheriff del condado les prohíbe hacerlo. Después de cargárselo (una muerte directamente inspirada en la peli original), deciden que en lugar de esperar, saldrán a la caza y captura de víctimas. Casualmente en su camino se cruzará un autocar en el que viaja el equipo de televisión de un reality show sobre una sosías (muy descarada) de Paris Hilton (en una parodia de aquella cosa titulada "The Simple Life"). La mezcla sería explosiva... si la peli no resultara tan dolorosamente mala.
En fin, lo que más choca en un principio de "2001 Maniacs: Field of Screams" es su cutrismo, lo chapucera que es, lo increíblemente pobre que resulta en todos sus aspectos (especialmente ver la población de "Plaseant Valley" convertida en un grupito de 10 individuos). Luego, viene su guion sin sentido ni lógica, sus chistes facilones, escatológicos (desde una óptica muy infantil) y patéticos que intentan compensar con un chorro de sexo y violencia. Aquí se denota la tendencia sexual de su realizador, Tim Sullivan, pues el film está plagado de jovencitos monos musculosos medio en pelotas. Obvio, las tetas también abundan, así como las coñas políticamente incorrectas que no ofenden a nadie (en el reparto hay de todo, hispano, judío, gay...estratégicamente colocados para dar pie a sus respectivos chistes). El gore es explícito y llamativo (destacando la tía partida en dos verticalmente mediante sierra circular), pero al estar tratado con humor, pues ya sabéis, no es lo mismo.
Herschell Gordon Lewis y su socio de la época, David Friedman, son los productores ejecutivos (y eso que en el Festival de Sitges Lewis decía no estar nada satisfecho del anterior remake... pero ya se sabe...).
Resumiendo, "2001 Maniacs: Field of Screams" es una de las mayores mierdas que he visto este año, ¡me costó un cojón llegar hasta el final!... así que, tu mismo.

sábado, 14 de junio de 2025

BLOOD FEAST 2 : ALL U CAN EAT

2002 no solo marcó el regreso de Herschell Gordon Lewis al cine (quien no dirigía desde hacía, justo, treinta años con la simpática "The Gore Gore Girls" como última aportación oficial), sino también de su antiguo socio, y célebre "exploiter", David F. Friedman. "Color Me Blood Red" puso fin en 1965 a una notoria carrera compartida entre "nudies", "nudie cuties", "roughies" y, por supuesto, el nacimiento oficial del gore como género cinematográfico dos años antes con la entrañablemente chapucera "Blood Feast". Ahora -el de 2002-, redescubiertos y revalorizados, unían fuerzas de nuevo con una secuela oficial de aquella. Ya se habían hecho varios intentos. En su día Fred Olen Ray anunció una con supuesto protagonismo de Michael Berryman, pero jamás se supo del asunto. Luego llegaron semi continuaciones trufadas de humor como "Bloodsucking Pharaohs in Pittsburgh" y, la más lograda, "Fonda Sangrienta". Resulta curioso que, a la hora de afrontar su genuina segunda parte, el tándem Lewis/Friedman hiciera exactamente igual que aquellas dos, tirar de cachondeo voluntario, cosa totalmente ausente en la original (donde las -generosas- risas eran completamente accidentales) y, a gusto personal, un error. Sí, vale, entiendo que no puedes tomarte en serio "Blood Feast", y menos una secuela parida casi casi cuarenta años después, pero, no sé, me parece incluso hipócrita. Y no solo eso, es que, además, las gracietas funcionan igual que cualquier clase de "parato" electrónico comprado en un bazar chino.
La trama, básicamente, es idéntica -e idénticamente escueta- que la peli del 63. El tataranieto del asesino de aquella compra la tienda donde ocurrieron todos los crímenes en nombre de Ishtar con intención de seguir la tradición. Me refiero a la culinaria, pero pronto el nuevo Fuad Ramses (Tercero, para más señas) cae rendido bajo el hechizo de la dichosa diosa sumeriana y, ¡ea!, a masacrar jovencitas a troche y moche. Naturalmente, la policía le pisará los talones en el proceso.
Por supuesto, lo importante de "Blood Feast 2 : All U Can Eat" (traducido sería "Todo lo que puedas comer"), como ocurre siempre en el cine de su director, es el elemento "exploitativo" que, pal caso, se refiere a lo truculento. Y acá no se queda corto. La diferencia es que los efectos especiales han mejorado sustancialmente, y donde antes teníamos risibles maniquíes pintarrajeados ahora tenemos prótesis de látex no especialmente bien paridas, pero más convincentes. Las maneras son idénticas a las de, por ejemplo, "The Gore Gore Girls", con primerísimos primeros planos de las manos del asesino gozando casi sexualmente al manosear vísceras, globos oculares y demás mandanga extraída de sus víctimas a base de cuchillo. Claro, en las pelis antiguas todo ello resultaba grotesco pero, por su poca verosimilitud, medianamente gracioso. En el caso que nos ocupa, la mejora de los trucos incrementa el mal rollo porque es todo más creíble, y ver en perfecto detalle cómo Fuad Ramses (Tercero, para más señas) rebana el cuello de una chavala o le abre la cabeza y extrae el cerebro pues, hombre, puede perturbar un pelín, la verdad. Supongo que es aquello de lo que se ha acusado al cine de H.G.Lewis en sus distintas reencarnaciones modernizadas, como pasó en los setenta: sin el elemento inocente de sus inicios, todo adquiere un aire más desagradable, ofensivo. En cualquier caso, el encargado de dar forma a esos cuerpos mutilados es Joe Castro, caballero que ha puesto las zarpas en infinidad de subproductos, llegando a dirigir los suyos propios (como la saga "Terror Toons").
El poco imaginativo y menos inspirado guion corre a cargo de un tal W. Boyd Ford, hombre de infracine escasamente destacable. Quizás su ocurrencia más notable sea apellidar a los dos policías protagonistas como "Myers" y "Loomis", y si no lo pillan, son ustedes indignos. A ambos los interpretan actores de esos de quita y pon, aunque tal vez podríamos destacar la presencia -como "Loomis"- de John McConnell quien, a lo largo de su carrera, se ha dejado ver en algunos títulos bastante reconocibles. No es el caso del peculiar individuo de peculiar nombre que da vida a Fuad Ramses (Tercero, para más señas), un tal J.P. Delahoussaye, con, por lo visto, una carrera algo menos oscura como comediante. Así las cosas, el rostro más relevante de "Blood Feast 2" es el del declarado fan de Lewis, vendido, mangante y destructor del genuino cine underground, John Waters, haciendo de un cura que se pirra por los niños. Justo, el tono de comedia del film se mueve entre la brocha gorda de aquel (el asesino se corre sobre un postre que da de comer a una tipa, presenciamos el plano detalle de la ruidosa ingestión de un donut, etc) y ciertas maneras desconcertantemente deudoras del puro "spoof" -aunque sin resultados eficientes, añado- como ese cadáver presente en casi todos los planos y al que se ignora por completo.
Tampoco podemos pasar por alto los cameos de Donald Farmer, SOVista, ex-fanzinero y tan fan del director de "2000 Maniacs" como para, en una ocasión, incluir al villano de "Blood Feast" -Mal Arnold- en uno de sus subproductos, y el mismo David Friedman. Es posible que haya otros, pero se me escapan. Vale, muy bien, has mentado hasta el último pene y micro-pene del reparto pero ¿¿y las chavalas?? Pues, tal y como pueden imaginar, las hay en generosas cantidades, todas muy sexys y todas -salvo la madre de la prota femenina, retratada cual harpía- en tetas cuando es de menester. Son especialmente llamativas -por tontas- las escenas en las que salen hablando de sus modelitos de ropa interior y mostrándoselos unas a las otras. Viva la inteligencia, amigos.
Por lo demás, pues no hace falta ser gacetillero del "Cahiers Du Cinéma" para asumir que estamos ante un auténtico truño de proporciones épicas. Sí, claro, "Blood Feast 2" es mala hasta el dolor, H.G.Lewis sigue siendo un director pésimo y sin creatividad alguna y el resultado -que encima se prolonga hasta los 100 minutos, ¡¡hay que ser cabrón!!- aburre sangrantemente (nunca mejor expresado pal caso). No hay ritmo, no hay progresión, no hay diversión, no hay NADA. Solo sangre a chorros y unas pocas ubres. ¿¿Sorprendido, ofuscado, decepcionado?? En absoluto. Sabía ande me metía, solo que apetecía reseñarla y de ahí el sacrificio que, espero, valoren en su justa medida.
Considerando el gueto del que surge la película, asumo la no existencia de una tercera entrega cual prueba de un descalabro comercial tan grande como para ni tan siquiera planteársela a niveles subhumanos. "Blood Feast 2" viene rodada en celuloide -35mm diría yo- y la fotografía incluso está decente. Hubo un mínimo esfuerzo y dispendio económico ahí. Herschell Gordon Lewis tardaría siete años en rodar de nuevo (primero "The Uh-Oh Show", otro pestiñaco y, después, ya directamente con cámara de vídeo, en funciones de co-director y a un nivel miserable, "BloodMania") y catorce en abandonar esta dimensión (coincidiendo con el lamentable remake oficial de "Blood Feast", pero esa es otra historia).
La banda sonora viene compuesta únicamente de canciones, destacando -por número- aquellas de "Southern Culture on the Skids", continuas, constantes -se cortan bruscamente de una escena a otra- y muy adecuadas dada la naturaleza del grupo en su imagen "white trash", o "redneck" si lo prefieren, y maneras algo "countrys", etiquetas asociadas a unas cuantas de las películas del amigo Lewis (y no únicamente las gore, también hizo dramones violentos de paletos en conflicto).

sábado, 27 de agosto de 2011

EL ENTERRADOR Y SUS COLEGAS (THE UNDERTAKER AND HIS PALS)

Un clásico de los “grindhouse”, que se pasó la tira de años en cartel en los cines de la famosa calle 42 de Nueva York. Dirigida por (divertido nombre...) T.L.P. Swicegood en 1966 y que no me consta haya vuelto a hacer nada después de esto, salvo algún guión por ahí suelto.
Un enterrador, junto con dos cocineros, se dedica a darle muerte a todo aquél que le toque los cojones y no le deje llevar a cabo sus lucrativos negocios. Como no saben que hacer con los cuerpos, los cocinan y sirven en un restaurante.
La película, ya sea por la época en la que se rodó, o bien por cierta influencia, es muy parecida a las del padrino del gore, Herschell Gordon Lewis, que aunque cuenta con ese color tan característico de la sangre de las películas de esos tiempos, un sadismo fuera de toda duda y una cantidad considerable de sobamiento de vísceras, cercenamientos y cuchillazos, se sitúa bastante por debajo a los delirios de Gordon Lewis, en parte por culpa de algunos gags que no vienen a cuento y un sentido del humor que suaviza totalmente lo retorcido de algunas escenas.
Además, al parecer la versión original incluía materia sanguinolenta genuina sacada de algún documental sobre cirugía. Cuando el legendario exploiter Ted V. Mikels la adquirió para hacer doblete con una película propia, quedó tan horrorizado que metió algunos tijeretazos contundentes, quedando así una versión más light que es la ya considerada oficial.
El enterrador sale poco, pero si sus “pals” (amiguitos), que son una panda de moteros, y acuchillan y desmiembran sin motivo aparente toda suerte de jovencitas en ropa interior. Unos preciosos y mal encuadrados títulos de crédito finales amenizan la fiesta, pero no estamos ante una película lo suficientemente divertida y/o brutal como para que consideremos su visionado. Es bastante coñazo. Con todo, dura una hora, así que... ustedes mismos.

lunes, 21 de septiembre de 2020

BABES IN THE WOODS

Primigenio nudie cutie de los años 60 cuyo principal atractivo reside en que los historiadores y expertos en este subgénero daban por completamente desaparecido. Por supuesto, en 2002, en algún sucio almacén de algún antiguo cine en algún recóndito lugar de la américa más profunda, aparecieron unas latas que contenían la película en su totalidad, por lo que la Independent International Pictures se quedó con las bobinas encontradas y la restauraron y transfirieron para que, por lo menos, quedara una constancia de la existencia de esta joya perdida. Por supuesto, hay que darle un interés histórico a todo esto, porque la película no es más que una pizpireta excusa para mostrarnos a una serie de señoritas que se desnudan y bailotean ante la cámara de manera desenfrenada. Sin embargo, tiene algo de encanto. Tres muchachitas muy descaradas se van de excursión al campo. Llegando a una gasolinera dejarán ojiplático al dependiente que las atenderá con una sonrisa en los labios (y una erección en el pantalón). Una de ellas se dará un largo baño de espuma en su bañera. Después, las muchachitas bailarán y se despelotarán en todas y cada una de las habitaciones de la casa de campo donde se alojarán, para luego seguir bailando en la discoteca (¿) o ponerse a cocinar sin más indumentaria que un mandil. Todo esto bajo la atenta mirada de la gerente de la casa, que no aprueba esas actitudes tan desprejuiciadas. Un poco más de lo mismo de siempre en el subgénero, pero combinando interiores en decorados con papel pintado con exteriores donde simplemente vemos el follaje del bosquecillo donde rodaron la película, eso sí, todo ello mudo, pero con una voz en off que nos va contando lo que hacen las señoritas y sus circunstancias, en esplendoroso blanco y negro de un celuloide que creo distinguir de 16 mm. Resultan simpáticos los títulos de crédito con divertidas animaciones que reproducen a las tres chicas conduciendo hacia su destino, combinando con los nombres del reparto y el equipo técnico escritos a mano en bonitas letras. Y ¡ya está! Eso es todo, no hay más que rascar. Por otro lado, del director de la cinta acreditado como A.A. Krovek, nunca más se supo, a no ser que fuera otro director usando un pseudónimo. Sin embargo, de las actrices se sabe algo más. Por un lado tenemos a Vickie Miles, también conocida como A. Louise Downe, que cuando no estaba en pelotas en sus películas le escribía los guiones a don Herschell Gordon Lewis (de quien era pareja). Suyos son los de “Blood Feast” (donde también tiene un papelito como actriz) y “The Gruesome Twosome”. Y cuando no estaba actuando o escribiendo, también se dedicaba al maquillaje, vestuario y asistencia de dirección de un buen puñado de películas zetosas durante la década de los 60. Las otras dos que completan el trío, Marge London y Karen Moor, hicieron poquita cosa más, y lo poco que hicieron también fue para Gordon Lewis. Cuando detecto una película de este tipo es casi una obligación verla, pero vamos, que es más por inquietud archivera y curiosidad, que por gusto. Aunque esta, no es tan, tan, tan, tan coñazo como tantas otras.

sábado, 1 de enero de 2011

THE UH-OH! SHOW

En la reseña del fabuloso documental "Herschell Gordon Lewis, the godfather of gore", me preguntaba por qué sus responsables habían decidido ignorar las películas más recientes del Sr.Lewis. Viendo "The Uh-Oh! Show" todo cuadra a la perfección.
Las viejas pelis de H.G., con sus carencias, tenían un encanto especial dada la época en la que se parieron. Pero ver esa mentalidad trasladada a tiempos modernos, no tiene sentido. Vamos, que por muy bien que me caiga el padre de "2000 Maniacs", y por majo que sea, no puedo engañarme a mi mismo, y tampoco a ustedes, "The Uh-Oh! Show" es una castaña de mucho cuidao.
El "Uh-Oh! Show" del título (sustituyendo al originalmente pensado -y largamente anunciado- "Grim Fairy Tales") es un concurso televisivo en el que la peña se somete a preguntas de cultura general. Si aciertan, se llevan suculentos premios. Si no, una ruleta decide cual de las partes de su cuerpo van a perder en manos de un matarife con una enorme sierra (probablemente este sea lo mejor de toda la peli). Los responsables aseguran a su audiencia que todo son efectos especiales, pero evidentemente no lo son. El hastiado presentador, una azafata, una periodista y otros elementos unirán fuerzas para sacar a la luz el terrible secreto.
Igual que pasaba con "Blood Feast 2", "The Uh-Oh! Show" está tratada como una comedia sangrienta. Sí, hay mucho gore, pero la exageración y la inverosimilitud (todas las víctimas, una vez aserradas, siguen vivas y se parten de risa o hablan) lo hacen tontorrón. A cambio, Lewis mete gotas de cierta transgresión, pero nivel escolapio (la única imagen "impactante" es la de un par de azafatas gozando mientras reciben un baño de sangre desde los intestinos de un concursante). Se agradecen los guiños, las auto-coñas (esencialmente la trama retrotrae a "The Wizard of Gore", además de referencias directas a "The Gore Gore Girls" y la misma "Blood Feast") y ver al propio Lewis interpretando a un cuenta-cuentos demente... pero no, por mucho que uno lo intente, la cosa no funciona. Todo resulta muy aséptico, acartonado y básico. Los actores son insufribles. Como comedia no hace gracia y aunque los efectos gore son en su mayor parte agradecidamente artesanos, las gotas de CGI aplicadas resultan horripilantes. En general me ha recordado bastante a aquella ultra-infamia titulada "Smash Cut", algo que de ninguna de las maneras puede ser bueno (y ya que estamos, en cierto modo también guarda paralelismos con la muchísimo superior "Deathrow Gameshow").
Lloyd Kaufman se reserva un papelillo como absurdo proxeneta... por si a alguien le hace gracia el dato. A mi me la sopla. También ronda por ahí Donald Farmer, ex-fanzinero y director de costrosas vídeo-películas como "Cannibal Hookers".
Vamos, que cuesta aguantarla de un tirón sin recurrir al socorrido avance rápido.

miércoles, 16 de febrero de 2011

LA HORRIPILANTE BESTIA HUMANA

Maravillosa y salvaje película del “Pater Familias” de los Cardona, René Cardona Senior, que se adelanta a su tiempo con una cosa extremadamente gore para su época (y la actual), que le valió no pocas prohibiciones a lo largo y ancho del planeta (de hecho, es un “Video Nastie”) y tan gratuita en la violencia que es todo un placer para los sentidos.
Un médico tiene un hijo enfermo del corazón, así que decide trasplantarle el de un gorila. La operación es un éxito, pero el joven se convierte de vez en cuando en un monstruoso y musculado simio que despelleja, literalmente, a todo el que se cruce en su camino.
Está claro que el señor Cardona descubrió el cine de Herschell Gordon Lewis y quedó fascinado, porque las escenas más gore son un calco de las de aquel, como la célebre extracción ocular por efecto de aplastamiento craneal. Lo de la mala baba (siempre presente en las pelis de Lewis) también lo está en esta cinta, pero al ser un hombre mono el que comete los crímenes como que nos lo tomamos más a guasa (si cabe).
Muy mexicana ella (hasta la protagonista femenina se dedica a la lucha libre), viene montada con tanto brío y va tan al grano, que es imposible que aburrirse, ¡es terriblemente entretenida! Y sin floritura alguna. Cardona sabe que el público quiere carnaza, y se la da a paladas. Tenemos de todo, despellejamientos, desmembramientos, arrancamiento de cuero cabelludo, extracciones oculares, violaciones, sangre a “kilohectalitros”… ¡Todo! No falta un peculiar sentido del humor que la dota de una simpatía a prueba de balas.
La versión americana tiene el sugerente pero engañoso título de "Night of the bloody apes" (la noche de los monos sangrientos… así en plural, cuando es solo uno el que la monta muy gorda) y está cercenada de mala manera, mostrándonos solo parte de su generosa truculencia. Así que si queremos disfrutarla en todo su esplendor, hay que hacerse con la versión Mexicana. La de “Something Weird Video” queda descartada pues. Además es en inglés…
Quiero destacar también la torpemente montada escena de la operación de corazón. Cardona usó imágenes reales de un trasplante, pero no deja de ser divertido el hecho de que muestre cómo se introduce el supuesto corazón de un gorila, cuando en realidad estamos viendo la extracción de uno humano ¡Delicioso desbarajuste!
Lo que no dejaba de plantearme mientras veía la película es como sería la reacción del publico que viera en su momento. Hay que tener en cuenta que es de 1969 y se pasa tres pueblos… y la peña, por aquellos tiempos y con el gore prácticamente recién inventado, no estaba acostumbrada a tanta violencia tan gratuita.
De lo mejor en pelis chungas. Imprescindible.

domingo, 24 de agosto de 2008

THE WIZARD OF GORE

En los últimos años, se está poniendo muy de moda "remakear" las pelis de Herschell Gordon Lewis. Ya lo hicieron hace unos años con "2000 Maníacos" y ahora le toca el turno a "The Wizard of Gore".
¿Y qué es lo que pasa cuando haces el remake de una mala película? Pues que conseguimos otra aun más mala. Porque, seamos serios, la del papá del gore -Lewis- puede ser curiosa, salvaje, camp y todo lo divertida que tu quieras, pero desde luego no es una buena película.
Ésta nueva versión, a priori, es de lo más atractiva, con Crispin Glover haciendo del mago y papelitos para Jeffrey "Re-Animator" Combs y Brad "Chucky" Dourif.
El tema es trasladar todo aquel vodevil de la original a nuestros días, con el espectáculo de un mago que inflige una variedad de mutilaciones a los espectadores supuestamente inofensivas, pura hipnosis colectiva. Aquí está planteado como si de una "performance" se tratara.
El caso es que, al día siguiente de hacer el show, la victima del mago muere en la vida real de una manera similar, y ahí es donde entran en escena el protagonista, Kip Pardue como una especie de reportero, o algo así, una extraña droga y mucha confusión. Quizás es debido a una mala traducción por culpa de los subtítulos sudacas, pero la verdad es que no me enteré de un carajo.
El plato fuerte de la peli, por supuesto, es Crispin Glover y su espectáculo, pero estos putos americanos son unos moñas, y aunque disfrutamos de la sobreactuación del actor, cada vez que ejecuta un truco en el que destripa a alguien, lo mete en un extraño habitáculo en el que sale una especie de neblina, con lo cual no vemos con claridad los destripamientos, decapitaciones, reventamientos y demás lindezas. Por increíble que parezca ¡¡¡"The Wizard of Gore" en su encarnación moderna es una película totalmente light!!! No tiene nada de chicha...
La maldita "Dimension Extreme Films", que se vanagloria de sacar al mercado productos demasiado fuertes para las salas de cine, hace pelis en las que no hay ni una gota de sangre. 
En "Triloquist", otra del catálogo, pasa lo mismo. Lo que ocurre es que, en este caso, hablamos de una puesta al día de un cine que basaba su identidad, justo, en los excesos de gore, y si ha pasado a la historia, tanto como para que a alguien se le ocurra remakeralo, es por ese mismo motivo. Que la desprendas del líquido rojo y demás guarrerías es, pues, un absurdo.... y una vergüenza.
El director de esto, Jeremy Kasten (quien guarda cierto parecido físico con Joe Spinell), es uno de esos curtidos en cientos de making ofs, que tiene muy poquito que ofrecernos. Esta pedazo de mierda ratifica lo que digo.

sábado, 20 de junio de 2026

FONDA SANGRIENTA

Recientemente fui un gilipollas feliz viendo una película ya bien entrada la noche. Hacía tiempo que no sentía semejante cosquilleo. Obviamente, estoy hablando de "Fonda Sangrienta", o "Blood Diner", del año 1987 y dirigida por Jackie Kong, toda una marcianada para la época (digo lo de ver a una seño de ribetes asiáticos pariendo una de horror bien truculenta). A nuestra tierra de subnormales llegó en vídeo cortesía de la legendaria "Lightning Video" y no, por supuesto no era la mentada y nocturna ocasión mi primera vez, ni mucho menos (tampoco lo es aquí). Lo que estaba era ejecutando una práctica últimamente bastante habitual, revisar películas de aquellas que llevaba años sin consumir, importando cero si en su momento me gustaron más o menos, únicamente por ver cómo mi decadencia humana afectaba a las respectivas impresiones. Pero el caso de "Fonda Sangrienta" fue especial. Créanme si les digo que la disfruté mucho, mucho. Me pareció una pequeña joya y, sobre todo, un caso rarísimo: una de género escasamente presupuestada que funciona en lo esencial, el ritmo. Son muchas las de su ralea con atributos, pero para gozarlas siempre toca invertir una poca de paciencia. No es el caso que nos ocupa. "Fonda Sangrienta" entretiene genuinamente, va a mil por hora. Y si ese elemento ya resulta llamativo, destacable y aplaudible, desde luego queda lejos de ser su única virtud. Hay más.
Nacida originalmente como continuación, 
directa y literal, del anti-clásico "Blood Feast" según las artes como escribiente de ese hombre de cine costroso tan fascinante, el cantante del grupo metal-punk "Haunted Garage" Michael Sonye, fue Jackie Kong la que decidió variar el concepto, mutándolo a una especie de secuela/remake en clave de comedia y/o parodia. Un poco a la manera de "Reposeída" respecto a "El Exorcista" (pero con resultados inversos).
Así pues, Anwar Namtut, un asesino que se ha dedicado a trocear jovencitas en nombre de la diosa "Sheetar" (es decir, la versión "Hacendado" del "Fuad Ramses" masacrando en nombre de la diosa "Ishtar" del film de Herschell Gordon Lewis. Nótese que la escena se desarrolla en los años sesenta) pasa el testigo a sus sobrinos pequeños antes de morir abatido -temporalmente- por las autoridades. Ya crecidos los benjamines, montan un restaurante de comida vegetariana (juas!!) que servirá de tapadera para terminar aquello que su tío comenzó, capturar y sacrificar muchachas con el fin de lograr la resurrección de "Sheetar". Para hacerlo más llamativo, resulta que recuperan el cerebro de Anwar Namtut quien, bien vivo y situado ahora dentro de un frasco, les irá indicando cómo proceder. Naturalmente hay un par de polis dispuestos a poner fin al entuerto.
Todo ello narrado a base de, pues eso, mucho humor tan tonto como grueso, innumerables tetas y casquería a tutiplen... pero una tan gran guiñolesca y exagerada que queda lejos de ofender o traumar. Como decía, el ritmo es constante y frenético. Los gags inspirados. Y el tono general muy festivo, como a semi-desmadre, uno que recuerda bastante a las películas de -la buena época de- Troma (¿podemos hablar de influencia?). Ayudan sus caricaturescos personajes al límite y, por supuesto, una banda sonora maravillosa trufada de rock and roll y demás partituras jubilosas. Es obligación moral citar el clímax final, con la gran orgía de zombies y el increíble Dino Lee desgañitándose sobre el escenario.
Jackie Kong y Bill Osco -legendario pornógrafo- eran pareja y venían de parir la aburrida "El Ser" y la estúpida pero simpática -e igualmente entretenida- "Patrulla de noche". En ellas Osco ejercía de productor, pero en el caso de "Fonda Sangrienta" se limita a la de "creative consultant" (¿estarían en pleno divorcio?), dejando las riendas del que organiza el cristo y busca los dineros a Jimmy Maslon, propietario de los derechos de "Blood Feast", quien daría pie a muchos de los productos relacionados con H.G.Lewis en años posteriores, incluida la genuina secuela de aquella. ¿Fue su presencia determinante para el éxito de la empresa? Se podría afirmar efusivamente con el cabolo... sino fuese por la peli que vino después, "Loca academia de maleantes 1". Otra colaboración del trío, con unos pocos más medios a disposición + un reparto de caras conocidillas, pero que, sin embargo, se saldó cual pestilente fracaso (financiero y artístico.... reseñaza en breve) poniendo fin a la carrera de Jackie Kong. Esa fue la razón y no el rollo que actualmente, y con la revalorización de la reseñada, suelta la mujer de manera oportuna, y oportunista, a base de matraca feministoide.

lunes, 25 de julio de 2011

BARRACUDA

Wayne Crawford es un personaje tan curioso como interesante, un actor que cuando ejerce funciones protagónicas, gusta también de aplicarse en otros apartados creativos, tales como guionizar o incluso dirigir, cosa esta que ha hecho en siete ocasiones. Entre sus vehículos para el auto-bombo destacan "Jake Speed, la aventura de África" (peli que me fascinaba de jovenzuelo y que estoy a la espera de recuperar con fines repasativos) y esta "Barracuda", exploit absoluto y descarado del "Tiburón" Spielbergiano surgido cuando más demanda había, 1978. Yo la vi siendo chaval (además, me suena que en pantalla grande), y de ella solo recordaba una escena. Por eso mismo me hizo mucha ilusión localizarla hace un par de días y tenía unas ganas tremebundas de revisarla. Hecho ello, paso a escribir la sarta de tonteridas que siguen...
En un pueblo costero comienzan a aparecer cadáveres de buceadores por todas partes. Resulta que las barracudas, peces en un principio inofensivos para el hombre, se han vuelto tarumbas y atacan a la peña. Un joven biólogo, que es el terror de las nenas, está convencido de que la culpable es una fábrica que contamina el agua. Con ayuda del sheriff, hará todo lo que esté en su mano para poner fin al putiferio.
Bien, una de las supuestas virtudes de "Barracuda" es que los autores eran conscientes de que con sus limitados medios, sería mejor táctica darle un papel secundario a los peces asesinos y centrarse en los personajes humanos y las trifulcas con un implacable gobierno decidido a ocultar sus fallidos experimentos. Así pues, si hasta mitad de peli las barracudas se lucían más bien poco, de ahí al final directamente desaparecen y todo se centra en el lado "conspirativo" de la movida. Lástima que tan loable intento termine convirtiendo al resultado final en bastante plomizo, casi telefílmico. Vamos, que "Barracuda" es un rollito, a pesar de un desenlace tan inesperado como efectivo y chocante, de su simpático regusto setentero, de la famosa secuencia que guardaba en mi memoria desde que la viera de chaval (la moza que encuentra la cabeza decapitada de un buzo, dentro de su traje de inmersión) y, ¡¡ojo al dato!!, la presencia actoral de William Kerwin. ¿De quién?, bueno, es posible que te suene más con su otro nombre de guerra, Thomas Wood, de cuando protagonizaba los delirios sangrientos del mítico Herschell Gordon Lewis, delirios como "Blood Feast", "2000 Maniacos" o "A taste of blood".
Resumiendo, que una penica... "Barracuda" podría haber sido bastante mejor... y se queda en un producto muy regular de esos de ver y olvidar en tiempo récord.

sábado, 13 de diciembre de 2025

SESIÓN DOBLE: UNA FRÍA NOCHE DE MUERTE + ESTUDIO DE TERROR

Con "Una fría noche de muerte" estamos ante un curiosísimo thriller televisivo del año 1973 producido por el todopoderoso Aaron Spelling y con ciertos tintes teatrales al situarse todo el en un mismo escenario ocupado por apenas dos actores. Dos no acostumbrados a eso de que se les confíe plenamente el desarrollo de una historia durante una agradecidamente justita duración de 74 minutejos -y de ahí que, ocasionalmente, se entusiasmen un poco demasiado-, Robert Culp, el poli colega de "El gran héroe americano", y Eli Wallach, el feo de "El bueno, el IDEM y el malo". Les envían a una base en el ártico porque el científico allí dispuesto hizo unos comentarios de lo más extraños justo antes de dejar de dar señales de vida. Al llegar, se lo encuentran congelado, no así los numerosos monos metidos en sus jaulas que son la base de unos experimentos destinados a descubrir como afecta a la salud vivir en un ambiente tan hostil y aislado. El caso es que se instalan y, claro, comienzan a pasar cosas misteriosas. Se abren ventanas. Se cierran puertas. Se apaga la calefacción, etc, etc. Pronto, la paranoia florece y, con ella, cierta tendencia a la sobreactuación, especialmente por parte de Eli Wallach, lo que, acompañado de unos diálogos en ocasiones algo delirantes, aproximan peligrosamente el conjunto a la comedia involuntaria. Pero no, consiguen mantener unos mínimos de sobriedad hasta el más o menos sorpresivo desenlace. Total, ¿¿qué son 74 minutos??. Apenas te enteras de que han pasado y el regusto final es de moderada satisfacción.
Dirige Jerrold Freedman, con una trayectoria muy centrada en la televisión, aunque si rascas un poco localizarás "A 20 millas de la justicia", película de lucimiento para Charles Bronson. Menos es nada.
"Estudio de terror", de 1965, fue la primera obra creativa en juguetear con la atractiva premisa de enfrentar a "Sherlock Holmes" y "Jack, el destripador". Ficción versus realidad. Al fin y al cabo compartían época, andaban situados en extremos opuestos de la ley y, bueno, aunque el primero fuese fruto de la imaginación de Arthur Conan Doyle, el segundo casi parecía un personaje de ficción por todo el envoltorio mediático y legendario que arrastró y arrastra.
La cuestión es que anda por ahí aniquilando mujeres de la vida y el de la pipa decide intervenir. Por supuesto que no todo se reduce al bien contra el mal, hay una trama medianamente enrevesada (o al menos así se lo pareció a mi limitada capacidad de atención) que, también por primera vez, coquetea con la fascinante idea de que "Jack" no era únicamente un tarado solitario y ocultaba toda una conspiración que salpicaba a la nobleza. Considerando que, salvo honrosas excepciones, no soy muy de cine de aquellos años, "Estudio de terror" termina funcionando. Vamos, entretiene. La visión que da de "Sherlock Holmes" se ajusta como un guante a aquella más canónica y popular. Y, considerando su naturaleza y el año de gestación, los crímenes resultan comedidamente gráficos (cierto que en 1963 el gore ya había echado a volar como género de la mano de Herschell Gordon Lewis, pero por entonces se consideraba materia indigna, carne de auto-cine impropia de cualquier producto mínimamente decente). El enfoque terrorífico se debe a la presencia como productor de Herman Cohen, todo un especialista en el tema como bien prueba su currículum ("I was a teenage werewolf", "I was a teenage Frankenstein", "Konga", "Trog"...) quien pretendía titular al film "Fog" (niebla), pero el estudio distribuidor ganó la partida. Para asegurarse el tiro, se contó con el hijo de Arthur Conan Doyle supervisando el tinglado y aportando su conocimiento en cuanto a las acciones del famoso detective se refiere.
A James Hill, director, se deben títulos reconocibles como "El capitán Nemo y la ciudad sumergida" o "Nacida libre", aunque la caja lerda fue su campo de acción habitual.
El jugosito reparto lo componen John Neville como "Holmes" (volveríamos a verle como "Munchausen" para el descalabro de Terry Gilliam), Donald Houston en la piel de "Watson", secundados por Anthony Quayle, Frank Finlay, Robert Morley y una joven Judi Dench, futura "M" del universo "007". Algunos se dejarían ver catorce años después en "Asesinato por decreto" (como Anthony Quayle o Frank Finlay encarnando al mismo personaje, el "Inspector Lestrade"), la más que solvente película de Bob Clark donde, nuevamente, "Sherlock" y "Jack" se enfrentaban. Semejante gesto certifica lo muy conscientes que eran de su deuda con el film ahora reseñado. No obstante, ello no descendió un grado el mosqueo de Herman Cohen, quien directamente les acusó de plagio.

viernes, 26 de agosto de 2011

AMERICAN GRINDHOUSE

Célebre y oportuno (¿oportunista?) documental sobre las famosas y ya algo cansinas "Grindhouses", o lo que es lo mismo, el cine "exploitation" al completo. Como ya hiciera "Schlock! The Secret History of American Movies" en su momento, lo que aquí tenemos es un depurado repaso a la historia del fenómeno, desde su prehistoria, pasando por los pioneros (el hijoputa de Dwain Esper, Kroger Babb...) hasta los autores de la etapa intermedia, donde pasan lista a todos los subgéneros en auge: erotismo, gore, nazis -muy curiosa "The Tormentors"-, beach movies, mujeres entre rejas y la inevitable blaxploitation (que, curiosamente, para mi fue la parte más interesante, tal vez porque no es este un tipo de cine que me guste demasiado). Le sigue el boom del porno (muy superficialmente) y de ahí, al revival perpetrado por el odioso Quentin Tarantonto. A ver, está bien facturado y tiene mucho ritmo, pero se echan de menos dos cosas. Por un lado, hubiera sido agradecido tocar todas las categorías un poco más a fondo, con más detalle y, por otro, ¿¿por qué todos los documentales sobre el fenómeno pegan un salto de la decadencia de inicios de los 80 al revival Tarantiniano??, quiero decir, los video-clubs fueron el siguiente gran "boom" y cuna de toda una nueva generación de "exploiters" que, por norma, suelen ser ignorados. Es un tema este que sería harto interesante tratar en algún libro o documento audiovisual, ya saben, la escudería de Charles Band, David DeCoteau, Don Dohler, Roberta Findlay en solitario, incluso Andy Sidaris... de hecho, en "American Grindhouse" uno de los entrevistados no es otro que Fred Olen Ray. Y tal y como le dije a mi acompañante ayer, el director de "Bad Girls from Mars" era el único de todo el pitote que había sido un genuino "exploiter moderno" y, en cierto modo -y adaptado a los nuevos tiempos- lo seguía siendo. El resto, pues o nombres de prestigio que fueron testigos o sutiles partícipes como John Landis, William Lustig y Joe Dante o directores que vivieron el momento desde dentro y a piñón, como Herschell Gordon Lewis, Larry Cohen (grandes declaraciones las suyas), Jack Hill o Don Edmonds, que tiene la entrevista más divertida del pack cuando cuenta el gen de su famosa/infame "Ilsa, la loba de la SS". Con todo, un visionado interesante, instructivo y entretenido. Podría haber sido mejor, pero también peor.

martes, 28 de enero de 2025

THE LAS VEGAS STRANGLER

“The Las Vegas Strangler”, estrenada
de tapadillo y en cines para adultos bajo el título de “No tears for the dammed”, es una de esas películas a las que posteriormente se les perdió la pista y, llegados los 80, fue considerada oficialmente extraviada e ilocalizable, sin una sola copia disponible. Hasta que, como suele ser habitual, un día algún investigador da con su paradero (en este caso las buenas gentes de Vinegar Syndrome), la restauran y ponen en circulación.
“The Las Vegas Strangler” forma parte de un maravilloso "pack" que recopila un buen número de estas películas L&F (lost & found, perdidas y encontradas), junto a joyas de lo ignoto como puedan ser “Barbara” o “The rare blue apes of cannibal isle”.
Algunas bobinas recuperadas estaban muy deterioradas e incompletas y, finalmente, lo que tenemos en circulación es un montaje lo más fiable posible al original, un 90%. El final de esta versión queda amputado abruptamente, porque no había más película con la que contar.  No importa, nada de todo eso afecta a la comprensión de su trama. Y es que, en cualquier caso, tampoco hay mucho que comprender, porque plantea una historia simple, cristalina y deliciosamente misógina.
Se trata de una de las muchas consecuencias fílmicas de “Psicosis”, esta vez deambulando por los derroteros del “sexploitation”, dando como resultado una de las primeras muestras de cine de asesinos en serie mezclado con dosis de sensacionalismo, tetas, culos, e incluso porno soft, con una serie de secuencias sin mucha relación con lo que nos cuenta la película, y que tienen toda la pinta de ser insertos que, en su momento, introdujeron los responsables de la primera versión. Estos son de folleteo, con culos peludos y masculinos culebreando en posición concupiscente.
Una pizpireta prostituta parece quedar prendada de un apuesto caballero, que acude al local en el que ella trabaja a beberse su whisky. Tras una mala experiencia con un cliente, esta es rescatada por el galán, que le saca de ese antro y, rápidamente, se casa con ella en Las Vegas.
Todo parece ir muy bien entre el matrimonio, pero resulta que el individuo, en sus ratos libres, asesina a toda mujer que se cruza en su camino, dejando una marca muy diferenciable; les corta mechones de pelo con las mismas tijeras de costura con las que las mata. Por supuesto, nuestro asesino es un tipo traumado por culpa de su madre, una señora castradora y dominante, y cierta pulsión homosexual que lo acompaña desde niño, motivo por el cual también rechaza a los gays, golpeándolos cuando estos le seducen al detectarlo en bares de copas como a un igual.
Está francamente bien esta “The Las Vegas Strangler”, probablemente sea una de las películas más retorcidas y atrevidas de la época. No es tan grafica como otras muestras del género (Herschell Gordon Lewis ya andaba por ahí haciendo de las suyas) pero las intenciones quedan claras, amén de no cortarse a la hora de incluir, dentro de los personajes principales y como la buena de la función, a una prostituta con todas sus letras, cosa que me resultó extraña por muy "exploit" que sea la película. Al margen de esto, lo que sucede con “The Las Vegas Strangler” es que, a pesar de estar incompleta, se sigue con facilidad porque, en esencia, es muy entretenida y desquiciada, llena de tetas y chotos, algún que otro numerito de burlesque y picaruelo, y un buen puñado de asesinatos a los que, eso sí, se les escatima la sangre. Pero es de esas películas que, más allá de aparecer en las latas tras lustros perdidas en cualquier sucio almacén (cada vez hay más), le deja a uno la sensación de haber visto una joyita, una obra a tener en cuenta, y más cuando la mayoría de estos productos vindicados a través de la arqueología cinéfila, suelen ser, por norma general, un auténtico mojón de vaca. Este no, este, sin ser una maravilla, es estupendo.
Del director, William Collins, poco se sabe. No aparece acreditado en ninguna película más, a parte de esta. Se trata de un cineasta local de Las Vegas que utilizó su ciudad natal para ambientar la cinta, así como retratar lugares arquetípicos de la zona o filmar varios de los distintos espectáculos que allí se podían ver.

martes, 14 de abril de 2020

BLOOD AND FLESH: THE REEL LIFE AND GHASTLY DEATH OF AL ADAMSON

Al Adamson forma parte de esa ralea de "auteurs" surgidos del "exploitation" y el "trash" más visceral donde también encontramos a peña como Ted V. Mikels, Andy Milligan, Herschell Gordon Lewis, Jerry Warren, Ray Dennis Steckler, Edward D. Wood Jr., Doris Wishman, etc, etc. Algunos mejores / más carismáticos que otros pero, en esencia, todos cacota. En mi juventud andaba loco por ellos, leía y leía sin descanso sobre sus hazañas en las páginas del "Fangoria" yanki (con ayuda del respectivo diccionario) y me fascinaban. Luego, pasaba lo que pasaba. Localizabas una de sus películas, la deglutías con fervor y... ¡hostión al canto! El consiguiente dolor variaba en función de la incapacidad del cineasta. Con Adamson puedo decir que la contusión fue mayor que con ninguno. Cercana a la muerte total. Eso ocurrió el día que, entusiasmado y tembloroso, alquilé "Sangre en el castillo de Drácula". Un pestiñazo sin redención. Al cabo de unos años, alguien tuvo la idea de editar en dvd varias de sus pelis, o fue obligado por los extraños designios de la distribución. Entre ellas, la más mítica del pack, "Drácula contra Frankenstein". Aunque dolido y desconfiado, decidí darle una segunda oportunidad. En balde, seguían siendo mierda, sin la más mínima gracia o soterrado encanto. Y así ha sido siempre para mí con respecto al patillero Adamson. Pero ya saben que, en lo que respecta al 99% de los cineastas zetosos, y sus toscas producciones, suele ser más interesante el concepto. O lo que hay detrás. Esa es la razón de que todos los documentales -y biopics- que se les dedican sean tan disfrutables. Incluido "Blood & Flesh: The Reel Life & Ghastly Death of Al Adamson", aunque con leves reservas.
Lo que hace destacar a Al Adamson sobre todos sus coetáneos es que sufrió una muerte horrible. Fue asesinado y enterrado bajo cemento. Tal es el peso de semejante material que el documental se ve obligado -lógicamente- a dedicarle una generosa porción. Podríamos decir que se divide en dos documentales muy distintos. El primero se centra en los orígenes de la carrera de Adamson y su posterior desarrollo a base de mogollón de imágenes, fotos y carteles -muy en la línea de cómo se hacen hoy día, dinámicos y alegres-. Se disfruta mucho e incluso te ríes con algunas anécdotas (especialmente aquellas que hacen referencia a J.Carrol Naish). Pero luego toca la segunda parte, totalmente volcada en el asesinato, narrado con todo lujo de detalles, como si fuese un programa de esos dedicados a temas escabrosos que echan a las tantas. Y aunque está interesante, corta mucho el rollo y se hace algo pesado. Tal vez habría molado más equilibrar ambas partes. Por separado funcionarían cojonudamente, pero pegadas se anulan un poco mutuamente. Lástima.
Con todo, "Blood & Flesh: The Reel Life & Ghastly Death of Al Adamson" termina siendo bastante gozable. Y ayudan a ello presencias tan curiosas y entrañables como las de Sam Sherman, Fred Olen Ray, John "Bud" Cardos, Russ Tamblyn, Greydon Clark, Gary Graver, Worth Keeter y aficionados / fanzineros ilustres como Tim Ferrante, Chris "Temple of Schlock" Poggiali y Michael J. "Psychotronic Video" Weldon.
A David Gregory, director, debemos alguna ficción puntual (formó parte del clan que firma "The Theatre Bizarre") y, sobre todo, muuuucho material documental de entre el que sobresale "Lost Soul: El viaje maldito de Richard Stanley a la isla del Dr. Moreau", que sin ser nada del otro jueves se deja ver.