Mostrando las entradas para la consulta Terror at Tenkiller ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta Terror at Tenkiller ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

viernes, 12 de enero de 2024

TERROR AT TENKILLER

Curioso producto mercantil y desalmado perpetrado por United Enterteinment Pictures, una pequeña compañía dedicada a producir películas de presupuestos paupérrimos distribuidas directamente en vídeo, medio que, sin embargo, les proporcionaría rentables beneficios.  De esta manera, en 1986, disponen de escasos 40.000 dólares para producir una de terror. Como director contratan los servicios de un documentalista, Ken Meyer, al que le entregan el dinero y le imponen dos semanas de rodaje. Este posee una cámara de 16 mm personal que será la que utilice con el fin de ahorrarse el alquiler de la misma y contrata a su hijo, Kevin Meyer, entonces estudiante de la USC, para que actúe. Este se lleva a varios compañeros de clase con el fin de completar el reparto y/o encargarse de la dirección de fotografía. Y para que todo quede en casa, el guión lo firmaría la esposa del director, Claudia Meyer, sin ninguna experiencia en lo que a escritura de guiones se refiere. Así pues, se fueron a rodar todos juntitos a las inmediaciones de un lago perdido en Oklahoma, ambientan la trama en otro lago cualquiera, el Tenkiller Ferry, que sería el que da título a la película, y se facturan una cinta de celuloide absolutamente amateur y de un desarrollo insoportable. El argumento es más sencillo que una cartilla Rubio: dos universitarias se van de vacaciones al lago Tenkiller y, allí, hay un individuo más feo que Picio, y con la cara jodida por el acné, que está asesinando a algunas personas.  A ellas no les importa, se quedan por la zona y pronto tendrán un encontronazo con él. Fin de la historia. Naturalmente, el asesino se irá cepillando todo lo que se menee por el camino, y esa sería la razón de ser de esta cosa que, erróneamente, adscriben al slasher. Yo no creo que podamos catalogar “Terror at Tenkiller” como slasher, porque, sí, se trata de una película de acuchillamientos al uso, pero no solo el asesino va a cara descubierta desde el principio, sino que en todo momento el espectador sabe quién es. Ergo más que un slasher sería una especie de thriller fallido, porque, al conocerse la identidad del homicida desde el primer minuto, uno piensa que será por algún motivo. Pero no; es pura incompetencia de su director y del guion escrito por su puñetera mujer. Y se acabó el suspense.
La película que Meyer entregó a los de UEP era mala, pero eso no preocupaba a sus productores. Cuando vieron la copia terminada, se percataron de que había muy poca sangre, y como consideraban que para vender bien una de terror tenía que tener mucho más plasma, invirtieron unas pocas perras en rodar insertos sangrientos que incluían salpicones y algún desmembramiento. Aún así, el corte final sigue pareciendome bastante poco truculento.
También el sonido directo resultó inutilizable. Se ve que rodaron en plena naturaleza y, en consecuencia, el recital de las cigarras era tan notorio que se comía por completo los diálogos. Así, los de UEP tuvieron que soltar algo más de guita para doblar la película entera. Y le hicieron un Garci a las dos protagonistas, Michelle Merchant y Stacey Logan, porque, ya que estaban, contrataron a otras actrices para que les pusieran voz. Ellas se enteraron cuando la película ya estaba en los video clubs.
Desde luego, ver “Terror at Tenkiller” es poco menos que una tortura. Como si estuviéramos ante un culebrón texano y el grueso de la película se compusiese de interminables conversaciones marujiles entre las dos protagonistas. Nada nuevo en este tipo de producciones terroristas donde lo normal es que nos aburramos como una mala cosa hasta que llegan los asesinatos. El principal problema de “Terror at Tenkiller” es que de estos hay pocos, y cuando comienzan, están tan desangelados que casi nos divertimos más con las conversaciones intrascendentes. Un verdadero desaguisado. No en balde, la gente de "AGFA (American Genre Film Archive)", que como sus siglas indican se dedican a recuperar y restaurar productos de esta calaña proporcionando copias en DCP para sus posibles proyecciones en salas y festivales -así como editar algunos en formato domestico-, reseñan "Terror at Tenkiller" de la siguiente acertada manera: “Una parte de drama de relaciones humanas, otra parte de slasher sórdido y dos mil partes de cosas extrañas. La mejor telenovela slasher jamás realizada en las tierras salvajes de Oklahoma”.
La película no es que se distinga por el culto procesado, no obstante, y como dios manda, ha sido remasterizada en 4K y editada en Blu Ray de lujo por la gente de "Vinegar Syndrome" que, lógicamente, la hace parecer mejor de lo que realmente es.
Por supuesto, el amigo Ken Meyer no volvería a tener relación alguna con el cine, siendo este el único título en el que está acreditado. Su hijo tampoco volvería a salir como actor en más películas, sin embargo, sí que ha dirigido alguna que otra de tercera y llegó a firmar el guion de un producto mainstream titulado “Una sonrisa como la tuya”. Clauda Meyer dejó de escribir guiones, situándose frente a la cámara de modo episódico en un par de telefilmes. Que pena que los Meyer no tengan mayor historia para investigarla… la trayectoria de esta saga empieza y acaba con “Terror at Tenkiller”.

lunes, 29 de enero de 2024

BLOOD CULT

“Blood Cult” es uno de los clásicos populares del SOV.
Erróneamente promocionada durante lustros como la primera película de terror filmada en vídeo (mentira, en Estados Unidos ese honor lo ostenta la desquiciada “Agresión en la casa del terror” que incluso llegó a editarse en nuestro país, aunque si nos ponemos puristas, la británica “Death Shock” data de 1981. Pero claro, es un porno soft con pinceladitas de terror, y en ese aspecto la industria porno, sin duda, fue pionera a la hora de rodar en vídeo), “Blood Cult” es un perfecto ejemplo de negocio redondo. Quizás por ingenuidad, por hacernos una idea romántica de algo tan apasionante, siempre hemos asociado el cine en vídeo al amateurismo, a directores entusiastas que llevan a cabo una producción como buenamente pueden con su dinero, amigos y favores. Nada más lejos de la realidad, “Blood Cult” es la prueba; un producto diseñado para ganar miles de dólares.
Y es que en la época de mayor auge de los videoclubs, los desahuciados del mundo del cine encontraron en estos establecimientos un nicho que explotar. Daba un poco igual la película que hubiera en las estanterías; si era de terror, se alquilaría. Así, los productores Jill Clark, Bill F. Blair y Linda Lewis, se asociaron con el fin de rodar en poco menos de nueve días y dos cámaras Betacam, una película de terror que con un bajísimo presupuesto pudiera reportarles beneficios. Para dirigir el tinglado contrataron al marido de Linda Lewis, Christopher Lewis. El tipo tenía un pasado demasiado turbio, había sido declarado culpable de pertenecer a una productora que, en los 70, se dedicaba a rodar porno gay con menores, cosa que ocasionó el consabido escándalo. Para el rodaje de “Blood Cult” ya estaba absuelto.
La película costó 25.000 dólares, sin embargo, se emplearon 100.000 más en una campaña promocional por videoclubs. Era muy agresiva y les dio resultado, por lo que se vendieron cintas de vídeo por un tubo y nuestros productores se forraron. Así pues, “Blood Cult” pasa a la historia por tratarse de la primera película rodada en vídeo que consigue unos beneficios importantes. Resulta curioso que su condición se usara como reclamo, como algo atractivo (el estar parida en vídeo y pensada solo para ser así consumida) cuando, hasta entonces, era algo de lo que casi avergonzarse. A partir de ahí, el SOV se impondría en los videoclubs americanos compitiendo en alquileres con los lanzamientos que provenían de los cines.
La película, por supuesto, era lo de menos. En este caso, adscribiéndose al slasher, cuenta la historia de un asesino que está actuando en un campus universitario y en sus inmediaciones. La policía investiga el asunto y resulta que estos asesinatos están vinculados a los sacrificios de una secta satánica. Como se pueden imaginar, un autentico rollazo. Sin embargo es muy curioso el ver como una película tan pequeña, distribuida únicamente en el mercado del alquiler, puede hacerle la competencia a títulos grandes que han costado diez  veces más. “Blood Cult” es un prototipo que evidencia que, en el negocio del cine, lo de menos es la película.
Por lo demás, tiene su gracia el look del vídeo costroso así como los efectos especiales a base de jarabe de arce y látex, que además es lo que se explotaba; cierto erotismo soterrado, y mucha sangre y amputaciones.
Yo supongo que si la hubiera visto con 17 años me hubiera entusiasmado, pero a mi edad, que ya he visto de todo, no pasa de una sonrisilla cómplice durante el visionado, por un producto que me provoca cierta simpatía.
Blair, Clark y Lewis continuaron explotando, juntos o por separado, este modelo de producción barata en vídeo, y con alguna incursión en el celuloide de 35 mm (“Terror at Tenkiller”) o 16mm (“Forever Evil”), produjeron películas clásicas de la explotación en formato vídeo, como puedan ser “The Ripper” supuestamente protagonizada por Tom Savini, “Revenge” con John Carradine ya cadáver o “Dan Turner, Hollywood detective” con  la presencia de Marc Singer.
Un mundo fascinante el del SOV primigenio.