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miércoles, 12 de junio de 2013

3 BÁRBAROS EN UN JEEP

Por todos es sabido que “Los payasos de la tele” son sobradamente famosos en todos los países de habla hispana. Y aunque, prácticamente, ninguno  de la formación original (Gaby, Fofó y Miliki) nació en Sudamérica, curiosamente, y debido a su profesión bohemia de payaso, triunfaron mucho antes en aquellos países que en España, dónde su éxito quedó fuera de todo precedente.
 Bien instaurados a partir de los años setenta en la piel de toro, sin embargo, sus películas son todas sudamericanas y anteriores a la etapa por la que todos los recordamos.
Así pues, la primera película de “Los payasos de la tele” data de 1948, es de procedencia Mexicana y se titula “El nieto del zorro” y la que nos ocupa, segunda y ya acreditados como Gabi, Fofó y Miliki, “Tres bárbaros en un Jeep”, de procedencia Cubana y de 1955, una prueba viviente  del talento de los payasos.
Cuenta una trama vodevilesca en la que, estando en el ejercito Cubano, el teniente Gabi ordena a sus reclutas Fofó y Miliki que encuentren un jarrón en cuyo interior se encuentran unos documentos de gran importancia. Juntos pasarán por todo tipo de vicisitudes, hasta que la cosa se resolverá de la manera  más tonta, como nos acostumbrarían años después con sus sketchs.
Está claro que en esta obra primigenia de los payasos, se les ve igual se sueltos que cuando los veíamos por la tele 30 años después, si bien es cierto que para la ocasión su humor físico es muy deudor del cine mudo y del “slapstick”, en lo verbal se trata exactamente el mismo que usaron, y que usan hoy sus descendientes en sus shows circenses; trabalenguas y chistes de tipo: “- Son ustedes unos músicos consumados… - Si, consumados, conrestados, conmultiplicados y condivididos.”. Un tipo de humor que pese a ser una película de tercera de los años 50, a mí por lo menos me funciona.
Sin embargo, la peli es torpe, básica y con un serio problema de ritmo. Además hay que decir que, salvo un par de buenos gags y un par de numeritos musicales por parte de los payasos, es un coñazo de padre y muy señor mío que se aguanta gracias a sus protagonistas. Eso si, a duras penas.
La gracia de “Tres Bárbaros en un Jeep” es el poder ver a Gabi, Fofó y Miliki ( Fofito era un bebé, Milikito y Rody, aún no habían nacido… y lo hicieron ahí, en La Habana…) de veinteañeros, vestidos de una forma totalmente distinta a como los conocimos nosotros y haciendo exactamente lo mismo que han hecho siempre.
Una curiosidad absolutamente entrañable.
El director de esta joya olvidada es Manuel de la Pedrosa, uno de los directores clásicos del cine Cubano, que como todo director Cubano que se precie de serlo, tiene una filmografía muy cortita… y aún así, es uno de los que más películas tiene en su haber.
Años más tarde, ya con Fofito de adolescente, y en Argentina, los payasos rodaron sus películas más populares, “Había una vez un circo” y “Los Padrinos”. Lo raro es que no los cogiera por banda Javier Aguirre o Luis María Delgado.

viernes, 25 de febrero de 2011

YO QUIERO SER TORERO

Por fin (desde su lanzamiento en vídeo allá por 1987, que no sabía nada de ella) consigo ver de nuevo la cochambrosa ópera prima (y única película) de Miliki, que bajo la batuta y dineros de José Luis Sánchez Codina, para su fructuosa empresa "Olimpy Vídeo" (poco presupuesto, máxima rentabilidad), inmortalizó, en vídeo eso sí, a los sobrevalorados en su momento, y mega-trasnochados ahora, Juan Rosa (La Pulga de Torrelavega) y Manuel Sarriá (El niño de la linterna), más conocido en Andalucía, y en el resto de España, por culpa de "Un, Dos, Tres", como “El Dúo Sacapuntas”, en una película única en su especie, tan mala que hay que pensárselo dos veces para continuar con el visionado una vez le ha dado al "play", pero que, por otro lado, es imposible pararlo de lo entrañable que resulta ver a estos dos efímeros cómicos de los ochenta, en su salsa, en su esplendor, con sus chistes malos y sus sketches peores, crecidos en algún momento y patéticos a rasgos generales.
La película, que se resuelve en seis o siete escenas, donde se impone por encima de todo el plano secuencia mal encuadrado e interminable, cuenta la historia de dos maletillas, bastante sucios y llenos de cachivaches, que en su afán de convertirse en estrellas del toreo llegan a un pueblo donde se les ofrecerá torear al toro “Superman”, bestia de entre bestias allá donde las haya. Veinte que le han toreado, veinte que acabaron en el hospital. Un trabajo que ni pintado para “El dúo sacapuntas” que antes se las verán con los clientes de un restaurante, en el que tendrán que trabajar para pagarse un plato de comida.
Un producto honesto y con fines comerciales, que ofrece lo que tiene que ofrecer, a los dos cómicos protagonizando gags de lo más tontos (y efectivos en la época), sin más artificios que los trajes de luces que lucen en el cenit de la película. . . ¿Queréis al "Dúo Sacapuntas"? Pues aquí los tenéis en estado puro, tanto, que en un momento y siendo invitados al balcón del ayuntamiento en el que anuncian su debut en el toreo, simulan una de sus actuaciones en directo, pasándose por los huevos toda coherencia argumental, y respondiendo el público con entusiasmo ante sus más famosos chascarrillos (22, 22, 22, la plaza abarrotaaaaaá…), cuando se supone que son unos individuos que llegan allí de nuevas. En definitiva, que tenemos un show en directo dentro de la película. La cara de satisfacción de alguno de sus desdentados espectadores no se me va a despintar en la vida.
Miliki dirige, escribe e incluso monta, dando bastante manga ancha a los cómicos que improvisan cada dos por tres. Todo ello con buenas dosis de torpeza, dejadez, algo de desgana, y sin malgastar ni una sola gota de su talento a favor del humor hispano-profundo y neorrealista de los "Sacapuntas", que ya eran garantía suficiente como para andarse con chorradas. Teniéndolos a ellos ¿quién quiere currarse una película? Total, se va vender sola sea como sea…
Durilla de ver, entrañable en todos los sentidos, ni tan mala como cabía esperar, ni buena en absoluto, estéticamente es una obra incomparable y pionera. Tal y como está rodada, y registrado en vídeo en el año 87, puedo decir sin despeinarme, que Miliki inventó el cine underground en España, tal y como yo lo entiendo. Lo dotó de un público entregado, y lo alejó de los circuitos del arte y ensayo, para acercarlo a aquel más sencillo, y con el aliciente de que en absoluto sus acciones son intencionadas. ¿Alguien me rebate esto? (Naxo: No coment)
O quizás, fue José Luis Sánchez Codina quien lo inventó, e hizo algo bueno, váyanse ustedes a saber…
El caso es que esto sí me parece underground y no lo que hacía Zulueta, por mucho 16 mm. que se gastase, y argumento raro que escribiese.
Aunque ello no la exime de ser mala de solemnidad…

lunes, 25 de marzo de 2019

LOS PADRINOS

Segunda película que protagonizaron los payasos de la tele en tierras argentinas, y última de una carrera que debería haberse lucido más en cine.
Es muy curioso el hecho de que, los payasos, cuya carrera fue tan fructífera durante décadas, tan solo diera para tres películas americanas. No logro comprender como es que no hicieron ninguna película española, que hubiera sido de recibo, a las órdenes de, por ejemplo, un Javier Aguirre.
En esta ocasión, y volviendo a escribir y dirigir la película Enrique Carreras, artesano argentino de los de toda la vida, se nos ofrece una trama desarrollada en los años 20 en la que Gabi, Fofó, Miliki y Fofito se tienen que ocupar de una bebé que es perseguida por unos mafiosos al estar involucrada la niña en una extraña trama de adopción ilegal (o algo así). Para que no se sepa donde está, se la entregan a los payasos que mientras la cuidan, tienen que intentar buscarse la vida como artistas en Buenos Aires a la par que se representarán sus canciones y se nos narran sus peripecias. Para darle color al asunto, una joven guapa y lozana se une a ellos, haciéndose pasar por chico ya que los payasos precisan de un mozo de equipajes.
La película, obviamente, es lo de menos. Su trama es liosa, está mal desarrollada y, en el peor de los casos, tanto a sus artífices como al espectador nos importa tres pimientos, aquí lo que importa es poder ver a los payasos interpretando sus canciones y sus sketchs, y de eso hay a mansalva durante la hora y media que dura la película. Entonces, sí, nos quedamos satisfechos de payasos, pero, y como también ocurría en “Había una vez un circo” da la sensación de que están desaprovechados, que no acaba de cuajar la subtrama en la que los vemos a ellos como niñeros de la bebita y que, en definitiva, cuando no están cantando, la película es aburrida y no funciona. Tampoco las canciones, muchas de las cuales están concebidas en exclusiva para la película, son lo suficientemente memorables, lo mismo ocurre con los gags; aunque pueda haber alguno gracioso, no llegan nivel de lo que, al menos en España, nos tenían acostumbrados en televisión.
Con todo, y a nivel retrospectivo y nostálgico, solo por ver a los payasos en una película merece la pena echar un visionado a la cinta. Es rancia, cursilona, lenta y aburrida, pero son Gabi, Fofó, Miliki y Fofito. Y eso siempre es una garantía.
El director, Enrique Carreras, poco después comenzaría una fructífera etapa dirigiendo algunos de los títulos más memorables de Olmedo y Porcel.

viernes, 25 de diciembre de 2009

EL ÚLTIMO KAMIKAZE

Un Naschy de los de la mala época (80 - 90). Pero cuando digo “mala época” quiero decir la más divertida. O al menos la que a mí más me gusta.
Dirigida por el propio Jacinto Molina, "El último Kamikaze" es un claro ejemplo de que "Inquisición" se la debió hacer un primo, o bien Paul Naschy perdió todo el “mojo” según iba rodando. Esta es un despropósito argumental de principio a fin.
Por un lado tenemos a un asesino a sueldo (Naschy) con trastornos de personalidad que emplea el dinero que gana para ofrecerle un futuro confortable a su hija subnormal  (y así la llaman en la película) y, por otro, a su rival, también asesino a sueldo (Manuel Tejada... sí,.el padre de Tito en "Verano Azul") al que quiere borrar de la faz de la tierra porque en un trabajo anterior mató a su mejor amigo y le dejó impedido de una mano.
De eso nos vamos enterando a lo largo de los 90 minutos de metraje. Pero a trompicones. El resto es un ir y venir de personajes matando gente sin saber porqué, errores de "raccord", explosiones chabacanas y escenitas de cama en las que a tío Paul se le va la mirada y la mano.
Pero es que si no fuera una peli tan zarrapastrosa, no valdría nada...
Los diálogos son totalmente "molinianos", y es que cuando este hombre escribía un guión dejaba su impronta a base de largas frases intrascendentes, y de esas "El último Kamikaze" está cuajada.
Hay que decir que se deja entrever que el asesino que interpreta Naschy es algo así como un maestro del disfraz, por eso en algunos de sus actos sale caracterizado. El espectador no le da importancia hasta que aparece con ropas de mujer, una peluca rubia, super pintado y un diminuto sombrerito; bien, pues más que una señora, ¡parece Miliki! Viendo esto, a uno no le queda más remedio que desmayarse de la risa.
En otro momento maravilloso, vemos a un tipo recibiendo un masaje. Cuando se incorpora tiene algo, como un apósito y un esparadrapo en la barriga. “Será que le han operado hace poco”, piensa el espectador, pero pronto descubrimos que eso que tan descaradamente aparece en el encuadre es la bolsita de la sangre que el actor va a reventar, justo en el momento en el que Naschy le clava un cuchillo. Ver para creer.
Ahora, en defensa de las malas pelis de Molina diré que pocos 
en esa época las hicieron tan entretenidas. Pocos (o ninguno) hicieron tanto cine de género (del que sea) y pocos tienen referencias cinéfilas tan reconocibles... ¡"El último Kamikaze" incorpora un guiño a "El Exterminador"!
Sangre y miembros amputados, tampoco faltan.
Me encantan este tipo de pelis.

martes, 20 de marzo de 2012

AQUELLAS CARATULAS MARAVILLOSAS (16): ¡MAMA, TENGO MIEDO!

Las caratulas que verán a continuación pertenecen todas ellas a películas destinadas al público infantil. Una tan reconocible como la que incluye a los famosos payasos de la tele en su reparto estelar, y todas con un contenido supuestamente apto, lejos de las actuales muestras de violencia que tanto preocupan a muchos padres bobos. En este caso el elemento inquietante, traumático y terrorífico lo encontramos en las mismas caratulas. Hagamos un repaso...


Esta me tiene fascinado... por su simpleza... por su misterioso origen... pero ¿¿qué demonios es esto??. Se trata del volumen quinto, cuyo título genérico es "La ardilla loca". A pesar de que, en el interior, encontramos hasta cinco capítulos. Otro elemento extraño es eso de "Capricornio Uno" que leemos en la portada y, supongo, hace referencia al autor del alucinantemente genial/patético dibujo.


"Panther Films" ataca de nuevo con otra producción Japonesa de inquietante caratula, título y trama. No hay mucho que añadir, salvo por ese Papa Noel de ojos verde marciano.


Esta supongo que podemos tildarla de clásico... pero no me resisto a comentar su horrible caratula, con especial mención a ese Miliki "retarded" y a un Gaby con serios problemas de sobrepeso.


Me da igual lo que piensen de mi, pero yo a esta caratula, además de su costrosa calidad artística, le veo un alto contenido sexual y perverso. No les diré cual, utilicen el lado enfermo de su cerebro. Aunque lo realmente extraño es encontrarle un sentido a su temática: Una peli infantil de dibujos sobre... ¿esquí?. La procedencia Japonesa (extremo izquierda, abajo) lo explica todo.

viernes, 14 de agosto de 2020

EL TRAVIESO

Guillermo Francella es uno de los comediantes más populares en Argentina que, habiendo aparecido como secundario en algunas de las películas de Olmedo y Porcel, en la década de los 90 ganó una popularidad tal, que se convirtió en uno de los actores más queridos del público argentino, que lo veían en películas para el cine y distintas formas de televisión. La evolución natural de los tiempos propició que su labor haciendo reír durante lustros al público se viera recompensada luciéndose también en papeles dramáticos en películas de prestigio, llegando a aparecer en, por ejemplo, la oscarizada “El secreto de sus ojos”. Entre eso y sus películas de consumo, a saber; “Papá se volvió loco” o las sagas de “Bañeros” o “Los Extermineitors”, Francella, y con permiso de Ricardo Darín,  es a día de hoy una de las celebridades más respetadas de Argentina, en resumidas cuentas.
Por otro lado, y como vengo diciendo desde hace ya tiempo, la evolución del cine argentino es muy similar a la del cine español, por lo que con el auge del vídeo doméstico, quizás unos años después que aquí, surgió  lo que los argentos denominarían “Videometrajes” y que no son otra cosa que películas rodadas en vídeo y cuya finalidad es el ser explotadas única y exclusivamente en dicho formato. En esta tesitura, y para el total y absoluto lucimiento de Francella, aparece en 1991 en los videoclubles argentinos la película “El Travieso”. El equivalente español de estos videometrajes serían los popularmente conocidos como “directos a vídeo” y que encuentran su zénit en cintas que, igualmente, servían para el lucimiento de la estrella de turno, con largometrajes como “Yo quiero ser torero” con el Dúo Sacapuntas y dirigida por Miliki o, anterior a esta incluso, la inefable “Zocta: Sólo en la tierra se puede ser extraterrestre” con Joe Rígoli como principal reclamo.
Así, “El Travieso” es una comedia de lo más básica y barata, con textura de vídeo cámara handycam de la época, que con un montaje de lo más tosco nos cuenta la historia de un tipo llamado Julio Mustafá que alardea de ser un experto en ligar y da consejitos a sus amigos al respecto, para luego dar paso a una sucesión erótico festiva de sus conquistas. La cosa se pone seria cuando la pareja de una de las mujeres a las que ha seducido, descubre con quién le ha puesto los cuernos.
Humor zafio, jerga argentina, mucha lencería y diálogo atropellado, es lo que nos ofrece esta película en vídeo de poco más de una hora de duración y cuya único interés radica en que se trata de una rareza que ni tan siquiera aparece en las filmografías oficiales de Francella, pese a que, en su momento, cuando esta película iba a ser lanzada, el actor decía estar entusiasmado con el resultado de esta bazofia. La verdad es que, a pesar de su corta duración, hay que echarle paciencia a su visionado. Por un par de momentos, estuve tentado a darle al stop.
Por supuesto, el director de este artefacto responde al nombre de Ismael Hasse, conocido en la profesión como Paco (¿?) y, lejos de ser uno de esos directores que abordaron uno o dos trabajos, se trata de un reputado dramaturgo y hombre de teatro (de ahí el tono teatral de la cinta que nos ocupa) cuya carrera audiovisual, al margen del teatro, se reduce exclusivamente a la televisión, teniendo como única película para cines la titulada “Sapucay, mi pueblo”. “El Travieso”, sería su ignoto, raro, misterioso y desperado pecadillo de la mediana edad.
Como curiosidad que es, “El Travieso”, funciona. Pero sólo como eso.

viernes, 2 de agosto de 2013

MADRE IN JAPAN

“Madre in Japan”, es una rareza –de las muchas con las que contamos en la  ex industria de nuestro país-  de aquellas sin apenas distribución como las de Martín Garrido o las de el jugador Gonzalo García Pelayo, pero, propuesta por un realizador aún más ignoto, casi rozando lo amateur, Francisco Perales, que además se adscribe a esa corriente tan curiosa y simpática (a la que García Pelayo también se apunta) que  es la cinematografía andaluza, hecha casi por y para Andaluces.
Se trataría, también, de la primera (y única) película del colectivo de cineastas amateur Sevillanos denominados a sí mismos de igual manera que a su película, “Madre in Japan”, con una película con la que intentarían salir del ostracismo al que, por naturaleza, estaban condenados. No lo consiguieron.
En un pueblo ficticio de Sevilla, Aljaranda, hay mucho revuelo con los mundiales del 82. Además, un grupo de lugareñas regresan de un viaje colectivo al  Japón, del que una de ellas vendrá embarazada de un nipón. La chica regresa habiéndole dado a su novio Japonés una dirección falsa pensando que nunca más volverían a verse. Así que entre unas tramas y otras, con la radio pirata local, y la televisión de por medio, planean, durante la retransmisión de un importante partido del mundial, y con la ayuda de un súper ordenador creado por uno del pueblo, interferir vía satélite con un mensaje destinado al padre de la criatura, para que sea consciente de lo que viene y que vaya para  Aljaranda.
Con un tono del todo rural, absolutamente característico de la cinematografía andaluza, deudor del neo realismo (o más bien, parodiándolo) y con un humor totalmente localista, este estilo de cine permanece anclado en una época (finales de los setenta y la década de los ochenta) y se convierte en un movimiento único dentro de cualquier cinematografía de cualquier parte del mundo. Es curiosísimo porque, además, uno de sus puntos en común (y a favor) es el bajo presupuesto de estas producciones, e incluso su marginalidad, no solo en lo que retrata, sino en la elaboración de las películas, siempre bajo mínimos.
Incluso, en su debut como director, y ante la ignorancia, no ya de los cuatro gatos que fueron a ver la película, sino incluso de quienes financiaron esta, Pablo Carbonell, andaluz aunque muchos le crean catalán, rindió su homenaje a esta corriente cinematográfica con la muy entrañable y recomendable “Atún y Chocolate”, que fracasó en taquilla.
La cinematografía Andaluza es harto interesante, incluso fascinante, pero naturalmente y por razones obvias (demasiado de aquí, demasiado costumbrista) es rechazada por el público, siendo esta una cinematografía en vías de extinción. Desde que me he vuelto aficionado a ella (por su exotismo, a fin de cuentas) “Madre in Japan”, me ha resultado la película más curiosa de todas en el sentido de que, si exceptuamos los minúsculos cameos de “Los Morancos”, que además, por fechas, en 1983, cuando se rodó, todavía no eran nadie , el futbolista Gordillo o la aparición especial de Agustín Gonzalez, el resto del reparto, son actores totalmente amateurs, cuyo entusiasmo queda patente durante toda la película. Lástima que están todos doblados por profesionales y no podemos disfrutar (u horrorizarnos) con sus acentos reales.
Por otro lado, todo, absolutamente TODO en esta película es de una precariedad espantosa. Tan espantosa como atractiva a a la hora de visionarla, y teniendo en cuenta que los decorados son naturales, o  fabricados a base de cartulina y rotulador dentro de estos, y que tan solo cuentan con cámara y película en 35 mm. para llevar a cabo su producción, la mala planificación (que es un rato mala), la falta de objetivos de todo tipo y un montaje básico, dan como resultado a esta película de cine el mismo que una de aquellas primigenias películas filmadas en formato magnetoscópico para “Olympic Vídeo”, dirigidas por Miliki, Joe Rigoli o Pajares. Todo muy pobre, pero, eso si, con look de cine.
Vamos, una película única.
Pero si dejamos a un lado frikadas técnicas y odas a la pobreza cinematográfica ¿funciona? Pues sí. Se trata de una película muy agradable de ver. Según mi pareja, se trata de “Una historia de amor muy bonita” y por mi parte, además, añadir que se trata de una comedia muy simpática, en la que, por ejemplo, los devaneos del padre de la chica en la búsqueda del padre Japonés de su futuro nieto son material cómico, si no de primera categoría, si más que factible para la comedia española.
Y ahora especificar, que muchas veces mis explicaciones o sus entendederas son un poco cortas: Reivindico esta película PERO NO COMO PELÍCULA MALA. Esta lo único malo que tiene es el título. La reivindico como película que rompe con los patrones, como rareza y como osadía. Es una peli sin pasta, si, pero es una peli que cumple con todo lo previsto en su pre-concepción. Al fin y al cabo, es cine amateur con intención de dejar de serlo. O sea, otro rollo.
Como anécdota decir que una de las actrices es Ana Galiana, la abuela de “Cuéntame como pasó”, antes de ser una actriz popular, y cuando, intuyo, se dedicaba a la docencia como medio de vida.
Del colectivo “Madre in Japan” y del director Francisco Perales, nunca más se supo, como de tantos cineastas meramente andaluces.

viernes, 27 de marzo de 2015

TUSK

Un popular podcaster que en sus programas se dedica, entre otras cosas, a entrevistar personajes curiosos con el fin de reírse de ellos, viaja hasta Canadá a entrevistar a uno de estos, cuando de casualidad se topa con una especie de marinero que estuvo viviendo en medio del mar en compañía de las morsas. Así pues, decide ponerse en contacto con él para entrevistarle también. Cuando acude a verle, este le cuenta su amistad con una morsa en concreto, Mr. Tusk, cuando estuvo perdido en el mar, lo mucho que la echa de menos y, además, le muestra su desprecio hacia los humanos.
Mientras le cuenta todo esto, descubrimos que el marinero le ha echado algún tipo de veneno en el Té que le ha ofrecido, así que le secuestrará y le aplicará una tremebunda cirugía para convertirle en una especie de morsa humana, y así rememorar los tiempos en los que el animal, era su único amigo.
En la última película de Kevin Smith, se le ve el plumero. A mí no me engaña; Smith se vio “The Human Centipede”, se flipó con el asunto y directamente plagia la idea, con resultados absolutamente desastrosos.
Kevin Smith, dijo hace tiempo que dejaba el cine, que todo lo que podía ofrecer al medio ya lo había hecho y que no le quedaba más que aportar. Mentira podrida. Cierto que el discurso se le acabó con “Persiguiendo a Amy”  pero eso de dejarlo… ya podía haber cumplido con su palabra.
Resulta que Kevin Smith además es podcaster, y en uno de sus shows, “SModcast”, que co-presenta junto a Scott Mossier y para justificar que va a plagiar “The Human Centipede”, se inventa en directo este argumento de la puta morsa y claro, los fans que no han visto “The Human Centipede” porque es Europea, enloquecen. Este entusiasmo propicia que pongan en marcha el proyecto, se gasten tres milloncejos de dólares, y en taquilla recauda poco más de un millón. El pufo del siglo. Vamos, un fracaso.
Y es que la película es mala a rabiar. Esta si sería su primera película de terror, no “Red State” y aparte de que creando atmósferas no está muy ducho, escribiendo diálogos en los que no salgan a relucir, pollas, coños y lefazos, es un absoluto manta.
Un par de momentos escabrosos, buenos efectos de látex por parte del clásico Robert Kurtzman y absolutamente nada más… Solo diálogos no especialmente lúcidos entre los protagonistas, alargar el  metraje hasta la extenuación y una subtrama con toques insoportablemente cómicos de la que se podía prescindir tranquilamente. Y es que todo es más o menos soportable hasta que, pasada una hora, hace acto de presencia un personaje, una especie de detective medio loco que resulta que lleva años detrás de dar con este marinero y que interpreta un decadente Johnny Depp al que da vergüenza ajena verle hacer el bobo, bizqueando y con un maquillaje que parece el de los payasos de la tele. Vamos que parece Miliki con bigotazos.
Y es laaaarga  y aburrida y no parece querer terminar nunca y cuando lo hace, el final es totalmente ridículo. Vamos, una mierda, un insulto hacia la película que toma como base.
Por ponerle alguna nota positiva, tan solo decir que retrata muy bien la megalomanía de baratillo de los podcasters, que se creen que son algo pero en realidad son una mierda seca. Exactamente como pasa en España, solo que aquí son todos unos muertos de hambre, y un podcaster de éxito en los USA, factura 100.000 dólares anuales, como el protagonista de la película – menos mal que aquí no hay (ni habrá) dinero de por medio en esto de los podcasts, porque sino a más de uno ya le habría apuñalado otro podcaster-
Quizás Smith se basa en su experiencia propia, o bien, es un autorretrato involuntario, porque algo me dice, que parte de su personalidad está impregnada en la de su personaje, sin él saberlo siquiera.
Pero vamos, que en resumidas cuentas, estamos ante un pestiño interminable de criminal aburrimiento con un Kevin Smith que debería dejar la cámara y dedicarse a otras cosas, porque no atina. Con lo fan que fui yo de este cabrón en los noventa…
La película, en principio, será la primera de una serie de películas que llevará por título “True North”.
En el reparto, que se prodiga lo mejor de la película porque lo cierto es que, salvo dos,  están todos muy bien,  tenemos a un cada vez más convincente (que lo cortés no quita lo valiente) Michael Parks que ha pasado de ser un actorcillo de tercera a ser un actor de amplio registro especializado en papeles extremos, que interpreta a ese marinero “Mad Doctor” que convierte en morsa al prota, Justing Long (“Servido”, “Arrástrame al infierno” que a su vez, hace de podcaster antipático y gilipollas con total credibilidad.
Smith, como si de un Tarantino de tercera se tratase (al que por cierto, propusieron como director de esta película, pero se negó en rotundo, así que Smith dirigió el asunto), recupera para el cine a Haley Joel Osment –el niño de “El Sexto Sentido”- obeso para la ocasión que de inexpresivo y mal actor, queda claro que su olvido se debe a su escaso talento y no a las modas. Y la nota femenina la pone Génesis Rodríguez, hija de José Luis Rodríguez “El Puma” (no es coña) y a la que ya vimos al lado de Will Ferrel en “Casa de mi padre” o “Por la Cara”. Finalizando los estelares, como ya he dicho antes un decadente y repelente para la risa Johnny Depp.
Muy mala.

lunes, 21 de noviembre de 2022

LITTLE LOST SEA SERPENT

El director Donald G. Jackson, al que la afición le vino de manera temprana cuando filmaba eventos deportivos de instituto con su Bolex de 16 mm, es un realizador peculiar donde los haya, que quizás encaminó su carrera por el lado más elemental a causa de la falta de trabajo o, en un segundo término, quizás, por la de talento. Al margen de eso, detestaba las películas en las que Satán es mostrado de manera ostentosa porque era un cristiano redomado, mientras que por otro lado fue “La matanza de Texas” la película que le llevó a querer dirigir cine.
Paradójicamente y traicionando a sus creencias, debuta en el mundo del cine, precisamente, con una película de contenido satánico como era “The Demon Lover” —estrenada en nuestro país en vídeo, espantosamente editada, bajo el título de “Ceremonia Satánica”. Conoció otra edición que, erróneamente, le otorgaba la dirección a Fred Olen Ray —, mientras que el culto y seguimiento a posteriori se lo debe a un par de películas de "serie B" no muy hábiles pero simpáticas, que son “El infierno vuelve a Frogtown”, con Roddy Pipper (terminada de rodar por otro mindundi) y “Roller Blade” de la que posteriormente rodaría remake y secuelas. Estas serían sus tres películas más populares y a las que ineludiblemente se les rinde el culto merecido dentro de los parámetros de la "serie B" más desacomplejada.
Sin embargo llegados los 90, y navegando en un mar de mediocridad en el que, por abaratar costes, si quería seguir rodando debía hacerlo en vídeo costroso de la época, llega a su vida otro peculiar director, experto en artes marciales y aún más costroso que el propio Jackson, que responde al nombre de Scott Shaw y cuya escasa popularidad se la debe a títulos como “Atomic Samurai” entre otras mil mierdas que tiene en su filmografía, ya sea en calidad de productor o de director. Shaw alaba la filmografía ochentera de Jackson y le propone que se asocie con él en su pequeña productora, para que forme parte de una nueva corriente cinematográfica artística de su invención a la que llama Zen filmaking. Y Jackson se enreda con él en ese tinglado. ¿Y en qué consiste el Zen filmaking? Pues nada más y nada menos que en rodar películas con el mínimo dinero posible, en el menor espacio de tiempo y sobre la marcha, sin un guion, improvisando y construyendo la película según van grabando. Lo que viene siendo una película amateur de toda la puta vida, y además, de las malas. Insufribles. De esta manera, juntos, se lían a rodar películas amateur a cholón, expoliando, en la medida de lo posible, los éxitos pasados en celuloide del señor Donald G. Jackson, por lo que la mayoría de esa producción la componen secuelas de “Roller Blade” y, sobre todo, de “El infierno vuelve a Frogtown”, pero con una pobreza de medios —y artística— similar a cualquier película facturada en el tercer mundo. También tienen especial predilección por hacer películas de terror protagonizadas por El Chupacabra. Pero les va bien y se hartan de vender VHSs para el mercado del alquiler, por lo que en cierto modo resultan ser un antecedente para productoras como The Asylum, Tomcat Films y similares.
En una de estas, Shaw se da cuenta que el mercado infantil está caliente en los Estados Unidos, que las copias de Disney provenientes de exóticos países tercermundistas se alquilan como churros y que, en definitiva, los niños suelen ser un público agradecido. De este modo, y siempre cumpliendo los dogmas de Zen filmaking, propondrá a su socio rodar una serie de películas de corte infantil (de las que daré buena cuenta por aquí empezando con la de hoy) que cuentan como principal reclamo con el protagonismo de Joe Estevez —el tío menos famoso de Emilio Estevez y Charlie Sheen y, por ende, hermano de Martin Sheen—, que debe ser uno de los peores sobreactuadores de la historia, y de Conrad Brooks, actor clásico de la serie B/Z de los años 50 que se haría popular por salir en las películas de Ed Wood y que en plenos 90 respiraba sus últimos estertores.
Fascinado me quedé al saber sobre el Zen filmaking (aunque en su día ya tratáramos el asunto en formato audio), pero más todavía cuando supe de esta rama del movimiento pensada para los niños. Así, llego a esta infamia titulada “Little lost sea serpent”.
Cuenta la historia de una pareja de niños que, en la orilla del mar, se encuentran un bebé de serpiente marina gigante, con sus aletitas y todo. Por supuesto, se la llevarán a casa. Cerca del lugar les espían un par de periodistas que al darse cuenta de la magnificencia de lo que se han encontrado ahí, les perseguirán con la idea de hacerle fotos al bebé serpiente para publicarlas en los diarios.
En casa los críos jugarán con la serpiente, la criarán y conseguirán que sus padres, que no sabían nada, lleguen a encariñarse de un bicho que, al ser marino, necesita estar en el mar o se muere. Así que pronto decidirán regresarla a su hábitat para que esté con sus papis. Los periodistas por el camino comprenderán también que devolverla al mar es lo mejor. Así que de vuelta al mar, la mamá de la serpiente vendrá a recibirla con sus 10 metros de tamaño, mientras la serpiente pequeñita ¡habla y dice que quiere volver a casa! Y fin.
“Little lost sea serpent” ¡es el enésimo exploit de “E.T. El extraterrestre”!
Básicamente, Shaw y Jackson copian la estructura narrativa de la película de Spielberg, la adaptan a sus escasos medios y rellenan metraje a base de improvisaciones y conversaciones interminables. Todo ello rodado fatal, sin ningún cuidado y como si en realidad todo importase un bledo. Además, la pequeña serpiente, que bien podría ser semi animatrónica, es un tarugo. No se mueve, nada, un muñecajo inerte medio marionetesco, que hace que cada vez que un actor interactúe con él parezca completamente estúpido —máxime si quien interactúa con él es Joe Estevez—. Es como hacer una película con el peluche de la feria como protagonista. Pero cuando aparece la madre de la serpiente, un ser que entendemos que ha de medir más de 10 metros… mi madre… mejor buscan la peli y la ven, porque es inenarrable.
En definitiva, una película/estafa que directamente no se puede ver. Hay que ser muy valiente para enfrentarse a un visionado completo. O muy estúpido. Y yo me la he comido de cabo a rabo.
Sin embargo, me alegra haberme adentrado en el Zen filmaking de Shaw y Jackson, porque, créanme, si hay un cine pobre, chabacano, sin vida, triste, sin duda es este. Podría competir con el “Yo quiero ser torero” de Miliki y con el dúo Sacapuntas, y ganaría de largo la española. Ver para creer.
Vamos a por otra…