martes, 20 de agosto de 2024

VASECTOMÍA

Un banquero, padre de ocho hijos, se plantea tener un noveno. Sin embargo, tras semejante tute, su esposa se niega en rotundo a fornicar con él hasta se haga una vasectomía. El individuo, de carácter mediterráneo (es italoamericano), no quiere pasar por quirófano y ve en la vasectomía un fuerte atentado a su hombría, lo que acarreará conflictos con su mujer, a la vez que deberá lidiar con los problemas propios de su puesto en el banco.
Detrás de ese estupendo póster por obra y gracia de Mort Drucker, uno de los dibujantes clásicos de la revista “Mad” —póster que sugiere desmadre y diversión a raudales—, se esconde una de las comedias más anodinas de los ochenta. Parece que fuéramos a ver algo al estilo de “Los locos del bisturí” o “Jóvenes enfermeras enamoradas”, pero, nada más lejos. “Vasectomía” es en realidad un drama moderado con un par de gags en su haber. Con la excusa comercial de que el protagonista ha de cortarse los conductos deferentes, se nos narra lo que realmente importa, que es una trama de fraudes, herencias y bancos que a los espectadores nos importa un bledo, porque lo que queríamos ver es a Paul Sorvino huyendo por los pasillos del hospital donde ha de ser intervenido. Y efectivamente, le vemos escapar del cirujano, pero nunca en un contexto tan divertido como el que sugiere el póster.
“Vasectomía” es aburrida hasta el extremo; está mal rodada, mal narrada, nos perdemos cada cinco minutos porque la historia va para un lado y para otro sin detenerse nunca en algo concreto, amen de que el par de situaciones cómicas que contiene apenas nos hacen esbozar una sonrisilla. Es MALA a rabiar, una de las peores películas de su época, un verdadero desastre.
Desde el primer fotograma tendemos a pensar que se trata de un mal telefilme rodado para la programación de madrugada de algún canal americano, pero no, se trata de una película legítima, con su estreno teatral en toda regla y que pasó por los cines yankis en 1986, siendo, por otro lado, una producción enteramente tejana que no obtuvo mayor repercusión fuera del estado, donde probablemente haría las delicias de los yuppies rednecks que, en cierto modo, podrían verse retratados en el papel de Paul Sorvino. Sin embargo, con toda la razón, la crítica se cebó con ella, argumentando que Sorvino estaba de pena, gesticulando y justificando cualquiera de sus acciones con el hecho de ser italiano.
Asimismo, al mostrarse partidario de la vasectomía, consiguió ganarse las antipatías de los sectores más conservadores de la América blanca, que condenan cualquier cosa que sugiera no engendrar niños o interrumpir su gestación, sea el aborto, sea la píldora, sea la vasectomía, sea derramar nuestra semilla en el frío suelo.
“Vasectomía” llegó a nuestro país, como tantos otros títulos menores, gracias a la distribución en vídeo, y es la típica película cuya caratula vimos mil veces expuesta en las estanterías de los video-clubs, pero nunca alquilamos. Vista hoy, se ratifica el hecho de que, si no alquilábamos según qué películas en su momento era porque existía un sexto sentido que indicaba que “esta no”. Y no fallaba.
En el reparto, además de Paul Sorvino, contamos con otro clásico secundario de la época como Abe Vigoda (muchos le recuerdan en su esnobismo por “El Padrino”, pero yo le recordaba única y exclusivamente por hacer de padre de John Travolta en “Mira quién habla”) además de a Lorne "Bonanza / Galáctica" Greene, William "Blácula" Marshall y unos cuantos actores y actrices tejanos sin mayor repercusión.
Dirige Robert Burge, de escueta carrera fílmica que, además de esta, también ha dirigido… Es igual, no nos importa que más ha dirigido este manazas.

sábado, 17 de agosto de 2024

STING OF DEATH

Todo comenzó en las páginas de la legendaria "Psychotronic" según maese Michael Weldon. Ahí leí por primera vez el nombre de William Grefé, sorprendiéndome ante un apellido tan exótico, acento incluido, para alguien netamente yanki. Un oscuro director de cine barato de explotación con un dato que sobresalía por encima del resto (tilde aparte), su implicación en las escenas submarinas con tiburón de "Vive y deja morir", la setentera epopeya Bondiana (donde, por cierto, le cambiaron el apellido a Grefe, tal cual... curioso) La idea molaba, filmmaker de segunda -o tercera- categoría con una vida paralela como ¿técnico? en cine "mainstream". Sin embargo, lo más llamativo de aquel reportaje era un cartel publicitario, tan espectacular como solían ser los de su ralea, anunciando una doble sesión con dos films de horror firmados por Grefé, "Sting of Death" y "Death Curse of Tartu".
Y un día, recorriendo uno de los video-clubs del barrio, sección alquileres baratos, me encontré nada menos que con la segunda, titulada acá "La maldición de Tartu". Como solía ocurrir entonces, una intensa descarga eléctrica sacudió mi espinazo. La alquilé sin dudar para, tras consumirla, sentirme tremendamente decepcionado. Sí, era un coñazo de órdago, como buena parte del "exploitation" -especialmente el de los años sesenta-. Solo hubo un aspecto que consideré relevante, el semi-protagonismo de una jovencita Mayra Gómez Kemp, la eterna presentadora del "Un, Dos, Tres". Bueno, y el hecho de que el "Scalps" de Fred Olen Ray -película y director, por entonces, fruto de una enfermiza obsesión... por inquietante que suene- era un remake encubierto de "La maldición de Tartu", que llegué a adquirir en VHS, convencido de su rara condición, pero con el tiempo terminé regalando.
Por todo ello, jamás me interesó consumir "la otra", es decir, "Sting of Death", ni tan siquiera tras leer que el aspecto de su monstruo era patético y confirmarlo mediante algunas imágenes en un dvd-sampler de "Something Weird Video". Hasta ayer.
Gracias a las sucias plataformas de streaming, tengo acceso constante y continuo (o así sería si el Wifi de mierda no fallara tanto) a un catálogo generoso -y gratuito, of course- de roña zetosa, mayormente subtitulada al inglés, que siempre ayuda. Haaaarto comostoy del cine chusco moderno, me ha dado por revisar el añejo, así acabé presionando el "play" de "Sting of Death", casi accidentalmente. Y comenzó. Y, más raro aún, se mantuvo, sin los continuos y desquiciantes cortes del mal Wifi. Me sentí obligado pues a aprovechar la ocasión y pimplármela entera. Sabiendo que, gracias a dios, era cortita.
Una familia se reúne por motivos "festivalosos" en una casa rodeada de agua y pantanos, allí en los Everglades. Se sumarán una panda de universitarios descerebrados. La música bailonga suena alta, y todo va de perlas, hasta que una especie de bicho con pinta de medusa antropomorfa comienza a joder la marrana, llevándose a alguno por delante. Es momento de defenderse y contraatacar.
Lo dije en la reseña de "Shriek of the mutilated" y lo repito right now: resulta curioso aseverar como las fórmulas se mantienen a pesar de la suma de lustros. Igual que ocurrió a lo largo de los ochenta hasta nuestros insulsos días, también aquí los universitarios de rigor son representados como auténticos mastuerzos retardados chillones que solo viven para la fiesta (y, también, interpretados por actores que ya gastan pelos en sus respectivas entrepiernas) Todo ello adaptado a la idiosincrasia del año de producción, 1966, pero sin excesivas alteraciones. De modo mucho más simplista y exagerado. Son, por década y mentalidad, incluso más planos y gilipuertas, sin pizca de humanidad. Aspecto este confirmado cuando, al descubrir la presencia de un personaje atormentado por cierta desfiguración facial, deciden perseguirle, acorralarle y humillarle a lo bestia. No sé qué demonios les dio a finales de los sesenta, y principios de la década siguiente, con eso de meter a un secundario con alguna tara física o mental. Se convirtió en recurso habitual. Lo vimos, una vez más, en "Shriek of the mutilated". También "La noche del terror ciego" contaba con ello. Hasta un film tan respetado como "Suspiria" incluía a uno así en su reparto (y no me refiero a Miguel Bosé... ¡chas-pun!)
Igualmente, común es a todo el cine de explotación recrearse en las féminas y sus sinuosas curvas, siempre dentro de los parámetros morales que se permitían entonces. Hay mucho bikini, mucho culo meneándose y un sorprendente despelote total medio emborronado por un cristal translúcido. Podemos apreciar el tremendo par de aldabas que gasta la actriz. No me sorprendería que su propietaria fuese una "Pin-Up" y/o stripper de la época, aunque ha sido imposible corroborarlo. Que responda al nombre de Blanche Devereaux, como uno de los personajes de la posterior y famosísima serie "Las chicas de oro", no ayuda. En cualquier caso, su ataque y asesinato son pura esencia "trash" (ver galería de imágenes inferior)
La iracunda bestia responsable guarda un semi-secreto que no desvelaré por si, extrañamente, pretenden ver la película. Efectivamente, el diseño/aspecto es absolutamente miserable. Hay cierta justificación narrativa tras ello, pero no tanto. Básicamente se trata de un tipo al que han vestido con un traje de buceo enguarrado, incluidas cantosas aletas para los pies y un flotador en la cabeza cuya intención es parecerse al cuerpo de una medusa. Sus maneras ya eran muy "demodé" en los años sesenta, pero gastan, cómo no, un sutil encanto. Sobre todo si consumen la edición remasterizada con todo esos colorines tan chillones.
Otro de los platos fuertes en "Sting of Death" es la incorporación de una canción de Neil Sedaka en la banda sonora. Tanto como para anunciarlo en los créditos iniciales como si fuese uno de los protagonistas. ¿El truco? que no es ninguno de sus grandes éxitos y, además, en 1966 el tirón comercial del cantante había descendido unos grados. Aún así, nos zampamos la copla íntegra (acompañada de graciosas imágenes del reparto completo bailoteando a las maneras de entonces) cuyos derechos, seguramente, se llevaron un buen pellizco del escueto presupuesto.
Y eso, el "prolongamiento de momentos intrascendentes" es, como todo buen producto barato, algo recurrente. Añadan una eterna persecución por los Everglades y el tramo final, con el héroe bajo el agua dedicando más minutos de los deseados a localizar la guarida del monstruo. Ya saben, la supuesta especialidad de William Grefé quien, por si se lo preguntan, continuó dirigiendo los años siguientes, siempre movido por esa mentalidad oportunista / exploitativa. Tras el éxito de "Willard", la del chaval con capacidad de movilizar ratas a su antojo, sacó "Stanley", cambiando los roedores por serpientes. Y, aprovechando su capacidad para filmar submarinamente escualos, estrenó otro de sus títulos populares al año siguiente del hit "Tiburón", uno muy habitual en videoclublandia, "Mako, el tiburón de la muerte" (obviamente, se supone que Grefé tuvo la idea antes del éxito Spielbergiano, pero no logró el necesario montante hasta demostrarse que dichas bestias interesaban al público. La típica ¿excusa?) A partir de los ochenta comenzó a rebajar mucho el ritmo, básicamente pariendo solo cortometrajes. Pero ahí sigue, vivo y coleando (con lo gafe -Grefé- que soy, me lo tienen muerto pasado mañana) Incluso se ha permitido el caprichazo de actuar para otros directores, como Steve Latshaw (justo en dos películas producidas por su pupilo, Mister Olen Ray) o James Balsamo -si a este podemos llamarle director-.
¡Ah! William es el papá de Melanie Grefe, la gorda y malcarada "Big Edna" de "Porky´s 2".





martes, 13 de agosto de 2024

KILLER MOSQUITOS

A estas alturas las películas sobre insectos asesinos, que podían ser muy novedosas y originales en los 70, no solo están más vistas que el tebeo, sino que, además, han pasado a ser un producto exclusivo para las plataformas por parte de productoras de roña (ya saben, Asylum, TomCat… y veremos lo que tardan los “clickxploiters” en darle también al subgénero / Nota de Nacho: ¡¡ya lo han hecho!!) que las engendran, si no como churros, sí con cierta asiduidad. Pero, por supuesto, el tema de insectos asesinos ya no resulta amenazador ni terrorífico. En los 90 parir películas con bichos como villanos de la función estaba demodé y, lógicamente, el tema era tomado a coña tanto por los creadores de aquellas películas como por el público receptor de las mismas. Productos como “Arac Attack” o “Ticks” fueron concebidas más como comedias que como películas de terror.
A mí el subgénero en general no me gusta particularmente, me podía hacer cierta gracia cuando las películas eran genuinas y sentir simpatía por “Hormigas”, “Gusanos asesinos” y, sobre todo, “Abejas asesinas”, pero a grandes rasgos tampoco es que me vuelvan loco. Pero ya cuando estas temáticas son tomadas a cachondeo con el fin de contentar a ciertas plateas de aficionados… ahí ya no quiero ver este subgénero ni en pintura.
Sin embargo, curioso como es uno, no puedo dejar de hacer leves acercamientos si dichas películas posmodernas de insectos asesinos poseen algún tipo de handicap; “Killer Mosquitos”, conocida también bajo el título de “Tafanos”, cumple con estas características… pero es italiana. El hecho de que una de bichos asesinos sea italiana ya le otorga la legitimidad suficiente para que decida echar una hora y poco delante de la tele. No es una cuestión de predilección por las nacionalidades de las películas, es más por ver que cojones han hecho los italianos en 2018, los reyes del exploit en los 80, con una de temática fantástica muy acorde con los géneros en los que fueron reyes décadas atrás.
Y así nos topamos con una película que en realidad es un remake de otra de idéntico título realizada en el año 2000, que tampoco es que fuera un éxito ni nada parecido.
Así, “Killer Mosquitos” nos cuenta la historia de un grupo de jóvenes que se van de fin de semana a una cabaña en el bosque, en una zona en la que hay una infestación de mosquitos enormes, con bocas llenas de dientes que les atraviesan la cabeza de manera vertical, y que atacan a los humanos con el fin de alimentarse. Como este grupo de personas es jovial y moderno, le dan a la marihuana cosa mala. Descubren que con el humo de los canutos estos mosquitos se quedan tranquilos, así que se lían a fumar porros con el fin de acabar con la invasión.
Okay, quería ver como se las gastan los italianos en este terreno y, a parte del CGI que me parece vergonzante y para hacer eso es mejor no hacer nada, yo creo que, y partiendo de la base de que la película es una solemne tontería, el hecho de que sea italiana propicia que el resultado resulte más irritante, más deleznable y más falto de calidad que de costumbre. Porque ahora mismo los italianos, en lo que a cine se refiere, están incluso por debajo de España. Sin embargo, con este bodrio parido inevitablemente en HD (ya no se si 2K, 4K, o la madre que parió a la puta), sí que me ha hecho considerar que el que tuvo, retuvo, porque, no se muy bien con que fin, la película está rodada en inglés para luego ser doblada al italiano y presentada de esa forma en su estreno (esta vez en plataformas). Esto no deja de tener gracia porque los productos de género italianos de los 70 y 80, también solían rodarlos en inglés (o sin sonido directo) para después doblarlos de cara a las ventas internacionales. Esto tenía coherencia en aquellos años, puesto que el cine italiano era una industria más o menos sólida y las producciones tenían que cubrirse las espaladas de cara a posibles estrenos en el extranjero, pero ¿por qué ruedan hoy en inglés si las películas italianas ya no son exportadas y casi ni compradas por Tele 5? Es una buena pregunta. Aunque está claro que las siguen importando; de lo contrario yo no podría haberla visto en Amazon Prime con doblaje español incluido.
Pero bueno, más allá de estos apuntes, “Killer mosquitos” es una puta mierda de las que hacen época y no tiene mayor interés ni importancia.
Dirige esta cosa Riccardo Paoletti, director de videoclips de prestigio que hizo unos cuantos para Franco Battiato, Zucchero u otras tantas estrellas de allí que, aunque se rueda esta bazofia alimenticia sin ganas ni intenciones, tiene en su haber otras tres o cuatro películas de distintos palos. Por lo menos, está haciendo cine hoy en día en Italia, que no es poca cosa.

sábado, 10 de agosto de 2024

SHRIEK OF THE MUTILATED

¡¡Epa!! con la realeza del más genuino "exploitation" hemos topado: Michael Findlay (firmando Mike para la ocasión), pareja de Roberta Findlay y padre de algunos films tan mitificados como desvergonzados. Justo, "Shriek of the mutilated" (¡titulazo!) es el que siguió al no menos cacareado "Slaughter / Snuff" (estrenado a posteriori por cuestiones "distribuiles" como tan bien explicó Víctor) y su última ficción propiamente dicha antes de pasar al porno y, aluego, palmar en aquel célebre accidente. Estamos ante puro "trash", serie Z de esa sobre la que resulta más interesante hablar / escribir que ver.
El profesor Prell anda loco por demostrar la existencia del yeti. Asegura haberlo visto una vez, durante una expedición en la que murieron la mayoría de acompañantes. Así, mete a un grupo de estudiantes en una furgo y se dirige a casa de un tipo que ha oído a la legendaria criatura gruñendo en plena noche. Una vez allí, los chavales irán cayendo bajo la ira de un "mostro" de aspecto muy muy muy lamentable.
Resulta harto curioso comprobar como los esquemas argumentales adscritos al género del terror siguen siendo, a día de hoy, los mismos que ya eran a mediados de los setenta. Sí, claro, siempre adaptados a la idiosincrasia del momento, pero sin mucha diferencia. Chavales / estudiantes estereotipados se apuntan a una expedición / aventura / búsqueda donde pagarán con sus vidas uno a uno. Sin más. Hasta cierto punto "Shriek of the mutilated" tendría algo de "slasher", sí. Solo que, por contra, reserva todo un giro final que se supone sorpresa, rompedor. Y lo es. Voy a evitar "espoilearlo", aunque algunos carteles oficiales ya se encargaron de hacerlo.
Los guionistas, Ed Adlum -también productor- y Ed Kelleher, venían de escribir -y Adlum dirigir- otro anti-clásico, "Invasion of the Blood Farmers". Kelleher no se desentendería demasiado del apellido Findlay cuando, muerto Michael, firmó algunos guiones para Roberta, en concreto los de "Sombras diabólicas" y "El poder del diablo". Ed Adlum, consciente del peso de su pasado "exploitativo", goza dando entrevistas repletas de anécdotas bien suculentas.
En cuanto a "Shriek of the mutilated", pues bueno, cumple a rajatabla con las de su especie. Muuuucho diálogo a base de interminables planos generales, aburrimiento a espuertas, actores tremendos (especialmente Jennifer Stock, sus berridos son de órdago. Tampoco el "indio tarado" tiene desperdicio. Y, como dato curioso, mentar al clon de Larry Fessenden), efectos especiales toscos disimulados a base de cortes rápidos, extremidades de maniquíes untados en tintanlux rojo y una banda sonora tirando de archivo o música libre de derechos (mucho Bela Bartok detecto por ahí) incorporada con la punta del nabo a las imágenes. Estas se las debemos, en cuestiones de cámara y fotografía, a Doña Roberta herself.
Quizás la escena más divertida sea aquella en la que un traumado superviviente de la expedición previa, rebana el cuello a su novia, y se mete en la bañera para limpiarse la sangre. Pero ella, que no está muerta del todo, se tomará la revancha. ¿Cómo? pues arrastrándose hasta el lavabo portando una ¿¿tostadora?? y tirándola al agua. No me pregunten cómo el enchufe da para tanto. Ni si habría sido más sencillo valerse de un utensilio cortante para ajusticiar a su asesino. Da igual, porque las risas obtenidas a cambio merecen la pena.
Mala de pelotas, sí, pero el cine incompetente de los setenta era una delicia comparado al de ahora. Ni lo duden.

martes, 6 de agosto de 2024

LA PLAYA

Recuerdo que cuando se estrenó “La playa” en nuestro país, venía precedida de las peores críticas que podían acompañar a una película. Era principios del nuevo milenio, Leonardo DiCaprio venía de enamorar a medio mundo con “Titanic” y Danny Boyle venía de hacer tres cuartos de lo mismo, como director, con una película en cierto modo rompedora como lo fue en su momento “Trainspotting”. Así que un producto como "La playa", con el actor y el director de moda a bordo, era carne de cañón para esa crítica de los 90 compuesta por señores con corbata y muy mala hostia, que la tachó de estar pergeñada poco menos que por retrasados mentales. Yo la vi durante el fin de semana de su estreno y recuerdo que me pareció estupenda. Pero tenía presentes aquellas reacciones carniceras por parte de la prensa.
El caso es que se trataba de una cinta mainstream entretenida y sin mayor relevancia para mí, estaba bien, así que pronto la olvidaría y pelillos a la mar. Creo que la vi alguna vez más. Pasados muchos años, la encontré en DVD por un euro en un "Cash Converters", era uno de esos DVDs excedentes de Fox que, de tantísimos que habían fabricado, podías encontrar en cualquier saldo casi regalada. Y me la compré. Total, por un euro… Pero lo dejé ahí en la estantería hasta que un día me diera el venazo de volver a verla. Y anoche me dio.
Basada en la novela homónima de Alex Garland, hoy reputado guionista y director por cuenta propia, narra la historia de un mochilero estadounidense que decide irse de aventuras a Tailandia. Una vez allí, un individuo completamente ido le invita a un canuto y la habla de una playa paradisíaca, casi virgen, donde las arenas son blancas y las aguas cristalinas, bla,bla,bla.
Le da un mapa de dónde está y, acto seguido, se suicida.
El mochilero, que en el hotel ya le ha echado el ojo a una franchute que retoza con el novio, insta a estos a que le acompañen hasta ese lugar, no sin antes cederles una copia del mapa a unos porreros con los que ha pasado la noche. Y  parten hacia el paraíso. Llegan allí, no sin cierta dificultad, y se topan de golpe y porrazo con lo que parece una sociedad secreta —y hippiosa— habitando la mitad de la isla, mientras que la otra mitad está ocupada por narcotraficantes. Conviven en paz… pero el mochilero pronto se da cuenta de que no todo es tan idílico en aquella paradisíaca playa, máxime cuando le han advertido que por allí no puede ir nadie más y se da cuenta de que ha dejado un mapa del lugar a unos mindundis…
Mientras todo eso ocurre, DiCaprio se folla a la franchute (que tiene novio); también a la que parece liderar todo el tinglao (Tilda Swinton), igualmente con novio; se fuma tres cartones de cigarrillos; se fuma ni se sabe cuantos canutos de marihuana; lucha contra un tiburón al cual vence clavándole un cuchillo; se hace el guay en la playa; se va a vivir en medio de la selva sin ropa ni comida —mientras, estéticamente, Danny Boyle nos presenta esa secuencia en plan videojuego—; ruge como si fuera un tigre y sufre una enajenación mental de la que se recupera, sin ningún tipo de medicación, a la velocidad del rayo. También le da tiempo a asfixiar a un enfermo de gangrena, que tampoco es poca cosa.
Y recién vista, entiendo el cabreo de los críticos de la época. Si obviamos el hecho de que técnicamente la película es impecable, todo en ella es tonto, excesivo y, sobre todo, soberanamente ridículo. Pero su mera existencia es también un signo de los tiempos porque, pese a aquellas críticas, el público fue a verla a tropel haciéndole recaudar cerca de 150 millones de dólares del año 2000 (cuando costó tan solo 50). Es decir, las críticas dieron igual. La prensa iba por un lado y el público por otro. Internet estaba en bragas y todavía no había criticuchos de youtube o bloggers que quisieran robar el protagonismo a una película y ganar notoriedad gracias a sus opiniones sobre la misma. Si se hubiera estrenado hoy, otro gallo le hubiera cantado a “La playa”. Igual habría sido un fracaso o la critica hubiese dicho que es una obra maestra dadas las circunstancias del cine actual, así que puede que se trate de uno de las últimos "blockbusters" legítimos, genuinos, en los que una cosa era ir al cine y otra distinta su divulgación, sin que la idiosincrasia de internet mediara en los resultados de taquilla y/o crítica y posterior repercusión.
Al margen de todo esto, la película, efectivamente, es mala a rabiar, con ese estilo dosmilero que tan mal ha sobrevivido al paso de los años. Las situaciones absurdas se suceden sin orden ni concierto y, lógicamente, al final aflora la comedia involuntaria gracias principalmente a la interpretación de DiCaprio, megalómano perdido después de “Titanic” y con todas las mujeres a sus pies, situación esta que le lleva a creerse el mejor actor del universo y a hacer un sin fin de muecas, tantas, que en muchas ocasiones parece que está repitiendo el registro interpretado unos años atrás en “¿A quién ama Gilbert Grape?”, es decir, el de deficiente mental. Este festival de gestos y caras cobra mayor relevancia en la secuencia en la que se afinca en medio de la selva y pierde la cabeza… vamos, es para descojonarse. Quizás, por eso, DiCaprio recibió su correspondiente nominación al Razzie. También me gustaría resaltar, como risión, algunas frases, diálogos y sentencias del guion escrito por John Hodge en colaboración con el autor de la novela, Garland.
Sin embargo, son precisamente estos excesos y desbarres los que la hacen engrosar las filas de la ambigua lista de pelis “malas pero divertidas” del cine mainstream. Y además, está entretenida, entretenida de cojones.
Por lo demás, “La playa” cuenta con anécdotas como la de que Danny Boyle despidió a Ewan McGregor porque se incrementaría el dinero para la producción si fichaba a DiCaprio y el personaje principal pasaba a ser norteamericano —lo que llevó a McGreggor a cabrearse mucho y mandar a tomar por culo al que fue su descubridor—, o que el gobierno de Tailandia continúa a hostias a día de hoy con la producción (de Fox) porque llegaron con sus equipos de filmación, construyeron sus decorados, y destruyeron parte de la flora de la zona, la playa de Ko Phi Phi, podando árboles que no se podían podar, destruyendo zonas paisajísticas y dejándolo todo lleno de mierda. Al mismo tiempo, la película era prohibida en el país donde fue rodada porque la imagen que da la misma de Tailandia, no la deja en buen lugar… salvo si quieres probar drogas, dormir entre cucarachas y beber sangre de serpiente.
Se le puede echar un vistacillo, y luego otro… pasados 24 años.
Si gustan, aquí disponen de los fotocromos.

sábado, 3 de agosto de 2024

GARDEN OF THE DEAD

Una panda de reclusos aprovechan su curro, trasladando bidones de una versión experimental de formaldehido, para esnifarlo apasionadamente hasta quedarse ciegos. Una noche huyen y son abatidos a disparos por los guardias. El producto químico en cuestión hará que se levanten de sus tumbas e inviertan tiempo y esfuerzo en matar a todo bicho viviente con el que se crucen, especialmente aquellos que les llenaron de plomo.
John Hayes llevaba ya una década nadando entre productos de pura naturaleza "exploitativa" cuando, en 1972, se vio obligado a rodar en tan solo diez días el relleno de una sesión doble encabezada por otra de su paternidad, y medianamente popular, "La tumba del vampiro". De ahí, pues, que "Garden of the dead" dure únicamente unos maravillosos 58 minutos. La conocía por los llamativos carteles y el look nada desdeñable de sus curiosos zombies, unos que hablan, corren, razonan y son tan yonkis -del formaldehído- como fotofóbicos, pero jamás había logrado verla ya que no tuvo distribución en las Españas. Así pues, por una vez, demos las gracias al interminable y apestufante catálogo de ciertas plataformas de streaming con el mismo criterio selectivo que un invidente en el supermercado.
Setentera hasta las trancas, "Garden of the dead", no obstante, se muestra cero generosa en lo referente a violencia (todo muy estándar) y sexyismo. Dada la naturaleza de la trama, únicamente hay una señora en el reparto, de muy buen ver, eso sí. Es la novia de un prisionero de noble corazón y, llegado el momento, la usarán como cebo para atraer a unos zombies ansiosos por ventilársela.
"Garden of the dead" no tiene problema en saltarse algunos tropos y clichés, como cargarse al medianamente malvado alcaide a mitad de peli, y del modo más tonto y poco llamativo, justo cuando uno estaba ya convenciéndose de que su presencia iba a traer más cola. Agradezco estos detalles, ciertamente.
Del reparto solo reconocí las facciones de Carmen Filpi, actor todoterreno que puedes ver en la más dispar gama de títulos imaginables. Acabó convertido en fetiche de Tim Burton, dando vida al administrativo aplastado por un camión de "Bitelchús" o a un travelo viejo en "Ed Wood". Otro de sus roles más destacados lo hizo para Mel Brooks en "Que asco de vida", era aquel vagabundo al que llamaban "Once".
En cuanto a John Hayes, seguiría imparable pariendo subproductos olvidables, de entre los que destacaría uno tan recurrente en nuestros añorados videoclubes como "El último día del mundo", con Christopher Lee, o un capítulo de la legendaria -y algo sobrevalorada- serie "Tales from the Darkside".
Si te pilla un día tonto, sin mucho que hacer, ni ganas de levantarte del sillón, "Garden of the dead" puede valer como mata-ratos.

miércoles, 31 de julio de 2024

MINUTOS MUSICALES 29: PERROS VERDES

Si eras un jovenzuelo en la Inglaterra de los ochenta, y aspirabas al punk como salida creativa, tenías dos opciones, las más generalistas: me hago una mega-cresta colorida, me cubro con una chupa claveteada y berreo como un loco, a base de ruido ensordecedor, sobre la hijoputa que es la Thatcher. O, temáticamente procedo igual, pero menos "nihilísticamente", con algo más de clase, cambiando la chupa por ropa negra y los berridos por... mmmh, música disonante. Es decir, el punk más estándar ("Exploited", "GBH", "Discharge", etc) versus el anarco-punk ("Crass" y sus cachorros). Lo raro, lo atípico, era decantarse por melodías enérgicas pero no destruye-tímpanos. Letras sobre amoríos, desamoríos o chuminadas sin mucha profundidad, dejando la política bajo el felpudo. En definitiva, un sonido -y una estética- más propia de finales de los setenta. Pero los hubo y, paradójicamente, se adelantaron a lo que el punk devendría la década siguiente.
Dentro de este escueto grupo de valientes, de individuos con indiscutible personalidad, destaco dos combos...

"The ABS" comenzaron su andadura en 1980 y parieron un buen manojo de joyas, algunas coplas de punk rock, nitro-pop (que decían los "Lurkers") o llámenlo como quieran, genuinamente BUENAS. Adictivas. Saltarinas. Tanto como para que el legendario John Peel decidiera dedicarles dos de sus famosas sesiones (les retiró el apoyo al considerar que sus letras habían involucionado excesivamente hacia el "caca culo pedo pis").
A la hora de seleccionar un tema representativo lo tuve clarísimo, "Same Mistake Twice", una pequeña maravilla. Si les gusta, recomiendo la escucha de cualquiera de sus otras más inspiradas composiciones. A la que se considera su genuino "hit", "Grease Your Ralph", añadiría "Toes Stamped Flat", "Concrete Hits Bone", "Everything´s Exactly What Your Think It Is", "Lethal" o "Diamonds". Imposible ignorar "Ringland Tuxedo", no solo por su pegadiza melodía, también por ese sonido guarro que contrasta deliciosamente.
Les garantizo un refrescante y saludable ratete de pura evasión.


"The ABS" chaparon a inicios de los noventa (dando pie a sendas nuevas bandas y demás colaboraciones), y han tenido la decencia de ni volver a juntarse, ni dar conciertos nostálgicos. Bien por ellos.

Los "Guitar Gangsters" no solo gastan un nombre horrible, también destacan por su tendencia a la melodía, ocasionalmente incluso pastelosa, una estética más rockera que punkista, cosa que eventualmente salpicaba a su sonido y... una pasmosa mediocridad. No obstante, tampoco se puede negar que cuentan con algunas, solo algunas, canciones decentes. He recurrido a "Long Division" porque es aquella con la que más conecto, pero también se dejan escuchar "Dream That Dream", "All The World A Television", "Wild Weekend", "Nothing To Shout About", "That´s When The Razor Cuts" o la mucho más enérgica "Gotta Get Out of Here".



El caso de "The ABS" es raro. Sin embargo, arrancaron cuando el 77 aún no quedaba tan lejano. En ese sentido, los "Guitar Gangsters" podrían incluso tener más mérito, ya que le dieron al "start" rozando los noventa, con el punk agonizando en tierra de nadie, totalmente olvidado por el Media y, básicamente, centrado en su lado más politizado, abundando los sonidos tirando a extremos. Poco sabían ellos que, en cuestión de un par o tres de años, su fórmula se volvería tendencia, aunque dudo que les beneficiara mucho, menos con ese nombre. Desde entonces no han parado de tocar y sacar discos.

martes, 30 de julio de 2024

EL VIENTO DEL AYAHUASCA

Nora de Izque, cineasta peruana para paladares un tanto finos, a principios de los ochenta sentía una fuerte curiosidad por las propiedades mágicas y alucinógenas de la ayahuasca. Dicho potingue, es una bebida utilizada por los curanderos de varios países latinoamericanos a partir de muchos tipos de plantas, que consigue hacer delirar a aquel que la toma gracias a su efecto alucinógeno. Ahora, si existe algún fin medicinal en la ayahuasca a parte de hacer flipar al personal, lo desconozco. Y por lo que a mí respecta esto es un sacacuartos de la selva. Hipsters y esnobs adinerados suben ahí arriba a probar esa pócima para volver a la civilización siendo aun más cools de lo que ya de por sí eran, mientras que los curanderos ganan algún dinero drogando a estos incautos y hablándoles de la espiritualidad y el tercer ojo, cuando en realidad lo que les están es dando veneno en las dosis justas para que no la palmen a corto plazo. Igual que con el sapo bufo. Como fuere, el caso es que De Izque, fascinada con todo este ritual, decide documentar a chamanes y usuarios de la pócima con filmaciones en 16 mm que va acumulando con cada experiencia. La idea es realizar un documental a partir de todo este material. Sin embargo, una vez iniciada la producción, Nora de Izque decide darle un giro al asunto y, en vez de hacer un documental, rueda una película de ficción en la que plasma su fascinación por la droga del Amazonas. Y le sale una película súper extraña y llena de humor involuntario, precisamente por ficcionar todo lo que sucede entre medias de los rituales chamánicos. Así, el espectador queda perplejo viendo un festival de indios amazónicos haciendo aspavientos mientras preparan la ayahuasca; parece como si estuvieran haciendo katas de kung-fu. Estos rituales dan paso a secuencias de corte onírico y atmosférico con mucha saturación de la fotografía, superposiciones e imágenes congeladas que sirven para recrear un viaje de ayahuasca. Pero más allá de todo ese experimento, y aunque a priori no lo parezca,  la película tiene incluso un argumento; un individuo con pinta de progre, tras asistir a un par de clases en las que se le explica el uso espiritual y médico de la ayahuasca, sube a la selva a continuar allí con sus quehaceres. Durante el tránsito, conocerá a una muchacha local que está más para allá que para acá, y que le habla de una serie de espíritus de la naturaleza que la atormentan. El tipo se propone ayudarla ¿Cómo? De la manera más natural… llevándola a la selva profunda a que se tome un chupitazo de ayahuasca. Una vez inmersos en ese rollo, parece que se nos traslade a una película de The Beatles.
Se trata de una cosa muy extraña, mística y por momentos desquiciante —por culpa de tanta recreación del viaje de ayahuasca, que hay unas pocas—, pero pobretona y con ínfulas medio intelectuales, por lo que tenemos ahí un revoltijo de imágenes que, si aplicamos la suficiente paciencia y el suficiente sentido del humor, puede llegar a sorprendernos; porque te ríes mucho cuando no toca, que es cuando los peruanos bajitos y cabezones hacen sus rituales y aspavientos, o por algunos collage de imágenes que resultan inquietantes o cuanto menos interesantes, por vistosos, coloridos y raros. Vamos, que entre unas cosas y otras “El viento del ayahuasca” se deja ver.
Además, está  muy bien considerada por tratarse la ópera prima de su directora, Nora de Izque, pero, más allá de eso, destaca el hecho de ser la primera película rodada por una mujer en la historia de Perú. Esto ha propiciado que en la actualidad, universidades y actos públicos de corte cultural la tengan muy en cuenta a la hora de proyectar contenidos de corte feminista -a la película y a su directora, ya anciana- pero lo cierto es que está a kilómetros de cualquier feminismo y, rodada en 1982, aquí el héroe es un hombre que ha de rescatar a una damisela en apuros, sin demasiada cultura ni inteligencia.
Después de “El viento del ayahuasca”, De Izque tuvo dificultades para seguir rodando (por estar en un país como Perú, donde tampoco es que se hiciese demasiado hasta la llegada del vídeo casero, ya saben, y por el hecho de ser mujer) y pasaron más de diez años hasta que vio la luz su siguiente proyecto, un corto, y completaría su filmografía ya siendo una señora mayor, con un documental sobre Fujimori, “El viento de todas partes” y otro sobre el poeta César Calvo, “Responso para un abrazo: Tras la huella de un poeta”. Y fin de la historia. Eso sí, luego, mucha ponencia, mucha conferencia, y mucha proyección itinerante de su primera película, la que nos ocupa.

sábado, 27 de julio de 2024

GODLESS: THE EASTFIELD EXORCISM + THEY WAIT IN THE DARK

Recientemente consumí, seguidas, dos películas con algunos puntos en común. Ambas eran de terror, muy actuales, modestas, aparentemente rutinarias y trilladas pero, por contra, sorprendentes en sendos aspectos. Lo suficiente como para que las viera enteritas y sin arrancarme la piel desesperado de aburrimiento.
"Godless: The Eastfield Exorcism" (conocida en algunos lugares de habla hispana como "El exorcismo de Eastfield" o "Anticristo: El exorcismo de Lara") es una película de... sí, eso que empieza por e. ¿Parece un chiste, verdad? necesitamos un exorcista que nos libere de tantas jodidas películas de exorcismos. Pero esta tiene un aspecto levemente distinto, más allá de su nacionalidad australiana (y de que se base en supuestos hechos reales, también harto recurrente). Gira en torno a una pareja. Ella anda haciendo cosas rarunas. Él, que es muy devoto, se convence de que está poseída por el diablo. Así que recurre a un exorcista, pero uno no demasiado oficial, ya que los del vaticano están muy atareados (haciendo películas para Hollywood, supongo) Y ahí es cuando te descolocas, porque resulta que el tipo tiene unos métodos que harían palidecer -aún más- al padre Merrin. Es el Harry Callahan de su gremio. Agrede, machaca, humilla al poseído. Dice tacos. Hace "bullying" a los demoños. Tanto que, en fin, podría llegar a pasarse. Y se pasa. Y yo, pues flipé mucho encontrando una peli de exorcismos en la que el exorcista vendría a ser el villano. Bien por Nick Kozakis, director (aunque en su ficha de Imdb tenga pinta de gilipollas), y Alexander Angliss-Wilson, guionista, básicamente debutando ambos en el cine comercial.
Por otro lado tenemos "They Wait in the Dark". Si les cuento la trama, se dormirán encima del teclado: Huyendo de la mala vida que le daba su media naranja, una mamá + hijo recalan en la vieja casa familiar donde hubo un asesinato años atrás. Al poco, comenzarán a hacerse notar presencias que agreden a la mujer, con mucha mala baba.
Esto va a sonar feo (por adecuado que sea) pero, de entrada, te extraña que la protagonista sea tan poco atractiva. ¡¡Eh!! por mi bien, genial. Más humana. Pero es así. Y, no nos engañemos, se sale completamente del canon (más siendo una producción norteamericana). Luego descubres su condición lesbiánica. La media naranja, por tanto, vendría a ser más un medio limón. Vamos, que son del palo froti froti y, obvio, el hijo es adoptado. En eso que la otra anda pisándoles los talones. Y acabará dando con ella/os. Antes, te encontrarás con que el fantasma mal lechado es una mujer del mismo color negro que el hijo y, esta sí es buena -lamento el spoiler, pero lo merece-, resultará que las lesbis son las genuinas culpables de todo el asunto espectral. Es decir, las malas del culebrón.
Para cuando te has secado de la comisura de los labios la baba deslizante, termina la peli. Y dices "Anda, ¿y el WOKEismo permite esto?" No me ha dado por mirar reseñas en ninguna parte, pero seguro que habrá quien raje por ello. Yo, obvio es, lo aplaudo. Y aplaudo al instigador de todo, Patrick Rea, quien -por no alejarnos mucho del contexto- recientemente ha rodado un corto en tono de bufa titulado "The Exorcist: Parabellum".
Bien, ¿se puede comenzar a hablar de la vuelta a un cine de ideas menos políticamente correctas, menos complacientes con la audiencia? No por jorobar, ni buscar la polémica, solo porque, en fin, de todo debe haber en este mundo. E igual que existen hombres blancos heteros más malos que un barreño de tiña, también lo contrario es perfectamente válido. Al fin y al cabo, en eso consiste "integrarse". Lo pregunto porque ha pasado antes y todo es cíclico. Al final, el WOKEismo estallará y dará pie a la vuelta de un cine menos lameculero.... y también este estallará, y volverá el WOKEismo... incluso tal vez con mayor fuerza, pero para entonces seré tal pasa humana que, como suelo decir, me impogtagá un cagajo.

martes, 23 de julio de 2024

DE NATURALEZA VIOLENTA

Un título tan molón como “De naturaleza violenta” me hacía presagiar que escondía una película buena. Sin embargo, superó mis expectativas, porque esto es un slasher a priori de lo más trillado, una consecuencia por parte del director, Chris Nash —que debuta en el largometraje, aunque es un estupendo artesano de los efectos especiales proveniente del mundo del corto—, de recrear los visionados de su juventud concibiendo un psycho killer tan inspirado en Jason Voorhees que roza el plagio; retrasado mental, resucita en forma de cadáver putrefacto (como Jason a partir de la sexta entrega), de tamaño corpulencia y fuerza similar, e incluso vestimentas muy parecidas. Lo único que tiene nuevo para diferenciarlo es una máscara de bombero en lugar de una de hockey. Para evidenciar el homenaje, se cuenta en el reparto con la presencia de Lauren-Marie Taylor, una de las víctimas de Jason en “Viernes 13, 2ª Parte”. Y para hacerlo más clichoso, encima se trata de una producción canadiense, muy dada en su fuero a exportar tanto sex comedies como slashers. Entonces tenemos aquí una actualización del slasher ochentero en toda regla. Pasa también, que Chris Nash es, además, seguidor del cine arthouse y, más concretamente, del que muestra gente andando, de “Elephant” de Gus Van Sant y de los árboles filmados durante horas de Terrence Malick. Del cine contemplativo en definitiva. Y no se le ocurre otra cosa que adaptar las maneras de este al slasher, que por norma general está filmado y montado de manera clásica y ordenada ¿El resultado de semejante mezcla? Pues lo mejor de ambos mundos. Largos paseos por el bosque por parte del asesino se entremezclan con los asesinatos más cafres que he visto en una pantalla. Y como tienden a gustarme los paseos filmados y tiende a gustarme el slasher clásico, la combinación me ha resultado de lo más refrescante, casi tanto como desasosegante. Porque la sinopsis no tiene mucha ciencia: Unos campistas despiertan el cadáver de un individuo que se levantará de su tumba en busca de un medalloncito que, siendo niño, le regaló su padre. Decidido a recuperarlo, campará a sus anchas por el follaje, destrozando a todo aquel que se cruce en su camino, mayormente mastuerzos de vidas insulsas que en las hogueras de rigor contarán la historia de Johnny, nuestro protagonista, con el fin de asustar a las chicas. Lo realmente fascinante es que esos personajes que se instalan y divierten en el bosque, están en un segundo plano y solo somos testigos de sus historias cuando el asesino se topa con ellos, la mayoría de las veces a cierta distancia hasta que logra aproximarse. Porque solo son carnaza para ser asesinada y sus problemas de lesbianismo o arrogancia no nos importan ni a nosotros los espectadores, ni al asesino, y porque la cámara se mantiene siempre a las espaldas de este, captando tan solo su punto de vista, hasta que eventualmente se rompe ese ritmo instaurado para pasar a una narración estándar muy breve, que sirve para dar datos concretos sobre las víctimas al espectador. Cuando este ya los tiene asumidos, la cámara vuelve a su sitio, que es al lado del asesino.
A eso hay que sumarle una filmación al estilo documental, la ausencia de música incidental y un realismo atroz; cuando a uno le dan un hachazo en la cabeza, apenas si tiene tiempo para reaccionar. Eso es lo que pasa en los asesinatos que nos muestra “De naturaleza violenta”, estos son salvajes y muy, muy silenciosos, casi tanto como brutales.
Así pues, “De naturaleza violenta”, que despierta tantas pasiones como odios a lo largo y ancho del mundo —no es de extrañar porque no es una película fácil. Y por supuesto, no es divertida, ni mucho menos entretenida— se convirtió en la sensación de los pases golfos del festival de Sundance desde el que despegó, dando su salto a las salas comerciales, donde ha recaudado tres millones de dólares en su primera semana de exhibición, una pasta para una película de estas características.
Pronto llegará a las plataformas, de hecho lleva el logo de Shudder en sus créditos, pero de momento podemos disfrutarla en cine de nuestro país, donde casi es una anécdota que haya llegado a estrenarse.
Cruel, lenta, asalvajada y distinta a cualquier película de terror de las que pueblan ahora nuestras pantallas, por lo que a mí respecta “De naturaleza violenta” es la mejor en su género de lo que llevamos de año, y Chris Nash un director a tener a cuenta… si no se nos estropea como Eli Roth, como Ti West, como…
Muy recomendable, eso sí, para espectadores pacientes.

sábado, 20 de julio de 2024

VIAJE AL CENTRO DE LOS CRAMPS + AXEGRINDER 666

Siempre he sentido bastante simpatía por "The Cramps". Desde que los descubrí a mediados de los ochenta adquiriendo el vinilo de "El regreso de los muertos vivientes", sin saber ande coño me metía, pero sistemáticamente atraído por esa irrepetible y maravillosa cubierta. Y redondeado, el mismo periodo, por su entonces recién editado "A date with Elvis", regalo cumpleañoso de mi hermana. Con el tiempo me pillaría más material del combo y, aunque no lo escucho asiduamente, de vez en cuando cae y entra bien (o mal, pero simplemente porque no es el momento adecuado. Esas cosas pasan con sonidos tan específicos). Llegados los noventa, "The Cramps" comenzó su lento y progresivo declive, hasta la muerte del frontman, y absoluta mitad de su mero existir, Lux Interior. El otro cincuenta por ciento, como saben, era cosa de la carismática guitarrista, Poison Ivy. Pues, justo, sobre ellos gira este "Viaje al centro de los Cramps", firmado Dick Porter, una notable biografía por la que sentía franca curiosidad y anduve persiguiendo hasta dar con ella en una biblioteca. Así, en plan revisión generalista, se puede decir que la lectura es amena, genuinamente entretenida, con buen ritmo... aunque, al chaparlo, te queda una sensación raruna de la que aluego hablaré.
"The Cramps" eran Lux e Ivy. Ivy y Lux. El resto, peña que pasaba por allí, dejaba más o menos huella, y terminaban largándose por distintos motivos. La historia de aquel par es sanamente envidiable. Dos personas de apetencias peculiares y un pelo excéntricas se conocen, se gustan, se aman, echan adelante su sueño de tener un grupo de genuino rock and roll, a pesar de no disponer de la mínima experiencia, y triunfan. Vivieron juntitos las décadas siguientes, gozando de la aventura musical y alguna extra de tipo cinematográfica que, obvio, son las que más cosquillas me daban mientras leía. Que sí, que el cine es mi primer amor, a pesar de los pesares.
Los "Cramps" participaron como actores en "The Foreigner" de Amos Poe (donde agredían con genuinas navajas y consiguientes cortes reales a su protagonista, Eric Mitchell, dato este ignorado en el libro). Aportaron una canción fabulosa a la mentada "El regreso de los muertos vivientes" (en la época se decía que también salían interpretando a unos zombies, pero el tochito no lo confirma... ni desmiente). Colaboraron en el "Drácula" de Coppola. John Waters rechazó unos temas que grabaron para "Cry-Baby, el lágrima" (básicamente porque dejó el curro a un subordinado. Otra muestra más de la discutible "autenticidad" del mangante y vendido director de "Pink Flamingos", ¡¡¡espero que ardas en el infierno!!!) y, por supuesto, Lux puso voz a una resultona copla de "Bob Esponja".
El resto, lo estrictamente musical, no se sale de la norma. Disco nuevo, consiguiente gira. Y así todo el rato, con pequeños momentos de pausa para contarnos puntuales trifulcas. Pero sin mucha variación. Y, de hecho, pasa con la bio de los "Cramps" lo mismo que con la de Mel Brooks. O la de Dario Argento. A medida que los años van sumándose, y el grupo asentando y profesionalizando, todo se vuelve más monótono. Desapasionado. Rutinario. Lux e Ivy se limitaban a cumplir con su curro y poco más, materia esta que contribuye al poso raro del que hablaba. Pero esas cosas ocurren cuando, como digo, alcanzas ciertas cotas de popularidad y credenciales. Nada que criticar al respecto. Desde el principio, Lux e Ivy tenían clarísimo que no deseaban ser de culto, su intención consistía en triunfar a lo grande y formar parte del mainstream, solo que sin cambiar un ápice su manera de hacer. Obviamente iba a ser prácticamente imposible... pero consiguieron aproximarse mucho.
Y, justo, gracias a la lectura, me dio por revisar algunos de sus discos. Decidí que serían el acompañamiento ideal para ilustrar sonoramente el visionado de sendas ponzoñas. A estas alturas ya deberían conocer mi hobby. Y, buscando, me decanté por una titulada "Axegrinder 666" (no lo niego, su llamativa caratula contribuyó).
Es un fenómeno tan fascinante como desconcertante. El mundillo del SOV y, por ende, el de las plataformas, anda plagado de auténticas franquicias adscritas al slasher. Títulos compuestos de interminables entregas, con sus propios pseudo-Jasons (la verdadera razón de que existan), siendo "Truth or Dare" (cuya primera dosis llegó acá bajo el título de "Eliminator") o "Camp Blood" las más extensas. Incluyan en el pack a "Axegrinder" y sus seis chutes. Ninguno consumible más allá de su terreno. Sin embargo, y ahí viene la parte fascinante, es tanto el tirón que gastan esta clase de subsubproductos que, eventualmente, su responsabilidad "directiva" recae en manos de ciertos "nombres" -dentro de lo suyo, el "clickxploitation"- como los de Mark Polonia, Joe Sherlock o Dustin Ferguson.
La parte desconcertante viene dada por el hecho de que, en fin, como dijo aquel en una ocasión, ¿qué sentido tiene querer situarse tras una cámara para dejar explotar tu creatividad y, luego, decantarse por el más rutinario, inimaginativo y hueco de los subgéneros? ¿cuánto más dará de sí el asunto de los campistas acosados y espachurrados por un tipo con careta? En el fondo, si lo miras bien, el devoto de esta clase de películas dedica gran parte de su tiempo de ocio a ver personas insufribles haciendo cosas inútiles y dialogar sin decir nada, a base de cháchara interminable y vacía, durante minutos y minutos y minutos... solo para poder presenciar un par de tetas -otra reflexión: ¿qué son sino dos bolsas de grasa colgantes?, ¿de verdad nos ponen tanto como para justificar tal mandanga?- y un par de crímenes que, encima, ni son creativos ni espectaculares. Triste y miserable existencia la nuestra, amigos.
En el caso de "Axegrinder 666" todo eso se multiplica por diezmil. Para empezar, la pandi de víctimas son un grupo de góticos -en su universo no existe nadie más que no pertenezca al gremio- que ya suman unos cuantos años de edad -incluso más de unos cuantos- y otros tantos de grasa, especialmente si nos referimos a las señoritas. Hablan y hablan, sobreactúan, dicen sandeces sin descanso, son absolutamente inaguantables, irritantes, totalmente "anti-empatizantes", para, finalmente, caer en las zarpas del asesino de rigor. ¿Merece la pena la espera? No mucho, la verdad...
Los efectos gore resultan de lo más rudimentario, echando mano de material de un "Party Fiesta" al que han añadido algo de pintura roja y algún cacho de carne cruda sacada del supermercado, pero poco más. El mismo asesino luce, tras la reglamentaria careta, otra en plan cadavérico que, se supone, es su verdadero rostro. La embadurnan de tomate para disimular, pero los agujeros de los ojos siguen dando el cante. No me entiendan mal, ¡adoro esas tácticas! pero solo cuando no pretenden hacerse pasar por genuinas, menos formando parte de algo que intenta desesperadamente parecerse al cine de verdad, sin lograrlo. Y uno se ofusca porque, entiende, un producto de esta naturaleza debería cuanto menos ofrecer ingentes cantidades de la más extrema violencia, a base de detallada carnicería efectuada látex mediante por algún voluntarioso fan del género. Si le quitas eso, ¡¿qué demonios queda?! y, por ende, ¡¿qué sentido tiene su mero existir?!
En fin. ¿Algo bueno que decir? pues sí, Cara Fay, actriz de talento y belleza que merecería más suerte, y el desenlace, no del todo desdeñable. El único momento de la función donde, por fin, osan transgredir un pelín la biblia del slasher. Lástima que, para entonces, ya sea demasiado tarde.

martes, 16 de julio de 2024

SCARY MOVIE (1991)

No confundan esta “Scary Movie” con ninguno de los spoofs made in Wayans que surgieron a colación de “Scream” a finales de los 90 y en los albores de 2000. En realidad nos encontramos ante un producto semi amateur rodado en 16 mm en el año 1991, que estaría dejado de la mano de dios y completamente olvidado en sus latas tras su estreno local en Austin, Texas (lugar de donde la película es originaria), de no ser porque, recientemente, ha sido rescatada por AGFA (American Genre Film Archive) para su distribución en cines retro y lanzamiento con todos los honores en Blu-Ray.  Pero, al margen de tratarse de una pequeña bosta amateuroide de la época en la que Leif Jonker y coetáneos estaban en activo ¿qué tiene de especial esta “Scary Movie”? básicamente que cuenta con el protagonismo de John Hawkes antes de convertirse en una suerte de actor secundario de carácter en productos del alto copete hollywoodiense. Le hemos podido ver en “La familia que tú eliges” o “Tres anuncios a las afueras” por poner dos ejemplos recientes. También tenemos en un papel poco relevante para Butch Patrick, nada menos que "Eddie Munster" en “La familia Monster”, en lo que denota un toquecito posmoderno de la época. Por lo demás, pues tan solo una mala película llevada adelante con palos y piedras que no pasa de simpática y que, más que un último rescoldo de los slashers de la década anterior, sería uno de los primeros homenajes al subgénero; Un "nerd" va a una feria de Halloween, acompañado de sus “amigos” que le harán blanco de todas sus bromas, con la intención de entrar en una atracción tipo pasaje del terror, muy popular en la época en la que transcurre la cosa. El "nerd" va con la mosca detrás de la oreja porque previamente escuchó en las noticias que un psicópata se ha escapado del autobús que le trasladaba a prisión. Tras sufrir unas cuantas bromas pesadas por parte de sus acompañantes y de los viandantes de la feria, el muchacho comienza a emparanoiarse con la idea de que el psicópata pueda haberse escondido en la atracción, por lo que, una vez dentro, cuando todos esos individuos enmascarados van a por él, este se verá en la tesitura de tener que defenderse de ellos. El espectador no sabe si toda esa carnicería es obra de la mente perturbada del muchacho o si en realidad el psicópata está dentro de la atracción, y ahí radica la gracia de la película.
Nada del otro mundo, leída la sinopsis es mejor de lo que vemos en pantalla, que transcurre a gran lentitud a pesar de apenas durar una hora y pocos minutos.
Algún momento gore divertido, la ambientación general tiene su encanto y poco más. Un producto semi amateur de principios de los 90 como hay tantos. Tampoco es que John Hawkes sea un actor muy a tener en cuenta como para revisar este trabajo primerizo con interés (yo creo que a todos nos la suda John Hawkes).
Pero los americanos son una raza a parte y muy graciosos; no creo que esta película disfrute de mucho culto a rasgos generales, aunque al tratarse de una producción acaecida por completo en Austin, las autoridades competentes tienen a “Scary Movie” en alta estima, y el alcalde declaró el día 18 de octubre como “Día de Scary Movie” por la contribución que ha hecho la película a la industria cinematográfica de la ciudad. Y es que se ve que cuando Austin ha tenido presencia en el cine, ha sido porque ha habido alguna que otra producción de Hollywood ambientada allí, pero, a rasgos generales, poco se ha hecho en cine desde Austin para el mundo. Y, efectivamente, “Scary Movie” es una de las pocas películas enteramente autóctonas.
El director de la cinta, Daniel Erickson, que puede alardear de que eligió a Hawkes para su primer protagonista tras hacerle un casting, no se prodigaría mucho más después, tan solo rodaría en 2010 una cosa grabada en vídeo ¡con maniquís!  titulada “Eve’s Necklace” de la que poco más se sabe, pero (y quizás sea porque de algún modo mantuvieron la amistad) cuenta de nuevo con la presencia de John Hawkes, esta vez siendo ya una celebridad, poniendo su voz al maniquí protagonista. Que curiosidad, a ver si doy con ella.

sábado, 13 de julio de 2024

AL BORDE DE LA EXTINCIÓN (RISEN)

Como bien saben, la táctica de "The Asylum" a la hora de generar sus "mockbusters" (que hoy ya no engañan a nadie. El único atractivo está en descubrir el nivel de jeta que gasta con cada nuevo empeño) consiste en tomar nota del próximo estreno gordo, el siguiente aspirante a "blockbuster". Siempre poniendo su grasiento punto de mira sobre aquellas películas destinadas al público masivo, a generar billetes y complacer a todo cristo tirando de espectáculo, pirotecnia y tramas más elementales que el intelecto del fan medio. Luego, lo recrean cambiando una letra por otra en el título, recurriendo a callejones para los exteriores, un chorrón de cromas muy pestilentes + CGI de saldo -del que duele- y directo a las teles por cable -si es que todavía existen- y/o las plataformas de streaming. ¡Tupendo!.
Ahora imaginen que pasaría si "The Asylum" aplicara esas mismas maneras apuntando a un tipo de películas distintas. Por ejemplo, "La llegada" de Denis Villeneuve, film la mar de serio y sesudo sobre el primer contacto entre humanos y una posible vida extraterrestre. Ochenta minutos apasionantes tristemente trufados por un desenlace aburrido y trillado. Es decir, los marcianos son güenos y solo quieren paz. Mientras los humanos, sobre todo los militares y políticos, son malos y únicamente viven para matar, destruir y mal pensar. Una lástima. Todo ello, además, cocinado a la manera de Villeneuve, con pasmosa calma.
¿¿Y eso daría para un producto prototípicamente "Asylum"?? Ni lo duden. De hecho, existe y se titula "Risen", "Al borde de la extinción" en Aspaña. No, los padres de "Sharknado" no tienen nada que ver, pero como si lo tuviesen. Pal caso, "Risen" aborda el primer encuentro entre humanos y aliens de forma pomposa, trascendental, gélidamente seria y muy muy lentamente. Pero no esa lentitud propia de aquel incapaz de narrar, aburridor de cabras profesional, sino una buscada de manera expresa. Como elección estética. Rebañado todo en un mega dramón a base de protagonista torturada y alcohólica, que se encargará de darle charleta a los visitantes.
Un meteorito aterriza de mala manera sobre un pueblo de la américa profunda. Desprende un gas que mata a la mayoría de la población, salvo los que estaban más cerca. Estos resucitarán 
y comenzarán a mutar. Y si en "La llegada" teníamos una nave con forma de pistacho, o grano de café, en "Risen" es una planta que crece hasta hacerse gigantesca. Sí, amigos, todo suena muy bien. Las ideas que vomita su director y guionista, Eddie Arya, van sobradas de interés. PEEEERO, ya se conocen la cantinela: Cuidado con las ambiciones que son malas compañeras cuando el montante escasea. Y ahí entra el estilo "Asylum", con cromas bastante cantosos, CGI limitadísimo y algunas salidas de velada mentalidad "exploitativa". Lo que contrasta requetemucho con las pretenciosas intenciones primigenias, dando como resultado algo un pelo raro, incómodo. Como tener el ojete trufado de cucarachas revoltosas.
Eso sí, hay que reconocerle un desenlace mucho más satisfactorio que el de "La llegada". Ahí el amigo Eddie se gana un par de palmaditas en la espalda.
¿Que si la recomendaría? Mmmmh, no sabría decir. Como curiosidad, por la desconcertante mezcla de salidas y estrategias, sí. Y también por las partes del guion que podrían lucir de maravilla en manos de un director más talentoso, o mejor respaldado económicamente. Pero, en fin, sin prisas. No la antepondría a una siesta.

martes, 9 de julio de 2024

COMO CONSOLAR VIUVAS

Cuando la censura fastidió la carrera a José Mojica Marins, propiciando que no pudiera estrenar con facilidad sus películas de terror o corte más experimental (o ambas cosas mezcladas), no le quedó más remedio que aceptar toda suerte de encargos, rodando principalmente los géneros que más demandaba el público en los años setenta en Brasil, esto es, pornografía y comedia. Marins hizo mucho porno y en este siempre introducía toques cómicos, pero en lo que a comedia pura se refiere, verdaderamente Marins tuvo oportunidad de realizar dos. Igual que con el porno, el género le importaba tres pimientos; se abrazó al mismo por motivos meramente alimenticios.
En este sentido, fue contratado por el productor Augusto de Cervantes, quien le exigió que buscase un seudónimo para firmar estas comedias, porque si recurría a su nombre, el público las asociaría demasiado a las películas de Zé do Caixao y perjudicarían su carrera comercial. Así pues, el crédito para el director ambas reza J.Avelar.
La que nos ocupa, “Como consolar viuvas” sería la más popular. Adscrita a la pornochanchada, que vendría a ser el equivalente brasileño a nuestro destape, es muy sorprendente lo mucho que se parecen estas películas a las nuestras. Como si de un film de Mariano Ozores se tratase, en “Como consolar viuvas” tenemos una trama de enredo, tías en cueros y chascarrillos de difícil entendimiento para el público español porque, y al igual que en la comedia española de los 80, estos giran en torno a la política del país, o a personajes de la cultura popular autóctona. Sería lo de menos porque, por lo demás, no dista mucho del resto de corrientes cinematográficas de tetas y culos, ya sea el destape, las ficheras mexicanas o la sexycomedia italiana. Al final las risas, las tetas y los culos son un idioma internacional que suele ser similar para los países de sangre latina.
Entonces tenemos aquí a un vividor que ha dilapidado su fortuna y que, para subsistir, tras enterarse de que tres millonarios han muerto en un accidente de avión, decide poner en marcha un plan en el que, ayudado por su mayordomo contrahecho y algo deficiente mental, visitará a las tres viudas haciéndose pasar por los fantasmas de sus maridos, con la intención de sacarles la pasta y mantener sexo con ellas.
Todo se torcerá en el momento que quedan embarazadas y un exorcista se persona para quitarles el mal a las criaturas que están por venir. De ese modo, veremos consoladores voladores que atacan a nuestro protagonista, muchos gags de corte erótico y cierta sordidez implícita en el cine de bajo presupuesto brasileño. Casi podemos oler las humedades de la pared donde transcurren las situaciones.
Por otro lado, queda patente la obsesión de José Mojica Maríns por su creación Zé do Caixao, tanta que es incapaz de encerrarlo en el armario ni siquiera en una comedia erótica de encargo. No es que aparezca en la película, pero en un momento una de las actrices, ante la presencia del protagonista haciéndose pasar por fantasma, exclama algo así como: “Parece salido de una película de Zé do Caixao”. Y es que en la secuencia el tipo declama como lo hacía el propio Mojica Marins en sus películas con el personaje.
“Como consolar viuvas”, con un guion de Georgina Duarte rodado de forma totalmente desganada, no es en absoluto una buena película. Es graciosa, pero lo justo, y de tan sórdida que es, con esos colores sepia imperantes y los escenarios naturales lúgubres y sucios, resulta muy difícil que desprenda simpatía. Es una muestra del cine que podía hacer Marins si lo sacábamos de lo abstracto y extraño, o de Zé do Caixao, lo cual siempre es interesante. Pero desde luego, la comedia no era su fuerte.

sábado, 6 de julio de 2024

BIG LEGEND

Hace un tiempo comentaba mi última y perversa afición: Escuchar música tirando de películas con pinta mierdosa como acompañamiento visual, por aquello de sacrificar diálogos y sonidos sin sentirme culpable. Eventualmente continúo practicándola y, en general, sigue siendo un pasatiempo de lo más ameno. Pero el otro día, buscando un largometraje adecuado, ocurrió algo curioso. Elegí "Big Legend", producto "indie" del 2018 sobre un tipo al que el bigfoot le asesina la novia y, tras unos meses en el loquero, decide armarse y tomarse la revancha, con ayuda de un cazador furtivo. Estaba convencido que sería roña propia de la era digital, esa que tanto abunda por estos mundos plataformeros de dios. Sin embargo, los primeros minutos resultaron algo mejores de lo esperado: Una pareja de enamorados retoza alegremente por unos bosques muy bellos, y muy bien fotografiados. Llegada la noche y, metidos en su tienda de campaña, son acosados por el "monstro" de manera incluso levemente inquietante. Comencé a dejar de prestar atención a las canciones, detuve la música y decidí centrarme en la película.
Aunque resulte casi un chiste predecible, al final lo mejor de "Big Legend" está, justo, en esos primeros quince minutos. El resto consiste en abundante diálogo y momentos muertos de caminatas bosquiles. Suerte que estos, como decía, son muy bonitos de ver (especialmente esos árboles rebozados en musgo) y, sí, al responsable de la fotografía le sobra capacidad. Vale, un buen guion es siempre lo más importante. También contribuyen unos actores solventes (y nada que lamentar de los protagonistas del "film" reseñado). Pero el empaque visual, como ven, ayuda. Principio que siempre defendió John Carpenter, de ahí su encabezonamiento en destinar buena parte de los escasos cuartos disponibles a una cámara más que decente para inmortalizar  "La noche de Halloween". Obviamente, hablamos de cine comercial, con aspiraciones de atraer a cuanta más plebe, mejor.
En lo referente a elementos "exploitativos", "Big Legend" cojea. El bicho -de aspecto digno- sale poco, y la sangre no abunda. Resumiendo: es una película sosa, más bien plomiza, pero no ofende. Hay basura muchísimo peor ahí fuera.
Y como es toda una costumbre en esta clase de materia, se recurre al fichaje -en roles segundones- de nombres de cierta solera para el fandom. Una estrategia algo pestilente, pero que aceptas deportivamente. Hablamos de Amanda Wyss, la "Tina" del "Pesadilla en Elm Street" original, dando vida a una doctora. Adrienne Barbeau -que no necesita presentación- como madre del protagonista en una interpretación con mucha carga emocional. Siempre que veo a estos actores "condenados" ejercer un papel más "serio y dramático" de lo habitual, a base de diálogo, sin gritos, ni enfrentarse a bestias cavernosas, ni enseñar pechuga, no puedo evitar pensar lo mucho que estarán disfrutando -pudiendo, por fin, actuar de verdad- y, a la vez, sentir algo de pena por ello/as. Y, finalmente, el omnipresente Lance Henriksen en un desenlace que pretende asemejarse a lo que hacía "Marvel Studios" en 2018 (¡¡buenos tiempos!!) pero en plan ultra-humilde. Aparece encasquetado en una silla de ruedas, dando vida al jefazo de un clan de cazadores dispuestos a acabar con el bigfoot e intentando convencer al protagonista para que se una a la causa. Todo ello justo antes de anunciar una secuela que, de momento, no se ha materializado. ¿¿A caso Justin Lee, director y guionista, intentaba demostrar a los gerifaltes de "Marvel" que era bien capaz de introducirse en sus filas?? A saber. Lo único obvio aquí es su condición de "carne de cañón" de la era digital, con un puñadito de largometrajes en su haber de los que, así a rasgos generales, nadie ha tenido mucha noticia. Hay terror, sí, pero también western y algún drama. Entre el mogollón destaca una supuesta serie titulada "Resident Evil: Welcome to Raccoon City". Sin embargo, nada tiene que ver con la que produjo "Netflix". Tampoco con la película de Johannes Roberts. Además, únicamente existe un capítulo. ¿¿Intentaba Lee venderle la moto a alguna cadena?? ¿¿Producto "fan made"?? Ni puñetera idea, oiga.

martes, 2 de julio de 2024

THE RARE BLUE APES OF CANNIBAL ISLE

Extraña película malaya destinada al público infantil que, estrenada en cines angloparlantes (esto es, Estados Unidos, Inglaterra y Australia) a mediados de los 70, dejó un poso en todos esos niños que la vieron en su momento. Lo que pasa es que, quizás por el poco interés que en ese momento suponía preservar copias de lo que en realidad era una película barata y tercermundista, tras el estreno se destruyeron casi todas, por lo que desapareció de la faz de la tierra dejando a toda una generación huérfana de monos azules.
Con la era de internet comenzaron a aparecer publicaciones con recortes de prensa y un póster bastante artesanal de la película, que servían como única y no demasiado fehaciente prueba de su existencia, sin embargo eran unos cuantos los usuarios que en los foros aseguraron haberla visto en el cine en su momento y que, embargados por la nostalgia, intentaban volver a verla sin éxito. Además, había mucha confusión con respecto al título original porque unos recortes la anunciaban como “Cap’N Krock and  the Rare Blue Apes”, existía un póster que rezaba “Mr. Quack, Quack and the Rare Blue Ape”… cuando el título oficial parecía ser “Pirates in Cannibal Isle”. Un verdadero pifostio.
Como fuera, el caso es que la película se tiró cerca de 50 años perdida en algún lugar, hasta que los señores de AGFA dieron con una copia en 35 mm íntegra algo deteriorada. No dudaron en restaurarla para su posterior estreno en cines para sibaritas y, sobre todo, su lanzamiento en flamante Blu Ray, que tuvo a bien editar la gente de Vinegar Syndrome dentro de un pack con otras tantas películas perdidas (y ahora encontradas) bautizado “Lost Picture Show”.  El título con el que se oficializarían las fichas de las bases de datos sería “The Rare Blue Apes of Cannibal Isle”.
Se trata de un musical infantil de lo más grotesco y desasosegante, casi parece una pesadilla generada por una mente enferma, en la que predominan los señores disfrazados de criaturas antropomórficas, a lo Espinete y Don Pimpón, pero con un aspecto verdaderamente feista. Y hasta terrorífico.
Un niño que apenas habla vive con su familia y tiene como mascota un pato al que llama Mr. Quack, Quack. Están todos hasta los cojones del pato y planean echarlo a la olla para pegarse un festín y, a cambio, buscarle al niño un animal más adecuado como mascota. Por supuesto, él no está de acuerdo, por lo que decidirá escaparse de casa con el pato a cuestas, llegando a una extraña isla donde una serie de estrafalarios hombres-cocodrilo les hacen prisioneros. En la jaula en la que los meten, se encontrarán con un insólito simio de color azul que les contará su origen, y, después, juntos, tendrán que abandonar esa isla llena de cocodrilos deseosos de comérselos, y esquivar los innumerables peligros que les asolan en los parajes de Malasia.
A todo esto, decir que cada dos por tres la película cuenta con numeritos musicales que, mediante estridente teclado analógico como toda instrumentación, llega a poner de los nervios al espectador.
Realmente “The Rare Blue Apes of Cannibal Isle” es una experiencia abrumadora, con un montón de gente disfrazada en lo que podemos considerar el equivalente malayo (y lisérgico) a películas como “Dentro del laberinto” o “Cristal Oscuro”, con todos esos disfraces de gomaespuma, animatroneados o no según conveniencia (o presupuesto) y un mal rollo general que tira de espaldas (recordemos que es una película malaya y, por muy infantil que sea, el respeto por los animales no es algo que se tuviera contemplado, por lo que, sin llevarnos las manos a la cabeza, lo cierto es que el pato protagonista y un lagarto que formará parte de un guiso de los cocodrilos, no son tratados en pantalla todo lo bien que se debería).
Por lo demás, es una película que no para. Y aunque los angloparlantes estén que no cagan con ella, a mí me ha hecho gracia por aquello de la desmesura que se gasta, sobre todo por su condición de película perdida y a mí eso me chifla, pero no me ha impresionado ni lo más mínimo porque en España tenemos una idiosincrasia cinematográfica similar a la malaya y, en cuanto a musicales estridentes para niños, disponemos de la también casi perdida (porque solo quedan las copias en beta o vhs que no estén destruidas) “La canción de los niños”; y para locura lisérgica de crío huyendo con pato a cuestas está “Oscar, Kina y el laser”.
Por otro lado, la relación de “The Rare Blue Apes od Cannibal Isle” con estas películas españolas no se queda ahí. “La canción de los niños”, musical infantil igualmente desasosegante, fue dirigido por Ismael González que durante aquellos años se dedicaba a rodar títulos “S” tales como “Los pornoaficionados” o “Escuela de grandes putas”. El director de “The Rare Blue Apes…” es Donn Greer, quien interrumpía su carrera como "sexploiter" para ponerse a los mandos de aquella. Suyas serían “Alice in Acidland” o “Sweetcherooo!”. Tras la reseñada, no volvería a dirigir nada más.
Como les digo se trata de una auténtica anomalía, exótica y extraña gracias, más que a los personajes disfrazados, a esa insólita combinación de actores occidentales y asiáticos que le otorgan un aire enrarecido. Y, por supuesto, los monos azules, absolutamente horripilantes e insoportables... casi como la experiencia de ver el film completo.
Si buscan, podrán encontrar un ripeo del Blu Ray por ahí a disposición de los internautas. Y si buscan más todavía, encontrarán incluso los subtítulos en español, así que no es necesario comprarse el pack completo de Vinegar, a no ser que les sobren los 180 pavos que cuesta… Y ni por esas, porque mientras escribo esto hace ya unos días que se ha agotado.