James Balsamo es una de esas "super-stars" del submundo de las convenciones dedicadas al cine de terror. Produce sus propios largometrajes facturados en vídeo, encarga estupendas carátulas a dotados dibujantes (como la parejita JellyKoe) para los respectivos dvds, los rejunta en una mesa a disposición de todo aquel incauto dispuesto a invertir dineros en ellos y dedica toda su energía a la más desquiciante auto-promoción. Aunque si algo ha hecho "famoso" a Balsamo estos últimos tiempos, es su capacidad de recorrer esas mismas convenciones abordando a sendas personalidades "cult" para pedirles que hagan un micro-cameo en su nueva producción. Salen al exterior, o van a una habitación de hotel, y graban. Facilita las cosas que Balsamo sea el prota de casi todo lo que dirige. Y así, sumando cameos y cameos, se gasta una galería de rostros reconocibles para el fan medio francamente envidiables. Su especialidad es la comedia cafre, bastante influenciada por Troma, mezclada con terror. Esto es así hoy día. Pero en 2012 el muchacho no lo tenía tan claro e intentó currarse un slasher de 80 minutos pretendidamente serio y protagonizado por su propio icónico psycho-killer, "The American Executioner", luciendo ropa militar y un saco en la cabeza estampado con la bandera norteamericana (al que, además, daba vida Balsamo himself).
La movida va de un soldado salvado por su malherido compañero durante la guerra. Mientras este último lo pasa putas en un hospital (incomprensiblemente situado en Alemania, a pesar de que todos los carteles de las paredes estén en inglés), el otro vuelve a los USA decidido a otorgarse la medalla de héroe que no le pertoca. Ello motivará que el agonizante se ponga en pie y persiga a su traicionero ex-colega con el fin de matarlo. Claro que, antes, se cruzará con un montón de gente distinta, y ajena al drama, a la que, obvio, también exterminará. Una excusa como cualquier otra para sumar minutos y más minutos de muertes no excesivamente truculentas a ritmo de un mareante soundtrack compuesto de metal, punk y demás sonidos extremos. Y no digo lo de mareante por el volumen -que, por cierto, está más alto que los diálogos-, sino porque Balsamo -quien antaño se dedicaba a cantar en grupos del ramo y tiene muchos amiguitos- atiborra la peli de extractos de canciones, una tras otra. Ahora diez segundos de esta, ahora tres de aquella, etc, etc. Sin dar descanso al pobre espectador.
Técnicamente la película es una oda al amateurismo más incapaz. La lista de desenfoques, desencuadres, traqueteos salvajes y cortes aleatorios es interminable. Pero eso ya me lo esperaba. Para compensar tanta negación, Balsamo la trufa con tetas. Muchas tetas. Algunas francamente bonitas. Y todas absolutamente gratuitas (también cae alguna polla en primer plano). Concretamente, hay dos chicas que, según la escena, para convencer a algún feo empleado de un estamento oficial, se quitan la ropa frente a sus ojos y se lo tiran. La agradecida pesadilla de una feminista. Fascinante. Obviamente, todas fenecen en manos del "American Executioner", aunque para ello el director tenga que hacer añicos las leyes de la lógica y la verosimilitud.
La lista de cameos es interminable. Hay muuucho músico (incluidas grabaciones de conciertos en las que el cámara es sacudido por el público, así que imaginen el nivel de los encuadres. En estas vemos a bandas como "The Meatmen" o los cafres "Ghoul" en acción) y, por supuesto, gente del cine y la farándula como Donald ("Cannibal Hookers") Farmer, Joel ("Sardu/Bloodsucking Freaks") Reed, Tim ("Eliminator") Ritter, Lynn Lowry en un cameo patético (todo un icono del horror setentero, la has visto en "Vinieron de dentro de..." o "Me bebo tu sangre"), Joe Fleishaker (el -otro- gordaco de las pelis de Troma), el inevitable Lloyd Kaufman, la scream queen Debbie Rochon, Doug ("Punk Rock Holocaust") Sakmann y el más conocido de todos, Howard Stern. En el reparto principal sobresale la presencia de Carmine Capobianco, habitual en las primeras películas de Gorman Bechard.
Todo esto, rejuntado y empaquetado, se titula "I Spill Your Guts". Ocho años después James Balsamo grabó la segunda parte. El día menos pensado cae la tercera. ¿Apuestan algo?.
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sábado, 16 de octubre de 2021
sábado, 20 de noviembre de 2021
HELLITOSIS: THE LEGEND OF STANKMOUTH
Existe en los USA -¿donde sino?- una corriente dentro del mal llamado "cine independiente" -yo lo llamo "cine amateur" porque no veo nada despectivo en tirar de la etiqueta-, concretamente aquel situado en los ámbitos del terror, el fandom y las convenciones, que basa su esencia en imitar las correrías de Lloyd Kaufman y su flamante Troma (junto al siempre olvidado Michael Herz, cuya marcha fue, al parecer, el verdadero detonante de la decadencia de la compañía). Chavales formados con "El vengador Tóxico", "Mutantes en la universidad", "Pegado a ti", "¡Vaya camareras!" o "Viva la juerga" (pertenecientes a la mejor etapa de Troma) y que, en cuanto una video-cámara cayó en sus zarpas, decidieron replicar lo aprendido. Yo los llamo los cachorros de la Troma. Peña como Chris Seaver, Mike C. Hartman, Richard Mogg, Nathan Rumler, Dave Wascavage, Rick Popko + Dan West, James Balsamo, Doug Sakmann, Kevin Strange o Adam Thorn. Algunos, con el tiempo, incluso acabarían currando para Kaufman y cía.
Hay un modo muy sencillo de identificar estas películas. Primero, el formato. Como he puntualizado antes, están paridas en vídeo. Generalmente el de uso doméstico. Segundo, tienden a mezclar terror o fantástico con comedia, una -obviamente- muy gruesa, escatológica y políticamente incorrecta, siempre tirando de delirantes conceptos basados en el caca, culo, pedo, pis. Y, tercero, rara es aquella que no cuenta con un cameo de su gurú, Lloyd Kaufman himself.
Bien, todos esos atributos los encontramos en "Hellitosis: The legend of Stankmouth", que pueden localizar en Amazon Prime como "La leyenda de bocapestosa" con unos agradecidos subtítulos en castellano. Su director, Rob Mulligan (o Robert J. Mulligan III), había colaborado ya con Troma en algún momento, así que encaja muy bien en el grupito arriba mentado. Él y su peli, claro.
"Hellitosis..." cuenta la historia de un par de parejas, + la tipa de la agencia inmobiliaria, que visitan una casita con la idea de adquirirla. Una vez allí, sacan el alcohol y comienzan a ponerse hasta el culo. De mientras, una presencia extraña les observa en la sombra. En cuanto uno de ellos se aparte de la manada, será atacado y exterminado. Si hasta aquí todo parece apuntar que estamos ante un slasher trilladísimo, es el aspecto del atacante lo que rompe con tal sensación. Bien, se trata de un caballero con notable sobrepeso, unos slips blancos como única prenda, el cuerpo rociado de caca y... un culo en lugar de boca por el que se tira pedos continuamente y, de vez en cuando, echa hilillos de mierda. Su especialidad consiste en extraer las vísceras de sus víctimas. Que siempre proceda igual da que pensar si no será un modo de simplificar los efectos especiales. Usando las mismas tripas para todos. En este apartado destaca el pobre infeliz al que se le extraen por la boca con ayuda de un desatascador chorreante de excrementos.
El problema de "Hellitosis..."... bueno, tiene muchísimos toda ella. Pero el más llamativo es que, quitando el "gag" del aspecto y condición del "villano", lo demás es rutina pura. Paseos por la casa buscándose unos a otros. Los crímenes, todos iguales. Diálogos chorras a base de mucho "fuck". Etc. Y, claro, en cuanto el chiste ha dejado de sorprender y ser gracioso, la movida se torna aburrida y monótona. Porque, aunque se suponga comedia, en realidad esta solo la aporta el del culo-boca, y el deseo de ofendernos desesperadamente a base de escatología, el resto es puro slasher de manual. Tengamos en cuenta que la peli dura escasos 74 minutos, reducidos a unos 60 gracias a los insanamente extensos créditos finales (encima, para mostrarnos los mismos nombres una y otra vez). Pues, aún así, se hace muy cuesta arriba.
Entonces, como basurilla curiosa, semi-graciosa y llamativa, vale. Tiene un pase. Pero como todo lo demás... no. Me hizo ilusión localizarla en Amazon Prime y me la vi con mucha voluntad. Pero nada impide que sea... lo que es.
Hay un modo muy sencillo de identificar estas películas. Primero, el formato. Como he puntualizado antes, están paridas en vídeo. Generalmente el de uso doméstico. Segundo, tienden a mezclar terror o fantástico con comedia, una -obviamente- muy gruesa, escatológica y políticamente incorrecta, siempre tirando de delirantes conceptos basados en el caca, culo, pedo, pis. Y, tercero, rara es aquella que no cuenta con un cameo de su gurú, Lloyd Kaufman himself.
Bien, todos esos atributos los encontramos en "Hellitosis: The legend of Stankmouth", que pueden localizar en Amazon Prime como "La leyenda de bocapestosa" con unos agradecidos subtítulos en castellano. Su director, Rob Mulligan (o Robert J. Mulligan III), había colaborado ya con Troma en algún momento, así que encaja muy bien en el grupito arriba mentado. Él y su peli, claro.
"Hellitosis..." cuenta la historia de un par de parejas, + la tipa de la agencia inmobiliaria, que visitan una casita con la idea de adquirirla. Una vez allí, sacan el alcohol y comienzan a ponerse hasta el culo. De mientras, una presencia extraña les observa en la sombra. En cuanto uno de ellos se aparte de la manada, será atacado y exterminado. Si hasta aquí todo parece apuntar que estamos ante un slasher trilladísimo, es el aspecto del atacante lo que rompe con tal sensación. Bien, se trata de un caballero con notable sobrepeso, unos slips blancos como única prenda, el cuerpo rociado de caca y... un culo en lugar de boca por el que se tira pedos continuamente y, de vez en cuando, echa hilillos de mierda. Su especialidad consiste en extraer las vísceras de sus víctimas. Que siempre proceda igual da que pensar si no será un modo de simplificar los efectos especiales. Usando las mismas tripas para todos. En este apartado destaca el pobre infeliz al que se le extraen por la boca con ayuda de un desatascador chorreante de excrementos.
El problema de "Hellitosis..."... bueno, tiene muchísimos toda ella. Pero el más llamativo es que, quitando el "gag" del aspecto y condición del "villano", lo demás es rutina pura. Paseos por la casa buscándose unos a otros. Los crímenes, todos iguales. Diálogos chorras a base de mucho "fuck". Etc. Y, claro, en cuanto el chiste ha dejado de sorprender y ser gracioso, la movida se torna aburrida y monótona. Porque, aunque se suponga comedia, en realidad esta solo la aporta el del culo-boca, y el deseo de ofendernos desesperadamente a base de escatología, el resto es puro slasher de manual. Tengamos en cuenta que la peli dura escasos 74 minutos, reducidos a unos 60 gracias a los insanamente extensos créditos finales (encima, para mostrarnos los mismos nombres una y otra vez). Pues, aún así, se hace muy cuesta arriba.
Entonces, como basurilla curiosa, semi-graciosa y llamativa, vale. Tiene un pase. Pero como todo lo demás... no. Me hizo ilusión localizarla en Amazon Prime y me la vi con mucha voluntad. Pero nada impide que sea... lo que es.
sábado, 17 de agosto de 2024
STING OF DEATH
Todo comenzó en las páginas de la legendaria "Psychotronic" según maese Michael Weldon. Ahí leí por primera vez el nombre de William Grefé, sorprendiéndome ante un apellido tan exótico, acento incluido, para alguien netamente yanki. Un oscuro director de cine barato de explotación con un dato que sobresalía por encima del resto (tilde aparte), su implicación en las escenas submarinas con tiburón de "Vive y deja morir", la setentera epopeya Bondiana (donde, por cierto, le cambiaron el apellido a Grefe, tal cual... curioso) La idea molaba, filmmaker de segunda -o tercera- categoría con una vida paralela como ¿técnico? en cine "mainstream". Sin embargo, lo más llamativo de aquel reportaje era un cartel publicitario, tan espectacular como solían ser los de su ralea, anunciando una doble sesión con dos films de horror firmados por Grefé, "Sting of Death" y "Death Curse of Tartu".
Y un día, recorriendo uno de los video-clubs del barrio, sección alquileres baratos, me encontré nada menos que con la segunda, titulada acá "La maldición de Tartu". Como solía ocurrir entonces, una intensa descarga eléctrica sacudió mi espinazo. La alquilé sin dudar para, tras consumirla, sentirme tremendamente decepcionado. Sí, era un coñazo de órdago, como buena parte del "exploitation" -especialmente el de los años sesenta-. Solo hubo un aspecto que consideré relevante, el semi-protagonismo de una jovencita Mayra Gómez Kemp, la eterna presentadora del "Un, Dos, Tres". Bueno, y el hecho de que el "Scalps" de Fred Olen Ray -película y director, por entonces, fruto de una enfermiza obsesión... por inquietante que suene- era un remake encubierto de "La maldición de Tartu", que llegué a adquirir en VHS, convencido de su rara condición, pero con el tiempo terminé regalando.
Por todo ello, jamás me interesó consumir "la otra", es decir, "Sting of Death", ni tan siquiera tras leer que el aspecto de su monstruo era patético y confirmarlo mediante algunas imágenes en un dvd-sampler de "Something Weird Video". Hasta ayer.
Gracias a las sucias plataformas de streaming, tengo acceso constante y continuo (o así sería si el Wifi de mierda no fallara tanto) a un catálogo generoso -y gratuito, of course- de roña zetosa, mayormente subtitulada al inglés, que siempre ayuda. Haaaarto comostoy del cine chusco moderno, me ha dado por revisar el añejo, así acabé presionando el "play" de "Sting of Death", casi accidentalmente. Y comenzó. Y, más raro aún, se mantuvo, sin los continuos y desquiciantes cortes del mal Wifi. Me sentí obligado pues a aprovechar la ocasión y pimplármela entera. Sabiendo que, gracias a dios, era cortita.
Una familia se reúne por motivos "festivalosos" en una casa rodeada de agua y pantanos, allí en los Everglades. Se sumarán una panda de universitarios descerebrados. La música bailonga suena alta, y todo va de perlas, hasta que una especie de bicho con pinta de medusa antropomorfa comienza a joder la marrana, llevándose a alguno por delante. Es momento de defenderse y contraatacar.
Lo dije en la reseña de "Shriek of the mutilated" y lo repito right now: resulta curioso aseverar como las fórmulas se mantienen a pesar de la suma de lustros. Igual que ocurrió a lo largo de los ochenta hasta nuestros insulsos días, también aquí los universitarios de rigor son representados como auténticos mastuerzos retardados chillones que solo viven para la fiesta (y, también, interpretados por actores que ya gastan pelos en sus respectivas entrepiernas) Todo ello adaptado a la idiosincrasia del año de producción, 1966, pero sin excesivas alteraciones. De modo mucho más simplista y exagerado. Son, por década y mentalidad, incluso más planos y gilipuertas, sin pizca de humanidad. Aspecto este confirmado cuando, al descubrir la presencia de un personaje atormentado por cierta desfiguración facial, deciden perseguirle, acorralarle y humillarle a lo bestia. No sé qué demonios les dio a finales de los sesenta, y principios de la década siguiente, con eso de meter a un secundario con alguna tara física o mental. Se convirtió en recurso habitual. Lo vimos, una vez más, en "Shriek of the mutilated". También "La noche del terror ciego" contaba con ello. Hasta un film tan respetado como "Suspiria" incluía a uno así en su reparto (y no me refiero a Miguel Bosé... ¡chas-pun!)
Igualmente, común es a todo el cine de explotación recrearse en las féminas y sus sinuosas curvas, siempre dentro de los parámetros morales que se permitían entonces. Hay mucho bikini, mucho culo meneándose y un sorprendente despelote total medio emborronado por un cristal translúcido. Podemos apreciar el tremendo par de aldabas que gasta la actriz. No me sorprendería que su propietaria fuese una "Pin-Up" y/o stripper de la época, aunque ha sido imposible corroborarlo. Que responda al nombre de Blanche Devereaux, como uno de los personajes de la posterior y famosísima serie "Las chicas de oro", no ayuda. En cualquier caso, su ataque y asesinato son pura esencia "trash" (ver galería de imágenes inferior)
La iracunda bestia responsable guarda un semi-secreto que no desvelaré por si, extrañamente, pretenden ver la película. Efectivamente, el diseño/aspecto es absolutamente miserable. Hay cierta justificación narrativa tras ello, pero no tanto. Básicamente se trata de un tipo al que han vestido con un traje de buceo enguarrado, incluidas cantosas aletas para los pies y un flotador en la cabeza cuya intención es parecerse al cuerpo de una medusa. Sus maneras ya eran muy "demodé" en los años sesenta, pero gastan, cómo no, un sutil encanto. Sobre todo si consumen la edición remasterizada con todo esos colorines tan chillones.
Otro de los platos fuertes en "Sting of Death" es la incorporación de una canción de Neil Sedaka en la banda sonora. Tanto como para anunciarlo en los créditos iniciales como si fuese uno de los protagonistas. ¿El truco? que no es ninguno de sus grandes éxitos y, además, en 1966 el tirón comercial del cantante había descendido unos grados. Aún así, nos zampamos la copla íntegra (acompañada de graciosas imágenes del reparto completo bailoteando a las maneras de entonces) cuyos derechos, seguramente, se llevaron un buen pellizco del escueto presupuesto.
Y eso, el "prolongamiento de momentos intrascendentes" es, como todo buen producto barato, algo recurrente. Añadan una eterna persecución por los Everglades y el tramo final, con el héroe bajo el agua dedicando más minutos de los deseados a localizar la guarida del monstruo. Ya saben, la supuesta especialidad de William Grefé quien, por si se lo preguntan, continuó dirigiendo los años siguientes, siempre movido por esa mentalidad oportunista / exploitativa. Tras el éxito de "Willard", la del chaval con capacidad de movilizar ratas a su antojo, sacó "Stanley", cambiando los roedores por serpientes. Y, aprovechando su capacidad para filmar submarinamente escualos, estrenó otro de sus títulos populares al año siguiente del hit "Tiburón", uno muy habitual en videoclublandia, "Mako, el tiburón de la muerte" (obviamente, se supone que Grefé tuvo la idea antes del éxito Spielbergiano, pero no logró el necesario montante hasta demostrarse que dichas bestias interesaban al público. La típica ¿excusa?) A partir de los ochenta comenzó a rebajar mucho el ritmo, básicamente pariendo solo cortometrajes. Pero ahí sigue, vivo y coleando (con lo gafe -Grefé- que soy, me lo tienen muerto pasado mañana) Incluso se ha permitido el caprichazo de actuar para otros directores, como Steve Latshaw (justo en dos películas producidas por su pupilo, Mister Olen Ray) o James Balsamo -si a este podemos llamarle director-.
¡Ah! William es el papá de Melanie Grefe, la gorda y malcarada "Big Edna" de "Porky´s 2".
Y un día, recorriendo uno de los video-clubs del barrio, sección alquileres baratos, me encontré nada menos que con la segunda, titulada acá "La maldición de Tartu". Como solía ocurrir entonces, una intensa descarga eléctrica sacudió mi espinazo. La alquilé sin dudar para, tras consumirla, sentirme tremendamente decepcionado. Sí, era un coñazo de órdago, como buena parte del "exploitation" -especialmente el de los años sesenta-. Solo hubo un aspecto que consideré relevante, el semi-protagonismo de una jovencita Mayra Gómez Kemp, la eterna presentadora del "Un, Dos, Tres". Bueno, y el hecho de que el "Scalps" de Fred Olen Ray -película y director, por entonces, fruto de una enfermiza obsesión... por inquietante que suene- era un remake encubierto de "La maldición de Tartu", que llegué a adquirir en VHS, convencido de su rara condición, pero con el tiempo terminé regalando.
Por todo ello, jamás me interesó consumir "la otra", es decir, "Sting of Death", ni tan siquiera tras leer que el aspecto de su monstruo era patético y confirmarlo mediante algunas imágenes en un dvd-sampler de "Something Weird Video". Hasta ayer.
Gracias a las sucias plataformas de streaming, tengo acceso constante y continuo (o así sería si el Wifi de mierda no fallara tanto) a un catálogo generoso -y gratuito, of course- de roña zetosa, mayormente subtitulada al inglés, que siempre ayuda. Haaaarto comostoy del cine chusco moderno, me ha dado por revisar el añejo, así acabé presionando el "play" de "Sting of Death", casi accidentalmente. Y comenzó. Y, más raro aún, se mantuvo, sin los continuos y desquiciantes cortes del mal Wifi. Me sentí obligado pues a aprovechar la ocasión y pimplármela entera. Sabiendo que, gracias a dios, era cortita.
Una familia se reúne por motivos "festivalosos" en una casa rodeada de agua y pantanos, allí en los Everglades. Se sumarán una panda de universitarios descerebrados. La música bailonga suena alta, y todo va de perlas, hasta que una especie de bicho con pinta de medusa antropomorfa comienza a joder la marrana, llevándose a alguno por delante. Es momento de defenderse y contraatacar.
Lo dije en la reseña de "Shriek of the mutilated" y lo repito right now: resulta curioso aseverar como las fórmulas se mantienen a pesar de la suma de lustros. Igual que ocurrió a lo largo de los ochenta hasta nuestros insulsos días, también aquí los universitarios de rigor son representados como auténticos mastuerzos retardados chillones que solo viven para la fiesta (y, también, interpretados por actores que ya gastan pelos en sus respectivas entrepiernas) Todo ello adaptado a la idiosincrasia del año de producción, 1966, pero sin excesivas alteraciones. De modo mucho más simplista y exagerado. Son, por década y mentalidad, incluso más planos y gilipuertas, sin pizca de humanidad. Aspecto este confirmado cuando, al descubrir la presencia de un personaje atormentado por cierta desfiguración facial, deciden perseguirle, acorralarle y humillarle a lo bestia. No sé qué demonios les dio a finales de los sesenta, y principios de la década siguiente, con eso de meter a un secundario con alguna tara física o mental. Se convirtió en recurso habitual. Lo vimos, una vez más, en "Shriek of the mutilated". También "La noche del terror ciego" contaba con ello. Hasta un film tan respetado como "Suspiria" incluía a uno así en su reparto (y no me refiero a Miguel Bosé... ¡chas-pun!)
Igualmente, común es a todo el cine de explotación recrearse en las féminas y sus sinuosas curvas, siempre dentro de los parámetros morales que se permitían entonces. Hay mucho bikini, mucho culo meneándose y un sorprendente despelote total medio emborronado por un cristal translúcido. Podemos apreciar el tremendo par de aldabas que gasta la actriz. No me sorprendería que su propietaria fuese una "Pin-Up" y/o stripper de la época, aunque ha sido imposible corroborarlo. Que responda al nombre de Blanche Devereaux, como uno de los personajes de la posterior y famosísima serie "Las chicas de oro", no ayuda. En cualquier caso, su ataque y asesinato son pura esencia "trash" (ver galería de imágenes inferior)
La iracunda bestia responsable guarda un semi-secreto que no desvelaré por si, extrañamente, pretenden ver la película. Efectivamente, el diseño/aspecto es absolutamente miserable. Hay cierta justificación narrativa tras ello, pero no tanto. Básicamente se trata de un tipo al que han vestido con un traje de buceo enguarrado, incluidas cantosas aletas para los pies y un flotador en la cabeza cuya intención es parecerse al cuerpo de una medusa. Sus maneras ya eran muy "demodé" en los años sesenta, pero gastan, cómo no, un sutil encanto. Sobre todo si consumen la edición remasterizada con todo esos colorines tan chillones.
Otro de los platos fuertes en "Sting of Death" es la incorporación de una canción de Neil Sedaka en la banda sonora. Tanto como para anunciarlo en los créditos iniciales como si fuese uno de los protagonistas. ¿El truco? que no es ninguno de sus grandes éxitos y, además, en 1966 el tirón comercial del cantante había descendido unos grados. Aún así, nos zampamos la copla íntegra (acompañada de graciosas imágenes del reparto completo bailoteando a las maneras de entonces) cuyos derechos, seguramente, se llevaron un buen pellizco del escueto presupuesto.
Y eso, el "prolongamiento de momentos intrascendentes" es, como todo buen producto barato, algo recurrente. Añadan una eterna persecución por los Everglades y el tramo final, con el héroe bajo el agua dedicando más minutos de los deseados a localizar la guarida del monstruo. Ya saben, la supuesta especialidad de William Grefé quien, por si se lo preguntan, continuó dirigiendo los años siguientes, siempre movido por esa mentalidad oportunista / exploitativa. Tras el éxito de "Willard", la del chaval con capacidad de movilizar ratas a su antojo, sacó "Stanley", cambiando los roedores por serpientes. Y, aprovechando su capacidad para filmar submarinamente escualos, estrenó otro de sus títulos populares al año siguiente del hit "Tiburón", uno muy habitual en videoclublandia, "Mako, el tiburón de la muerte" (obviamente, se supone que Grefé tuvo la idea antes del éxito Spielbergiano, pero no logró el necesario montante hasta demostrarse que dichas bestias interesaban al público. La típica ¿excusa?) A partir de los ochenta comenzó a rebajar mucho el ritmo, básicamente pariendo solo cortometrajes. Pero ahí sigue, vivo y coleando (con lo gafe -Grefé- que soy, me lo tienen muerto pasado mañana) Incluso se ha permitido el caprichazo de actuar para otros directores, como Steve Latshaw (justo en dos películas producidas por su pupilo, Mister Olen Ray) o James Balsamo -si a este podemos llamarle director-.
¡Ah! William es el papá de Melanie Grefe, la gorda y malcarada "Big Edna" de "Porky´s 2".
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