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sábado, 20 de julio de 2024

VIAJE AL CENTRO DE LOS CRAMPS + AXEGRINDER 666

Siempre he sentido bastante simpatía por "The Cramps". Desde que los descubrí a mediados de los ochenta adquiriendo el vinilo de "El regreso de los muertos vivientes", sin saber ande coño me metía, pero sistemáticamente atraído por esa irrepetible y maravillosa cubierta. Y redondeado, el mismo periodo, por su entonces recién editado "A date with Elvis", regalo cumpleañoso de mi hermana. Con el tiempo me pillaría más material del combo y, aunque no lo escucho asiduamente, de vez en cuando cae y entra bien (o mal, pero simplemente porque no es el momento adecuado. Esas cosas pasan con sonidos tan específicos). Llegados los noventa, "The Cramps" comenzó su lento y progresivo declive, hasta la muerte del frontman, y absoluta mitad de su mero existir, Lux Interior. El otro cincuenta por ciento, como saben, era cosa de la carismática guitarrista, Poison Ivy. Pues, justo, sobre ellos gira este "Viaje al centro de los Cramps", firmado Dick Porter, una notable biografía por la que sentía franca curiosidad y anduve persiguiendo hasta dar con ella en una biblioteca. Así, en plan revisión generalista, se puede decir que la lectura es amena, genuinamente entretenida, con buen ritmo... aunque, al chaparlo, te queda una sensación raruna de la que aluego hablaré.
"The Cramps" eran Lux e Ivy. Ivy y Lux. El resto, peña que pasaba por allí, dejaba más o menos huella, y terminaban largándose por distintos motivos. La historia de aquel par es sanamente envidiable. Dos personas de apetencias peculiares y un pelo excéntricas se conocen, se gustan, se aman, echan adelante su sueño de tener un grupo de genuino rock and roll, a pesar de no disponer de la mínima experiencia, y triunfan. Vivieron juntitos las décadas siguientes, gozando de la aventura musical y alguna extra de tipo cinematográfica que, obvio, son las que más cosquillas me daban mientras leía. Que sí, que el cine es mi primer amor, a pesar de los pesares.
Los "Cramps" participaron como actores en "The Foreigner" de Amos Poe (donde agredían con genuinas navajas y consiguientes cortes reales a su protagonista, Eric Mitchell, dato este ignorado en el libro). Aportaron una canción fabulosa a la mentada "El regreso de los muertos vivientes" (en la época se decía que también salían interpretando a unos zombies, pero el tochito no lo confirma... ni desmiente). Colaboraron en el "Drácula" de Coppola. John Waters rechazó unos temas que grabaron para "Cry-Baby, el lágrima" (básicamente porque dejó el curro a un subordinado. Otra muestra más de la discutible "autenticidad" del mangante y vendido director de "Pink Flamingos", ¡¡¡espero que ardas en el infierno!!!) y, por supuesto, Lux puso voz a una resultona copla de "Bob Esponja".
El resto, lo estrictamente musical, no se sale de la norma. Disco nuevo, consiguiente gira. Y así todo el rato, con pequeños momentos de pausa para contarnos puntuales trifulcas. Pero sin mucha variación. Y, de hecho, pasa con la bio de los "Cramps" lo mismo que con la de Mel Brooks. O la de Dario Argento. A medida que los años van sumándose, y el grupo asentando y profesionalizando, todo se vuelve más monótono. Desapasionado. Rutinario. Lux e Ivy se limitaban a cumplir con su curro y poco más, materia esta que contribuye al poso raro del que hablaba. Pero esas cosas ocurren cuando, como digo, alcanzas ciertas cotas de popularidad y credenciales. Nada que criticar al respecto. Desde el principio, Lux e Ivy tenían clarísimo que no deseaban ser de culto, su intención consistía en triunfar a lo grande y formar parte del mainstream, solo que sin cambiar un ápice su manera de hacer. Obviamente iba a ser prácticamente imposible... pero consiguieron aproximarse mucho.
Y, justo, gracias a la lectura, me dio por revisar algunos de sus discos. Decidí que serían el acompañamiento ideal para ilustrar sonoramente el visionado de sendas ponzoñas. A estas alturas ya deberían conocer mi hobby. Y, buscando, me decanté por una titulada "Axegrinder 666" (no lo niego, su llamativa caratula contribuyó).
Es un fenómeno tan fascinante como desconcertante. El mundillo del SOV y, por ende, el de las plataformas, anda plagado de auténticas franquicias adscritas al slasher. Títulos compuestos de interminables entregas, con sus propios pseudo-Jasons (la verdadera razón de que existan), siendo "Truth or Dare" (cuya primera dosis llegó acá bajo el título de "Eliminator") o "Camp Blood" las más extensas. Incluyan en el pack a "Axegrinder" y sus seis chutes. Ninguno consumible más allá de su terreno. Sin embargo, y ahí viene la parte fascinante, es tanto el tirón que gastan esta clase de subsubproductos que, eventualmente, su responsabilidad "directiva" recae en manos de ciertos "nombres" -dentro de lo suyo, el "clickxploitation"- como los de Mark Polonia, Joe Sherlock o Dustin Ferguson.
La parte desconcertante viene dada por el hecho de que, en fin, como dijo aquel en una ocasión, ¿qué sentido tiene querer situarse tras una cámara para dejar explotar tu creatividad y, luego, decantarse por el más rutinario, inimaginativo y hueco de los subgéneros? ¿cuánto más dará de sí el asunto de los campistas acosados y espachurrados por un tipo con careta? En el fondo, si lo miras bien, el devoto de esta clase de películas dedica gran parte de su tiempo de ocio a ver personas insufribles haciendo cosas inútiles y dialogar sin decir nada, a base de cháchara interminable y vacía, durante minutos y minutos y minutos... solo para poder presenciar un par de tetas -otra reflexión: ¿qué son sino dos bolsas de grasa colgantes?, ¿de verdad nos ponen tanto como para justificar tal mandanga?- y un par de crímenes que, encima, ni son creativos ni espectaculares. Triste y miserable existencia la nuestra, amigos.
En el caso de "Axegrinder 666" todo eso se multiplica por diezmil. Para empezar, la pandi de víctimas son un grupo de góticos -en su universo no existe nadie más que no pertenezca al gremio- que ya suman unos cuantos años de edad -incluso más de unos cuantos- y otros tantos de grasa, especialmente si nos referimos a las señoritas. Hablan y hablan, sobreactúan, dicen sandeces sin descanso, son absolutamente inaguantables, irritantes, totalmente "anti-empatizantes", para, finalmente, caer en las zarpas del asesino de rigor. ¿Merece la pena la espera? No mucho, la verdad...
Los efectos gore resultan de lo más rudimentario, echando mano de material de un "Party Fiesta" al que han añadido algo de pintura roja y algún cacho de carne cruda sacada del supermercado, pero poco más. El mismo asesino luce, tras la reglamentaria careta, otra en plan cadavérico que, se supone, es su verdadero rostro. La embadurnan de tomate para disimular, pero los agujeros de los ojos siguen dando el cante. No me entiendan mal, ¡adoro esas tácticas! pero solo cuando no pretenden hacerse pasar por genuinas, menos formando parte de algo que intenta desesperadamente parecerse al cine de verdad, sin lograrlo. Y uno se ofusca porque, entiende, un producto de esta naturaleza debería cuanto menos ofrecer ingentes cantidades de la más extrema violencia, a base de detallada carnicería efectuada látex mediante por algún voluntarioso fan del género. Si le quitas eso, ¡¿qué demonios queda?! y, por ende, ¡¿qué sentido tiene su mero existir?!
En fin. ¿Algo bueno que decir? pues sí, Cara Fay, actriz de talento y belleza que merecería más suerte, y el desenlace, no del todo desdeñable. El único momento de la función donde, por fin, osan transgredir un pelín la biblia del slasher. Lástima que, para entonces, ya sea demasiado tarde.

lunes, 11 de junio de 2007

EL REGRESO DE LOS MUERTOS VIVIENTES (BSO)

La primera vez que supe de esta banda sonora y, por ende, de la película (de la que hablaremos en otra futura entrada), fue siendo yo muy jovencito en las estanterías del ya inexistente "Galerías Preciados". Lo que me llamó poderosamente la atención de este disco fue, cómo no, la cubierta, con esos chanantes zombie-punks rodeando una lápida con el título escrito con spray, y que uno de los grupos estrella fueran los "Cramps", que aportaban una canción inédita, "Surfin´Dead" y, por entonces, hacía poco que los había descubierto para mi mayor placer auditivo. Logré que me compraran el disco de marras, llegué a casa, lo puse, y desde entonces no he dejado de escucharlo, ya fuera en cd o, como es el caso actualmente, en mp3.
Lo que tiene de especial la bs de "El regreso de los muertos vivientes" es que se aleja por completo de la música habitual en películas de terror de la época (es decir, el heay metal) y, dentro de su condición de punk, se decanta por grupos un tanto más oscuros de lo normal (el caso contrario serían las bandas que se dejan escuchar en "Lucifer", entre ellas tenemos a los mismísimos "Sex Pistols" nada menos). A los "Cramps" se les unen los temazos de "45 Grave", "TSOL", Rocky Erickson, "The Damned", "Tall Boys", "The Jet Black Berries" y "SSQ". Para el final dejo la joya de la corona, "Eyes without a face", de "The Flesheaters", una canción como la copa de un pino, de una intensidad vocal que quita el hipo y un salvajismo sonoro que corta la respiración, un tema de esos que no te cansas de escuchar y que ponértelo directo al cerebro, vía auricular, te induce a la absoluta locura. Brillante. Solo por esta canción merece la pena hacerse con el disco, pero no nos engañemos, el resto está más que a la altura.
Un absoluto clásico.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

EL REGRESO DE LOS MUERTOS VIVIENTES (PELÍCULA)

Es un hecho demostrado que en el cine de terror "moderno" no abundan las películas inteligentes con algo más que sustos y pechugonas troceadas. Afortunadamente entre las escasas excepciones está "El regreso de los muertos vivientes", producción del año 85 que se presupone secuela directa de "La noche de los muertos vivientes", detalle este que no gustó ni pizca a su director, George A. Romero, quien luchó contra los productores de "El regreso..." con el fin de evitar que se utilizara ese título. No lo consiguió.
Lo de "película de terror inteligente" no debe extrañarnos nada si tenemos en cuenta que el papá / guionista de "Alien, el 8º pasajero", y tantos otros clásicos modernos de la ciencia ficción, Dan O´Bannon, se encuentra detrás de la dirección, así como de su libreto. La idea original de la que parte el film se la debemos a John Russo, co-guionista y zombie en "La noche...", así como rémora del universo Romero, quien no estuvo de acuerdo con el enfoque de O´Bannon, ¡¡ja!!, perdedor hasta el final.
"El regreso de los muertos vivientes" está plagada de horror y de un sentido del humor muy negro y macabro, nota esta deudora de la factoría de comics "E.C"., quien no solo inspira el tono, sino también los diseños en general (tal y como confesaba William Stout, su responsable). La truculencia abunda, aunque no agobia, y O´Bannon se pasa por el forro las leyes del "buen zombie" presentando a estos como entes que piensan, hablan, gastan bromas de mal gusto, son indestructibles y sienten una especial atracción por los cerebros humanos antes que por sus entrañas (tanto es así, que en el "mainstream" se ha impuesto esa dieta como la oficial). Les acompañan en el reparto un puñado de punks alejados de clichés, el veterano actor de "serie B" Clu Gulager, la futura reina del grito Linnea Quigley y el grupo de rockabilly "The Cramps" que, además de interpretar a varios no-muertos, se curran un tema para una banda sonora repleta de las más oscuras y auténticas bandas de rocknroll y aledaños, imprescindible y de la que ya hablé en este blog.
Y es que, aparte de todo eso, "El regreso de los muertos vivientes" lleva consigo un auténtico mensaje anti-militarista del que ya querrían hacer gala todos esos directorcillos pretendidamente comprometidos que abundan en las salas de arte y ensayo. Aspecto este que se refleja en un contundente desenlace.
Como bien sabéis, el film conoció hasta cuatro secuelas. La primera de ellas vulgarizaba el elemento humorístico, sustituyendo ingenio por bufa. La segunda secuela se alejaba por completo de tono e historia y terminaba por ser un rollazo. Y de las dos últimas, rodadas seguidas, mejor no hablar.
"El regreso de los muertos vivientes" es, simple y llanamente, PERFECTA.

domingo, 26 de mayo de 2013

MASACRE EN TEXAS 2

Para comenzar a hablar de esta película, primero hay que hacerlo de su predecesora, del clásico. A mi me costó lo mío pillarle el gusto a "La matanza de Texas" original, me la tuve que ver unas cuantas veces. Y es que tiene sentido, sitúense:  yo era un adolescente que, a mediados de los años 80, se había desvirgado con un buen puñado de títulos imperecederos como "El Exorcista", "La cosa", "Pesadilla en Elm Street" y, cómo no, la intocable, "Posesión Infernal". Claro, con semejante material metido por la vena, ¿qué clase de peli podía yo esperar de "La matanza de Texas"?, pues todo aquello que no era. El clásico de Tobe Hooper iba muy escaso de gore y truculencia (es decir, efectos especiales), y hacía gala de una estética hiper-realista propia de su década. Todo aquello no casaba con los terrores modernos a los que yo estaba acostumbrado por lo que, obvio, de entrada no le veía la gracia. "La matanza de Texas" es una peli de atmósfera, de texturas, de olores, de ambientes pútridos, y para sentirlo, hace falta algo más que un cerebro joven e impresionable mal acostumbrado al cine-espectáculo de los 80. Yo creía que iba a consumir gore colorista y llamativo rociado de látex, sierras mecánicas para dar y tomar, que para algo era el emblema de la película, un asesino enmascarado "cool", supongo que algo de humor negro, rock and roll en la banda sonora y un "look" característico para lo que era el cine de mi época. Curiosamente, TODO eso SÍ estaba en la segunda parte (y en el apartado musical incluyo a los mismísimos "The Cramps"!!). ¿Estoy diciendo con esto que me gusta más la dos?... tal vez, no estoy seguro. De lo que sí estoy seguro es de que tengo buen concepto de "The Texas Chainsaw Massacre part 2", al revés de lo habitual... sobre todo, en el momento de su estreno.
Tobe Hooper se había ya integrado del todo en el "mainstream" gracias a Steven Spielberg, que lo fichó como director en "Poltergeist" (acarreando toda la mítica polémica según la cual Hooper ejerció más bien de ayudante del rey midas de Hollywood). De ahí pasó a las arcas  de la entonces poderosa "Cannon" para quienes rodó la hoy cult-movie "Fuerza Vital/Lifeforce" y el remake de "Invasores de Marte". Ambas sonoros fracasos. La lógica se imponía: ¿qué podía hacer para asegurarse el tiro?, pues la secuela de la peli que le había hecho inmortal. En realidad llevaba tiempo pensando en ello, e incluso contaba con una sinopsis completa. Pero a la hora de enfrentarse al nuevo proyecto decidió comenzar de cero, para lo que contrató como guionista nada menos que a L.M.Kit Carson, responsable del libreto de la venerada "Paris, Texas" y que se moría de ganas de quitarse de encima la etiqueta de "prestigioso".
Y ahí entramos en el tema polémico, el giro ya no estético, ni narrativo, más bien de tono. Mientras la primera era un film de horror en el sentido estricto del término, escalofriantemente serio, gélido, mal rollero, dramático y angustioso, la segunda parte se enfocó casi casi como una comedia. O una comedia de terror, si quieren, aunque revisionada hace escasos días puedo decir que las palabras "miedo" y "terror" no tienen mucha presencia en "Masacre en Texas 2"... y no parece que sea por incapacidad de Hooper, para nada, pienso que es algo buscado totalmente a conciencia. ¿Fue una decisión acertada?. Pues yo creo que sí. Veamos, ¿hubiese sido mejor intentar repetir las formas de la original en una década tan frívola y superficial como fueron los 80?, ¿habría funcionado recuperar la tremebunda seriedad?, más después de tantas imitaciones y copias, de que el terror se había hecho adulto o de "Viernes 13" y sus múltiples secuelas, con un público totalmente acostumbrado a la violencia más gráfica y explícita (detalle este al que se alude en un diálogo cuando uno de los psicópatas menciona a "Rambo"). Yo creo que no. A mi me parece que fue muy inteligente por parte de Tobe Hooper y Kit Carson tomar ese desvío tan llamativo, dirigiendo su mala uva al colectivo "yuppie" y pijo-guay, tan de moda y tan bien visto en la era Reagan. Ya de entrada, nada más arrancar la peli, son justamente eso, un par de "yuppies/pijos" gamberros, los primeros en morir, en pagar por sus fechorías, por su actitud arrogante y mal educada. Aunque hay algo más significativo si cabe, el póster. El más popular de la peli, aquel que adornaba la caratula del VHS español, arriba expuesto, no es otra cosa que una parodia del cartel de "El club de los cinco", título estandarte del cine adolescente/generacional de los años 80. Ahí es nada. De hecho, hay una secuencia extirpada del montaje final (aunque presente en los extras del dvd americano) en la que la familia de psicópatas sale a la caza de seres humanos y se fija en una pandilla de pijillos estridentes y chillones que terminan troceados de un modo indiscutiblemente cómico, bufo, con sus extremidades volando por los aires (mencionar que otra de las víctimas nocturnas es el popular especialista en cine "trash" Joe Bob Briggs). Lo curioso del asunto es que en los 80 el ingrediente humorístico solía estar bastante bien visto cuando se mezclaba con el terror y, a día de hoy, hay quien vive -equivocadamente- convencido de que era la tónica general. ¿Por qué, entonces, sentó tan mal este cambio?, indudablemente por el prestigio del film precedente.
Así pues, tenemos a los dos pijis-yuppies masacrados por los chicos de la sierra mecánica. Afortunadamente, o desafortunadamente, todo el incidente ha sido grabado en vivo y en directo por la DJ de una radio a la que las víctimas habían llamado. Justo entonces entra en la ecuación un ranger de Texas, de nombre "Lefty", que resulta ser el tio del impedido que moría aserrado en la primera parte. El hombre busca venganza y sabe que los asesinos andan sueltos, aunque nadie le crea. Nadie salvo la DJ, que se ofrece a ayudarle. El hombre la convence para que ponga la grabación del crimen por la radio a la espera de alguna reacción de los implicados... y vaya si la hay. La familia de la sierra mecánica acude a la emisora, mata al técnico de la chica y someten a esta a un nivel diez de angustia. Sin embargo, el bueno de "Leatherface" se enamora de ella, y finge que se la ha cargado, largándose. La muchacha decide seguirles hasta su guarida, donde se encontrará con "Lefty" y donde, obvio, se desarrollará todo el climax final, a base de sierras humeantes, gritos y mucha demencia.
Bien, hablemos de los auténticos héroes de la función, la familia de matarifes de apellido Swayer. El primero en destacar es, lógicamente, "Leatherface" cuyo nombre real es Bubba. Sin desmerecer de Gunnar Hansen y su aterrador "Cara de cuero" primigenio, debo confesar que, para el caso, mi "Leatherface" favorito es el de esta secuela. No únicamente por cómo lo interpreta el actor tras la máscara, Bill Johnson, cual niño grande la mar de inocente y "buencha", también por su look. Me gusta creer que el personaje se vio salpicado por lo que ya comenzaba a ser costumbre en aquellos tiempos, convertir al monstruo en un icono de reconocible aspecto, con coloristas señas de identidad, y "Leatherface" en esta peli luce un uniforme la mar de chanante compuesto de un traje negro, una horrible corbata bien hortera, un clavel rojo en la solapa, un par de guantes también negros, una máscara algo menos realista y, claro está, una enorme y pantagruélica sierra mecánica (existe un popular póster de la época en el que posa junto a unos Jason, Freddy y Michael Myers perfectamente convertidos en estrellas). Adorable. Encima, como comentaba, es la peli en la que se enamora de una chica a la que medio-protege (según L.M.Kit Carson, otra puya al cine "teen" de los 80) y a la que, como muchos recordarán, sueña en hacer el amor usando su sierra como significativo sustitutivo del pene. Luego tenemos al hermano mediano. Durante años dudé de si se suponía que era el mismo de la primera, a pesar de que fuese atropellado por un camión al final de aquella. De hecho, creía que la placa que luce en la cabeza era consecuencia de eso. Pero no, ahora ya sé que aquel murió y es conservado por la familia en estado de momificación, de hecho, es el muñecote que llevan a todas partes y que posa en el póster  Sí, ese. El nuevo personaje es en realidad otro integrante de la peculiar prole. ¿Y dónde andaba durante los hechos acontecidos en "La matanza de Texas"?, pues, según he leído, en Vietnam y fue ahí donde se ganó la mentada placa. Curioso. No hace falta decir que este fue el personaje que lanzó al pseudo-estrellato a Bill Moseley, hoy perfectamente integrado como actor recurrente del cine de horror tirando más a zetoso. El único de la peli original que regresa es Jim Siedow, el hermano mayor. Y cerramos el repaso con un clásico, el abuelo. Sorprende que aún siga vivo a estas alturas de la historia, sin embargo, se mueve más que en "La matanza de Texas" y se reserva algunos planos francamente divertidos y enfermizos, como cuando babea casi encima de la cámara o lame desesperadamente la percha que Bill Moseley utiliza para rascarse la herida de la cabeza y, así, arrancarse pequeños trocitos de carne que devora con delectación. Idea retorcida y desagradable donde las haya, pero también absolutamente brillante.
En orden descendente de estrellato, tenemos al gran Tom Savini. ¿Qué decir de él?, pues nada, que una vez más se luce con su dominio para el látex y la truculencia... o se luce todo lo que la censura le deja, claro, porque entre eso y los cortes que dio el propio Tobe Hooper para animar el ritmo, la verdad es que la cosa se reduce un cacho. Aún así, y a diferencia de la peli del 1974, aquí sí tenemos gore, sí tenemos chorrazos de sangre, sí tenemos cuerpos mutilados por las cortantes sierras mecánicas, todo ello muy bien parido, muy gran guiñolesco y abiertamente disfrutable.
Luego encontramos al resto del reparto, en el que destacan Caroline Williams como la guapa DJ "Stretch" (y que, curiosamente, se podría decir que es prácticamente EL ÚNICO personaje femenino de toda la peli), un Dennis Hopper totalmente desatado, armado con tres sierras (dos de ellas pequeñas y a modo de revólveres) y que no para de berrear (en una entrevista dijo algo parecido a esto: "La peli era mala... yo estaba fatal.... pero fue la mar de divertido hacerla!") y Lou Perryman como el entrañable "L.G.", un tipo que no para de echar lapos, incluso mientras le están matando (Perryman, amigo íntimo de Tobe Hooper, había ejercido de ayudante de cámara en la peli original. También le podemos ver en "Granujas a todo ritmo", "Poltergeist" o "El sótano prohibido". Desafortunadamente fue asesinado el año 2009 en su propia casa. RIP.). Y finalmente está al señor director, pariendo la que sería su última película realmente digna, marcándose un divertido cameo como el cornudo que recibe un baño de latas vacías y compartiendo la creación de la música incidental junto a Jerry Lambert, tal como el horripilante pero resultón tema inicial a base de sintetizador y con aires a lo "Psicosis". El siguiente largo que hizo resultaría ser la temible "Combustión espontánea" y, después de eso, todo fue cuesta abajo (salvo algún desliz majete).
Y tras todos los implicados, no podemos olvidarnos de la sierra mecánica que, como ya he dicho, en esta ocasión gana un total y absoluto protagonismo. Ya no es simplemente la herramienta de los asesinos, es mucho más. Las hay para dar y regalar. Todas grandes, brillantes, humeantes y ruidosas. Las vemos destrozar cuerpos humanos, las vemos chocar entre ellas (el famoso duelo de "Leatherface" y "Lefty"), las vemos reposando a decenas en estanterías. Aquí es donde Jim Siedow suelta aquello de "La sierra es la familia" que acabaría estampado en el cartel y la sierra de la tercera entrega.
Cabe decir que hay un interesante dato paralelo que acompaña a "The Texas Chainsaw Massacre Part 2" y es la fuerte influencia que ha tenido en Rob Zombie como cineasta, en muchas de sus pelis o sus decisiones de casting. Por ejemplo, dejando de lado que "La casa de los 1.000 cadáveres" al completo apesta a "La matanza de Texas", es su exceso estético y, sobre todo, el recurrente ambiente ferial lo que retrotrae a la obra de Hooper. Tampoco podemos ignorar la recuperación de Bill Moseley que, hasta la aparición de Zombie, muy pocos le recordaban y situaban. Incluso Caroline Williams tiene un papel en el "Halloween 2" Zombiano después de mucho tiempo alejada del género. Y en "Lords of Salem" hay un momento en que la prota llama a su perro "Big Bubba". Cuadra, ¿no?.
Llegados a este punto, dejemos de friquear y centrémonos en lo que realmente importa, ¿¿pero la peli, mola o no mola??. Bien, a mí sí me mola. Me parece divertida, sanamente descerebrada, con un montón de atributos narrativos y estéticos (no había dicho nada aún del estupendo diseño de producción) y, que sí, que está guay. Ahora bien, no es perfecta. Arranca muy estupendamente, con mucho brío, y ahí se mantiene hasta la secuencia del ataque en la radio. A partir de aquí, la cosa pierde un poco de fuelle. En parte porque, por un momento, y durante la secuencia de la cena, parece que pretenden repetir los logros de la original y no lo consiguen. No porque lo hagan peor, sino porque ello no casa con el "nuevo tono". Tampoco es que sea algo insoportable, ni mucho menos. Además, ya en el clímax la cosa se recupera mucho y muy bien. No creo que a estas alturas "espoilee" nada si resaltamos el hecho de que todos los miembros de la familia mueren, y sin medias tintas, aquí lo vemos claramente. Podríamos decir que la cosa termina con un nuevo principio, con la prota, "Stretch", totalmente desquiciada y berreando, sierra mecánica en ristre. ¿Cómo hubiera continuado la franquicia de haber seguido dónde la dejó Tobe Hooper?. A saber.
No me consta que fuera un fracaso en su tierra, no uno muy desastroso al menos, sin embargo, como sabéis, a España llegó directamente en vídeo y con esa estrambótica mutación del título, cosa probablemente debida a derechos legales y demás mandangas de copyrights (vamos, que lo de "La matanza de Texas" pertenecería a la compañía que lanzó la original). 
Hay que verla y hay que tenerla.

domingo, 2 de marzo de 2014

VACACIONES PERMANENTES

Sin llegar a ser fan, reconozco que siento respeto y simpatía por Jim Jarmusch. Suelo ver todas sus películas y, en general, me gustan. O, mejor, no me desagradan demasiado. Incluso "Flores rotas" que en su época recibió tanto desprecio (la excepción sería "Bajo el peso de la ley", que me parece un coñazo tremendo). Ese respeto viene, en parte, porque Jarmusch se ha mantenido "semper fidelis" a su manera de hacer cine, a pesar de que le ha llovido fama y prestigio, de haberse convertido en el paradigma humano de lo que se entiende por "cine indie norteamericano" y, también, en un personaje de "Los Simpson" (eminentemente ligado a la mentada etiqueta). Otro hubiese aprovechado el momento de gloria para intentarlo en un entorno más convencional, por aquello de experimentar qué se siente currando en, por y para Hollywood. Pero Jarmusch no, el ha seguido a la suyo... aunque también podríamos tildar de acomodaticia esa táctica porque, a fin de cuentas, el payo lleva haciendo la misma película desde que le conozco. Mi pregunta sería: ¿Le salen así honestamente o es que se limita a confeccionar "la peli de Jarmusch que Jarmusch piensa que el público de Jarmusch espera de Jarmusch"?. ¿Por qué no le echa huevos y rueda uno de sus dramas existenciales con estética de vídeo-clip, o hace una "spoof movie" a-narrativa?. ¡¡Porque no le sale de los cojones!!, diréis. Es posible, pero tal y como anda el patio, agradezco que exista un Jim Jarmusch y que se esfuerce tanto en no dejar de actuar como.... Jim Jarmusch.
Realmente, el hombre comenzó a destacar a partir de "Extraños en el paraíso". Es la película que le otorgó renombre y premios (en "Cannes", nada menos). También es en la que desarrolló el que, desde ese mismo instante, iba a ser su estilo recurrente e inconfundible, ese neorealismo minimalista trufado de silencios y un sutil sentido del humor, a base de largas tomas y ritmo pausado. De hecho, para mucha gente "Extraños en el paraíso" es la primera película de su director. Puede que incluso los haya que así lo crean de modo oficial. Pero no, antes hubo otra, "Vacaciones permanentes", poco difundida y no tan bien considerada.
Hay un motivo, amigos. "Vacaciones permanentes" es TOTAL y ABSOLUTA esclava de las tendencias de su época y momento. Tiene todos los tics de una moda que se dio a finales de los 70 e inicios de los 80 y que fue el verdadero gen de lo que hoy entendemos por cine independiente norteamericano, la llamada "new wave" o, mejor aún, "no wave". Era un especie de mini-movimiento muy unido a otras prácticas artísticas de orden contra-cultural como el punk, pero el neoyorquino, que era bastante diferente al británico. Mientras el punk de las islas se mutaba en algo fashion y engrosaba las páginas de la prensa sensacionalista, los creadores de la Gran Manzana prefirieron llevarlo a terrenos más anti-populares y minoritarios, convirtiéndolo en la mentada etiqueta "no wave". Cinematográficamente hablando, de ahí surgieron personajes tan interesantes como Amos Poe, Eric Mitchell, Beth y Scott B, Vivienne Dick, Bette Gordon y tantos otros que se especializaron en unas películas, generalmente rodadas en 16mm o Súper 8, muy influenciadas por el cine underground primigenio yanki (el de los 60 y, prácticamente, el único genuino), John Cassavetes y la "nouvelle vague". El mismo Amos Poe, que se convirtió un poco en el rey de la función, era un imitador compulsivo de Jean-Luc Godard y en sus características películas de entonces asomaban muchos personajes ilustres de la escena, incluida la musical (desde "Blondie", pasando por Robert Gordon hasta los mismos "Cramps", todos ellos ejerciendo de actores). Jim Jarmusch siempre ha reconocido que fue Amos Poe el que le inspiró realmente a dejarse de pamplinas (es decir, abandonar su carrera como estudiante de cine), pillar una cámara y rodar una película. Y esa fue "Vacaciones permanentes" que, como decía, hace gala de todas las tendencias estéticas de aquel infra-cine (que algunos llamarían underground, pero habría que ver qué tiene de marginal un largo, como el comentado, subvencionado por varios estamentos oficiales bien respetuosos). A inicios de los 90 yo andaba obsesionado con el "new/no wave cinema", era un concepto que me flipaba mucho, leía cuanto podía de el y me imaginaba las películas resultantes (a las que no pude acceder hasta la aparición de la mula descargadora). ¿Y en qué consistían las leyes del "no wave"?, pues en desarrollar tu historia en un entorno eminentemente urbano, dando absoluta prioridad a los paisajes más degradados, los edificios abandonados y en ruinas y las paredes de ladrillos repletas de grafitis. Sitúa en dicho escenario a un personaje joven, solitario, inadaptado, que ha perdido la capacidad de ser feliz y dedica todo su tiempo a dar largos paseos sin rumbo o sentarse frente a la ventana a pensar en sus rollos. Procura que en sus periplos callejeros se cruce con personajes extraños y variopintos, a medio camino entre el surrealismo y el lumpen. Candidatos adecuados son: Vagabundos, putas, ladrones, locos, asesinos, gangsters o artistas marginados (o auto-marginados). Narrativamente no te preocupes por explicar mucho, bastará con que te centres en esos encuentros, trufados de diálogos profundos, minimalistas, absurdos y existencialistas (por incoherente que suene, puede hacerse) y, pa rellenar, pues más paseos del protagonista hasta un final sin final. También suele funcionar mucho introducir códigos propios del cine negro clásico, con alguna pistola o tiroteo, pero no es obligatorio (siempre pueden acusarte de ser demasiado comercial). Y hala, ya tienes tu película underground "No wave". Pues bien, todo eso está en los films de Amos Poe. Y buena parte de ello también en la primera película de Jim Jarmusch, motivo por el cual ha quedado tan desfasada, se la ignora tantísimo, se la valora tan poco y resulta tan divertida... aunque no lo pretenda.
"Vacaciones permanentes" ("Permanent Vacation" en v.o.) narra dos días y medio en la vida de Allie, un joven -muy joven- hipster desgarbado que pasa las horas caminando por las sucias calles de Nueva York cruzándose con la peña más estrambótica (un ¿veterano del Vietnam? que cree encontrarse en plena guerra, un negro que cuenta largos y aburridos chistes malos, la encargada de vender palomitas en un cine que, si te descuidas, te explicará entera la película, una hispana loca de lo más descojonable, etc). A veces visita a su madre en el manicomio o a su novia, junto a la que vive en un sucio y deprimente apartamento. Cuando están juntos, hacen lo normal en este tipo de movidas, nada, aburrirse mucho, mirar por la ventana, estar siempre atormentados y dejar pasar largos silencios que únicamente rompen cuando se ponen a discernir sobre importantes cuestiones filosóficas, más profundas que un abismo y que no pegan nada de nada oídas en sus jóvenes e imberbes bocas. O peor, leen pasajes de libros la mar de cultos. Al final, Allie se cansa, hace las maletas y se va a Francia. Claro, hogar de la "nouvelle vague". Fin.
"Vacaciones permanentes" no solo es la típica película "No wave", también es la típica película de un ambicioso estudiante de cine. Tan pretenciosa e intelectual que da asco. O, mejor, que daría asco sino fuese porque, gracias a su pátina ingenua, inocentona y abiertamente amateur, resulta muy divertida. No sé hasta qué punto Jim Jarmusch se toma en serio su propuesta, pero yo diría que mucho. Demasiado. De hecho, algo aprendería al respecto porque, a partir de entonces, todas sus obras harían gala de un agradecido sentido del humor. Pero en el caso que nos ocupa, uno realmente no sabe si las risas son provocadas o son involuntarias. Yo diría que más lo segundo. Jarmusch nos está contando un drama existencial de lo más angustioso.... trufado de momentos inquietantemente casi surrealistas (hay unas gotas de experimentalismo muy curiosas que nunca más volveremos a encontrar en la carrera del cineasta), y no creo que estuviera para gilipolleces. De hecho, si lees el texto dedicado a la película en el estupendo e imprescindible libro "Cine independientes americano: una introducción", que tengo la infinita suerte de poseer, podrás corroborar que Jim Jarmusch, entonces jovenzuelo, inexperto, ambicioso y con poco más hecho a sus espaldas (salvo la versión corta de "Extraños en el paraíso" y un porrón de proyectos en 16 e incluso 8mm con el mismo equipo artístico y creativo de "Vacaciones permanentes" que se irían al garete cuando lograra convertir el corto en largo, ganar un porrón de premios y aspirar a cotas más altas), habla muy en serio de su obra y del contenido de la misma.
Así pues, si a todas las carencias comentadas añadimos sus actores malísimos, su banda sonora chirriante y horrible (cortesía del propio Jarmusch junto al jazzman John Lurie. La última vez que los vi juntos fue en un capítulo de Bob Esponja), sus sutiles desenfoques, la mierda de sonido y cierta torpeza artesanal en todo ello, nos encontramos ante un film realmente simpático e incluso encantador si, sobre todo, nos lo tomamos como hay que tomárselo. Un poco a coña. Me parece imposible ver algo realmente profundo y trascendente en "Vacaciones permanentes". Puedo entender que en la época alguno picara -y picó, ya que se llevó algún premio y todo- pero el tiempo ha hecho mella en ella y hoy resulta muy anticuada y algo ridícula, casi una caricatura involuntaria de lo que entendemos por cine de arte y ensayo. Es lo que tiene sumarse a una moda, que cuando pasa, te arrastra con ella. Me gustaría saber qué opina hoy día el director de su opera prima, algo me dice que no sería muy diferente a lo que opino yo.
Entre el curioso personal que pulula por delante y/o detrás de la cámara (muchos de ellos hacen ambas cosas), encontramos al ya mentado John Lurie (en el dvd editado por el "Fnac" se incluye una bio en los extras y, como era de esperar, se pasa por alto su participación en otras piezas legendarias del "No wave" como "Rome 78" de James Nares, "The offenders" de Beth & Scott B., "Underground USA" de Eric Mitchell o "Subway Riders" de Amos Poe. Es más, incluso Lurie dirigió su propia aportación, "Men in orbit". Junto al Jarmusch triunfador, Lurie abandonó el lado más oscuro del celuloide para colarse en el más... ¿gris?). Richard Boes (actor habitual de Jarmusch y del cine "indie" en general). Sara Driver (también eventual directora y ex de Jimmy). Frankie Faison (el único actor que posteriormente hizo algo parecido a una verdadera carrera). Eric Mitchell (otro esteta del "No wave" que colaboró con los "grandes" de la escena e hizo sus propias pelis -la mentada "Underground USA"-, además de inaugurar una sala exclusivamente dedicada a esa clase de films y que cerró en tiempo récord). Finalmente localizamos a Tom DiCillo como cinematógrafo (quien años después se pasaría a la dirección y debutaría con "Johnny Suede", peli que guarda muchos puntos en común con "Vacaciones permanentes" y todo el cine "No wave" en general -y en la que también actúa Richard Boes, añado-), tarea que comparte con James A. Lebovitz, quien acabó currando para la Troma y en films como "Maniac Cop 2", nada menos.
Curiosa, sí. Interesante, también. Buena, no. Horrible, tampoco. Trascendente, ni de coña.

jueves, 9 de octubre de 2025

THE CALAMARDO PARADOX (UNA REFLEXIÓN)

Siempre que menciono mi devoción por "Bob Esponja" recibo a cambio una sonrisa. Entiendo que, siendo un señor con la cincuentena superada, tal preferencia resulte algo chocante para el interlocutor medio. Pero es verdad, me gusta mucho. Aprecio su sentido del humor absurdo, los diseños de personajes, el estilo de animación y esos toques más enfocados hacia el público adulto, además de sendas referencias a cierta cultura alternativa ocultas entre la aparente "mainstreamidad" de todo ello (por ejemplo, que se haya contado con las capacidades de dos dibujantes tan cercanos al underground como Sam Henderson o Kaz... la colaboración musical en su día de "The Cramps", con directo guiño al grupo hardcore "Bad Brains"...). Como me ocurre con el cine de terror, "Bob Esponja" ejerce de zona de confort para mí. Es por ello que no únicamente lo consumo con todas las atenciones puestas en modo "On", también resulta ideal cuando pretendo pegarme una buena siesta. Y no se lo tomen como una falta de respeto, para nada. Me siento tan a gusto que, ante un capítulo consumido previamente (y ya son la gran mayoría), alcanzo tal nivel de relax que, sí, termino quedándome sopa. Y tan feliz.
Podría ponerme ahora a mentar algunos de mis episodios favoritos (como "La cangreburger asquerosa", por ejemplo, o aquel del estrangulador... o el de la gorra "Nº 1"... o el del sarpullido -realmente angustioso-... o el de la acampada... ). O denunciar la pérdida de calidad de los más recientes, donde el absurdismo ha mutado en pura gilipollez, y el mismo "Bob Esponja" ya no es un cretino entrañable, es, directamente, un imbécil insufrible (todo ello, témome, por cortesía del antes citado Kaz, quien ganó en control, aplicando sus maneras sin demasiado buen ojo). Pero no. Las intenciones de este mamotreto apuntan a otro personaje de los varios que rodean a "Bob Esponja", estoy hablando de "Calamardo".
Quienes, como yo, sean adultos y adictos a la serie, se harán una leve idea de por qué dicho interés. Es cierto que la mongolez (a veces dañina y mal intencionada) de "Patricio" tiene muchísimo salero. Lo mismo que el tacañismo del "Señor Cangrejo". Pero es que, en mi posición, resulta muy sencillo identificarse con, incluso entender a, "Calamardo".
De entrada, se supone el personaje negativo de la serie. Lo más parecido a un villano. Es antipático, traicionero, hipócrita, retorcido, cruel, vanidoso, narcisista, vago... una mala persona, en definitiva. Pero, a su vez, es "el más inteligente" de todo el reparto, por así decirlo. Y, justo, en su "grisismo", el más humano. "Calamardo" no es malo, es como somos todos los adultos. Un saco de contradicciones, muchísima frustración y resultante amargura. Más considerando su condición de artista "fracasado". Uno, encima, rodeado de auténticos gilipollas, que son los genuinos protagonistas, y héroes, del show.
"Calamardo" pinta cuadros, esculpe, escribe... pero, sobre todo, compone. Y le da gusto al clarinete. Por supuesto, se estrella en casi cada uno de sus intentos. Todos le detestan y desprecian sus capacidades. Todos menos el mismo "Bob Esponja", que le admira y, sin quererlo, supera en cuanto a talento. Quizás el mayor pecado de "Calamardo" sea aspirar al éxito, la fama, la adoración... ¿¿no es eso a lo que aspiramos todos aquellos con inquietudes creativas?? Podemos vender la moto de que lo hacemos para complacernos a nosotros y bla, bla pero, seamos honestos, raro es el que lo esputa con genuina sinceridad. Como respuesta, "Calamardo" vive en perpetuo estado de mal humor y aflicción. Encima, se ve obligado a trabajar en un grasiento "fast food", atendiendo a un público eminentemente imbécil o ejecutando las tareas más humillantes, algunas francamente despiadadas. Y cuando pretende relajarse, tomando su té, tocando su clarinete o leyendo revistas de arte, es continuamente interrumpido por sus insufribles vecinos ruidosos, cargantes y mal educados, "Bob Esponja" y "Patricio".
En una ocasión leí un artículo escrito por un experto en comportamiento infantil, donde enumeraba aquellos dibujos animados que consideraba poco instructivos para la chavalada. Por supuesto, "Bob Esponja" encabezaba la lista. Su humor absurdo, su, en ocasiones, mala leche (recuerdo un chiste muy cruel a costa del Alzheimer) y el disparate general, la hacen un producto carente de valores educativos. Por mi genial. Lo apruebo y aplaudo. Sin embargo, y aunque me joda, es cierto que existen factores reprochables. Tal vez no sean aquellos a los que un educador aludiría. Incluso puede que ni los haya detectado. Pero yo sí, y todos giran en torno al personaje de "Calamardo".
Desde una óptica "infantil", es normal que se le considere el malo de la función. Resulta despreciable. Y, por contra, el bueno sea "Bob Esponja", que no deja de ser un niño bordeando cierto retraso mental. Pero los motivos por los que "Calamardo" se erige como un personaje negativo son los que me enervan: Para comenzar, lo pintan como un vago. Alguien que, a la que puede, se escaquea de su trabajo en el "fast food", durmiendo en el lavabo o leyendo sus revistas sobre arte. Se considera más positiva la devoción de "Bob Esponja" por currar a destajo, aunque su jefe, el "Señor Cangrejo", le explote y corresponda sus esfuerzos mal pagándole. Cualquier humano adulto con dos dedos de frente aprueba las maneras de "Calamardo", escaqueándose lo máximo posible de un curro basura para poder dedicar sus atenciones a aquellas cosas que de verdad le apasionan. No es un vago, simplemente le importa una puta mierda su laburo. ¿Y a quién no?. Y claro, aquí viene la coletilla propia de un juntaletras cuadriculado, ¿¿qué clase de mensaje estamos dando a los chavales?? ¿¿Que es mejor dejarse explotar por un usurero?? ¿¿que seguir tus sueños por encima de todas las cosas es un error?? ¿¿que el artista sin éxito carece de genuino talento y es justificado motivo de mofa??
Es lo único que me veo en la necesidad de recriminar a un producto que, como digo, en general me mola mucho. Vale, tal vez me lo esté tomando demasiado en serio y peque un poco de papanatas al escribir todo esto... pero también lo es que la serie la confeccionan adultos creativos. Algunos de ellos, incluso, y como decía, surgidos de cierto cómic alternativo. Así pues, no entiendo que continúen insistiendo en esos "mensajes" más bien conservadores. Y que "Calamardo" siga siendo blanco constante de sus dardos (es cierto que en alguna ocasión al pobre las cosas le han salido bien... aunque demasiado pocas). ¿A ninguno se la ha ocurrido aprovechar su posición para, sutilmente, cambiar un poco las tornas? ¿o es que, al considerarse artistas de éxito, machacan a aquel que ha fracasado? tal vez no se consideren artistas de éxito sino unos vendidos, en ese caso a lo mejor estemos hablando de auto-castigo. Ni idea.

miércoles, 8 de mayo de 2024

MINUTOS MUSICALES 28: THE HUMPERS (O EL CLUB PRIVADO DE FURCIAS LLORONAS)

En pleno "petamiento" de "Epitaph", a Brett Gurewitz -jefazo- le dio por fichar un porrón de bandas garajeras, muy ajenas al recurrente sonido punk-popie de la discrográfica, tal vez en un intento de "limpiar su imagen" de cara al punkismo ortodoxo. Hablamos de gentuza como "The New Bomb Turks", "Zeke", "The Donnas", "Dwarves" (el grupo menos íntegro del panorama), "The Hookers"... algunos mangados directamente del catálogo de "Crypt Records". Probablemente la medalla -y toda una declaración de principios- se la puso al conseguir agenciarse dos monstruos en lo suyo, "The Cramps" y "The Fleshtones". Mientras que de los primeros editó sus discos más flojos, a los segundos les insufló vida de nuevo tras unos años poco inspirados. Incluso editó un cd sampler con todos ellos, "Roadkill - Sleazy & Greazy" del 98.
Y entonces, comenzó el rumor de que muchos de aquellos combos se habían aunado en una especie de "club privado" destinado a "rechazar / despreciar" a "los otros", los del sonido más melódico, bendecidos por el éxito y, sí, compañeros de sello. Imagino que se trataba de ser el más punki del lugar y hacer honor a su supuesta pose macarrilla.
Patético. Simplemente, patético. Si tanto despreciabas a "Offspring", "Nofx" o "Bad Religion" (y créeme, en algunos casos lo comprendo perfectamente), al menos, macho, ten los huevos de negarte a formar parte del mismo catálogo. Pero inventarte esa gilipollada solo por "reparar" tu sucio gesto, me parece ridículo y detestablemente cobarde.
Bien, pues "The Humpers" fueron una de las bandas garajeras que Brett Gurewitz fichó durante su cruzada (aunque, en honor a la verdad, desconozco si formaron parte del "club privado" de furcias lloronas). Una que, al menos yo, no conocía antes de "Epitaphiarse". Los "Humpers" salían del otro sello garajero más auténtico por excelencia -"Crypt" aparte- "Sympathy for the Record Industry". Fue ahí donde editaron dos discos y, precisamente, el tema que les dejo a continuación, "Cops and Robbers", sonaba así de guapamente en uno de ellos, "Positively Sick On 4th St."...


¿Que por qué no pongo ninguno de sus temas grabados para "Epitaph"? pues porque no son gran cosa. El primero de los respectivos LPs ("Live forever or die trying") lo compré en su momento y no me gustó (salvo "Loser´s Club", cuyo redescubrimiento se produjo de forma tardía). Al segundo ("Plastique Valentine") lo habría ignorado si no fuese porque molaba la portada. Tal vez escuché su contenido en "Virgin Megastore" cuando podía hacerse gratis, y me sonaría mucho mejor, tanto como para dejarme los cuartos. Durante un tiempo anduve consumiéndolo, sobre todo la primera canción. Sin embargo, acabé quemándolo y hoy no lo aguanto entero. El tercero y último, "Euphoria, Confusion, Anger and Remorse" (las cuatro fases del buen borrachuzo) no sé por qué demonios lo adquirí. Ni recuerdo el motivo, ni el contenido. Todo muy absurdo, la verdad. Finalmente, los "Humpers" se separaron y sus dos cabecillas montaron otra banda. Pero eso, a mí, me impogta un cagajo.
Epílogo: Todos esos señores tan rockeros y chuloputescos no terminaron de cumplir con lo esperado a la hora de vender discos -¡¿bueno, no iba de eso la jugada?!- por lo que, más pronto que tarde -la pela es la pela-, desaparecieron de "Epitaph" sin generar ni gota del ruido que habían producido previamente en formato vinilo y/o cd.