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sábado, 21 de junio de 2025

SAURIANS

Actualmente estamos más que acostumbrados a ver el nombre de Mark Polonia como director en solitario. Sin embargo, durante muchos años no fue así. Entre los ochenta y entrados los dos mil, él y su hermano John (y, ocasionalmente, otros individuos que pasaban por allí) llevaron a término un buen puñado de películas amateurs (y aquí lo digo con todas las letras y en su sentido menos peyorativo) adscritas a varias vertientes del fantástico... salvo en 1994, cuando, por alguna razón desconocida, Mark se responsabilizó "autoralmente" de una, "Saurians", donde ejerció de director, guionista, protagonista y vaya usted a saber cuantas cosas más. En aquella ocasión, John se limitó a "producir ejecutivamente". Ya es raro. Tal vez se habían picado. O no compartían devoción por el proyecto. A saber.
Bien, a los hermanos Polonia se les reconoce graciosamente por una serie de características, siendo su aspecto ultra-"nerd" una de ellas. Esos cuerpos escuálidos, esas gafotas, esos peinados a base de hachazo, esos horribles bigotillos cuyo fin consiste en ocultar unos dientes saltones y su manía de vestir como para ir a la misa de los domingos... eran genuinos en su condición y por eso los aprecio, aunque no negaré, y reconoceré, que, sí, en ocasiones dan ganas de ejercer el rol de abusón y soltarles una colleja. Su aspecto y maneras invitan. Tal vez ello explicaría la existencia de tanto reseñador, blogger (¿todavía quedamos?), youtuber y, en definitiva, supuesto experto en "cine malo" que se ceba con ellos de esa manera tan hostil, fea y desenfocada de la que suelen hacer gala. Y no hablo únicamente de Estados Unidos, también me refiero a nuestro propio país de ignorantes. Dicho de otro modo, los Polonia, su cine y, pal caso, este "Saurians" son un blanco demasiado fácil. Es muy sencillo machacarlo/s porque los elementos ahí dispuestos, sobran. Pero, opino, es un error. Mark y John Polonia eran dos super-fans de las películas que, simplemente, rodaban caseramente las suyas propias aplicando grandes, enormes cantidades de amor y dedicación. Y si lo único disponible eran máscaras de carnaval y juguetes, pues con eso que tiraban, asumiendo -supongo- que el espectador se prestaría al ejercicio. Pero no, la gente no solo carece en general de imaginación, lo hace también de empatía. Y más estos días. Ya, ya, tampoco caigamos ahora en la trampa, los hermanos tenían su lado oportunista y mercantil. No en balde, "Saurians" existe gracias a "Parque Jurásico" (como bien demuestra el jetismo del segundo cartel expuesto). Y su clásico "Splatter Farm" asumía los códigos del SOV de la época, donde predominaba un interés casi exclusivamente centrado en el gore. Basta con ver por donde han ido los derroteros de la carrera de Mark Polonia estos últimos tiempos, sumándose sin vergüenza a las tendencias de su mercado, los amityvilles, los tiburones, los payasos chungos, etc. La diferencia es que lo suyo no es TAN cruento, ni desalmado, como lo de otros mercaderes del cine exploitativo como "The Asylum", "TomCat Films", Roger Corman o cualquiera de su calaña. En los Polonia hay un poco más de cariño hacia la materia. O eso creo yo. Así pues, por mucho que me tiente, y por, como digo, chupado que esté, no voy a destrozar "Saurians". Aunque tampoco a elevarla. Sería una batalla perdida de antemano.
Un par de dinosaurios, atrapados durante milenios en una gruta, saldrán al exterior por efecto de una explosión y comenzarán a papearse al personal. Un grupito de estudiantes de arqueología terminarán metidos en el fregao y perseguidos por un cazador que quiere acabar con las criaturas. Llegado el momento, y como es de ley, estas se enfrentarán entre ellas.
Bien, la película está rodada en Super 8, pero muy gráficamente transferida a vídeo, donde se realizó la pos-producción. Los efectos especiales se dividen entre muy poco stop-motion -lo que requiere tiempo y mucho curro- y bastantes marionetas o dinosaurios de juguete manejados fuera de cuadro -más fácil-. Mark Polonia interpreta al arqueólogo prota y una muchacha no demasiado agraciada (actoral y físicamente... nos cuelan una escena de ducha con ella -nada gráfica-, y uno se pregunta ¿¿pa qué??) le acompaña en sus aventuras. Efectivamente, se trata de la futura doña Polonia, ¿qué chavala sino se prestaría?.
La escena más llamativa es aquella en la que una familia en pleno picnic es atacada por uno de los dinosaurios y reducida a extremidades amputadas y calaveras de goma. Canta como una almeja que Mark aprovechó una excursión familiar para sacarse las imágenes necesarias. Lo mismo que los planos de geysers y tal, presupongo que otra excursión, en este caso al parque de Yellowstone, salvó la papeleta.
Vale, sí, es cierto que la cosa viene empaquetada con un sentido del ritmo nulo, y una progresión inexistente, por lo que "Saurians" se torna un tocho tremendo y ultra-aburrido que tuve que ver en tres sesiones porque es que, en fin, no lograba centrarme. Ese sería su mayor defecto. El resto son "virtudes", todo muy casero, muy "DIY", muy amateur y muy Polonia, como debe ser.
Años después, tristemente fallecido John, Mark coge consciencia de su "leyenda" y comienza a rescatar películas inconclusas para remozarlas y lanzarlas o rodar secuelas tardías. Bien, ese fue el caso de "Saurians", que conoció una segunda parte en 2023, en la que el zineasta -codirigiendo ahora con su hijo Anthony- retomaba al personaje que interpretara casi 30 años atrás. Repetía también el cazador de dinosaurios (aunque se supone que moría en la primera). A la que no se veía era a la muchacha... y no por falta de disponibilidad. Actualmente sigue ejerciendo de Doña Polonia y sigue asomando por las películas de su marido. No sé, tal vez aquel día tenía hora en la pelu, vete a saber, aunque seguro que si logran ustedes reunir fuerzas para consumir "Saurians 2", la echarán de menos.
Merece la pena reseñar 
la presencia tras las cámaras (o LA cámara) en "Saurians 1" de Kevin Lindenmuth, realizador del gremio SOVista que destacó medianamente durante los noventa y echaría el cierre tras ver que, como él mismo reconoció, aquello no daba para vivir. Mientras, el clan Polonia sigue adelante, imparable. Ni la muerte ha podido con ellos. Si eso no es suficiente para respetarles, ya me dirán qué.

lunes, 27 de septiembre de 2021

THE AMITYVILLE EXORCISM

Desde que murió su hermano John, Mark Polonia viene realizando, de manera imparable, una media de dos a tres películas por año, todas de género, todas para ser distribuidas directas a video (y ahora a plataformas digitales) y todas con una seña de identidad genuina; el amateurismo más feroz.
Dudo que Polonia se forre con esto, pero ha de irle bien porque es un no parar. De hecho funciona porque sus películas tratan de aprovechar cierto tirón de ciertas franquicias libres de derechos (es decir, pelis de tiburones, de exorcismos, sasquatchs u hombres lobo) cuya imagen pueda utilizar a su antojo. La cosa consiste en emular a infraproductoras de la calaña de The Asylum o Tomcat Films, y canibalizar éxitos de renombre. Y Polonia lo hace cámara de vídeo casera en ristre y aprovechando todos los filtros y efectos incluidos por defecto en los programas de edición que utiliza.
Claro, si a uno le pilla de nuevas, estos modus operandi de Polonia pueden llegar a resultarle graciosos e incluso interesantes, pero a mí me pilla ya mayor, curtido en mil batallas y habiendo saciado años atrás la curiosidad suscitada por el particular universo de los Polonia. Pero de vez en cuando, hago una excursión.
En esta ocasión Mark factura esta producción de la mano de su nueva marca, Polonia Bros Entertainment. Y todo queda en familia puesto que su hijo, Anthony Polonia, está metido en el ajo haciendo los artesanales y sencillos efectos especiales de sus películas, haciendo de actor, cogiendo la cámara o cualquiera que sea la tarea que le encargue su padre.
Así, entre un montón de películas amateur con distribución, llegamos a esta “The Amityville Exorcism” que mata dos pájaros de un tiro; Amityville no es una marca, sino una villa de Nueva York, por lo tanto se puede utilizar el nombre con total libertad del mismo modo que las palabras “exorcista” y “exorcismo” tampoco están sujetas a ningún tipo de derechos. Pues hagamos una película de exorcismos en Amityville, pensaría Polonia. Con el título fardón, lo siguiente es acompañarlo con una carátula que de el pego y que resulte tan terrorífica como la que nos ocupa. Así ya tiene el 90% del trabajo hecho. Con ese poster, sin duda va a vender la película, que el fandom del cine de terror en USA va a comprar sin pestañear. Y luego ya, la película es lo de menos.
Lo que está claro es que, todas las ganas que tenía Mark en sus inicios, cuando grababa sus películas junto a su hermano John, han desaparecido completamente. Él ahora se toma el hacer cine como un trabajo y graba con el piloto automático, con lo que todo lo bueno que pudiera tener el cine de los Polonia hace tiempo que desapareció. Lo único que se cuida de que esas películas tengan ese aspecto amateur que es lo que las caracteriza y lo que, supongo, andan buscando sus seguidores.
Así, la trama se centra en una casa en Amityville (una casa cualquiera, ni se han molestado en adecentarla para que parezca la mítica de la saga que se pretende expoliar y de la que ya hay cerca de 22 títulos entre los oficiales y no oficiales) en la que residen un padre maltratador y alcohólico que se lleva fatal con su hija. Entre trifulca y trifulca, este descubrirá que esta está poseída por un demonio, por lo que contactará con un cura que, aunque tiene aún más pinta de alcohólico que él, no lo es. Este cura se tomará muy a pecho el exorcismo de esta muchacha ya que, por lo visto, el demonio que alberga en su interior, tiempo atrás mató a su hermano. Este demonio venía transportado de la casa original de Amityville ¡¡En un cargamento de madera!! Por eso ahora está en la casa de esta gente. La película se desarrollará entre diálogos interminables en cuyo montaje no se solapa el audio ni una vez, malas interpretaciones, efectos de maquillaje absolutamente caseros y un señor disfrazado con túnica del todo a 100 y máscara de los bazares chinos que dice ser el demonio. Hablan, deliran… y al final tiene lugar el exorcismo. Tan mala que, bueno, alguna risilla acaba uno echándose, pero sin más. Pero es muy triste por que es el amateurismo monetizado, hecho sin pasión, sin gracia… cosa esta paradójica que no deja de llamarme la atención; alguien consiguiendo sacarle rendimiento a sus películas caseras. En verdad los Polonia lo llevan haciendo desde el principio, pero esto ya es una corporación mercantil.
Poco más… denle al play si les come la curiosidad.
Por otro lado, hace un rato acabo de flipar, estando reciente el estreno de la nueva película de “Dune”  para cines, que el amigo Mark se ha sacado de la manga su propia versión para aprovechar el tirón, “Dune World”, de la que acabo de ver el trailer. Casi parece una jodida broma… pero no lo es. Y quizás (solo quizás) algún día les de mis impresiones al respecto.

jueves, 23 de julio de 2009

BLOOD RED PLANET

De los hermanos Polonia ya he hablado en otras ocasiones. Lo hice en las reseñas de "Splatter Farm" y "Feeders", lo hice cuando desafortunadamente uno de los dos falleció, y lo hice para las páginas del fanzine "El Buque Maldito". Sin embargo, nunca me cansaré de decir una y otra vez que lo que fascinaba de este par era su honestidad a prueba de bombas y su aparente inocencia. Se apartaban muy mucho del típico videoasta americano especializado en horrores truculentos, los Polonia tocaron muchos palos dentro del "fantastique", y cuando ves sus pelis, aunque indiscutiblemente cutres, en realidad están bastante bien rodadas y montadas. Vamos, que su cutrismo es más por la precariedad de medios, porque capacidad no les faltaba. En ese terreno, los brothers gastaban un maravilloso morro incapaz de superar. ¿Para qué disimular las carencias?, mostraban sus cartas invitando al espectador -que siempre se cree más listo- a jugar con ellos, a creerse lo que veían... era como ir al teatro... ya sé que el árbol de cartón es de cartón, pero aceptaré que es un árbol y me dejaré llevar.
Si esa característica siempre destaca en las pelis de John y Mark Polonia, en el terreno de la ciencia ficción la cosa se desmadra. Porque, sí amigos, "Blood Red Planet" es pura ci-fi, el gore es mínimo y todo gira en torno a un equipo enviado desde la tierra para detener una invasión extraterrestre comandado por el también incomparable Jon McBride, habitual del universo Polonia (director de sus propias pelis, la más famosa de las cuales es "Cannibal Campout") y que, durante un tiempo, formó equipo con los gemelos co-dirigiendo (y actuando en) algunos largometrajes, este del que os hablo entre ellos.
McBride y John Polonia son los mejores actores del cotarro (lógico si son, junto a Mark, los directores... ya saben, la pasión que le pone el autor de la pieza siempre está por encima de la que los siguen), el resto dejan bastante que desear, especialmente el que hace de médico, un auténtico incapaz capaz de arrancarnos más de una carcajada. Pero para risas tenemos el monstruo invasor (un puppet creado por el entrañable Brett Piper... pero puppet al fin y al cabo. Los efectos especiales se reparten entre infográficos de tipo básico y maquetones tremebundos) y todo el atrezzo... ¿cómo explicarlo?, digamos que se dejaron los ahorros en la ferretería del barrio. Si se creen que una mesa de edición puede ser los mandos de una nave espacial, que un tipo es capaz de salir al espacio con un casco de moto, unos guantes de lana y un mono (y para pisar un planeta alienígena, nada como una mascarilla contra el polvo y unas gafas protectoras de plástico!!) o que un proyector de diapositivas puede ser la versión pobre de "Hal 9000", entonces sean bienvenidos al universo de este par de encantadores chalados.
Si, ya, todo muy bonito... pero ¿¿y la peli??... la verdad es que es un poco tostón ya que, como en la más común de las series Z, los realizadores suplen la alta falta de medios con no poca verborrea. Aún así, es imposible no mirar "Blood Red Planet" con cierta simpatía, aunque solo sea por la falta de humos y la desconcertante sinceridad con la que John Polonia, Mark Polonia y Jon McBride te presentan su producto.
¡Filosofía casera al poder!.

sábado, 27 de abril de 2024

CHANNEL 13

Pues cuenta Mark Polonia (la mitad viva de los populares hermanos) en la introducción de "Channel 13" que un día cualquiera, hurgando en el desván, localizó un puñado de polvorientas cintas VHS bendecidas en sus adentros por un proyecto suyo, y de su brother, a medio cocer, enterrado por el cruel devenir del tiempo. Y puesto que, como ya se ha visto anteriormente, este par no perdían ocasión alguna de insuflar nueva vida a todo su pasado (con el apoyo de "SRS Cinema", peñica especializada en editar SOV de horror mierdoso bajo la irritantemente equivocadísima utilización de la etiqueta underground) pues digitalizó todo ello, lo editó, le añadió nuevas escenas y, ea!!, ya tenemos otra peli lista para apestufar todavía más el infrauniverso de las plataformas de streaming.
"Channel 13" se parió originalmente, a finales de los ochenta, con intención de currarse una antología inspirada en los logros de "Amicus" y "Creepshow". Así pues, tenemos a un pringadillo fan del horror que, haciendo zapping, se queda atrapado en el mentado canal trece, donde un host de miserable aspecto monstruoso (luciendo careta pillada en el "Party Fiesta", un proceder muy propio de los Polonia) introduce tres historias.
La primera, "All Hallows Eve", es la mejor (tal vez por, justo, ser la primera) en la que un chaval inadaptado se harta de ser mal tratado y decide "revancharse" ayudado por su mejor amigo, un espantapájaros con vida propia. ¿O eso cree su trastocada mente?. Pues nunca lo sabremos porque, acorde a lo comentado al inicio, no dispone de un final. Termina abruptamente y sin aclarar nada. Suerte que el trayecto viene trufado de cierto encanto. Al ser un cortometraje facturado VHSs mediante por un par de jovenzuelos (que se reparten los roles protagónicos y, obviamente, hacen de hermanos... parecido físico obliga), pues es inevitable. Todo muy artesano y apasionado. Con crímenes bien truculentos a base de trucajes pobretones aunque simpáticos, mucha iluminación de color rojo y, oiga, un acabado para nada desdeñable. Digno y solvente. De hecho, mejor que mucho de lo que harían luego los Polonios, más crecidos. Juntos o por separado una vez palmó John.
Es especialmente gracioso que, ocurriendo todo durante la noche de Halloween, uno de los asesinados va disfrazado de Michael Myers. Y muere con la máscara puesta. Habría estado bien que el resto de víctimas también llevaran disfraces de psycho-killers famosos del cine... pero a John y Mark no les sobraban los amigos (ni las buenas ideas).
El regusto más o menos positivo que deja "All Hallows Eve" se ve emborronado por la historia siguiente, absolutamente horrible. "Claws of terror" es, simple y llanamente, una mierda. Y muy gorda. Un senderista es atacado por un especie de pájaro monstruoso de aspecto hiper-chungo manejado a base de stop-motion, verdadero motivo de que exista la piéce (probar el rollo Harryhausen). En la época no llegaron a fabricar y grabar a la criatura, así, pasados todos estos años, Mark y su hijo Anthony (director por cuenta propia) unen esfuerzos y se encargan de ello. El resultado no dista mucho de lo que hubiesen hecho los hermanos siendo chavales. Torpe, chusco y ridículo, incluso para su condición amateur/SOV.
Y llegamos a la tercera y última, "Slaughterhouse". En la introducción, comenta Mark Polonia que la hicieron motivados por la existencia de "Motel Hell", aunque entonces todavía no la habían visto. Les inspiró el material promocional publicado en "Fangoria" y que tanto nos impresionó a todos (ver gráfica muestra al final de la reseña) para, aluego, alquilar la película en el vídeo-club (cortesía de "Warner Home Video") y llevarnos una tremenda decepción, la misma que Mark y su hermano. Y, creo, el fandom al completo. Pero eso de parir una pieza inspirada en otra sin haberla consumido, llevado únicamente por la pasión, imaginando lo maravillosa que será y, en cierto modo, superándola, es algo que yo también he disfrutado / vivido / sufrido, y por ello la empatía, en este caso, pesa. Aunque no tanto como para reconocer que "Slaughterhouse" es flojucha y más de lo mismo. De lo mismo que "All Hallows Eve". Se parecen bastante, sobre todo por el recurrente escenario, el casoplón de la familia Polonia, con ese sótano repleto de cachivaches al que tanto partido sacaron los dos benjamines. La novedad aquí reside en que uno de ellos encarna a un granjero loco veterano del Vietnam, y para marcar diferencia, se unta el rostro de mierda -buscando un efecto "barba de cuatro días"- y, lo más mejor, incorpora un cojín a modo de panza, uno que canta como una almeja en su forma cuadrada. La movida va de unos amigos instalados en un siniestro hotel regentado por el mentado tipejo, de tendencias caníbales, y su retardado hijo, quien se encarga del trabajo sucio. Como la primera, carece de un final-final.
Todas las escenas intermedias, destinadas a ejercer de pegamento y grabadas a posteriori, se suponen ambientadas en los años ochenta, por aquello de no dar demasiado el cante con respecto al resto de "Channel 13". Pero, claro, lo gracioso aquí es que la casa del pipiolo que las protagoniza pertenece a un auténtico devoto de aquella década, con posters, merchandising y objetos varios aludiendo a esos gloriosos días. Una elección tan medida que apesta a artificio, especialmente porque todas estas mierdas entonces eran lo normal, productos desechables propios del momento, no habían adquirido el áurea mítica y mágica que arrastran ahora y por el que son coleccionados y pasto de sucia mercadería... así pues, decorar un hogar supuestamente ochentero con todos ellos resulta altamente extraño e inadecuado. Pero hilarante, por la inocencia que destila, muy propia de los hermanos Polonia y que, aquí, perteneciendo el metraje mayormente a sus juventudes, abunda por doquier, haciendo de "Channel 13" una cosilla simpática y curiosa de consumir, sin más.

Como les decía arriba, ahí van las fabulosas imágenes de "Motel Hell".
Presentes en el film, sí, pero a kilómetros de distancia del show gore,
demencial y gran guiñolesco que prometían. Una auténtica lástima.

miércoles, 13 de febrero de 2008

FEEDERS

Hace unas cuantas reseñas atrás, hablábamos de "Splatter Farm", el primer largometraje de los reyes de las SOV (shot on video), pelis de género rodadas en formato magnetoscópico y con más bien poco dinero, John y Mark Polonia. En esta ocasión volvemos a encontrarnos con ellos, aunque el motivo sea dedicar unas líneas a otro de sus inventos, en este caso aquel que les hizo realmente populares (o anti populares) entre la platea de bobalicones aficionados al horror y aledaños, "Feeders".
Pero no sería justo adjudicar todo el mérito a Mark y John Polonia, ya que en esta ocasión otro individuo les acompañaba, y menudo es. A lo largo de su inquieta carrera artística, Jon McBride ha ejercido de director de cine chungo (suya es "Cannibal Campout", uno de los títulos más emblemáticos -y gore- de las SOV. Le seguiría otra, "Woodchipper Massacre", que resultó ser una decepción dada su preferencia por la comedia negra en lugar de la truculencia excesiva), de realizador publicitario y video-clipero, actor (y no solo en productos caseros, también ha interpretado papelitos en sitcoms televisivos, e infra-papelitos en pelis del calibre de "Perseguido"), músico (en la red rondan un par de clips la mar de graciosos en los que sale canturreando) y escritor (por lo que sé, está trabajando en una novela de terror). Un tipo interesante. Llegado el momento, se asocia con los polonios y comparte la culpa de varios títulos, entre ellos este "Feeders".
Un par de lerdos (McBride y John Polonia, este segundo con unas pintas de "nerd" fabulosas) van de excursión, justo en el momento que unos marcianos deciden invadir la tierra. Ajenos a los crímenes que las pequeñas criaturas (un par de muñecotes bastante estáticos) cometen por el lugar, la pareja hace fotos y da largos e interminables paseos mientras una música realmente taladrante se repite una y otra vez. Finalmente, comienzan a ser conscientes de lo que ocurre y, a partir de entonces, se convierten en el blanco de interés de los puñeteros invasores.
"Feeders" se hizo especialmente famosa en su época gracias a que la cadena de video-clubs "Blockbuster" decidió adquirirla e incluirla en su catálogo, distribuyéndola por todo USA. Naturalmente, y como es de ley en la naturaleza humana, ello no provocó más que ataques de rabia y pura envidia por parte del 85% del fandom que, desde ese momento, no cesa de meter puyas a los Polonia. En fin, más de lo mismo.
El caso es que "Feeders" es una peli realmente curiosa. Un producto 100 x 100 amateur que, sorprendentemente, se aleja del clásico horror ultra-gore para adentrarse en la arena del thriller de ciencia ficción con unas dosis de sangre bastante normalitas, propias de cualquier "serie B" standard (y de tetas, ni hablar). Los efectos especiales digitales son de lo más rudimentario, destacando especialmente algunos trucos típicos de mesa de edición que sus responsables no se cortan un pelo en airear. Es especialmente gracioso el momento en el que McBride recorre una supuesta ciudad abandonada (su barrio a las seis de la mañana, algo que canta mucho) mientras ve como los extraterrestres destruyen edificios (imágenes de demoliciones sacadas de algún documental en las que el raccord lumínico queda bastante roto... incluso machacado).
Es evidente que los protagonistas son así mismo los realizadores, ya que su presencia ocupa la mayor parte del metraje. Y no digo que sea por una cuestión de ego, sino de pura necesidad. El tercero en discordia, Mark, se reserva las tareas tras la cámara... salvo para interpretar al supuesto doble clonado de John... ya saben, hay que sacarle partido a todo, incluso al hecho de ser gemelos.
Me cae bien este trío creativo. De entrada se apartan bastante del típico realizador de ultra-gore videográfico, sus obras son un pelín más serias que la media (y eso que a McBride le chifla la comedia, algo obvio viendo sus trabajos en solitario) y transpiran ese entusiasmo ingenuo que tanto se echa en falta hoy día. Tienen talento, pero tampoco se obsesionan en demostrarlo, se nota que lo pasan bien, y eso es lo primero. Otro aspecto a admirar y respetar es su constancia; a pesar de las inevitables críticas salvajes de rastreros y demás entes infrahumanas, ellos han seguido a lo suyo, grabando en vídeo (y 16mm recientemente) sus epopeyas terroríficas anodinas y casi minimalistas, y han visto cómo compañías varias se las editaban en video y/o dvd. ¿Cuantos querrían?.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

FEEDERS 2 : SLAY BELLS

Para cuando llegamos a 1996, los Hermanos Polonia llevaban más de una década pariendo películas caseras en Súper 8 primero y vídeo después, con un único éxito en su haber, "Splatter Farm", confeccionada justo en medio del "boom" ochentoso de horror amateur grabado en cinta magnetoscópica . Así que fue toda una sorpresa que la entonces todopoderosa cadena "Blockbuster", sedienta de producto con marcianos belicosos en la trama (consecuencia del entonces enorme taquillazo que supuso "Independence Day"), se hiciera con los derechos de una de sus peliculitas, "Feeders", parida a pachas con el más que singular Jon McBride, y la lanzara a lo grande, para alucine, desconcierto y cierta envidia por parte del personal. Aunque ello les valió no pocos varapalos, los Polonia ganaron una notable fama que han mantenido hasta hoy, a pesar del fallecimiento de John en 2009. Con semejante hit en sus arcas, era cuestión de poco tiempo que parieran una secuela de "Feeders". Tan solo 2 años después lanzaban "Feeders 2 : Slay Bells". Que nunca hubiese una número tres hace suponer que la cosa esta vez no fue tan satisfactoria (Actualización 02-06-2025: finalmente la hubo, pero tardía. Mark Polonia cogió consciencia del culto que se les procesaba y, en busca de producto con el que rellenar plataformas, asumió que esa tercera parte de su peli más popular despertaría el interés. No la he visto, pero si lo hago será debidamente reseñada).
Nos trasladamos hasta épocas Navideñas. El superviviente de la primera entrega anda medio loco explicando lo ocurrido y, de esta manera, rellenando metraje con unos cuantos minutos a base de reciclaje. Seguidamente conocemos a Alan, casado con una actriz horrible y padre de dos chavales que eventualmente miran a cámara. El tipo se prepara para celebrar la festividad del abeto, las luces de colores y los villancicos, que suenan continuamente a lo largo de la banda sonora. Justo entonces los marcianos malos de "Feeders" regresan a la tierra y esta vez vienen en plan "Gremlins", haciendo trastadas y protagonizado algunas patéticas escenas de comedia slapstick. Primero se dedican a machacar a unos cuantos vecinos y finalmente terminan en casa del prota. Lo que desconocen por completo es que han cometido un error severo durante el trayecto: Disparar contra Papa Noel y causar que se estrellara con su trineo volador. De hecho, será el gordo de la barba blanca quien ponga fin a la invasión con ayuda de una pistola de rayos láser... de juguete. Tal y como lo leen. ¿Un delirio de los Polonia, un intento de comedia o que tras las acusaciones de cutres e incapaces propiciadas por los usuarios de "Blockbuster" decidieron recurrir a un concepto tan "trash" y absurdo de modo auto consciente en un vil intento de justificarse?. ¡A saber! No obstante, reconozco que la idea funciona y consigue que reactivemos el interés tras un puñado de minutos en los que ya comenzábamos a surfear sobre una considerable modorra.
Los Hermanos Polonia puede que fuesen algo cutres. Sí. Ese atrezzo comprado en tiendas de carnaval. Esos actores dolorosamente negados. Etc. Pero también es verdad que sabían montar, encuadrar, colar la música e incluso narrar en imágenes. No eran el típico caso de "videoastas" especializados en horror de línea dura. Su obra original gasta un tufo hogareño la mar de simpático, vital, y que, personalmente, me parece incluso adorable. De hecho, el "cine" Polonio ha perdido parte de su gracia una vez el hermano Mike se ha dedicado a parir como churros productos en plan "Asylum" a base de póster chanante camuflado de "película de verdad". Molaban más antes, cuando lo puramente casero formaba parte de su idiosincrasia. Y a esa categoría pertenece "Feeders 2 : Slay Bells". Lo que significa que, sin ser nada especialmente destacable, se soporta con agrado.

sábado, 15 de septiembre de 2007

SPLATTER FARM

Los hermanos John y Mark Polonia son unos tipos muy interesantes. Su parecido físico y el hecho de que hagan películas, o lo intenten, los emparienta directamente con otros personajes afines. Podríamos decir de ellos que son los Coen del cine de horror, o los Kuchar de las "backyard movies", pero no caeremos en esa trampa. Los Polonia llevan en esto del terror casero, o el fantástico (también casero) en todas sus variantes, desde que eran unos tiernos adolescentes que recreaban en Super 8 y con los amigos de clase aquello que veían en las pantallas de los cines, que para la década de la que hablamos, se trataba básicamente de "slashers" y pelis de zombies italianos.
Su ambición les llevó, siendo aún muy jóvenes, a pisar Hollywood en busca de una oportunidad que nunca llegaría. Frustrados, pero no desmotivados, volvieron a su ciudad natal y decidieron sumarse al entonces emergente “boom” del cine de horror facturado directamente en formato magnetoscópico que puso en activo el exitazo de la aburridísima "Blood Cult" (lo que los yankees llaman SOV, es decir, "shoot on video"). Tras varios intentos fallidos se decidieron por la enésima variación de "La matanza de Texas", haciendo especial hincapié en aquello que no mostraba el film de Tobe Hooper, gore. Un gore enfocado desde un punto de vista muy sexual (a esa edad las hormonas no perdonan) e ingenuamente transgresor, aspecto este que, según los brothers, se hizo buscando única y exclusivamente llamar la atención (y ni así...).
El resultado a sus esfuerzos, "Splatter Farm", tuvo el "éxito" lógico dado que era el momento más propicio para este tipo de material, aunque no tanto como para librarlos de seguir llevando su carrera cinematográfica (o videográfica) como un hobby al que poder dedicar únicamente el tiempo libre. Aún así, estos dos sujetos de aspecto indiscutiblemente "nerd" (gafotas, bigotillo tardo adolescente, dentones...) han visto varias de sus numerosas obras editadas en dvd y, poco a poco, su apellido se va haciendo más y más popular. Tienen fans acérrimos (incluso ronda un foro por internet dedicado únicamente a informar sobre sus hazañas, ya que, por raro que suene, no disponen de página web propia) y detractores sin escrúpulos (de esos que usan la red para insultar cobardemente, ocultos tras un seudónimo o protegidos por la distancia). Entre sus últimas joyas tenemos historias de pirañas asesinas ("Razorteeth"), monstruos de lagunas no necesariamente negras ("Splatter Beach"), bigfoots de tendencias criminales ("Among Us", su return al celuloide, concretamente los 16mm) y espíritus mal carados dispuestos a jorobar a unos soldados en plena batalla en lo que es su proyecto más ambicioso hasta la fecha, "Dead Knight", un "film" que cuenta con numerosos extras, vestuario de época e incluso decorados, características estas que los aleja, muy sutilmente, de sus habituales equipos reducidos y eminentemente familiares.
Ahora la compañía especializada en "backyard horror" ochentero, "Camp Motion Pictures", saca al mercado digital "Splatter Farm" con la bendición del gurú del cine exploitation, Frank Henenlotter, y varios extras tan jugosos como los "slashers" superocheros que los Polonia rodaron durante el insti o un "Making Of" la mar de simpático en el que hacen gala de esa ingenuidad tardía que tanto irrita a sus enemigos, pues los hermanos tienden a tomarse demasiado en serio sus trabajos videográficos que, al fin y al cabo, no dejan de ser mierdecillas.
La peli cuenta con una virtud que, a la larga, termina convertida en su peor defecto y es que, a pesar del rimbombante título y las engañosas estampas publicitarias, es de lo más seria y -pretendidamente- malrollista, situándose bien lejos de la habitual chirigota sanguinolenta de esta clase de productos. Pero claro, es que los Polonios contaron solo para su realización con su misma presencia, la abuela de no se quién y un par de amigotes, uno de ellos dispuesto a actuar mucho y filmar más, y con tan pocos elementos, la cosa da más bien para poco... para poco gore (y yo, ustedes perdonen, en el “backyard horror” busco, única y exclusivamente, excesos hemoglobiníacos, ya que no mucho más se puede esperar de el) y poca chicha en general. Resumiendo, que la peli aburre... está repleta de buenas intenciones, tanto a nivel atmosférico como visual (y no lo hacen tan mal sus autores teniendo en cuenta su por entonces corta edad) pero el caso es que acabé dándole inevitablemente al avance rápido, y eso significa algo.
Añadir que el tono seriote y comedido se va al traste con la exageradamente burra e inverosímil muerte del personaje de la tía (familiarmente hablando) y que la repetición de planos explícitos que hay a final, así como los créditos a cámara lenta, poco hacen por acercar el "film" a la duración standard de un largometraje, quedándose en una escasísima hora y diez.

NOTA: La edición que presenta "Camp Motion Pictures" no es la original de la época, sino una remasterización hecha por los Polonia adultos lo que, para mi, y para muchos críticos especializados, es un error. Quizás, si sus autores hubiesen mantenido la baja calidad del montaje de video a video, la ausencia de música y los créditos hechos con cartulinas, no solo se hubiese conservado intacto su encanto sino también la gracia própia de las "backyard movies" de la década que tanto reivindica el sello que las edita... una vez más, la molesta ingenuidad de los brothers (convencidos están de que se trata de un "cult classic"), se vuelve contra ellos.

viernes, 26 de agosto de 2022

AMITYVILLE IN THE HOOD

Tras la repercusión de su “The Amityville Legacy”, Dustin Ferguson continuó haciendo películas amateur como churros y a medida que se iba imponiendo el estilo idiotesco de “The Asylum” con los sharknados y demás, Ferguson, por demanda popular, fue idiotizando su estilo al mismo tiempo.  Eso no fue óbice para que le sacara partido a su preciosa maqueta de la casa de Amityville y al hecho de que podía hacer tantas películas sobre el tema como le apeteciera puesto que no había derechos que amparasen a la franquicia. Así que grabó una segunda, más exagerada y con más efectos especiales que la primera, titulada “Amityville: The Evil never dies” (también conocida como “Amitivylle Clownhouse”) en la que esta vez se disponía de un payaso como móvil de la endeble trama.
Pero claro, cada vez es todo más como el coño de la Bernarda y se empiezan a estilar toda suerte de crossovers extraños, lo que propicia que montones de directores SOV quieran sacar provecho del nombre de Amityville rodando variantes a cada cual más desquiciada. El amigo Mark Polonia se saca de la manga “The Amityville Exorcism” y, más alocada todavía, “Amityville in Space”, pero también tenemos cosas ya absolutamente ridículas como “Amitivylle Thanksgivin”, una cosa cuya caratula expone en primer plano a un pavo de acción de gracias y, en la lejanía, la casa de Amityville (?) dirigida por un tal Will Collazo Jr., “Amityville Bigfoot” del youtuber/actor Shawn C. Phillips y, ya el colmo de la desfachatez, “Amityville Cop” de Gregory Hatanaka.
“Amityville in the hood” responde a una de estas variantes estúpidas, y la cosa consiste en ambientar Amityville en el gueto. Nada nuevo por otro lado, esto ya se ha hecho con anterioridad en la franquicia Leprechaun que llevaba al duende a los suburbios negros en dos películas, e incluso en el cine mainstream se ha coqueteado con mezclar horror y gangstas en films como “Bones” o “El convento del diablo”.
Así tenemos un grupo de pandilleros que roban una partida de marihuana cultivada en la casa de Amityville (??) y la distribuyen en Compton, en la otra punta del país, y como la marihuana está poseída por espíritus malignos se arma la marimorena. Una excusa como otra cualquiera para mostrarnos un par negratas (solo un par, que en el ambiente de Ferguson no debe haber demasiados) diciendo mother fucker continuamente y poco más.
Se trata de una película absolutamente incompetente que pretende tener una continuidad con los Amityvilles originales y con los títulos pergeñados por Ferguson, pero el individuo esta vez solo tiene la idea loca, sin nada que contarnos. Así, se la toma a total cachondeo e incluye escenas humorísticas, como la inicial en que una prostituta suelta chascarrillos con un pandillero que quiere que se la chupe por 20 dólares, para acto seguido ser eliminada de un disparo por el jefe de la pandilla por chuparla mal (otra vez ??). Por otro lado tenemos un detective que conduce por Compton y de esta manera Ferguson se quita de encima como diez minutazos de metraje, solucionando esto con un viajecito en coche por el gueto, grabando desde el asiento del copiloto y mostrándonos la miseria del suburbio en una travesía en coche real. También usa mucho relleno de exteriores filmados con drones, donde se saca de la manga una bonita panorámica nocturna de la estatua de la libertad que no viene ni a cuento. Y para rematar, y al mas puro estilo Amityville, más de media hora de metraje se compone de flashbacks que nos recuerdan acontecimientos de las dos anteriores películas de Ferguson sobre la celebre casa encantada… pero todo es impostado, nada genuino y hasta esos flashbacks están ahí de manera homenajística, (sin duda Ferguson podría haber desarrollado más la trama y ahorrarse el cortapega… pero hace cortapega porque en las películas originales de la saga se hacía y eso mola…) así que no tienen valor trash alguno. En letra de molde: “Amityville in the hood” es una basura. Y una estafa.
Ferguson además debe ser incluso consciente de esto, porque aunque todo el que la ha visto sabe que es una película suya, decide firmarla bajo el seudónimo Dark Infinity, váyanse ustedes a saber por qué.
Y sin más… Como siempre digo, estas películas sirven para saciar la curiosidad de uno, pero en pleno 2022 ni siquiera algo tan marciano como llevar Amityville al gueto es original o gracioso. Esto es ya el exploitation del exploitation del exploitation… pero en malo, mal hecho y aburrido.
Y todavía algún gilipollas se atreve a asegurar en la prensa especializada que Dustin Ferguson es el Roger Corman del siglo XXI. Algún amigo suyo, supongo. O algún gacetillero con cierto retraso mental. O algún desgraciado. O váyanse ustedes a saber.

lunes, 18 de septiembre de 2023

SHARK EXORCIST

Este verano pasado, a la redacción de varias páginas web de corte generalista comandadas por ineptos y redactadas por vírgenes y deficientes mentales, ha llegado, de forma masiva, la noticia de que “Shark Exorcist” se ha postulado con una puntuación de 1,7 en Filmafinitty —una de las más bajas de su historia—, por lo que, una vez más, tenemos a un montón de plumillas hablando sobre algo de lo que no tienen ni repajolera idea, y concediendo el título de “peor película de la historia” a una cosa que ni tan siquiera han visto, nombrándola precursora de productos mainstream como por ejemplo “Oso vicioso”. Confunden velocidad con tocino y conocen de la misa la media ¡Solo en España, amigos!
“Shark Exorcist”, que el mundo cuñado ha descubierto un poco tarde, no es ni la peor película de la historia, ni precursora de nada. Es sencillamente un SOV más, adscrito a esa moda postmoderna de mezclar conceptos imposibles, en este caso tiburones (ya van 20 años de películas de escualos en pleno delirio) y exorcistas. Con el fin de contentar a cierto sector granudo del fandom, se rueda, de la peor forma posible, un producto para que esos pajilleros flipen y se rían a mandíbula batiente. Todo estudiado y premeditado, sin entender yo del todo la finalidad de tal actividad, ya que dudo que los beneficios de estas películas compensen tal despropósito.
“Shark Exorcist” es “nada”.
Precisamente, dos de los directores más activos en facturar “nada” son viejos conocidos del formato vídeo, dos veteranos como el pobrecico Mark Polonia y el director de esta, Donald Farmer —por otro lado, habituales de este blog. Pinchen en sus respectivos nombres por si quieren conocer más al respecto—.
La cosa es simple y sencilla: El demonio se mete en el interior de un tiburón y se come a los bañistas. Entre posesiones a jovencitas de buen ver que se contonean eróticamente con sus bikinis, que se vomitan entre ellas y planos inexplicables, llega un exorcista sobreactuador que se enfrentará con el tiburón. Y todo por culpa de una monja satánica. Fin de la historia.
Tiene cierta gracia en el fondo. Y es que, para hacer una película mal aposta también hay que valer. Y a Farmer, quizás porque en realidad este “Shark Exorcist” se la pela bastante, o quizás por manazas (se trata de una película mala impostada, pero la dirección de Farmer no lo es) le sale mal lo de hacer mal la película. Entonces logra una cosa medio vanguardista. A eso hay que añadirle que el producto se ha grabado en un solo escenario, es decir, una casa con su respectiva piscina, un poco de césped y una charca, sin embargo está ambientada en la costa, lugar donde ha de operar un tiburón (aunque este parezca que está volando) sin ningún tipo de vergüenza. El CGI con el que está diseñado es el más tirado y barato a sabiendas, porque se está tratando de dar un producto concreto, para un público concreto que quiere de las incapacidades y no distingue cuando estas son auténticas o forzadas. Nada es genuino, todo es vago, realizado con desinterés.
Luego, la película está llena de tiempos muertos y cámaras lentas eternas —flipante la escena con dos jamonas poseídas deambulando despacito dentro de una piscina. Casi fascinante— cuyo fin es el obvio, alargar metraje (igual que los 11 minutos de créditos finales) que son, por lo raro que queda todo, lo mejor de la película.
Entonces, efectivamente esto me puede hacer cierta gracia pero, más allá de eso, se trata de un SOV del nuevo milenio de la vertiente más rastrera (y comercial a su modo), sin garbo, sin alma y sin interés alguno en pleno año 2023. Pero parece que el público "cool" está ávido de películas malas, de otorgar títulos de “peor de la historia” y reírse en comandita mostrando una superioridad moral repugnante que les dura lo que les dura el amor por las películas malas: Un fin de semana, lo mismo que dura el evento en el que las descubren. Pero “Shark Exorcist” me temo que no sirve ni para eso. Gracias al cielo.
Por otro lado, en 2021 sus artífices organizaron un crowfunding con la intención de rodar una secuela. A estas alturas no se si el objetivo se habrá logrado, ni si estarán ya grabando la infamia... ni me interesa, la verdad.

viernes, 10 de mayo de 2019

SWAMP APE

Hollyward es una empresa —es un decir— bajo la cual se auspician las películas de Geoff Ward. Ward es un exculturista que, absoluto adorador del body building, un buen día decide hacerse actor con el único fin de lucir palmito; no solo es un cachas, también es un guaperas. Así, y empezando la casa por debajo, comienza a patearse los clubes de comedia de Florida, dejando en los escenarios su impronta en forma de monólogos de humor.
Obviamente, sus capacidades actorales son limitadas, por lo que comienza a aparecer en películas de bajísimo presupuesto para su explotación en vídeo. La más destacada de sus intervenciones sería en la muy pobretona, aunque oficial, “Despedida de soltero 2” en un papel minúsculo. Sin embargo, durante la pasada década, la proliferación de la serie Z más chabacana y de baratillo abrió los brazos ante Ward dándole papeles en algunas de sus películas. Productoras más pequeñas que “The Asylum”, productos filmados en vídeo y  de procedencia conscientemente chunga, le incluían en sus castings apareciendo en títulos que incluso se hicieron populares allende los mares como, por ejemplo, “El ataque del tiburón de dos cabezas” de Chris Ray (el hijo de Fred Olen Ray) o en la proto gay “1313: Hercules Unbound!” perteneciente a una saga perpetrada por David DeCoteau. En definitiva: se trata de un actorcillo de tercera regional.
Pronto vio que hacer una película como en las que él intervenía no era muy difícil, por lo que en 2017 se lanza a producir, escribir y protagonizar su propio film con un presupuesto de 20.000 dólares. Este tipo de películas de bajísimo presupuesto, están a medio camino entre lo amateur y lo semi-profesional, por lo que suelen ser todas un truñazo de considerables dimensiones y todas ellas carentes de personalidad; esta “Swamp Ape” la dirige Geoff Ward, pero podría pasar por una de las del Mark Polonia de los últimos años.
Resulta que los USA, lugar este que está cuajado de leyendas urbanas, no contentos con el mito de Bigfoot tienen también, y perteneciente a los pantanos de Florida, el Swamp Ape o Skunk Ape, una especie de hombre mono que pulula por esa zona y que es reconocible por el hedor a mierda que desprende. Por lo demás, tiene el mimo comportamiento que un Bigfoot. Y basándose en esa leyenda, Geoff Ward se monta su propia película sobre este mono de las charcas en la que un grupo de estudiantes y su profesor se adentran en los pantanos de Florida con el fin de hacer una investigación de la zona cuando son asaltados por este simio que irá acabando con ellos de manera hiper-violenta. Toneladas de jarabe de arce, algunas tetas y lo mejor de todo: Un señor disfrazado de mono al que se le nota hasta la careta.
Una soberana tontería que no es que sea auto consciente de su condición de zetosa, es que se recrea en ella y, en lugar de intentar camuflar sus carencias, las intensifica con el fin de provocar al espectador unas risas. A buen seguro que el simio podría haber estado algo mejor —porque si tienen pasta para sangre, han de tener para algo de maquillaje y látex digno— pero se opta por un disfraz de mierda y una careta que deja asomar parte del rostro humano del actor que hay debajo. Un desbarajuste en intenciones. Sin embargo, y aquí está lo chocante, por lo demás la película se toma en serio a sí misma, no hay ni una gota de humor y entonces, al estar todo en ella tan intencionado, pero no tirar de humor ni por un momento, el espectador se queda perplejo porque una de dos: “Swamp Ape”, o es la obra de un payaso redomado o de un deficiente mental. Viendo la pinta de Geoff Ward, en ningún momento podemos descartar que sea ambas cosas. Como fuere, la película es una contradicción en sí misma. Es como si en su condición de auto parodia se desprendiese, paradójicamente, de todos los elementos paródicos. Una cosa rara.
Por lo demás, aburrimiento y sensación de, a estas alturas, haber perdido la capacidad de disfrutar de este tipo de películas tan rematadamente, no ya incompetentes, si no inútiles. Lo único bueno de la cinta, es que como solo dura una hora, justo cuando de la mala hostia estás a punto de cagarte en la puta madre que parió a quién sea, va y se acaba.
No tengo ni idea de si Ward habrá hecho algo de dinero con esta película, pero lo que si es cierto es que, colgada por él mismo en youtube, ya ha superado las 50.000 descargas, lo que, visto lo visto, no se si es un mogollón de visionados, o muy poquitos.

sábado, 20 de julio de 2024

VIAJE AL CENTRO DE LOS CRAMPS + AXEGRINDER 666

Siempre he sentido bastante simpatía por "The Cramps". Desde que los descubrí a mediados de los ochenta adquiriendo el vinilo de "El regreso de los muertos vivientes", sin saber ande coño me metía, pero sistemáticamente atraído por esa irrepetible y maravillosa cubierta. Y redondeado, el mismo periodo, por su entonces recién editado "A date with Elvis", regalo cumpleañoso de mi hermana. Con el tiempo me pillaría más material del combo y, aunque no lo escucho asiduamente, de vez en cuando cae y entra bien (o mal, pero simplemente porque no es el momento adecuado. Esas cosas pasan con sonidos tan específicos). Llegados los noventa, "The Cramps" comenzó su lento y progresivo declive, hasta la muerte del frontman, y absoluta mitad de su mero existir, Lux Interior. El otro cincuenta por ciento, como saben, era cosa de la carismática guitarrista, Poison Ivy. Pues, justo, sobre ellos gira este "Viaje al centro de los Cramps", firmado Dick Porter, una notable biografía por la que sentía franca curiosidad y anduve persiguiendo hasta dar con ella en una biblioteca. Así, en plan revisión generalista, se puede decir que la lectura es amena, genuinamente entretenida, con buen ritmo... aunque, al chaparlo, te queda una sensación raruna de la que aluego hablaré.
"The Cramps" eran Lux e Ivy. Ivy y Lux. El resto, peña que pasaba por allí, dejaba más o menos huella, y terminaban largándose por distintos motivos. La historia de aquel par es sanamente envidiable. Dos personas de apetencias peculiares y un pelo excéntricas se conocen, se gustan, se aman, echan adelante su sueño de tener un grupo de genuino rock and roll, a pesar de no disponer de la mínima experiencia, y triunfan. Vivieron juntitos las décadas siguientes, gozando de la aventura musical y alguna extra de tipo cinematográfica que, obvio, son las que más cosquillas me daban mientras leía. Que sí, que el cine es mi primer amor, a pesar de los pesares.
Los "Cramps" participaron como actores en "The Foreigner" de Amos Poe (donde agredían con genuinas navajas y consiguientes cortes reales a su protagonista, Eric Mitchell, dato este ignorado en el libro). Aportaron una canción fabulosa a la mentada "El regreso de los muertos vivientes" (en la época se decía que también salían interpretando a unos zombies, pero el tochito no lo confirma... ni desmiente). Colaboraron en el "Drácula" de Coppola. John Waters rechazó unos temas que grabaron para "Cry-Baby, el lágrima" (básicamente porque dejó el curro a un subordinado. Otra muestra más de la discutible "autenticidad" del mangante y vendido director de "Pink Flamingos", ¡¡¡espero que ardas en el infierno!!!) y, por supuesto, Lux puso voz a una resultona copla de "Bob Esponja".
El resto, lo estrictamente musical, no se sale de la norma. Disco nuevo, consiguiente gira. Y así todo el rato, con pequeños momentos de pausa para contarnos puntuales trifulcas. Pero sin mucha variación. Y, de hecho, pasa con la bio de los "Cramps" lo mismo que con la de Mel Brooks. O la de Dario Argento. A medida que los años van sumándose, y el grupo asentando y profesionalizando, todo se vuelve más monótono. Desapasionado. Rutinario. Lux e Ivy se limitaban a cumplir con su curro y poco más, materia esta que contribuye al poso raro del que hablaba. Pero esas cosas ocurren cuando, como digo, alcanzas ciertas cotas de popularidad y credenciales. Nada que criticar al respecto. Desde el principio, Lux e Ivy tenían clarísimo que no deseaban ser de culto, su intención consistía en triunfar a lo grande y formar parte del mainstream, solo que sin cambiar un ápice su manera de hacer. Obviamente iba a ser prácticamente imposible... pero consiguieron aproximarse mucho.
Y, justo, gracias a la lectura, me dio por revisar algunos de sus discos. Decidí que serían el acompañamiento ideal para ilustrar sonoramente el visionado de sendas ponzoñas. A estas alturas ya deberían conocer mi hobby. Y, buscando, me decanté por una titulada "Axegrinder 666" (no lo niego, su llamativa caratula contribuyó).
Es un fenómeno tan fascinante como desconcertante. El mundillo del SOV y, por ende, el de las plataformas, anda plagado de auténticas franquicias adscritas al slasher. Títulos compuestos de interminables entregas, con sus propios pseudo-Jasons (la verdadera razón de que existan), siendo "Truth or Dare" (cuya primera dosis llegó acá bajo el título de "Eliminator") o "Camp Blood" las más extensas. Incluyan en el pack a "Axegrinder" y sus seis chutes. Ninguno consumible más allá de su terreno. Sin embargo, y ahí viene la parte fascinante, es tanto el tirón que gastan esta clase de subsubproductos que, eventualmente, su responsabilidad "directiva" recae en manos de ciertos "nombres" -dentro de lo suyo, el "clickxploitation"- como los de Mark Polonia, Joe Sherlock o Dustin Ferguson.
La parte desconcertante viene dada por el hecho de que, en fin, como dijo aquel en una ocasión, ¿qué sentido tiene querer situarse tras una cámara para dejar explotar tu creatividad y, luego, decantarse por el más rutinario, inimaginativo y hueco de los subgéneros? ¿cuánto más dará de sí el asunto de los campistas acosados y espachurrados por un tipo con careta? En el fondo, si lo miras bien, el devoto de esta clase de películas dedica gran parte de su tiempo de ocio a ver personas insufribles haciendo cosas inútiles y dialogar sin decir nada, a base de cháchara interminable y vacía, durante minutos y minutos y minutos... solo para poder presenciar un par de tetas -otra reflexión: ¿qué son sino dos bolsas de grasa colgantes?, ¿de verdad nos ponen tanto como para justificar tal mandanga?- y un par de crímenes que, encima, ni son creativos ni espectaculares. Triste y miserable existencia la nuestra, amigos.
En el caso de "Axegrinder 666" todo eso se multiplica por diezmil. Para empezar, la pandi de víctimas son un grupo de góticos -en su universo no existe nadie más que no pertenezca al gremio- que ya suman unos cuantos años de edad -incluso más de unos cuantos- y otros tantos de grasa, especialmente si nos referimos a las señoritas. Hablan y hablan, sobreactúan, dicen sandeces sin descanso, son absolutamente inaguantables, irritantes, totalmente "anti-empatizantes", para, finalmente, caer en las zarpas del asesino de rigor. ¿Merece la pena la espera? No mucho, la verdad...
Los efectos gore resultan de lo más rudimentario, echando mano de material de un "Party Fiesta" al que han añadido algo de pintura roja y algún cacho de carne cruda sacada del supermercado, pero poco más. El mismo asesino luce, tras la reglamentaria careta, otra en plan cadavérico que, se supone, es su verdadero rostro. La embadurnan de tomate para disimular, pero los agujeros de los ojos siguen dando el cante. No me entiendan mal, ¡adoro esas tácticas! pero solo cuando no pretenden hacerse pasar por genuinas, menos formando parte de algo que intenta desesperadamente parecerse al cine de verdad, sin lograrlo. Y uno se ofusca porque, entiende, un producto de esta naturaleza debería cuanto menos ofrecer ingentes cantidades de la más extrema violencia, a base de detallada carnicería efectuada látex mediante por algún voluntarioso fan del género. Si le quitas eso, ¡¿qué demonios queda?! y, por ende, ¡¿qué sentido tiene su mero existir?!
En fin. ¿Algo bueno que decir? pues sí, Cara Fay, actriz de talento y belleza que merecería más suerte, y el desenlace, no del todo desdeñable. El único momento de la función donde, por fin, osan transgredir un pelín la biblia del slasher. Lástima que, para entonces, ya sea demasiado tarde.