martes, 4 de diciembre de 2012

Mi vecino Totoro

Anécdota al canto: siendo un zagal que no llegaría a la veintena, estaba muy metido en el mundillo oriental, sobre todo en el tema de cine, no tanto en el manga y el anime, pero aun así lo cataba siempre que podía. Un buen amigo mío me invitaba constantemente a ver la película de esta reseña, pero yo por ser un tierno adolescente, ponía pegas a ver una película orientada a un público más infantil. Probablemente por cabezonería o por ser un completo gilipollas (esto es lo más probable, y es que esas edades todos somos imbéciles perdidos, si, tu también lo fuiste)  me negaba en rotundo a verla, hasta que al final, un día y por tanta insistencia, claudique y me digne a sentarme en el sofá de la casa de los padres de mi amigo y tragarme la película. En primer momento para no tener que seguir aguantando sus invitaciones y en segundo lugar para poder decir al final del filme, menuda mierda me has hecho tragar. Al final quien se trago sus palabras fui yo. Mi amigo estaba en lo cierto y yo era un completo cantamañanas por haberle puesto tantas pegas, y es que me encontraba ante una de las mejores películas de animación de la historia. Una historia sencilla, salida de la mente de uno de los iconos del país nipón y que debería de ser patrimonio de la humanidad, hablo de Hayao Miyazaki, creador del Studio Ghibli.

Satsuki y Mei son dos jóvenes hermanas que se mudan junto a su padre a un pequeño pueblecito. El motivo para el traslado es que la madre de las niñas sufre una enfermedad (tuberculosis, al igual que la sufrió la madre de Miyazaki) y para su recuperación está ingresada en un hospital rural que no pilla muy lejos de donde se han instalado ahora. Al abrir la casa en la que van a vivir, Satsuki y Mei ven unos bichitos que se esconden de la luz, Nana, una anciana vecina, les cuenta que son conejitos del polvo, que son unos seres que se instalan en casas abandonas o cerradas, y que si ríen y son felices, esos seres dejaran la casa para siempre. Un día mientras Mei se encuentra en el jardín, ve a un pequeño Totoro (un espíritu del bosque) que sale huyendo al percatarse que la niña puede verle. Mei va tras él y acaba internándose en lo más profundo del bosque. Allí en vez de asustarse y poner a llorar como cualquier otro niño perdido, Mei se encuentra con Totoro, el grande. Al volver a casa Mei le cuenta a su hermana que ha conocido a Totoro, y aunque esta al principio no acaba de creerla, más adelante vera a Totoro con sus propios ojos e incluso montara en el mítico Gatobus. También las dos hermanas junto a los Totoros, viajaran por el bosque de noche y harán crecer las plantas.

Pasan las semanas, Mei y Satsuki están muy emocionadas porque ese próximo fin de semana su madre ira hacerles una visita, pero la buena nueva se va al traste cuando reciben un telegrama de que tienen que llamar al hospital urgentemente. Al final solo es que su madre no podrá visitarles esa semana, pero claro las niñas se suponen lo peor. En ese momento Mei se envalentona y coge camino al hospital ella sola. Al poco de darse cuenta Satsuki y Nana de la ausencia de Mei, todo el pueblo empieza una intensa búsqueda de la niña.

La película es una metáfora es un claro ejemplo de los beneficios de una vida rural. Desde la amabilidad de los vecinos a echar una mano en lo que sea necesario, a el bien que hace el aire limpio y las verduras y hortalizas frescas a nuestra salud, de todo ello trata Mi vecino Totoro. Los propios Totoros son, estos sí, una metáfora de la naturaleza. El viento sopla cuando Totoro sale a pasear en su peonza volante, las plantas crecen con su baile, y aunque Totoro este durante el día dormido, sus labores se hacen siempre. Totoro es la naturaleza, la madre tierra, algo que Miyazaki nos dice que debemos proteger en cada una de sus películas.

Ahora vamos con la leyenda negra, esa que incluso Fernandito, me volvió a recordar en mi última visita a Barcelona, las niñas están muertas. Pues no, no están muertas. He intentado ver la película desde esa óptica y no hay nada que me indique que las niñas hayan fallecido. Estas interactúan con mas personajes que con los Totoro o su padre, y si bien esto de que hayan palmado las crías se dice porque montan en el Gatobus (vendría a ser lo que nuestra santa compaña para que la idea cuajara) no veo que ello tenga que ser así. Nada indica que las hermanas fallezcan y en cambio en los créditos finales si vemos a la madre llegando a casa y como todos juegan juntos, así que no cuela.

Una película que hay que ver si o si (salvo que seas un adolescente idiota, te darás cuenta de ello el día que la veas)