Mostrando las entradas para la consulta Javier Aguirre ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta Javier Aguirre ordenadas por fecha. Ordenar por relevancia Mostrar todas las entradas

martes, 14 de enero de 2025

NI TE CASES NI TE EMBARQUES

Cuando se habla de la primera película para lucimiento de Martes y 13 en formato trío, “Ni te cases ni te embarques”, se tiende a decir que es malísima y no hace honor al talento del grupo. A mí de chaval me encantaba, años después me pareció floja y anoche me volvió a parecer genial. Esto va como va.
Desde luego es graciosa y está entretenida, si bien es cierto que es una de esas películas que vende a su trío protagonista, en principio alejado del cine y, una vez se tiene el cartel que los anuncia, el producto resultante es lo de menos. Por eso, en el montaje hay secuencias que no tienen continuidad o que, directamente, se pasan la narración por el forro de las pelotas, porque la historia en el fondo da lo mismo.
No obstante,  me resulta una película curiosa y, fríamente, sentencio aquí que se trata, sin duda alguna, de la mejor de cuantas hicieron Martes y 13, muy por encima de “La loca historia de los tres Mosqueteros” de mi amado Mariano Ozores y, por supuesto, sustancialmente por encima de esos dos despropósitos de Álvaro Sáenz de Heredia que son “Aquí huele a muerto (Pues yo no he sido)” o “El Robobo de la Jojoya”, que, siendo más actuales que la que nos ocupa, sobreviven peor al implacable paso del tiempo. De chaval más o menos me gustaban ambas, pero vistas hoy… las películas de Martes y 13 como dúo son lo peor de lo peor, carentes de gracia y con una sobredosis de chascarrillos propios de los humoristas que ya son de otro tiempo (ergo, no funcionan).
Sin embargo “Ni te cases ni te embarques” aguanta algo mejor por varios factores, a saber; su intencionalidad. Quizá las películas al servicio de humoristas son un producto que se explotó más en los 90, por lo que en “Ni te cases ni te embarques” todavía no existía del todo ese pensar de convertir secuencias directamente en sketches, así, en lugar de tener una película de Martes y 13, tenemos a Martes y 13 en una película. Se trata de uno de esos films concebidos por Bermúdez de Castro para forrarse que, sí, está protagonizado por Martes y 13, pero que funcionaría igual de bien protagonizado por Antonio Ozores, Juanito Navarro o Raúl Sender, por ejemplo. Es ese tipo de cine de comedia español de los 80, solo que con el aporte juvenil y gamberro de Josema, Millán y Fernando.
Por otro lado, el estilo de los humoristas aún no se había definido del todo en 1982 —estaban empezando en verdad—, no eran ese muestrario de tics y chascarrillos que volvía loca a toda España y, aquí, podemos decir que más que haciendo humor, que lo hacen, están asumiendo la faceta de actores que coleaba desde sus inicios. Martes y 13 venían de tener una formación actoral, pero, sin duda, el que más se luce en esta película como tal es Fernando Conde, que se come a los otros dos caricatos con patatas. Asimismo, tenemos a un todoterreno tras las cámaras como es el director Javier Aguirre, rentando su profesión con las películas de Parchís en ese momento, haciendo un break para una cosa un poco más pequeña destinada a los cómicos de moda, mientras que en su tiempo libre le da a lo que realmente le gusta, que es el cine experimental. Tiene un guion endeble que él no ha escrito, pero coloca la cámara donde toca y dirige a los actores de manera más bien correcta, sin que se le rasguen las vestiduras por ello y sin hacer ningún esfuerzo. Otra cosa es que en el montaje hicieran el desbarajuste maravilloso que es esta película a nivel argumental, cuyo resultado el espectador no tiene en cuenta porque, al fin y al cabo, y aun siendo más cine que otras muestras posteriores del subgénero, el público natural, que es España entera, disfruta de los parabienes de Martes y 13 en una película.
Otro punto a favor, y que también se estilaría en productos del mismo corte a posteriori, es que, aunque es una película al servicio de unos cómicos muy famosos, se aprovecha para introducir a otros menos populares. Así, si en los vehículos para lucimiento de Chiquito de la Calzada teníamos a Bigote Arrocet acompañando al malagueño, en esta tenemos a una estupenda Beatriz Carvajal absolutamente desmelenada, interpretando a una gallega como ya solía hacer en sus intervenciones televisivas de la época. Añádanle una suerte de reparto de actorazos de primer orden haciendo los roles secundarios, como puedan ser Agustín González, Amparo Soler Leal, Alejandro Enciso o Luis Barbero. También tenemos por ahí a un niño pequeño que molesta a nuestros protagonistas y no es otro que Juan Diego Botto.
O sea, que al final "Ni te cases ni te embarques" se prodiga como una película muy divertida y desenfadada con la que uno se echa unas risas.
Aludiendo a la picaresca española, la cosa va de tres jóvenes parados que, para subsistir, tienen que recurrir a pequeños timos que siempre les salen mal. Hasta que un buen día, tras una serie de circunstancias, deciden abrir una agencia matrimonial, la excusa perfecta para que se sucedan toda suerte de disparatadas situaciones. No hay más.
Tontorrona y facilona, la película contiene desde gags muy graciosos hasta otros bastante vergonzantes, pero siempre dentro de un campo de acción agradable y entretenido, que se torna genial cuando roza lo políticamente incorrecto —mezclar un mismo gag discapacidad y homosexualismo, como sucede en un determinado momento,  no es moco de pavo — y eso que del humor del grupo no hay más que pinceladitas.
Se estrenó en el mejor momento de Martes y 13 como trío (antes de convertirse en fenómeno social tras la marcha de Fernando Conde) y llevó a los cines a una marabunta de personas, casi 800.000, sin que la película llegara a trascender en el imaginario popular como sí lo hicieron las que vendrían ya en su época de esplendor. Asimismo, Millán, en sus memorias “En mis 13”, decía que no se había hecho buen cine para Martes y 13 y esta película era una muestra de lo poco que se confiaba en ellos para el medio, diciendo que no les dejaron meter mano ni en el guion, ni en la dirección, ni en la elaboración de gags… ahora les digo yo ¿no presumís de que erais actores? Pues ahí tenéis una película en la que interpretáis, hacéis humor, y la paleta de colores es tan amplia que os desenvolvéis con trabalenguas, slapstick , humor visual y textual, por obra y gracia del equipo del señor Bermúdez de Castro, que por aquella época ya viajaba en "Rolls Royce". Yo creo que es un trabajo del que sentirse orgulloso más que del que renegar visto lo visto.
A reivindicar y redescubrir como la estupenda obra de derribo que es.

viernes, 24 de noviembre de 2023

LA BANDA DE LA MANO

Cinco peligrosos delincuentes adolescentes son detenidos para ser encarcelados como adultos, debido a la fiereza de sus delitos. Sin embargo, durante su traslado a la prisión, son abandonados en plena selva donde serán interceptados por un veterano de Vietnam que les enseñará a sobrevivir en territorios hostiles y entrenará para convertirlos en máquinas de combate. Cuando termine su formación, serán instados a limpiar de narcotraficantes y delincuentes la ciudad de Miami Beach. Estos aceptan de buen grado y comienza la escabechina.
“La banda de la mano” es uno de esos títulos ochenteros que si bien en el momento de su estreno se promocionó como película de primer orden, su discreta recaudación en taquilla —107.000 espectadores en la España de la época— propiciaría el olvido sistemático por parte del público con el paso de los años. No funcionó en cine, en vídeo algo mejor pero tampoco para lanzar cohetes, y fue una película habitual en las emisiones de los primeros años de Tele 5. Después, es como si a “La banda de la mano” se la hubiese tragado la tierra.
En los USA la cosa no fue mejor: Michael Mann, que por aquel entonces triunfaba en el mundo de la televisión con la serie “Corrupción en Miami”, quedó fascinado por la idea que se le presentó sobre cinco críos delincuentes que acaban declarándole la guerra al narcotráfico en Miami Beach. Un argumento un poco naif e infantiloide, que recuerda levemente a los que escribiría Javier Aguirre para sus películas con Parchís. Sin haber visto tan siquiera un esbozo de guion, Mann se decide a producirlo ejecutivamente y, cuatro meses después, ya tiene todo preparado para ponerse a rodar. De este modo, contrata los servicios de Paul Michael Glaser (Hutch en “Starsky & Hutch”), que tras unos cuantos trabajos televisivos detrás de la cámara, debutaría como director de largometrajes para cine con “La banda de la mano”.
Ruedan la película, pero tanto Mann como su equipo están demasiado viciados por el ritmo de trabajo televisivo de “Corrupción en Miami”, por lo que, en consecuencia, la película acaba teniendo un tono y unas maneras un tanto telefílmicas. De hecho, parece un mal capítulo de “Corrupción en Miami” pero sin Ricardo Tubbs ni Sony Crockett.
Consciente de esto, Mann aparca la película para seguir con lo suyo, pero, obsesionado con la historia de “La banda de la mano”, le da vueltas a la cabeza y decide convertirla en una serie para televisión. De este modo, la monta a modo de episodio piloto.
El material se nota apresurado y algunas secuencias no se entienden bien, por lo que no se da luz verde al proyecto de serie, y el montaje de lo que se iba a presentar como episodio piloto es finalmente estrenado en salas, de mala manera, deprisa y corriendo. Resultaría un fracaso que, además, fue asediada por la crítica. De hecho, en los premios stinkers de ese año, una suerte de anti-Oscar yankis cuyo trofeo es la reproducción de una taza del váter rodeada de celuloide, “La banda de la mano” compitió en la categoría de peor película perdiendo ante “Howard: Un nuevo héroe” que ese año arrasó como mala película (cosa que no entiendo). Después de aquello, aun vendida al extranjero, quedaría condenada al olvido.
Desde luego se trata de una película bastante tonta que resulta demasiado infantil para el público adulto, y demasiado violenta para el público infantil. Asimismo, el cambio de tono en los tres actos es tan marcado que cuando, en su meridiano, parece que estamos ante un tipo de película concreto, al llegar los personajes a la selva parece que estemos en otra. Y al regresar a la ciudad, volvemos a notar un cambio radical, asemejándose a una epopeya barata de Charles Bronson, sin Bronson.
En definitiva, un desbarajuste que, aun con un par de momentos medio memorables, no resulta interesante a ningún nivel, máxime cuando hablamos de acción, con explosiones y tiros, terriblemente aburrida en el grueso de su hora y media larga.
En el reparto destacan Lauren Holly y Laurence Fishburne, que después se harían populares, James Remar, o Danny Quinn, hijo de Anthony Quinn, quien posteriormente se casaría con Lauren Holly y protagonizaría un sonado juicio por malos tratos en Hollywood del que se acabaría declarando culpable.
En cuanto a director, Paul Michael Glaser, tras este debut comenzaría su carrera y rodaría clásicos como “Perseguido”, “Una tribu en la cancha” o “Kazaam”… y luego otra vez a currar a la tele.
“La banda de la mano” es bastante mala y bobalicona, pero ahí queda.

viernes, 15 de octubre de 2021

GRETA Y SUS REUNIONES SESUALES

Estamos ante un porno español ochentero de los muchos que se facturaron para ser proyectados en salas con la legalización del género en España tras la muerte del cine “S”. Y que conste, que el motivo por el que decidí ver esta película, fue únicamente la tremenda falta ortográfica que, desprejuiciadamente, luce su caratula de vídeo en la que hasta aparece Traci Lords que, lógicamente, no hace acto de presencia en la película (sin mentar el extraño efecto causado por el fotomontaje, donde parece que la chica tenga la cintura puesta del revés, con el culo ejerciendo de coño). Pero eso de “Greta y sus reuniones seSuales”, me hizo una gracia acojonante, así que dije: “¡que coño! Vamos a verla”. Y no hice mal…
Protagonizada por una Mabel Escaño, que compaginaba el porno con los trabajos de actriz convencional, y con la presencia de actores que serían habituales en la filmografía, porno o no, de Jesús Franco en los 80 (está por ahí el mueble José Llamas que aparece acreditado bajo el seudónimo de Luigi), tenemos aquí lo habitual del porno de la época, esto es: mucho vello púbico, pollas que tienen cierta dificultad para enderezarse, muchas frases sucias y una trama vodevilesca heredada de la comedia española que hace que la película sea casi soportable, con insultos y chascarrillos que provocan la hilaridad del espectador, tales como  el “¡Traga mamona!” que suelta con violencia el actor de doblaje al que le tocó llevar a cabo este trabajo alimenticio —mientras que el actor al que dobla folla, pero en realidad mantiene su apestosa boca cerrada—.
La cosa no tiene un gran argumento. Básicamente, cuenta la historia de la tal Greta, que regenta una especie de burdel, donde tanto los clientes como las prostitutas se lo pasan francamente bien. Lo que empieza como un encuentro uno contra uno, acaba convirtiéndose en una orgía, mientras se pasa por todas las combinaciones “sesuales” posibles entre los tres o cuatro actores protagonistas. No hay más. Pero la película en sí tiene cierta gracia, ya que, tras unos títulos de crédito escritos a rotulador sobre cartulinas blancas, pasamos a diez minutos de cine de vanguardia accidental, en los que vemos, con dos cojones, la filmación de un viajecito en coche, con un montaje que combina imágenes del trayecto con la cámara filmando desde el asiento del copiloto hacia la carretera, en las que escuchamos como una mujer goza y dice guarrerías de lo más cerdas. Ya solo eso hace que la película cobre cierto interés. Después de eso, porno convencional, como ya les digo, eso sí, con un montaje super dinámico en las escenas de folleteo, en las que no paran de bombardearnos con distintos planos del acto sexual, para, luego, resolver las escenas de diálogo en un solo plano en el que el zoom de la cámara se acerca y aleja del rostro del actor con el fin de darle un poco de ritmo a ese estúpido plano único.
Y poco más… resulta cerda, cutre y chabacana, pero ligeramente divertida, porque sus protagonistas no paran de decir guarrerías y hacer chascarrillos mientras follan y eso siempre es de agradecer.  Por supuesto, descartamos excitarnos con toda esta amalgama de conceptos marranos. Nos quedamos con lo antropológico.
Era la época del porno en salas, por lo que no es de extrañar que durante su periplo, la fueran a ver nada menos que 30.000 espectadores. Para lo que debió costar esto, negocio redondo, seguro.
Dirige el cotarro Manuel Mateos, de profesión director de fotografía, que cogió la cámara para directores como Mariano Ozores, Javier Aguirre o la serie “La huella del crimen”, pero que cuando da el salto a la dirección lo hace, primero, con una disco movie de tercera regional titulada “Fiebre de danza” (en obvia alusión a “Fiebre del Sábado Noche”), para luego, rápidamente, pasarse al porno y orquestar  un film titulado “Porno bélico” —cuyo título también me chifla— y la que nos ocupa. Tras estos escarceos autorales en distintos géneros, no volvió a ponerse detrás de la cámara para dirigir, aunque todavía se encargó de la fotografía de unos cuantos títulos de Ozores destinados al mercado del vídeo. Curioso señor, este.
Por supuesto, mantengo en la cabecera de esta entrada el título tal y como lo vemos en su caratula de vídeo, faltaría más.

viernes, 19 de julio de 2019

PARCHÍS, EL DOCUMENTAL

Obviamente un documental como este, es esperado como agua de Mayo por todo aquél que fuera niño en los ochenta y hoy ronde una edad comprendida entre los 40 o 50 años, tan solo por el hecho de que se trata sobre un documental sobre Parchís.
Por otro lado, tenía constancia desde hace algún tiempo de que este documental se rodaba y  los palos que iba a tocar, por lo que me olí en su momento algo de sensacionalismo al respecto, motivo por el cual, generaba, por un lado, cierto interés, y por otro, cierta desconfianza.
No obstante, el trailer ya hacía calentar los motores con muy buena pinta, alentándonos de que lo que íbamos a ver podía estar muy bien, y tras el su estreno recientemente en Netflix y el hype generado por todo tipo de espectadores en las redes sociales, espectadores estos que, la mayoría de las veces, se han quedado a en la superficie de lo que en realidad es una historia muy compleja, no me podía imaginar que el documental al que me iba a enfrentar era tan jodidamente bueno, superando, con creces, mis expectativas. Es una obra de referencia desde ya,  no solo en lo concerniente a los documentales sobre el mundo de la música, sino de los documentales en general.
La estructura es la normal y lógica: cabezotes parlantes. Y se resuelve a través de entrevistas a  CASI TODOS los artífices del fenómeno Parchís (no falta ni Rodrigo Valdecantos, ni Javier Aguirre…) se nos cuenta la creación, auge, mega-auge, caída y descenso a los infiernos del grupo infantil más popular de todos los tiempos, pero todo ello mostrado con un ritmo y, creo, que un rigor a prueba de bombas. Un documental que cuando intuyes que se va a terminar, te da pena que se termine.
Entonces, la parte buena del asunto viene en todo lo que se puede suponer más amarillista. No es que “Parchís, el documental” tire de sensacionalismo y cotilleo barato. En absoluto. Lo que pasa es que es un documental que se centra en acontecimientos de hace ya casi cuarenta años, y todos los protagonistas hacen un ejercicio de honestidad y cuentan lo bueno, lo malo y lo regular de lo que supuso el fenómeno Parchís.
Las conclusiones que saco acerca de su visionado son que Parchís era la máquina de hacer dinero de una serie de mafiosos con muy mala leche, que cuando hay dinero a nadie le importa el bien estar de unos niños, mucho menos (o principalmente) a sus padres que les echan a los leones de la misma siniestra y egoista manera que los padres de las víctimas infantiles de Michael Jackson hicieron de mamporreros para él. Y estos actos se justifican con esa sentencia tan manida de que “los niños estaban a gusto”.  Sin embargo, creo que las secuelas de esta fama desmedida, que no se ha cobrado ninguna tragedia, como bien dicen al final del documental, si que ha dejado ciertas secuelas en sus componentes, que gestionan con peor o mayor suerte. Por ejemplo, David, hacia el final del documental, cuenta al resto de sus compañeros que cuando se fue a vivir a Nueva York hace ocho años, no podía imaginarse que en su propio trabajo, una compañera le iba a reconocer y que todo el mundo le iba a felicitar por su paso por el grupo. Sinceramente, creo que este caballero está fantaseando con lo que a él le hubiera gustado que hubiera sucedido. Puede que sea cierto lo que cuenta, pero por cómo lo cuenta, y por el mero hecho de que es el único miembro de Parchís al que más ha transformado el paso del tiempo —es de todos los componentes el que menos se parece al niño que fue— hacen que, desconfiado como soy, no me lo crea, y considere que lo que pasa ahí es que, igual, no lleva demasiado bien el hecho de pasar de ser todo a no ser nada. Sólo digo que pueda ser posible.
Por lo demás, a todo lo que ya conocemos, y sin llegar a ser una cosa del todo  sensacionalista y desmesurada, a la historia de Parchís súmenle desmadre, alcohol, drogas, sexo a destiempo, pederastia, frustraciones, envidias, corrupción por parte de los empresarios, discusiones con los coreógrafos y señoras adultas a las que se follaba Tino en la pubertad. Pero como lo estoy contando yo, si es sensacionalista…
Altamente recomendable, como documento histórico y como documental. Al finalizar, hasta he aplaudido.
Dirige con maestría Daniel Arasanz con amplia experiencia en el mundo del documental sobre música, y que ya era popular por un documental que, paradójicamente, y pese al contraste de envolturas de ambos, era más amable que este: “Venid a las cloacas: La historia de La Banda Trapera del Río”.

lunes, 25 de marzo de 2019

LOS PADRINOS

Segunda película que protagonizaron los payasos de la tele en tierras argentinas, y última de una carrera que debería haberse lucido más en cine.
Es muy curioso el hecho de que, los payasos, cuya carrera fue tan fructífera durante décadas, tan solo diera para tres películas americanas. No logro comprender como es que no hicieron ninguna película española, que hubiera sido de recibo, a las órdenes de, por ejemplo, un Javier Aguirre.
En esta ocasión, y volviendo a escribir y dirigir la película Enrique Carreras, artesano argentino de los de toda la vida, se nos ofrece una trama desarrollada en los años 20 en la que Gabi, Fofó, Miliki y Fofito se tienen que ocupar de una bebé que es perseguida por unos mafiosos al estar involucrada la niña en una extraña trama de adopción ilegal (o algo así). Para que no se sepa donde está, se la entregan a los payasos que mientras la cuidan, tienen que intentar buscarse la vida como artistas en Buenos Aires a la par que se representarán sus canciones y se nos narran sus peripecias. Para darle color al asunto, una joven guapa y lozana se une a ellos, haciéndose pasar por chico ya que los payasos precisan de un mozo de equipajes.
La película, obviamente, es lo de menos. Su trama es liosa, está mal desarrollada y, en el peor de los casos, tanto a sus artífices como al espectador nos importa tres pimientos, aquí lo que importa es poder ver a los payasos interpretando sus canciones y sus sketchs, y de eso hay a mansalva durante la hora y media que dura la película. Entonces, sí, nos quedamos satisfechos de payasos, pero, y como también ocurría en “Había una vez un circo” da la sensación de que están desaprovechados, que no acaba de cuajar la subtrama en la que los vemos a ellos como niñeros de la bebita y que, en definitiva, cuando no están cantando, la película es aburrida y no funciona. Tampoco las canciones, muchas de las cuales están concebidas en exclusiva para la película, son lo suficientemente memorables, lo mismo ocurre con los gags; aunque pueda haber alguno gracioso, no llegan nivel de lo que, al menos en España, nos tenían acostumbrados en televisión.
Con todo, y a nivel retrospectivo y nostálgico, solo por ver a los payasos en una película merece la pena echar un visionado a la cinta. Es rancia, cursilona, lenta y aburrida, pero son Gabi, Fofó, Miliki y Fofito. Y eso siempre es una garantía.
El director, Enrique Carreras, poco después comenzaría una fructífera etapa dirigiendo algunos de los títulos más memorables de Olmedo y Porcel.

lunes, 17 de diciembre de 2018

SOLTERO Y PADRE EN LA VIDA

“Soltero y padre en la vida”, al margen de tratarse de un film alimenticio de tantos que realizó Javier Aguirre, que a su vez explotaba el tirón de otra película también de su autoría para lucimiento de Lina Morgan, “Soltera y madre en la vida”, dónde una señora tiene que cuidar un niño sin ayuda de padre alguno, es un film de consumo y uso absolutamente popular que nos presenta la geometría de un Javier Aguirre, artesanal, mercenario, en absoluta forma física. En esta vuelta de tuerca, un meapilas  interpretado por el estupendo José Sacristán pre-pedantismo, se enamorisquea de una hippie —con la cara y forma de Nadiuska— que vive en el piso de enfrente. Cuando esta trata de escapar, ya que es detenida junto con los hippies con los que vive, por escándalo público, se afincará en casa de este meapilas, teniendo con él una relación sexual. Queda embarazada, pero como es una hippie, decide largarse de allí dejando el bebé al cuidado del  hombrecillo, que como buen macho, no tiene ni idea de cuidar a un niño. Así que comienzan las descacharrantes peripecias de este hombre con un bebé.
Y se podría hablar del subgénero de “Papás solteros” con esta cinta y tantas otras que hay de semejante índole y que fueron un éxito de taquilla (a saber; “Las locas peripecias de un señor mamá”, “Tres solteros y un biberón”, “Un genio en apuros”…)
Por otro lado, la película refleja una España del franquismo en la que los hombres no sirven para cuidar niños y las mujeres traen esos cuidados de serie. El personaje de Florinda Chico, vecina cotilla del personaje de Sacristán, acude al rescate ya que aunque nunca ha tenido hijos, sabe exactamente que hacer porque, y cito textualmente, “las mujeres, ya se sabe”. Asimismo, el jefe del personaje de Sacristán, interpretado por un enorme Antonio Ferrandis, al que no se sugiere ninguna ideología política, pero que por su modus operandi suponemos de extrema derecha, es un acosador sexual de padre y muy señor mío que no hace más que soltar improperios —y vanagloriarse de ello— a cualquier fémina que se le pone a tiro durante toda la película. Todo esto, sin condenarlo, mostrándolo con cierta chufla, como si fuera normal.
No es para llevarse las manos a la cabeza siendo una ficción de 1972, lo triste es que este tipo de seres existen hoy en pleno 2018. Sin embargo es una actitud condenable de una película de otro tiempo dónde todo funcionaba de otra manera. Por ello a día de hoy se le critica. Bien, yo no quiero este tipo de seres en la vida real, pero en una película, son inofensivos. Lo fueron en los setenta y lo son hoy. Lo demás, son tonterías, así que, pasen páginas, señores defensores de los valores humanos, la moral y la corrección política.
Por otro lado, decir que si tuviera que poner un ejemplo de lo que entiendo por “Españolada”, uno de los que pondría, sería este “Soltero y padre en la vida”, que responde a la etiqueta como si la película hubiera sido concebida para ella.
Y sin más, tan solo decir que se trata de una película dinámica y divertida, con un pulso narrativo y cómico como solo podían tenerlo aquellas “españoladas” y que casi 50 años después de su concepción, esta película se disfruta ¡a las mil perfecciones!
Para pasar el rato, que es lo que yo pretendo cuando me pongo una peli, aunque esta sea de arte y ensayo, “Soltero y padre en la vida” es una película adecuadísima. Compruébenlo.

lunes, 22 de octubre de 2018

EL CONSENSO

“El Consenso”, película 100% destape rodada a toda prisa por Javier Aguirre, resulta un extraño revulsivo para la otra gran corriente pajillera de la época, el cine “S”.  De hecho, “El Consenso” se sirve de la existencia de esa nueva clasificación para hacer algún que otro chascarrillo, algún que otro chiste. Sin embargo, al final la película es una cosa de lo más vulgar y primitiva que, aún haciéndome cierta gracia, su existencia justifica el trato peyorativo que las películas de destape tuvieron por el nuevo cine bienpensante a posteriori, lo que, como muestra de ello, este estatus le concede un valor añadido.
Cuenta la historia de unas prostitutas que quieren tener mayor presencia en su región. Sin embargo, un grupo de señoras beatas hará todo lo posible para erradicar la prostitución de la zona. Una de estas beatas es la novia del farmacéutico y no mantiene relaciones con él hasta que se casen, por lo que este está salido como un mono. Las putas, aprovecharán esta situación para obligar al farmacéutico a tener sexo con ellas. Tras pegarse el festival, el farmacéutico se vuelve el principal benefactor de las prostitutas.
Como ya he dicho, la cosa tiene cierta gracia, pero conociendo los modus operandi de Aguirre, a él esta película no le hacía ni puñetera gracia, por lo cual la descuidó en exceso.
Sin embargo es una película un tanto ignota que viene bien descubrir (o redescubrir) sobretodo para dejar claro que las películas de Pajares y Esteso, adscritas al destape, son un alarde de sutilidad y buen gusto, comparadas con otras como  esta (y tantísimas otras) que apelan bastante más a lo chabacano y los bajos instintos. Con todo, igualmente interesante.
Sobretodo, el principal valor de la cinta reside en  poder ver a Ricardo Merino como protagonista, cambiando de registro según le conviene al personaje —saltando de farmacéutico virgen a chulo de putas de escena a escena, sin inmutarse— . Por otro lado, también es siempre un placer  para los sentidos poder ver a Azucena Hernández, que interpreta a la criada de la beata novia del farmacéutico, gracias a la cual, la beata, interpretada por Helga Line, dejará de serlo tanto, y que, como en la mayoría de las películas en las que intervino Hernández, vemos como Dios la trajo al mundo. Aunque yo siempre he defendido que tras el San Benito que tiene colgado por el tema este del destape, en Azucena Hernández siempre encontré una simpática, pizpireta y cómica actriz.
También tenemos a Antonio Garisa, ya entrado en la tercera edad, dando vida a un obispo que frecuenta y defiende los burdeles, mientras que en un tercer plano tenemos la intervención, muy secundaria, de Eloy Arenas y Manolo Cal, cuando eran el dúo cómico Arenas y Cal.
Curiosa, sin más.

viernes, 5 de octubre de 2018

LIGERAMENTE VIUDAS

De entre todos los trabajos alimenticios que realizó Javier Aguirre, que van desde el cine de terror a mayor gloria de Jacinto Molina, el cine infantil al servicio de Parchís,  o la comedia pura y dura  —no está nada mal para un señor que lo que le gusta hacer es cine meramente experimental, lo que el llama “anti-cine”—, de entre todos los palos que tocó durante el tardo franquismo, justo antes de la llegada del destape (al que Aguirre se acercó ya en los años 90 con la desfasadísima “El amor sí tiene cura”), si existe una película que yo utilizaría para mostrarle a un neófito lo que es la españolada, puede que, con permiso de algún landismo recalcitrante, le  hiciese ver esta “Ligeramente viudas” que probablemente se encuentra entre lo peor de su director, pero que contiene todos los clichés que ha de tener el subgénero en sí mismo. Porque tenemos un par de individuos que se dedican a ligar guiris, tenemos dos viuditas que se descocan para la ocasión, tenemos una trama de enredo que tarda en aparecer, pero que cuando lo hace, lo hace con contundencia, tenemos picardías, corsés y  todo el contenido picante que una película española podía tener en 1976, y tenemos a Saza (lo cual es un aliciente), así como un poco de sainete, otro poco de vodevil, y el heterosexual que para salvar una situación se hace pasar por mariquita. Un compendio de todo. Filmes de los sesenta pueden carecer del elemento pseudo erótico así como filmes de los setenta pueden carecer de cierta mentalidad mojigata por parte de los personajes que, sin embargo, aquí sí tienen, entonces, siendo mejor o peor película, lo que sí que es “Ligeramente viudas” es una españolada en toda regla.
Cuenta la historia de dos mujeres de personalidades opuestas que pierden a sus respectivos maridos en un accidente, así que deciden afrontar juntas su nuevo estado civil. Pasado un tiempo prudencial, decidirán  disfrutar de su recién adquirida libertad, por lo que, para divertirse, deciden cazar a un par de solteros vividores y “ligaguiris”, que para lo que ellas los quieren les sobra y les alcanza. Claro que mientras que una tan solo se quiere pegar unos revolcones, la otra anda pensando en  tener una actitud más pasiva con los hombres, lo que generará un sin fin de conflictos en lo que en realidad es una carrera sin frenos hacia las segundas nupcias.
En  realidad, nada nuevo que no se hubiera visto en pleno 1976 nos ofrece Javier Aguirre en esta cinta más allá del compendio de clichés, por otro lado tan manidos, de los que antes les hablé, pero al igual que cualquier españolada, ver esto después de la siesta en el sofá se convierte, sin duda, en una agradable y divertida experiencia, máxime si le pilla a uno con la risa tonta.
Al margen de todo esto, especialmente reseñable me  parece el momento en el que los protagonistas van al cine y entran a ver “El asesino están entre los 13”, película que unos meses antes había estrenado Aguirre. La gracia está en que entre nuestros protagonistas y dos señores que hacen las veces de acomodadores, van comentando lo que van viendo en la pantalla, acertando de pleno en las carencias de la película con sus comentarios, esto es, que si no pasa nada, que si hablan mucho, que si tarda en salir la sangre. Un ejercicio de metacine que se me antoja lo mejor de la película, y muestra la capacidad que tiene el director para reírse de sí mismo. Claro, que supongo que el hecho de odiar el cine alimenticio que hizo siempre Aguirre, ayudaría a la eficacia del gag. Vamos, que probablemente Javier Aguirre tan solo escribiera lo que pensaba sobre su anterior película mientras redactaba el guion de esta.
En los papeles estelares, Esperanza Roy, María Kosti, Paco Valladares, José Sazatornil “Saza” y Blacky.
Para echar un ratillo, alcanza de sobra.

miércoles, 1 de marzo de 2017

LOS FOTOCROMOS (Y EL POSTER) DE "EL AMOR SÍ TIENE CURA"

Una película de 1991, dirigida por mi admirado Javier Aguirre y protagonizado por el no menos admirado Fernando Esteso, que en tiempos en los que ya se imponía lo que se llamó "Nuevo cine Español", se empeñaba en alargar, sin ninguna gana por parte de los artífices, el cine de destape que se estilaba apenas hacía siete u ocho años. El resultado es un poco desastroso, pero ahí queda, como rara avis de la época y como lo qué podíamos considerar la última muestra de un subgénero del cine español, que tiene todas las trazas de volver... aunque sus artífices no lleguen a estos a las suelas de los zapatos.
Ahí van los fotocromos (y el poster).













jueves, 6 de febrero de 2014

LOS PECADOS DE MAMÁ

Una de las películas más extrañas de Javier Aguirre dentro de su vertiente comercial (que como director de cine experimental, ya sabemos que es rarito), y que buscando info de la misma en Internet, lo único que encuentro es una pequeña reseña de un pase de la misma en televisión en el año 1992, de un crítico del país, que por otro lado, no la firma y que reza de la siguiente manera. “Una comedia que da reparo ver a estas alturas de nuestro siglo. Un fiasco camp y de lo más vulgar”. Y se queda tan pancho.
Bueno, hay que ser un mastuerzo para no ver que esta película es producto de una época, y, sobretodo, que es una comedia, por lo tanto no es como para indignarse.
Pero el principal punto fuerte de esta película es que, comenzando como una alocada y zafia comedia de destape, según va avanzando se convierte en un drama de corte social, con el engaño y los cuernos de  por medio, y siempre con consecuencias catastróficas de cara a terceros. Digamos que arranca como una absoluta gilipollez  para volverse algo más trascendente en su desenlace.
Un padre de familia, con un puesto de trabajo privilegiado, es adicto a las revistas guarras. Un buen día, su mujer se las pilla ydespués del rapapolvo, accede a hacer todas las guarrerías de las revistas, pero le coge gusto a la jodienda y en consecuencia, su marido no podrá con tanta actividad sexual, por lo que no rinde en el trabajo ya que le deja echo polvo. Así que acepta un traslado a Guinea, a pesar de su racismo exacerbado, con el fin de tomarse vacaciones de su mujer y el sexo que le proporciona.  Como esta está ya cachonda perdida, no dudará en tirarse al novio de la sirvienta, un boxeador que responde al nombre de “Rockillo”, lo que desencadenará una serie de dramas.
Lo dicho, una cosa de risa que se torna seria, que fue un fracaso de taquilla para lo que Aguirre estaba acostumbrado a facturar (88.000 espectadores), y que tuvo una segunda vida en el vídeo-club, ya que, conscientes de que el póster original era poco atractivo, diseñaron un cartel más acorde con los gustos de la época, en la que se la vende como comedia pura cediéndoles el protagonismo a la criada y al novio boxeador,  vendiéndonos la película como una posible parodia del mundo de boxeo y de “Rocky” en particular. Nada más lejos de la realidad.
En el reparto, grandes de la época como Ricardo Merino, María Kosty, Luis Lorenzo y Fernanda Hurtado, cosa que es una rara avis, puesto que cuando las Hermanas Hurtado hacían cine, o lo hacían juntas, o lo hacía Paloma Hurtado, nunca una de las gemelas como es el caso.
Bueno, no es para tirar cohetes, se puede ver y listo. Más que nada a destacar por película atípica dentro de la españolada, pero nada más.

lunes, 9 de diciembre de 2013

EL HOMBRE QUE VIO LLORAR A FRANKENSTEIN

“El hombre que vio llorar a Frankenstein”, más que un documental sobre la figura de Paul Naschy, es, al igual que el libro que se editó por las fechas en las que se rodó el documental, un sentido homenaje a un hombre que, efectivamente, había hecho mucho por el cine fantástico en nuestro país, y que, además,  acababa de morir. Lo que se traduce, hablando “barriobajeramente”, en una monumental “comida de polla”. Me parece bien, sobretodo porque en ningún momento se hace alusión a la posible calidad de sus películas y, aunque tampoco se dice lo contrario, se trata de un documental tremendamente honesto.
Y funciona a la perfección, porque si, de cualquier forma, como fan de Naschy que me considero, el hecho de que fuera un documental de cabezotes parlantes en el que dinosaurios de nuestro cine fantástico aparecen parloteando sobre las bondades de Jacinto Molina, ya me hubiera bastado, imagínense la impresión que me llevo de este que, además, cuenta con la presencia de fans yankies, y celebres, de los que yo también puedo, o no, ser fan.
Así,  presentado –muy bien, además- por Mick Garris, el documental cuenta con la presencia de gente como Don Glut, que dirigió la primera película americana de Naschy, la horrorosa, pero curiosa “Countness´s Drácula Orgy of Blood” que afirma que cuando se enteró de que a Naschy se le homenajeaba en los USA, corrió a contratarle para pegarse el gustazo de dirigirle en una película, o dos de los directores cuyas películas sobre hombres lobo, son las mejores que se han rodado en la historia,  Jonh Landis (“Unhombre lobo americano en Londres”) y Joe Dante (“Aullidos"). Mientras que el primero comenta que era un gran fan del hombre lobo español, y cuenta curiosidades sobre los estrenos yankies de sus películas – “La marca del hombre lobo” se estrenó en USA con el engañoso título de “Frankenstein bloody horror”- el segundo nos indica que uno de los hombres lobo de “Aullidos”, que lleva por nombre Jack Molina,  se llama así en homenaje a Jacinto Molina, uno de los hombres lobo mas queridos por él.
Así mismo, Caroline Munro, discreta como ella sola, cuenta, como siempre, la gran profesionalidad de su partenaire en “El Aullido del diablo” y Del Howison nos cuenta el encontronazo de Naschy con  Forrest Ackerman.
Por lo demás, declaraciones de Javier Aguirre, Miguel Iglesias Bonns, Ángel Sala, Jack Taylor, María José Cantudo, Antonio Mayans, así como de distintos familiares de Naschy, que entre lo que cuentan, las imágenes de archivo y el repaso, no ya a la filmografía del actor/guionista/director, si no a su propia vida, convierten el documental en una cosa harto entretenida, y en una obra imprescindible para completistas de la obra de Naschy.
Produce el asunto  “Sci Fi World” (si, la revista), y  dirige Ángel Agudo, el mismo que se encargó de escribir la ultima biografía de Naschy en salir al mercado.
Atentos a los títulos de crédito iniciales, calcados en cuanto a estilo, a los de la serie “Masters of horror”. Claro que eso, quizás sea porque está Mick Garris de por medio.
Recomendable.

miércoles, 12 de junio de 2013

3 BÁRBAROS EN UN JEEP

Por todos es sabido que “Los payasos de la tele” son sobradamente famosos en todos los países de habla hispana. Y aunque, prácticamente, ninguno  de la formación original (Gaby, Fofó y Miliki) nació en Sudamérica, curiosamente, y debido a su profesión bohemia de payaso, triunfaron mucho antes en aquellos países que en España, dónde su éxito quedó fuera de todo precedente.
 Bien instaurados a partir de los años setenta en la piel de toro, sin embargo, sus películas son todas sudamericanas y anteriores a la etapa por la que todos los recordamos.
Así pues, la primera película de “Los payasos de la tele” data de 1948, es de procedencia Mexicana y se titula “El nieto del zorro” y la que nos ocupa, segunda y ya acreditados como Gabi, Fofó y Miliki, “Tres bárbaros en un Jeep”, de procedencia Cubana y de 1955, una prueba viviente  del talento de los payasos.
Cuenta una trama vodevilesca en la que, estando en el ejercito Cubano, el teniente Gabi ordena a sus reclutas Fofó y Miliki que encuentren un jarrón en cuyo interior se encuentran unos documentos de gran importancia. Juntos pasarán por todo tipo de vicisitudes, hasta que la cosa se resolverá de la manera  más tonta, como nos acostumbrarían años después con sus sketchs.
Está claro que en esta obra primigenia de los payasos, se les ve igual se sueltos que cuando los veíamos por la tele 30 años después, si bien es cierto que para la ocasión su humor físico es muy deudor del cine mudo y del “slapstick”, en lo verbal se trata exactamente el mismo que usaron, y que usan hoy sus descendientes en sus shows circenses; trabalenguas y chistes de tipo: “- Son ustedes unos músicos consumados… - Si, consumados, conrestados, conmultiplicados y condivididos.”. Un tipo de humor que pese a ser una película de tercera de los años 50, a mí por lo menos me funciona.
Sin embargo, la peli es torpe, básica y con un serio problema de ritmo. Además hay que decir que, salvo un par de buenos gags y un par de numeritos musicales por parte de los payasos, es un coñazo de padre y muy señor mío que se aguanta gracias a sus protagonistas. Eso si, a duras penas.
La gracia de “Tres Bárbaros en un Jeep” es el poder ver a Gabi, Fofó y Miliki ( Fofito era un bebé, Milikito y Rody, aún no habían nacido… y lo hicieron ahí, en La Habana…) de veinteañeros, vestidos de una forma totalmente distinta a como los conocimos nosotros y haciendo exactamente lo mismo que han hecho siempre.
Una curiosidad absolutamente entrañable.
El director de esta joya olvidada es Manuel de la Pedrosa, uno de los directores clásicos del cine Cubano, que como todo director Cubano que se precie de serlo, tiene una filmografía muy cortita… y aún así, es uno de los que más películas tiene en su haber.
Años más tarde, ya con Fofito de adolescente, y en Argentina, los payasos rodaron sus películas más populares, “Había una vez un circo” y “Los Padrinos”. Lo raro es que no los cogiera por banda Javier Aguirre o Luis María Delgado.

sábado, 1 de diciembre de 2012

MI AMIGO EL VAGABUNDO

Mantengo la teoría, de que lo mejor que hizo Paul Naschy, son las películas que el dirigió, y más concretamente, las que dirigió fuera del fantaterror. Que estas, no obstante, fueran ninguneadas, es otro cantar.
Así pues, y con permiso de “El Caminante”, estaríamos ante lo que yo considero, la mejor película de Jacinto Molina. Si, como lo oyen, técnicamente y narrativamente hablando. Una peliculita destinada a un público familiar, con la navidad como telón de fondo y con una historia que ya hemos visto mil veces, pero que como película de entretenimiento que es, funciona. De hecho, salvo por algunos aspectos muy ligados al universo “Naschyano”, podría pasar perfectamente por una película de corte popular de Javier Aguirre.
Y es que todas las carencias de las que hace alarde Naschy en sus películas, no son tales en “Mi amigo el Vagabundo”. Es una película para todos los públicos, para lucimiento de su protagonista José Luis López Vázquez, rauda en su ejecución y entretenida, que va al grano y cauando se acaba, te quedas tan agustito.
“El Duque” (Olvídense de Miguel Ángel Silvestre), es un músico ambulante que malvive tocando canciones de tipo autor en el metro. Va acompañado de un niño al que suponemos su hijo. Pronto descubrimos que se trata del hijo de una puta, que murió en un accidente de tráfico, y que está con “El Duque”, porque este decidió hacerse cargo del niño que estaba solo. Un buen día el niño, Sergio, conocerá a una pareja adinerada que perdieron al hijo que esperaban, y se encaprichan con el, así que deciden adoptarlo, apartándole de la tutela de “El Duque”, que no tiene donde caerse muerto. Un secuestro de por medio, y la inaguantable separación de vagabundo y niño, completan la película.
Lo de siempre, y como es obvio, acabará bien.
Jacinto Molina, luciendo un peluquín que me da envidia hasta a mí, no sabe estar en una película sin disfrazarse, así que, colándonos una serie de sueños que tiene el niño, aquí se nos disfraza (y disfraza al pobre José Luis López Vázquez) de Cowboy, de Mosquetero, y de dios sabe que mamarrachadas más, y son los únicos momentos en los que pasamos vergüenza ajena con la película. Y es que a Naschy, se ve que le gustaba un montón disfrazarse, como ya demostró en “El aullido del diablo” o en “El último Kámikaze” o en esa obra maestra del despropósito que es “Operación Mantis”, y es que no conozco persona en el mundo que le queden peor los disfraces que a el. Lástima que no se diera cuenta en el momento de rodar estas películas, máxime cuando, como es el caso, los disfraces utilizados son de tienda de disfraces normal y corriente… así al sombrero de “El Zorro” que luce López Vázquez en uno de esos sueños, se le ve hasta la tira blanca de tela. Y de la “Z” en el pecho, mejor no hablar.
Pero por lo demás, un correcto melodrama familiar que se ve con agrado. Siempre y cuando sean del agrado del espectador películas como “La gran familia” o productos navideños por el estilo. Particularmente, me gustan estas lacrimógenas ñoñadas.
Junto a López Vázquez aparecen un buen número de clásicos del cine español como puedan ser José Bódalo, Gracita Morales, Florinda Chico, además del propio Naschy que interpreta al adinerado señor que adopta a Sergio, que este a su vez, valga la redundancia, lo interpreta Sergio Molina, hijo Jacinto. Entretenidilla. Y lamento un montón haberla visto anoche, y no el día de nochebuena, que en esas fechas, que además son las fechas para las que se concibió esta película, si que la hubiera disfrutado al máximo.
Pero claro, yo es que soy un snob y un excéntrico.

martes, 20 de noviembre de 2012

CRIMEN EN FAMILIA

El jefe de una empresa de construcciones, es un hijo de puta redomado. Ultraderechista de los que pegan palizas, va armado, le gusta la caza y no tiene moral ninguna. Y se dedica a putear a su familia hasta límites extremos, a su mujer y a sus hijos, pegándoles, insultándoles, violando a su mujer… un hombre sin humanidad alguna. Hasta que un buen día, su familia, harta de sus vejaciones, planea asesinarle.
Ese es el sencillo argumento de esta película española, de cuando las películas españolas molaban. Y de los noventa y cinco minutos de peli, noventa nos muestran solamente las vejaciones a las que somete este individuo a todo el mundo, sobretodo a su familia, siendo el cenit de la aberración el momento en el que agarra violentamente a su mujer y anima a su guardaespaldas a que se la folle. Desde luego, es una película que está entretenida, que va al grano y se deja de gilipolleces. Aquí lo que interesa es poder ver a un actorazo como la copa de un pino luciéndose en un papel que le va de perlas: Agustín González haciendo de facha cabrón, está en su salsa, además que se trata de uno de estos papeles para demostrar que era un gran actor y no solo ese señor que se cabrea tanto en las españoladas. En “Crimen en famila”, da hasta miedo. Pero hacer un papel dramático de este porte, no le impedía a González hacer todo tipo de películas, sin importarle demasiado el valor cinematográfico o la calidad de estas, apareciendo en “Martes y 13, ni te cases ni te embarques” de Javier Aguirre, o en esa Infra-película rodada en vídeo para lucimiento de “El Fary” que es “Ojos sin luz” (Comentada en “Malas pero divertidas”) del infame Juan Alcázar.
Así que la película es él. El resto de actores no están a la altura en absoluto, así que cuando González no aparece en plano, la película cae en picado en todo momento. Tenemos a Cristina Marsillach, que trabajó en el cine por ser hija de quien era, pero la verdad es que es tan mala actriz, que aquí tienen que doblarla. Tenemos a Charo López, que está sobrevaloradísima y jamás resulta creíble, o a otro hijo de papá, Fernando Guillén- Cuervo, que si ahora es malo, en la época, de jovencillo, era aún peor.
Así que en resumidas cuentas, la peli, sin estar mal, mola porque vemos a Agustín González haciendo el bruto, soltando frases fascistas de llevarse uno las manos a la cabeza y tratando mal a todo el mundo.
Dirige la película Santiago San Miguel, en cuya filmografía, lo más destacable es esta peli.
No confundir con la película Yankie “Crimen en familia” protagonizada por Ryan Goslin y Kristen Dunst del año 2010.

domingo, 11 de noviembre de 2012

RUBY

El clásico por antonomasia de Curtis Harrington, director de algunos capítulos de las famosas series “Dinastía”, “Los Colby”, “Hotel”, “Los ángeles de Charlie” o “Más allá de los límites de la realidad”, resulta ser una “explotation” de “El exorcista”, con incuestionables toques de autor y, también, incuestionables toques de inutilidad. No en balde, Harrington en sus ratos libres rueda cortos de corte experimental, aunque para ganarse la vida tenga que rodar títulos populares. Una especie de Javier Aguirre a la americana.
Pero “Ruby”, no es el típico título que expolia a saco la película de William Friedkin, no. Harrington crea una historia propia con gángsters de los años 30 metidos de por medio, un sentido homenaje a los “Drive-in” (o sea, autocines), y luego ya, en el ecuador de la película (y en plenos años 50), mete el plagio de “El exorcista”. Casi parece como si tuviera en mente una película, y por exigencias de la producción, colocara ahí la posesión con calzador. De hecho es lo que menos importa en la película.
Ruby es una cabaretera que anda con unos gángsters, que echaban a un pantano a sus víctimas para que se hundieran en el fondo. Uno de ellos, del cual Ruby estaba enamorada, muere en un tiroteo. Años después, como propietaria de un autocine, contrata a todos los gángsters que han salido de la cárcel para que trabajen allí. Un buen día, en la cabina de proyección, se suceden una serie de misteriosos asesinatos. En casa, Ruby no hace más que ver apariciones y la figura de su amado en plan fantasma, hasta que este acaba manifestándose, poseyendo el cuerpo de su hija fea y sordomuda. Para sacarle ese espíritu del cuerpo, su noviete contacta con un doctor especializado en lo paranormal. Las consecuencias serán trágicas, obviamente.
Es curioso como Harrington, cuela en la película planos de lo más artísticos en una película con un innegable tufo setentero y de serie B que se las promete, en el planteamiento, mucho más terrorífico de lo que en realidad es. Digamos que salvo un par de escenas en las que la niña es poseída, no da miedo en absoluto. Incluso, la niña sin ser poseída da mucho más miedo de lo fea que es la condenada.
Sin embargo, Harrington, incapaz de crear terror a pesar de los evidentes esfuerzos, si que logra dotarlo todo de un halo enrarecido y misterioso, que visualmente, da puntos a favor a la película, pareciendo finalmente más una película experimental que una de género pura y dura. Y por consecuencia, y salvo momentos muy puntuales en el autocine (dentro de una máquina de refrescos está ensartado un cadáver, y una oronda muchachita al ir a por su refresco, consigue un vaso lleno de sangre, que lógicamente, se bebe), el visionarla completa de cabo a rabo, resulta harto de aburrido, con momentos realmente insoportables. Claro que la película también tiene momentos divertidos, involuntariamente, por supuesto.
También se aprovecha de la popularidad que recibiera la actriz Piper Laurie, tras su aparición el año anterior en “Carrie”, sin embargo, y aun apareciendo su nombre como reclamo en el cartel, en él solo aparece la niña fea poseída, en un intento de intentar parecerse lo máximo posible al poster de “Carrie” precisamente. Digo yo, que el público picaría de todas, todas.
En un papel secundario, tenemos a un clásico de la serie B como es Stuart Whitman, prota de “Campeón II”, título con el que explotarían aquí en España el éxito de la lacrimógena “Campeón” y que nada tenía que ver, si no que era una peliculita titulada “Run for the Roses” o de películas como “Trampa Mortal” o “Guyana, el crimen del siglo”.
En definitiva, con algo de paciencia, al final resulta hasta curiosa y todo.

miércoles, 31 de agosto de 2011

EN BUSCA DEL HUEVO PERDIDO

Javier Aguirre, fiel a su estilo (impuesto por los productores, lógicamente) de cine comercial, le saca máximo partido al trío de humoristas femeninas “Las hermanas Hurtado”, muy populares en la época, sobretodo tras sus apariciones como personajes fijos en el “Un, dos, tres”.
Lo primero de todo, mencionar que en mi recuerdo, Las hermanas Hurtado, no gozaban de alta estima por mi parte. Tras ver EN BUSCA DEL HUEVO PERDIDO, mi concepción del humor de estas tres, cambia.
La película, un absoluto disparate, cuenta como tres paletas de pueblo, en su afán por triunfar en el mundo del espectáculo, se ven envueltas en un entramado con espías de distintas nacionalidades que se pelean por la formula que un científico Israelí ha inventado, que puede hacer cambiar el clima de todo un país. Obviamente, Americanos y Rusos, se pelearán por conseguir esta formula.
La peli, fue un fracaso en su época, no obstante, a mí me parece, con mucho, la película mas enloquecida y surrealista de cuantas filmó Aguirre para lucimiento de alguien del mundo del espectáculo. Son tantas y tan numerosas las chorradas, que unidas a un exceso de ritmo poco habitual, la propia película impide al espectador hacer un seguimiento de las mismas. Básicamente la película es una sucesión de escenas de gente pegándose en plan niño pequeño, aderezado con numeritos musicales de las Hurtado de lo mas políticamente incorrectos, y, sobretodo, el humor de estas tres mujeres, basado mayormente en chistes de mierda, de follar, de coños y de pollas.
Me han sorprendido gratamente. En un país donde el humor lo desarrollan casi en su totalidad los hombres, en una época en que su competencia era Beatriz Carvajal con sus insufribles parodias con acento de gallega –pero que se llevaba el gato al agua con esto-, Las Hurtado ofrecían un humor grueso y brutal, siendo mas guarras y bestias que los tíos.
Como muestra, una de las canciones que interpretan en la película, en la que Paloma Hurtado, ruega y suplica a su títi, que le pegue con la mano abierta, con su bota en el culo, con su mazo en la sien, sentir su puño en el rostro y que le arranque la piel. Hoy nadie tendría huevos para componer una letra como esa.
El plantel de secundarios que aparentan pasárselo de puta madre rodando esto, es sensacional; Manolo Gómez Bur, José Lifante, Paco Cecilio, Florinda Chico, Rafaela Aparicio, o Antonio Gamero, en un desmadre de principio a fin que va a setecientos mil por hora, y que no da descanso al espectador. Un festival de carcajadas.
Y por supuesto, la referencia a EN BUSCA DEL ARCA PERDIDA, no vas mas allá del título. Tampoco andan buscando un huevo.

martes, 9 de agosto de 2011

LOS PAJARITOS

Soy fan de las películas para lucimiento de artistas de la canción infantil, y sobretodo, soy fan de Javier Aguirre, ya sea como director popular, o como director vanguardista. Así que si les digo que llevaba tiempo detrás de ver LOS PAJARITOS, deberían creerme.
La película cuenta, cómo una acordeonista ambulante al borde de la pobreza mas absoluta, hace amistad con una niña, un mono y un viejo piojoso, que no tienen ni donde caerse muertos. La idea, es unirse para hacer un tour por los pueblos de España, y acabar actuando en el circo mundial. Por el camino, situaciones más o menos graciosas se sucederán, hasta que empiezan los conflictos, cuando llegados al circo, este resulta que va a ser embargado.
Por lo general, los artistas infantiles de los 80, suelen ser de corte rancio vistos en la lejanía; Pero si hay una artista rancia (más incluso que Teresa Rabal), chusca y que represente los pueblos de España, esa es, sin duda, María Jesús y su acordeón. Yo en mi niñez era fan de prácticamente todos los artistas infantiles, pero de María Jesús, no tenía ni un puto disco, ni había visto la peli hasta anoche. Y es que ¿Dónde está el talento de esta acordeonista? Ni toca mejor ni peor que cualquier otro, ni es guapa, ni tiene nada especial… además, tras ver la película, resulta ser una actriz pésima. Pero en este país de paletos, el horroroso tema de “los pajaritos” caló hondo en las audiencias. De hecho, las orquestas de los pueblos, a día de hoy, siguen tocando tan infame pieza. Pero para que vean: “Los pajaritos”, ni siquiera es una obra original, se trata de una vieja canción caucasiana adaptada para los paletos que lo fliparon con la del acordeón en los 80.
Teniendo en cuenta lo rancio de la presencia de María Jesús, hay que romper una lanza a favor de Javier Aguirre, porque lo cierto es que la película es cojonuda. Sin amedrentarse ante la sosainas de la protagonista, que aunque siempre presente, la aparta a un segundo plano en el argumento, Aguirre construye una tragicomedia llena de ritmo, gags visuales, y secundarios que roban la película (en este caso la pareja formada por Alfonso del Real y Marisa Porcel, sosías de los Ricardo Merino y Paco Camoiras de las pelis de Parchís), dosificando los numeritos de acordeón, dando mas texto a Antonio Garisa (el viejo piojoso) y protagonismo al mono, y reservando el tema de “Los pajaritos” para el final apoteósico.
¿El montaje? Agilísimo, de lo mejorcito en este tipo de películas.
Aunque Aguirre, querido, eres un poquito cabrón. En ROCKY CARAMBOLA, en la que salía un bebé chimpancé, ya te pasaste tres pueblos en la escena del lavabo en la que homenajeas a los hermanos Marx, lanzando al mono de mano en mano, y luego contra la cámara. Aquí, metes a un mono tití en un traje de astronauta y lo clavas a la pared (clava la ropa, se entiende…), para hacer creer a Alfonso del Real, que es un extraterrestre… ¿Qué necesidad hay? ¿Qué tienes en contra de los primates?
Por lo demás, muy entretenida y recomendable. Le ha sacado partido a la basura que tenía para explotar.

jueves, 18 de marzo de 2010

PARCHíS ENTRA EN ACCIÓN

"Parchís entra en acción" pone fin a la saga y a la colaboración de "Parchís" con Javier Aguirre. Y quizás el fracaso de esta se deba a dos factores: A) Los chavalitos ya estaban creciditos, y B) la película es un tostón de padre y muy señor mío.
Esta vez se deja el rollo lacrimógeno y estudiantil, imperando hasta el momento, para meter a los "Parchís" y al gordo Rodrigo Valdecantos en una intriga tonta que, lejos de provocar nuestra hilaridad como pasaba con la formula anterior, nos provoca esa sensación de “¡¡Que se acabe ya!!” propia de sus pelis argentinas.
Resulta que el futbolista Cardona ficha por un equipo español y los "Parchís" se desviven por conseguir un autógrafo suyo, con tan mala suerte que se presentan en el estadio de fútbol el mismo día que unos mafiosos le secuestran, con lo que la policía piensa que han sido ellos y el líder de la banda es, como no, "el flaco". "Parchís" tendrá que rescatar al futbolista y deshacer todo este entuerto.
Se quita de en medio a "Don Matías" de un plumazo, que solo aparece en una escena, cuando hasta ahora había sido el “leitmotiv” de la saga, pero se mantienen los personajes de "Don Atilio" y el "Cipri", que esta vez, pensando que el secuestrador es "el flaco", se encargarán de hacerle la vida imposible.
Mala de solemnidad. No continuó la saga y pronto moriría la formación "Parchís" tal y como la conocemos para, poco a poco, irnos colando otros componentes como Chus y Michel (posteriormente convertidos en "Platón") y llegar a unos derroteros en los que "Parchís" no grababan discos, no contaba con ni un solo componente original, pero actuaban en las fiestas de los pueblos hasta bien entrado 1990, y con mas pelillos en los huevos que en la cabeza.
Luego vendría "Parchís 92", estrategia fallida por parte de las discográficas de relanzar el grupo… pero esa sería otra historia.
Me quedan dos pelis más de las argentinas. Ahora ya tengo que darle prioridad a la paciencia.

lunes, 15 de marzo de 2010

LA SEGUNDA GUERRA DE LOS NIÑOS

La segunda entrega de las aventuras españolas de "Parchís" deja la innovación a un lado y ofrece exactamente lo mismo que la anterior, pero acentuando aquellos gags, chascarrillos o personajes que habían sido más celebrados en los cines. Por ello, el triunvirato roba-planos y protagonista, que deja un poco de lado al resto, lo forman Tino, "El flaco" y el perro "Superman". Un animal, un gordito ajeno al grupo y el líder de este, que pronto despegaría para fracasar como solista adolescente. Por eso, al dejar 
arrinconados a cuatro de los componentes de un grupo infantil, y dar mayor protagonismo a elementos secundarios, llego a la conclusión de que el éxito de estas películas no estaba en tener en sus filas a "Parchís", si no en el buen hacer de su director, Javier Aguirre.
Esta vez, "Don Atilio" considera el subir las cuotas de su colegio, con lo que muchos niños se quedan sin acceso y, claro, "Parchís" tienen que cambiar el viaje a "Disney World" que acaban de ganar en un concurso de jóvenes talentos por el segundo premio, que son 300.000 pesetas, y así pagar las cuotas que faltan y solucionarlo. Pero la rabia les inunda y deciden recuperar el dinero de la única forma que saben: Delinquiendo, extorsionando y con violencia.
Lo mismo pero con un poquitín más de espectáculo (solo un poco más), el gordo dando estacazos en la cabeza y, en definitiva, más que una secuela un remake de "La guerra de los niños" que, a poco que sintamos nostalgia, disfrutaremos de lo lindo.

sábado, 13 de marzo de 2010

LA GUERRA DE LOS NIÑOS

La primera de las películas de "Parchís" viene con el aval que supone tener tras las cámara a Javier Aguirre, curioso realizador con una extensa filmografía en la que conviven por igual películas de corte ultra-popular -como estas de "Parchís" o, por ejemplo, "Soltera y madre en la vida", alguna de Paul Naschy ("El jorobado de la morgue", "El gran amor del Conde Drácula"), una con Martes y 13 ("Martes y 13, ni te cases ni te embarques"), Landismo puro y duro con "Una vez al año ser hippy no hace daño"... sin olvidarnos del gran "Torrebruno" y su "Rocky Carambola"- con cortometrajes de corte radicalmente experimental ("Espectro Siete: 7 objetos luminosos y 5 complementarios") para nada comerciales, en los que predominan el manejo de los colorines al compás de incomprensibles soniditos. Una carrera y una actitud envidiable que le coloca a la cabeza de los directores españoles que a mí me pueden llegar a interesar.
Y estas “guerras de los niños” reportaron mucho dinero a Bermúdez de Castro y demás productores, que veían en el grupito de sosos críos el cuerno de la abundancia.
Sin hacer referencia en la película a "Parchís" propiamente dicho, como sí ocurría en la anteriormente reseñada, Aguirre se quita de un plumazo a los dos “Parchises” más bobos, Gemma y Oscar (rubito de cara angelical posteriormente sustituido por repelente pelirrojo, Frank…) y, siendo Tino, Yolanda y David los protagonistas, les suma la presencia del gordo Rodrigo Valdecantos (que debía ser familia de alguien de la producción) haciendo de Carlitos “El Flaco”, quien prácticamente, y a posteriori, termina siendo el personaje más querido, y autentico protagonista de las pelis de "Parchís" (memorable la escena en la que, destornillador en mano, fuerza la cerradura de una pastelería y se la come entera).
"Don Matías" es el director de buen corazón de un colegio publico, en el que si las familias no andan bien de pasta, no les cobra la cuota, por lo que un empresario, "Don Atilio", le expropia los terrenos. "Parchís" y "el Flaco" harán todo lo imposible para evitarlo.
Lo que me llama la atención de esta primera parte de los avatares de "Parchís", es que es tremendamente violenta. Hay una escena en la que el perro “Superman” ataca al ayudante de "Don Atilio" y, acto seguido, acuden los "Parchís" a darle una paliza, tirándole al suelo y dándole patadas y puñetazos. En el visionado de anoche me dejó cuanto menos impactado. "El Flaco" resuelve todos sus problemas rompiendo un palo de madera en la cabeza de cualquiera que se pone en su camino y, durante todo el metraje, ¡no dejan de delinquir!, lo mismo dan una curra a alguien, que roban vehículos, que secuestran a un tío y lo torturan físicamente, lanzándole flechas al estomago y cortándole mechones de pelo a tijera. 
En definitiva, un producto que, a pesar de los años, de los momentos edulcorados y del babosismo, sigue entreteniendo, gracias en parte a que no se abusa de las canciones, escogidas con lupa, y se da prioridad a una buena historia y a unas situaciones del todo estimulantes para los niños…. y para los tipos raros como yo.
Además del dominio del tempo del que hace alarde Aguirre, por supuesto.
En el reparto dos de las hermanas Hurtado, Manuel Alexandre y el gran Ricardo Merino.