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martes, 20 de noviembre de 2012

CRIMEN EN FAMILIA

El jefe de una empresa de construcciones, es un hijo de puta redomado. Ultraderechista de los que pegan palizas, va armado, le gusta la caza y no tiene moral ninguna. Y se dedica a putear a su familia hasta límites extremos, a su mujer y a sus hijos, pegándoles, insultándoles, violando a su mujer… un hombre sin humanidad alguna. Hasta que un buen día, su familia, harta de sus vejaciones, planea asesinarle.
Ese es el sencillo argumento de esta película española, de cuando las películas españolas molaban. Y de los noventa y cinco minutos de peli, noventa nos muestran solamente las vejaciones a las que somete este individuo a todo el mundo, sobretodo a su familia, siendo el cenit de la aberración el momento en el que agarra violentamente a su mujer y anima a su guardaespaldas a que se la folle. Desde luego, es una película que está entretenida, que va al grano y se deja de gilipolleces. Aquí lo que interesa es poder ver a un actorazo como la copa de un pino luciéndose en un papel que le va de perlas: Agustín González haciendo de facha cabrón, está en su salsa, además que se trata de uno de estos papeles para demostrar que era un gran actor y no solo ese señor que se cabrea tanto en las españoladas. En “Crimen en famila”, da hasta miedo. Pero hacer un papel dramático de este porte, no le impedía a González hacer todo tipo de películas, sin importarle demasiado el valor cinematográfico o la calidad de estas, apareciendo en “Martes y 13, ni te cases ni te embarques” de Javier Aguirre, o en esa Infra-película rodada en vídeo para lucimiento de “El Fary” que es “Ojos sin luz” (Comentada en “Malas pero divertidas”) del infame Juan Alcázar.
Así que la película es él. El resto de actores no están a la altura en absoluto, así que cuando González no aparece en plano, la película cae en picado en todo momento. Tenemos a Cristina Marsillach, que trabajó en el cine por ser hija de quien era, pero la verdad es que es tan mala actriz, que aquí tienen que doblarla. Tenemos a Charo López, que está sobrevaloradísima y jamás resulta creíble, o a otro hijo de papá, Fernando Guillén- Cuervo, que si ahora es malo, en la época, de jovencillo, era aún peor.
Así que en resumidas cuentas, la peli, sin estar mal, mola porque vemos a Agustín González haciendo el bruto, soltando frases fascistas de llevarse uno las manos a la cabeza y tratando mal a todo el mundo.
Dirige la película Santiago San Miguel, en cuya filmografía, lo más destacable es esta peli.
No confundir con la película Yankie “Crimen en familia” protagonizada por Ryan Goslin y Kristen Dunst del año 2010.

miércoles, 24 de agosto de 2011

ADIÓS TIBURÓN

En 1996, ya separados “Martes y 13”, Josema Yuste creía que en solitario se iba a comer el mundo, y para demostrarlo nada mejor que con una película donde lucirse, lejos de esa lacra que para él era el gran Millán Salcedo. Y con el ¿saber hacer? del director de "Maki Navaja, el último choriso", Carlos Suárez, rodó "Adiós Tiburón". Fue un fracaso absoluto y la carrera de Josema Yuste ya no volvió a ser la misma. Lástima que para Millán Salcedo tampoco, aunque este, al menos, mantuvo cierta dignidad dedicándose al teatro.
Es lógico que "Adiós Tiburón" fuera un fracaso; es una película torpe, lenta y cruda, elementos estos que el espectador medio de “Martes y 13” no sabría apreciar de ninguna manera. Además, que las cosas como son: “Martes y 13” era Millán. El otro solo un mero comparsa.
Un bróker, al que le van las cosas de maravilla, decide invertir todo en el laboratorio de un “mad doctor” que ha creado un fuerte fármaco capaz de curar la depresión, con la mala suerte de que palma sin dejar la formula secreta al descubierto, lo que lleva a su empresa a la quiebra. El bróker es despedido y despojado de sus posesiones, y en búsqueda de una solución, acaba en un hospital donde se sucederán toda suerte de situaciones surrealistas.
Bien, antes he dicho que al publico medio obviamente esta película le parecerá un coñazo. Y lo es, es aburrida, Josema fuerza un estilo de humor que no se le da bien, y para colmo de males, imita, impúdicamente, los chascarrillos que hicieran famosos a “Martes y 13” en su día, pero pertenecían a Millán.
Pero a mí, ME HA ENCANTADO, precisamente por todos esos elementos que le hacen ser una mierda, y por las cotas de surrealismo, algunos dirían (en el mejor de los casos) que deudoras de Jardiel Poncela, yo digo que fruto de la casualidad más absoluta, y que consiguen que una película que pretende tener un humor mas o menos inteligente, deje a un lado todo elemento gracioso y termine siendo un producto de lo mas sórdido. Todo ello gracias a la falta de medios. La ambientación por ejemplo. No hay nada más lúgubre que el despacho en el que despiden a Josema, con una mesa de madera y ni un puto cuadro. La iluminación, que yo diría es natural, le da a la película entera un aspecto raro. Está todo oscuro, como si siempre fuera de noche, máxime en las escenas del hospital, que es donde transcurre casi toda la película. Podrían pertenecer a cualquier slasher ochentero, solo que cambiando los acuchillamientos por carreras en silla de ruedas en los pasillos. Vamos, le falta el canto de un duro para producir mal rollo.
No me olvido de la horrorosa banda sonora a base de sintetizador barato, o el tema principal, una canción salsera horripilantemente interpretada por el propio Josema.
En el reparto, además de su egocéntrico protagonista (con cara constante de estar renovando el humor español) tenemos a José Sazatornil en un doble papel, Quique San Francisco, Benito Pocino, Ane Igartiburu (con la voz doblada), Remedios Cervantes (doblada también), el entrañable abuelito Lazaro Escarceller (el del Maki) y a un memorable Agustín González, haciendo de Agustín González, y comparsa de las sandeces sin gracia de Josema.
Una película más rara que un pie, solo recomendable para amantes del cine más extremo, que destila suciedad por cada uno de sus fotogramas, y hay que reivindicar, porque en el fondo, a pesar del olor a mierda, es, en cuanto a trama, formas, maneras, aromas, texturas e intenciones, única en el cine español
.

lunes, 1 de marzo de 2021

DEMASIADO CALIENTE PARA TÍ

Javier Elorrieta toca todos los palos y géneros y, a mediados de los 90, confecciona una enloquecida comedia en la que descubre para el cine a un galán que habiendo triunfado como presentador en la pequeña pantalla, como actor, se podía decir que le faltaba un hervor al muchacho; Javier Elorrieta tuvo los santos cojones de darle un protagonista a Andoni Ferreño.
En cualquier caso, y siendo la carrera de Elorrieta tan personal como irregular, el hecho de que “Demasiado caliente para ti” la protagonice Ferreño no afecta lo más mínimo al resultado: La película es bastante infame por sí misma y la presencia del presentador no hace más que otorgarle cierto estatus de rareza; quizás que sea la película de Andoni Ferreño es el motivo por el que muchos aficionados al cine de derribo se acerquen hoy a ella.
Elorrieta, aprovechando un tiempo en el que trabajaba en Cuba como publicista realizando un buen montón de anuncios para promocionar los tabacos y alcoholes del país en el extranjero, se casca un guion inspirado en experiencias personales que le servirá para exorcizar sus demonios a ritmo de comedia. Lo que pasa es que le sale un despropósito de enredos que jamás llegan a enredarse lo suficiente, tramas y subtramas que no llegan a ser ni divertidas, y hasta la introducción de elementos fantásticos muy poco acertados —con la presencia de un fantasma interpretado por el grandísimo Agustín González que, tan pronto sabemos de su existencia (la del fantasma), deja de interesarnos—. En definitiva, “Demasiado caliente para ti” es una mala película que, quizás, ostenta el honor de tratarse, de largo, de la peor película de Elorrieta. En cualquier caso, también resulta una película que solo por todo esto que les cuento, ya es digna de verse, porque, indudablemente, para bien o para mal, el sello del director está ahí marcado a fuego en cada fotograma.
Cuenta la historia de un saxofonista que tras descubrir, in situ,  cómo su mujer le pone los cuernos, y tras dejarle a esta un ojo morado de una hostia mal dada, entra en depresión y, por ende, los lamentos se apoderan de él convirtiéndose en un individuo muy pesado con este tema, que no dudará en contarle su problema a cualquiera que se le ponga a tiro. Y esto generará más del 70% de gags de la película, algunos de ellos verdaderamente malos. El bonguero cubano del conjunto donde este saxofonista toca en salas de fiestas, al verle así, decide llevarle de furcias y rameras para ver si le quitan las penas, pero no hay manera, por lo que le recomienda que se vaya a Cuba y que se espabile en ese ambiente. El saxofonista se va allí, se adapta a la idiosincrasia caribeña y conoce a una bella cantante de boleros que, efectivamente, le quitará las penas, pero en consecuencia,  se convertirá en un tipo celoso que le hará a esta mujer la vida imposible, generándose así el 30% de los gags restantes. Naturalmente, la cosa terminará bien.
Desde luego, una cosa bizarra, extraña si quieren, que pese a su escasa calidad en ningún momento deja de sorprendernos gracias al catálogo de majaderías rodadas, un poco de aquella manera,  por Elorrieta. A Elorrieta, de hecho, le parece una película muy divertida. Puede que lo sea, pero no por los motivos por los que él la considera.
El reparto es sugerente por su disparidad y, acompañando a Andoni Ferreño tenemos al humorista Kimbo, a José Luis López- Vázquez, Agustín González, un horripilante, horripilante (y mercenario) Nancho Novo que da grima verlo, la noventera Ángeles Martín, el cuentachistes Tony Antonio y, también proveniente del mundo del humorismo, Manolo Cal.
La película congregó en salas, en el año 1996 a casi 98.000 espectadores. Una cifra nimia pero que, a día de hoy, tal y como está la cosa, sería sinónimo de éxito.
“Demasiado caliente para ti” pasó por cines en aquellos tiempos de distribución difusa (y fraudulenta) y después quedó relegada al olvido siendo emitida, por suerte, a horas intempestivas de vez en cuando, en distintos canales de televisión.
Por otro lado, quiero hacer mención especial al horroroso póster del film en el que, incomprensiblemente, aparece José Luis López-Vázquez dos veces. Más que material promocional, parece todo lo contrario.

miércoles, 13 de enero de 2010

MADRID AL DESNUDO

Seguimos revisando cosillas que llamen la atención sobre Paul Naschy (no hay que confundirse, al César lo que es del César, pero yo siempre he sido fan de este señor), con un producto que él mismo dirige y no deja de ser una rareza en su filmografía. Ya sabemos que tocó todos los palos, pero "Madrid al desnudo" es cine social, sutilmente camuflado de comedia. Eran tiempos del destape y, lógicamente, aquí hay unas cuantas señoras destapadas y elementos cómicos reconocibles; otra cosa es que al espectador le hagan gracia.
Basándose en una novela, al señor Molina no se le ocurre otra cosa que criticar a la alta sociedad madrileña, poniendo sobre el mantel cuestiones sexuales y de adulterio entre ministros, banqueros, directores de cine y demás fauna que, según cuenta en sus memorias, le costaron algún que otro disgusto. Y para que quede claro del lado que está Naschy, se reserva el papel de chófer de uno de estos gerifaltes. Eso no le exime de que su personaje cometa adulterio y/o tenga unas actitudes machistas que, lejos de sus intenciones, son las únicas que provocan un poco de hilaridad en el espectador.
Coral, y a base de segmentos entremezclados, "Madrid al desnudo" nos propone un soberano ejercicio de aburrimiento, con un guión que no hay por donde cogerlo y donde las mejores partes (por inocentes, graciosas -no en sus intenciones-, políticamente incorrectas y absurdas) son las que protagoniza el propio Naschy, siendo utilizado cual semental por una joven cuyo marido es estéril y apalizado por unos desaprensivos que lo dejan en pelotas en un parque.
Sorprende ver un reparto tan correcto en lo que sin duda es una de las peores películas de su filmografía; las malas hacen mucha gracia por eso mismo, pero esta ni eso.
Por ahí andan Fernando Fernán Gómez y Agustín González, dándole a la jodienda ambos con una descocada Julia Saly. Naschy, como casi siempre, está doblado por un actor de doblaje. Eso es lo normal, pero ¿porqué Agustín González también?. Se me escapa. Además, siendo un producto en el que Molina mandaba, no le veo el sentido.
Que conste que me llena de júbilo el hecho de que en la peli ha de quedar constancia que Naschy es un tío bueno (esos planos a pecho descubierto, esas camisetas ajustadísimas y con mangas cortísimas para que contemplemos sus brazacos) y que es quien se lleva la tía buena a la cama, ¡jajajaja!.
Se cuenta en su ultima biografía que el fracaso en salas de esta película se debe a un toque de las altas y descontentas autoridades. Puede que sea cierto, dios me libre de pensar lo contrario, pero a mi casi me cuadra más la idea de que no la vio nadie porque es horrorosa. Sencillamente, no se puede ver. Yo aguanto porque soy un bicho raro, pero a los cinco minutos ya estaba cansado.
Para completistas 
únicamente.

lunes, 28 de diciembre de 2020

LA MIEL

En “La Miel”, por un lado tenemos a Don Agustín (José Luis López Vázquez), un profesor de cultura general en un colegio regentado por curas, que fue expulsado del seminario en su momento por tener problemas con el celibato. Aun así, permanece virgen y, también, reprimido por culpa de su dominante, beata y ludópata hermana con la cual vive. Por otro lado tenemos a Paco (Jorge Sanz), un niño de 9 años gamberro a más no poder, que se entretiene insultando a su profesor escribiendo “Don Agustín es Gilipollas” en los lavabos, a ritmo de cigarrito que se va fumando y embozando el graffiti con su propia mierda para ocultar el cuerpo del delito cuando es descubierto. Y por fin tenemos al tarrito de miel, la mamá de Paco (Jane Birkin) que trabaja en una Boutique como tapadera para su principal fuente de ingresos; la prostitución. 
Cuando Don Agustín acude a ella para informarle de lo buena pieza que está hecho su hijo, este se acaba enamorando de ella, máxime cuando ella le pide que le de clases particulares a su retoño. A ella le hace cierta gracia Don Agustín, por lo que la cosa se irá complicando sentimentalmente a medida que transcurre el metraje.
Más que a cualquier otro género “La Miel” de Pedro Masó se adscribe a la comedia negra. Muchos la metieron en el mismo saco del destape y el clasificado “S” solo por contener algún desnudo de Jane Birkin en una época en la que rodar este tipo de cine picante era de recibo, pero nada más lejos de la realidad. Es una comedia pura y dura, pero con una mala leche que asusta y, más que las películas de Mariano Ozores, un verdadero reflejo de la sociedad de la España de 1979, donde pacatos dejan de serlo gracias a la evolución de los tiempos y donde la libertad sexual de la transición está más a la orden del día. Además, es una feroz crítica a las clases pudientes, mostrando al único personaje adinerado que hay en la película, como un despreciable ser que solo logra excitarse si hay adulterio de por medio, hecho este que marca el final de esta estupenda película.
Y es que Masó, más interesado en la vida comercial de la cinta que de la calidad de la misma, ofrece una dirección de lo más rutinaria, pero, al tener un guion tan magistral en el que apoyarse —y que él mismo firma junto a Rafael Azcona— la cosa acaba bastante compensada.
Masó, en su afán de exportar el producto, contrata a la actriz y cantante francesa Jane Birkin, por aquel entonces una estrella, y junto con la maravillosa actuación de un López Vázquez en su mejor momento, y un pequeño Jorge Sanz que pasó de ser un gran actor —como muestra esta película— a ser un actor incapaz de hacer bien de borracho —mucho menos un personaje con matices—, consigue, por otro lado, una película memorable que queda en el recuerdo del espectador que en seguida asociará está a los primeros papeles del ya citado Jorge Sanz.
Birkin no sabía una sola palabra de Castellano, por lo que ella rodó sus diálogos en Francés y el resto del reparto le daría la réplica en nuestro idioma, lo que ocasionó no pocos equívocos y confusiones en las escenas, pero nada que no se pudiera subsanar in situ o posteriormente en el doblaje.
José Luis López Vázquez aseguró en su momento que fue un placer rodar con la estrella, la tildó de gran profesional y de ser una persona humilde que en ningún momento dio muestras de divismo durante el rodaje; Sin embargo, ella pensó que el director Pedro Masó le trataba con mayor dureza que al resto de sus compañeros, acción que la actriz achacó al hecho de “no tener tetas”. Masó, siempre desmintió esta opinión diciendo que, efectivamente, la actriz no era pechugona, pero si guapa, inteligente y con un culo maravilloso, pero que, sobre todo, era una gran actriz y por eso fue contratada. Terceros opinan que quizás la Birkin pensaba que Masó era duro con ella, porque al dirigir y hacerle llegar sus explicaciones al traductor, este, alzaba la voz, pensando inconscientemente que quizás hablando más alto, la actriz le iba a entender mejor. Un malentendido, en cualquier caso.
Como anécdota, contaba Masó que el guion requería para Jane Birkin unas bragas negras, así que se mandó al jefe de producción a por ellas. Cuando volvió al set, lo hizo con las manos vacías porque  no encontró ni una sola mercería en todo Madrid en la que  vendieran bragas de un color tan atrevido. Algo normal en la España de 1979. Ante el revuelo para ver con qué tipo de bragas rodarían, alguien le explicó a Birkin lo sucedido, así que ni corta ni perezosa, se quitó las que llevaba ella bajo la falda que casualmente eran negras y, agitándolas delante del equipo, anunció que ya había bragas negras, así que usó las suyas propias ante imposibilidad de conseguir unas nuevas a bote pronto.
La película se estrenó en Madrid en el cine Coliseun, donde permaneció la friolera de casi seis meses en cartel durante los que fueron a verla casi un millón de espectadores, convirtiéndose en un éxito de público —no así de crítica— máxime, cuando en un logro de exportar la producción, esta se tiró 38 semanas en uno de los cines de la calle 42 de Broadway, en Manhattan, cosa de la que Pedro Masó estaba muy orgulloso, pero no hay que equivocarse; en aquellos cines se albergaban las películas de serie Z más feroces, el Kung Fu de tercera categoría más barato y el terror más chabacano; “La Miel”, al igual que muchas de las películas de Manuel Summers, se estrenó en aquellos locales como pieza exótica, por su erotismo, y como complemento de relleno a la programación que, como ya he dicho, la componían películas de variado y dudoso pelaje. Pero esto no lo vean como motivo de denuncia; me flipa que “La Miel” estuviera representando nuestro cine en aquella tesitura, de la que, por otro lado, soy fan.
Como compañeros de reparto, junto a trío protagonista, tenemos al inconmensurable Agustín González en un rol poco explotado en la cinta para mi gusto, Guillermo Marín o Amelia de la Torre.

viernes, 4 de diciembre de 2020

ATRACO A LAS 3

Uno de los clásicos indiscutibles del cine español seria esta “Atraco a las tres”. Una película de bajo presupuesto que debido al buen hacer de sus artífices, ya sea en la escritura del libreto como en la ejecución de la dirección, amén de unas interpretaciones memorables, se convierte en una obra maestra atemporal, influencia de varias generaciones de cineastas y una de las mejores comedias españolas de todos los tiempos.
Aunque en su momento tampoco gozó de una taquilla exultante —tan solo acudieron a verla 115.000 espectadores en el momento de su estreno. Poco, pero la película fue tan barata que con esos números rentaron  el presupuesto de sobra—, el paso del tiempo le ha conferido un aire clásico y un prestigio fuera de todo precedente que la hacen encabezar todos los listados de mejores películas españolas de la historia. Quizás por eso, en 1999, se reestrenó 36 años después en los Madrileños cines Princesa —sumándole otros 1000 espectadores más a esos 115.000— en una de sus salas más diminutas, con cierto éxito.
Cuenta la historia de los trabajadores de un banco que aprovechando el injusto despido al ya anciano director del mismo, planean un atraco a la sucursal y así poner fin a todos los problemas económicos que estos puedan tener. Los empleados planean el atraco minuciosamente, hasta que la cosa se complica cuando entra en juego una vedette llamada Katia Duran, a la que uno de los empleados, encoñado con ella, le cuenta todos sus planes.
“Atraco a las tres” surge de la mente de Pedro Masó, que alega que gracias al entusiasmo  y el hambre que había aquellos años por hacer cine, escribió el guion de madrugada y en tan solo 9 días. Después, sus socios Vicente Coello y Rafael J. Salvia  lo pulirían y darían una coherencia. Una vez visto para sentencia, Pedro Masó, en calidad de productor, ofreció rodar el guion a José María Forqué, gran amigo suyo por otro lado. Forqué, en aquellos años estaba hasta arriba de trabajo, su agenda era apretadísima —“Accidente 703” y “La Becerrada” serían los films que le tendrían ocupado, no siendo ninguno de ellos ni la mitad de relevante de lo que fue “Atraco a las tres” a posteriori— y no tenía mucho tiempo para rodar una peliculita menor como la que le proponía Masó. Aun así, y por hacerle el favor a Masó, decidió dirigirla. Y a día de hoy, es por el título por el que, mayormente, se le recuerda.
Según los estudiosos del cine español, la película es una crítica total y absoluta al régimen español, a su jerarquía, y la miseria en la que la sociedad española estaba sumida, que gracias al imperante humor blanco, y a la maestría del director, pasó la censura sin ningún tipo de problemas. Quizás el mensaje implícito hay que leerlo entre líneas, o cogerlo con pinzas, porque, efectivamente, a simple vista no se detecta.
Naturalmente, “Atraco a las tres” no sería lo que es de no ser por sus extraordinarios actores, muchos de los cuales empezaban  a despuntar en esto del cine, eran caras nuevas que seguían el ritmo a la perfección al único actor consagrado en la cinta que es José Luis López Vázquez, así, tenemos secundando al inconmensurable, a Gracita Morales —con la que pronto formaría pareja cinematográfica en infinidad de películas—, Manuel Alexandre, Agustín González que empezaba a llamar la atención, el humorista Cassen, Manuel Díaz González…
Había uno de los papeles, el de Castrillo, concebido inicialmente para un reputado Manolo Gómez Bur, que tuvo que rechazarlo porque tenía otros compromisos firmados tanto en cine como en teatro, y no daban con un actor que tuviera las características del personaje. No fue hasta que un día viendo una comedia de Jardiel Poncela en el teatro, Pedró Masó y José María Forqué vieron, cito, “una cosa pequeña por ahí, por el escenario” que resulto ser Alfredo Landa. Les gustó lo que vieron y sin pensarlo le darían a Landa lo que sería el primer papel protagonista de su vida. Crearon un monstruo, porque desde entonces, Landa no dejaría de trabajar, convirtiéndose, para más señas, en el creador de un subgénero dentro de la comedia española, el “Landismo”.
Por su parte, tanto José María Forqué como Pedro Masó, serían acompañados por el éxito en su profesión durante el resto de sus días.
Una joya imprescindible del cine español, qué les voy a decir.

jueves, 22 de septiembre de 2011

POPPERS

Sorprendente película española, que mezcla por un lado el género de cine de supervivencia, por otro el de justicieros y todo ello, dentro de “la movida” madrileña.
El joven componente de un grupo musical, asesina por celos a un maromo que está besando a su novia. Tras salir de la cárcel, un extraño individuo le pide que le acompañe. Un grupo de millonarios excéntricos, entre los que se encuentra el padre del muchacho al cual asesinó, le dan una bolsa con un millón de dólares en diamantes. Van a organizar una cacería, en la que el es la presa. Si logra salir vivo de esta, los diamantes serán suyos. El joven logra escapar, dando muerte antes a uno de ellos. Una vez liberado, y consciente de que estos millonarios irán a por el, ejecuta su sangrienta venganza, acompañado de una extraña joven adoradora de Satán.
Súper curiosa. Actores clásicos haciendo de ricachos encabronados (Agustín González, Manuel de Blas, Agustín de Vilallonga…) montados en sus caballos, trasmitiendo una seriedad pasmosa, vestidos de negro y con sus fusiles en ristre, persiguiendo al protagonista, Miguel Ortiz (Posteriormente presentador de insulsos programas de televisión), no se ve todos los días en el cine español.
Y además de todo esto, el ambiente es malsano a más no poder. Cuando no están en el campo, están en discotecas ochenteras donde predomina el maquillaje y el cuero. Y sobretodo, el toque homosexual se impone. Dos de los ricachos lo son, y el olor a, precisamente, “Poppers” se huele durante toda la película.
Las maneras en las que el personaje aniquila a sus cazadores, son totalmente amorales, y muchas de las cuales, son guiños directos a películas de la época (¿EL EXTERMINADOR?).
Necesariamente pesada en cuanto a tempo, y sin llegar a ser redonda, si que se prodiga como una de las películas mas extrañas e interesantes del cine español ochentero. Y lo mejor de todo, es que no nos cuenta nada nuevo, las premisas de las que hace alarde la película, las hemos visto mil y una veces en otras películas anteriores, eso si, siempre americanas. Siempre funcionan estas cosas.
Dirige el ignoto José María Castelví, al que no se le conocen mas referencias.
Muy recomendable.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

POLICIA

Ya he hablado infinidad de veces sobre la obra de Álvaro Sáenz de Heredia, de su faceta de director “Exploiter”- que incluso dura hasta nuestros días- y su debilidad por convertir en éxito (a día de hoy, ya no) toda aquella película en la usa a alguna estrella televisiva.
Por lo general, me gusta su cine por estos elementos antes mentados, pero la verdad es que siendo justos, sus películas son malísimas. Quizás las mejores muestras sean las más personales, las que rodó sin estrellas televisivas, con más intención de hacer cine que dinero, como puedan ser “Fredy, el Croupier” o “Chechu y familia”. Sin embargo, de aquellos artistas televisivos que dieron el salto al cine bajo la batuta del director, hay una que le salió bastante bien, esta “Policía”.
Eran tiempos en que Emilio Aragón triunfaba con su programa “Ni en vivo, ni en directo”, con el que se empapó bien de “Saturday night live!”, y directamente, copiaba muchos de sus skechts (Esto es sabido por todos, años después), como por ejemplo, nada más comenzar el programa con una sección de actualidad, hacerlo como lo hacía Chevy Chase en el programa Americano; Chevy decía “Buenas noches, soy Chevy Chase y ustedes no”, Y Emilio Aragón decía en el suyo “Buenas noches, soy Emilio Aragón y ustedes no”. Que cara más dura. Y bien pensado, la verdad es que físicamente, Emilio Aragón se parece bastante a Chevy Chase…
Así que era turno de convertir a Aragón en el Chevy Chase patrio, y de paso, sacar algo de tajada a costa del éxito de “Loca academia de policia” como tantos otros hicieron. Un farmacéutico, tras un brutal atraco se queda sin empleo, junto a su compañera. Pasa el tiempo, y por enchufe el farmacéutico acaba ingresando en la policía, mientras que su compañera acaba en las barras americanas de los prostíbulos sirviendo copas. Los dueños de estos locales, planean traer a España un alijo enorme de heroína, y para empezar a distribuirla, no se les ocurre otra cosa que enganchar a sus trabajadoras. Emilio Aragón junto con Agustín González, trataran de acabar con este turbio asunto de una vez por todas.
Pues quizás el paso del tiempo le ha hecho mejorar a la película, o quizás siempre fue buena, lo cierto es, que con elementos de comedia en la primera parte de la película (obviamente, Emilio Aragón resulta ser un policía altamente incompetente y torpe) y, sin abandonarlos, tornándose thriller de acción en la segunda parte, la mezcla de ambos elementos la convierten en una cosa muy disfrutable, a pesar de lo malos actores que son tanto Emilio Aragón, como Ana Obregón. Toda la parte de acción está filmada con oficio, hay tiros bien tirados y un final trepidante en lo alto de un campanario, donde Milikito pelea a vida y muerte contra un esplendido Juan Luis Galiardo que hace de malo maloso. Además, Emilio Aragón cuando le toca correr, saltar, disparar o dar volteretas, lo hace el mismo, y si no habla, da el pego.
Por otro lado, el resto del reparto lo hace genial, tenemos hasta un cameo del Pirri, y en definitiva, que “Policía” está mu maja, mu maja, mu maja.

viernes, 15 de enero de 2010

LA NOCHE DE LA IRA

Ayer decidí hacer de tripas corazón y, superando mi aversión por el cine patrio, seguí la recomendación de un amigo y vi esta "La noche de la ira". ¿Motivos?, su condición de ochentosa, de intento de hacer cine de género de calidad (en esos tiempos no era habitual), de ser una especie de aportación hispana al "survival" (ya saben, rollo "Deliverance" y tal) y por -según dijo mi colega- ir bien provista de elemento violencia (y por la fastuosa caratula, que recordaba perfectamente de la época, ¿usted no?).
Al final, ni me ha gustado tanto y ni es tan violenta como esperaba (soy muy exigente en ese aspecto), pero tampoco es una mala peli. Está bien, se puede ver. Más que "Deliverance", la influencia total y absoluta de "La noche de la ira" es Sam Peckinpah, y muy especialmente "Perros de paja". Veamos por qué...
En un pueblo de la España profunda se dedican a raptar yonquis y, tras retenerlos unos días, soltarlos para luego cazarlos (todo viene por un trauma del pasado que no narraré). Pero un día llega el nuevo médico y la lía gorda, descubriendo el pastel y convirtiéndose en otra presa más. Claro que el tipo, a pesar de su porte relajado, algo cobarde y de sus gafas (¡hola Dustin Hoffman!), pillará una escopeta y comenzará a matar pueblerinos que, por otro lado, pretenden matarle a él (¡hola masacre final de "Grupo Salvaje"!).
Lo dicho, sin ser la repolla, no está nada mal y resulta superior a otro film más reciente, también Español (¡con mayúscula!, ¡WOW!) e idénticas influencias / intenciones, "Bosque de sombras".
El dire es Javier Elorrieta, guioniza Joaquín Oristrell y en el reparto destacan los rostros, barbas y calvas de Patxi Andión, Lola Gaos, Agustín González o Aldo Sambrell.
Curiosa.

lunes, 19 de julio de 2010

AQUÍ EL QUE NO CORRE... VUELA

Me encanta que exista esta película, por sus intenciones tan maquiavélicas.
Resulta que 
a principios de los noventa "Tele 5" quería promocionar a toda costa su cadena, su programación y, sobre todo, a sus jovencísimos presentadores, así, qué mejor manera de hacerlo que produciendo una película. Para ello, contrataron a algunos de los actores más taquilleros, e intuyo que con más telespectadores en el “share”, quedando una cosa coral con Arturo Fernández, Rossy De Palma, Alfredo Landa, Antonio Gamero, José Coronado, Agustín González y María Barranco. Por otro lado, la presentación cinematográfica de sus astros más guapos: Jesús Vázquez, Arantxa De Sol y Natalia Estrada (que luego hizo carrera en producciones Italianas de este mismo rollo).
Y para dirigir el revoltijo, se buscó alguien acostumbrado a hacer taquillazos, Ramón Fernández ("No desearás al vecino del quinto", "La insólita y asombrosa hazaña del Cipote de Archidona""Las aventuras de Enrique y Ana", "El Donante"...) para que la película tuviera éxito. Con todo ese equipo, raro sería que este carísimo spot no fuera un bombazo… pero se estrelló estrepitosamente. Tampoco me extraña.
Eran tiempos jóvenes para la cadena televisiva, y aún no sabían (ahora sí lo saben) que el publico del cine no es el de la televisión, y que sus presentadores podían ser un reclamo para la caja tonta, pero no para la gran pantalla.
Ahora, seguramente su fracaso no se deba a eso, si no más bien a la gran mierda que es la peli. Además es una gran mierda por cosas que me encantan: Como ya tenían las caras conocidas y el gran director, olvidaron cuidar los demás aspectos de la película, con lo cual el guion es inexistente, así como el argumento: "Aquí el que no corre... vuela" es una sucesión de sketches sobre una serie de estafadores que se dedican a lo suyo durante toda la película. Además ni hace gracia, ni se pretende ser gracioso, así que ¿Por qué hacer tanto hincapié? Los pequeños atisbos de trama vendrían a ser el cómo engatusar a un tipo muy rico, así que más de lo mismo. En mi vida he visto algo tan estúpido.
Por otro lado, hay que decir que en los noventa ya imperaba el "estilo Martínez-Lázaro”, Armendáriz se dio cuenta de que hacer pelis con inmigrantes era rentable y Bardem lucía tipazo garrulo. Eso se imponía y el estilo de comedia de "Aquí el que no corre... vuela" era ya algo rancio. Más deudor de la comedia de los 70 y 80 que de la que se hacía en su década y el público ya no tragaba con este tipo de productos.
Mala hasta el suicidio, no deja resultarme gracioso el exagerado hincapié en que no quepa ninguna duda de que Jesús Vázquez es heterosexual, para ello intepreta un gag muy malo junto al actor Blacky, en el que el joven presentador queda como un homófobo al tratar de denunciar a un tipo que le ha mirado el pene en el retrete… ¿No es maravilloso? Actualmente es todo lo contrario. Hay que tratar que Jesús Vázquez no parezca heterosexual ni por lo más remoto.
Y siguiendo con Vázquez, al final hay que reírse a mandíbula batiente con la película. No existe peor actor que él, verlo para creerlo, de antología… ¡INCREIBLE! parece que está actuando mal aposta, pero no, es que es así de negado.
Y claro, todas las referencias a “la cadena amiga”, sus artistas y su programación, empujan a que veamos la peli entera, aunque sea un coñazo, solo por atestiguar el morro que se gastan.
Ramón Fernández se despidió del cine con este pedazo de mierda…. ¡Se la recomiendo!

lunes, 27 de marzo de 2023

LA CORTE DE FARAÓN

De 1910 data la opereta, zarzuela, o musical —llámenlo como quieran— “La corte de Faraón”, escrita por Miguel de Palacios y Guillermo Perrín y con música de Vicente Lleó.
Se trata de una obra absolutamente inofensiva ambientada en Egipto y cuyos numeritos musicales recuerdan más a una revista de vodevil, que a una epopeya bíblica, y la característica principal de “La corte de Faraón” consiste en unos numeritos musicales picantones en cuyas letras abundan los dobles sentidos y las insinuaciones sexy por parte de las vicetiples que los interpretaban. La cosa, hablando en plata, va de un pastor virgen, un meapilas llamado El casto José, al que se quieren tirar todas las mujeres que se cruzan en su camino. Una chorradita que servía para entretener al público aunque, dicen, verdaderamente contenía mensajes velados de alto contenido político.
Años después de su estreno, la censura decidió prohibir directamente la obra, porque, según ellos, era un canto a la concupiscencia que se mofaba del caudillo, del orden establecido e incluso de Dios. En consecuencia, la obra no se volvería a representar durante años.
“La corte de Faraón” cobró su fama de manera incluso internacional, motivo por el que se adaptó al cine en México donde no vieron ningún comportamiento ácrata en la misma, en un film del año 1944 dirigido por Julio Bracho y para el lucimiento de primeras figuras mexicanas de la época.
Y por fin llegamos a la película española de gran éxito en el momento de su estreno, 1985, que en lugar de adaptar directamente la obra, recrea una situación en la posguerra  en la que un grupo de teatro representa “La corte de Faraón” sin haber pasado previamente la censura. Un censor del clero que se encuentra en el teatro, denunciará la situación, y la policía se llevará a toda la compañía detenida. En comisaría, el comisario les irá interrogando con el fin de averiguar si la obra que han interpretado es o no es antifranquista.
Se trata de un intento por parte de José Luis García Sánchez de emular, como viene siendo habitual en la mayoría de sus películas, el cine de Luis García Berlanga, compartiendo pluma con Rafael Azcona y rodeándose de la creme de la creme del cine español en lo que a actores se refiere.
Pese al enorme éxito de su momento y ese reparto absolutamente maravilloso — a saber: Fernando Fernán Gómez, Agustín González, José Luis López Vázquez, Antonio Banderas, Luis Ciges, Quique Camoiras, Juan Diego, María Luisa Ponte y Antonio Gamero (además de la repelente de Ana Belén)— no es una película que haya resistido bien el paso de los años y la cosa se torna rancia, desfasada y salvo algún momento francamente divertido (como la escena del “descapullamiento”), con tanto numerito musical de corte popular y un montaje tosco que tira de flashback al corte — por lo que a veces cuesta un poco detectar si es un flashback o si es que está avanzando la historia—, acaba resultando un poco pelma. Y es que, desengañémonos; la obra de “La corte de Faraón” de los años 10, opereta, tan atrevida y osada, tan política que la censura tuvo que prohibirla, como la zarzuela, la copla o la música ligera es un género muerto, de otra época. Y quizás en 1985 todavía quedaran generaciones del pasado que supieran apreciarlo o modernos del momento que lo reivindicaran por esnobismo, pero, a mí en la época, siendo niño (y ahora en mi mediana edad) me parece completamente insoportable. Entonces, una película que incluye en su metraje la obra completa original ocupando un 75% de la misma, se pueden imaginar ustedes lo desesperante que se me puede llegar a hacer. Se soporta, como ya he dicho, gracias a los momentos divertidos de entre medias, que son los menos.
Realmente lo que me ha instado a revisar una película que no me ha gustado nunca especialmente, es la lectura del libro “No se lo digas a nadie: Historias secretas de Martes y Trece” en el que cuentan que esta película aparece en sus vidas justo en el impás que sufrieron cuando convinieron que Fernando Conde abandonara la agrupación cómica para irse a hacer teatro. Como Josema y Millán se consideraban actores antes que cómicos, y como estaban en un momento de gran popularidad y decidiendo que hacer con Martes y 13 tras la marcha de Fernando, García Sánchez les ofreció un papel en la película. Pero hay algo que no cuaja, porque Josema tiene un papel de gran importancia, casi de protagonista, mientras que a Millán se le concede uno nimio, casi en calidad de extra —no me quiero imaginar el cuadro de envidia y la lucha de egos de esos dos durante la filmación—. Y, quizás por el nivel de los actores que tienen a su lado, sus presencias se antojan sosas, incluso molestas. Es una lástima, pero “La corte de Faraón” es la muestra de que ni Josema ni Millán son buenos actores si los sacas de sus roles de Martes y 13. Se supone que sus papeles en esta película servían para desmarcarse un poco de su imagen de humoristas, para ver sí podían ganarse la vida como actores si finalmente Martes y 13 desaparecía, pero ninguno de los dos puede abandonar los tics, muecas y gestos que les hicieron populares. Josema actúa como en un sketch cualquiera de sus especiales televisivos, mientras que a Millán, que sale poco, tienen que eliminarle en montaje el exceso de “millanadas” que, intuyo (y se nota además), a buen seguro hizo durante su interpretación, incapaz de olvidarse de que era Millán.
Por suerte para ellos, poco después del estreno de la película, se decidieron a continuar con Martes y 13 sin Fernando y, en el especial de fin de año no se les ocurrió otra cosa que inventar in situ el sketch de “La empanadilla de Móstoles”. El resto es historia. Y como fuera, lo cierto es que mientras que el dúo permaneció en activo, el cine español no les volvió a ofrecer una película (con excepción de las concebidas para su lucimiento como cómicos). Y con la disolución del grupo… casi tampoco. He dicho casi.

miércoles, 27 de agosto de 2014

EL GRAN MOGOLLÓN

Pedro Ruiz, showman todo terreno, que en parte por su prepotencia, en parte por tocar los cojones a los que mandan, se ha granjeado una mala fama terrible en los últimos años, es el protagonista absoluto de esta comedia.
Y Pedro Ruiz, escritor, actor, director de cine, presentador de televisión y polémico entrevistador, lo que en realidad es, o al menos, así lo conocí yo desde que tengo uso de razón, es humorista e imitador. Uno de los grandes además. Sin embargo, hoy parece renegar de todo aquello. Y en particular, de esta película, “El gran mogollón”. Tuve el placer de conocerlo personalmente, y cuando le pregunté por ella, me respondió “Aquello fue un despropósito”. Y me dio mucha rabia, porque a mí, de chaval, me gustaba mucho esta película. Que mejor manera que corroborar las palabras de Ruiz que viéndola años después. Y sí, es zetosa, chunga, rodada con una desgana acojonante por el otrora artesano Ramón Fernández y, básicamente, compuesta de planos generales. No quería rodar más, ni montar mucho en este encargo. Pero bueno, por otro lado, la película da lo que ofrece, que es ver a Pedro Ruiz en su  mejor momento, imitando, perfectamente caracterizado, con unas prótesis acojonantes fabricadas por José Antonio Sánchez, a todos y cada uno de los políticos que existían en España durante aquellos años de la transición.
Ahora, que Pedro Ruiz se quería marcar la machada, se creía que él era Peter Sellers (le he llegado a escuchar, en una ocasión, compararse con Lenny Bruce) y que estaba rodando “Teléfono rojo, volamos hacia Moscú” porque, al igual que Sellers en aquella película se interpreta como cuatro papeles, Pedro Ruiz en esta se interpreta nada menos que veinte, pero, lógicamente nada que ver con la de Kubrick.  De hecho, nada más comenzar el film, aparece en pantalla un cartelito que reza: “Por primera vez en la historia del cine, un solo actor interpreta a 20 personajes distintos, 17 de ellos, reales y vivos”. Bueno, quienes fueron a ver la película, ya sabían eso, de hecho, por eso mismo fueron a verla, no hacía falta ponerlo. Una muestra más de la prepotencia de Ruiz, que no obstante, es una cosa que me hace cierta gracia de su persona.
La película cuenta, inspirada en la novela “Ayer España enrojeció” de Andrés Madrid, como en unas elecciones generales, y contra todo pronostico, sale elegido,  para la presidencia del país, el partido ecológico y revolucionario. Ante la sorpresa del resto de políticos, el presidente, tiene que soportar los sobornos, peloteos y golpes bajos del resto de partidos políticos, que harán lo que esté en su mano por gobernar junto a él.
Bueno, pues yo me la tragué tranquilamente, disfruté de las imitaciones de Pedro Ruiz (la de Carrillo y la de Alfonso Guerra se llevan la palma) y como película para lucimiento de un cómico, funciona perfectamente. Ahora, si es cierto que la película técnicamente es un desastre. Porque como he dicho antes, se nota que está hecha a toda prisa y sin amor por lo que se está haciendo. Quizás demasiado. No obstante, la película, muy de su época y para su época –verla ahora es un poco raro, porque no sabemos ni quienes son la mitad de quienes imita- está lo suficientemente entretenida, como para pasar por alto esa técnica. Es más, yo la paso por alto casi siempre, así que…
Junto a Pedro Ruiz, tenemos en el reparto a Agustín González, Amparo Muñoz, Isabel Luque (solo por verla a ella, merece la pena cualquier película en la que salga), Rafaela Aparicio, Florinda Chico, Antonio Gamero, José Lifante y los cameos, haciendo de si mismos de José María García y Joaquín Arozamena.
El director, Ramón (a.k.a. Tito) Fernández, es ya un habitualísimo de este blog.

lunes, 26 de noviembre de 2012

DE CAMISA VIEJA A CHAQUETA NUEVA

Tercera película del tándem fascio Vizcaíno Casas y Rafael Gil, que cierra la trilogía más granada del cine facha junto a “Y al tercer año… resucitó” e “Hijos de papá” y que, en clave de comedia, critica a los “chaqueteros” que se pasaron de la falange española al partido comunista con el fin de no perder su estatus en el poder. De hecho, la película (y supongo, la novela en que se basa) no se plantea, ni lo más mínimo, un cambio de chaqueta por convicciones. Pero no es ya que ni se lo plantee… ¡Es que ni lo tolera!.
Manuel Vivar es un alto mando del régimen franquista, que se dedica a cumplir ordenes y a apoyar a Hitler en su cruzada. Cuando los nazis pierden la guerra, reniega del tercer reich y se pasa a la corriente política mayoritaria, y así sucesivamente hasta llegar a los años ochenta y acabar liderando el partido comunista, mientras en un alarde de hipocresía, mantiene sus empresas, sus lujosos coches y su enorme casa. Todo ello entres situaciones supuestamente cómicas.
Independientemente de la ideología que profesan estas películas dirigidas por Rafael Gil, he de confesar que a mí me hace mucha gracia que sean tan abiertamente fachas, y la naturalidad con la que exponen ciertos temas. Sin ir más lejos, al final de esta película, durante los créditos, y por si no nos había quedado claro, suena una burlona y discotequera canción que arremete contra los “chaqueteros” de la forma más agresiva. Por lo demás, gags fascistas poco afortunados en un producto bien rodado, ingenuo y hasta entretenido en cierto modo, porque te tienes que acabar riendo en según que momentos, que son justo los que no lo pretenden.
Lo irónico de todo esto, es que durante la transición había libertad a la hora de hacer una película, incluso una de una temática tan deleznable como esta. Se hacía, y se estrenaba, y que el publico eligiera verla o no, era su problema. Sin embargo, en los tiempos que corren, que somos tan modernos y se aboga tanto por la libertad, sería imposible que se diera luz verde a semejante proyecto, es más, sería perseguido y condenado.
Sin más politiqueo, decir que en la película aparecen José Luis López Vázquez, cuyo físico parece concebido para hacer de fascista, Manuel Codeso, Antonio Garisa, Charo López, Agustín González, y Emilio Gutiérrez Caba, que en su afán por querer ser el Al Pacino español, como ya dije en esta reseña, interpreta a un falangista de muy firmes convicciones.
Rafael Gil rodaría después dos películas más “Las autonosuyas” y “Las alegres chicas de Colsada”, y poco después moriría, dejando un basto legado de obras de temática fascistoide o, alejándose de la política, corte popular.

martes, 6 de septiembre de 2011

LAS CHICAS DEL BINGO

Curiosa y, hasta hace poco, ilocalizable película, descaradamente rodada a rebufo de "Los Bingueros", que, obviamente, no obtuvo los mismos resultados en taquilla. Y les diré por qué es extremadamente curiosa; podría muy bien ser un “spin off” de "Los Bingueros", en cuanto que los protagonistas de esta, con los nombres de los personajes cambiados pero interpretados por los mismos actores, son los secundarios de la película de Mariano Ozores. Así pues, tenemos a una Africa Pratt, como trabajadora del bingo que tiene casi el mismo perfil de la trabajadora que interpretaba en "Los Bingueros", y lo mismo pasa con el cameo de Antonio Ozores y el papel de Florinda Chico. Obviamente es todo producto de la más pura casualidad, pero ahí está la cosa.
Siendo muy coral, la película cuenta la historia de distintas trabajadoras del bingo que, entre cartón y cartón, ligan con viejos, y fuera del trabajo viven su propio drama. Una deja el pueblo para realizarse, otra tiene una turbulenta relación con su novio, otra mantiene al marido porque este está en paro, y otra siente debilidad sexual por los “languis” y los “estropeaos”.
Deambulando entre el drama y la comedia, "Las chicas del bingo" resulta ser una película de lo más amena y entretenida, que pasa en un suspiro. Ochentera hasta la médula y, en ocasiones, y en consecuencia, ridícula, es de lo más llamativo encontrarse una escasez considerable de destape y escenas de sexo, máxime considerando época en la que se rodó y tratando como trata el mundo crápula. Dentro de la crudeza de lo que cuenta, casi podría ir destinada a toda la familia.
Por la pantalla rulan secundarios de lujo que hacen a las chicas del bingo la vida más fácil, o más difícil: Manolo Zarzo, Agustín González, Rafael Hernández, Emilio Linder o José Bodalo, complementan 
el granado reparto, junto a los arriba mentados, María Kosty, María José Cantudo, y Silvia Aguilar.
El director del invento es Julián Esteban, que aunque como director no se prodigó mucho, sí que es guionista, bajo el seudónimo de Julius Valery, de "El lago de los muertos vivientes" según -dicen- Jean Rollin y "Sexo Caníbal" de, justo, el director original de aquella antes de pirarse a último segundo, Jess Franco.

lunes, 15 de octubre de 2018

DOS MEJOR QUE UNO

“Dos mejor que uno”, basada en la novela de José Luis Olaizola “El señor del huerto”,  quizás suponga una de las últimas películas adscritas a la denominada “tercera vía del cine español”, categoría esta a la que la película está adscrita, y que aglutinaba todos aquellos trabajos que deambulaban entre el cine popular y el cine intelectual con un fuerte componente socio político y económico en su haber. Esta tendencia fue perdiendo terreno en el momento en que la comedia madrileña irrumpió con fuerza en nuestras pantallas, sin duda más frívola y moderna, aunque deudora  asimismo de esta corriente.
Por otra parte, “Dos mejor que uno” lanza un mensaje fraternal y abiertamente comunista, no exento de buenas intenciones, que junto a un reparto compuesto por actores de dos generaciones, y una historia amena y modesta, nada pretenciosa, se convierte en una refrescante propuesta. Cine español ochentero del que tenía su propia entidad y al que, contra todo pronóstico, los años no han hecho más que beneficiarle.
Sin embargo, se trata de una película que al deambular un poco por tierra de nadie, pasó inadvertida en su paso por cines, permaneciendo prácticamente inadvertida durante todos estos años dando señales de vída únicamente en dispersos pases televisivos. 52.000 espectadores fueron los que pasaron por salas. Poca cosa.
Cuenta la historia de dos amigos de la infancia, uno prudente y apocado, otro completamente histriónico, que son presentados sin que conozcamos mucho de sus pasados —salvo por un par de flashbacks a su niñez que nos ponen un poco en situación— pero mientras que uno no da palo y vive más o menos como un vagabundo, el otro, encargado de vigilar un solar destartalado y viviendo en una chabola, decide, con permiso del dueño del solar, plantar un huerto con el handicap que supone el plantar un huerto en pleno casco urbano y en un descampado en el que no hay agua corriente. Pronto, un montón de amigos y vecinos trabajarán codo con codo con el fin de llevar esa plantación a buen puerto. El problema es que una oficina banquera colindante, quiere hacerse con ese solar para edificar, cueste lo que cueste.
La nota romántica la pone el triangulo amoroso formado por los protagonistas, enamorados de la misma mujer, que para más inri, está casada con uno de ellos.
Un film muy agradable y dinámico cuyo mensaje positivo no deja al espectador que se desanime, pese a que, paradójicamente, el final es para nada esperanzador.
El reparto está lleno de estupendos actores; por un lado tenemos a José Sacristan (rey indiscutible de la tercera vía), Antonio Resines, Jesús Bonilla o Miguel Rellan, representando aquella etapa contemporánea a la vez que comparten plano con los veteranos Agustín González, Rafael Alonso, Rafaela Aparicio o Saza.
El director, Ángel Llorente, debutaba con este largometraje tras haber escrito los guiones de “Volver a empezar” o “El Hueso”. Su carrera como guionista y director no fue lo suficientemente fructífera y no nos dio tiempo a ver como hubiera evolucionado este señor, porque nueve años después de rodar el que es formalmente su último trabajo,  Ángel Llorente fallecía con poco más de 51 años. Una lástima.

lunes, 28 de julio de 2014

BUSCANDO A PERICO

Antonio del Real, que tiene la particularidad de ser, sin comerlo ni beberlo, el único director español actual que hace un tipo de cine muy deudor de “La Españolada”, paradójicamente, inició su carrera como un miembro más de “La nueva comedia española”, es decir, que viene de un cine distinto al que hace ahora. Esto es, que al igual que los Colomos y  Truebas de turno, del Real hacía un tipo de comedia contemporáneo, marcado por la transición y la izquierda de inicios de la década de los ochenta, dónde la política, la delincuencia, la droga y el post modernismo formaban parte de esa nueva comedia, dejando atrás todos los tópicos de lo que la comedia española había sido hasta ahora. Es decir, comedia para “progres”. Y si en 2006 del Real se atrevió a hacer algo tan fuera de época como es “Desde que amanece apetece”, en 1982, y tras el éxito que supuso su opera prima “El poderoso influjo de la vida”, rueda algo tan actual para su momento como fue “Buscando a Perico”, dónde, quinquis, fachas, rojos y cocaína, forman el particular universo de esta película.
Un aristócrata de viaje por algún exótico país latinoamericano, se trae a España un cargamento de cocaína oculto en un paquete de cocos. Su ayudante, que se encarga de ellos de vuelta a españa y que ignora lo que los cocos contienen en realidad, los deja en el asiento trasero del coche. Al día siguiente, cuando va a comprar el periódico, dos quinquis le roban el coche, estando dentro de él los cocos con la coca y el hijo de este, Perico. Y de ahí el título “Buscando a Perico”. A partir de ahí, mafia, policía, drogadictos y demás morralla, entran en escena, buscando a los dos “Pericos”, con las situaciones cómicas que esto acarreará.
Hay que ver con lo moderna que resultaba esta película en su momento, lo desfasada que se queda a día de hoy. Teniendo buen recuerdo de ella de haberla visto años atrás, el volver a verla ha sido un ejercicio soporífero, a pesar del ritmo endemoniado que gasta la película.
Vendría a ser un remedo a la española de “Los Locos del Cannoball”, en la que muchos y variopintos personajes van a por algo a la carrera, todo ello convenientemente adaptado  al españolismo ochentero y haciendo alarde de lo políticamente incorrecto, como era común en el humor de aquellos días, recién salido el país de una dictadura. Y no dudo que la combinación en la época fuera explosiva – de hecho, fueron a verla más de 500.000 espectadores al cine, pero dónde de verdad tuvo tirón la película, fue en los vídeo clubs- pero a día de hoy no funciona en absoluto. No conseguí reírme nada de nada, a pesar de la predisposición que tengo yo con este tipo de productos. Ni tan siquiera entretenerme. Con la de cosas que pasan. Ya es difícil.
El reparto, plagado de grandes como Luis Escobar, Antonio Gamero, Agustín González, Santiago Ramos, Guillermo Montesinos, Ricardo Palacios o Charly Bravo, es además excéntrico hasta el punto de tener en sus filas destacadas presencias de la televisión infantil de aquellos días comoFernando Chinarro (“El gran circo de T.V.” “El loco mundo de los payasos”) o José Riesgo (“Terror en el tren de media noche”) y Juan Ramón Sánchez, Julián y Chema, respectivamente en “Barrio Sésamo” y que aquí interpretan a un mafioso y a un heroinómano respectivamente, o del mundo de la canción como puedan ser Caco Senante, o el criminal Teddy Bautista, en un rol que parodia al Alex DeLarge de “La Naranja Mecánica”.
Curiosa. Pero no ha aguantado el visionado. Una lástima, porque quería que me gustase, pero…

martes, 27 de septiembre de 2011

Y DEL SEGURO... ¡LIBRANOS, SEÑOR!

Película de Antonio del Real, al estilo de Antonio del Real, y que a juzgar por el póster, se las promete mucho mas alocada y desmadrada de lo que en realidad es.
En los ochenta se pusieron de moda las comedias ambientadas en clínicas y hospitales, y a rebufo de LOS LOCOS DEL BISTURÍ, aquí en España se rodaron AGÍTESE ANTES DE USARLA y esta.
También es sabido que en España en aquellos años, los personajes de actualidad de la tele y el mundo del espectáculo eran también rentables en la taquilla, y por eso esta película es un perfecto vehículo de lucimiento para el popular Dr. Cabeza, que protagoniza la cinta.
Alfonso Cabeza, era un doctor real, que para más inri era presidente del Atlético de Madrid y un polemista nato. Su fama era tal, que a algún productor despiadado se le ocurrió que una película con el a la cabeza (valga la redundancia) podía ser un éxito de taquilla.
Un actor para hacer un fraude a la seguridad social, se hace pasar por enfermo en diversas clínicas y hospitales. Esta vez da a parar a uno cuyos directivos son los individuos más corruptos del mundo. Pensando estos que este es en realidad un inspector del ministerio de sanidad, planean hacerle chantaje, y con dicha confusión, tenemos el enredo en bandeja. Por otro lado, dos macarras convencen al actor para atracar las arcas del hospital, y salir de allí juntos con el botín.
No está nada mal la película. Obviamente, el papel del doctor Cabeza es secundario, pero resultaba muy atractivo, a priori, para la taquilla, pero no recaudó lo esperado.
En realidad se trata de una película que denuncia los chanchullos de la seguridad social y las irregularidades en las intervenciones médicas, pero como está camuflada de comedia, nos lo pasamos teta con la película, máxime cuando esta tiene sus contadas dosis de humor negro, gore y escatología (que no hay nada mas gracioso que hacer chistes sobre las entrañas de un individuo al que están haciendo una autopsia).
De una coralidad absoluta, en el reparto nos encontramos con un grupo de grandes de la época, Juanjo Menéndez, Antonio Gamero, un excelente Carlos Larrañaga, una de las actrices mas bellas del cine Español; Isabel Luque, Agustín González, y un primerizo, y sorprendentemente gracioso Antonio Banderas que empezaba su fructífera carrera tras trabajar con Almodóvar, y que da vida a uno de los macarras que planean el atraco, con acento Andaluz, y con una bis cómica, que ya nunca se volvería a vislumbrar. Vale que en TWO MUCH está gracioso, pero en esta, mama del humor de sal gruesa que se estilaba en España aquellos años.
Rodada con oficio y solvencia, deja un buen sabor de boca tras el visionado. Y, coño, que es un tipo de cine que ya no se hace, y que debería hacerse.

jueves, 15 de diciembre de 2011

HIJOS DE PAPÁ

Una muestra más de cine post- franquista, de la mano, como no, de Rafael Gil (Y AL TERCER AÑO, RESUCITÓ) adaptando nuevamente una obra del también fachoso Vizcaíno Casas, que hasta se reserva un cameo en la película.
La acción se traslada hasta 1946, en una época en la que los adolescentes, ávidos de sensaciones fuertes (como los de los ochenta y como los de ahora) se conformaban con una copita de licor en el bar, y ya como cosa muy extrema, con ligarse a alguna vedette de la revista de turno. La mano dura de sus padres, buenos españoles devotos de Dios, les hacía actuar según su mandato. Con un emotivo discurso en la plaza de Oriente, con Franco ensalzando los valores de una España que se las promete feliz, hacemos un salto en el tiempo hasta los años 80, época en la que se rodó la cinta, para ver lo hippies y lo mal educados que son ahora los jóvenes, que no respetan ni la patria, ni las costumbres, ni la religión.
Obviamente, el mensaje de esta película es totalmente fascista. Pero además de forma abierta y hasta orgullosa (como pasa en todas las pelis perpetradas por el tarden Casas/Gil), pero claro, aquí salgo de manera ultra tolerante a favor de esto. No hay nada más fascista que el no disfrutar de una película solo porque la han hecho los fachas, y claro, estos cuentan las cosas desde su punto de vista. Respetable o no, eso es otra cosa.
Así que en definitiva, y dejando a un lado las ideologías, al final HIJOS DE PAPÁ, resulta un melodrama costumbrista rodado a la antigua (el cine español de hoy, subvencionado y hecho por, y para la gente de izquierdas, es mas fascista que este abiertamente franquista) altamente divertido, en ocasiones por lo exagerado de lo que nos muestra (una manifestación de falange en la parte ambientada en los cuarenta, en la que el protagonista, veinteañero, ondea la bandera de España mientras le dice a su compañero: “Esta es la España que queremos para nuestros hijos”, a lo que este le responde: “Y si nuestros hijos no son capaces de comprenderlo, ya se lo explicaremos”) y en ocasiones, simplemente porque la película está entretenida y bien.
En el reparto, como no, grandes de la talla de José Bódalo, Agustín González, Ricardo Palacios o Fernando Sancho y una jovencita, bellísima y pizpireta Ana Obregón, que se lleva la palma del delirio: Da vida a una jovencita actual inmersa en la movida Madrileña, pero que el día 20 de noviembre se viste con su uniforme de falange española, va a las manifestaciones franquistas y le dice a su padre, el cual se emociona al ver la ideología de de su hija: “una puede ser muy “In” y tener sus propias ideas”. Telita. Parece una parodia.

lunes, 20 de diciembre de 2021

MADRID, COSTA FLEMING

Forma parte de la historia de Madrid, el célebre barrio conocido popularmente como Corea —el nombre se lo pusieron los vecinos, el barrio en realidad no se llamaba así— y la calle que atravesaba las zonas de La Castellana y el Santiago Bernabeu. Esa calle, la del Doctor Fleming, fue la seleccionada para edificar una serie de apartamentos que se le venderían a los soldados americanos que operaban en la base militar de Torrejón de Ardoz. A los soldados americanos allí instalados les quemaba el dinero yankee en las manos, por lo que pronto la calle se convertiría en zona lúdica donde se construyeron toda suerte de discotecas, bares de alterne y pisitos que servían para que, una vez los soldados se ligasen a una churri en los bares, se subieran a esos pisos para realizar la transacción comercial con la señorita de turno. Hablando en plata, la calle Doctor Fleming se convirtió en un putiferio.
Pronto, la bohemia madrileña fijaría su sede allí, y en los años 60 no había zona más golfa en todo Madrid que la calle Doctor Fleming.
El régimen de Franco, por supuesto, no comulgaba con semejante zona de puterío e intentó cerrar todos los bares y locales de la zona con el fin de convertir aquello en un barrio decente, pero por miedo a que esa situación se extendiera a otras zonas de Madrid y que el libertinaje campara a sus anchas, Franco, decidió hacer la vista gorda siempre que lo que ocurriera en la calle Doctor Fleming no saliera de la calle Doctor Fleming. Y esto duró prácticamente hasta bien entrada la democracia.
En consecuencia, el periodista Raúl del Pozo, bautizó al barrio para la prensa bajo el sobrenombre de Costa Fleming, y así se le conoce hasta nuestros días, sólo que los tiempos han cambiado mucho y ahora la zona ya no es un lupanar sino un lugar de encuentro para las clases pudientes madrileñas, que visitan los mejores restaurantes y las mejores coctelerías. El tiempo convirtió un barrio marginal en zona pija para turistas y foraneos.
Sin embargo, el ambiente de la zona fue muy sonado en la época, por eso, el escritor Ángel Palomino ambientó una de sus novelas en ese barrio y la tituló “Madrid, Costa Fleming”. Más que por la calidad del libro, por lo morboso de la propuesta, era cuestión de tiempo que el cine quisiera adaptar este material y en 1976 José María Forqué adquirió los derechos de la novela para su versión cinematográfica, que él mismo produciría y dirigiría.
La película, comedia con ramalazos dramáticos y bastante mala baba, no cuenta en realidad nada de esto que les acabo de explicar, sino que centra su trama en la especulación inmobiliaria de la zona, y la sobreexplotación de esas viviendas para ser  utilizadas como prostíbulos. De las fiestas de los famosos, las orgías y las peleas de las que tanto se habló durante años, nada de nada. Y, por supuesto, no aparece en la película ni un solo soldado americano.
Según esta premisa, “Madrid, Costa Fleming” es una suerte de historias entrecruzadas ambientadas en este barrio, que van desde la de una joven estudiante de económicas que se gana la vida como agente inmobiliario, que tiene que luchar contra el machismo y el ninguneo de sus jefes, los especuladores inmobiliarios, mientras que por otro lado tenemos a los vecinos “decentes” de uno de los inmuebles donde sucede la acción, que se oponen a que los pisos del edificio hayan sido adquiridos con el fin de convertirse en prostíbulos. Por otro lado, tenemos las vicisitudes de las prostitutas que  trabajan allí, y los chanchullos de los constructores con los arquitectos, la mano de obra, etcétera.
“Madrid, Costa Fleming”, que por cuestiones históricas se ve obligada a adscribirse a la corriente del destape, aunque este sería un elemento secundario, resulta una película condenadamente entretenida, pero no tan desmadrada como a priori se nos propone, que según va avanzando va perdiendo algo de fuelle y va dejando cabos sueltos. Son tantas las historias paralelas que nos van mostrando, que antes de los títulos de crédito olvidan cerrar un buen número de tramas. Aun así, resulta una película estimable, en parte, porque no es la típica comedita española de los años 70 (esta tiene algo más de enjundia), en parte, por un elenco de actores en estado de gracia que da gusto verlos.
Una jovencísima Verónica Forqué, hija del director, protagoniza la película dando vida a la estudiante de económicas con apenas 20 años de edad y lo cierto es que está muy bien, muy comedida en su actuación con respecto a lo que haría en sus años de bonanza en los 80 y 90. La secundan un estupendo Agustín González, que haciendo el papel de jefe cabrón no hay ninguno como él, un descacharrante Juanjo Menéndez, que hace chanchullos con medicamentos y les hace el toco mocho a las prostitutas con las píldoras anti-baby, o Paco Cecilio en un papel, más tirando a dramático que a cómico, entre un montón de secundarios absolutamente geniales.
Por supuesto, la película fue un éxito de taquilla congregando a casi un millón de espectadores, sin embargo, por algún motivo que desconozco, es una de las más olvidadas de la época. Yo la recomiendo.