Curiosa película de la “golden era” del porno-chic americano de los años 70. Si por lo general podía considerársele cine en el sentido de que, al final, se trataba de contar historias en un entorno de sexo explícito (y no como en el porno de ahora), “The Erotic Memoirs of a Male Chauvinist Pig” riza el rizo. Ya no es que tengamos aquí un porno en el que las escenas sexuales estén al servicio de una historia, es que además estas son escasas, de intenciones no muy eróticas y tendencia abiertamente cómica. Pero eso no es todo, la película desprende en todo momento un tufillo progresista que no distingo si es satírico o no —al fin y al cabo, tenemos aquí un pequeño catálogo de señoras sometidas— en lo que parece una respuesta al feminismo imperante en los 70 que arremetía contra la industria del porno. Así pues, el título, que traducido vendría a ser “Las memorias eróticas de un cerdo chauvinista” es claramente irónico, pero la película, 50% comedia, 50% paja mental, parece destinada a espectadores intelectuales.
Yo me he quedado turulato porque es un porno muy raro, pero extrañamente divertido e interesante.
Tenemos a un artista que se dedica a la escultura erótica, tiende a grabar sus pensamientos en una grabadora y ha sufrido en sus carnes ya tres divorcios. Su actual mujer, a pesar de las mamadas que le casca, ya no le atrae sexualmente, así que busca otro tipo de emociones siendo felado por una colegiala o amordazando y atando a un amigo suyo para follarse a su esposa delante de él. En definitiva, este cerdo chauvinista de espesa barba y bigote inglés, se tira la película entera follando y confesando su infelicidad al respecto a la grabadora, mientras que por un motivo u otro el espectador es testigo de violaciones simuladas, lluvia dorada (para la que se utilizó cerveza) y, sobre todo, eternas y soberbias mamadas (y pocas penetraciones). Todo ello en una película porno muy moderna y que fue la única obra de su extraño y enigmático director, R.C. Hörsch —hasta que volviera al porno en 2017—, que junto con el director de fotografía John Butterworth firma una de las películas porno con más intencionalidad de film estándar de la época, pareciendo por momentos una comedia de Albert Brooks en la que no se para de follar.
Hörsch es, por otro lado, un tipo sórdido y extraño a más no poder; era cámara de programas televisivos infantiles (trabajó en “Barrio Sésamo”) pero estaba loco por dejar ese trabajo y meterse en el porno, iniciándose en esa industria como doble de lefa de Harry Reems, sustituyéndole en un rodaje en el que la cámara de 35 mm se atascó justo en el momento en el que Reems eyaculaba en un acto sexual, no pudiéndose filmar la corrida. Como Reems fue incapaz de retomar la tarea, Hörsch se ofreció a sustituirle rodando el inserto, tras demostrarle al director de aquella película lo fácil que era para él tener una erección y demostrando su poderío colgándose una toalla del rabo. Lo siguiente a tal virguería sería intervenir en loops de 8 mm y espectáculos en vivo en locales del Deuce.
En un momento dado decidió hacer su propia película. En realidad Hörsch escribió una comedia negra sobre un tipo divorciado tres veces, que aunque era algo subida de tono no estaba concebida para ser porno. Pronto se daría cuenta de que la única forma de llevarla a cabo era dentro del cine para adultos —y de ahí que el sexo sea escaso—. Conseguirá un poco de dinero, más el que aportaría John Butterworth, y de ese modo producirían la película que nos ocupa.
Rodaron en su Filadelfia natal con actrices que a día de hoy son leyendas del género como Tina Russel o la mítica Georgina Spelvin, así como Helen Madigan haciendo de colegiala, y especulándose en los mentideros que entonces aún era menor de edad. También se usaron actores no profesionales en la producción: el protagonista, Paul Taylor, ni siquiera era actor porno, se trataba de un actor de teatro que utilizó seudónimo para acreditarse, aunque demostró no tener ninguna clase de problema a la hora de conseguir erecciones y practicar sexo delante de la cámara (aunque para las corridas era sustituido por el propio director). Su esposa también aparece en la cinta, del mismo modo que la hermana de R.C. Hörsch fue convencida para interpretar un papelito.
Finalizado el rodaje en 12 días, y sin dinero para llevar a cabo la posproducción, pronto la película sería comprada para su exhibición y, en consecuencia, sufragados todos sus problemas económicos. Se hinchó el negativo de 16 mm a 35, se estrenó en Nueva York y Filadelfia y se convirtió en un pequeño éxito.
Tras la experiencia, R.C. Hörsch se alejó del porno para dedicarse a ser fotógrafo, piloto de exhibición, activista político y escritor… pero también hizo carrera desempeñándose como traficante de drogas y falsificador de billetes y obras de arte (falsificó a Picasso), motivos por los que fue ingresado en prisión para más tarde fugarse y ser buscado por prófugo. Si buscamos fotos en internet da bastante miedo, con su pelo largo y grasiento, su descuidada barba y su parche en el ojo.
En 2017, tras varias estancias en la cárcel, volvería al porno con la película “¡Whore!” (“¡Puta!”) y en 2021 incidiría en el tema con “Transgressions”. Lo cierto es que su obra, de un modo u otro (ya sean libros, poemas o demás zarandajas), se asocian siempre a cierto maldistísmo, a cierta oscuridad intelectual y sexual que me parece de lo más cutre y chapucera, a la alemana (tipo Marian Dora, quizás no tan extremo), y por eso me llama tanto la atención que “The Erotic Memoirs of a Male Chauvinist Pig” sea un genuino, curioso, pizpireto y simpático porno de la era dorada, con más argumento que sus coetáneos, más gracia y posiblemente mejor rodado que cualquier tontería de, por ejemplo, Gerard Damiano. Esta película es entretenida y sus protagonistas no parecen todos deficientes, como sí ocurría en las del antes mencionado.
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lunes, 10 de junio de 2024
viernes, 8 de octubre de 2021
LINDA LOVELACE CANDIDATA A PRESIDENTE
Tras el éxito de “Garganta Profunda” (la película porno más rentable de la historia), su protagonista femenina Linda Lovelace, vivió los momentos de mayor celebridad en su culebreante carrera, por ese motivo a su pareja de entonces, David Winters, famoso por haber realizado las coreografías de “West Side Story” -y futuro director y productor de numerosos zetismos-, se le ocurrió que podía sacar provecho del palmito y popularidad de Linda, concibiendo una película para su completo lucimiento que sirviera para introducirla en el cine no pornográfico. No era baladí, porque en esos años posteriores a la película de Gerard Damiano, la Lovelace había acumulado una importante base de fans que incluía estudiantes universitarios, intelectuales y actores de Hollywood. Era, pues, el momento de presentarla al mundo convencional. Sin embargo, y dada que la popularidad de la actriz venía precedida de la pornografía, esta “Linda Lovelace candidata a presidente” se rodó en su versión para todos los públicos —que incluye un plano inicial de la actriz en pelota picada y alguna escena de corte erótico pero todo muy contenido— y en otra versión X con material más fuerte para su público natural. No obstante, el boom Lovelace ya había pasado para cuando se estrenó y la película fracasó comercialmente en cualquiera de sus versiones. Al margen de si la actriz seguía o no de moda, la película no es que fuera especialmente divertida y, si bien la versión light de esta era bastante edulcorada y ramplona, la versión X no era lo suficientemente hard como para que los pajilleros fueran a los cines de El Deuce a hacerse sus pajillas.
En la cinta, Linda Lovelace se interpreta a sí misma, aparece representada como una diva del pueblo, todo gira en torno a la figura de la actriz y, al final, resulta todo un tanto ridículo. Se trata de una desmadrada comedia de presupuesto medio que incluso contó con estrellas en su reparto —por ejemplo, Scatman Crothers aparece un momentillo— y que, aunque comienza muy bien con una serie de gags encadenados de una incorrección política que a día de hoy indignarían al público contemporáneo más dado a ofenderse —con una especial fijación por los distintos tipos de indios (nativos, de la india o sudamericanos) que son mostrados aquí poco menos que como animales, o asesinos irracionales—, la cosa pierde fuelle a los pocos minutos convirtiéndose en un batiburrillo de escenas donde muchos personajes van para arriba y para abajo, donde la Lovelace se muestra encantadora en todo momento, y donde la influencia de los cartoons de la Warner brothers se deja ver en todo momento, con individuos poniendo dinamita en la carretera a la Coyote y Correcaminos, pero con muy poquita gracia. A la hora de visionado ya está uno cansado de tanto corre-ve-y-dile, y la sensación de cansancio acrecienta cuando comprobamos, para más inri, que la película es larguísima. Resumiendo: Es (o pretende ser) simpática, pero no funciona a pesar del ritmo desenfrenado que lleva y lo desmadrado que se las propone.
Una serie de líderes mundiales, sin saber muy bien por qué, se reúne con el fin de buscar un candidato a presidente de los Estados Unidos de América. Todo el mundo tiene muy presente la película “Garganta Profunda” y, en comité, se decide que la próxima candidata a presidente debe ser su protagonista, Linda Lovelace. Cuando se reúnen con ella para proponerle la candidatura, ella no está muy convencida, pero al final accede y forma un partido político con el que se irá de gira por el país con la finalidad de captar votantes. Sin embargo, en Washington no están muy por la labor de que una estrella porno opte a la presidencia de los Estados Unidos, motivo este por el que la oposición contrata a un asesino a sueldo con la intención de que se cargue a tan popular candidata. Mientras el asesino intenta cumplir con su cometido, nuestra candidata se verá en mil y una disparatadas situaciones.
Bastante mala.
Como la película fue un fracaso, en la era del vídeo no consiguió obtener distribución videográfica, sin embargo si circularon copias de la misma en el circuito de la piratería, y esas son las cintas que los fans se fueron pasando de mano en mano, hasta que hace no demasiado, su versión para todos los públicos se comercializó de manera legal en formato DVD. Es por eso que, siendo como fue durante décadas un producto ignoto y de difícil acceso, la película generó un culto entre los aficionados al cine oscurillo y/o raro, que se decepcionaron profundamente cuando comprobaron que “Linda Lovelace candidata a presidente” era en esencia como “Los caraduras” pero mucho más cutre y deslavazada.
Curiosamente, la película se estrenó en nuestros cines en el año 1977, en aquella época en que todas estas películas picantonas, pero de contenido no muy duro, conseguían distribución a los albores de la clasificación “S”, aunque, posteriormente, no me consta que tuviera una continuidad comercial en formato vídeo (cosa que no he podido confirmar).
Dirige la película el chileno Claudio Guzmán, curtido en la televisión desde los años 60 dirigiendo para espacios como “El Show de Dick Van Dyke”, rodó un par de películas para cine siendo la que nos ocupa una de ellas y, después, continuó haciendo televisión, siendo sus últimos trabajos destacables algunos capítulos para la serie “Starman”.
“Linda Lovelace candidata a presidente” es una mierdecilla, pero también un producto la mar de curioso.
En la cinta, Linda Lovelace se interpreta a sí misma, aparece representada como una diva del pueblo, todo gira en torno a la figura de la actriz y, al final, resulta todo un tanto ridículo. Se trata de una desmadrada comedia de presupuesto medio que incluso contó con estrellas en su reparto —por ejemplo, Scatman Crothers aparece un momentillo— y que, aunque comienza muy bien con una serie de gags encadenados de una incorrección política que a día de hoy indignarían al público contemporáneo más dado a ofenderse —con una especial fijación por los distintos tipos de indios (nativos, de la india o sudamericanos) que son mostrados aquí poco menos que como animales, o asesinos irracionales—, la cosa pierde fuelle a los pocos minutos convirtiéndose en un batiburrillo de escenas donde muchos personajes van para arriba y para abajo, donde la Lovelace se muestra encantadora en todo momento, y donde la influencia de los cartoons de la Warner brothers se deja ver en todo momento, con individuos poniendo dinamita en la carretera a la Coyote y Correcaminos, pero con muy poquita gracia. A la hora de visionado ya está uno cansado de tanto corre-ve-y-dile, y la sensación de cansancio acrecienta cuando comprobamos, para más inri, que la película es larguísima. Resumiendo: Es (o pretende ser) simpática, pero no funciona a pesar del ritmo desenfrenado que lleva y lo desmadrado que se las propone.
Una serie de líderes mundiales, sin saber muy bien por qué, se reúne con el fin de buscar un candidato a presidente de los Estados Unidos de América. Todo el mundo tiene muy presente la película “Garganta Profunda” y, en comité, se decide que la próxima candidata a presidente debe ser su protagonista, Linda Lovelace. Cuando se reúnen con ella para proponerle la candidatura, ella no está muy convencida, pero al final accede y forma un partido político con el que se irá de gira por el país con la finalidad de captar votantes. Sin embargo, en Washington no están muy por la labor de que una estrella porno opte a la presidencia de los Estados Unidos, motivo este por el que la oposición contrata a un asesino a sueldo con la intención de que se cargue a tan popular candidata. Mientras el asesino intenta cumplir con su cometido, nuestra candidata se verá en mil y una disparatadas situaciones.
Bastante mala.
Como la película fue un fracaso, en la era del vídeo no consiguió obtener distribución videográfica, sin embargo si circularon copias de la misma en el circuito de la piratería, y esas son las cintas que los fans se fueron pasando de mano en mano, hasta que hace no demasiado, su versión para todos los públicos se comercializó de manera legal en formato DVD. Es por eso que, siendo como fue durante décadas un producto ignoto y de difícil acceso, la película generó un culto entre los aficionados al cine oscurillo y/o raro, que se decepcionaron profundamente cuando comprobaron que “Linda Lovelace candidata a presidente” era en esencia como “Los caraduras” pero mucho más cutre y deslavazada.
Curiosamente, la película se estrenó en nuestros cines en el año 1977, en aquella época en que todas estas películas picantonas, pero de contenido no muy duro, conseguían distribución a los albores de la clasificación “S”, aunque, posteriormente, no me consta que tuviera una continuidad comercial en formato vídeo (cosa que no he podido confirmar).
Dirige la película el chileno Claudio Guzmán, curtido en la televisión desde los años 60 dirigiendo para espacios como “El Show de Dick Van Dyke”, rodó un par de películas para cine siendo la que nos ocupa una de ellas y, después, continuó haciendo televisión, siendo sus últimos trabajos destacables algunos capítulos para la serie “Starman”.
“Linda Lovelace candidata a presidente” es una mierdecilla, pero también un producto la mar de curioso.
lunes, 16 de marzo de 2020
TARZ & JANE & BOY & CHEETA
Tarz y Jane viven plácidamente en la jungla junto a Boy, un
señor de unos cuarenta años, cuando en uno de tantos días de asueto Jane
empieza a cuestionarse la virilidad de Tarz tras una encarnizada pelea que este
mantiene con el gorila Cheeta. Como este pierde, la fémina comienza a
plantearse si está, o no, amariconao. Para colmo de males, en una contienda con
un caimán, Tarz pierde la polla (no se sabe muy bien si porque se la arranca el
cocodrilo de un bocado o porque se la apuñala creyendo que clava su cuchillo al
reptil), por lo que ella se queda sin
sexo. Se tiene que consolar con Boy, pero este no rinde en la cama. Sin
embargo, pronto emprenderán un viaje a través de la jungla con el fin de
encontrarse con una tribu cuya magia puede devolverle la virilidad a Tarz, pero
tendrán que enfrentarse a innumerables peligros.
“Tarz & Jane & Boy & Cheeta” es una estúpida
comedieta porno que cuenta con dos versiones, la hard y, esta que he visto yo, la soft, que es sin duda la versión más
popular de las que pululan por ahí, por no decir que la única que se preserva.
Prevalece la comedia ante el folleteo (en esta versión hay
mucha mamada simulada y, aunque se ven los penes reales de los tíos, los únicos
que están en erección son de goma) y para ello se sirve de espantosos numeritos
de slapstick combinados con gags propios
del spoof y siempre con un elemento cómico de tipo sexual para rematar los
chistes. Los de cuestionar la hombría de los personajes masculinos son los que
más abundan y toda la película está aderezada con momentos de auténtica sal
gruesa y mal gusto. A carcajadas he podido reírme durante una escena en la que
con el fin de tener sexo con una amazona, nuestro tullido Tarz, al no poder
disponer de su pene, decide penetrar a la moza con una mazorca de maíz, y
claro, como la chica está tan caliente, al cabo de un rato esta escupe
palomitas de maíz por el coño, que el bueno de Tarz deglute sin inmutarse.
La película es tan tonta e inofensiva que acaba resultando
hasta simpática y, cómo solo dura una hora, la verdad es que uno, que ya ha
visto de todo, no puede más que esbozar una sonrisilla y darle su beneplácito a
una película que es tan mala que causa hasta rubor enfrentarse a ella durante
los primeros minutos. Sin embargo, cae bien por lo que sea y, sobre todo,
porque no es especialmente aburrida. Las pollas de goma, los trajes de gorila y
esa ambientación tan cutre (Tarz, no usa lianas, sino, escaleras metálicas)
ayudan a entretenernos. Por lo demás, una morralla más de tantas.
El film datado en
1975, se estrenó asimismo en 1976 y, aprovechando que se había estrenado el
“King Kong” de John Guillermin, para explotar ese filón, se estrenó como
parodia porno de esta, exhibiéndose bajo el título de “Ping Pong” y destacando
en el póster el gorila que en realidad es Cheeta. A eso le llamo yo tener una
cara muy dura. Por otro lado, el personaje principal que claramente es Tarzán,
se llamó aquí solamente Tarz para subsanar un problema tan obvio como es el no
tener que pagar derechos de autor.
Protagoniza la cinta Patrick Wright, cuyo mayor mérito
actoral consiste en hacer un secundario en “Maniac”, pero que fue una presencia
habitual en películas de serie B donde trabajó a las ordenes de Roger Corman y
Russ Meyer, entre otros, apareciendo en películas como “Cuidado con Porky’s”,
“El día de graduación” o “Maniac Cop”, así como apareció en innumerables series
de televisión. Su intervención en esta película la firma con el pseudónimo de Elmo
Brix. También tenemos Georgina Spelvin, actriz porno que se hizo muy popular
con “El diablo en la seorita Jones” de Gerard Damiano y que aquí da vida a una
exploradora que se pega un festival de frotage. El resto del reparto lo
componen nombres tan desternillantes como los de Silver Foxx, San Clemente
Richard, Uncle Tom o, al loro, Five Fingers Eddie.
Del equipo técnico poco se sabe, tan solo que la dirigió un
tal Hans Johnson que para la ocasión firmó la película con el pseudónimo de
Itza Fine, aunque también se cuenta que la película es una estrategia comercial
de una serie de directores de porno duro que, visto el éxito de “Flesh Gordon”,
intentaron repetir la jugada con una película de similares características. No
lo consiguieron. No obstante, se llegó a anunciar una secuela que se iba a
titular “Tarz and The Bordello King” que nunca llegó a rodarse.
“Tarz & Jane & Boy & Cheeta” apareció en DVD gracias
a la gente de Something Weird Video, que la rescató del más absoluto olvido.
Se puede ver, de verdad. Si tiene tragaderas esta les
entrará como un fresco vaso de coca-cola… eso sí, de la marca del DÍA.
viernes, 1 de noviembre de 2019
COME WITH ME MY LOVE
Se puede decir que, a día de hoy, no podemos
considerar el porno un género cinematográfico. Hoy se va a lo práctico; se busca una
escena a nuestro gusto en internet, te haces el pajote y aquí paz y después
gloria. Y en cierto modo lo prefiero así. Una cosa es el cine y otra es el
porno con fines onanistas.
Sin embargo, el porno, que en ámbitos pseudo intelectuales
todavía puede funcionar como es el caso de la activista feminista Ovidie, en
los años setenta, no solo funcionaba a la perfección como género cinematográfico
sino que, incluso, se podían llenar las salas de cine, e incluso, acaparar la
atención de los medios de comunicación como fue el caso de “Garganta profunda”
de Gerard Damiano. Los hermanos Mitchell experimentaban y dejaban el sello de
autor con su porno sofisticado, se rodaban absurdas comedietas con argumentos
propios de la mejor Screwball comedy y se flirteaba con el cine de terror, como
en el caso de la película que nos ocupa, sin por ello descuidar las múltiples
combinaciones de las que un pornete tiene que hacer gala.
“Come with me my love” tiene sello de autor de todas, todas.
Aunque sea un autor de mierda. Y es que, aunque en los créditos del film la
dirección la firme un tal Luigi Manicottale, no hace falta más que echarle un
vistazo a la peli para darse cuenta de que se trata de una película de DorisWishman. Es como si a “Una noche para descuartizar”, le metiéramos unos
insertos pornográficos. Misma textura, mismo ambiente sórdido, mismo tipo de
película casi velada y misma inutilidad tras las cámaras, pero semejantes buenas
intenciones.
Y es que al folleteo de esta “Come with me my love” hay que
añadirle la trama de cine de terror que, junto a una atmosférica banda sonora,
acompaña a esta película entre polvo y polvo. No es que deje de ser una puta
mierda, pero tiene su gracia.
Resulta que un individuo descubre a su mujer follando con
otro tipo y decide pegarles un tiro a cada uno para después pasar a suicidarse
también. Cincuenta años después, una muchacha se muda a la casa donde sucedió
esto y se encuentra con que el espíritu de este individuo mora por allí a sus
anchas, hasta el punto de que este se la folla cuando le apetece y la chavalita
cree estar delirando. Para más inri, esta se trae a casa todo lo que pilla para
follárselo, y el espíritu de la casa, celoso, irá asesinando a todos los
hombres que osan meter su polla en la vagina de nuestra protagonista. Y todo
ello servido con una pericia tan propia de una deficiente mental, que por
momentos creemos estar viendo una muestra de cine porno experimental. Pero no,
lo único que pasa es que Doris Wishman es tan inútil que saca planos
desenfocados, o borrosos, o mal iluminados como consecuencia a su poca
destreza.
Lógicamente, el porno de estos años, rodado en costroso
¿16mm? con tanto pelo y tan poca higiene, está lejos de parecernos sexy. La
trama fantástica por si sola tampoco se sustenta, sin embargo, la combinación
de ambos conceptos hacen que esta película, porno duro, zetosa, llena de
fluidos color marrón y penes fláccidos que brillan en la oscuridad —y ente tanto
fluido y tanta viscosidad, sin embargo, nada de sangre— resulte cuanto menos
curiosa. Y además, según nuestros gustos, podemos hacer dos cosas: Pasar para
adelante en las escenas pertenecientes al hilo argumental y pasar directamente
al porno, o pasar el porno para ver la trama terrorífica.
Luego, más adelante, la Wishman renegó de toda esta
pornografía que rodó tan mal.
Y sí, cuando el porno era así, podíamos considerarlo género
cinematográfico, y “Come with me my love” una buena muestra de lo más chungo,
cutre y cerdo del porno con argumento.
Curiosa.
lunes, 8 de septiembre de 2014
LOVELACE
Pasa el tiempo y el anunciado biopic sobre Linda Lovelace –
actriz porno que se hizo súper popular comiéndose pollas en la película porno
“Garganta Profunda”- se estrena en los USA, sin hacer excesivo ruido. Y acaba
saliendo en DVD, y en españa, ni rastro de ella. Suerte que tenemos las
descargas ilegales.
Y cuando una de estas películas no termina de llegar a
españa, malo. Siempre suele ser porque son una puta mierda. Y al comenzar el
visionado y ver ese logotipo de “Milleniun Films” (ya saben, “Nu Image”) hace
presagiar que lo que vamos a ver, no es ese producto mainstream de dos horas y
media que esta historia pedía a gritos, y que por otro lado, muy ingenuamente,
yo esperaba. Y efectivamente, “Lovelace” es ese tipo de biopic funcional que
omite montones de cosas, que suaviza los acontecimientos y que convierte a
Linda Lovelace, más tonta y ávida de dinero que otra cosa, en martir y santa,
cuando la única verdad, independientemente de lo que ocurriese con su marido
maltratador, es que le gustaba la fama más que a un tonto un lápiz, y que se
hizo famosa por ser la primera que se comía una polla hasta los huevos delante
de una cámara. Cuando ya comerse una polla entera no era una cosa exclusiva,
entonces se reconvirtió al cristianismo y luchó contra la pornografía hasta las
últimas consecuencias (yo creo que como medio de vida finalmente). Pero claro, Harry Reems ya se había corrido en su cara, y
ella se había relamido cuando le dio por luchar contra lo que le había
reportado la fama. “Quien vea la película está presenciando mi violación” Muy
exagerado todo.
Bien, pues de todo eso la película habla por encima. Su
reconversión al cristianismo extremo se
omite, su lucha contra la pornografía se
resuelve en los minutos finales, y la película tiene el infortunio de contarnos
la historia dos veces. Esta se centra en el periodo comprendido desde la
adolescencia hasta el estrellato de la actriz: por un lado nos cuenta como fue
esta historia desde el punto de vista popular, lo que la gente conoció acerca
de la actriz y la película que le dio la fama, y una vez llegada su noche de
gloria en el pase privado de “Garganta profunda” que dio el magnate Hugh Hefner
para famosos y demás, la película retrocede en el tiempo para contarnos lo
mismo pero desde el punto de vista de Linda Lovelace, lo que se resume en
paliza tras paliza que le propinaba su marido Chuck Traynor, que además, la
prostituía siempre que podía.
Esto hace a la película tremendamente reiterativa y convierte la funcionalidad que pretende tener
en una falta de ritmo más o menos palpable, que hace que la cosa decaiga. Pero
al final la película con una hora y veinte de duración se ve tranquilamente,
sin estridencias de ningún tipo, ni trasgresión alguna. Así que la mayor pega
que le pongo, es que, en mi opinión, habría que haberle echado más pasta a esta
producción. Luego ya, le falta un poco de mala baba al asunto, y por otro lado,
el casting no me parece muy acertado porque ¡¡¡Es todo el mundo muy guapo!!!
Y hay que recordar que la gente
implicada en “Garganta Profunda” era
toda bastante fea. La Lovelace, se comía las pollas como si hubiera nacido para
ello, pero era más bien feúcha, de
dientes pochos yde físico más bien discreto. Y Harry Reems, parecía Bigote
Arrocet. Aquí, hasta Gerard Damiano es guapo.
En resumidas cuentas, es un biopic, estos siempre son
agradecidos (si lo era hasta el telefilme sobre Anne Nicole Smith…), y se ve
perfectamente, pero es demasiado televisivo, demasiado plano y demasiado blanco
y políticamente correcto.
Las estrellas de la película, Amanda Seyfried (“Caperucita Roja: ¿A quién tienes miedo?”,
“La gran boda”) como Linda Lovelace,
Peter Sarsgaard (“Linterna
Verde”, “La llave del mal”) como Chuck Traynor, Hank Azaria ( “Los Pitufos”,
“Godzilla (1998)”) como Gerard Damiano, James Franco como Hugh Hefner ,
secundados por gente como Wes Bentley, Eric Roberts, Cloe Sevigni, Juno Temple,
Robert Patrick o Sharon Stone.
Los directores son Rob Epstein y Jeffrey Friedman, que no
han rodado nada que yo haya podido ver o que me haya podido interesar.
No obstante, si quieren saber bien, bien la historia de esta
actriz y de la película que estuvo a punto de llamarse “El Tragasables”, es
mucho mejor ver el documental “Inside Deep Throat” donde se ahonda en todo el
asunto, y en la vida de Linda Lovelace y todos los implicados en la película,
de manera sobervia.
sábado, 22 de octubre de 2011
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