Extraña, ignota, a todas luces innecesaria, chabacana y fraudulenta secuela de “El violador violado” Dirigida por el experiodista franquista Juan José Porto, que más rancia si cabe que su predecesora, peor rodada y más pobre, llegó a nuestras pantallas en plenos años 90 cuando este tipo de subproductos de serie Z no tenían cabida en nuestros cines. El cine español ya andaba dando cobertura a los Armero, Martínez - Lázaro y Gómez Pereira de rigor en aquellos años y, un subproducto como este, tan tosco, tan de otra época, todavía me estoy preguntando como es que consiguió distribución de algún tipo. Obviamente esta fue ínfima, yendo la película a parar a unos cuantos cines de barrio de provincias y congregando en total a poco más de 1000 espectadores del año 1993, cifra que para aquellos años, es pasar completamente inadvertido. Posteriormente, su vida en vídeo de alquiler no fue mucho más fructífera.
Como fan de “El violador violado”, que según mi fuero considero la peor película española de todos los tiempos, había oído hablar sobre su secuela, esta “El tío del saco y el inspector Lobatón” durante años, sin que nada indicara que existiera o se hubiera estrenado. Llegué a dudar de su concepción al verme incapaz de encontrar un dato que confirmara su existencia. En plena década de 2000, no había nada. Cero. Ni un triste fotocromo, ni un fotograma. Pero justo cuando ya había desistido en la búsqueda de algo relacionado con esta película, cuando uno menos se lo espera, aparece por todos lados teniendo copias de la misma en VHS a precios prohibitivos en Todocolección y, mejor todavía, algún alma caritativa se ha molestado en colgarla en Internet. Y su visionado supera las expectativas.
“El tío del saco y el Inspector Lobatón” traslada la acción ocho años después de lo acontecido en “El violador violado”. El tío del saco tiene a toda la policía en vilo porque durante todo este tiempo el individuo ha violado mujeres de entre 16 a 116 años y no son capaces de capturarle. El inspector Lobatón junto con “El Paja”, también conocido como “El Harry el sucio español”—e interpretado por el entrañable Carlos Lucas— se están volviendo locos en la investigación cuando aparece Dorita, la mujer que violó al tío del saco en el pasado (en la anterior película) y que le busca porque, casadera como está, considera que el tío del saco es el hombre ideal para ella. Como cambia la actriz (María Mateo en la primera película, en esta, Adriana Vega) solucionan este problema haciendo que ella haya cambiado de aspecto gracias a la cirugía estética y fin de la historia.
Realmente esta sinopsis queda bastante clara, pero he tenido que hacer grandes esfuerzos para reconstruirla y redactarla, porque lo cierto es que la película es tal desbarajuste que uno no se entera de nada. Ni falta que hace porque el interés que pueda despertar la trama en el posible espectador es cero.
Pero lo mejor de todo esto es que la sinopsis ocupa tan solo la primera media hora de la película porque “El tío del saco y el inspector Lobatón” es un corta pega descarado y sin ningún tipo de vergüenza. A la media hora exacta de metraje, Dorita cuenta su historia y, a través del flashback, se nos ofrece un resumen de otra media hora de duración de “El violador violado” que con cartelitos explicativos en los que no se entiende nada y metraje rescatado de la misma, nos van contando de inicio a fin todo lo acontecido en la película predecesora. El resto de celuloide hasta llegar a la hora y diez lo componen los títulos de crédito, excesivos en duración y para el lucimiento, al igual que en la primera película, del historietísta granadino Soria —intuyo que amigo de Porto— o el rodillo de créditos final, también largo en exceso, y en el que encima tienen la jeta de incluir al reparto original de “El violador violado” —es decir, Nadiuska, Ricardo Merino, Luis Lorenzo…—que no solo no aparecen ni en uno de los fotogramas originales de este film, sino que, a buen seguro, no vieron ni un duro. Eso sí, añadieron, por todo el morro, un título más a sus respectivas filmografías.
Los actores que sí que aparecen en el negativo original son Quique Camorras, los anteriormente mencionados Adriana Vega y Carlos Lucas, y Antonio Bravo.
Una película absolutamente espeluznante. Terrible. Verla para creerla y, como las genuinas películas malas, sin un ápice de gracia, elementos sorpresivos ni sobreactuaciones épicas como para que los popes del posmodernismo la adopten y generen un culto forzado, gracias a dios. El nombre de Porto no suena a diestro y siniestro en esos pozos de cine malo en Internet, lo cual está muy bien porque hay que tener dos cojones muy gordos, como los que tenemos en "Aquí Vale Todo", para aguantar esto. Y toneladas de paciencia. Y arrojo. Y valentía. Y estupidez.Y...
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viernes, 3 de marzo de 2023
viernes, 16 de abril de 2021
JENARO EL DE LOS 14
“Jenaro, el de los 14” es una película que riza el rizo siendo el emblema, no de una, sino, de dos filmografías; por un lado la de Alfredo Landa -y por ende del “Landismo”-, y por otro la de Don Mariano Ozores. Y no es que sea mejor o peor que cualquier otra de las que hicieron, es que la película cae justo en una época en la que los dos reclamos están en plena forma, esto es, que Mariano Ozores está en el mejor momento de su carrera y Alfredo Landa también, así la película consiguió, sin el más mínimo esfuerzo, congregar en las salas a 1.086.000 espectadores en lo que es uno de los máximos exponentes de la españolada; Si quiero explicarle a un contacto extranjero lo que es una españolada, a buen seguro que una de las primeras cintas que se me pasaría por la cabeza para mostrarle, sería esta.
El argumento es sencillo: Jenaro es el pregonero de un pueblecito de la España profunda, que un buen día consigue 14 aciertos en la quiniela. Si no sale ninguna otra quiniela con esos aciertos, el paleto se embolsará 65 millones de las antiguas pesetas. Obviamente, le saldrán moscones y aprovechados por todas partes y, cuando va a Madrid a cobrar su premio, Jenaro se verá inmerso en las más disparatadas situaciones, que van desde un padre que obliga a su hija a fingir un embarazo del tal Jenaro -que nunca se acostó con ella- con el fin de hacerles casar, hasta una pareja de estafadores que pretenderán sacarle los cuartos a nuestro protagonista, usando la seducción y la lascivia como armas. Por otro lado, la chica de la que está enamorado desde siempre, yendo a Madrid en busca de trabajo, acaba como prostituta en la capital, lo que complicará un pelín más las cosas.
Tras el reciente visionado de la película, lo que principalmente me llama la atención es lo fresca que se mantiene cuarenta y cinco años después de su estreno. Mantiene un humor bastante actual, si bien es cierto que estéticamente se queda anticuada, hecho este que no entorpece en absoluto su total disfrute. “Jenaro, el de los 14”es una película totalmente entretenida, que hace alarde de un montaje frenético y, por momentos (como cuando Jenaro lee el pregón), hasta vanguardista, supongo que accidentalmente.
En cuanto al humor, como ha de ser, es de sal gruesa. Valga como muestra, un botón:
-Jenaro ¿Tú has invertido? -¿Yo invertido? ¡Yo soy muy macho!
Y esto siempre funciona.
Se trata de una de las pocas películas de Mariano Ozores que no cuenta con un guion al 100% suyo, teniendo en este caso como partenaires, ya sea con el argumento o con la historia, a Vicente Coello, Juan José Daza y Juan José Porto. El resultado del conjunto, da una película histórica de nuestro cine, y por lo tanto, denostada por estudiosos y plumillas -como prácticamente la totalidad de la comedia de evasión española-.
Reparto de chilena a un nivel altísimo; Desprenden carisma por el metraje, junto a Landa, un inmenso Juanjo Menendez, más discreta Maria Luisa San José, Josele Román, estupendo como siempre Rafael Hernández, Don Jaime de Mora y Aragón y Mirta Miller, tan mítica como mala actriz.
“Jenaro, el de los 14” es una película absolutamente recomendable, porque funciona y porque, viéndola, se parte uno el culo.
El argumento es sencillo: Jenaro es el pregonero de un pueblecito de la España profunda, que un buen día consigue 14 aciertos en la quiniela. Si no sale ninguna otra quiniela con esos aciertos, el paleto se embolsará 65 millones de las antiguas pesetas. Obviamente, le saldrán moscones y aprovechados por todas partes y, cuando va a Madrid a cobrar su premio, Jenaro se verá inmerso en las más disparatadas situaciones, que van desde un padre que obliga a su hija a fingir un embarazo del tal Jenaro -que nunca se acostó con ella- con el fin de hacerles casar, hasta una pareja de estafadores que pretenderán sacarle los cuartos a nuestro protagonista, usando la seducción y la lascivia como armas. Por otro lado, la chica de la que está enamorado desde siempre, yendo a Madrid en busca de trabajo, acaba como prostituta en la capital, lo que complicará un pelín más las cosas.
Tras el reciente visionado de la película, lo que principalmente me llama la atención es lo fresca que se mantiene cuarenta y cinco años después de su estreno. Mantiene un humor bastante actual, si bien es cierto que estéticamente se queda anticuada, hecho este que no entorpece en absoluto su total disfrute. “Jenaro, el de los 14”es una película totalmente entretenida, que hace alarde de un montaje frenético y, por momentos (como cuando Jenaro lee el pregón), hasta vanguardista, supongo que accidentalmente.
En cuanto al humor, como ha de ser, es de sal gruesa. Valga como muestra, un botón:
-Jenaro ¿Tú has invertido? -¿Yo invertido? ¡Yo soy muy macho!
Y esto siempre funciona.
Se trata de una de las pocas películas de Mariano Ozores que no cuenta con un guion al 100% suyo, teniendo en este caso como partenaires, ya sea con el argumento o con la historia, a Vicente Coello, Juan José Daza y Juan José Porto. El resultado del conjunto, da una película histórica de nuestro cine, y por lo tanto, denostada por estudiosos y plumillas -como prácticamente la totalidad de la comedia de evasión española-.
Reparto de chilena a un nivel altísimo; Desprenden carisma por el metraje, junto a Landa, un inmenso Juanjo Menendez, más discreta Maria Luisa San José, Josele Román, estupendo como siempre Rafael Hernández, Don Jaime de Mora y Aragón y Mirta Miller, tan mítica como mala actriz.
“Jenaro, el de los 14” es una película absolutamente recomendable, porque funciona y porque, viéndola, se parte uno el culo.
lunes, 16 de noviembre de 2020
EL VIOLADOR VIOLADO
“El violador violado”, también conocida como “El tío del saco” o con la combinación estúpida de ambos títulos —“El violador violado (El tío del saco)”— sería una genuina serie Z, y una de mis películas chungas de cabecera. Una verdadera muestra de lo fascinantemente chungo, tan chungo, que afortunadamente jamás ha generado culto alguno. Es, lo que yo llamo, un repelente de modernitos.
Y es que “El Violador Violado” es, probablemente, la peor comedia de la historia, no ya de nuestro cine, sino de la cinematografía mundial, que incapaz de inducir a la risa con su humor, en su desbarajuste reside la posible gracia de todo el asunto.
Tres tramas componen el argumento de esta película; Por un lado tenemos a dos agentes inmobiliarios que han practicado una estafa, han vendido unos apartamentos que en realidad ni se han empezado a construir. Luego tenemos a una especie de médium en cuya casa se refugian los agentes inmobiliarios cuando la cosa se pone fea y se les reclama el dinero que se han quedado de la venta de apartamentos, y lo hacen disfrazados de monjes de váyanse ustedes a saber que congregación y, en un intento de parodia a los caballeros templarios, montan ahí un pifostio incomprensible, eso sí, cargado de lo que su director cree que es desmadrada comedia. Para finalizar, tenemos a un violador que va dando buena cuenta de las jovencitas de la zona, hasta que un día una ninfómana acaba violándole a él.
Se trata de una película terriblemente aburrida y nada graciosa, a pesar de los excelentes actores que rellenan el reparto, cuyas carencias técnicas, su nefasta factura y la pésima aplicación de cualquier medio a su alcance, la convierten en una película sórdida, grotesca y fascinante que, con toneladas de paciencia y las suficientes inquietudes cinéfilas, puede llegar a disfrutarse, eso sí, siempre como la rareza incompetente que es, y jamás como obra “cool”.
Sorprende llamativamente el hecho de que se trata de una película que “tira con lo puesto”, aquí no hay más que una cámara de 35 mm, metros de película posiblemente caducada, y una serie de actores que representan frente a la cámara sus textos. Vamos, prácticamente una película amateur. O al menos lo parece. Además de carecer de medios (que igual esta película no requería más), la grandeza de esta película reside en lo chabacanamente que se usan: Hay desencuadres, desenfoques y, en general, se percibe una falta de ganas total por parte de todos los inmiscuidos en la película. Por no hablar del aspecto pobretón de cada fotograma filmado: Los títulos de crédito se solucionan con cartulinas y no con el rodillo habitual. Sin disimular que son cartulinas, estas vienen decoradas, para que parezcan menos chungas, con las ilustraciones del humorista granadino Soria, cuya trayectoria estuvo limitada a dibujar viñetas para periódicos locales. Añádanle que la banda sonora se compone de una serie de tracks extraídos de “La Antología de la Zarzuela”, para así ahorrarse la composición del soundtrack, o bien, los derechos de autor. Pero lo mejor de todo es la ambientación e iluminación; se ha conseguido, de manera totalmente involuntaria, que esta desmadrada comedia parezca un drama carcelario, o bien, una película de terror. Y da hasta miedo, con esas sombras de foco tras los actores.
No hay que dejar de decir, que el director, Juan José Porto, muy poco ducho a rasgos generales en esto de hacer cine a pesar de tener un currículum más o menos reconocible —suyas son películas como “El ultimo guateque” o “El año en que amamos a Kim Novak”— no acaba de dominar los géneros cinematográficos si le sacamos de los melodramas de corte nostálgico (que tampoco dominaba). Y lo avalan, además de esta comedia, sus escarceos con el cine de terror con esas dos películas, reivindicadas por el fandom más rancio, curiosas y extrañas pero, a todas luces, espantosas y aburridas como ellas solas, que son “Morir de miedo” o “Regreso del más allá” (1982). Está claro que no atina el hombre.
También se trata de una película para el lucimiento del florero Nadiuska, que se encargó de aumentar la líbido del espectador celtibero pre-clasificación “S”, y que, con los tiempos, ya empezaba a dar signos de decadencia. Su presencia es anecdótica ya que a la hora de hacer memoria del visionado, ella queda a un lado; no es que no nos guste, es que nos estorba. Si no estuviera en la cinta, no pasaba nada.
Ricardo Merino, protagonista junto a Luis Lorenzo, dando vida a esos agentes inmobiliarios, da la sensación de no tomarse en serio la película en ningún momento, y haciendo un papel clónico de los que interpretaba el gran Antonio Ozores en las películas de su hermano Mariano, nos ofrece una serie de trabalenguas incomprensibles soltados en momentos en los que el personaje no quiere dar explicaciones, que lleva al espectador a preguntarse qué es lo que opinaría Don Antonio Ozores si es que llegó a ver la película. Merino tiene pinta todo el rato de estar deseando de trincar el cheque y marcharse a su puta casa. Luis Lorenzo, tiene la virtud, el don, o la mala suerte de parecer homosexual incluso cuando, esporádicamente, no lo interpreta (casi siempre interpreta a mariquitas), con lo cual su actuación nos deja fríos e inamovibles, al igual que el resto del reparto que, además de escaso, está mal avenido, con la excepción de María Vico, dando vida a Doña Otilia, cuya sobreactuación finalmente se antoja delirante y casi, casi, casi divertida.
El director Juan José Porto, fue uno de los más afectados por la Ley Miró, que si bien perjudicaba a excelentes artesanos como Mariano Ozores, me pregunto yo que no haría con inútiles como Porto al que encima le salían películas, además de malas, raras. Quizás por eso no volvería a rodar en las siguientes décadas hasta que en 2002 rodó su fallida adaptación de “El Florido Pensil”, con una excepción: Siendo como es “El violador violado” una película tan ignota, descubrimos que, curiosa e innecesariamente, en plenos años 90 (concretamente en 1993), se rodó una secuela (¡), “El tío del saco y el inspector Lobatón”, que contando con protagonismo del reparto original, más las presencias de Quique Camoiras y Adriana Vega, tiene pinta de ser mil veces peor que esta que la precede. Editada de mala manera en vídeo, esta secuela, según los datos del ministerio de cultura, la vieron más de 1000 espectadores en cines. Minucias si lo comparamos con los 40.000 largos que consiguió “El violador violado” que, a día de hoy, serían maná del cielo para cualquier comedia española actual.
Y es que “El Violador Violado” es, probablemente, la peor comedia de la historia, no ya de nuestro cine, sino de la cinematografía mundial, que incapaz de inducir a la risa con su humor, en su desbarajuste reside la posible gracia de todo el asunto.
Tres tramas componen el argumento de esta película; Por un lado tenemos a dos agentes inmobiliarios que han practicado una estafa, han vendido unos apartamentos que en realidad ni se han empezado a construir. Luego tenemos a una especie de médium en cuya casa se refugian los agentes inmobiliarios cuando la cosa se pone fea y se les reclama el dinero que se han quedado de la venta de apartamentos, y lo hacen disfrazados de monjes de váyanse ustedes a saber que congregación y, en un intento de parodia a los caballeros templarios, montan ahí un pifostio incomprensible, eso sí, cargado de lo que su director cree que es desmadrada comedia. Para finalizar, tenemos a un violador que va dando buena cuenta de las jovencitas de la zona, hasta que un día una ninfómana acaba violándole a él.
Se trata de una película terriblemente aburrida y nada graciosa, a pesar de los excelentes actores que rellenan el reparto, cuyas carencias técnicas, su nefasta factura y la pésima aplicación de cualquier medio a su alcance, la convierten en una película sórdida, grotesca y fascinante que, con toneladas de paciencia y las suficientes inquietudes cinéfilas, puede llegar a disfrutarse, eso sí, siempre como la rareza incompetente que es, y jamás como obra “cool”.
Sorprende llamativamente el hecho de que se trata de una película que “tira con lo puesto”, aquí no hay más que una cámara de 35 mm, metros de película posiblemente caducada, y una serie de actores que representan frente a la cámara sus textos. Vamos, prácticamente una película amateur. O al menos lo parece. Además de carecer de medios (que igual esta película no requería más), la grandeza de esta película reside en lo chabacanamente que se usan: Hay desencuadres, desenfoques y, en general, se percibe una falta de ganas total por parte de todos los inmiscuidos en la película. Por no hablar del aspecto pobretón de cada fotograma filmado: Los títulos de crédito se solucionan con cartulinas y no con el rodillo habitual. Sin disimular que son cartulinas, estas vienen decoradas, para que parezcan menos chungas, con las ilustraciones del humorista granadino Soria, cuya trayectoria estuvo limitada a dibujar viñetas para periódicos locales. Añádanle que la banda sonora se compone de una serie de tracks extraídos de “La Antología de la Zarzuela”, para así ahorrarse la composición del soundtrack, o bien, los derechos de autor. Pero lo mejor de todo es la ambientación e iluminación; se ha conseguido, de manera totalmente involuntaria, que esta desmadrada comedia parezca un drama carcelario, o bien, una película de terror. Y da hasta miedo, con esas sombras de foco tras los actores.
No hay que dejar de decir, que el director, Juan José Porto, muy poco ducho a rasgos generales en esto de hacer cine a pesar de tener un currículum más o menos reconocible —suyas son películas como “El ultimo guateque” o “El año en que amamos a Kim Novak”— no acaba de dominar los géneros cinematográficos si le sacamos de los melodramas de corte nostálgico (que tampoco dominaba). Y lo avalan, además de esta comedia, sus escarceos con el cine de terror con esas dos películas, reivindicadas por el fandom más rancio, curiosas y extrañas pero, a todas luces, espantosas y aburridas como ellas solas, que son “Morir de miedo” o “Regreso del más allá” (1982). Está claro que no atina el hombre.
También se trata de una película para el lucimiento del florero Nadiuska, que se encargó de aumentar la líbido del espectador celtibero pre-clasificación “S”, y que, con los tiempos, ya empezaba a dar signos de decadencia. Su presencia es anecdótica ya que a la hora de hacer memoria del visionado, ella queda a un lado; no es que no nos guste, es que nos estorba. Si no estuviera en la cinta, no pasaba nada.
Ricardo Merino, protagonista junto a Luis Lorenzo, dando vida a esos agentes inmobiliarios, da la sensación de no tomarse en serio la película en ningún momento, y haciendo un papel clónico de los que interpretaba el gran Antonio Ozores en las películas de su hermano Mariano, nos ofrece una serie de trabalenguas incomprensibles soltados en momentos en los que el personaje no quiere dar explicaciones, que lleva al espectador a preguntarse qué es lo que opinaría Don Antonio Ozores si es que llegó a ver la película. Merino tiene pinta todo el rato de estar deseando de trincar el cheque y marcharse a su puta casa. Luis Lorenzo, tiene la virtud, el don, o la mala suerte de parecer homosexual incluso cuando, esporádicamente, no lo interpreta (casi siempre interpreta a mariquitas), con lo cual su actuación nos deja fríos e inamovibles, al igual que el resto del reparto que, además de escaso, está mal avenido, con la excepción de María Vico, dando vida a Doña Otilia, cuya sobreactuación finalmente se antoja delirante y casi, casi, casi divertida.
El director Juan José Porto, fue uno de los más afectados por la Ley Miró, que si bien perjudicaba a excelentes artesanos como Mariano Ozores, me pregunto yo que no haría con inútiles como Porto al que encima le salían películas, además de malas, raras. Quizás por eso no volvería a rodar en las siguientes décadas hasta que en 2002 rodó su fallida adaptación de “El Florido Pensil”, con una excepción: Siendo como es “El violador violado” una película tan ignota, descubrimos que, curiosa e innecesariamente, en plenos años 90 (concretamente en 1993), se rodó una secuela (¡), “El tío del saco y el inspector Lobatón”, que contando con protagonismo del reparto original, más las presencias de Quique Camoiras y Adriana Vega, tiene pinta de ser mil veces peor que esta que la precede. Editada de mala manera en vídeo, esta secuela, según los datos del ministerio de cultura, la vieron más de 1000 espectadores en cines. Minucias si lo comparamos con los 40.000 largos que consiguió “El violador violado” que, a día de hoy, serían maná del cielo para cualquier comedia española actual.
viernes, 25 de diciembre de 2015
EL TRANSEXUAL
La transición supuso un soplo para nuestra encorsetada
cinematografía y los subgéneros comenzaron a aflorar en unos años gloriosos
para nuestro cine.
Consecuencia de esto, Jacinto Molina se alejó una
temporadilla de su amado Fantaterror y se puso ha hacer otro tipo de películas.
Así que le salió la vena sensacionalista haciendo una serie de películas
controvertidas, solo porque ahora ya se podían hacer, y porque salían bien en
taquilla. De aquella etapa saldrían cosas interesantes como “El Francotirador” de
Carlos Puerto o “Comando Txikia (Muerte
de un presidente)”. No eran demasiado ostentosos los presupuestos, llamaban la
atención y llegaban casi al medio millón de espectadores. Ya quieran la mayoría
de las películas españolas hoy en día llegar a estas cifras. La que nos ocupa
es esta “El Transexual”, tema este, por aquél entonces –y ahora ¡que coño!- un
tanto desconocido para el gran público y, sin duda, sórdido.
Entonces, Molina se pone manos a la obra escribiendo al
alimón junto con el manazas de Juan José Porto y Antonio Fos, un guión que se
basaría en la historia real del travesti Lorena Capelli, que murió tras una
operación de cambio de sexo, dado que por aquel entonces esta era una operación
un tanto complicada. Jacinto Molina siempre hacía sus guiones pensando en él
para protagonizarlos ¿Quiere decir esto que en la película veremos a Paul Naschy haciendo un rol de travestido que se cambia de sexo? Nooooooo –de
travestido le veríamos, con menos sentido, en “El último Kamikaze”- no caerá
esa breva. Para sí mismo se reserva un papel de periodista que va tras la pista
de una transexual que le ha prometido un buen artículo para su revista. Esta
transexual la interpreta nada menos que Ágata Lys (¡que buena que estaba la hija de puta!) y
bueno, poco más que contar. Si no son demasiado tontos ya saben cual es el desenlace de esta historia.
La cosa está en que Paul Naschy no pega en esta película ni
con cola, no pinta nada y sin embargo tiene que protagonizar la cinta, amén de
la parte documental de la que hace gala la película. El resultado es un
batiburrillo de conceptos mal hilados, que ni termina de alimentar el morbo del
espectador más inquieto –de aquella época- ni despeja dudas del espectador más
curioso, con lo que la película se queda en tierra de nadie, añadiéndole
además, que la película en si es un rollazo de tres pares de pelotas. Una
película muy intrascendente dentro de la filmografía de Paul Naschy.
Me gustaría saber la opinión del público gay, tan agradecido con lo suyo, ya que a fin de cuentas la película es una
intrusión en su mundo. Vemos actuar a un icono en un templo, esto es; vemos a
Paco España hacer un show musical en el escenario del mítico “Gay Club” de
Madrid. Hasta ahí bien, pero el manazas del director no ha sabido sacar partido
al colorido del espectáculo homosexual –que es por lo que se caracteriza- y a
la alegría que desprende, siendo iluminadas estas actuaciones como si de una
película de velatorios se tratase, quedando
todo ello mas pulposo y grasiento que los sucios tugurios de “A la
caza”.
Por otro lado, tanto en su guión como en su “interpretación”
si que noto algo de condescendencia por parte de Molina a los gays y
transexuales. Dios me libre de acusarle de homófobo; de hecho de esta película
sacó grandes amigos del mundo gay –Pierrot, sin ir más lejos sería uno de
ellos- pero es la sensación que me queda.
Con todo, una película así en la época, le trajo problemas a
Naschy, como todas aquellas en las que por unos motivos u otros, se metía en
camisa de once baras.
Mala, mala a rabiar. Esa es la única e incuestionable
verdad, pero como todas las ponzoñas, curiosa e interesante, cosa esta que no
se puede decir de la mayoría de películas buenas. Ahí queda.
Junto a Naschy y Lys, completan el reparto Vicente Parra,
Sandra Alberti y Eva Robin.
El manazas del director del que antes hice mención, se
llama José Jara, que solo tiene un par
de películas más dirigidas. A saber quién cojones era.
lunes, 22 de julio de 2013
TRAUMA
Una cosa dirigida por León Klimovsky y guionizada por J.J.Porto (director de la que sí, de la que de verdad es la peor película de la
historia del cine, “El Violador violado”) no puede ser mala. O mejor
dicho, puede ser malísima, pero ¡Caray,
como nos gusta!
Y es que estamos ante una película que tiene todo tipo de
influencias, y rodada en tan solo un decorado (como las de vídeo de MarianoOzores), y con un tempo pausado de aquellos
que parece que el espacio-tiempo se congela, León consigue que A) esté entretenida y B) que sea interesante… aunque te hueles el final de la
película en el minuto 20.
Un escritor decide irse a alguna parte tranquila sin su
familia, con el fin de conseguir la relajación que necesita para acabar su último
libro. Así pues, en medio del campo, da a parar a un albergue del cual es el
único inquilino. Regenta el albergue una señora (tetuda y morbosísima Ágata Lys), que asegura al escritor que su
esposo yace impedido en una silla de ruedas en la habitación superior.
Pronto acude al albergue una parejita, que pronto es asesinada por un tío (o una tía) al
que nunca vemos la cara, pero que viste gabardina, "Converse All Stars", y rebana
cuellos a base de cuchilla de barbero.
Al poco llegará otra pareja más, un tipo de pelas y una puta
a la que ha contratado, y, obvio, serán rebanados.
El final… mejor descúbranlo. O mejor dicho… descífrenlo.
De todas formas con el/ los títulos (recuerden que el más
conocido es “Violación Fatal”) ya se pueden hacer una idea de quien es el malo
¿Verdad? “Trauma” + “Violación Fatal”… blanco y en botella. Pues no sean tan
listos, que el espantosamente rodado, montado y explicado plano final, hace a
la peli dar un giro de 125º. Y si por
ese plano no fuera suficiente (que no lo es, porque de mal hecho, tienes que
imaginarte lo que pasa), minutos antes, en la escena de asesinato a la puta, se
nos muestra al asesino… pero hay que estar atentos.
La peli es un divertido desastre y una mamarrachada.
A ver cómo lo explico: Digamos que se trata de un
plagio de “Psicosis” clarísimo (hasta el plano de la sangre yéndose por el desagüe
de la ducha copia el amigo Klimovsky… con un Norman Bates convertido en mujer
para la ocasión, una Sra. Bates que sería aquí marido y un hotelito perdido de
la mano de dios) mezclado con un poquito de “Giallo” (mama la picha del primer Argento
en concreto) y un poquitin de “Slasher”, por lo de siempre.
Pues es una mezcla de lo más divertida.
Klimovsky no es que sea un manazas precisamente, sabe algo
de composición, y de dirigir, pero según que veces, la verdad es que el pobre
no atina. Y este sería uno de esos casos.
A ver: Si en la película aparecen la regenta del Albergue,
el escritor y el marido de la regenta al que nunca vemos, y cuando llega una
parejita (de las pocas que aparecen), cuando estas mueren, ella le presenta a
el escritor una excusa, siempre, de por qué esa pareja ya no está allí, todo
parece obvio, y el hecho de que lo sea, hace que piense lo contrario y descubra
en seguida cual es el asesino. Pues miren, eso en una peli con un puñado de
personajes, me parece muy bien, pero en una en la que hay solo siete y escasos…
Pues sí, J.J. Porto, era el tío más incompetente del mundo escribiendo
planteamientos.
Ahora, la película se salva, ya lo creo que se salva… ¿Por
qué? Porque es un plagio de una película muy reconocible, porque los actores lo
hacen tan mal, que a la fuerza te has de
reír ( y es que el 70% de lo que hace mala a una película, son las
interpretaciones), porque Ricardo Merino – como no, interpretando al hombre de
negocios- se está tomando su papel, y por ende, la película a cachondeo y eso
se nota, porque las rebanadas de cuello son suculentas, porque es un desmadre,
una estupidez, porque le vemos las tetas a todo el reparto femenino, y porque
es todo lo que busco en una peli de estas características. ¿Y en qué se traduce
eso? En diversión a raudales. Y si la ves con los mastuerzos de los amigos,
entonces ya no te digo nada…
En el reparto junto a
la musa del destape Ágata Lys y el mentado Merino, tenemos a Henry Gregor, visto en “La saga de los
Drácula”, “Muerte de un Quinqui” o “El Dr, Jeckyll y el hombre Lobo”, como el
escritor, Antonio Mayans como campista que muere tras hacer el amor, o a Isabel Pisano ( “Bilbao”, “Corridas de Alegría”) cuyo aspecto da bastante grima, pero
dan ganas también de follártela… con algo de asco, eso si…
Y dirigiendo el Sr. Klimovsky, conocido por “La
noche de Walpurgis”, pero que hizo en los años 50 la propagandística
“Marihuana”, así como unos cuantos papelitos como actor, como por ejemplo "El Sexo ataca" o "Yo la vi primero", ambas con Summers de por medio.
Si hubiera una segunda entrega de “Malas pero divertidas”,
“Trauma”, iba, pero de cabeza, en los contenidos.
martes, 19 de marzo de 2013
DON CIPOTE DE LA MANGA
Extraña y ochentera película española que, con serios
problemas para desarrollar un argumento tontísimo, nos cuenta la historia de un
individuo atacado por un vampiro. En consecuencia, las noches de luna
llena le entran irrefrenables ganas de folleteo. Durante el resto del
tiempo, va con su socio a vender motivos religiosos por la manga del mar menor,
mientras emprende su particular cruzada contra el sexo y el pecado, lo que dará
lugar a supuestas situaciones cómicas.
La película es muy mala. Si aquellos percebes que se creen
doctos en temas cinematográficos desprecian lo que viene a ser una comedia
común de los años ochenta, deberían ver esto para que se revolvieran en sus
propios vómitos, porque lo grande de “Don Cipote de la
Manga” es un atentado a todo lo establecido en la realización de cine. Una
rareza de las que hay pocas, dos o tres a lo sumo, como pasaba con “El Violador
violado” de J.J. Porto.
Y es que, la película es soportable únicamente gracias a ese
tono de comedia española que desprende, pero, indudablemente, estamos ante una
serie z de la peor calaña, donde el poco sentido de la trama se pierde al no
tener absoluta idea, su director, de cómo hilar unas escenas con otras.
Curiosamente, tras ver varios de sus carteles, la película
nos vende el estar adscrita a la cosa esa del “destape” ¡Menuda engañifa! Se
utiliza el sexo como elemento cómico en el guión (el sexo de siempre ha sido el
más importante de los elementos cómicos), pero no vemos ni una mísera teta, lo que
teniendo en cuenta el concepto de la película, y la época en la que se rodó, la
convierte en una cosa más rara todavía.
Lo curioso, también, es que el guión fue
co-escrito por Antonio Mayans, uno de los cuatro que firmó, junto
con el de la película porno “Detectives del placer”, del que también es
director, o la última de Jess Franco “Al Pereira vs. Alligator Ladies".
Tiene así mismo un papelito secundario sin mayor relevancia.
Los actores de aquella época eran
todos muy buenos, y unos currelas, por eso no es de extrañar que
aceptasen hacer cualquier tipo de película. Así pues, el reparto no es nada
desdeñable, teniendo como protagonistas al eterno secundario Carlos Lucas, Paco
Cecilio, Gracita Morales, Rafael Hernández y Azucena Hernández.
En cuanto al que da la voz de acción, Gabriel Hernández, cuenta con una filmografía reducida a tres títulos dirigidos y dos producidos, uno de
ellos es, precisamente, “El tío del saco y el inspector Lobatón”, ignota secuela de
la ya de por sí ignota “El Violador violado” arriba mentada.
Solo par curiosos.
lunes, 3 de enero de 2011
MORIR DE MIEDO
Juan José Porto, director peculiar de nuestra cinematografía ("El violador violado", "Regreso del más allá"), tiene una forma de rodar pausada y contemplativa, sea cual sea el género de la película que está rodando. Como consecuencia, y sin ser este hombre un genio (es mas bien un manazas), consigue sordidez en las comedias que en absoluto lo piden, e inquietud en las de terror, lo que las viene muy bien… si es que tienes paciencia con este hombre.No sabemos por qué motivo, un individuo que sale del coma se traslada con su mujer a una casa en el campo, donde pasará los últimos días de su vida. Mientras están allí, y frustrado por la prohibición médica de fornicar, asegura a su esposa que en un momento de debilidad, notó como su cuerpo se salía de su cuerpo con vigor y fuerza. Al mismo tiempo, vemos como unas manos enguantadas, y una silueta similar a la de nuestro protagonista, acecha en la oscuridad con cuchillos, tijeras y demás objetos punzantes.
No voy a spoilear más, pero diré que la película, en su agonía, llega a un punto en el que cuando parece que la cosa se va a poner interesante, entra en escena Simón Andreu con sus cuatro pelos, y frustra nuestro interés. Y aunque, a priori, parecía una historia de un fantasma emergido del cuerpo de un moribundo que se dedica a atormentarlo aún en vida, J.J. Porto no es ni por asomo tan original, y nos da un film de apariciones previsible, aunque eficaz en alguna de sus secuencias.
No me cae mal el cine de Porto. Tiene innumerables defectos, pero una gran virtud, sabe hacer una película de terror con tan solo una casa y un par de actores, Si me apuras, solo con uno, como pasaba en "Regreso del más allá". Y es que, cuando se masca la tragedia en historias de uno o dos personajes, suele ser satisfactorio a niveles “terrorificantes”.
Por lo cual, "Morir de miedo" es una más que correcta película de terror, pero tienes que tener paciencia y aguantar bien el aburrimiento, porque por cada momento de tensión y escalofrío, toca sufrir tres de lo otro.
En el reparto, además de Andreu, Mónica Randall y Miguel Ayones, visto en otros films de Porto y en cosillas como "Loca por el circo" con Teresa Rabal.
miércoles, 6 de octubre de 2010
REGRESO DEL MAS ALLÁ
El cineasta Juan José Porto, cuya ultima película estrenada en cines data de tan solo hace ocho años, tiene dos virtudes: que le da mismo ocho que ochenta (es decir, que lo mismo te escribe y dirige un drama, que una comedia, que una de terror) y que es capaz de hacer una de risas tan sórdida que acaba pareciendo una "snuff movie" sin que nadie muera. Y otra virtuosísima virtud… todas sus pelis son aburridas, pero aunque te estés aburriendo, las ves enteras, porque tienen “algo”. De hecho, cuando me preguntan aquello de “¿Cuál es la peor película de la historia?” yo siempre digo "El violador violado" de Porto, la única película que cuando veo (ya una cuantas veces) me hace reflexionar y preguntarme en serio aquello de “¿Cómo es posible?”.
Pero es que, además, este señor tuvo dos éxitos de público notables a finales de los 70, "El año que amamos a Kim Novak" y "Crónicas del bromuro", además de ser el productor de la peli favorita de Paul Naschy, "El huerto del francés". En fin, un manazas curioso.
"Regreso del mas allá" cuenta la historia de una pareja que se instala en un chalet. Él a escribir, ella a hacer su tesis doctorar. Pronto, comienzan a aparecer fantasmas que acosan y al mismo tiempo fascinan a la mujer, descubriendo así los atroces hechos que acontecieron años atrás en ese chalet.
La protagonista absoluta (y muy solvente) no es otra que Ana Obregón, a la que toca reivindicar por aquello de llevar una carrera en el cine de género que ya querría para si Penélope Cruz, y mis palabras se reafirman tras el visionado de esta película, donde, al menos, se está tomando en serio el material, y aunque doblada, parece ofrecernos una actuación decente.
En cuanto a la película, cine contemplativo de terror, con momentos de tensión muy escasos, aburrida hasta la saciedad, y tan mala como genuina, ya que nos cuenta la misma historia dos veces. A mitad de película, la voz en off de la Obregón nos expone una teoría ridícula sobre la psique y las personas capaces de ver a los muertos. Bien, soltado el rollo, la actriz continúa viendo muertos, para poco antes de acabar la peli, volver a soltarnos la misma chapa con diferentes palabras. ¡Buenísimo!
Por cierto, miren la caratula de “Vadi Mon”, costrosa distribuidora de la época que también editó "El E.T.E. y el Oto". Entrañable.
Pero es que, además, este señor tuvo dos éxitos de público notables a finales de los 70, "El año que amamos a Kim Novak" y "Crónicas del bromuro", además de ser el productor de la peli favorita de Paul Naschy, "El huerto del francés". En fin, un manazas curioso.
"Regreso del mas allá" cuenta la historia de una pareja que se instala en un chalet. Él a escribir, ella a hacer su tesis doctorar. Pronto, comienzan a aparecer fantasmas que acosan y al mismo tiempo fascinan a la mujer, descubriendo así los atroces hechos que acontecieron años atrás en ese chalet.
La protagonista absoluta (y muy solvente) no es otra que Ana Obregón, a la que toca reivindicar por aquello de llevar una carrera en el cine de género que ya querría para si Penélope Cruz, y mis palabras se reafirman tras el visionado de esta película, donde, al menos, se está tomando en serio el material, y aunque doblada, parece ofrecernos una actuación decente.
En cuanto a la película, cine contemplativo de terror, con momentos de tensión muy escasos, aburrida hasta la saciedad, y tan mala como genuina, ya que nos cuenta la misma historia dos veces. A mitad de película, la voz en off de la Obregón nos expone una teoría ridícula sobre la psique y las personas capaces de ver a los muertos. Bien, soltado el rollo, la actriz continúa viendo muertos, para poco antes de acabar la peli, volver a soltarnos la misma chapa con diferentes palabras. ¡Buenísimo!
Por cierto, miren la caratula de “Vadi Mon”, costrosa distribuidora de la época que también editó "El E.T.E. y el Oto". Entrañable.
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