Al Adamson forma parte de esa ralea de "auteurs" surgidos del "exploitation" y el "trash" más visceral donde también encontramos a peña como Ted V. Mikels, Andy Milligan, Herschell Gordon Lewis, Jerry Warren, Ray Dennis Steckler, Edward D. Wood Jr., Doris Wishman, etc, etc. Algunos mejores / más carismáticos que otros pero, en esencia, todos cacota. En mi juventud andaba loco por ellos, leía y leía sin descanso sobre sus hazañas en las páginas del "Fangoria" yanki (con ayuda del respectivo diccionario) y me fascinaban. Luego, pasaba lo que pasaba. Localizabas una de sus películas, la deglutías con fervor y... ¡hostión al canto! El consiguiente dolor variaba en función de la incapacidad del cineasta. Con Adamson puedo decir que la contusión fue mayor que con ninguno. Cercana a la muerte total. Eso ocurrió el día que, entusiasmado y tembloroso, alquilé "Sangre en el castillo de Drácula". Un pestiñazo sin redención. Al cabo de unos años, alguien tuvo la idea de editar en dvd varias de sus pelis, o fue obligado por los extraños designios de la distribución. Entre ellas, la más mítica del pack, "Drácula contra Frankenstein". Aunque dolido y desconfiado, decidí darle una segunda oportunidad. En balde, seguían siendo mierda, sin la más mínima gracia o soterrado encanto. Y así ha sido siempre para mí con respecto al patillero Adamson. Pero ya saben que, en lo que respecta al 99% de los cineastas zetosos, y sus toscas producciones, suele ser más interesante el concepto. O lo que hay detrás. Esa es la razón de que todos los documentales -y biopics- que se les dedican sean tan disfrutables. Incluido "Blood & Flesh: The Reel Life & Ghastly Death of Al Adamson", aunque con leves reservas.
Lo que hace destacar a Al Adamson sobre todos sus coetáneos es que sufrió una muerte horrible. Fue asesinado y enterrado bajo cemento. Tal es el peso de semejante material que el documental se ve obligado -lógicamente- a dedicarle una generosa porción. Podríamos decir que se divide en dos documentales muy distintos. El primero se centra en los orígenes de la carrera de Adamson y su posterior desarrollo a base de mogollón de imágenes, fotos y carteles -muy en la línea de cómo se hacen hoy día, dinámicos y alegres-. Se disfruta mucho e incluso te ríes con algunas anécdotas (especialmente aquellas que hacen referencia a J.Carrol Naish). Pero luego toca la segunda parte, totalmente volcada en el asesinato, narrado con todo lujo de detalles, como si fuese un programa de esos dedicados a temas escabrosos que echan a las tantas. Y aunque está interesante, corta mucho el rollo y se hace algo pesado. Tal vez habría molado más equilibrar ambas partes. Por separado funcionarían cojonudamente, pero pegadas se anulan un poco mutuamente. Lástima.
Con todo, "Blood & Flesh: The Reel Life & Ghastly Death of Al Adamson" termina siendo bastante gozable. Y ayudan a ello presencias tan curiosas y entrañables como las de Sam Sherman, Fred Olen Ray, John "Bud" Cardos, Russ Tamblyn, Greydon Clark, Gary Graver, Worth Keeter y aficionados / fanzineros ilustres como Tim Ferrante, Chris "Temple of Schlock" Poggiali y Michael J. "Psychotronic Video" Weldon.
A David Gregory, director, debemos alguna ficción puntual (formó parte del clan que firma "The Theatre Bizarre") y, sobre todo, muuuucho material documental de entre el que sobresale "Lost Soul: El viaje maldito de Richard Stanley a la isla del Dr. Moreau", que sin ser nada del otro jueves se deja ver.
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martes, 14 de abril de 2020
lunes, 17 de agosto de 2020
CARNIVAL MAGIC
Al Adamson tiene más culto del que merece. Y es que sus
películas son todas horrorosas, cutres y
chabacanas, pero carentes de cualquier elemento que las convierta en atractivas
para mis ojos. Resumiendo: sentarse frente a una película de Al Adamson es sinónimo
de aburrimiento extremo. Y sí, todas sus películas contienen destellos de humor
involuntario o actuaciones de pacotilla que, en ningún caso, justifican el
visionado completo.
Sabedor de esto, reincido, y no se me ocurre otra cosa que
ponerme a ver esta “Carnaval Magic” cuyos protagonistas son un mago y un
chimpancé que habla. Viendo el documental sobre la vida y obra del director, me dejo tentar por un segmento en el que hablan de esta
película y en la que nombraban, como principal atractivo, el hecho de que
tratándose de una comedia infantil y para toda la familia, había salido un
folletin de difícil digestión para los infantes en el que, incongruentemente,
encontramos sexo, violación y alcoholismo. Asimismo se destaca el hecho de que
a uno de los personajes femeninos le da por rascar al mono protagonista cada
dos por tres, estando la cámara situada de tal manera que en lugar de rascarle,
parece que le esté masturbando. Por otro lado, utiliza efectos de sonido robados
de películas como “Tron” o de videjuegos de la época como “Centipede”, que
dicho sea de paso, el espectador, si no lo sabe, ni los detecta. Y busqué la
película para deglutirla, visto lo visto. Entonces fue duro comprobar que el
único interés que tiene la película son esas dos puntualizaciones que se hacen
en el documental, el resto, nada,
mortecino, como mirar una carta de ajuste.
La cosa va de un mago en decadencia cuyo espectáculo se
desarrolla en una feria del tres al cuarto. Sin embargo, en esa misma feria
opera también un chimpancé llamado Alejandro Magno que puede hablar. Forma dúo
con el mago y lo petan en la feria, motivo por el cual un domador de tigres,
envidioso, les intentará hacer la vida imposible del mismo modo que un médico
(¿) querrá secuestrar al mono para su uso y disfrute.
Puede que el argumento de primeras parezca delirante y le
entren a uno ganas de verlo, pero, créanme, todo se resuelve a base de sosas
conversaciones entre unos y otros, y planos en los que se aprovecha cualquier movimiento
facial del mono para que una voz encaje ahí palabras sueltas. En definitiva, un
coñazo. Un telefilm malo que, aun rodado en los ochenta, parece como si fuera
de los sesenta, porque el bueno de Adamson ya le tenía el pulso pillado a esa
cadencia lenta y estática.
Lo que pasa es lo de siempre; que el film cobra un especial
interés por tratarse de una película de Adamson que se encontraba perdida.
Como película infantil ochentera que se consideraba, al
final de los créditos, se anunció una secuela titulada “More Carnival Magic”
que nunca se llegó a rodar porque “Carnival Magic” resultó un —merecido— fracaso que tan solo aguantó en cartel unos
días, para que después la tierra se tragara la película para siempre, sin
conocer posteriores ediciones en vídeo o pases en televisión. Sin embargo, en
2009, en un viejo almacén aparecieron unas latas con la película
completa, cosa esta que llenó de alegría a los historiadores y fans de Adamson
que procedieron a hacer la pertinente remasterización del negativo con el fin
del lanzarla en DVD. Por supuesto, la película ganó adeptos y ya fue la locura
cuando le dieron un pase en la última — y notablemente irritante— temporada de
“Mystery Science Theather 3000”. Vamos, que obtuvo culto nada más ser recuperada
por tratarse de una película perdida de Adamson, no porque lo mereciera. El
fandom ya estaba predispuesto a pitorrearse, incluso sin motivo.
La única verdad es que no hay nada que ver en “Carnival
Magic”, nada de lo que reírse. No es más que una mala película que no hubiera
pasado nada si se hubiera quedado para siempre en esas latas.
Por lo que se ve, la mega edición en Blu Ray que se ha
editado hace no mucho en los USA, trae un audiocomentario del historiador de
cine raro Joe Rubin que es mucho mejor que la propia película, así como un par
de extras jugositos. Como siempre decimos por aquí, mejor todo lo que rodea a
las películas que las mismas películas.
viernes, 17 de julio de 2020
PSYCHO A GO GO!
Cuando Al Adamson
lanzó “Blood of Ghastly horror” en realidad lo que estaba lanzando era un
mejunje descontrolado de una vieja y fallida película suya a la que le había
añadido metraje nuevo protagonizado por John Carradine para la ocasión. El
material que reutilizó, pertenecía inicialmente a la película que nos ocupa,
“Psycho a Go-Go”, que ya de por sí era
todo un desbarajuste. Pero ni por esas, ni por más que lo intente, logro conectar un ápice con el universo de Adamson.
Me llamó la atención de esta película, a priori, el trailer
que prometía algo realmente descerebrado sobre un sátiro que se divertía
violando y torturando a señoritas mientras el actor que le daba vida ofrecía un
recital de gestos y sobreactuaciones que suelen ser muy de agradecer en esto
del cine de mierda. Y no es exactamente eso; se trata de una película sobre
robos de joyas, muy sesentera que, de mal resuelta, acaba, efectivamente, con un desenlace en el que tiene que ver
una especie de psicópata retorcido que hace la vida imposible a las señoras.
Vamos, que un tipo roba unas joyas, las guarda dentro de una muñeca y luego
acosará a la dueña de la muñeca y su
madre en escenarios nevados, o en el puto desierto, con el fin de recuperar lo
que ha robado. De las sobreactuaciones, poco más que lo visto en el trailer.
Nada, película muerta.
Lo gracioso del asunto está en que, por aquel entonces, había
una actriz y cantante llamada Tacey Robbins a la que Al Adamson se quería
tirar. Para lograrlo, convirtió este extraño thriller en una película para su lucimiento, y rodó numeritos cabareteros de la artista en clubes
nocturnos, que luego añade a la historia sin orden ni concierto, tornándose un bodrio inclasificable de muy difícil digestión. Ni por esas la
película consigue funcionar a ningún nivel.
Desconozco si Adamson llegó a follarse a Tacey Robbins, pero
lo cierto es que mientras pudo, enamoradizo como era, metió a todas las mujeres que se quería
beneficiar en sus películas, hasta que dio con la tetuda Regina Carol con la
que incluso se casó, y a la que conoció en similares circunstancias que a Tacey
Robbins.
Como fuera, el pestiño se estrenó en 1965 y, como no lo vio
nadie, cuatro años después se reutilizó este material, introdujo nuevo metraje de corte fantástico con mad doctor de
por medio y la lanzó bajo el título de “The fiend with the electronic brain”
para luego, en 1971, añadir más material nuevo y pasar a la posteridad bajo el título anteriormente citado, “Blood of Ghastly horror”, que, paradójicamente, sería
una de sus películas más populares. En ninguna de sus versiones este material
mejora.
Como suele pasar con mucho del producto marca Adamson, se creía
“Psycho a Go-Go” perdida para siempre… hasta que apareció integra en unas latas
en su primera versión y los chicos de Troma la explotaron en DVD con extras más
interesantes que la propia película.
No diré de este agua no beberé y puede que regrese con otra
reseña de alguna Al Adamsonada en un futuro… pero, hoy por hoy, aquí se
acaba mi relación con él.
sábado, 15 de septiembre de 2012
HEART OF A BOY
Resulta curioso cómo, siendo jóvenes e inexpertos, tendemos a idealizar a los astros del cine "trash" cuando leemos sobre ellos en las páginas de la prensa especializada. Luego, logramos agenciarnos una de sus películas, y el hostión que le sigue es de órdago. Efectivamente, si son estetas del "trash" más puro y genuino, por algo será. Aún recuerdo cuando tuve acceso a "The Astro Zombies", la película más famosa del infame Ted V. Mikels. Me costó un pastón llevármela a casa en DVD. Durante años había intentado imaginarme cómo sería, pero al verla, el mundo entero se hundió bajo mis pies. Menuuuuuda mieeeerda. Sin embargo, y a pesar de las innumerables decepciones (metan en este pack, variando el grado de desprecio, a Andy Milligan, Al Adamson, Ray Dennis Steckler, Doris Wishman, Santo el enmascarado de plata, Ed Wood Jr.... incluso al pizpireto Herschell Gordon Lewis), uno continúa sintiendo simpatía por esta panda de entrañables perdedores y sus monstruosidades plasmadas en imágenes. Probablemente porque somos unos románticos incurables y no queremos afrontar la cruda realidad. Únicamente eso explicaría que ayer noche me tragara casi entera (tras 53 minutos, tuve que echar mano del imprescindible "fast forward") esta bizarra película de Ted V. Mikels, fechada en el 2005, "Heart of a boy". Pero antes, hagamos un inciso.
Mikels, junto a Steckler, la Wishman, Bruno Mattei o el mismo Jess Franco, pertenece a esa ralea de sub-cineastas que, incapacitados monetariamente para seguir rodando (por aquello de que el celuloide era muy caro), no tardaron nada en subirse al carro del vídeo cuando este pegó fuerte en los 90. Dicho de otro modo, cuando en lugar de vídeo podían llamarlo digital, lo que no deja de ser una gilipollez. "Sí, actualmente trabajo en digital" sueltan todos.... ¡¡NO!!, ¡¡trabajas en vídeo!!, ¿a quién pretendes engañar?. De hecho, Ted V. Mikels, que hasta 1993 había hecho todas sus pelis en 35mm, no solo se subió al carro del vídeo, sino que lo hizo aceptando de una vez por todas la imagen que sus fans tenían de él. Cuando en las revistas se hablaba de "The Astro Zombies" o "The Corpse Grinders", todos nos imaginábamos festivales camp llenos de color, gore, humor, excesos y diversión... para luego ver las pelis y, como decía más arriba, encontrarnos insípidos rollazos cuya única contribución era hacernos bostezar. Ted V. Mikels se creería que era un cineasta respetable y que él hacía películas serias. Sin embargo, ya mayor, decidió que las secuelas tardías de esos dos títulos mentados serían todo aquello que el público esperaba de ellos en su momento y no obtuvieron, festivales gore-camp-autoparódicos y voluntariamente ridículos. Cosas como "Mark of the Astro Zombies", "The Corpse Grinders 2", "Demon Haunt", "2010 Astro Zombies: M3 - Cloned", "The Corpse Grinders 3" (en co-producción con España, nada menos) y muy especialmente "Astro Zombies: M4 - Invaders from Cyberspace" (¡hey!, búsquenme en los créditos finales, salgo por ahí y todo!!) entraban dentro de esta dinámica. Pero en realidad, con todos ellos, Mikels únicamente estaba haciendo business. Es bien sabido que a este extravagante y pintoresco caballero nunca le ha gustado demasiado todo eso del gore y la burrez-porque-sí, tal vez ese fue el motivo por el que, en pleno vendaval de cutre-pelis-chusqueras (tampoco le mola que le etiqueten de "trash"), decidió parir una peli inversalmente opuesta al producto reinante. Sin monstruos, sin truculencia, sin escotes, sin violencia, ni marcianos.... un drama con niño pa todos los públicos. Ideal para que las marujas de media América la vieran con el cleenex en la mano.
"Heart of a boy" (no hay más que ver la carátula) cuenta la historia de un mocoso la mar de cuco y encantador con problemas de corazón. Su abnegada mamá y su entrañable abuelete que tanto le quiere (el mismo Mikels) harán todo lo que esté en su mano con el fin de conseguir la notable cantidad de dineros que le piden los médicos para operarlo y evitar su muerte. Y básicamente en eso se centran los restantes 65 minutos de la peli, en ver cómo sus protas hacen y deshacen para agenciarse la guita. Tras cada logro, hay un fracaso, incluso en un momento dado, al abuelo Mikels le toca la loto, pero unos malandrines le mangan la pasta y... en fin, un cristo. Y hablando de cristo, sorprende la notable carga cristiana que arrastra "Heart of a boy", con constantes intervenciones de un cura y sus monjitas (de tétrico y mal rollero aspecto) y escenas de rezos (¡en castellano!). Casi parece una de esas pútridas pelis pro-cristianas grabadas en vídeo en la américa profunda. No hace falta decir que todo termina bien, los ladrones pagan (a base del CGI más rastrero que puedas imaginar) y el niño es operado, con resultados óptimos. Y especifico lo de "el niño", porque la peli de resultados óptimos, por aquí que te vi.
Ahora imaginaos todo esto pues, ello, en formato vídeo, con sonido de cámara (porque si había micro, que despidan al de la percha), montaje algo patoso... en fin, una auténtica peli amateur en el sentido más extremo de la palabra, parida por un señor que, hace bastantes años atrás, incluso hacía películas de verdad... o que tenían aspecto de serlo. La mayor parte del metraje, como decía arriba, no va de nada, y lo ilustran unas cuantas escenas de Ted Mikels pasándolo en grande con su querido nietecito (que cada dos por tres mira a la cámara), llevándole al parque a pasear, mostrándole trucos de magia (no olvidemos que de joven Mikels fue mago), imaginando cómo ambos visitan el interior de un castillo, etc, etc, etc... con la cámara siempre recreándose en las monadas y cuchifleces del puñetero crío. Está claro que, viejo chocho que ya era en 2005, a Mikels se le caería la fafa (sin doble sentido, hablo de auténtica "ternura otoñal").
Bien mirado, en todo este despipote hay una cosa buena: Las pelis de Mikels modernas son tan jodidamente aburridas como las antiguas, así que podemos decir aquello de "No ha perdido incapacidad alguna y está en plena forma".
Mikels, junto a Steckler, la Wishman, Bruno Mattei o el mismo Jess Franco, pertenece a esa ralea de sub-cineastas que, incapacitados monetariamente para seguir rodando (por aquello de que el celuloide era muy caro), no tardaron nada en subirse al carro del vídeo cuando este pegó fuerte en los 90. Dicho de otro modo, cuando en lugar de vídeo podían llamarlo digital, lo que no deja de ser una gilipollez. "Sí, actualmente trabajo en digital" sueltan todos.... ¡¡NO!!, ¡¡trabajas en vídeo!!, ¿a quién pretendes engañar?. De hecho, Ted V. Mikels, que hasta 1993 había hecho todas sus pelis en 35mm, no solo se subió al carro del vídeo, sino que lo hizo aceptando de una vez por todas la imagen que sus fans tenían de él. Cuando en las revistas se hablaba de "The Astro Zombies" o "The Corpse Grinders", todos nos imaginábamos festivales camp llenos de color, gore, humor, excesos y diversión... para luego ver las pelis y, como decía más arriba, encontrarnos insípidos rollazos cuya única contribución era hacernos bostezar. Ted V. Mikels se creería que era un cineasta respetable y que él hacía películas serias. Sin embargo, ya mayor, decidió que las secuelas tardías de esos dos títulos mentados serían todo aquello que el público esperaba de ellos en su momento y no obtuvieron, festivales gore-camp-autoparódicos y voluntariamente ridículos. Cosas como "Mark of the Astro Zombies", "The Corpse Grinders 2", "Demon Haunt", "2010 Astro Zombies: M3 - Cloned", "The Corpse Grinders 3" (en co-producción con España, nada menos) y muy especialmente "Astro Zombies: M4 - Invaders from Cyberspace" (¡hey!, búsquenme en los créditos finales, salgo por ahí y todo!!) entraban dentro de esta dinámica. Pero en realidad, con todos ellos, Mikels únicamente estaba haciendo business. Es bien sabido que a este extravagante y pintoresco caballero nunca le ha gustado demasiado todo eso del gore y la burrez-porque-sí, tal vez ese fue el motivo por el que, en pleno vendaval de cutre-pelis-chusqueras (tampoco le mola que le etiqueten de "trash"), decidió parir una peli inversalmente opuesta al producto reinante. Sin monstruos, sin truculencia, sin escotes, sin violencia, ni marcianos.... un drama con niño pa todos los públicos. Ideal para que las marujas de media América la vieran con el cleenex en la mano.
"Heart of a boy" (no hay más que ver la carátula) cuenta la historia de un mocoso la mar de cuco y encantador con problemas de corazón. Su abnegada mamá y su entrañable abuelete que tanto le quiere (el mismo Mikels) harán todo lo que esté en su mano con el fin de conseguir la notable cantidad de dineros que le piden los médicos para operarlo y evitar su muerte. Y básicamente en eso se centran los restantes 65 minutos de la peli, en ver cómo sus protas hacen y deshacen para agenciarse la guita. Tras cada logro, hay un fracaso, incluso en un momento dado, al abuelo Mikels le toca la loto, pero unos malandrines le mangan la pasta y... en fin, un cristo. Y hablando de cristo, sorprende la notable carga cristiana que arrastra "Heart of a boy", con constantes intervenciones de un cura y sus monjitas (de tétrico y mal rollero aspecto) y escenas de rezos (¡en castellano!). Casi parece una de esas pútridas pelis pro-cristianas grabadas en vídeo en la américa profunda. No hace falta decir que todo termina bien, los ladrones pagan (a base del CGI más rastrero que puedas imaginar) y el niño es operado, con resultados óptimos. Y especifico lo de "el niño", porque la peli de resultados óptimos, por aquí que te vi.
Ahora imaginaos todo esto pues, ello, en formato vídeo, con sonido de cámara (porque si había micro, que despidan al de la percha), montaje algo patoso... en fin, una auténtica peli amateur en el sentido más extremo de la palabra, parida por un señor que, hace bastantes años atrás, incluso hacía películas de verdad... o que tenían aspecto de serlo. La mayor parte del metraje, como decía arriba, no va de nada, y lo ilustran unas cuantas escenas de Ted Mikels pasándolo en grande con su querido nietecito (que cada dos por tres mira a la cámara), llevándole al parque a pasear, mostrándole trucos de magia (no olvidemos que de joven Mikels fue mago), imaginando cómo ambos visitan el interior de un castillo, etc, etc, etc... con la cámara siempre recreándose en las monadas y cuchifleces del puñetero crío. Está claro que, viejo chocho que ya era en 2005, a Mikels se le caería la fafa (sin doble sentido, hablo de auténtica "ternura otoñal").
Bien mirado, en todo este despipote hay una cosa buena: Las pelis de Mikels modernas son tan jodidamente aburridas como las antiguas, así que podemos decir aquello de "No ha perdido incapacidad alguna y está en plena forma".
sábado, 28 de diciembre de 2013
TRAS LA MEDIANOCHE
A John Russo todos le conocéis. Básicamente fue co-guionista de "La noche de los muertos vivientes" original y, desde entonces, vive del cuento. Siempre lo consideré una pequeña rémora de George A. Romero, y su jugarreta más sucia fue parir aquella cosa insufrible y espantosa con motivo del 30 aniversario del mentado film. A mediados de los 70 decide estrenarse como escritor especializado en terrores (debutando, cómo no, con la adaptación de "La noche de los muertos vivientes"), permitiendo que algunas de sus obras fueran llevadas a la pantalla, con mejor o peor suerte. Un par de años después, se desvirga también como director con una comedia picante de la que muy pocos han oído hablar ("The Booby Hatch"). Consciente del género al que su nombre iba ligado, el siguiente intento -facturado en 1982- entra de lleno en el terror. Y lo hace auto-adaptándose una novela de mismo nombre publicada dos años antes, "Midnight". Pero John Russo es John Russo, e igual que exprimió a los muertos vivientes de Romero cuanto pudo, o intentó sacar partido -literario- al boom "slasher" en 1979 con "Majorettes" (llevada a la pantalla unos años después), con "Midnight" se apunta al rollo de "La matanza de Texas" o "Las colinas tienen ojos", más unas goticas de satanismo por aquello de marcar la diferencia (y porque en 1980, que es cuando se publicó el libro, estaba de moda en el cine... lo que yo os digo, Russo es Russo), y lo hace con un presupuesto ultra-reducido y la ayuda en tareas de producción del legendario Sam Sherman, viejo aliado de Al Adamson y patriarca de "Independent-International Pictures" (quien se encargó de distribuir la peli en las salas de América).
"Tras la medianoche" (o "Medianoche" a secas, según el doblaje) narra los avatares de cuatro hermanos, todos ellos psicópatas/satanistas, que conservan el cadáver momificado de su madre al que hablan como si estuviera viva (y en un momento dado les contesta, no sé si es un toque sobrenatural de la peli o es que ellos lo imaginan) y cuyo plan es secuestrar y sacrificar a tres chicas para... la verdad, no me acuerdo. Por otro lado, una jovenzuela de la que su padrastro abusa, escapa de casa, se sube a la furgo de unos estudiantes y, juntos y revueltos, terminarán en las garras del psycho-clan. Todo parece que va a acabar mu malamente, hasta que el padrastro violador decide ir a salvar a la moza pistola en ristre. Este último punto me pareció chocante y a la vez sorprendente y edificante, que el "héroe" de la historia sea lo que es, un alcohólico que se tira a su hijastra y miente a la madre de esta, tiene su coña.
Si es cierto que la influencia del clásico de Tobe Hooper está bien presente, también lo es que, pasado los años, se dio la vuelta a la tortilla. El remake de Marcus Nispel presenta una idea que ya desarrolla John Russo en su película, según la cual un par de los integrantes de la familia de asesinos se disfrazan de policía rural para detener y cazar a jóvenes excursionistas. Uno de estos lo interpreta alguien que, por aquel entonces, anduvo muy unido al universo de George Romero, John Amplas, le has visto como prota absoluto de la aburrida "Martin" (o "El regreso de los vampiros vivientes", según el irritante título patrio), como el cadáver que quiere su tarta en "Creepshow" o como uno de los científicos en "El día de los muertos". Otro rostro bien reconocible en "Tras la medianoche" es el de Lawrence Tirney, carismático actor con una larguísima y lustrosa carrera iniciada a mediados de los años 40 (!) y que reconocerás por "El asesino de Rosemary", "Miedo azul", "La ley de Murphy", "Agárralo como puedas", "House 3" o "Reservoir dogs". Falleció el año 2002. En este caso interpreta a un personaje que encaja muy bien con su aspecto, el del padrastro vicioso.
Otro nombre bien reconocido ligado a la peli es el de Tom Savini, que se encarga de -únicamente- una parte de los efectos especiales, aunque por su acabado resultan muy fácilmente reconocibles, como son los impactos de bala, las degollaciones o el cuerpo putrefacto de la madre. Y es que, ahí donde la ven, la película de John Russo se suma al lado más "hardcore" del horror (tal y como dictaban los cánones de la época, Russo es Russo), mostrando todo el gore que sus limitados recursos le permite (que no es mucho, pero sí bien resultón, ahí está la famosa secuencia en la que uno de lo malos decapita a una víctima atada y amordazada) y recreándose en secuencias intensas, como cuando los dos chavales que acompañan a la chica son asesinados despiadadamente por los falsos policías o el inicio, donde una niña recibe un certero mazazo en toda la cabeza (menos chanante es el que la chica prota le propina con ayuda de una radio a su papá de mentirijilla, de tan cutre que termina siendo bien descojonable).
"Tras la medianoche" es muy de su época. O no, en realidad apesta más a setentera, no únicamente por su trama satanista y su intencionada crudeza, también por el acabado, algo tosco y cutrón, la ambientación (esa américa profunda repleta de paletos racistas) y su tempo tranquilico. Sí, es un poco chapas, hay que tener paciencia con ella, pero a la larga resulta que no está tan mal. Tiene su encanto, especialmente con todo el clímax final, en el que buenos, medio-buenos y malos se enfrentan unos a otros (destaca aquí el asesinato de uno de los psicópatas especialmente cargante porque no para de reír todo el rato, ver cómo un balazo en la cabeza le calla la boca mola mucho). También es verdad que esta peli la vi -por segunda vez y en VHS- el pasado día 24, después de una lustrosa cena y unas cuantas copitas de champagne. No sé si eso ayudó o no, el caso es que no me disgustó especialmente, ni me aburrió criminalmente (al contrario de lo que ocurrió en el ya lejano primer intento).
¿Y qué fue de John Russo?, pues miren, resulta que la cosa tiene chicha. El tio siguió a lo suyo, haciendo películas que prácticamente no se estrenaban (como ese ignoto "Heartstopper", con papel gordo para Savini, de cuando no era tan habitual verle frente a una cámara), escribiendo libros que nadie leía (sobre todo unos cuantos de rollo didáctico, dedicados a los sinsabores de la realización de cine fantástico desde la independencia) y churrupeteando del rollo muertos vivientes (más novelas, guiones para remakes, pseudo-remakes, secuelas, reediciones, comics, bla, bla, bla). No debía de irle demasiado bien cuando en 1993 se junta con el temible J.R.Bookwalter y lanza su primera peli rodada directamente en vídeo y que, tela marinera, resulta ser la secuela de la reseñada, "Midnight 2: sex, death & videotape" (en la que, eso sí, no intenta sustituir al celuloide por la cinta magnética, sino que juega con la estética de las grabaciones caseras a base de crímenes registrados por uno de los supuestos psychos supervivientes del film original, del que incluye un montón de material a modo de flashback). Seguidamente, Russo lanza una revista dedicada al universo de las "scream queens" (llamada, sí amigos, "Scream Queen"), que era algo así como el sueño pajero de todo "nerd" del horror, un especie de "Playboy" dedicado a mostrar en tetas (y en coño) a todas las actrices habituales del cine fantástico más beoso y zetoso (yo solía ojearlo gustosamente y recuerdo un especial en el que se recuperaban las fotos más "hard" de la primera época de Michelle Bauer, cuando intervino en algunos films porno. Realmente fascinante y excitante). De esta empresa surgen dos productos paridos directamente en vídeo bajo mandato de Russo, el documental "Scream Queens' Naked Christmas" y el cutre-"slasher" "Santa Claws". Después de dar unos cuantos tumbos más, rodar una comedia gangsteril titulada "Saloonatics" e intentar exprimir a tope el reciente zombie-boom, el cineasta/escritor/rémora/oportunista anuncia nueva película para el 2014... ¿adivinan cual?, ¡el remake de "Midnight"!, justo cuando los remakes de clásicos setenteros y ochenteros del horror están de moda... Russo es y siempre será Russo.
"Tras la medianoche" (o "Medianoche" a secas, según el doblaje) narra los avatares de cuatro hermanos, todos ellos psicópatas/satanistas, que conservan el cadáver momificado de su madre al que hablan como si estuviera viva (y en un momento dado les contesta, no sé si es un toque sobrenatural de la peli o es que ellos lo imaginan) y cuyo plan es secuestrar y sacrificar a tres chicas para... la verdad, no me acuerdo. Por otro lado, una jovenzuela de la que su padrastro abusa, escapa de casa, se sube a la furgo de unos estudiantes y, juntos y revueltos, terminarán en las garras del psycho-clan. Todo parece que va a acabar mu malamente, hasta que el padrastro violador decide ir a salvar a la moza pistola en ristre. Este último punto me pareció chocante y a la vez sorprendente y edificante, que el "héroe" de la historia sea lo que es, un alcohólico que se tira a su hijastra y miente a la madre de esta, tiene su coña.
Si es cierto que la influencia del clásico de Tobe Hooper está bien presente, también lo es que, pasado los años, se dio la vuelta a la tortilla. El remake de Marcus Nispel presenta una idea que ya desarrolla John Russo en su película, según la cual un par de los integrantes de la familia de asesinos se disfrazan de policía rural para detener y cazar a jóvenes excursionistas. Uno de estos lo interpreta alguien que, por aquel entonces, anduvo muy unido al universo de George Romero, John Amplas, le has visto como prota absoluto de la aburrida "Martin" (o "El regreso de los vampiros vivientes", según el irritante título patrio), como el cadáver que quiere su tarta en "Creepshow" o como uno de los científicos en "El día de los muertos". Otro rostro bien reconocible en "Tras la medianoche" es el de Lawrence Tirney, carismático actor con una larguísima y lustrosa carrera iniciada a mediados de los años 40 (!) y que reconocerás por "El asesino de Rosemary", "Miedo azul", "La ley de Murphy", "Agárralo como puedas", "House 3" o "Reservoir dogs". Falleció el año 2002. En este caso interpreta a un personaje que encaja muy bien con su aspecto, el del padrastro vicioso.
Otro nombre bien reconocido ligado a la peli es el de Tom Savini, que se encarga de -únicamente- una parte de los efectos especiales, aunque por su acabado resultan muy fácilmente reconocibles, como son los impactos de bala, las degollaciones o el cuerpo putrefacto de la madre. Y es que, ahí donde la ven, la película de John Russo se suma al lado más "hardcore" del horror (tal y como dictaban los cánones de la época, Russo es Russo), mostrando todo el gore que sus limitados recursos le permite (que no es mucho, pero sí bien resultón, ahí está la famosa secuencia en la que uno de lo malos decapita a una víctima atada y amordazada) y recreándose en secuencias intensas, como cuando los dos chavales que acompañan a la chica son asesinados despiadadamente por los falsos policías o el inicio, donde una niña recibe un certero mazazo en toda la cabeza (menos chanante es el que la chica prota le propina con ayuda de una radio a su papá de mentirijilla, de tan cutre que termina siendo bien descojonable).
"Tras la medianoche" es muy de su época. O no, en realidad apesta más a setentera, no únicamente por su trama satanista y su intencionada crudeza, también por el acabado, algo tosco y cutrón, la ambientación (esa américa profunda repleta de paletos racistas) y su tempo tranquilico. Sí, es un poco chapas, hay que tener paciencia con ella, pero a la larga resulta que no está tan mal. Tiene su encanto, especialmente con todo el clímax final, en el que buenos, medio-buenos y malos se enfrentan unos a otros (destaca aquí el asesinato de uno de los psicópatas especialmente cargante porque no para de reír todo el rato, ver cómo un balazo en la cabeza le calla la boca mola mucho). También es verdad que esta peli la vi -por segunda vez y en VHS- el pasado día 24, después de una lustrosa cena y unas cuantas copitas de champagne. No sé si eso ayudó o no, el caso es que no me disgustó especialmente, ni me aburrió criminalmente (al contrario de lo que ocurrió en el ya lejano primer intento).
¿Y qué fue de John Russo?, pues miren, resulta que la cosa tiene chicha. El tio siguió a lo suyo, haciendo películas que prácticamente no se estrenaban (como ese ignoto "Heartstopper", con papel gordo para Savini, de cuando no era tan habitual verle frente a una cámara), escribiendo libros que nadie leía (sobre todo unos cuantos de rollo didáctico, dedicados a los sinsabores de la realización de cine fantástico desde la independencia) y churrupeteando del rollo muertos vivientes (más novelas, guiones para remakes, pseudo-remakes, secuelas, reediciones, comics, bla, bla, bla). No debía de irle demasiado bien cuando en 1993 se junta con el temible J.R.Bookwalter y lanza su primera peli rodada directamente en vídeo y que, tela marinera, resulta ser la secuela de la reseñada, "Midnight 2: sex, death & videotape" (en la que, eso sí, no intenta sustituir al celuloide por la cinta magnética, sino que juega con la estética de las grabaciones caseras a base de crímenes registrados por uno de los supuestos psychos supervivientes del film original, del que incluye un montón de material a modo de flashback). Seguidamente, Russo lanza una revista dedicada al universo de las "scream queens" (llamada, sí amigos, "Scream Queen"), que era algo así como el sueño pajero de todo "nerd" del horror, un especie de "Playboy" dedicado a mostrar en tetas (y en coño) a todas las actrices habituales del cine fantástico más beoso y zetoso (yo solía ojearlo gustosamente y recuerdo un especial en el que se recuperaban las fotos más "hard" de la primera época de Michelle Bauer, cuando intervino en algunos films porno. Realmente fascinante y excitante). De esta empresa surgen dos productos paridos directamente en vídeo bajo mandato de Russo, el documental "Scream Queens' Naked Christmas" y el cutre-"slasher" "Santa Claws". Después de dar unos cuantos tumbos más, rodar una comedia gangsteril titulada "Saloonatics" e intentar exprimir a tope el reciente zombie-boom, el cineasta/escritor/rémora/oportunista anuncia nueva película para el 2014... ¿adivinan cual?, ¡el remake de "Midnight"!, justo cuando los remakes de clásicos setenteros y ochenteros del horror están de moda... Russo es y siempre será Russo.
martes, 10 de noviembre de 2015
ON THE CHEAP: MY LIFE IN LOW BUDGET FILMMAKING (DE GREYDON CLARK)
Alumno aventajado nada menos que de Al Adamson, y cineasta genuinamente exploiter e independiente, Greydon Clark, ya anciano, pensó que lo que tenía que contar era lo suficientemente interesante como para auto editarse un libro que recopilase datos y anécdotas de su carrera en esto del séptimo arte de baja estofa. A Clark debemos un puñado de películas, algunas de las cuales, por no decir todas, se han ganado justificada fama de “malas pero divertidas”, aunque también las tiene directamente insufribles. Por ejemplo, quizás su título más popular sea “Llegan sin avisar”, que se adelantó por completo a “Depredador” (en el libro, Clark asegura que Schwarzenegger reconoció abiertamente esa deuda), seguido del más “mainstream”, “Lambada, el baile prohibido”. Entre medias localizamos muchas otras cosuchas como la insalubre “El regreso de los extraterrestres”, comedias insufribles como “Waco” (un spoof de terror que no funciona la agarres por donde la agarres... como puedas) o “Joysticks” (esta ni la terminé), historias de cabezas rapadas malos (“Skinhead”) o más de bichos purulentos, destacando “Uninvited”.
Todas ellas, y algunas otras, son diseccionadas en un libro que Clark construye como si fuese el guión de una peli, diálogos incluidos (¡que portentosa memoria tiene el hombre!, ¡o cómo se lo inventa todo!). Estructura esta que pronto se vuelve monótona y cansina, con un nivel cero de imaginación. Lo extraño es que el cineasta parece sentir predilección por contar las anécdotas más chorras y con menos enjundia antes de ofrecernos algo realmente jugoso. O realmente divertido. Que se centre en cómo explica a sus jóvenes e ignorantes ayudantes para qué sirve el montaje, es de un evidente y una inutilidad que asombran. Y es que en realidad el fin de estas memorias es mostrarnos a nosotros, incrédulos e irrespetuosos espectadores, cómo se jugaba el cuello (y la casa, y la salud...) financiando sus películas independientes (en algunos casos a un paso de ser caseras). Tal vez crea que sabiéndolo vamos a ser más benevolentes juzgando los resultados… pero no creo que sirva de mucho. A mi no me cuentes milongas, la peli me gustará o no, pero saber cómo se hizo y los problemas que tuvo puede ser interesante, desde luego, sin embargo no influirá en mi parecer.
También se pasa más de la mitad del libro demostrando lo buen tipo, paciente, comprensivo, buencha, majete, amable, generoso, afectuoso, respetuoso y progresista que era y es (¡y qué malos e inútiles todos los demás!). Un auténtico ángel a juzgar por sus palabras. Además, la peña que le rodeaba le tenía en gran consideración y alababan continuamente su arte y su capacidad de dirigir y resolver pifostios. ¡¡Que seria del mundo del cine sin el talento de Greydon Clark, por dios!!. Ejecuta esa práctica tan fea de tirar la piedra, esconder la mano y disculparse después poniendo cara de perrito apaleado. ¡Mal, feo!.
Si superamos tan irritante y constante práctica, encontraremos un puñado de curiosos personajes bien populares que cruzaron por la vida del cineasta, siempre asociándose a ellos en el peor momento de sus carreras. El mismo Al Adamson, que como todo exploiter del periodo era un auténtico hijo de puta. Martin Landau, George Kennedy, Tony Curtis, Chuck Connors, Joe Don Baker o, muy especialmente, un Menahem Golan post-“Cannon” cuyo único fin en la vida era competir con su hermano y ganarle. Produjo “Lambada, el baile prohibido” justamente por eso, porque Yoram Globus andaba pariendo su propia peli del tema. Y si contrató a Clark sin haber visto nada de su autoría fue, simplemente, porque le contaron que era muy rápido y quería estrenar el resultado antes que el otro. En resumen, la peli le importaba un huevo. Y sí, Clark era un fenómeno en cuestión de velocidad, aspecto que lograba acudiendo a las salidas estéticas y narrativas más simples, bobaliconas y visualmente elementales. Basando su única técnica de dirección de actores -a tenor de sus propias palabras- en decirles “Estás sobreactuando, rebájalo un poco” (cosa esta a la que alude en dos ocasiones diferentes, como si hubiese olvidado que ya lo había explicado en un capítulo previo). Pero no solo de viejas glorias se nutren las memorias de Greydon Clark, también aparecen Dean Cundey, Cibbyl Shepherd, Robert Englund o Michael Moore (sí, ese) en los inicios o mejores momentos de sus trayectorias artísticas.
La única vez que el tipo echa un poco de mierda sobre su propio tejado es cuando habla del fallecimiento del "stunt" Vic Rivers en el rodaje de su película "Hi-Riders (Los intrépidos salvajes)". Se confiesa responsable... eso sí, tras dejar claro que, legalmente y según el juez -y el resto de "stunts" presentes-, estaba libre de culpa.
Tampoco pasarán a la historia de la literatura cinematográfica todas las partes dedicadas a cuestiones monetarias, a cómo negociaba con inversores privados o con el banco. A los consejos legales de abogados. En fin, a todo aquello que, aunque en el universo de un cineasta súper-comercial y artesano como Clark encajan con lógica, a mi me importan un huevo. Son aburridas y me confirman que ese es el tipo de director/hombre de negocios que nunca estará en mi lista de favoritos. También Juan Piquer era un astuto empresario, pero luego ya ven lo que paría el pobre.
En un momento dado, y tras rodar un thriller "hitchcockiano" de lo más convencional originalmente destinado a la caja tonta, el autor confiesa que se sentía especialmente satisfecho de aquella película porque evitaba los típicos elementos propios del cine de explotación. Ni efectismos, ni violencia, ni tetas. Sin embargo fue su único fracaso real, así que pa la siguiente volvió al redil. No es nada nuevo, ningún exploiter lo era por placer (salvo Michael Findlay), ni disfrutaba haciendo lo que hacía, pero siempre me resultará triste leerlo.
La única parte de la obra que transmite alguna clase de emoción real, de humanidad y sentimiento, es aquella centrada en el fallecimiento prematuro de su abnegada esposa. Lo que justifica el que cada vez que le dedica algunas líneas en las páginas previas exagere sus atributos de entregada y sacrificada ama de casa que nunca jamás da un "no" por respuesta. Su fallecimiento fue lo que puso fin a la carrera de Clark.
Otra parte que me llegó es aquella en la que el hombre explica cómo en el cine de bajo presupuesto se suelen crear fuertes lazos de unión y afecto entre el equipo implicado durante el tiempo que dura el rodaje, sean ya actores o técnicos, pero que, del mismo modo, todo se desvanece sin remisión cuando concluye la experiencia. Uno puede pensar que ha hecho nuevos amigos/hermanos... y luego, plof!, nada de nada. Es algo que yo mismo viví cuando formé parte de "Al Pereira vs the Alligator Ladies" y nunca acabé de entenderlo. Leer en el libro que, por lo visto, es algo normal y extrapolable a todas las culturas me reconforta y me consuela.
Greydon Clark es un director que jamás ha destacado por su imaginación e inventiva. Sus películas suelen ser planas, monótonas, insulsas, funcionales, correctas pero desencantadas y sin brizna de personalidad. Bien, pues sus memorias son exactamente así. Solo se las recomendaría a aquellos curiosos que, como yo, quieran saber qué se oculta tras la realización de un producto netamente "exploitation”, pero que estén dispuestos a llegar al final sin ver colmadas sus expectativas.
Todas ellas, y algunas otras, son diseccionadas en un libro que Clark construye como si fuese el guión de una peli, diálogos incluidos (¡que portentosa memoria tiene el hombre!, ¡o cómo se lo inventa todo!). Estructura esta que pronto se vuelve monótona y cansina, con un nivel cero de imaginación. Lo extraño es que el cineasta parece sentir predilección por contar las anécdotas más chorras y con menos enjundia antes de ofrecernos algo realmente jugoso. O realmente divertido. Que se centre en cómo explica a sus jóvenes e ignorantes ayudantes para qué sirve el montaje, es de un evidente y una inutilidad que asombran. Y es que en realidad el fin de estas memorias es mostrarnos a nosotros, incrédulos e irrespetuosos espectadores, cómo se jugaba el cuello (y la casa, y la salud...) financiando sus películas independientes (en algunos casos a un paso de ser caseras). Tal vez crea que sabiéndolo vamos a ser más benevolentes juzgando los resultados… pero no creo que sirva de mucho. A mi no me cuentes milongas, la peli me gustará o no, pero saber cómo se hizo y los problemas que tuvo puede ser interesante, desde luego, sin embargo no influirá en mi parecer.
También se pasa más de la mitad del libro demostrando lo buen tipo, paciente, comprensivo, buencha, majete, amable, generoso, afectuoso, respetuoso y progresista que era y es (¡y qué malos e inútiles todos los demás!). Un auténtico ángel a juzgar por sus palabras. Además, la peña que le rodeaba le tenía en gran consideración y alababan continuamente su arte y su capacidad de dirigir y resolver pifostios. ¡¡Que seria del mundo del cine sin el talento de Greydon Clark, por dios!!. Ejecuta esa práctica tan fea de tirar la piedra, esconder la mano y disculparse después poniendo cara de perrito apaleado. ¡Mal, feo!.
Si superamos tan irritante y constante práctica, encontraremos un puñado de curiosos personajes bien populares que cruzaron por la vida del cineasta, siempre asociándose a ellos en el peor momento de sus carreras. El mismo Al Adamson, que como todo exploiter del periodo era un auténtico hijo de puta. Martin Landau, George Kennedy, Tony Curtis, Chuck Connors, Joe Don Baker o, muy especialmente, un Menahem Golan post-“Cannon” cuyo único fin en la vida era competir con su hermano y ganarle. Produjo “Lambada, el baile prohibido” justamente por eso, porque Yoram Globus andaba pariendo su propia peli del tema. Y si contrató a Clark sin haber visto nada de su autoría fue, simplemente, porque le contaron que era muy rápido y quería estrenar el resultado antes que el otro. En resumen, la peli le importaba un huevo. Y sí, Clark era un fenómeno en cuestión de velocidad, aspecto que lograba acudiendo a las salidas estéticas y narrativas más simples, bobaliconas y visualmente elementales. Basando su única técnica de dirección de actores -a tenor de sus propias palabras- en decirles “Estás sobreactuando, rebájalo un poco” (cosa esta a la que alude en dos ocasiones diferentes, como si hubiese olvidado que ya lo había explicado en un capítulo previo). Pero no solo de viejas glorias se nutren las memorias de Greydon Clark, también aparecen Dean Cundey, Cibbyl Shepherd, Robert Englund o Michael Moore (sí, ese) en los inicios o mejores momentos de sus trayectorias artísticas.
La única vez que el tipo echa un poco de mierda sobre su propio tejado es cuando habla del fallecimiento del "stunt" Vic Rivers en el rodaje de su película "Hi-Riders (Los intrépidos salvajes)". Se confiesa responsable... eso sí, tras dejar claro que, legalmente y según el juez -y el resto de "stunts" presentes-, estaba libre de culpa.
Tampoco pasarán a la historia de la literatura cinematográfica todas las partes dedicadas a cuestiones monetarias, a cómo negociaba con inversores privados o con el banco. A los consejos legales de abogados. En fin, a todo aquello que, aunque en el universo de un cineasta súper-comercial y artesano como Clark encajan con lógica, a mi me importan un huevo. Son aburridas y me confirman que ese es el tipo de director/hombre de negocios que nunca estará en mi lista de favoritos. También Juan Piquer era un astuto empresario, pero luego ya ven lo que paría el pobre.
En un momento dado, y tras rodar un thriller "hitchcockiano" de lo más convencional originalmente destinado a la caja tonta, el autor confiesa que se sentía especialmente satisfecho de aquella película porque evitaba los típicos elementos propios del cine de explotación. Ni efectismos, ni violencia, ni tetas. Sin embargo fue su único fracaso real, así que pa la siguiente volvió al redil. No es nada nuevo, ningún exploiter lo era por placer (salvo Michael Findlay), ni disfrutaba haciendo lo que hacía, pero siempre me resultará triste leerlo.
La única parte de la obra que transmite alguna clase de emoción real, de humanidad y sentimiento, es aquella centrada en el fallecimiento prematuro de su abnegada esposa. Lo que justifica el que cada vez que le dedica algunas líneas en las páginas previas exagere sus atributos de entregada y sacrificada ama de casa que nunca jamás da un "no" por respuesta. Su fallecimiento fue lo que puso fin a la carrera de Clark.
Otra parte que me llegó es aquella en la que el hombre explica cómo en el cine de bajo presupuesto se suelen crear fuertes lazos de unión y afecto entre el equipo implicado durante el tiempo que dura el rodaje, sean ya actores o técnicos, pero que, del mismo modo, todo se desvanece sin remisión cuando concluye la experiencia. Uno puede pensar que ha hecho nuevos amigos/hermanos... y luego, plof!, nada de nada. Es algo que yo mismo viví cuando formé parte de "Al Pereira vs the Alligator Ladies" y nunca acabé de entenderlo. Leer en el libro que, por lo visto, es algo normal y extrapolable a todas las culturas me reconforta y me consuela.
Greydon Clark es un director que jamás ha destacado por su imaginación e inventiva. Sus películas suelen ser planas, monótonas, insulsas, funcionales, correctas pero desencantadas y sin brizna de personalidad. Bien, pues sus memorias son exactamente así. Solo se las recomendaría a aquellos curiosos que, como yo, quieran saber qué se oculta tras la realización de un producto netamente "exploitation”, pero que estén dispuestos a llegar al final sin ver colmadas sus expectativas.
viernes, 7 de junio de 2024
MUNDO DEPRAVADOS
Cuando esta película era tan solo un proyecto, el título bajo el que se auspició fue “Meet me under the bed”. Por algún extraño motivo, acabó estrenándose como “Mundo Depravados” (al que se le añade el subtítulo de “The World of The Depraved”) que fue con el que, tras el redescubrimiento de la cinta en los 80 por parte de los fanáticos, se convirtió en una suerte de clásico del cine de bóveda.
Supongo que es su condición y escasa repercusión lo que hace que este film procese culto a posteriori, porque quitando un par de elementos que pueden llamar la atención —vistos con anterioridad en películas mucho más curiosas—, lo cierto es que, más allá de un par de gracietas tontas, “Mundo Depravados”, situada en algún lugar entre el nudie y el porno soft más desprejuiciado de los 60, no es una película que posea nada demasiado especial, ni creo que merezca todo ese culto. De hecho, de puro anodina, me extraña mucho que por según que círculos a día de hoy se la recuerde.
Un individuo ataviado con sombrero y media en la cabeza está asesinando a bellas damiselas cuando salen del gimnasio. Un par de policías llevarán a cabo una investigación para ver si dan con el criminal. Entre tanto, veremos alguna escena erótica, mucha striper luciendo prominente marca de bikini y tetas de todos los colores, olores, sabores y tamaños al mismo tiempo que el espectador es testigo de cómo la pareja de policías, que se encontrará con todo esto durante su trasiego, detiene la acción con el fin de ejecutar una notable variedad de chistes e imitaciones tontas sin venir a cuento, pero que, finalmente, se convierten en la razón de ser de la película. Y es que, sobre todo, “Mundo Depravados” es un vehículo para el lucimiento de los dos cómicos que interpretan a esos policías, Larry Reed y Johnnie Decker, ambos provenientes del mundo de los clubes nocturnos, ambos sin demasiada suerte en su profesión. Previamente pudimos verles hacer algo muy parecido en “Psycho a Go Go!” de Al Adamson, pero poco se prodigaron posteriormente más allá de apariciones episódicas contadas con los dedos en series de televisión y sus rutinas habituales en clubes de poca monta. Asimismo, y también del espectáculo nocturno, Tempest Storm, la protagonista (y única mujer que aparece vestida en toda la película), provenía del mismo ambiente nocturno que Larry Reed y Johnnie Decker, en calidad de bailarina burlesque y striper, si bien a posteriori su trabajo recibiría estatus de leyenda, dedicándose Storm al mundo del despelote durante más de 50 años.
Todos estos personajes, principales o secundarios, del mundo de la noche para adultos, no están en la película porque sí o por sus características en el espectáculo de variedades; resulta que por aquel entonces Tempest Storm era esposa del director de la cinta, Herb Jeffries, quien elaboró un casting compuesto por gente del circulo de aquella. Jeffries fue un actor de tercera categoría y cantante de jazz vocal en los años 30 y 40 que, en el meridiano de su carrera, probó suerte en la producción y dirección con “Mundo Depravados”. Pero el tipo es mucho más interesante, ya que nos podríamos referir a él como una suerte de proto-blaxploiter.
Mulato como era, durante su carrera se hizo la picha un lío con la cosa de la raza porque, según convenía, se consideraba blanco o negro. Su madre era blanca y, según él, su padre era español, portugués, negro e indio americano. Pero se descubrió que, en realidad, Herb Jeffries simplemente era un negro -de nombre real Howard Jeffrey- que se auto adjudicaba toda esta mezcolanza de razas para darse importancia.
Como fuera, fue protagonista en los años 30 de una serie de westerns dedicados al público negro de la época, en los que las tramas y protagonistas eran enteramente de color. Protagonizó cosas icónicas del subgénero como puedan ser “El vaquero bronceado”, “Two Gun Man from Harlem” o “La pradera de Harlem”. Vistas a día de hoy, son una experiencia descacharrante. Y esta locura de blaxploitation primigenio sería el punto álgido en la carrera de Jeffries cuando aún se consideraba negro. Todo lo contrario que cuando dirigió “Mundo Depravados” Para entonces se alisaba el pelo con una plancha, se lo decoloraba e iba por ahí diciendo ser blanco.
“Mondo Depravados” se estrenó y, poco después, Tempest Store y él se divorciaron.
La película tuvo su público natural de pajilleros y entes de mal vivir, y pronto quedaría relegada al ostracismo, por lo que Herb Jeffries se retiraría del mundo del cine apareciendo ya a modo de cameo para solaz de los especialistas en alguna que otra peli menor, dedicándose en cuerpo y alma, hasta su fallecimiento en 2014, a su faceta musical en la que, al igual que la película que nos ocupa, es una figura de culto.
En cuanto a “Mundo Depravados”, solo se trata de un nudie criminal un tanto guarrindongo con toquecitos cómicos, excesivo para según que cosas, pero tampoco como para rasgarse las vestiduras.
Supongo que es su condición y escasa repercusión lo que hace que este film procese culto a posteriori, porque quitando un par de elementos que pueden llamar la atención —vistos con anterioridad en películas mucho más curiosas—, lo cierto es que, más allá de un par de gracietas tontas, “Mundo Depravados”, situada en algún lugar entre el nudie y el porno soft más desprejuiciado de los 60, no es una película que posea nada demasiado especial, ni creo que merezca todo ese culto. De hecho, de puro anodina, me extraña mucho que por según que círculos a día de hoy se la recuerde.
Un individuo ataviado con sombrero y media en la cabeza está asesinando a bellas damiselas cuando salen del gimnasio. Un par de policías llevarán a cabo una investigación para ver si dan con el criminal. Entre tanto, veremos alguna escena erótica, mucha striper luciendo prominente marca de bikini y tetas de todos los colores, olores, sabores y tamaños al mismo tiempo que el espectador es testigo de cómo la pareja de policías, que se encontrará con todo esto durante su trasiego, detiene la acción con el fin de ejecutar una notable variedad de chistes e imitaciones tontas sin venir a cuento, pero que, finalmente, se convierten en la razón de ser de la película. Y es que, sobre todo, “Mundo Depravados” es un vehículo para el lucimiento de los dos cómicos que interpretan a esos policías, Larry Reed y Johnnie Decker, ambos provenientes del mundo de los clubes nocturnos, ambos sin demasiada suerte en su profesión. Previamente pudimos verles hacer algo muy parecido en “Psycho a Go Go!” de Al Adamson, pero poco se prodigaron posteriormente más allá de apariciones episódicas contadas con los dedos en series de televisión y sus rutinas habituales en clubes de poca monta. Asimismo, y también del espectáculo nocturno, Tempest Storm, la protagonista (y única mujer que aparece vestida en toda la película), provenía del mismo ambiente nocturno que Larry Reed y Johnnie Decker, en calidad de bailarina burlesque y striper, si bien a posteriori su trabajo recibiría estatus de leyenda, dedicándose Storm al mundo del despelote durante más de 50 años.
Todos estos personajes, principales o secundarios, del mundo de la noche para adultos, no están en la película porque sí o por sus características en el espectáculo de variedades; resulta que por aquel entonces Tempest Storm era esposa del director de la cinta, Herb Jeffries, quien elaboró un casting compuesto por gente del circulo de aquella. Jeffries fue un actor de tercera categoría y cantante de jazz vocal en los años 30 y 40 que, en el meridiano de su carrera, probó suerte en la producción y dirección con “Mundo Depravados”. Pero el tipo es mucho más interesante, ya que nos podríamos referir a él como una suerte de proto-blaxploiter.
Mulato como era, durante su carrera se hizo la picha un lío con la cosa de la raza porque, según convenía, se consideraba blanco o negro. Su madre era blanca y, según él, su padre era español, portugués, negro e indio americano. Pero se descubrió que, en realidad, Herb Jeffries simplemente era un negro -de nombre real Howard Jeffrey- que se auto adjudicaba toda esta mezcolanza de razas para darse importancia.
Como fuera, fue protagonista en los años 30 de una serie de westerns dedicados al público negro de la época, en los que las tramas y protagonistas eran enteramente de color. Protagonizó cosas icónicas del subgénero como puedan ser “El vaquero bronceado”, “Two Gun Man from Harlem” o “La pradera de Harlem”. Vistas a día de hoy, son una experiencia descacharrante. Y esta locura de blaxploitation primigenio sería el punto álgido en la carrera de Jeffries cuando aún se consideraba negro. Todo lo contrario que cuando dirigió “Mundo Depravados” Para entonces se alisaba el pelo con una plancha, se lo decoloraba e iba por ahí diciendo ser blanco.
“Mondo Depravados” se estrenó y, poco después, Tempest Store y él se divorciaron.
La película tuvo su público natural de pajilleros y entes de mal vivir, y pronto quedaría relegada al ostracismo, por lo que Herb Jeffries se retiraría del mundo del cine apareciendo ya a modo de cameo para solaz de los especialistas en alguna que otra peli menor, dedicándose en cuerpo y alma, hasta su fallecimiento en 2014, a su faceta musical en la que, al igual que la película que nos ocupa, es una figura de culto.
En cuanto a “Mundo Depravados”, solo se trata de un nudie criminal un tanto guarrindongo con toquecitos cómicos, excesivo para según que cosas, pero tampoco como para rasgarse las vestiduras.
lunes, 29 de noviembre de 2021
LOST SOUL: EL VIAJE MALDITO DE RICHARD STANLEY A LA ISLA DEL DR. MOREAU
No había sentido desde el día de su estreno (recuerdo las marquesinas de las paredes de bus anunciando su inminente premiere) el más mínimo interés por la adaptación de “La Isla del Dr. Moreau” para el cine ejecutada en 1996 por John Frankenheimer (según el póster español, pero sin créditos para director alguno según su versión original). De hecho esa falta de interés es la que me ha llevado a día de hoy a ser un completo ignorante en torno a esta película. Yo intuía que era muy mala y sin más. Y quizás lo sea en demasía y no merezca la pena sentarse frente a ella, como bien había decidido hasta el día de hoy. Sin embargo, recientemente he descubierto este documental, “Lost Soul: El viaje maldito de Richard Stanley a la Isla del Dr. Moreau” y, claro, ahora tengo unas ganas locas de verla. Y acabaré haciéndolo algún día. Se trata de uno de esos documentales que cuentan lo desastroso que fue el rodaje de determinada película, y las circunstancias que llevaron a esta a ser una puta mierda. De estos hay muchos y muy interesantes. En este caso, la verdad es que los hechos acontecidos para que “La Isla del Dr. Moreau” fuera lo que es son realmente desternillantes.
No quiero spoilearles mucho el documental, por eso va a ser una reseña cortita, pero si diré que, como en la vida misma, todo el desastre del que nos habla el documental es fruto de tres factores: La incompetencia, los egos desmesurados y el retraso mental.
Porque a pesar de la buena prensa con que se nos presenta al principal artífice de este proyecto, Richard Stanley ( al que jamás había prestado atención), al que tildan poco menos que de futura promesa del cine fantástico, yo le veo como una especie de Tommy Wiseau en potencia, un pobre hombre que pese a su innegable cultura y ciertas dotes para dirigir, se le intuye un cerebro lo que se dice relajado, con una percepción de la realidad un tanto trastocada. No puedo tomarme en serio a un tipo que dice que utilizó la magia negra para llevar a buen puerto su película, ni puedo dejar de mirar, en sus entrevistas, cómo segrega espesa babilla cada vez que habla y cómo esta se va convirtiendo poco a poco en una especie de pasta negruzca… como si fuera un deficiente mental. A parte de esto, hay más factores mostrados en el documental que confirman esta tesis.
Por otro lado, es curioso cómo la gente que producía la película, New Line, ponen a parir a este hombre tildándole de irresponsable e inutil y justificando así que fuera despedido para contratar a John Frankenheimer mientras que los actores, que eran los que trabajaban con Stanley codo a codo, se refieren a él como un tipo extremadamente entusiasta y amable —lo que no es un aval para determinar sus capacidades en cualquier caso—, pero claro, los actores no es que sean tampoco especialmente lúcidos o inteligentes como para detectar algo fuera de lo normal. De hecho los comportamientos de Val Kilmer y Marlon Brando durante el rodaje, tal y como se narra en el documental, confirman de nuevo esto que digo.
Y por supuesto, la incompetencia está presente en todo momento. Richard Stanley, era un pequeño director independiente que sabía comandar pequeñas producciones de 5 o 6 millones de dólares, pero que con una de 30 no sabía ni por donde empezar… pero Frankenheimer, acostumbrado a hacer cine con solvencia, acabó de enmierdar todo este rodaje demostrando ser, si no más, tan inútil como Stanley…
No les cuento más. Solamente les invito a que la vean, merece mucho la pena y es altamente recomendable porque cuenta una historia fascinante sobre unos individuos asimismo fascinantes, y yo no podía dejar de mirar a pantalla mientras se sucedían las entrevistas o las imágenes de archivo.
El docu, por supuesto, tuvo una buena recepción en los distintos festivales y críticas unánimemente buenas, aunque sembró la polémica porque Richard Stanley dice que no todo lo que se cuenta es cierto, y que cosas más gordas que sucedieron se tocan de pasada.
Lo curioso es que Stanley, es también el director de una de esas recientes películas protagonizadas por Nicolas Cage tan en boga últimamente y de la que tanto hablan los asiduos a festivales de cine fantástico, “The Color out of Space”, una adaptación de Lovecraft que, efectivamente, no me interesaba ni lo más mínimo y que gracias a este documental pienso ver, tal vez en programa doble, junto a “La Isla del Dr. Moreau”.
El que firma el documental que les recomiendo se llama David Gregory, es fan de Jess Franco, y además de ser productor de “The Color out of Space” es el director de tropecientosmil documentales sobre cine más o menos jugositos como “The Joe Spinell story”o “Blood & Flesh: The Reel Life & Ghastly Death of Al Adamson”. Este está especialmente bien.
No quiero spoilearles mucho el documental, por eso va a ser una reseña cortita, pero si diré que, como en la vida misma, todo el desastre del que nos habla el documental es fruto de tres factores: La incompetencia, los egos desmesurados y el retraso mental.
Porque a pesar de la buena prensa con que se nos presenta al principal artífice de este proyecto, Richard Stanley ( al que jamás había prestado atención), al que tildan poco menos que de futura promesa del cine fantástico, yo le veo como una especie de Tommy Wiseau en potencia, un pobre hombre que pese a su innegable cultura y ciertas dotes para dirigir, se le intuye un cerebro lo que se dice relajado, con una percepción de la realidad un tanto trastocada. No puedo tomarme en serio a un tipo que dice que utilizó la magia negra para llevar a buen puerto su película, ni puedo dejar de mirar, en sus entrevistas, cómo segrega espesa babilla cada vez que habla y cómo esta se va convirtiendo poco a poco en una especie de pasta negruzca… como si fuera un deficiente mental. A parte de esto, hay más factores mostrados en el documental que confirman esta tesis.
Por otro lado, es curioso cómo la gente que producía la película, New Line, ponen a parir a este hombre tildándole de irresponsable e inutil y justificando así que fuera despedido para contratar a John Frankenheimer mientras que los actores, que eran los que trabajaban con Stanley codo a codo, se refieren a él como un tipo extremadamente entusiasta y amable —lo que no es un aval para determinar sus capacidades en cualquier caso—, pero claro, los actores no es que sean tampoco especialmente lúcidos o inteligentes como para detectar algo fuera de lo normal. De hecho los comportamientos de Val Kilmer y Marlon Brando durante el rodaje, tal y como se narra en el documental, confirman de nuevo esto que digo.
Y por supuesto, la incompetencia está presente en todo momento. Richard Stanley, era un pequeño director independiente que sabía comandar pequeñas producciones de 5 o 6 millones de dólares, pero que con una de 30 no sabía ni por donde empezar… pero Frankenheimer, acostumbrado a hacer cine con solvencia, acabó de enmierdar todo este rodaje demostrando ser, si no más, tan inútil como Stanley…
No les cuento más. Solamente les invito a que la vean, merece mucho la pena y es altamente recomendable porque cuenta una historia fascinante sobre unos individuos asimismo fascinantes, y yo no podía dejar de mirar a pantalla mientras se sucedían las entrevistas o las imágenes de archivo.
El docu, por supuesto, tuvo una buena recepción en los distintos festivales y críticas unánimemente buenas, aunque sembró la polémica porque Richard Stanley dice que no todo lo que se cuenta es cierto, y que cosas más gordas que sucedieron se tocan de pasada.
Lo curioso es que Stanley, es también el director de una de esas recientes películas protagonizadas por Nicolas Cage tan en boga últimamente y de la que tanto hablan los asiduos a festivales de cine fantástico, “The Color out of Space”, una adaptación de Lovecraft que, efectivamente, no me interesaba ni lo más mínimo y que gracias a este documental pienso ver, tal vez en programa doble, junto a “La Isla del Dr. Moreau”.
El que firma el documental que les recomiendo se llama David Gregory, es fan de Jess Franco, y además de ser productor de “The Color out of Space” es el director de tropecientosmil documentales sobre cine más o menos jugositos como “The Joe Spinell story”o “Blood & Flesh: The Reel Life & Ghastly Death of Al Adamson”. Este está especialmente bien.
viernes, 12 de abril de 2024
ENTER THE CLONES OF BRUCE
David Gregory, señor que se ha especializado en realizar estupendos documentales sobre los más variopintos fenómenos cinematográficos (suyos son “Lost Soul: El viaje maldito de Richard Stanley a la isla del dr. Moreau” o “Blood and flesh: The real life and ghastly death of Al Adamson”), ataca ahora (como si del dragón se tratase) con “Enter the clones of Bruce”, en lo que podíamos denominar el auténtico y definitivo documental sobre uno de los fenómenos exploit más interesantes en la historia de la cara dura cinematográfica. Ya saben ustedes: tan grande era la demanda de películas de Bruce Lee que, una vez este falleció, el público se negó a no seguir disfrutando de su cine, por lo que, para contentarlo, un montón de estudios cinematográficos comenzaron a rodar películas con clones, artistas marciales que, más o menos, se parecían al pequeño dragón, y durante un montón de años estuvieron vomitando producciones de muy mal gusto en las que se explotaba la presencia de Bruce Lee, o lo que es peor, su muerte. Eso sería el “brucexploitation” oficial, pero también existió otro por parte de los distribuidores de medio mundo, que compraban películas de kung-fu sin conexión alguna con Bruce Lee, pero se estrenaban como si fueran legítimas (los casos de Bronson Lee o Bruce Lo).
“Enter The Clones of Bruce”, con mogollón de imágenes de archivo, extractos de películas y entrevistas a las principales estrellas del fenómeno (es decir, Bruce Le, Bruce Li, Dragón Lee o Bruce Liang), así como a directores productores y actores secundarios de aquellas películas, profundiza en las cloacas del subgénero y nos explica todos los entresijos y artimañas con dinamismo y brío.
Además lo hace de una forma muy acertada, incluyendo un prólogo precréditos en el que se nos explica el modo de operar de Bruce Lee (el de verdad), hace hincapié en sus manías y megalomanía, para, después de los créditos, darle una patada porque en realidad no es el foco del interés del documental, y centrarse única y exclusivamente en todo ese universo de clones, imágenes del funeral del auténtico Bruce, jornadas de trabajo infrahumanas, sueldos bajos y todos los desastres que traían de serie las películas adscritas al “brucexploitation”.
Por otro lado es sorprendente que, si bien podemos tener localizadas en España sesenta o setenta títulos protagonizados por cualquiera de estos impersonators (más o menos, qué se yo), el documental avisa que están catalogadas más de doscientas y que nunca dejan de aparecer títulos, con lo que hacer un listado de todas y cada una de ellas —que además hay clones de Bruce en todo el mundo, no solo en Asia, aunque no estén oficializados— es una tarea ardua, por no decir imposible (aunque los franchutes, principal fandom del fenómeno, tienen gran parte del trabajo hecho).
Resulta súper interesante ver los distintos caminos que han tomado en la vida los distintos clones, e, indirectamente, como todos tienen algo en común: los nudillos destrozados.
También se incide en cual puede que fuera el primer título oficial del “brucexploitation” y la manera ilegal y despiadada de publicitarlo por parte de los distribuidores, así como vemos una buena colección de pósters y títulos raros (o perdidos) que han pululado a lo largo de los años dentro de esta corriente tan rara que sacaba beneficio (y, en ocasiones, mucho) de la imagen y muerte de un mito de la cultura pop. Fue durante mediados de los setenta y los ochenta, cuando estas películas estuvieron en auge, pero lo acojonante del asunto es que, todavía hoy, quizás de manera menos descarnada que entonces, se sigue explotando a Bruce Lee y siempre es sinónimo de generar pasta.
Como ya digo, un documental estupendo, entretenido a más no poder, revelador y curioso sobre la estratagema comercial más inhumana y carroñera de la historia del cine.
“Enter The Clones of Bruce”, con mogollón de imágenes de archivo, extractos de películas y entrevistas a las principales estrellas del fenómeno (es decir, Bruce Le, Bruce Li, Dragón Lee o Bruce Liang), así como a directores productores y actores secundarios de aquellas películas, profundiza en las cloacas del subgénero y nos explica todos los entresijos y artimañas con dinamismo y brío.
Además lo hace de una forma muy acertada, incluyendo un prólogo precréditos en el que se nos explica el modo de operar de Bruce Lee (el de verdad), hace hincapié en sus manías y megalomanía, para, después de los créditos, darle una patada porque en realidad no es el foco del interés del documental, y centrarse única y exclusivamente en todo ese universo de clones, imágenes del funeral del auténtico Bruce, jornadas de trabajo infrahumanas, sueldos bajos y todos los desastres que traían de serie las películas adscritas al “brucexploitation”.
Por otro lado es sorprendente que, si bien podemos tener localizadas en España sesenta o setenta títulos protagonizados por cualquiera de estos impersonators (más o menos, qué se yo), el documental avisa que están catalogadas más de doscientas y que nunca dejan de aparecer títulos, con lo que hacer un listado de todas y cada una de ellas —que además hay clones de Bruce en todo el mundo, no solo en Asia, aunque no estén oficializados— es una tarea ardua, por no decir imposible (aunque los franchutes, principal fandom del fenómeno, tienen gran parte del trabajo hecho).
Resulta súper interesante ver los distintos caminos que han tomado en la vida los distintos clones, e, indirectamente, como todos tienen algo en común: los nudillos destrozados.
También se incide en cual puede que fuera el primer título oficial del “brucexploitation” y la manera ilegal y despiadada de publicitarlo por parte de los distribuidores, así como vemos una buena colección de pósters y títulos raros (o perdidos) que han pululado a lo largo de los años dentro de esta corriente tan rara que sacaba beneficio (y, en ocasiones, mucho) de la imagen y muerte de un mito de la cultura pop. Fue durante mediados de los setenta y los ochenta, cuando estas películas estuvieron en auge, pero lo acojonante del asunto es que, todavía hoy, quizás de manera menos descarnada que entonces, se sigue explotando a Bruce Lee y siempre es sinónimo de generar pasta.
Como ya digo, un documental estupendo, entretenido a más no poder, revelador y curioso sobre la estratagema comercial más inhumana y carroñera de la historia del cine.
miércoles, 13 de abril de 2022
GALERÍA DE ESCANEOS BONITOS 8 (ZETISMOS)
Imágenes extraídas de las fermosas páginas de "Mad Movies", "L´Ecran Fantastique" y otras revistas franchutes que me alegraron la adolescencia por ahí los años 80/90....
Fabulosa imagen que rezuma exploitation por
todos sus poros. Tetas (y además vaya par!! para censurarlas
-ya saben, blogger y sus tonteridas- hemos tenido que fabricar
dos roscas negras enormes, así que imaginen el tamaño de los
todos sus poros. Tetas (y además vaya par!! para censurarlas
-ya saben, blogger y sus tonteridas- hemos tenido que fabricar
dos roscas negras enormes, así que imaginen el tamaño de los
pezones!). Violencia. Y Al Adamson como responsable de todo ello.
Más exploitation y más astros de la negación. En
este caso hablamos del gran Tim Kincaid y de su
película "Breeders" o "La muerte ataca en Nueva York".
No hay mucho que decir, salvo que esa mugre blanca en la que se
pringan/bañas las mozas se supone líquido extraterrestre... aunque es
evidente a qué recuerda realmente.
este caso hablamos del gran Tim Kincaid y de su
película "Breeders" o "La muerte ataca en Nueva York".
No hay mucho que decir, salvo que esa mugre blanca en la que se
pringan/bañas las mozas se supone líquido extraterrestre... aunque es
evidente a qué recuerda realmente.
Y para negaciones y mugre, nada como recurrir
a la Troma y tres de esas pelis mierdosas que
solían pillar para distribuir y a las que fabricaban
carteles llamativos, coloristas y acojonantes. Vamos, la
especialidad de la casa. El de arriba es "Maniac Nurses
Find Ecstasy" y no, no la he visto. Ni creo que lo haga.
"Curse of the cannibal confederates" estaba considerada en su
día por el mismísimo Sr. Lloyd Kaufman como LO PEOR de su catálogo.
¡¡Madre mía, como tendría que ser!! No muy estupenda, según he
leído (no obstante, y coherente con la mentalidad mercantilista
solían pillar para distribuir y a las que fabricaban
carteles llamativos, coloristas y acojonantes. Vamos, la
especialidad de la casa. El de arriba es "Maniac Nurses
Find Ecstasy" y no, no la he visto. Ni creo que lo haga.
"Curse of the cannibal confederates" estaba considerada en su
día por el mismísimo Sr. Lloyd Kaufman como LO PEOR de su catálogo.
¡¡Madre mía, como tendría que ser!! No muy estupenda, según he
leído (no obstante, y coherente con la mentalidad mercantilista
de esta peña, fíjense en la frase publicitaria arriba del cartel,
bien positiva y firmada por... como no... ¡"Troma Times"!, el folleto
publicitario que editaban entonces. Y, también, la única "prensa escrita"
dispuesta a tal hazaña). Sin embargo, tal y como anda el patio
actualmente (especialmente en los "headquarters" de Troma) seguro
que la película ya ha sido superada en cuanto a negación.
Y con honores.
bien positiva y firmada por... como no... ¡"Troma Times"!, el folleto
publicitario que editaban entonces. Y, también, la única "prensa escrita"
dispuesta a tal hazaña). Sin embargo, tal y como anda el patio
actualmente (especialmente en los "headquarters" de Troma) seguro
que la película ya ha sido superada en cuanto a negación.
Y con honores.
A diferencia de las anteriores, "La venganza de Daphne" sí la
alquilé y vi en su día. O, mejor dicho, la sufrí. Ya saben la
cantinela, entonces nos pensábamos que todo lo que llevaba el
sello Troma era como "El vengador Tóxico" o "Mutantes en la
universidad". ¡¡Juas!!. Aún así, miren lo que les digo, no
me importaría volver a deglutirla... ni que sea por
morbosa curiosidad. ¿Osaré dar tan fatídico paso?.
Veremos...
(Sí, lo dí)
alquilé y vi en su día. O, mejor dicho, la sufrí. Ya saben la
cantinela, entonces nos pensábamos que todo lo que llevaba el
sello Troma era como "El vengador Tóxico" o "Mutantes en la
universidad". ¡¡Juas!!. Aún así, miren lo que les digo, no
me importaría volver a deglutirla... ni que sea por
morbosa curiosidad. ¿Osaré dar tan fatídico paso?.
Veremos...
(Sí, lo dí)
Otros que tal, los chavales de Empire, especialmente
en lo que se refiere a su división de carroña dura, la
"Beyond Infinity Films". En este caso estamos ante dos imágenes
de "Psychos in Love", que Víctor reseñó sabiamente en su momento.
El tipo tumbado en el suelo es el legendario Carmine Capobianco (RIP).
Reflexión: Que nos obliguen a censurar bonitas ubres, pero permitan
publicar imágenes tan brutas como la arriba expuesta, es algo que
perturba y preocupa bastante, la verdad.
en lo que se refiere a su división de carroña dura, la
"Beyond Infinity Films". En este caso estamos ante dos imágenes
de "Psychos in Love", que Víctor reseñó sabiamente en su momento.
El tipo tumbado en el suelo es el legendario Carmine Capobianco (RIP).
Reflexión: Que nos obliguen a censurar bonitas ubres, pero permitan
publicar imágenes tan brutas como la arriba expuesta, es algo que
perturba y preocupa bastante, la verdad.
Y para tipos legendarios...
Y negados...
Y carroñeros....
Bruno Mattei! Lo que tenemos aquí es el
precioso cartel de su nada preciosa "Shocking Dark", es
decir "Terminator 2" según la distri española.
Ninguna queja al respecto. Después de todo, de eso va el zetismo
y la explotación, de engañarnos con carteles bien chulos.
Y para muestra, un botón... y de los grasientos...
Y negados...
Y carroñeros....
Bruno Mattei! Lo que tenemos aquí es el
precioso cartel de su nada preciosa "Shocking Dark", es
decir "Terminator 2" según la distri española.
Ninguna queja al respecto. Después de todo, de eso va el zetismo
y la explotación, de engañarnos con carteles bien chulos.
Y para muestra, un botón... y de los grasientos...
Aunque no podría jurarlo, diría que este
fabuloso cartel de un supuesto "Alien 3" cortesía del
amigo Mattei pertenece a cuando la arriba mentada
"Shocking Dark" solo era un proyecto encima de la mesa.
Coinciden intenciones argumentales (no olvidemos que aquella es
más "Aliens" que "Terminator"), director y responsables de
los efectos especiales (los hermanos Paolocci). Sin embargo, que la Fox
se enterara y les amenazara con una demanda -así es como fue- empujó
a que Mattei y "Flora Films" al completo decidieran cambiar el título del
proyecto... pero mantuviesen intacta su esencia plagiadora. ¡¡Bravissssimi!!.
fabuloso cartel de un supuesto "Alien 3" cortesía del
amigo Mattei pertenece a cuando la arriba mentada
"Shocking Dark" solo era un proyecto encima de la mesa.
Coinciden intenciones argumentales (no olvidemos que aquella es
más "Aliens" que "Terminator"), director y responsables de
los efectos especiales (los hermanos Paolocci). Sin embargo, que la Fox
se enterara y les amenazara con una demanda -así es como fue- empujó
a que Mattei y "Flora Films" al completo decidieran cambiar el título del
proyecto... pero mantuviesen intacta su esencia plagiadora. ¡¡Bravissssimi!!.
jueves, 12 de junio de 2014
EXPLOSIÓN GALÁCTICA
La explosión combinada de tres estrellas (es decir, un trío de supernovas) crea un arco dimensional en la tierra por el que se cuelan toda suerte de ovnis, marcianos, robots y monstruos peleones. Una empalagosa familia, que pasa el finde en una casa situada en pleno desierto, se verá salpicada por tan extraño fenómeno cósmico y tendrá que sobrevivir a ello, cueste lo que cueste.
A Charles Band siempre le ha tirado mucho eso de la ciencia ficción y la fantasía, más que el terror propiamente dicho. A lo largo de su carrera, ya sea como director o productor, podemos encontrarnos muchos títulos que encajarían abiertamente en la/s etiqueta/s. Cosas como "El rayo destructor del planeta desconocido", "El último día del mundo", "El amo del calabozo", "Zone Troopers", "Torok, el troll" o aquel enigmático "The Primevals", son prueba fehaciente de ello (incluyan más o menos violencia, más o menos destete). También es cierto que era un tipo de cine por el que apostaba más a los inicios de su extensa y prolífica trayectoria, durante los aún inocentes años setenta, antes de que Hollywood inventara e impusiera los "blockbusters" y se apropiara casi definitivamente de este tipo de temáticas. "Explosión Galáctica" ("The day time ended" en v.o.) cumple con todos los requisitos. Producida el año 1979 (dos después del boom "Star Wars"), con Band parapetándose tras un ególatra "Charles Band Productions" (no faltaba mucho para que construyese su "Empire"), y cuando el público aún estaba dispuesto a consumir espectáculos baratos paridos a base de actores en decadencia y efectos especiales artesanos. ¡Qué tiempos aquellos!.
Y es que, encima, "Explosión Galáctica" es puro cine familiar de su época, pensado para toda la prole (si es que existe una que pueda tragarse esto entero de un tirón y sin pestañear), lo que significa cero violencia, cero mala leche, cría mona en el reparto y unos peinados y ropajes escalofriantemente ridículos. Los intérpretes se pasan media peli reaccionando a un montón de cosas que ocurren fuera de campo (rara vez comparten plano) y los efectos, toscos pero inevitablemente encantadores, tiran de “stop-motion”, maquetones, animación, muchos rayitos de colores y unos cuantos “mate paintings”. Tras ellos se ocultan personajes eternamente ligados a las fechorías de Charles Band como David Allen y tantos otros que terminarían haciendo carrera en el cine más "mainstream" como Jim Danforth, Randall William Cook, Lyle Conway o Peter Kuran (quien había currado en "Star Wars" y repetiría en sus secuelas). También, dentro del equipo de sospechosos habituales, localizamos a Ted "Terrorvision" Nicolaou en el montaje, David "Trampa para turistas" Schmoeller como co-guionista y... ¡claro!, Richard Band componiendo la agotadora fanfarria.
En el reparto, un par de viejas glorias: Jim Davis (habría que ver si lo de "vieja gloria" encaja en la filmografía de este señor, famoso por interpretar al patriarca de los “Ewing” en la serie "Dallas". "Explosión Galáctica" fue su última peli) y Dorothy Malone (de lustroso pasado y que terminaría sus días en películas como "Descanse en piezas"), acompañados por el legendario Chris "mecomoloquesea" Mitchum y... otros que no conozco y sobre los que tampoco tengo intención de informarme.
El director, John "Bud" Cardos, es todo un personaje del que ya había hablado con anterioridad. Resumiremos la historia comentando su pasado como ex-“stunt man”, ex-colaborador de Al Adamson, eventual "Director sustituto" y responsable, por encima de todo, de una peli tan maja como "¡Tarantula!". También son suyas "Mutant", "The Dark" y "Acto de piratería".
"Explosión Galáctica" es una tontería como un piano, bastante aburrida. Pero claro, es de aquellas pelis que el paso de los años ha terminado beneficiando, aunque solo sea por su condición ingenua, bien intencionada y artesanal. Al final, como todo buen producto (o subproducto) destinado a padres, hijos, abuelos y animales domésticos, tenemos moraleja, una muy de allí: La familia es lo primero... da igual si es en esta dimensión o en otra, la cuestión es que, si la tienes cerca, todo irá bien y será maravilloso. Pues bueno.
A Charles Band siempre le ha tirado mucho eso de la ciencia ficción y la fantasía, más que el terror propiamente dicho. A lo largo de su carrera, ya sea como director o productor, podemos encontrarnos muchos títulos que encajarían abiertamente en la/s etiqueta/s. Cosas como "El rayo destructor del planeta desconocido", "El último día del mundo", "El amo del calabozo", "Zone Troopers", "Torok, el troll" o aquel enigmático "The Primevals", son prueba fehaciente de ello (incluyan más o menos violencia, más o menos destete). También es cierto que era un tipo de cine por el que apostaba más a los inicios de su extensa y prolífica trayectoria, durante los aún inocentes años setenta, antes de que Hollywood inventara e impusiera los "blockbusters" y se apropiara casi definitivamente de este tipo de temáticas. "Explosión Galáctica" ("The day time ended" en v.o.) cumple con todos los requisitos. Producida el año 1979 (dos después del boom "Star Wars"), con Band parapetándose tras un ególatra "Charles Band Productions" (no faltaba mucho para que construyese su "Empire"), y cuando el público aún estaba dispuesto a consumir espectáculos baratos paridos a base de actores en decadencia y efectos especiales artesanos. ¡Qué tiempos aquellos!.
Y es que, encima, "Explosión Galáctica" es puro cine familiar de su época, pensado para toda la prole (si es que existe una que pueda tragarse esto entero de un tirón y sin pestañear), lo que significa cero violencia, cero mala leche, cría mona en el reparto y unos peinados y ropajes escalofriantemente ridículos. Los intérpretes se pasan media peli reaccionando a un montón de cosas que ocurren fuera de campo (rara vez comparten plano) y los efectos, toscos pero inevitablemente encantadores, tiran de “stop-motion”, maquetones, animación, muchos rayitos de colores y unos cuantos “mate paintings”. Tras ellos se ocultan personajes eternamente ligados a las fechorías de Charles Band como David Allen y tantos otros que terminarían haciendo carrera en el cine más "mainstream" como Jim Danforth, Randall William Cook, Lyle Conway o Peter Kuran (quien había currado en "Star Wars" y repetiría en sus secuelas). También, dentro del equipo de sospechosos habituales, localizamos a Ted "Terrorvision" Nicolaou en el montaje, David "Trampa para turistas" Schmoeller como co-guionista y... ¡claro!, Richard Band componiendo la agotadora fanfarria.
En el reparto, un par de viejas glorias: Jim Davis (habría que ver si lo de "vieja gloria" encaja en la filmografía de este señor, famoso por interpretar al patriarca de los “Ewing” en la serie "Dallas". "Explosión Galáctica" fue su última peli) y Dorothy Malone (de lustroso pasado y que terminaría sus días en películas como "Descanse en piezas"), acompañados por el legendario Chris "mecomoloquesea" Mitchum y... otros que no conozco y sobre los que tampoco tengo intención de informarme.
El director, John "Bud" Cardos, es todo un personaje del que ya había hablado con anterioridad. Resumiremos la historia comentando su pasado como ex-“stunt man”, ex-colaborador de Al Adamson, eventual "Director sustituto" y responsable, por encima de todo, de una peli tan maja como "¡Tarantula!". También son suyas "Mutant", "The Dark" y "Acto de piratería".
"Explosión Galáctica" es una tontería como un piano, bastante aburrida. Pero claro, es de aquellas pelis que el paso de los años ha terminado beneficiando, aunque solo sea por su condición ingenua, bien intencionada y artesanal. Al final, como todo buen producto (o subproducto) destinado a padres, hijos, abuelos y animales domésticos, tenemos moraleja, una muy de allí: La familia es lo primero... da igual si es en esta dimensión o en otra, la cuestión es que, si la tienes cerca, todo irá bien y será maravilloso. Pues bueno.
martes, 2 de septiembre de 2014
DEL ESPACIO PROFUNDO
Un experimento letal del gobierno que flota por el espacio se desbarata y cae a la tierra, donde despertará en forma de tentaculoso monstruo chungo y se irá papeando a todo aquel que pase por allí, hasta que el inevitable poli duro de rigor acabe con su miserable existencia.
Hoy día películas como "Del espacio profundo" ("Deep Space" en v.o.) las veríamos directamente en el Syfy Channel, protagonizadas por alguna ex-estrella decadente y chorreando CGI. Pero en 1988 estas cosas tenían su verdadero mercado en el vídeo-club, y Fred Olen Ray (sospechoso habitual) era el puto amo en esas lides. Además, como bien sabrán, los ordenas todavía no daban pa tanto, y los trucos seguían fabricándose con látex u otras sustancias pringosas (y aquí no es que se luzcan mucho, la criatura apesta a muñecote sin cuello cada vez que asoma y su torso-escupe-tentáculos parece una puta sábana tendida).
La verdad es que, temática, narrativa y estructuralmente las cosas no han cambiado mucho en lo que se refiere a esta ralea de productos, siguen tirando de las mismas salidas que, básicamente, se limitan a muuuuchos diálogos idiotas para rellenar metraje (de verdad, Fred Olen Ray debe tener horror vacui porque prácticamente nunca deja un puto fotograma en silencio) y toda suerte de clichés y salidas ultra-previsibles, propias de mentes perezosas que no se cansan demasiado durante el proceso creativo. La diferencia aquí es que, A, semejante desaguisado tiene más encanto cuanto más añejo es y, B, Olen Ray siempre sabía dotar a sus ñordas de cierto "touch" que las hacía un pelín sobresalientes (dejando de lado su tendencia al estatismo asesino). En este caso nos referimos al desenlace, donde el poli prota se enfrenta a la bestia mediante sierra mecánica, lo que se traduce en un alegre baño de líquidos pringosos y salpicaduras mil. Curiosamente dicha parte (y otra en la que los tentáculos del bicho actúan como ramas con vida propia) parece guardar ciertas similitudes con "Posesión Infernal". Podría ser solo invención del menda, cierto, pero lo que sí es evidente es que Ray y su co-guionista (y habitual colaborator) T.L. Lankford toman buena nota de, claaaro, las "monster movies" clásicas y, claaaaro, "Alien, el 8º pasajero" (menos que de costumbre, eso sí). Ya no solo por el look del marciano, ahí con su cabeza apepinada, también por secuencias como aquella en la que un segurata sale a la caza de un gato mientras a sus espaldas el e.t. se alza lentamente. Y si no, que se lo pregunten a Harry.
El reparto de esta cosilla es tan colorista como solía serlo en todas las pelis del amigo Alfredo. El entrañablemente feo Charles Napier se erige como un simpático y cínico poli macarra (la escena que se viste de gaitero para seducir a la prota, según el manual de "Rambo", está entre lo brillante y la pura vergüenza ajena). Esta no es otra que Ann Turkel, que venía de "El puente de Cassandra" y "Humanoides del abismo" y que vería con horror cómo su nombre aparece mal escrito en los títulos de crédito. Les acompañan Bo Svenson, el televisivo Ron Glass (de aspecto genuinamente repugnante. Señalar que lograría un papel relevante en la serie "Firefly" -y, por ende, la película "Serenity"-), el gran James Booth como científico malcarado y la malograda Elisabeth Brooks en un rol bien tonto, de esos confeccionados para únicamente permitir un cameo, en este caso el de la mujer-loba sexy de "Aullidos".
También rulan por ahí actores veteranos provenientes del cine que Fred Olen Ray consumía de chaval y que ya solía fichar para sus despropósitos: Julie Newmar, la "Catwoman" del "Batman" de los años 60 (y que también anduvo por la ultra serie Z "Evils of the Night", compartiendo experiencia con una del clan Ray, Dawn Wildsmith), interpreta un papel totalmente estúpido, el de una psíquica que no aporta absolutamente NADA a la trama. Norman Burton anduvo en algunos títulos de "El planeta de los simios". Michael Forest y Anthony Eisley no solo curraron para el inevitable Roger Corman durante su etapa como realizador de cine de terror barato, además el segundo asomó por algunos auténticos hitos del trash como "Operación Goldman" (exploit Bondiano firmado por Antonio Margheriti), "Journey to the Center of Time" y "The Mighty Gorga" (del super-zetoso David L. Hewitt) o, rizando el rizo, "The doll squad" de Ted V. Mikels y el "Dracula vs. Frankenstein" de Al Adamson. ¡Que le hagan un mono-mento!.
No pueden faltar los "Regulars Ray" delante de la cámara que, pa la ocasión, se reservan roles muy escuetos (la Wildsmith, Fox Harris, Susan Stokey, William Fair, Richard Wiley o Richard Hench) y detrás (Gary Graver, Bret Mixon). La simpática y rayante banda sonora parece de Chuck Cirino, pero no lo es. El mismo amigo Ray se marca un cameo como camionero (y cuela su "The Tomb" en una pantalla de televisión). Las escenas del bicho llegando a la tierra son, como de costumbre, extraídas de una peli previa de mayor presupuesto y temática parecida, en este caso se trata de "El terror llama a su puerta". Y dado el relativo parecido que "Del espacio profundo" guarda con la Rayada "Biohazard", no sorprende que compartan momentos casi idénticos, como esa "cría extraterrestre" que sale de su "recipiente" en la mesa de la cocina entre humo y gruñidos.
"Del espacio profundo" es lo que es. En mi etapa como Fredmaníaco me encantaba. Luego, más en frío, volví a consumirla y me pareció un coñazo tremendo. Hoy por hoy les digo que, en fin, no es ningún dechado de ingenio y creatividad, pero si le pones paciencia un Domingo por la tarde, se puede ver... especialmente porque merece la pena aguantar hasta el final, con ese cierre absurdamente espectacular y llamativo.
Como grand finale les dejo el (inmerecido) súper-cartel que ilustró el reputado Graham Humphreys para su rarísimo y casi fugaz estreno en salas de cine angloparlantes. Enjoy-en...
Hoy día películas como "Del espacio profundo" ("Deep Space" en v.o.) las veríamos directamente en el Syfy Channel, protagonizadas por alguna ex-estrella decadente y chorreando CGI. Pero en 1988 estas cosas tenían su verdadero mercado en el vídeo-club, y Fred Olen Ray (sospechoso habitual) era el puto amo en esas lides. Además, como bien sabrán, los ordenas todavía no daban pa tanto, y los trucos seguían fabricándose con látex u otras sustancias pringosas (y aquí no es que se luzcan mucho, la criatura apesta a muñecote sin cuello cada vez que asoma y su torso-escupe-tentáculos parece una puta sábana tendida).
La verdad es que, temática, narrativa y estructuralmente las cosas no han cambiado mucho en lo que se refiere a esta ralea de productos, siguen tirando de las mismas salidas que, básicamente, se limitan a muuuuchos diálogos idiotas para rellenar metraje (de verdad, Fred Olen Ray debe tener horror vacui porque prácticamente nunca deja un puto fotograma en silencio) y toda suerte de clichés y salidas ultra-previsibles, propias de mentes perezosas que no se cansan demasiado durante el proceso creativo. La diferencia aquí es que, A, semejante desaguisado tiene más encanto cuanto más añejo es y, B, Olen Ray siempre sabía dotar a sus ñordas de cierto "touch" que las hacía un pelín sobresalientes (dejando de lado su tendencia al estatismo asesino). En este caso nos referimos al desenlace, donde el poli prota se enfrenta a la bestia mediante sierra mecánica, lo que se traduce en un alegre baño de líquidos pringosos y salpicaduras mil. Curiosamente dicha parte (y otra en la que los tentáculos del bicho actúan como ramas con vida propia) parece guardar ciertas similitudes con "Posesión Infernal". Podría ser solo invención del menda, cierto, pero lo que sí es evidente es que Ray y su co-guionista (y habitual colaborator) T.L. Lankford toman buena nota de, claaaro, las "monster movies" clásicas y, claaaaro, "Alien, el 8º pasajero" (menos que de costumbre, eso sí). Ya no solo por el look del marciano, ahí con su cabeza apepinada, también por secuencias como aquella en la que un segurata sale a la caza de un gato mientras a sus espaldas el e.t. se alza lentamente. Y si no, que se lo pregunten a Harry.
El reparto de esta cosilla es tan colorista como solía serlo en todas las pelis del amigo Alfredo. El entrañablemente feo Charles Napier se erige como un simpático y cínico poli macarra (la escena que se viste de gaitero para seducir a la prota, según el manual de "Rambo", está entre lo brillante y la pura vergüenza ajena). Esta no es otra que Ann Turkel, que venía de "El puente de Cassandra" y "Humanoides del abismo" y que vería con horror cómo su nombre aparece mal escrito en los títulos de crédito. Les acompañan Bo Svenson, el televisivo Ron Glass (de aspecto genuinamente repugnante. Señalar que lograría un papel relevante en la serie "Firefly" -y, por ende, la película "Serenity"-), el gran James Booth como científico malcarado y la malograda Elisabeth Brooks en un rol bien tonto, de esos confeccionados para únicamente permitir un cameo, en este caso el de la mujer-loba sexy de "Aullidos".
También rulan por ahí actores veteranos provenientes del cine que Fred Olen Ray consumía de chaval y que ya solía fichar para sus despropósitos: Julie Newmar, la "Catwoman" del "Batman" de los años 60 (y que también anduvo por la ultra serie Z "Evils of the Night", compartiendo experiencia con una del clan Ray, Dawn Wildsmith), interpreta un papel totalmente estúpido, el de una psíquica que no aporta absolutamente NADA a la trama. Norman Burton anduvo en algunos títulos de "El planeta de los simios". Michael Forest y Anthony Eisley no solo curraron para el inevitable Roger Corman durante su etapa como realizador de cine de terror barato, además el segundo asomó por algunos auténticos hitos del trash como "Operación Goldman" (exploit Bondiano firmado por Antonio Margheriti), "Journey to the Center of Time" y "The Mighty Gorga" (del super-zetoso David L. Hewitt) o, rizando el rizo, "The doll squad" de Ted V. Mikels y el "Dracula vs. Frankenstein" de Al Adamson. ¡Que le hagan un mono-mento!.
No pueden faltar los "Regulars Ray" delante de la cámara que, pa la ocasión, se reservan roles muy escuetos (la Wildsmith, Fox Harris, Susan Stokey, William Fair, Richard Wiley o Richard Hench) y detrás (Gary Graver, Bret Mixon). La simpática y rayante banda sonora parece de Chuck Cirino, pero no lo es. El mismo amigo Ray se marca un cameo como camionero (y cuela su "The Tomb" en una pantalla de televisión). Las escenas del bicho llegando a la tierra son, como de costumbre, extraídas de una peli previa de mayor presupuesto y temática parecida, en este caso se trata de "El terror llama a su puerta". Y dado el relativo parecido que "Del espacio profundo" guarda con la Rayada "Biohazard", no sorprende que compartan momentos casi idénticos, como esa "cría extraterrestre" que sale de su "recipiente" en la mesa de la cocina entre humo y gruñidos.
"Del espacio profundo" es lo que es. En mi etapa como Fredmaníaco me encantaba. Luego, más en frío, volví a consumirla y me pareció un coñazo tremendo. Hoy por hoy les digo que, en fin, no es ningún dechado de ingenio y creatividad, pero si le pones paciencia un Domingo por la tarde, se puede ver... especialmente porque merece la pena aguantar hasta el final, con ese cierre absurdamente espectacular y llamativo.
Como grand finale les dejo el (inmerecido) súper-cartel que ilustró el reputado Graham Humphreys para su rarísimo y casi fugaz estreno en salas de cine angloparlantes. Enjoy-en...
jueves, 25 de diciembre de 2014
CARPETAS CINÉFAGAS (Y OTRAS ESPECIAS)
Había en mis tiempos de escolapio una característica del todo típica que consistía en adornar tu carpeta o carpesano con imágenes representativas de tus gustos y apetencias. Podías tirar de las pegatinas que regalaban las revistas destinadas a la porción del mercado que tu representabas o demostrar algo más de personalidad y currártelas tu, a base de recortar, fotocopiar o incluso dibujar.
Yo, como buen aficionado al cine de género, con especial y orgullosa inclinación por el terror, no iba a ser menos. A lo largo de mi no demasiado extensa y sí notoriamente fracasada carrera estudiantil, lucí muchas carpetas armoniosamente decoradas, siempre acorde a cuales eran mis obsesiones en el momento. También pude disponer de algunas ya diseñadas para tal menester, aunque esas fueran las menos.
Afortunadamente tuve la buena idea de conservarlas casi todas, en parte por su aún útil función archivadora. Únicamente lamento la pérdida de una de ellas, pero que no forme hoy parte de mi colección obedece a una aplastante lógica: su tamaño. Estaba pensada para salvaguardar hojas de formato Din-A3 y, claro, acabó siendo un trasto gordo, pesado y molesto que terminé aniquilando. Sin embargo, recuerdo perfectamente qué imágenes la ilustraban. Ambas, obvio, acorde a su tamaño: La de la familia matarife de "La matanza de Texas 2", ahí posando, pero sin letra ni logo alguno, y una secuencia muy llamativa de "En los límites de la realidad", aquella que nos muestra a una moza de espaldas abriendo una puerta por la que asoma un ojo gigantesco. Recuerdo perfectamente que, en el metro y de camino al cole, la estampa de "Leatherface" y los suyos era inevitable blanco de muchas miradas, cosa que me incomodaba, sí, pero no tanto como para renegar de ella. Ni por el forro.
Por fortuna, el resto de mis carpetas escolares reposan en el armario. Y un buen día se me ocurrió que sería divertido y entrañable recuperarlas todas, fotografiarlas y desmenuzarlas aquí, en este nuestro/vuestro blog, dedicado -en parte- a rememorar cinéfagas primeras experiencias.
Yo, como buen aficionado al cine de género, con especial y orgullosa inclinación por el terror, no iba a ser menos. A lo largo de mi no demasiado extensa y sí notoriamente fracasada carrera estudiantil, lucí muchas carpetas armoniosamente decoradas, siempre acorde a cuales eran mis obsesiones en el momento. También pude disponer de algunas ya diseñadas para tal menester, aunque esas fueran las menos.
Afortunadamente tuve la buena idea de conservarlas casi todas, en parte por su aún útil función archivadora. Únicamente lamento la pérdida de una de ellas, pero que no forme hoy parte de mi colección obedece a una aplastante lógica: su tamaño. Estaba pensada para salvaguardar hojas de formato Din-A3 y, claro, acabó siendo un trasto gordo, pesado y molesto que terminé aniquilando. Sin embargo, recuerdo perfectamente qué imágenes la ilustraban. Ambas, obvio, acorde a su tamaño: La de la familia matarife de "La matanza de Texas 2", ahí posando, pero sin letra ni logo alguno, y una secuencia muy llamativa de "En los límites de la realidad", aquella que nos muestra a una moza de espaldas abriendo una puerta por la que asoma un ojo gigantesco. Recuerdo perfectamente que, en el metro y de camino al cole, la estampa de "Leatherface" y los suyos era inevitable blanco de muchas miradas, cosa que me incomodaba, sí, pero no tanto como para renegar de ella. Ni por el forro.
Por fortuna, el resto de mis carpetas escolares reposan en el armario. Y un buen día se me ocurrió que sería divertido y entrañable recuperarlas todas, fotografiarlas y desmenuzarlas aquí, en este nuestro/vuestro blog, dedicado -en parte- a rememorar cinéfagas primeras experiencias.
Cuando intentaba recordar cuál de todas las carpetas que siguen era la primera, hubo una pista que me ayudó a decidirme por una candidata. ¿Y en qué consiste esa pista?, pues en su mala ejecución. No a la hora de elegir las imágenes, ni mucho menos, si no a la hora de situarlas. Tal como quedó, una de las caras estaba boca abajo en relación a la otra. Error. Que no lo hiciese correctamente en esta ocasión es lógica muestra de mi inexperiencia (ya que no volví a cagarla igual again), ergo, esa ha de ser la primera.
¿Y qué encontramos en ella?, pues un muestrario infinito y generoso de lo más variado. Propio también del novatillo, con los gustos aún no del todo definidos. Por ejemplo, en la cara A, por así llamarla, encontramos clásicos del calibre de "La Niebla" o "Halloween 3". Uno de mis slashers favoritos, "La Quema". Un poco de la música que me gustaba entonces ("Blues Brothers", "Motorhead".... y bastante heavy, lo que me choca porque nunca me tiró mucho ese tipo de sonido, aunque supongo que me atraía más a un nivel estético, por sus habituales cubiertas a base de elementos horroríficos... como ese "Eddie" ("Iron Marisamaiden") en plan piloto de guerra. También vemos a los "Creedence" -que me molaban entonces por su participación en los soundtracks de John Landis- y ¿¿¿Pink Floyd?? que imagino sería puro relleno. Si no, no me lo explico). También nos damos de bruces con referentes a algunos "blockbusters" clásicos como "Los Cazafantasmas" y "Regreso al futuro" (cuyo vinilo gozaba mucho escuchando) y sendas cubiertas de las bonitas novelas de terror editadas por Martínez Roca (ver más abajo). Complementan el sarao dos calaveras dibujadas por el menda, siendo la más grande una imitación de la que protagonizaba la versión en comic de "El día del padre", según "Creepshow", de la mano de Bernie Wrighston. La guinda la pone Monty Python y la que entonces era mi peli favorita del grupo, "El sentido de la vida". ¡Y que no falte "Viernes 13"/Jason!, aunque sea en plan "cameo carpetil".
¿Y qué encontramos en ella?, pues un muestrario infinito y generoso de lo más variado. Propio también del novatillo, con los gustos aún no del todo definidos. Por ejemplo, en la cara A, por así llamarla, encontramos clásicos del calibre de "La Niebla" o "Halloween 3". Uno de mis slashers favoritos, "La Quema". Un poco de la música que me gustaba entonces ("Blues Brothers", "Motorhead".... y bastante heavy, lo que me choca porque nunca me tiró mucho ese tipo de sonido, aunque supongo que me atraía más a un nivel estético, por sus habituales cubiertas a base de elementos horroríficos... como ese "Eddie" ("Iron Marisamaiden") en plan piloto de guerra. También vemos a los "Creedence" -que me molaban entonces por su participación en los soundtracks de John Landis- y ¿¿¿Pink Floyd?? que imagino sería puro relleno. Si no, no me lo explico). También nos damos de bruces con referentes a algunos "blockbusters" clásicos como "Los Cazafantasmas" y "Regreso al futuro" (cuyo vinilo gozaba mucho escuchando) y sendas cubiertas de las bonitas novelas de terror editadas por Martínez Roca (ver más abajo). Complementan el sarao dos calaveras dibujadas por el menda, siendo la más grande una imitación de la que protagonizaba la versión en comic de "El día del padre", según "Creepshow", de la mano de Bernie Wrighston. La guinda la pone Monty Python y la que entonces era mi peli favorita del grupo, "El sentido de la vida". ¡Y que no falte "Viernes 13"/Jason!, aunque sea en plan "cameo carpetil".
En la segunda cara retomamos el tema "Creepshow" -por entonces mi absoluta number one. Hoy es la number two, lo que tampoco es moco de pavo-, destacando esa curiosa ilustración promocional extraída de un "Fotogramas" de la época. Una no muy sincera declaración de amor al noveno arte a base de imágenes mangadas de "Vampus" o "Rufus", referencias a Richard Corben -mi dibujante favorito en el momento, junto a Wrighston-, a Moebius (??) y a "Torpedo", que me gustaba mucho. En lo musical nos encontramos con el "Salve" de la "Polla Records" (entonces recién comprado en formato casete), un guiño punk -en esos tiempos comenzaba a interesarme por la subcultura del imperdible- y una tímida referencia al "Thriller" de Michael Jackson. Sí, amigos, yo fui de los que se cagaron de miedo viéndolo. Destaca H.P.Lovecraft en lo literario, autor al que me acerqué a través del cine, y aunque intenté leer algunos de los libros que aparecen en la foto, nunca logré conectar con ninguno de ellos. Arriba de todo, el encabezamiento de las tiras humorísticas y macabras de Pierino extraídas de "El Papus". Era un dibujante que me gustaba y se adecuaba mucho a mis apetencias grotescas.
Lo que más me llama la atención es que gran parte de los recortes aquí expuestos, sobre todo los de música y literatura -y de escueto tamaño- están recortados de un popular catálogo que solía llegarnos a casa por correo, "Discoplay" (¡gracias Don Olid!).
Lo que más me llama la atención es que gran parte de los recortes aquí expuestos, sobre todo los de música y literatura -y de escueto tamaño- están recortados de un popular catálogo que solía llegarnos a casa por correo, "Discoplay" (¡gracias Don Olid!).
Como apéndice, comentar de pasada la costumbre que tenía de incluir "caramelos" en el interior. Y pal caso, lo que aquí tenemos es la adecuada incursión de portadas de la colección súper terror de Martínez Roca, destacando las antologías de "Las mejores historias de terror" o la adaptación de "La noche de los muertos vivientes" de John Russo. El "Spy vs. Spy" de la revista "Mad", que entonces leía. El libro de H.G.Wells que inspiró una de mis pelis antiguas favoritas, "El tiempo en sus manos" y, cómo no, el mítico "Stryker" de Cirio H. Santiago.
Brutal.
Brutal.
Pa la siguiente carpeta decidí no matarme tanto y tiré por lo fácil. Carteles grandes, ambos extraídos de las páginas del "Fotogramas", justo cuando se estrenaban oficialmente ambas películas. El de "Viernes 13, 3ª parte", que explotaba a tope el elemento tridimensional, siempre me ha parecido precioso, uno de mis favoritos de la saga.
El otro, pues a decir verdad únicamente lo escogí por la presencia de Clint Eastwood sujetando una gran pistola, a lo "Harry Callahan" que, como verán a continuación, ha sido siempre una presencia constante en mis preferencias decorativas. Aquí no interpreta al gran "Dirty Harry", y la película resultante ni siquiera me gusta, pero pal caso, no importaba mucho.
La fricadilla la pone el breve anuncio del video-juego, por entonces aún una práctica bastante verde, inspirado en "Viernes 13". No es que lo tuviese, o lo hubiese jugado en casa de un amigo... de hecho, nunca llegué ni a verlo, pero se trataba de algo relacionado con la saga en cuestión, lo que era ya suficiente argumento para recortarlo y añadirlo.
En este caso recurrí de nuevo al tema imágenes grandes, solo que aquí tuve la decencia de utilizar algo hoy bien valorado por el aficionado medio, una fotografía promocional de "Re-Animator", de esas que solían adornar las vitrinas de los cines (vamos, lo que llaman "fotocromo"... y por cierto, ¡¡menudo es!!, ¿dejarían hoy día usar una imagen así de extrema?). En ella vemos uno de los momentos álgidos, más sangrientos, grotescos y gran guiñolescos del famoso y estupendo film de Stuart Gordon, cuando un zombie (el papá de Megan) le revienta los ojos a la cabeza del Dr.Hill, poco antes de aplastarla como un melón. No hace falta decir que me ALUCINABA ese panorama, por su exageración, su locura, su demencia y su rojo abundante. Absolutamente salvaje. Recuerdo cuando una persona adulta vio la carpeta y cínicamente me dijo: "Veo que ahora te va el romanticismo". Con todo debo abrirme a ustedes y confesarles que, por entonces, aún no había visto "Re-Animator", así que con material como ese mi imaginación volaba libre y peligrosamente.
La cara B resulta harto reveladora. Como ven, son los carteles franceses de "From Beyond/Re-Sonator", "Howard, un nuevo héroe", "El día de los muertos" y "Viernes 13, 6ª parte: Jason Vive", lo que significa que me encontraba en pleno apogeo de mis lecturas gabachas. Todo ese material salió de las páginas de "L´Ecran Fantastique" que, junto a "Mad Movies" e "Impact", conformaba mi generosa dieta de lectura cinematográfica por esos tiempos.
No hace falta decir más.
No hace falta decir más.
Por lo visto eso de poner un solo cartel no me satisfacía tanto, y para la ocasión -y la siguiente- decidí retomar el tema "collages", solo que aquí partiendo directamente de fotocopias. Eran los tiempos en los que había descubierto la revista "Fangoria" -la yankee, claro- y con ella el fascinante espectro oscuro y chungo del cine fantástico y de terror, su lado más "trash", algo que se refleja mucho muchísimo en esta interminable galería de rostros.
Lo normal era que los chicos adornaran sus carpetas con cantantes sexys, modelos, actrices. O en un caso pre-homosexual, jugadores de furgol. ¿¿Y qué es lo que hago yo??, colar las caras de un puñado de señores de mediana edad o más -cada uno con su respectivo nombre debajo-, casi todos hombres de negocios de escaso talento y algunos más interesados en sacar dinero del bolsillo de los posibles espectadores impresionables que de crear cine. ¿Quiénes eran estos elementos?, fácil: Al Adamson, Andy Milligan, Jesús/Jess Franco, Frank Henenlotter, Aristide Massaccesi (Joe D´Amato), David DeCoteau, Ted V. Mikels, Charles Band, David Friedman, Herschell Gordon Lewis, Lucio Fulci, Roger Corman y Fred Olen Ray (en una foto que casi está de espaldas). La créme de la créme. Junto a ellos, temas tan propios de ese tipo de movidas como el cine de caníbales o "Santo, el enmascarado de plata". Nótese ciertas manchas de rojo-granate en las esquinas de las fotos... sí queridos, era tempera, en un intento de hacer más cantoso el tono "sangriento" del invento (dulces ingenuidades).
Y por aquello de no perder las buenas costumbres: "Harry Callahan" en un ladito (con un contundente "My hero!" encima de la foto) y el Steven Seagal de "Por encima de la ley".
A esta carpeta podríamos bautizarla tranquilamente como la "trash-carpet".
Fascinante.
Lo normal era que los chicos adornaran sus carpetas con cantantes sexys, modelos, actrices. O en un caso pre-homosexual, jugadores de furgol. ¿¿Y qué es lo que hago yo??, colar las caras de un puñado de señores de mediana edad o más -cada uno con su respectivo nombre debajo-, casi todos hombres de negocios de escaso talento y algunos más interesados en sacar dinero del bolsillo de los posibles espectadores impresionables que de crear cine. ¿Quiénes eran estos elementos?, fácil: Al Adamson, Andy Milligan, Jesús/Jess Franco, Frank Henenlotter, Aristide Massaccesi (Joe D´Amato), David DeCoteau, Ted V. Mikels, Charles Band, David Friedman, Herschell Gordon Lewis, Lucio Fulci, Roger Corman y Fred Olen Ray (en una foto que casi está de espaldas). La créme de la créme. Junto a ellos, temas tan propios de ese tipo de movidas como el cine de caníbales o "Santo, el enmascarado de plata". Nótese ciertas manchas de rojo-granate en las esquinas de las fotos... sí queridos, era tempera, en un intento de hacer más cantoso el tono "sangriento" del invento (dulces ingenuidades).
Y por aquello de no perder las buenas costumbres: "Harry Callahan" en un ladito (con un contundente "My hero!" encima de la foto) y el Steven Seagal de "Por encima de la ley".
A esta carpeta podríamos bautizarla tranquilamente como la "trash-carpet".
Fascinante.
Si el caso anterior era algo bizarro, el de ahora roza la locura.
¡¿Fred Olen Ray, el ínclito cineasta zetoso, como motivo central de una carpeta?!. Miedo da. Pero sí, queridos, así de fan era yo entonces del director de "Alienator" (que decora ampliamente el collage), "Del espacio profundo", "Los Dreggs", "Días de horror y muerte", "Commando para matar", "El poder de las armas", "El misterio de la pirámide" y otras que no aparecen en la imagen como "Biohazard", "Alien Dead" o "Beverly Hills Vamp".
Recuerdo que, tras mirarla atentamente, un compañero de aula me dijo: "¿Te gusta la violencia, eh?". Pues sí, pero solo en la pantalla, chavalote.
¡¿Fred Olen Ray, el ínclito cineasta zetoso, como motivo central de una carpeta?!. Miedo da. Pero sí, queridos, así de fan era yo entonces del director de "Alienator" (que decora ampliamente el collage), "Del espacio profundo", "Los Dreggs", "Días de horror y muerte", "Commando para matar", "El poder de las armas", "El misterio de la pirámide" y otras que no aparecen en la imagen como "Biohazard", "Alien Dead" o "Beverly Hills Vamp".
Recuerdo que, tras mirarla atentamente, un compañero de aula me dijo: "¿Te gusta la violencia, eh?". Pues sí, pero solo en la pantalla, chavalote.
En la cara B del caso que nos ocupa se recupera un poco cierta cordura. Aunque tampoco mucho.
"Blood Feast", el inevitable "Harry Callahan", su entrañable parodia televisiva "Sledge Hammer", más macarrismo con "Yo, el jurado", el cartel de "Re-Animator 2/Metamorphosis" según san Luigi Montefiori (que es una puta bazofia, pero esa ilustración me gustaba mucho... ¿será de E.Sciotti?, eso explicaría muchas cosas) y, consecuentemente acorde a la presencia de San Fred Olen Ray, un guiño a Jim Wynorski con dos de sus obras cumbre, "The Return of Swamp Thing" y, sobre todo, la inmortal "Deathstalker 2".
Posdata: La imperdonable ausencia de imágenes en ambos lados, a base de tijera bruta, obedece a alguna causa de reciclaje que, ahora mismo, no recuerdo claramente (aunque puede distinguirse el nombre de Linnea Quigley, lo que significa que la carpeta también luciría cierto erotismo barriobajero).
"Blood Feast", el inevitable "Harry Callahan", su entrañable parodia televisiva "Sledge Hammer", más macarrismo con "Yo, el jurado", el cartel de "Re-Animator 2/Metamorphosis" según san Luigi Montefiori (que es una puta bazofia, pero esa ilustración me gustaba mucho... ¿será de E.Sciotti?, eso explicaría muchas cosas) y, consecuentemente acorde a la presencia de San Fred Olen Ray, un guiño a Jim Wynorski con dos de sus obras cumbre, "The Return of Swamp Thing" y, sobre todo, la inmortal "Deathstalker 2".
Posdata: La imperdonable ausencia de imágenes en ambos lados, a base de tijera bruta, obedece a alguna causa de reciclaje que, ahora mismo, no recuerdo claramente (aunque puede distinguirse el nombre de Linnea Quigley, lo que significa que la carpeta también luciría cierto erotismo barriobajero).
MENCIONES ESPECIALES:
Las dos carpetas que siguen se alejan un poco del grupo. Una por temática y otra por fabricación. Pero merecen estar aquí... entre otras cosas porque, en fin, son las que faltaban para completar el repaso… y porque me sale de los cojoncillos.
El punk rock como temática ha salido ya alguna vez, tímidamente, a lo largo de este periplo, pero realmente no se impuso hasta mediados de los años 90.
Pal caso tenemos a Jayne/Wayne County (el travesti punk del Nueva York originario que hacía poco había visto “live”). Una ilustración extraída de un número de la revista "Vibraciones" del año 77. En esa época era muy fan (y mantenía relación epistolar) con el grupo "Wat Tyler" y a falta de alguna imagen más representativa, utilicé esa del bailarín tirolés. A su lado, la pegata número uno de mi fanzine "Suburbio", y el nombre de una banda que desentonaba un poco en el conjunto (de ahí que su presencia fuese tan poco llamativa), los militantes "Crass". A su lado, un dibujo muy especial de John Holmstrom, el famoso padre de la revista "Punk Magazine" y portadista de "Ramones". En medio, y ahí luciendo a lo grande, la que era mi banda absolutamente favorita, "The Lurkers". Justamente, el tipo con el perro y la bandera es Arturo Bassick, que en aquellos tiempos lo lideraba.
Retornamos a la parte baja, extremo izquierda, y descubrimos la pegatina número dos de "Suburbio".
A su lado, el logo de los mediocres "Chelsea", "Sham 69" (y no entiendo muy bien el motivo de que estén ahí) y la divertida imagen macarra de uno de los integrantes de "Spider Babies", grupo de garaje cazurro.
Y estos, pues no necesitan presentación.
A día de hoy dudo mucho que los "Toy Dolls" fueran genuino punk. Siempre he visto a su líder, Olga, como un currante que se disfraza cuando toca y luego vuelve a la normalidad de su rutinaria existencia. Pero eso no quita que, en sus buenos tiempos, los "Toy Dolls" me ENCANTABAN y, de hecho, en cierto modo fueron los culpables de mi afición al punk rock. Así que merecían un lado entero de la carpeta para ellos solos... y más con una imagen tan ideal como la de este single de su divertida canción "James Bond lives down our street".
A día de hoy dudo mucho que los "Toy Dolls" fueran genuino punk. Siempre he visto a su líder, Olga, como un currante que se disfraza cuando toca y luego vuelve a la normalidad de su rutinaria existencia. Pero eso no quita que, en sus buenos tiempos, los "Toy Dolls" me ENCANTABAN y, de hecho, en cierto modo fueron los culpables de mi afición al punk rock. Así que merecían un lado entero de la carpeta para ellos solos... y más con una imagen tan ideal como la de este single de su divertida canción "James Bond lives down our street".
A esta, obviamente, lo que le tengo es mucho cariño, tratándose como se trata de merchandising oficial surgido a raíz del estreno del legendario "Superman" de Richard Donner con Christopher Reeve. Comprado en la época, se entiende. Sorprendentemente ha durado en bastante buen estado hasta nuestros días. Tengo algunos amigos completistas del personaje que han demostrado interés en hacerse con ella guita mediante, pero de momento prefiero conservarla.
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