Cuando Val Kilmer se recuperó del cáncer de garganta, tuvo que dar gracias al cielo por salir de él, pero por otro lado tuvo que maldecir su suerte; al ser laringectomizado su imagen y, sobre todo su voz, quedaron tocadas de por vida y, por ende, podía dar su carrera por terminada.
Uno de los directores de este documental, Leo Scott, estaba buscando documentación audiovisual para “The Lotus Community Workshop”, documental de Harmony Korine para el que estaba trabajando en calidad de montador, cuando casi de casualidad se topa con el archivo audiovisual que Val Kilmer guardaba en un almacén. Se ve que el actor, obsesionado consigo mismo, había atesorado durante años horas y horas de grabaciones caseras. Kilmer siempre iba a todas partes con una o dos cámaras de vídeo para, de este modo, poder documentar su vida. Y con la acumulación de material, tuvo que alquilar un almacén en el que guardarlo.
A Scott se le ocurrió la idea de hacer un documental sobre la vida de Kilmer a partir de esas cintas, y fue a pedirle permiso al actor para utilizar el material. Kilmer decía que ahora que no tenía voz le apetecía contar la historia de su vida, por lo que, concediendo el permiso, también formaría parte de la producción del documental junto a Scott y Ting Poo.
La historia de Kilmer es triste; una estrella de Hollywood con una vanidad por la que era de sobra conocido y una carrera truncada por la enfermedad. En ese sentido el documental, narrado en off por el hijo de Val, Jack Kilmer, que locuta los textos elaborados por su padre, es de lo más formulaico; va repasando su carrera de manera cronológica hasta llegar al punto en el que se encuentra ahora Val Kilmer, vendiendo fotografías de cuando fue Batman en convenciones de frikos y siendo consciente de que esa es la labor de los actores en clara decadencia. Sin embargo, contamos con dos bazas muy fuertes que convierten el documental en una pieza de interés. En primer lugar que no se ocultan los aspectos más vergonzantes con respecto a la vanidad de Kilmer —vanidad que por otro lado, tras su enfermedad, ha tenido que dejar un poquito de lado por propio sentido común—, y por otro, los montones y montones de imágenes que Val Kilmer capturó durante su vida, teniendo material de archivo interesantísimo y de primera mano, así como imágenes pertenecientes a los cortometrajes caseros que Kilmer realizaba en Super 8 con sus hermanos, así como los pequeños documentales que realizó sobre sí mismo cuando, justo antes del cáncer, este giró por los Estados unidos para representar en pequeños teatros a Mark Twain. Por ese lado el documental cobra verdadero interés, porque convenientemente montado, con cortes seleccionados al milímetro y cuidando que la imagen del actor en ningún momento se vea dañada, nos asomamos de soslayo a los momentos muertos de sus rodajes, donde vemos como la ira, la envidia, la vanidad y la pereza hacen acto de presencia, así como somos testigos de las dotes de Kilmer tras la cámara cuando está grabando en vídeo, sin más afán que el de hacer grabaciones caseras, que por otro lado le han valido un crédito en esta película como director de fotografía. Porque el 90% del material mostrado en esta película, ha sido registrado por él.
Asimismo uno desearía que ese material hubiera llegado a la pantalla sin haber sido “follado” por Kilmer, quiero decir, que este documental nace más con afán homenajístico que de otra cosa, Kilmer en todo momento se hace con el control del asunto y se evitan los pasajes turbios que, según los mentideros de Hollywood, son abundantes en su biografía. Y en ese material trabajado, debe haber oro.
Por lo demás, es curioso ir navegando por la vida de Val Kilmer entre película y película, obsesiones y manías a parte, en un documental que se disfruta perfectamente gracias sobre todo, y como ya les he dicho, a todo ese material personal que ha cedido Kilmer para que se hable de él. Amazon Prime se hizo con los derechos de exhibición del documental
únicamente para los territorios de USA y Suramerica, por lo que en
España nos podemos quedar tranquilamente esperando. Por suerte, hoy en
día no hay archivo audiovisual que no rescate en internet la bendita
mula, ni maravillosos latinos que nos los subtitulen, así que... quien
busca, encuentra.
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viernes, 22 de octubre de 2021
viernes, 2 de abril de 2010
THE THAW / DESHIELO
Cuando vi la caratula de esta peli, y a un Val Kilmer viviendo su peor momento profesional en el reparto, me imaginé que se trataría de la típica "chuza" simpática línea "Nu Image", repleta de tópicos, monstruos cutres de CGI, guapitos de cara y, en fin, lo de siempre. Tras mucho perrear, ayer me la puse dispuesto a, cuanto menos, pasar un rato moderadamente entretenido y, ¡oh!, menuda sorpresa me llevé al encontrarme ante un film muy bien facturado, rematadamente serio y hasta inquietante.
"The Thaw" no es para nada un producto videoclubero de usar y tirar, su realizador, Mark A. Lewis demuestra ser más ambicioso. Tras unos créditos iniciales potentes (que recuerdan un poco a los de "Amanecer de los muertos"), nos sitúa en un futuro no muy lejano en el que el calentamiento global ha dejado el ártico prácticamente sin hielo. Esto ha propiciado el descubrimiento del cuerpo de un mamut infectado por una extraña y repugnante plaga de bichejos que volverán a la vida y, en fin, encontrarán cálido refugio en los cuerpos del reparto humano y animal.
La música en constante "crescendo" (táctica que le funcionó muy bien a "Se7en"), el tono oscuro y pesimista, muchas imágenes francamente angustiosas de criaturas anidando en nosotros, así como sus efectos secundarios y unos FX realmente buenos contribuyen a que "The Thaw" supere la media. No es ninguna maravilla, se toma su tiempo para todo y a ratos adolece de salidas previsibles, pero compensan todos sus buenos atributos, que no son pocos. Encima, la ración de gore es escueta pero impactante (realista amputación de brazo incluida).
Supongo que el esperar de ella una roña chotable hizo también que la disfrutara más... pero creánme, no está ni tan mal.
"The Thaw" no es para nada un producto videoclubero de usar y tirar, su realizador, Mark A. Lewis demuestra ser más ambicioso. Tras unos créditos iniciales potentes (que recuerdan un poco a los de "Amanecer de los muertos"), nos sitúa en un futuro no muy lejano en el que el calentamiento global ha dejado el ártico prácticamente sin hielo. Esto ha propiciado el descubrimiento del cuerpo de un mamut infectado por una extraña y repugnante plaga de bichejos que volverán a la vida y, en fin, encontrarán cálido refugio en los cuerpos del reparto humano y animal.
La música en constante "crescendo" (táctica que le funcionó muy bien a "Se7en"), el tono oscuro y pesimista, muchas imágenes francamente angustiosas de criaturas anidando en nosotros, así como sus efectos secundarios y unos FX realmente buenos contribuyen a que "The Thaw" supere la media. No es ninguna maravilla, se toma su tiempo para todo y a ratos adolece de salidas previsibles, pero compensan todos sus buenos atributos, que no son pocos. Encima, la ración de gore es escueta pero impactante (realista amputación de brazo incluida).
Supongo que el esperar de ella una roña chotable hizo también que la disfrutara más... pero creánme, no está ni tan mal.
lunes, 29 de noviembre de 2021
LOST SOUL: EL VIAJE MALDITO DE RICHARD STANLEY A LA ISLA DEL DR. MOREAU
No había sentido desde el día de su estreno (recuerdo las marquesinas de las paredes de bus anunciando su inminente premiere) el más mínimo interés por la adaptación de “La Isla del Dr. Moreau” para el cine ejecutada en 1996 por John Frankenheimer (según el póster español, pero sin créditos para director alguno según su versión original). De hecho esa falta de interés es la que me ha llevado a día de hoy a ser un completo ignorante en torno a esta película. Yo intuía que era muy mala y sin más. Y quizás lo sea en demasía y no merezca la pena sentarse frente a ella, como bien había decidido hasta el día de hoy. Sin embargo, recientemente he descubierto este documental, “Lost Soul: El viaje maldito de Richard Stanley a la Isla del Dr. Moreau” y, claro, ahora tengo unas ganas locas de verla. Y acabaré haciéndolo algún día. Se trata de uno de esos documentales que cuentan lo desastroso que fue el rodaje de determinada película, y las circunstancias que llevaron a esta a ser una puta mierda. De estos hay muchos y muy interesantes. En este caso, la verdad es que los hechos acontecidos para que “La Isla del Dr. Moreau” fuera lo que es son realmente desternillantes.
No quiero spoilearles mucho el documental, por eso va a ser una reseña cortita, pero si diré que, como en la vida misma, todo el desastre del que nos habla el documental es fruto de tres factores: La incompetencia, los egos desmesurados y el retraso mental.
Porque a pesar de la buena prensa con que se nos presenta al principal artífice de este proyecto, Richard Stanley ( al que jamás había prestado atención), al que tildan poco menos que de futura promesa del cine fantástico, yo le veo como una especie de Tommy Wiseau en potencia, un pobre hombre que pese a su innegable cultura y ciertas dotes para dirigir, se le intuye un cerebro lo que se dice relajado, con una percepción de la realidad un tanto trastocada. No puedo tomarme en serio a un tipo que dice que utilizó la magia negra para llevar a buen puerto su película, ni puedo dejar de mirar, en sus entrevistas, cómo segrega espesa babilla cada vez que habla y cómo esta se va convirtiendo poco a poco en una especie de pasta negruzca… como si fuera un deficiente mental. A parte de esto, hay más factores mostrados en el documental que confirman esta tesis.
Por otro lado, es curioso cómo la gente que producía la película, New Line, ponen a parir a este hombre tildándole de irresponsable e inutil y justificando así que fuera despedido para contratar a John Frankenheimer mientras que los actores, que eran los que trabajaban con Stanley codo a codo, se refieren a él como un tipo extremadamente entusiasta y amable —lo que no es un aval para determinar sus capacidades en cualquier caso—, pero claro, los actores no es que sean tampoco especialmente lúcidos o inteligentes como para detectar algo fuera de lo normal. De hecho los comportamientos de Val Kilmer y Marlon Brando durante el rodaje, tal y como se narra en el documental, confirman de nuevo esto que digo.
Y por supuesto, la incompetencia está presente en todo momento. Richard Stanley, era un pequeño director independiente que sabía comandar pequeñas producciones de 5 o 6 millones de dólares, pero que con una de 30 no sabía ni por donde empezar… pero Frankenheimer, acostumbrado a hacer cine con solvencia, acabó de enmierdar todo este rodaje demostrando ser, si no más, tan inútil como Stanley…
No les cuento más. Solamente les invito a que la vean, merece mucho la pena y es altamente recomendable porque cuenta una historia fascinante sobre unos individuos asimismo fascinantes, y yo no podía dejar de mirar a pantalla mientras se sucedían las entrevistas o las imágenes de archivo.
El docu, por supuesto, tuvo una buena recepción en los distintos festivales y críticas unánimemente buenas, aunque sembró la polémica porque Richard Stanley dice que no todo lo que se cuenta es cierto, y que cosas más gordas que sucedieron se tocan de pasada.
Lo curioso es que Stanley, es también el director de una de esas recientes películas protagonizadas por Nicolas Cage tan en boga últimamente y de la que tanto hablan los asiduos a festivales de cine fantástico, “The Color out of Space”, una adaptación de Lovecraft que, efectivamente, no me interesaba ni lo más mínimo y que gracias a este documental pienso ver, tal vez en programa doble, junto a “La Isla del Dr. Moreau”.
El que firma el documental que les recomiendo se llama David Gregory, es fan de Jess Franco, y además de ser productor de “The Color out of Space” es el director de tropecientosmil documentales sobre cine más o menos jugositos como “The Joe Spinell story”o “Blood & Flesh: The Reel Life & Ghastly Death of Al Adamson”. Este está especialmente bien.
No quiero spoilearles mucho el documental, por eso va a ser una reseña cortita, pero si diré que, como en la vida misma, todo el desastre del que nos habla el documental es fruto de tres factores: La incompetencia, los egos desmesurados y el retraso mental.
Porque a pesar de la buena prensa con que se nos presenta al principal artífice de este proyecto, Richard Stanley ( al que jamás había prestado atención), al que tildan poco menos que de futura promesa del cine fantástico, yo le veo como una especie de Tommy Wiseau en potencia, un pobre hombre que pese a su innegable cultura y ciertas dotes para dirigir, se le intuye un cerebro lo que se dice relajado, con una percepción de la realidad un tanto trastocada. No puedo tomarme en serio a un tipo que dice que utilizó la magia negra para llevar a buen puerto su película, ni puedo dejar de mirar, en sus entrevistas, cómo segrega espesa babilla cada vez que habla y cómo esta se va convirtiendo poco a poco en una especie de pasta negruzca… como si fuera un deficiente mental. A parte de esto, hay más factores mostrados en el documental que confirman esta tesis.
Por otro lado, es curioso cómo la gente que producía la película, New Line, ponen a parir a este hombre tildándole de irresponsable e inutil y justificando así que fuera despedido para contratar a John Frankenheimer mientras que los actores, que eran los que trabajaban con Stanley codo a codo, se refieren a él como un tipo extremadamente entusiasta y amable —lo que no es un aval para determinar sus capacidades en cualquier caso—, pero claro, los actores no es que sean tampoco especialmente lúcidos o inteligentes como para detectar algo fuera de lo normal. De hecho los comportamientos de Val Kilmer y Marlon Brando durante el rodaje, tal y como se narra en el documental, confirman de nuevo esto que digo.
Y por supuesto, la incompetencia está presente en todo momento. Richard Stanley, era un pequeño director independiente que sabía comandar pequeñas producciones de 5 o 6 millones de dólares, pero que con una de 30 no sabía ni por donde empezar… pero Frankenheimer, acostumbrado a hacer cine con solvencia, acabó de enmierdar todo este rodaje demostrando ser, si no más, tan inútil como Stanley…
No les cuento más. Solamente les invito a que la vean, merece mucho la pena y es altamente recomendable porque cuenta una historia fascinante sobre unos individuos asimismo fascinantes, y yo no podía dejar de mirar a pantalla mientras se sucedían las entrevistas o las imágenes de archivo.
El docu, por supuesto, tuvo una buena recepción en los distintos festivales y críticas unánimemente buenas, aunque sembró la polémica porque Richard Stanley dice que no todo lo que se cuenta es cierto, y que cosas más gordas que sucedieron se tocan de pasada.
Lo curioso es que Stanley, es también el director de una de esas recientes películas protagonizadas por Nicolas Cage tan en boga últimamente y de la que tanto hablan los asiduos a festivales de cine fantástico, “The Color out of Space”, una adaptación de Lovecraft que, efectivamente, no me interesaba ni lo más mínimo y que gracias a este documental pienso ver, tal vez en programa doble, junto a “La Isla del Dr. Moreau”.
El que firma el documental que les recomiendo se llama David Gregory, es fan de Jess Franco, y además de ser productor de “The Color out of Space” es el director de tropecientosmil documentales sobre cine más o menos jugositos como “The Joe Spinell story”o “Blood & Flesh: The Reel Life & Ghastly Death of Al Adamson”. Este está especialmente bien.
domingo, 12 de junio de 2016
LOS FOTOCROMOS (Y LA CARATULA DEL VHS) DE "TOP SECRET!"
Resulta triste y doloroso ver cómo anda el "spoof" hoy día. Más si lo comparamos con lo que ocurrió a principios y mediados de los 80, cuando se encontraba en su mejor momento creativo y de popularidad. Entonces incluso las malas aportaciones tenían su gracia.
"Top Secret!" significó la segunda obra del trío que (casi) lo comenzó todo, los ZAZ (Jerry Zucker, Jim Abrahams, David Zucker), tras la alocada y simpática "The Kentucky Fried Movie / Made in USA", en la que únicamente ejercieron de guionistas, y el súper-hit que los hizo inmortales, "Aterriza como puedas".
Sin embargo, y aunque tampoco se puede calificar de desastre, "Top Secret!" no funcionó en taquilla todo lo bien que se esperaba, algo que hoy casi parece incomprensible. No hay más que escuchar el audiocomentario del dvd para darse cuenta que los ZAZ no andan nada contentos con ella. Aseguran que perdieron los papeles, cegados por el éxito y los medios disponibles, cargando las tintas en cuanto a gags y olvidando lo principal (y lo que olvidan muchos "spoofs"): contar una historia coherente en tres actos y con personajes bien definidos. ¿Está justificada la manía que sus propios autores le tienen?, ¡ni por el forro!, "Top Secret!" es una comedia súper desmadrada, excesiva y, sobre todo, muy divertida que, además de una desconcertante dosis de surrealismo (y un Val Kilmer joven y delgadito), contiene algunos gags de absoluta antología que, seguro, ahora mismo estáis recordando todos aquellos que habéis tenido la sabia idea de visionarla y disfrutarla (y que los ZAZ, a pesar de todo, no han tenido ningún reparo en repetir en varias de sus siguientes películas, como ese "baile de salón ridículo" que volveríamos a ver en uno de los "Agárralo como puedas").
Y los que hayan sido tan palurdos de no darle una oportunidad a "Top Secret!", igual se convencen de que merece la pena degustando los fotocromos y la caratula del VHS, con una ilustración que me tenía enamorado de jovencito. De hecho, fui a ver la peli al cine con mi hermano y recuerdo lo mucho que me reí y lo no menos que me gustó. Así que a mi póngame con el primer grupo, porfaplis.
Y no olviden que la vida es un camino lleno de espinas, y al que le toca la china pues ya se sabe, a jorobarse, sanseacabó y a otra cosa, mariposa.
"Café Olé, Souffle, Rococó, Croisant y los otros"
"Arrtículos de coña... coñas marrinerrasss"
"¿Y trabajar en Domingo?, ¡qué huevones!"
"Top Secret!" significó la segunda obra del trío que (casi) lo comenzó todo, los ZAZ (Jerry Zucker, Jim Abrahams, David Zucker), tras la alocada y simpática "The Kentucky Fried Movie / Made in USA", en la que únicamente ejercieron de guionistas, y el súper-hit que los hizo inmortales, "Aterriza como puedas".
Sin embargo, y aunque tampoco se puede calificar de desastre, "Top Secret!" no funcionó en taquilla todo lo bien que se esperaba, algo que hoy casi parece incomprensible. No hay más que escuchar el audiocomentario del dvd para darse cuenta que los ZAZ no andan nada contentos con ella. Aseguran que perdieron los papeles, cegados por el éxito y los medios disponibles, cargando las tintas en cuanto a gags y olvidando lo principal (y lo que olvidan muchos "spoofs"): contar una historia coherente en tres actos y con personajes bien definidos. ¿Está justificada la manía que sus propios autores le tienen?, ¡ni por el forro!, "Top Secret!" es una comedia súper desmadrada, excesiva y, sobre todo, muy divertida que, además de una desconcertante dosis de surrealismo (y un Val Kilmer joven y delgadito), contiene algunos gags de absoluta antología que, seguro, ahora mismo estáis recordando todos aquellos que habéis tenido la sabia idea de visionarla y disfrutarla (y que los ZAZ, a pesar de todo, no han tenido ningún reparo en repetir en varias de sus siguientes películas, como ese "baile de salón ridículo" que volveríamos a ver en uno de los "Agárralo como puedas").
Y los que hayan sido tan palurdos de no darle una oportunidad a "Top Secret!", igual se convencen de que merece la pena degustando los fotocromos y la caratula del VHS, con una ilustración que me tenía enamorado de jovencito. De hecho, fui a ver la peli al cine con mi hermano y recuerdo lo mucho que me reí y lo no menos que me gustó. Así que a mi póngame con el primer grupo, porfaplis.
Y no olviden que la vida es un camino lleno de espinas, y al que le toca la china pues ya se sabe, a jorobarse, sanseacabó y a otra cosa, mariposa.
"Café Olé, Souffle, Rococó, Croisant y los otros"
"Arrtículos de coña... coñas marrinerrasss"
"¿Y trabajar en Domingo?, ¡qué huevones!"
sábado, 1 de octubre de 2022
SESIÓN DOBLE: CAZADORES DE MENTES + DOMINO
CAZADORES DE MENTES: "Cazadores de mentes" (que no "Cazadores dementes", buen título para un exploitation) es el paradigma del buen cine mainstream. Un producto perfectamente fabricado, en lo técnico, lo interpretativo (a base de buenos actores, algunos tan conocidos como Val Kilmer o Christian Slater), lo rítmico (va a toda castaña desde el minuto uno, aunque es cierto que luego da una leve bajona y eso, quieran que no, corta un poco el rollo), lo estético y una buena trama de misterios y asesinatos, no exenta de su pequeña dosis de truculencia -lo justo para no ofender- Planificada al milímetro para acompañar estupendamente un bol de palomitas y, al terminar, olvidar sin rencores. Dirige el tipo perfecto, Renny Harlin. La cosa va de unos aspirantes a criminalista del FBI que son "abandonados" en una isla a merced de un supuesto falso asesino al que tendrán que descubrir -de eso va el ejercicio-. Obviamente resulta que el tipo existe de verdad y comienza a matar a los presentes con retorcidos juegos llenos de complicadas trampas y pistas (de esos / esas que dices "¿Cómo ha tenido tiempo de fabricarlas y lograr que siempre
f
uncionen a la perfección?") La movida gasta un regusto a "Seven", de cuando se pusieron de moda los psycho-thrillers estilizados y es orgullosamente "de domingo por la tarde".
uncionen a la perfección?") La movida gasta un regusto a "Seven", de cuando se pusieron de moda los psycho-thrillers estilizados y es orgullosamente "de domingo por la tarde".DOMINO: Lo que de entrada parece la típica trama de policía en busca de venganza tras ver a su compañero morir en manos de un supuesto asesino, pronto tira por otros derroteros cuando descubrimos que, justamente, es este último el que se venga. Concretamente de los terroristas islámicos que se cargaron a su padre. La CIA lo captura y pretende utilizarlo para que haga el trabajo sucio, mientras el policía con sed de revancha sigue obsesionado en cazarlo. "Domino" es la última película oficial -hasta ahora, ya hay dos más anunciadas- del gran Brian De Palma. A diferencia de "Femme Fatale", aquí aparca un poco la vena autoral para adaptarse a la de artesano... pero no mucho. Momentos típicamente De Palmeros los hay, y están un rato guapos. Especialmente el final, graciosamente situado en Almería, concretamente una plaza de toros, ¡anda no me jodas! Otro aspecto que me ha gustado -y eso, supongo, se lo debemos a la condición medio europea del film- es que ninguno de los personajes "buenos", lo son tanto. El héroe, por muy héroe que sea, es el verdadero culpable de la muerte de su compañero. Y este, ascendido a santo tras morir, y más dejando una viuda impedida, en realidad andaba liado con otra.
La música del gran gran Pino Donaggio pone la necesaria guinda a un thriller perfectamente visible, vibrante y disfrutable.
martes, 21 de febrero de 2012
MUERTE SIN DIÁLOGO
Visionar películas en mi vídeo Beta es toda una aventura. Créanme. Nunca sabes si la cinta va a funcionar, o se va a enganchar, o perderá imagen, o perderá audio. Si en pleno visionado desaparece de la pantalla, entonces tengo que sacarla, abrirla, rebobinarla, poner otra cinta para ver si funciona el vídeo, seguidamente volver a poner la que estoy viendo y... con un poco de suerte, ya no me molestará más hasta el final. Sí amigos, es irritante y te saca de las casillas... pero a la vez, resulta genuinamente emocionante. Gracias al Beta no soy un espectador pasivo, la experiencia es lo que llamamos un visionado interactivo. Ayer noche eso mismo ocurrió durante los primeros veinte minutos de "Muerte sin diálogo"... lo que incrementó la tortura que supuso tragármela. Y todo este sufrimiento lo aguanté por ustedes, mis queridos e ingratos lectores.Lo que he dicho al final del párrafo anterior es una verdad a medias. Otro motivo de peso por el que sufrí entera "Muerte sin diálogo" reside en el interés por hablar de sus dos productores, Joseph Merhi y Richard Pepin. A finales de los 80 estaba yo obsesionado con ver películas de justicieros, y llegado su momento las anduve buscando entre el inmenso catálogo de series Z llegadas desde Estados Unidos. Dos eran los nombres recurrentes en ese campo, por un lado David A. Prior, del que ya hemos hablado anteriormente, y por otro, Joseph Merhi que, durante un buen porrón de años, estuvo asociado con Richard Pepin (¡gran apellido!). Naturalmente, las pelis de ambos resultaban genuinamente horribles y aburridas, por lo que nunca llegué a hacerme fan suyo. Sin embargo, acabó resultando un tándem por el que sentía verdadera simpatía, ya que me los encontraba continuamente en videoclublandia. Aunque su especialidad eran las pelis de acción y los thrillers urbanos de sobremesa (a Pepin, además, le tiraba mucho el rollo cyborg), Merhi llegó a parir algun que otro film de horror a los inicios de su carrera con cierto culto de tirón chungo, como "Mayhem", "The Newlydeads" o "Epitaph". Vivió un momento de gloria cuando estampó su nombre -cual producer- en títulos bastante más respetables como el "Inferno" de Van Damme o el "Spartan" de David Mamet, nada menos (y sí, ¡con Val Kilmer!), pero fue algo mas bien pasajero. Actualmente ambos caballeros siguen rodando sus cutreces, aunque, por lógica, andan resguardados en el formato televisivo.
Con "Muerte sin diálogo" (lo sé, el título es abominable... casi parece el de una peli de arte y ensayo... claro que el original tampoco se queda corto: "Death by Dialogue") Merhi - + Pepin - volvía al terreno del horror, intentando subirse al carro de lo que entonces era la moda imperante, las aventuras de Freddy Krueger, para lo cual contrataron al actor negro Ken Sagoes, quien se había hecho relativamente popular gracias a sus intervenciones en las tercera y cuarta partes de "Pesadilla en Elm Street", algo de lo que tomaron buena nota los productores, usándolo como desesperado y retorcido gancho comercial. Añadir que, después, la carrera de Sagoes tampoco sería muy lustrosa, salvo por su aparición en "Crueldad Intolerable".
"Muerte sin diálogo" narra la estupidísima historia de un guión maldito... en serio... todo comienza con el espíritu cabreado de un fotógrafo asesinado durante un viaje exótico. No se muy bien por qué, el ente se vale del mentado guión para ver morir a aquellos incautos que se adentran en sus dominios a base de muertes surrealistas y bastante ridículas. Destaco una en la que la víctima huye aterrorizada por el bosque y, de pronto, se topa con una banda de heavy metal en plena creación musical. Aquello que el guitarra eleva su instrumento y lo estrella en el cabestro del chaval, convirtiéndolo en pulpa. Tal y como lo leen. Ocurre que, entre crimen y crimen, y por no perder la costumbre, nos aburrimos mortalmente. El amigo Sagoes no se luce demasiado... hay algo de gore molón... unas cuantas tetas... un monstruo minimalista... pero el estropicio general no compensa... y encima, el desenlace es terriblemente tontuno y precipitado, como si a los responsables se les acabara la película y dijeran: "Pues bueno, pon aquí el "The End" y nos vamos pa casa".
Supongo que podría recomendársela a curiosos, degustadores de chunguismos y fans incondicionales del género, pero se trata de una mierda muy tocha.
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