No había sentido desde el día de su estreno (recuerdo las marquesinas de las paredes de bus anunciando su inminente premiere) el más mínimo interés por la adaptación de “La Isla del Dr. Moreau” para el cine ejecutada en 1996 por John Frankenheimer (según el póster español, pero sin créditos para director alguno según su versión original). De hecho esa falta de interés es la que me ha llevado a día de hoy a ser un completo ignorante en torno a esta película. Yo intuía que era muy mala y sin más. Y quizás lo sea en demasía y no merezca la pena sentarse frente a ella, como bien había decidido hasta el día de hoy. Sin embargo, recientemente he descubierto este documental, “Lost Soul: El viaje maldito de Richard Stanley a la Isla del Dr. Moreau” y, claro, ahora tengo unas ganas locas de verla. Y acabaré haciéndolo algún día. Se trata de uno de esos documentales que cuentan lo desastroso que fue el rodaje de determinada película, y las circunstancias que llevaron a esta a ser una puta mierda. De estos hay muchos y muy interesantes. En este caso, la verdad es que los hechos acontecidos para que “La Isla del Dr. Moreau” fuera lo que es son realmente desternillantes.
No quiero spoilearles mucho el documental, por eso va a ser una reseña cortita, pero si diré que, como en la vida misma, todo el desastre del que nos habla el documental es fruto de tres factores: La incompetencia, los egos desmesurados y el retraso mental.
Porque a pesar de la buena prensa con que se nos presenta al principal artífice de este proyecto, Richard Stanley ( al que jamás había prestado atención), al que tildan poco menos que de futura promesa del cine fantástico, yo le veo como una especie de Tommy Wiseau en potencia, un pobre hombre que pese a su innegable cultura y ciertas dotes para dirigir, se le intuye un cerebro lo que se dice relajado, con una percepción de la realidad un tanto trastocada. No puedo tomarme en serio a un tipo que dice que utilizó la magia negra para llevar a buen puerto su película, ni puedo dejar de mirar, en sus entrevistas, cómo segrega espesa babilla cada vez que habla y cómo esta se va convirtiendo poco a poco en una especie de pasta negruzca… como si fuera un deficiente mental. A parte de esto, hay más factores mostrados en el documental que confirman esta tesis.
Por otro lado, es curioso cómo la gente que producía la película, New Line, ponen a parir a este hombre tildándole de irresponsable e inutil y justificando así que fuera despedido para contratar a John Frankenheimer mientras que los actores, que eran los que trabajaban con Stanley codo a codo, se refieren a él como un tipo extremadamente entusiasta y amable —lo que no es un aval para determinar sus capacidades en cualquier caso—, pero claro, los actores no es que sean tampoco especialmente lúcidos o inteligentes como para detectar algo fuera de lo normal. De hecho los comportamientos de Val Kilmer y Marlon Brando durante el rodaje, tal y como se narra en el documental, confirman de nuevo esto que digo.
Y por supuesto, la incompetencia está presente en todo momento. Richard Stanley, era un pequeño director independiente que sabía comandar pequeñas producciones de 5 o 6 millones de dólares, pero que con una de 30 no sabía ni por donde empezar… pero Frankenheimer, acostumbrado a hacer cine con solvencia, acabó de enmierdar todo este rodaje demostrando ser, si no más, tan inútil como Stanley…
No les cuento más. Solamente les invito a que la vean, merece mucho la pena y es altamente recomendable porque cuenta una historia fascinante sobre unos individuos asimismo fascinantes, y yo no podía dejar de mirar a pantalla mientras se sucedían las entrevistas o las imágenes de archivo.
El docu, por supuesto, tuvo una buena recepción en los distintos festivales y críticas unánimemente buenas, aunque sembró la polémica porque Richard Stanley dice que no todo lo que se cuenta es cierto, y que cosas más gordas que sucedieron se tocan de pasada.
Lo curioso es que Stanley, es también el director de una de esas recientes películas protagonizadas por Nicolas Cage tan en boga últimamente y de la que tanto hablan los asiduos a festivales de cine fantástico, “The Color out of Space”, una adaptación de Lovecraft que, efectivamente, no me interesaba ni lo más mínimo y que gracias a este documental pienso ver, tal vez en programa doble, junto a “La Isla del Dr. Moreau”.
El que firma el documental que les recomiendo se llama David Gregory, es fan de Jess Franco, y además de ser productor de “The Color out of Space” es el director de tropecientosmil documentales sobre cine más o menos jugositos como “The Joe Spinell story”o “Blood & Flesh: The Reel Life & Ghastly Death of Al Adamson”. Este está especialmente bien.
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lunes, 29 de noviembre de 2021
miércoles, 27 de julio de 2011
EL DEMONIO DEL DESIERTO
A inicios de los 90, Richard Stanley parecía la gran promesa del nuevo cine fantástico. Había encandilado a muchos -a mi no- con su largometraje de debut "Hardware, programado para matar" y además lucía un aspecto muy peculiar que le daba un "plus" a la imagen de director atípico. Cuando se anunció el rodaje de su segundo largo en 1992, "Dust Devil" ("El demonio del desierto" en paletolandia), todos se frotaban las manos convencidos de que automáticamente sería un nuevo clásico del fantástico. Sin embargo, al poco de terminarse, la peli entró en una espiral de problemas, desde su remontaje en manos de los temibles hermanos Weinstein (los de "Miramax") a las dificultades para su estreno. Total, que prácticamente no tuvo difusión y pronto, la curiosidad y el interés se diluyeron. Finalmente, y tras mucho deambular, Richard Stanley logró hacerse con el negativo y realizar su versión, "The final cut". Esa es la que, por fin, vi ayer noche.La peli nos cuenta la historia de un especie de demonio enviado del mal cuya misión es acabar con la vida de aquellos que, inconscientemente, lo reclaman... personas perdidas, solas o, directamente, suicidas. La chica prota es una de esas. Pronto, se cruzará con el demonio en cuestión, nacerá una historia de amor y, llegado su momento, las cosas se pondrán feas cuando el muchacho intente cumplir con su cometido. De por medio hay un policía que investiga el caso pero, sinceramente, tampoco aporta mucho... de hecho, fue una de las partes extirpadas en el remontaje de los Weinstein y, oye, ni tan mal.
"Dust Devil" se anunció en su momento como una mezcla de spaguetti western y peli de terror con ciertas gotas del cine de Alejandro Jodorowsky (concretamente de "El Topo"), algo que le pegaba mucho al amigo Stanley, al que le tira el misticismo y todas esas cosas tan jipis. Y sí, la peli a nivel visual es la leche, tiene momentos realmente bonitos y llamativos, en ese sentido el empaque es excelente y el director logra crear una potente atmósfera que nos mantiene en vilo mirando a la pantalla. El problema es que, al mismo tiempo, pretende contarnos una historia... y aquí es donde descubrimos el punto débil de "Dust Devil" (y de Richard Stanley), ya que esta resulta, además de típica en su fondo, algo plomiza. Así, la peli se desenvuelve muy bien en su primera hora, para volverse algo plasta en la parte final. En realidad nada nuevo, en los 90 era muy habitual encontrarse con directores de video-clips que, al pasar al largometraje, denotaban mucho talento para el envoltorio, pero poco interés (y poca capacidad) de cara al contenido. Stanley era uno de esos.
Está claro que la fama de maldita de "Dust Devil" ayuda a su mitificación... pero, siendo prácticos, no hay para tanto.
viernes, 12 de abril de 2024
ENTER THE CLONES OF BRUCE
David Gregory, señor que se ha especializado en realizar estupendos documentales sobre los más variopintos fenómenos cinematográficos (suyos son “Lost Soul: El viaje maldito de Richard Stanley a la isla del dr. Moreau” o “Blood and flesh: The real life and ghastly death of Al Adamson”), ataca ahora (como si del dragón se tratase) con “Enter the clones of Bruce”, en lo que podíamos denominar el auténtico y definitivo documental sobre uno de los fenómenos exploit más interesantes en la historia de la cara dura cinematográfica. Ya saben ustedes: tan grande era la demanda de películas de Bruce Lee que, una vez este falleció, el público se negó a no seguir disfrutando de su cine, por lo que, para contentarlo, un montón de estudios cinematográficos comenzaron a rodar películas con clones, artistas marciales que, más o menos, se parecían al pequeño dragón, y durante un montón de años estuvieron vomitando producciones de muy mal gusto en las que se explotaba la presencia de Bruce Lee, o lo que es peor, su muerte. Eso sería el “brucexploitation” oficial, pero también existió otro por parte de los distribuidores de medio mundo, que compraban películas de kung-fu sin conexión alguna con Bruce Lee, pero se estrenaban como si fueran legítimas (los casos de Bronson Lee o Bruce Lo).
“Enter The Clones of Bruce”, con mogollón de imágenes de archivo, extractos de películas y entrevistas a las principales estrellas del fenómeno (es decir, Bruce Le, Bruce Li, Dragón Lee o Bruce Liang), así como a directores productores y actores secundarios de aquellas películas, profundiza en las cloacas del subgénero y nos explica todos los entresijos y artimañas con dinamismo y brío.
Además lo hace de una forma muy acertada, incluyendo un prólogo precréditos en el que se nos explica el modo de operar de Bruce Lee (el de verdad), hace hincapié en sus manías y megalomanía, para, después de los créditos, darle una patada porque en realidad no es el foco del interés del documental, y centrarse única y exclusivamente en todo ese universo de clones, imágenes del funeral del auténtico Bruce, jornadas de trabajo infrahumanas, sueldos bajos y todos los desastres que traían de serie las películas adscritas al “brucexploitation”.
Por otro lado es sorprendente que, si bien podemos tener localizadas en España sesenta o setenta títulos protagonizados por cualquiera de estos impersonators (más o menos, qué se yo), el documental avisa que están catalogadas más de doscientas y que nunca dejan de aparecer títulos, con lo que hacer un listado de todas y cada una de ellas —que además hay clones de Bruce en todo el mundo, no solo en Asia, aunque no estén oficializados— es una tarea ardua, por no decir imposible (aunque los franchutes, principal fandom del fenómeno, tienen gran parte del trabajo hecho).
Resulta súper interesante ver los distintos caminos que han tomado en la vida los distintos clones, e, indirectamente, como todos tienen algo en común: los nudillos destrozados.
También se incide en cual puede que fuera el primer título oficial del “brucexploitation” y la manera ilegal y despiadada de publicitarlo por parte de los distribuidores, así como vemos una buena colección de pósters y títulos raros (o perdidos) que han pululado a lo largo de los años dentro de esta corriente tan rara que sacaba beneficio (y, en ocasiones, mucho) de la imagen y muerte de un mito de la cultura pop. Fue durante mediados de los setenta y los ochenta, cuando estas películas estuvieron en auge, pero lo acojonante del asunto es que, todavía hoy, quizás de manera menos descarnada que entonces, se sigue explotando a Bruce Lee y siempre es sinónimo de generar pasta.
Como ya digo, un documental estupendo, entretenido a más no poder, revelador y curioso sobre la estratagema comercial más inhumana y carroñera de la historia del cine.
“Enter The Clones of Bruce”, con mogollón de imágenes de archivo, extractos de películas y entrevistas a las principales estrellas del fenómeno (es decir, Bruce Le, Bruce Li, Dragón Lee o Bruce Liang), así como a directores productores y actores secundarios de aquellas películas, profundiza en las cloacas del subgénero y nos explica todos los entresijos y artimañas con dinamismo y brío.
Además lo hace de una forma muy acertada, incluyendo un prólogo precréditos en el que se nos explica el modo de operar de Bruce Lee (el de verdad), hace hincapié en sus manías y megalomanía, para, después de los créditos, darle una patada porque en realidad no es el foco del interés del documental, y centrarse única y exclusivamente en todo ese universo de clones, imágenes del funeral del auténtico Bruce, jornadas de trabajo infrahumanas, sueldos bajos y todos los desastres que traían de serie las películas adscritas al “brucexploitation”.
Por otro lado es sorprendente que, si bien podemos tener localizadas en España sesenta o setenta títulos protagonizados por cualquiera de estos impersonators (más o menos, qué se yo), el documental avisa que están catalogadas más de doscientas y que nunca dejan de aparecer títulos, con lo que hacer un listado de todas y cada una de ellas —que además hay clones de Bruce en todo el mundo, no solo en Asia, aunque no estén oficializados— es una tarea ardua, por no decir imposible (aunque los franchutes, principal fandom del fenómeno, tienen gran parte del trabajo hecho).
Resulta súper interesante ver los distintos caminos que han tomado en la vida los distintos clones, e, indirectamente, como todos tienen algo en común: los nudillos destrozados.
También se incide en cual puede que fuera el primer título oficial del “brucexploitation” y la manera ilegal y despiadada de publicitarlo por parte de los distribuidores, así como vemos una buena colección de pósters y títulos raros (o perdidos) que han pululado a lo largo de los años dentro de esta corriente tan rara que sacaba beneficio (y, en ocasiones, mucho) de la imagen y muerte de un mito de la cultura pop. Fue durante mediados de los setenta y los ochenta, cuando estas películas estuvieron en auge, pero lo acojonante del asunto es que, todavía hoy, quizás de manera menos descarnada que entonces, se sigue explotando a Bruce Lee y siempre es sinónimo de generar pasta.
Como ya digo, un documental estupendo, entretenido a más no poder, revelador y curioso sobre la estratagema comercial más inhumana y carroñera de la historia del cine.
martes, 14 de abril de 2020
BLOOD AND FLESH: THE REEL LIFE AND GHASTLY DEATH OF AL ADAMSON
Al Adamson forma parte de esa ralea de "auteurs" surgidos del "exploitation" y el "trash" más visceral donde también encontramos a peña como Ted V. Mikels, Andy Milligan, Herschell Gordon Lewis, Jerry Warren, Ray Dennis Steckler, Edward D. Wood Jr., Doris Wishman, etc, etc. Algunos mejores / más carismáticos que otros pero, en esencia, todos cacota. En mi juventud andaba loco por ellos, leía y leía sin descanso sobre sus hazañas en las páginas del "Fangoria" yanki (con ayuda del respectivo diccionario) y me fascinaban. Luego, pasaba lo que pasaba. Localizabas una de sus películas, la deglutías con fervor y... ¡hostión al canto! El consiguiente dolor variaba en función de la incapacidad del cineasta. Con Adamson puedo decir que la contusión fue mayor que con ninguno. Cercana a la muerte total. Eso ocurrió el día que, entusiasmado y tembloroso, alquilé "Sangre en el castillo de Drácula". Un pestiñazo sin redención. Al cabo de unos años, alguien tuvo la idea de editar en dvd varias de sus pelis, o fue obligado por los extraños designios de la distribución. Entre ellas, la más mítica del pack, "Drácula contra Frankenstein". Aunque dolido y desconfiado, decidí darle una segunda oportunidad. En balde, seguían siendo mierda, sin la más mínima gracia o soterrado encanto. Y así ha sido siempre para mí con respecto al patillero Adamson. Pero ya saben que, en lo que respecta al 99% de los cineastas zetosos, y sus toscas producciones, suele ser más interesante el concepto. O lo que hay detrás. Esa es la razón de que todos los documentales -y biopics- que se les dedican sean tan disfrutables. Incluido "Blood & Flesh: The Reel Life & Ghastly Death of Al Adamson", aunque con leves reservas.
Lo que hace destacar a Al Adamson sobre todos sus coetáneos es que sufrió una muerte horrible. Fue asesinado y enterrado bajo cemento. Tal es el peso de semejante material que el documental se ve obligado -lógicamente- a dedicarle una generosa porción. Podríamos decir que se divide en dos documentales muy distintos. El primero se centra en los orígenes de la carrera de Adamson y su posterior desarrollo a base de mogollón de imágenes, fotos y carteles -muy en la línea de cómo se hacen hoy día, dinámicos y alegres-. Se disfruta mucho e incluso te ríes con algunas anécdotas (especialmente aquellas que hacen referencia a J.Carrol Naish). Pero luego toca la segunda parte, totalmente volcada en el asesinato, narrado con todo lujo de detalles, como si fuese un programa de esos dedicados a temas escabrosos que echan a las tantas. Y aunque está interesante, corta mucho el rollo y se hace algo pesado. Tal vez habría molado más equilibrar ambas partes. Por separado funcionarían cojonudamente, pero pegadas se anulan un poco mutuamente. Lástima.
Con todo, "Blood & Flesh: The Reel Life & Ghastly Death of Al Adamson" termina siendo bastante gozable. Y ayudan a ello presencias tan curiosas y entrañables como las de Sam Sherman, Fred Olen Ray, John "Bud" Cardos, Russ Tamblyn, Greydon Clark, Gary Graver, Worth Keeter y aficionados / fanzineros ilustres como Tim Ferrante, Chris "Temple of Schlock" Poggiali y Michael J. "Psychotronic Video" Weldon.
A David Gregory, director, debemos alguna ficción puntual (formó parte del clan que firma "The Theatre Bizarre") y, sobre todo, muuuucho material documental de entre el que sobresale "Lost Soul: El viaje maldito de Richard Stanley a la isla del Dr. Moreau", que sin ser nada del otro jueves se deja ver.
Lo que hace destacar a Al Adamson sobre todos sus coetáneos es que sufrió una muerte horrible. Fue asesinado y enterrado bajo cemento. Tal es el peso de semejante material que el documental se ve obligado -lógicamente- a dedicarle una generosa porción. Podríamos decir que se divide en dos documentales muy distintos. El primero se centra en los orígenes de la carrera de Adamson y su posterior desarrollo a base de mogollón de imágenes, fotos y carteles -muy en la línea de cómo se hacen hoy día, dinámicos y alegres-. Se disfruta mucho e incluso te ríes con algunas anécdotas (especialmente aquellas que hacen referencia a J.Carrol Naish). Pero luego toca la segunda parte, totalmente volcada en el asesinato, narrado con todo lujo de detalles, como si fuese un programa de esos dedicados a temas escabrosos que echan a las tantas. Y aunque está interesante, corta mucho el rollo y se hace algo pesado. Tal vez habría molado más equilibrar ambas partes. Por separado funcionarían cojonudamente, pero pegadas se anulan un poco mutuamente. Lástima.
Con todo, "Blood & Flesh: The Reel Life & Ghastly Death of Al Adamson" termina siendo bastante gozable. Y ayudan a ello presencias tan curiosas y entrañables como las de Sam Sherman, Fred Olen Ray, John "Bud" Cardos, Russ Tamblyn, Greydon Clark, Gary Graver, Worth Keeter y aficionados / fanzineros ilustres como Tim Ferrante, Chris "Temple of Schlock" Poggiali y Michael J. "Psychotronic Video" Weldon.
A David Gregory, director, debemos alguna ficción puntual (formó parte del clan que firma "The Theatre Bizarre") y, sobre todo, muuuucho material documental de entre el que sobresale "Lost Soul: El viaje maldito de Richard Stanley a la isla del Dr. Moreau", que sin ser nada del otro jueves se deja ver.
domingo, 19 de abril de 2015
LOS FOTOCROMOS DE "HARDWARE, PROGRAMADO PARA MATAR"
Hoy reunimos para todos ustedes los fotocromos de la película del debut -la mejor, me temo- de Richard Stanley, sobre la que me enrollaría más si no fuese porque Aratz ya lo hizo en su momento.
Únicamente comentar que la imagen final no pertenece a la peli, si no a su rodaje.
Gracias al amigo Alex Gardés por el contrabando.
Únicamente comentar que la imagen final no pertenece a la peli, si no a su rodaje.
Gracias al amigo Alex Gardés por el contrabando.
jueves, 21 de octubre de 2010
HARDWARE, PROGRAMADO PARA MATAR
La "Terminator de los 90" dicen, si claaaaro. Es una pena porque el argumento podría haber dado de sí, pero Richard Stanley, el director, no supo aprovechar lo que tenía entre manos, que tampoco es que fuera la repanocha, y tuvo que tirar de trucos cutres como cámaras lentas o escenas en las que no pasa absolutamente nada, para alargar la duración hasta los 90 minutos. Y lo dicho, es una pena porque en la película hay cameos de músicos conocidos como Iggy Pop haciendo de un locutor de radio, Carl McCoy cantante de "Fields of the Nephilim" y Lemmy de "Motorhead", además tiene un robot asesino, joder tendría que haber sido un éxito, pero no. Y eso que la película ganó un premio a mejores efectos especiales y otro al director, incluso fue nominada a mejor película en el Festival de Sitges. No ganó.En un futuro próximo, el holocausto nuclear ha devastado ciudades enteras convirtiéndolas en desiertos, y las que han salido adelante son nidos de ratas y periódicos viejos por las calles. Aun así el gobierno sigue funcionando. La chatarra es la forma de vida de mucha gente, y nuestro protagonista es uno de esos chatarreros. Haciendo un trato con un desconocido, compra los restos de lo que cree es un robot de mantenimiento, él lo quiere para regalárselo a su novia escultora. Mos (el prota, Dylan McDermott) vuelve a la ciudad para entregarle su regalo a la parienta, y descubrimos que está esta medio loca, vive encerrada en su piso y tiene pánico a la radiación. Aunque no lo explican en la película, se la ve deprimida, y en una conversión con Mos sospechamos que tuvieron una hija que falleció, pero solo se supone, ya que no lo dicen. La cuestión, la tía coge la cabeza del robot, le pinta una bandera de los EEUU y la coloca junto a sus obras de arte. Lo que nadie sabe (aún) es que ese robot es una máquina de matar que se puede autor reparar. Así que cuando Mos es avisado por su contacto chatarrero y acude a reunirse con él, el robot toma vida e intentara arrancar la de la muchacha, que como vive encerrada y su ordenador está controlado por el robot, no puede escapar.
Cuando la comparan con "Terminator" no creo que sea solo por el robot (que se le parece en cero coma) sino por un par de similitudes que no puedo desvelar porque fastidiaría la película, pero vamos, que si hay curiosidad, la veis y luego escribís y hablamos de estas similitudes. Aunque aviso, se hace larga porque realmente la historia daba para unos 60 minutos escasos, pero se estira con las escenas del amigo drogata de Mos y lo dicho, alguna cámara lenta y mucho plano contemplativo que no viene a cuento. Puede que lo mejor sea el pervertido que espía a la chica desde el edifico de enfrente, y sale poco. Yo me aburrí y eso que todo lo post-apocalíptico me encanta. Vosotros mismos.
lunes, 12 de diciembre de 2016
LOS SUPERCAMORRISTAS CONTRA LOS FANTASMAS
La saga de “Lucky Stars”, fue rebautizada en España, casi
por accidente, como “Los Supercamorristas”. Y digo que casi como accidente, y
como muestra de que en aquellos años ochenta en España todo valía –o daba lo
mismo- a la hora de distribuir y/o vender películas.
Resulta que se estrenó la película “Wheel son Means”,
co-producción con España y rodada en Barcelona, que aquí se estrenó como “Los
Supercamorristas”, apelativo este, sin duda, comercial en nuestro país.. Los protagonistas no eran
otros que Jackie Chan, Yuen Biao y Sammo Hung.
Para su explotación en vídeo, Lauren Films, distribuidora de
la cinta, compra algunos títulos de la saga “Lucky Stars” que se inicia en Hong
Kong en 1983 con la película “Sinners
& Winners” (que muchos años después saldría en DVD para el mercado Español
bajo el título de “Vencedores y Vencidos”) que protagonizada por una serie de
comediantes Hong Konenses (Charlie Ching, Richard Ng, Stanley Sui Fang Fung y
Eric Tsang más Sammo Hung), cuenta la historia de unos delincuentes de poca
monta y sus problemas con el meter mano a las señoritas. Esta película resultó
ser una mezcla entre comedia de destape y cine de artes marciales. En ella,
hacía un papel secundario nada menos que Jackie Chan.
Bien, pues teniendo Lauren Films los derechos de explotación
de la secuela directa de “Sinners & Winners” titulada “My Lucky Stars”, y aprovechándose
del hecho de que en esta aparecen el trío protagonista de “Los
Supercamorristas” (Jackie Chan, Yuen Biao y Sammo Hung), se estrena en vídeo
esta película como si en vez de ser una secuela de “Winners & Sinners”, que
no se había estrenado en España, lo fuera de “Wheels on Means”, por lo tanto la
titularon “La banda de los Supercamorristas” cuando esta salió directamente al
mercado del alquiler de cintas. Poco después aparecería “Twinkle, Twinkle Lucky Stars”, vendida en
medio mundo como una película de acción de Jackie Chan, pero en realidad, es
otra comedieta al servicio de los comediantes protagonistas, donde Jackie Chan
y Yuen Biao, apenas tienen un cameo. Aún así, se tituló “El Regreso de los
Supercamorristas”, adaptando ya el nombre de la franquicia a aquellas películas
dónde Sammo y los otros hacen sus fechorías, siendo la segunda secuela de
“Lucky Stars” y de “Los Supercamorristas” es decir, “Wheels of Means” cuya
versión española da título castellano a la franquicia de los “Lucky Stars” y
que sin embargo, no tiene nada que ver con la saga a la que bautizaría; Entonces,
la única película no oficial de la saga, de las que se estrenaron en españa,
fue la propia “Los Supercamorristas”. ¿Lo pillan?
Tanto da, porque ahí se quedó la cosa. Por otro lado, la
saga no es tal, o sea, que muchas veces, los protagonistas son los mismos, pero
no los personajes; quiero decir, que los mismos actores dan vida a distintos
caracteres en según que película, así como van apareciendo o desapareciendo en
unas u otras, aunque todas siguen perteneciendo a la franquicia Lucky
Stars.
“Lucky Stars Go Places”, crossover con los personajes de la
saga “Mad Mission”, por ejemplo, sería un buen ejemplo de lo que digo, al
aparecer solo Sammo Hung, mientras que sus compañeros saldrían solo en cameos.
Esta no se estrenaría en España al igual que “Return of the Lucky Stars” o “How
To Meet the Lucky Stars”.
Sin embargo, los simpáticos personajes cuentan con el
suficiente culto en España como para que gracias a los sellos especializados
–en este caso Trash-o-Rama- otra película inédita de “Lucky Stars” llegue a
nuestro país en DVD: “Ghost Punting” también conocida como “Lucky Stars Ghost
encounter” – en alusión a otro título de tirón popular de Sammo Hung como es
“Spooky Encounters”, “Encuentros en el más allá” en España- y llega bajo el
título, como no podía ser de otra manera, de “Los Supercamorristas contra los
fantasmas”. No es, ni de lejos, la mejor entrega de la saga, aunque si se
cuida de introducir a nuestros
protagonistas en un entorno fantasmagórico –muy poco currado, por cierto. Se
limitan a ponerle a la actriz de turno unos dientes de plástico y ¡hale! ya
tenemos fantasma- para que estos puedan meter mano y asustarse como rigen los
cánones y los personajes.
Un individuo es asesinado por unos traficantes por acostarse
con la mujer del jefe. Tiempo después, cuando los Supercamorristas entran por
accidente en una casa encantada, conocerán al fantasma de este individuo, al
cual ayudarán a vengarse por esta muerte, con lo cual, la acción, los
chascarrillos y el humor Hong Konés, quedan a la orden del día.
Inferior a cualquiera de las pertenecientes a la trilogía
original, con la que este título guarda más relación, sin embargo, si que se trata de una muy
divertida comedia de horror, con algunos buenos momentos de fantasía, donde lo
que se lleva la palma es toda la parte erótico-festiva. Aquí, todo surge de la
incapacidad por echarse novia por parte de los protagonistas, lo que
desencadenará todos los acontecimientos. Memorables resultan, por ejemplo, los
acercamientos es intentos para ligar por parte del personaje de Stanley Fung,
en los que lo más bonito que sale por su boca hacia una mujer, es la palabra
“Zorra”. Por otro lado, aunque sale bastante, echamos de menos la presencia de
Sammo Hung en los mejores momentos de la película (entra y sale de escena sin
orden ni concierto), así como las coreografías no son todo los buenas que deberían
ser, quizas debido a que nos encontramos ante una franquicia cómica, que no
necesariamente tiene por qué contener artes marciales.
Lo que es extraño, es la cantidad de directores que se
encargaron de esta secuela, ya que la firman nada menos que Sammo Hung, Ricky
Lau, Corey Yueng y Eric Tsang. A ocho manos nada menos.
Como fuere, es divertida y alocada, y supone un complemento
más para los coleccionistas de las pelis de “Los Supercamorristas”que por fin
tienen una nueva entrega, Estaría bien, que acabaran saliendo el resto.
miércoles, 6 de noviembre de 2013
AQUARIUS
Durante mucho tiempo consideré "Aquarius" como "la última película buena del cine de terror moderno italiano". Revisada recientemente, cambio el slogan a: "La -casi- única película buena del cine de terror moderno italiano".
Seamos prácticos, visto hoy, el trabajo de gente como Lucio Fulci, Sergio Martino, Umberto -papanatas- Lenzi o, especialmente, Lamberto Bava, resulta bastante aburrido. O, mejor, totalmente mortecino. Sin embargo, "Aquarius" no solo mantiene el tipo, además logra algo casi imposible de encontrar en un producto ítaloparlante adscrito al género de mis amores: No aburre. Y no solo no aburre, ¡entretiene!. Eso sí que es un milagro. Dentro de tal elitista tendencia también cabe el amigo Dario Argento, especialmente en sus mejores tiempos. Y no es puta casualidad, pues los lazos entre el padre de "Inferno" y Michele Soavi, director debutante en "Aquarius", eran bien fuertes. De hecho, la gracia de esta película es que se erige casi como testamento de la era dorada del terror italiano post-Mario Bava por así decirlo, el de los 70 y, muy especialmente, los 80. Y lo firma el pupilo más aventajado posible, el amigo Soavi, en cuyo curriculum previo encontramos el famoso documental que dedicó a su maestro Argento con "Il mondo dell'orrore di Dario Argento" para quien, antes de currar como director, lo hizo como asistente y actor (en "Tenebre", "Phenomena" y "Ópera"). Pero Argento no fue el único, también dio lo suyo para Lamberto Bava en idénticas funciones ("Cuchillos en la oscuridad", "Demons", el remake de "La máscara el demonio" y "Blastfighter, la furia de la venganza", en la primera hacía de -si la memoria no me falla- asesino travesti y en la segunda era el tipo de la media-máscara que reparte propaganda del estreno del film diabólico en el metro). Su vinculación al horror italiano no se queda ahí, ya que Soavi ha ejercido exclusivamente de intérprete en films tan característicos como "Alien 2", "Miedo en la ciudad de los muertos vivientes" (la de Fulci, para quien también colaboró en "El destripador de Nueva York"), "El día del cobra" (de Enzo G. Castellari), "Los invasores del abismo" (de Ruggero Deodato) o "Il gatto nero" (de Luigi Cozzi -amigo de Víctor-). Y aunque curiosamente su nombre siempre va asociado al de Argento, en realidad otro para quien curró a destajo en sus inicios fue el no menos legendario Aristide Massaccesi, más conocido como Joe D´Amato. Michele fue actor, co-guionista no acreditado y asistente en títulos tan variados y demenciales como "Bronx lucha final", "2020 Los rangers de Texas", "Terror sin límite", "Calígula 2" o "Ator el poderoso". Tal vez por ello fue Massaccesi, y no Argento, el primero en producirle un largometraje comercial, es decir, este mismo "Aquarius" que Aristide apadrinó desde su flamante "Filmirage" y que, como guinda del pastel, cuenta con un guión original de Luigi Montefiori, más conocido como George Eastman, el caníbal de "Gomia, terror en el mar Egeo" (dirigida por D´Amato, of course), que pal caso se esconde tras el alias de Lew Cooper. Ahí es nada. Visto lo visto, está claro que solo Michele Soavi podía cerrar el círculo aplicando lo aprendido y, encima, tan bien (y americanizando su nombre a Michael, como debe ser).
Un puñado de actores hambrientos, y su director, ensayan desesperadamente un espectáculo teatral de danza moderna sobre un anónimo asesino. Todo pinta que va a ser un desastre. Esa noche, la prota de la función, aquejada de dolores en el tobillo, hace caso omiso al jefe y se marcha al hospital más cercano para que le venden la pupa. Su presencia motivará la huida de un peligrosísimo psicópata que se le cuela en el coche, se carga a la chica de guardarropía del teatro y desaparece. Llega la policía, registra el lugar, no encuentra nada y se marcha dejando únicamente dos agentes que de poco servirán (uno de ellos encarnado por el propio Soavi). El director decide aprovechar el suceso y convierte su obra en un inesperado biopic del psycho-killer visitante... así que, pa meterse caña con los ensayos, se encierra a si mismo y a los actores en el teatro, escondiendo la llave. Poco saben todos ellos que el homenajeado también ronda por allí, dispuesto a cargárselos y, para más inri, la primera persona a la que asesina es la única que sabe dónde está escondida la llave de la puerta principal. La noche que les espera será de órdago.
"Aquarius" fui a verla el día de su estreno, al cine. Lo recuerdo muy bien porque los Viernes por la tarde solía reunirme con los idiotas de mis ex compañeros de EGB para acudir a las películas. En aquella ocasión, elegí yo. Naturalmente entonces ya sabía mucho sobre la peli de marras gracias a mis queridas revistas francesas, aunque la reconocía más por el título que allí recibió, "Bloody Bird". Al entrar, un sensacionalista cartel que el mismo cine se había sacado de la manga, nos advertía que lo que íbamos a ver era muy fuerte porque resultaba "totalmente verosímil". Menuda chorrada!!. De hecho, y aunque lo pasamos muy bien durante el visionado, al terminar uno de mis "amigos" criticaba el desenlace del film aludiendo, justamente, a su falta de verosimilitud. En fin, jóvenes presuntuosos. A mi todo aquello me daba igual, me la sudaba, había disfrutado como un enanito y salí bien saciado, ya que por entonces lo que buscaba con desesperación en un film de horror era la más generosa y gráfica truculencia y, en ese sentido, "Aquarius" iba la mar de bien servida. ¡Qué tiempos aquellos en los que el cine de terror incluía gore valiente y gráfico, pero en sus justas dosis, sin caer en el exceso por el exceso, ni el humor, ni la estilización en busca de la aprobación de las élites políticamente correctas!, preocupándose más por ser "una de miedo con gore" que "una gore con miedo" o, peor, "una gore con gore" o, ya de pesadilla, "una gore con risas".
El caso es que, menos experimentado en estas lides, consideraba "Aquarius" una muestra moderna de "giallo". Bien cierto es que guarda algunas características propias de esa clase de cine, pero en realidad la obra de Michele Soavi encaja mucho mejor en la etiqueta de "slasher". ¿Una mezcla de lo mejor de ambos bandos?, pues sí, me parece bien. Por parte "slasher" tenemos a un asesino mudo e imparable ataviado con un uniforme negro y una máscara de lo más chanante. Esa cabeza de búho gigante es ya legendaria. Tenemos el grupo de jóvenes servidos para ser asesinados con las más variadas armas y los crímenes más impactantes y sangrientos, que incluyen cosas tan clásicas como hachas o una surrealista pero efectivísima sierra mecánica. Y tenemos el climax en el que la "final girl" y el malo se enfrentan cara a cara, así como la aparente invulnerabilidad del segundo. En el terreno del "giallo" encaja el mini-puzzle que resolver del final, el asesinato enfocado como todo un arte (los cadáveres de las víctimas reunidos es algo muy "slasher", pero no lo de presentarlos de forma tan artística) y, en general, la concepción elegante, bonita y estilizada que Soavi tiene del terror, algo directamente heredado de su amigo y vecino Dario y que destaca especialmente con la hipnótica y pomposa banda sonora, así como con esas plumas flotantes o los números musicales de la obra que ensayan los protagonistas (el sumum de lo cual viene cuando la que conoce la ubicación de la llave es asesinada brutalmente delante de todos, convencidos de que el agresor es el actor disfrazado. Ese es uno de los momentos más "giallo", más Argento, de la fiesta, a base de soundtrack orquestal e iluminación azulada).
Hace unas líneas hablaba de los asesinatos truculentos y salvajes. Déjenme volver a ello. En la época se consideraba "Aquarius" como una película "fuerte" y seguramente en 1987 sí encajaba en la etiqueta. No estábamos tan acostumbrados a ver de modo claro y sin disimulos cómo una sierra mecánica abría el estómago a un tipo, y aquí es algo que está bien presente y, además, rodado de modo muy efectivo, muy tétrico, con una linterna como única fuente de luz, el asesino con la máscara salpicada de sangre y la víctima, gritando agónicamente, rodeados de oscuridad y asentados sobre un Argentiano suelo inundado de agua. Brillante. En posteriores entrevistas Soavi decía que no se consideraba muy amigo del gore (¡ni del terror de los ochenta!, al que acusa de poco imaginativo), pero que aceptaba que un film de terror iba ligado a la muerte y la sangre, y que en cierto modo esta última era lógicamente inevitable. También comentaba que el presupuesto con el que contaron para "Aquarius" era mínimo, y que lo efectos especiales se resolvieron del modo más rudimentario. Hay una chica -embarazada!- que es partida por la mitad y cuando se revela su medio-cuerpo, nos damos cuenta que se trata de un auténtico maniquí al que han pegado unas tripas. No digo que cante hasta el extremo de resultar risible y chapucero, para nada, pero sí es verdad que el momento pasa fugazmente ante nuestros ojos evitando resultar demasiado evidente. Lo mismo que la decapitación del director de la obra de teatro. Pero que nadie se confunda, porque esa pobreza queda totalmente compensada por la inmensa capacidad de Michele Soavi, que se muestra como un cineasta de lo más talentoso a la hora de dotar de ritmo a su película, de sacar buen partido del montaje y, en fin, de jugar con el suspense. "Aquarius" es impactante y sangrienta, sí, pero también emocionante. Digamos que podríamos partirla en cuatro cachos. Arranque, masacre (donde mueren el 90% de los personajes secundarios, sin descanso), enfrentamiento y desenlace. El enfrentamiento es el segmento más delicado porque, casi sin diálogos, y a base de sonido e imagen, el director se centra en el puro suspense, cuando el psycho-killer tiende una trampa a la "final girl" que debe agenciarse la llave de la puerta sin que su agresor se de cuenta, aunque lo tenga a medio metro. Muy logrado momento de puro cine, que eclosiona con el inevitable bis a bis de la pareja, destacando el instante de él colgando del techo y deslizándose por un grueso cable hacia ella. De infarto.
Quizás uno de los puntos más flojillos de la película sean algunos de sus actores, ya sabemos que en la mayoría de las pelis de terror italianas suelen ser muy malos, ridículos. Aquí se salvan de la pura quema por los pelos, aunque queda sitio para algunas sobreactuaciones notables. Sin embargo, la mayor de todas ellas da el pego, porque se trata del director de la función teatral, un tipo ególatra, cruel y manipulador al que el rollo histriónico le va como anillo al dedo. De hecho, es uno de los personajes que más recuerdo dejan y para mi significó descubrir al actor que le da vida, David Brandon y sus notables orejones. Había protagonizado "Caligula 3" para el mismo Joe D´Amato (un evidente exploitation de la de Tinto Brass, donde ya coincidió con Soavi), y luego también saldría en el "Crímenes en portada" de Lamberto Bava. Pero su rol más extraño y atípico es el primero, haciendo de ángel "Ariel" para Derek Jarman en su epopeya arty-punk "Jubilee" (connotaciones de una carrera paralela en el teatro y otras artes más elevadas y respetadas).
Barbara Cupisti es la guapa "final girl" de rigor que has visto también en películas de algunos clásicos como Fulci ("El destripador de Nueva York", ¡su debut!), Argento ("Ópera"), o el fucking Lenzi ("La porte dell´inferno"), así como en "El engendro del diablo" y "Mi novia es un zombie" del mismo Soavi (a lo tonto él y la moza llevaban años coincidiendo en la pantalla, así que será verdad eso de que son o fueron pareja, apunte este que no he podido corroborar).
Sin embargo, el rostro más mítico de todo el film es el de un -habitualmente- sobreactuado Giovanni Lombardo Radice (alias John Morgen) haciendo de supergay. La fama a nivel fandom le llegó cuando Fulci decidió taladrarle la cabeza en "Miedo en la ciudad de los muertos vivientes" y Lenzi castrarlo para "Caníbal Feroz". Lo vi in person en su visita a un festival patrio, pero -paradójicamente- era más soso que una cocacola con solo cinco cucharadas de azúcar.
Terminamos este repasito con la fea Mary Sellers (sin vínculos con el inspector Clouseau) y que también mostraba su poca atractiva faz en el temible remake de "La máscara del demonio", cortesía de Bava hijo de... Mario, "Contamination .7" (de D´Amato) y "Ghost House", de -oootra vez- Umberto Lenzi currando para "Filmirage". Curiosamente esta costrosa peliculita que consumí en un cine porno justo cuando probaba suerte proyectando otra clase de productos menos grumosos (¡¡vamos, ni el puto "deuce" y sus cutre-cines!!), reciclaba el soundtrack completo de "Aquarius" que -como ya he señalado- está muy bien y tiene un peso importante en la película. Uno de sus tres responsables, probablemente el más reconocible, es Simon Boswell, inevitablemente ligado al universo de Dario Argento y que también ha puesto su talento al servicio de una ralea de films sin desperdicio: "Phenomena", "Demons 2", "Crímenes en portada", "Karate Kimura" (!), "Santa Sangre" (estupenda su partitura para este clásico de Alejandro Jodorowsky producido por el hermano de Dario), "Hardware, programado para matar" y "Dust Devil" (Richard Stanley siempre se ha declarado admirador del dire de "Suspiria"), "El señor de las ilusiones" (de Clive Barker) y, muy recientemente, "The Theatre Bizarre" (obviamente en el capítulo firmado por Stanley) y la horrenda e incomprensiblemente reputada "The ABCs of death".
¿Y qué le pasó a Michele Soavi después?, pues que Terry Gilliam vio "Aquarius" y le gustó tanto, que decidió ficharlo como director de segunda unidad en "Las aventuras del barón Munchausen". Contaba también Gilliam que el amigo dio bastantes problemas durante el rodaje a la hora de agenciarse más dinero del acordado por obra y gracia de cierto "grupo de presión" de poca recomendable casta. Con todo, Soavi declaraba en "L´Ecran Fantastique" que había decidido subirse al carro para vivir la experiencia y aprender. Movidas raras pero, al parecer, no tan graves porque años después Gilliam y el italiano volverían a encontrarse, repitiendo roles, en la espantoide "El secreto de los hermanos Grimm"... así que, nunca se sabe.
Luego llegaron "El engendro del diablo" y "La secta" (esta vez, sí, producidas por su querido Dario Argento, que metió bastante la mano en ambas) y la peli que le consagró, la bonita, curiosa, chorra y rara "Dellamorte Dellamore", subnormalmente titulada en España "Mi novia es un zombie" de la que Martin Scorsese posee una copia en su colección privada. Cuando parecía que Soavi iba a alcanzar la cima (le llegaban ya propuestas desde Hollywood, como dirigir la vomitosa "Abierto hasta el amanecer"), movidas de corte personal/familiar le retiraron del cine durante cinco largos años, truncando su prometedora carrera. Retomó la silla del director para la televisión italiana, donde dirigió algunos telefilms policíacos que ni he visto, ni me apetece ver. Hace poco leí que el muchacho tenía intención de regresar a la big screen y con una de terrores, pero habrá que ver qué pasa, porque los tiempos han cambiado mucho y tal vez su creatividad haya caducado. O no, veremos. De momento y hasta entonces, podremos gozar ad infinitum de este "Aquarius", clásico del terror moderno mundial que, como dicen los yankees, es "highly recomended". Sin duda alguna.
Seamos prácticos, visto hoy, el trabajo de gente como Lucio Fulci, Sergio Martino, Umberto -papanatas- Lenzi o, especialmente, Lamberto Bava, resulta bastante aburrido. O, mejor, totalmente mortecino. Sin embargo, "Aquarius" no solo mantiene el tipo, además logra algo casi imposible de encontrar en un producto ítaloparlante adscrito al género de mis amores: No aburre. Y no solo no aburre, ¡entretiene!. Eso sí que es un milagro. Dentro de tal elitista tendencia también cabe el amigo Dario Argento, especialmente en sus mejores tiempos. Y no es puta casualidad, pues los lazos entre el padre de "Inferno" y Michele Soavi, director debutante en "Aquarius", eran bien fuertes. De hecho, la gracia de esta película es que se erige casi como testamento de la era dorada del terror italiano post-Mario Bava por así decirlo, el de los 70 y, muy especialmente, los 80. Y lo firma el pupilo más aventajado posible, el amigo Soavi, en cuyo curriculum previo encontramos el famoso documental que dedicó a su maestro Argento con "Il mondo dell'orrore di Dario Argento" para quien, antes de currar como director, lo hizo como asistente y actor (en "Tenebre", "Phenomena" y "Ópera"). Pero Argento no fue el único, también dio lo suyo para Lamberto Bava en idénticas funciones ("Cuchillos en la oscuridad", "Demons", el remake de "La máscara el demonio" y "Blastfighter, la furia de la venganza", en la primera hacía de -si la memoria no me falla- asesino travesti y en la segunda era el tipo de la media-máscara que reparte propaganda del estreno del film diabólico en el metro). Su vinculación al horror italiano no se queda ahí, ya que Soavi ha ejercido exclusivamente de intérprete en films tan característicos como "Alien 2", "Miedo en la ciudad de los muertos vivientes" (la de Fulci, para quien también colaboró en "El destripador de Nueva York"), "El día del cobra" (de Enzo G. Castellari), "Los invasores del abismo" (de Ruggero Deodato) o "Il gatto nero" (de Luigi Cozzi -amigo de Víctor-). Y aunque curiosamente su nombre siempre va asociado al de Argento, en realidad otro para quien curró a destajo en sus inicios fue el no menos legendario Aristide Massaccesi, más conocido como Joe D´Amato. Michele fue actor, co-guionista no acreditado y asistente en títulos tan variados y demenciales como "Bronx lucha final", "2020 Los rangers de Texas", "Terror sin límite", "Calígula 2" o "Ator el poderoso". Tal vez por ello fue Massaccesi, y no Argento, el primero en producirle un largometraje comercial, es decir, este mismo "Aquarius" que Aristide apadrinó desde su flamante "Filmirage" y que, como guinda del pastel, cuenta con un guión original de Luigi Montefiori, más conocido como George Eastman, el caníbal de "Gomia, terror en el mar Egeo" (dirigida por D´Amato, of course), que pal caso se esconde tras el alias de Lew Cooper. Ahí es nada. Visto lo visto, está claro que solo Michele Soavi podía cerrar el círculo aplicando lo aprendido y, encima, tan bien (y americanizando su nombre a Michael, como debe ser).
Un puñado de actores hambrientos, y su director, ensayan desesperadamente un espectáculo teatral de danza moderna sobre un anónimo asesino. Todo pinta que va a ser un desastre. Esa noche, la prota de la función, aquejada de dolores en el tobillo, hace caso omiso al jefe y se marcha al hospital más cercano para que le venden la pupa. Su presencia motivará la huida de un peligrosísimo psicópata que se le cuela en el coche, se carga a la chica de guardarropía del teatro y desaparece. Llega la policía, registra el lugar, no encuentra nada y se marcha dejando únicamente dos agentes que de poco servirán (uno de ellos encarnado por el propio Soavi). El director decide aprovechar el suceso y convierte su obra en un inesperado biopic del psycho-killer visitante... así que, pa meterse caña con los ensayos, se encierra a si mismo y a los actores en el teatro, escondiendo la llave. Poco saben todos ellos que el homenajeado también ronda por allí, dispuesto a cargárselos y, para más inri, la primera persona a la que asesina es la única que sabe dónde está escondida la llave de la puerta principal. La noche que les espera será de órdago.
"Aquarius" fui a verla el día de su estreno, al cine. Lo recuerdo muy bien porque los Viernes por la tarde solía reunirme con los idiotas de mis ex compañeros de EGB para acudir a las películas. En aquella ocasión, elegí yo. Naturalmente entonces ya sabía mucho sobre la peli de marras gracias a mis queridas revistas francesas, aunque la reconocía más por el título que allí recibió, "Bloody Bird". Al entrar, un sensacionalista cartel que el mismo cine se había sacado de la manga, nos advertía que lo que íbamos a ver era muy fuerte porque resultaba "totalmente verosímil". Menuda chorrada!!. De hecho, y aunque lo pasamos muy bien durante el visionado, al terminar uno de mis "amigos" criticaba el desenlace del film aludiendo, justamente, a su falta de verosimilitud. En fin, jóvenes presuntuosos. A mi todo aquello me daba igual, me la sudaba, había disfrutado como un enanito y salí bien saciado, ya que por entonces lo que buscaba con desesperación en un film de horror era la más generosa y gráfica truculencia y, en ese sentido, "Aquarius" iba la mar de bien servida. ¡Qué tiempos aquellos en los que el cine de terror incluía gore valiente y gráfico, pero en sus justas dosis, sin caer en el exceso por el exceso, ni el humor, ni la estilización en busca de la aprobación de las élites políticamente correctas!, preocupándose más por ser "una de miedo con gore" que "una gore con miedo" o, peor, "una gore con gore" o, ya de pesadilla, "una gore con risas".
El caso es que, menos experimentado en estas lides, consideraba "Aquarius" una muestra moderna de "giallo". Bien cierto es que guarda algunas características propias de esa clase de cine, pero en realidad la obra de Michele Soavi encaja mucho mejor en la etiqueta de "slasher". ¿Una mezcla de lo mejor de ambos bandos?, pues sí, me parece bien. Por parte "slasher" tenemos a un asesino mudo e imparable ataviado con un uniforme negro y una máscara de lo más chanante. Esa cabeza de búho gigante es ya legendaria. Tenemos el grupo de jóvenes servidos para ser asesinados con las más variadas armas y los crímenes más impactantes y sangrientos, que incluyen cosas tan clásicas como hachas o una surrealista pero efectivísima sierra mecánica. Y tenemos el climax en el que la "final girl" y el malo se enfrentan cara a cara, así como la aparente invulnerabilidad del segundo. En el terreno del "giallo" encaja el mini-puzzle que resolver del final, el asesinato enfocado como todo un arte (los cadáveres de las víctimas reunidos es algo muy "slasher", pero no lo de presentarlos de forma tan artística) y, en general, la concepción elegante, bonita y estilizada que Soavi tiene del terror, algo directamente heredado de su amigo y vecino Dario y que destaca especialmente con la hipnótica y pomposa banda sonora, así como con esas plumas flotantes o los números musicales de la obra que ensayan los protagonistas (el sumum de lo cual viene cuando la que conoce la ubicación de la llave es asesinada brutalmente delante de todos, convencidos de que el agresor es el actor disfrazado. Ese es uno de los momentos más "giallo", más Argento, de la fiesta, a base de soundtrack orquestal e iluminación azulada).
Hace unas líneas hablaba de los asesinatos truculentos y salvajes. Déjenme volver a ello. En la época se consideraba "Aquarius" como una película "fuerte" y seguramente en 1987 sí encajaba en la etiqueta. No estábamos tan acostumbrados a ver de modo claro y sin disimulos cómo una sierra mecánica abría el estómago a un tipo, y aquí es algo que está bien presente y, además, rodado de modo muy efectivo, muy tétrico, con una linterna como única fuente de luz, el asesino con la máscara salpicada de sangre y la víctima, gritando agónicamente, rodeados de oscuridad y asentados sobre un Argentiano suelo inundado de agua. Brillante. En posteriores entrevistas Soavi decía que no se consideraba muy amigo del gore (¡ni del terror de los ochenta!, al que acusa de poco imaginativo), pero que aceptaba que un film de terror iba ligado a la muerte y la sangre, y que en cierto modo esta última era lógicamente inevitable. También comentaba que el presupuesto con el que contaron para "Aquarius" era mínimo, y que lo efectos especiales se resolvieron del modo más rudimentario. Hay una chica -embarazada!- que es partida por la mitad y cuando se revela su medio-cuerpo, nos damos cuenta que se trata de un auténtico maniquí al que han pegado unas tripas. No digo que cante hasta el extremo de resultar risible y chapucero, para nada, pero sí es verdad que el momento pasa fugazmente ante nuestros ojos evitando resultar demasiado evidente. Lo mismo que la decapitación del director de la obra de teatro. Pero que nadie se confunda, porque esa pobreza queda totalmente compensada por la inmensa capacidad de Michele Soavi, que se muestra como un cineasta de lo más talentoso a la hora de dotar de ritmo a su película, de sacar buen partido del montaje y, en fin, de jugar con el suspense. "Aquarius" es impactante y sangrienta, sí, pero también emocionante. Digamos que podríamos partirla en cuatro cachos. Arranque, masacre (donde mueren el 90% de los personajes secundarios, sin descanso), enfrentamiento y desenlace. El enfrentamiento es el segmento más delicado porque, casi sin diálogos, y a base de sonido e imagen, el director se centra en el puro suspense, cuando el psycho-killer tiende una trampa a la "final girl" que debe agenciarse la llave de la puerta sin que su agresor se de cuenta, aunque lo tenga a medio metro. Muy logrado momento de puro cine, que eclosiona con el inevitable bis a bis de la pareja, destacando el instante de él colgando del techo y deslizándose por un grueso cable hacia ella. De infarto.
Quizás uno de los puntos más flojillos de la película sean algunos de sus actores, ya sabemos que en la mayoría de las pelis de terror italianas suelen ser muy malos, ridículos. Aquí se salvan de la pura quema por los pelos, aunque queda sitio para algunas sobreactuaciones notables. Sin embargo, la mayor de todas ellas da el pego, porque se trata del director de la función teatral, un tipo ególatra, cruel y manipulador al que el rollo histriónico le va como anillo al dedo. De hecho, es uno de los personajes que más recuerdo dejan y para mi significó descubrir al actor que le da vida, David Brandon y sus notables orejones. Había protagonizado "Caligula 3" para el mismo Joe D´Amato (un evidente exploitation de la de Tinto Brass, donde ya coincidió con Soavi), y luego también saldría en el "Crímenes en portada" de Lamberto Bava. Pero su rol más extraño y atípico es el primero, haciendo de ángel "Ariel" para Derek Jarman en su epopeya arty-punk "Jubilee" (connotaciones de una carrera paralela en el teatro y otras artes más elevadas y respetadas).
Barbara Cupisti es la guapa "final girl" de rigor que has visto también en películas de algunos clásicos como Fulci ("El destripador de Nueva York", ¡su debut!), Argento ("Ópera"), o el fucking Lenzi ("La porte dell´inferno"), así como en "El engendro del diablo" y "Mi novia es un zombie" del mismo Soavi (a lo tonto él y la moza llevaban años coincidiendo en la pantalla, así que será verdad eso de que son o fueron pareja, apunte este que no he podido corroborar).
Sin embargo, el rostro más mítico de todo el film es el de un -habitualmente- sobreactuado Giovanni Lombardo Radice (alias John Morgen) haciendo de supergay. La fama a nivel fandom le llegó cuando Fulci decidió taladrarle la cabeza en "Miedo en la ciudad de los muertos vivientes" y Lenzi castrarlo para "Caníbal Feroz". Lo vi in person en su visita a un festival patrio, pero -paradójicamente- era más soso que una cocacola con solo cinco cucharadas de azúcar.
Terminamos este repasito con la fea Mary Sellers (sin vínculos con el inspector Clouseau) y que también mostraba su poca atractiva faz en el temible remake de "La máscara del demonio", cortesía de Bava hijo de... Mario, "Contamination .7" (de D´Amato) y "Ghost House", de -oootra vez- Umberto Lenzi currando para "Filmirage". Curiosamente esta costrosa peliculita que consumí en un cine porno justo cuando probaba suerte proyectando otra clase de productos menos grumosos (¡¡vamos, ni el puto "deuce" y sus cutre-cines!!), reciclaba el soundtrack completo de "Aquarius" que -como ya he señalado- está muy bien y tiene un peso importante en la película. Uno de sus tres responsables, probablemente el más reconocible, es Simon Boswell, inevitablemente ligado al universo de Dario Argento y que también ha puesto su talento al servicio de una ralea de films sin desperdicio: "Phenomena", "Demons 2", "Crímenes en portada", "Karate Kimura" (!), "Santa Sangre" (estupenda su partitura para este clásico de Alejandro Jodorowsky producido por el hermano de Dario), "Hardware, programado para matar" y "Dust Devil" (Richard Stanley siempre se ha declarado admirador del dire de "Suspiria"), "El señor de las ilusiones" (de Clive Barker) y, muy recientemente, "The Theatre Bizarre" (obviamente en el capítulo firmado por Stanley) y la horrenda e incomprensiblemente reputada "The ABCs of death".
¿Y qué le pasó a Michele Soavi después?, pues que Terry Gilliam vio "Aquarius" y le gustó tanto, que decidió ficharlo como director de segunda unidad en "Las aventuras del barón Munchausen". Contaba también Gilliam que el amigo dio bastantes problemas durante el rodaje a la hora de agenciarse más dinero del acordado por obra y gracia de cierto "grupo de presión" de poca recomendable casta. Con todo, Soavi declaraba en "L´Ecran Fantastique" que había decidido subirse al carro para vivir la experiencia y aprender. Movidas raras pero, al parecer, no tan graves porque años después Gilliam y el italiano volverían a encontrarse, repitiendo roles, en la espantoide "El secreto de los hermanos Grimm"... así que, nunca se sabe.
Luego llegaron "El engendro del diablo" y "La secta" (esta vez, sí, producidas por su querido Dario Argento, que metió bastante la mano en ambas) y la peli que le consagró, la bonita, curiosa, chorra y rara "Dellamorte Dellamore", subnormalmente titulada en España "Mi novia es un zombie" de la que Martin Scorsese posee una copia en su colección privada. Cuando parecía que Soavi iba a alcanzar la cima (le llegaban ya propuestas desde Hollywood, como dirigir la vomitosa "Abierto hasta el amanecer"), movidas de corte personal/familiar le retiraron del cine durante cinco largos años, truncando su prometedora carrera. Retomó la silla del director para la televisión italiana, donde dirigió algunos telefilms policíacos que ni he visto, ni me apetece ver. Hace poco leí que el muchacho tenía intención de regresar a la big screen y con una de terrores, pero habrá que ver qué pasa, porque los tiempos han cambiado mucho y tal vez su creatividad haya caducado. O no, veremos. De momento y hasta entonces, podremos gozar ad infinitum de este "Aquarius", clásico del terror moderno mundial que, como dicen los yankees, es "highly recomended". Sin duda alguna.
lunes, 20 de junio de 2011
EL CAZADOR DE SUEÑOS
Seguro que se saben la canción de memoria: El género del terror, y variantes, no cae bien... no cae bien entre críticos de los llamados “serios” y entre “artistas” de los llamados “reputados” (a menos que haya pasado casi una década del estreno, ahí tenemos muchas de las producciones de la “Hammer”, denostadas en su momento, admiradas hoy día). Los ejemplos son numerosos: Richard Donner decía que vendió el guión de “La Profecía” como un thriller porque de haberla calificado de “película de terror” ningún actor de los que salen en el reparto (en especial Gregory Peck) hubiera aceptado intervenir. Stanley Kubrick y Hitchcock fueron muy criticados cuando ambos se acercaron al género con sus respectivas “El Resplandor” y “Psicosis” (aún hoy hay quien no osa calificar esta última de peli de terror, hay críticos que hasta les duelen las encías cuando citan esa fea palabreja con tres erres) y ¿cuántas pelis de miedo hay en el mercado vendidas por sus realizadores como “críticas sociales, historias de amor, dramas familiares” en lugar de aceptar que son lo que son?. Y lo triste es que los mismos que no valoran el género, luego, cuando deciden implicarse en una película del estilo creyendo que serán capaces de hacerlo mejor porque en su infinita arrogancia se sienten superiores, les salen truños del tamaño de un portaviones y entonces se percatan de que todos esos artesanos a los que tanto desprecian, Carpenter, Romero, Craven, etc, después de todo puede que no sean tan terribles porque al menos a ellos las pelis de miedo les salen, cuanto menos -y de vez en cuando-, dignas. Lawrence Kasdan es uno de los mamones que se percató de ello tras estrenar esta abominación titulada “El Cazador de Sueños” basada en un libro del rey de la literatura de quita y pon, Stephen King.Kasdan, acostumbrado a dramas y producciones mainstream, seguramente asumió la dirección de esta película pensando que al pertenecer al género que pertenecía no podía tomársela en serio y de ahí la sensación de bufonada que desprende... si es humor intencionado, es patético (igual se creen que a los fans del género nos pueden dejar contentos con un par de pedos) y si no lo es, entonces el prestigioso Lawrence Kasdan está a la altura de Ed Wood (a quien suelen comparar injustamente con realizadores más modestos). Tanta historia con que si los personajes son humanos y trata de la amistad y la relación entre semejantes desde una óptica creíble y bla bla bla, para descubrir finalmente que “El Cazador de Sueños” es probablemente una de las peores películas del género que se ha producido en muchos muchos años (para que luego tilden de “la peor película de la historia del cine” a producciones de quinta división).
Yo, que soy un hombre muy paciente, me largué del cine a la mitad (y había pagado entrada) ante la sensación de que me estaban tomando por idiota dada mi condición de fan del género... si ustedes no la han visto y a pesar de mis advertencias les apetece, que les sea leve.
martes, 17 de junio de 2025
LA NOVENA CONFIGURACIÓN
Manda cojones la desfachatez de William Peter Blatty. El muy cretino iba a los cines a reírse de “Exorcista II (El Hereje)” y la ponía de vuelta y media. Y encima tuvo la jeta de decir que "La novena configuración", su debut como director en 1980, era la verdadera secuela de “El Exorcista”. Obviamente, todo eso se lo sacó de la manga, porque lo cierto es que “La novena configuración”, basada en la novela anterior a “El Exorcista” del propio Blatty, “Twinkle, Twinkle Killer Kane!” (título con el que también se conoce a la película en algunos países), se ambienta en el mismo universo de “El exorcista” con pequeñas e imperceptibles conexiones que, a no ser que vivas obsesionado con la película de William Friedkin, tampoco localizarás. Y es tan mala que hace parecer a la secuela perpetrada por John Boorman una obra maestra. De ahí la desfachatez del escritor/director. Pero al margen de los lazos que la unen con “El Exorcista” o las posibles rabietas que en un momento dado se pudiera llevar Blatty, lo primero que me llama la atención de "La novena configuración" es que, si bien técnicamente estamos ante una película verdaderamente competente, por todo lo demás es verdaderamente chapucera y bobalicona, resuelta con un planteamiento excesivamente largo (una hora completa de metraje) y un nudo y desenlace que ocurren en un santiamén.
Y le pasa como a “The Room”, que es tan estúpida e inenarrable que, a posteriori, Blatty divulgó que en realidad se trataba de una comedia de humor negro, así como lo había sido la novela previa en la que se inspira (y que por lo que fuera escribió y reeditó dos veces). Mis cojones.
Entonces tenemos una especie de hospital psiquiátrico para soldados con problemas mentales. Lo que sucede es que las autoridades se están planteando si esos problemas mentales son reales o si los soldados se los inventan para irse (o no combatir) en la guerra de Vietnam. De este modo, llega al lugar un psiquiatra militar que los irá entrevistando para delimitar quién miente y quién no. También acabará cubriendo necesidades de los locos en torno a sus excentricidades. Al mismo tiempo, tendremos una violenta banda de moteros que la liarán parda, un impactante giro final y muchas, muchas, muchas conversaciones, eternas, sobre el bien y el mal o la existencia de dios y el diablo. Además de chistes de vodevil, violencia descarnada que no viene muy a cuento y hasta unas pequeñas dosis de surrealismo.
Viéndola, da la sensación de que Blatty, ante la imposibilidad de William Friedkin a realizar este guion, se tomó la dirección de su primera película con la finalidad de convertirse en una especie de nuevo Stanley Kubrick (toda esa secuencia del hombre en la luna ante la presencia de un cristo crucificado...), pero es obvio que el hombre no llega y, lejos de salirle una obra maestra, le sale esta patochada.
Ahora, como Blatty no quería trabajar con "Warner Brothers" porque le debían dinero, ofreció el proyecto de “La novena configuración” a "Universal" y "Columbia", que algo raro verían cuando ambas decidieron descartar la posibilidad y apostar sus dineros en otras producciones. Así que el futuro cineasta puso unos milloncejos de su bolsillo, además de convencer a "Pepsi" para añadir otro par, siempre y cuando, por motivos que tenían que ver con la burocracia y economía de la marca de refrescos, el film se rodase en Hungría.
Posteriormente, el karma castigó a Blatty, porque, para su estreno, cedió los derechos de distribución a "United Film Distribution" que, muy sabiamente, los vendió a "Warner Brothers" quienes la distribuyeron de aquella manera. Los resultados económicos fueron tan pobres durante la apertura que, finalmente, "Warner" le dijo a Blatty: “Toma chaval, aquí tienes tu película y haz con ella lo que quieras”. Así que cineasta / escritor, todavía con mucha fe, se tomó un tiempo para retocarla y pasó a formar parte del catálogo de la "New World" de Roger Corman, quien la relanzaría en 1985 con resultados similares.
El paso de los años, los distintos estrenos y ediciones videográficas, han convertido esta película en una de culto, máxime si tenemos en cuenta que, para cada movimiento de distribución hay una versión distinta. Es por eso que, a lo largo y ancho del globo, existen una ensalada de cortes de “La novena configuración” (o “Tinkle, Twinkle Killer Kane!”, lo que prefieran), por lo que es muy difícil saber a ciencia cierta cual es la que dio por buena el director —aunque probablemente ni él mismo lo supiera—. Una de ellas con un póster bastante llamativo, porque sin ningún tipo de coherencia utiliza a uno de los moteros que aparecen en una de las escenas para efectuar una especie de plagio del póster de “La naranja mecánica”, motivo este que me deja aún más claro que Blatty pretendía ser una suerte de Kubrick.
Como fuere, se trata de una de las películas más chapuceras y demenciales que he tenido la suerte de ver, además, también, una de las más aburridas, y solo por eso yo creo que ya es digna de consideración. Pero, madre de dios, que dos horas más infernales…
En el reparto tenemos auténticos pepinos completamente desatados y mal dirigidos: Stacy Keach, Robert Loggia, Jason Miller, Tom Atkins, Joe Spinell, Richard Lynch…
William Peter Blatty, que toda su vida a defendido la calidad de su película y su puesto como auténtica secuela de “El Exorcista”, diez años después aprendería a dirigir y lo pondría en práctica con “El Exorcista III” que, paradójicamente y visto lo visto, está muy bien.
Y le pasa como a “The Room”, que es tan estúpida e inenarrable que, a posteriori, Blatty divulgó que en realidad se trataba de una comedia de humor negro, así como lo había sido la novela previa en la que se inspira (y que por lo que fuera escribió y reeditó dos veces). Mis cojones.
Entonces tenemos una especie de hospital psiquiátrico para soldados con problemas mentales. Lo que sucede es que las autoridades se están planteando si esos problemas mentales son reales o si los soldados se los inventan para irse (o no combatir) en la guerra de Vietnam. De este modo, llega al lugar un psiquiatra militar que los irá entrevistando para delimitar quién miente y quién no. También acabará cubriendo necesidades de los locos en torno a sus excentricidades. Al mismo tiempo, tendremos una violenta banda de moteros que la liarán parda, un impactante giro final y muchas, muchas, muchas conversaciones, eternas, sobre el bien y el mal o la existencia de dios y el diablo. Además de chistes de vodevil, violencia descarnada que no viene muy a cuento y hasta unas pequeñas dosis de surrealismo.
Viéndola, da la sensación de que Blatty, ante la imposibilidad de William Friedkin a realizar este guion, se tomó la dirección de su primera película con la finalidad de convertirse en una especie de nuevo Stanley Kubrick (toda esa secuencia del hombre en la luna ante la presencia de un cristo crucificado...), pero es obvio que el hombre no llega y, lejos de salirle una obra maestra, le sale esta patochada.
Ahora, como Blatty no quería trabajar con "Warner Brothers" porque le debían dinero, ofreció el proyecto de “La novena configuración” a "Universal" y "Columbia", que algo raro verían cuando ambas decidieron descartar la posibilidad y apostar sus dineros en otras producciones. Así que el futuro cineasta puso unos milloncejos de su bolsillo, además de convencer a "Pepsi" para añadir otro par, siempre y cuando, por motivos que tenían que ver con la burocracia y economía de la marca de refrescos, el film se rodase en Hungría.
Posteriormente, el karma castigó a Blatty, porque, para su estreno, cedió los derechos de distribución a "United Film Distribution" que, muy sabiamente, los vendió a "Warner Brothers" quienes la distribuyeron de aquella manera. Los resultados económicos fueron tan pobres durante la apertura que, finalmente, "Warner" le dijo a Blatty: “Toma chaval, aquí tienes tu película y haz con ella lo que quieras”. Así que cineasta / escritor, todavía con mucha fe, se tomó un tiempo para retocarla y pasó a formar parte del catálogo de la "New World" de Roger Corman, quien la relanzaría en 1985 con resultados similares.
El paso de los años, los distintos estrenos y ediciones videográficas, han convertido esta película en una de culto, máxime si tenemos en cuenta que, para cada movimiento de distribución hay una versión distinta. Es por eso que, a lo largo y ancho del globo, existen una ensalada de cortes de “La novena configuración” (o “Tinkle, Twinkle Killer Kane!”, lo que prefieran), por lo que es muy difícil saber a ciencia cierta cual es la que dio por buena el director —aunque probablemente ni él mismo lo supiera—. Una de ellas con un póster bastante llamativo, porque sin ningún tipo de coherencia utiliza a uno de los moteros que aparecen en una de las escenas para efectuar una especie de plagio del póster de “La naranja mecánica”, motivo este que me deja aún más claro que Blatty pretendía ser una suerte de Kubrick.
Como fuere, se trata de una de las películas más chapuceras y demenciales que he tenido la suerte de ver, además, también, una de las más aburridas, y solo por eso yo creo que ya es digna de consideración. Pero, madre de dios, que dos horas más infernales…
En el reparto tenemos auténticos pepinos completamente desatados y mal dirigidos: Stacy Keach, Robert Loggia, Jason Miller, Tom Atkins, Joe Spinell, Richard Lynch…
William Peter Blatty, que toda su vida a defendido la calidad de su película y su puesto como auténtica secuela de “El Exorcista”, diez años después aprendería a dirigir y lo pondría en práctica con “El Exorcista III” que, paradójicamente y visto lo visto, está muy bien.
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