Puede que muchos recuerden a Olaf Ittenbach por sus contribuciones a lo que en los 90 se dio por llamar ultra-gore Alemán, o dicho de otro modo, vídeos caseros cuyo único mérito, y punto de interés, era su desmedida fijación por explotar la sangre y las tripas, incluso sobrepasando la línea de lo "normal". Francamente, siempre consideré que era una ful, el gore me mola como parte de una trama, pero como único motivo, no, porque por lo general sus responsables demuestran mínimo interés en el resto de lo que hacen, y aburren hasta las cabras. De toda esa legión destacó por méritos propios el Sr.Olaf, quien parecía tener algo más de capacidad que el resto de sus compañeros de generación (Jörg Buttgereit no cuenta, era demasiado pedante, y Andreas Schnaas fue, y sigue siendo, uno de los realizadores más incapaces de la historia del género... pero no me pregunten por el resto de la lista). La prueba la tenemos en que, con los años, el muchacho ha acabado integrado, si no en el horror mainstream, desde luego en algo muy parecido, facturando producciones que, aunque explotan el gore y la crueldad, están bien lejos de los tiempos excesivos de "Black Past" o "Burning Moon".
"Dard Divorce" cuenta la retorcida historia de un tipo divorciado que aprovecha una situación delicada en la que se mete (robar farla y dinero a unos traficantes) para putear a la mujer que lo despechó (Martina Ittenbach, esposa del dire y actriz horrible). O eso es lo que yo he entendido, porque o soy muy lerdo (lo que es posible, ya que al cine voy a que me entretengan, no a pensar) o Ittenbach quiere meterse tantas medallas con el guión, que al final se pierde.
Hay quien creerá que cuando Eli Roth hizo "Hostel", se limitó a "robar" lo que algunos de los realizadores ultra-gore germanos habían hecho previamente en formatos caseros y desde la más radical "independencia", es decir, mostrar las más atroces torturas por el placer de hacerlo (lo que no es para nada fiel a la verdad, a fin de cuentas Ittenbach, Schnaas y los otros mangaron del gore italiano y el exploitation de los 70 en general), sin embargo, ahora se da la vuelta a la tortilla y es el mismo Olaf quien se inspira muy mucho en la ya algo decadente moda del "torture porn", metiendo en la confusa trama toda suerte de castigos corporales, pero que, y eso sí que me sorprende, se quedan bastante lejos de lo que pudimos ver en los dos "Hostels" (de hecho, incluso le roba la estética de los posters y, como esos, miente)... vamos, que quien no haya visto nunca un film de estos, flipará, pero quien conozca las obras primerizas del realizador Alemán, se decepcionará por el tono light (para su nivel) y de hecho, se aburrirá como una ostra. No es la peor peli del colega (nada supera a la negación de "Premutos"), pero tampoco te metas prisa en alquilarla (o descargarla, malandrín).
¡Ah si!, y como comentaba Víctor, además Ittenbach se permite el dudoso lujo de imitar a un imitador, Tarantino. A fin de cuentas, lo mejor de la peli (el asesino implacable que, contra todo pronóstico, cae bajo las zarpas de su presa) ya lo vimos en "Amor a quemarropa".
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jueves, 19 de junio de 2008
jueves, 21 de abril de 2011
AMSTERDAMNED: MISTERIO EN LOS CANALES
Hay directores a los que el sentido del humor les traiciona. Tal vez porque lo tengan mal desarrollado o, directamente, no dispongan de el. El germano Olaf Ittenbach es uno. El otro se llama Dick Maas, y durante unos años fue el niño mimado del cine Holandés. Algo así como Luc Besson. Alguien con una mirada puesta en el mercado mundial y que facturaba un cine para todos, en el que primaban los ingredientes habituales de cualquier producto Hollywoodiense, pero con un distinguido -y sutil- toque eminentemente Europeo. Maas sorprendió a todos con "El Ascensor" y volvió a dar en la diana con el film que ahora comentamos, "Amsterdamned: misterio en los canales".Bien, ¿y todo eso del sentido del humor, a qué viene?, viene a que siempre ha sido el punto flaco del realizador en cuestión y al final, a mi parecer, destruyó su carrera. Maas comenzó con una comedia de la que pocos saben algo ("Rigor Mortis"), no fue hasta su siguiente film, el de "El Ascensor", que logró destacar. Supongo que, feliz por su éxito, decidió lanzarse con otra comedia, a sabiendas de que ahora, más famoso y respetado, podría llegar a una mayor audiencia, e hizo "Una familia tronada"... que sí, que funcionó (aún recuerdo cómo en nuestras tierras la revista "El Jueves" le dio un bombo exagerado), pero quitando el descubrimiento de la apetitosa Tatjana Simic (yum!!), en realidad era de lo más mediocre. Antes de cagarla del todo, Maas parió este "Amsterdamned", que está bastante bien... aunque sus peores momentos son, obvio, los humorísticos. Y a partir de ahí todo fue cuesta abajo, rodó la segunda parte de "La familia tronada" en los USA (su gran oportunidad, desperdiciada), yo fui a verla al cine y todo, y creo recordar que no me gustó nada. Pero no importaba, las pelis de la dichosa familia en Holanda deberían dar guita, así que el amigo Dick hizo la tercera parte (incluso hubo una serie televisiva basada en los mismos personajes!, por dios, que obsesión).
En fin, que sí, que entre medias metió mano en la serie del joven Indiana Jones y rodó con William Hurt "Presa del pánico", que resultó una ñorda notable por culpa de... ¿lo adivinan?, los toques de humor. Da igual, hacía tiempo que su carrera andaba sepultada y desde entonces Maas navega en la mediocridad. En el caso de Olaf Ittenbach no importa, porque siempre ha sido un realizador pésimo (menos que su insufrible colega Andreas Schnaas, eso sí)... pero lo del Holandés es muy triste, porque el tío tenía madera.
A pesar de lo que digan algunos por ahí, "Amsterdamned: misterio en los canales", NO es un slasher. Es un thriller de misterio... con gotas de terror y que, aunque tópico en su esencia, es su empaque original lo que lo hace diferente. Está situado, lógico, en Amsterdam (¡que gran título, por cierto!) y narra las hazañas de un asesino-buzo que se mueve por los canales y asesina a gente inocente. El policía de turno de look chanante e interpretado por el simpático -y habitual de Maas- Huub Stapel, hace todo lo que puede para cazarlo, pero el tipo logra escapar siempre de sus garras y cargarse a otro.
"Amsterdamned" no es una peli redonda, ni mucho menos... falla en algunos aspectos (humor aparte), por ejemplo, el final es excesivamente largo, parece que no sepan cuando terminar, y el personaje de la hija de Stapel no aporta nada... sobra y resulta algo irritante. Sin embargo, la salvan un montón de pequeños buenos momentos (dejado a un lado la idea de base): la espectacular persecución de lanchas, el aspecto del asesino y sus motivaciones, algunos crímenes (ese cuchillo corta-entrepiernas asomando por el plástico de la colchoneta!) y sus resultados (el cadáver colgando del puente y que deja un reguero de sangre al deslizarse por el techo de una embarcación llena de niños chillones).
Todo ello hace de "Amsterdamned: misterio en los canales" una cosica pequeña y agradable que, aunque sin mucho ruido, se deja ver y hasta resulta entrañable.
sábado, 28 de junio de 2014
DAS DEUTSCHE KETTENSÄGEN MASSAKER
En la lerda España de los 90 existía una costumbre entre el fandom, surgido a raíz del aborrecible "boom" del gore y demás, que consistía en interesarse por cualquier tipo de película, siempre y cuando sus fotogramas viniesen bien repletitos de sangre e higadillos. No importaba que fuera terror, comedia, drama, cine experimental o arte y ensayo. Si llevaba gore, molaba. Naturalmente todo se quedaba ahí, lo demás, cualquier otra cualidad, les importaba un huevo. Por un lado eso estaba muy bien, pero por otro muy mal. Buenos títulos quedaban totalmente desvirtuados. Y se puso en el pedestal a directores que no lo merecían. Elementos que hacían sus películas pretenciosas e intelectualoides cargadas de imágenes tan chocantes como gráficas y, en un notorio alarde de poca honestidad, evitaban reconocer y aceptar que su popularidad se debía a ello. Soñaban con que el mérito perteneciera al contenido "serio y profundo". Si, ya, mis cojones.
El caso expuesto se triplicaba si añadíamos una característica más a la ecuación, que el producto viniese de las germanias. Eran tiempos en los que el llamado ultra-gore Alemán se lo comía todo, y si en un bando teníamos a los anticristos del buen cine como eran (y son) Andreas Schnaas y Olaf Ittenbach, por otro estaban aquellos con más pretensiones artísticas, como Jörg Buttgereit, a los que les jodía que les metieran en el mismo saco que "Violent Shit" o "Black Past", pero tampoco hacían nada para evitarlo porque, en fin, ¿a quién le disgusta tener fama y aceptación aunque sea equivocada?. Siempre me sorprendió que el gore-fan medio opinara favorablemente de algo tan arty y pomposo como "Der Todesking". Que sí, que tenía una escena de castración, aunque solo duraba unos minutos y era el único material realmente explícito de toda la función. Incluso los hubo que, viniendo de esferas más artísticas, ajenas al cine y al gore, se subían al carro intentando sacar provecho, rodando sus propias películas sangrantes que eran abrazadas con pasión y entusiasmo por el mismo público que, en pose contra-cultural, abominaba de todo lo que oliera a arte. Así de pavo era el deglutidor medio, que aceptaba de buen grado que le tomaran por imbécil siempre y cuando le llenaran la boca de tripas, chicha y líquido rojo.
Uno de esos "auteurs" bendecidos/perjudicados por tan estúpida e irritante moda fue el -¡¡oh, sorpresa!!- alemán Christoph Schlingensief.
Proveniente del mundo del teatro y las performances, el amigo Schlingensief se había forjado una fama de provocador y "enfant terrible" que arrastraba a todos los festivales a los que acudía con sus mediometrajes de factura tosca, cruda y feista rodados en 16mm y que casi siempre eran recibidos entre el amor y el odio por unas escandalizadas plateas. Cineasta desde chavalín, y propietario de esos curriculums tan fascinantes en el folio pero tan temibles a la práctica (poseía una película únicamente compuesta a base de tomas falsas de otra previa), era tan fan del cine más prestigioso (el inevitable Fassbinder), como del "exploitation". Dio en la diana el día -de 1990- que se le ocurrió remakear a su manera "La matanza de Texas". Más que un remake se trataba de una parodia, pero no una cualquiera, ni mucho menos, una que servía como mera excusa para aquello que suelen hacer los artistas provocativos, soltar un discurso político en forma de sátira, en este caso sobre la reunificación de las Alemanias.
Una chica rubia de lo más guapa mata a su marido (en realidad una de las actrices que veremos más adelante, conscientemente mal caracterizada de hombre) y huye. Cruza la frontera hacia el oeste con el fin de encontrarse con el salido de su amante. Juntos, y tras un intento de violación, son atacados por una bizarra familia de tarados cuya especialidad consiste en matar a los visitantes del otro lado de la frontera y convertirlos en salchichas. Se llevan a la chica, pero esta se enamora de uno de los integrantes de la familia, que le corresponde y... bueno, aquí ya la cosa se desmadra tantísimo que seguir contando la no-trama carecería de tanto sentido como ella misma.
En el lado bueno tenemos, inevitablemente, el look de los 16mm, la cámara en mano, esa iluminación a base de tambaleante focazo directo a los actores, los efectos especiales consciente y voluntariamente toscos, caseros y bien lejos de todo lo que signifique técnica (dicho de otro modo, si la sierra corta un brazo, nos meten un jamón sin disimular lo más mínimo que se trata de eso, un jamón... cosa que me parece adorable, pero que desde buen principio alienará a todo gore-fan acostumbrado a los Tom Savini de rigor), los escenarios donde se desarrolla todo (casi siempre una vieja fábrica abandonada), el delirio y el caos, las ideas absurdas y surrealistas (como ese cuerpo partido por la mitad que canta o ese otro al que, por mucho que atraviesen con la sierra una y otra vez, nunca fallece), los diálogos y las acciones sin sentido (la especialidad de Schlingensief son las interpretaciones histéricas a base de berridos disonantes) y, rizando el rizo, el final: un actor se cansa de aullar y, consciente de que ha terminado su "speech", mira a cámara con mueca de agobio buscando el "corten". Que el director deje ese plano del careto antes de que salgan los créditos me parece brutal.
Peeero, y a pesar de lo expuesto, algo malo pasa con "Das deutsche Kettensägen Massaker" (traducible a "La matanza Alemana de la sierra mecánica"). Tiene todos los ingredientes estéticos y plásticos para fliparme, incluso el hecho de que sea tan cortita (63 maravillosos minutos), pero en cambio no me fascinó, ni me alucinó, ni me dejó con la boca abierta. Más bien me aburrió y me pareció una soberana tontería. Creo que se debe a que todo aquello que juguetea con cuestiones políticas me suele crear rechazo y antipatía. Estás utilizando lápices de colores y trazos infantiles para sermonear sobre algo tan aburrido, complicado, subjetivo y "de mayores" como la política. Tio, no mola. Tal vez necesite verla más veces para que despierte en mi el entusiasmo. I don´t know.
Las copias ilegales y en versión original (es decir, Alemán puro... ¿a quién le importaba entender los diálogos siempre y cuando hubiese sangre a porrillo?) de "Das deutsche Kettensägen Massaker" corrieron de mano en mano entre el fandom (la que he visto yo llevaba subtítulos en inglés, y eso lo pillo bien). Y, claro, pasa lo que pasa, a Christoph Schlingensief nadie le hacía ni puto caso -fuera de las corrientes artys- hasta que jugó con un clásico del terror. Así pues, ganado un nuevo sector del público, quiso repetir la jugada con otra movida más o menos parecida de gráfico -y molón- título, "Terror 2000", pero esta vez no coló y ningún gore-fan más volvió a interesarse por lo que tuviese que decir y filmar el tipo ese del apellido raro.
El rostro del reparto que más destaca en esta "matanza Alemana de la sierra mecánica" es el del famoso y carismático Udo Kier, actor por el que siento especial simpatía, amigo de Schlingensief (actuó en varias de sus películas) y que, pal caso, se marca tal vez la mejor escena, interpretando (si no contamos su breve aparición como Hitler fantasmagórico, referencia a un trabajo previo del actor con el mismo director) al benjamín de la familia caníbal en un alarde de locura e histrionismo sin igual. Eva-Maria Kurz es la que se marca el doble papel tío/tía y en su filmografía encontramos roles en películas de otro "enfant terrible" del cine Alemán, Rosa von Praunheim, y en ¡¡ups!! dos obras de Jörg Buttgereit, "Der Todesking" y "Nekromantik 2". Todo queda en casa. Por lo demás, sé que Christoph Schlingensief solía currar con actores de la cantera Fassbinder, pero así a simple vista no reconozco ninguno, ni me apetece ponerme a investigar, oiga, ¡que no cobro por hacer esto!.
Pasada la tormenta, Schlingensief siguió rodando sus excéntricas películas, fiel a su manera de entender el séptimo arte pero cambiando el celuloide por vídeo... perdón, por digital. Desafortunadamente, abandonó nuestra dimensión el año 2010 por culpa del cáncer y con tan solo 49 tacos.
En cuanto a "Das deutsche Kettensägen Massaker"... pues no sé muy bien qué decir, de momento dejémoslo en curiosa. Dentro de unos años tal vez lo intente de nuevo y, en fin, veremos qué pasa entonces.
El caso expuesto se triplicaba si añadíamos una característica más a la ecuación, que el producto viniese de las germanias. Eran tiempos en los que el llamado ultra-gore Alemán se lo comía todo, y si en un bando teníamos a los anticristos del buen cine como eran (y son) Andreas Schnaas y Olaf Ittenbach, por otro estaban aquellos con más pretensiones artísticas, como Jörg Buttgereit, a los que les jodía que les metieran en el mismo saco que "Violent Shit" o "Black Past", pero tampoco hacían nada para evitarlo porque, en fin, ¿a quién le disgusta tener fama y aceptación aunque sea equivocada?. Siempre me sorprendió que el gore-fan medio opinara favorablemente de algo tan arty y pomposo como "Der Todesking". Que sí, que tenía una escena de castración, aunque solo duraba unos minutos y era el único material realmente explícito de toda la función. Incluso los hubo que, viniendo de esferas más artísticas, ajenas al cine y al gore, se subían al carro intentando sacar provecho, rodando sus propias películas sangrantes que eran abrazadas con pasión y entusiasmo por el mismo público que, en pose contra-cultural, abominaba de todo lo que oliera a arte. Así de pavo era el deglutidor medio, que aceptaba de buen grado que le tomaran por imbécil siempre y cuando le llenaran la boca de tripas, chicha y líquido rojo.
Uno de esos "auteurs" bendecidos/perjudicados por tan estúpida e irritante moda fue el -¡¡oh, sorpresa!!- alemán Christoph Schlingensief.
Proveniente del mundo del teatro y las performances, el amigo Schlingensief se había forjado una fama de provocador y "enfant terrible" que arrastraba a todos los festivales a los que acudía con sus mediometrajes de factura tosca, cruda y feista rodados en 16mm y que casi siempre eran recibidos entre el amor y el odio por unas escandalizadas plateas. Cineasta desde chavalín, y propietario de esos curriculums tan fascinantes en el folio pero tan temibles a la práctica (poseía una película únicamente compuesta a base de tomas falsas de otra previa), era tan fan del cine más prestigioso (el inevitable Fassbinder), como del "exploitation". Dio en la diana el día -de 1990- que se le ocurrió remakear a su manera "La matanza de Texas". Más que un remake se trataba de una parodia, pero no una cualquiera, ni mucho menos, una que servía como mera excusa para aquello que suelen hacer los artistas provocativos, soltar un discurso político en forma de sátira, en este caso sobre la reunificación de las Alemanias.
Una chica rubia de lo más guapa mata a su marido (en realidad una de las actrices que veremos más adelante, conscientemente mal caracterizada de hombre) y huye. Cruza la frontera hacia el oeste con el fin de encontrarse con el salido de su amante. Juntos, y tras un intento de violación, son atacados por una bizarra familia de tarados cuya especialidad consiste en matar a los visitantes del otro lado de la frontera y convertirlos en salchichas. Se llevan a la chica, pero esta se enamora de uno de los integrantes de la familia, que le corresponde y... bueno, aquí ya la cosa se desmadra tantísimo que seguir contando la no-trama carecería de tanto sentido como ella misma.
En el lado bueno tenemos, inevitablemente, el look de los 16mm, la cámara en mano, esa iluminación a base de tambaleante focazo directo a los actores, los efectos especiales consciente y voluntariamente toscos, caseros y bien lejos de todo lo que signifique técnica (dicho de otro modo, si la sierra corta un brazo, nos meten un jamón sin disimular lo más mínimo que se trata de eso, un jamón... cosa que me parece adorable, pero que desde buen principio alienará a todo gore-fan acostumbrado a los Tom Savini de rigor), los escenarios donde se desarrolla todo (casi siempre una vieja fábrica abandonada), el delirio y el caos, las ideas absurdas y surrealistas (como ese cuerpo partido por la mitad que canta o ese otro al que, por mucho que atraviesen con la sierra una y otra vez, nunca fallece), los diálogos y las acciones sin sentido (la especialidad de Schlingensief son las interpretaciones histéricas a base de berridos disonantes) y, rizando el rizo, el final: un actor se cansa de aullar y, consciente de que ha terminado su "speech", mira a cámara con mueca de agobio buscando el "corten". Que el director deje ese plano del careto antes de que salgan los créditos me parece brutal.
Peeero, y a pesar de lo expuesto, algo malo pasa con "Das deutsche Kettensägen Massaker" (traducible a "La matanza Alemana de la sierra mecánica"). Tiene todos los ingredientes estéticos y plásticos para fliparme, incluso el hecho de que sea tan cortita (63 maravillosos minutos), pero en cambio no me fascinó, ni me alucinó, ni me dejó con la boca abierta. Más bien me aburrió y me pareció una soberana tontería. Creo que se debe a que todo aquello que juguetea con cuestiones políticas me suele crear rechazo y antipatía. Estás utilizando lápices de colores y trazos infantiles para sermonear sobre algo tan aburrido, complicado, subjetivo y "de mayores" como la política. Tio, no mola. Tal vez necesite verla más veces para que despierte en mi el entusiasmo. I don´t know.
Las copias ilegales y en versión original (es decir, Alemán puro... ¿a quién le importaba entender los diálogos siempre y cuando hubiese sangre a porrillo?) de "Das deutsche Kettensägen Massaker" corrieron de mano en mano entre el fandom (la que he visto yo llevaba subtítulos en inglés, y eso lo pillo bien). Y, claro, pasa lo que pasa, a Christoph Schlingensief nadie le hacía ni puto caso -fuera de las corrientes artys- hasta que jugó con un clásico del terror. Así pues, ganado un nuevo sector del público, quiso repetir la jugada con otra movida más o menos parecida de gráfico -y molón- título, "Terror 2000", pero esta vez no coló y ningún gore-fan más volvió a interesarse por lo que tuviese que decir y filmar el tipo ese del apellido raro.
El rostro del reparto que más destaca en esta "matanza Alemana de la sierra mecánica" es el del famoso y carismático Udo Kier, actor por el que siento especial simpatía, amigo de Schlingensief (actuó en varias de sus películas) y que, pal caso, se marca tal vez la mejor escena, interpretando (si no contamos su breve aparición como Hitler fantasmagórico, referencia a un trabajo previo del actor con el mismo director) al benjamín de la familia caníbal en un alarde de locura e histrionismo sin igual. Eva-Maria Kurz es la que se marca el doble papel tío/tía y en su filmografía encontramos roles en películas de otro "enfant terrible" del cine Alemán, Rosa von Praunheim, y en ¡¡ups!! dos obras de Jörg Buttgereit, "Der Todesking" y "Nekromantik 2". Todo queda en casa. Por lo demás, sé que Christoph Schlingensief solía currar con actores de la cantera Fassbinder, pero así a simple vista no reconozco ninguno, ni me apetece ponerme a investigar, oiga, ¡que no cobro por hacer esto!.
Pasada la tormenta, Schlingensief siguió rodando sus excéntricas películas, fiel a su manera de entender el séptimo arte pero cambiando el celuloide por vídeo... perdón, por digital. Desafortunadamente, abandonó nuestra dimensión el año 2010 por culpa del cáncer y con tan solo 49 tacos.
En cuanto a "Das deutsche Kettensägen Massaker"... pues no sé muy bien qué decir, de momento dejémoslo en curiosa. Dentro de unos años tal vez lo intente de nuevo y, en fin, veremos qué pasa entonces.
jueves, 12 de abril de 2012
DDT
Que Suehiro Maruo es un perturbado mental ya me había quedado claro al leer anteriores obras suyas (1, 2 y 3), o al menos esa era la sensación que sentía al adentrarme en su mundo. Ahora, tras haber leído varios tomos suyos, ya estoy curado de espanto, y con este DDT, empiezo a pensar que Maruo es un tipo muy listo que supo ver un hueco en la industria editorial manga, donde podía hacer dinero y ser reconocido como autor. Me refiero al ultragore. Si, estoy poniendo al mangaka a la altura de Olaf Ittenbach, o mas bien al revés, o no, o si, o todo lo contrario. La cuestión es que los dos son referentes en su campo, que sea un campo que puede gustarnos mas o menos, es otra cosa. En el caso del cine, una película del alemán puedo aguantarla, dos seguidas ya no, me acabo aburriendo, con el nipón no me pasa lo mismo. Aunque es cierto que son dos artes completamente distintas, con distintos "tempos", distintas narrativas etc... y aun así son "la misma mierda" (que degusto con placer)
DDT es una colección de historias cortas, paginas sueltas de dibujos aberrantes, o incluso un crucigrama y hasta una supuesta autobiografía. El álbum empieza con esa biografía en la que con sus habituales dibujos sadomasoquistas ultragores, nos cuenta varios momentos de su vida. Por ejemplo en una viñeta se ve un hombre violando a una mujer con medio rostro desfigurado, arriba pone, "La solterona y el monje loco. No! Es una foto de papa y mama antes de que yo naciera" En otra pagina hace un dibujo de un samurai luchando contra otros hombres y nos indica que es Zatoichi y que es su ídolo. En la misma pagina (solo dos viñetas) aparecen muchos nombres de actores y mangakas como Osamu Tezuka, Rampo Edokawa, Marlene Dietrich, Bela Lugosi, Arthur Rimbaud o Fuefuki Douji, y comenta que les tiene en su corazón a todos ellos. También hace una viñeta en la que a modo de metáfora explica su paso por la adolescencia siendo un joven raro con alas de murciélago.
La siguiente historia que viene, puede que sea la mas normalita y con menos sangre de lo habitual, pero tiene una peculariedad, y es que no termina y su ultima viñeta acaba en medio de una frase, algo así como el final de los Soprano, pero aquí es mas sangrante aun porque es justo cuando el joven protagonista va a confesar a quien acaba de matar (aunque al leerlo sabes a quien ha sido) El resto son ya mas típicas del autor, historias de violaciones, de freaks (de los de verdad) de coprófagos que viven en un baño publico, de locas de remate que le sacan el ojo a su novio muerto y se lo meten en la vagina, y cosas por el estilo.
Para acabar os transcribo un trocito de texto que Maruo acompaña a una historia de un chaval que decide hacerse dibujante de hentai (porno):
Condiciones para crear un buen manga erótico
1.-No hay que dibujar muy bien
2.-Tiene que ser real
3.-Escenas de la vida cotidiana
4.-Como hay lectores imbéciles que no están contentos si no hay historia, incluye la trama más estúpida que tengas en mente
Con el numero 4 ya me ha quedado todo claro, Maruo eres un jeta y además nos lo dices, eres mi ídolo.
sábado, 25 de julio de 2026
CITIZEN VIGILANTE
Vaya por delante que no tengo nada en contra de Uwe Boll. Desde luego tampoco digo que sea un gran cineasta, pero ¿¿el peor de la historia?? ni de coña. No lo pienso ahora, ni lo pensaba / proclamaba cuando era moneda común y medio fandom, cual corderito, se apuntaba al linchamiento alegremente. Todo ello convirtió al alemán, muy lógicamente, en un filmmaker enfadado y frustrado, cosa que repercutiría en las siguientes películas que hizo, donde se despachaba a gusto con el personal. Eran títulos hasta las trancas de misantropía y muchísimas ganas de tocar los cojones. Y eso es exactamente lo que volvemos a ver en esta "Citizen Vigilante". Calculada al milímetro para cabrear a aquel que se preste. ¿Y lo ha conseguido? Sin duda... claro que, tal y como anda hoy día el patio, no le ha costado mucho.
Hay un justiciero en la ciudad. Acaba con todos aquellos que han cometido alguna fechoría y se han librado del enrevesado brazo de la ley. El pueblo lo adora. La policía lo persigue. Hasta aquí bien, lo normal. ¿¿Una nueva de ciudadanos cabreados que se toman la justicia por su mano?? ¿¿pero cuántas hay de esas?? Sí, sí... eso es exactamente, solo que Uwe Boll puede meterse la medallita de haber procedido haciendo gala de cierta originalidad. Quiero decir, no se limita al rollo del tipo corriente al que le es asesinada la familia y clama venganza hasta que consigue acabar con el culpable. No. En "Citizen Vigilante" este existe desde buen arranque, y en ningún momento nos explican sus orígenes. Simplemente lo hace porque, cree él, es lo correcto. Y, además, no es un héroe. A su lado, "Paul Kersey" era el "Capitán América". El justiciero de "Citizen Vigilante" viene cargadito de materia oscura y actitudes que, hasta cierto punto, se contradicen con su supuesta cruzada. No tiene problema en matar a un inocente si lo considera necesario. Tampoco hace ascos a disparar a sus víctimas por la espalda, cobardemente. Le gusta ir de puterío, por puro placer, y llenar los bolsillos de ese lumpen que tanto detesta. Y lo mismo con la policía, poco importa que compartan objetivo, si debe reventar unos cuantos maderos, lo hará. Pero más que a estos, mafiosos y/o narcos, hay una casta a la que nuestro anti-héroe detesta por encima de todas las cosas, y señala como directa causa de todos los males de la civilización moderna: los inmigrantes (aunque, paradójicamente, él mismo lo sea ¡¿?!). Y es ahí, my friends, donde "Citizen Vigilante" se ha ganado la fama de racista, nazi y todo el catálogo habitual. Boll muestra, sin vergüenza, ni sutilidades, ni culpa, ni mojigatería alguna a los que "vienen de fuera" como los malos, los que merecen pagar y.... joder si pagan. Hollywood suele proceder igual, pero siempre de modo tamizado e incorporando como comparsa del prota a un personaje secundario / positivo de idéntica nacionalidad que el villano. Bien, no es el caso de esta película.
Por evitar estropearles la fiesta me morderé la lengua, pero si son capaces de aguantar pacientemente lo que, así, en general, son 90 minutos bastante plomizos, cutrones, a base de esa fotografía digital desaboría, fría y fea tan propia del cine barato de hoy y repleta de chapas moralizantes por boca del protagonista (de verdad, menuda turra gasta el colega... en un momento dado incluso arremete sutilmente contra los que ven cine gratis... ¡ups!), serán testigos del clímax final más demoledor, salvaje, brutal (no en lo gráfico de la violencia.... aunque tampoco se queda manca) y "cierra-ojetes" que he visto en años. De verdad, alucinante.
Hay un justiciero en la ciudad. Acaba con todos aquellos que han cometido alguna fechoría y se han librado del enrevesado brazo de la ley. El pueblo lo adora. La policía lo persigue. Hasta aquí bien, lo normal. ¿¿Una nueva de ciudadanos cabreados que se toman la justicia por su mano?? ¿¿pero cuántas hay de esas?? Sí, sí... eso es exactamente, solo que Uwe Boll puede meterse la medallita de haber procedido haciendo gala de cierta originalidad. Quiero decir, no se limita al rollo del tipo corriente al que le es asesinada la familia y clama venganza hasta que consigue acabar con el culpable. No. En "Citizen Vigilante" este existe desde buen arranque, y en ningún momento nos explican sus orígenes. Simplemente lo hace porque, cree él, es lo correcto. Y, además, no es un héroe. A su lado, "Paul Kersey" era el "Capitán América". El justiciero de "Citizen Vigilante" viene cargadito de materia oscura y actitudes que, hasta cierto punto, se contradicen con su supuesta cruzada. No tiene problema en matar a un inocente si lo considera necesario. Tampoco hace ascos a disparar a sus víctimas por la espalda, cobardemente. Le gusta ir de puterío, por puro placer, y llenar los bolsillos de ese lumpen que tanto detesta. Y lo mismo con la policía, poco importa que compartan objetivo, si debe reventar unos cuantos maderos, lo hará. Pero más que a estos, mafiosos y/o narcos, hay una casta a la que nuestro anti-héroe detesta por encima de todas las cosas, y señala como directa causa de todos los males de la civilización moderna: los inmigrantes (aunque, paradójicamente, él mismo lo sea ¡¿?!). Y es ahí, my friends, donde "Citizen Vigilante" se ha ganado la fama de racista, nazi y todo el catálogo habitual. Boll muestra, sin vergüenza, ni sutilidades, ni culpa, ni mojigatería alguna a los que "vienen de fuera" como los malos, los que merecen pagar y.... joder si pagan. Hollywood suele proceder igual, pero siempre de modo tamizado e incorporando como comparsa del prota a un personaje secundario / positivo de idéntica nacionalidad que el villano. Bien, no es el caso de esta película.
Por evitar estropearles la fiesta me morderé la lengua, pero si son capaces de aguantar pacientemente lo que, así, en general, son 90 minutos bastante plomizos, cutrones, a base de esa fotografía digital desaboría, fría y fea tan propia del cine barato de hoy y repleta de chapas moralizantes por boca del protagonista (de verdad, menuda turra gasta el colega... en un momento dado incluso arremete sutilmente contra los que ven cine gratis... ¡ups!), serán testigos del clímax final más demoledor, salvaje, brutal (no en lo gráfico de la violencia.... aunque tampoco se queda manca) y "cierra-ojetes" que he visto en años. De verdad, alucinante.
Así, de esta guisa, Uwe Boll se marca una de justicieros urbanos perfecta para el momento que vivimos. Esta clase de material siempre ha sido polémico sin importar las yagas en las que metía el dedo. Durante los setenta fueron unas, en los ochenta otras y... ahora son las que son. Y el cineasta presiona a gusto, con saña. Sin embargo, las preguntas del milloncejo son unas cuantas: ¿¿nos la/lo podemos tomar en serio?? Boll, como decía, no deja de ser un provocador, y un exploiter, ¿pecamos de tontos si nos enfadamos viendo "Citizen Vigilante" y luego corremos a echar la bilis en la red?? ¿¿no le estamos siguiendo el juego?? ¿¿tiene sentido que, como justiciero que extermina violadores de menores, haya fichado a un actor cancelado por, justamente, acoso sexual y demás zarandajas turbias como es Armie Hammer (quien asegura arrepentirse de haber participado en el film... ¡chaval, no das una!)?? ¿¿nadie se ha preguntado por los actores que dan vida a "los villanos", todos de su respectiva estirpe??, ¿¿aceptaron por dinero o porque Boll les vendió la moto convenientemente?? ¿¿y qué me dicen de ese Juez de nombre Reinhold, osea, Judge Reinhold?? ¿¿un chiste?? ¿¿y no es absurdo que un supuesto misántropo se curre toda una película para denunciar la escasa protección y justicia aplicada a la sociedad... de verdad esta le importa tanto?? Detalles así dan más alas a la teoría de que el pifostio al completo no es más que un plan premeditado de Boll destinado a alterarnos los flujos, pero, en tal caso ¿¿cómo tomarse la dedicatoria final pre-créditos?? ¡¡ni idea!!.
En fin, sean ustedes los que saquen conclusiones ideológicas y morales de "Citizen Vigilante". Yo, repito, solo puedo decirles que es una cosa mediocre y aburrida... pero con unas maneras contundentes, llamativas y, sobre todo, considerando el panorama cinematográfico moderno, valientes y refrescantes. Menos es nada.
Como curiosidad, mentar la presencia de Olaf Ittenbach encargándose de los efectos de maquillaje. Suyos son los pocos pero generosos momentos gore de la peli, algunos tan exagerados que provocan la risotada.
En fin, sean ustedes los que saquen conclusiones ideológicas y morales de "Citizen Vigilante". Yo, repito, solo puedo decirles que es una cosa mediocre y aburrida... pero con unas maneras contundentes, llamativas y, sobre todo, considerando el panorama cinematográfico moderno, valientes y refrescantes. Menos es nada.
Como curiosidad, mentar la presencia de Olaf Ittenbach encargándose de los efectos de maquillaje. Suyos son los pocos pero generosos momentos gore de la peli, algunos tan exagerados que provocan la risotada.
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