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sábado, 25 de julio de 2026

CITIZEN VIGILANTE

Vaya por delante que no tengo nada en contra de Uwe Boll. Desde luego tampoco digo que sea un gran cineasta, pero ¿¿el peor de la historia?? ni de coña. No lo pienso ahora, ni lo pensaba / proclamaba cuando era moneda común y medio fandom, cual corderito, se apuntaba al linchamiento alegremente. Todo ello convirtió al alemán, muy lógicamente, en un filmmaker enfadado y frustrado, cosa que repercutiría en las siguientes películas que hizo, donde se despachaba a gusto con el personal. Eran títulos hasta las trancas de misantropía y muchísimas ganas de tocar los cojones. Y eso es exactamente lo que volvemos a ver en esta "Citizen Vigilante". Calculada al milímetro para cabrear a aquel que se preste. ¿Y lo ha conseguido? Sin duda... claro que, tal y como anda hoy día el patio, no le ha costado mucho.
Hay un justiciero en la ciudad. Acaba con todos aquellos que han cometido alguna fechoría y se han librado del enrevesado brazo de la ley. El pueblo lo adora. La policía lo persigue. Hasta aquí bien, lo normal. ¿¿Una nueva de ciudadanos cabreados que se toman la justicia por su mano?? ¿¿pero cuántas hay de esas?? Sí, sí... eso es exactamente, solo que Uwe Boll puede meterse la medallita de haber procedido haciendo gala de cierta originalidad. Quiero decir, no se limita al rollo del tipo corriente al que le es asesinada la familia y clama venganza hasta que consigue acabar con el culpable. No. En "Citizen Vigilante" este existe desde buen arranque, y en ningún momento nos explican sus orígenes. Simplemente lo hace porque, cree él, es lo correcto. Y, además, no es un héroe. A su lado, "Paul Kersey" era el "Capitán América". El justiciero de "Citizen Vigilante" viene cargadito de materia oscura y actitudes que, hasta cierto punto, se contradicen con su supuesta cruzada. No tiene problema en matar a un inocente si lo considera necesario. Tampoco hace ascos a disparar a sus víctimas por la espalda, cobardemente. Le gusta ir de puterío, por puro placer, y llenar los bolsillos de ese lumpen que tanto detesta. Y lo mismo con la policía, poco importa que compartan objetivo, si debe reventar unos cuantos maderos, lo hará. Pero más que a estos, mafiosos y/o narcos, hay una casta a la que nuestro anti-héroe detesta por encima de todas las cosas, y señala como directa causa de todos los males de la civilización moderna: los inmigrantes (aunque, paradójicamente, él mismo lo sea ¡¿?!). Y es ahí, my friends, donde "Citizen Vigilante" se ha ganado la fama de racista, nazi y todo el catálogo habitual. Boll muestra, sin vergüenza, ni sutilidades, ni culpa, ni mojigatería alguna a los que "vienen de fuera" como los malos, los que merecen pagar y.... joder si pagan. Hollywood suele proceder igual, pero siempre de modo tamizado e incorporando como comparsa del prota a un personaje secundario / positivo de idéntica nacionalidad que el villano
. Bien, no es el caso de esta película.
Por evitar estropearles la fiesta me morderé la lengua, pero si son capaces de aguantar pacientemente lo que, así, en general, son 90 minutos bastante plomizos, cutrones, a base de esa fotografía digital desaboría, fría y fea tan propia del cine barato de hoy y repleta de chapas moralizantes por boca del protagonista (de verdad, menuda turra gasta el colega... en un momento dado incluso arremete sutilmente contra los que ven cine gratis... ¡ups!), serán testigos del clímax final más demoledor, salvaje, brutal (no en lo gráfico de la violencia.... aunque tampoco se queda manca) y "cierra-ojetes" que he visto en años. De verdad, alucinante.
Así, de esta guisa, Uwe Boll se marca una de justicieros urbanos perfecta para el momento que vivimos. Esta clase de material siempre ha sido polémico sin importar las yagas en las que metía el dedo. Durante los setenta fueron unas, en los ochenta otras y... ahora son las que son. Y el cineasta presiona a gusto, con saña. Sin embargo, las preguntas del milloncejo son unas cuantas: ¿¿nos la/lo podemos tomar en serio?? Boll, como decía, no deja de ser un provocador, y un exploiter, ¿pecamos de tontos si nos enfadamos viendo "Citizen Vigilante" y luego corremos a echar la bilis en la red?? ¿¿no le estamos siguiendo el juego?? ¿¿tiene sentido que, como justiciero que extermina violadores de menores, haya fichado a un actor cancelado por, justamente, acoso sexual y demás zarandajas turbias como es Armie Hammer (quien asegura arrepentirse de haber participado en el film... ¡chaval, no das una!)?? ¿¿nadie se ha preguntado por los actores que dan vida a "los villanos", todos de su respectiva estirpe??, ¿¿aceptaron por dinero o porque Boll les vendió la moto convenientemente?? ¿¿y qué me dicen de ese Juez de nombre Reinhold, osea, Judge Reinhold?? ¿¿un chiste?? ¿¿y no es absurdo que un supuesto misántropo se curre toda una película para denunciar la escasa protección y justicia aplicada a la sociedad... de verdad esta le importa tanto?? Detalles así dan más alas a la teoría de que el pifostio al completo no es más que un plan premeditado de Boll destinado a alterarnos los flujos, pero, en tal caso ¿¿cómo tomarse la dedicatoria final pre-créditos?? ¡¡ni idea!!.
En fin, sean ustedes los que saquen conclusiones ideológicas y morales de "Citizen Vigilante". Yo, repito, solo puedo decirles que es una cosa mediocre y aburrida... pero con unas maneras contundentes, llamativas y, sobre todo, considerando el panorama cinematográfico moderno, valientes y refrescantes. Menos es nada.
Como curiosidad, mentar la presencia de Olaf Ittenbach encargándose de los efectos de maquillaje. Suyos son los pocos pero generosos momentos gore de la peli, algunos tan exagerados que provocan la risotada.

martes, 2 de septiembre de 2008

POR FAVOR, MATEN A MI MUJER

Tras el éxito de "Aterriza como puedas", Jerry Zucker, Jim Abrahams y David Zucker prosiguieron explotando las posibilidades del "spoof", primero con -la serie de tv- "Police Squad" y luego con "Top Secret!". Incomprensiblemente ambos productos fracasaron en sus respectivos medios, y el trío imagino que se dijo a si mismo: "O aceptamos un encargo, o no nos comemos nada". De ahí que su tercera peli para el cine fuese una comedia estándar escrita por alguien ajeno a ellos y su universo.
Un empresario ricacho (divertido Danny DeVito) odia a su mujer (Bette Midler, la Loles León yanki) y planea matarla. En eso que el mismo día la secuestran, y amenazan al tipo que si no paga la suma exigida se la cargarán. Obviamente al baranda la noticia le sienta de perlas y decide hacer todo lo posible para que los secuestradores cumplan con su promesa. El problema es que estos en realidad son una pareja la mar de maja más acojonada que la misma secuestrada. Y no sigo que la cosa se complica mucho...
"Por favor, maten a mi mujer" (increíble título Español para "Ruthless People", que a su vez es el único elemento "spoof" de todo el film, pues se supone parodia del "Ordinary People" de Robert Redford) no es una mala comedia, ni mucho menos, tiene algunos gags brillantes pero, claro, resulta inevitable que los fans de ZAZ, así de primeras, se lleven una decepción, pues está a años luz de lo que entonces se podía esperar de ellos (salvo un "gag de fondo" en el que vemos a un policía uniformado jugando a tenis). El resultado es un entretenido enredo muy bien orquestado por el guionista, con una estética ultra-colorida y unos actores (Judge Reinhold, secundario en la saga "Superdetective en Hollywood", la monísima Helen Slater, que previamente había encarnado a "Supergirl", y un hilarante Bill Pullman debutando en pantalla grande) muy de los 80. Recomendable.

martes, 28 de octubre de 2025

HOT TO TROT: UN CABALLO EN LA BOLSA

Se ve que, un buen día, uno de los directivos de la "Warner" descubrió en un club de comedia al bueno de Bobcat Goldthwait, extravagante cómico de micro que destacaba por su peculiar forma de berrear. Y le gustó tanto que se lo llevó consigo a ver donde lo podía colocar. Le hizo hasta un contrato.
El cómico tenía cierto talento, por lo que lo metió en la franquicia de “Loca academia de policía” y encajó como un guante. Por ende, se hizo internacionalmente famoso.
Tras aparecer como un secundario destacado en tres entregas de la serie, un par de papelitos en películas menores y un co-protagonista junto a Whoopy Goldberg en “La ratera”, llegó el momento de convertir a Bobcat en una estrella haciéndole protagonizar su propia película. Esta sería “Hot to trot: Un caballo en la bolsa”, la historia de un pobre diablo al que, tras morir su madre, le queda como herencia la mitad de la empresa familiar dedicada a la bolsa... y un caballo. Cual es la sorpresa de nuestro protagonista cuando descubre que este ¡habla! Y no solo eso, sino que le aconseja que evite vender su parte de la empresa a su padrastro, dándole una serie de directrices para el que negocio le vaya de perlas. Dicho y hecho… y así comienza el conflicto.
Una tontería de gran calibre.
 Por supuesto, tal mamarrachería resultó ser un fracaso tan estrepitoso que hundió la carrera de Bobcat Goldthwait en el fango, no levantando cabeza hasta casi dos décadas después que se recicló a cineasta indie.
Y no es para menos porque “Hot to trot: Un caballo en la bolsa” es una de las películas más espantosas que ha dado luz verde cualquier estudio. Es una chorrada sin pies ni cabeza y, lo que es peor, sin gracia ninguna. El guion estuvo dando vueltas por los despachos de la "Warner" ya que, en un principio, y tras el buen hacer de Tim Burton con las películas de Pee-Wee Herman, este iba a ser un producto para que fuera dirigido por aquel y en la línea de lo que venía haciendo. Pero, lógicamente, una vez se lo ofrecieron lo rechazó, y el guion pasó a manos del que acabó siendo su director definitivo, Michael Dinner, que recién había dirigido para "Touchtone Pictures" una resultona comedia policial con Judge Reinhold titulada “Policía por error”.
El directivo fan de Goldthwait pensó en que la película sería ideal para el cómico y le envió el libreto. Bobcat lo ojeó y quedó horrorizado. De hecho, una vez lo leyó, escribió en la portada del mismo: “¿Por qué debería hacer esto?”, y se lo pasó a su manager que, tras leer el mensajito, se lo devolvió con un signo del dólar como respuesta. Así que Bobcat aceptó. Al fin y al cabo se trataba de su primera película como total y absoluto protagonista… o casi, porque en realidad la estrella era un caballo parlanchín, en la línea de la mula Francis, que, incluso, aparecía antes que él en los créditos: Don The Horse, se llamaba.
Al animal lo doblaría el actor Elliott Gould.
La película se rodó y, tras ello, se hicieron unos cuantos pases de prueba. No funcionaba ni a hostias. De hecho, toda la parte del caballo doblada por Gould era especialmente irritante. Así que se reescribieron todos los diálogos de este y se contrató a una estrella en ciernes para que pusiera nueva voz: John Candy. Este, como vio que la cosa era una chufla con poco arreglo, lejos de ceñirse al recitar el nuevo material decidió improvisar sobre la marcha, quedando una cosa un poco más graciosa de lo que había sido hasta el momento. Y ni por esas.
Los pases de visionado en las salas de "Warner" tan solo traían trifulcas entre los directivos, así que se decidió atrasar el estreno hasta que encontraran una fecha idónea. Y estuvieron con la película aparcada un año hasta que en 1988 se decidieron a soltarla, la misma semana que la competencia estrenaba “Cocodrilo Dundee II” y “Rambo III”. Incluso, en un alarde de esperanza, se curraron una campaña promocional en la que, en carteles, marquesinas y demás se incluía un número de teléfono al que, si uno llamaba, podría escuchar la voz del caballo diciendo toda suerte de tonterías. Aún así, el resultado tras el estreno fue un tremendo hostiazo. Se trataba de una película barata, de poco menos de 9 millones de dólares de presupuesto, de los cuales apenas recuperaron 6. En consecuencia, Bobcat Goldthwait no volvería a trabajar para "Warner Brothers". Como si el pobre tuviera la culpa…
Curiosamente, el elenco cuenta con un plantel curioso de secundarios; no solo tenemos a John Candy dando voz al equino, también están Virginia Madsen -algo así como el interés romántico del personaje de Goldthwait- quien siempre admitió que aceptó el papel porque necesitaba el dinero desesperadamente; Dabney Coleman, haciendo de hombre de negocios cabrón -su especialidad- al que, para colmo de males, se le ha caracterizado de una manera un tanto exagerada, y también tenemos a cómicos de la órbita de Bobcat Goldthwaith como puedan ser Tim Kazurinsky (Sweetchuck en “Loca academia de policía”) que aparece en un par de momentos, o Gilbert Godfried que lo hace en otro par.
Precisamente, fue en el podcast de este último, en un programa en el que se reunió con Goldthwaith, que hablaron sobre esta película y salió a relucir que, durante el rodaje, cuando querían filmar los planos del caballo hablando, para que este moviera la boca, alguien le daba en el hocico con un palo. Que majetes estas gentes de Hollywood…