Mostrando las entradas para la consulta "Roy Ward Baker" ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta "Roy Ward Baker" ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

sábado, 29 de marzo de 2014

AQUELLAS CARATULAS MARAVILLOSAS (40): UNA JETILLA ALUCINANTE

Siendo justos y honestos, el post de hoy no debería entrar en el club de las caratulas maravillosas porque lo que anal-izaremos y diseccionaremos a continuación no es una caratula, sino un recorte de prensa. Pero dado que, por lo demás, tratándose del pseudoengaño del que se trata, encaja perfectamente y de que este es nuestro puto blog, donde hacemos lo que nos da la puta gana y si no les gusta, pueden largarse a cualquier otro, pues, bueno, creo que la acción queda del todo justificada, ¿aquezi?.

Hace escasos días anduve por los dominios del rey de los cineastas "outsider" Juan Carlos Gallardo. Entre muchas otras y notorias cosas, resulta que el muchacho es un mega-fan del cine, especialmente si es "fantastique", y se entusiasma desmedidamente cuando arranca a hablar de ello. Y sin descanso. Solo alguien de este porte habría sido capaz de acumular a lo largo de los años los anuncios de prensa de estrenos cinematográficos adecuados a tales apetencias, y solo él los mostraría con orgullo y dilatada pasión, cosa que lotrodia hizo para mi y mis bonitos y honorados ojos verdes.
De entre todo el montoncillo de arrugados y amarillentos recortes, destacó este que sigue.....



¡¡Oh, "Una pandilla alucinante"!! el sobrevalorado clásico de Fred Dekker del año 1987, originalmente concebido como "The monster squad". Una de esas películas a las que el paso de los lustros otorga cierta pátina de notoriedad, aunque en su época no pareció contentar a nadie. Yo mismo acudí al cine a verla y recuerdo que salí algo confuso, ¿me había gustado o era una mierda?... lo que sí es cierto es que, ya en 1987, su tufo a producto "a lá Spielberg" quedaba algo anticuado. Total, amiguitos, que la nostalgia es mu mala.
Sin embargo, si miramos a fondo la ficha del film en "Imdb", concretamente su florido reparto, nos damos cuenta de que, no, Vincent Price no figura entre los protagonistas. Ni tan siquiera entre los secundarios. Vamos, es que ni cameo hay pal muchacho. ¿Y por qué Vincent Price?, coño, pues porque aparece  en el cartelito en cuestión... acérquense y compruébenlo ustedes mismos...........





¡Ah, canastos!, ¡¡Vincent Price y asociación ociosa de monstruos!!, entonces no hablamos de la película de Fred Dekker, sino de esta otra con la que, además, la ilustración concuerda enormemente (salvo por el Frankenstein, que tampoco aparece en el cartel original, ¿de dónde lo habrán sacado?, a saber, pero ¿podría tratarse de "Herman Munster"?)....




"El club de los monstruos", o "The Monster Club" (que suena muy parecido a "The Monster Squad"), es un producto del año 1981 en el que Milton Subotsky en funciones de producer mandaba un notorio "hasta siempre" a la famosa productora británica de horrores episódicos "Amicus" de la que, no porque sí, él mismo había sido co-propietario en sus golden years (y ojo, no digo que "El club de los monstruos" fuese una "Amicus movie", porque pa entonces la factoría de horrores fílmicos llevaba ya un tiempo enterrada, pero es evidente que se nutre mucho de su espíritu y su esencia). El guiño/tributo se completaba con otras presencias tan propias de la "old school" como Roy Ward Baker a los mandos, John Carradine, Donald Pleasence y, ¡zí!, Vincent Price. Añadiremos que, a pesar de su patético intento de modernizarse (incorporando actuaciones de bandas rockeras esperando asín ganarse a la platea joven), y de ciertas chungueces, "El club de los monstruos" era una peli de lo más simpática y entrañable.
Pero algo fallaba, porque no, aquel recorte NO era el de la película de Roy Ward Baker. ¿Que cómo lo sé?, carayo, basta con acercarse a los créditos que hay en la parte inferior y fijarse en quién figura como director....




Pues sí, ingratos lectores, lo que aquí tenemos es otro caso de jeta típica de la época, con la diferencia de que la hemos sacado de su ambiente videoclubero habitual para llevarla hasta la prensa escrita. Por coincidencia de títulos originales, a algún listo/perezoso le pareció buena idea usar el cartel de "El club de los monstruos" para publicitar "Una pandilla alucinante". Si echamos atrás en el tiempo y recuperamos el cartel original de esta última, tanto el que se vio en salas como en video-clubs (cortesía de "Record Visión"), comprobaremos que las diferencias son así como muy notables (también en el tono, ya que con el falso anuncio parece que vayamos a ver básicamente una comedia, cosa que no era del todo la peli de Dekker).





¡¡Emoción, intriga y dolor de barriga!!.
Gracias a Juan C. Gallardo por el recorte, a Pajarillo por la presencia y a las almas anónimas que me han cedido -algunas sin saberlo- el resto de imágenes que dan vida y color a esta tan maravillosa -como siempre- entrada.

miércoles, 24 de marzo de 2021

EL BAÚL DE TÍO VICENTE - 2

El recorte de hoy me resulta altamente gozoso. El año 1988 hubo un señor que se atrevió a proclamar en las páginas de la revista "Shows" que el cine fantástico estaba viviendo una crisis, dejándolo de mierda para abajo. ¡En 1988!.
A lo largo de su furioso alegato, metía caña a Fulci, Lenzi y demás (lo habitual en la época). Calificaba de horrible a "Viernes 13" al completo (entonces con la quinta recién estrenada, pidiendo un ¡no más!... ¡juas!, ni sabía lo que le esperaba). Y se cebaba especialmente con "Un hombre lobo americano en Londres", refiriéndose a ella como "absolutamente repugnante" (seguramente al juzgarla moralmente). Tela marinera... pero, en realidad, nada nuevo bajo el sol. El típico discurso del "abuelo". Del aficionado conservador -probablemente por cuestiones de edad- incapaz de conectar con el terror moderno, especialmente aquel que apostaba por el feismo y la truculencia más colorista, anteponiendo a todo ello los clásicos intocables de siempre (la Hammer, Terence Fisher, el "king Kong" original, el "Freaks" de Tod Browning, el jodido John Ford, "Ultimatum a la tierra", el cine de los 30, 40, 60... bla, bla, bla) y la eterna chapa de que era mucho mejor cuando todo se sugería y había cierta "poesía" en el fantástico (Ugh!!). Irónico que acuse a los productores "modernos" de desmedido interés económico cuando todos sabemos que cineastas como Fisher, Roy Ward Baker o Freddie Francis, únicamente abordaban el género por cuestiones alimenticias. De hecho, algunos de ellos afirmaron posteriormente detestarlo. En fin.
La cosa cobra especial sentido al descubrir que el autor de tan hilarante alegato no es otro que Narcís Ribot Trafí, sacerdote para más señas (fallecido por Covid-19 el 6 de Abril de 2020). Sí, lo han leído bien. Se puede ser profundamente religioso y fan del cine de terror. De hecho, Don Trafí lo era activamente. Llegó a rular de forma continua por el primigenio Festival de Sitges, editó algún fanzine, colaboró en sendos libros especializados y, ya mayor, seguía dándole a las teclas en un blog donde hablaba de sus pasiones cinéfagas y literarias. Ei!!, lo admiro y respeto. Aunque está claro que, en lo referente a gustos, Narcís y yo no habríamos congeniado lo más mínimo. Adoro (casi) todo aquello que él aborrecía. Y aborrezco (casi) todo aquello que él adoraba.
En cualquier caso, ahí tienen el recorte, que pueden y deben abrir aparte para leerlo cómodamente y echarse unas buenas risas. Especialmente cuando al pie de foto escriben mal el nombre del director de la terrible película que, suponemos, Narcís ¿y los de "Shows"? considerarían ejemplo de la mentada crisis. ¿Podemos hacer caso de las apreciaciones de alguien que no conoce bien aquello sobre lo que raja o es que... la N está al lado de la M en el teclado y las prisas por ir a imprenta provocaron una errata involuntaria? Ni lo sé, ni me impogta... un cagajo.
Griten todos al unísono: ¡Graaaaacias tío Vicenteeee!

sábado, 18 de septiembre de 2021

REFUGIO MACABRO

Ya saben -o deberían- lo que pienso del cine de terror británico clásico. No, no me va mucho. Y tampoco me tira nada la labor de "Hammer Films". Únicamente la gente de "Amicus" se ganó mi simpatía. Tal vez por su tendencia al formato episódico -que me gusta-, tal vez porque sus pelis se desarrollaban en la época moderna de entonces (nunca he conectado mucho con el rollo victoriano) o tal vez porque tenían un puntito de "trashismo" que las hacía encantadoras. No sé. El caso es que ya he reseñado unas cuantas (como "Condenados de ultratumba", "La bóveda de los horrores" o "Cuentos de ultratumba")  y hoy una más se suma al petate, "Refugio Macabro" (subtitulada "La casa de los locos" según la edición).
Fechada el año 1972, y originalmente bautizada como "Asylum", cuenta la historia de un médico que llega a un manicomio para entrevistarse con su director e incorporarse a la plantilla. Una vez allí, se encuentra que el susodicho ya no ocupa su silla, lo hace otro loquero que le cuenta que aquel perdió la chaveta y ahora forma parte de la clientela. De esta guisa le propone un juego. Deberá visitar a cada uno de los enfermos, escuchar la batallita de todos ellos y, al final, descubrir quién es el director original de la institución.
Y con la excusa, nos cuelan tres historias. Primero, una sobre un marido que decide asesinar a su cornuda esposa. Esta, al haber hecho tejemanejes con el vudú, revivirá para vengarse... o mejor dicho, lo harán la suma de sus partes. Pal caso llama la atención que el asesino consiga descuartizar a su víctima sin derramar ni una sola gota de sangre. Ni salpicarse la camisa. Está simpática. Le sigue otra sobre un sastre al que encargan un traje muy raro que brilla en la oscuridad y tiene el poder de otorgar vida a objetos muertos... o personas muertas. Cuando el tipo que se lo encargó decida no pagar, se liará parda. Esta puede que, con sus carencias (le insisten al sastre que siga las reglas a rajatabla, este no cumple y, en apariencia, no hay consecuencias), sea la mejor. La más original al menos. Y llegamos a la tercera, la peor. La más aburrida. Va sobre una tipa recién salida del manicomio que se reencuentra con su peligrosa hermana, quien recurrirá a la violencia para librar a aquella de las garras de quienes la retienen. El final se supone sorpresa... aunque se ve venir a la legua (supongo que en 1972 se vería un poco menos).
Aquí terminarían las historias para centrarnos en la trama de base. Cuando el doctor llega hasta el último paciente, resulta que este se ha aficionado a construir robotitos con la cara de personas reales y la intención de transferir sus mentes al interior para convertirlos en una extensión de ellos mismos. Llegado el momento, el chalado hará lo propio con uno al que usará como máquina asesina. En este caso llama la atención el aspecto de los robotitos, entre lo encantador y lo patético. En realidad se limitaron a coger esos robots de juguete que muchos de nosotros -los de mi quinta- pudimos tener en la infancia, a cuerda con ruedecitas en los pies y que iban avanzando torpemente, compuestos de un torso en forma cuadrada, pintarlos de plata y añadirles una cabeza "realista" que intenta parecerse al actor que lo maneja. ¡Saleroso!.
Con eso y un bizcocho, llegamos al final de "Refugio Macabro" que, como buena película "Amicus", nos depara un desenlace sorpresa razonablemente efectivo aunque un poco risible.
Y resulta que hemos pasado poco menos de 90 minutos bastante amenos, a los que han contribuido, como es de menester, el look añejo/setentero del film, sus buenas maneras, ese lenguaje visual clásico, anticuado, pero agradecido para mis cansados ojos y un puñado de rostros reconocibles y entrañables por igual: Richard Todd, Peter Cushing, Britt Ekland, Charlotte Rampling, Herbert Lom, Patrick Magee o Robert Powell.
Escribe el prestigioso Robert "Psicosis" Bloch. Dirige el todoterreno Roy Ward Baker.
"Refugio Macabro" es la prueba contundente de que, en cine de terror, cualquier pasado fue mejor.

martes, 22 de enero de 2013

LA BÓVEDA DE LOS HORRORES

Lo cierto es que decidí no reseñar esta película después de verla hace un par de días. Me pareció tan aburrida y tan sosa que, en fin, no despertó en mi ninguna clase de sensación  Ni buena, ni mala. Pero claro, había ya comentado la primera de las dos adaptaciones que la factoría Amicus hiciera de los celebérrimos comics de la "E.C." y, en fin, se trataba de ser completista. Después de todo ese era mi plan inicial, a lo que había que añadir el sentido de cierta "culpa" por llevar más de una semana sin escribir nada y la "queja" de un lector (claro que me lo dijo en pleno estado gripal, así que igual la fiebre influyó en sus palabras). Sea como fuere, decidí dejar de perrear y me puse a teclear, con un fin: sacar el máximo de jugo a una naranja tan seca como este "La bóveda de los horrores" o, como dicen en su tierra, "Vault of horror".
La diferencia con su homónima o, ya puestos, cualquier otro film de la Amicus, es básicamente nula... en todos los sentidos, narrativamente y estéticamente. Un grupo de distinguidos caballeros británicos pillan el ascensor en un edificio. Este les lleva directamente al sótano, donde encuentran un especie de elegante comedor. Se sientan y comienzan a narrarse mutuamente extrañas pesadillas recurrentes, cada una de las cuales conforma uno de los relatos de la función.
El primero es el más célebre por una imagen casi icónica, la de un tio colgado del techo con un grifo clavado en la yugular, mientras un grupo de alegres vampiros le sacan sangre para beberla con gusto. En la peli, el tio es un asesino con aviesas intenciones. En el comic, alguien normal y corriente con mala pata. Y es que, como es habitual, todos los protagonistas de las historias sufren un final terrible pero merecido. Castigo moral, lo llaman, algo que convierte el material filmado en más inofensivo que el dibujado. En todo caso, la movida va de un baranda que visita a su hermana para matarla y así cobrar el seguro, pero resulta que el lugar anda plagado de vampiros (incluida la hermana) y terminará siendo la cena de todos ellos. Sosa y tontuna.
La siguiente va de un maniático del orden que atormenta a su patosa y, obvio, desordenada recién adquirida esposa cada vez que esta mueve algo de sitio. No hace falta decir que la cosa derivará en locura y asesinato. La historia y su desarrollo son tan tontainas que los responsables deciden impregnarlo todo de un comedido tono cómico... pero en lugar de compensar el chorrismo general, incrementa su tontabilidad. Cuando termina te quedas en plan "¿UH?".
La cosas no mejoran con la que hace tres. Un mago va a la india en busca del truco final. Lo encuentra y, para apoderarse de el, mata a su responsable... lo que conllevará la consiguiente venganza. Esta puede ser un poco menos previsible que la anterior, pero sigue haciendo gala de un notable sosismo.
Algo más potable es la historia que sigue... aunque solo sea por su relativa imprevisibilidad, su abierto tono gótico (ese tétrico cementerio donde se desarrolla la parte final) y los guiños que Amicus lanza a su fuente y a sí misma: El prota de la historia deducimos es un guionista de tebeos de terror. Encima de su despacho tiene un tomo recopilatorio de viejos comics de la "E.C." y, para matar el tiempo, se sienta en el sofá a leer la novelización de "Condenados de ultratumba". Va a hacerse pasar por muerto para cobrar no se qué (otra vez). La idea es que, 24 horas después, su socio le desentierre (por lo visto en ésa época corrían mucho en meter bajo tierra al cadáver una vez descubierto). Pero este decide traicionarle. Todo iría por ese camino si no fuera porque un par de estudiantes de medicina necesitados de cuerpos humanos corren al cementerio a sacar de su ataúd a nuestro prota. Sin embargo, varios hechos harán que las cosas no terminen como parece que vayan a hacerlo... y ahí es donde está la gracia de esta historia. Ya digo, la mejor del pack... sin ser tampoco gran cosa.
La última, parte de una buena idea, pero con un desarrollo plomizo y desaprovechado. Un pintor que sufre el trauma clásico de "Nadie me comprende", se entera de que sus cuadros se venden como churros pero su representante se lo oculta y se queda todo. Decidido a vengarse, pide ayuda a algún maestro del vudú que le otorga el poder de hacer el mal a través de su talento. Es decir, si pinta un retrato de Perico y luego le clava un cuchillo en el ojo, en la vida real Perico tendrá un accidente que terminará con un ojo perforado. El pintor se va vengando de todos en muertes bastante cutrilongas sin percatarse de que cometió un error, pintó un auto-retrato, lo que le hace vulnerable. Aunque para errores el del guionista, el amicus-man Milton Subotsky, ya que dicho auto-retrato lo pintó ANTES de obtener sus poderes. Pero como diría un amiga mía: "Da iguaaaal!!!".
Dirigida por el artesano del horror británico -muy a su pesar- Roy Ward Baker y con un reparto bastante curioso compuesto por gente como Terry-Thomas, Curd Jürgens o Denholm Elliott, "La bóveda de los horrores" es bastante inferior a su peli precedente y, en fin, bastante mediocre en general. Habrá quien le vea cosas buenas con ayuda de la nostalgia, pero para mi hay algo peor que una peli odiable... y es una peli ignorable. Como esta misma.