Mostrando las entradas para la consulta "Peter Cushing" ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta "Peter Cushing" ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

jueves, 20 de diciembre de 2012

CUENTOS DE ULTRATUMBA

Hace escasos días, cuando comentábamos la película "Condenados de ultratumba", les advertía de que no la confundieran con, justamente, otra producción "Amicus" de parecido título e intenciones, esta "Cuentos de ultratumba" de la que hablaremos a continuación, fechada el año 1973 y con un título original más llamativo, "From beyond the grave", algo así como "mas allá de la tumba".
En esta ocasión, y sin salirnos del tema episódico, tenemos cuatro historias, todas ellas basadas en relatos del escritorcillo R. Chetwynd-Hayes, que en 1981 volvería a vérselas con el cerebro pensante tras "Amicus", Milton Subotsky, en la simpática "El club de los monstruos" (donde Chetwynd-Hayes figuraba como personaje), producida por otra compañía, pero de parecido espíritu y esencia a las "Amiculadas". El siempre grande, siempre único Peter Cushing interpreta al inquietante y paliducho dependiente de una tienda de antigüedades. Cada comprador, y cada objeto que vende, protagonizará su propia "horror story"... con resultados diversos.
La primera es la peor. Otro grande, David Warner (el actor más mal peinado del mundo), entra en la tienda y compra un espejo que tiene 400 años de antiguedad. De hecho, engaña a Cushing haciéndole creer que es más barato (y es que todos los protas de todas las historias que terminan con un final chungo, intentan estafar al tendero, el único que paga el precio acordado, sobrevive). En casa, monta una sesión de espiritismo con unos amigos y, de este modo, despierta al fantasma de un especie de Jack el destripador que vive dentro del espejo y obliga a Warner a sacrificar mozas para poder salir de su encierro paranormal. Mucho líquido rojo, pero poco más. El final es previsible y tonto a más no poder. Lo único destacable de esta historia es que algunas de sus imágenes (concretamente las de un asesinato) aparecen fugazmente en "La lista negra", la última aventura de "Harry Callahan", cuando este mira por televisión extractos de las terribles y amorales películas de terror dirigidas por el personaje de Liam Neeson.
La segunda es, seguramente, la mejor. Y no porque sea una maravilla, pero al menos resulta algo más imprevisible, original y con un final bastante ingenioso. Un pobre desgraciado que vive con  una mujer que le trata como la mierda y un hijo que pasa de él, se hace amigo del entrañable Donald Pleasence, quien le presenta a su hija... interpretada por la hija real del mismo actor, Angela (imagínense al amigo Donald con peluca y menos arrugas), cuyos inquietantes rostro y mirada son explotados muy inteligentemente. Entre esta y el prota comienza a florecer el amor y, con ello, el deseo de que su esposa fallezca, a través del vudú, la magia negra o lo que coño sea. Lo dicho, está curiosa.
La que hace tres baja el nivel, aunque tiene un arranque muy prometedor. El típico inglés de bombín y paraguas viaja en el tren camino de su casa, en eso que una extravagante mujer le increpa y le advierte que tiene un especie de demonio invisible sentado en su hombro y que, poco a poco, irá creciendo. El tio se piensa que está loca e intenta escaquearse, pero esta se presenta como medium y le ofrece una tarjeta por si algún día necesita sus servicios. No hace falta decir que el supuesto bicho existe y que se cebará con la esposa del gentleman. Tanto, que se verá obligado a recurrir a la puñetera medium... y aquí se estropea la historia, adquiriendo un tono semi-humorístico y grotesco que no le hacía ni falta. Encima, superada esta parte, el final se nos presenta como previsible y totalmente anodino. Una pena.
Llegamos a la cuarta, sobre una puerta antigua que, al ser instalada en casa, si la abres a medianoche, entras en un habitáculo medieval donde un especie de brujo se dedica a sacrificar a inocentes (especialmente churris) para mantenerse vivo. Un poco lo mismo que la primera historia, la del espejo. La elegida para tal menester es la guapísima Lesley-Anne Down... suerte de su maromo que la salvará y, como decía al principio, todo acabará bien.
Riza el rizo antes de los créditos finales un pequeño gag sobre un ladrón que entra en la tienda a robar y se encuentra con los trucos macabros del amigo Cushing.
Y ya está. Nada que destacar. "Cuentos de ultratumba" es una peli de esas de ver y olvidar al instante que chorrea por todos sus fotogramas la sosez y el espíritu siempre telefílmico de su director, el "chico para todo (pero no le pidas maravillas)" Kevin Connor, responsable de algunos títulos populares como "La tierra olvidada por el tiempo", "Los conquistadores de Atlantis" o, más adecuada para nuestros lectores, la aburrida "Motel Hell". "Cuentos de ultratumba" era su primera película, y resulta de lo más interesante que ya por entonces Connor hiciera gala de ese no-estilo que, a la larga, se convirtió en un sí-estilo. Su cine es como follar con condón, para hacernos una idea, y la peli hoy comentada  encaja perfectamente en esa descripción.

sábado, 21 de agosto de 2021

S.O.S. EL MUNDO EN PELIGRO

Como se suele decir, he gastado ríos de tinta proclamando a los cuatro vientos lo mucho que "Posesión Infernal" y "Creepshow" hicieron por mi cinefagia, especialmente aquella enfocada al terror y fantástico. Pero no son las únicas. De hecho, hay un par bastante más antiguas que, de alguna manera, las precedieron y me marcaron lo suficiente como para querer más. De una de ellas, "Matar o no matar", hablé profusamente en un número de mi querido y diminuto fanzine. De la otra casi me había olvidado hasta que la rescaté hace unos días en la televisión, "S.O.S. El mundo en peligro". Sí, Terence Fisher, Peter Cushing, terror británico de los sesenta, bla, bla... todo como muy estupendo. Pero debo aclarar que, en general, esa clase de material no suele interesarme. No me hace demasiado tilín la "Hammer". Puede que sienta más simpatía por "Amicus", pero el fanatismo, en este caso, queda lejos de mi jurisdicción. Por eso, el afecto que despliego hacia la peli reseñada es una agradable anomalía, resultado de la anécdota del cómo la consumí en su día, sentado en el sillón junto al resto de la familia, cubriéndome los ojos con alguna revista y escuchando horrorizado los sonidos esputados desde la caja tonta. Recuerdo perfectamente a mi querida madre intentando sacar hierro al asunto a base de bromear con el aspecto de los monstruos que pueblan la película, pero no funcionaba. Lo pasé bastante mal, sobre todo oyendo los graznidos de los mismos y a mis hermanos comentar la amputación de mano hacha mediante que sufre Cushing (una escena bastante truculenta si tenemos en cuanta la época y tal. Llama la atención lo "bien" que se lo toma el personaje. British hasta la médula).
En una pequeña isla comienzan a aparecer grotescos cadáveres a los que algo les ha absorbido los huesos, convirtiéndolos en huecas masas gelatinosas deformes. Unos científicos acuden a investigar y descubren la existencia de unas criaturas surgidas de un experimento fallido. Tienen caparazón de tortuga y cabeza de serpiente/anguila. Además, son capaces de dividirse, por lo que como no se den prisa, pronto la isla quedará infestada.
Aparcando todo sentimentalismo nostálgico, "S.O.S. El mundo en peligro" (farragoso título hispánico de "Island of Terror") es una peli muy del montón. Terence Fisher pone el automático y tira millas, sin pararse mucho a pensar. Todo en ella es de manual, convencional. Tal vez lo único destacable sean los bichos y las consecuencias de sus ataques. Pero al menos puedo evitar recurrir a aquello de "Mejor quedarme con el buen recuerdo y no volver a verla". Sirve pa pasar el rato tontainamente. Y eso ya es mucho.

jueves, 30 de octubre de 2008

DRACULAS SETENTEROS (DRACULA 79 + LOS RITOS SATÁNICOS DE DRACULA)

Desde que tengo uso de razón, he vivido convencido de que la versión de "Dracula" rodada a finales de los setenta por John Badham tenía que ser la peor de todas. Y sin embargo, tras el visionado que me metí ayer noche, casi que he cambiado de opinión de modo radical. Probablemente sea la mejor.
En 1979 nadie parecía estar muy interesado en los monstruos clásicos o el romanticismo gótico. A pesar de ello, alguien decidió arriesgarse con esta peliculilla que, guste o no, acaba haciendo gala de algunos tics muy de la época, tanto a nivel estético (el aspecto que gasta el vampiro. Hay una secuencia en la que se pasea con la camisa abierta y solo falta un poco de "disco music" para ambientar) como visual (el look granuloso y oscuro, y arrebatos de violencia tirando a cruda, como el desgarramiento de una garganta en manos de un licántropo o la dura imagen de un bebé asesinado por un vampiro). Y es que, además, la peli tiene una atmósfera muy lograda, algún susto, ideas cojonudas (cómo Dracula se cuela en la habitación de Mina... ¿o era Lucy?), los decorados y la ambientación están extremadamente bien hechas (en especial el castillo habitado por el no-muerto) y en sendos momentos resulta francamente inquietante (cuando Van Helsing entra en la mina que hay bajo el cementerio dispuesto a acabar con su hija, ahora una chupasangre de efectivo y espeluznante aspecto).
Mención aparte merece el gran Frank Langella como Dracula. Las fotos hacían suponer que no existía actor menos adecuado para el rol que él. Sin embargo, la clava. Compone un Drácula diferente y muy carismático, tope de educado y sociable (la verdad es que casi acabas más de su lado que de los buenos) a la par que maligno. Digamos que cae entre la fiereza de Christopher Lee y la ñoñería de Gary Oldman.
La historia no difiere en exceso de otras adaptaciones del libro de Bram Stoker (por lo visto, está más inspirada en la obra teatral con la que debutó Bela Lugosi), la única diferencia es que está narrada con más brío y efectividad.
Seis años antes, Hammer Films se sacó de la manga "Los ritos satánicos de Drácula", con el tándem Lee & Cushing como absolutos protas. Decir que por esa época la factoría británica de terrores ya andaba algo perdida, pero para mi eso es casi una ventaja, puesto que he descubierto que mis films favoritos de su catálogo son los que la crítica considera peores (como éste o la de los vampiros de oro). Si el anterior "Dracula" era eminentemente setentero, este es ya la repanocha. Desde la inconfundible música con regusto funky con la que arranca el film, hasta el patillero look del 90% del reparto. Añádale a la mezcla un remalazo jamesbondiano (con organizaciones secretas de espías high-tech o planes para acabar con la humanidad entera), la obsesión por movidas satánicas (también muy de moda entonces) y la delirante idea de un Dracula empresario (sin duda, la personificación del mal).
Planteada como una secuela de "Dracula 73" (ambas comparten director), el film narra las malvadas intenciones del vampiro de crear un virus ultra-potente capaz de arrasar con el planeta entero (y cuyo fin es, simplemente, ¡quedarse sin alimento y morir!) y de cómo el descendiente número mil de Van Helsing (el gran Peter Cushing), aliado con las fuerzas de la ley, intenta sabotearlo.
El resultado final es cuanto menos bastante entretenido.

sábado, 23 de mayo de 2026

DRÁCULA 73

A principios de los setenta, "Hammer Films" veía como el pote de habichuelas se vaciaba a velocidad alarmante. Su formula, infalible durante muchos años, ya no funcionaba igual. Tocaba renovarse o morir. Así pues, la adaptaron a los "tiempos corrientes" con el fin de atraer nuevas generaciones. ¿Y en qué consistían estas? pues jovenzuelos surgidos del "Swinging London" en su versión más mediatizada, establecida, asumida y reducida a un puñado de estereotipos. Así las cosas, y tirando un poco de los todavía recientes crímenes del Clan Manson, se inventan la mandanga de que un acólito de Drácula -de nombre "Johnny Alucard", ¡cof cof!-, situado en plenos años setenta, convence a un grupo de irritantes, estridentes, ridículos, insolentes y "enrollados" mozalbetes "greñudos", ataviados con chillones ropajes y aficionados al rock, para practicar una misa negra, por aquello de invocar al demonio. Aunque en realidad la cosa va de despertar al vampiro bañando sus cenizas con sangre. Y así proceden. Superado el susto inicial, Drácula comenzará a exigir muchachas con las que ponerse hasta el culo... aunque siente predilección por una descendiente de la casta de los Van Helsing y, de hecho, su abuelo se parece mucho a como era aquel en épocas victorianas, además de practicar idénticos hobbies. Así, cuando el chupasangre logre atrapar a la muchacha (que sí, que muy rebelde, moderna y tal pero, como ella misma le cuenta al abue, en realidad todavía es virgen y no ha probado la droga... vamos, una poseur) el Van Helsing de los setenta se pondrá manos a la obra -con una leve ayuda de "Scotland Yard"- para acabar con la criatura del averno.
Y bueno, "Drácula 73" (que en v.o. responde al título de "Dracula A.D. 1972". Sí, tardó un año en estrenarse por acá) arranca bastante bien y mantiene el interés hasta la escena de la misa negra, tal vez porque es donde más se estira el chicle del contraste generacional / cultural, lo que resulta novedoso e hilarante (me encantaría ver qué hubiesen hecho con un improbable "Drácula 77"). Sin embargo, una vez el vampiro se eleva y comienza a matar, nos metemos de lleno en lo de siempre, todo muy rutinario, sin sorpresas y un pelo aburrido. Vamos, que más allá del asunto del "moderneo", el guionista, Don Houghton, tampoco se exprimió las meninges. A pesar de ello, pues te comes la película enterita, sin más. Funcional y olvidable entretenimiento. Tal vez contribuyan las siempre agradecidas y estimulantes presencias de Christopher Lee (aunque sale poco, aparece el primero en los créditos) y el gran Peter Cushing. Les acompañan una novatilla Caroline Munro como moza descocada y, por supuesto, la descendiente de Van Helsing (Stephanie Beacham, quien anduvo por algunas películas de Pete Walker y en "Inseminoid"), que está como un quesito y se pasa media peli bamboleando unas peras tremendas casi manoseadas accidentalmente por Cushing en más de una ocasión. No pongo comillas en accidentalmente porque sabemos sin atisbo de duda que el actor era todo un gentleman (muy al contrario, Marlon Brando sí magreó a la actriz en "Los últimos juegos prohibidos"  según san Michael Winner
Pocos gallifantes para el director de carrera básicamente invisible, Alan Gibson, quien reincidiría en la materia con una especie de secuela titulada "Los ritos satánicos de Drácula", donde esta vez apostaba por otros géneros o subgéneros de moda entonces. Pero nada, los intentos de modernizarse de "Hammer Films" no dieron los frutos deseados y terminaron chapando... al menos hasta mediados de los 2000, pero esa es otra historia.

domingo, 10 de marzo de 2013

LOS CRÍMENES DEL ÁTICO

El británico Pete Walker (que no Peter!!) es un personaje bien curioso que, con los años, ha quedado en el semi-olvido. Cineasta especializado en terror (y porno-soft, o sexploitation, o llámenle como quieran) activo sobre todo durante los años 70, dirigió su última película, la simpática "La casa de las sombras alargadas" (aquella que reunía a unos abueletes Vincent Price, Christopher Lee, Peter Cushing y John Carradine), el año 1983... y desde entonces no ha hecho nada más, salvo aparecer en algún documental o reportaje. Pero vamos, que vivo está. Resulta curioso que, a diferencia de los muchos "artesanos del terror" de antaño, Walker no haya intentado regresar, ni aunque sea por la puerta pequeña. En realidad la mayoría de sus pelis son un coñazo de órdago, ¿para qué engañarnos?, no llegan a los niveles zetosos de su compatriota Norman J. Warren, aunque por los pelos.
A Walker lo descubrí de jovenzuelo a través del "Fangoria" yankee y la primera de sus pelis que alquilé fue "Terror sin habla", o "Frightmare" en su país de origen, con una atractiva portada y una trama que prometía canibalismo y sordidez. Naturalmente el resultado me decepcionó profundamente. Aún así, seguí viendo aquellas pelis del Sr.Walker que cazaba en el video-club y, salvo la mentada "La casa de las sombras...", poco lograba complacerme. Hasta que un día alquilé "Los crímenes del ático" y, por alguna razón, se quedó grabada en mi mente. Un tiempo después volví a recordarla y la busqué, lo que me obligó a comerme otras obras del señor director y que, vamos, tampoco es que me hicieran muy feliz (como "Esquizofrenia", por ejemplo). Finalmente un día vi una reseña de aquel misterioso film desaparecido en un blog americano y reconocí un par de imágenes (una de ellas, una faz putrefacta repleta de gusanos, acabó en mi facebook),¡¡por fin!!, se llamaba "The Comeback" (igual que el título hispánico, vamos), año 1978. Cuando vi la caratula (esta que tienen por aquí cerca) todo terminó de cuadrar. Gracias a mi querido "brodah" la conseguí y ayer me la zampé, por fin, tras tantos años de dudas y dudillas.
Nick Cooper es un "crooner" -a mi me recuerda bastante a Scott Walker- que regresa a su Inglaterra natal y querida tras una prolongada estancia en Los Angeles. Además de cantante, también es un puto calzonazos. Dejó su carrera cuando se casó con una pava de esas manipuladoras y ahora que le ha abandonado, el muchacho quiere recuperar fama y gloria, para lo que se instala en un enorme y neogótico caserón regentado por un par de siniestros ancianos, donde piensa grabar su nuevo disco. Mientras ocurre todo ello, su ex visita el que antaño fuera el bonito ático de la parejita y, cuando menos se lo espera, aparece un intruso vestido de anciana, con una aterradora máscara y, a base de berridos y guadaña, se la carga en lo que es una secuencia bastante impactante y truculenta (antes de su aparición, la falsa abuela va siempre acompañada de unos inquietantes aullidos). De todo esto el prota, ni papa, que sigue a su rollo, liándose con la secre del jefe y, eso sí, oyendo por las noches extraños llantos y gritos. Incluso llega a toparse con un cadáver putrefacto sentado en una silla de ruedas. ¿Se estará volviendo locuelo, o tanto la asesina de la guadaña como los momentos "Cuarto Milenio" van conectados?, ¿quizás alguien intenta hacerle perder la razón?. Caray, cuanto misterio (y cómo se nota la influencia de Dario Argento... ¿un cantante moderno enfrentado a unos crímenes bien sangrientos perpetrados por arma blanca?. Bien debió de liarla Argento en las Inglaterras cuando también Norman J. Warren plagió su "Suspiria" con "Terror", "El ente diabólico" en Espaing).
Pues sí, compañeras y compañeras, el buen regusto que conservaba del primer visionado adolescente de "Los crímenes del ático" estaba justificado. La peli funciona, y bastante bien. Toda ella va repleta de enigmáticos enigmas que te mantienen en vilo hasta el final, que es cuando se aclaran... y aunque el motivo del asesino, a pesar de ser potente, está un poco puesto ahí con calzador, lo perdonas, lo perdonas porque, de mientras, lo has disfrutado bastante y, más importante aún, has gozado de algunos muy leves pero significativos momentos de sutil escalofrío. Repito que la imagen de la vieja asesina funciona muy bien, y cada una de sus apariciones viene acompañada de una descarga en el espinazo. También molan las escenas en las que el cantante se pasea por el caserón, de noche, intentado descubrir el origen de los acojonantes llantos y berridos... sin mencionar cuando le conducen hasta el sótano y... en fin, mejor lo véis.
Muy británica toda ella y muy de los 70 (esos peinados, ese look, esas ropas, esas canciones deliciosamente horteras...), "Los crímenes del ático" no termina por ser ninguna obra maestra, ninguna maravilla ni título imprescindible del terror, pero sí una cosita bien maja y bien válida que merece verse... y, seguramente, la mejor peli de Pete Walker. Al menos de las que yo he visto, sí, sin duda.

sábado, 15 de diciembre de 2012

CONDENADOS DE ULTRATUMBA

"Amicus" era algo así como la "hermana pequeña y/o bastarda" de la sobrevalorada "Hammer Films". Sin embargo, curiosamente, a mi me gustan más las pelis "Amicus" que las "Hammer", tal vez porque las primeras destilaban más demencia y más modernidad (siempre estaban ambientadas en épocas presentes), mientras que las de "Hammer" eran más estiradas, elegantes y se desarrollaban en épocas pasadas (cosas estas, para mi, directamente perniciosas). También podría estar motivado porque la especialidad de la "Amicus" eran las pelis de capítulos, largometrajes compuestos de pequeñas historias de terror, y mientras eso es algo que, dicen, no acaba de encontrar su público y rara vez funciona en taquilla, a mi sí me mola. Y mucho. Lo que ocurre es que, son tantas las "Amiculadas" que he visto a lo largo de los años, que tengo un lío de puta madre y no acabo de saber qué historia pertenece a qué título, si a "Dr.Terror", a "Refugio Macabro" o algunas de las dos traslaciones a la pantalla que la compañía hizo de los afamados y respetados comics de la "E.C.".
Sí queridos, antes que "Creepshow" y su tributo, y antes que la serie "Historias de la cripta" al completo, estuvo "Amicus" con "Condenados de ultratumba" (es decir, "Tales from the crypt") y "La bóveda de los horrores" ("Vault of horror"). Hoy hablaré de la primera, la segunda caerá en breve. Por cierto, no confundir "Condenados de ultratumba" con "Cuentos de ultratumba", también de "Amicus" y dentro del mismo formato, pero sin relación con la "E.C. Comics", en realidad se trata de una adaptación de relatos del escritor R. Chetwynd-Hayes, quien volvería a relacionarse con el formato en la entrañable "El club de los monstruos" (no una "Amicus" movie, pero casi). Aunque esa es otra historia... ¡de terrorrrr!.
Naturalmente el tono "british" de las pelis de "Amicus" dista mucho de lo que luego harían los americanos partiendo del material impreso. Estos prefirieron quedarse con el humor negro, la truculencia y la estética abiertamente comiquera, mientras que los ingleses, con el bueno de Milton Subotsky como cabeza pensante, apostaron por un rollo más serio, gótico y... en fin, más propio de "Amicus". Esta notable diferencia influyó mucho para que, vista de chaval, "Condenados de ultratumba" no me conquistara. Pero ya saben cómo va esto, te haces mayor, refinas un poco tus gustos y cuando repites, ves las cosas de otro color.
Un grupo de individuos quedan atrapados dentro de una cripta junto al vigilante de esta (es decir, el "Crypt Keeper" que en los comics narraba las historias... y hay que ver qué diferente este, interpretado por todo un Sir, Ralph Richardson, ¡del animatronic de la serie de televisión!), quien les contará a cada uno de ellos los horrores que les esperan. Todos muy moralizantes.
La moza del grupo será la protagonista de "And All Through The House", la ya mítica historia del Papa Noel psicópata que Robert Zemeckis llevó a la pequeña pantalla. La diferencia de tono es bastante, pero la ventaja con la versión inglesa es que, al revés de la americana que se veía obligada a estirar la historia (mediante guión de Fred Dekker) para adaptarla a la duración del capítulo, el director de "Condenados...", que no es otro que el entrañable director de fotografía y especialista en terrores muy a su pesar, Freddie Francis, puede contarla utilizando menos metraje y, por ende, acercándose un poco más a las intenciones del tebeo. El resultado está bastante majo, destacando la continua utilización de villancicos como fondo sonoro. Por si a alguien le interesa, la cosa va de una pécora (adecuada Joan Collins) que la noche de Navidad mata a su marido para cobrar el seguro, con la mala pata de que un asesino vestido de Santa Claus recién escapado de un sanatorio ronda la casa. Así pues, la churri no podrá llamar a la poli porque el cadáver de su esposo reposa encima de la alfombra. Y, además, su hija pequeña duerme en el piso de arriba esperando la llegada del de la barba blanca.... el desenlace me lo sabía de memoria, pero sigue siendo eficaz.
La siguiente historia puede que sea la más flojita. Va de un tío que deja a su mujer y sus hijos para escapar con la amante. En la carretera se mete un leñazo, y cuando despierta, todo el mundo que lo ve huye horrorizado. ¿Por qué?. La cosa graciosa y, me supongo, aspecto original de este capítulo es que, en el momento posterior al accidente, toda la acción la vemos a través de los ojos del accidentado... efecto que en el tebeo sería de lo más llamativo y revolucionario, pero que en celuloide se queda un poco en nada. De hecho, el final es bastante previsible y atontao, con el rollo de "era una pesadilla, pero no, pero sí...".
Le sigue otra de las que molan... aunque solo sea porque, en su esencia, es puro puro "E.C. Comics" o, dicho de otro modo, una venganza de ultratumba (como "El día del padre" en "Creepshow", vamos). El grandioso Peter Cushing es un abuelete viudo y la mar de majo que vive en un vecindario de ricachones engreídos. No le pueden echar porque la casa que habita es de su propiedad y no le tragan porque le consideran sucio y raro. Uno de estos decide hacerle "mobbing" para que se las pire... tanto se pasa que, finalmente, el abuelete se suicida. Naturalmente, cuando se cumpla un año de su muerte, volverá de la tumba para vengarse. La historia es más básica y simple que una compresa usada, pero tiene su coña, por lo que decía antes, por ser puro "E.C.", porque sabes que el abuelete se tomará la revancha y lo esperas con ansia, porque todo se desarrolla con bastante celeridad y, sobre todo, por una secuencia de resurrección de lo más "cool" (cementerio repleto de neblina, pura atmósfera macabra) y el brillante maquillaje que luce Cushing, absolutamente deudor de los tebeos y que ha dejado huella, convirtiéndose en una imagen icónica del horror británico de la época. Y no es para menos.
La que hace cuatro compite con la segunda en el puesto de la más floja, pero no gana la batalla gracias a su delirio y dinamismo. Totalmente basada en el famoso cuento "La pata de mono" (que es citada directamente en los diálogos y usada como guía) va de una pareja que le pide tres deseos a una estatua mágica. Se cumplirán, sí, pero por la vía cabrona y, a cada cual, peor. Ya saben, "Quiero dinero", y cobras el seguro por el fallecimiento de tu pareja. Ese rollo. El final está entre lo impactante, lo escalofriante y lo ridículo. A gustos. Eso sí, a lo largo de la historia destaca otra imagen maravillosa e icónica, la de un motorista vestido de negro y de faz cadavérica. Mola mil.
Y la última pues está muy bien parida, la idea chana... pero se me hizo más larga. Tal vez porque ya la había visto, y no resiste bien un segundo intento o, justamente, por durar más que las otras. La cosa va de un hogar para abuelos invidentes y del nuevo director que se instala en el, un ex-militar la mar de estricto y jeta que se queda todo lo bueno y deja que los abuelos sufran. Al final uno de ellos muere, y los demás deciden vengarse con la ayuda del perro del director. Montan una trampa la mar de inverosímil (sobre todo teniendo en cuenta que son cieguitos), pero muy espectacular. El final lo ves venir, pero funciona.
Y fin. El guardián de la cripta les explica a todos el por qué de su presencia y se acaba la peli. Y bueno, lo hace sin cohetes ni gritos de alegría, pero sí con una sensación agradable. "Condenados de ultratumba" es sencillita, simpática, entrañable, bastante entretenida y, nada, que merece verse, ya lo creo.

sábado, 28 de marzo de 2026

EL ACTOR DEL TERROR

El actor especializado en cine de terror "Conrad Radzoff" no se lleva demasiado bien con sus directores. En apenas quince minutos de película, se carga a dos de ellos. Así pues, ya vemos cómo las gasta. Por ese motivo, cuando tras palmar por causas naturales y terminar como cadáver / entretenimiento en manos de un grupo de fans para dar color -paliducho- a una reunión social, revive gracias a la ayuda de una médium (en una escena de sobreactuación desaforada) y comienza a cepillárselos mediante crímenes que van de lo majo o truculento, a lo completamente tonto. Y eso es "El actor del terror" ("Frightmare" como título original, "Horror Star" como más popular segunda opción), película de inicios de los ochenta algo oscurilla, de buen arranque aunque plomizo desarrollo y no especialmente bendecida por los favores del fandom moderno, uno que queda en las antípodas de aquel que la protagoniza. Eran otros tiempos, y por ello aquí los devotos del terror son una panda de fiesteros, con cierta predilección por estéticas "new wave", que pasan mucho tiempo de charla y chirigota, pero poco viendo cine. Habitan un enorme edificio victoriano en cuya entrada destaca una hilarante placa donde reza "Horror Film Society" (también presente en su coche oficial, funerario por supuesto) y con variados posters en las paredes ("Las colinas tienen ojos", "Nueva York bajo el terror de los zombi", "Ssssilbido de muerte") o memorabilia en los estantes (parte cedida por Forrest J. Ackerman y David Del Valle, dos reputados expertos y/o coleccionistas). En lo que sí superan a los fans de hoy día es en devoción, tanta como para mangar el fiambre del Vincent Price, Peter Cushing o Christopher Lee de la ficción... y, justo, recurren a una añeja película de este último cuando se supone que estamos viendo al "Conrad Radzoff" más joven en el apogeo de su carrera, impogtando un cagajo que el parecido físico entre el famoso "Drácula" y el del "actor del terror", Ferdy Mayne, sea escaso. De inmenso currículum iniciado nada menos que en los años cuarenta, Mayne reserva una llamativa sorpresita, fue "dios" en "Noche en el tren del terror", película con la que, para bien o para mal, mantenemos una relación bastante estrecha (busquen la respectiva edición patria en dvd). Aunque decir que ese es su rol más icónico sería injusto considerando que dio vida al "Conde Von Krolock" de "El baile de los vampiros" (cuyo poster igualmente luce en los muros de la "Horror Film Society", toma guiño legañoso). También lo has visto en "Los desmadrados piratas de Barba Amarilla", "Conan, el destructor", "Aullidos 2" y un montón de productos añejos mejor considerados pero que, en fin, quedan fuera de nuestros intereses.
Le acompañan Luca Bercovici, que cuando no dirigía (como con "Ghoulies" y "Rockula"), gustaba también de actuar (en el "Parásito" de Charles Band, por ejemplo), Scott Thompson, el "Copeland" de la franquicia -iniciada con- "Loca academia de policía" y que, básicamente, encarna al mismo personaje que interpretara en, justo, "Ghoulies", el del colgado incapaz de quitarse las gafas de sol (pero, eso sí, que dedica un ratico a leer una novela de Stephen King), Jennifer Starrett como la chica buena del clan, un jovenzuelo Jeffrey Combs y, en el grupo de los veteranos, Chuck Mitchell (el mismísimo "Porky" de ya saben qué franquicia -es decir, la uno y la tres-), Nita Talbot, Leon Askin y Barbara Pilavin. Escribe y dirige Norman Thaddeus Vane, de poco lustrosa trayectoria. Otra suya que me sonaba haber visto chorromil veces en los vídeo-clubs es "Midnight" de 1988. Palmó en 2015.
Jeffrey Combs no es la única conexión indirecta de "El actor del terror" con la posterior "Re-Animator". Su personaje fallece decapitado, cosa especialmente graciosa dadas las circunstancias. Y su compañera de reparto, doña Starrett, gasta un aire a lo Barbara Crampton. Encima, ambas actrices responden al mismo nombre en sus respectivas ficciones, "Meg". ¡Asstupendo todo!.
Chapo el chiringo con una llamativa estampa (ausente en el film) escaneada de las páginas de un "Fangoria" de la buena época, de esas que le ponían los dientes largos a un jovenzuelo impresionable de mi porte.


jueves, 25 de agosto de 2011

NADIE INQUIETÓ MÁS

Desde Argentina, el director Gustavo Mendoza, experto en el cine de terror de su país, Se rueda con muy pocos medios este documental sobre el actor Narciso Ibáñez Menta, Español de nacimiento, Argentino de adopción, mito del cine de terror a lo Vincent Price o Peter Cushing y padre de otro de los maestros del terror patrio, Chicho Ibáñez Serrador.
El documental se desarrolla a base de entrevistas a amigos y familiares del actor, así como entrevistas de archivo al propio Narciso, y en el se nos cuenta toda la trayectoria del actor, desde sus inicios en el teatro, cuando Ibáñez Menta con tan solo 5 años, ya tenía su propia compañía, pasando por su etapa primeriza en el cine, y terminando con su periplo en el cine y la televisión de España.
Entre los entrevistados mas destacados, encontramos declaraciones de Sebastián D´arbó, Paul Naschy o Manolo Galiana.
Las buenas palabras y las constantes muestras de afecto hacia el homenajeado, convierten el documental en una cosa tremendamente ñoña y lacrimógena, aunque siempre hay alguna excepción, y alguno de los entrevistados se atreve a apuntar el carácter autoritario del actor.
Especialmente interesante es el segmento en el que, cámara en ristre, el director se acerca a un instituto en el que parece celebrarse una fiesta de Halloween, y comienza a preguntar a los jóvenes si saben algo acerca de Narciso Ibáñez Menta. Ninguno de los encuestados, tiene ni pajolera idea de quien se trata.
Como todas las biografías, este documental, montado con brío y con abundante material de archivo, resulta harto interesante, y un visionado no viene mal para conocer mas de cerca al mítico actor, puesto que por lo menos para el que esto escribe, su etapa primeriza en el cine argentino, así como sus obras de teatro en las que el terror está siempre bien presente, eran algo que desconocía totalmente.

martes, 19 de enero de 2010

ONDAS DE CHOQUE

La primera vez que vi esta peli -hace ahora ya bastante añitos- me pareció un rollazo de puta madre. Ayer noche, le di una segunda oportunidad (ya saben, con la edad uno se vuelve más paciente y permisivo) y, en fin, la encontré un pelín más soportable... incluso moderadamente entretenida.
Prototípico producto setentero (por su "look" y sus formas) sobre un grupo de turistas que, accidentalmente, aterrizan en una isla habitada por un viejo nazi ermitaño con un secreto, o mejor, con cinco o seis... concretamente una panda de soldados zombie mutantes con la capacidad de habitar bajo el agua y que hacen gala de un instinto asesino implacable. Como es de ley, no tardarán nada en surgir de las profundidades e ir a por los intrusos.
Muy reposadita y sin apenas una gota de sangre, "Ondas de choque" intenta crear una atmósfera sin conseguirlo, pero tampoco hace demasiada falta, tal como está, la peli se puede degustar tranquilamente (sobre todo eso, tranquilamente) y regalarse los ojos con un curioso y simpático cacho de cine de terror de los 70. Menos es nada.
Como suele ocurrir en muchas de estas "series B", el verdadero punto de interés lo encontramos entre el reparto y el equipo técnico. Peter Cushing y John Carradine no necesitan presentación, aunque hay que decir que sus papeles son algo escuetos, sobre todo el segundo. También es reconocible la chica prota, la guapa Brooke Adams, a la que has podido ver en "Invasion of the Body Snatchers" (la versión del 79) o "La zona muerta", entre incontables más. El director no es otro que Ken Wiederhorn, un tipo muy habitual en este blog, que debutaba para la ocasión. A los maquillajes tenemos a Alan Ormsby, nombre asociado -en diferentes funciones- a films como "Deranged", "Children shouldn´t play with dead things", "Dead of night", "Porky´s 2" o "El beso de la pantera". Como colofón, mencionar que Fred Olen Ray se encargó de la foto fija, ahí trabó amistad con John Carradine, quien saldría en muchas de sus futuras películas. ¿Bonito, eh? (tanto como el engañoso cartel... de zombies gigantes NADA... pero se perdona).

martes, 16 de agosto de 2011

BIGGLES, EL VIAJERO DEL TIEMPO

Es evidente que con esta película los ingleses intentaban comerse una porción de tarta Hollywoodiense. Estamos en plenos años ochenta, y el cine espectáculo de efectos especiales y aventuras mil triunfa más que nunca. Los habitantes de las islas británicas, hartos de su cine gris y anti-popular, decidieron tirar la casa por la ventana juntándose con yankis e invirtiendo mucha guita en un film modernísimo, repleto de acción y diversión para todos los públicos que fuera la respuesta patria a "Indiana Jones". ¿Y para qué tomarse la molestia de inventarse un personaje nuevo, disponiendo ya de todo un héroe de novela local como era el mentado Biggles (apodo de "James Bigglesworth")?, piloto de guerra creado por el escritor W.E.Johns durante los años 30, destinado a lectura juvenil (y parodiado por Monty Python en su serie de tv). Naturalmente, el plan era modernizarlo para el público de los años 80, así que situamos la acción principal en el presente, concretamente en Nueva York. Un agente de publicidad, con un remalazo a Mark "Luke Skywalker" Hamill, se convierte por azar (nunca nos explican ni la razón, ni el cómo) en viajero del tiempo, regresando al año 1917 y ayudando a Biggles en su batlla contra los alemanes. Así la historia se desarrollará entre ambas épocas y con un mismo fin, destruir una nueva y poderosa arma sónica que los germanos tienen muchas ganas de utilizar. Todo ello aderezado con unos títulos de crédito horripilantes en plan rayitos, letras de neón y tecno-pop horterísimo y en general una banda sonora repleta de canciones muy de la década, bastante indigestas.
Según me consta, el elemento ciencia ficción fue algo impuesto por la peli para adaptarse a las nuevas tendencias, es decir, que en las novelas originales nunca hubo nada de eso. Y es evidente que la intención era crear una franquicia, un nuevo "James Bond", y así lo vendieron en su época, pero el estrepitoso fracaso de la empresa a todos los niveles, jorobó el plan. Recuerdo perfectamente el momento. Como era lo habitual en mi, me obsesioné con aquella película y aquel personaje... bastante antes del estreno. Me moría de ganas de llevarme otro "Indiana Jones" al buche. Sin embargo, no pregunten por qué, cuando finalmente llegó a nuestras carteleras, perdí todo interés y no fui a verla. De hecho, y es algo que no deja de ser gracioso, jamás la vi, ni en video. Ayer, 15 de Agosto del 2011 fue mi "primera vez".
Y bueno, no está ni tan mal. Se nota algo envejecida, pero resulta un entretenimiento bastante aceptable. Llegados al minuto 45 (que es cuando comienzo a cansarme de todas las pelis que consumo), tienen el acierto de dar un nuevo giro emocionante a la trama que logra reengancharte. Eso sí, el desenlace es de lo más deslucido... y el final-final tópico (la pareja prota ¡¡se casa!!) y ridículo.
Por ahí pulula el gran Peter Cushing en lo que fue su última interpretación. Se los come a todos con patatas y té.
El director, John Hough, tiene en su curriculum títulos tan emblemáticos como "La leyenda de la mansión del infierno", "Drácula y las mellizas", "La montaña embrujada", "Objetivo: Patton", "El triunfo de un hombre llamado caballo" y "Escóndete y tiembla".
AH!!, naturalmente, tratándose de Inglaterra y los 80, no pueden faltar punks... punks, neogóticos y nuevos románticos que, ejem, escuchan a "Motley Crue". Pero por una vez no son malos, al contrario, ayudan a Biggles y su amigo en el tiempo a escapar de las redes de la policía. Simpática escena.
En definitiva, una película agradable.

sábado, 23 de octubre de 2021

LA CASA DE LAS SOMBRAS ALARGADAS

La nostalgia y lo retro no son una moda actual. Siempre ha existido. Puede que lo de ahora sea especialmente exagerado, ya que la han convertido casi en un género. Pero, como digo, desde siempre el séptimo arte ha mirado a su pasado con morriña, intentando recrearlo puntualmente. Cuando reseñé "La casa de los horrores", considerada hoy un epítome del slasher ochentero, recalqué que se vendía "como las de antes" en plan garantía de calidad, haciendo continua referencia a Frankenstein y demás horrores añejos. Pues bien, con "La casa de las sombras alargadas" (también conocida como "La casa de las sombras del pasado" o, directamente, "La casa de las sombras", aunque en su época se editara en España otra de idéntico titulo) ocurre algo semejante. En plena eclosión ochentera de horror de línea dura, a los capitostes de la "Cannon" se les ocurre producir una película que recrea con delectación los terrores de antaño, especialmente aquellos de tirón victoriano y origen británico. Ya saben, "Hammer Films", las historias de misteriosos asesinatos en lúgubres mansiones rodeadas de niebla y, por supuesto, la presencia de varios monstruos de aquel periodo. Y no me refiero a vampiros y hombres lobo, hablo de bestias de la gran pantalla -y el género, les gustara o no- como Vincent Price, Peter Cushing, Christopher LeeJohn Carradine en plan adobador, y un Richard Todd que, aunque no tan conocido, también se dejó ver por alguna de aquellas películas. Para dirigir el cotarro contamos con Pete Walker, inevitable cineasta british especializado en horrores que, aunque aquí se las da de clasicorro, lo cierto es que en el fondo era un exploiter, como bien demuestran algunos de sus títulos precedentes (por ejemplo, "Terror sin habla" o "Los crímenes del ático"). El guion no es moco de pavo y corre de la mano de otro señor que sabe mucho de sacar jugo al morbo, Michael Armstrong, director nada menos que de "Las torturas de la inquisición" (y "La casa maldita" + "Screamtime"). Pal caso se inspira muy levemente en una novela que, a su vez, fue adaptada como obra teatral.
Todo es muy elemental y formulático en "La casa de las sombras alargadas", pero para bien: Un escritor de éxito que solo busca el billete fácil hace una apuesta con su editor, escribir una novela de misterios victorianos en tan solo 24 horas, para lo que necesitará un caserón abandonado en el que currar con calma y sentirse inspirado. Ya en marcha la apuesta, resulta que dicho lugar está más habitado que el "Mercadona" un sábado por la tarde. Entre los presentes se encuentran los miembros de una familia reunida allí tras cuarenta años de espera. El motivo, liberar de su cruel encarcelamiento a uno del clan encerrado todo este tiempo bajo llave y que, se supone, se ha convertido en una bestia asesina sedienta de sangre y venganza.
Todo ello narrado muy a lo light. No falta algo de truculencia (a fin de cuentas, Walker nunca le hizo ascos), pero muy suave para el nivel habitual ya entonces. Y de tetas, cero. La elegante y aristocrática presencia de los cuatro iconos del horror clásico lo impedía. En el lado malo podemos achacar a la peli algo de pereza y, sobre todo, su naturaleza extremadamente tramposa, engañosa y absurda. Resulta hasta indignante. Pondría ejemplos, pero entonces me cargaría los muchos secretos que guarda la trama. Así que, si se disponen a verla tras leer este texto, prepárense para sentirse estafados... pero con una sonrisa. ¡Sí hombre! hay que tomárselo con humor, leñe, que a fin de cuentas "La casa de las sombras alargadas" no va con malicia. Es un pasatiempo ligero, simpático y entrañable para pasar un ratillo majo.
Además, tras años de verla en VHSs rancios y oscuros, en los que se hacía imposible apreciar detalle alguno, por fin he podido deglutirla en una versión remasterizada que da gusto. Y eso ayuda, desde luego.

sábado, 18 de septiembre de 2021

REFUGIO MACABRO

Ya saben -o deberían- lo que pienso del cine de terror británico clásico. No, no me va mucho. Y tampoco me tira nada la labor de "Hammer Films". Únicamente la gente de "Amicus" se ganó mi simpatía. Tal vez por su tendencia al formato episódico -que me gusta-, tal vez porque sus pelis se desarrollaban en la época moderna de entonces (nunca he conectado mucho con el rollo victoriano) o tal vez porque tenían un puntito de "trashismo" que las hacía encantadoras. No sé. El caso es que ya he reseñado unas cuantas (como "Condenados de ultratumba", "La bóveda de los horrores" o "Cuentos de ultratumba")  y hoy una más se suma al petate, "Refugio Macabro" (subtitulada "La casa de los locos" según la edición).
Fechada el año 1972, y originalmente bautizada como "Asylum", cuenta la historia de un médico que llega a un manicomio para entrevistarse con su director e incorporarse a la plantilla. Una vez allí, se encuentra que el susodicho ya no ocupa su silla, lo hace otro loquero que le cuenta que aquel perdió la chaveta y ahora forma parte de la clientela. De esta guisa le propone un juego. Deberá visitar a cada uno de los enfermos, escuchar la batallita de todos ellos y, al final, descubrir quién es el director original de la institución.
Y con la excusa, nos cuelan tres historias. Primero, una sobre un marido que decide asesinar a su cornuda esposa. Esta, al haber hecho tejemanejes con el vudú, revivirá para vengarse... o mejor dicho, lo harán la suma de sus partes. Pal caso llama la atención que el asesino consiga descuartizar a su víctima sin derramar ni una sola gota de sangre. Ni salpicarse la camisa. Está simpática. Le sigue otra sobre un sastre al que encargan un traje muy raro que brilla en la oscuridad y tiene el poder de otorgar vida a objetos muertos... o personas muertas. Cuando el tipo que se lo encargó decida no pagar, se liará parda. Esta puede que, con sus carencias (le insisten al sastre que siga las reglas a rajatabla, este no cumple y, en apariencia, no hay consecuencias), sea la mejor. La más original al menos. Y llegamos a la tercera, la peor. La más aburrida. Va sobre una tipa recién salida del manicomio que se reencuentra con su peligrosa hermana, quien recurrirá a la violencia para librar a aquella de las garras de quienes la retienen. El final se supone sorpresa... aunque se ve venir a la legua (supongo que en 1972 se vería un poco menos).
Aquí terminarían las historias para centrarnos en la trama de base. Cuando el doctor llega hasta el último paciente, resulta que este se ha aficionado a construir robotitos con la cara de personas reales y la intención de transferir sus mentes al interior para convertirlos en una extensión de ellos mismos. Llegado el momento, el chalado hará lo propio con uno al que usará como máquina asesina. En este caso llama la atención el aspecto de los robotitos, entre lo encantador y lo patético. En realidad se limitaron a coger esos robots de juguete que muchos de nosotros -los de mi quinta- pudimos tener en la infancia, a cuerda con ruedecitas en los pies y que iban avanzando torpemente, compuestos de un torso en forma cuadrada, pintarlos de plata y añadirles una cabeza "realista" que intenta parecerse al actor que lo maneja. ¡Saleroso!.
Con eso y un bizcocho, llegamos al final de "Refugio Macabro" que, como buena película "Amicus", nos depara un desenlace sorpresa razonablemente efectivo aunque un poco risible.
Y resulta que hemos pasado poco menos de 90 minutos bastante amenos, a los que han contribuido, como es de menester, el look añejo/setentero del film, sus buenas maneras, ese lenguaje visual clásico, anticuado, pero agradecido para mis cansados ojos y un puñado de rostros reconocibles y entrañables por igual: Richard Todd, Peter Cushing, Britt Ekland, Charlotte Rampling, Herbert Lom, Patrick Magee o Robert Powell.
Escribe el prestigioso Robert "Psicosis" Bloch. Dirige el todoterreno Roy Ward Baker.
"Refugio Macabro" es la prueba contundente de que, en cine de terror, cualquier pasado fue mejor.

sábado, 28 de mayo de 2022

LA NOCHE DE LOS MUERTOS VIVIENTES 1968

No han sido pocas las ocasiones en las que -incluido este mismo blog- he expresado el poco placer cinéfago que me proporcionaba un supuesto clásico indiscutible del terror moderno como "La noche de los muertos vivientes", la primera, la de George A. Romero. Es más, una vez incluso lo esputé delante de una audiencia, y sufrí algunos abucheos. Pero, sí, es bien cierto que me aburría mortalmente. Y crean si les digo que no estaba orgulloso. Resultaba altamente frustrante estar ciego ante aquello tan estupendo que, en términos generales, todos parecían detectar, a pesar de tener consciencia de su importancia histórica tanto a nivel cinematográfico como social, de sus elementos rompedores, innovadores y transgresores. Me moría de envidia cada vez que mis padres me hablaban del intenso miedo que habían sentido consumiéndola en una gran pantalla cuando llegó a las Españas. Debió ser la repolla sentarse virgen ante algo tan vanguardista y sufrirlo. En mi defensa puedo decir que lo viví a escala microscópica el fatídico día que, siendo chavalín, vi "Fundido a negro" porque, decían mis mayores, no era una película fuerte. Y no lo era... salvo la escena en la que el prota se mete en un cine para consumir "La noche de los muertos vivientes" y vemos algunas imágenes de la misma. Ese primer plano del podrido rostro de una cadáver revivida asomando entre la penumbra bastó para erizarme los pelos y provocar mi llanto. Cuando finalmente me la agencié -de modo voluntario- mediante copia VHS, la puse junto a "Robocop". Hay que tener en cuenta que, por entonces, había consumido películas posteriores de don Romero de las que era tan fan como "Creepshow" o "El día de los muertos", así que, lógicamente, aquella primera intentona, sin truculentos trucajes de Tom Savini, ni nada espectacular, pues no me funcionó. Aunque me la quedara por lógicos fines completistas.
La última vez que me enfrenté a ella fue en el Festival de Sitges, con la versión "Especial 30 aniversario" facturada por esa rémora oportunista y sin talento llamada John Russo. ¡Madre mía, que agonía! Mejor olvidarlo. Baste decir que no ayudó a cambiar mis impresiones. Más bien las incrementó. Aunque, y esto sí que no me lo explico, llegué a disponer del dvd que luego editó "Manga Films". ¿Hein? Probablemente me lo regaló alguien y no lo recuerdo. Podría ser. En cualquier caso, acabé sacándomelo de encima.
Y así han ido pasado los años, hasta que he llegado a una etapa "zen" de mi fútil existencia en la que me ha dado por revisionar muchas de aquellas decepciones, aplicando grandes dosis de paciencia, atención e interés, para ver si así, ya maduro (o casi), consigo lo que no logré siendo jovencito: Apreciarlas.
No les voy a contar el argumento de "La noche de los muertos vivientes" porque se lo saben de memoria. En cualquier caso, le di al "Play" de mi cutre-dvd. A medida que avanzaba, el aburrimiento iba in crescendo, así como la ristra de bostezos. Llegó el momento de rendirme a la evidencia: "¡Maemía, pero que coñazo!" Venga diálogos y más diálogos. ¡¿Cuándo se acabará esta tortura?!.
Hasta que, ¡ups!, superada tooooda la extensa parte en cuestión, los personajes deciden cerrar el pico y actuar. Salir al exterior de la casa, enfrentarse a los muertos vivientes y dejar estallar el conflicto entre ellos. Ahí noté un cambio. Una mejora. Detuve las miradas al móvil y los pensamientos ajenos a lo que ocurría en pantalla. Todo ese segmento del film se ganó mis atenciones y aportó una dosis de positividad a la experiencia. De hecho, logró lo que, según mi opinión, es clave: un buen regusto final. Casi hasta olvidar toda la parte previa. Así que, sí, puedo decir que en este visionado conseguí lo imposible, reconciliarme con "La noche de los muertos vivientes". Nada demasiado llamativo. No voy a pillarme el Blu-Ray remasterizado. Ni va a sustituir a "Creepshow", "Zombie / Dawn of the dead" y "El día de los muertos" como mis Romeradas predilectas... pero, oigan, al menos ya no estará en lo más bajo de la lista (ahora tocaría revisar la que lo está, "Martin / El regreso de los vampiros vivientes").

A continuación, les dejamos con la caratula completa del lanzamiento en vídeo. Básicamente por dos motivos, su hermosura y el detalle de atrás. Muchos habrán ya reconocido que ese zombie dibujado no pertenece al film de Romero, sino a "Condenados de ultratumba", concretamente es Peter Cushing embozado en maquillaje. Como ven, el caratuleo chungo se extendía incluso a los clásicos.



sábado, 22 de enero de 2022

CREEPSHOW TV (2ª TEMPORADA)

Asumida la poca naturaleza "Creepshowiana" de esta versión para la caja tonta, y que cualquier intento de mandar un guiño al clásico (como la música de los feísimos créditos iniciales) únicamente incrementa la dolorosa comparativa, me agencio las segunda y tercera temporadas completas. Me las veo (no sin cierta ilusión, lo reconozco) y las reseño. Aquí tienen todos los capítulos de la que hace dos. En breve, la otra.

CAPÍTULO 1 - "Model Kid" / "Public Television of the Dead": Rememoremos la historia que introduce y cierra el "Creepshow" de George A. Romero: un crío abroncado por su severo padre, que le tira los tebeos a la basura, recibirá justa venganza cuando se agencie un muñeco vudú. Bien, esa es la base de este "Model Kid". Cambiamos al padre por el tío. Cambiamos al niño morenito por uno rubito (probablemente alter ego del Greg Nicotero infante). Y al muñeco vudú por una figurita de esas de la marca "Aurora" (no en balde es ese un nombre que sale varias veces a lo largo del capítulo). Se agradecen estas movidas de niños fans del terror marginados por adultos o matones en el colegio, y que se toman la revancha. Pero la verdad es que ya comienza a ser un recurso trillado y cansino. Al villano lo interpreta Kevin Dillon. El guionista, John Esposito, tiene una larga experiencia en el género, aunque tal vez su logro más peculiar sea esa cosa de nefasto recuerdo titulada "La sombra del faraón". En cualquier caso, aquí el efecto comparativo es TOTAL y, obviamente, muy dañino.
La siguiente historia, "Public Television of the Dead", debería fliparme porque es un absoluto tributo a "Evil Dead" (y un poco al Sr.Romero y su recurrente Pittsburgh). El mismo Ted Raimi -haciendo de Ted Raimi- acude a un programa de antigüedades a mostrar el "Necronomicón" (ya que, como aclara, pertenece a su familia desde hace muchos años, ¡¡juas!!). Lo leen en directo y se arma la marimorena. Uno de los encargados de poner orden será un relajado pintor televisivo visiblemente basado en otro real redescubierto y reivindicado recientemente -a través de la bufa, algo muy común hoy día-: Bob Ross. Viene aliñado con unas gotillas a lo Mr.Rogers, para quien Romero curró en su época. Precisamente, otro de los héroes de la función es un cámara y realizador regordete de nombre George. Todo muy familiar. Uno de lo momentos más graciosos consiste en el pintor recreando en un lienzo el escenario al completo de "Terroríficamente muertos". Lo demás, puro manual.
Bien, una característica común en la serie a partir de aquí (y que se extenderá a la tercera temporada) es su obsesión por comerle la polla indiscriminadamente al fan medio a base de guiños, homenajes, tributos y lameculadas. Y funciona, según he podido leer muchos pican. A mi me irrita bastante. Lo veo un modo muy ruin de parapetar la falta de buenas ideas propias. En otras palabras, no van a lograr cegarme por mucha rosca que hagan al fan nostálgico que hay en mí. No me vendo tan fácil.
Dirige ambos capítulos el mismo Greg Nicotero.

CAPÍTULO 2 - "Dead and Breakfast" / "Pesticide": "Dead and Breakfast" gira en torno a los nietos de una vieja asesina psicópata que se mueren por convertir la mansión que aquella usó para sus escabechinas como marco turístico. Y forrarse en el camino, claro. Pero el público la ignora, así que invitan a una youtuber especializada en crímenes reales para que pase allí unos días y la promocione. Lo malo es que la chavala comenzará a poner en duda la veracidad de todo ello. Este capítulo es tan entretenido como interesante. Los personajes gastan carisma, la youtuber es genuinamente odiosa y repugnante y, en fin, ¡sale C.Thomas Howell! (compartiendo protagonismo con Ali Larter, superviviente de algunas entregas de "Destino Final"). El desenlace no decepciona. Parte de ello se lo debemos a los guionistas Erik Sandoval y Michael Rousselet (que repetirán en la temporada 3) y a la señora directora, Axelle Carolyn, responsable de la reciente "La mansión", que no funciona tan bien como su aportación al "Creepshow" televisivo, pero se deja ver.
Por desgracia "Pesticide" no repite la hazaña. La idea de que un tipo contrate a un exterminador de plagas para acabar con unos vagabundos que okupan su fábrica está bien. Pero, a partir de ahí, la cosa se torna un caos, un delirio que no entiendo a donde va ni que pretende, a pesar de contar con unos notables efectos especiales. Lástima. Obviamente las referencias, sobre todo sonoras, a la famosa historia de las cucarachas del "Creepshow" original son unas cuantas. Entre el reparto destacan el Carpenteriano Keith David y Ashley ("Hellraiser") Laurence. Dirige Don Nicotero.

CAPÍTULO 3 - "The Right Snuff" / "Sibling Rivalry": "The right snuff" está un rato chula (aunque, eso sí, el "Creepshowismo" sigue brillando por su ausencia). Protagonizan el culebrón unos astronautas en pleno viaje experimental para probar una máquina capaz de juguetear con la gravedad. El inventor de esta recibe todos los laureles, mientras que el piloto vive acomplejado porque su padre, un astronauta famoso, le hace mucha sombra. Dicho complejo se acrecentará cuando les anuncien que han de entrar en contacto con vida alienígena por primera vez y el elegido sea el inventor. La envidia del otro estalla y, en fin, corre la sangre. Pues sí, para estar todo el episodio ambientado en una nave (a base de decorados y efectos bastante potables) y dos personajes, la cosa se aguanta bien gracias a lo interesante de la trama, científicamente (todo el tema de la gravedad artificial) y humanamente hablando (lo de las envidias y frustraciones. Algo que, viviendo como vivimos en este país, nos cae muy cerquita). El único pero que le pongo es el aspecto de los aliens, un poco chungo. Se agradece que estén hechos a mano y, supongo, gasten unas formas voluntariamente "camp", pero no creo que case bien con el tono del capítulo. Protagonizan Breckin Meyer de "Pesadilla final: La muerte de Freddy" y Ryan Kwanten de "Silencio desde el mal". El dire es el normalmente insufrible Joe Lynch.
La historia que sigue desciende unos peldaños. Arranca como una comedia "teen" de pijas histéricas, lo que justifica la presencia de Molly Ringwald como directora de un instituto a la que una adolescente lerda le cuenta que su hermano ha intentado matarla. Las cosas derivarán por derroteros vampíricos. Lo mejor lo tenemos cuando la adolescente comenta que sus únicas experiencias sexuales compartidas consisten en hacer pajas. Lo demás, extremadamente tontuno y olvidable. Guioniza una tipa. Dirige Rusty Cundieff de "Tales from the hood" o "Fear of a Black Hat".

CAPITULO 4 - "Pipe Screams" / "Within the Walls of Madness": Retomamos la movida del "monstruo usado como arma arrojadiza contra un ser humano detestable" -es decir, la historia del bicho de la caja en el "Creepshow" original- y lo hacemos de la mano de la entrañable Barbara Crampton, que pal caso da vida a una casera despiadada y racista (hay incluso un momento que aparece medio borracha con un vaso en la mano, igual que Adrienne Barbeau). La acompañan Eric Edelstein (uno de los nazis malotes de "Green Room") y un bicho no especialmente mal logrado a base de pelos y suciedad que se oculta en las tuberías. Una historia muy tonta, que no aporta nada, pero tampoco ofende. Dirige Joe Lynch.
Con "Within the Walls of Madness" me perdí un poco, resulta algo liosa, pero digamos que gira en torno a un tipo condenado a muerte por una serie de asesinatos que, dice él, fueron cometidos en realidad por un demonio surgido de una dimensión paralela gracias a los esfuerzos de una científica interpretada por Denise Crosby, de "El Cementerio Viviente". Sin más. Dirige todo un VIP del club "Creepshowiano", John Harrison.
Aprovecho el inciso para comentar que las transiciones animadas de esta segunda temporada molan bastante. Se alejan del tono realista de la anterior (y el film original), y evitan el look "flash" que veremos en la siguiente. Las que nos ocupan tiran de rollo caricaturesco y denotan mucho estilo. Un toque original de la serie que, por raro que suene, funciona.

CAPITULO 5 - "Night of the Living Late Show" : A modo de colofón, Nicotero y los suyos cierran la temporada con un capítulo especial de duración doble, donde retoman el "servicio oral para el fandom" pero, al menos, de un modo más inteligente, integrándolo en la trama sin que irrite excesivamente. Y pal caso, además del inevitable guiño con posterior moratón en el ojo al recurrente Señor Romero y sus zombies, tenemos una referencia constante y sangrante nada menos que a nuestra "Pánico en el Transiberiano". Se lo explico.
Justin Long -al que hemos visto en "Jeepers Creepers" o "Arrástrame al infierno"- da vida al inventor de la máquina de realidad virtual definitiva, una que permite al usuario formar parte de sus películas favoritas. En su caso se trata del clásico dirigido por Eugenio Martín. No solo lo disfruta, además anda enamorado del personaje que interpreta ¡¡¡Silvia Tortosa!!!. De esta manera el inventor huye de su mediocre realidad y, muy especialmente, su señora esposa, con la que se casó por dinero y que, obviamente, no luce tampoco muy apetecible (aunque ni mucho menos es el cayo que nos pretenden vender). La cornuda, harta de desprecios e infidelidades -virtuales-, usará la misma máquina para vengarse.
Lo cierto es que, llegado el momento, comencé a pensar aquello de "Me aburroooo", antes de descubrir que consumía un capítulo más extenso de lo habitual. Pero no está demasiado mal. Las escenas en las que Justin Long entra a formar parte de "Pánico en el Transiberiano" e interactúa con Christopher Lee, Peter Cushing o la misma Tortosa, tienen su gracejo, aunque tampoco es que estén estupendamente facturadas. Llama la atención que se busquen a una doble de la actriz catalana cuyo parecido resulta bastante discutible.
El guion corre a cargo de Dana Gould, todo un personaje mediático ligado a cosas tan distintas y curiosas como "Los Simpson", "Mystery Men" o esa rareza titulada "Me levanté temprano el día de mi muerte". Dirige Greg Nicotero.