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martes, 3 de diciembre de 2013

SPACE TRUCKERS

Cuando se estrenó esta película en plenos años noventa, se referían a ella como “Una de ciencia ficción independiente”. Esto lo que es en realidad, es una serie B contemporánea, pero en toda regla, que por otro lado, es dónde Stuar Gordon –dire- se siente a gusto y  dónde se desenvuelve como un absoluto maestro.
Por otro lado, es una comedia consumada, que no parodia, ambientada en el espacio, cuya historia muy bien se podía desarrollar en carretera sin perder un ápice de gracia, pero lógicamente, el hacer una cosa de camioneros espaciales del futuro, tiene mucha coña. No en balde, el guión es obra del editor de la archi-conocida revista cómica “National Lampoon”, Ted Mann.
Cuenta, básicamente, la historia de un camionero que lleva en su vehículo espacial una carga de cerdos y, como su camión es viejo y destartalado, llega a su destino dos días tarde, lo que hace que el receptor de la carga se niegue a pagar lo acordado, lo que desencadenará los problemas. Por otro lado, llegarán unos piratas espaciales que pondrán en tesituras cómicas a nuestros protagonistas. Pero el verdadero quiz de la cuestión está en unos robots indestructibles creados por un doctor (ahora pirata), que llegado el momento conquistarán el mundo, y que se las tendrán que ver con nuestros protagonistas, a los que se les da un mando a distancia que los desconecta.
Guardando ciertas similitudes con “Starship Troopers” de Verhoeven, la película cuenta con un humor  tan cafre como sutil que sería imperceptible por el espectador medio, con lo cual la ignorancia hizo que la película se tomara muy en serio, y en consecuencia se convirtiera en un fracaso. Sin embargo, es una de las mejores películas de género de aquellos años. O al menos, de las más divertidas de la fatidica década de los 90.
Protagonizada por Dennis Hopper, que veinte años atrás era un referente de la contracultura de los  setenta pero que entrados los noventa deambuló con eficacia en la serie B,  Stephen Dorff que aspiraba a galán Hollywodiense y se ha quedado a medio camino, granjeándose así una carrera más o menos de culto en el que directores video-cluberos y los autores de prestigio se lo rifan, mientras el individuo no llega a forrarse a base de bien como le habría gustado, y  Debi Mazar, tres cuartos de lo mismo que Dorff. Quien verdaderamente se lleva la palma es Charles Dance (“El chico de oro”, “Alien 3”), que interpreta al creador/pirata de los robots, mitad humano, mitad máquina y que posee un pene que con las debidas descargas eléctricas volverá locas de placer a las mujeres, que está desternillante y memorable, y se prodiga como lo mejor de la peli.
¡Ah! Y los asientos del camión de Hopper, son ¡asientos de montaña rusa!.
En cuanto a Stuart Gordon, siguió haciendo ciencia ficción barata (ya la había hecho con “Robot Jox”) con “Fortaleza Infernal” y sacándole absoluto provecho a sus ajustados presupuestos, convirtiéndose en uno de los mejores directores de todos los tiempos, sin llegar jamás a hacer una sola película de estudio, siempre independiente y de pocos millones. El guión de “Cariño he encogido a los niños”, sería casi anecdótico en su interesantísima carrera.
Y “Space Truckers”, la verdad que está muy maja.

martes, 14 de septiembre de 2010

LA PUERTA

Hablar de "La Puerta" es, para mi -y en un alarde de habitual nostalgia-, hablar del cine "Continental", a disposición de usuarios en aquellos tiempos (mediados / finales de los 80) en el barrio de Collblanc, Hospitalet, a quince minutos andando de mi casa. Un cine al que acudí a ver muchos títulos míticos ("Rambo", "Hellraiser", "Creepshow 2"...) y actualmente chapado tras una temporada mutado en formato Bingo. De entre todos ellos se erigen algunos que, a pesar de estar paridos con pocos medios y no contar entre sus responsables con nadie famoso, lograron congregar a bastante gente y terminaron convertidos en pequeños e inesperados éxitos. Como, por ejemplo, el "Witchboard" de Kevin S. Tenney (que algún día repasaré para reseñar aquí) o este "La Puerta" de Tibor Takacs.
En "La Puerta" tenemos niños con gorra de beisbol subidos a bicicletas recorriendo suburbios de casitas blancas de dos pisos, tenemos amplios jardines convertidos en micro-cosmos en los que todo ocurre, tenemos monstruos, rayos de colores, luces cegadoras... resumiendo, todas aquellas características que definían el sello Steven Spielberg. El cine del Rey Midas de Hollywood siempre se situaba en idénticos parajes y hacía gala de idénticas virtudes (si no en funciones de director, sí en las de productor). Que todo eso lo veamos en "La Puerta" no es un juego retro-referencial o post-moderno, como sería hoy, es que entonces, en ésa década, aquello era lo típico y normal en cualquier producto pensado para jóvenes. Exactamente como el film que nos ocupa.
En el jardín de casa de nuestro protagonista se forma un extraño agujero. Según su amigo heavy metalero se trata de una puerta a los infiernos. Ni que decir que, por una serie de casualidades, aquella misma noche las criaturas del averno saldrán de las profundidades dispuestas a asustar a los chavales primero, y a invadir el mundo de los vivos después.
Todos los elementos terroríficos e incluso asquerosos (que los hay) están medidos con regla para no ser excesivamente traumáticos ya que, repito, la intención es contentar a un público entre los... hummm, pongamos 15 y 20 años. Los apañados efectos especiales (mucho y jugoso stop motion) son los reyes de la función sobre todo en la segunda mitad de la trama, curiosamente, la más floja del conjunto. La que la precede hace gala de un ritmo más dinámico y resulta notablemente disfrutable. Aún así, y a pesar de ello, "La Puerta" es un pequeño film que funciona notablemente bien a la hora de entretener, y eso ya es mucho.
En el reparto destaca Stephen Dorff (que podría llamarse Stephen Dwarf, ya que parece un puto enano sin cuello) quien, más crecidito, lograría destacar actuando en algunos films de peso.
Como he contado en otras ocasiones, Tibor Takacs dirigió un segundo film ("Lecturas Diabólicas") que, supuestamente, tenía que confirmarle como nuevo talento. Sin embargo, su fracaso le llevó a rodar "La Puerta 2" (reseña en muy breve). Tampoco esta ruló en taquilla, lo que acabó encasillando al cineasta en productos catastróficos o de animales gigantes destinados a la tele por cable. El remake oficial está previsto para el 2011... vamos, que lo de la mediocre "Miedos 3D" es plagio o mera casualidad.
La palabra perfecta para definir "La Puerta" es ENTRAÑABLE.

sábado, 3 de octubre de 2026

MIEDO PUNTO COM

Podemos decir, sin excesiva temeridad, que en el 2002 internet todavía era algo lo medianamente excitante y exótico como para que una película construyera toda su trama en torno a una página web maldita, de contenido totalmente sórdido, en la que un tarado transmite sus crímenes formato online. Si te haces cliente habitual, terminarás palmando (¡hola "The Ring"!) tras sufrir una serie de alucinaciones en torno a tus miedos más atávicos, acompañados por la ya recurrente aparición de una cría siniestra de blanco nuclear jugando con una pelotita. Un poli atormentado y su interés amoroso investigarán, se implicarán y solucionarán el entuerto.
Desde entonces se han hecho más largometrajes en torno a los peligros ocultos en la world wide web, pero "Miedo Punto Com" tiene una cualidad extra, y no es su condición de posible pionera (habría que estudiarlo y como que no me apetece), sino el hecho de quien la firma, William Malone, cineasta iniciado en el campo del bajo presupuesto con "Scared to Death" o "Creature" que logró internarse en cierto mainstream, ganándose un inexplicable estatus de "Master of Horror", especialmente cuando fue fichado por Mick Garris para formar parte del séquito de nombres ilustres asociados a aquella serie. La verdad, no me lo explico. Malone tendrá muchas cosas, pero lo de "Master of Horror" le viene así como muy grande. Básicamente porque él, sufriendo de "efectismitis" como sufría, contribuyó a que el género de nuesos amores (aunque cada vez me cueste más soltar tal afirmación) viviera sus peores momentos entre los noventa y los primeros dosmiles. De cuando los cineastas responsables olvidaron una cosa esencial: que el cine de terror debería dar miedo, y no sobrealimentarlo a base de sustos baratos y estilismos descontrolados.
¿No me creen? Pues sepan ustedes que Malone venía de rodar una de las peores piezas de su época, el remake de "House on Haunted Hill" para la compañía que, en términos generales, hirió de muerte al terror, "Dark Castle" (no en balde comandada por varios gerifaltes tochos de Hollywood con su visión deformada del asunto). La especialidad de Malone consistía en sobresaturar nuestros sentidos a base de luces estroboscópicas, montaje metralleta compuesto de supuestas imágenes "shock", cámara rápida a ráfagas, fogonazos, sobreexposición, lentes deformantes, y todo aquello que pudiera empujarnos al suicidio voluntario (o al ataque epiléptico indeseado), coronado por un fin de fiesta igualmente excesivo, verbenero, ruidoso y que te sacaba de la película mediante patada en el bul (si es que no estabas ya fuera desde hacía rato).
Y todo eso luce fantásticamente en "Miedo Punto Com". Lo triste es que arranca bien, presentando un misterio intrigante. Pero en cuanto comienzan las pesquisas, todo se va volviendo chaposo y desasosegante (en el peor sentido). Da la sensación que William Malone y su guionista (curiosamente una dama, Josephine Coyle. Figura como única culpable -sobre una "story" de Moshe Diamant-, aunque en algunos lugares pongan en tal cargo hasta tres personas. Doña Coyle no se ha prodigado nada en el campo del escribismo cinematográfico y antes únicamente había firmado una peli romántica con pinta razonablemente poco atractiva, "La balada del ruiseñor") no sepan muy bien por donde tirar, por qué decantarse. Tenemos asesino chungo a lo "Seven"/"Se7en" (otra notable influencia), tenemos, como decía, página web encantada y tenemos fantasma vengador, ¿el resultado? un batiburrillo indigesto rociado además con inadecuado y todavía algo fangoso CGI.
¿"Miedo Punto Com" un blanco fácil? Es probable. Pero mi intención era genuinamente redentora. Volver a verla desde la lejana primera insatisfactoria ocasión en busca de una segunda oportunidad. Pos no, esto es insalvable. Un chuzo épico y un modo de hacer cine que, por fortuna, ya ha dejado de practicarse.
Redondean el redondel las interpretaciones de Stephen Dorff, una bellísima Natascha McElhone (venía de títulos de solera como "La sombra del diablo", "El show de Truman" o "Ronin" y, básicamente, a raíz de esto su carrera se internó en parajes algo más tenebrosos), un actor británico haciendo de villano -para no perder las costumbres- (ya saben como las gastan los yankis), Stephen Rea, + la aparición de dos figuras de puro culto, Jeffrey Combs y un casi visto/novisto Udo Kier. Hablando de alemanes, si toda la película es ya de por sí profundamente agónica, encima tiran de esa tendencia tan en boga entonces a base de siniestrismo de saldo y matraca falsamente alternativa, destacando la presencia en la banda sonora de un grupo al que odio, "Rammstein". Aunque, seguramente, odie más a aquellos que les adoran, incapaces de rastrear de donde plagiaron sus maneras semejantes chorizos pelacañas.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

LA PUERTA 2

Pues ala, ¡anunciada estaba!. Secuela tirando a tardía (se filmó en 1989, pero no se estrenó hasta 1992 por problemas de distribución) e intento por parte de su director, Tibor Takacs, de recuperar la pequeña estrella perdida. ¿Resultado?, terrible. No me sorprende que fuese un batacazo. Aquí directamente llegó en vídeo, y si ya entonces me pareció un rollete, ayer noche, más viejo y desencantado, la encontré agónicamente insufrible.
Desaparecido de escena el personaje de Stephen Dorff (imagino que para entonces tendría aspiraciones más altas), Takacs recurre a su amigo heavy metal para seguir la historia. Ahora, ya un adolescente en toda regla, vive obsesionado con la demonología (¡que no satanismo!, ojo al parche) y lo experimentado en la otra peli. Con el fin de ayudar a su alcoholizado padre, organiza un rito para pedir favores varios. Al cotarro se une la mini-panda de macarras del barrio. De entrada la cosa sale bien, el prota captura a un demonio y comienza a exigir. Obviamente, y según avance la pesada trama, los deseos se irán volviendo contra el/ellos. De por medio hay una chavala y bla, y bla bla, y bla.
Una de dos, o el realizador contaba en esta ocasión con un presupuesto más escueto, o es que supo sacarle menos lustre que en "La Puerta 1". Sea como fuere, con este film Takacs se ganó por derecho propio su actual puesto de director de subproductos directos pa la tele por cable, porque "La Puerta 2" hace gala de la misma estética plana, sosa, fría y sin brillo que sus films de serpientes gigantes en CGI o terremotos chusqueros. "La Puerta 1" era sencilla, pero tenía vida, color y pasión. La segunda es todo lo opuesto, es triste, es lenta y, mucho peor, criminalmente aburrida. No nos interesa absolutamente NADA de lo que ocurre en ella. Y encima, uno de los mayores aciertos del film precedente, los demonios enanitos que se contaban a decenas en aquella, aquí se reducen a uno solo.
Que sí, que hay menos pasta... pero no creo que eso sea una excusa, con semejante trama y elementos, bien podría haber parido una peli un poco más divertida, cojones.

lunes, 14 de mayo de 2018

LEATHERFACE

La precuela de “La matanza de Texas” que se basa en los años mozos del pequeño de la familia, viene avalada por tener en la dirección a Maury y Bustillo, directores franchutes que tuvieron a  bien debutar con una película de terror que hizo su ruido en el momento, “Al interior” pero que en realidad, salvo aquella película, todo lo demás que hicieron no es como para rasgarse las vestiduras, así que afrontamos el visionado de “Leatherface” con cierta cautela.
Como pasó también con su película “Livide”, Maury y Bustillo son unos titanes en lo que a la puesta en escena se refiere, y unos patanes a la hora de mantener el nivel los siguientes 80 minutos de metraje.
En “Leatherface” pasa absolutamente lo mismo. Nos presenta al protagonista siendo niño, a su familia haciendo de las suyas y a la sierra mecánica.  Y parece que va a molar. Los créditos, austeros y apareciendo en mitad de una secuencia en la que Leatherface se carga a una víctima que ha capturado su familia, hacen presagiar lo mejor. Incluso, después de créditos, cuando vemos el primer asesinato de la película, y como Leatherface aparece ataviado con una cabeza de vaca a modo de máscara, la cosa sigue prometiendo… hasta que comienza la película de verdad y el aburrimiento y la falta de interés, hace que tomemos el móvil por si hay que contestar algún whatssup.
La acción nos traslada a un hospital psiquiátrico dónde está internado Leatherface absolutamente trastornado por culpa de la familia que le ha tocado en suerte, pero mostrándonos en todo momento que se trata de un muchacho bondadoso. Pronto escapa del hospital junto a otros tres enfermos mentales que secuestran a una de las enfermeras, y a partir de ahí, Leatherface pasa a convertirse en un personaje secundario, casi prescindible, y la cosa se centra en las tropelías por los caminos de esta particular troupe y el sheriff que los persigue, en una suerte de “Road Movie” en la que casi todo es gratuito. Y poco más…
Y además, como fan que soy de las secuelas, que en mayor o menor medida, me gustan, pienso seriamente, que Leatherface era más aterrador y misterioso cuando no sabíamos nada de él, cuando solo sabíamos que era un retrasado mental. No hacía falta buscarle un origen (que ya lo había en “La matanza de Texas: El origen”) y menos saber que cojones pasaba en su adolescencia, porque en realidad, es información poco útil.
Por otro lado la estructura telefilmesca acaba de cargarse la película y la torna insalvable, por muchas sangre e higadillos que, de vez en cuando, aparezcan en pantalla.
En definitiva, “Leaherface”, además de ser una precuela de verdad prescindible, es el testimonio de que “Al interior” salió de coña, es una película mala, mala, a rabiar.
Por citar un detallito que me haya podido gustar, diré que “Leatherface” lanza guiños a todas y cada una de las  películas clásicas de la franquicia, incluida la menor “La matanza de Texas: La nueva generación”.
La película, supone la solución encontrada al hecho de que tras el éxito de “Texas Chainsaw 3D”, la secuela prevista no acabara de arrancar. En consecuencia, se ofreció esta, Milleniun Films y Lionsgate se repartieron el bizcocho, y luego guardaron la película en las latas hasta que decidieron estrenarla por la vías habituales de las nuevas series B —esto es, plataformas digitales mayormente, así como un par de salas de cine— en 2017, cometiendo la torpeza de no estrenarla antes del vencimiento de los derechos de la franquicia, por lo que Millenium y Lionsgate los perdieron. Menudas lumbreras.
En el reparto, tenemos caras conocidas en plena decadencia como las de Lili Taylor y Stephen Dorff.
Un zurullo.