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sábado, 7 de septiembre de 2019

UNITED TRASH

Nada dura eternamente. Llevaba vistas ya cuatro películas del demencial -pero respetado intelectualmente- germano Christoph Schlingensief y todas me habían gustado, dato este especialmente inusual si consideramos la naturaleza + o - "arty" de dichas obras. ¿Sería el creador perfecto?. Pues no, ahora ya puedo confirmar que no. Entusiasmado, me senté a ver una de sus primeras películas, "Menu Total", y lo que encontré fue... ¿cómo decirlo?... ¡¡un rollo!!. Y no es que estuviese huérfano de las señas de identidad habituales y que molan de Schlingensief, es decir: el humor cafre, el surrealismo, el mal gusto, la escatología, los excesos, etc. Todo eso lo tenemos. Y la locura, y las estridencias y los berridos. Entonces ¿qué falla? Pues seguramente que "Menu Total" es una peli radicalmente anarrativa. Sin el más mínimo sentido, ni la más mínima lógica. Y uno piensa que eso no tiene por qué traducirse en una mala peli. Ya me va un poco de locura y sin sentido... pero TANTO, igual no. Tal vez por eso no me gustó nada de nada. Y eché de menos un elemento habitual en el cine de Schlingensief. Uno humano: Udo Kier y sus desmadres interpretativos. Justamente, cuenta la leyenda que Kier se lo pasó tan bien viendo "Menu Total" que se ofreció al director para que contara con él, formando en ese momento una unión inseparable que daría varios frutos. Desafortunadamente, y por mucho que admiro a Udo Kier, es evidente que no compartimos gustos.
Quería quitarme el mal sabor, tocaba ir a por algo seguro: Una de las pelis más "recientes" en el tiempo (1996) de Christoph Schlingensief, aquellas situadas en la etapa que practicaba unas formas un pelín más narrativas y cómicas. Además, con protagonismo de Udo Kier. A priori "United Trash" era perfecta, porque está considerada su obra más cerda, burra y más, eso, trash. De hecho, en la época muchos de sus fieles no quedaron nada contentos con ella, dolidos porque el germano había hecho una cosa más abiertamente humorística y, sobre todo, entretenida. ¿Recuperaría mi fe en él o seguiría la mala racha?.
Visionar "United Trash" es como recibir un puñetazo en todo el jeto. O un escupitajo. A ver si consigo explicar de qué va: Un enviado de las Naciones Unidas a África ve como su mujer da a luz a un niño. Desde luego es algo muy raro, porque él nunca la ha penetrado, entre otras cosas por su condición gay y que se acuesta con un tipo de aspecto muy desagradable al que le gusta untarse de caca. El caso es que el niño rápidamente es coronado como el nuevo mesías por una especie de secta religiosa que controla un babeante individuo sin dientes. Todo sería idílico si no fuese porque la madre está en constante pelea con su marido y el amante quien, para mayor escarnio, abusa del niño bañándolo en mierda. En un momento dado el chaval se mete una canica por la nariz y queda atascada. A la madre no se le ocurre otra cosa que intentar quitársela usando una enorme aguja. Accidentalmente se la clava, atravesándole la cabeza, y es llevado a urgencias, donde un médico con el aspecto de Hitler le salva. Pero el crío queda gravemente afectado y se convierte en un enano cuya amplia frente viene adornada por una especie de vagina abierta que supura semen. ¿O es pus?. Y no solo eso, encima ha adquirido poderes, por lo que un dictador africano quiere meterlo dentro de un misil y lanzarlo contra la Casa Blanca. Cosa que hará.
¿Cómo se os ha quedado el cuerpo? Pues esto es una película de verdad y no solo narra una historia tan demencial y salvaje, es que encima está contada a la manera de Christoph Schlingensief: ritmo endiablado, gritos y más gritos, caras desencajadas, muecas grotescas... puro caos desenfrenado, rebañado en el humor más demente que un ser humano pueda concebir. Sin olvidar la innumerable ristra de cerdadas, líquidos insalubres, sudores y todo aquello que se os ocurra. 
Udo Kier está inmenso, cómo no. Al parecer el hombre daba por olvidada la película y se sorprendió el día que un fan le habló de ella. Ningún distribuidor la quería (aunque se dice que Roger Corman la vio y se interesó por ella, sin llegar a ningún acuerdo con sus responsables) y por poco no pone fin a la carrera de todos los implicados. En esta ocasión el actor viene perfectamente acompañado de Kitten Natividad, la ex-musa de Russ Meyer, gorda como una foca, con sus dos inmensas tetorras en continuo trote, pero que se mete mucho y muy bien en su rol y acaba brillando con luz propia (por lo visto el papel fue ofrecido por Kier a Barbara Steele, pero lo rechazó tajantemente tras leer el guion).
A modo anecdótico, merece la pena comentar que durante el rodaje el equipo fue arrestado por la policía cuando una guionista local, molesta porque había sido despedida, les acusó de estar rodando una peli pornográfica y racista. Cuando se estrenó, los críticos corrieron a buscar comparaciones con Monty Python y el inevitable, vendido y ladrón de John Waters. Sin embargo, Christoph Schlingensief citó otras tan curiosas como Herschell Gordon Lewis, el underground Jack Smith y... ¡"Agárralo como puedas"!. De hecho, explicaba en una entrevista que en ese momento se encontraba intentando levantar un proyecto literalmente adscrito de un modo mucho más puro a la etiqueta de "spoof movie". Por desgracia, no se llegó a materializar.
Además de todo lo expuesto, hay cosillas de esas muy de su director que adoro. Por ejemplo, eventualmente en lugar de un rótulo en la pantalla para indicarnos que han pasado días u horas, aparecen un par de extras regionales sujetando un tosco cartel escrito a mano. Cuando quieren situarnos en la Casa Blanca, Schlingensief convierte un edificio más o menos elegante situado en Zimbabwe, uno de los lugares donde se rodó la peli, le mete una bandera yanqui, viste a un tipo con gabardina para que tenga pinta de guardaespaldas y, hale!, ya tenemos Casa Blanca. Lo mismo se aplica en el caso de una supuesta Venecia, con un gondolero africano subido a una barca situada en medio de un prado desértico. Me flipa.
El propio Christoph Schlingensief se marca un cameo durante los créditos del inicio. Encuadra a un grupo de autóctonos pasando hambre justo al lado de una mesa repleta de blancos devorando manjares variados, deja la cámara sola -ya que es él quien la maneja- y corre a sentarse en la mesa, sin parar de sonreír y mirando al objetivo. Brillante.
¿El resultado? Inclasificable. Y tómense la palabra de manera tajante. Es la comedia más comedia que le he visto a su director y es entretenida, ni que sea por el continuo bombardeo de ideas descabelladas, berridos desalmados y giros inesperados. Pero todavía ahora me cuesta mucho sacar una conclusión. Trato de entender qué demonios es lo que vi. Y no todas las películas consiguen algo así.

sábado, 25 de abril de 2026

CARNE PARA FRANKENSTEIN

Recuerdo perfectamente la rabieta de Forrest J. Ackerman en las páginas de un añejo "Famosos Monsters del Cine" a la hora de escribir sobre esta película. La ponía a bajar de un burro, especialmente centrando sus dardos en los excesos de hemoglobina e inmoralidad y machacando en el trayecto al padrino de todo ello, Andy Warhol, calificando sus nada complacientes primeras películas underground de insufribles. A ver, era una reacción lógica, al fin y al cabo Ackerman representaba al ayer, al cine fantástico apolillado, los clásicos vetustos e intocables, mientras los responsables de "Carne para Frankenstein" estaban, justo, en el espectro opuesto, la modernidad, además una salpicada de contra cultura, transgresión y provocación, más considerando el bagaje de sus responsables. Warhol abrazando el proyecto, aunque muy de aquella manera, casi más por hacer un favor al verdadero instigador, su pupilo Paul Morrissey, quien co-guioniza y dirige... ¿¿o co-dirige?? Siempre hubo un debate de cuanta fue la implicación del eterno y aplicado artesano Antonio Margheriti en la confección de este film (y el otro con el que va de la mano, "Sangre para Drácula", parido al año siguiente y de idénticas intenciones rupturistas -reseña en breve-) como parte del equipo italiano (de donde también sale el responsable de los efectos especiales, el mítico padre -físico- de "E.T.", Carlo Rambaldi). Unos decían que él era el genuino director y que el resto, cumpliendo con su imagen de ex-undergrounds, vivían en el caos y el hedonismo, sin aplicarse demasiado. Otros aseguraban que allí dirigía hasta el apuntador. Y Morrissey intentando convencer de que era SU obra y Margheriti solo respaldó la filmación de las escenas con trucos, pero nada más. Existe otra versión según la cual el director de "Virus" únicamente prestó su nombre al productor, colega suyo, para poder vender mejor la película. En fin, supongo que jamás sabremos la verdad absoluta pero... ¿a quién demonios importa?.
El doctor Frankenstein anda construyendo los cuerpos apolíneos y perfectos del hombre y la mujer del futuro. Tal es su dedicación, que doña Frankenstein se busca mozos atractivos entre la plebe para que la satisfagan sexualmente. Da la casualidad que el último de ellos era amigo del pobre desgraciado al que Doc decapitó para usar el cabolo como el idem de su criatura. En el momento que esta cobre vida (de manera bastante menos aparatosa a lo que nos tienen acostumbrados) y se encuentre con su ex-amigo, las cosas comenzarán a desmadrarse, mucho y muy sangrantemente, sobre todo porque al pobre mastuerzo ya no le tiraba eso del follamen en vida, y ahora, resurrecto, sigue pensando igual para mayor desespero de su creador.
Forrest J. Ackerman tenía razón en dos cosas, la cantidad de sexo y sangre que rula por los fotogramas de esta pieza -encima, toma marcada de paquete, parida en 3D- es generosa. Casi diría que hay más folli folli que hemoglobina, pero está la cosa bastante equilibrada. Tal vez sea el tremebundo desenlace cuando de verdad necesitaremos un chubasquero, rodado ello además con un gran guiñolesco sentido del espectáculo y el drama exacerbado. A ver, no es que la peli chorree humor (menos que sangre, seguro), pero está claro que tampoco se la tomaron muy en serio, había intención de dotarla de un aire delirante y culebronesco que el espectador más avezado seguramente captará. El resultado, pues hombre, está simpático. No es un peliculón, pero tampoco te aburres demasiado. Dejémoslo en astracanada chispeante, consumible, y estupendo reflejo de las libertades y desprejuicios del cine de aquella década.
En ese sentido, el reparto está a la altura. Un sensacional Udo Kier como desquiciado Barón Von Frankenstein de actitud arrogante e ideas prácticamente nazis. Su esposa, la extraña Monique van Vooren, en cuyo currículum localizamos materia tan variada como un capítulo del "Batman" sesentero, "El Decamerón", "Lesbianismo Asesino" o el "Wall Street" de Oliver Stone (!!!). De la prole resultante destaco a la niña, por fea y malrollera, Nicoletta Elmi, que había intervenido en sendos clásicos del fantástico fetuccini del calibre de "¿Quién la ha visto morir?" u "Orgía de sangre" y lo haría en tantos otros como "Rojo Oscuro", "El medallón ensangrentado" o, sobre todo, "Demons", dando vida a la siniestra acomodadora. Hablando de mujeres, la criatura con vagina, y que se pasa toda la peli en pelotas, es Dalila Di Lazzaro, cuyo bello palmito luciría en unas cuantas pelis para pajeros o en el "Phenomena" (the movie, no the horrible evento) de Dario Argento. El restante reparto viene repleto de segundones extraídos del cine popular ítalo parlante, especialmente mucho "peplum" y no menos "giallos". Sin embargo, sería feo obviar la presencia de Arno Jürging, quien interpreta al "Igor" de r-igor (ejem...) de la película, y lo hace a lo grande, histriónicamente, soltando tremebundas miradas y, sobre todo, sacando lascivamente la lengua viperina o, directamente, lamiendo las recientes cicatrices de la criatura con vagina. Toda una puesta a prueba del estómago de los sufrientes espectadores.
Del clan de los estrictamente Warholianos -director aparte-, rescatamos al guapo pero soso Joe Dallesandro, mostrando hasta el rabo (le vimos de idéntica tesitura en los tres clásicos de Paul Morrissey, "Trash", "Flesh" y "Heat") y en funciones de co-guionista Pat Hackett, quien hizo tres cuartos de lo mismo para Warhol con "Bad", sin embargo, no aparece acreditada. Tampoco el prestigioso Tonino Guerra, guionista de exquisiteces para el esnob medio como "Amarcord", "La Aventura" o "Blow-Up". Supongo que el ego de Paul Morrissey era demasiado grande como para asumir una co-paternidad.

miércoles, 15 de febrero de 2012

LA MADRE DEL MAL

Dario Argento completa la trilogía de las tres madres con esta "La madre del mal", en la que vemos cómo el director ha evolucionado pero sin abandonar su estilo de antaño. Es más, lo mejor de la película son esos brutales crímenes al viejo estilo "giallo". 
No obstante, hay quien le pide peras al Olmo y opina todo lo contrario, que no tiene nada que ver con el viejo Argento.
En "La madre del mal" un obispo desentierra a un tal Oscar de la Vallé, y con él, un cofre que contiene una túnica mágica. Dicho cofre llega a manos de una restauradora de arte antiguo (Asia Argento), quien descubre que la "madre de las lágrimas" va a llegar a Roma con el fin de iniciar un nuevo reino de brujas.
La película está bastante bien, es un lavado de cara al cine de Argento. Quizás hay momentos en los que pierdes el hilo y otros tediosos a más no poder, pero da gusto ver todos esos asesinatos en primerísimo primer plano, salvajes y a toda pastilla mientras suena la música de Claudio Simonetti, una autentica obra maestra.
No deja de parecerme curiosa la poca vergüenza del señor Argento, que no se corta un pelo en filmar a su hija en pelota picada. Una escena de ducha de tal gratuitismo que no comprendo cómo se ha atrevido, ¡¡OLE LOS COJONES DE ARGENTO!!.
Junto a la niña de Dario, el indispensable Udo Kier.
Los amantes del terror Italiano no deberían quejarse de esta película, porque quitando lo ridículo de algunas escenas infográficas, y algún fantasma a lo "Casper", Argento permanece en plena forma.
Y es que el cine de terror Italiano ha molado siempre, sigue molando y digo yo que molará en el futuro.

sábado, 24 de agosto de 2019

EGOMANIA, INSEL OHNE HOFFNUNG

Tenía una curiosidad tremenda por ver "Egomania, insel ohne hoffnung", que se podría traducir como "Egomania, la isla sin esperanza", película realizada en 1986 por ese creador iconoclasta que fue Christoph Schlingensief, del que hemos hablado largamente en formato podcast. Y digo que me tiraba mucho porque había leído que se alejaba un poco de su cine habitualmente grotesco, chillón y agresivo para adentrarse en los terrenos más poéticos del Derek Jarman de "The Garden" o "Last of England", lo que daba pie a un contraste harto regocijante. La presencia en el reparto de una jovencita Tilda Swinton, que andaba liada con el Señor Director en la época, incrementaba tal sensación
El caso es que al final el visionado ha sido toda una sorpresa. De entrada desconcertante, porque la peli arranca haciendo gala de un tono muy "arty". Demasiado. Todo es bonito, no entiendes un carajo y una voz profunda va soltando proclamas líricas sin sentido. "Ay, madre!", piensas. Pero poco a poco, el espíritu genuinamente Schlingensiano se va imponiendo. Cada vez con más ruido y fuerza. Y el temor se diluye, dando paso a la fascinación.
Usar la palabra argumento es decir mucho. Digamos que "Egomania" se sostiene sobre un hilo, una excusa trufada de muchos momentos (improvisados diría yo, cosa esta confirmada ante el hecho de que el director entregaba a sus actores un guion sin diálogos, únicamente con las escenas descritas). Básicamente gira en torno a dos enamorados a los que les impiden disfrutar de su felicidad. Varios personajes se interponen y destruyen. El que más es un especie de Barón que a ratos parece el demonio y a otros viste y se comporta como un vampiro. Y bienvenida sea su entrada, porque es a partir de ahí que la peli gana enteros y muestra su cara más demencial y descarada. Todo ello gracias a un habitual de Schlingensief, el inimitable Udo Kier, que como solía hacer cuando actuaba para el alemán, pierde los papeles que da gusto. Grita, berrea, rueda por el suelo, besa, chupa, se viste de mujer. Decir histrionismo es quedarse corto... pero viniendo de él, es uno que mola. Mucho.
Sí, es cierto que hay unas gotas de Derek Jarman en el conjunto. Pero no contaminan demasiado y dejan espacio para que Schlingensief pueda desarrollar libremente sus maneras. La novedad, tal vez, es que en esta ocasión prefirió apuntar más hacia el terreno visual, creando algunas imágenes indiscutiblemente bellas y arrebatadoras, que chocan de frente con otras sucias, crudas y de una intensidad salvaje capaces de cortar la respiración y dejarte boquiabierto.
El propio director contaba que 
cuando le mostró el film terminado a Tilda Swinton, al parecer esta quedó horrorizada, comentó que era terriblemente incomprensible y cargado de odio. Luego lloró.
Podemos quejarnos de la falta de narrativa o el caos imperante, pero en ningún momento podemos acusar a "Egomania" de lenta o aburrida, porque va folladísima, a un ritmo imparable, y la galería de ocurrencias extremas es tanta, que nunca sabemos por dónde va a tirar, consiguiendo así mantenernos en vilo durante agradecidos 84 minutos.
Los 16mm con los que está rodada, los puntuales traqueteos de cámara y la excelente selección musical ponen la guinda.

lunes, 28 de abril de 2008

DRACULA.3000

Alguien decidió llevar a "Leprechaun" al espacio, y la jugada resultó buena. "Leprechaun 4" fue una de las entregas mas divertidas de la saga.
Mas tarde, al de "Crystal Lake" lo criogenizaron para descongelarlo a bordo de una nave espacial en "Jason X", una de las secuelas mas estimulantes de "Viernes 13".
Pues ya que se llevaron al espacio a esos monstruos modernos, alguien debió pensar : ¿Por qué no también a los monstruos clásicos? Así que, en esta secuela bastarda de los "Drácula 2001" y "Drácula II", nuestro Conde favorito se va a tomar por culo, al año 3000 concretamente, en una comedia espacial muy pobretona en cuanto a sangre, de argumento triste y simplón, pero, ojo, tremendamente divertida y entretenida.
Resulta que un Van Helsing del futuro (descendente directo del original) es el capitán de una nave de reconocimiento que tiene como fin explorar otras naves abandonadas que vagan por la galaxia. En una de estas se topan con una proveniente del planeta Transilvania (¡ja, ja, ja, ja!) 
llena de ataúdes y, como es de suponer, en uno de estos está el Conde Orlock, también conocido como Drácula, al que despiertan por error (uno de los tripulantes se corta la mano al intentar abrir el ataúd, derramando su sangre en las cenizas del vampiro) y, claro, este está aquí para limpiar el nombre de todos aquellos chupasangres que se dejaron matar por un Van Helsing.
Es una de las películas más ocurrentes y graciosas que he visto últimamente.
Llena de rostros conocidos, Casper Van Dien interpreta a Van Helsing (¿lo del “Van” es casualidad?) que, lejos de salvar el cotarro matando a Drácula, es mordido por él y convertido en vampiro a mitad de película (¡como me gustó eso!). El resto de la tripulación es la hostia de graciosa también. Tenemos a Coolio interpretando a un gangzta del futuro, que mordido y convertido, antes de atacar a sus victimas suelta chistes sobre el tamaño de su polla y eyacular en las tetas de la muy tetuda Erika Eleniak, quien interpreta a una robot a la que Drácula muerde antes de confesarle lo mucho que le gustan sus tetas, “tan blandas, pero a la vez tan firmes”, dice el Conde mientras se las manosea. Claro que pronto pierde el interés por ella, porque lo que el rey de los vampiros necesita es sangre, y los robots no la tienen, así que… (otra vez, no puedo evitarlo ¡ja, ja, ja, ja, ja!).
Luego está por ahí Tiny Lister Jr. como un negro garrulo y machista que al final se folla a la guapa de la película (el robot) y al inevitable Udo Kier apareciendo en una especie de vídeo diario en el que cuenta los horrores de Drácula.
No se dejen engañar, el vampiro cibernético que aparece en el cartel no sale en toda la película. Aquí Drácula gasta el aspecto clásico de Bela Lugosi, con su capa y todos sus rollos, interpretado por un garrulo con pinta de boxeador. Lo cual es mas gracioso todavía.
Un divertimento tonto, cutre, insustancial, pero con el que te partes el culo de risa. Esta sí que es recomendable.

miércoles, 2 de septiembre de 2020

DOS FOTOCROMOS DE "LA CASA DE LA COLINA DE PAJA"

Solo disponemos de un par de fotocromos, pero cuando en uno tenemos dos lesbianas en plena ejecución erótica (dándole más sentido que nunca a la palabra final del título) y en el otro a un joven Udo Kier, creo que no se puede pedir más...



domingo, 1 de noviembre de 2015

LOS FOTOCROMOS DE "LAS TORTURAS DE LA INQUISICIÓN"

“Las torturas de la inquisición”, “Mark of the devil” para el mercado de habla inglesa, tiene un sobredimensionado culto en torno a su mera existencia. En parte lo comprendo por su notable condición “exploitable” y porque, de alguna manera, fue todo un precedente ya no del cine de torturas posterior (con “Ilsa” en cabeza), si no del mismo “torture porn” reciente. Además, en la época los cines yankees regalaban bolsitas para vómitos con la entrada, algo que contribuyó a su reputación (claro que eso ya lo habían hecho casi una década antes con "Blood Feast").
"Las torturas de la inquisición" es, en esencia, un drama histórico con algunas tetillas y unas cuantas escenas de tortura no demasiado extremas. Esto último es lo que le valió acabar en los estantes dedicados al terror en el que era mi video-club habitual. Ya saben cómo es España... "Mal Gusto" también fue calificada de terror, lo mismo que "Fonda Sangrienta" y ambas son, en esencia, comedias. El caso es que, jovenzuelo y sediento de truculencia como era yo, no pude reprimir el deseo de alquilarla... y menos con la explícita carátula que lucía (y que hacía honor a su título). La llevé a casa con cierto miedo, convencido de que estaba ante un producto de contenido muy fuerte, de esos que meto en el saco de las “películas peligrosas”… hasta que la vi. De nada sirvieron los llamativos “warnings” del cartel (“Lo aseguramos: Se estremecerá de horror en su butaca presenciando…”)… “Las torturas de la inquisición” era aburrida del cagarse y sus secuencias duras terminaban resultando de lo más sosas e indoloras. Decepción es mi segundo nombre. Cierto que no he vuelto a verla desde la época, pero vamos, dudo que lo intente de nuevo.
Se trata de una co-producción entre Alemania y Gran Bretaña del año 1970 que cuenta con un reparto bastante majo: Herbert Lom, un jovencito Udo Kier y el raro Reggie Nalder. Michael Armstrong, director, venía de rodar "La casa maldita", un precedente de la sinopsis más trillada del cine de terror moderno: Grupo de teenagers van a choza con mala fama y pasan cosas. En los 80 dirigió su última peli, una antología de historias de horror titulada "Screamtime". También tuvo una notoria carrera como guionista, suyo es el libreto de "La casa de las sombras alargadas" de Pete Walker.
Al final lo más curioso y entrañable de “Las torturas de la inquisición” es localizar entre sus fotocromos, cortesía del gran Alex Gardés (el Torquemada de Sitges), un aviso por supuesto contenido ofensivo y la legendaria clasificación “S”. ¡Qué tiempos!.














viernes, 20 de octubre de 2017

THE EDITOR

El postmodernismo ha matado el cine de terror de Serie B.
Cuando una panda de inútiles tras las cámaras, jovenzuelos aficionados al cine de terror se ponen a invertir todos sus ahorros en hacer películas de su género favorito, todo se ve emponzoñado precisamente por la amalgama de conceptos, el mucho querer abarcar del fan que aunque tenga bien estudiado el cine de terror, aunque tenga unas nociones de dirección solventes, acaba queriendo recrear en su película todo aquello que le gusta convirtiendo todo su material en poco menos que una puta mierda. Máxime, cuando por una cuestión de inseguridad incluye en su película las consabidas dosis de humor para acabar justificando su inutilidad diciendo que es que su película en realidad es una comedia. Desesperanzador del todo.
Y si dentro de estas nuevas generaciones de realizadores del terror barato podemos tener cosas medio decentes dentro de esta vertiente homenajistica como pueda ser “All Through The House”, la mayoría de estas nuevas películas deambulan entre la pantomima burda y la ensalada de conceptos mal entendidos. 
“The Editor” homenajea, sin orden ni concierto, el “Giallo” italiano con su fotografía colorista y su banda sonora y el cine de terror setentero —de estudio— con  sus títulos de crédito y su estética recargada. Y todo mal, porque ni recrea bien el “Giallo”, ni el cine de terror setentero. Es más, ambientada en los setenta,  con esos actores ataviados con sus pelucones, sus patillas y sus bigotazos, exagerados hasta la extenuación yo diría que involuntariamente, sin afán de hacer comedia con el maquillaje y el vestuario, resultan cargantes y absurdos. Además de tener la película una cadencia ágil y una edición muy de ahora que casa muy poco con el tipo de cine que intenta recrear. Todo esto no serían más que  minucias con las que el espectador talludito y maniático (servidores) podría convivir de no ser porque, aparte de todo esto, “The Editor” es un coñazo de tres pares de pelotas. Apaga y vámonos.
Por otro lado decir que, seguramente de una forma casual, esto es una puesta al día gamberra y cafre de la atmosférica “Berberian Sound Studio” de Peter Strickland.
Tenemos a un montador de “Giallos” que debido a un colapso nervioso pierde los dedos de una de sus manos. Justo en el momento en el que está trabajando en una película de terror de Serie Z, alguien comienza a asesinar a los miembros del equipo cortando, además, los dedos de una mano a sus víctimas, justo los mismos que le faltan al montador por lo que la policía comienza a sospechar de él. De mientras, el delirio y la sin razón hacen acto de presencia en la vida de este currela del séptimo arte.
Tras este pastiche se encuentran los Canadienses Adam Brooks y Matthew Kennedy, guisándoselo y comiéndoselo ellos solitos (escriben, dirigen y hasta protagonizan), formando un colectivo llamado “Astron 6” bajo el que perpetran una serie de películas con ese tufo postmodernista que tanto me cabrea y que funciona a nivel local entre el fandom más desprejuiciado, aquel que consume cine de terror sin ningún filtro, que les ríen las gracias a estos realizadores mediocres, con muy poco que decir, a parte de demostrar una y otra vez lo muchísimo que les gusta el cine de terror. Sinceramente, el terror barato, casi mejor si no lo hacen fans.
En la galería de clichés, decir que la protagonista femenina es Paz de la Huerta, mala actriz hasta la exasperación, recauchutada y fea (eso si, con un buen culo) que se está convirtiendo poco a poco en musa de este tipo de productos. Vista también en “Nurse 3D”. 
Más clichés; Udo Kier, como en todo buen producto de tercera, tiene su cameo, así como estos aprendices de Rob Zombie cuentan con piezas exclusivas de Claudio Simonetti en la banda sonora y un  cartel diseñado por Graham Humphreys— suyo es uno de los más llamarivos carteles de “Posesión Infernal”, entre otros muchos— para hacerse respetar entre la caterva de aficionados que les dorarán la píldora.
Un coñazo.

sábado, 30 de mayo de 2026

SANGRE PARA DRÁCULA

Y seguimos con el rey de los vampiros, matando dos plumíferos de un tiro porque, así, cumplimos con la cuenta pendiente de reseñar al film que, en doble sesión, acompaña/ba a aquel simpático y bizarro hito que fue "Carne para Frankenstein". "Sangre para Drácula" la hicieron básicamente los mismos, pero el resultado es algo distinto. Justo, hace unas semanas leí en las páginas de "Fangoria" una entrevista de por ahí los dosmiles con el director de ambas, Paul Morrissey. Comentaba que con la reseñada ahora pretendía hacer algo un poco más serio. Contenido. Menos demencial. Y, efectivamente, el mejor y más cómodo modo de definirla sería diciendo aquello de: "Coge "Carne para Frankenstein" y despréndela de todos sus excesos, especialmente los sanguinolentos, pero también los delirantes y obtendrás "Sangre para Drácula"". Considerando que la del "Moderno PrometeDo" únicamente funciona y entretiene gracias a esos mismos elementos tan llamativos, lo que quedará será un rollo patatero, tanto como para que los censores británicos no lo incluyeran en la lista de "Video Nasties", lo opuesto a lo ocurrido con su coetánea.
Drácula está en las últimas. Se muere de hambre porque no localiza vírgenes en Rumanía a las que churrupetear la hemoglobina. Su Renfield particular -Anton- le convence para trasladarse a Italia (país co-productor, obvio es) en busca de muchachas de himen intacto. Y proceden. Terminarán instalados en el casoplón de una familia aristócrata al borde la ruina compuesta por padre y madre + sendas hijas jóvenes y... ¿vírgenes? No todas, algunas se lían entre ellas o con el atractivo leñador que tienen empleado. A Drácula le costará dios y ayuda (y alguna indigestión) echarse un trago.
La idea de un Conde decadente se ha visto ya varias veces en el cine, aunque desconozco si este fue el primer caso, una decisión lógica viniendo de creadores tan subversivos como Morrissey y los suyos. Pero funciona. Lo cierto es que el personaje, y sus vivencias, son lo mejor de todo el film, en parte gracias a un grandioso, y muy adecuado, Udo Kier, quien tuvo que someterse a un régimen severo con el fin de quedarse en los huesos. Molan también esos paralelismos con la adicción a la heroína y Drácula sufriendo tremendos tembleques o vomitando la sangre de las víctimas equivocadas, imágenes estas que han devenido medianamente icónicas con respecto a la película y, un poco también, al fantástico de los setenta. PERO, ese temible pero, ahí quedan los méritos de "Sangre para Drácula". Bueno, vale, lo olvidaba, y el desenlace, que es cuando, por fin, recuperamos el gran guiñol truculento de "Carne para Frankenstein", con furia y crueldad. Lástima que la cosa se reduzca a diez minutos, porque lo demás es... pues eso, pura chapa. Diálogos y más diálogos, repetición de ideas (cuando el vampiro seduce y chupa a las hijas golfas para luego descubrir con horror que la ha cagado, son dos escenas básicamente idénticas que se suceden seguidas), una especie de metáfora sobre la guerra de clases, por aquello de aportar su granito intelectual, y poco más de llamativo, gracioso e ingenioso. Por supuesto definir "Sangre para Drácula" como terror es ser muy generoso. Supongo que lo más abundante acá es el drama. Cierto culebrón. Y unas gotitas de comedia. En fin, todo muy de los setenta.
Otros que regresan de "Carne para Frankenstein" son el histriónico "Igor" de aquella (extrañísimo Arno Jürging), aquí como el sirviente de Drácula y sin aparcar ni por un momento su tendencia a la mueca desaforada. En radical contraste está Joe Dallesandro y su guapo rostro inmóvil, soltando las frases que le dicta el guion como quien recita la lista de la compra. Complementan el elenco actoral dos nombres de peso, Vittorio De Sica como padre de familia y nada menos que Roman Polanski interpretando a un pueblerino. La guinda viene por parte las chavalillas, que actúan igualmente con sosería y, aunque un par de ellas se pasan media peli en pelotas y fornicando, gastan unos aspectos bastante anoréxicos capaces de asesinar la libido de un muerto de hambre -sexualmente hablando... bueno, y también en el otro sentido- de mi porte.
Tras la cámara, Andy Warhol poniéndose medallas que no le pertocan y Carlo Rambaldi ocupándose de los efectos especiales. Dada su escasez, supongo que el hombre se aburrió tanto como nosotros.

jueves, 30 de octubre de 2025

PARECIDOS (IR)RACIONALES

Estaremos de acuerdo en que Mick Garris nunca ha sido un gran cineasta, pero sí un insuperable organizador de eventos. A mediados de los dos mil impulsó la creación de "Masters of Horror", celebérrima serie cuya "raison d'être" consistía en dar carta blanca a muchos de los más emblemáticos directores del cine de terror para, básicamente, hacer lo que les saliera de la pepitilla. Es cierto que no todos los implicados en las dos temporadas podrían considerarse "Masters". Y que algunos acabaron confeccionando piezas muy poco inspiradas (Don Coscarelli, Tobe Hooper, Stuart Gordon…). Supongo que llevaban tantos años arrastrados por la marea de la mediocridad que no supieron aprovechar la oportunidad. Sin embargo, hubo unos poquísimos que sí. Como Dario Argento y el que nos ocupa hoy, John Carpenter.
El respetado responsable de "La noche de Halloween", "La Cosa" o "El príncipe de las tinieblas" llevaba tiempo anclado en la nadería más absoluta, y terminaría rodando dos capítulos para la serie de Mick Garris. El primero partió la pana. Al instante se consideró el mejor y su genuina resurrección (promesa finalmente incumplida). Cuantos más años pasan, más buena prensa adquiere. Estoy hablando de "Cigarette Burns" o, como la titularon absurdamente por acá, "El fin del mundo en 35 mm". Contaba la interesante epopeya de un buscador de películas raras que recibe el encargo de localizar una con muy muy mala reputación, "La Fin Absolue du Monde", dirigida en los setenta por un tal “Hans Backovic”. Al parecer, durante su paso por el Festival de Sitges de la época, volvió loca a la platea, que comenzó a agredir al prójimo o a sí misma. Y eso es algo que, dice la leyenda, le ocurre a todo aquel que la consume. Según iremos viendo a medida que la trama avanza, "La Fin Absolue du Monde" es, esencialmente, una pretenciosa película de arte y ensayo muy de su década, a base de impactantes imágenes surrealistas y sin genuina trama. Al final del capítulo terminaremos descubriendo que la maldad implícita en sus fotogramas obedece a una única razón, la presencia de un genuino ángel que el director logró capturar y retener.

A una trama tan llamativa y, sí, unos resultados tan estupendos, añadan el hecho de que "Cigarette Burns" no se andaba con mojigaterías a la hora de mostrar chicha. Truculencia. Gore. Cosa que resultó bien llamativa entonces porque, a diferencia de muchos de sus coetáneos, no era ese un elemento habitual en la larga filmografía de John Carpenter. Somos testigos de una decapitación que pone los pelos de punta, situada, además, en un contexto de cine "snuff", que siempre da mu mal rollo. Esto abriría otro melón, el de que "Masters of Horror" permitía a sus realizadores llevar el asunto de la violencia gráfica a los límites, aunque, finalmente, ello acabó pasándole factura a Dario Argento con sus aportaciones y, muy especialmente, a Takashi Miike con la suya. Pero no toca hablar del cineasta japonés, toca hacerlo de otro, uno alemán.
Marian Dora es un personaje sumamente misterioso. Nadie conoce su verdadera identidad. Aunque se ha dejado ver como actor brevemente en una película donde curró de machaca, básicamente su efigie no rula oficialmente por ninguna parte. En las entrevistas se sitúa a contraluz. Y tampoco suele acudir a festivales, básicamente porque le han amenazado de muerte un porrón de veces. Y con razón, añado yo. Es responsable de una serie de películas en las que se tiende a lo extremo. Aunque su verdadera "seña de identidad" consiste en que en muchas de ellas torturan y/o matan animales delante de la cámara, sin truco. Y, ocasionalmente, de modo bastante hijoputesco. Además, incluyen sexo explícito, desviado o no, escatología igualmente genuina, violencia a raudales y, en fin, que la obra de Marian Dora da mucha grima y, lógicamente, no cuenta con amplios canales de distribución. Por su nacionalidad y condición, habrá quien lo emparente con el ultra-gore germano que asoló nuestras retinas en los noventa, pero no. Aquellos eran unos papanatas sin mucho talento que se limitaban a imitar el terror yanki, solo que aumentado las dosis de carnicería. Dora estaría más cerca del Jörg Buttgereit de "Nekromantik", básicamente porque a ambos les perdía cierta pedantería, ciertas maneras "artys" que "justificaban" la brutalidad de sus imágenes, aparentemente desproveyéndolas de una intención "exploitativa" para aproximarlas a cuestiones más "respetables". De hecho, lo de Dora es especialmente exagerado. No digo ya el elemento "shock", me refiero a sus ventosidades intelectuales. Graba en vídeo, pero sacándole bastante más jugo que sus coetáneos (descarten aquí a Buttgereit, que tiraba de 16 mm). El hijo de perra sabe encuadrar, sabe iluminar y, ocasionalmente, lograr extraer belleza a las imágenes. Lástima de... todo lo demás.
En cualquier caso, y aparcando juicios morales, el "Magnus Opus" del tiparraco es una cosa larguísima de casi tres horas con la que lleva todas sus malas maneras hasta el borde del abismo. Pedantería para parar un tren. Sexo y guarradas a cholón. Y, lastimosamente, imágenes de violencia real contra animales en todo su crudo esplendor. Es aquella en la que más pueblos se pasa. La cosa gira en torno a cuatro personajes que se piran hasta un casoplón en plena montaña y allí, básicamente, se dedican a hacer todas las burradas mentadas, entre diálogos profundos y metafísicos. ¿El título? "Melancholie der Engel", es decir, la melancolía del ángel.

Déjenme añadir que, aunque costó muchísimo, finalmente logré verla entera. Fue una experiencia muy intensa y para nada divertida. Lo pasé bastante mal (obviamente, con las barrabasadas acometidas contra pobres criaturas) y sí, me dejó muy mal cuerpo. Enhorabuena Marian, lo conseguiste. La cuestión aquí es que andaba obsesionado con "Melancholie der Engel". Había leído tanto, y daba tanto miedo su mera existencia, que prefería enfrentarme a ella antes que seguir alimentando mi imaginación. Era, en cierto modo, una película legendaria y evitable. Era, por así decirlo, mi "La Fin Absolue du Monde" particular.
Con el tiempo llegué a sospechar que, tal vez, los guionistas de "Cigarette Burns" habían tomado "el clásico" de Marian Dora como fuente de inspiración para la película maldita de su trama. Hay ciertas similitudes, comenzando por el hecho de que todo en "La Fin Absolue du Monde" gira en torno a un ángel real pasándolo putas. Vale, no hay ángeles en "Melancholie..." salvo el del título, su sentido metafórico y el cartel, donde vemos la estatua de uno. Es interesante reseñar que el de la misma "La Fin Absolue du Monde" también incluye uno esculpido en mármol.


Y el de "Cigarette Burns" muestra al de "carne y hueso" que aparece en el capítulo (ver más arriba). Quizás los guionistas ni siquiera llegaron a consumir la peli del alemán torrao, solo leyeron y vieron algunas capturas, haciendo así su propia versión de lo que podría ser una cinta perversa, capaz de generar locura en sus espectadores, a base de imágenes tremebundas. Por otro lado, el director ficticio de "La Fin Absolue du Monde" es tan misterioso, enigmático y, sí, europeo como Marian Dora. Hay, también, cierta relación con la idea del cine "snuff" en "Cigarette Burns", cosa esta que revolotea continuamente en torno a "Melancholie der Engel" porque, aunque no se sesguen las vidas de “seres humanos” sin efectos de por medio -poco les falta-, sí ocurre con animales, por lo que la sensación de estar viendo "snuff" tampoco se diluye del todo.
Dora hizo su película en el año 2009, no obstante siempre menciona la cosecha audiovisual de los setenta como gran influencia, algo muy evidente. Y, ya rizando el rizo, uno de los protagonistas de "Cigarette Burns" es Udo Kier, actor alemán habitual de un cine como tirando a alternativo, radical o, directamente, marginal. Y no lo digo por sus intervenciones en las dos epopeyas de Andy Warhol / Paul Morrissey sobre "Drácula" y "Frankenstein", pal caso me refiero más al cineasta -ya fallecido-, también germano, Christoph Schlingensieff, cuya filmografía viene cargadita de esas películas entre lo "arty" y lo "shock", rodadas en 16mm desde la guerrilla, siendo su peculiar versión de "La matanza de Texas" la más conocida y que, sí, cuenta con Kier como uno de sus rostros principales.
Vivía convencido de que estos paralelismos entre "La Fin Absolue du Monde" y "Melancholie der Engel" eran cosa mía, pero no. Hace ya trece largos años alguien en un foro llegó a la misma conclusión. De hecho, lo explicaba mejor que yo sin necesitar tanta letra, le bastó con decir que la película de Dora "evoca el contenido siniestro y extremo en la elusiva "La Fin Absolue du Monde"". Totalmente. El resto del personal de ese mismo foro, no obstante, se decantaba más por el famoso -y aburrido- "Begotten" de E. Elias Merhige como genuino referente.
En fin, la cuestión aquí era aportar mi versión del asunto. Podríamos acudir a los guionistas de "Cigarette Burns" para preguntarles, pero mola más que toda esta movida siga siendo un misterio. Hoy día no abundan y se agradecen.

viernes, 24 de agosto de 2018

PUPPET MASTER: THE LITTLEST REICH

“Puppet Master: The Littlest Reich” la decimotercera entrega de la saga iniciada por David  Schmoeller para la Full Moon de Charles Band en 1989, a rasgos generales una gamberrada. Una travesura perpetrada por un grupo de talentosos amigos que con la excusa de otorgarle cierto prestigio a una saga de películas cuyo mayor handicap es que son muy malas, se lo pasan estupendamente haciéndole una limpieza de cara, donde lo que predomina es el exceso por el exceso, el grand guiñol en la más amplia acepción del término. Porque entre otras muchas cosas “Puppet Master: he Littlest Reich” es la película más sangrienta y salvaje que he visto en mucho tiempo.
Hay que tener en cuenta que son pequeñas marionetas las que perpetran estos crímenes, por lo que, aún sangrientos, no hay que tomarse estos muy en serio; El film pretende ser una suerte de “Braindead, tu madre se ha comido a mi perro”, para que me entiendan, una astracanada gore. Sin embargo, todo lo grotesco, excesivo y humorístico solo hace acto de presencia en el film con la presencia de los muñecajos, porque el resto de la película, las tramas y los personajes, desprenden seriedad de película adulta. Y esa combinación de seriedad casi austera —y hasta me atrevería a decir que contemplativa— con el desfase de sangre y vísceras que suponen las intervenciones de los muñecos, me parece de una originalidad  envidiable.
Ahora; hace unos días que se ha estrenado y el fandom, tan caprichoso como dañino, no parece haberse tomado estos cambios muy bien, y es que yo creo que esa panda de pazguatos querían más de lo mismo, es decir, otra entrega con los muñecos siendo los buenos de la función, en la segunda guerra mundial, resolviendo conflictos; otra más de la “Trilogía Axis”, o lo que es lo mismo, otro puto coñazo.
Y es que en resumidas cuentas lo que trae “Puppet Master: The Littlest Reich” es una nueva entrega un tanto más sofisticada, con algo más de presupuesto y con rostros populares, pero al fin de al cabo no deja de ser una serie B en toda regla. ¿Acaso se esperaban una producción de alto copete? No, no lo es. Y los artífices saben en el terreno que juegan.
Así que, por lo que a mí respecta, “Puppet Master: The Littlest Reich” supone lo mejor que le podía pasar a una franquicia que después de mogollón de entregas y miles de muñequitos vendidos por el mundo sobrevivía a base de simpatía. Todavía recuerdo el primer intento de lavado de cara de la misma con “Puppet Master: Axis of Evil” que consistía en haber sido rodada en 35 mm. en tiempos en los que Full Moon ya grababa sus productos únicamente en vídeo, y en consecuencia, abarataba costes por todos lados repercutiendo en el gore, que ya no había, y convirtiendo la franquicia en una cosa para toda la familia. Aquello si fue lamentable. Pero esta nueva entrega es genial.
La causa de que los fans hayan sacado el cuchillo, es que quizás no entiendan el ritmo con el que esta está rodada, la cadencia que imprime el guion, o la gran broma que en el fondo es la película; querer darle dignidad a una saga cuyo mayor valor es que no la tiene es estúpido, así que los directores Tommy Wiklund y Sonny Laguna, responsables de esa película tan deudora de “Posesión Infernal” y que aquí se tituló, valga la redundancia, “Wither (Posesión Infernal)” se dejan querer por el guion de uno de los grandes genios del cine de género independiente de este siglo, el gran S. Craig Zahler director de las magistrales “Bone Tomahawk” y “Brawll in cell block 99” y tomándose un poco a cachondeo el material cuando toca, incluso intentan imitar el estilo del guionista cuando dirige, pausado, envolvente y luego se desmelenan cuando salen los dichosos muñecos, igual que Vince Vaughn lo hacía machacando cabezas en “Brawll in cell block 99”. ¿Qué es lo que me gusta? Que noto la mano de sus autores durante toda la película. Y se trata de una buena peliculita. ¿El fan medio de la serie? Bueno, probablemente sea demasiado inepto para comprender lo necesario del cambio y la excelencia, y la manera de hacer las cosas de los nuevos responsables de la franquicia —que ya han anunciado que continuarán con la saga—. Pero Laguna, Wiklund y Zahler, se pueden acostar tranquilos.
La cosa nos sitúa exactamente 30 años después de una matanza (o sea, que los acontecimientos de la primera película puede que sí los tengan presentes en este reinicio) que tenía que ver con el titiritero André Toulon y sus siniestras marionetas. Con motivo del aniversario de estos asesinatos se celebra en un pueblo americano una convención en la que los asistentes subastarán muñecos originales pertenecientes a Toulon, por lo que se reunirán en un hotel. Y por fuerzas místicas de la naturaleza, las marionetas a subastar cobraran vida, cobrándose vidas. Y comienza el festival de sangre y vísceras
Estupenda.
Tenemos en la película a todas las marionetas clásicas, Blade, Tunneler, Pinhead o Torch, a las que les han variado un poco el aspecto —sobre todo a Blade— con el fin de modernizarlas, y además se incluye una colección de nuevos muñequitos que incluyen a un sapito sonriente, unos robots que vuelan con una hélice, y la estrella de la película, Junior Führer, un bebé gateador con cara de Hitler, cuya presentación en la película es medio de una escena dinámica es motivo suficiente para detener la acción, hacer un primer plano del muñeco y que uno de los protagonistas diga “Es Junior Führer” subrayando así la posible importancia que pueda tener el nuevo muñecajo en posteriores minutos y/o películas.
Por otro lado, se le da especial importancia en la película al mundo del cómic, hasta tal punto que el protagonista es un dependiente de una tienda de cómics y que además los dibuja, así como las ilustraciones de los títulos de crédito están realizadas por Benjamín Marra, un autor de cómic underground con cierto culto en todo el mundo.
En el reparto tenemos al soso de Thoman Lennon, la maravillosa Jenny Pellicer, una rubinchi con raíces noruegas y mexicanas que además de ser una buena actriz, está como para enamorarse de ella mil millones de veces (de hecho, ya lo estoy!!). Por supuesto, el plato fuerte lo ponen las presencia secundarias de actores muy queridos y caracteristicos del cine fantástico, por lo que tenemos a Udo Kier haciendo de André Toulon, Barbara Crampton (¿Cómo es posible estar tan bien con 60 años?) como la guia policial del tour al que asisten los protagonistas o  Michael Paré, como el detective que flipará ante los acontecimientos de esa convención.
Como ya he dicho, esupenda.

sábado, 28 de junio de 2014

DAS DEUTSCHE KETTENSÄGEN MASSAKER

En la lerda España de los 90 existía una costumbre entre el fandom, surgido a raíz del aborrecible "boom" del gore y demás, que consistía en interesarse por cualquier tipo de película, siempre y cuando sus fotogramas viniesen bien repletitos de sangre e higadillos. No importaba que fuera terror, comedia, drama, cine experimental o arte y ensayo. Si llevaba gore, molaba. Naturalmente todo se quedaba ahí, lo demás, cualquier otra cualidad, les importaba un huevo. Por un lado eso estaba muy bien, pero por otro muy mal. Buenos títulos quedaban totalmente desvirtuados. Y se puso en el pedestal a directores que no lo merecían. Elementos que hacían sus películas pretenciosas e intelectualoides cargadas de imágenes tan chocantes como gráficas y, en un notorio alarde de poca honestidad, evitaban reconocer y aceptar que su popularidad se debía a ello. Soñaban con que el mérito perteneciera al contenido "serio y profundo". Si, ya, mis cojones.
El caso expuesto se triplicaba si añadíamos una característica más a la ecuación, que el producto viniese de las germanias. Eran tiempos en los que el llamado ultra-gore Alemán se lo comía todo, y si en un bando teníamos a los anticristos del buen cine como eran (y son) Andreas Schnaas y Olaf Ittenbach, por otro estaban aquellos con más pretensiones artísticas, como Jörg Buttgereit, a los que les jodía que les metieran en el mismo saco que "Violent Shit" o "Black Past", pero tampoco hacían nada para evitarlo porque, en fin, ¿a quién le disgusta tener fama y aceptación aunque sea equivocada?. Siempre me sorprendió que el gore-fan medio opinara favorablemente de algo tan arty y pomposo como "Der Todesking". Que sí, que tenía una escena de castración, aunque solo duraba unos minutos y era el único material realmente explícito de toda la función. Incluso los hubo que, viniendo de esferas más artísticas, ajenas al cine y al gore, se subían al carro intentando sacar provecho, rodando sus propias películas sangrantes que eran abrazadas con pasión y entusiasmo por el mismo público que, en pose contra-cultural, abominaba de todo lo que oliera a arte. Así de pavo era el deglutidor medio, que aceptaba de buen grado que le tomaran por imbécil siempre y cuando le llenaran la boca de tripas, chicha y líquido rojo.
Uno de esos "auteurs" bendecidos/perjudicados por tan estúpida e irritante moda fue el -¡¡oh, sorpresa!!- alemán Christoph Schlingensief.
Proveniente del mundo del teatro y las performances, el amigo Schlingensief se había forjado una fama de provocador y "enfant terrible" que arrastraba a todos los festivales a los que acudía con sus mediometrajes de factura tosca, cruda y feista rodados en 16mm y que casi siempre eran recibidos entre el amor y el odio por unas escandalizadas plateas. Cineasta desde chavalín, y propietario de esos curriculums tan fascinantes en el folio pero tan temibles a la práctica (poseía una película únicamente compuesta a base de tomas falsas de otra previa), era tan fan del cine más prestigioso (el inevitable Fassbinder), como del "exploitation". Dio en la diana el día -de 1990- que se le ocurrió remakear a su manera "La matanza de Texas". Más que un remake se trataba de una parodia, pero no una cualquiera, ni mucho menos, una que servía como mera excusa para aquello que suelen hacer los artistas provocativos, soltar un discurso político en forma de sátira, en este caso sobre la reunificación de las Alemanias.
Una chica rubia de lo más guapa mata a su marido (en realidad una de las actrices que veremos más adelante, conscientemente mal caracterizada de hombre) y huye. Cruza la frontera hacia el oeste con el fin de encontrarse con el salido de su amante. Juntos, y tras un intento de violación, son atacados por una bizarra familia de tarados cuya especialidad consiste en matar a los visitantes del otro lado de la frontera y convertirlos en salchichas. Se llevan a la chica, pero esta se enamora de uno de los integrantes de la familia, que le corresponde y... bueno, aquí ya la cosa se desmadra tantísimo que seguir contando la no-trama carecería de tanto sentido como ella misma.
En el lado bueno tenemos, inevitablemente, el look de los 16mm, la cámara en mano, esa iluminación a base de tambaleante focazo directo a los actores, los efectos especiales consciente y voluntariamente toscos, caseros y bien lejos de todo lo que signifique técnica (dicho de otro modo, si la sierra corta un brazo, nos meten un jamón sin disimular lo más mínimo que se trata de eso, un jamón... cosa que me parece adorable, pero que desde buen principio alienará a todo gore-fan acostumbrado a los Tom Savini de rigor), los escenarios donde se desarrolla todo (casi siempre una vieja fábrica abandonada), el delirio y el caos, las ideas absurdas y surrealistas (como ese cuerpo partido por la mitad que canta o ese otro al que, por mucho que atraviesen con la sierra una y otra vez, nunca fallece), los diálogos y las acciones sin sentido (la especialidad de Schlingensief son las interpretaciones histéricas a base de berridos disonantes) y, rizando el rizo, el final: un actor se cansa de aullar y, consciente de que ha terminado su "speech", mira a cámara con mueca de agobio buscando el "corten". Que el director deje ese plano del careto antes de que salgan los créditos me parece brutal.
Peeero, y a pesar de lo expuesto, algo malo pasa con "Das deutsche Kettensägen Massaker" (traducible a "La matanza Alemana de la sierra mecánica"). Tiene todos los ingredientes estéticos y plásticos para fliparme, incluso el hecho de que sea tan cortita (63 maravillosos minutos), pero en cambio no me fascinó, ni me alucinó, ni me dejó con la boca abierta. Más bien me aburrió y me pareció una soberana tontería. Creo que se debe a que todo aquello que juguetea con cuestiones políticas me suele crear rechazo y antipatía. Estás utilizando lápices de colores y trazos infantiles para sermonear sobre algo tan aburrido, complicado, subjetivo y "de mayores" como la política. Tio, no mola. Tal vez necesite verla más veces para que despierte en mi el entusiasmo. I don´t know.
Las copias ilegales y en versión original (es decir, Alemán puro... ¿a quién le importaba entender los diálogos siempre y cuando hubiese sangre a porrillo?) de "Das deutsche Kettensägen Massaker" corrieron de mano en mano entre el fandom (la que he visto yo llevaba subtítulos en inglés, y eso lo pillo bien). Y, claro, pasa lo que pasa, a Christoph Schlingensief nadie le hacía ni puto caso -fuera de las corrientes artys- hasta que jugó con un clásico del terror. Así pues, ganado un nuevo sector del público, quiso repetir la jugada con otra movida más o menos parecida de gráfico -y molón- título, "Terror 2000", pero esta vez no coló y ningún gore-fan más volvió a interesarse por lo que tuviese que decir y filmar el tipo ese del apellido raro.
El rostro del reparto que más destaca en esta "matanza Alemana de la sierra mecánica" es el del famoso y carismático Udo Kier, actor por el que siento especial simpatía, amigo de Schlingensief (actuó en varias de sus películas) y que, pal caso, se marca tal vez la mejor escena, interpretando (si no contamos su breve aparición como Hitler fantasmagórico, referencia a un trabajo previo del actor con el mismo director) al benjamín de la familia caníbal en un alarde de locura e histrionismo sin igual. Eva-Maria Kurz es la que se marca el doble papel tío/tía y en su filmografía encontramos roles en películas de otro "enfant terrible" del cine Alemán, Rosa von Praunheim, y en ¡¡ups!! dos obras de Jörg Buttgereit, "Der Todesking" y "Nekromantik 2". Todo queda en casa. Por lo demás, sé que Christoph Schlingensief solía currar con actores de la cantera Fassbinder, pero así a simple vista no reconozco ninguno, ni me apetece ponerme a investigar, oiga, ¡que no cobro por hacer esto!.
Pasada la tormenta, Schlingensief siguió rodando sus excéntricas películas, fiel a su manera de entender el séptimo arte pero cambiando el celuloide por vídeo... perdón, por digital. Desafortunadamente, abandonó nuestra dimensión el año 2010 por culpa del cáncer y con tan solo 49 tacos.
En cuanto a "Das deutsche Kettensägen Massaker"... pues no sé muy bien qué decir, de momento dejémoslo en curiosa. Dentro de unos años tal vez lo intente de nuevo y, en fin, veremos qué pasa entonces.