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lunes, 13 de mayo de 2019

DOLOR Y GLORIA

Con Almodóvar tengo esa extraña relación amor odio que me lleva a rechazarlo o a admirarlo según que película —al margen de todo aquello de los papeles de Panamá o el cine subvencionado, matices estos que van más allá de lo meramente cinematográfico— y según que época. Me entusiasma el Almodóvar de finales de los 70 y primeros 80, el Almodóvar más contracultural, me la trae floja el de los 90, el Almodóvar auto consciente de su estatus internacional y que se auto explota, y detesto profundamente el Almodóvar de la década de 2000, aquél que pasa de ser un director casi punk a convertirse en un director para viejas. Ahora, en la presente década que finaliza, tenemos a otro Almodóvar, que es el que en su senectud, no sabe muy bien el suelo que pisa ni lo que quiere hacer, deambulando por todo su universo, pero como con un puestón de valium. En esa etapa, ha parido sus mayores despropósitos de vieja amargada, ya sea su intento  de regresión a la comedia alocada de antaño con la espantosa “Los amantes pasajeros” o el mas absoluto drama con la insulta y horrorosa “Julieta” que odio con todas mis fuerzas; pero  sin embargo, también es capaz de concebir sus mejores películas, como aquella locura con querencia por los géneros populares —sin dejar de ser una película para viejas— que es la maravillosa “La piel que habito” o esta carta de amor a sí mismo, esa oda al ego con consenso del populacho que es “Dolor y gloria”, que califico como una de sus mejores películas y además de largo.
No tenía ninguna confianza en esta película en la que comete un acto de soberbia tal como es inspirarse en sí mismo, hasta que una vez vista compruebo que funciona como catarsis. Almodóvar se pinta a sí mismo como un viejo que está solo, comido por la enfermedad y los dolores y al que ya le aterra la imposibilidad de seguir trabajando. Así pues, viejo y cansado, se aleja de todo el petardeo que le ha acompañado durante todos estos años, y sin dejar de ser Almodóvar, cierra una etapa, acepta su edad (está a punto de cumplir los 70) y preveo que durante los nuevos años 20, quizá Almodóvar, sin la lacra de la taquilla a sus espaldas (recordemos que en un momento de su carrera llegó a meter hasta cuatro millones de espectadores en las salas; “Dolor y gloria”, que mientras escribo estás líneas está en la fase final de su paso por cine, apenas llega al medio millón de entradas vendidas), haga, todavía, las que pueden ser sus mejores películas y puede que “Dolor y gloria” sea el inicio de esta etapa.
“Dolor y gloria” tiene sabor a clásico, a gran cine, pero al margen de toda esta farfolla, de las pedanterías que se han escrito y demás intereses creados alrededor de su cine, lo que es, es una muy buena película, con una puesta en escena estupenda, con una historia cercana e interesante que quizás no funcionaría tan bien si el espectador no supiera que el protagonista, Salvador Mayo (en cuyo nombre podemos encontrar el de Almodóvar) es en realidad el alter ego de  Pedro Almodóvar (la película nos gusta, porque estamos mirando a Almodóvar a través de una cerradura), y que, por encima de la dirección, el peso de toda ella recae en la interpretación estupenda de un Antonio Banderas que combina algunos trabajos en su país natal, en el que se va a jubilar, con esos films de acción americanos para la televisión por cable, que por otro lado, y a su manera, tanto nos gustan. Banderas está que se sale.
Pero la película está, por encima de todo, entretenida, es interesante y cotilleamos a un Almodóvar achacoso, que tontea con la heroína para paliar el dolor y que nos muestra sus miserias, cosa que está muy bien, porque lo cuenta, también, muy bien.
La sinopsis sería esta: Un viejo director de cine que ha disfrutado de las mieles del éxito, no se ve precisamente en su mejor momento profesional y, además, se encuentra convaleciente por sus muchas dolencias. Así, a base de flashbacks, somos testigos de momentos de su infancia, a la vez que tiene varios encuentros con personas relevantes de su pasado.
Un melodrama estupendo. Incluso recomendable.
Junto a Banderas tenemos a Asier Etxeandia (horroroso actor) Penélope Cruz (también espantosa), Leonardo Sbaraglia, Raúl Arévalo o Julián López. Pero dan igual todos ellos, la película entera es Antonio Banderas.

lunes, 13 de marzo de 2017

JULIETA

Lo natural es que el comentario sobre esta película, lo hubiera resuelto en 140 caracteres en las Mini Reviews de Twitter. Me hubieran sobrado todos, porque hubiera puesto “Espantosa”, y me habría quedado tan ancho. Pero he tenido que recurrir al espacio que me brinda el “Aquí vale todo”, para lanzar una pataletilla, nada grave.
“Julieta” cuenta la historia –que no interesa a nadie- de una mujer que  tiene que superar la perdida de su amor y  de su hija, quién al morir su padre, abandona a su madre sin querer saber nada de ella. En un momento de la película, la protagonista, Julieta, toma conciencia de la situación, y a base de flashbacks, se nos explica este dramón, no sin sembrar bastante confusión en el espectador, y el tedio más absoluto.
Mala, mala, mala de solemnidad. Incluso técnicamente ¿eh?, que o no tenían suficientes planos rodados, o el montador es un autentico manazas.
Al margen de lo aburrida que es la película, el motivo de esta reseña es denunciar, por enésima vez, a los lloricas del cine Español, en su búsqueda de culpables a la hora de justificar su poco éxito. Nunca es debido a la perdida de su talento, no…
Y  es que “Julieta” de Almodóvar –al que recientemente se le ha dado un cargo de importancia en el festival de Cannes, dónde su prestigio es enorme y eterno-, fue noticia en su estreno por el descalabro en taquilla. No recaudó lo que se esperaba de un film de Almodóvar. Bien, el averiguar el por qué una película funciona y otra no, es algo que debemos achacar mayoritariamente al azar, pero es que en este pasado año, ha sido una vergüenza el escuchar las excusas que se le buscaban al fracaso de esta  película, y otra más como pueda ser “La Reina de España” de nuestro odiado Fernando Trueba.
En los últimos años, no obstante, ha triunfado un tipo de cine de comedia llano, sencillo, escatológico y banal que ha sentado millones de culos en las butacas, como puedan ser los casos de “8 Apellidos Vascos” y su secuela, “Cuerpo de Élite” o “Kiki, el amor se hace”. Esto quiere decir, que el cine de corte populachero, ha ganado puestos en los últimos años, y como es tradición desde que el cine es cine en España. ¿No será que los gustos del espectador han cambiado?
Por otro lado, es sabido que Almodóvar ha perdido su punch; no solo su última película buena fue “La piel que habito” de 2011, sino que “Los Amantes Pasajeros” ya resultó ser una mediocridad de agárrate y no te menees, con todos esos chistes de drogas dignos de “Pepi, Luci y Bom” pero a destiempo, cuando ya no hacen gracia. Tras verla, muchos espectadores pensaron aquello de “En mi puta vida vuelvo al cine a ver una película de Almodóvar”. Sin embargo, hizo una taquilla  más que aceptable, porque el público no estaba alentado; quiero decir, al cine fue el público de Álmodovar, pero que acudiesen al cine, no quiere decir que les gustase la película. Ergo, quedaron, posiblemente, escarmentados
Por otro lado, hace ya tiempo que el público de Almodóvar, casi se reduce a señoras septuagenarias que, o bien han fallecido en el transcurso de “Los Amantes Pasajeros” a “Julieta”, o bien, ya están muy mayores para bajar a la calle, y no digamos para ir al cine más próximo y esperar cola para sacar una entrada.
Con todo esto que cuento, no es difícil intuir el por qué del fracaso de Almodóvar, ¿verdad?, puede ser porque los tiempos cambian y el cine que gusta es otro, o porque Almodóvar ya no es lo que era ni genera el mismo interés, o que el público mayoritario de Almodóvar se ha perdido como lágrimas en la lluvia.
Por otro lado, antes del estreno de la película de Almodóvar, se le descubrió como uno de los que no entiende que los impuestos son para todos, al estar su nombre asociado a la trama de evasión de divisas popularmente llamada “Los papeles de Panamá”. Entonces se empezó a decir que quizás la gente había boicoteado el estreno por este asunto. Puede que tengan razón, y además me parece de recibo que el público que paga sus impuestos religiosamente, aun cuando estos viven de forma austera como mileuristas, den la espalda al millonario y excéntrico director de cine que encima se escaquea de pagar como todo hijo de vecino. Es muy probable. Pero yo pienso que es más probable que el fracaso de “Julieta” se deba a cualquiera de las razones antes expuestas por mí, que al boicot del público. Porque mira que pensar que los espectadores de cine se ponen de acuerdo por no ir a ver la película  por temas de supuesta corrupción…obviamente eso es porque el sentimiento de culpa está ahí. “Seguro que no han ido a ver mi película por todo este asunto” debió pensar Almodóvar, pero no se le ocurrió pensar, que igual su película fracasó por ser
Inaguantable. El problema, nunca es de los directores, sino del público. Y la única verdad es que “Julieta” es una mala película. Aún así, siempre hay esnóbs que aunque no les guste, le darán trato de obra maestra solo por ser de Almodóvar.
Y encima los académicos seleccionan la película para que nos represente en los Oscar. Ahora es cuando puedo yo decir que eso es una confabulación de los académicos para engañarnos y que así vayamos a ver la película, por ejemplo, porque por lo que respecta al Oscar…los americanos ni la han tenido en consideración, lógicamente. Por otro lado, Trueba, quien ya hace años que no interesa al público básicamente porque su cine es un peñazo de cojones, decide hacer una secuela de su película de más éxito, “La niña de tus ojos”, casi veinte años después.
Trueba, cuando fue a recoger no se que premio, dijo que ni por un segundo se sentía español, y que cuando jugaba la selección, siempre se posicionaba al lado de Francia. Cosa esta muy lícita y que incluso comparto; no solo no me siento español, sino que detesto la idiosincrasia de este país.
Estrena la secuela de esa peli, “La Reina de España” y no va a verla ABSOLUTAMENTE NADIE. En la hoja del ministerio solo figuran 40.000 espectadores, que curiosamente es el mínimo para cubrir la cuota de pantalla y que se pueda tener en cuenta la producción de cara a recibir la próxima subvención. Cuanto yo trabajaba en cierto cine de Madrid,  las propias distribuidoras compraban entradas hasta llegar a ese número de espectadores para justificar esa cuota, en pases ficticios que organizaba el cine. Los chanchullos del cine Español, nada novedosos, sabidos por todos,  y que son así, por mucho que algunos quieran hacer creer lo contrario a los neófitos del negocio; el espectador –que muchas veces es tonto-, supongo que porque a ellos les conviene que esto no se sepa. Pero se sabe, por mucho que las celebrities nos llamen cuñados en Twitter, que ese sería otro tema. Lo que pasa es que da igual porque nadie hace nada, y el gobierno está metido de por medio. También, otro tema. Y pensando por mi parte, que esa película fue a verla mucha menos gente de la recogida en la hoja del ministerio –como suele ser habitual-,  a lo que voy, es que la película de Fernando Trueba no funcionó PORQUE A NADIE LE INTERESA ESA PELÍCULA, porque es un peñazo. Pero no, la culpa es del público, no de la película. “Como tengo sentimiento de culpabilidad porque dije que no me sentía Español, el público ha boicoteado mi película y no han ido a verla, pero no es porque yo sea un director rancio que cuenta historias desfasadas. Es porque el público es malo”, debió pensar Trueba.
Y encima tiene la poca vergüenza de salir luego en la tele diciendo que “Para ser buen Español lo que se debe hacer es ir a ver cine Español. Si ven “La Reina de España” serán mejores Españoles”. A lo que digo yo, que el público ya va a ver cine Español; pero no el tuyo, Fernando de los cojones “Spiderman es un Subnormal” Trueba; Van a ver “8 Apellidos Vascos” y “Cuerpo de Elite”. Y si no, tienen una gran y amplia paleta de colores provenientes de América, Si te jode que vean cine Americano, también pueden ver Europeo. Lo que sea, todos los títulos en cartelera, son más sugestivos que tu ocre “La Reina de España”. Porque el publico va a ver lo que le sale de los cojones, y no es peor por no ver tu película.
Y cuando no, otros echan la culpa al cine doblado. Pero la culpa nunca la tiene el cine Español, ni sus responsables; la tiene el que paga.
Pero esto es normal en un país de ladrones y chanchulleros, en el que meten a la Pantoja en la cárcel tras una sentencia por robar dinero público y una horda de señoras analfabetas salen a defenderla solo porque canta muy bien.
Qué vergüenza. Qué vergüenza. Qué vergüenza.
Conclusión: Vayan a ver el cine español que les apetezca, no el que el cine Español quiere que ustedes vean. No se lo merecen.

lunes, 10 de septiembre de 2018

LABERINTO DE PASIONES

“Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón” ópera prima de Almodóvar y, para mí, su mejor película, se programó con éxito en los cines Alphaville de Madrid en las sesiones de madrugada aguantado estóicamente el paso del tiempo y convirtiendo, poco a poco, al director manchego en la leyenda que es hoy. Y es por ese motivo por el que el máximo responsable de esa cadena de cines, Javier de Garcillán, decidió producir la nueva extravagancia del director en tiempos en que conseguir una subvención del ministerio no eran una cosa sencilla.
Así, pidiendo un crédito al banco y completando el importe del presupuesto con aportaciones personales de miembros del equipo, se financió “Laberinto de pasiones”, uno de los films más polémicos y populares de Pedro Almodóvar.
Asimismo, se trata de la primera vez que Almodóvar trabaja con un equipo profesional compuesto de reputados directores de fotografía y técnicos de sonido directo, por lo que supuso un cambio de las formas que a su vez mata un poco el discurso underground que traía con su anterior película. Almodóvar pasó de las sesiones golfas a prestigiosos festivales de cine.
Por otro lado, todo el petardeo que muestra la película, todo ese rollo de la movida madrileña y la trasgresión que pretendía el director y que en la época le valió alguna que otra reseña negativa, a día de hoy cobra mayor interés y es elogiable la valentía que demostró a la hora de romper con los arquetipos del cine español, exponiendo argumentos que  a día de hoy, con esta ola de pacatería, censura e ignorancia que impera en nuestra sociedad en tiempos en los que hacer una canción de protesta te pueden valer la cárcel, resultan edificantes y, en lugar de quedarse anticuados, que es lo que debería pasar, tienen más vigencia que nunca porque, apelando al tópico, “Laberinto de pasiones” es una película que a día de hoy no se podría hacer.
Los desfases homosexuales de Fabio McNamara, el travestismo punk del propio director y, sobre todo, las subtramas que tratan el incesto y la violación desde un punto de vista cómico, vistos  hoy me han resultado delirantes. Por otro lado, escenas improvisadas que se nota que lo están, resultan igualmente interesantes y divertidas.
También, el poco dominio de la narración por parte del director a favor de unas situaciones que ocurren sin más, son al final el punto fuerte de la película. Desmadrada, enloquecida y moderna, poco a poco, Almodóvar fue degenerando hasta pergeñar argumentos muy estándar para un público compuesto de señoras, curiosamente, pertenecientes a generaciones anteriores a la suya.
“Laberinto de pasiones”, entre otras subtramas menores, cuenta la historia del hijo de un jeque árabe que, atraído por el cosmopolitismo de Madrid en los ochenta, se lanza a vivir libremente su homosexualidad, hasta que conoce a Sexilia, la cantante petarda de una formación nuevaolera, ninfómana desde niña, de la cual se enamora.
Por otro lado, tenemos a un anciano que tras ser abandonado por su esposa toma una suerte de afrodisíaco que le pondrá a tono y aprovechará para violar a su hija mientras la trata como si fuera su propia esposa.
También tenemos tres árabes con la misión de encontrar al hijo del jeque, para uno de ellos, en una tarde de ligoteo, toparse con él y enamorarse sin saber de quién se trata.
Tras su estreno la película no resultó ser un bombazo precisamente, convocando poco más de 350.000 espectadores a las salas, pero, de igual modo que “Pepi, Luci Bom y otras chicas del montón”, se tiró en sesiones golfas una ristra de años. No en balde es uno de los títulos más populares de Almodóvar.
Curiosamente, en 1993, cuando el director ya era una estrella a nivel internacional, "Laberinto de pasiones" consiguió estrenarse en Reino Unido, donde permanecía censurada.
En el reparto tenemos a Imanol Arias en el que sería uno de sus primeros papeles relevantes en el cine y del que además decía que le había permitido penetrar en el universo Almodóvar, motivo este por el que estaba plenamente agradecido. Antonio Banderas, sosegado y comedido en su interpretación, debuta como chico Almodóvar para diez años después hacer las Américas y triunfar. Cecilia Roth en un papel muy de Cecilia Roth, anulando muy bien el acento argentino. Luis Ciges follándose a su hija, Marta Fernández Muro, más en su salsa que en una película de José Luis Cuerda y Fabio McNamara llevando el homosexualismo a la caricatura resulta desternillante, si bien ahora, reivindicando a Franco y su ultraderechismo, es aún más desternillante que antaño.
Estos primeros films de Pedro Almodóvar merecen la pena.

viernes, 15 de noviembre de 2019

ANTONIO BANDERAS, UNA VIDA DE CINE

“Antonio Banderas, una vida de cine” es una biografía que cada 10 años se revisa y amplía, porque se escribió muy temprano, allá en los 90, cuando la verdadera carrera de Banderas no había hecho más que comenzar. Así, yo me encuentro de bruces con la editada en 2004, justo cuando el actor está viviendo su momento más álgido de gloria, en los momentos en los que triunfaba en Broadway con el musical “Nine”, y cuando todavía no había comenzado a protagonizar toda esa ristra de mierdas entrañables que tanto nos gustan, o no había reculado y regresado a España a poner negocios vinícolas, rodar “El camino de los ingleses” con el dinero del contribuyente, montar un estudio de animación o ponerse de nuevo a las órdenes de Pedro Almodóvar en tres ocasiones más.
No se puede decir que la carrera de Antonio Banderas se encuentre en decadencia, es más, yo diría que es el actor que mejor ha sabido lidiar con los cánones que rige Hollywood, no ha dejado de trabajar jamás a pesar de qué dirán, y cuando vuelve a trabajar en España lo hace como un triunfador, no como un apestado de la industria, pero el Banderas actual dista mucho del actor latino de carácter que triunfa en Hollywood con películas de calidad y, en segundo término, como una estrella del cine mainstream.
La edición que he tenido a bien leer, concluye en un momento dulce y, desde luego, estaría bien hacerse con la más reciente de las ediciones, para ver que dice de ese descenso que les acabo de describir, en absoluto decadente, pero si envuelto en menor prestigio del que hacían presagiar los textos de la edición de la que les hablo.
Escrito por la periodista (y fan de Banderas) Ana Oliva, lo único que nos ofrece “Antonio Banderas, una vida de cine” es puro y duro entretenimiento. Porque está muy bien servido, muy bien narrado y nos hacemos una visualización de lo que cuenta el libro —la vida de Banderas— que propicia que leamos centrados y poniendo máxima atención. Al no ir el libro contado de manera cronológica, se hace muy ameno, ya que los capítulos van saltando en el tiempo sin orden ni concierto y si el libro comienza, por ejemplo, explicando como Banderas sorteaba lo envites de Madonna para llevárselo a la cama, el siguiente nos explicará como jugaba a las chapas en su Málaga natal, para pasar a hablarnos de la era Almodóvar, de la movida madrileña, de las noches de Antonio, para volver atrás en el tiempo y terminar contando como fueron sus inicios en el teatro de aficionados. Tampoco deja de lado su affaire con Melanie Griffith (de la que recientemente se divorció) ni su primer matrimonio con Ana Leza y, en general, el libro es altamente disfrutable e ideal para leer en cualquier momento, la lectura es fluida y serena. Sin embargo, en la parte mala —y lógica por otro lado— tenemos la biografía menos valiente que uno se puede echar a la cara, puesto que es una de esas biografías que se escriben con el actor delante, dando este su visto bueno y sin teclear ni una palabra hasta que el actor no esté contento con el escrito, e incluso excusa de alguna manera sus malas películas o meteduras de pata,  con lo que el libro se convierte, al final, en una enorme felación a Banderas, de esas que continúan incluso cuando este ya se ha corrido. Pero esto, supongo, es lo que el lector se espera cuando abre una de estas biografías tan formales, autorizadas  y en las que el protagonista está encima todo el rato.
Por otro lado, la autora, Ana Oliva, lleva en conversaciones con Banderas desde el 94, lo conoce bien, e incluso Banderas decía en una entrevista que después de tanto tiempo, Oliva no es que fuera su biógrafa, sino que ya era su amiga,  por lo que no descarto que la última de las ediciones de “Antonio Banderas, una vida de cine” sea igualmente amena, o al menos, tan interesante como esta. Por lo menos, en esta biografía, se habla de cine, y no como en la de tantos otros, actores, directores o productores.

viernes, 23 de febrero de 2018

EL BAR

Álex de la Iglesia, prácticamente desde que empezó, es un director de lo más irregular. Tiene cosas novedosas, originales, rompedoras e incluso rupturistas dentro de su cine, pero a día de hoy, De la Iglesia no tiene ni una sola película redonda. Mejores o peores, lo cierto es que la mayoría son películas muy malas, aquella de los payasos, “Balada triste de trompeta” me parece una de las cosas más espantosas que he visto en mucho tiempo, “Las brujas de Zugarramurdi” se va a tomar por el culo justo cuando se supone que empezaba lo bueno, y en definitiva, las últimas cintas del realizador, que visualmente pueden resultar impactantes, al final se resienten porque el hombre es incapaz de marcar un ritmo a historias que en realidad no son tan interesantes. Sin embargo, al público este cine le funciona. Al margen de los intereses creados que pueda haber dentro del horrible mundillo del cine Español, si De la Iglesia sigue ahí, erre que erre, es porque al público, que al final es el mejor juez (aunque por esa regla de tres Bisbal y Bustamante serían  la hostia) le gusta su cine. Y gusta al público del cine fantástico (que en este país, ese público es como es) y, más raro aún, gusta a ese público dominguero compuesto de matrimonios de entre sesenta y setenta tacos que suele ir al cine los domingos. Esto es así desde “La Comunidad”. Me consta que a las señoras mayores les gusta el cine de De la Iglesia, como también les gusta el de Almodóvar —solo que la diferencia entre uno y otro, a parte de las obvias, es que Almodóvar si tiene tres o cuatro películas verdaderamente brillantes—.
Entonces, Álex de la Iglesia es muy consciente de que tiene a dos públicos que contentar, al del cine fantástico y a este de las señoras. ¿Cómo conseguir ese ritmo de producción? Auto referenciándose a sí mismo. Hace ya mucho tiempo que sus películas son mezclas de varias películas suyas que funcionaron. Todas le deben algo a “Muertos de risa” (Para mí, su mejor película), a “La Comunidad” y al corto “Mirindas Asesinas”. Aunque de ese De la Iglesia, del genuino, del de “Acción Mutante” y “El Día de la Bestia”, ni rastro… (Aunque hay que ver lo endiosadas que están también esas malas películas).
Ahora vuelve con “El Bar” y nos ofrece un poco más de lo mismo que nos viene ofreciendo en los últimos años, solo que un poco mejor. Solo un poco.
En “El Bar”,  Un grupo de personas que se encuentra en un bar, ve cómo cunde el pánico cuando dos de ellas, al salir al exterior, son disparadas en la cabeza, por lo que se quedan dentro sin posibilidad de salir. Pronto descubren que algo pasa en las cercanías, y que es de tal magnitud que la prensa lo oculta, por lo que la estancia en el bar se convertirá en una lucha por la supervivencia, en la que cada uno de los implicados sacará lo mejor (o lo peor) de él.
Nada nuevo en el horizonte, un grupo de personas encerrados en una situación extrema. Y todo ello ejecutado con esa conciencia de gustar a sus dos sectores de público mayoritario.
El problema de “El Bar” es que por cada secuencia interesante en la narración, hay otra de tedio absoluto, con lo cual no termina de quedar equilibrada, si bien es cierto que visualmente está muy bien, con un diseño de producción muy majo y vistoso. También sería una de sus películas mejor rodadas, y además,  montada con brío. Pasa del aprobado, sin embargo, hay algo que propicia que la película sea bastante peor de lo que es; los actores. La mayoría están bien, correctos, sin estridencias. Pero hay tres que están para matarlos.
Carmen Machi, no es que esté mal del todo, pero interpretando a un ama de casa ludópata, de esas que se dejan los cuartos en las tragaperras, el soniquete que tiene cada vez que habla, pone al más pintado de los nervios, máxime cuando esta se sorprende o quiere enfatizar algo de su texto.
Jaime Ordoñez, proveniente de la factoría de José Luis Moreno, con esa voz impostada porque su personaje es un personaje extremo. Un vagabundo de esos que se cagan en dios. Lo hace tan, tan, tan mal… que hablar de vergüenza ajena es quedarse corto.
Blanca Suarez, es una actriz malísima a rasgos generales. Eso si, está buena, y como aquí sale media peli en ropa interior sucia y rasgada… pues eso ya es suficiente para que se hable de ella bien como actriz. En fin, un desastre.
Por lo demás, la película, sin encontrarla espantosa, que no está mal del todo, me deja frío tras su visionado. Pero es mejor eso que la indignación que me provocaron sus películas anteriores.
Obviamente, cumplirá con las expectativas de sus fans.

lunes, 26 de diciembre de 2016

INTERVIEW: MARTÍN GARRIDO RAMIS

Nacido en Palma de Mallorca en 1952, Martín Garrido Ramis, un hombre de teatro que cuando se ha embarcado en la empresa cinematográfica, lo ha hecho desde la más absoluta independencia, y desde ese lado Outsider, que al que suscribe tanto le agrada.
Responsable de ser el primer director Mallorquín que consigue rodar una película para su distribución comercial en salas (“¡Que Puñetera Familia!”), también lo es de la película más extraña y lúgubre del cine español de los últimos años “El hijo Bastardo de Dios”, amén de tener una dilatada carrera con títulos de absoluto culto como puedan ser “Mordiendo la vida” o “Héroes de Cartón”.
Padre del también director Martín Garrido Barón (“H6, Diario de un asesino”), nos concede unos minutos de su tiempo para hablar de los dimes y diretes en torno a su carrera, de sus próximos proyectos y de sus preferencias.
Martín Garrido Ramis, el último director independiente.


 Comienzas en el cine con una serie de cortometrajes en 35 mm. para luego convertirte en el director de la primera película de corte comercial realizada en las Islas Baleares, “¡Qué Puñetera Familia!” ¿Cómo surge la oportunidad de realizarla?

Había hecho dos cortometrajes: “… Pero no ahoga” y “La Rosario y el Pinzas”. Este último me lo seleccionaron en 1983 en el festival de Cine de San Sebastián y viajé allí invitado por el festival. Tengo críticas que lo clasifican como una pequeña obra maestra. Cuando volví a Palma conocí a un empresario de cine (Joan Olives) que me propuso alargar mi primer corto y convertirlo en un largo. Y así lo hice. Costó 6 millones de pesetas y dio como 32. Aunque la película la considero mala porque me daba igual hacer cine, pero ahí está como la primera película comercial mallorquina de la historia.

Así que la consideras malísima…

Sólo mala. Escribía cada día lo que iba a rodar, no había guión. Pero te diré una cosa que me han dicho muchas veces pero de la que yo nunca he hablado; Es una primicia. Estoy seguro que mi película la vio el joven Almodóvar y me copió una escena, la de la meada. Yo soy el primer director que rodé una meada auténtica, luego lo hizo él. Y como la película se vio en toda España… Y ya que estamos te diré dos copias más que me han hecho. Mota me ha copiado el final de un corto que está en Youtube y se llama “Muerte y resurrección de Pedro Navaja”, y un famoso cómico inglés me acaba de plagiar otro corto mío de Youtube. Mi corto se llama “Am not Becham” y él me ha plagiado para hacer un spot de calzoncillos de Beckam. A partir de ahora registraré lo que cuelgue en Youtube.

Rodaste “¡Qué puñetera familia!” con equipo técnico proveniente de Barcelona ¿No había en Mallorca equipo técnico cualificado para acometer el rodaje de un largometraje?

En Mallorca no había nada, por no haber ni había una cámara de 35 mm. La película la rodé en cinco fines de semana, y cada fin semana traía a un equipo de siete personas, y el material alquilado, pagándo todos los gastos y el sueldo. El director de fotografía es Joseph Gusi de TV3, pero un fin de semana no pudo venir y lo sustituyó Carles Gusi, que después haría películas con Almodóvar y en Hollywood.

¿Cuánto le debe “¡Qué Puñetera Familia!” al cine de John Waters?


Waters es sexo, yo siempre he sido crítico social. Mis películas son esencialmente de humor negro.

En la película cuentas con la presencia de un actor clásico de la escena Mallorquina como es Xecs Forteza. ¿Cómo fue dirigirle?

Xesc Forteza era un cachondo que estaba detrás de todo lo que llevara faldas. La escena que tiene muriéndose con  Lynn Anderson encima, para él fue la releche. “Repítela todas las veces que quieras”, me dijo. En la escena aparece él muriéndose tocándole los pechos a la actriz porno. Fue muy divertido dirigirlo.

Cuéntanos algo sobre la distribución. ¿Costó mover la película en la península?

Todas mis películas se han distribuido en la península, menos una que se titulaba “Simpáticos degenerados” protagonizada por Florinda Chico. No se distribuyó porque la compró la Warner Bros para estrenarla en vídeo directamente. La distribución para los que hacen cine en la isla es muy complicada y difícil, de hecho no conozco a ningún director mallorquín al que le hayan distribuido su película. También tengo que decir que los únicos que hacemos cine en Mallorca somos mi hijo y yo.

“El último Penalti” y “Simpáticos Degenerados son tus únicas películas que aún no he visto. ¿Qué me puedes decir de ellas?

Las dos son comedias divertidas y poco más. Cuando las rodé estaba más por otras cosas más divertidas. En las dos películas lo importante eran las fiestas que organizábamos. No perdía nada de tiempo en escribir los guiones, lo hacía de cualquier forma. Pero te voy a contar una cosa que tampoco he contado nunca a nivel prensa; “El último penalti” se llamaba en realidad “La eterna España de charanga y pandereta” y me lo iba a producir nada más y nada menos que José Esteban Alenda, el primer productor español que ganó un Oscar. Yo era íntimo amigo de él porque me distribuyó cinco cortometrajes e incluso me hizo ganar dinero. Pues bien, él leyó el guion en el que me había esforzado un poco, y me dijo que me lo producía si esperaba seis meses a que se recuperara del fracaso de “Volver a empezar”, que le había costado 200 millones.  Le dije que me lo pensaría. Y de repente surgió en mi vida, desgraciadamente, Ricard Reguant, actualmente director de musicales (“Grease”, “Chicago”), y me dijo que si le metía mano al guión haciéndolo más hortera y con más sexo, me traía todo un equipo de Barcelona a precio tirado, y que luego me presentaba a Antonio Llorens (Lauren Films). Yo, como en aquel tiempo era joven, guapo y gilipollas, accedí y dirigí una mierda de película. Al año siguiente la película fue seleccionada en el Festival de Cine de Comedia de La Coruña, y el gran Berlanga me dijo: “Es una pena, Martín. Has hecho una película mala pero hubiera podido ser muy buena.” Así es la vida, una mala compañía puede cambiarte la vida. 


 En “Héroes de Cartón” ruedas en 35 mm. en unos años en los que el vídeo ya se imponía en las producciones profesionales independientes. ¿Por qué decides rodar en 35 mm?

“Héroes de cartón” existe por mi hijo que quería ser director de cine. Puedo decir que es mi primer guión pensado y bien escrito. Aunque yo salgo como director y mi hijo Martín Garrido dirigió la mitad de la película con tan solo 15 años.

¿Tuvo algún tipo de distribución esta película? Tanto dentro como fuera de Mallorca.

La distribuyó Lauren Films, la distribuidora que en aquel momento distribuía en exclusiva todas las películas de Woody Allen. Parece mentira con las películas malas que hacía y la suerte que tenía con las distribuidoras. No sé que debían  ver en ellas.

En ella cuentas con la presencia de Antonio Mayans y Ricardo Palacios. Ambos habían trabajado con anterioridad con  Jesús Franco ¿Encuentras algún paralelismo entre tu obra y la de Jesús Franco?

Ni por asomo. Antonio y Ricardo hicieron sus papeles muy bien. Yo siempre he hecho un cine malo hasta “El hijo bastardo de Dios”, porque me surgía el dinero para hacerlo, ni más ni menos. Es increíble pero es cierto. Hacer cine, para mí, era solucionarme un año con el dinero que ganaba. Y eso era lo importante.

¿Cómo fue la experiencia de rodar con un hombre con la experiencia con la que cuenta Mayans, tanto como actor, como de jefe de producción?

Antonio Mayans es el clásico ejemplo del actor que podía haber sido muy importante en el cine en español. Quizá el asociarse con Franco le perjudicó su carrera. La experiencia con Mayans fue buena como lo es siempre. Es un actor muy intuitivo que no hace falta decirle mucho para que lo haga muy bien.

Sin embargo, y a pesar de tu larga trayectoria cinematográfica, tú siempre has realizado teatro.


Desde que tengo 19 años no he dejado de hacer teatro. Entre función y función era cuando hacía cine. Fui a la escuela de Arte Dramático de Trino Trives y después ya no dejé de hacer teatro. En estos momentos estoy montando “Un invierno en Mallorca”. El teatro para mí es la vida, el cine es la parte cachonda del arte de crear. De todas formas ahora, que en las redes me tachan como el último director independiente de este país, me tomo el cine en serio. Desde “El hijo bastardo de Dios”, me esfuerzo. Tengo por estrenar “Turbulencia Zombi” y “Una función para olvidar” en la que Fernando Esteso hace un pequeño papel. Las dos películas son tragicomedias, lo que me gusta.

“H6, diario de un asesino” en mi opinión es una de las películas españolas de psycho-Killers más infravaloradas del cine de terror español, dirigida por tu hijo Martín Garrido Barón y con guion tuyo. ¿Qué opinas de la película?  ¿Tú la hubieras rodado de manera diferente?


Me alegra que me digas esto porque si antes podía tener dudas de si entendías de cine, ahora estoy seguro de que entiendes. Por primera vez en mi vida me comí el coco de mala manera para escribir el guión de lo que sería el primer largometraje de mi hijo Martín. Me lo comí de verdad, y el resultado fue un guion genial (no soy humilde pero sí terriblemente objetivo). Y mi hijo con 21 años hizo una película de puta madre. Y ahora te voy a contar otra cosa que nunca he contado públicamente; “H6, diario de un asesino” se terminó y todos dábamos saltos de alegría. La película había salido genial y nos fuimos a La Columbia para que la viera su director, James Armstrong. El americano quedó flipado y dijo que la estrenaba en Gran Vía y tiraba ciento veinte copias. Lo habíamos conseguido, pensamos mi hijo y yo. Cuando salimos de la productora nos fuimos a comer una mariscada los cuatro. Mi hijo y yo, y los productores de Kanzaman Mark y Denis. Por la noche volvimos a Mallorca más contentos que unas castañuelas. Mi hijo iba a conseguirlo con 21 años. La leche. Al día siguiente, a última hora de la tarde nos llamó Samuel Gómez, el montador, para decirnos que los productores habían cortado cuarenta minutos de metraje. Casi nos da algo. Al día siguiente volvimos a Madrid y les dijimos a los productores de todo menos guapos. Pero no hubo manera, querían que la película durara noventa minutos. Al quitarle a la película tanto metraje, se quitó la esencia de la historia. La película fue un fracaso comercial y las críticas la devastaron. Hay tanto inepto en el cine que uno no se lo puede creer.  


Vuelves a hacer cine años después, en 2015, con “El Hijo Bastardo de Dios” ¿Qué te motiva volver? ¿Es el cine de tu hijo una inspiración para esta película?

Simplemente tenía ganas de hacer un cine que siempre he sabido hacer y que nunca he hecho. Increíble pero cierto. Hasta “El hijo bastardo de Dios” mis películas no me gustan. Hablo de las que yo he dirigido.

¿No crees que el tener un presupuesto escueto puede beneficiar de algún modo a esta película en concreto?

Repito: como dicen en las redes soy el último director independiente de este país. Yo nunca he pretendido hacer un cine convencional. A mí siempre me ha gustado el cine independiente. Siempre. ¿Por qué? Porque haces lo que te sale de los cojones y ningún productor gilipollas te puede cortar tu obra. “El hijo bastardo de Dios” es una película que quería hacer, y sé, que con el tiempo será de culto. Ya lo han dicho muchos, no sólo yo. De todas formas no es el cine que quiero hacer, lo mío es la tragicomedia. Adoro a Berlanga.

¿Por qué “El hijo Bastardo de Dios” es tan sórdida y lúgubre? ¿No crees que es demasiado extraña para un público que acude en manada a ver “8 Apellidos Vascos”?

Tienes toda la razón, pero yo prefiero que me recuerden como el director de “El hijo bastardo de Dios” que como el de “8 Apellidos Vascos”.

“El Hijo Bastardo de Dios” se estrena en cines, sin embargo, no cuenta con una edición en DVD. Pero ahora que lo pienso, tampoco tus películas anteriores cuentan con distribución en DVD ¿Por qué ocurre esto? En el caso de “El hijo Bastardo de Dios” en particular, y con el resto en general.

Lauren Films editó la película en VHS, las demás no han salido en DVD. La razón no la sé porque estaba de juerga. “El hijo bastardo de Dios” si va a salir en DVD.

Tus dos últimas películas son “Turbulencia Zombi” y “Una función para olvidar”.  ¿Por qué una película de Zombies? ¿No te parece que el mercado  esté sobresaturado de cine Zombie?


“Turbulencia Zombi” es una tragicomedia en la que no sale ningún zombie. Es un grupo de parados de un pueblo que decide grabar una película de zombies para Youtube y ganar dinero, el problema es que no tienen ni idea de cómo hacerlo.

“Una función para olvidar” cuenta además con la presencia de un grande de la escena cómica como es Fernando Esteso, además en un rol dramático. ¿Cómo decides integrar a Esteso en el casting?
Esteso y Pajares son grandes actores. Es más, todos los grandes cómicos son grandes actores dramáticos. Lo conocí en una fiesta en Madrid, y años después le dije que me gustaría trabajar con él. Leyó el guion y dijo que sí.

¿Podremos ver estas películas en cines o DVD, o el tema de la distribución esta jodido en exceso?

Claro que sí. Además, ya tengo distribución para las dos.

¿Eres consciente de que haces un cine muy distinto en maneras y formas al del resto de cineastas españoles? Eres especialmente antiacadémico. ¿Por qué crees que si no sigues las pautas marcadas por los academicismos, las películas no encuentran un público?


Yo soy escorpión. ¿Sabes lo del escorpión que le pidió a la rana que le cruzara el río? La rana le dijo que no porque le picaría. El escorpión le juró que no lo haría, y la rana se fió. Y cuando estaban en la mitad del río el escorpión le pico. “¿Eres imbécil? –le dijo la rana- “Nos vamos ahogar los dos.” “Lo sé” –le contestó el escorpión-, “¿pero quién frena mi personalidad?”  Mi padre era de la FAI y yo he salido a él: anarquista.

¿Qué cine ve habitualmente Martín Garrido?


El mejor cine que te puedas imaginar. Soy un cinéfilo de cojones. Una película, por ejemplo: “Sed del mal” o “Matrix”.

Dime cinco películas que adores

Rufufú
Plácido
La Escopeta Nacional
Divorcio a la Italiana
La Jauría Humana

Cinco Películas que odies

No odio a ninguna película porque sé lo que cuesta hacerlas.


viernes, 7 de septiembre de 2018

SIN VAGINA, ME MARGINAN

Dentro de la industria Peruana, que emerge cual Ave Fenix al igual que todas las cinematografías latino-americanas que facturan películas como churros gracias a los avances de la tecnología digital, y lejos de las muestras más underground provenientes de zonas de la serranía peruana, surge, muy hija de su tiempo, una película que ha causado cierto impacto y polémica en el mundo de las redes sociales. Rodada con un teléfono móvil —un buen teléfono móvil— y poco más de 4000 euros de presupuesto, sale a la palestra esta “Sin vagina, me marginan”.
Se trata de la propuesta de Wesley Verástegui, economista de profesión, fan de Pedro Almodóvar, que siendo guionista desde bien joven y habiendo tonteado con la escritura durante muchos años, decide liarse la manta a la cabeza y financiarse esta película. Nada nuevo lo de los bajos presupuestos  —o presupuestos inexistentes— en esto del cine peruano. Y nos ofrece una comedia de temática LGBT, en la que mirando muy de cerca aquellos títulos transgresores de los primeros ochenta de Almodóvar y cierto toquecito escatológico a lo John Waters, y con la precariedad técnica a la que nos tienen acostumbrados las cinematografías emergentes, que nos cuenta, en algo parecido a una road movie, la historia de Barbie y Microbio, dos transexuales y prostitutas de profesión, que tendrán que ingeniárselas para conseguir los 30000 dólares que la primera necesita para hacerse un cambio de sexo. Y como no se les ocurre otra cosa, acaban secuestrando a la hija de un ministro, lo que hará que se les complique la cosa.
La gracia del asunto es que tras conseguir la película en redes sociales un índice de viralidad notablemente alto, una distribuidora se puso en contacto con Wesley con la firme intención de dirstribuir la película para su estreno en salas. Sin embargo, y como diría Steve Martin en “Hombre muerto no paga”, Perú es un país en el que escriben problemas con v y si les corriges, te matan. ¿Qué quiero decir con esto? Que la distribuidora se echó finalmente para atrás y la película acabó por no estrenarse, debido a las constantes quejas de las asociaciones de padres que consideraban que el título era pernicioso para sus hijos menores.
El caso es que en las redes está recibiendo la repercusión que merece, porque, hacer en Perú, un país con muy poquitos años de cine a sus espaldas, un país dónde existe una mitología que gira en torno a Jarjacha, el demonio del incesto, que castiga a padres y hermanos que mantienen relaciones con sus hijas o hermanas,  una película donde los protagonistas son dos transexuales alocadas que no paran de decir tacos durante toda la película, dónde lo más flojito que dicen es “hija de la gran puta” y donde se hace un reivindicación sin complejos, no solo de la transexualidad, sino de todo el colectivo gay, es una osadía que hay que tener en cuenta. Aunque en su discurso se sirva de los más despreciables tópicos que provienen, en cualquier caso, de la novedad que supone a todas luces el realizar cine allí.
Entonces, de factura amateur —la edición es la cosa más tosca que he visto desde las películas serranas— con una duración de poco menos de una hora, resulta que la cinta es divertida, disfrutable y políticamente incorrecta a rabiar, amén de mostrarnos la ciudad tal cual es, con el predominio de los colores azules en los edificios y los desconchones de las paredes que nadie se ha preocupado ni se va a preocupar de restaurar.
Una manera de demostrar que no hace falta ser un genio (Wesley Verastégui no lo es ni de coña) para hacer una película pobre sin apenas dinero para realizarla. Pero es que con la tontería, me doy cuenta que el cine pobre tiene alma, tiene entidad propia, y tiene las armas suficientes como para que nos detengamos ante él más allá de la mera anécdota.
Con todas sus coherentes (y necesarias) carencias, verdaderamente, recomiendo “Sin vagina, me marginan” cuyo canchondeo empieza desde el título mismo, que a su vez ha sido su cruz y su San Benito.

viernes, 28 de noviembre de 2014

EL PRIMER TORERO PORNO

El cine de corte político de Antoni Ribas, siempre ha estado  camuflado, en su exposición al público, de comedia desmadrada. Sin ir más lejos, el título de esta película, así como su póster ilustrado y la temática que en un principio parece tocar, bien podría ser deudora del Almodóvar de los años ochenta o similares. O al menos me da la sensación de que se intentaba captar a ese público.
Y a mí, a priori, el cine español de los ochenta, me llama la atención. Y más en particular, cierta comedia catalana (Francesc Beltriu, Bellmunt, incluso el primer Ventura Pons por citar a los más famosos, Joan Minguell, Luis Martínez Cortés o Juan Bosch, los más ignotos y cuyas comedias a duras penas llegaban a la meseta) de corte populachero a la que se podría adscribir esta película.
Cuenta la historia de un profesor cuya verdadera vocación es la de torero. Se suele acostar con una actriz porno y como en Cataluña –ya en los ochenta- está muy mal visto lo de torear, le está costando un imperio trabajar de lo que le gusta, así que, la crisis, le obligará a trabajar en una sala de espectáculos haciendo un numerito pornográfico, para sustituir al compañero de su pareja, al que los problemas con la seguridad social del recinto para el que trabaja, le han obligado a dejar el trabajo. Mientras, un par de situaciones supuestamente divertidas, y un par de gags de corte político y socio-económico, y con la independencia de Cataluña como bandera.
Miren que me gusta el humor Catalán y la mera presencia del gran Joan Borrás –aunque aquí tiene un papel muy secundario-,  pero esta película, además de ser más pretenciosa de lo que debería (porque, además de que lo que nos vende es otra cosa, no llega a ser la película que trata de ser), no es del todo una comedia. Y los temas serios que trata, tampoco están tratados de manera suficientemente seria, con lo que, entre la política, que no me interesa y que no se trata de una película en exceso graciosa –no porque no se intente, sino porque no se llega-, al final, se queda sumida en la más chabacana mediocridad, no llegando a ser lo suficientemente buena, ni lo suficientemente mala como para tenerla en consideración siquiera. De hecho, he corrido a reseñarla tras verla, porque dentro de unas horas se me va a olvidar que existe.
Como ese torero que acaba haciendo porno tenemos a un tal Joan Vázquez, que solo protagonizó esta película, aunque luego tuvo un papelito muy pequeño en “Sinatra”. Junto a él, Emma Quer, vista con anterioridad en “Secta Siniestra” o en “El fascista, Doña pura y el follón de la escultura”, para acabar su carrera con Antoni Ribas en “Dalí”. Blanca Marsillach (“El rollode Septiembre”, “Los señores del acero”) o el anteriormente citado Joan Borrás, completan el reparto, entre otros.
Por culpa del título, en los videoclubes, la película era alquilada compulsivamente por los pajilleros, que creían que se trataba de una película porno. De hecho recuerdo de niño ver en las estanterías su carátula con un cartelito pegado en el que rezaba “Atención: esta película no es pornográfica”. Y una de sus ediciones, lo advertía directamente debajo del título: “Una sátira que no es porno” ponía, o algo así.
Flojita.
Como anécdota decir que nuestro Naxo Fiol trabajó para Antoni Ribas.

martes, 15 de octubre de 2013

AQUELLA CASA EN LAS AFUERAS

Una de aquellas películas sensacionalistas con el aborto como elemento primordial de la trama.
Cuenta la historia de un matrimonio que, estando ella embarazada, se traslada de la provincia a una casa en las afueras de Madrid. Conocerán a una señora que lleva años viviendo allí y se ofrece a ayudar a la joven futura mamá en las tareas del hogar. Pronto, la muchacha tendrá extrañas sensaciones que remiten a una anterior estancia en ese mismo lugar, una donde, años atrás, se practicaron abortos ilegales. La cosa se complicará y terminará como el rosario de la aurora.
Eugenio Martín siempre será recordado por ser el director de “Pánico en el Transiberiano”. Y aunque el género que menos cultivó en su carrera fue el de terror (donde también encajaría Sobrenatural”) y su película más exitosa "La vida sigue igual", con Julio Iglesias y Andrés Pajares, se le considera uno de los grandes del terror hispano, porque el fandom así lo quiere.
“Aquella casa a las afueras” es un desafortunado intento de Martín por volver a lo que ahora llaman “Spanish Gothic” o “Terror Rural” como tan bien lo hizo en “Una vela para el diablo”, y aunque cuenta con una atmósfera enrarecida, que sumerge al espectador en momentos de inquietudy un final inesperado e impactante, está a años luz de las que le dieron la fama. No es que sea especialmente mala, considero que tiene el tempo que debía tener una película española de estas características, pero también es cierto que la idea no da para mucho, y una vez presentados los personajes, y hasta la resolución, es todo material de relleno que no aporta nada, salvo llegar a una duración estándar. También es cierto que, rodada en 1980, ya era material anticuado entonces.
En cualquier caso, queda patente lo malo que es abortar, aunque en los ochenta fuera una práctica a la orden del día, y para nada una aberración.
La caratula de una de sus ediciones videográficas plagia sin decoro el cartel de "La última casa a la izquierda", ya sea para hacerla pasar por una de terror pura y dura, un producto de similar pelaje o, muy probablemente, la misma película de Wes Craven.
En el reparto, actores de prestigio como Javier Escribá, Alida Valli o Mara Goyanes, así como una debutante Carmen Maura, que intentaba hacerse un hueco en el "mainstream" tras sus colaboraciones con el Almodóvar más “underground”.
Y, curiosamente, co-escribiendo el guión, tenemos al gran Manolo Summers.
Discretita, pero se deja ver.

lunes, 16 de noviembre de 2015

MI GRAN NOCHE

Tan escaldado salí de ver “Las brujas de Zugarramurdi”- junto con “Balada triste de trompeta” dos de las peores películas, no ya de la carrera del director Bilbaíno, sino de la historia del cine, y quien diga lo contrario lo dice por lameculismo o por confundir la velocidad con el repugnante tocino-  que a pesar de que me agradaba la idea de visionar una película que significara la vuelta al cine de Raphael, me tiraba para atrás que se tratara de una nueva película de Álex dela Iglesia. Pero aproveché que se producía “La fiesta del cine” para verla. Por 2, 90, si no me gustaba, siempre podía abandonar la sala dedicándole una morcilla a la pantalla (como hiciera en su momento Aratz con “Los Ángeles de Charlie”). Y al final me ha gustado la película lo suficiente como para verla y luego, sin más, irme a mi casa a hacerme una pajilla rutinaria. Lo que demuestra lo terriblemente irregular que es Álex de la Iglesia. Porque  de la Iglesia tiene muchos mamporreros y a poco que haga ya van a ascender a los cielos su trabajo, cuando en realidad hace unas mierdas estratosféricas. Pero de entre esas mierdas terribles, de vez en cuando hace alguna película que al menos está entretenida; en los últimos 10 años,  solo “La chispa de la vida” y esta me parecen medio potables; el resto y lo pongo con mayúsculas PUTA MIERDA, señores míos. Pero centrémonos en la que nos ocupa, que está simpática ¡qué carajo! Siendo totalmente justo y objetivo, ya que De la Iglesia es un director que me cae medio gordo, y siempre deseo que sus películas me repugnen.
También es cierto que el cineasta ha sabido crearse un sello identificatívo y un universo propio; teniendo esto en cuenta, Álex nos propone una comedia coral, un émulo del cine de Luis García Berlanga versión destroyer, con unas sutiles pinceladitas a lo Almodóvar , en la que introduce todos los elementos cañís y toda la violencia que haga falta para cubrirse las espaldas ante los dos nutridos grupos de fans con los que el director cuenta; por un lado, los descerebrados fans del gore consecuencia del boom de los 90 y que se engancharon al rollito de la Iglesia con “El día de la Bestia”, y los matrimonios de entre 50 y 70 años que se engancharon a su cine con “La Comunidad”. Para más inri, también tiene algo  de “Muertos de Risa”, para enganchar a esos pocos que nos gusta esa película. Entonces, con todos esos ingredientes, nos cuenta la historia de varias personas, personal de figuración, presentadores y técnicos, que se encuentran encerrados en un set de televisión grabando el especial noche vieja 2016, mientras que en el exterior hay una serie de violentos disturbios consecuencia de una –no nos queda claro del todo- huelga. Entre todos ellos, además está infiltrado un fan de la estrella mundial Alphonso (Raphael, claro) cuya misión es matarlo durante la actuación de este en la gala.
Bien, pues me parece un proyecto muy difícil de rodar y coordinar del que ha salido airoso, dándole un ritmo endiablado a un producto que corre el peligro de aburrir (ya saben, un grupo de gente encerrado en un lugar) que entretiene todo el raro que tiene momentos antológicos, que además, en ningún momento deja de ser un película de Álex de la Iglesia. Y luego tiene a esa enorme baza que es Raphael,  cuya presencia se antoja lo mejor de la película, tan solo porque es Raphael  autoparodiandose. La gracia está en que se nos presenta como un ser despiadado y megalomaniaco que no duda en hacerle la vida imposible a su hijo, que trabaja para él, no vaya a ser que “trepe y trepe hasta desbancar a su padre, como hizo Enrique Iglesias”, se atreve a decir en la película. La entrada en escena de Raphael  en el film, que nos lo presenta como una especie del Darth Vader del mundo de la canción, es poco menos que memorable.
Así que en definitiva la película está muy bien, entretenida y simpática con momentos verdaderamente hilarantes.
Pero en la parte negativa, que dirían en el “Un, Dos, Tres… responda otra vez” que tanto inspira a este director – ¿Qué pensaban? ¿Qué se iba a ir de rositas?-, me parece de muy poca vergüenza hacer una película que no deja de ser una crítica mordaz al mundo de la televisión, mostrándonoslo como un universo corrupto y desperado (¡Ja! Como si el del cine español no lo fuera…) y hacerlo contratando a la plana mayor de actores de teleseries de éxito (solo falta Paco León para que esté ahí todo “Aída”) que trabajan para productoras, esnifan con sus jefes y pisan al compi (Edu García dixit entre lineas) similares al “Media Frost” (en alusión a “Media Pro”) que despedaza en su película.
Pero ciñéndonos a lo estrictamente artístico, me da más vergüenza todavía, que en su reparto, habiendo actores más o menos solventes, a la gran mayoría de los que intervienen en “Mi gran noche”, no se les entienda ni una sola palabra de sus diálogos compartiendo plano con otros que, como Pepón Nieto –que aquí está estupendo- , merecen una mayor suerte.
 Y ya para terminar, decir que le edición de audio, en lo referente a las escenas de diálogo de Raphael –intuyo que como buen divo, no se aprendió los textos más largos y rodaban a cachos sus frases- es tan cutre, tan cutre, tan cutre, que siendo una producción profesional de más o menos gran presupuesto, el que se noten los corte de audio a cada cambio de plano del divo, nos lleva a comparar esta obra con la más feróz producción amateur, en lo que a estas escenas se refiere.
Ahora bien, ver a Raphael interpretan “Escandalo” en pantalla grande, es toda una gozada, por mucho que odies a Raphael o no comulgues con su música.
Pero Veeenga … está entretenida, simpática y se deja ver. Para ir a ver en familia estas navidades (si aguanta en cartel) ideal.

sábado, 3 de marzo de 2012

EL PECADOR IMPECABLE

De primeras, al ver esta película, intuyes que es una película de los ochenta. Si no sabemos muy bien el año, calculamos que de 1982 aproximadamente. Pero no, es de 1987, aunque lo pobre de su factura apunta que podía haber sido rodada incluso en los setenta. En cualquier caso, da igual.
Ese año, Almodóvar ya despuntaba, Fernando Colomo y Trueba, ya apestaban la cartelera con sus comedias Madrileñas para post-modernos de postín, y la comedia más chusca había quedado relegada al video-club. Sin embargo, todavía había lugar en la cartelera para alguna producción que, sin saber muy bien por qué, se colaba en la cartelera española, e incluso alcanzaba “cierta notoriedad”
La peli cuenta la historia de un casi sesentón virgen y reprimido, que tras el fallecimiento de su madre, rompe a follar con toda viuda que se le cruza en su camino y esquiva los envites de su prima, que solo quiere casarse con el y heredar el negocio familiar, una zapatería.
Cutre, sórdida, chabacana, misógina y de un mal gusto sobrecogedor. Una maravilla.
Su director, el mediocre Augusto Martínez Torres, debutaba como realizador adaptando una novela erótica del mismo título perpetrada por Manuel Hidalgo. La novela era aún más chunga que la película, y al adaptarla libremente, Torres suavizó todo lo centrado en el erotismo, porque si no, según el, le habría salido una película porno.
Ni a erótica llega, pero lo cierto es que es tan torpe y básica tanto en la dirección como en el montaje, tan lúgubre la iluminación y tan de estar por casa el sonido directo, que lo que le salió es un pastiche de muchas cosas, y todas malas, dentro de un cine que estaba dando sus últimos coletazos.
Sin embargo, que quieren que les diga… a mí me encanta.
En el reparto, grandes de la interpretación que no han tenido relevo generacional como Alfredo Landa, Saza, Rafaela Aparicio, Chus Lampreave, Julieta Serrano, Zori, Rafael Alonso, y la futura “Scream Queen” Diana Peñalver.
Hay que verla, joder.

miércoles, 21 de enero de 2015

SUSANNA

Seamos sinceros: Yo me puse a ver esta película para despellejarla, para reírme sin piedad de ella y  vilipendiarla. De hecho, quien me la recomendó lo hizo para que la destrozara, además de avisar que aquí “A Eva Santolaria se le ven hasta las amígdalas”.  Pero tal y como están las cosas, he de decir que mi intención dañina se diluyó a los pocos minutos de película, porque lo cierto es que me pareció cojonuda. Los actores, sin ser del todo buenos, aquí están muy bien, y aunque a priori, efectivamente, esto parecía un el enésimo aprovechamiento del éxito de “Instinto Básico” a la catalana con todas las papeletas para ser risible, la verdad es que al final se prodiga como un thriller de extrarradio, absolutamente deudor de todo ese cine  lumpen de finales de los setenta, rodado con la cadencia –casi torpe- del cine de los ochenta, pero filmada bien entrados los noventa, cuando el cine español se volvió tan pijo y para un público tan repugnante. En tiempos en que pelis como “Mensaka” o “Extasis” eran las que el cine español nos intentaba colar, se nos ofrece una película de género puro. ¿Un thriller erótico? El erotismo está ahí, es un hecho. Pero es sórdido y rancio, porque toda la película lo es.
Cuenta la historia de un comercial que hace chanchullos a su favor con los clientes de su empresa. Un buen día, la propietaria de un bar, para que le retrase unos pagos, le ofrece follarse a su sobrina menor de edad a la que tiene allí trabajando. Esta accede, y comienza un tórrido romance. Después el individuo va a la cárcel porque le pillan con los chanchullos. De por medio, mafiosos de barrio, ajustes de cuentas, estafas, bodas con musulmanes y hasta asesinatos.
Esta es una de esas películas a las que les beneficia el bajo presupuesto, porque  está claro que hubo poco de eso para el rodaje. No obstante, ver esos pisos mugrientos en los que viven los personajes, esas pensiones comidas por la humedad, y esas tascas de mala muerte, le dan un look a la película del todo desasosegante a la par que realista. La película es tan sucia que huele a mierda y cuando esta acaba, tenemos que darnos una ducha. Algo raro de ver en un film español de los 90. Y creanme, eso es lo mejor de la película.
No obstante, me gusta mucho los hijos de puta que son todos los protagonistas; todos unos cabrones, empezando por el comercial protagonista y terminando por la putilla que da nombre a la película. No hay en ella ni un solo personaje positivo, todos malos y egoístas, personajes de fines perversos y chabacanos. Una panda de cutres de mierda como tantos hay sueltos por ahí en la vida real.
Y a parte de todo esto, es que la película, que quizás tenga una dirección un tanto descuidada, está condenadamente entretenida, engancha, y al final resulta que nos lo pasamos muy bien. Y esto lo digo de una película ante la cual me senté con todos los prejuicios del mundo. Pues está muy bien.
Y como era de esperar, al cine a verla solo fueron unos 80.000 espectadores.
En el reparto, me hace gracia  ver que protagoniza en asunto Álex Casanovas, “Chico Almodóvar” que irrumpió en “Kika” con la misma fuerza con la que fue relegado al ostracismo (televisivo, mayormente). Una especie de Michael Paré patrio, cuyo declive se debe a que es un espantoso actor. Aunque aquí está discretito, la verdad es que mola en el papel. Le sigue la anteriormente nombrada Eva Santolaria conocida sobretodo por ser Valle en la serie “Compañeros” y de carrera dispersa después de aquello. Les secundan un buen puñado de actores de reparto catalanes, efectivos como suelen ser ellos.
Dirige la película Antonio Chavarrías, que tras esta película todo lo que dirigió es de escaso interés, al menos, para el que esto escribe.

domingo, 10 de julio de 2011

PESTAÑAS POSTIZAS

Un dramón que cuenta la historia de una actriz casi cincuentona y decadente, que ante la poca oferta de trabajo se ve obligada a prostituirse en burdeles de poca monta. Tiene un novio jovencillo al cual mantiene. Un buen día, a ella le sale un trabajillo en el teatro, a la vez que a el, le sale algo similar, capitaneado por una vieja actriz rival, que lo que pretende es acostarse con el joven efebo.
Un autentico bodrio, con un tufo rancio que tira para atrás y con unas actuaciones acartonadas y teatrales que por momentos rozan la vergüenza ajena. Destaca la intervención de Paco Valladares haciendo de mariquita con bata de guatiné, de manera muy poco convincente. En la vida un gay ha parecido mas heterosexual. Horrorosa. Pero, su fama de maldita, es la que me ha animado a verla.
Se trata de la primera película que protagonizó Antonio Banderas, y también, la primera película que produjo Pedro Almodóvar. De hecho, es un reflejo de lo que en los próximos años sería su cine como director (Maruejeo, homosexualidad, decadencia y relaciones turbias).
La gracia está en que la película no llegó ni a estrenarse, de hecho no llegó a obtener la licencia de exhibición. Permaneció metida en su lata, hasta que alguna televisión la compró y la emitió. Su director, Enrique Belloch, no volvió a hacer una sola película.
¿Quién dijo que los inicios de las estrellas consagradas fueron fáciles?
Eso si, la película no merece la pena en absoluto, pero si tienen curiosidad…. Yo también la he tenido.

viernes, 2 de octubre de 2015

MULTIPLE MANIACS

Teniendo en cuenta que esta es la primera película de John Waters que salió de los circuitos de exhibición reducida de Baltimore, y que en plenos años setenta ya gozó de una distribución, sin duda, más amplia cuando entra en juego la “New Line” que lleva las películas de Waters a los cines ¿Hasta que punto Waters es un “artista” puramente underground? ¿Cuantos directores underground dieron en salto a Hollywood y gozaron de la distribución internacional de sus películas? Aquí llegaron incluso dobladas al castellano en los años 80/90 cuando ya gozaba de una gran popularidad.
Ergo ¿no es cierto que realmente, John Waters es un director mainstream que vende (incluso prostituye) la etiqueta Underground? Yo creo que si.
Obviando esto, y el hecho de que toda la estética por la que se hizo famoso y, por ende, hizo famoso a Almodóvar está copiada de los hermanos Kuchar (absolutamente coherentes con la etiqueta “Underground” y lo que conlleva), lo cierto es que este “Multiple Maniacs” vendría a ser la película de John Waters y su trouppe más pura y coherente con lo que luego nos vendió. Es más, diría que incluso “Pink Flamingos”, no deja de ser un remake inconfeso de “Multiple Maniacs”, a la que añade el mayor numero de cerdadas y provocaciones posibles con el fin de escandalizar a ese nuevo público que se acercaba e este llamado cine “Trash”, “Underground” o como demonios prefieran llamarlo.
Y es que mientras se rodaba, Waters ni se imaginaba que llegaría a donde llegaría, entonces es una película pura en el sentido de que no necesita de la guarrería y la provocación para transgredir, porque ya transgrede por si sola, inconsciente de que había una popularidad detrás de todo esto. Que aunque hay  cerderío y elementos “Waters” a borbotones, no es una trasgresión tan obvia como la de la posterior “Pink Flamingos”.
Cuenta la historia de un “Freak show” que muestra al público una serie de aberraciones que incluyen maricas dándose besos reales, un yonki pasando el mono y posteriormente inyectándose, y la atracción final que es “Lady Divine” que aprovechará la coyuntura para capturar a quienes  se dignen en  ver el show, para robarles y asesinarles. Su ego es desmesurado y su novio, que está enamorado de una joven rubia, teme abandonarla porque sabe que  “Lady Divine”, no dudará en matarle, por lo que planea  su asesinato, mientras Divine, que finalmente se entera de su infidelidad, planeará lo mismo, no sin descubrir los placeres del lesbianismo, entre otras muchas cosas.
Todo seguirá cierta coherencia -en el universo Waters- hasta que hace acto de presencia una langosta gigante que, sin motivo aparente, violará a nuestra protagonista, incentivando así su propia locura y la de la película en general.
Pues probablemente sea una de las mejores películas de John Waters, solo porque está en bruto, en estado puro y porque en ella veríamos de forma genuina, todos los clichés,  y obviedades del resto de la carrera de Waters hasta que se “mainstreamizara” del todo.
Porque además, está graciosa, simpática y entretenida.
En el reparto,  la trouppe habitual de John Waters, compuesta de maricas, lesbianas, yonkies  y transexuales formada por Mink Stoole, Edith Massey, David Lochary y, por supuesto, Divine.
Waters por su parte, tiene pendiente de estreno para este 2015 una cosa titulada “Kiddie Flamingos”, mientras que por otra parte, ha dado voz  a uno de los personajes del largo de animación español “Mugworth” de Marc Fernández que verá vida videográfica este año a través de “Vial of delicatessens”.

martes, 24 de diciembre de 2024

ENCIENDE MI PASIÓN

El cine español de los 90, el que menos brilló en pantalla, es un cine a descubrir porque, más allá de “Fotos” de Elio Quiroga, está lleno de películas horribles que se sostienen únicamente por las altas dosis de delirio que contienen, la comedia involuntaria y, en definitiva, por lo horrorosas que son. Aunque puede que en su momento todo ese despropósito pasara inadvertido para el espectador porque, quizás, responde a ciertas estéticas y maneras de hacer propias de la época. Es el caso de esta “Enciende mi pasión” a mayor gloria del Miguel Bosé de 1994, cuando era un fantoche igual que ahora pero lo camuflaba con un impostado halo de intelectualidad, y hasta Almodóvar osaba incluirlo en sus películas. Pasó por salas sin pena ni gloria, con apenas 80.000 espectadores que desfilaron por taquilla (hoy sería considerada un éxito) y, tan rápido como se estrenó, pasó a ser olvidada por el respetable hasta casi enterrarla en el ostracismo. Y es algo incomprensible porque estamos ante una película que, a parte de estar fatalmente hecha, es un muestrario de desvaríos, incongruencias, misoginia y estupidez. O sea, según mis fueros, una maravilla.
En realidad no hay mucha diferencia en lo que a niveles de calidad y dejadez se refiere entre esta “Enciende mi pasión” y “Supernova” de Juan Miñón, solo que la reseñada tiene más mérito porque, mientras que la otra se abrazaba a la psicotronía y el posmodernismo que definía al fandom mayoritario de entonces, "Enciende mi pasión" tiene intención de melodrama serio y en la línea del primer Juanma Bajo Ulloa (el de “Alas de mariposa” o “La madre muerta”), sin conseguirlo en absoluto. Es una bufonada. Han tenido que pasar 30 años para, al verla, exclamar aquello de “¿pero qué coño es esto?”.
Un científico botánico obsesionado con su trabajo, heredero de una fortuna, conoce a una joven muy bella pero con escasa cultura con la que se casa. Una vez unidos, la confina en su castillo y, mientras él investiga, ella se aburre. No hacen el amor porque el botánico es incapaz de excitarse, sin embargo por la noche la atiborra a somníferos para, una vez sedada, practicar sexo con sus pies, la única manera de la que el tipo es capaz de tener una erección, porque asocia las piernas y los pies de las mujeres a los tallos de las plantas.
Hay otras dos subtramas igual de idiotas que esta, en una de ellas el botánico contrata a un antiguo profesor para que eduque a su esposa y la convierta en una dama refinada —motivo este que el profesor aprovechará para follársela ya que ella está dispuesta a calmar sus apetitos jamás colmados por el personaje de Bosé— y otra en la que un proxeneta maltrata y amedrenta a una de sus putas, porque quiere abandonar la vida lumpen. En algún momento de la película, estos personajes se cruzarán con los principales.
Todo ello adornado con las peores interpretaciones que se le puede sacar a sus interpretes (Miguel Bosé está para matarlo, sobre todo en un par de momentos rozando el "slapstick" que se cuelan en la trama sin venir demasiado a cuento y en los que el cantante tiene que poner caras…) Emma Suarez, Ana Álvarez (pre-operaciones estéticas), Karra Elejalde (con pelo y melenas), Enrique San Francisco o Juan Luis Galiardo, que como hace de sí mismo, se prodiga como lo menos ridículo de toda la película. Igual que Rosa María Sarda, que también aportaría algo de dignidad a esta locura  sobre un tipo que folla pies y encierra a su esposa en un castillo.
Karra Elejalde, con ese look que se gasta de proxeneta setentero, tuerto y dando puñetazos y patadas a sus prostitutas también es para verlo una y otra vez, igual que el incomprensible final que, por más vueltas que le he dado, no he logrado entender de ninguna de las maneras, llegando a la siguiente conclusión; o esto no tiene ningún sentido, o yo soy deficiente mental. Probablemente ambas cosas.
Dirige el artesano José Miguel Ganga, cuyo momento de mayor gloria fue con la película “El cianuro ¿Solo o con leche?” pero también tiene una película anterior bastante ignota, “Rumbo Norte”. Después de “Enciende mi pasión” se dedicó a hacer televisión de corte comercial siendo uno de los responsables de series tan populares como “Canguros” o “La casa de los líos”. Se cubrió de gloria con esta “Enciende mi pasión”.
Ahora, es tan marciana, tan tonta, tan desquiciada, que, por supuesto, la recomiendo y hasta reivindico.

Feliz Navidad, por cierto...