Don Jurwich, animador que durante gran parte de su trayectoria durante los 60 y los 70 trabajó en el departamento de animación de los estudios Hanna-Barbera diseñando escenarios y personajes de series tan queridas por el público como puedan ser “Los Picapiedra” o “El Escuadrón Diabólico”, abandona su trabajo, laborioso y poco gratificante, para intentar dar forma a sus propias producciones. Jurwich acabó un poco hasta las narices de babosismo propio de las series de dibujos animados de corte familiar, así que con un presupuesto inmensamente reducido, decide hacer lo que será su primer largo de dibujos animados (con un par de segmentos en imagen real) y, como revulsivo a años de trabajar en un material blanco y aséptico, decide hacer la película de dibujos animados más cerda jamás rodada. Así, recluta a un buen puñado de animadores que, como él, acabaron un poco hartos del sistema de estudios, y con compañeros de Hanna – Barbera Productions, y gente que había sido despedida los estudios de Walt Disney, concibe lo que a día de hoy es un absoluto clásico de la animación para adultos, la archi-popular “Once Upon… a Girl”.
Desde luego, en el porno animado, en el que prima el sentido del humor y la exageración por encima del erotismo —prevalece el chiste de pollas en lugar de situaciones que estimulen la libido del espectador— basándose generalmente en escenas de corte grotesco donde las pollas gigantes suelen ser las reinas de la función, no suele abundar la imaginación. Todos los porno-cartoons europeos suelen adaptar cuentos infantiles, por aquello del morbo que puede provocar en un momento dado el transformar algo inocente e infantil en todo lo contrario, y suelen ser animaciones baratas y de pésima calidad. “Once Upon… a Girl” es exactamente eso mismo, animación chusquera que adapta de manera muy marrana los cuentos clásicos infantiles y, en general, no destaca demasiado por encima de sus coetáneas europeas, salvo por el diseño de los personajes, que con el equipo cuidándose de no parecerse en demasía a los personajes de Disney o Hanna-Barbera, no pueden evitar dejar un poco de ese sello y, efectivamente, acaban pareciéndose, sobre todo, a los de Hanna-Barbera, como no podía ser de otra forma. Y ese sería el único dato destacable de un pornote animado en el que la imaginación brilla por su ausencia y que peca de excesivamente largo, aunque al final sí que contiene uno o dos gags a costa de corridas y pollas que puede hacernos esbozar alguna que otra sonrisilla.
La película nos muestra un hilo conductor en imagen real en el que, en un juzgado, están a punto de juzgar a mamá ganso —el actor Hal Smith travestido— por delitos de obscenidad, ya que va contando por ahí historias de contenido altamente erótico. Cuando le toca defenderse, ella alegará que es su obligación contar las historias de los cuentos infantiles como sucedieron en realidad y, así, se da pie a los segmentos de animación en los que se recrearan los cuentos de “Jack y las habichuelas” (con Jack follándose un árbol y corriéndose dentro de él hasta hacerlo crecer…), “Cenicienta” (cuyas hermanastras tísicas y casi sidosas no tienen problema en follarse a todo lo que pillan) y “Caperucita Roja” (con una reproducción del cuento que absolutamente nada tiene que ver con este…), todo de manera muy desmadrada y abiertamente cómica, con garrulos que gozan mucho, pajas por encima del pantalón y mucha succión de pezones femeninos, que para cinco minutillos está bien, tiene su gracia, pero que a partir de la media hora, por repetición, y por lo malilla que es en general la película, cansa. Sin embargo, el tiempo le ha dado un estatus dentro del subgénero, sus imágenes han sido “sampleadas” una y otra vez en mixtapes audiovisuales o programas de televisión y, en definitiva, se trata de la película de animación pornográfica más popular de todos los tiempos.
Don Jurwich, después de este experimento, volvió a la animación convencional produciendo un sinfín de películas y series, y dirigiendo una película de absoluto culto, la T.V. Movie “G.I. Joe, La película”, a la que miles de seguidores tienen en un extraño pedestal a lo largo y ancho del mundo. No se por qué, pero así es.
Por otro lado, Jurwich sabía dirigir a un equipo de animación, pero no tenía ni pajolera idea de dirigir a un equipo de acción real, por lo que para ese cometido se contó con los servicios del director Jack Conrad, cuya única referencia data de 1973 con la película “Country Blue”. Después de “Once Upon… a Girl”, no volvió a dirigir nada de nada.
Por supuesto, en el siglo XXI esta pequeña pieza de porno animación es reivindicada quizá de manera desmedida por los fans, y, en consecuencia, Severin Films tuvo a bien engordar su catálogo de DVD con una versión íntegra de la cinta con secuencias de naturaleza pornográfica nunca vistas, que lanzaron al mercado sin obtener ningún tipo de clasificación para evitar la “X” y que de este modo solo pudieran vender su producto en sex shops y demás establecimientos de mal vivir.
Flojilla. Para echarle un vistazo tonto y después olvidarla para siempre.
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viernes, 10 de septiembre de 2021
lunes, 19 de agosto de 2019
KISS MEETS THE PHANTOM OF THE PARK
Por supuesto, no soy en absoluto fan del sonido guitarrero y
mucho menos de Kiss, que me resulta un grupo de lo más extraño y estúpido. Su
imagen amenazante a base de maquillaje siniestro y eso que hace Gene Simmons
con la lengua, no hacía honor al tipo de rock-n-roll que practicaban que suena
ñoño, amariconado y rozando el pop. Un
contraste como para tontos.
Pero al margen de lo que me pueda parecer a mí, Kiss es un
grupo de rock mítico que a finales de los años 70 eran tan famosos que las
masas se inclinaban a sus pies. Es por ello, que en la cúspide de su fama, a
sus promotores, viendo que en el mundo de la música habían tocado techo, se les
ocurrió venderles como producto. Comenzó a aparecer a la venta toda suerte de
merchadising, juguetes y desvaríos varios con la imagen de los componentes de
la banda. Incluso, llegaron a ser los
protagonistas de un cómic de Marvel que se vendió estupendamente, batieron
records de ventas, por lo que los amantes de los súper héroes tenían un nuevo
tebeo que añadir a su colección.
El siguiente paso natural era el cine, así que Kiss
protagonizaron una de las películas más marcianas que existen, “Kiss meets the
Phanton of the park”, film considerado como uno de los peores de la
historia y que los propios componentes
de la banda odian porque les hace parecer retrasados mentales. De hecho, hasta
hace poco que la edad les hacer ver la película con cierta nostalgia, nadie de
su equipo podía nombrar la película en presencia de sus miembros y renegaban de
ella absolutamente, amén de que los problemas entre la producción y la banda
fueron continuos durante el rodaje. De hecho, Ace Frehley, poco contento con el
trabajo que se estaba realizando, incluso llegó a abandonar la filmación, cosa
esta que no importó porque fue sustituido, ipsofacto, por un doble. Lo que pasa
es que el doble de este ¡era negro! Detalle este que, por otro lado, no es
disimulado en la película en los momentos en los que aparece.
Un parque de atracciones en plena crisis, cuenta con una
atracción cuyos animatronics resultan de lo más reales. Lo que sucede es que el
responsable de la misma, una especie de científico loco, se dedica a secuestrar
personas y convertirlas en robots. Justo en ese momento el parque de
atracciones a contratado a los Kiss para que actúen en su escenario, por lo que
montan el primero de sus conciertos y en él harán alarde de ¡¡Sus poderes
mágicos!! Estos son poderes hipnóticos,
lanzar rayos por los ojos, hacer levitar las cosas, escupir fuego… y todo lo
que se te ocurra.
Sin embargo, este científico loco secuestrará a los
Kiss y los sustituirá por cuatro clones
robotizados que suplantarán la identidad de estos en los conciertos, por lo que
los verdaderos Kiss tendrán que ingeniárselas para escapar y, con sus poderes,
reducir las intenciones de este maldito científico loco en el parque de
atracciones.
Como ven, una de las historias más bizarras que se podían contar
con los Kiss de por medio.
La película en realidad es un telefilm para la NBC que
produjo el estudio de animación de Hanna-Barbera, en lo que sería una de sus
pocas inclusiones en la imagen real.
“Kiss meets the Phanton of the park” fue el hazmerreír del
personal al día siguiente de la emisión y los fans de Kiss se cagaron en la
puta madre que parió a quién se le hubiera ocurrido tal locura, sin embargo, y
como pasa con todas las malas películas, el tiempo le ha otorgado un estatus y
a día de hoy es una película de culto para los fans de Kiss y uno de sus
productos más queridos. Y es que, efectivamente, al tratarse de un producto de
Hanna-Barbera, la cosa parecía más bien un episodio de Scooby Doo, cosa que no
deja de ser paradójica, si tenemos en cuenta que posteriormente, en el mundo de
la animación, Kiss, han compartido fotogramas con el bueno de Scooby en “Scooby
Doo y Kiss: el misterio del Rock and Roll”, direct to vídeo del año 2015 que ya
es todo un anacronismo.
La película, efectivamente es mala a rabiar, inconexa y
ridícula, pero ver como los Kiss ofrecen una interpretación totalmente autista
—y eso que recibieron cursillos intensivos de actuación— y verles escupir fuego
y todas esas zarandajas, mientras tocan varias
de sus canciones en un escenario o en medio del parque de atracciones,
verdaderamente merecen la pena. Yo no creo que llegue a ser una película “Mala
pero divertida”, aunque tiene escenas
antológicas, sin embargo, si me parece un film curioso que merece la pena ser
visto para saciar la curiosidad. Y es una pena porque aunque arranca muy bien y
todo apunta a que efectivamente va a ser un descojone, a mitad de metraje va
perdiendo fuelle hasta el punto de que resoplamos un par de veces porque no se
acaba. Por suerte, en la recta final, los poderes mágicos de las estrellas de
rock devolverán el interés a la película.
El director elegido para capitanear esta orgía de retraso
mental fue Gordon Hessler, director proveniente de la serie B de terror
británica que firmó títulos tan populares como “Los asesinatos de la calle
Morgue” o “Exterminador IV”, falsa secuela de “El Exterminador” que se tituló
así solamente porque estaba
protagonizada por Robert Ginty y que, directa a vídeo, se estrenó antes que
“Exterminador III”, que tampoco era una secuela oficial. Para mear y no echar
gota.
lunes, 18 de septiembre de 2017
POPEYE
Popeye es un personaje que de siempre me ha obsesionado.
Poco a poco he ido coleccionando una buena cantidad de sus cortometrajes
animados, o de los largometrajes a base de cortos que se estrenaban en cines
españoles, que me instaron incluso a montar el mío propio, aprovechando la
coyuntura que me ofrece el dominio público de esos cortos, y ser uno de los
responsables del sello “Vial of Delicatessens”.
Y ahora esa obsesión se
acrecenta con el descubrimiento de las tiras cómicas de su creador, Segar, y de Bobby London, quién magistralmente
continuó con el trabajo de Segar en los ochenta, modernizando a los personajes
y utilizándoles como portavoces de sus protestas hacia unos editores que eran
más tontos que la madre que los parió, y cuya estrechez de miras contribuyó al
despido de uno de los más grandes dibujantes de Popeye, y cargarse así una
obra maestra del cómic contemporáneo y
quedarse tan panchos. Pero eso es otra cuestión mucho más larga de la que
quizás les hable en otro momento. Pero si gustan, “Kraken” está editando esas
maravillas en España ahora mismo. Del autor que más dibujó a Popeye, Bob
Sagendorf, poco he visto, y lo poco que he visto tampoco era muy
sugestivo, como tampoco lo es lo de su
actual dibujante en prensa, Hy Eisman. Me gustan, sí, pero lo de Segar y London
es que me vuelve loco.
Al margen de esto, que yo soy consumidor de Popeye hasta
límites insospechados, me resistía a volver a ver la famosa película de RobertAltman. Es unánime, todos la vimos de pequeños esperando una cosa, y recibimos
otra, en el recuerdo, bastante aburrida. Así que en plena fiebre “Popeyera”,
considero que es un buen momento para recuperarla y ver como afecta el
visionado a mi mediana edad, y sin volver a
haberla visto desde que era un infante. “Popeye” es una cosa muy rara,
muy bizarra, y he llegado a la siguiente conclusión; o bien mi amor hacia el
personaje me ha hecho perder toda objetividad, o bien “Popeye” es una película
muy buena pero muy poco indicada para el
público infantil.
Como fuere, “Popeye” cuenta la historia de un marinero rudo
y tuerto, que en busca de su padre perdido, llega a un lugar llamado Puerto
Dulce, y se amoldará a esa fauna a las mil maravillas. Conocerá a Rosario
(Olivia) de a cual se enamorará, a Pilón que come hamburguesas, a Perendengue
que las cocina, y a Brutus, el pretendiente de Rosario, al cual se la
levantará y se convertirá en su acérrimo enemigo. Hasta adoptará a un bebé que
habla al que llama Cocoliso; y por supuesto, encuentra a su padre. Es así de
sencillo. No hay más, eso es lo que cuenta.
Lo que pasa, es que la película, y por eso no me gustó de
niño, es una extravagancia de tomo y lomo; sin embargo, es lo más fiel que hay
a las primeras tiras de Segar a las que antes hacía referencia, ya que en ellas
se basa, a pesar de que cuando se rodó, el concepto de Segar y sus años 30,
estaba ya bastante desfasado. El Popeye al que estaba acostumbrado todo el
mundo, posiblemente fuera en de los dibujos animados de los años 50 y 60, o
bien, el de los 80 de la factoría Hanna Barbera. Entonces, si buscamos ese
Popeye, está claro que no lo vamos a encontrar en esta película. Es más, la
película es rara hasta si la comparamos con las tiras de Segar. Pero eso no es
malo en absoluto.
En definitiva, que me ha gustado, y mucho.
La película está considerada uno de los grandes fracasos de
Hollywood, pero este fracaso es relativo. Relativísimo, porque la película tuvo
un coste de 20 millónes de dólares de la época, y recaudó en taquilla cerca de
sesenta. Pero para las expectativas de los directivos de Paramount eran de
sobrepasar los 100, por lo tanto, al no alcanzar esas cifras, relegaron la
película al ostracismo. Nuestro país era un fiel reflejo de la medianía de
taquilla, y siendo una película distribuida por Disney, que tenía los derechos
de explotación para Europa, 426.000 espectadores no están mal, pero no son nada del otro mundo.
Todo esto viene dado por la falta de cabeza y el exceso de
coca de “El chico que conquistó Hollywood”, Robert Evans. La adaptación al cine
del musical “Annie” era un proyecto acariciado por los grandes estudios. En
concreto, los derechos del mismo se los disputaban Universal y Paramount, para
los que trabajaba Evans. Tras una ardua lucha para conseguirlos, se ve que el
mejor postor fue Universal, quienes se quedaron con los derechos y produjeron
uno de los musicales más célebres de los 80.
Evans, caprichoso y testarudo como pocos, que quería
quedarse sin si musical de moda con el que hacerle la competencia a “Annie”, y
sabiendo que Paramount tenia un buen número de personajes de cómic y de ficción
en su poder, congregó una reunión con los ejecutivos para ver con cual de todos
esos personajes podían realizar una superproducción. En cuanto alguien dijo
Popeye, Evans ya no se lo pensó más. Se puso manos a la obra con la producción
de esa cinta. Los derechos del personaje pertenecían a la King Factures
Sindicate a efectos televisivos, radiofónicos y editoriales, pero, Paramount
conservaba los derechos de explotación del personaje para cines y teatros, con
lo que era totalmente lícito hacer una película con el personaje, que no solo
se valdría de su fama para triunfar, sino que además, serviría para darle un
empujón de audiencia a la serie que sobre el personaje estaba en aquellos
momentos en televisión “La hora de Popeye”, los míticos dibujos animados de
Hanna-Barbera, con los que nos criamos todos los cuarentones. Así pues, el tema
del papeleo fue sobre ruedas.
Robert Evans, no era muy listo, pero no muy inteligente, y
contratando al historietista Jules Feiffer para que escribiera el guion, pensó
en películas exitosas del estudio, y se acordó de “Cowboy de medianoche”, por
lo que quería a su director, John Schlesinger, y a la estrella de la película,
Dustin Hofman (¿) como director y protagonista, respectivamente, se su
adaptación de Popeye.
Feiffer, conocedor de los cómic, lógicamente, escribió un
libreto que adaptaba fielmente el universo creado por Segar, al mismo tiempo
que introducía elementos propios de los cortometrajes para cine de la factoría
Fleischer. Así, tenemos en la película personajes primigenios de “Thimber
Teather” –que es como se llamaba la tira de Popeye en su momento- como puedan
ser Castor Oyl, hermano de Olivia, o su primer novio, Ham Gravy, o detallitos
como el hecho de que a Popeye no le gusten las espinacas, y tenemos una fuerte
presencia de Brutus, como en los dibujos animados de Fleischer, mientras que en
la tira cómica este aparecía tan solo de pasada.
Aunque Schlesinger no era el director adecuado, finalmente
se contrató a uno que tampoco lo era demasiado, por su condición autoral;
Robert Altman. Robert Evans estaba hasta
los cojones que Altman llevara varios fracasos de taquilla seguidos desde que
rodó “Nashville”. Y estando de farra una
noche, se lo encontró en un bar, alicaído, borracho, enfarlopado. Evans ante
tan patética imagen, tuvo una idea; para que Altman volviera a estar en primera
linea, debería dirigir un éxito comercial, y como “Popeye” estaba concebida
para que fuera eso mismo, contrató a Altman para dirigir la película. Es entonces
cuando entran en casting Robin Williams como Popeye, Shelley Duvall como
Rosario (Olivia) y Paul Smith –el clon de Bud Spencer- com Brutus. Y sin duda,
es el mejor casting que puede tener una película. A mí no se me ocurre ninguno
mejor que ese.
Disney que entró en proyecto porque estaba en su momento de
mayor decadencia y quería hacer películas de imagen real que enganchara a un
público más o menos adulto, puso toda la carne sobre el asador.
Previo al inicio del rodaje, se construyó en Malta un enorme
plató que representaría el pueblo donde transcurrían las tiras de “Thimble
Theater”, Puerto Dulce. Un plató que, un tanto abandonado, aún permanece en el
lugar dónde se construyó, y que supone una de las atracciones turísticas de la
zona
Una vez iniciado el rodaje todo eran problemas, sobretodo
entre productor y director. Evans se presentaba en el rodaje y no hacía más que
increpar a Altman, que llevaba cinco fracasos a sus espaldas, que si no
convertía esta película en un éxito, estaba acabado. Y Rober Altman pedía que
se le dejara hacer su trabajo y que no tocara los cojones.
Es muy probable que el tono Bizarro y enrarecido de la
película, más que una cuestión estilística, sea debido a los excesos
lisérgicos, ya que la cocaína circuló
por ese rodaje como en pocos. Altman y Evans la consumían con avidez, lo que
originó que en uno de sus constantes enfrentamientos, acabaran a puñetazos, a
hostia limpia, mientras que Robin Williams y Shelley Duvall, estaban más
centrados en esnifar entre toma y toma que en interpretar sus, por otro lado,
ensayadísimos papeles. Paul Smith, que no tenía los mismo hábitos que las
estrellitas, no consumía ningún tipo de drogas, motivo este por el que fue
ninguneado. Evans llegó a decirle que si llega a saber lo soso que era, hubiera
contratado a ese actor Italiano al que
suplantaba –refiriendose a Bud Spencer- pero que por el caché de aquél, tendría
tres Paul Smiths haciendo nada.
Por otro lado, Altman no se hacia con la dirección, estaba
tan drogado que cuando había muchos actores en plano, no sabía bien lo que
hacer. Los técnicos también le daban a la cocaína cosa mala, y todo era un
pifostio de tres pares de cojones. Por eso es una película tan extraña.
Cundo se estrenó, aunque dobló su presupuesto, no fue
suficiente para Evans, con lo que declaró a la película y a su director, non
gratos.
La película tampoco recibió críticas halagueñas, y en
general, se prodigó como uno de los grandes fracasos de la historia del cine.
Vista ahora, yo creo que ni tanto ni tan calvo. La verdad es que está muy bien,
y todo ese halo de rareza, yo creo que la convierte en una película única, más
cercana a cierto cine de autor Europeo ( “Sweet Movie” tiene algunas
similitudes estéticas) que al cine comercial americano, y sin embargo, su
estética le viene muy bien al universo Popeye.
Robert Altman, por otro lado, recuperaría el prestigio
perdido poco a poco, y con los años.
También, y como todos esos films que Hollywood se empeña en
marginar y etiquetar de fracaso –Ya sea “Ishtar”, ya sea “Howard, un nuevohéroe”, ya sea “Cuatro Fantásticos” (esta hundida en el fango más por parte de
los fans)- se trata de una película injustamente olvidada. Y lo que son las
cosas, teniendo en mi psique durante años y años la percepción de que “Popeye”
era una basura infecta, hay que ver cuanto me ha gustado verla la otra noche.
Mucho, de hecho.
lunes, 8 de abril de 2019
ARCHIE VS. DEPREDADOR
“Archie”, el popular tebeo creado en los albores de los años
40 por John Goldwater y puesto en el papel por Vic Bloom y Bob Montana al guion
y los lápices respectivamente y que narra las historietas de un grupo de
adolescentes y sus quehaceres diarios, es poco más que una institución, una
insignia de la cultura popular americana y uno de los cómics en activo más
longevos. Tras montones de colecciones, merchadising y series de dibujos
animados, todavía su empresa, Archie
comics, se sustenta principalmente de las aventuras de este grupo de
adolescentes y sus problemas de corte romántico humorístico.
A España, “Archie”, llegó a los kioscos gracias a la
mexicana editorial Novaro con cuentagotas, pero se hizo popular gracias a la
serie animada de Hanna – Barbera, que creada en los años 60 se emitió en
nuestro país en los 80 y, más allá de eso, es conocido sobre todo por los
amantes del cómic más inquietos y experimentados.
Como fuere, “Archie” en la actualidad se sigue editando, si
bien han cambiado la idiosincrasia de los personajes para adaptarlo a las
costumbres y modos de vida contemporáneos y se está experimentando con el
personaje hasta, prácticamente, hacerle perder la identidad. Ahora muchos de
estos cómics nos presentan a Archie y su pandilla en dibujos de corte realista
y vestidos como “Millenials” y el otro atractivo con el que cuenta la serie son
los bizarros e improbables crossovers a los que se les somete a diario, así
como las historias paralelas que van desde el noir hasta el terror y en las que
lo único que tiene que ver con el universo de Archie, es la propia pandilla de
Archie.
Esta práctica no es nueva y se lleva extendiendo desde los
años 90 y tras el éxito que supuso el primer crossover al que se sometió a Archie con el cómic “Archie
Meets The Punisher”, en el que se enfrenta a nuestro protagonista nada menos
que con El Castigador.
Dentro de esa dinámica, Norma editorial edita la colección
de cuatro números de los que se compone este “Archie Vs, Depredador” y que
surgen de la necesidad de ganar cuartos por parte de Archie comics, Dark Horse
y Fox.
La principal gracia del asunto, además de la obvia, radica
en que si en este tipo de recreaciones últimamente se le estaba otorgando un
tono realista al cómic de Archie, en
esta ocasión, y de la mano de Alex de Campi, Fernando Ruiz, Rich Koslowski y
Jason Millet, lo que se hace es devolverle a Archie y su pandilla el tono
humorístico, el aspecto de cartoon y hacer lo propio con el depredador, es
decir, que lo vuelven Cartoon y a partir de ahí, comienza la marcianada.
Pero más allá de eso, y una vez satisfecha la curiosidad que
nos produce una propuesta como esta, poco más ofrece este tebeo. Es bastante
aburrido y poco resultón, y el único aliciente quizás hubiera sido rompedor en
los 80 —y si me apuran, en los 90— es el poder ver como el depredador desmiembra,
trocea y descabeza a la gran mayoría de la pandilla de Archie de manera
salvaje, con todo lujo de detalles y sin contarse. Sin embargo, como todo esto
ocurre en el universo catooniano, el lector se queda igual, o se echa unas
risas. Quizás, al contrario, si como se estaba haciendo hace poco con Archie,
hubieran introducido al depredador dentro de la línea más realista, ese gore,
ese salvajismo, nos hubiera impactado.
La cosa va de un premio que ganan Archie y su panda, que
consiste en unas vacaciones pagadas en un resort sito en algún lugar
paradisíaco, con tan mala suerte que, llevándose estos un extraño puñal que se
encuentran en plana selva y que, posiblemente, pertenezca al depredador, este les
persigue hasta su hábitat natural dando cuenta de cada uno de ellos. Para
defenderse, los chicos tendrán sus propios recursos, como convertir a Archie en
un robot a lo Mazinguer Z.
La verdad es que, en todos los sentidos, es poca cosa. Por saciar la curiosidad, siempre y cuando, se
encuentren este volumen en una biblioteca.
jueves, 20 de febrero de 2014
LOS PICAPIEDRA ENCUENTRAN A ROCKULA Y FRANQUESTONE
De vez en cuando me suelen dar misteriosos, raros y
desperados ataques de nostalgia en lo referente a un producto que a mí, ni fu,
ni fa: la animación. De vez en cuando me acuerdo de lo feliz que era de pequeño
con según que dibujos animados, me
obsesiono, los busco y me los como con patatas. Este verano me ocurrió con
“Popeye”, y fue una experiencia harto gratificante. Si ya era fan del personaje,
ahora ese fanatismo se reforzaba, y no solo a los “cartoons” del personaje
facturados por la factoría Fleitcher; el Popeye ochentero, también es muy
bueno, por ejemplo, no hay más remedio que
consumirlo casi todo. Así que desde este verano, me voy agenciando todo material
audiovisual referente al marinero más
famoso de todos los tiempos, que se cruza en mi camino. Sin despeinarme.
Y durante estos días, me ha pasado algo similar, pero con el
efecto contrario. En los ochenta, emitían por televisión “Los Picapiedra” y a
mí me encantaba. Y decidí, igual que con el Popeye, echarme algo de esto a los
ojos. Como empezar con la serie me parecía muy heavy, no ya porque no esté muy
bien numerada, sino, porque váyase usted a saber la de episodios que ha de
haber… pero recordé que existía un largometraje – animado- en el que “Los
Picapiedra” se las tienen que ver con unos ineptos Conde Drácula y monstruo de
Frankenstein, que me encantaba, y que debía existir de alguna manera porque yo
recuerdo haberlo visto. Pensando que no iba a encontrar nada al respecto, al
menos en castellano, investigo un poco (no mucho) y enseguida la localizo,
curiosamente, en un portal dedicado al cine de terror.
En él, Los Picapiedra ganan un concurso de disfraces de
Halloween y el premio son unas vacaciones en Rócksilvanya en el castillo del
Cónde Piedrácula. Como es inevitable, Pedro y Wilma se llevan con ellos a Pablo
y Betty, y comienza la velada romántica en
el castillo.
En una de estas que el Conde Piedrácula se despierta de su
letargo de 500 años, y al ver a nuestros protagonistas, este queda prendado de
los encantos de Wilma, por lo que Los Picapiedra tratarán de escapar de
Frankenpiedra, que intentará capturarlos para entregarle a su amo a Wilma.
La cosa está en que la factoría de “Hanna- Barbera” no es la
de “Fleischer” ni la de “King Feature Sindicate” de Popeye, y si la serie de
los sesenta era buena, este largometraje destinado al mercado de la televisión
es bastante mediocre, por mucho que se saque a Los Picapiedra de su hábitat
“Piedradura”. Los 50 minutos que dura el telefilme se hacen eternos y
aburridos, y quizás para un tierno infante resulte, pero no para un adulto,
público este que en su momento se ganó “Los Picapiedra”.
También hay que tener en cuenta que la serie data de los
años sesenta mientras que esta película es de 1979, entonces yo creo que la
diferencia es enorme, no notándose en la animación, pero si en la estructura y
la historia.
En definitiva, un coñazo. Huelga decir, que tras esta
experiencia, ha desaparecido todo interés
hacia “Los Picapiedra”por mi parte, aún a sabiendas de que se trata una de las
mejores series de animación de todos los tiempos.
De título original
-en castellano neutro- “Un
encuentro con Piedrácula y Frankenpiedra”, los señores de la mítica
distribuidora “Grupo Aguila” simplificaron el título de la película dejándolo
simplemente en “Los Picapiedra encuentran a Rockula y Frankenstone” en su
edición en VHS, Beta y sistema 2000.
Dirige este telefilm
Ray Patterson, director de la mayoría de series de dibujos animados que
te puedas imaginar, desde 1950 hasta 1993. Es decir;
“Los Pitufos”, “Los Snorkels”, “Don Gato”, “Popeye”…
Ya que estamos, decir que el debut (animado) en el
largometraje, lo hicieron “Los Picapiedra” en la película “The Man Called
Flintstone” de 1966, conocida en nuestro país como “El Súper agente Picapiedra”
y que fue un éxito de taquilla, para después continuar con lo más parecido a
una película, que sería esto que acabo de comentar, y protagonizar un tercer
largo en 1987 con “The Supersonics meets the Flinstones”.
Por otro lado, ya en plenos 90, alguien decidió llevar a
“Los Picapiedra” al cine en imagen real, y lo hicieron con “Los Picapiedra”,
dirigida por Brian Levant (“Este chico es un demonio 2” “Un padre en apuros”) e
interpretada por John Goodman y Rick Moranis, y la mucho más entretenida “Los
Picapiedra en Viva Rock Vegas” del mismo director, pero esta vez con Mark Addy
y Stephen Baldwin (¿).
No se a los niños de hoy en día lo que todo esto les puede
parecer.
lunes, 10 de julio de 2017
EL VIAJE DE POPEYE
Con motivo del 75 aniversario de Popeye, el estudio
Claymation puso en marcha el proyecto de realizar un mediometraje sobre el mítico personaje para
su estreno en televisión. Pero el proyecto tiene que ser abortado cuando,
irremediablemente, el estudio se vio en bancarrota. Pero el 75 aniversario
estaba ahí, y la gente de Mainframe Entertainment se hizo cargo de ese
proyecto, que sería distribuido nada menos que por Lions Gate. Se trataba de
hacer un especial televisivo en unos
tiempos en los que se renegaba de la animación tradicional en pro de la
animación 3-D. Y así, contratando al director Ezequiel Norton, y con un presupuesto que no daba para las
calidades de lo que Pixar o Disney estaba haciendo en cine, se le hizo el peor
homenaje que se le podía hacer a un personaje más grande que la vida. Casi mejor, si no se hubiera hecho nada.
Resulta muy duro tras ver los cortometrajes de la factoría
Fleischer, e incluso los posteriores, incluídos los de Hanna – Barbera, ver un
mediometaje como este, que no solo es que tenga una animación de lo más cutre y
fea, sino que hace gala de una falta de originalidad abrumadora, así como la
incorrección política implícita en todo Popeye aquí brilla por su ausencia,
hasta tal punto que Popeye y Brutus, son amigos.
El argumento es tan soso, como que Popeye, junto a su amigo
Brutus, Olivia y Cocoliso, se echan a la mar en busca del padre de Popeye que
ha desaparecido, por lo que tendrán que sotear los peligros y los órdagos que
les echa la malvada bruja del mar. Así de complicado.
Un absoluto mierdote a todos los niveles y una falta de
respeto para los personajes creados por Segar, máxime cuando un producto que
requería un mínimo de cariño y de dinero en la producción, está realizado de la
manera más económica posible, y sin ganas, por una panda de ineptos. Por otro
lado, como la película está destinada al
público con menos criterio que existe, que son los niños, eso les sirve
como excusa para cometer el crimen que han cometido. Porque, es que estéticas o
tipos de animación aparte, esto es un
aburrimiento solemne, cosa que no fue Popeye, ni tan siquiera en aquella serie
tan mala que fue “Popeye y su hijo” a finales de los ochenta y los albores de
los noventa.
Dando la voz a Popeye, tenemos a Billy West, reputado actor
de doblaje que, surgido de la radio, del staff de los programas de Howard
Stern, admite que esta película fue el trabajo más duro de su carrera, porque
hacer de Popeye y que le quedara bien, le dejó la garganta bien jodida, para
que luego el resultado final del especial 75 aniversario, fuera esta porquería.
Un asesinato, eso es lo que es esta peli.
lunes, 13 de febrero de 2017
LAS NUEVAS AVENTURAS DE POPEYE
Si hay algún recuerdo que llevo arraigado a mi memoria de
cuando era niño, sin duda, es este
largometraje de Popeye.
Y es que si bien en televisión daban los capítulos de la serie de los ochenta, tan vacía y cutrona como casi todos los dibujos animados de
la epoca –pero que vistos hoy por culpa de la nostalgia me resultan
maravillosos- a cargo de Hanna Barbera, a la vez que se mezclaban con la
emisión de los cortometrajes sesenteros y setenteros de la King Features
Sindicate, sin orden ni concierto, en los cines se estrenaban largometrajes del
personaje como el que nos ocupa, “Las Nuevas Aventuras de Popeye”.
Al quedar los cortometrajes del personaje comprendidos entre
los años 30 y 50 en dominio público,
cada cual podía hacer con aquellos cortos lo que le saliera de los mismísimos
huevos, por lo que a los Italianos se sacaron de la manga algún que otro
largometraje uniendo cortos, que luego, exportaron a España. Entonces, el
largometraje “Nuove Avventure de Braccio di Ferro”, se estrenó en nuestro país
como “Las nuevas Aventuras de Popeye”. Nada que alegar, salvo porque esas
aventuras de nuevas tenían poquito. Así pues, tenemos una pieza rarísima en la que se unen
cortometrajes comprendidos entre la época de los “Fleischer Studios” de los
años 30, los “Famous Studios” de los años 40 y la “AAP” de los 50. Una amalgama
de cortometrajes de lo más sugestiva. Entre todos estos, se incluyen los que
son los mejores cortometrajes de Popeye de la factoría Fleischer, y los
primeros que se hicieron en color; el ganador del Oscar “Popeye the Salilor
Meets Sindbad the Sailor”, “Aladdin and his Wonderful Lamp” y “Popeye de Sailor
meets Alí Baba’s Forty Thieves” todos ellos de finales de los años 30 que
adaptan de manera libre, y con Popeye de por medio, los cuentos clásicos, y que por su sola incursión ya merece la pena
el visionado completo del largo. El primero de ellos, el de Sinbad, está
considerado una obra maestra, ya que se consigue un efecto tridimensional a
costa de utilizar escenarios reales superpuestos y retocados a mano, en una
técnica muy revolucionaria y de los años 30 que no se estiló demasiado en la
animación posteriormente. Una técnica muy bonita y efectiva.
Además de estos absolutos clásicos, la película la componen
un montón de piezas más, todas ellas cojonudas, pero sin el valor histórico de
estas tres mencionadas, como aquella adaptación de Cenicienta, o aquél
cortometraje tan racista en el que Popeye es capturado por una tribu caníbal.
Como fuere, siempre entretenidos, pequeñas joyas de la animación clásica.
Para hacer de nexo de unión en su condición de largometraje,
se altera la banda sonora en los créditos iniciales fabricados para la ocasión
–y adaptados en la versión española- y
en el rodillo final, alterando así la banda sonora original del último
cortometraje, quedando una cosa muy extraña. Así como, de vez en cuando,
aparece en escena una voz en off que narra como Popeye pasa de estar en la
salvaje jungla al profunso espacio exterior, alterando asimismo, los
cortometrajes en los que se inserta esta voz. La cabeza pensante Italiana que
seleccionó, ordenó y alteró estos cortometrajes para convertirlos en un
maravilloso largo es Max Garrico, al que no se le conocen más trabajos
conocidos.
La película, además de ser un absoluto clásico de las sesiones
dobles y sesiones continuas de los cines de barrio españoles –la vi en el cine
Benares de Alcorcón, y la vi en el cine de la parroquia del barrio
posteriormente- gozó de unas cuantas ediciones en vídeo, siendo la más popular
la de Soho Video, que como se costumbre, utilizaba en la carátula imágenes que
nada tenían que ver con el contenido de la cinta de VHS o Beta. En este caso,
una ilustración de Popeye con un Loro que pide espinacas, perpetrada por váyase
usted a saber que manta de dibujante español. No obstante, para esta reseña, he
querido utilizar el póster original de cine, que en resumidas cuentas utiliza
una ilustración también concebida para la ocasión por algún dibujante español,
pero que al menos se cuida de mostrarnos acontecimientos que si aparecen en la
película.
Absolutamente entrañable.
Poco antes de esta, también se estrenó en nuestros cines
otro largometraje de Popeye de similares características, que no se si llegué a
ver o no, pero que en cualquier caso, no calaría tan hondo en mí como lo hizo
este, y que llevaba por título “Popeye Brazo de Hierro” y que si doy con él,
quizás caiga la review por aquí en algún momento.
Huelga decir, que soy un fan absoluto de la creación de Elzie Crisler Segar, y de sus
tiras cómicas, cortos, largos, series de T.V. y explotaciones varias. Popeye,
es una jodida y absoluta maravilla.
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