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miércoles, 18 de junio de 2014

STAGE FRIGHT

Ya han pasado suficientes años como para que “Slashers” post “Scream” como “Leyenda Urbana” o “Se lo que hicisteis el último verano” sean material clásico y sirvan de inspiración y/o precedente para según que generación. Así que desde Canadá, e inspirada en el “Slasher” noventero, llega este “Stage Fright”.
Y el punto de partida intenta, dentro del género, ser novedoso. Se trata de un “Slasher” Musical, con todos sus numeritos musicales,  los tópicos del musical aplicados a conciencia, que se nutre de canciones propias del musical y del heavy metal; el asesino de look molón y ataviado con máscara del teatro Japonés, canta canciones heavy en contraposición al resto de canciones más clásicas. El problema, es que el director no se toma en serio su material y al final lo hace de manera paródica, con lo cual, una buena idea, novedosa, y que tratada con el debido respeto se me antoja valiente, se queda en una chorrada estúpida y carente de interés, máxime cuando ese sériale único punto a favor  de la película, porque de lo demás va limitadita. Y encima con el tonito repelente de un post “Scream”, con todo lo trillado del asunto.
Tras una puesta en escena –mal resuelta- que nos pone en situación, vamos a un campamento de verano para bailarines clásicos y cantantes de ópera, regentado por un director de Broadway venido a menos, en el que los jóvenes que pululan por ahí, andan ensayando una obra musical que estrenarán más adelante, llamada “The Haunting of the Opera”. Independiente de esta obra musical, los protagonistas se marcan numeritos musicales dentro de la ficción. Entre unos y otros, un asesino con máscara perteneciente a la función, irá dando cuenta de alguno de ellos (porque encima se carga pocos), en algunas ocasiones, dentro de un número musical.
Como decía antes, el tomarse a sí misma a cachondeo, es la mayor lacra de la película, amen de tener ese rollo auto referencial tan grimoso que tienen todas las malas películas de última hornada, en esta ocasión, tan reconocible y tan a boleo (mezcla referencias de los  ochenta y los noventa, indistintamente), que me siento, incluso, indignado durante su visionado: “Hellraiser”, “Scream”, “Carrie”, “Leyenda Urbana”, “La matanza de Texas” (“Masacre en Texas 2” para ser más exactos”) y, por supuesto, “Viernes 13” van circulando sin disimulo a lo largo de la película. Unos guiños necesarios para ganarse a su estúpido público, porque está claro que con el elemento natural de la película, no lo va a conseguir.
Por lo demás, poca truculencia,  aburrimiento, humor muy mal introducido e imperceptible  -de ese que está, pero que no notamos porque no hace gracia- y sensación de que le estén tomando el pelo a uno. Pero, sin duda, lo peor, es esa determinación de “Voy a hacer un musical “Slasher”, pero que sea medio en broma, porque no tengo cojones (ni el talento) de hacerlo totalmente en serio”. Una autentica lástima.
En el reparto, un puñado de adolescentes sin carisma y “Crepusculeros” que son ya como fotocopias y protagonismo, casi absoluto, de Meat Loaf que se marca algunos numeritos a una edad en la que ya ha perdido su chorro de voz, y que interpreta al director de ese campamento de teatreros y Minnie Driver, que ya tiene una edad, la mandíbula cada vez más grande, y ya le cuesta que le den papeles mainstream.
Dirige, uno de tantos independientes del cine de terror de la última hornada, pero esta vez, de los que no tienen talento (vamos, que no es Ti West), Jerome Sable, que con un par de cortometrajes del mismo palo, la mayoría de corte, también, musical, debuta en el largo con esta pedazo de mierda, a la que le sigue uno de los capítulos de la aún inédita “The ABC´s of death 2”.
Yo tras verla, la he borrado.

sábado, 18 de diciembre de 2021

GRAN BOLA DE FUEGO

A finales de los 80, las carreras de muchos de los rockeros clásicos andaban algo maltrechas, entre ellos Jerry Lee Lewis que, gracias a esta película, vio como volvía a primera plana y su música rejuvenecía. Yo mismo pillé el disco de la banda sonora y no paraba de escucharlo. El hombre comenzó a girar de nuevo y, más curioso aún, se vino hasta nuestra tierra de estafadores y mangantes para asomar el tupé en uno de esos programas de variedades que emitían el Sábado por la noche. Fue un poco lamentable, pero ahí estaba, dándole a las teclas.
Sin embargo, paradójicamente, por mucho que "Gran bola de fuego", el biopic que narra una parte importante de su vida artística y personal, benefició a Jerry Lee, en realidad él lo detestaba. Y detestaba el libro en el que se basaba, escrito por su ex mujer. El director, Jim McBride, se defendía alegando que aquello no era un documental y reconocía ciertas libertades. Digamos que la historia real era solo una excusa para contar otra cosa. Y es algo que se nota y traspasa, ya no solo por las exageradas y algo irreales interpretaciones de sus protagonistas (especialmente Dennis Quaid, que está bastante insoportable), también por el modo teatral de abordar sendas escenas. Pero me parece bien que los biopics añadan unas goticas de fantasía, sino pueden resultar demasiado plomizos (otro ejemplo, "Ed Wood". Todos sabemos que mucho de lo que muestra es mentira, que embellece la realidad, pero... ¡nos encanta!).
Pues eso, "Gran bola de fuego" narra el ascenso a la gloria del pianista rockanrolero Jerry Lee Lewis, que se enamoró de su prima cuando solo tenía 13 años (pervertidillo!), se casó con ella y, en fin, el escándalo resultante hirió seriamente su carrera y le llevó a empinar el codo más de lo sanamente recomendable... aunque creo que en eso la peli se contiene bastante, seguro que la cosa fue mucho peor.
No obstante, está entretenida. Me la suda lo fiel o no que es a los hechos. A mi me hizo pasar un buen rato. Nada más que decir.
Incluye papelitos para personalidades "cult" como las de Mojo Nixon (músico country de tirón punkista), Tav Falco (rockero cavernoso) y Joe Bob Briggs (presentador televisivo especializado en cine de horror y trash). Si hay más, ya se me escapan.
Destacar por curiosa la carrera de su director, Jim McBride. Comenzó estrictamente en el llamado cine underground con "David Holzman's Diary". Luego se ganó el odio de los cinéfilos más recalcitrantes remakeando "a la americana" un clásico de Jean-Luc Godard. Alcanzó el mainstream con "Querido detective" y la peli reseñada. Y luego, cuando la cosa comenzaba a desinflarse, tuvo tiempo de venir a Barcelona para dirigir "La tabla de Flandes", según una novela de Arturo Pérez-Reverte, donde una aún monina Kate Beckinsale lo enseñaba todo. En el año 2000 volvió a encargarse del biopic de otro músico, en este caso Meat Loaf, pero su origen telefílmico desproveyó al resultado final de nada medianamente sórdido o meramente interesante.

lunes, 2 de mayo de 2022

SPICEWORLD: LA PELÍCULA

Me encanta ese subgénero que abarca todas las películas concebidas para el lucimiento de un determinado artista. Porque, además de tratarse de productos que cumplen con su cometido, no siempre, pero es fácil que te puedas llevar alguna sorpresa. A mi edad no me duele reconocer en absoluto que una de las películas de Hombres G, “Sufre Mamón”, se encuentra sin duda entre mis favoritas de todos los tiempos, del mismo modo que siento debilidad por ese tipo de films destinados a promocionar a cómicos o que surgen en consecuencia a un espacio televisivo de éxito. Quizás estas películas responden más a inquietudes arqueológico-exóticas, pero del mismo modo que en su momento ciertos críticos se deshacían en halagos con según que películas de Elvis Presley o de The Beatles, yo lo hago con algunos títulos, no ya de Hombres G, sino incluso de Peret o Manolo Escobar. Como fuere, dentro del subgénero no es difícil que me guste bastante algo de lo que propone. No dejaré de mencionar esa película al servicio de Dani Martín de "El canto del loco" titulada “Sinfín”. Es una buena mierda.
Naturalmente, no es el caso de  “Spiceworld: La película”, que nace tan solo para tocar los cojones a Disney que previamente había hecho una oferta a las Spice Girls para protagonizar una de sus producciones —y que rechazaron—, y cuya infamia no me ha dejado indiferente. Dudo bastante que la vuelva a ver en un futuro, pero mentiría si no dijera que me ha sorprendido sobremanera la gran capacidad que posee de insultar a todos los involucrados, al séptimo arte en general y, sobre todo, al espectador. Y no nos llama bastardos, o malnacidos; nos llama a todos retrasados mentales.
“Spiceworld: La película”, cuya única finalidad es promocionar por el globo terráqueo el segundo álbum de las Spice Girls (el primero se había convertido poco menos que en un fenómeno social), nos presenta a unas Spice en la cumbre de su fama que se las tendrán que ver con una serie de gerifaltes del mundo de la música que, sin motivo aparente, pretenden boicotear la existencia del grupo. Entre tanto, las Spice Girls saltan, bailan, cantan sus canciones y hasta reciben la visita de unos extraterrestres que bajan a la tierra para ver el concierto que tendrá lugar al final de la película, y que ya que están ahí, aprovecharán para meterles mano. No, no es broma, uno de los extraterrestres toca con su mano deformada la teta de la Spice Girl negra. También, en otra secuencia, las cinco zagalas ayudan a parir a una china… Háganse una idea del desmelene que propone la única película de las Spice Girls.
Todo ello en un ir y venir a ninguna parte, mostrándonos a unas Spice Girls absolutamente mongólicas interpretando (mal) escenas para un público decididamente subnormal. El pasar vergüenza ajena jamás tuvo más sentido.
Para colmo de males, cuenta con pequeños papeles y cameos de reputadas personalidades británicas, haciendo asimismo de retardados, como puedan, agárrense los cojones, Roger Moore, Bob Hoskins, Meat Loaf, Richard E. Grant, Allan Cumming, Elton John, Elvis Costello…
Además la película está rodada como el culo, mal montada, y con unas transiciones de Windows Movie Maker que tiran de espaldas.
El caso es que en el momento de su estreno, esta bazofia llena de colores chillones y de pizpiretas golfillas que acabarían casi todas siendo carne de la prensa rosa (como les vaticina muy acertadamente un juez dentro de una ensoñación que tiene una de ellas en la película) y esposas de futbolistas megalómanos, fue condenada a críticas feroces, más sangrantes que cualquier cosa que pueda yo decir de esta mierda, pero las Spice Girls estaban en lo más alto y el resultado de esto se tradujo en una de las películas inglesas más taquilleras de la historia, quedando segunda tras “Titanic” a nivel mundial, en aquel aciago 1997. “Titanic” también le va a la zaga...
Por suerte Spain is a little different, y aquí también fue un éxito que casi alcanza el millón de espectadores, pero no se convirtió en el fenómeno social que supuso para el resto del mundo, en el que el número de espectadores superaba fácil los cuatro millones según el país.
Por supuesto, y como se puede intuir, la película ganaría innumerables premios Razzie.
En definitiva, “Spiceworld: La película” es un spot no demasiado caro, 25 millones de dólares, que además de recaudar lo que no está escrito, sirvió para que las ventas del segundo álbum de las Spice fueran mayores que si no se hubiera rodado la película. Vendieron una barbaridad. Aunque ellas tendrán el estigma, durante toda su vida, de haber sido retratadas en el cine como deficientes mentales de grado alto.
Lo más curioso de todo, es que 25 años después, con el grupo ya disuelto, las Spice Girls amenazan con rodar una secuela… dudo mucho que con los tiempos que corren nadie ose a poner sus dineros en semejante locura, pero si eso llega a ejecutarse, vive dios que iré el mismo día del estreno para no perdérmelo. Si te gusta el cine, estas cosas hay que verlas. Y si no, también.

sábado, 13 de marzo de 2010

VAMP

Vi "Vamp" siendo un mozalbete, y solo hubo una cosa que me gustó de ella... Dedee Pfeiffer, actriz segundona y, sí, hermana de Michelle. Directamente quedé prendado de esta pizpireta monada rubia que, con los años, tampoco acabaría haciendo nada especial... mucha serie, algún telefilm (era la mujer de "Meat Loaf" en su biopic) y dos productos nada menos que para "The Asylum", ¡cuidao!. ¿Y el resto de la peli?, pché.
Unos universitarios se comprometen con una fraternidad a conseguir una bailarina de striptease, así que van a la gran ciudad y se meten en un tugurio en el que, sí amigos, todas las strippers son vampiros. Uno de los chavales, y la camarera no chupasangre del lugar (la preciosa Dedee), luchará para salvar su vida y borrar del mapa a las criaturas del averno.
Todo en "Vamp" es muy ochentoso... su look, su continua iluminación de rojos y verdes, su banda sonora, su vestuario, su sentido del humor y la presencia de Grace Jones (a algunos les pone palote, a mi me da asquito), figura esta muy de su época y que se marca un papel en el que no abre la boca más que para chupar. El reparto está plagado de caras reconocibles, Chris Makepeace ("Los incorregibles albóndigas"), Robert Rusler ("La mujer explosiva", "Pesadilla en Elm Street 2" y mucho cine "teen" de la época), Gedde Watanabe ("Dieciséis Velas", "Gremlins 2") y el inmortal Billy Drago, encarnando a un punkarra albino. Richard Wenk, director, es también co-responsable de "Wishcraft (la caja de los deseos)", un simpático neo-slasher del 2002.
A pesar de todas esas "virtudes" tan reivindicadas actualmente en modernolandia, y a un principio prometedor, la peli no soporta un visionado mínimamente exigente. Le falta acción, carece de garra y le sobra palique... eso y una escena altamente ridícula en la que el prota se encuentra a uno de sus colegas vampirizado.
Si la nostalgia es tu excusa, pos vale... pero no le daría especial prioridad sobre el resto de títulos que aguardan en tu disco duro.