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viernes, 6 de julio de 2018

QUE NOS QUITEN LO BAILAO

“Que nos quiten lo bailao” resulta una rara avis dentro de nuestra comedia. Una película netamente valenciana —puramente mediterránea— que juguetea con un género tan nuestro como es la parodia histórica tan en boga los primeros años de la década de  los 80 y  que traía consigo filmes de mayor calado popular que el que nos ocupa, como puedan ser “Juana la loca… De vez en cuando” de José Ramón Larraz, “Cristóbal Colón… de oficio descubridor” de Mariano Ozores o “El Cid cabreador” de Angelino Fons, y con el musical, incluyendo numeritos (impagable el protagonizado por Joan Moleón) absolutamente deudores de la revista. Sin embargo, y a diferencia de los títulos anteriormente nombrados, “Que nos quiten lo bailado” tiene más mala leche y aspiraba a tener un público más intelectual que las otras películas más destinadas a un público de corte popular. Así,  “Que nos quiten lo bailao” tiene todo el tiempo los ojos puestos en el cine de Monty Python rozando, por momentos, el plagio. Si en “Los caballeros de la mesa cuadrada”, cuando el Rey Arturo llega al castillo de Camelot y al advertir la presencia de este ante el resto de caballeros uno de ellos responde que es una maqueta, en “Que nos quiten lo bailao” cuando Fray Jacinto divisa el Alcázar,  uno de sus acompañantes dice que vaya mierda. No es el mismo gag, pero prácticamente es el mismo.
La película transcurre en algún lugar de Valencia, más o menos durante el siglo XV o XVI durante la convivencia de moros y cristianos por aquellas tierras. Y no tiene un argumento propiamente dicho, Una secuencia tras otra va transcurriendo entre diálogos descacharrantes, números musicales y un humor muy particular, pero si que hay un ligero hilo conductor en el que la hija de los marqueses de Mocorroño es vendida como esclava, y en el harem del sultán Al Parrús, esperará a ser rescatada por sus padres mientras es usada para uso y disfrute del sultán y sus amigotes, por ejemplo, siendo su culo exhibido en una especie de ruleta humana de la suerte.
El argumento es de lo menos, aquí lo que prima es que el humor marque el avanzar de la película.
Así, tenemos un divertimento de lo más surrealista, que pese a estar fuertemente influenciado por los Phytom, y gracias a lo autóctono de esos numeritos musicales y de revista, no deja de ser una película de lo más personal. Amén de ser una joya ignota de la que poco se ha sabido hasta ahora, con escasos 178.000 espectadores en salas de cine.
Muy divertida e interesante.
El elenco, salvo por los actores principales interpretados por profesionales de la talla de Joan Moleón, Guillermo Montesinos o Impar Ferrer, está compuesto de las gentes del pueblo dónde se rodó, Luchente, lo que dota a la película de unos rostros y personajes de lo más grotescos, que son otro de los puntos fuertes del film. De hecho, Luchente tiene una importancia vital en esta película, no solo por el elenco, sino también por la cooperación que el mismo pueblo tuvo durante la preproducción de la película, ayudando al personal técnico de la misma a reconstruir un viejo convento abandonado que en la película recrearía una alcabaza. Asimismo, Luchente sería el lugar dónde la película se estrenaría mundialmente.
Dirige la película Carles Mira, director eminentemente Valenciano cuya carrera transcurriría casi en su integridad en su tierra natal, que además de esta joya dirigió cosas menos interesantes como la olvidable “El Rey del Mambo” o “Con el culo al aire” protagonizada por Ovidi Montllor.

lunes, 25 de marzo de 2024

TEO, EL PELIRROJO

“Teo, el pelirrojo” es una ignota película del no menos ignoto director burgalés Paco Lucio. Compitió en el festival de Berlín, pero, más allá de eso, apenas tuvo vida comercial tras su discreto estreno en cines, donde la vieron poco menos de 60.000 personas. No consiguió el apoyo de las televisiones y no se emitió hasta muchos años después, ya en los 90, del mismo modo que nunca tuvo una edición oficial en vídeo.
Sin embargo, sí obtuvo apoyo de la Junta de Castilla y León y fue financiada por el Ministerio de Cultura solo en parte, cosa rara considerando que, por forma y fondo (película de tono serio y culto, ambientada en la época del desarrollismo y con un reparto de renombre), a priori, cumplía con todo lo que exigía la ley Miró a una producción.
Vista hoy puedo comprender el ninguneo esnob, porque, pese a que se trata de una película muy para ese público de los ochenta, la tosquedad y poca pericia con la que está rodada debió tirar para atrás a todos aquellos entes bienpensantes que podían decidir sobre su futuro.
La cosa va de un juez que, junto con su esposa e hijo pequeño, se va al pueblo del que es originario porque le han avisado de que el abuelo va a morir. Una vez allí, el hijo del juez, además de contactar con otros críos, se hace amigo de un cateto, Teo el pelirrojo, aspirante a policía local que es rechazado por los dirigentes por mala bestia, lanzar proclamas comunistas en la tasca y tener un pasado turbio. Pero el chaval y el bruto se llevan estupendamente y tienen conversaciones de lo más enriquecedoras. Todo se tuerce cuando el pedazo de animal saca un día la escopeta y se carga a todas aquellas personas relevantes que le han negado el pan y la sal como policía.
Por supuesto, como el chaval ha hablado de muchas cosas con el asesino, será sometido a un tercer grado por parte de su padre el juez y las autoridades del pueblo.
Como pueden ver, un argumento muy viable para lo que se estilaría en el cine español a finales de los ochenta. Sin embargo, y al margen del politiqueo que pudiera haber silenciado (o no) esta película, “Teo, el pelirrojo” es aburrida como una mala cosa, amén de tener una estructura extraña, de tres o cuatro actos, incapaz de llevar una línea narrativa coherente; los hay largos en exceso y otros —como cuando Teo el pelirrojo  se lía a tiros— suceden en un santiamén. En definitiva, y hablando en plata, se trata de una película cultureta, sí, pero bastante mala.
El reparto esta formado por actores de la talla de Álvaro de Luna “El Algarrobo”, incapaz de desencasillarse de los papeles de garrulo tras su paso por “Curro Jiménez”, Ovidi Montllor, con la parsimonia que le caracteriza, y María Luisa San José, que sobrevivió al destape para, en esta época, especializarse en dramas rurales tras “Réquiem por un campesino español”. Asimismo, tenemos a todos los hijos de Cristina Rota aquí enchufados, en una producción leonesa, siendo Juan Diego Botto el niño protagonista —y que actúa con un gracejo y una frescura que ya no tendría en “Historias del Kronen” (ahí tendría gracejo, pero en otro sentido)— y sus hermanas Nur Al Levi y María Botto, que serían dos de las niñas que pululan por el largometraje (y que, aunque recientemente visionado, ahora mismo no sitúo).
Por su lado, el director Paco Lucio, que se ganó mejor la vida como asistente, encargándose de la segunda unidad de films del mismo palo que este, como por ejemplo “El espíritu de la colmena” o “El Sur” (ambas de Víctor Erice, al que Lucio considera su maestro), tuvo oportunidad de dirigir dos películas más durante toda su carrera, ambas en los 90 y de mínima repercusión, “El aliento del diablo” y “La sombra de Caín”.

viernes, 16 de febrero de 2018

MATERIAL URBANO

“Material Urbano” cuenta la historia de una jovencita, Maite, que consciente de que es deseada por los hombres llega a la siguiente conclusión; para que va a dar a los hombres su cuerpo gratis cuando estos de buena gana pagarían por él. Y como quiere comprarse una moto a toda costa, decide prostituirse. Llegados a ese punto, no solo se vuelve puta, sino también una descarada y una hedonista, dispuesta a hacer en cualquier momento lo que le venga en gana. En su nueva condición conocerá a dos individuos opuestos, un pijo que se cree que puede comprar lo que le de la gana y un quinqui. En el trasiego hacia el anhelo de ella, que es comprar la moto, le sucederán montones de cosas extrañas y extremas.
Esta mezcla de “Cine Quinqui”—mal entendido y peor representado— y nueva comedia española, resulta ser una película un tanto rara, misteriosa y desperada, en cuanto a que intenta por todos los medios ser una película transgresora procurando no sobrepasar los límites. Todos su personajes destilan odio y mala leche, todos son impulsivos y violentos, pero en realidad luego ninguno de ellos llega a realizar ningún acto verdaderamente aberrante como en un principio parece ser. Sin embargo detrás de las camaras si ocurren cosas aberrantes. Por ejemplo: En un momento de la película, en su afán por engañar en la percepción de la película al espectador, un grupo que quinquis se arman hasta las cejas con escopetas. Parece que van a cometer un atraco o se van a matar con una banda rival o algo así; pero no. Con el fin de hacerlos parecer menos malvados de lo que su aspecto nos sugiere, para lo que quieren las armas es para disparar a las ratas, que habitan por miles, en la nave abandonada dónde suelen estar ellos haciendo sus cosas. Ergo, no son  tan malvados. Sin embargo, y lo que me trae a mí de cabeza, es que vemos como las ratas son reventadas a balazos delante de la cámara. Así que la producción, mató ratas de manera real ¿Qué necesidad había? Con todo, no podría asegurar que ese material no sea de archivo, así que no dejan de ser elucubraciones mías.
Al margen de todo esto, la película es extraña, diferente, como solo los catalanes sabían hacerlo en los 80, y entretenida a más no poder, apoyándose todo esto en la misma agresividad de los personajes que nunca sabes por dónde te van a salir. Una rareza de nuestro cine.
Protagonizada por Mónica Molina, hija de Antonio Molina y hermana de Angela y Miky (que luego haría carrera como cantante), los planos en los que sale en pelotas son incontables, y aunque le pone énfasis a su actuación, la verdad es que no estaba muy dotada para la actuación la muchacha. Aún así, hizo algo más de cine. La secundan clásicos del cine catalán  como puedan ser Alfred Luchetti o Juanjo Puigcorbé, junto a otros como Ovidi Montllor y Julieta Serrano.
Dirige la película Jordi Bayona, un hombre con mucha afición, que tras casi 20 años dedicado al mundo editorial siendo uno de los directivos de bruguera, abandona un puesto de trabajo estable para dedicarse a hacer cine. De esa arriesgada decisión, salieron dos largometrajes, “Putapela” que la vio poquísima gente, y esta “Material Urbano” que vieron 4.921 espectadores de 1987 en cines, lo que para esa época es, nada. Su vida comercial posterior en cine o T.V. tampoco es muy acusada.
Con todo, una rareza, solo posible de encontrar en la red de redes.

viernes, 5 de agosto de 2016

UN, DOS, TRES, ENSAIMADAS CADA VEZ

Lo más curioso de esta película, es que presentaba por primera vez para el cine a Kim Manning, la célebre azafata del “Un, Dos, Tres”, y ese es motivo más que suficiente para titular a la película igual que el programa televisivo por antonomasia de los 80. En realidad, se trata de una película Mallorquina tan mal contada y tan aburrida que no hay por donde cogerla. Algo sobre un hotel que va a ser embargado que se entremezcla con una trama política, y tres mafiosos que andan haciendo por ahí de las suyas, todo ello en torno a una valiosa joya. Entre esas aburridas historias, como chiste recurrente, siempre, las ensaimadas. Y el hacer hincapié en que están en Mallorca, para que se vea que una película ha salido de la tierra.
Absolutamente horripilante, una cosa espantosa. Hay que verla para hacerse una idea de lo que estoy diciendo.
Y poco más… hoy es cortita la reseña.
El elenco lo componen actores autóctonos como Xecs Forteza, al lado de actores como Luis Escobar o clásicos de la escena Catalana como JoanMonleón, Ovidi Montllor, Mary Santpere o Pau Llull.
Dirige la cosa Joan Solivellas que fue asistente de Mariano Ozores en “Los Bingueros” y “Los Energéticos” y tras rodar su primer corto, rueda esta “Un, dos, Tres, Ensaimadas cada vez”. Nunca jamás volvió este señor a tener que ver con nada parecido al cine.
La vieron en el cine 17.668 espectadores, intuyo que únicamente en las Islas Baleares.

martes, 1 de marzo de 2011

EL FASCISTA, DOÑA PURA Y EL FOLLÓN DE LA ESCULTURA

Sin abandonar al fascista del título, en pocos años Joaquín Coll Espona pasó del cine con ramalazos “S” al cine político con toques de comedia. Obviamente al director le interesan amabas corrientes, y como las modas imperantes en el cine de la transición así lo piden, Coll se adapta como anillo al dedo.
Pero si su anterior película, "El fascista, la beata y su hija desvirgada", funcionaba ligeramente, en esta falsa secuela (hay muchos fachas en ella, y aparece José Luis López Vázquez, pero no es el mismo personaje de la anterior), se impone tanto el rollo político, que la comedia se queda en una mera anécdota. Como consecuencia, nos aburrimos soberanamente.
Tras la muerte de Franco, un grupo ultra-derechista decide hacer una estatua ecuestre del generalísimo. Uno de estos fascistas se quiere beneficiar a la mujer de un escultor rojo, por lo que le ofrece el trabajo, él de primeras se niega por sus convicciones políticas, pero acaba cediendo ante la insistencia de su mujer, que termina liada con el fascista. Todo esto
 desencadenará supuestas situaciones cómicas.
Un poco de destape, con la escasamente apetecible Nieves Navarro mostrando miserias, Ovidi Montllor muy contento de hacer su papel de escultor rojo, José Luis López Vázquez no tan entregado como suele habitualmente y un ritmo leeeento, leeeento, leeento en una de esas películas que carecen de interés alguno para todos aquellos que no se sientan fascinados por el cómo la historia de un país afectó a sus géneros cinematográficos. A mi sí me fascinan esos factores y, sin embargo, esta peli no me dice ni fu, ni fa.
Un deleite para los sentidos poder ver al gran “Saza” interpretando al facha con absoluta maestría. No me extraña que se encasillara en este tipo de papeles. Recomiendo el visionado con avance rápido, y parando solo en las escenas donde el veterano actor tira de verborrea fachosa asegurando, tras un asesinato para-fascista, que a un rojo no se le asesina; se le ejecuta.
Por lo demás… mala.

lunes, 11 de marzo de 2013

SEXO SANGRIENTO

Manuel Esteba, ya saben, ese director al que Spielberg dio su beneplácito a la hora de estrenar “El E.T.E. y el Oto”, y conocido mayormente por hacer algunas de las películas de los hermanos Calatrava, y unas pocas películas “S” de corte erótico terrorífico, debió ser el director/ autor mas inútil de la historia del cine. Ahora, si sus películas costaban tres pesetas, y daban el beneficio que se supone debían generar estos productos, es normal que se dedicara a esto del cine.
Y es que una película que se titula “Sexo Sangriento” era, para la época, un reclamo absoluto. Y no hay engaño posible, hay sexo y hay sangre… lo que no hay es película.
Y es que toda ella, desde el primer hasta el último fotograma, es material de relleno…No hay argumento, ni historia, ni cristo que lo fundó, cuando la intención es que si la haya, y además bastante pretenciosa. Les cuento: La película comienza con un cartel que nos advierte que estamos en los años 40. Un niño que jugando a pelota, acaba metiéndose en una especie de sótano, es sorprendido por una sombra que nos hace presagiar lo peor. A continuación, títulos de crédito, un coche cuya radio anuncia la muerte de franco. Todo ello muy largo, muy denso. Después, una serie de escenas de parloteo en las que detectamos que la protagonista es fan de todos los rollos paranormales. Después esta se mete en un coche y se va con otra pava a un caserón, dónde los caseros, un hombre y una mujer, les reciben, a pesar de que no sabemos a que cojones van allí.
Tienen montones de conversaciones absolutamente gilipollescas, las dos tías se enrollan, el casero las observa… entra en juego un cuadro con un tío bigotudo y unos pocos asesinatos y se acaba la película. Y del niño de la pelota, que se ve que dar lugar a lo que ocurre aquí, no se vuelve a decir ni pío.
No se entiende absolutamente nada. Y los productores debieron pensar lo mismo, a juzgar por unos rótulos al final de la película, que explican que en los años 40 había muchas casas encantadas, y ahí ya deduce el espectador que es que se trata de una casa encantada. Un absoluto desbarajuste, una chapuza máxima que hay que ver para creer. Pero es tanta la inutilidad de Esteba, que ni siquiera consigue el humor involuntario del que hacen gala estas películas… aquí tan solo nos aburrimos con las secuencias largas, y no entendemos nada. Ni vemos nada, porque la iluminación es tan penosa, que en interiores cuando está todo oscuro, no se ve absolutamente nada.
Ahora, como toda película malísima, siempre hay cosas que molan. Las que tiene este pedazo de mierda, molan muchísimo; Por un lado, Esteba no tenía ningún talento ni nada que se le pareciese, pero el tenía que llegar a la hora y cuarto de metraje como fuera, y al tratarse de una película de terror, tenía que introducirlo, que remedio le quedaba... Así, en su afán de rellenar, consigue escenas propias del cine experimental más puro, sin que el se lo planteara siquiera, intercalando en medio de la película, y sin venir a cuento, planos de una calavera con ojos, sangrando (que aunque está bien encuadrado el plano, intuimos que alguien derrama la sangre sobre la calavera con una botella desde arriba) con planos de algo que parece ser el ojo en plena descomposición de un cadáver, usando para ello el gran angular. Pues eso está muy bien, oigan. Al igual que una escena en la que la casera, le mete por el coño a la prota unas tijeras, haciéndole sangrar (y de ahí lo de “Sexo Sangriento”).
Sin embargo, las escenas de erotismo, con el lesbianismo por bandera, son lo más largo, aburrido y anti erótico que podemos echarnos a la cara. De hecho, las habitaciones del caserón dónde estas transcurren, son tan rurales que parece que estén en la habitación de un sucio burdel… pero Esteba cumplía con su cometido: El de meter folleteo ahí.
Absolutamente insoportable, no obstante, el cúmulo de subnormalidad, de desorden, de desvergüenza (para la banda sonora se roba un tema de “Goblin”, que además, creo que es plagiado, es decir, que se vuelve a grabar por otra gente, un tema que ya existía, y se mete ahí, sin permiso) y las –accidentales- cosas buenas de la película, la convierten en una cosa muy interesante para mí, y si les gusta de verdad el cine malo (que ya me duele la boca de decir que el verdadero cine malo, no es el que te divierte y con el que te echas unas risas, si no aquel que no hay por dónde cogerlo, y aburrido hasta la desesperación), entonces, descaradamente, recomiendo su visionado.
En el reparto tenemos a una  decadente Mirta Miller, que ya tenía que aceptar lo que le diesen, a Ovidi Montllor, que lo mismo le daba salir en una prestigiosa película de Imanol Uribe como “La fuga de Segovia” que en esto ¡en el mismo año!, Y Diana Conca y Vicky Palma, habituales explotadas del cine “S” que trabajaron poco, poniendo como ejemplo de sus trabajos, la cojonudísima “Secta Siniestra” del amigo Iquino, o “La caliente niña Julieta”, respectivamente.
En cuanto a Esteba, su filmografía entera es, cuando menos, interesante.