En pleno 2022 podemos decir, sin que se nos rasguen las vestiduras, que aquello del cine independiente de los 90 que empezó de forma más o menos genuina hasta que llegaron los Wenstein para de manera camuflada convertirlo en mainstream, no fue más que una moda del momento (ya teorizamos sobre todo ello aquí). Un puñado de jóvenes más o menos aburguesados que, como se lo podían permitir, se ponían a hacer películas al margen de los estudios, de relativo bajo presupuesto.
A día de hoy ni Dios recuerda el cine indie y, salvo Tarantino, Spike Lee o Kevin Smith, el resto de sus cabezas visibles se ha quedado para vestir santos.
Aparte de esto, me resulta muy curioso comprobar como una de las películas más pequeñas de aquel movimiento, con un par de buenas ideas, un par de actores con carisma y siendo un film que despertaba mucho menos interés general que la mayoría de sus compañeros de promoción (los Tom DiCillos o Alexandre Rockwells de turno), sin que tampoco fuese un taquillazo —de hecho no consiguió recaudar el dinero que se gastó Harvey Wenstein en comprársela a sus propietarios—, sus principales artífices se encuentran a día de hoy en primera línea del mainstream y gozando, en el mejor de los casos, hasta de cierto reconocimiento por parte de la industria. Y es que “Swingers” es una película con un presupuesto de tan solo 200.000 dólares que realizaron, casi por diversión, un grupo de amigos compuesto por Jon Favreau, Vince Vaughn y Dough Liman. Rodaron sin permisos, en plan guerrilla, sobre la marcha y en dos semanas una película que sin hacer demasiado ruido los lanzó a todos ellos al estrellato cuando no eran más que unos pipiolos que buscaban hacer algo con sus vidas.
“Swingers” no hace referencia a los clubs de intercambio de parejas como pudiera parecer, sino que por lo visto, a finales de los 80 y hasta mediados de los 90 se puso de moda en Los Angeles lo que fue una tendencia pasajera llamada neo-swing, y que consistía en reivindicar la música swing y vestir con camisas de bolos e indumentaria más propia de aquel movimiento de los años 40. Entonces, “Swingers” transcurre dentro de ese entorno, y a los que se apuntaban a ese revival se les denominaba, valga la redundancia, swingers.
Sin un argumento muy preciso, la película nos presenta a un grupo de actores en paro que con la excusa de que a uno de ellos le ha dejado su novia, salen por la noche, beben, ligan y se meten en algún que otro lío. Y poco más. Una peliculita entretenida que sin demasiados aspavientos nos presentó a un par de actores y guionistas, y un director que luego demostraron tener talento y que acabaron haciendo películas de lo más gordas.
El verdadero cerebro de “Swingers” fue Jon Favreau, entonces un joven aspirante a actor que se instaló en el ordenador un programa para escribir guiones. Se puso a trastear con el programita y, para probarlo, comenzó a escribir en forma de guion las aventurillas nocturnas vividas por sus amigos y por él, centrándose en la relación que tenía con Vince Vaughn al que había conocido años atrás en el rodaje de la película “Ruby” donde ambos tenían sendos papelitos. Así que los personajes principales a los que dan vida Favreau y Vaughn están inspirados en ellos mismos.
Cuando terminó de escribirlo, Favreau decidió que ese guion podía convertirse en película y se lo pasó a Dough Liman, que ya había rodado una película independiente en 1994, “Getting in”, y ya tenía hechos los contactos en Hollywood, por lo que movió el guion por los estudios. La idea era que Liman dirigiese y Favreau y Vaughn, que entonces no eran nadie, lo protagonizasen, cosa que no les entusiasmó a los estudios que querían estrellas tipo Johnny Depp en el caso de que se diera luz verde a la película. Finalmente nuestros hombres decidieron hacer la película por su cuenta y de manera independiente, y consiguieron los 200.000 dólares que les costaría por su cuenta, si bien la película ya terminada no interesó a demasiados exhibidores. De hecho, fue rechazada en Sundance.
Sin embargo Miramax andaba por ahí gastando dinero de mala manera y les compró la película a nuestros protagonistas. Wenstein la puso en los cines y fue un pequeño éxito del cine indie que consiguió 4 millones de dólares. Obviamente Miramax no cubrió gastos, pero a nivel taquilla, lo cierto es que se trata de una película que costó 200.000 y recaudó 4 millones. Y los nombres de Favreau, Vaugnh y Liman comenzaron a sonar.
Como parte de esos 200.000 dólares de presupuesto se los gastaron en licenciar la música que suena en la película, con el fin de conseguir los derechos de la banda sonora de “Tiburón” para incluir la música en una escena, se le entregó una copia de “Swingers” a Spielberg que la vio, y decidió fichar a Vince Vaughn para uno de los papeles de la segunda parte de “Parque Jurásico” y de ahí el salto a Hollywood por parte del actor. Los otros irían de cabeza detrás. Favreau, que fue trabajando de lo que le iba saliendo, acabaría siendo por un lado director recurrente de Marvel Studios, por otro combinaría esa tarea con trabajos más independientes —por ejemplo “Chef” de presupuesto nimio si la comparamos con “Iron Man”—. Por su parte Dough Liman pasaría de inmediato a dirigir “El caso Bourne” y de ahí a ser un director eminentemente de estudio, por lo que no les fue nada mal a posteriori con esta película de colegas con un presupuesto por el que casi podemos calificar a la película de semi-amateur.
Por otro lado, marcaría definitivamente el tipo de papeles en los que se encasillaría Vince Vaughn, ya que aunque posteriormente lo intentó en registros dramáticos (fue un extraño Norman Bates en el “Psicosis” de Gus Van Sant) lo único que le funcionaba eran roles como el que interpretó aquí, el canalla juerguista y ligón, arquetipo que pasada la década de los 90 asumiría, llevándole no obstante a convertirse en un solvente actor de comedia.
En definitiva, “Swingers” no es una obra maestra, se trata de una película en la que los actores están muy bien y con momentos divertidos y, sobre todo, que saca mucho partido al bajo presupuesto con el que se contaba, pero sí me parece bastante mejor que la mayoría de películas indies de los 90 que a día de hoy no aguantan un puto visionado.
Por otro lado me hace gracia la autoconciencia de la película de pertenecer a ese movimiento de los 90 y, sabiéndose rival de otras películas de la época, por un lado homenajea el par de planos más celebres de “Reservoir Dogs”, mientras que por otro lado, en una escena que recrea la famosa conversación inicial en torno a Madonna de la película de Tarantino, acusa a este de copiar otras películas en su cine, detalle que me hace mucha gracia, pese a que en la otra mano parece que sus autores tienen devoción por Tarantino y la película de la que en cierto modo se pitorrean.
Unos años después, Favreau y Vaughn intentaron volver a estos orígenes con la estupenda “Crimen desorganizado”
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lunes, 24 de octubre de 2022
lunes, 9 de agosto de 2021
ESTE CUERPO ME SIENTA DE MUERTE
“Este cuerpo me sienta de muerte” es una película absolutamente contemporánea, estrenada en plena pandemia y de las primeras películas que comparten su vida comercial en plataformas de streaming y cines al mismo tiempo. Además se trata de un film que, estrenado bajo estas complicadas tesituras, logra doblar su presupuesto y que, perteneciente a la factoría Blum —Blumhouse— encaja perfectamente en lo que podríamos considerar, por poner una etiqueta rimbombante que ni siquiera existe, “nuevo cine millenial”. Con lo cual se trata de una película muy pensada para un público comprendido entre los 15 y 30 años que inevitablemente peca de postmoderna, y homenajea, no solo las películas de los 80 (que parecen perpetuos) sino también películas de décadas más cercanas como la de los 00. Así, “Este cuerpo me sienta de muerte” es una suerte de comedia slasher cuyos referentes son, por un lado —y el más directo— una película protagonizada por Jamie Lee Curtis con cierto culto (a pesar de no tener nada especial) titulada “Ponte en mi lugar” en la que madre e hija se intercambian sus respectivos cuerpos (a su vez, basada en el clásico Disney “Viernes Loco” de 1976 con Jodie Foster). Por otro lado, con las miras puestas en los slashers de última hornada, homenajea la saga de “Viernes 13”, aunque lo hace bastante a su bola. De hecho, el título de producción era “Freaky Friday The 13th” quedando implícitas en el mismo ambas referencias, aunque al final se estrenó con el mucho más soso “Freaky”. Huelga decir que el título castellano es una putísima mierda.
Con todo eso, lo que no deja de ser la película, es un lucimiento para un cada vez más perdido Vince Vaughn que, para el caché que cobraría por protagonizarla, podría haber pasado de ella. Supongo, que el hombre tendrá que comer. Y es que aunque a esta cinta la avalan buenas críticas y el beneplácito del público, a mí me parece una chorradita de fórmula bastante fallida. Aunque sus intenciones son buenas.
La cosa es simple; un psycho killer se dedica a hacer de las suyas en entorno estudiantil, cuando tras una masacre encuentra una antigua daga mexicana que parece venirle muy bien al hombre. Esta es una daga con ciertos poderes que propiciará que, cuando apuñala a una jovencita apocada con ella, sus cuerpos se intercambien pasando ella a estar dentro del cuerpo del psycho killer y viceversa. Cuando se dan cuenta de que sus cuerpos han sido intercambiados, la muchacha, ahora dentro del cuerpo del gigantón que es Vaughn, tendrá 24 horas para apuñalarle a él y establecer un nuevo intercambio de cuerpos, o de lo contrario este estado será permanente. Comienzan así los enredos y los acuchillamientos.
Pensándolo bien, el problema lo tengo yo, que creo que ya estoy mayor para este tipo de productos. Además que no me acaban de encajar los contrastes de los que hace alarde la cinta, puesto que, si el humor de esta es absolutamente blanco y cursi, el gore que se nos muestra es una auténtica burrada y durante todo el visionado no dejo de pensar que una cosa no casa con la otra, que no queda bien. Al margen de eso, no es una película que me resulte en exceso divertida. Incluso por momentos me aburre. Tampoco me gusta que la película tenga un protagonista que, al final, es una estrella de Hollywood muy reconocible al que por contrato se le tiene que ver el rostro todo el tiempo, y me carga ver a Vince Vaughn emulando ser una jovencita torpe y virginal, y más, cuando los primeros minutos de película, en los que se nos muestra al personaje, este lleva puesta una máscara parecida a la de Jason Voorhees (no llega a ser de hockey, pero intentan que Vaughn se parezca a Jason por todos los medios) y se va cargando a jovencitos con una contundencia que, por momentos, parece que estamos ante una película que puede que esté muy bien. Sin embargo pronto se convierte en un episodio de Halloween de “Salvados por la campana”. Resulta, casi, un slasher muy bruto, pero para niños. Tampoco me funciona Kathryn Newton intentando actuar como un violento psycho Killer. En definitiva, que, sin repugnarme, no es una película que me haya gustado mínimamente.
Dirige Christopher Landon, que tampoco me vuelve loco con sus películas de “Feliz día de tu muerte”, pero que, sin embargo, se cascó una de las mejores entregas de la saga “Paranormal Activity” con “Paranormal Activity: Los señalados”. No creo que sea un mal director, pero le queda hacer todavía tres o cuatro películas para demostrarme que “Este cuerpo me sienta de muerte” es solo un manchurrón en su curriculum… aunque a todo el mundo parece encantarle esta fruslería.
Con todo eso, lo que no deja de ser la película, es un lucimiento para un cada vez más perdido Vince Vaughn que, para el caché que cobraría por protagonizarla, podría haber pasado de ella. Supongo, que el hombre tendrá que comer. Y es que aunque a esta cinta la avalan buenas críticas y el beneplácito del público, a mí me parece una chorradita de fórmula bastante fallida. Aunque sus intenciones son buenas.
La cosa es simple; un psycho killer se dedica a hacer de las suyas en entorno estudiantil, cuando tras una masacre encuentra una antigua daga mexicana que parece venirle muy bien al hombre. Esta es una daga con ciertos poderes que propiciará que, cuando apuñala a una jovencita apocada con ella, sus cuerpos se intercambien pasando ella a estar dentro del cuerpo del psycho killer y viceversa. Cuando se dan cuenta de que sus cuerpos han sido intercambiados, la muchacha, ahora dentro del cuerpo del gigantón que es Vaughn, tendrá 24 horas para apuñalarle a él y establecer un nuevo intercambio de cuerpos, o de lo contrario este estado será permanente. Comienzan así los enredos y los acuchillamientos.
Pensándolo bien, el problema lo tengo yo, que creo que ya estoy mayor para este tipo de productos. Además que no me acaban de encajar los contrastes de los que hace alarde la cinta, puesto que, si el humor de esta es absolutamente blanco y cursi, el gore que se nos muestra es una auténtica burrada y durante todo el visionado no dejo de pensar que una cosa no casa con la otra, que no queda bien. Al margen de eso, no es una película que me resulte en exceso divertida. Incluso por momentos me aburre. Tampoco me gusta que la película tenga un protagonista que, al final, es una estrella de Hollywood muy reconocible al que por contrato se le tiene que ver el rostro todo el tiempo, y me carga ver a Vince Vaughn emulando ser una jovencita torpe y virginal, y más, cuando los primeros minutos de película, en los que se nos muestra al personaje, este lleva puesta una máscara parecida a la de Jason Voorhees (no llega a ser de hockey, pero intentan que Vaughn se parezca a Jason por todos los medios) y se va cargando a jovencitos con una contundencia que, por momentos, parece que estamos ante una película que puede que esté muy bien. Sin embargo pronto se convierte en un episodio de Halloween de “Salvados por la campana”. Resulta, casi, un slasher muy bruto, pero para niños. Tampoco me funciona Kathryn Newton intentando actuar como un violento psycho Killer. En definitiva, que, sin repugnarme, no es una película que me haya gustado mínimamente.
Dirige Christopher Landon, que tampoco me vuelve loco con sus películas de “Feliz día de tu muerte”, pero que, sin embargo, se cascó una de las mejores entregas de la saga “Paranormal Activity” con “Paranormal Activity: Los señalados”. No creo que sea un mal director, pero le queda hacer todavía tres o cuatro películas para demostrarme que “Este cuerpo me sienta de muerte” es solo un manchurrón en su curriculum… aunque a todo el mundo parece encantarle esta fruslería.
lunes, 1 de agosto de 2016
¡QUÉ DILEMA!
“¡Qué Dilema!” es una comedia de estudio como tantas otras,
interpretada Por Vince Vaughn y Kevin James, actores habituales de la comedia
de estudio, pero, curiosamente, está
dirigida por un artesano –también de estudio- poco dado a comedias de este tipo
y más centrado en películas concebidas par conseguir premios como es Ron
Howard, director, como todos ustedes sabrán, de “Una Mente Maravillosa” o
“Rush” por ejemplo.
El caso es que esta película destaca por ser una de las
comedias más caras de los últimos tiempos. Como es una película de Ron Howard,
Universal, su estudio, no puso ninguna pega a la hora de financiar una película
de 70 millones de dólares que es lo que costó
esta “¡Qué Dilema!”. Y por supuesto, carta blanca para el director. Solo
puso una pega el estudio, y es que si en el guion la película se titulaba
“Cheaters” (Tramposos), así que pasó a titularse “The Dilema”. Y claro, cuando
un estudio financia una película de 70 millones, espera recaudar, como mínimo,
200 millones. Se trata de una película de Howard ¿cómo no lo va a recaudar?
Claro, que esto convertiría en la
comedia más taquillera de la historia.
Bien, pues tras la primera semana, y unas críticas que
arremetían violentamente contra una película que usaba el termino “Homosexual”
de forma despectiva –y por lo que Universal tuvo problemas con las asociaciones
de gays de los USA, que, como no, se ofendieron por el uso que se le daba a la
palabra, y que en realidad no era para tanto- “¡Qué Dilema!” resultó ser un
fracaso absoluto, que tan solo recuadó 48 Millones de dólares. No es una mala
cifra, eso es lo que suele recaudar una comedia americana al uso, solo que esas
no cuestan 70 Millones hacerlas.
Sin embargo, “¡Qué Dilema”! es una de las comedias que más
satisfecho me han dejado últimamente. Y es que en una comedia, cuando hay pasta
se nota. Entonces, Universal no ha hecho negocio con esta película, pero ¡que
bien luce en pantalla! Obviamente, el diseño de producción es lujoso, la
dirección casi épica y todo lo técnico es impecable. Estos atributos adscriben
rápidamente a la película en la categoría de “High Comedy”. Pero claro, todo
ese lujo que le da a la película aire de superproducción, no deja de ser solo
pompa, quiero decir, que si la película hubiera costado unos cuantos millones menos,
no hubiera sido más divertida. Y el público de comedia no va a ser mayoritario
solo por que la película luzca bonita.
Lo que quiero decir, es que el guion es un buen guion, y es
lo que hace funcionar a la película, así como las interpretaciones de unos
actores en estado de gracia. Y solo por eso es una peli muy buena. Los millones
invertidos la convierten en cojonuda. Yo soy un gran amante de la comedia en
todas sus variantes, fue fácil que Howard me metiera en su bolsillo, y más con
ese reparto, así que me la bajé, y me gustó tanto, que luego corrí a
comprármela en DVD, porque así funciono yo.
Cuenta la historia de dos hombres de negocios del mundo del
automóvil que van a revolucionar la industria. Ambos tienen pareja. Uno de
ellos pilla a la esposa del otro poniéndole los cuernos con un niñato de
mierda, y entre la investigación que lleva a cabo para averiguar más datos, y
el dilema que supone el decírselo o no a su amigo y compañero, convertirán todo
en un divertido enredo. Vince Vaughn está absolutamente magistral.
Pues eso, que en definitiva, se trata de una peli cojonuda
que ha tenido muy mala suerte y que deja en evidencia que no corren buenos
tiempos para la gran comedia Americana.
Junto a Vaughn y James, tenemos a Winona Ryder, Jennifer
Connely o Chaning Tatum.
Échenle un ojo.
lunes, 8 de agosto de 2016
CRIMEN DESORGANIZADO
Jon Favreau, a parte de ser un actor de comedia la mar de
solvente, es una especie de hombre orquesta cinematográfico que lo mismo te
dirige una producción Mainstream del
calibre de un “Iron Man” que te dirige una comedia indie más sosegada como “Chef” (aunque no cuente
como indie al estar avalada por un gran estudio) y en cualquiera de los casos
su labor tras las cámaras resulta de lo más eficaz. Es lo que podíamos llamar,
un artesano de estudio con ínfulas artísticas.
El caso es que como
productor lleva más tiempo, y si bien tuvo un éxito independiente con la
película “Swingers”, en la que compartía protagonismo con un jovencito VinceVaughn, para su debut tras las cámaras en 2001 como director, opta por rodar
esta “Crimen Desorganizado” –anda que no
hay pelis con ese mismo título anteriores. ¿No había más- que no deja de ser
una reformulación de la película que les dio, tanto a él como a Vaungh, cierto
prestigio en los festivales de cine.
Así pues, tenemos a dos boxeadores amateur un tanto
buscavidas que ante las desavenencias de la vida, se ven en la tesitura de
tener que trabajar para un mafioso que les enviará a Nueva York a hacer un
trabajo sencillo. Y casi echan a perder esta operación para novatos por culpa
del personaje de Vaughn, un autentico metepatas que no para de hablar todo el
rato y de cagarla, insultando o poniendo en duda la palabra de altos hampones.
Amén de no cumplir ni una sola de las precisas instrucciones que se les
encomiendan para ese trabajo. Las
carcajadas están servidas.
Como ya he dicho, esta película es una variante de
“Swingers”, si bien es cierto que esta posee un humor más ácido y gamberro. El
peso de la película recae en Vince Vaugh. Imaginaos una metralleta insoportable
que no para de hablar y de decir en todo momento lo más inapropiado; ese es el
personaje de Vaughn, mientras que Favreau hace las veces del payaso triste;
esto es, que tiene que soportar a su compañero con estoicismo y sin perder los
papeles. Y en esa relación radica la gracia de la película. Y cuando una película
es tan entretenida como lo es esta “Made” –en su versión angloparlante- ¿Para
qué más?
Funciona a la perfección, provoca risas y más risas, y el
personaje de Vince Vaungh es tan desesperante que dan ganas de quitar la
película. Pero no la quitamos, la vemos, porque aunque no ocurre nada del todo
relevante en la misma, es tan interesante, es tan divertida….
Una de esas películas que, personalmente, me la ponen gorda.
En el reparto, a parte de Jon Favreau y Vince Vaughn (que
como siempre está espléndido) tenemos a Peter Falk como jefe mafioso, en un rol
también antológico, Famke Jensen (“X-men”, “I, Spy”) como novia Stripper de
Favreau y absoluto móvil de la película,
Puff Daddy como uno más de tantos mafiosos que aparecen en la película, o
Vincent Pastore, que hace de mafioso en “Uno de los nuestros” y en tantas
películas de Gangsters como os imaginéis, hace aquí de Chofer… de Chofer
mafioso ¡como no!
Obviamente, la película salió directa a DVD en su momento,
sin pasar por salas de nuestro país.
Muy, muy maja.
viernes, 24 de agosto de 2018
PUPPET MASTER: THE LITTLEST REICH
“Puppet Master: The Littlest Reich” la decimotercera entrega
de la saga iniciada por David Schmoeller
para la Full Moon de Charles Band en 1989, a rasgos generales una gamberrada.
Una travesura perpetrada por un grupo de talentosos amigos que con la excusa de
otorgarle cierto prestigio a una saga de películas cuyo mayor handicap es que
son muy malas, se lo pasan estupendamente haciéndole una limpieza de cara, donde
lo que predomina es el exceso por el exceso, el grand guiñol en la más amplia
acepción del término. Porque entre otras muchas cosas “Puppet Master: he
Littlest Reich” es la película más sangrienta y salvaje que he visto en mucho
tiempo.
Hay que tener en cuenta que son pequeñas marionetas las que
perpetran estos crímenes, por lo que, aún sangrientos, no hay que tomarse estos
muy en serio; El film pretende ser una suerte de “Braindead, tu madre se ha
comido a mi perro”, para que me entiendan, una astracanada gore. Sin embargo,
todo lo grotesco, excesivo y humorístico solo hace acto de presencia en el film
con la presencia de los muñecajos, porque el resto de la película, las tramas y
los personajes, desprenden seriedad de película adulta. Y esa combinación de
seriedad casi austera —y hasta me atrevería a decir que contemplativa— con el
desfase de sangre y vísceras que suponen las intervenciones de los muñecos, me
parece de una originalidad envidiable.
Ahora; hace unos días que se ha estrenado y el fandom, tan
caprichoso como dañino, no parece haberse tomado estos cambios muy bien, y es
que yo creo que esa panda de pazguatos querían más de lo mismo, es decir, otra
entrega con los muñecos siendo los buenos de la función, en la segunda guerra
mundial, resolviendo conflictos; otra más de la “Trilogía Axis”, o lo que es lo
mismo, otro puto coñazo.
Y es que en resumidas cuentas lo que trae “Puppet Master:
The Littlest Reich” es una nueva entrega un
tanto más sofisticada, con algo más de presupuesto y con rostros populares,
pero al fin de al cabo no deja de ser una serie B en toda regla. ¿Acaso se
esperaban una producción de alto copete? No, no lo es. Y los artífices saben en
el terreno que juegan.
Así que, por lo que a mí
respecta, “Puppet Master: The Littlest Reich” supone lo mejor que le podía
pasar a una franquicia que después de mogollón de entregas y miles de
muñequitos vendidos por el mundo sobrevivía a base de simpatía. Todavía
recuerdo el primer intento de lavado de cara de la misma con “Puppet Master:
Axis of Evil” que consistía en haber sido rodada en 35 mm. en tiempos en los
que Full Moon ya grababa sus productos únicamente en vídeo, y en consecuencia,
abarataba costes por todos lados repercutiendo en el gore, que ya no había, y
convirtiendo la franquicia en una cosa para toda la familia. Aquello si fue
lamentable. Pero esta nueva entrega es genial.
La causa de que los fans
hayan sacado el cuchillo, es que quizás no entiendan el ritmo con el que esta
está rodada, la cadencia que imprime el guion, o la gran broma que en el fondo
es la película; querer darle dignidad a una saga cuyo mayor valor es que no la
tiene es estúpido, así que los directores Tommy Wiklund y Sonny Laguna,
responsables de esa película tan deudora de “Posesión Infernal” y que aquí se
tituló, valga la redundancia, “Wither (Posesión Infernal)” se dejan querer por
el guion de uno de los grandes genios del cine de género independiente de este
siglo, el gran S. Craig Zahler director de las magistrales “Bone Tomahawk” y
“Brawll in cell block 99” y tomándose un poco a cachondeo el material cuando
toca, incluso intentan imitar el estilo del guionista cuando dirige, pausado,
envolvente y luego se desmelenan cuando salen los dichosos muñecos, igual que
Vince Vaughn lo hacía machacando cabezas en “Brawll in cell block 99”. ¿Qué es
lo que me gusta? Que noto la mano de sus autores durante toda la película. Y se
trata de una buena peliculita. ¿El fan medio de la serie? Bueno, probablemente
sea demasiado inepto para comprender lo necesario del cambio y la excelencia, y
la manera de hacer las cosas de los nuevos responsables de la franquicia —que
ya han anunciado que continuarán con la saga—. Pero Laguna, Wiklund y Zahler,
se pueden acostar tranquilos.
La cosa nos sitúa
exactamente 30 años después de una matanza (o sea, que los acontecimientos de
la primera película puede que sí los tengan presentes en este reinicio) que
tenía que ver con el titiritero André Toulon y sus siniestras marionetas. Con
motivo del aniversario de estos asesinatos se celebra en un pueblo americano
una convención en la que los asistentes subastarán muñecos originales pertenecientes
a Toulon, por lo que se reunirán en un hotel. Y por fuerzas místicas de la
naturaleza, las marionetas a subastar cobraran vida, cobrándose vidas. Y
comienza el festival de sangre y vísceras
Estupenda.
Tenemos en la película a
todas las marionetas clásicas, Blade, Tunneler, Pinhead o Torch, a las que les
han variado un poco el aspecto —sobre todo a Blade— con el fin de
modernizarlas, y además se incluye una colección de nuevos muñequitos que
incluyen a un sapito sonriente, unos robots que vuelan con una hélice, y la
estrella de la película, Junior Führer, un bebé gateador con cara de Hitler,
cuya presentación en la película es medio de una escena dinámica es motivo
suficiente para detener la acción, hacer un primer plano del muñeco y que uno
de los protagonistas diga “Es Junior Führer” subrayando así la posible
importancia que pueda tener el nuevo muñecajo en posteriores minutos y/o
películas.
Por otro lado, se le da
especial importancia en la película al mundo del cómic, hasta tal punto que el
protagonista es un dependiente de una tienda de cómics y que además los dibuja,
así como las ilustraciones de los títulos de crédito están realizadas por
Benjamín Marra, un autor de cómic underground con cierto culto en todo el
mundo.
En el reparto tenemos al
soso de Thoman Lennon, la maravillosa Jenny Pellicer, una rubinchi con raíces
noruegas y mexicanas que además de ser una buena actriz, está como para
enamorarse de ella mil millones de veces (de hecho, ya lo estoy!!). Por
supuesto, el plato fuerte lo ponen las presencia secundarias de actores muy
queridos y caracteristicos del cine fantástico, por lo que tenemos a Udo Kier
haciendo de André Toulon, Barbara Crampton (¿Cómo es posible estar tan bien con
60 años?) como la guia policial del tour al que asisten los protagonistas
o Michael Paré, como el detective que
flipará ante los acontecimientos de esa convención.
Como ya he dicho,
esupenda.
domingo, 10 de agosto de 2008
BIG STAN
Yo se que entre el respetable Rob Schneider levanta ampollas del tamaño de una montaña; pero a mi este tipo, desde que le vi por primera vez en "El ojo del huracán", me cae bien. Además, pasó de interpretar papeles de “amigo gracioso del prota”, a ser una estrella cómica de alto calibre, gracias al enchufe de su amigo Adam Sandler.Y es que el "Saturday Night Life" ha sido de toda la vida una cantera de actores cómicos insuperable. Obviamente, la etapa ochentera dio lo más mejor del humor yanki, pero esta ultima generación no se queda corta. Es más, es que todos los actuales han salido de allí: Adam Sandler, Ben Stiller, Vince Vaughn, Jack Black, Will Ferrell... todos los grandes. Y quizás Rob Schneider sea el más pequeñito de ellos, sin embargo sus películas son las que más me gustan. Son tan absurdas, ñoñas, ridículas e ingeniosas... Y precisamente, la ultima,"Big Stan", con la que debuta en la dirección, quizás sea la más redonda de todas las que ha hecho.
Un tipo que se dedica a la especulación inmobiliaria es condenado a cinco años de prisión. Deprimido, una noche sale a tomar una copa y allí conoce a un ex presidiario al que paga para que le cuente como es eso de ir a la cárcel. El tipo se sincera y le dice que, sin duda alguna, nada más entrar en chirona será violado repetidas veces, por tipos de diferentes etnias. Esto aterroriza a nuestro protagonista y comienza a obsesionarse con ello.
Como le quedan varios meses para ingresar, planea hacer todo lo posible para que la inevitable sodomización no se lleve a cabo, así que toma clases de karate, que obviamente, no le sirven para nada. Tras recibir una paliza de su maestro, aparece un extraño ser (David Carradine) que le entrenará para convertirle en indestructible, un experto en Kung fu al que nadie tose una vez entre rejas. Y no solo eso, en un alarde de babosismo Hollywoodiense, reforma a todos los presos, convenciéndoles de que no violen a otros presos, a no ser que estos así lo deseen...
La película es cojonuda.
A ver, las dosis de ñoñería son inevitables, recordemos que es una película de Rob Schneider... pero una contiene un montón de géneros, los suficientes para que yo me haya quedado entusiasmado. Es una comedia con mucha escatología verbal. Muchísima, no paran de hablar de pollas, enculadas... todo el tiempo, y esas cosas a mí me matan de risa. Por otro lado, tiene artes marciales ¡muy tomadas en serio! Con coreografías de kung fu más que dignas y bien ejecutadas por un Rob Schneider que no ha necesitado especialista alguno que le doble en las escenas de acción (recordemos que Schneider es de origen filipino, y más que probable que domine algún arte marcial. Y si no lo domina, para la peli ha aprendido notablemente). Y luego todo el rollo carcelario, del que soy fan. A mi estas películas me molan un huevo.
Luego, está David Carradine por ahí, bordando el papel.
Tras "Kill Bill", todo el mundo creía que el estatus de Carradine subiría desmesuradamente, pero aquí estamos ya ante su decadencia absoluta. ¿Qué quiero decir con esto? Pues que al igual que Christophe Lambert recientemente ha hecho el ridículo en un anuncio de coches, parodiando el único personaje suyo mítico (el de "Los Inmortales"), en esta película, Carradine hace chufla de su personaje mas mítico... ¿hace falta que les diga cual? Pues como, una de dos, o ustedes son muy tontos, o yo soy retrasado mental y no me explico, les diré cual es: El de "Kung Fu". Si, mazo de años después de haber hecho esa serie y sus continuaciones, Carradine todavía vive a rebufo del pequeño saltamontes, y en esta peli, aunque nunca se nos confirma, sabemos que es él... eso sí, Carradine es lo mejor de la misma y protagoniza las escenas más memorables.
Por otro lado, hay montones de guiños a otras películas, de las cuales está claro que ha mamado Schneider para hacer esta... "Kill Bill", "Yo os declaro marido y marido", "El mono borracho en el ojo del tigre", "Un novato en prisión"...a todas las homenajea, aderezado con la banda sonora innecesaria (¡¡¡¿¿ por qué suenan a todas horas??!!) cortesía de los "Gipsy Kings".
Y lo mejor es que se trata de una película cuyo hilo conductor es el evitar que a un tipo se la metan por el culo ¿Cuántas se atreven a ser tan osadas?
En definitiva, que si os gusta la comedia americana, os la recomiendo. Y de verdad, ya que esta es una gran película y lo mejor que ha hecho Rob Schneider.
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