
El mayor problema de "Amor al primer mordisco" es que como comedia resulta terriblemente SOSA... no arranca carcajadas, solo leves sonrisas, y aún así le cuesta mucho. El tono es apagado, demasiado pausado, y seamos francos, bastante aburrido. Algo a lo que contribuye su look telefílmico (su realizador, Stan Dragoti, poco haría por el séptimo arte después).
George Hamilton interpreta al Conde, y no lo hace mal, de hecho, es el actor ideal para parodiar esos aires de nobleza y arrogancia que gasta el chupasangre. Richard Benjamin como el nieto de Van Helsing también tiene su gracia... posiblemente sea lo mejor del film. Y en general este hace gala de algunas ideas potables, como el contraste que hay entre el mega-romanticismo de Drácula y la vulgaridad de la mujer que ama, muy moderna ella y en busca de la eterna independencia (algo muy de los setenta, no olvidemos que la peli fue producida en 1979) o cómo reacciona una hambrienta familia pobre cuando ven al vampiro en su forma de criatura alada. Claro que luego hay chistes terriblemente sobados y obvios, como que Drácula muerda a un borracho y, de rebote, pille un cebollón o la secuencia en la que baila música disco (que, curiosamente, sería recreada años después, y bastante más en serio, en "Noche de miedo").
Lo dicho, una lástima, el material daba para mucho más y mejor. Años después Stan Dragoti anunció una secuela titulada "Love at second bite", finalmente no materializada. Entre medias, Hamilton repetiría en el campo de la parodia de un personaje de ficción más que popular con "Esos Zorros locos, locos, locos".