
Dicha deuda Tarantiniana no es, ni por asomo, un problema o una desventaja. Está bien entendida y perfectamente readaptada. Los diálogos de "Cosas que hacer en Denver..." son tremendamente buenos, un pelín artificiales si cabe, pero poco. Las situaciones están resueltas con brío y gracia. Y lo que uno agradece de verdad es su descenso a los infiernos. Dicho de otro modo, que la peli arranca muy positivamente y, poco a poco, se va tornando trágica y cruel, a la par que el pulcro aspecto del dandy de Andy (chiste fácil, pero necesario) va empeorando.
Jimmy el Santo es un ex convicto de buen corazón que no quiere meterse en más problemas. Sin embargo, un mafioso postrado en silla de ruedas le encarga un trabajo que consiste, únicamente, en asustar al nuevo novio de la ex pareja de su hijo (por otro lado, medio retrasado y pedófilo). Jimmy contrata a viejos colegas, todos ellos un tanto tocados por los infortunios de la vida y, claro, el trabajo sale mal. Muy mal. A partir de ese instante, el mafioso se hace con los servicios de un mortal y frío asesino cuyo fin es eliminar a la pandilla. El prota luchará contra reloj con la esperanza de salvar la vida a sus viejos camaradas.
Todo ello mezclado con una bonita y triste historia de amor (algo empalagosa de entrada, aunque luego funciona)... que, de hecho, son dos, si contamos al tierno personaje de la prostituta adolescente (gran momento el de Jimmy machacando a uno de sus clientes).
"Cosas que hacer en Denver cuando estás muerto" es una de esas pelis que no llaman mucho la atención y pasan algo desapercibidas. Sin embargo, un día la descubres y te percatas de que estás ante una pequeña joyita en bruto que merecía más suerte. Igual que su realizador, Gary Fleder, quien acabó refugiado en la caja tonta. Claro que, para ser justos, quizás el mérito debería llevárselo el guionista, Scott Rosenberg, posteriormente autor de los libretos de "Beautiful Girls", "Con Air", "Alta Fidelidad" y..... ¡"Canguro Jack"! (para acabar con sus huesos en la tele).