La primera vez que los Garridos —Martín G. Ramis y Martín Garrido Barón— tienen un estreno en cines a nivel nacional, con más o menos cara y ojos, es en verano de 2006, año en el que se estrenó esta “H6: Diario de un asesino” en salas. Se nos presentaba una cinta de bajo presupuesto con intención comercial, escrita por Martín Garrido padre y producida y dirigida por Martín Garrido hijo. Una película sobre un asesino en serie de lo más cruento interpretado por Fernando Acaso, entonces popular por ser uno de los co-presentadores de “Pasa la vida”, o lo que es lo mismo, chico María Teresa Campos, así como segundo de abordo en un par de ediciones de “Gran Hermano” al lado de Mercedes Milá. Como presentador de televisión, Acaso ganó cierta popularidad, pero era ya un consumado actor de doblaje con reconocibles trabajos a sus espaldas (a bote pronto le sitúo rápidamente como el tío Joey de la sitcom “Padres forzosos”), lo que se traduce en solvencia delante de una cámara, muy por encima de los actores de cine convencionales. Pero claro, ver una película de terror protagonizada por ese presentador de la tele, a priori hizo que nadie se la tomara muy en serio. Sin embargo, es su interpretación, así como su físico vulgar y corriente, lo que sostiene un film que, tal y como está el patio, es de los que ha mejorado 20 años después de su rodaje.
La sinopsis es sencilla: un joven un tanto celoso y posesivo acaba asesinando a su novia tras una acalorada discusión. 25 años después sale de prisión y recibe la noticia de una herencia, un viejo edificio que en tiempos fue una pensión en pleno lumpen de alguna ciudad indeterminada y que ahora es propiedad suya. Reanuda su vida casándose y, tras la llamada del “dios del bien”, aprovechará las ausencias nocturnas de su esposa enfermera para atraer prostitutas y gente de mal vivir a la habitación 6 de la pensión, violarla, torturarla y descuartizarla.
Al ser una película de género con distribución de una "major" (Aurum), consiguió ser exportada al extranjero sin demasiados problemas, pese a que en los cines españoles, donde fue estrenada en periferias y más o menos de tapadillo, pasó inadvertida con apenas 53.000 espectadores. Pero se trata de una película de contenido sádico y gore malrollero, por lo que en países como USA se estrenó directa a vídeo con una frase promocional que rezaba: «la respuesta española a “Hostel”», mientras que en Alemania se convirtió en una película de culto, muy del gusto de los aficionados germanos al género, que cuenta con las dos únicas ediciones en Blu-Ray que existen, una de ella en formato de lujo.
Como ya he dicho, lo mejor de esta rareza del cine español es la presencia de Fernando Acaso que hace muy bien de ese asesino en serie con jerseys de lana y ejecuta sus crímenes sin salir de casa, en la habitación 6, pero, al margen de eso, es una película que ya me gustó mucho el día de su estreno, cuando la vi en el madrileño cine "Lido" sin saber demasiado sobre ella, me gustó igualmente al revisarla posteriormente en formato DVD y me ha gustado, más todavía que las anteriores veces, hace un rato que la he visto por última vez.
Se trata de un revoltijo de conceptos vertidos en una sola película y, tomando buena nota de las tendencias de la década 00 en lo que a terror se refiere, pilla prestadas algunas pinceladitas de “American Psycho”, del cine festivalero de serial killers de aquella época, y de la otra corriente imperante en el terror esos años, el efímero “torture porn” a la que se adscribe descaradamente. Todo ello a la española y con hedor a potaje de garbanzos, y un rollo malsano, que a día de hoy impacta más que hace 20 años, bien servidita de sangre, salpicones, vísceras, misoginia y un diario leído “en off” por el asesino que da título a la película, con reflexiones baratas sobre la vida, la bondad y la maldad. Un poco cutre, pero ya le va bien al conjunto.
Desde luego, es una de las mejores obras conjuntas de los Garridos (el padre es un viejo conocido de este blog, como pueden ver) y el debut para la gran pantalla de Martín Garrido Barón que empezó la casa por el tejado; su primera película con ventipocos años es una producción para cines comerciales en toda regla, para luego forzosamente verse inmerso en el semi-amateurismo con una serie de títulos que no dudo que puedan estar tan bien como esta, pero no he podido ver porque jamás contaron con distribución de ningún tipo. Las del padre sí. De la filmografía de Martín Garrido Ramis hemos dado buena cuenta en este blog, así como editado la gran mayoría de sus películas en formato DVD bajo nuestro sello Vial of Delicatessens.
En el reparto, a parte de Acaso, al que lamento no haberle podido ver más en el cine, y una serie de actrices algo feas y de talento más bien limitado, tenemos las interpretaciones de Antonio Mayans en un rol escueto, Martín Garrido Ramis haciendo de comisario en clara alusión al personaje al que también dio vida en su película más conocida, “Mordiendo la vida” y que, quizás porque tiene una voz bastante nasal que acompaña poco a su imagen de tipo rudo, aparece doblado para la ocasión. Decisión de su hijo, que también se reserva un papelito y ya no se decir si es su voz, la de un actor de doblaje o si se dobla a sí mismo.
En definitiva, que le tengo bastante estima a esta película, y no comprendo como no es alabada, reivindicada y vitoreada por los fans del fantástico español. Quizás porque Martín Garrido padre es un individuo odiado en esos círculos a raíz de unas controvertidas declaraciones que hizo en torno a la figura de Paul Naschy.
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martes, 17 de diciembre de 2024
lunes, 25 de diciembre de 2023
EL ESPIRITISTA (EXORCISTA III)
Coproducción hispano-portuguesa a mayor gloria de un ya decadente Vicente Parra, despropósito fílmico que hace sonrojar al más avezado, “El espiritista (Exorcista III)”, con voluntad, puede llegar a ser un divertimento de medianoche más que encomiable.
Se trata de un exploit de “El Exorcista” rodado en Lisboa a mediados de los setenta con tres pesetas, cuya principal baza para hacer picar al espectador incauto —argumento semejante aparte— es el parecido que guarda su título original con el de la película de William Friedkin. Por supuesto, el público era tonto pero no tanto, y el número de espectadores que acudió a los cines fue nimio. Además, digo yo que quienes fueran a ver la película atraídos por la presencia de María Kosty, anunciada entre los protagonistas en los afiches, se cagaría en la puta madre del espiritista, porque esta no aparece por ningún sitio… (Yo supongo que, probablemente, sea debido a que el póster estaba diseñado y fabricado desde la primera claqueta de la producción y que la Kosty estuviera en un principio en el proyecto. Seguramente no llegarían a un acuerdo y para cuando ella ya no estaba, los pósteres habían sido hechos… y cambiarlos supondría un gasto extra. Pero a saber).
No contentos sus distribuidores con esta estratagema comercial, años después de su estreno, cuando la película se editó en vídeo durante los primeros años del videoclub, y aprovechando que ya se había estrenado “El Hereje (Exorcista II)”, ni cortos ni perezosos, decidieron poner en la caratula el subtítulo de “Exorcista III”, de muy mala manera y escrito con letraset, con el fin de hacerla pasar por otra secuela de “El Exorcista”. A José Frade le saldría bien aquello con “Tiburón 3”, pero esta no se a cuantos engañaría.
Al margen de toda esta chapuza, la película, como digo, tiene momentos de comedia involuntaria gracias principalmente a la interpretación de Vicente Parra —cuya voz ha sido doblada— quien, muy entregado él, nos ofrece una secuencia de posesión como pocas se han visto en una pantalla. Solo por eso, "El espiritista" merece ser consumida.
Un fotógrafo de moda, bastante pijo, tiene aptitudes de médium. De esta forma, en sus ratos libres se dedica a hacer sesiones de espiritismo para que sus adeptos contacten con sus seres queridos en el más allá. En una de estas, una beatorra va a verle para que le ponga en contacto con su difunto marido. Vicente Parra hace lo suyo y, al contactar, el muerto toma posesión del cuerpo del espiritista, convirtiendo su vida un calvario, ya que se manifiesta cuando le da la gana, le atormenta con maullidos de gato y, además, le da de hostias. El desenlace será de lo más desconcertante.
Una rareza del cine español (y portugués) que, pese al aburrimiento y al bochorno, consigue por otro lado momentos inquietantes —un extraño niño que aparece sin demasiado orden ni concierto al lado de la cama de la viuda protagonista y parece drogado, da bastante canguelo— gracias a una iluminación austera a base de alumbrar solo a los personajes haciendo que el resto del encuadre se vea negro, que consigue, al menos ambientar la historia más que dignamente. Por lo demás, un folletín melodramático que tontea con el erotismo de la era del destape, un poco antes (quizás unos meses) de que naciera la clasificación “S” y este tipo de productos tuvieran su nicho natural en los cines, que como material de derribo, de una manera u otra, por demencial o estúpida, acaba funcionando.
Vicente Parra, con su cabezón, su leve estrabismo y su boca de piñón, es el motor de la película con sus aspavientos y cabriolas, pero además, tenemos en el reparto a gente como Carmen Carrión, Antonio Mayans que aparece casi en calidad de figurante, Fabian Conde o Norma Kastel.
En cuanto a su director, Augusto Fernando, portugués del que no hay más datos que su crédito en esta cinta, jamás volvió a dar señales de vida. Ni aquí, ni en su Portugal natal.
Se trata de un exploit de “El Exorcista” rodado en Lisboa a mediados de los setenta con tres pesetas, cuya principal baza para hacer picar al espectador incauto —argumento semejante aparte— es el parecido que guarda su título original con el de la película de William Friedkin. Por supuesto, el público era tonto pero no tanto, y el número de espectadores que acudió a los cines fue nimio. Además, digo yo que quienes fueran a ver la película atraídos por la presencia de María Kosty, anunciada entre los protagonistas en los afiches, se cagaría en la puta madre del espiritista, porque esta no aparece por ningún sitio… (Yo supongo que, probablemente, sea debido a que el póster estaba diseñado y fabricado desde la primera claqueta de la producción y que la Kosty estuviera en un principio en el proyecto. Seguramente no llegarían a un acuerdo y para cuando ella ya no estaba, los pósteres habían sido hechos… y cambiarlos supondría un gasto extra. Pero a saber).
No contentos sus distribuidores con esta estratagema comercial, años después de su estreno, cuando la película se editó en vídeo durante los primeros años del videoclub, y aprovechando que ya se había estrenado “El Hereje (Exorcista II)”, ni cortos ni perezosos, decidieron poner en la caratula el subtítulo de “Exorcista III”, de muy mala manera y escrito con letraset, con el fin de hacerla pasar por otra secuela de “El Exorcista”. A José Frade le saldría bien aquello con “Tiburón 3”, pero esta no se a cuantos engañaría.
Al margen de toda esta chapuza, la película, como digo, tiene momentos de comedia involuntaria gracias principalmente a la interpretación de Vicente Parra —cuya voz ha sido doblada— quien, muy entregado él, nos ofrece una secuencia de posesión como pocas se han visto en una pantalla. Solo por eso, "El espiritista" merece ser consumida.
Un fotógrafo de moda, bastante pijo, tiene aptitudes de médium. De esta forma, en sus ratos libres se dedica a hacer sesiones de espiritismo para que sus adeptos contacten con sus seres queridos en el más allá. En una de estas, una beatorra va a verle para que le ponga en contacto con su difunto marido. Vicente Parra hace lo suyo y, al contactar, el muerto toma posesión del cuerpo del espiritista, convirtiendo su vida un calvario, ya que se manifiesta cuando le da la gana, le atormenta con maullidos de gato y, además, le da de hostias. El desenlace será de lo más desconcertante.
Una rareza del cine español (y portugués) que, pese al aburrimiento y al bochorno, consigue por otro lado momentos inquietantes —un extraño niño que aparece sin demasiado orden ni concierto al lado de la cama de la viuda protagonista y parece drogado, da bastante canguelo— gracias a una iluminación austera a base de alumbrar solo a los personajes haciendo que el resto del encuadre se vea negro, que consigue, al menos ambientar la historia más que dignamente. Por lo demás, un folletín melodramático que tontea con el erotismo de la era del destape, un poco antes (quizás unos meses) de que naciera la clasificación “S” y este tipo de productos tuvieran su nicho natural en los cines, que como material de derribo, de una manera u otra, por demencial o estúpida, acaba funcionando.
Vicente Parra, con su cabezón, su leve estrabismo y su boca de piñón, es el motor de la película con sus aspavientos y cabriolas, pero además, tenemos en el reparto a gente como Carmen Carrión, Antonio Mayans que aparece casi en calidad de figurante, Fabian Conde o Norma Kastel.
En cuanto a su director, Augusto Fernando, portugués del que no hay más datos que su crédito en esta cinta, jamás volvió a dar señales de vida. Ni aquí, ni en su Portugal natal.
lunes, 5 de diciembre de 2022
LOS FOTOCROMOS DE "ABERRACIONES SEXUALES DE UNA MUJER CASADA"
Llevábamos ya un tiempo sin poner fotocromos por aquí, porque se nos acabaron o no conseguimos más, pero gracias al amigo Fabio Méndez hoy podemos ofrecerles los de “Aberraciones sexuales de una mujer casada” del sempiterno Jess Franco.
Se trata de una de sus películas semi-guarrindongas (las guarrindongas-guarrindongas llegarían un par de años después) de principios de los ochenta a mayor gloria de Robert Foster/Antonio Mayans y que gira en torno a una mujer casada a la que le gusta tanto el folleteo que es incapaz de serle fiel a su marido. La crítica del momento se comió la película con patatas y arroz.
Obsérvese el ya clásico detallito de la estrellita tapando el pezoncillo (40 años después en las redes sociales hay que hacer lo mismo, tapar tetas y culos) para no ofender a los paseantes que se acercaban a las marquesinas de los cines a ver la cartelera.
Sin más, ahí les dejamos el juego de fotocromos completo.
Se trata de una de sus películas semi-guarrindongas (las guarrindongas-guarrindongas llegarían un par de años después) de principios de los ochenta a mayor gloria de Robert Foster/Antonio Mayans y que gira en torno a una mujer casada a la que le gusta tanto el folleteo que es incapaz de serle fiel a su marido. La crítica del momento se comió la película con patatas y arroz.
Obsérvese el ya clásico detallito de la estrellita tapando el pezoncillo (40 años después en las redes sociales hay que hacer lo mismo, tapar tetas y culos) para no ofender a los paseantes que se acercaban a las marquesinas de los cines a ver la cartelera.
Sin más, ahí les dejamos el juego de fotocromos completo.
sábado, 5 de diciembre de 2020
ALIENATOR
Aunque cueste creerlo, "Films 4" estaba convencida de que con "Alienator" tenía un bombazo entre manos, de ahí que apostaran por hacer mucha más publicidad de lo normal, cosa que recordarán aquellos que leyeran la prensa cinematográfica de la época y localizaran el respectivo anuncio a doble página, desde luego nada habitual para esta clase de productos. Pero a poco que escarbes en el mediocre catálogo de la distribuidora, entiendes perfectamente que se dejaran llevar. A fin de cuentas, y como todo buen exploitation, el título era cojonudo, super-atractivo, ¿cómo no se le había ocurrido a nadie antes lo de unir Alien con el recurrente "ator"? (eso pensé cuando en su día inventé Cybernator. Pero por lo visto no era una idea tan estupenda. Tardó un tiempo en surgir una película legítima con semejante título, y encima era de tercera regional). El cerebro ejecutor tras tal estratagema no fue otro que el mítico Fred Olen Ray, del que tanto hemos hablado por aquí, quien rodó la película en escasos días reutilizando material ajeno para las escenas galácticas y, por supuesto, una fábrica como decorado futurista. La historia es una combinación de diversas fuentes, "Terminator", "Depredador", hay quien cita "Critters" y alguna de las pelis baratas de ciencia ficción de los 50 que tanto gustaban a su director.
Kol, un temible villano del espacio, va a ser ejecutado, pero logra escapar y refugiarse en la tierra, engañando para ello a un grupo de jovenzuelos con pelos en los huevos, un guarda forestal y un veterano de guerra. Hasta allí llega Alienator, una robota cuyo fin es cazar al fugado sin importar a quien se lleve por delante. Se carga a unos cuantos inocentes... aunque al final de la peli todo quede olvidado y el resto del reparto la vea como a una heroína, "toda una mujer". Tremendo.
En la época que "Alienator" llegó a nuestros estantes, andaba loco por Fred Olen Ray y su cine, así que el "estreno" fue un acontecimiento para mi. Claro, con tantas ansias me la puse y me aburrió de tal manera, que desde entonces siempre la he odiado. Probablemente, es la peli que más detesto de su director... y no será porque no tiene material para despertar tan feo sentimiento. Pero "Alienator", además de la modorra habitual, la falta de gracia, el look plano, aburrido y mortecino, la fría puesta en escena, la saturación de diálogos idiotas y, en definitiva, la basura recurrente en toda Ray-movie que se precie, supuso una gigantesca decepción. Por mera nostalgia decidí darle una segunda oportunidad... y requerí de CUATRO intentos porque me dormía en cada uno. Que sí, que es una mierda. Pero es una mierda de Fred Olen Ray y eso hace de ella una mierda diferente.
Como suele ser habitual en las producciones del amigo, lo más divertido lo encontramos en el reparto, repleto de actores en decadencia, nombres afines al género que el cineasta fichaba por puro fanatismo y los habituales del clan Ray. Así pues, la cosa queda de esta manera: Jan-Michael Vincent y John Phillip Law en las últimas, P.J.Soles (de "La noche de Halloween"), Leo Gordon (habitual de la factoría Corman), Robert Clarke (presente en muchas monster movies de antaño), Hoke Howell como cansino redneck palurdo, Joseph Pilato (el cabronísimo "Rhodes" de "El día de los muertos") y la inconfundible Teagan Clive, señora que se dedicaba al culturismo y también asomó el jeto en cosas tan variopintas como "Armados y peligrosos", el "Simbad" de Enzo Castellari y otras de San Olen Ray. Tampoco faltan los de toda la vida, Ross Hagen (el Antonio Mayans yanki), Dawn Wildsmith o Robert Quarry en el papel más insignificante y tonto de toda su carrera (básicamente está ahí para ser asesinado). También se deja ver Dan Golden, director de cutrismos a la misma altura que los de su colega.
La música la firma el gran Chuck Cirino pero, según fuentes consultadas, en realidad no es cosa suya, los productores dejaron el nombre pero extirparon su labor. Escribe el insaboro guion Paul Garson, quien para Fred Olen Ray también se encargó del libreto de la igualmente anodina "Cyclone". No volvió a guionizar nunca más tras "Alienator". Tampoco me extraña nada.
La peli está dedicada al entonces recién fallecido Fox Harris, actor de escueta pero estrambótica filmografía, en la que descubrimos otras pelis de Ray, productos de misma naturaleza exploit, títulos dirigidos por Alex Cox e incluso cosas rodadas directamente en vídeo. Flaco favor le hicieron dedicándole semejante mojonator.
Hacer notar que en el cartel español -este que tienen a la vista- le pegaron a Alienator un brazo izquierdo recortado de alguna otra fuente y que destaca por su escasa resolución. Buenos viejos tiempos los del caratuleo chungo.
Kol, un temible villano del espacio, va a ser ejecutado, pero logra escapar y refugiarse en la tierra, engañando para ello a un grupo de jovenzuelos con pelos en los huevos, un guarda forestal y un veterano de guerra. Hasta allí llega Alienator, una robota cuyo fin es cazar al fugado sin importar a quien se lleve por delante. Se carga a unos cuantos inocentes... aunque al final de la peli todo quede olvidado y el resto del reparto la vea como a una heroína, "toda una mujer". Tremendo.
En la época que "Alienator" llegó a nuestros estantes, andaba loco por Fred Olen Ray y su cine, así que el "estreno" fue un acontecimiento para mi. Claro, con tantas ansias me la puse y me aburrió de tal manera, que desde entonces siempre la he odiado. Probablemente, es la peli que más detesto de su director... y no será porque no tiene material para despertar tan feo sentimiento. Pero "Alienator", además de la modorra habitual, la falta de gracia, el look plano, aburrido y mortecino, la fría puesta en escena, la saturación de diálogos idiotas y, en definitiva, la basura recurrente en toda Ray-movie que se precie, supuso una gigantesca decepción. Por mera nostalgia decidí darle una segunda oportunidad... y requerí de CUATRO intentos porque me dormía en cada uno. Que sí, que es una mierda. Pero es una mierda de Fred Olen Ray y eso hace de ella una mierda diferente.
Como suele ser habitual en las producciones del amigo, lo más divertido lo encontramos en el reparto, repleto de actores en decadencia, nombres afines al género que el cineasta fichaba por puro fanatismo y los habituales del clan Ray. Así pues, la cosa queda de esta manera: Jan-Michael Vincent y John Phillip Law en las últimas, P.J.Soles (de "La noche de Halloween"), Leo Gordon (habitual de la factoría Corman), Robert Clarke (presente en muchas monster movies de antaño), Hoke Howell como cansino redneck palurdo, Joseph Pilato (el cabronísimo "Rhodes" de "El día de los muertos") y la inconfundible Teagan Clive, señora que se dedicaba al culturismo y también asomó el jeto en cosas tan variopintas como "Armados y peligrosos", el "Simbad" de Enzo Castellari y otras de San Olen Ray. Tampoco faltan los de toda la vida, Ross Hagen (el Antonio Mayans yanki), Dawn Wildsmith o Robert Quarry en el papel más insignificante y tonto de toda su carrera (básicamente está ahí para ser asesinado). También se deja ver Dan Golden, director de cutrismos a la misma altura que los de su colega.
La música la firma el gran Chuck Cirino pero, según fuentes consultadas, en realidad no es cosa suya, los productores dejaron el nombre pero extirparon su labor. Escribe el insaboro guion Paul Garson, quien para Fred Olen Ray también se encargó del libreto de la igualmente anodina "Cyclone". No volvió a guionizar nunca más tras "Alienator". Tampoco me extraña nada.
La peli está dedicada al entonces recién fallecido Fox Harris, actor de escueta pero estrambótica filmografía, en la que descubrimos otras pelis de Ray, productos de misma naturaleza exploit, títulos dirigidos por Alex Cox e incluso cosas rodadas directamente en vídeo. Flaco favor le hicieron dedicándole semejante mojonator.
Hacer notar que en el cartel español -este que tienen a la vista- le pegaron a Alienator un brazo izquierdo recortado de alguna otra fuente y que destaca por su escasa resolución. Buenos viejos tiempos los del caratuleo chungo.
viernes, 10 de abril de 2020
VAYA LUNA DE MIEL
La cosa está en que son muchos los títulos que, por
inacabados, o por perdidos, permanecen inéditos para el público en lo que es la
filmografía completa de Jess Franco. Y de repente, a primeros del año pasado,
aparecen unas latas en los archivos de la filmoteca española que contienen
integra, montada y sonorizada la película “El Escarabajo de Oro”, basada
libremente en un relato de Edgar Allan Poe. Casi por casualidad se descubren estas latas y, tras revisar el primer rollo, el de créditos, se descubre
que se trata de la película perdida de Franco, solo que se ve que a última
hora, la producción decidió cambiarle el título de marras por el de “Vaya luna
de miel”, quizás más acorde al material rodado por su definitivo tono cómico, y
que es el que reza en los créditos. Pero efectivamente, se trata de “El
escarabajo de oro”.
Lógicamente, este descubrimiento se vuelve un acontecimiento
para los francófilos y la película se estrena en Febrero de 2019, con todos los
honores, como uno más de los actos de celebración de los 30 años en activo del
madrileño cine Doré como sede de la filmoteca Española. Y poco después de un
año, y coincidiendo con el estado de alarma por coronavirus que ha dejado a la
mitad de los españoles confinados en sus hogares, la filmoteca pone en su canal
de Vimeo la película para su visionado gratuito, de manera temporal, para
deleite de propios y extraños.
El caso es que cuando se encontró la película esta estaba en
perfecto estado, y aunque se desconocen los motivos de porqué permaneció oculta
todo este tiempo, se especula que el laboratorio donde se reveló el negativo,
Fotofilm, secuestró la película por impago de facturas por parte de Franco y
sus productores. Todo esto no deja de ser más que una especulación, máxime,
cuando se encuentra también un documento que prueba su envío para exhibición a
un cine de Barcelona. Sin embargo, no se encuentra ni una sola prueba de que
“Vaya luna de miel” llegara a estrenarse.
Como fuera, el privilegio de poder verla ya pasó a mejor
vida en el momento en que se compartió en Internet y cientos de usuarios
tiraron de páginas de descargas de vídeo para quedarse con su copia personal de
la película.
Al margen de esta historia, lo cierto es que “Vaya luna de
miel” no ofrece nada excepcional. Se trata de una de las primeras películas de
la etapa ochentera de Franco, etapa esta durante la cual rodó mil locuras y se
rodeó de un equipo de habituales compuesto de Lina Romay, Antonio Mayans y
otros tantos, y durante la cual se desata el Franco más loco y guerrillero.
Así, tenemos a una mujer que, tras un seguimiento, selecciona al muchacho más
rico de los que se encuentra en la playa y le seduce con malas artes. Se casan,
y se van de vacaciones a Bananas —exótico lugar que se soluciona aquí, poco
menos que filmando una costrosa feria o parque de atracciones de Alicante—. Allí,
y debido a un equívoco, el muchacho es confundido con un tal Simón con el que
comparte nombre, y en un enredo de padre y muy señor mío (para los
protagonistas y para el espectador) se meten en una trifulca de mafiosos,
tesoros, y un escarabajo de oro, en una comedieta medio slapstick, medio de
aventuras, que se convirtió en todo un antecedente accidental de cintas de
aventuras románticas al estilo de “Tras el corazón verde”, eso sí, rodada con el
presupuesto que tuvo Michael Douglas para tinte del pelo en aquella película.
Se trata de un título muy del montón en la filmografía de
Jess Franco, en el sentido que, ni es de las malas, malas (lo cual siempre
sería un motivo de festejo), ni es de las buenas (lo cual también merecería ser
festejado), si no todo lo contrario. Es una “de las otras” que diría Franco, de
aquellas que poseen planteamiento, nudo y desenlace y que por ser más convencionales, resultan a
todas luces mediocres.
La comedia funciona cuando es involuntaria (porque cuando es
voluntaria da vergüenza ajena) y, en general, tampoco es especialmente
aburrida, pero, desde luego, es uno de los títulos más insípidos de cuantos
rodó. Luego, escarabajos y joyas compradas en el chino, chinos interpretados
por españoles sin apenas maquillaje, esqueletos de plástico y mucha cochambre,
podredumbre y tercermundismo, aderezado por las carnes magras de una Lina Romay
ya fondona, que se lo pasa teta rodando este tipo de películas.
No posee nada especial,
de no ser porque ha aparecido en sus latas cuarenta años después de ser rodada.
Por lo demás, ni fu, ni fa.
Junto a Lina Romay en el reparto, tenemos a Max B. ("Cazar alnegro") doblado para la ocasión por, creo reconocer en la voz a Ricardo Palacios, Emilio Álvarez, que salía en “El fascista, la beata y su noviadesvirgada”, Antonio Mayans, o Susy Boulois (También presente en “Cazar al
negro”).
Los completistas la agradecerán.
martes, 19 de marzo de 2019
SOLA ANTE EL TERROR + SCREAMS OF A WINTER NIGHT
SOLA ANTE EL TERROR: Una niña tiene la desgracia de presenciar la agonía y muerte de su padre. Queda traumatizada de por vida y ya mayorcita es incapaz de caminar, salir de la cama y sociabilizar. Su madre y su tía cuidan de ella. O eso parece en un principio, porque luego, a su espalda, la desprecian cruelmente. De hecho, son las culpables de la muerte de su progenitor. Este, desde el más allá, ruega a su hija que acometa venganza y aunque a la chica le cuesta un poco, al final pillará un cuchillo y, en estado de trance, comenzará a acabar con todos. Entre medias hay un médico que también anda metido en el marrón y quiere encerrarla en un sanatorio (cortesía de un sobrio y estupendo Ricardo Palacios) y un músico alemán que se enamora de la protagonista y, ciertamente, no aporta nada a la historia.Nos encontramos ante una de esas películas típicamente ochenteras de Jess Franco en las que se ha invertido el menor dinero posible y se nota. Todo es austero, mortecino e incluso deprimente (esas características calles vacías propias de la temporada baja). Los crímenes van bastante escasos en cuanto a hemoglobina y únicamente se reservan para el final un accidente automovilístico. Rodean a Jess Franco sus habituales, Lina Romay como la moza traumatizada, Antonio Mayans como el padre y Mabel Escaño y
Carmen Carrión como las villanas. Sorprendentemente no asoma ni una sola ubre en toda la peli.Si digo que es más bien coñazo no digo nada nuevo. Luce todos los signos de identidad de su director y eso o lo tomas o lo dejas. Yo la he visto de reojo, mientras desarrollaba otros quehaceres y así, pues sí, se soporta. Sentado frente a la tele, con toda mi atención y todos mis sentidos dedicados a ella, dudo que hubiese sido capaz.
SCREAMS OF A WINTER NIGHT: Un grupo de jovenzuelos se reúnen en una cabaña. Pasan el rato lanzándose zascas unos a otros, gastando estúpidas bromas y contando historias de terror, historias estas que se nos presentan en formato imagen (e interpretadas por los mismos actores que hacen del clan de colegas, lo que está muy bien). En concreto son cuatro. Una bruja enana acosando a una pareja de noche en el bosque. Unos estudiantes pasándolo canutas en una casa encantada. Y unos chavales que visitan un cementerio y son atacados por espíritus malignos de papel maché. La chica amargada del grupo dice que está hasta el moño de cuentos de fantasmas y pone la guinda con un relato "realista" de asesinatos entre seres humanos. Al final de todo los chavales son machacados por una extraña fuerza sobrenatural y, casi dos tremendas horas después, se acaba lo que se daba.
"Screams of the Winter Night" es un ignoto producto del año 1979. Hay que reconocerle cierto saber hacer y solvencia, sin embargo adolece de lo mismo que muchas pelis de su época: A falta de nada mejor, se abusa del diálogo hasta límites soportables y en general resulta bastante plomiza. En concreto, la segunda historia es extremadamente palizas. Pero se le perdona porque se trata de una cosita entrañable, aunque tampoco repetiría.
Destacar los títulos de crédito iniciales, largos, con considerables segundos de pantalla en negro y diálogos, gritos y alaridos a modo de banda sonora. La verdad es que resultan bastante efectivos.
viernes, 16 de noviembre de 2018
LAS ORGÍAS INCONFESABLES DE EMMANUELLE
En verdad, Jess Franco nunca llegó a concebir en el papel un
exploit de “Emmanuelle” de Just Jaeckin. De hecho, “El último escalofrío” (título real),
rodada prácticamente a la vez que el clásico del erotismo, aprovechó el tirón
de este una vez estaba ya montada y lista para estrenar, lanzándola en algunos países anglo-parlantes como “Tender & Perverse
Emmanuelle”, y dentro de una de las épocas más desquiciadas de Franco —los
ochenta—, dando la casualidad de que la “Emmanuellexploitation” estaba en boga
dejando pingües beneficios a las taquillas de los cines más desprejuiciados de
medio mundo. Laura Gemser se convertía en un mito erótico de serie Z
gracias a su serie de películas de “Emanuelle Negra”, que a su vez suscitaron
toda suerte de copias y plagios de intenciones siempre mercantiles, situando el mito creado por Jaeckin y Kristel en un universo paralelo, menos popular que
sus explotaciones, y totalmente almibarado para lo que el cine europeo había
creado con estas mierdecillas para pajilleros de la era pre-porno. Hacer una
película sobre Emmanuelle, era una garantía de algo.
Con “Las orgías eróticas de Emmanuelle” (título que con sus
dos cojones mantiene las dos emes de “Emmanuelle”, mientras que para esquivar
los derechos, otros le quitaban una eme), Jesús
Franco no trataba más que hacer una comedieta “S” sobre infidelidades y lesbianismo,
meter ahí algún elemento sensacionalista, y una crítica en forma de mofa a la
imagen del macho ibérico. Por otro lado, se marca por boca de Antonio Mayans un moderno discurso sobre
nuestras costumbres sexuales. En definitiva, se trata de una película más de
culos y tetas de Jess Franco.
Cuenta como un hombre de bien (Mayans) está casado con
Emmanuelle. Tras un montón de orgías e infidelidades, este la perdona y vuelve
con ella, hasta que un día, en plena discoteca, ella le humilla acostándose con
una mujer delante de todo el mundo. Comienzan así las idas y venidas, las
violaciones, las combinaciones sexuales entre unos y otros y los chascarrillos humorísticos
made in Franco.
Bastante serena y sosita, no se encuentra entre los títulos
más desmadrados del cineasta en su febril etapa ochentera, cuando operaba en la costa entre hoteles
y parquecillos.
Con todo, es de las entretenidillas.
En el reparto, además de Mayans, tenemos a un
descacharrante Tony Skios cuyas soflamas en off sobre el poder del macho
español, bien hacen a “Las orgías inconfesables de Emmanuelle” merecedora de un
visionado, así como tenemos también a Muriel Montossé, quién a posteriori
tendría una carrera profesional en Francia presentando toda suerte de programas
televisivos.
De espectadores, los 150.000 habituales de la clasificación “S”.
No es de las menos taquilleras del tío Jess.
lunes, 26 de diciembre de 2016
INTERVIEW: MARTÍN GARRIDO RAMIS
Nacido en Palma de Mallorca en 1952, Martín Garrido Ramis,
un hombre de teatro que cuando se ha embarcado en la empresa cinematográfica,
lo ha hecho desde la más absoluta independencia, y desde ese lado Outsider, que
al que suscribe tanto le agrada.
Responsable de ser el primer director Mallorquín que
consigue rodar una película para su distribución comercial en salas (“¡Que Puñetera Familia!”), también lo es de la película más extraña y lúgubre del
cine español de los últimos años “El hijo Bastardo de Dios”, amén de tener una
dilatada carrera con títulos de absoluto culto como puedan ser “Mordiendo la
vida” o “Héroes de Cartón”.
Padre del también director Martín Garrido Barón (“H6, Diario
de un asesino”), nos concede unos minutos de su tiempo para hablar de los dimes
y diretes en torno a su carrera, de sus próximos proyectos y de sus
preferencias.
Martín Garrido Ramis, el último director independiente.
Comienzas en el cine con una serie de cortometrajes en 35
mm. para luego convertirte en el director de la primera película de corte
comercial realizada en las Islas Baleares, “¡Qué Puñetera Familia!” ¿Cómo surge
la oportunidad de realizarla?
Había hecho dos
cortometrajes: “… Pero no ahoga” y “La Rosario y el Pinzas”. Este último me lo
seleccionaron en 1983 en el festival de Cine de San Sebastián y viajé allí
invitado por el festival. Tengo críticas que lo clasifican como una pequeña
obra maestra. Cuando volví a Palma conocí a un empresario de cine (Joan Olives)
que me propuso alargar mi primer corto y convertirlo en un largo. Y así lo
hice. Costó 6 millones de pesetas y dio como 32. Aunque la película la
considero mala porque me daba igual hacer cine, pero ahí está como la primera
película comercial mallorquina de la historia.
Así que la consideras malísima…
Sólo mala. Escribía
cada día lo que iba a rodar, no había guión. Pero te diré una cosa que me han
dicho muchas veces pero de la que yo nunca he hablado; Es una primicia. Estoy
seguro que mi película la vio el joven Almodóvar y me copió una escena, la de
la meada. Yo soy el primer director que rodé una meada auténtica, luego lo hizo
él. Y como la película se vio en toda España… Y ya que estamos te diré dos
copias más que me han hecho. Mota me ha copiado el final de un corto que está
en Youtube y se llama “Muerte y resurrección de Pedro Navaja”, y un famoso
cómico inglés me acaba de plagiar otro corto mío de Youtube. Mi corto se llama
“Am not Becham” y él me ha plagiado para hacer un spot de calzoncillos de
Beckam. A partir de ahora registraré lo que cuelgue en Youtube.
Rodaste “¡Qué puñetera familia!” con equipo técnico
proveniente de Barcelona ¿No había en Mallorca equipo técnico cualificado para
acometer el rodaje de un largometraje?
En Mallorca no había
nada, por no haber ni había una cámara de 35 mm. La película la rodé en cinco fines de
semana, y cada fin semana traía a un equipo de siete personas, y el material alquilado,
pagándo todos los gastos y el sueldo. El director de fotografía es Joseph Gusi
de TV3, pero un fin de semana no pudo venir y lo sustituyó Carles Gusi, que
después haría películas con Almodóvar y en Hollywood.
¿Cuánto le debe “¡Qué Puñetera Familia!” al cine de John
Waters?
Waters es sexo, yo
siempre he sido crítico social. Mis películas son esencialmente de humor negro.
En la película cuentas con la presencia de un actor
clásico de la escena Mallorquina como es Xecs Forteza. ¿Cómo fue dirigirle?
Xesc Forteza era un
cachondo que estaba detrás de todo lo que llevara faldas. La escena que tiene
muriéndose con Lynn Anderson encima,
para él fue la releche. “Repítela todas las veces que quieras”, me dijo. En la
escena aparece él muriéndose tocándole los pechos a la actriz porno. Fue muy
divertido dirigirlo.
Cuéntanos algo sobre la distribución. ¿Costó mover la
película en la península?
Todas mis películas
se han distribuido en la península, menos una que se titulaba “Simpáticos
degenerados” protagonizada por Florinda Chico. No se distribuyó porque la
compró la Warner Bros para estrenarla en vídeo directamente. La distribución
para los que hacen cine en la isla es muy complicada y difícil, de hecho no
conozco a ningún director mallorquín al que le hayan distribuido su película.
También tengo que decir que los únicos que hacemos cine en Mallorca somos mi
hijo y yo.
“El último Penalti” y “Simpáticos Degenerados son tus
únicas películas que aún no he visto. ¿Qué me puedes decir de ellas?
Las dos son comedias
divertidas y poco más. Cuando las rodé estaba más por otras cosas más
divertidas. En las dos películas lo importante eran las fiestas que
organizábamos. No perdía nada de tiempo en escribir los guiones, lo hacía de
cualquier forma. Pero te voy a contar una cosa que tampoco he contado nunca a
nivel prensa; “El último penalti” se llamaba en realidad “La eterna España de
charanga y pandereta” y me lo iba a producir nada más y nada menos que José
Esteban Alenda, el primer productor español que ganó un Oscar. Yo era íntimo amigo
de él porque me distribuyó cinco cortometrajes e incluso me hizo ganar dinero.
Pues bien, él leyó el guion en el que me había esforzado un poco, y me dijo que
me lo producía si esperaba seis meses a que se recuperara del fracaso de
“Volver a empezar”, que le había costado 200 millones. Le dije que me lo pensaría. Y de repente surgió
en mi vida, desgraciadamente, Ricard Reguant, actualmente director de musicales
(“Grease”, “Chicago”), y me dijo que si le metía mano al guión haciéndolo más
hortera y con más sexo, me traía todo un equipo de Barcelona a precio tirado, y
que luego me presentaba a Antonio Llorens (Lauren Films). Yo, como en aquel
tiempo era joven, guapo y gilipollas, accedí y dirigí una mierda de película.
Al año siguiente la película fue seleccionada en el Festival de Cine de Comedia
de La Coruña, y el gran Berlanga me dijo: “Es una pena, Martín. Has hecho una
película mala pero hubiera podido ser muy buena.” Así es la vida, una mala
compañía puede cambiarte la vida.
En “Héroes de Cartón” ruedas en 35 mm. en unos años en
los que el vídeo ya se imponía en las producciones profesionales independientes.
¿Por qué decides rodar en 35 mm?
“Héroes de cartón”
existe por mi hijo que quería ser director de cine. Puedo decir que es mi
primer guión pensado y bien escrito. Aunque yo salgo como director y mi hijo
Martín Garrido dirigió la mitad de la película con tan solo 15 años.
¿Tuvo algún tipo de distribución esta película? Tanto
dentro como fuera de Mallorca.
La distribuyó Lauren
Films, la distribuidora que en aquel momento distribuía en exclusiva todas las
películas de Woody Allen. Parece mentira con las películas malas que hacía y la
suerte que tenía con las distribuidoras. No sé que debían ver en ellas.
En ella cuentas con la presencia de Antonio Mayans y
Ricardo Palacios. Ambos habían trabajado con anterioridad con Jesús Franco ¿Encuentras algún paralelismo
entre tu obra y la de Jesús Franco?
Ni por asomo.
Antonio y Ricardo hicieron sus papeles muy bien. Yo siempre he hecho un cine
malo hasta “El hijo bastardo de Dios”, porque me surgía el dinero para hacerlo,
ni más ni menos. Es increíble pero es cierto. Hacer cine, para mí, era
solucionarme un año con el dinero que ganaba. Y eso era lo importante.
¿Cómo fue la experiencia de rodar con un hombre con la
experiencia con la que cuenta Mayans, tanto como actor, como de jefe de
producción?
Antonio Mayans es el
clásico ejemplo del actor que podía haber sido muy importante en el cine en
español. Quizá el asociarse con Franco le perjudicó su carrera. La experiencia
con Mayans fue buena como lo es siempre. Es un actor muy intuitivo que no hace
falta decirle mucho para que lo haga muy bien.
Sin embargo, y a pesar de tu larga trayectoria
cinematográfica, tú siempre has realizado teatro.
Desde que tengo 19
años no he dejado de hacer teatro. Entre función y función era cuando hacía
cine. Fui a la escuela de Arte Dramático de Trino Trives y después ya no dejé
de hacer teatro. En estos momentos estoy montando “Un invierno en Mallorca”. El
teatro para mí es la vida, el cine es la parte cachonda del arte de crear. De
todas formas ahora, que en las redes me tachan como el último director
independiente de este país, me tomo el cine en serio. Desde “El hijo bastardo
de Dios”, me esfuerzo. Tengo por estrenar “Turbulencia Zombi” y “Una función
para olvidar” en la que Fernando Esteso hace un pequeño papel. Las dos
películas son tragicomedias, lo que me gusta.
“H6, diario de un asesino” en mi opinión es una de las
películas españolas de psycho-Killers más infravaloradas del cine de terror
español, dirigida por tu hijo Martín Garrido Barón y con guion tuyo. ¿Qué
opinas de la película? ¿Tú la hubieras
rodado de manera diferente?
Me alegra que me
digas esto porque si antes podía tener dudas de si entendías de cine, ahora
estoy seguro de que entiendes. Por primera vez en mi vida me comí el coco de
mala manera para escribir el guión de lo que sería el primer largometraje de mi
hijo Martín. Me lo comí de verdad, y el resultado fue un guion genial (no soy
humilde pero sí terriblemente objetivo). Y mi hijo con 21 años hizo una
película de puta madre. Y ahora te voy a contar otra cosa que nunca he contado
públicamente; “H6, diario de un asesino” se terminó y todos dábamos saltos de
alegría. La película había salido genial y nos fuimos a La Columbia para que la
viera su director, James Armstrong. El americano quedó flipado y dijo que la
estrenaba en Gran Vía y tiraba ciento veinte copias. Lo habíamos conseguido,
pensamos mi hijo y yo. Cuando salimos de la productora nos fuimos a comer una
mariscada los cuatro. Mi hijo y yo, y los productores de Kanzaman Mark y Denis.
Por la noche volvimos a Mallorca más contentos que unas castañuelas. Mi hijo
iba a conseguirlo con 21 años. La leche. Al día siguiente, a última hora de la
tarde nos llamó Samuel Gómez, el montador, para decirnos que los productores
habían cortado cuarenta minutos de metraje. Casi nos da algo. Al día siguiente
volvimos a Madrid y les dijimos a los productores de todo menos guapos. Pero no
hubo manera, querían que la película durara noventa minutos. Al quitarle a la
película tanto metraje, se quitó la esencia de la historia. La película fue un
fracaso comercial y las críticas la devastaron. Hay tanto inepto en el cine que
uno no se lo puede creer.
Vuelves a hacer cine años después, en 2015, con “El Hijo
Bastardo de Dios” ¿Qué te motiva volver? ¿Es el cine de tu hijo una inspiración
para esta película?
Simplemente tenía ganas de hacer un cine que siempre he
sabido hacer y que nunca he hecho. Increíble pero cierto. Hasta “El hijo
bastardo de Dios” mis películas no me gustan. Hablo de las que yo he dirigido.
¿No crees que el tener un presupuesto escueto puede
beneficiar de algún modo a esta película en concreto?
Repito: como dicen
en las redes soy el último director independiente de este país. Yo nunca he
pretendido hacer un cine convencional. A mí siempre me ha gustado el cine
independiente. Siempre. ¿Por qué? Porque haces lo que te sale de los cojones y
ningún productor gilipollas te puede cortar tu obra. “El hijo bastardo de Dios”
es una película que quería hacer, y sé, que con el tiempo será de culto. Ya lo
han dicho muchos, no sólo yo. De todas formas no es el cine que quiero hacer,
lo mío es la tragicomedia. Adoro a Berlanga.
¿Por qué “El hijo Bastardo de Dios” es tan sórdida y
lúgubre? ¿No crees que es demasiado extraña para un público que acude en manada
a ver “8 Apellidos Vascos”?
Tienes toda la
razón, pero yo prefiero que me recuerden como el director de “El hijo bastardo
de Dios” que como el de “8 Apellidos Vascos”.
“El Hijo Bastardo de Dios” se estrena en cines, sin
embargo, no cuenta con una edición en DVD. Pero ahora que lo pienso, tampoco
tus películas anteriores cuentan con distribución en DVD ¿Por qué ocurre esto? En
el caso de “El hijo Bastardo de Dios” en particular, y con el resto en general.
Lauren Films editó
la película en VHS, las demás no han salido en DVD. La razón no la sé porque
estaba de juerga. “El hijo bastardo de Dios” si va a salir en DVD.
Tus dos últimas películas son “Turbulencia Zombi” y “Una
función para olvidar”. ¿Por qué una
película de Zombies? ¿No te parece que el mercado esté sobresaturado de cine Zombie?
“Turbulencia Zombi”
es una tragicomedia en la que no sale ningún zombie. Es un grupo de parados de
un pueblo que decide grabar una película de zombies para Youtube y ganar
dinero, el problema es que no tienen ni idea de cómo hacerlo.
“Una función para olvidar” cuenta además con la presencia
de un grande de la escena cómica como es Fernando Esteso, además en un rol
dramático. ¿Cómo decides integrar a Esteso en el casting?
Esteso y Pajares son
grandes actores. Es más, todos los grandes cómicos son grandes actores
dramáticos. Lo conocí en una fiesta en Madrid, y años después le dije que me
gustaría trabajar con él. Leyó el guion y dijo que sí.
¿Podremos ver estas películas en cines o DVD, o el tema de
la distribución esta jodido en exceso?
Claro que sí.
Además, ya tengo distribución para las dos.
¿Eres consciente de que haces un cine muy distinto en
maneras y formas al del resto de cineastas españoles? Eres especialmente
antiacadémico. ¿Por qué crees que si no sigues las pautas marcadas por los
academicismos, las películas no encuentran un público?
Yo soy escorpión. ¿Sabes lo del escorpión que le pidió a la
rana que le cruzara el río? La rana le dijo que no porque le picaría. El
escorpión le juró que no lo haría, y la rana se fió. Y cuando estaban en la
mitad del río el escorpión le pico. “¿Eres imbécil? –le dijo la rana- “Nos
vamos ahogar los dos.” “Lo sé” –le contestó el escorpión-, “¿pero quién frena
mi personalidad?” Mi padre era de la FAI
y yo he salido a él: anarquista.
¿Qué cine ve habitualmente Martín Garrido?
El mejor cine que te puedas imaginar. Soy un cinéfilo de
cojones. Una película, por ejemplo: “Sed del mal” o “Matrix”.
Dime cinco películas que adores
Rufufú
Plácido
La Escopeta Nacional
Divorcio a la Italiana
La Jauría Humana
Cinco Películas que odies
No odio a ninguna
película porque sé lo que cuesta hacerlas.
domingo, 17 de julio de 2016
LOS FOTOCROMOS DE "VIOLACIÓN... LA VERGÜENZA CALLADA"
La primera persona humana con la que me encontré cuando llegué a Málaga para inmiscuirme en el rodaje de “Al Pereira vs. the alligator ladies” fue el venerable actor Antonio Mayans, y la primera de sus intervenciones actoriles por la que le pregunté fue “Escuadrón Pantera”, de la cual, todo sea dicho de paso, casi ni se acordaba. Y si fue esa la que me vino a la cabeza se debía a que la había deglutido recientemente y aún vibraba ante tal festival de descojonable negación e inutilidad. Negación e inutilidad atribuible, entre otros, a su director, toda una leyenda del “trash” franchute, Pete Knight… es decir, Pierre Chevalier. Fichaje habitual de “Eurociné” que durante los cincuenta hizo algunas pelis de esas que no arrastran demasiada mala prensa únicamente por ser antiguas, pero que a medida que los años pasaban, iba adentrándose lentamente en el lado más cafre y chusquero del séptimo arte, hasta que en 1970 dirigió la peli por la que se le conoce mundialmente, “Orloff y el hombre invisible”, generalmente atribuida por error -aunque uno en parte comprensible- a Jesús Franco. El resto de su carrera, hasta que falleció, siguió cuesta abajo de forma irremediable.
Y Pierre Chevalier es el responsable de la costra que protagoniza hoy la sección de fotocromos. Al no haberla visto (y ni ganas que tengo), no puedo asegurar que sea tan chunga como parece. Pero vamos, ¡apostaría mi ojete!. Así de buenas a primeras, la información recopilable nos dice que "Violación... la vergüenza callada" es un producto netamente exploitation que con la excusa de "denunciar diferentes casos de agresión sexual", perfectamente recreados con agradable música jazzística de fondo, lo que hace es, evidentemente, satisfacer los bajos instintos de la plebe masculina. Al final, por aquello de evitar malos rollos, la peli se cierra con la cruenta venganza de una hembra agredida, en este caso la morbosísima y pectoralmente excelentemente dotada Brigitte Lahaie, con una exitosa carrera paralela como actriz porno, para alegría de muchos seres humanos.
Sí, es cierto, son pocos fotocromos... pero ya saben que esto es una lotería. Va como va. Y pal caso, dado lo peculiar de la película y su temática, supongo que podemos sentirnos “agradecidos” de contar con el material que sigue, por escaso que sea.
Y Pierre Chevalier es el responsable de la costra que protagoniza hoy la sección de fotocromos. Al no haberla visto (y ni ganas que tengo), no puedo asegurar que sea tan chunga como parece. Pero vamos, ¡apostaría mi ojete!. Así de buenas a primeras, la información recopilable nos dice que "Violación... la vergüenza callada" es un producto netamente exploitation que con la excusa de "denunciar diferentes casos de agresión sexual", perfectamente recreados con agradable música jazzística de fondo, lo que hace es, evidentemente, satisfacer los bajos instintos de la plebe masculina. Al final, por aquello de evitar malos rollos, la peli se cierra con la cruenta venganza de una hembra agredida, en este caso la morbosísima y pectoralmente excelentemente dotada Brigitte Lahaie, con una exitosa carrera paralela como actriz porno, para alegría de muchos seres humanos.
Sí, es cierto, son pocos fotocromos... pero ya saben que esto es una lotería. Va como va. Y pal caso, dado lo peculiar de la película y su temática, supongo que podemos sentirnos “agradecidos” de contar con el material que sigue, por escaso que sea.
viernes, 26 de febrero de 2016
JUVENTUD DROGADA
Adscrita al subgénero del “Cine Quinqui”, no sería una
película meramente quinqui, sino un acercamiento “exploit” al género,
sensacionalista a más no poder, y donde la deshonesta crítica social imperante
en las películas de José Antonio de la Loma o Eloy de la Iglesia, desaparece a
favor del espectáculo malintencionado y puramente comercial. Aquí de lo que se
trata es de alimentar el morbo de una platéa habituada al “Cine de pipas” que
no quiere que le echen monsergas. En ese sentido, “Juventud Drogada” -¡maravilloso
título!- estaría más en la línea de filmes como “No Matarás”, “Aborto Criminal”
o, más afín inclusive al género quinqui, “Los violadores del amanecer” del Iquino.
Cuenta la historia de un niño de papá, hijo de un empresario
farmacéutico, que frecuenta la misma discoteca que unos camellos
zarrapastrosos. Sin saber muy bien como, este señor acaba metido de lleno en
las fiestas drogadictas de estos tunantes, quedando encantado con las drogas
que le proporcionan, y con los encantos femeninos de una señorita que por allí
pulula. La idea de los maleantes es enganchar, al desdichado, a las sustancias psicotrópicas, y de paso, ver
si con su ayuda pueden acceder al almacén farmacéutico de su padre para
afanarle las provisiones de drogas duras.
La gracia es que si en el “Cine Quinqui” propiamente dicho,
los protagonistas suelen ser jóvenes delincuentes –y/o drogadictos- reales, en “Juventud drogada”, lejos de tirar
por estos derroteros, los drogadictos y delincuentes son interpretados por
actores que tienen pinta de todo menos de yonkies, como puedan ser Antonio Mayans, el boxeador Dum Dum Pacheco (visto en “Yo hice a Roque III”) o Eduardo Bea, mientras que el niño bien –que
por constitución física da más el tipo de drogadicto y delincuente que Mayans-
es interpretado por todo un clásico del cine más populachero, Tony Isbert, en
su eterno rol de Tony Isbert, eso si, dándole al porro y a la farlopa –e
incitando a su pareja a que también le dé- cosa mala.
Por otro lado y como buena cinta “Exploit” española, aquí no
hay medias tintas, y estos delincuentes son mostrados como lo peor de lo peor,
esto es, que no solo trafican y consumen todo tipo de estupefacientes, sino que
además, violan y asesinan, y actúan con toda la mala idea que se le pueda
ocurrir a un guionista, en este caso, Esteban Cuenca, que ya nunca más escribió
para el cine, fíjense ustedes.
Por otro lado, la comedia involuntaria, inevitablemente,
como es habitual en todo producto de serie B o Z que se precie, hace acto de
presencia, por un lado, con el cantoso pelucón Afro que me luce Antonio Mayans,
y por otro, los elementos bizarros y fuera del tiesto que contiene la película;
volviendo a Mayans: mientras que su compañero para intimidar a sus víctimas usa
una navaja, este usa ¡Nunchakus!
A eso añádanle algún que otro Karateca por ahí desperdigado,
boxeadores chungeros y hasta creo recordar –si la memoria no me falla… y eso
que la he visto hace escasa media hora- que aparece un monje budista.
¿Veredicto? Mala de pelotas, zetosa y cutre, costrosa y lenta,
pero con otros elementos que la convierten en interesante y, sobretodo,
curiosa. Porque aquél que a estas alturas ande buscando buen cine en un
producto de estos, o peor aún, aquel que afirme que una ponzoña netamente
“Trash” como es “Juventud Drogada” es buena, es que es un esnob o un enfermo
mental, porque es que no llega ni a entretenida. Eso sí, simpática y curiosa lo
es un rato. Luego ya, depende de la predisposición del espectador que, insisto,
si anda buscando esto es porque sabe lo que se va a encontrar más o menos.
En la taquilla española, como casi todos estos funcionales
productos de entretenimiento populachero, cubrieron presupuestos de sobra y el
negocio fue rentable, con una cifra de espectadores que en estos caso oscilas
entre los 250.000 y lo 300.000 espectadores. Dentro de este target se mueve
“Juventud Drogada”.
El director del tinglado no es otro que José Truchado,
conocido por esa horripilante parodia de “El Equipo A” a mayor gloria de
Antonio Ozores que es “El Equipo ¡AAAAGGHH!” o aquella chanchullera parodia de “Canción triste de Hill Street” a
mayor gloria también de Ozores que es “Canción triste de…” (Ver en el pestseller), pero entre las muchas tareas que desempeñó en el mundo del cine, tales
como escribir guiones, actuar o producir,
dirigió grandes zarrios de nuestra cinematografía más outsider como puedan ser
“Tarzán y el tesoro Kawana” o “Matad al buitre”.
viernes, 3 de abril de 2015
LA VIOLACIÓN
Cine pre clasificación “S” que proliferó justo tras la
muerte de Franco, y que, si el “S” a nivel histórico tuvo su importancia, pero
artísticamente era algo nulo y carente de cualquier interés, imagínense este
otro sub-género, más light, más soso, que encima camuflaba su condición
“Exploited” con aburridos argumentos melodramáticos donde todos sufren mucho.
“La Violación”, se adscribe a este, y la violación a la que
hace referencia el título, no llegamos a verla en ningún momento, porque no
sucede tal cosa en la película… a no ser que esta hiciera acto de presencia en
alguno de los muchos momentos en los que me distraje pensando en mis cosas
durante el tedioso visionado, en cuyo caso, esa violación sería aún más
ridícula.
Cuenta la historia de un pianista de éxito que conoce a una
groupie y se la tira. Pero para más inri, resulta que este ya se estaba tirando
desde hace tiempo a la hermana de esta, lo que conllevará que el drama se
extienda hasta límites extremos, entre escenitas de cama rancias y situaciones
sonrojantes. Además del interminable bla, bla, bla, un guión estúpido y exagerado y la inevitable
comedia involuntaria, esta vez llevándose la medalla un secundario Antonio Mayans, al que le toca algo tan divertido como darle de hostias a su mujer… y
tiene excesivo cuidado a la hora de darle los guantazos.
Por lo demás… tentado estuve de quitarla un par de veces… y
cuando eso pasa, malo.
En el reparto, además del amigo de la casa, tenemos a Simón Andreu (como se le echa de menos en el
cine español, coño), Paca Gabaldón a.k.a. Mary Francis, Beatriz Rossat,
Emiliano Redondo o Manuel Alexandre.
Dirige el, por otro lado, interesante Germán Lorente,
director de cosas tan marcianas como
“Adolescencia” con Ramoncín, “¡Qué cosas tiene el amor!” para lucimiento de
Peret y con Pajares o “La vendedora de ropa interior”, contemporáneo (en su
momento) “Exploitation” del tipo de comedia
que tanto éxito tuvo y que
cultivaba Don Mariano Ozores.
Mala hasta decir basta.
viernes, 8 de agosto de 2014
LA CAMPANA DEL INFIERNO
Un individuo es dado de alta en el psiquiátrico y de ahí
marcha a casa de su tía. Una vez allí, se dedicará a hacerles la vida imposible
tanto a su tía como a sus primas, paseando por sus caras su vanidad, su
soberbia y su maldad, haciendo bromitas pesadas (el muchacho trabaja el látex y
en su dominio de los maquillajes basa sus bromas macabras) o, directamente,
torturándoles ¿Por qué? Solo su
director, que entre peli y peli se follaba a la Pilar Miró, lo sabía.
Mucho se ha hablado de esta película y de su fama de maldita
(Iker Jiménez, de hecho, le dedicó todo un monográfico especulando sobre si la
película estaba maldita por culpa de la providencia o por culpa del mismo
diablo). Resulta que el director de la película, Ricardo Guerín Hill -que tras
ver la película compruebo que gustaba de colocar la cámara en sitios, cuanto
menos, peligrosos- buscando un plano en lo alto del campanario donde está sita
la campana que da título a la película, al saltar de un extremo a otro del
mismo, tuvo la mala suerte de tropezar y precipitarse al vacío. Durante la
caída, por no caer sobre una valla de afilados pinchos, hizo una maniobra que
le llevó a estrellarse contra el asfalto muriendo en el acto. Obviamente, se
trató de un infortunio, no de una mala jugada del maligno. Que la película sea
extraña y claramente malrollera, es otro cantar. Eso si, la muerte del
director, sirvió para que la película se convirtiera inmediatamente en un éxito
de culto, al menos en el extranjero, donde goza de cientos de cuidadas
ediciones en dvd, mientras que en España apenas congregó 600.000 paupérrimos
espectadores del año 73 en los cines, y se editó en vídeo de mala manera.
Muerto Guerín, tomo las riendas de la dirección Juan Antonio
Bardem.
Siendo justos, valorar la copia final de “La campana del
infierno” sería dar palos de ciego, puesto que, si, las imágenes que rodó
Guerín están ahí, pero el montaje definitivo no deja de ser la visión de
Bardem, que tuvo que intuir lo que Guerín quería para la película, diciendo los
más cercanos al director original , que solo este tenía una idea de lo que
quería contar en esa película, y que lo llevaba en un secretismo tal, que el
resultado de lo que hoy conocemos es posible que no llegue ni a aproximarse a
lo que podría haber sido.
En cualquier caso, el puto fandom la endiosa solo porque su
director tuvo un accidente. Efectivamente, la película es todo un ejercicio de estilo, esos montones
de planos complicadísimos, esa estética como nunca se había visto en una
película española, ese sexo que pasó la censura estando Franco vivo… si,
innova. Es más, Guerín probablemente, es un gran esteta, y no dudo que fuese,
incluso, un gran director, pero el montaje del que hace gala la película, lo
que finalmente se nos muestra y cuenta, es un coñazo. De los buenos además. Una
de cal y otra de arena. Pero los idiotas del fandom tildan a esta película de
obra maestra, basándose en que su director murió durante su confección. Bueno,
si así son felices…
En definitiva, que la película, obviamente, es un desbarajuste
por lo obvio, que visualmente es potentísima, pero en definitiva, es un coñazo
que hay que cogerlo con pinzas.
Ahora ¿Curiosa? Un rato. Y moderna y arriesgada… pero si el
director no pudo acabarla, que lo haga otro suele ser un error. Lo fue con “Lagrimas
negras” de Ricardo Franco y que acabo Ricardo Bauluz, lo fue con “The Revenge
of the Alligator Ladies” de Jess Franco y que terminó Antonio Mayans y,
lógicamente, lo es “La campana del infierno”.
Luego está el factor mito: Se ha oído tanto hablar de la
película, se ha leído y se especula tanto, que siempre uno espera ver algo
fuera de lo común. Pero tenemos ya las retinas quemadas.
Aunque insisto, lo que da gusto es el sentido estético
de Guerín. Esos planos imposibles que le
costaron la vida. Solo por eso…
viernes, 6 de junio de 2014
CAMINO SOLITARIO
“Camino Solitario” es de esas películas de Jess Franco que
verdaderamente te hacen dudar de su condición de inútil, para, simplemente,
endosarle otra condición distinta; la de vago.
Porque siendo esta una película más de esa tanda de
películas ochenteras ambientadas en la costa (“Los blues de la calle Pop”,
“Botas negras, látigo de cuero”), rodadas sin más medios que los que vemos en
pantalla y los mismos actores de siempre (Antonio Mayans es, por enésima vez,
Al Pereira), sería lo más parecido a una película estándar – con permiso de
“Los depredadores de la noche”- de todo lo que rodó en aquellos locos años
ochenta. Esto es, que la película tiene su planteamiento, su nudo y su
desenlace. Con lo que hay que creerse aquello que tanto me gusta y que decía el
abuelo de “De vez en cuando hay que hacer una película de las otras, para que
vean que sabes hacerlas”. Y saber sabía.
De hecho, este “Camino Solitario” tiene hasta ritmo, un montaje muy estándar y
con los planos necesarios, una trama entendible y seguible e, incluso, por
momentos, resulta hasta entretenida. O al menos la primera hora, no toda ella, que se trata de Jess Franco… Pero a lo que
voy, es que saber hacer una película normal y corriente, sabía.
La historia es la de siempre en una película de Al Pereira:
este es contratado por una extraña mujer, que siempre es Lina Romay. Lo que
cambia es el por qué es contratado. En esta ocasión tiene que encontrar a la
hermana desaparecida, pobrecita y desvalida de esta mujer (Lina Romay haciendo
un doble papel), recibiendo la negativa del orondo y moribundo esposo de esta,
que por el contrario dice que es una verdadera arpía. Así que Al Pereira busca, mientras tiene que
sotear la vida cuidando de una hija pequeña, y acabará en los brazos de la
mujer que lo contrató (como siempre…) y a la vez, la historia pegará un giro en
su desenlace. Todo ello regado con largas escenas de erotismo que incluyen
numeritos lesbicos, y un tono dramático extraño, puesto que los otros Al
Pereiras están más enfocados a la comedia. Se agradece la seriedad que, a
rasgos generales, desprende la película.
El reparto lo componen Mayans (o Robert Foster) como
Pereira, la Romay firmando como Candice Coster, Ricardo Palacios, muy metido en
el “mundo Franco” por aquel entonces y que acabaría hasta las narices de su
director y del jefe de producción (Mayans) unos años después, cuando dirigiera
su opera prima “Biba la banda”, y que contrató al “Franco Team” como equipo de
producción de la misma, como el moribundo marido de la mujer contratadora, José
Llamas, como en esta no tenía que follar, tan solo, pasaba por ahí, y la introducción de la niña Flavia Mayans,
que interpreta a la hija de Al Pereira y que, como han podido suponer, es la propia hija de Antonio Mayans.
La película la distribuyó en salas United Internacional
Pictures, si, la famosa multinacional, que en aquellos años, por motivos del
todo fraudulentos, estrenaba grandes estrenos americanos junto a pequeñas
películas marginales que, incluso, venía
bien que no tuvieran buena taquilla, caso este de “Canción Triste de…” de José
Truchado (Ver en “Malas pero Divertidas”), “Operación Mantis” de Paul “JacintoMolina” Naschy, o esta “Camino Solitario”, a la que, no obstante, fueron al
cine a ver 71.000 espectadores.
La película, como ya he dicho se deja ver. Pero estamos en
las mismas, para ver una película estándar de Jesús Franco, me pongo cualquier
otra que, sin duda, mantendrá mejor el tipo. De Franco prefiero ver las cosas
más antiacadémicas, hilarantes y desvergonzadas.
Eso si, sea por el motivo que sea, siempre es fascinante ver
cualquiera de su vasta filmografía.
lunes, 26 de mayo de 2014
LOS BLUES DE LA CALLE POP
“Los blues de la calle pop” –maravilloso y musical título-
es una de esas películas que facturaba Jess Franco allá por los ochenta, que
compaginaba con el porno y que se hacían con dos pesetas. Vamos, que no hay
artificio ninguno, como mucho los actores, los hoteles dónde se alojan, quizás
algo de maquillaje (en esta ocasión, los punks que aparecen en la película, lo
requieren) y absolutamente nada más. Son películas de carácter amateur rodadas
en 35 mm.
También conocida con el título de “Aventuras de Felipe
Marlboro vol. 8”, y teniendo muy presente el cómic y las novelas de baratillo
en su ejecución, cuenta la historia de un detective llamado Felipe Marlboro –en
realidad es un remedo de Al Pereira al que han llamado así, quizás porque se
trata de una comedia- que es
contratado por una jovencita a cambio de
60 dólares y la utilización de su cuerpo, para que encuentre a su novio Macho
Jim, un universitario que ha desaparecido. Claro que durante la búsqueda,
Marlboro se encuentra con que este
hombre al que busca no es un universitario, sino un punk asesino que le va a
dar algún que otro quebradero de cabeza. Vamos, básicamente le va a hacer al
detective ir de un lado a otro.
La película es terrible. Cuesta mucho, con según que
películas, comprender por qué el tío
Jess era tan popular y respetado, sobretodo, en algunos países de Europa.
Ya no es solo que el argumento sea una chufla, la historia
una mamarrachada y en general, un aburrimiento, es que, y aunque siempre he
defendido que una de las virtudes de Jesús Franco es la desgana con la que hace
las películas, “Los Blues de la calle Pop” es la dejadez absoluta. Por todos es
sabido que Jess daba la orden de acción, y dejaba ahí la cámara rodando hasta
la extenuación. Pues aquí lo hace, y no solo en una escena erótica, sino ¡ en un
paseo en coche!, un paseo en coche que no parece terminar nunca. Por si eso
fuera poco hace una comedia, con lo que hace al protagonista soltar una serie
de chascarrillos y chistes, cuando no, pone
a los personajes en intencionadas situaciones cómicas, que, lo miremos
por dónde miremos, jamás funcionan. A Jess Franco se le daban mal muchas cosas,
pero para la comedia era un completo incapaz. Con lo moderno y rompedor que era
para unas cosas, hay que ver lo anticuado que era para el humor.
Pero todo esto que
acabo de explicar es lo mínimo a lo que uno se expone cuando se sienta a ver
una película de Franco. Ese cutrerío, esa dejadez, ese rellenar por rellenar,
esa mierda de chistes es marca de la casa, no nos pilla de nuevas.
Lo que si es cierto, y el conjunto de conceptos es lo que
hacen de él un cineasta tan malo como único,
es lo adelantado que era a su tiempo, lo moderno, lo inteligente, lo
experimental, misterioso, raro y desperado.
Para empezar, que su personaje principal se dirija a cámara
en según que momentos, puede que esté algo manido, pero a mí en esta ocasión,
no se muy bien por qué, me hace gracia, al igual que, para dar ambiente de
cómic, de vez en cuando aparece algún cartelito con texto mal filmado y puesto
ahí, sin orden ni concierto, que le dan ese toquecito de estilo que, insisto,
le convierte en una especie de autor, al igual que la única escena sensual de
la película. Largos planos del detective Malboro besando a su antagonista
femenina, saliva incluída, o acariciando con los labios su poblado pubis, que
están llenos de belleza. Pero también se encuentran inmersos en un caos en el
que nada tiene mucho sentido ni es tomado en serio.
Jess es listo como el hambre y con la vista puesta en, si
por un casual, su película pudiera dar dinero. Así que en pleno 1983, en la era
Almodóvar, Jess Franco introduce en su película, como malos de la función, unos
cuantos punks de aquellos de la época -para ir acorde con los tiempos- y así
explotar un poco las modas imperantes del momento o no se le ocurre otra cosa
más surrealista que un gangster bailaor de flamenco que atormenta a nuestro
protagonista a punta de navaja, a la par que taconea mientras lo hace. Una
absoluta ida de olla que sabiendo como era, más o menos, el abuelo, lo más
probable es que se partiera el culo mientras lo pensaba. Y en esta ocasión la
cosa si tiene más o menos gracia.
Las cotas de surrealismo suben cuando, sin venir a cuento,
cada dos por tres vemos al personaje antagonista, Macho Jim, en un plano que
muy bien podría ser una prueba de cámara,
delante de una pared blanca, que repite una y otra vez, como poseso, y
sin saber por qué “Yo soy Macho Jim. ¡Macho Jim!”.
Así que mi veredicto es… mira que es mala esta puta
película, mira que es cansina… pero ¡cojones como mola!
En el reparto, los habituales de aquella época, Antonio Mayans como el detective Malboro, firmando como Robert Foster su desmadrada
interpretación, Lina Romay, esta vez, bajo el nombre de Candi Coster y el
pobrecillo de José Llamas, que si en otras películas tiene que follar, empalme
su polla o no, aquí tiene la ridícula tarea de llevar los pelos y los
maquillajes propios de un punk. Por otro lado, el propio Jess Franco se reserva
un papelito de pianista que advierte a Felipe Marlboro sobre la peligrosidad
del hombre al que busca. En las pelis de aquellos años, no era raro ver a
Franco y Mayans compartiendo plano y soltando bobas conversaciones.
Curiosa época de Jesús Franco esta.
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