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martes, 10 de diciembre de 2013

FUERZA MORTAL, CAZAR AL NEGRO

Max H. Boulois, al que podríamos tildar del Fred Williamson hispano-francés, es un artista completo dentro de la serie Z y el “Euro-Trash”. Actor, director, guionista y músico, a principios de los ochenta, como Max B. (una de tantas variantes de su nombre), sacó un par de singles adscritos a la música disco que le dieron cierta popularidad -seguro que muchos se acuerdan de “Súper Bwana”, con aquella letra que decía “Temblad, hembras, llega Súper Bwana”-. Fue flor de media primavera. Aunque la pasión de este hombre siempre estuvo enfocada hacia el cine. Tampoco realizó tantas películas como le hubiera gustado, pero las que hizo, siempre con su condición de negrata por bandera y los medios ínfimos con los que contaba, son autenticas "delicatessen".
Gracias a Ordel, me agencio una copia de esta película de sugerente título, “Fuerza Mortal, Cazar al negro”, que el mismo Boulois dirige e interpreta, cuya carátula había visto en el video-club millones de veces, pero, por lo que fuera, nunca alquilé y cuenta algo ya muy trillado en el cine como es el tema de la cazería humana. Desconozco la trascendencia que pudiera tener la película en su momento, pero catorce años después se estrena “Juego de supervivencia” de Ernest R. Dickerson, con Ice- T de protagonista, que si no se trata de un remake de la de Boulois, es un absoluto plagio. Lo mismo, pero pasado por el tamiz de la movida madrileña, podríamos decir de “Poppers”. Así que, por lo que a mí respecta, y si no me dicen lo contrario, “Fuerza Mortal, Cazar al negro” sería la primera referencia que yo tengo sobre las películas de cacería humana de tintes racistoides, es por ello que no contaría acá la recurrente “The most dangerous game”.
Conocida internacionalmente con los títulos de “The Big Game” (de "Dangerous" pasamos a "Big"... ejem) o el delirantísimo “Mad Mex: The Black Fighter” según algún avispado distribuidor que, por los atributos casi tercermundistas de la película, consideró que debía ser mexicana, narra la historia de un ex-combatiente de Vietnam quien, por su raza, es requerido por una organización con la fea costumbre bárbara de soltar a un negro en el campo y darle caza, previo aliciente de entregarle un millón de dólares si consigue escapar. Como se trata de un hombre preparado, lo consigue y al ir a recoger su millón, por desconfianza envía a su amigo, quien morirá por efecto de una bomba. Es el momento pues de que el negrazo se vengue de esta horrible gente que caza negros.
La película, llena de carencias como es norma en productos de esta índole, resulta, no obstante, tremendamente entretenida y poseedora  de un ritmo absolutamente endemoniado, amén de una trama de lo más fardona que convierten sus escasos ochenta minutos en puro disfrute viendo a Max H. Boulois cargándose blanquitos cabrones. Accidentalmente, y por maneras, se convierte en uno de los pocos “blaxploitation” producidos en España – en los posibles “blaxploitation” restantes, también andaría por detrás Max H. Boulois-, haciendo alarde de la chulería, el macarrerío y el carisma de un producto propio del subgénero.
No deja de parecerme curioso el contraste entre interiores y exteriores siendo los primeros pequeños sets de rodaje mal decorados, espacios súper reducidos, en contraposición a los exteriores de New York o Florida, donde, con dos cojones, el equipo de filmación rueda en plan guerrilla, sin permisos, y explotando los lugares hasta la extenuación; el 45% de la película son largos planos de Max B. paseándose por las calles de la Gran Manzana, filmados al nivel del asfalto o desde una azotea, mientras suena su propia música disco. Y eso mola que te cagas.
Por otro lado, el megalómano millonario que quiere darle caza, no vive de forma tan lujosa como cabía esperar, y su aspecto canta a paleto de pueblo, por mucho que quiera hacérsele pasar por americano, igual que al resto del reparto, Virginia Mataix incluida, que apestufa a españolitos setenteros. He memorizado un diálogo del villano (sin réplica) de un momento crucial de la película: “Dice usted que el negro se asemeja al jabalí: poco inteligente y solo peligroso cuando está herido. Pero yo creo que el negro, indudablemente, es el rey de la selva. Es el único animal que puede llegar a pensar como un blanco, e incluso, anticiparse a nuestros movimientos”. Un discurso tan exageradamente racista –y escrito por un negro- que lejos de consternar al espectador, le llena de hilaridad. Pero es lo suficientemente efectivo como para que cojamos tirria al millonario, y deseemos con todas nuestras fuerzas que el negro lo mate pronto.
En resumidas cuentas, una joya del “Euro-trash”, del “explotation”, del “blaxplotation” y todo con producción española, y actores de, no ya tercera, si no cuarta categoría. Un incunable.
Boulois rodó dos películas más, “Othello, el comando negro” y “Asalto al casino”, además de intervenir como actor en joyas del “trash” hispano como puedan ser “Dinero Maldito” o la ilocalizable e ignota “Cabo de Vara”, del no menos interesante Raúl Artigot.
Completan el reparto de "Fuerza Mortal, cazar al negro" Tom Hernández (“Tunka, el guerrero”), Virginia Mataix (“Pareja enloquecida busca madre de alquiler”) o William Anthom (“Profesor Eróticus”)
De lo mejor de la serie Z española que podemos echarnos a los ojos. Y Max B., mola de cojones.
¡Ah! ni la busquen, no está disponible para ser descargada.

lunes, 20 de febrero de 2017

CABO DE VARA

Segunda de las tres películas que dirigió el gran operador de cámara Raúl Artigot, que toma como referencia la novela de Tomás Salvador del mismo título. Por otro lado, hay que decir que un “Cabo de Vara” es el palo que utilizaban los funcionarios de prisiones de hace un par de siglos, para medirles el lomo a base de bien a los presos.
“Cabo de Vara” cuenta la historia de un joven que es encarcelado por homicidio en una prisión  de Ceuta (en la película no se dan datos al respecto y por el atuendo no me veo capaz de asociar la época en la que transcurre el argumento, pero calculemos que Mil ochocientos y pico) y que ha de cumplir 12 años de  condena. Nada más llegar, se lía a hostias con todo aquel que le toca mínimamente los huevos.  Uno de los funcionarios, al verlo tan jovencillo y astuto, le ve posibilidades de reinserción y se lo quiere llevar de allí de ordenanza, pero como acaba de llegar, los superiores le piden un mínimo de un año de cumplimiento de condena y entonces estudiarán si se lo puede llevar o no. Ante esta tesitura, el funcionario le pide al muchacho que se comporte si quiere que lo saque pronto, a lo que este responde con un contundente “Si no quieres que la prisión te coma, cómete antes a la prisión”. Con lo que se lo pone muy difícil. Entre tanto, mientras cumple condena, este se hostiará con otros presos, se revolcará entre sus propios excrementos, conocerá el aislamiento y descubrirá las pasiones adscritas al homosexualismo.
Dentro de la irregular carrera de Artigot, esta sería su película de campanillas, esto es, que probablemente sea la que rodó con mayor presupuesto y más medios a su disposición. Y aunque de ritmo la narración no anda del todo mal, si que suelta cierto tufillo televisivo a lo folletín,  a lo “Cañas y Barro” que dudo, como espectador, si es más el producto de esa época, 1978, o de un mal manejo del los elementos cinematográficos a su disposición. Como fuere, una vez superados los altibajos, algunas momentos torpes y las interpretaciones planas, pues si tenemos el día tonto, hasta la vemos entera.
Protagonizada por Santiago Ramos de jovencito, que como siempre ha sido un actor tan malo –tan malo que es bueno, por otro lado- al carecer de sonido directo, a la hora de doblar el film, se opta porque le ponga voz un actor de doblaje profesional. Esto no se si es por cosas de minuta, agenda laboral, o calidad actoral de Ramos (yo prefiero pensar que esto último), pero a estas alturas, que Ramos es tan popular y su manera de vocalizar y pronunciar tan reconocible, chirría bastante, lo que provoca cierta hilaridad, porque si por norma general, uno se cree poco los papeles de Santiago Ramos, imagínense sabiendo que está doblado. Junto a él, en el reparto tenemos a actores de toda la vida como ¡Alfredo Mayo!, Ramiro Oliveros o Max H.Boulois, alias Max. B (“Cazar al Negro”).
Fueron a verla a los cines en su momento, poco menos d 120.000 espectadores, siendo una película que ha posteriori ha tenido muy mala distribución en vídeo y televisión, convirtiendose en un incunable hasta que hace bastante poco, 8 Madrid tuvo a bien emitir una copia impecable de la misma.
Para ver y olvidar, sin más.

lunes, 13 de septiembre de 2021

CHICANO

El boxeador Dum Dum Pacheco, olvidado del imaginario popular básicamente desde que dejó de boxear, está viviendo en estos momentos un revival por parte de gente que quizás se acerca a él en pleno siglo XXI  por una cuestión de extraño esnobismo, gracias a la publicación de una serie de libros de corte “cool” que, a parte de para satisfacer al lector —puesto que sin duda son todos ellos libros interesantes— , sirven para que sus autores peleen entre sí  en las redes sociales y ver cuál de sus libros es mejor o más genuino. Y a partir de ahí, el boca a boca natural en redes traduce este eco en una serie de fuegos de artificio que durarán a penas unos meses para que, luego, Dum Dum Pacheco, vuelva a ser el personaje oscuro y olvidado que era hace unos años.
La única verdad es que todos esos libros son complementarios, y supongo que si alguien siente verdadero interés por el apodado “El puño del tercio”,  deglutirá todas esas publicaciones sin importar quien tuvo la idea primero o cuál de los autores es mejor. Pero, por lo que a mí respecta, mi interés se vuelca inicialmente en la autobiografía de Dum Dum, “Mear Sangre”, no por quién lo haya editado, sino porque, sencillamente, porque es un libro que lleva 40 años escrito y el autor es el propio Dum Dum. Todo lo demás es una guerra de egos mal gestionados en redes sociales, que, sin duda, vista desde fuera es mucho más entretenida que la película de la que vengo a hablarles tras el inciso, del mismo modo que lo era ver "El gran circo de Televisión Española" después de la merienda.
No es que sienta un especial interés por Dum Dum Pacheco; Mi interés por él se reduce al par de películas en las que participó, motivo este por el que no me es una cara desconocida, pero, como boxeador, como personaje marginal que consiguió la suficiente popularidad como para que el mundo del cine se fijara en él —y al margen de sus celebradas colaboraciones con Mariano Ozores y Manuel Summers—, como estudioso de las cinematografías exóticas (y marginales, y de derribo, y raras, y misteriosas, y desperadas), Pacheco me puede llegar a causar el interés suficiente como para ponerme a leer alguno de los libros sobre su figura y ver alguna de las películas en las que intervino —de las que apenas se habla en ninguna parte en general—. Un interés similar al que me puede suscitare ver las películas porno de La Veneno, o ver “Un genio en apuros”. Porque es algo inusual y marciano. Así, me pongo la película en la que el boxeador estuvo más involucrado.
“Chicano”, dirigida por el inefable José Truchado gracias a la pequeña inyección que aportó el propio boxeador en calidad de productor, es un tardío chorizo western rodado con lo puesto mas cinco o seis actores (y actrices) como todo reparto, cuya incompetencia solo serán capaces de calibrar aquellos que hayan visto alguna película del director con anterioridad. Se trata de la nada más absoluta.  Y uno ya tiene las retinas desgastadas de ver basura; “Chicano”, tras su soso visionado, me ha dejado impávido. Tan solo es una película mal ambientada en el Oeste, mal rodada, mal montada, mal interpretada y mal contada. Una sucesión de escenas de gente hablando, a veces montando a caballo, a veces incluso peleando y usando una técnica que recuerda vagamente a las artes marciales. Carece de humor, voluntario e involuntario,  y no nos entretenemos ni un segundo de la hora y diez escasa que dura.  Tan solo comprendemos que pasa en el encuadre cuando, tras finalizar el visionado, consultamos la sinopsis en internet. Normal, entonces, que esta película sea tan ignota. Lo único bueno que se puede decir de ella, es que es una genuina película mala, de las que duelen.
La cosa va de un matrimonio que, al llegar a un pueblo, es víctima de unos bandoleros que, en un atraco al banco, asesinan a la mujer. Por supuesto, su marido, se tomará la justicia por su mano yendo a por los tres o cuatros bandoleros que han matado a su esposa, siendo un tal Anderson (Dum Dum) el más fiero y duro de pelar de todos ellos.
El morbo de la película radica, naturalmente, en ver a Dum Dum Pacheco actuando.
Es una lástima  la poca información  que hay acerca de esta película, porque me gustaría saber por qué el boxeador mira a un punto fijo cada vez que tiene que decir diálogos (¿Estará leyendo algún tipo de cartel?) o como de hábil era recitándolos, porque lo cierto es que, al igual que el resto del reparto, la voz de Pacheco está doblada por un actor  de doblaje profesional y no le escuchamos a él. Más allá de eso, la película no tiene nada.
A su lado, en pantalla, no se lo pierdan, tenemos nada menos que a otro icono del cine mierdoso nacional, el incombustible Max-B aka Max H. Boulois, protagonista de clásicos de la inmundicia como “Cazar al negro” u “Otelo, Comando negro” que, si bien su presencia es siempre un aval para disfrutar de una película, aquí está tan soso que nos da exactamente lo mismo. También tenemos a Guillermo Antón firmando aquí su intervención con el pseudónimo de ¡Williams Anthony!, supongo que en un afán de exportar la cinta internacionalmente y que no se viera tan claro que esto era un chorizo. A Guillermo le vimos también en “Los nuevos extraterrestres” donde firmaba como William Anton, en “Al Este del Oeste” con Fernando Esteso o en “Policía” junto a Emilio Aragón. Puede que “Chicano” sea la película donde este tenga más presencia. El resto del reparto, a bote pronto, carece de interés y, la verdad, poco más puedo decirles de una película que, si no existiera, tampoco pasaría nada. Ni tan siquiera se puede permitir el lujo de denominarse “joya del trash español”,  porque no llega.
Eso sí, Dum Dum Pacheco, está muy fuerte y lozano.
El film estuvo en salas cinematográficas, por supuesto, e incluso llegó a congregar a 36.000 espectadores. Una minucia para el año en que se estrenó, 1980, pero a día de hoy, esa cifra sería considerada casi un éxito.
Para antropólogos cinematográficos. Aunque desde aquí les recomiendo que, en lugar de ver la película, se lean cualquiera de esos libros que se centran en su figura; seguro que son infinitamente mejores.

viernes, 10 de abril de 2020

VAYA LUNA DE MIEL

La cosa está en que son muchos los títulos que, por inacabados, o por perdidos, permanecen inéditos para el público en lo que es la filmografía completa de Jess Franco. Y de repente, a primeros del año pasado, aparecen unas latas en los archivos de la filmoteca española que contienen integra, montada y sonorizada la película “El Escarabajo de Oro”, basada libremente en un relato de Edgar Allan Poe. Casi por casualidad se descubren estas latas y, tras revisar el primer rollo, el de créditos, se descubre que se trata de la película perdida de Franco, solo que se ve que a última hora, la producción decidió cambiarle el título de marras por el de “Vaya luna de miel”, quizás más acorde al material rodado por su definitivo tono cómico, y que es el que reza en los créditos. Pero efectivamente, se trata de “El escarabajo de oro”.
Lógicamente, este descubrimiento se vuelve un acontecimiento para los francófilos y la película se estrena en Febrero de 2019, con todos los honores, como uno más de los actos de celebración de los 30 años en activo del madrileño cine Doré como sede de la filmoteca Española. Y poco después de un año, y coincidiendo con el estado de alarma por coronavirus que ha dejado a la mitad de los españoles confinados en sus hogares, la filmoteca pone en su canal de Vimeo la película para su visionado gratuito, de manera temporal, para deleite de propios y extraños.
El caso es que cuando se encontró la película esta estaba en perfecto estado, y aunque se desconocen los motivos de porqué permaneció oculta todo este tiempo, se especula que el laboratorio donde se reveló el negativo, Fotofilm, secuestró la película por impago de facturas por parte de Franco y sus productores. Todo esto no deja de ser más que una especulación, máxime, cuando se encuentra también un documento que prueba su envío para exhibición a un cine de Barcelona. Sin embargo, no se encuentra ni una sola prueba de que “Vaya luna de miel” llegara a estrenarse.
Como fuera, el privilegio de poder verla ya pasó a mejor vida en el momento en que se compartió en Internet y cientos de usuarios tiraron de páginas de descargas de vídeo para quedarse con su copia personal de la película.
Al margen de esta historia, lo cierto es que “Vaya luna de miel” no ofrece nada excepcional. Se trata de una de las primeras películas de la etapa ochentera de Franco, etapa esta durante la cual rodó mil locuras y se rodeó de un equipo de habituales compuesto de Lina Romay, Antonio Mayans y otros tantos, y durante la cual se desata el Franco más loco y guerrillero. Así, tenemos a una mujer que, tras un seguimiento, selecciona al muchacho más rico de los que se encuentra en la playa y le seduce con malas artes. Se casan, y se van de vacaciones a Bananas —exótico lugar que se soluciona aquí, poco menos que filmando una costrosa feria o parque de atracciones de Alicante—. Allí, y debido a un equívoco, el muchacho es confundido con un tal Simón con el que comparte nombre, y en un enredo de padre y muy señor mío (para los protagonistas y para el espectador) se meten en una trifulca de mafiosos, tesoros, y un escarabajo de oro, en una comedieta medio slapstick, medio de aventuras, que se convirtió en todo un antecedente accidental de cintas de aventuras románticas al estilo de “Tras el corazón verde”, eso sí, rodada con el presupuesto que tuvo Michael Douglas para tinte del pelo en aquella película.
Se trata de un título muy del montón en la filmografía de Jess Franco, en el sentido que, ni es de las malas, malas (lo cual siempre sería un motivo de festejo), ni es de las buenas (lo cual también merecería ser festejado), si no todo lo contrario. Es una “de las otras” que diría Franco, de aquellas que poseen planteamiento, nudo y desenlace  y que por ser más convencionales, resultan a todas luces mediocres.
La comedia funciona cuando es involuntaria (porque cuando es voluntaria da vergüenza ajena) y, en general, tampoco es especialmente aburrida, pero, desde luego, es uno de los títulos más insípidos de cuantos rodó. Luego, escarabajos y joyas compradas en el chino, chinos interpretados por españoles sin apenas maquillaje, esqueletos de plástico y mucha cochambre, podredumbre y tercermundismo, aderezado por las carnes magras de una Lina Romay ya fondona, que se lo pasa teta rodando este tipo de películas.
 No posee nada especial, de no ser porque ha aparecido en sus latas cuarenta años después de ser rodada. Por lo demás, ni fu, ni fa.
Junto a Lina Romay en el reparto, tenemos a Max B. ("Cazar alnegro") doblado para la ocasión por, creo reconocer en la voz a Ricardo Palacios, Emilio Álvarez, que salía en “El fascista, la beata y su noviadesvirgada”, Antonio Mayans, o Susy Boulois (También presente en “Cazar al negro”).
Los completistas la agradecerán.

martes, 20 de diciembre de 2016

WYRMWOOD LA CARRETERA DE LOS MUERTOS

Si hace poco en nuestro maravilloso podcast he comentado la nueva hornada de películas que nos llega de Corea del sur, ahora me adentro en una producción de serie B que nos llega desde Australia. Como otras películas que llegan de aquel país y de su vecina Nueva Zelanda el género de terror y más concretamente el subgénero de zombies es el predilecto. Vale, si nos ponemos tiquismiquis, los zombies son muy socorridos en las producciones de serie B, o en esas operas primas de directorzuelos de cortometrajes (como es el caso) que piensan se van a comer el mundo con sus muertos vivientes y al final lo que se comen es una mierda bien grande. Esta Wyrmwood la carretera de los muertos se mueve entre dos agua, entre la de ligera chapuza hasta la producción más o menos digna y de la que no hay que avergonzarse de haber trabajado en ella.

Una lluvia de estrellas fugaces convierte a todos los humanos que no tengan el grupo sanguíneo A+ en muertos vivientes. No los convierte al instante, pero si respiran el aire sin mascaras antigás o algún tipo de filtro, en poco tiempo se convierten en bestias devoradores de carne humana. También hay otra peculiaridad de este fenómeno que convierte a la gente en zombies, los líquidos inflamables dejan de serlo, por lo que la gasolina pierde sus propiedades y los coches acaban siendo inútiles.
Estos zombies exhalan un humillo negro que si es inflamable, así como su sangre, por lo que el grupo de protagonistas, encabezado por un mecánico, preparan una camioneta 4x4 que funciona con sangre, o más bien con el aliento, de los zombies. Además estos zombies son de día torpones y lentos, pero de noche se vuelven más agresivos y rápidos, según los protagonistas porque utilizan el combustible de su aliento durante las noches. Pero rápidamente esta norma se la pasan un poco por el forro de los cojones cuando es de día y varios zombies corren que se las pelan.

Anda por ahí un grupo de paramilitares que van salvando personas, pero para luego entregárselas a un mad doctor que está haciendo experimentos con zombies y personas que no lo son.
Sobre la caracterización de los zombies, roza lo amateur con prótesis puestas por encima de la cara para hundir más los ojos y dar un aspecto más fiero, pero no hay nada destacable. En cuanto a los efectos especiales, la mayoría generados por ordenador cumplen, no son sonrojantes como una producción Asylum, lo que ya es de agradecer, pero tampoco son para echar cohetes. Y luego esta cuando atropellan a los zombies con los coches. Utilizan la solución más simple y cutre posible, solo vemos el interior del vehículo, y al moverse la cámara nos dan a entender que han atropellado a varios no muertos. Vamos que o el efecto no les había quedado bien o directamente se ahorraron grabar atropellos reales, porque para uno que hay se ve claramente el uso del ordenador, en este caso de una forma bastante chapucera.

La película tiene 3 localizaciones, una casa, un almacén/garaje y una carretera. El mayor porcentaje ocurre en esa carretera que está en medio de un bosque, de ahí la frase promocional de” Mad Max metes Dawn of the dead”, pero si les digo la verdad, ni una cosa ni la otra.

Y la peli va de eso, el prota que va a rescatar a su hermana que está siendo objeto de experimento por parte del mad doctor de turno, y ya. No da para mucho, y en imdb ya está indicado que se va hacer una segunda parte con los protagonistas que sobrevivieron en la primera parte. Probablemente la vea, o no, que se yo, si me vi hace poco una de zombies en la India, que era una mierda infumable, como no voy a ver esta otra mierda.

viernes, 1 de junio de 2012

AQUELLAS CARATULAS MARAVILLOSAS (18): YO A ESTE MOZO LO HABÍA VISTO ANTES...

El mundo del estafismo caratulil está repleto de jugarretas desconcertantes que, vistas hoy, resultan genuinamente divertidas. Una de las muchas consistía en agenciarse imágenes pertenecientes a otras películas o a los carteles de las mismas. Nunca sabremos si por desidia o por engañar. Quiero decir que, en muchas ocasiones, estaba el truco tan mal parido, que tras ello solo podía haber falta de imaginación... porque en algunos casos el material expoliado era tan poco conocido como el propio film que pretendían vendernos en su nombre.
Ya hemos visto varios ejemplos a lo largo de esta serie dedicada al maravilloso mundo de la caratula video-clubera, pero hoy he reunido un par de ejemplos que me parecen especialmente ridículos y divertidos. Veámoslos...



"Donde el mundo acaba" es el título patrio de "Latitude Zero", producción originalmente Japonesa de la mismísima Toho y dirigida por  el mismísimo Ishirô Honda... vamos, los culpables de la existencia de "Godzilla". En este caso la cosa no iba de monstruos destruyendo maquetas (aunque haberlas, haylas), sino mas bien de una aventura submarina protagonizada en plan de luxe por actores yankees ya en las últimas, como Joseph Cotten, Richard Jaeckel y Cesar Romero. Hay una ciudad sumergida, y submarinos, y naves... pero lo que no hay son dos protas adolescentes a lo Spielberg, ni un tío cachas armado en plan Doc savage y, mucho menos, un cyborg que dispara rayos por la mano. Evidentemente estos elementos tenían la ingenua función de despistar/atraer a posibles plateas inocentes, especialmente juveniles, a base de hacer pasar un añejo film de aventuras del año 1969 por una super-peli de ciencia ficción de los 80.
Para mayor escarnio, y haciendo un leve esfuerzo, descubrimos que el cyborg del cartel de "Donde el mundo acaba" guarda un muy muy sospechoso parecido con otro cyborg, en este caso el que aparece en el film de Charles Band "Metalstorm", o el intento por parte del futuro mecenas de la serie B por currarse su propio "Mad Max 2" (¡y en 3D!). Vean la imagen que sigue a este texto para una mejor comparativa.
Lo curioso del caso es que ambos films intentan parecer algo que no son, lo que no deja de resultar incluso simpático.





"Cyborg 2087" tiene una trama que siempre ha llamado mi atención. En un futuro algo pesimista, unos tiparracos mandan a un cyborg al pasado con la misión de efectuar un cambio que altere su presente, sin saber que el viaje no lo hará solo, junto a él irán otros tios cuyo fin es evitar que lleve su plan acabo. Bien, leído así pensaréis: "Buah! otra copia de "Terminator"!". Tal vez, el problema es que el famoso y estupendo film de James Cameron fue rodado el año 1984, mientras que "Cyborg 2087" está fechada en 1966. Hummm, tal vez su director, Franklin Adreon, vio "Terminator" y viajó atrás en el tiempo para rodar él su versión y ponerse la medalla antes... ¿quién sabe? (también podríamos pensar que "Cyborg 2087" copió los capítulos de "The Outer limits" escritos por Harlan Ellison en 1964 que también copió James Cameron, aunque guarda algunas leves diferencias. Probablemente el director de "Tontanic" plagió de todas ellas, la serie y la peli juntas, ¡ea!).
Justamente, nunca alquilé "Cyborg 2087" porque sabía que se trataba de un film "sesentero", y no soy demasiado amigo de las pelis añejas, salvo honorosas excepciones como "El tiempo en sus manos" y alguna otra. Y vivo muy tranquilo sin haberla visto, aunque en realidad no estamos aquí para hablar del parecido argumental entre esta y la peli de Cameron. Hemos venido a hablar de la caratula con la que el film de Adreon llegó a nuestros video-clubs.
Si miramos atentamente su reparto, descubrimos a actores como Michael Rennie, Karen Steele o Wendell Corey... pero ¿¿y Lee Marvin??, ¿dónde está?. ¿Lee Marvin, por qué?. Hombre, si hacemos caso a la caratula española de "Cyborg 2087", veremos que en esta aparece Marvin luciendo una metralleta... y un mostacho que, por mucho que lo pretendan, no logra despistarnos.
Naturalmente la gracia reside en que esa icónica imagen pertenece a "Carne Viva" o "Prime Cut", estupendo thriller setentero donde Marvin compartía estrellato con otro gigante, Gene Hackman. Tan representativa es, que fue utilizada por la revista "Cinema Retro" para anunciar una entrevista no publicada con el actor.


¡Y cómo me gusta a mi escribir sobre estas trifulcas!.

lunes, 15 de septiembre de 2014

LA MALDICIÓN DEL CUARENTA Y NUEVE

Tal y como va la cosa con el cine, se tiende a reivindicar los ochenta como la era dorada del video club. Sin embargo, con el DVD ya instaurado en nuestros hogares, nadie se acuerda de una segunda era dorara, relativamente reciente. Hoy un video club, es un capricho que se permite alguien cuya economía está saneada, un local casi excéntrico que no le reporta beneficios. Pero recién salido el DVD, los videoclubs fueron, al menos durante unos años, un negocio. Y eso generaba mercado.
Es por eso que a principios de la década pasada, con el nuevo sistema domestico para ver cine, pasó un poco lo que en los años ochenta. Aparecieron de debajo de las piedras montones de pequeñas distribuidoras que traían a los estantes, sus “Direct to vídeo”. De 2000 a 2009, más o menos, salieron al mercado montones de títulos destinados al ámbito del DVD, en su mayoría de terror. Pequeñas ponzoñas que hacían la visita al videoclub, sin duda, más deliciosa. Productoras como la “Nu Image” salen de este segundo boom del vídeo club, al igual que sellos ya desaparecidos como “Luna Nueva” o “Big Time” o… que se yo. Localizar estos DVDs a día de hoy en tiendas de segunda mano o en rastrillos, es un autentico placer para mí, porque bien es cierto que conseguir cualquier joya del VHS ochentero es relativamente fácil en Internet, debido a la nostalgia, el coleccionismo, e incluso, el esnobismo hay cientos de usuarios montando y ripeando esos títulos. En cambio, estos de la década de dos mil, si, se pueden encontrar en la red, pero por norma general, con más dificultad.
Esta introducción viene a cuento por que la película que paso a reseñarles (y la película, quizás, sea lo de menos) pertenece a los años de ese segundo boom, y está concebida como película para ser alquilada en aquellos casi extintos recintos, además de haberla adquirido recientemente y a un precio de risa en un rastrillo.
Se trata de un “Slasher” línea sobre natural –es decir que mantiene la estructura del “Slasher”, pero el asesino, al igual que Freddy Kruegger, no es un señor con máscara, sino un ente sobrenatural-  dirigido por un pequeño artesano de los efectos especiales que en este blog nos cae muy bien y que responde al  nombre de John Carl Buechler, creador de los “Ghoulies” y director de cosas como “Troll”, “Cellar Dweller” o “Viernes 13 Part. VII”, entre otras tantas.
La película en realidad es bastante malilla. Y es que como director, aún con la simpatía que despierta, el señor Buechler anda un poco justo.
Un grupo de parejas se reúnen en  unas desérticas colinas, con el fin de ir a buscar una mina de oro que, según las leyendas locales,  está escondida por esa zona.  Esto hace que despierten a un viejo espíritu del salvaje oeste, un minero que en su momento hizo un pacto con el diablo y que lanzó una maldición en la que, cualquiera que intentara llevarse su oro, sería castigado. Así que aparece para cargárselos de formas variopintas, aunque no por ello originales.
A un nivel global, cuando yo me pongo un “Slasher” videoclubero, se a lo que me expongo. Por eso soy permisivo con ellos. Esto es; todos los putos tópicos, largas y eternas conversaciones, tempos muertos, aburrimiento por doquier, todo ello salvable única y exclusivamente, por las cantidades de sangre que tengan los asesinatos.  Entonces, “La maldición del cuarenta y nueve”, tiene todo eso, pero además, los asesinatos son sosos, el asesino no tiene ningún carisma, ni es aterrador, ni hay excesiva sangre. Además cuesta horrores llegar al final, pero ¡Cojones! Me cae simpático el producto en su mera existencia.
Para rematar el nivel de “malísmo” de la película diré, que la mayoría  de esta transcurre de día (y no paran de hablar) y la ambientación es tan nula, que vemos el rostro del asesino todo el tiempo ¡Por el amor de dios, Jonh Carl, quita un par de foquitos, pídele al director de fotografía que ilumine menos el rostro… que se yo!
Pero, como ya les digo, al tratarse de un “Slasher” videoclubero comprendido en esta época, me cae simpatiquísimo, lo reivindico y me lo zampo entero con una sonrisa en la cara.
En cuanto al reparto, junto a los cuatro protagonistas puestos ahí para que “El del cuarenta y nueve” se los cargue, y esto dota a la película de mayor simpatía si cabe, tenemos un buen puñado de rostros conocidos del cine de género y de serie B americano, haciendo papeles secundarios, pero que son el guiño que Buechler lanza al aficionado que va a alquilar la película. Así, van circulando por la pantalla los rostros de Karen Black ( vista en  “Easy Rider”, “Aeropuerto 75”, “Pesadilla diabólica” o “Invasores de Marte), John Phillip Law ( “El viaje fantástico de Simbád”, “Noche en el tren del terror” o “Thunder III”), el fetiche de Rob Zombie, Richard Lynch (“Cromwell, rey de los bárbaros”, “Invasión U.S.A.” o “La venganza de los muñecos 2 –Puppet Master III”), Michael Kove (“Karate Kid”, “Rambo” o “Justicia Final”) o, interpretando al viejo minero fantásma, Vernon Wells (“Fortaleza infernal”, “Mad Max 2” o “El Chip prodigioso”). Ahí es nada.
Así que, tanto como recomendarla no, pero si decirles que le echen un vistacillos. John Carl Buechler, del que si me pongo aquí a citar las películas para las que ha hecho maquillajes o efectos especiales no termino nunca, siempre es una garantía de algo… No sabemos si bueno o malo, pero algo, eso seguro.

sábado, 23 de septiembre de 2023

EL JUEGO DE LA MUERTE / DEPORTE MORTAL

Cuando Roger Corman requería de nuevos cachorros a los que explotar en sus rodajes, con la excusa de una primera oportunidad laboral, corría a las aulas universitarias en busca de hambrientos estudiantes de cine. Rara vez confió un curre, especialmente la dirección de un largometraje, a un creador puramente autodidacta. O surgido de movimientos contra-culturales (por mucho que el cineasta se subió al carro de estos cuando el mercado lo demandaba, claro). Es lógico, Corman siempre ha sido un tipo bastante conservador, por lo menos en lo creativo, y no querría fichar a peña dispuesta a salirse del camino recto (la única vez que dio una oportunidad a alguien surgido del underground, se decantó por el más moldeable, menos arriesgado y rompedor de todos, Curtis Harrington) Era su manera de asegurarse el tiro. De no liarse con gente problemática, rebotona y que gastase ínfulas autorales, especialmente porque solía confiarles trillados y despersonalizados productos de género destinados a contentar a toda suerte de audiencias, les gustara o no. Aunque a veces la fórmula fallaba.
Ahí tenemos el sonado caso de Nicholas Niciphor. Cuando Corman vio sus cortos universitarios, se enamoró de él y raudo lo puso a las riendas de "Deathsport", "El juego de la muerte" en España (conocida también como "Deporte Mortal"), una especie de secuela en espíritu de uno de sus mayores éxitos setenteros, "La carrera de la muerte del año 2000". De hecho, contaba con el mismo protagonista, David Carradine.
Sin embargo, el rodaje fue un desastre. Niciphor se veía incapaz de controlar nada, probablemente por la imposibilidad de conectar con lo que estaba contando. No tenía puesto el corazón en el proyecto, incluso tal vez lo detestara... a él y al género al que pertenecía. Se sabe que, antes de aceptarlo, nunca jamás había oído hablar de Roger Corman y desconocía lo que significaba el término "serie B". Todo su conocimiento se limitaba a David Lean y Akira Kurosawa, algo muy propio de un graduado de la Universidad de Califronia.
Sus peleas con el elenco principal eran tal que Carradine llegó romperle la napia de un certero piño (aunque hay quien lo desmiente). Tras 21 días de rodaje, una barbaridad para los estándares habituales de Corman, este echó al aspirante (al que ocultó en los créditos bajo seudónimo de Henry Suso) y puso a su pupilo Allan Arkush como cabeza de buque. Pero "Deathsport" ya estaba condenada, a lo que no ayudaban mucho los excesos porreros de David Carradine y los cocaino-alcohólicos de la actriz, Claudia Jennings, quien palmaría muy poco después en un accidente automovilístico. Y hablando de accidentes, de estos hubo unos cuantos durante la confección de la película. Si la consumen atentos, serán testigos del más impactante, cuando un doble en llamas cruza demasiado cerca de otro figurante y, básicamente, le prende fuego. Este corre como un loco, se tumba frente a la cámara y llegamos a ver el humo del extintor entrar en el cuadro antes del corte. Jevi, jevi.
La cosa va de un futuro pos-nuclear. Los villanos de turno quieren entrar en guerra con la ciudad vecina, para lo que inventan unas "máquinas de la muerte" que no son más que jodidas motos mal tuneadas. La idea es convencer a la atontada plebe de su eficacia, así que se sacan de la manga unos juegos en los que se caza a "criminales" condenados. 
Pa  la ocasión, se han agenciado como presas a dos guerreros místicos que, claro está, les harán la puñeta. Escaparán pero serán perseguidos, en una carrera que no termina nunca y con la que acabas hasta el gorro de ver motos subir y bajar colinas.
Teniendo en cuenta que el mega-hit "La guerra de las galaxias" lo había petado apenas un par de años antes, Corman quiso incorporar pequeñas cositas de este a su "Deathsport" (fechada en 1979), tanto ideas (la fuerza mística de la que se valen los guerreros), como estéticas (esas ropas blancas, esas espadas que, a falta de ser láser, son como de cristal) y sonoras (literalmente llegamos a oír la respiración de Darth Vader y los zumbidos de algunos cazas intergalácticos) Y el resultado pues.... bueno, es lo que es. Una cosilla muy cutrona, como muy dejada, en la que a ratos asoma la risa involuntaria y cierto tedio, pero tampoco nos induce al suicidio. Con un poco de paciencia, se deja ver y hasta resulta medianamente entrañable. En el momento de su estreno fue un batacazo tremendo y nunca pudo dar pie a la continuación que Roger Corman tenía en mente. Casi mejor. Aquello no lo iban a salvar ni Arkush (que se avergüenza de ella) ni un milagro.
Al villano le pone -quemado- rostro nuestro querido Richard Lynch. Una jovencísima Linnea Quigley corretea por ahí -no acreditadamente- haciendo de cortesana. El todoterreno Gary Graver se encarga de la fotografía. Y nada menos que Jerry Garcia de "The Grateful Dead" colabora en la banda sonora, gracias a la conexión de Allan Arkush con la música rock. Sin embargo, según he leído, su trabajo queda diluido entre sintetizadores.
En cuanto al patata de Nicholas Niciphor, lo intentó de nuevo poco después con una comedia ("Adiós mundo loco"), pero fue sustituido a medio rodaje, ¡¡gafe!!. No volvió a probar suerte como director nunca más, centrando el resto de su carrera en escribir guiones (
entre los más curiosos el "Tusk" de Alejandro Jodorowsky) muchos de ellos destinados al mercado Germano. Supongo que ya no le querían en suelo norteamericano y tuvo que buscarse alternativas... algo así como Brian Yuzna... ¡chas-pun!

A continuación, les dejo la caratula del VHS editado por Icaro. Obviamente, los dos barandas motorizados que posan al pie NO aparecen en la película (deben pertenecer a alguno de los muchísimos seudo-exploits de "Mad Max 2" paridos en Italia o Filipinas) Y, si se fijan, casi se diría que a la hora de escribir el apellido Carradine, han cambiado la C por una G, lo que nos trae a la memoria aquel célebre sketch de "Martes y 13" donde rebautizaban al actor como Guarradine. Probablemente solo sea un efecto visual... ¿o no?