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sábado, 25 de noviembre de 2023

LIGHT BLAST

La primera vez que consumí esta película, hace tres décadas y pico (viene fechada en el sagrado año de 1985), me llevé una impresión positiva. La encontré sorprendentemente entretenida. Eso hace incomprensible que, ante semejante reacción, no la copiara de vídeo a vídeo para incluirla en mi colección. O, al menos, la alquilara una segunda vez. Llevaba sin verla desde entonces, así que "algo malo" tenía que haber ahí. Era ya momento de echar luz al misterio.
Un científico tarado y resentido amenaza a la ciudad de San Francisco con destruirla si no le dan un montón de dineros. ¿Cómo? pues usando un láser potentísimo que hace explotar relojes y derrite objetos -y personas- como si fueran mantequilla al sol. El típico policía socarrón y echao palante será el que se ponga con el caso, investigue, mate a unos cuantos y salve la papeleta.
Pues sí, enigma resuelto: No me la copié en su día, y no volví a alquilarla, porque "Light Blast" es un rollo. ¿Entonces, a que vino esa sensación de positividad? Seguramente gracias a las escenas de efectos especiales, tan cutres como encantadoras. Concretamente, las de peña derritiéndose tienen toda la pinta de intentar recrear, a lo chusco, el final de Ronald Lacey en "En busca del arca perdida". Un poco lo que en su día hizo Luigi Cozzi con "Contaminación: Alien invade la tierra" respecto al pecho estallando de "Alien, el 8º pasajero" . Pillo el elemento más shock del film de éxito y, como buen exploiter, lo replico tropecientas veces a lo largo de la película. Teoría que no es de sorprender teniendo en cuenta que tras "Light Blast" se oculta otro clásico del subproducto italiano, Enzo G. Castellari. Incluso esta vez se curra el guion a pachas con un tío de extrañísimo y sospechoso nombre... ¿Titus Carpenter? ¿En serio? (obviamente, en realidad se trata del italiano Tito Carpi, con un extensísimo CV de películas de acción, erotismo, comedias y demás, entre ellas varias del mismo Castellari)
Y, claro, si le quitas los momentos de mayor enjundia truculenta a "Light Blast", lo que queda es... bfffff... muuuuchas escenas de transición que no aportan nada, pesquisas detectivescas eventualmente coronadas por algo llamativo, pero demasiado poco. Pal caso, pues algunas explosiones, algunos "stunts" jodidos (de verdad, ¿qué loco se prestaría a escenas de ese porte en una de bajo presupuesto, especialmente confeccionada por fetuccinis?), violencia y sendas ideas graciosas, como esa tanatpractora que ahostia al prota y este, cuando se rebota, le importa un pimiento que sea una tipa -y guapa-, la machaca que da gusto y remata de un balazo. Al final, inevitable extensa persecución sobre ruedas por las calles de San Francisco. Y, by the way, que se sitúe ahí, la ciudad de "Harry Callahan", no es lo único que nos trae a la mente a tan magno personaje, la misma idea de un criminal amenazando a los capitostes de la ciudad o la del policía entregando el dinero en un maletín a base de recorrer la urbe, contribuyen a ello. Pero, por desgracia, eso no otorga más lustre al film de Castellari.
Protagoniza el sarao todo un rey del zetismo, Erik Estrada, quien, como muchos de su porte, vivió momentos de cierta gloria en los setenta/ochenta gracias a una serie de televisión ("CHIPs"), para terminar con los huesos en el cine de baja estofa, siguiendo a rajatabla las órdenes desordenadas de señores como Andy Sidaris, Gene Quintano, Joseph Merhi o el inevitable Fred Olen Ray, además de mucha caja tonta, el medio donde mejor se manejaba.
En España "Light Blast" fue distribuida por "Dister" tirando de una maravillosa ilustración del gran E.Sciotti y otro detalle muy de la época: por aquello de ocultar el origen italiano del dire, quitan lo de Enzo G. y se quedan con E.Castellari, que suena menos flagrante.

viernes, 14 de mayo de 2021

APRENDIZ DE VAMPIRO

“Teen Wolf” era una pequeña —y efectiva— película de serie B que logró trascender más allá de los circuitos marginales, primero, porque el protagonista era un Michael J. Fox a punto de convertirse en mega estrella mundial gracias a “Regreso al futuro” (lo que benefició a esta) y, segundo, porque la película no estaba nada mal. Por otro lado, se trataba de un pequeño homenaje postmoderno a aquellos títulos de serie B de los años 50 en los que los adolescentes se convertían en alguna suerte de monstruo. Las más populares, “I was a teenage Werewolf”, “How to make a Monster” o “Yo fui un Frankenstein adolescente”.
Por supuesto, y en esa línea, a “Teen Wolf” le comenzarían a salir, sobre todo para ser explotados en videoclubes, sus oportunos expolios e imitaciones que cambiando el monstruo por aquello de abaratar costes según qué producción, pasaban a la posteridad con más pena que gloria, siendo estas películas, quizás, los últimos ramalazos de una "serie B/Z" genuina que no volvería nunca más —si acaso, impostada durante las dos últimas décadas—. De este modo (y en la rama vampírica del asunto), a títulos como “Yo compré una moto vampiro”, “Cazador de Vampiros”o “El Vampiro adolescente” se le suma esta “Aprendiz de Vampiro” cuyo título americano, “Teen Vamp”, ratifica todo esto que les digo.
Se trata de una producción verdaderamente cochambrosa rodada en 16 mm. por un tal Samuel Bradford. Bradford, tan solo  dirigió en su carrera esta película para, después, ser uno de los guionistas de la segunda parte (algo bastarda) de una vieja película de perritos titulada “Fieles hasta la muerte”, y desaparecer del mundo del cine sin dejar rastro. Sin embargo, en su película “Aprendiz de Vampiro” ya demostraba tener un ego  desmesurado plasmando su labor como director con su propia rúbrica superpuesta en los créditos, como si se tratara del mismísimo Samuel Goldwing…algunos empiezan la casa por el techo. Porque además la película es lo más insípido que hay.
Cuenta la historia de un  adolescente de aspecto bastante desagradable que tras una serie de fracasos amorosos, decide contratar los servicios de una prostituta. Esta puta resulta ser una vampiro que le muerde, por lo que nuestro protagonista se convertirá en uno de ellos y utilizará sus nuevas cualidades para medrar y ligar con las chicas. De este modo, se sucederán  las —supuestamente— disparatadas situaciones cómicas que propiciarán que el vampiro adolescente acabe mordiendo a unos cuantos en su camino, cuando no, pasarlas canutas en momentos en los que las chicas le piden expresamente ser mordidas.
Una tontería sin mayor importancia cuyos atisbos terroríficos no funcionan del mismo modo que tampoco lo hacen los cómicos (a no ser, los dos o tres momentos en los que toda comedia presente es involuntaria y, dentro de los cuales, resulta hilarante el encontronazo de nuestro protagonista, ya convertido en vampiro, con un negro…). Estéticamente, puede resultar curiosa, máxime cuando el grano del 16 mm, su crudeza, lo cutre de algunos encuadres sumado a la ambientación en los años 50, además de la selección de canciones utilizadas para ilustrar todo eso, recuerdan ligeramente al John Waters de la primera etapa, más concretamente al de “Cosa de hembras”, pero mucho me temo que este posible parecido, más que deudor o con afán de homenaje, se antoja puramente casual y todos los parecidos con la obra de Waters no son más que pura coincidencia. Una vez sabido esto, todo lo demás en la película, como les digo, no tiene la más mínima importancia.
Dentro del desangelado reparto compuesto en su mayoría de actores de tercera y aficionados, contamos con la presencia asimismo desangelada de un Clu Gulager que tras aparecer en “El regreso de los muertos vivientes”, acepta papeles en tanta "serie B" como le ofrecen, siendo esta intervención como el reverendo, una de las más tristes de cuantas hizo.
En “Aprendiz de Vampiro”, la estética, el 16 mm y el rollete amateuroide que se gasta mola bastante… pero es que, todo lo demás, es una verdadera mierda.
La película fue distribuida en nuestro país en formato alquiler por la Dister. Y no debieron poner en circulación demasiadas copias, porque no era una de las películas más habituales en las estanterías.

sábado, 24 de abril de 2021

STEPHEN KING, PESADILLAS NOCTURNAS

En una ocasión leí que cuando un estudiante de cine se aproximaba a Stephen King para pedirle los derechos de adaptación de alguno de sus relatos, este únicamente le exigía un dólar a cambio. Y eso es lo que, supongo, debieron pagar los tres directores de los tres cortometrajes que conforman esta película que a España llegó vídeo mediante cortesía de "Dister". Como suele ser habitual, la alquilé en su momento y me aburrió desesperadamente. Es por eso que, pasados unos años, decidí darle una segunda oportunidad, ya consciente de que los relatos eran cortometrajes hechos por estudiantes y, consecuentemente, iban a ser un coñazo. Me costó un huevo conseguir una copia, hasta que ayer noche pude deglutirla, tras esnifar una enorme clencha de paciencia.
El título original es "Nightshift Collection" (en referencia al libro de relatos de King "Nightshift" -en España conocido como "El umbral de la noche"-) y, por alguna razón que desconozco, en los USA únicamente cuenta con dos cortos, uno menos que la versión aquí reseñada.
La historia inicial es la mejor, la más popular porque supone uno de los primeros trabajos del posteriormente bien conocido y respetado Frank Darabont (que adaptaría con notable éxito comercial y artístico unos cuantos trabajos más del escritor) y, también, es la menos de terror. En realidad es un dramón en el que un abogado con la madre enferma de cáncer en el hospital, muriendo lentamente, se planeta la posibilidad de ahorrarle sufrimiento acabando con su vida. Está muy bien parida toda ella, los actores lo hacen estupendamente y, sí, es bastante deprimente, angustiosa y dura. Darabont, a diferencia del resto de directores de la compilación, apuesta por algo sencillo, sin complicaciones, sin estridencias, que es lo que suele dar mejores resultados (¡talento!). Lo único achacable es una escena de pesadilla que, pa mi, colaron ahí con el fin de justificar que era de terror, pero es del todo prescindible. No me sorprende que, de los tres directores, este fuese el único que logró hacer carrera. ¡AH! y en los títulos de crédito finales localizarán a David DeCoteau ejerciendo de currelas, un señor que ha estado en todos los fregaos.
Jeff Schiro también consiguió luego dirigir alguna cosilla, como un capítulo de la serie "Tales from the Darkside", pero la mayor parte de su filmografía la componen trabajos como montador. Su historia es la peor del pack. Va sobre un padre de familia que ve como sus hijos mueren por culpa de una presencia misteriosa que vive en el armario. El hombre se obsesiona con ella y grita y sobreactúa mucho. El final es en plan sorpresa, pero no funciona. Demasiado atolondrado y caótico todo. Técnicamente es más cruda que la de Darabont, pero eso a mi no me molesta. De hecho, me mola.
La que hace tres es regular. La historia no está mal, un thriller con un asesino psicópata al que persiguen la policía y una vidente. Entre medias, el tipo secuestra y mata a una niña pequeña. La trama básica de cine policíaco que, si se hace algo pesada, será por la falta de tablas de su responsable, Jim Greco, que luego hizo alguna cosilla más, pero nada destacable. Da la sensación que el proyecto le va demasiado grande. 
En resumen, no deja de ser una curiosidad tirando a aburridilla. Estrictamente para completistas del escritor y fans de Frank Darabont (si es que los hay). Como fricada comentar que en la caratula del vhs el apellido de este aparece mutado en DarEbont. Spain is different.

sábado, 3 de diciembre de 2016

CONDESA DRÁCULA

El propietario de un museo de cera instalado en Los Ángeles organiza una expo sobre Drácula, y lo hace a lo grande, agenciándose objetos importados desde Transilvania y que, se supone, fueron genuina propiedad del rey de los vampiros. Ese día recibe una caja de más, una bastante grande. ¿Y que contiene?, fácil: a la viuda de Drácula. Vanessa. Una chupasangre con mucha mala hostia que se encoñará de él y recorrerá las calles en busca de alimento. La novia de aquel y un detective que parece salido de una novela negra unirán fuerzas para detener al monstruo y recuperar al muchacho.
Cuando vi esta peli en su día, editada en vídeo por "Dister", me pareció un rollo macabeo. Pero desde hace un tiempo me hacía tilín revisarla, únicamente por su director, Christopher Coppola, sobrino de Francis Ford y medio hermano de Nicolas. ¿El motivo?, pues que el muchacho fue alumno del legendario George Kuchar en el San Francisco Art Institute y mantuvieron la amistad hasta el fallecimiento de este. Podemos ver a Christopher en algunos de los video-diarios de Kuchar, en el recomendable documental "It came from Kuchar" y, más curioso si cabe, entrevistando a su ex-profe para las páginas de la revista "Fangoria". Fue ahí cuando Coppola explicó que durante el rodaje de "Condesa Drácula", que si en algo se destaca es en su estilizada utilización de iluminación a base de colores primarios, puso en práctica algunos de los trucos caseros aprendidos bajo tutela Kuchariana ante los horrorizados ojos del resto del equipo técnico. El mismo George Kuchar comenta en la entrevista que le gusta "Condesa Drácula" por su aspecto de comic y por su "extraño look". Entonces Coppola añade: "El problema fue que a la gente no le pareció terrorífica".
Tal declaración nos pone a huevo el que, justamente, es el problema de la peli reseñada. No es ya que no dé miedo, es que resulta altamente sosa. Sí, muy estilizada. Molan los colorines y tal. Pero a veces lo es tanto que te da la sensación de que estás viendo algo estéril, un anuncio de colonia. Lo compensan leves arrebatos de gore "old school", efectos visuales zopencos (ese terrible croma con el murciélago volador) e ideas puntuales que funcionan, destacando la secuencia de la misa negra (el obligado momento "tetil" de la función, a falta de que la prota se quite la ropa, y no será porque no tuviese experiencia previa tal y como luego veremos) con la masacre de satanistas, y ese Helsing senil y exaltado tan gracioso, especialmente cuando entra en la morgue y comienza a clavar estacas a los cadáveres. Son destellos que no arreglan la peli en su totalidad, pero que la hacen un poco más soportable. Logramos llegar al final sin volvernos locos de aburrimiento, pero también sin la sensación de haberlo pasado demasiado bien. "Condesa Drácula" se queda en un "pasable, por los pelos".
En el apartado de curiosidades, podemos citar ese plano en el que nos muestran descaradamente una placa a nombre de Francis Ford Coppola en el asfalto del famoso paseo de la fama o el pequeño papel como policía que se marca George Stover, el mítico astro de la serie Z, musa eventual de John Waters y mano derecha de Don Dohler.
La protagonista, Doña Drácula, no es otra que Sylvia Kristel, la famosa "Emmanuelle" que entonces vivía el peor momento de su carrera. Imagino que no se sentiría muy feliz caracterizada con una peluca cutre y todo ese maquillaje, tal vez ello explique su interpretación tirando a poco entusiasta. La acompañan otro del clan Coppola, Marc. Josef Sommer, un secundario de esos que salen en mil películas. Y Lenny Von Dohlen, al que hemos visto en algunos productos clásicos de los ochenta como "Sueños Eléctricos".
En cuanto al amigo Christopher Coppola, pues seguidamente rodó su título más respetado (y con protagonismo de Nicolas Cage), "El riesgo del vértigo", para volver un poco a cierta oscuridad pariendo mucho cine de género segundón y algunos productos televisivos. Entre sus últimas obras tenemos una "comedia de horror" que no he visto pero tiene pinta de ser curiosa, "The creature of the Sunny Side Up trailer park". Su más reciente aportación es del 2015 y se titula "Sacred Blood".

domingo, 16 de septiembre de 2012

TERRORÍFICAMENTE MUERTOS

Los habituales de este blog ya deberían saber a pies juntillas la devoción que siento por "Posesión Infernal", que es mi peli favorita número uno, que es la absoluta mejor de la trilogía "Evil Dead", que patatín y patatán. En todas las conversaciones que tengo al respecto siempre tiendo a marcar la diferencia, porque es evidente que a nivel popular, la segunda parte es la que recibe más afecto. De  hecho, la mayoría de los seres humanos que hoy se acercan o comienzan la treintena, tienen "Terroríficamente muertos" como la peli de la saga que les hizo descrubrir muchos placeres y, ya de paso, a Sam Raimi. Vamos, que también es una cuestión generacional, porque los de mi quinta (cerca de la cuarentena) sentimos especial fijación por la primera. Resumiendo: Todo depende de cual viste en la tierna edad en la que todo esto del cine fantástico aún tenía el poder de impactarte y grabarse en tu cerebrito. Pero vamos, lo que vengo a decir es que, a pesar de mi opinión ultra-favorable con respecto a "Posesión Infernal", siento una gran gran estima por su segunda entrega, "Evil Dead 2: Dead by Dawn", título original. El español en su época nos parecía una birria, pero ahora, todos estos años después, resulta incluso simpático.
Y es que yo viví "muy de cerca" el nacimiento de esta película. Recuerdo perfectamente cuando, estando en octavo de E.G.B, y ya a punto de terminar el curso, hicimos el inevitable viaje de despedida. En la frontera Francesa, aprovechando un parón del autocar para estirar las piernas, entré en un quiosco y me di de bruces (campbells!) con la que entonces era mi revista favorita, "Mad Movies". No tardé ni un segundo en comprarla y devorarla el resto del trayecto. Y sí, fue en ese ejemplar donde vi las primeras imágenes de "Evil Dead 2". Por  entonces ya sabía de la existencia de "Posesión Infernal", probablemente la había visto y ya la amaba, por lo que la noticia supuso un cuantioso subidón de adrenalina que me alegró el resto del viaje. Todas las fotos se prometían estupendas. No deja de resultar curioso descubrir como, en esos tiempos, y en esas edades, todo es predisposición a disfrutar positivamente de las cosas. Finalmente la peli se estrenó en España, un poco de tapadillo (concretamente en la desaparecida sala "Waldorf") y corrí a verla el día de su estreno. No hace falta decir que disfruté como un chino, la adoré, la amé, y en cuanto "Dister" la sacó en VHS, la alquilé y la copié. Sin dudarlo. 
Con el remake de "Posesión Infernal" a punto de estreno, nos viene que ni pintado recordar el comentario habitual según el cual ese dichoso remake ya existe, y se titula "Terroríficamente muertos". Pues sí, no es una idea tan descabellada, aunque en realidad, el remake lo tienen en los primeros quince minutos, a partir de que la fuerza maligna agarra a Ash por el pescuezo y lo lanza contra un árbol, entramos en terreno de secuela pura. Vamos, que podríamos coger "Evil Dead 1" y "Evil Dead 2" y, con ayuda del Pinnacle, pegarlas previo recorte de materia sobrante y encajarían bastante bien. Y es que ¿¿cuánto más se puede sacar de una historia situada en una pequeña cabaña y con un único verdadero protagonista como héroe de la función??, no mucho. Aunque, por lo demás, y como bien saben, el tono de ambas pelis es casi casi opuesto. Lo que en "Posesión Infernal" es puro drama, sin pizca de humor consciente, con gente angustiada, seres queridos siendo poseídos y asesinados y una atmósfera lóbrega y realista dentro de lo que cabe (efecto del escaso presupuesto), en la secuela es desmadre, locura y cachondeo (aunque tampoco TANTO como se suele decir, eso déjenlo para la tercera), una auténtica montaña rusa repleta de monstruos imposibles y heroicidades de comic book. Es por todo eso que la segunda suele llevarse mayores simpatías, porque es más... eso, simpática, desenfadada, incluso inverosímil, lejos de la crudeza y el pesimismo de su primera parte. No olvidemos que el personaje de Bruce Campbell, Ash, cobra verdadera relevancia a partir de aquí. Es en "Evil Dead 2" donde se forja su imagen heróica de la sierra mecánica en el muñón, los caretos de dibujo animado y los chascarrillos. En la primera, moría al final. Es un dato que, obviamente, ha sido olvidado, pero pónganse en mi lugar... ver "Posesión Infernal" con trece tiernos años, y encontrarse que, después de tantas vicisitudes, su simpático protagonista fallece justo antes de los créditos pues, oiga, impacta, impacta mucho, y ayuda a forjar esa imagen aterradora y chocante que la peli arrastrará consigo el resto de tu vida. Y, obviamente, no hablemos ya del elemento "gore". En la primera teníamos un festival de las truculencias más descerebradas, en la segunda la cosa se controla... tanto, que no quedaba ni rastro de ello en la tercera.
Pero, ¡caray!, yo quería evitar una reseña basada en el inevitable efecto comparativo entre las dos, porque era de cajón por cual me decantaría, así que dejemos ese maldito juego aquí y hablemos de la peli.
Pues sí, chuminadas a un lado, "Terroríficamente muertos" se erige como un show altamente gozable. Y muy entretenido. Es una peli que pasa volando aunque un buen cacho de ella únicamente disponga de un actor. Claro que, menudo actor, no considero al amigo Campbell un intérprete demasiado talentoso, pero en ese registro, vamos, se lo come todo. Bruce Campbell ES "Evil Dead 2". Sin su presencia, sus muecas y su desmelene, no sería ni la mitad de divertida de lo que es. Porque no nos engañemos, la trama es ridículamente lineal y tontuna (bueno, como en la primera!), los efectos especiales bastante pobres (maquetones, muñecotes horribles, stop motion tirando a cafre...) y los diálogos chorras, repetitivos y totalmente de relleno, además, Raimi comete un error que no cometía en la primera (junto a Scott Spiegel en tareas de guión), alejarse demasiado de la cabaña, rompiendo de este modo la sensación de inquietante claustrofobia que sí tenía aquella (¡argh!, ¡ya estoy otra vez!). Es evidente que "Evil Dead 2" no es una peli perfecta y tiene más pifias por minuto que yo pelos en el culo, pero también que Raimi lo suple con unos cuantos buenos quilos de imaginación y, sobre todo, técnica. Imposible de olvidar el protagonismo de su cámara completamente alocada y que no cesa de correr y meterse por los recovecos más imposibles. De antología es la famosa persecución entre esta y Bruce Campbell. Y luego nada malo que decir de los delirios que sufre el protagonista cuando está solo: el cadáver bailarín, los objetos que se parten de risa, el reflejo traicionero, aspectos que rozan ya directamente el surrealismo, como esa inexplicable escena en la que el balancín se mueve a medida que Campbell aproxima su mano, o aquella otra en la que las fuerzas intentan entrar en la cabaña a base de rarísimos planos deformados y ruidos inexplicables. Tampoco es moco de pavo todo el asunto de la mano poseída, aunque quizás llegue al borde de cargar un poco las tintas. Y luego, claro está, la sierra mecánica (¿cómo sabe Ash dónde encontrarla, si no ha tenido tiempo de inspeccionar la cabaña?) y el fabuloso momento en el que despierta el super-héroe de tebeo que hay en él.

Sam Raimi, que se define a sí mismo "entertainer" antes que artista, se lo curra para no darnos respiro, para hacernos volar, vibrar y saltar sin descanso. A veces se le va un poco la pinza. A mi el final, con la aparición de ese monstruo-árbol, me parece un poco excesivo y verbenero, pero se perdona, se perdona porque en esencia "Terroríficamente muertos" es un gozoso divertimento de cabo a rabo listo para disfrutar con todo lo que conlleva, desde sus delirios visuales, pasando por los sustos (porque de miedo, poco) hasta las, ahora sí, evidentes gotas de humor. Y todo ello en el infalible entorno de un lúgubre bosque encantado y una aterradora cabaña de madera. No se puede pedir más, un clásico de nuestro tiempo que si no has visto, deberías ver YA o acabaremos vetando tu entrada en este blog.

viernes, 28 de marzo de 2008

MAXIMUM OVERDRIVE / LA REBELIÓN DE LAS MÁQUINAS

Recuerdo cuando las revistas especializadas en cine fantástico hablaban de "Maximum Overdrive" (uso el original porque el Español, "La rebelión de las máquinas" es, en comparación, mucho más soso) como el no va más de la temporada de estrenos que se avecinaba. Y es que no era para menos, el escritor Stephen King, padre de nosecuantos grandes títulos del horreur moderno, debutaba tras la cámara. Encima, las fotos que se veían eran de lo más jugosas, y prometían un festival de sangre y vísceras muy estimulante. Finalmente, todo acabó resultando una decepción tremebunda, la peli fue un fracaso de crítica y público y a estas tierras de lerdos llegó directamente en vídeo y, si no recuerdo mal, a través de la mítica "Dister", la misma que editó "Slugs, muerte viscosa".
Yo la alquilé en su día, pero a penas la recordaba... algo que en mi agenda es mala señal. Por eso, cuando la vi reposar en los estantes de casa de un amigo, en su edición digital (que por cierto, hace gala de los diseños de menús más horribles que se recuerdan), me entraron unas ganas irrefrenables de refrescar la memoria. Ahora puedo decir que tenía mucho sentido que mi cerebro se hubiera tomado la molestia de borrar todo recuerdo al respecto.
"Maximum Overdrive" cuenta la historia de cómo la cola de un cometa que pasa cerca de la tierra, dota de vida a todas las máquinas del mundo (desde un ventilador a un camión, que para algo tienen un papel protagonista) y estas deciden revelarse contra los seres humanos. Sobre tan básica premisa, Stephen King emula a John Carpenter (entonces aún en forma) metiendo a un grupo variopinto de personajes en un lugar cerrado del que intentan huir, pero no pueden, en este caso una estación de servicio.
Vale, hasta aquí bien. La lástima es que el film no necesitaba de mucho más para ser mejor, lo que pasa es que, claro, con el autor de "Carrie" dirigiendo, uno ponía (remarco que está escrito en pasado) las expectativas demasiado arriba. La falta de ritmo y, sobre todo, unos momentos de humor bastante anodinos y chorras (luego está el cachondeo involuntario, que lo hay), hacen cojear muy mucho al resultado. Encima, los personajes son bastante cutres, en especial ese Emilio Estévez como delincuente de buen corazón pero con carrera universitaria (¿que gilipollez es esa?, ¿acaso un no-universitario no puede ser valiente, inteligente y resolutivo?). Luego tenemos a la chica, de lo más sosilla y que mantiene un ridículo romance con el héroe de la función (de la actriz que le da vida, poco se volvió a saber). Y en general, sorprende que, a pesar de la delicada situación que viven y de haber presenciado el fenecimiento de seres queridos, los actores se pasan todo el metraje risueños y bromistas. De por medio, el propietario del antro resulta que tiene el sótano repleto de armas y las utiliza a intervalos, en lugar de acabar con la amenaza de un tirón (aparte de que disparar cohetes en una gasolinera no sea como muy seguro... digo yo). Cuando la peli está ya acabando y, más o menos, piensas que no está mal del todo (en especial la secuencia en la que los camiones forman una enorme cola para recibir su dosis de fuel), sale un texto que nos aclara que la culpa no era del cometa, sino de un ovni que chocó con un satélite Ruso y no se que polladas... ¿¿MANDE??, ¿y algo tan espectacular y determinante no lo hubieras podido mostrar, en lugar de perder el tiempo filmando a la panda de gilipollas escapando de los camiones?. En fin.
En otro aspecto que "Maximum Ovedrive" decepciona es en lo del gore y demás... las imágenes prometían mucha más chicha de la que finalmente hay, siendo esta bastante poco vistosa.
Un dato curioso: Metido en la producción está Milton Subotsky, co-fundador de la mítica compañía británica especializada en terrores “Amicus” y que desde ese momento, y hasta el día de su muerte, se dedicó a meter mano solo en adaptaciones de Stephen King para la gran y pequeña pantalla. Otro: Yeardley Smith, que interpreta a la irritante recién casada, es la responsable de darle voz -desde el principio- a ¡Lisa Simpson!.
Stephen King (que no repitió en la dirección y, francamente, podría... otros hacen más mierda y siguen) suele decir que cuando rodó esta cosa iba hasta el culo de coca -entre otras substancias, presupongo-, y se refiere a ella como "Mi propio "Plan 9 from outer space"", aunque hayan muchos críticos convencidos de que ya le gustaría a King haber facturado una peli la mitad de divertida que la de Ed Wood (no es mi caso, considero "Plan 9..." un tocho insufrible) 
¡Cuanta mala leche!