No es especialmente conocida, no goza de un culto exagerado y tampoco se la considera nada del otro jueves a pesar de ser cosecha de los 80 (del 87 más concretamente), pero "Gritos en Oldfield" es una pequeña peliculilla de "terrores episódicos" que, sin estar a la altura de "Creepshow", ni mostrar nada nuevo, ofrece 99 minutos de sano entretenimiento y alguna idea curiosa.
El tio de una recién ejecutada asesina cuenta a una periodista varias historias de miedo, todas ellas supuestos hechos reales acontecidos en el Oldfield del título. Estas varían en cuanto a calidad e intensidad, pero en general están todas muy sabrosas. La primera, la del necrófilo y el parto post-mortem, es especialmente cruda y malrollista. Le siguen otra sobre vudú muy ingeniosa, una tercera que se desarrolla en el fascinante mundo de los fenómenos de feria (los freaks, mismamente) y acaba con nota alta, gracias a la fábula de unos niños que siguen al pie de la letra lo que sus padres (convertidos en los mutilados trozos que forman un tótem) mandan y ordenan. Esta, sin llegar al tono truculento de la primera, tampoco se queda corta en crueldad.
"Gritos en Olfield" se mueve a caballo entre el terror más elegante, clásico y gótico y el horror puramente ochentero, con sus buenas dosis de sangre. Un proyecto muy ambicioso a pesar de unos evidentes escasos medios (casi todas las historias se desarrollan en épocas pasadas) muy bien resuelto por sus responsables.
Y es que este film está plagado de nombres populares o, directamente, muy respetados. En el reparto destacan el gran Vincent Price (en su biografía se vapulea a esta peli sin compasión), Martine Beswick, Clu Gulager, Cameron Mitchell o Lawrence Tierney entre otros. Detrás de las cámaras tenemos a Jeff Burr en la dirección, señor que luego firmaría cosas como "La matanza de Texas 3" o "El Padrastro 2", C. Courtney Joyner (habitual colaborador de Charles Band) al guión o Rob Burman en los maquillajes, pueden descubrirlo también en los créditos finales de "La Cosa".
"Gritos en Olfield" no cambiará la historia del género, pero tampoco será lo que se dice una mancha en el expediente. Mola.
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domingo, 8 de junio de 2008
sábado, 20 de agosto de 2022
DIRECT TO VIDEO: STRAIGHT TO VIDEO HORROR OF THE 90´S
Dustin Ferguson es uno de esos "filmmakers de la era digital" que, gracias a las nuevas herramientas económicas y las plataformas, producen películas de terror como rosquillas, entre diez y veinte al año. No le falta nada, tiene varias de tiburones que cantan y bailan, sendas seudo-secuelas de Amityville, la del payaso asesino, la de zombies, el retro slasher. Todas las tendencias habidas y por haber en el submundo del zetismo, y en riguroso orden, perfectamente dispuestas en sendas plataformas de streaming a la desesperada búsqueda del click ("clickxploitation" lo llamo, algún día les hablaré a fondo de ello). Del montonazo destacan varios documentales que delatan sus apetencias pero, también, sus carencias, entre ellas el acabado algo costroso y descuidado de "Direct to Video: Straight to Video Horror of the 90´s".
Resulta complicado valorar cualquier tendencia creativa surgida en los noventa. No fueron años de mucho esplendor, siendo el terror donde la cosa andaba más jodida. Pero, claro, ahora que es tan "cool" reivindicarlo absolutamente todo, hasta los vídeos de YouTube donde se explica cómo cocinar croquetas, pues resulta desconcertantemente normal que a alguien le de por decir que los productos de tercera destinados al vídeo-club paridos en aquellos tiempos merecen ser atendidos. Pos fale. De todo tiene que haber en este mundo. Yo, como degustador insaciable y curioso incurable, me moría por ver cómo coño se lo montaban para defender tanta basurilla. Además, la ristra de cabezas parlantes era atractiva (siguiendo el mismo orden de Imdb): Clint Howard, Kelly Maroney, Lloyd Kaufman, Brinke Stevens, Tiffany Shepis, Fred Olen Ray, (el auténtico "hero" de Ferguson, quien comenzó su andadura amateur pariendo una secuela casera de "Scalps"!!), Jim Wynorski, Debra Lamb, Kevin Tenney, Rolfe Kanefsky, Jeff Burr, C.Courtney Joyner y el gran Chuck Cirino. Gracias al bueno de Romerito ayer mismo pude desquitarme.
Realmente, mi gran temor antes de darle al "Play" era la sobredosis de "geekismo" descontrolado que hoy lo salpica todo. Donde la desmedida pasión por cualquier chuminada ciega a los que la defienden, impidiéndoles comportarse como personas justas y racionales. Y de entrada, dichos temores parecían justificados: Ver al inicio dos logotipos de sendas productoras, uno imitando el rollo "grindhouse" setentero, y el otro el rollo "vhs rancio", me acojonaron. Tampoco ayudó la inmediata presencia de dos mongos esputando las tonterías de rigor, especialmente el que vende la moto de su condición punk-skater, recurriendo a la cantinela del "chico solitario que alquilaba esas películas con las que era feliz", para luego afirmar, sin ruborizarse, que sus "amigos" en realidad eran los personajes que pululaban por las producciones "Full Moon" de la década.
Comenzaba a sentir deseos de subirme por las paredes, cuando la cosa se calma y Dustin Ferguson da pie a los que de verdad interesan, los creadores de todo aquel cine (o "cine") que le dan al pico que da gusto, contando mil batallitas. Algunas no especialmente interesantes, ni divertidas (por mucho que el entrevistado se descojone durante el proceso), pero en general amenas.
Entre medias, cuela trailers o momentos concretos de las películas comentadas, pero procede de modo bastante poco certero, muy bruscamente, haciendo gala de cierto patosismo caótico a la hora del montaje, sobre todo introduciendo avances sin que veamos el título y, por ende, cuando aparece el invitado hablando, todavía no sepamos de qué jodida película se trata. En general es todo como muy deslavazado, una mera acumulación de peña dándole a la sin hueso carente de trama interna, ni nada específico.
Aunque lo verdaderamente ofuscante fue que, a pesar de toda la información recibida, no me estaba divirtiendo. Ni emocionando. Ni nada. El aburrimiento iba ganando la partida a cada minuto que se sumaba (porque, como todo creador de la era digital, Ferguson es incapaz de contenerse. Lo mete todo, a lo bestia, y suma casi dos horas de documental) ¿Cuál sería la causa? ¿Tal vez que, hasta hace poco que me reconcilié con el cine de los 90, tenía un muy bajo concepto del mismo? Tras mucho reflexionar, lo entendí: el terror de baja estofa de ese periodo es demasiado malo, demasiado olvidable, realmente no hay NI UNA peli memorable en todo el documental... son todas malas, desalmadas, con ese look telefílmico, esos abusos de diálogos, esos pre-efectos infográficos tan mierdosos. Claro, así es imposible emocionarse ni un ápice.
Cuando salen a relucir algunos más o menos interesantes, te esperanzas... hasta que descubres que se está recurriendo a sus secuelas... las peores, además. El tercer "Night of the demons" y el cuarto "Ghoulies". Más fatídico es el caso de "El Dentista", que siendo uno de los pocos subproductos potables de la época (ni que sea por cuando lo vi en el Festival de Sitges, con toda la platea gritando en los momentos de truculencia dental), ¡resulta que se decantan por su horrible segunda parte!
Al final, "Direct to Video: Straight to Video Horror of the 90´s", como buen documental parido en una época de incontinencia y sobreproducción, deja la sensación de ser algo muy desaprovechado, en perfecta consonancia con las películas y -a rasgos generales- la década a las que dedica su contenido.
La providencia ha querido que para la semana entrante mi compañero Víctor haya reseñado dos películas del colega Dustin. Así, a lo tonto, este escrito pasa a ser el pistoletazo de salida de lo que podríamos llamar la "Ferguson Week". Que les sea leve.
Resulta complicado valorar cualquier tendencia creativa surgida en los noventa. No fueron años de mucho esplendor, siendo el terror donde la cosa andaba más jodida. Pero, claro, ahora que es tan "cool" reivindicarlo absolutamente todo, hasta los vídeos de YouTube donde se explica cómo cocinar croquetas, pues resulta desconcertantemente normal que a alguien le de por decir que los productos de tercera destinados al vídeo-club paridos en aquellos tiempos merecen ser atendidos. Pos fale. De todo tiene que haber en este mundo. Yo, como degustador insaciable y curioso incurable, me moría por ver cómo coño se lo montaban para defender tanta basurilla. Además, la ristra de cabezas parlantes era atractiva (siguiendo el mismo orden de Imdb): Clint Howard, Kelly Maroney, Lloyd Kaufman, Brinke Stevens, Tiffany Shepis, Fred Olen Ray, (el auténtico "hero" de Ferguson, quien comenzó su andadura amateur pariendo una secuela casera de "Scalps"!!), Jim Wynorski, Debra Lamb, Kevin Tenney, Rolfe Kanefsky, Jeff Burr, C.Courtney Joyner y el gran Chuck Cirino. Gracias al bueno de Romerito ayer mismo pude desquitarme.
Realmente, mi gran temor antes de darle al "Play" era la sobredosis de "geekismo" descontrolado que hoy lo salpica todo. Donde la desmedida pasión por cualquier chuminada ciega a los que la defienden, impidiéndoles comportarse como personas justas y racionales. Y de entrada, dichos temores parecían justificados: Ver al inicio dos logotipos de sendas productoras, uno imitando el rollo "grindhouse" setentero, y el otro el rollo "vhs rancio", me acojonaron. Tampoco ayudó la inmediata presencia de dos mongos esputando las tonterías de rigor, especialmente el que vende la moto de su condición punk-skater, recurriendo a la cantinela del "chico solitario que alquilaba esas películas con las que era feliz", para luego afirmar, sin ruborizarse, que sus "amigos" en realidad eran los personajes que pululaban por las producciones "Full Moon" de la década.
Comenzaba a sentir deseos de subirme por las paredes, cuando la cosa se calma y Dustin Ferguson da pie a los que de verdad interesan, los creadores de todo aquel cine (o "cine") que le dan al pico que da gusto, contando mil batallitas. Algunas no especialmente interesantes, ni divertidas (por mucho que el entrevistado se descojone durante el proceso), pero en general amenas.
Entre medias, cuela trailers o momentos concretos de las películas comentadas, pero procede de modo bastante poco certero, muy bruscamente, haciendo gala de cierto patosismo caótico a la hora del montaje, sobre todo introduciendo avances sin que veamos el título y, por ende, cuando aparece el invitado hablando, todavía no sepamos de qué jodida película se trata. En general es todo como muy deslavazado, una mera acumulación de peña dándole a la sin hueso carente de trama interna, ni nada específico.
Aunque lo verdaderamente ofuscante fue que, a pesar de toda la información recibida, no me estaba divirtiendo. Ni emocionando. Ni nada. El aburrimiento iba ganando la partida a cada minuto que se sumaba (porque, como todo creador de la era digital, Ferguson es incapaz de contenerse. Lo mete todo, a lo bestia, y suma casi dos horas de documental) ¿Cuál sería la causa? ¿Tal vez que, hasta hace poco que me reconcilié con el cine de los 90, tenía un muy bajo concepto del mismo? Tras mucho reflexionar, lo entendí: el terror de baja estofa de ese periodo es demasiado malo, demasiado olvidable, realmente no hay NI UNA peli memorable en todo el documental... son todas malas, desalmadas, con ese look telefílmico, esos abusos de diálogos, esos pre-efectos infográficos tan mierdosos. Claro, así es imposible emocionarse ni un ápice.
Cuando salen a relucir algunos más o menos interesantes, te esperanzas... hasta que descubres que se está recurriendo a sus secuelas... las peores, además. El tercer "Night of the demons" y el cuarto "Ghoulies". Más fatídico es el caso de "El Dentista", que siendo uno de los pocos subproductos potables de la época (ni que sea por cuando lo vi en el Festival de Sitges, con toda la platea gritando en los momentos de truculencia dental), ¡resulta que se decantan por su horrible segunda parte!
Al final, "Direct to Video: Straight to Video Horror of the 90´s", como buen documental parido en una época de incontinencia y sobreproducción, deja la sensación de ser algo muy desaprovechado, en perfecta consonancia con las películas y -a rasgos generales- la década a las que dedica su contenido.
La providencia ha querido que para la semana entrante mi compañero Víctor haya reseñado dos películas del colega Dustin. Así, a lo tonto, este escrito pasa a ser el pistoletazo de salida de lo que podríamos llamar la "Ferguson Week". Que les sea leve.
sábado, 2 de julio de 2022
SHOCK CINEMA
Hacía ya la hostia de tiempo que conocía este documental apadrinado y producido por David DeCoteau desde su flamante "Cinema Home Video" (y presentado por la "scream queen" Brinke Stevens). Recuerdo verlo anunciado en cierta prensa alternativa yanki (a base de pequeños recuadros en blanco y negro) y me moría de ganas de consumirlo por quienes andaban implicados. Algunos, auténticos héroes del que suscribe. Es decir, en esa época. Gente como Fred Olen Ray o DeCoteau himself (jóvenes y dedicados en cuerpo + alma a su mejor época) Leído así no suena especial. Pero tengan en cuenta la fecha de creación del documento: 1991. Todavía no se había producido la explosión "geek" en el mundo. El cine de serie Z o de culto seguía siendo algo oscuro y minoritario. Y, más importante aún, la nostalgia y autoconsciencia respecto a la naturaleza "trash" de estas obras quedaba lejos. Así que imaginen el gustazo que da ver a los mentados, a Charles Band (con la "Full Moon" a todo trapo), un Jeff Burr caliente de su paso por "Leatherface: La matanza de Texas 3", al bueno de Scott "Intruso en la noche" Spiegel luciendo una impresionante mullet o al SOVista J.R.Bookwalter (seguidos por, entre otros, Ernest Farino y C. Courtney Joyner) hablando, todos y cada uno de ellos, de sus inicios en la industria, sus experiencias buenas y malas, aconsejando, rajando y chorreando frustración a espuertas. Especialmente el amigo Ray, que estaba hasta los cojones de lo mal que se le trataba y no para de justificarse cual llorica desesperado. O Bookwalter, narrando por enésima vez sus trifulcas con Sam Raimi.
Aunque hay un tema recurrente en todos los casos: la guita. Es evidente que estos señores se metieron en el cine de explotación teniendo muy claro cual era la meta, sacar cuartos de donde fuese, y eso es lo que más les preocupa por encima de todo (especialmente, e inevitablemente, a Ray y DeCoteau). No me encanta, yo soy más de amor al arte y esas pérdidas de tiempo, pero lo comprendo y acepto.
En cualquier caso, hablamos de 60 minutos de puras cabezas parlantes. Nada más. Escasean muy mucho las imágenes de archivo y/o carteles (es de suponer que el presupuesto era tan escaso que resultaba imposible pagar los derechos de todo eso) y, por suerte, el director (Robert Hayes) no aparece en ningún plano ni aporta nada suyo. Solo deja hablar.
Aunque hay un tema recurrente en todos los casos: la guita. Es evidente que estos señores se metieron en el cine de explotación teniendo muy claro cual era la meta, sacar cuartos de donde fuese, y eso es lo que más les preocupa por encima de todo (especialmente, e inevitablemente, a Ray y DeCoteau). No me encanta, yo soy más de amor al arte y esas pérdidas de tiempo, pero lo comprendo y acepto.
En cualquier caso, hablamos de 60 minutos de puras cabezas parlantes. Nada más. Escasean muy mucho las imágenes de archivo y/o carteles (es de suponer que el presupuesto era tan escaso que resultaba imposible pagar los derechos de todo eso) y, por suerte, el director (Robert Hayes) no aparece en ningún plano ni aporta nada suyo. Solo deja hablar.
Muy interesante, muy ameno y muy recomendable.
Su éxito generó unas cuantas entregas, que también he tenido "el placer" de visionar. La segunda mantiene lo de los cabolos dándole a la sin hueso sobre sus experiencias en el cine de explotación, siendo buena parte de estos supervivientes de lo acontecido en los setenta (o antes), de ahí que abunde mucho discurso contra el "moderno de cine de horror" y sus excesos truculentos. Inevitable. Los interfectos más notorios son Forrest J. Ackerman, Gary Graver, Melissa Moore, Ted Newsom y Robert Quarry. No es tan disfrutable como el anterior, pero se deja ver agradablemente.
A partir de aquí, "Shock Cinema" abandona las entrevistas para centrarse en explotar el material de archivo de "Cinema Home Video". En el volumen tres nos comemos un porrón de tomas falsas de "Nightmare Sisters" y "Dr.Alien" (ambos, films de DeCoteau), además de algunos trailers. Muy muy aburrido todo. Completamente ignorable.
La cuarta y última entrega está un pelín mejor, pues se centra en el making of -y, muy especialmente, la confección de efectos especiales- de productos como "Al filo de la venganza", "Robot Ninja", "Skinned Alive" o "Ghoul School". En ese sentido, destaca que muestren cómo se facturó el impresionante aplastamiento craneal en "Al filo...", pero también la patética degollación con la hoja del cuchillo puesta de canto. O el caso de "Ghoul School" que, en cada una de sus muchas mutilaciones, los recurrentes condones rellenos de sangre falsa no se rompen cuando deben. Así, cada vez que desgarran carne, los vemos estirarse cual chicle descaradamente hasta ceder. El (d)efecto es raro, porque da cierta grima, parecen tendones o algo así. Desde luego, como película de terror no se yo... pero como anuncio de gomas efectivas para evitar embarazos indeseados, "Ghoul School" es la bomba.
Superadas las cuatro entregas de "Shock Cinema", me vi otros tantos documentales dispuestos en la misma plataforma. Al ser materia actual, pecaban ya del abuso de "geek"-ismo + "nerd"-ismo, con un montón de supuestos expertos (blogeros, algún organizador de Cons...) y/o filmmakers de la era digital dando su opinión sobre títulos clásicos. Sin embargo, no todos resultaron desdeñables, siendo "Survival of the Film Freaks" el que mejor me entró, a pesar de (o a causa de) que le di al "play" cargado de pesimismo.
Su éxito generó unas cuantas entregas, que también he tenido "el placer" de visionar. La segunda mantiene lo de los cabolos dándole a la sin hueso sobre sus experiencias en el cine de explotación, siendo buena parte de estos supervivientes de lo acontecido en los setenta (o antes), de ahí que abunde mucho discurso contra el "moderno de cine de horror" y sus excesos truculentos. Inevitable. Los interfectos más notorios son Forrest J. Ackerman, Gary Graver, Melissa Moore, Ted Newsom y Robert Quarry. No es tan disfrutable como el anterior, pero se deja ver agradablemente.
A partir de aquí, "Shock Cinema" abandona las entrevistas para centrarse en explotar el material de archivo de "Cinema Home Video". En el volumen tres nos comemos un porrón de tomas falsas de "Nightmare Sisters" y "Dr.Alien" (ambos, films de DeCoteau), además de algunos trailers. Muy muy aburrido todo. Completamente ignorable.
La cuarta y última entrega está un pelín mejor, pues se centra en el making of -y, muy especialmente, la confección de efectos especiales- de productos como "Al filo de la venganza", "Robot Ninja", "Skinned Alive" o "Ghoul School". En ese sentido, destaca que muestren cómo se facturó el impresionante aplastamiento craneal en "Al filo...", pero también la patética degollación con la hoja del cuchillo puesta de canto. O el caso de "Ghoul School" que, en cada una de sus muchas mutilaciones, los recurrentes condones rellenos de sangre falsa no se rompen cuando deben. Así, cada vez que desgarran carne, los vemos estirarse cual chicle descaradamente hasta ceder. El (d)efecto es raro, porque da cierta grima, parecen tendones o algo así. Desde luego, como película de terror no se yo... pero como anuncio de gomas efectivas para evitar embarazos indeseados, "Ghoul School" es la bomba.
Superadas las cuatro entregas de "Shock Cinema", me vi otros tantos documentales dispuestos en la misma plataforma. Al ser materia actual, pecaban ya del abuso de "geek"-ismo + "nerd"-ismo, con un montón de supuestos expertos (blogeros, algún organizador de Cons...) y/o filmmakers de la era digital dando su opinión sobre títulos clásicos. Sin embargo, no todos resultaron desdeñables, siendo "Survival of the Film Freaks" el que mejor me entró, a pesar de (o a causa de) que le di al "play" cargado de pesimismo.
domingo, 22 de junio de 2014
TED BUNDY
Aunque no me convenza como cult-movie prefabricada, reconozco que el "Forbidden Zone" de Richard Elfman es, cuanto menos, curiosa. Incluso con algún momento inspirado. Matthew Bright debutó en ella como guionista y actor -cinematográfico-. Sin salirse de sus funciones de escribiente, volvería a colaborar con Elfman en películas como "Shrunken Heads" o "Revenant: vampiros modernos". Incluso de por medio tuvo tiempo de guionizar una cosa tan convencional como "Guncrazy" (vehículo de lucimiento para una ex-jovencita, y ex-borrachuza, Drew Barrymore). El año 1996 saltó a la dirección con una peli que, pronto, alcanzó -genuino- estatus de culto, "Freeway" o "Sin salida", versión psicótica del cuento de caperucita roja con Kiefer Shuterland haciendo de “lobo” y una aún verde Reese Witherspoon de deslenguada caperucita. Tres años después Bright escribe y dirige una excéntrica y alocada segunda parte, "Trickbaby (Freeway 2)", sin verdadera conexión con la original salvo por el hecho de narrar las hazañas de otra adolescente chalada “on the road”. Esta vez el protagonismo recayó en la morbosa Natasha Lyonne (la Witherspoon era ya demasiado popular).
Convencidos tal vez de que a Matthew Bright se le daba bien eso de dramatizar las vivencias de psycho-killers, los productores de "Ed Gein", biopic de otro puto asesino mitificado por un puñado de gilipollas, le fichan para dirigir "Ted Bundy", que en esencia era más de lo mismo. Recién iniciado el siglo XXI, parece ser que esta clase de reprobables individuos están de moda y los productores de Hollywood toman buena nota de ello… y de la estupidez humana en general.
"Ted Bundy" cuenta la, pues eso, vida criminal del muchacho. Atractivo, carismático y estudiante de derecho, Bundy se puso las botas asesinando y violando (según le venía) un montón de mozas durante los años 70. Lo pillaron dos veces, y dos veces que se escapó. Hasta que finalmente acabó frito en la silla eléctrica.
Bien, cuando "Ted Bundy" se pasó por el Festival de Sitges yo andaba a tope con mi inevitable Bright-manía, así que aquel día me tomé la molestia de levantarme a las seis de la puta mañana para llegar a las ocho al pueblo costero y poder meterme en la sesión de prensa de las nueve. Ya son ganas. Reconozco que entonces la peli me dejó bastante igual, vamos, que me decepcionó. Unas semanas después se estrenó un poco de tapadillo en las salas de la Ciudad Condal y un amigo que llevaba -y lleva- las riendas de un programa dedicado al séptimo arte que se emite por cadenas locales, me dijo que tenía concertada una entrevista con Bright y que si quería acudir y, de paso, redactar las cuestiones ya que yo estaba puesto en su trayectoria. Acepté, aunque sin demasiado entusiasmo. Así que conocí al cineasta y pude preguntarle cuanto quise... lo que pasa es que, a día de hoy, no recuerdo nada. O casi nada. El único dato que retengo en la memoria fue que citó al famoso dibujante de comics Robert Crumb como una de sus influencias. Dicha respuesta vendría propiciada por una pregunta referente al extraño humor, muchas veces negro, que hay en el cine de Matthew Bright y que en "Ted Bundy", tratándose como se trataba de terribles hechos reales, cantaba mucho más. Hay escenas que parecen tomadas a cachondeo, pero de un modo tan sutil y absurdo que dudas. Sobre todo por el modo en que Bundy engatusa a sus víctimas, lo fácil que le resulta y lo ingenuas que son ellas (todas gastan un look de "chica hippie cañón" que recuerda también a los tebeos de Crumb). ¿Acaso "Ted Bundy", the movie, toma a las mujeres por idiotas?. ¿Es Bright un misógino desalmado?. ¿Eran las víctimas ASÍ DE PAVAS?. Supongo que lo que hace el director es exagerar hasta el delirio el mentado CARISMA del serial killer. Ted Bundy era capaz, como se dice coloquialmente, de venderle una nevera a un esquimal. Con su cara bonita, su sonrisa y sus buenos modales, se ganaba la confianza de cualquiera. Hay quien dice que todo obedecía a que por entonces la gente no tenía tanta consciencia de la existencia de bichejos como ese (que para algo fue el primer psycho etiquetado de modo oficial como "asesino en serie") y las mujeres no desconfiaban tanto como hoy lo harían. O tal vez era el buenrollismo inherente a la década, con el hippismo aún coleando... ¡¡qué sé yo!!. Lo que no se puede dudar es que, sí, las víctimas de Ted Bundy en la peli parecen tontas. Cosa extrapolable al personaje de su pareja "seria". Una auténtica novia abnegada, entregada y ultra-enamorada capaz de TODO con tal de mantenerle a su lado. Quizás el momento más intenso y humillante sea cuando Bundy la convence para follar "de un modo diferente", y le pide que finja estar muerta mientras la insulta despiadadamente. Claro que también es un dato real que, una vez metido entre rejas, el asesino recibió innumerables cartas de amor de innumerables féminas. No coment.
Pero para intensidades, todo el segmento dedicado a la ejecución. Narrada paso a paso y sin la más mínima compasión. Bright nos muestra el procedimiento en toda su crudeza y con inusitada frialdad, desde el afeitado de cabeza al taponamiento del culo, pasando por los pañales. Y todo con los sollozos del condenado como banda sonora. El momento en que le dan al "on" de la corriente eléctrica, nos comemos la agonía entera. La guinda la pone el detalle de descubrir qué peinado gasta el verdugo cuando se quita la capucha (¿real o licencia?).
En fin, no es que "Ted Bundy" sea redonda, ni muchos menos, al no tener un argumento demasiado enrevesado (básicamente vamos viendo crimen tras crimen en riguroso orden) puede llegar a resultar algo repetitiva o monótona, pero no demasiado. El extraño tono de la película (el distanciamiento de su director, mezclado con su negro sentido del humor) hacen que el visionado sea bastante "disfrutable", así, entre comillas. A ratos las secuencias más crudas te sacuden sin compasión, como por ejemplo el brutal asesinato de las dos chicas en la caseta o el ya mencionado y escalofriante paseo por la silla eléctrica. Cuidao, no se equivoquen ustedes, no se trata de ver gore a tutiplén, tripas saltando por los aires, ni nada de todo eso. No way. Igual que con "Ed Gein", este biopic apuesta más por el rollo psicológico antes que por el gráfico. Y pal caso, ya me está bien.
Eso sí, no comprendo muy bien las imágenes finales (al parecer una parodia de "Malcom X", peli del insufrible Spike Lee que ni pude terminar). Es decir, sí, entiendo que cualquiera puede ser un asesino en serie... pero creo que se contradicen con el tono poco o nada sermoneador de la empresa. ¿Una imposición de los productores, quizás?.
Por cierto, dato curioso: Al estar ambientada en los años setenta y al incluir una secuencia de baile en una disco (aunque la música que suena parezca más bien moderna), hubo quien calificó a "Ted Bundy" como "El "Boogie Nights" de las pelis de asesinos en serie". Menuda gilipollez. Tanto como las frases promocionales del cartel español, sobre todo lo de "Prohibida en USA", cosa esta que no me consta.
El reparto lo encabeza Michael Reilly Burke como el despreciable criminal. Aunque a ratos su interpretación roza lo histriónico, en general sale bien parado de la aventura, logrando resultar imprevisible e inquietante. La mayor parte de su carrera se centra en la televisión, aunque ha intervenido en "The Collector". Le acompañan algunos nombres bien curiosos y familiares pal aficionado medio, como los de la "scream queen" Tiffany Shepis, el legendario segundón Tracey Walter (la mano derecha de "Joker" en el "Batman" de Burton), Phoebe Dollar, la enigmática musa del chusquero Jeff Leroy (con un aspecto tan raro como su nombre hace suponer) y el gran Tom Savini que, además de interpretar a un policía, se curra los efectos especiales de maquillaje, por pocos que sean.
Después de "Ted Bundy", Matthew Bright la emprende con un proyecto más personal y arriesgado, "Tiptoes". Una demencial historia de amor con enanos y un reparto de luxe, Gary Oldman empequeñecido, Matthew McConaughey, Patricia Arquette, Kate Beckinsale y el hoy reputado (y, pal caso, inevitable) Peter Dinklage. La vi pasados ya un porrón de años, el día que, inesperadamente, la localicé en un video-club. Hacía tiempo que su director ya no me interesaba, y no sé si eso influyó para que me dejara un sabor de boca amargo (eso o la presencia actoral del siempre irritante Santi Segura… a saber). Se dice por ahí que fue la intromisión de los productores lo que jodió la peli, que Bright quería hacer algo estrambótico y le obligaron a dar más presencia al tono romántico. El caso es que fue un super-fracaso en todos los sentidos (hay quien incluso la considera ofensiva para los enanos). Desde entonces Matthew Bright no ha dirigido nada más. Ni telefilms. Las últimas cosas que figuran en su ficha son como co-guionista de un producto zetoso made in "Full Moon" a base de historias de terror y con directores del calibre de David DeCoteau o C. Courtney Joyner. "Tomb of terror" se titula. Y una colaboración en un cortometraje, pero a saber si es él u otro Matthew Bright.
Lo que sí sé con seguridad es que, huyendo de las inclemencias económicas de su tierra, Bright escapó a Guatemala y México, donde se dedicó a pintar cuadros y escribir para tener algo que mostrar/vender a su vuelta. También comentaba en una entrevista de hace algunos pocos años que iba a rodar un capítulo para una serie sobre mujeres entre rejas, pero no hay constancia de que lo llevara a término. Todo un personaje.
En cuanto a “Ted Bundy”, bueno, no le cambiará la vida a nadie, pero está bien visible.
Convencidos tal vez de que a Matthew Bright se le daba bien eso de dramatizar las vivencias de psycho-killers, los productores de "Ed Gein", biopic de otro puto asesino mitificado por un puñado de gilipollas, le fichan para dirigir "Ted Bundy", que en esencia era más de lo mismo. Recién iniciado el siglo XXI, parece ser que esta clase de reprobables individuos están de moda y los productores de Hollywood toman buena nota de ello… y de la estupidez humana en general.
"Ted Bundy" cuenta la, pues eso, vida criminal del muchacho. Atractivo, carismático y estudiante de derecho, Bundy se puso las botas asesinando y violando (según le venía) un montón de mozas durante los años 70. Lo pillaron dos veces, y dos veces que se escapó. Hasta que finalmente acabó frito en la silla eléctrica.
Bien, cuando "Ted Bundy" se pasó por el Festival de Sitges yo andaba a tope con mi inevitable Bright-manía, así que aquel día me tomé la molestia de levantarme a las seis de la puta mañana para llegar a las ocho al pueblo costero y poder meterme en la sesión de prensa de las nueve. Ya son ganas. Reconozco que entonces la peli me dejó bastante igual, vamos, que me decepcionó. Unas semanas después se estrenó un poco de tapadillo en las salas de la Ciudad Condal y un amigo que llevaba -y lleva- las riendas de un programa dedicado al séptimo arte que se emite por cadenas locales, me dijo que tenía concertada una entrevista con Bright y que si quería acudir y, de paso, redactar las cuestiones ya que yo estaba puesto en su trayectoria. Acepté, aunque sin demasiado entusiasmo. Así que conocí al cineasta y pude preguntarle cuanto quise... lo que pasa es que, a día de hoy, no recuerdo nada. O casi nada. El único dato que retengo en la memoria fue que citó al famoso dibujante de comics Robert Crumb como una de sus influencias. Dicha respuesta vendría propiciada por una pregunta referente al extraño humor, muchas veces negro, que hay en el cine de Matthew Bright y que en "Ted Bundy", tratándose como se trataba de terribles hechos reales, cantaba mucho más. Hay escenas que parecen tomadas a cachondeo, pero de un modo tan sutil y absurdo que dudas. Sobre todo por el modo en que Bundy engatusa a sus víctimas, lo fácil que le resulta y lo ingenuas que son ellas (todas gastan un look de "chica hippie cañón" que recuerda también a los tebeos de Crumb). ¿Acaso "Ted Bundy", the movie, toma a las mujeres por idiotas?. ¿Es Bright un misógino desalmado?. ¿Eran las víctimas ASÍ DE PAVAS?. Supongo que lo que hace el director es exagerar hasta el delirio el mentado CARISMA del serial killer. Ted Bundy era capaz, como se dice coloquialmente, de venderle una nevera a un esquimal. Con su cara bonita, su sonrisa y sus buenos modales, se ganaba la confianza de cualquiera. Hay quien dice que todo obedecía a que por entonces la gente no tenía tanta consciencia de la existencia de bichejos como ese (que para algo fue el primer psycho etiquetado de modo oficial como "asesino en serie") y las mujeres no desconfiaban tanto como hoy lo harían. O tal vez era el buenrollismo inherente a la década, con el hippismo aún coleando... ¡¡qué sé yo!!. Lo que no se puede dudar es que, sí, las víctimas de Ted Bundy en la peli parecen tontas. Cosa extrapolable al personaje de su pareja "seria". Una auténtica novia abnegada, entregada y ultra-enamorada capaz de TODO con tal de mantenerle a su lado. Quizás el momento más intenso y humillante sea cuando Bundy la convence para follar "de un modo diferente", y le pide que finja estar muerta mientras la insulta despiadadamente. Claro que también es un dato real que, una vez metido entre rejas, el asesino recibió innumerables cartas de amor de innumerables féminas. No coment.
Pero para intensidades, todo el segmento dedicado a la ejecución. Narrada paso a paso y sin la más mínima compasión. Bright nos muestra el procedimiento en toda su crudeza y con inusitada frialdad, desde el afeitado de cabeza al taponamiento del culo, pasando por los pañales. Y todo con los sollozos del condenado como banda sonora. El momento en que le dan al "on" de la corriente eléctrica, nos comemos la agonía entera. La guinda la pone el detalle de descubrir qué peinado gasta el verdugo cuando se quita la capucha (¿real o licencia?).
En fin, no es que "Ted Bundy" sea redonda, ni muchos menos, al no tener un argumento demasiado enrevesado (básicamente vamos viendo crimen tras crimen en riguroso orden) puede llegar a resultar algo repetitiva o monótona, pero no demasiado. El extraño tono de la película (el distanciamiento de su director, mezclado con su negro sentido del humor) hacen que el visionado sea bastante "disfrutable", así, entre comillas. A ratos las secuencias más crudas te sacuden sin compasión, como por ejemplo el brutal asesinato de las dos chicas en la caseta o el ya mencionado y escalofriante paseo por la silla eléctrica. Cuidao, no se equivoquen ustedes, no se trata de ver gore a tutiplén, tripas saltando por los aires, ni nada de todo eso. No way. Igual que con "Ed Gein", este biopic apuesta más por el rollo psicológico antes que por el gráfico. Y pal caso, ya me está bien.
Eso sí, no comprendo muy bien las imágenes finales (al parecer una parodia de "Malcom X", peli del insufrible Spike Lee que ni pude terminar). Es decir, sí, entiendo que cualquiera puede ser un asesino en serie... pero creo que se contradicen con el tono poco o nada sermoneador de la empresa. ¿Una imposición de los productores, quizás?.
Por cierto, dato curioso: Al estar ambientada en los años setenta y al incluir una secuencia de baile en una disco (aunque la música que suena parezca más bien moderna), hubo quien calificó a "Ted Bundy" como "El "Boogie Nights" de las pelis de asesinos en serie". Menuda gilipollez. Tanto como las frases promocionales del cartel español, sobre todo lo de "Prohibida en USA", cosa esta que no me consta.
El reparto lo encabeza Michael Reilly Burke como el despreciable criminal. Aunque a ratos su interpretación roza lo histriónico, en general sale bien parado de la aventura, logrando resultar imprevisible e inquietante. La mayor parte de su carrera se centra en la televisión, aunque ha intervenido en "The Collector". Le acompañan algunos nombres bien curiosos y familiares pal aficionado medio, como los de la "scream queen" Tiffany Shepis, el legendario segundón Tracey Walter (la mano derecha de "Joker" en el "Batman" de Burton), Phoebe Dollar, la enigmática musa del chusquero Jeff Leroy (con un aspecto tan raro como su nombre hace suponer) y el gran Tom Savini que, además de interpretar a un policía, se curra los efectos especiales de maquillaje, por pocos que sean.
Después de "Ted Bundy", Matthew Bright la emprende con un proyecto más personal y arriesgado, "Tiptoes". Una demencial historia de amor con enanos y un reparto de luxe, Gary Oldman empequeñecido, Matthew McConaughey, Patricia Arquette, Kate Beckinsale y el hoy reputado (y, pal caso, inevitable) Peter Dinklage. La vi pasados ya un porrón de años, el día que, inesperadamente, la localicé en un video-club. Hacía tiempo que su director ya no me interesaba, y no sé si eso influyó para que me dejara un sabor de boca amargo (eso o la presencia actoral del siempre irritante Santi Segura… a saber). Se dice por ahí que fue la intromisión de los productores lo que jodió la peli, que Bright quería hacer algo estrambótico y le obligaron a dar más presencia al tono romántico. El caso es que fue un super-fracaso en todos los sentidos (hay quien incluso la considera ofensiva para los enanos). Desde entonces Matthew Bright no ha dirigido nada más. Ni telefilms. Las últimas cosas que figuran en su ficha son como co-guionista de un producto zetoso made in "Full Moon" a base de historias de terror y con directores del calibre de David DeCoteau o C. Courtney Joyner. "Tomb of terror" se titula. Y una colaboración en un cortometraje, pero a saber si es él u otro Matthew Bright.
Lo que sí sé con seguridad es que, huyendo de las inclemencias económicas de su tierra, Bright escapó a Guatemala y México, donde se dedicó a pintar cuadros y escribir para tener algo que mostrar/vender a su vuelta. También comentaba en una entrevista de hace algunos pocos años que iba a rodar un capítulo para una serie sobre mujeres entre rejas, pero no hay constancia de que lo llevara a término. Todo un personaje.
En cuanto a “Ted Bundy”, bueno, no le cambiará la vida a nadie, pero está bien visible.
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