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lunes, 2 de diciembre de 2019

THE GO-GO BOYS: THE INSIDE STORY OF CANNON FILMS/GOLAN-GLOBUS

De los dos documentales sobre Cannon Films que se han rodado durante esta década, el que se llevó todos los honores, e incluso, llegó a editarse en DVD en nuestro país con postmoderna carátula imitando un VHS incluida (pasto para ratas almizcleras), fue “Electric Boogaloo: La loca historia de Cannon Films” del experto en cine exploitation Mark Hartley.
Por otro lado, hordas de treintañeros de una generación después de que los films de Cannon estuvieran en los cines, reivindican la compañía como una chufla; para ellos, que vivieron esas películas ya como una cosa vintage a partir de la era de Internet, Cannon es sinónimo de cine malo y gamberro, casi como si  de un “TheAsylum” se tratase.
Sin embargo los de mi generación, anterior a esta que les digo, si que vivimos los estrenos de Cannon tal y como se los vendía en la época: Grandes estrenos de cine de primera fila. Aunque también es cierto que hay mucho mastuerzo de mi generación que abraza el concepto de productora “guay/chunga” que venden los de la generación posterior; no es cosa de edades, sino de idiotas. Ni tanto ni tan calvo, habría que calibrar estas películas desde otro punto de vista en el que no influyese ni la ignorancia ni la nostalgia.
Pero a lo que voy es que “Electric Boogaloo: La loca historia de Cannon Films”, que se toma la compañía de Golan y Globus a cachondeo, iría más destinada a esa generación de retrasados mentales incapaces de distinguir (ni disfrutar) el cine malo en condiciones, que afrontan el visionado de ese documental como si fueran Gremlins ante “Blancanieves y los siete enanitos” mientras dure la moda.
En cambio, el documental que nos ocupa, “The Go-Go Boys: The inside story of Cannon Films”, que para empezar trata con cierto respeto a sus protagonistas, Menahen Golan y Yoran Globus, se mantiene imparcial ante la calidad de las películas y mantiene un punto de vista más sereno sobre lo mismo que nos está contando el otro documental, ergo, obviamente, va más destinado a los de mi generación de rancios, amargados y llenos de manías. Entonces, mientras que “Electric Boogaloo” nos vende un circo, “The Go-Go Boys” nos vende la historia de dos emprendedores.
Digamos pues, que la intención de uno es reírse a base de artificios y la del otro documentar. Al margen de esto ¿Cuál de los dos documentales sería mejor? La verdad, no sabría decirles cual es mejor. A mí me ha gustado más “The Go-Go Boys” porque no me está tomando por un estúpido (el otro trata al espectador como retrasado mental), es más calmado y diría que está mejor dirigido. “Electric Boogalo” al final mete demasiada información a un ritmo casi imposible de seguir. Sin embargo también es muy interesante ese punto de vista y al final yo creo que ambos documentales se complementan, pero, me gana “The Go-Go Boys” que incluso logra conmoverme en el momento en que Golan y Globus se reencuentran después de años sin verse. Muy bonito. Pero también explica mucho menos sobre las películas que el otro. Así que, los dos, finalmente, son uno.
“The Go-Go Boys: The inside Story of Cannon Films”, con su estructura de cabezones parlantes e imágenes de archivo y, más centrado en Golan y Globus que en las películas, se llevó malas críticas que acusaron al film de favoritismo hacia estos dos piratas y de omitir que las películas que hacían en realidad eran una mierda. Vamos, que los críticos prefirieron el otro festival para descerebrados.
Dirige el asunto Hila Medalla, documentalista seria israelí que, naturalmente, siente simpatía ante los dos individuos que pusieron el cine israelí en el mapa y, por el camino, se follaron Hollywood.
Muy recomendable.

viernes, 12 de octubre de 2018

LAMBADA, FUEGO EN EL CUERPO

Los últimos años de la Cannon ya resultaron poco menos que un despropósito. Los Go-Go Boys se habían separado y mientras que Yoran Globus seguía al pie del cañon en Cannon intentando reponerse de los batacazos que supusieron “Superman IV” y “Masters del Universo”, Menahen Golan junto a Giancarlo Paretti se ponía a cargo de aquella compañía que duró menos que un suspiro y que se llamó 21st Century y con la que iban a filmar películas sobre los personajes de Marvel. “Spider-man” y “Capitán América” eran sus principales valedores, pero mientras que “Capitán America” si llegó a rodarse (siendo una serie B en toda regla), “Spider-Man” acabó llevando a la compañía a la bancarrota y con sus derechos expirados.
El caso es que ambos, Menahen y Yoran, tenían la mentalidad mercantilística  de cuando fueron grandes en los 80, y fijándose en las tendencias urbanas que tan buenos resultados les dio en su momento filmes como “Breakdance”, ambas compañías hacen lo propio con el baile que en ese 1990 lo peta en el mundo, la Lambada.
Sin embargo, el Break Dance era un baile perteneciente a uno de los movimientos culturales emergentes en aquellos años más importantes de todos los tiempos, el Hip-Hop. Pusieron los ojos en aquel baile callejero con el que todo el mundo se volvía loco pero que además, traía consigo algo mucho más trascendente y digno, por eso generó el interés que generó. Y aquellas películas dedicadas a este baile, funcionaron. Pero la Lambada, no era más que una moda del momento. Y proveniente del Brasil, para más inri. Era de recibo, no obstante, que en las horas más bajas de la Cannon —y en las medianías de la 21st Century— se tuviera en mente explotar otro de esos bailes surgidos de las calles en el cine. Y así, topamos con este subgénero menor que viene siendo lo qué podíamos llamar “Lambada movies”, y que tuvieron su razón de ser única y exclusivamente durante el año 1990, todas fueron un fracaso, y apenas se las recuerda a día de hoy, ni tan siquiera para mofarse de ellas.
Cuando Golam y Globus se mosquearon y separaron, era la Cannon la que tenía en mente sacar una película sobre la Lambada, esta “Lambada, fuego en el cuerpo”. Rabioso,  Golam con su 21st Century, decidió ponerse manos a la obra para rodar la contrarréplica y hacer su propia película sobre la Lambada para estrenarla al mismo tiempo y si no conseguía superar la recaudación de la película de Cannon, al menos restarle espectadores en una absurda y estúpida guerra para ver quién era más cretino. Cuando logró sacar a flote a toda prisa la producción, se escribió un guion en 10 días y se contrató a un director que trabajara rápido, esto es, Greydon Clark.
Globus desde Cannon, consciente de las artimañas de su otrora socio, tomó medidas legales para que la película rival no pudiera utilizar  la palabra“Lambada”en su título ya que este tenía los derechos de la misma para usarlo en su película. Globus ganó el litigio por lo que la película de Golam pasó a llamarse “The forbidden Dance”. Sin embargo, como por otro lado si que consiguió hacerse con los derechos de la canción “Lambada” de Keoma, canción esta que popularizó el baile en todo el globo terráqueo, se las apañó para, si no podía poner la palabra “Lambada” en el título, sí poder colarla en el póster puesto que se trataba del tema central de su película, por lo que la palabra “Lambada” aparece en ese póster dos veces, una para anunciar que el tema de Keoma aparecía en la película, y otra que acompañaría al título que quedaba con “The forbidden dance” en grande, y a continuación, en más pequeñito… “Is Lambada”. Además se autoproclamó como la película original y autentica sobre la Lambada, cuando en realidad no era más que un vulgar exploit de la de Cannon.
El 16 de Abril de 1990 se estrenaron las dos películas a la vez, y como la Lambada no interesaba más que en las discotecas y en las emisoras de radio, ambas fueron un fracaso, pero hizo un poco más de dinero la original, la de Cannon, a pesar de la agresiva campaña publicitaria que tuvo la de Golam.
En España, se estrenaron ambas también, la de Golan Globus se tituló aquí “Lambada, fuego en el cuerpo” y la de Mehahen Golam, que distribuyó aquí la Columbia, se pasó por los huevos el hecho de que no pudiera llevar en su título la palabra “Lambada” y se estrenó bajo el título “Lambada, el baile prohibido”, además de presentarse en su póster, dos eslóganes: Uno decía “La original” y el otro, una frase que me fascina como es “Si es un poco más caliente, dejará de ser baile”.  Hicieron taquillas discretas, y la de Golan se estrenó como la película oficial tan solo por tener el tema de Keoma en la banda sonora consiguiendo asimismo el estatus de ser “La de verdad”, mientras que la de Cannon se quedó en un segundo plano.  El exploit conseguiría en nuestro país 290.000 espectadores mientras que la que nos ocupa, la que podemos considerar la verdadera,  tan solo 158.000. Poco después, ambas pasarían desapercibidas. De “Lambada, el baile prohibido”, ya les hablaré otro día.
“Lambada, Fuego en el cuerpo” contaba con el principal atractivo de que su guionista y director es Joel Silberg, quien ya les diera color  y forma a “Breakdance” y “Rappin’”por lo que pudiera ser que esta “Lambada, fuego en el cuerpo” tuviera su gracia. Por otro lado, uno de los protagonistas y coreógrafo es Adolfo “Shaba Doo” Quinones, quién hiciera lo propio con aquellas películas. Tan mal actor que no sabemos si su presencia es un aliciente o una desgracia.
Y como la Lambada era un baile con un fuerte componente sexual, (el equivalente actual sería “El perreo”), no se les ocurre otra cosa que hacer una película en la que un profesor de instituto de moral intachable, lleva una doble vida; por las noches, se va a la discoteca a bailar lambada consumadamente. Conoce a una mujer a sus afinidades bailongas, y además, da clases a un grupo de chavales marginales también lambaderos. Pero la cosa se complicará cuando una de sus alumnas, que está enamorada de él, descubre que por las noches baila como un loco mientras se restriega con toda suerte de latinas.
“Lambada, fuego en el cuerpo”, considerada por los estudiosos la menos mala de las dos películas americanas sobre lambada, es en realidad un truño enorme, prácticamente insoportable y de una cursilería que roza la vergüenza ajena. Nada que ustedes no se puedan imaginar, ni nada que enturbie la, sin embargo, fascinante historia que se esconde detrás de estas películas, pero me llama poderosamente la atención, que la Lambada no aparece aquí por ningún lado. Quiero decir, sí, los protagonistas bailan lambada, pero los ritmos con los que la bailan distan mucho del éxito internacional de la Lambada de Keoma. Son ritmos discotequeros con toques latinos, pero nada que ver con la mierda de la Lambada. De hecho, estas músicas molan mucho más. Más allá de eso, poco más que decir.
Está claro que Joel Silberg, perdió toda la frescura de títulos pasados y filma aquí un pastiche sin orden ni concierto, en un film concebido única y exclusivamente para sacarle unos dólares a la moda del momento. Solo se consiguió la quiebra.
Por otro lado, mientras que en la vieja España solo éramos partícipes de los dos títulos Americanos sobre Lambada, lo cierto es que el fenómeno social que supuso este baile durante 1990 fue tal que no fueron las únicas películas que se rodaron sobre tema; Anterior a estas dos, Turquía ya rodó su propia versión del baile caliente con “Lambada”, dirigida por un tal Samim Deguer, mientras que Brasil en co-producción con Italia, quizás consecuencia de las americanas, estrenaba la película de idéntico título, “Lambada” capitaneada por el director Giandomenico Curi. Un año después, también de Brasil, y sin tener mucha más originalidad, se estrenaría el tercer “Lambada” dirigida esta vez por Fábio Barreto. Daría un brazo por ver alguna de ellas.

lunes, 6 de junio de 2022

UNA BALA PARA EL NÚMERO UNO

“Una bala para el número uno” tiene un asombroso parecido argumental y estético con una de las buddy movies más populares de los 80, “Arma letal”, y mientras la veía recientemente por primera vez, llegó a pasárseme por la cabeza que esta película no era más que un vulgar exploit tratando de canibalizar el éxito de la película de Richard Donner. Sin embargo, a no ser que el guion se filtrase en los despachos de la Cannon previamente a rodar “Arma letal” (tal y como ocurriera con "Rambo" - "Desaparecido en combate"), no puede ser más que una más de tantas coincidencias existentes en el mundo del cine, teniendo en cuenta que “Una bala para el número uno” se estrenó en las salas de USA a finales de febrero, mientras que “Arma letal” lo hizo un par de semanas después en Marzo de 1987.
Pero mientras que “Arma letal” es buena, “Una bala para el número uno” es más bien ratonera. Y es que, al que se le ocurrió que Robert Carradine podría ser un buen candidato a héroe de acción, habría que matarle. Tampoco tiene química alguna con su partenaire Billy Dee Williams, el poli negro que responde a todos los estereotipos del poli negro en las buddy movies de segunda regional.
Cuenta la historia de un policía violento, irracional y excesivo, Nick Barzack (Carradine), que anda tras la pista de un poderoso narcotraficante llamado Da Costa, en un caso que nunca se acaba de cerrar. En la otra mano tenemos a su compañero Hazeltine, cabal, culto, seductor y músico de jazz en sus ratos libres (Dee Williams). El primero está traumado tras su separación matrimonial y en consecuencia hace la vida imposible a su ex y espanta todos los ligues del segundo.
Un buen día su departamento les encarga resolver un caso de drogas y nuestros hombres comenzarán con la investigación jugándose el pellejo en un buen montón de situaciones, hasta que, lo que descubren, no les hará demasiada gracia…
Todo esto a ritmo de disparos de escopeta, persecuciones aéreas o a pie de calle, mientras en la mejor tradición buddy movie sueltan chascarrillos en los momentos más inoportunos. Casi parece una película concebida para James Belushi. ¿Coincidencia? En absoluto. Tras “El Rector” la Cannon le había echado el ojo a Belushi ya que el tipo de películas que él estaba protagonizando para los estudios encajaba como anillo al dedo en el tipo de productos que, como churros, facturaba la Cannon. Golan y Globus contrataron al actor con la idea de fabricarle una película a la medida, así que se pusieron manos a la obra dejándose asesorar por Belushi que, como se trataba de una película con la que colaboraría estrechamente, metería mano en el guion adaptando los diálogos a su propia manera de actuar, por lo que firmaría un crédito por el guion junto a los demás guionistas. Sin embargo, pronto los estudios llamarían de nuevo a la puerta del actor ofreciéndole un pastelito que no podía rechazar, un co-protagonista junto a Arnold Schwarzenegger en “Danko: Calor rojo” que, a posteriori, resultaría uno de los títulos gordos de su filmografía, así que dejó tirados a los chicos de Cannon con un proyecto concebido a su medida en el que él no estaría. Esto no amilanó a Menahem Golan que continuó adelante contratando a un director del Hollywood clásico, Jack Smight, también reputado realizador televisivo que en décadas anteriores había rodado películas tan célebres como “Harper, detective privado” o “El hombre ilustrado”. Smight tenía idea de hacer esta película con un joven actor que le parecía muy bueno llamado Denzel Washington, pero Golan rechazó la incorporación de este por ser un completo desconocido, ya que quería estrellas para la película. Así, las más asequibles eran Billy Dee Williams, que venía de interpretar a Lando Calrissian en la franquicia de “Star Wars”, y Robert Carradine, que venía de otra franquicia, la de “La revancha de los novatos”. Según Golan, estos actores eran los ideales por sus asumibles cachés y porque ambos eran reconocibles para el gran público. Sin embargo, Robert Carradine, con esa pinta de tontorrón, esa nariz  y esa dentadura enorme y descolocada, es la antítesis del héroe de acción, vamos, que no pega ni con cola en una película de persecuciones y tiros. Obviamente, nadie peor para hacer de tipo duro y por momentos roza lo ridículo. Como decía alguien en alguna opinión de las que he leído en Internet, parece que estemos viendo al Lewis de “La revancha de los novatos” estando muy cabreado.
Billy Dee Williams es mucho más solvente y queda bastante mejor en su papel, pero asimismo está desangelado y como con ganas de cobrar el cheque y largarse de allí lo antes posible. Del resultado de “Una bala para el número uno”, dice su director, que es una película muerta al nacer. Y se convirtió en una de las más ninguneadas y menos vistas de Cannon, que en nuestro país se estrenaría directamente en vídeo. No fue una cosa que dejara temblando a la factoría ya que, aunque no la vio demasiada gente, contó con un presupuesto nimio de 410.000 dólares… así que los comido por lo servido.
Sin embargo, se trata de una película que sin llegar a ser mala del todo (cutre sí, barata también, exagerada, poco creíble…), a mí me ha caído en gracia porque, en resumidas cuentas, está entretenidilla, y uno no puede parar de reírse en secuencias como cuando van nuestros protagonistas en avioneta para trasladar a un delincuente y un helicóptero les derriba, tomando Robert Carradine los mandos de la avioneta y haciéndola aterrizar sin ningún tipo de problemas, pese a ser su personaje policía y no piloto… o cuando este se infiltra en una feria mexicana y lo hace vestido de mujer con la intención de cazar a un delincuente que también está vestido de mujer. El resultado hace que, más que una película de acción, parezca que estemos viendo un sketch de Martes y 13. Así que, sí, pasamos hora y media bien hilarante.
Por cierto, el título original reza “Number one with a bullet”, cuya traducción literal sería “Número uno con una bala”. Esta es una especie de frase hecha yankie, una expresión muy utilizada en la calle y que vendría a identificar a alguien que destaca por encima de los demás en algo concreto. Algo así como llamar a alguien “el puto amo”. Como esa expresión tiene difícil traducción, los señores de Izaro Films, que se encargaban de la distribución de películas Cannon en España, le pusieron un título que anula todo el sentido a la frase hecha, pero que queda de lo más fardón: “Una bala para el número uno”, vamos, que coloquialmente podríamos entender que al mejor de todos, el número uno, se lo van a cargar de un disparo. También mola.

sábado, 15 de junio de 2013

AQUELLAS CARATULAS MARAVILLOSAS (32): EL PERPETUO ACTO DE AMOR ENTRE MICHAEL Y STEVE



Mirado hoy, casi parece surrealista recordar los tiempos en los que la factoría "Cannon" dominaba en las taquillas del planeta tierra con sus subproductos de cutre-acción macarra y patriotera (según el día). De hecho, lo sorprendente no es ya que lograran taquillazos o recaudaciones considerables, el simple hecho de que consiguieran estrenarlos ya despierta mi mayor admiración. Pelis como la mítica "El guerrero americano" del adecuado año 1985, con la que "Cannon" seguía encabezonada en explotar la imagen del ninja que tantos dividendos le había reportado con ayuda del insigne Sho Kosugi. La diferencia es que ahora querían a uno con rasgos occidentales (y americanos, claro), así que se decidieron por Michael Dudikoff, un señor que, consecuentemente, anduvo durante unos años entre los primeros puestos de los "action heroes" cinematográficos, hasta que el "boom" comenzó a perder fuelle y terminó rodando productos de tercera división, algunos de ellos incluso a las órdenes del entrañablemente inocuo Fred Olen Ray. A pesar de eso, o justamente POR eso, el amigo Mike bien merecería formar parte del reparto de la próxima entrega de "Los Mercenarios". Y si no, que sea la siguiente.
El caso es que "El guerrero americano", o "The american ninja", dio mucha guita, así que en 1987 "Cannon" estrena "El guerrero americano 2", otra vez con Dudkioff, el eterno Steve James (también en la primera) y con el mismo director que lo comenzó todo, el "dame lo que sea que te lo filmo, pero si es con ninjas mucho mejor" Sam Firstenberg. También la segunda funcionó, así que no tardaron en preparar la que hacía tres. El problema es que, probablemente, a Michael Dudikoff ya se le habrían subido los humillos y querría interpretar papeles más serios y respetables (¡todo es cíclico en este planeta!, que aburridos que somos los humanos, par diez), así que se buscaron a un sustituto, otro pazguato al que lanzar como nuevo "action hero", y ese fue David Bradley. Junto a él, Steve James de nuevo. Y de director, alguien distinto, Credric Sundstrom. Esto ocurría en 1989.
Ya metidos en 1990, una agónica "Cannon", fieles a la entonces habitual y desesperada táctica de explotar a perpetuidad sus franquicias de éxito en busca de alegrías, produce la que hace cuatro, "American Ninja 4: The Annihilation". Dudikoff que, me supongo, se habría percatado de que nadie más le quería como prota, decide regresar a la saga y hacer doblete junto a David Bradley y el director Sundstrom. El que falta ahora es Steve James... y ojo, que en 1990 aún estaba vivo.
Yo hacía tiempo que le había perdido la pista a la franquicia. De hecho, no recuerdo si ni tan siquiera llegué a ver la tercera parte. En cualquier caso, para 1993 se estrena "The American Ninja 5", con el Sr.Bradley retomando sus responsabilidades protagónicas junto a ¡¡Pat Morita!!. Ni la he visto, ni quiero, pero dicen por ahí que es horripilante y está confeccionada básicamente para plateas adolescentes. Todo muy light y con inadecuado humor. Originalmente nació como un producto ajeno a la saga (de ahí que Bradley, a pesar de repetir, ¡interprete a OTRO personaje distinto!) pero la "Cannon" decidió titularla del modo que la tituló en plan "a ver si pica alguien". Y no debieron de picar muchos porque, según la lista de Imdb, "The American Ninja 5" es su última película. El director se llama Bob Bralver y a mi me impogta un cagajo. 
El caso es que, como todo lo que atañe a la nostalgia ochentera, "El guerrero americano" ha ido ganando cierto estatus entre los fans del action-hero clásico. Yo nunca lo he entendido, básicamente porque nunca me ha gustado. Y no hablo por hablar, hará un año y poco que revisé la primera en formato VHS y la encontré soporífera. De hecho, la tiré a la basura y todo... eso sí, no sin antes sacar la caratula del estuche y guardarla en mi carpeta-para-caratulas-de-VHS... que me ha ido de perlas a la hora de gestionar esta entrada.
Paralelamente a la invasión del cine de acción macarra en nuestras pantallas por parte de las grandes -y medianas- compañías, las pequeñas, sobre todo las de países exóticos y/o asiáticos especialistas en artes marciales, se ocupaban de saturar los estantes de los video-clubs. Y lo hacían con brío, descaro y sinvergüenzería. Plagiando a los productos de clase A. Estratagema esta de la que participaban -conscientemente, o no- las distribuidoras españolas que, a la hora de diseñar sus caratulas, no se cortaban un pelo recortando y calcando imágenes de las pelis más populares. Pelis como la misma "El guerrero americano". Y a las pruebas me remito....
Si cogemos la caratula arriba expuesta, y miramos las fotos de la parte trasera, destaca esta:


En ella, Michael Dudikoff y Steve James se ahostian sin demasiada saña. Es la escena en la que sus personajes, previamente enemigos, se convierten en coleguitas y, luego, colaboradores.
Bien, algo de homoerótico tendrá el tema como para que, a la hora de copiar la caratula de "El guerrero americano", haya resultado ser la imagen preferida de unos y otros, tal y como aclara la siguiente galería...



Estamos ante dos productos de la insigne-ficante "Filmark", la factoría de salchichas caducadas de Tomas Tang, señor -¿o ente?- especialista en el reciclaje descarado y desvergonzado habitual en este puto blog
En la caratula de "El tigre amarillo" la imagen de los chicos atizándose se sitúa justo en el medio, ahí, en plan destacada. Y destacaría más si no fuese por un pequeño detalle bizarro y estrambótico que me ha cegado de fascinación... ¡¡¿¿qué coño hace ahí arriba el puto COCHE FANTÁSTICO??.... vale, los nombres de Michael Dudikoff y David Haselhoff se parecen fonéticamente pero ¿tanto como para confundir productos? (no busquen respuesta, es un gag).
Por lo menos se toman la molestia de cambiar el color de las camisetas de los interfectos, cosa que no hicieron los manguis que diseñaron la caratula de "Dark Day Express" (película comentada por nuestro Aratz), ya que los dos lucen los colores caqui de la imagen original (aunque, por contra, Steve James tiene la cabeza un poco más ladeada).
Pero no todo se limita a los dominios de mister Tang, hay más....


No he visto "America Rugiente" ni tengo intención, pero por lo que deduzco se trata de un drama de acción carcelario de origen italiano, viendo como veo que su prota no es otro que George Eastman, el mítico Luigi Montefiori de las pelis de terror italo parlantes de los años ochenta. 
No cabe duda de que los mozos de la parte de atrás pertenecen a otra peli (pinta de italianos no tienen, no). Así como la imagen superior de delante (los de "Soho video" eran auténticos especialistas en el recorta y pega). Pero los que aquí nos interesan, obviamente, son Michael Dudikoff y Steve James, que pal caso ni tan siquiera es una ilustración disimulada. Se trata de la auténtica foto, tal cual, a la que han añadido un cuchillo cayendo de la mano de Steve... porque pensarían que le daba un rollo más carcelario, supongo.
Dejando a un lado la puñetera foto de los machos peleando, pero sin salirnos de "El guerrero americano" y de Michael Dudikoff en particular, déjenme animarles a mirar detenidamente la caratula que sigue. Luego hablamos de ella.


Como "America Rugiente", "Sobre el camino" es también un drama carcelario, pero no Italiano, este es americano tal y como su título original indica, "On the yar". ¿¿Qué cojones es "yar"??... bueno, es que al diseñador le faltaría la D del Letrasset, pero en realidad la peli se titula "On the yard" que, sí, traducido significa algo parecido a "Sobre el camino". ¡¿Cómo sería la traducción de "On the yar"?!, pues "Sobre el camin", digo yo. Se trata de un film de 1978 con fama de soso... tanto que, en fin, nadie lo recuerda.
Merece destacarse la imagen de ese señor encerrado en una celda. Que yo sepa la peli no habla de prisiones militares. ¿Entonces de qué esos ropajes color caqui?. Pero... anda... a mi que me suena ese tio... a ver, acerquémonos más...


¡¡Canastos!!, pero si es Michael Dudikoff. Un Michael Dudikoff al que alguien se tomó la molestia de pintar ¡¡unas gafas de sol, un bigote y un cigarro!!. Y con punta fina. ¡¡La madre que los parió!!. Esto me recuerda a otras dos estratagemas parecidas urdidas por otras cutre-distribuidoras y de las que ya hablé en su momento (AQUÍ y AQUÍ).
Como decía arriba, los de "Soho Video" eran auténticos especialistas en el reciclaje descarado e indigno. Seguro que la imagen del tio con la camisa ensangrentada es también de otra película, aunque no puedo localizar a cual pertenece. De lo que sí estoy seguro es que, igual que Michael Dudikoff no aparece en el reparto de "Sobre el camino", Harvey Keitel tampoco. ¡¿Qué hace el fucking Harvey Keitel en la parte trasera de la caratula?! (Y no desvarío, a continuación les dejo la imagen original, perteneciente a "Malas calles", en la que Harvey posa violentamente junto a Robert De Ninja... er, digo, De Niro. Eso sí, en versión no-invertida).


Únicamente "Soho Video" tiene la respuesta. Y "Metropolis Home Video". Y "Group W Productions". Que maravilla, cuanto morro, cuanta jeta junta... nadie diría que hablamos de distribuidoras españolas... con lo honesto y legal que es todo el mundo en este país nueso.

ACTUALIZACIÓN (6-2-2015):
Y sin comerlo ni beberlo, de pronto hace su aparición una caratula más que explota el acto de amor entre Michael y Steve, esta que sigue...



En definitiva otro subproducto asático repleto de nombres raros que no aparecen ni en "Imdb", y si lo hacen nunca es en las funciones que se supone ejercen aquí. Para más inri, la peli fue editada por la legendaria "Chock Video", cuyo catálogo no tenía desperdicio...
¿Cuantas más habrá?... a saber.

miércoles, 14 de diciembre de 2022

GALERÍA DE ESCANEOS BONITOS 22 (CANNON)

Imágenes extraídas de las fermosas páginas de "Mad Movies", "L´Ecran Fantastique" y otras revistas franchutes que me alegraron la adolescencia por ahí los años 80/90....

En la época que íbamos al cine a ver, o alquilábamos en vídeo, productos "Cannon", jamás se nos llegó a pasar por la cabeza que, con los años, acabaría siendo tildada de "cool" y molona, cuando desde buen principio a la compañía de Golan & Globus se la consideró facturadora de basura ultra-comercial, desalmada y sin ningún elemento redentor. Claro que eso también ha pasado con Spielberg, Stallone, Schwarzenegger, el cine de terror de la década y un montón de "mierda" más. El tiempo hace que todo parezca mejor, sí, pero también desprende de magia a las cosas. Por eso, a la hora de dedicarle una entrada a escaneos de productos "Cannon" me he decantado por su etapa de decadencia, justo cuando hacían aguas y corrían al Festival de Cannes intentando engañar a la peña, anunciado supuestas grandes películas -de las cuales, algunas jamás verían la luz-, vendiendo la moto de que eran la hostia en patinete, etc. Todo muy patético y entrañable...





Un poco de publicidad para la famosa "Masters del Universo",
de cuando aún estarían intentando levantar el proyecto, aunque
ya tenían confirmado a Dolph Lundgren.
Me gusta especialmente la primera imagen, ese especie de banner
totalmente inventado para la ocasión y cuyo Skeletor casi luce
más chulo, y siniestro, del que luego saldría en la película.


Ya los tenemos aquí, Menahem y Yoram intentando convencernos
de que son la hostia y únicamente producen éxito tras éxito.
"El año de Cannon" dicen... pocos sabían entonces que, en realidad,
la compañía hacía aguas por todos lados e intentaba
desesperadamente salir a flote... Y por cierto, que los tipos
lleven atuendo de cazador hoy se consideraría políticamente incorrecto.


Nada nuevo bajo el sol. Muchos conocen ya este
cartel. Víctor habló del abortado proyecto de llevar el hombre
araña a la pantalla, de cuando el director iba a ser nada menos
que Tobe Hooper. No obstante, siempre mola verlo... sobre todo
porque, ¿qué hace Spidey flotando en el espacio?
Habría sido un desastre seguro... pero ojalá la hubiesen hecho, ¿verdad?.


Y hablando de Tobe, ahí va uno de los pocos logros genuinos de
"Cannon", "Masacre en Texas 2". Vale, no es ninguna
obra de arte, pero sí una película muy simpática y disfrutable.
Y ese cartel... es absolutamente maravilloso.

lunes, 22 de julio de 2013

LA FUERZA DE LA VENGANZA

Una confesión. No tenía ni pajolera idea de que "La fuerza de la venganza" fuese una secuela de "Invasión USA" (bien presente en nuestro pest-seller). ¡Es que ni por asomo!. Pero resulta que sí, que el prota de ambas es el mismo, el super-agente "Matt Hunter" (imposible no ser un héroe de acción con semejante nombre), la diferencia es que, mientras en la primera le ponía barbado rostro Chuck Norris, aquí el que se encarga de ello es el eterno Michael Dudikoff, el astro de las yoyas por el que "Cannon" lo apostó todo en su momento, pero que siempre quedó relegado a un injusto segundo plano. Y digo yo, ¿por qué no lo interpretó el mismo Norris?, pues porque andaba ocupado currando para otras pelis... ¡de la misma productora!. En todo caso lo celebro, puesto que me gustaba (y me gusta) más Dudikoff que el amigo Chuck.
La cosa funciona así: Existe una sociedad secreta de extrema derecha, ultra-racista y aficionada a cazar seres humanos, que se la tiene jurada a un aspirante a la presidencia inevitablemente negro. Deciden acabar con él durante una cabalgata del "Mardi Gras", pero solo logran asesinar a uno de sus hijos. Mal, muy mal. La mentada sociedad desconoce que el político tiene por amigo a todo un experto en estas cosas de soltar coces y meter tiros, "Matt Hunter" quien justo venía de salvar a su país de una invasión de malvados rojos (el muchacho pasa de un extremo al otro, ¿tal vez "Cannon" procuraba lavar su imagen?... lo dudo). A pesar de todo, la sociedad secreta sigue intentándolo y en una escena sorprendente, se cargan a toda la familia del político (incluido a este y su hijo pequeño) y secuestran a la hermanita de "Hunter" quien, para recuperarla, deberá participar en el juego de la caza al hombre. Y lo hará, sembrando la película de cadáveres.
Pues resulta que "La fuerza de la venganza" (que traducido al inglés de la versión original suena super-chanin, "Avenging Force"), característico producto "Cannon" del característico año 1986, arrastra bastante buena fama (no confundir con "El poder de la venganza", también con yoyas a tutiplén, pero con Germán Monzó dirigiendo -y actuando-, lo que le otorga al resultado final una cualidad casi extraterrestre). Se la tiene muy bien considerada como epopeya de hostias y tiros, y no me sorprende nada ya que, sí, funciona un rato bien (desde luego, mejor que la aburrida "Invasión USA"). Para empezar, Michael Dudikoff dispone de mayor gracejo y mueve las cejas bastante más que Norris. Luego tenemos a otro de los grandes, el tristemente y prematuramente desaparecido Steve James. Cuesta creer que semejante mastuerzo musculado pueda aspirar a la presidencia... pero miren a Schwarzenegger. Los malos molan mucho, son realmente odiosos, despiadados y cabrones. ¡Deseas verlos morir!. Su jefe es el impagable -también fallecido- John P. Ryan, siempre estupendo cuando se trata de hacer judiadas (algo que volvería a infligir para "Cannon", y muy bien, en "Yo soy la justicia 2"), aunque cuando se pone a aullar con su máscara de cazador sea un poco ridículo, y bueno, no sé, el escenario donde se desarrolla todo, mola (Louisiana y sus hermosos pantanos), las escenas de persecuciones y tiros están guapas, las de piños también y hay unas buenas dosis de violencia y mala hostia. Lo mejor, qué duda cabe, es la cacería final, con peleas cuerpo a cuerpo que duelen.
Dirige el cotarro Sam Firstenberg. ¡¡Aaaay!!, que tiempos aquellos en los que Sam se ganaba las garrofas lujosamente y lograba colocar sus pelis en las primeras posiciones de las listas de éxitos. "La venganza del ninja", "Ninja 3: la dominación", "Breakdance 2: Electric Boogaloo", "El guerrero americano 1 y 2", (a partir de aquí ya en proceso de descenso) "Delta Force 3: the killing game", "American Samurai" o "Cyborg Cop" llevan su firma. A principios del 2000 se mete en terrenos más pantanosos dirigiendo "Criaturas asesinas", producto de monstruos de tercera destinado a consumo exclusivamente doméstico y que, ya de por sí, era secuela de otro. Su última peli (del 2003) se titula "The Interplanetary Surplus Male and Amazon Women of Outer Space" y, aunque suene a chiste -que no lo es-, se trata de la puesta a punto de un antiguo guion de Ed Wood que no llegó a realizarse en su momento. Después de aquello, no volvió a dirigir nunca mais.
También en el guion de "La fuerza de la venganza" encontramos sorpresas, lo firma el normalmente actor James Booth, quien se reserva un papel en la peli. Booth casi siempre ha interpretado villanos, y como guionista le molaba la violencia tanto como a un tonto una piruleta. Su obra maestra en ambos campos es "Indestructible: ruega por tu muerte", la cacareada fábula ultra-burra a mayor gloria de Sho Kosugi.
En fin, con semejantes ingredientes, ¿cómo iba a fallar "La fuerza de la venganza"?, uno de los más dignos productos "Cannon" de la época y un entretenimiento muy solvente.
Ideal pa pasar el ratico. 

lunes, 15 de abril de 2019

SALSA

Otra consecuencia “made in Cannon” del éxito de “Breakdance” y anterior a la guerra de Lambadas de los primeros años de la década de los 90. Golan y Globus, en sus años de decadencia, seguían emperrados en hacer películas de bajo presupuesto cuyo gancho comercial fueran los ritmos urbanos de los barrios. Por eso era inevitable que se sacaran de la manga una película protagonizada íntegramente por latinos y para un público latino instalado en los USA. Y se cascan un film como este, “Salsa”, que se encarga de seguir los patrones establecidos cuatro años antes por “Breakdance” solo que multiplicando por diez las dosis de romanticismo y mostrándonos una música atemporal pero de corte clásico como es la Salsa, como si esta fuera una nueva tendencia callejera. Y sí, pero en realidad, no.
Entonces, se nos presenta a lo que los Go-Go Boys consideraban una futura estrella emergente, al puertorriqueño Bobby Rosa, que con esas pintas de latin lover ochentero a lo Gerardo Mejía  y esa manera de sobre actuar (que le valió un razzie como peor nueva estrella), se prodiga como uno de los actores más repugnantes vistos jamás en una película. Verle susurrar en español a un coche al que acaba de reparar, mientras se pega unos bailes de lo más estúpidos, además de esa melena rizada, da verdadera grima. Y por supuesto, el personaje se llama Rico.
Rico, mecánico de profesión, por las noches baila Salsa en la discoteca, género musical este en el que está hecho un verdadero as, cuando para presentarse a un concurso que le puede llevar a su Puerto rico natal dónde triunfará bailando, decide dejar a su novia para emparejarse artísticamente con “La Reina de la Salsa”, una vieja gloria del baile que pretende revivir sus tiempos de éxito bailando junto a Rico. Mientras tanto, los conflictos amorosos se suceden, a Rico le da tiempo a tontear con alguna chica menor de edad y a partirle la cara a su mejor amigo por echarle en cara que se enamore de esta, que es su hermana pequeña.
Como la trama es tan endeble y para justificar el contenido musical de la cinta, engordan el metraje con las actuaciones de Celia Cruz, Tito Puente y otros tantos artistas populares latinos, amén de que los numeritos de baile se antojan eternos. Insulsa a más no poder, quizás, la peor de las películas de ritmos urbanos de la Cannon. Por supuesto, el humor involuntario está a la orden del día igual que la vergüenza ajena que nos proporciona en cada plano en el que hace acto de presencia el tal Bobby Rosa. Rosa, era uno de los miembros del grupo infantil Menudo, una especie de Parchís latino que se hicieron mega-famosos en todo el mundo. La Cannon se aprovechó su facha y su baile para dar vida al protagonista de esta película. Rosa, que venía de hacer una serie de televisión, debutaría en esta cinta con muy mala fortuna, después haría un film de procedencia alemana para nunca más volver a ponerse delante de una cámara. Eso sí, se gana la vida en el mundo de la música, trabajando en el estudio en calidad de compositor.
Es malísima, por lo que queda claro que el tándem clásico de Cannon que se ocupó de la película, Boaz Davidson a la dirección y co-escribiendo el guión junto a Eli Tavor, lo hicieron con el piloto automático puesto. Chas, chas, numerito musical, chas, chas, actuación de grupo musical y chas, chas, confuso y extraño final que a nadie convence ni interesa.
En nuestro país la vieron unos escasos 126.000 espectadores, que para el tipo de película que es y el tipo de público a la que va destinado, no creo que sea un mal número.

sábado, 28 de julio de 2012

LA DOMINACIÓN (NINJA 3)

Cuando "Cannon" se planteó rodar esta película, probablemente tenía en mente mezclar a sus rentables ninjas con dos títulos de -entonces- reciente éxito, "Flashdance" y "El Ente". No lo digo de guasa. "La dominación" o "Ninja 3" cuenta la historia de una adicta al aerobic (la vemos practicarlo apasionadamente, luce un look parecido al de Jennifer Beals y, como esta en "Flashdance", tiene un curro "sucio y masculino") poseída por el espíritu de un poderoso asesino-ninja con el fin de matar a los policías que acabaron con su vida. Suerte que por ahí pulula el ninja oficial del cine ochentoso, Sho Kosugi, para pararle los pies. De hecho, Kosugi es el único vínculo entre los tres films que componen la "trilogía ninja de la Cannon", sin embargo, en ninguna de ellas el muchacho interpreta al mismo personaje. Hagamos un rápido repaso, la primera era "La justicia del Ninja", en la que salía el bigotudo Franco Nero haciendo de asesino enmascarado, y la segunda, "La venganza del Ninja", la vi en su época, pero no me acuerdo de nada (luego está "Las nueve muertes de ninja", que en España se subtituló "Ninja 4", pero no, a nivel oficial no hubo nunca una cuarta entrega). Vamos, que lo único que las unía era el uniforme del asesino nipón, pero nada más.
El caso es que "La dominación" chorrea ochenterismo por todos sus poros. Dejando de lado que la productora sea la "Cannon" y que a la prota le ponga tanto el aerobic, tenemos cosas tan llamativas como fluorescentes y un "arcade"... pero no uno cualquiera, este es utilizado por el fantasma del ninja para... pues no se muy bien para qué, pero en un momento dado saca humo y un montón de rayitos laser con las más variopintas e innecesarias formas. Todo muy "espectacular". Aunque para espectacular la escena en la que la prota recibe un especie de exorcismo por parte de un curandero (otro clásico, el amigo James Hong) y que resulta genuinamente ridícula y patética, con la chavala ahí toda pálida y canosa berreando como una loca. Tampoco el super-ninja asesino merece precisamente una medalla a los méritos, porque tras asesinar a un científico al principio de la peli, lía un pitote con medio cuerpo de policía persiguiéndole que, vamos, luego no me digan a mi eso de que eran sigilosos e infalibles, cojones. El caso es que se carga un montón de polis, recibe tropecientos balazos, pero nada, que no palma... y al final, como en "Muñeco Diabólico", se cruza con la churri y se le mete dentro del cuerpo, pero por la vía menos divertida.
El amigo Sho Kosugi, que esta vez luce en el ojo un parche de lo más feo, protagoniza lo mejor del sarao, que son las peleas con el ninja malo. El director no es otro que Sam Firstenberg, un currante de la "Cannon" que terminaría casi especializado en cine de ninjas, destacando su aportación no solo a la misma trilogía (fue responsable también de la segunda entrega), sino dando pie a la famosa/infame "El guerrero americano", al menos en sus dos primeras encarnaciones. 
Por lo demás, pues hombre, se deja ver, así en plan "fast food", y hasta proporciona un buen puñado de risotadas gracias a muchas de sus ridículas situaciones y diálogos de feria, pero vamos, no es ni por asomo imprescindible.

martes, 16 de junio de 2009

COBRA

A mediados de los 80 Stallone era el indiscutible rey de la taquilla. Sin embargo, "Cobra" resultó su primer tropezón (en ese momento). Venía después de "Rambo" (y "Rocky 4", dos pelis marcadamente "reaganianas"), contaba con el mismo director, George Pan Cosmatos, y el cartel recurría de nuevo a la imagen de Sly con cara de pocos amigos y luciendo arma chanante. Pero, como decía, no coló. No es que fuera un mega-fracaso... pero tampoco el exitazo que se esperaba de ella. Se abrió la veda, todos los críticos rabiosos ante el hecho de que el bueno de Silvestre fuera el boss de Hollywood e hiciese gala de una ideología política algo derechista, aprovecharon la oportunidad para vengarse. "Cobra" no paró de recibir palos y ser continuo motivo de chota en toda clase de medios. Aún hoy, a pesar de que con los años se ha ganado mejor prensa (el poder de la nostalgia, casi tan poderosa como el dinero y el sexo), ese cachondeo mal lechado aún colea.
Estamos ante una adaptación muy asá de la novela "Fair Game" (que sería readaptada unos años después para lucimiento de la top Cindy Crawford), aunque yo siempre he dicho que en realidad "Cobra" es un homenaje/plagio del primer "Harry, el sucio". Aparte de sus varios puntos en común inevitables por género (poli continuamente abroncado por sus superiores, asesinos psicópatas con afición por matar gente de lo más inocente, continua puesta en duda de la capacidad de la ley y su sistema, las frases lapidarias del héroe, etc, etc) tenemos que fijarnos en el reparto. Reni Santoni, quien interpretara al compañero de Clint Eastwood en el film de Don Siegel, es aquí compañero de "Cobra". Andrew Robinson, el francotirador loco de "Harry, el sucio", es en esta peli uno de los superiores de Stallone, y sin ser el malo de la función, su personaje poco tiene de bueno. A modo complementario, pero dentro de terrenos "harrycallahanistas", destacar la presencia
del entrañable David Rasche, suyo es el rostro que diera vida a "Sledge Hammer", la versión paródica del policía encarnado por Clint Eastwood.
Brigitte Nielsen (entonces, creo, pareja de Stallone) es testigo de un atroz crimen perpetrado por una panda de asesinos con aspiraciones sectarias y apocalípticas. Marion Cobretti, poli especializado en el "trabajo sucio" (como Harry) se encargará de protegerla. Violencia a raudales y mucha propaganda reaccionaria de delicioso sabor será el resultado.
Hasta cierto punto, podemos decir que "Cobra" es el paradigma del cine de acción ochentero, pues no solo tenemos a un Stallone en plena forma, también se trata de su primera colaboración con la entonces todopoderosa "Cannon". ¡¡Sylvester + Cannon!!, ¿tremendo, no? (imaginaos el placer orgásmico de los críticos a la hora de echar la bilis... tenían todos los ingredientes adecuados, y más). De hecho, esto de que Golan y Globus estuvieran de por medio da que pensar. Si lo miras detenidamente, "El Exterminador 2" (otra producción "Cannon" dos años anterior a "Cobra") y el film reseñado gastan algunas ideas en común. Por ejemplo, en las dos tenemos a una secta criminal casi-religiosa empecinada en provocar el mal y cebarse en la gente de la calle. El final de ambas se desarrolla en una fábrica, donde el héroe prende fuego a un malo rociado de gasolina desde el mismo e idéntico contra-picado relentizado. Y el jefe de los villanos (¡ese Brian Thompson tremebundo!) fenece casi igual en una y en la otra, ensartado y en llamas. ¿Sospechoso verdad?. No sería descabellado pensar que, a falta de material llamativo (y dado que "El Exterminador 2" era una producción más oscura, y fracasada, de la que no muchos se acordarían), los chicos de la "Cannon" buscaran en sus arcas con intenciones recicladoras.
Pero la cuestión es, ¿merecía "Cobra" tanto desprecio?. No, ni por asomo. Es evidente que todo aquello lo provocó una cuestión extra cinematográfica, era pura venganza personal. Daba igual si el film era bueno o no, sencillamente Stallone tenía que recibir "su merecido". En realidad "Cobra" es un thriller muy potente, vibrante, estilizado, entretenido y bien hecho con algunos momentos para el recuerdo.

viernes, 10 de junio de 2022

BOLERO

Cuando la Cannon, de puro resultona, consiguió que una potente major como Metro Goldwin Mayer se hiciera cargo de la distribución en cines de su catálogo en ciernes, era de esperar que, tarde o temprano,  Menahem Golan y Yoran Globus la cagasen por el camino. Y es que los entrañables israelíes ponían sobre la mesa los cojones y las excentricidades por encima de la razón. Ahora, tampoco perdamos de vista el matrimonio formado por John Derek y Bo Derek cuyo modus operandi no era otro que el exhibicionismo y el retraso mental —no hay que olvidarse de que Bo Derek es a día de hoy un icono del cine, pero lo es por guapa, no por talentosa—, atributos estos con los que se rodaron cuatro películas que vistas hoy, sin duda resultan obras maestras del descerebre. Cualquiera diría que estaban dirigidas por un orangután en celo y protagonizadas por tres kilos de ternera. “Bolero” es el máximo exponente de todo esto que digo y el motivo por el que Frank Yablans de Metro Goldwin Mayer rescindió su importante contrato de distribución con Cannon, al querer mantener el nombre de su compañía bien alejado de esta caterva de deficientes mentales con ínfulas artísticas.
“Bolero” en sí misma es un despropósito. Se trata de un drama de aventuras de corte erótico, con los ojos puestos en los clásicos de los 70 (“Emmanuelle” y demás) que, ambientado en los años 20, cuenta una historia que realmente importa un pijo; Una mujer adinerada, víctima de la más pura represión en su educación, se despendola al graduarse y emprenderá, junto a una amiga y su chófer, un viaje por el mundo con el fin de encontrar al maromo que habrá de desvirgarla, siendo los principales aspirantes un jeque árabe —que la embadurna en miel y, teniéndola cachonda perdida, se queda dormido antes de penetrarla—, y un torero andaluz con muchas propiedades que se la folla al amanecer e incluso llega a enamorarla, sin embargo cuando mejor van las cosas, le coge un toro y le deja impedido de cintura para abajo, lo que hará plantearse a nuestra protagonista si merece la pena estar con un hombre que no puede darle placer. En lo sucesivo, intentará seducirle montando a caballo en pelotas para ver si así se le endereza la cosa al hombre. Mientras, el jeque árabe intentará secuestrarla y llevársela consigo con el fin de penetrarla, pero no lo conseguirá porque el chófer de nuestra protagonista es más bruto que un arado y detiene con sus manos desnudas el avión donde el jeque pretende llevarse a nuestra amiga. ¿Suena bien, eh? Pues vista es todavía mejor.
Se trata de una de las películas más ridículas de la historia, con los diálogos más estúpidos escritos por mano humana, pero además de todo eso, y de su ostentosa pompa, el contenido erótico roza el porno soft. La mera excusa de la existencia de la película, además, es eso, mostrar el palmito de Bo Derek y poder verla hacer el amor con galanes latinos buscados ex profeso para que hagan juego con la diva. Quizás a día de hoy esas secuencias resulten más horteras que pornográficas, pero en 1984 quizás si eran motivo de algarabía.
El caso es que durante la concepción de la cinta, Menahem Golan no paraba de sugerir tanto al director John Derek, como a su esposa, que rodaran escenas eróticas más explícitas, cosa esta a la que los Derek se negaron porque, ir más lejos de lo que habían rodado era ya entrar en terrenos de porno hardcore, por lo que se negaron a meter más folleteo a una película que ya era todo el rato eso. Como fuere, antes de su exhibición en cines, se le preparó un pase de prueba de la película a Frank Yablans que al verla quedó horrorizado, no solo por el alto contenido erótico, sino por la gilipollez que en sí era. Además, la junta de censores otorgaría a la película una “X” como una catedral, lo que reduciría la exhibición de esta a cines porno. Yablans sugirió así a Golan que cortara material erótico para poder exhibirla en cines normales, cosa a la que este se negó y, en consecuencia, Metro Goldwin Mayer se negó a distribuir la película.
Menahem Golan no se amilanó con la decisión de Yablans y la solución que tomó fue estrenarla él mismo bajo distribución de la  propia Cannon, como ya había hecho antes del acuerdo con metro, y para que no le encasquetasen una X, decidió estrenarla sin calificación alguna. Haciendo esto, incumplía partes de las cláusulas del contrato de distribución con Metro, por lo que Yablans se acogió a eso para rescindir su contrato y, ya de paso, quitarse a esta puta gente de encima. Cannon siguió después operando por su cuenta y riesgo.
“Bolero”, que tuvo una campaña de promoción brutal para ser una película sin calificar, a duras penas consiguió recuperar sus costes, siendo un fracaso total y absoluto no solo de público, sino también de crítica, consiguiendo en su carrera nueve nominaciones a los premios razzie de los cuales se llevó seis. Asimismo, a día de hoy es una película de absoluto culto, como pueden serlo todas las ejecutadas por los Derek.
El caso es que, estúpida y vergonzante como es, está un rato entretenida precisamente por estúpida y vergonzante, y resulta imposible no descoyuntarse de la risa en escenas como la del jeque árabe lamiendo el cuerpo embadurnado de miel de Bo Derek, que más que provocar excitación provoca asco, o cuando el personaje del pobre George Kennedy intenta parar una avioneta que va a despegar con sus propias manos. Lo cierto es que cada cinco minutos viene algo, ya sea una escena risible, ya sea un dialogo subnormal, que convierten “Bolero” en una cinta altamente disfrutable. Y los pajilleros que no sean excesivamente tontos, obtendrán el doble de disfrute, si es que son capaces de centrarse un poquito en la película y tener las manos quietas.
Otro de los disparates es contar con la presencia de Olivia d’Abo, que se despelota cada dos por tres teniendo en el momento del rodaje ¡¡13 años de edad!!
Como parte de la película se desarrolla en España, el reparto tiene una gran presencia española, así que, junto a Bo Derek y el anteriormente mentado George Kennedy, tenemos a una jovencita Ana Obregón que se buscaba la vida en los USA como buenamente podía —y que participó en una serie de películas, durante su carrera como actriz, a mi juicio estupendas— y a la que también se le concede una escena erótica, así como tenemos pequeños papeles para Mirta Miller, que se encargará de meterse en la cama con el bueno de Kennedy o la perra Mary, esa perrita deliciosa que salía en todas las películas españolas de la época y que dio vida al perro Superman en las películas de Parchís.
En un principio el papel de Ángel, el galán andaluz, estaba previsto que lo interpretara Fabio Testi, pero tenía una especie de afección cutánea muy visible que era difícil de camuflar con el maquillaje, por lo que pronto fue sustituido por Andrea Occhipinti, galán italiano que tiene cierta retirada a Hugh Jackman y al que hemos podido ver en cosas tan populares como “El destripador de Nueva York” o “Cuchillos en la oscuridad”.
John Derek, después del fracaso, rodaría alguna película más al servicio de su esposa, quizás más descerebrada incluso que esta, pero de eso ya hablaremos en otra ocasión, porque pienso verme toda la filmografía de este matrimonio que permaneció unido, no obstante, hasta el fallecimiento de él en 1998.
“Bolero” es una película que en su momento era “muy de padres”, porque estaba destinada mayormente al público adulto. Bien; recuerdo a la perfección a mis señores padres viniendo del cine y echando pestes de la película tras verla. A mí, me encanta.

martes, 3 de febrero de 2009

LAS MINAS DEL REY SALOMÓN

Cuando la productora especializada en plagios, The Asylum, quiso aprovecharse del entonces cercano estreno de la mega-decepcionante "Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal", no necesitaron crear otro héroe semejante al del látigo, corrieron a la fuente original, la novela que lo empezó todo, "Las minas del rey Salomón" (que, supongo, hace años perdió los derechos de autor, de modo que cualquier pazguato con una cámara puede "adaptarla" a su puta bola) y pillaron a su aventurero protagonista, el machacado Allan Quatermain (dice en imdb un colega de los responsables de ese film, que se rodó en 9 días, con 10.000 dólares, en Sudáfrica y con un equipo de diez personas, ¡contando actores y técnicos!). Bien, el resultado a tal desaguisado se tituló "Allan Quatermain and the Temple of Skulls", y el que niegue su condición de exploitation, merece una paliza (los mismos de Asylum tuvieron el morro de poner en el cartel que Quatermain inspiró la creación de Indiana Jones!, con dos cojones!!). Pues oiga, ellos no fueron los primeros en usar tal estratagema... antes estuvieron los chicos de la añorada "Cannon".
En 1985 la creación de Lucas & Spielberg era ya todo un icono. Por entonces se habían estrenado "En busca del arca perdida" e "Indiana Jones y el templo maldito" (concretamente, esta segunda un año antes). Yoram Globus y Menahem Golan vivían su época de mayor esplendor, y pensaron que no estaría mal subirse al carro de esa nueva moda, la aventura de aire clasicote (todo un fenómeno que bien merecería un estudio, pues no solo engendró películas, también productos televisivos y hasta ¡juegos de mesa!, ¿alguien se acuerda de “El templo de cristal”?). Le encargaron el guión a Gene Quintano (guionista de algunas entregas de “Loca academia de policía”, director de "Con el arma a punto" y, ojo al dato, ¡autor del libreto de “El tesoro de las cuatro coronas”! ) que, usando la novela de H.Rider Haggard como mera excusa, se sacó de la manga una imitación descarada de Indiana Jones, pero con el aliciente de que tenía mucho más humor... de hecho, no sé si es voluntario o no, pero casi parece una parodia de las movidas del tipo del látigo. Para el reparto, se buscaron a su Harrison Ford particular, que acabaría siendo Richard Chamberlain, a la chica de turno, la por entonces aún verde, pero guapísima, Sharon Stone (que interpreta, sin disimulo alguno, a una genuina rubia tonta), al eterno John Rhys-Davies (que había interpretado un papel destacado en "En busca del arca perdida" y que, a pesar de su "traición", volvería en "Indiana Jones y la última cruzada") y a otro grande, Herbert Lom. No hay que olvidarse de la música, necesitaban algo grandilocuente y colorista, que sonara a John Williams, y nadie era mejor para eso que el todoterreno Jerry Goldsmith, que facturó un soundtrack maravilloso, con una tonadilla casi tan pegadiza como la que ya sabéis. Todo eso, y un buen pellizco (sorprende ver que, a pesar de su condición de copia, la peli cuenta con medios bastante generosos), se lo pasaron al director que se encargaría de darle forma, el inmortal J.Lee Thompson, entonces en la nómina de la "Cannon" y especializado en vehículos para Charles Bronson.
Ojo al parche que a mi esta peli en su momento me marcó mucho. Lo más divertido es recordar quien me la recomendó... ¡mi profe de castellano!. Sí, estaba yo entonces cursando estudios en EGB y, no recuerdo a santo de qué, el Sr.Seguín (así se llamaba) se puso a hablar de las pelis que había visto recientemente... comentó "Regreso al futuro" y esta de la que os hablo ahora, reseñando que era mejor que las de Indiana Jones. El finde siguiente cogí a mi madre, y juntos fuimos a verla. La verdad es que lo pasamos bomba!!!, y durante un tiempo, Allan Quatermain robó el puesto de honor al Doctor Jones en mi lista de héroes.
La historia no tiene truco, una chica contrata los servicios de un aventurero para localizar a su desaparecido padre, un arqueólogo que busca las minas del rey Salomón y que está en manos de los Turcos y los Alemanes, los malos de la función. Por el viaje habrán mil peligros, explosiones, animales salvajes, caníbales, incluso una araña gigante y un... hipopótamo mutante o algo parecido.
Como decía arriba, si algo hace destacar a esta producción "Cannon" entre el aluvión de plagios de las pelis de Indy (como en "Indiana Jones y el templo maldito" hay un habitáculo que, al cerrar la puerta, activa un techo repleto de pinchos que va descendiendo lentamente... tal cual. Aunque, para compensar, señalaremos que al menos Quatermain pierde su sombrero a los 25 minutos de peli y no lo recupera... en eso resulta ser bastante más realista que el famoso arqueólogo, ¿que no?) es su sentido del humor. Por ejemplo, hay una secuencia que fotocopia sin rubor el momento de "En busca del arca perdida" en la que Harrison Ford es arrastrado por un camión. La diferencia es que aquí es un tren, y Chamberlain se permite el lujazo de hacer surf colocando los pies en los raíles!!!. Otra escena maravillosa es aquella en la que, durante un duelo en avioneta, el aventurero queda colgando del ala de su aparato y, accidentalmente, golpea con los pies la cabeza del piloto alemán, cuyo aeroplano está justo debajo, dejándolo ko!!. Todo eso, más muchas ideas locas (el alemán gay que prefiere al padre de Sharon Stone antes que a ella) y muchas frases graciosas y chascarrillos hacen de este film una verdadera montaña rusa, entretenidísima, divertidísima y muy recomendable para pasar un muy buen rato.
Naturalmente fue vilipendiada por la crítica (los mismos que ahora dicen que Patrick Swayze es un gran actor porque está a punto de morir de cáncer... ¡hipócritas!, por cierto, que interpretó a Allan Quatermain en una adaptación televisiva de la novela) y parte del público (que en estos momentos seguramente la reivindique dada su condición ochentosa), pero eso se la trajo floja a los señores Golan y Globus, que tras llenarse los bolsillos de billetes verdes, produjeron una segunda parte prácticamente con el mismo equipo, "Allan Quatermain en la ciudad perdida del oro", que se tomaba demasiado en serio a si misma y, por ende, resultaba muy aburrida.
Nota curiosa: Con el fin de aprovechar los decorados construidos para la ocasión, y la moda, la "Cannon" estrenó "El templo del oro", protagonizada por Chuck Norris y Louis Gossett Jr., peli esta que, tal vez, algún día aparezca en este blog (y, una vez más, dirigida por el incombustible J.Lee Thompson).

lunes, 13 de junio de 2022

ROCKULA

Una de las últimas películas producidas por Cannon y posiblemente la peor tratada de aquellos postremos años de producción, entre 1987 y 1988.
“Rockula”, que no pertenecía a los productos gordos que Cannon facturaba aquellos años (“ Masters del Universo”, “Superman IV”…) —se trata de una producción de millón y medio de dólares—, se rodó en 1988, justo antes de que la compañía de Menahen Golan y Yoran Globus se declarase en bancarrota, y sí ya de por sí los productos a los que habían metido pasta sufrieron los daños colaterales del estipendio Cannon, imagínense ustedes los productos pequeñitos que se salían del punto de mira comercial de los israelíes. Por este motivo, “Rockula” se estrenaría en pocos cines, de tapadillo y sin importarle a nadie en absoluto. Su vida posterior en vídeo-clubs sería ínfima y su distribución internacional mínima, por eso nunca llegaría a nuestro país en modo alguno.
En cualquier caso, esta comedia de terror musical es, igualmente, una de las películas más flojas de aquella época, motivo también por el que no se ha convertido en un producto de culto; no se la reivindica ni a hostias, porque aunque tiene todas las papeletas para un redescubrimiento por parte de los fans de la nostalgia (estética new wave, neones y luces rojas y azules a cascoporro, un protagonista con su propio fandom como es Dean Cameron — uno de los bromistas de “Juerga Tropical”, esta sí, una película de verdadero culto—, y sobre todo, la dirección de Luca Bercovici, el director de “ Ghoulies” que ejecutaba, con esta, su segunda película), no es ni la mitad de divertida de lo que se nos propone y los numeritos musicales aburren a las bestias hediondas; es mala de cojones. 
Aunque por otro lado, cuenta con una página de fans en Facebook que podríamos considerar una irreductible aldea gala (al final todo tiene su fandom). 
Un vampiro joven, de 400 años de edad, se lamenta porque todavía no ha podido perder la virginidad. Resulta que en su momento se le lanzó una maldición bajo la cual, su amada, morirá a manos de un pirata que le quita la vida a esta con una pata de jamón, justo antes de que el vampiro pueda hacer el amor con ella. Cada 20 años esta amada se reencarna y vivirá de nuevo el romance con este vampiro, pero cada 20 años vuelve a ser asesinada por un pirata en circunstancias parecidas. En esta última reencarnación, nuestro vampiro intentará por todos los medios que su amada no muera y, así, perderá de una vez por todas su maldita virginidad.
Por otro lado, este vampiro es de lo más atípico, puesto que no es partidario de morder en el cuello a humanos y se alimenta de la sangre que le donan en el hospital, además de gustarle el ajo, mantener discusiones acaloradas con su reflejo en el espejo y forma parte de un grupo musical llamado Rockula, con el que queda patente la modernidad del personaje.
El caso es que la trama se va desarrollando torpe y lentamente y, para más inri, de vez en cuando interrumpida por el numerito musical de rigor que se suele desarrollar sobre un escenario y que, más que animar la papeleta, nos sume en la más profunda de las depresiones. Además que nada de lo que cuenta es divertido o novedoso y todo el tiempo tengo la sensación de haber visto esto antes. ¡Ah! Sí, lo he visto… en “Besos de vampiro”, “El Vampiro Adolescente” y “El aprendiz de Vampiro ”. Mira que son todas malas… pues esta es la peor.
Luca Bercovici, posteriormente, no volvería a alcanzar la notoriedad que como director obtuvo con “Ghoulies” rodando un buen puñado de películas mediocres. Sin embargo, se montó su empresa de producción en Bulgaria y ahí anda, produciendo películas y series en ese extraño país…

sábado, 10 de agosto de 2013

MASTERS DEL UNIVERSO

Durante la segunda mitad de los ochenta, la todopoderosa "Cannon" comenzaba su lenta pero inexorable decadencia que terminaría llevándola al inevitable finiquitamiento. En plena convulsión, decidieron apostar fuerte por dos películas con, aparentemente, todas las de ganar, "Superman 4" y este "Masters del universo". Ninguna de las dos funcionó en taquilla y, finalmente, el imperio de Menahem Golan y Yoram Globus se fue al garete. Ya durante la confección de "Masters..." la cosa de los dineros no andaba muy boyante, lo que complicó mucho el rodaje, de hecho, tuvieron que detenerlo y esperar varios meses para terminar. Muchas de las ideas previstas se abandonaron por falta de presupuesto, incluida una secuela que iba a dirigir Albert Pyun y que, poco a poco, terminó derivando en "Cyborg". Dolph Lundgren, que se alzó con el papel de la estrella de "Masters del universo", "He-Man", declaró poco después que aquel había sido el punto más bajo de su carrera (en esa época seguro... poco sabía él los varios años de vacas flacas que le esperaban tras el firmamento, a base de telefilms y productos directos pal vídeo club).
Pero en 1987 todo eso importaba un carajo. Como cuarentón que soy, viví el lanzamiento de la colección de juguetes de los "Masters del universo", cortesía de "Mattel", y lo recuerdo como una auténtica locura. Retengo perfectamente en mi cerebelo el día que vi por primera vez el espectacular anuncio televisivo, con ese "He-Man" animado levantando su espada y el orgásmico castillo de "Greyskull". Quedé totalmente hipnotizado por aquello, como -imagino- el 90% de los niños de mi edad. 
Siempre atenta al olor del dinero, "Cannon" aceptó el proyecto de llevar la creación de "Mattel" al terreno de la acción real (por parte del singular productor Edward R. Pressman), antes incluso de que existiera la primera serie de animación (lo que llevó a pensar que la peli era una adaptación de esta, pero no, el modelo a seguir fueron siempre los juguetes) y para ello contrató al legendario y multi-dotado artista William Stout que rediseñó todo cuanto pudo, intentando ser fiel a los muñecos, pero también aportando un rollo más realista y high-tech. Por época, el tono Spielbergiano/Lucasiano de la empresa, a lo que contribuye una banda sonora de Bill Conti totalmente johnwilliamsiana, resulta tan evidente como inevitable.
La cosa va así: "Skeletor" ha logrado conquistar "Eternia" y necesita una llave mágica para proclamarse master del universo. Sin embargo, "He-Man" y su panda la mangan y se escapan al planeta tierra, donde les seguirá el cara de calavera y su troupe. Con ayuda de un par de terrícolas lograrán regresar a "Eternia", pararle los pies al malo y dedicar la noche al baile y la ingestión de jabalíes. Fin.
La gran decepción de "Masters del universo", the movie, fue que prescindieran de muchos de los personajes y complementos de la colección de juguetes, y que cambiaran excesivamente aquellos que terminaron trasladando a la pantalla, comenzando por el castillo de "Greyskull". Con lo chulo que era el juguete, ¡¿pa qué variarlo tanto, concho?!. La otra gran decepción, muy propia de las tácticas de "Cannon", sus prisas y su espíritu ahorrativo, fue situar el 80% de la acción en tiempos actuales, modernos y terrenales -los de 1987, se entiende-, cuando lo que todo chaval se moría por ver era el reino de "Eternia", los monstruos, los parajes maravillosos y la magia. Estoy seguro que eso hizo mucho daño. No me jodas, no es lo mismo presenciar un colosal enfrentamiento entre malos y buenos en un supuesto emplazamiento de fantasía que en una puta tienda de instrumentos musicales, que es dónde esta se desarrolla en el film.
A pesar de las carencias, no falta la imagen de "He-Man" levantando su espada y gritando aquello de "Yo tengo el podeeeer!!", con resultados invevitablemente un tanto ridículos, cosa esta a la que también contribuye el traje galáctico que luce "Skeletor" al final, su aparición post-créditos y algunas de sus interminables parrafadas de villano de tebeo. Nada nuevo, ya que, lógicamente, "Masters del universo" no ha superado demasiado bien el paso de los años (ni de los meses al poco del estreno). Sus efectos especiales, sin ser caca (supervisados por Richard "Star Wars" Edlund), sí se notan algo chusqueros y en general la limitación de TODO acaba pasando factura. Es menos espectacular de lo que debería.
Otros detalles destacables en el reverso tenebroso: lo cansino que resulta el personaje de "Gwildor", lo irritante de la pareja protagonista y sus ñoñadas (y el trillado hecho de que toquen en un grupo de rock), los nada adecuados momentos de humor y, fricada al canto, ¿¡para qué coño quieren espadas pudiendo disponer de armas láser?!, no parece que "He-man" esté muy cómodo acarreando su aparatoso armamento, la verdad.

Dejando de lado a Lundgren, Stout, Pressman, Edlund, Golan y Globus, encontramos los siguientes nombres: Frank Langella disfrutando como un mono en su papel de "Skeletor" (que aceptó para contentar a su hijo pequeño). Entre el maquillaje y el doblaje español, casi parece Jack Palance, pero mola, seguramente esté entre lo mejor de la peli. Le siguen Meg Foster, Billy Party (el enano que se tiraba pedos sin parar en "Patrulla de noche") y una jovencísima y guapísima Courtney Cox (¡que mala son la vejez y las operaciones de estética!).
El dire se llama Gary Goddard (irónico apellido el suyo) y "Masters del universo" es la única peli en el sentido más convencional del término que ha dirigido, ya que su especialidad son movidas interactivas para parques temáticos y tal. Como guionista tiene en su haber el "Tarzán" de Bo Derek o el famoso corto "Terminator 2 3D: Battle across time", una de las atracciones más populares del parque de los estudios "Universal". Sin embargo, en España lo más reconocible que lleva la firma de Goddard (como productor y guionista) es la serie "Capitán Power y los soldados del futuro" que a estos lares llegó en formato vídeo. David Odell, guionista, también tecleó los libretos de "Cristal oscuro" y "Supergirl".
Por aquello de aprovechar el tirón, la "Mattel" decidió fabricar muñecos inspirados en algunos de los personajes originales del film (como el cansino "Gwildor"), pero por entonces el juguete ya no estaba tan de moda y fracasaron. Eso, unido al hostión de la peli, terminó de enterrar a los "Masters del universo". Pasados los años, se habló de otra adaptación y salio una nueva serie de juguetes actualizados, más al gusto de la chavalada de ahora, pero según leí, tampoco funcionó. Nuevos tiempos, distintas mentalidades, distintos juguetes. 
Mirada compasivamente, conociendo su origen y etc, etc, la peli puede soportarse bien con la actitud adecuada y la edad adecuada... que pal caso sirve tanto ser un crío, como un cuarentón inmaduro enfermo de nostalgia.