“Una bala para el número uno” tiene un asombroso parecido argumental y estético con una de las buddy movies más populares de los 80, “Arma letal”, y mientras la veía recientemente por primera vez, llegó a pasárseme por la cabeza que esta película no era más que un vulgar exploit tratando de canibalizar el éxito de la película de Richard Donner. Sin embargo, a no ser que el guion se filtrase en los despachos de la Cannon previamente a rodar “Arma letal” (tal y como ocurriera con "Rambo" - "Desaparecido en combate"), no puede ser más que una más de tantas coincidencias existentes en el mundo del cine, teniendo en cuenta que “Una bala para el número uno” se estrenó en las salas de USA a finales de febrero, mientras que “Arma letal” lo hizo un par de semanas después en Marzo de 1987.
Pero mientras que “Arma letal” es buena, “Una bala para el número uno” es más bien ratonera. Y es que, al que se le ocurrió que Robert Carradine podría ser un buen candidato a héroe de acción, habría que matarle. Tampoco tiene química alguna con su partenaire Billy Dee Williams, el poli negro que responde a todos los estereotipos del poli negro en las buddy movies de segunda regional.
Cuenta la historia de un policía violento, irracional y excesivo, Nick Barzack (Carradine), que anda tras la pista de un poderoso narcotraficante llamado Da Costa, en un caso que nunca se acaba de cerrar. En la otra mano tenemos a su compañero Hazeltine, cabal, culto, seductor y músico de jazz en sus ratos libres (Dee Williams). El primero está traumado tras su separación matrimonial y en consecuencia hace la vida imposible a su ex y espanta todos los ligues del segundo.
Un buen día su departamento les encarga resolver un caso de drogas y nuestros hombres comenzarán con la investigación jugándose el pellejo en un buen montón de situaciones, hasta que, lo que descubren, no les hará demasiada gracia…
Todo esto a ritmo de disparos de escopeta, persecuciones aéreas o a pie de calle, mientras en la mejor tradición buddy movie sueltan chascarrillos en los momentos más inoportunos. Casi parece una película concebida para James Belushi. ¿Coincidencia? En absoluto. Tras “El Rector” la Cannon le había echado el ojo a Belushi ya que el tipo de películas que él estaba protagonizando para los estudios encajaba como anillo al dedo en el tipo de productos que, como churros, facturaba la Cannon. Golan y Globus contrataron al actor con la idea de fabricarle una película a la medida, así que se pusieron manos a la obra dejándose asesorar por Belushi que, como se trataba de una película con la que colaboraría estrechamente, metería mano en el guion adaptando los diálogos a su propia manera de actuar, por lo que firmaría un crédito por el guion junto a los demás guionistas. Sin embargo, pronto los estudios llamarían de nuevo a la puerta del actor ofreciéndole un pastelito que no podía rechazar, un co-protagonista junto a Arnold Schwarzenegger en “Danko: Calor rojo” que, a posteriori, resultaría uno de los títulos gordos de su filmografía, así que dejó tirados a los chicos de Cannon con un proyecto concebido a su medida en el que él no estaría. Esto no amilanó a Menahem Golan que continuó adelante contratando a un director del Hollywood clásico, Jack Smight, también reputado realizador televisivo que en décadas anteriores había rodado películas tan célebres como “Harper, detective privado” o “El hombre ilustrado”. Smight tenía idea de hacer esta película con un joven actor que le parecía muy bueno llamado Denzel Washington, pero Golan rechazó la incorporación de este por ser un completo desconocido, ya que quería estrellas para la película. Así, las más asequibles eran Billy Dee Williams, que venía de interpretar a Lando Calrissian en la franquicia de “Star Wars”, y Robert Carradine, que venía de otra franquicia, la de “La revancha de los novatos”. Según Golan, estos actores eran los ideales por sus asumibles cachés y porque ambos eran reconocibles para el gran público. Sin embargo, Robert Carradine, con esa pinta de tontorrón, esa nariz y esa dentadura enorme y descolocada, es la antítesis del héroe de acción, vamos, que no pega ni con cola en una película de persecuciones y tiros. Obviamente, nadie peor para hacer de tipo duro y por momentos roza lo ridículo. Como decía alguien en alguna opinión de las que he leído en Internet, parece que estemos viendo al Lewis de “La revancha de los novatos” estando muy cabreado.
Billy Dee Williams es mucho más solvente y queda bastante mejor en su papel, pero asimismo está desangelado y como con ganas de cobrar el cheque y largarse de allí lo antes posible. Del resultado de “Una bala para el número uno”, dice su director, que es una película muerta al nacer. Y se convirtió en una de las más ninguneadas y menos vistas de Cannon, que en nuestro país se estrenaría directamente en vídeo. No fue una cosa que dejara temblando a la factoría ya que, aunque no la vio demasiada gente, contó con un presupuesto nimio de 410.000 dólares… así que los comido por lo servido.
Sin embargo, se trata de una película que sin llegar a ser mala del todo (cutre sí, barata también, exagerada, poco creíble…), a mí me ha caído en gracia porque, en resumidas cuentas, está entretenidilla, y uno no puede parar de reírse en secuencias como cuando van nuestros protagonistas en avioneta para trasladar a un delincuente y un helicóptero les derriba, tomando Robert Carradine los mandos de la avioneta y haciéndola aterrizar sin ningún tipo de problemas, pese a ser su personaje policía y no piloto… o cuando este se infiltra en una feria mexicana y lo hace vestido de mujer con la intención de cazar a un delincuente que también está vestido de mujer. El resultado hace que, más que una película de acción, parezca que estemos viendo un sketch de Martes y 13. Así que, sí, pasamos hora y media bien hilarante.
Por cierto, el título original reza “Number one with a bullet”, cuya traducción literal sería “Número uno con una bala”. Esta es una especie de frase hecha yankie, una expresión muy utilizada en la calle y que vendría a identificar a alguien que destaca por encima de los demás en algo concreto. Algo así como llamar a alguien “el puto amo”. Como esa expresión tiene difícil traducción, los señores de Izaro Films, que se encargaban de la distribución de películas Cannon en España, le pusieron un título que anula todo el sentido a la frase hecha, pero que queda de lo más fardón: “Una bala para el número uno”, vamos, que coloquialmente podríamos entender que al mejor de todos, el número uno, se lo van a cargar de un disparo. También mola.
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lunes, 6 de junio de 2022
lunes, 19 de febrero de 2024
TAG: EL JUEGO ASESINO
Película a mayor gloria de un Robert Carradine que despuntaba y al que, para variar, el papel de galán se le quedaba grande desde el día uno. Tuvo que hacer de feo de cojones en “La revancha de los novatos” para llegar al “estrellato” y, aún así, y más allá de eso, nunca acabó de florecer. “TAG: El juego asesino”, además, es un film completamente olvidado que no logró obtener el beneplácito del público ni tan siquiera con una segunda oportunidad; se estrenó cine mediante en 1982 bajo el título de “Everybody gets in the end” y no fue nadie a verla. Un par de años después se le hizo una limpieza de cara, se la vendió como una comedia y se estrenó en la televisión por cable y vídeoclubs bajo el título de “TAG: The Assassination Game”. Pero en los USA fue distribuida de tapadillo y, aunque se presume que los derechos pueda poseerlos Disney —que le pasa con el catálogo de películas medianas USA lo mismo que sucede aquí con el grueso del cine español y Don Enrique Cerezo—, a día de hoy no hay más copias que aquellas que sobrevivan a la única edición en vídeo de 1984, una un poco chusquera con la imagen oscurísima, dicho sea de paso. En España sucedió lo mismo; se estrenó directa a vídeo con el título que ilustra esta entrada y ya está. Ni la han emitido en televisión, ni nada que se le parezca. Tampoco es de extrañar porque, aunque en un principio la cinta sea interesante por lo que es, se trata de una comedieta con toques de thriller psicológico muy mal combinados entre sí, que pese a uno o dos buenos momentos, resulta una peliculucha bastante mala y con alma de telefilm, carente de interés más allá de esto que les cuento.
Sin embargo, el reparto es, como se suele decir, de campanillas, y no solo tenemos a Robert Carradine mostrando dentadura y correteando de aquí para allá, sino que además, debutaban para el cine en un papel protagonista Linda Hamilton (inmediatamente después se fue a hacer “Terminator”) y Bruce Abbot que interpreta al malo de la función (después se iría con Stuart Gordon a hacer “Re-Animator”). Se ve que se Hamilton y Abbot se llevaron bien durante el rodaje, echaron algún que otro polvo y después se casaron. No durarían mucho de todas formas. Como veterana tendríamos un pequeño papel para la “albondiguera” Kristine DeBell y, por primera vez en una pantalla, y casi en calidad de figuración —con frase el primero, sin ella el segundo— Michael Winslow y Forest Whitaker. Ahí es nada. Pero más allá de todas estas presencias anecdóticas, la película es, como ya les digo, flojita.
Cuenta la historia de una serie de estudiantes universitarios que se divierten jugando a un juego en el que, fingiendo ser espías, tienen que cazarse unos a otros con pistolas de juguete que disparan ventosas. La cosa es tan novedosa que llama la atención del redactor del periódico universitario, quien acompañará a una bella damisela en su periplo durante el juego. Por otro lado, un individuo que es hasta ahora el rey indiscutible del TAG (así se llama la tontería) al que nadie ha podido cazar y que se lo toma muy en serio, es disparado casi por accidente por un gordo purulento que, desnudo, se enjabona en la ducha. Ante la vergüenza y la frustración de haber sido vencido por ese desgraciado, pierde la cabeza, mata al gordo con una pistola de verdad y continuará el juego, esta vez asesinado de manera real a sus oponentes. El redactor y la damisela se dan cuenta de esto y tratarán de impedirlo.
Poco más.
También se trata del primer film como director de Nick Castle (ya saben, “The Shape” en varias de la saga Halloween), que rinde algún que otro homenaje aquí a su colega John Carpenter ya sea poniendo su nombre a un personaje, ya sea con tiros de cámara propios del director de “La cosa”.
Sin embargo, el reparto es, como se suele decir, de campanillas, y no solo tenemos a Robert Carradine mostrando dentadura y correteando de aquí para allá, sino que además, debutaban para el cine en un papel protagonista Linda Hamilton (inmediatamente después se fue a hacer “Terminator”) y Bruce Abbot que interpreta al malo de la función (después se iría con Stuart Gordon a hacer “Re-Animator”). Se ve que se Hamilton y Abbot se llevaron bien durante el rodaje, echaron algún que otro polvo y después se casaron. No durarían mucho de todas formas. Como veterana tendríamos un pequeño papel para la “albondiguera” Kristine DeBell y, por primera vez en una pantalla, y casi en calidad de figuración —con frase el primero, sin ella el segundo— Michael Winslow y Forest Whitaker. Ahí es nada. Pero más allá de todas estas presencias anecdóticas, la película es, como ya les digo, flojita.
Cuenta la historia de una serie de estudiantes universitarios que se divierten jugando a un juego en el que, fingiendo ser espías, tienen que cazarse unos a otros con pistolas de juguete que disparan ventosas. La cosa es tan novedosa que llama la atención del redactor del periódico universitario, quien acompañará a una bella damisela en su periplo durante el juego. Por otro lado, un individuo que es hasta ahora el rey indiscutible del TAG (así se llama la tontería) al que nadie ha podido cazar y que se lo toma muy en serio, es disparado casi por accidente por un gordo purulento que, desnudo, se enjabona en la ducha. Ante la vergüenza y la frustración de haber sido vencido por ese desgraciado, pierde la cabeza, mata al gordo con una pistola de verdad y continuará el juego, esta vez asesinado de manera real a sus oponentes. El redactor y la damisela se dan cuenta de esto y tratarán de impedirlo.
Poco más.
También se trata del primer film como director de Nick Castle (ya saben, “The Shape” en varias de la saga Halloween), que rinde algún que otro homenaje aquí a su colega John Carpenter ya sea poniendo su nombre a un personaje, ya sea con tiros de cámara propios del director de “La cosa”.
sábado, 1 de abril de 2023
2013: RESCATE EN L.A.
Fui a ver la famosa/infame secuela de "1997: Rescate en Nueva York" cuando se estrenó en una sala medio vacía. Al salir, la sensación no era demasiado entusiasta. Aún así, cegado por mi fanatismo juvenil hacia su director, corrí a escribir una reseña muy positiva para un fanzine de naturaleza punk/radikal llamado "Sancocho Metálico", donde me centré en el notable lado subversivo del film, demostrando de esta manera que, ocasionalmente, las películas más comerciales y aparentemente tontunas son las más críticas con el "establishment", las más transgresoras, sin necesidad de dárselas de cine de autor y/o intelectual. No obstante, en mi fuero interno sabía que John Carpenter y su troupe (Debra Hill y el mismo Kurt Russell, los tres autores del guion. Me los puedo imaginar embriagados de nostalgia y echándose unas escandalosas risas entre tecleo y tecleo) me habían fallado. Pero ya saben como es esto del paso del tiempo y la perspectiva. Ayer, aprovechando que la daban por la tele, me animé a verla, sin el peso de todo el trajín emocional.
La hija del presidente de los USA se ha liado con un revolucionario y huido hasta la ciudad de Los Ángeles, convertida ahora en una isla donde deportan a todos los ciudadanos indeseables (que roban, violan, asesinan y estafan, pero también van los que fuman, comen carne roja, beben, dicen tacos y son ateos) En su huida se llevó un aparato capaz de dejar sin electricidad al planeta entero y temen que lo utilice. Una vez más, engañan a Serpiente Plissken -y mira que es lerdo- para que acuda y, en tiempo límite -antes de que le mate un virus inoculado en su sangre-, recupere el trasto y elimine a la niña, al revolucionario y a todo aquel que se ponga a tiro.
Entramos de lleno en la etapa "flojucha" de la filmografía de Carpenter. Dejadas atrás sus aportaciones más o menos dignas de finales de los ochenta ("El príncipe de las tinieblas", "Están Vivos" o "Memorias de un hombre invisible") en los 90 vivió años no demasiado inspirados. Todo lo parido entonces era más bien desangelado y patosillo (salvo "En la boca del miedo", pero por los pelos) Y "2013: Rescate en L.A." le va a la zaga. Lo que ocurre es que es la secuela directa (o más bien remake encubierto) de una peli muy querida. Y un personaje igual de apreciado. Y eso pesa. En una no muy antigua convención visitada por John Carpenter, hubo quien se atrevió a esputar una pregunta mal intencionada sobre el film reseñado, ¿y qué hizo nuestro querido filmmaker? -en una época en la que ya se había vuelto la mar de gruñón-, responderle con un seco y significativo "Fuck you!"
Aceptémoslo, "2013: Rescate en L.A." es malilla. Muy tonta. Además, gasta unos efectos visuales dolorosamente malos. El CGI aún andaba en pañales, sí. Pero es que también los "mate paintings" dejan mucho que desear. A pesar de ello, vista ayer, y consciente de que no podía esperar gran cosa, la disfruté. Me entretuvo. Tanto por sus momentos buenos (el duelo con la oxidada lata de por medio), como patéticos (el famoso surfeo en la cresta de un tsunami. De verdad, ¿qué se habrían fumado Carpenter, Russell y Hill en ese momento?). Y, como decía al principio, por todo ese saludable espíritu crítico -y premonitorio- hacia los Estados Unidos y sus poderes fácticos (con un presidente cobarde que solo sabe rezar, el parafascismo ultra-moral, etc), así como las ideas delirantes (el grupo de deformes adictos a los retoques de cirugía estética. El gang compuesto de niños altamente violentos armados hasta la sobaquera), la aniquilación de algunas convenciones narrativas (evitar cualquier subtrama amorosa acribillando a la chica de la peli cuando menos te lo esperas) y el brutal desenlace. Decir que "2013: Rescate en L.A." es una película mala pero divertida sería excesivo, pero sí es cierto que gasta un sutil tufo a "placer culpable" del todo entrañable.
Estaremos de acuerdo en que su verdadero fuerte es la tremenda galería de rostros que van asomando a lo largo de la función, casi todos habituales "personalidades cult", y acaparan desde el protagonista hasta, casi, los extras. Ahí va el listado completo (Kurt Russell aparte): Stacy Keach, Cliff Robertson, Valeria Golino, Steve Buscemi, George Corraface, Bruce Campbell, Robert Carradine, Peter Fonda, Pam Grier, Paul Bartel, Peter Jason, Leland Orser, Al Leong, Thomas Rosales Jr. y, aunque no aparezca acreditado en ninguna parte, un fugaz Marco Rodríguez (el psycho del supermercado en "Cobra"). Tremendo ¿verdad?, es un auténtico regalo para el aficionado. No obstante, este no respondió con mucho entusiasmo y la peli se estrelló en taquilla. Otro palo gordo para un Carpenter que veía como, poco a poco, su llama se apagaba sin remisión. Desde entonces, el único medio por el que Serpiente Plissken se ha movido ha sido el noveno arte. En lo referente al audiovisual, ha habido rumores de series, secuelas y remakes... pero, hasta ahora, na de na. Si algo de todo eso prospera, seguramente será ya sin un Kurt Russell que anda pensando en retirarse. Francamente, mejor así. Es este uno de esos personajes que solo funcionan con un rostro y unas maneras, las del actor que le dio vida desde buen principio. ¿Se imaginan otro tipo haciendo de "Harry Callahan", "John Rambo", "Indiana Jones" o "John Matrix"? No, no molaría nada.
La hija del presidente de los USA se ha liado con un revolucionario y huido hasta la ciudad de Los Ángeles, convertida ahora en una isla donde deportan a todos los ciudadanos indeseables (que roban, violan, asesinan y estafan, pero también van los que fuman, comen carne roja, beben, dicen tacos y son ateos) En su huida se llevó un aparato capaz de dejar sin electricidad al planeta entero y temen que lo utilice. Una vez más, engañan a Serpiente Plissken -y mira que es lerdo- para que acuda y, en tiempo límite -antes de que le mate un virus inoculado en su sangre-, recupere el trasto y elimine a la niña, al revolucionario y a todo aquel que se ponga a tiro.
Entramos de lleno en la etapa "flojucha" de la filmografía de Carpenter. Dejadas atrás sus aportaciones más o menos dignas de finales de los ochenta ("El príncipe de las tinieblas", "Están Vivos" o "Memorias de un hombre invisible") en los 90 vivió años no demasiado inspirados. Todo lo parido entonces era más bien desangelado y patosillo (salvo "En la boca del miedo", pero por los pelos) Y "2013: Rescate en L.A." le va a la zaga. Lo que ocurre es que es la secuela directa (o más bien remake encubierto) de una peli muy querida. Y un personaje igual de apreciado. Y eso pesa. En una no muy antigua convención visitada por John Carpenter, hubo quien se atrevió a esputar una pregunta mal intencionada sobre el film reseñado, ¿y qué hizo nuestro querido filmmaker? -en una época en la que ya se había vuelto la mar de gruñón-, responderle con un seco y significativo "Fuck you!"
Aceptémoslo, "2013: Rescate en L.A." es malilla. Muy tonta. Además, gasta unos efectos visuales dolorosamente malos. El CGI aún andaba en pañales, sí. Pero es que también los "mate paintings" dejan mucho que desear. A pesar de ello, vista ayer, y consciente de que no podía esperar gran cosa, la disfruté. Me entretuvo. Tanto por sus momentos buenos (el duelo con la oxidada lata de por medio), como patéticos (el famoso surfeo en la cresta de un tsunami. De verdad, ¿qué se habrían fumado Carpenter, Russell y Hill en ese momento?). Y, como decía al principio, por todo ese saludable espíritu crítico -y premonitorio- hacia los Estados Unidos y sus poderes fácticos (con un presidente cobarde que solo sabe rezar, el parafascismo ultra-moral, etc), así como las ideas delirantes (el grupo de deformes adictos a los retoques de cirugía estética. El gang compuesto de niños altamente violentos armados hasta la sobaquera), la aniquilación de algunas convenciones narrativas (evitar cualquier subtrama amorosa acribillando a la chica de la peli cuando menos te lo esperas) y el brutal desenlace. Decir que "2013: Rescate en L.A." es una película mala pero divertida sería excesivo, pero sí es cierto que gasta un sutil tufo a "placer culpable" del todo entrañable.
Estaremos de acuerdo en que su verdadero fuerte es la tremenda galería de rostros que van asomando a lo largo de la función, casi todos habituales "personalidades cult", y acaparan desde el protagonista hasta, casi, los extras. Ahí va el listado completo (Kurt Russell aparte): Stacy Keach, Cliff Robertson, Valeria Golino, Steve Buscemi, George Corraface, Bruce Campbell, Robert Carradine, Peter Fonda, Pam Grier, Paul Bartel, Peter Jason, Leland Orser, Al Leong, Thomas Rosales Jr. y, aunque no aparezca acreditado en ninguna parte, un fugaz Marco Rodríguez (el psycho del supermercado en "Cobra"). Tremendo ¿verdad?, es un auténtico regalo para el aficionado. No obstante, este no respondió con mucho entusiasmo y la peli se estrelló en taquilla. Otro palo gordo para un Carpenter que veía como, poco a poco, su llama se apagaba sin remisión. Desde entonces, el único medio por el que Serpiente Plissken se ha movido ha sido el noveno arte. En lo referente al audiovisual, ha habido rumores de series, secuelas y remakes... pero, hasta ahora, na de na. Si algo de todo eso prospera, seguramente será ya sin un Kurt Russell que anda pensando en retirarse. Francamente, mejor así. Es este uno de esos personajes que solo funcionan con un rostro y unas maneras, las del actor que le dio vida desde buen principio. ¿Se imaginan otro tipo haciendo de "Harry Callahan", "John Rambo", "Indiana Jones" o "John Matrix"? No, no molaría nada.
miércoles, 17 de septiembre de 2008
BODY BAGS
Cuando el "Twin Peaks" de David Lynch se convirtió en un fenómeno televisivo, quedó abierta la veda para toda suerte de series y mini-series con elementos bizarros o puramente terroríficos. Concretamente en este campo destacó la adaptación de los famosos comics E.C. con "Tales from the crypt", cuyo éxito inspiró a varios veteranos del fantástico a probar suerte en la caja tonta. Uno de esos experimentos fue "Body Bags", de John Carpenter.Creada inicialmente como el episodio piloto de una serie que no cuajó, "Body Bags" contaba con una estructura muy próxima a "Tales from the crypt". Las diferentes historias eran introducidas previamente con mucho humor negro por un personaje de aspecto siniestro, en este caso no solo era un muerto revivido en una morgue que se dedicaba a jugar con los cadáveres, sino que estaba interpretado, y muy bien, por el propio Carpenter.
Lástima que las historias fueran tan desiguales. De las tres destaca la firmada por el papá de "Michael Myers", que nos presenta a un Stacy Keach obsesionado con sus problemas de calvicie. Ello le llevará a probar un suero milagroso tras el que se oculta toda una invasión extraterrestre. También de Carpenter es la primera del pack, demasiado atada a fórmulas y, por tanto, algo aburrida, sobre el acoso que sufre por obra y gracia de un psicópata una chica que trabaja en el turno de noche de una gasolinera.
Y finalmente tenemos la tercera historia, firmada por el mismísimo Tobe Hooper, el de "La matanza de Texas", y que hace gala de una absoluta falta de originalidad. En ella se nos cuenta el drama de un siniestro trasplante de funestas consecuencias. Está claro que el fuerte de "Body Bags" no es la improbable calidad de sus tres historias, lo mejor de ella es que se trata de un verdadero regalo para el aficionado, en el que, durante más de 90 minutos, desfilan toda clase de nombres vinculados al género. La lista de invitados es larga: Sam Raimi, Roger Corman, John Agar, Wes Craven, el protagonista de "Un hombre lobo americano en Londres" David Naughton, Charles Napier, Robert Carradine, la ex "Blondie" Deborah Harry, Mark Hamill alias "Luke Skywalker" o David Warner son algunos de ellos, y no cabe duda que gozaron rodando, tanto como nosotros viéndolo.
viernes, 9 de julio de 2021
EL SEDUCTOR
Empezaré esta reseña diciendo lo que, en pleno 2021, es ya un cliché: que “El seductor” es una película que sería imposible rodar hoy.
Pero en los 90, y deudoras directas de “El Graduado”, “My Tutor” y tantas otras sex comedies, era normal y corriente que en cine español se hicieran películas de iniciación sexual. Un par de años antes fue “Chechu y familia”, película que comparte con esta guionista (ambas están escritas por Rafael Azcona) y argumento —Un joven de 15 años hará lo imposible por follarse a una tía mayor que forma parte de su día a día— y, siendo prácticamente idénticas, lo único que cambian son las circunstancias. En “Chechu y familia” el chaval se queda prendado de la criada, en esta “El seductor”, el protagonista bebe los vientos por la lasciva (y con pinta de tener dos o tres venéreas de las chungas) vecina del chalet de al lado. Así, tenemos a Cosme, un quinceañero que tiene muy buenas notas y que se dispone a pasar las vacaciones con sus padres en algún lugar de la costa, cuando al chalet vecino llega un matrimonio que, de primeras, parece llevarse mal. Como fuera, desde la puerta del chalet de sus progenitores, Cosme queda prendado con la hembra de unos 35 años que, pizpireta, muestra cacha y escote. Como ve que, más o menos, la tipa traga, falsificará sus notas compuestas de nueves y dieces, para entregarles a sus padres un boletín lleno de suspensos, motivo por el cual no se podrá ir a la playa; se quedará en Madrid estudiando con un profesor particular. Obviamente, como el curso lo tiene aprobado, se pasará las clases por los huevos con el único fin de ver si se folla a la zorrupia de al lado. Para ello, el muchacho urdirá toda suerte de estratagemas para conseguir su lúdico objetivo. Y —spoiler— no solo lo consigue en un momento de debilidad de la libidinosa damisela, sino que, en consecuencia, su novia adolescente que días previos no le dejaba ni meterle mano, le ofrecerá su virgo sin problemas tras enterarse de que se ha tirado a una vieja calenturienta. No podía salirle mejor la cosa al puto mocoso. —fin del spoiler—.
Pues está entretenida la cosa. Sin más. Exactamente igual que con la cinta anterior con la que la comparamos, “Chechu y familia”, aunque ligeramente inferior. Sin embargo su inferioridad técnica y artística beneficia el resultado de la película con el paso de los años, por un lado, porque todos los actores están para matarlos y, por otro, porque se gastan todos los personajes unas pintas noventeras que provocan, sin duda, la hilaridad del respetable.
Así, tenemos en pantalla a un debutante Antonio Hortelano pre “Compañeros”, que ya era una colección de tics y gestos —y que por momentos recuerda, curiosamente, a Robert Carradine (¡manda cojones!)— que va para arriba y para abajo ingeniándoselas para que la vecina le haga caso, y tenemos a Maria Barranco, cuya presencia siempre me causa desasosiego y me parece una elección de casting de lo más fallida. Con ese aspecto yonki, delgada y de atributos anatómicos poco destacables, ese personaje pedía a gritos una tía buena. Porque, que quieren que les diga, la tercera en discordia, la novia adolescente de Cosme interpretada por una veinteañera Alicia Bogo, está infinitamente más buena que la escuchimizada de la Barranco… ¡No hay quien se crea que el protagonista prefiera a la vieja tísica antes que al bombón fresco y ternesco que es la novia! Aunque bueno, al final la cosa se reduce a una única cosa; darle gusto al pajarito y ahí, en un momento dado, da lo mismo ocho que ochenta.
Por lo general me encantan estas películas de chaval que se inicia en el sexo con una mujer madura y, “El Seductor”, que se ha quedado terriblemente anticuada, sirve para pasar una hora y media tonta sin mayores pretensiones. Hay que sentarse, dejarse llevar y disfrutar viendo si al final el mequetrefe se jode a la buscona. Luego apagamos el vídeo y nos vamos a dar una vuelta por ahí, que mañana ya nos olvidaremos de que existe una cosa llamada “El Seductor”.
Dirige José Luis García Sánchez, director español que me cae muy simpático pero cuya carrera es de lo más irregular.
Pero en los 90, y deudoras directas de “El Graduado”, “My Tutor” y tantas otras sex comedies, era normal y corriente que en cine español se hicieran películas de iniciación sexual. Un par de años antes fue “Chechu y familia”, película que comparte con esta guionista (ambas están escritas por Rafael Azcona) y argumento —Un joven de 15 años hará lo imposible por follarse a una tía mayor que forma parte de su día a día— y, siendo prácticamente idénticas, lo único que cambian son las circunstancias. En “Chechu y familia” el chaval se queda prendado de la criada, en esta “El seductor”, el protagonista bebe los vientos por la lasciva (y con pinta de tener dos o tres venéreas de las chungas) vecina del chalet de al lado. Así, tenemos a Cosme, un quinceañero que tiene muy buenas notas y que se dispone a pasar las vacaciones con sus padres en algún lugar de la costa, cuando al chalet vecino llega un matrimonio que, de primeras, parece llevarse mal. Como fuera, desde la puerta del chalet de sus progenitores, Cosme queda prendado con la hembra de unos 35 años que, pizpireta, muestra cacha y escote. Como ve que, más o menos, la tipa traga, falsificará sus notas compuestas de nueves y dieces, para entregarles a sus padres un boletín lleno de suspensos, motivo por el cual no se podrá ir a la playa; se quedará en Madrid estudiando con un profesor particular. Obviamente, como el curso lo tiene aprobado, se pasará las clases por los huevos con el único fin de ver si se folla a la zorrupia de al lado. Para ello, el muchacho urdirá toda suerte de estratagemas para conseguir su lúdico objetivo. Y —spoiler— no solo lo consigue en un momento de debilidad de la libidinosa damisela, sino que, en consecuencia, su novia adolescente que días previos no le dejaba ni meterle mano, le ofrecerá su virgo sin problemas tras enterarse de que se ha tirado a una vieja calenturienta. No podía salirle mejor la cosa al puto mocoso. —fin del spoiler—.
Pues está entretenida la cosa. Sin más. Exactamente igual que con la cinta anterior con la que la comparamos, “Chechu y familia”, aunque ligeramente inferior. Sin embargo su inferioridad técnica y artística beneficia el resultado de la película con el paso de los años, por un lado, porque todos los actores están para matarlos y, por otro, porque se gastan todos los personajes unas pintas noventeras que provocan, sin duda, la hilaridad del respetable.
Así, tenemos en pantalla a un debutante Antonio Hortelano pre “Compañeros”, que ya era una colección de tics y gestos —y que por momentos recuerda, curiosamente, a Robert Carradine (¡manda cojones!)— que va para arriba y para abajo ingeniándoselas para que la vecina le haga caso, y tenemos a Maria Barranco, cuya presencia siempre me causa desasosiego y me parece una elección de casting de lo más fallida. Con ese aspecto yonki, delgada y de atributos anatómicos poco destacables, ese personaje pedía a gritos una tía buena. Porque, que quieren que les diga, la tercera en discordia, la novia adolescente de Cosme interpretada por una veinteañera Alicia Bogo, está infinitamente más buena que la escuchimizada de la Barranco… ¡No hay quien se crea que el protagonista prefiera a la vieja tísica antes que al bombón fresco y ternesco que es la novia! Aunque bueno, al final la cosa se reduce a una única cosa; darle gusto al pajarito y ahí, en un momento dado, da lo mismo ocho que ochenta.
Por lo general me encantan estas películas de chaval que se inicia en el sexo con una mujer madura y, “El Seductor”, que se ha quedado terriblemente anticuada, sirve para pasar una hora y media tonta sin mayores pretensiones. Hay que sentarse, dejarse llevar y disfrutar viendo si al final el mequetrefe se jode a la buscona. Luego apagamos el vídeo y nos vamos a dar una vuelta por ahí, que mañana ya nos olvidaremos de que existe una cosa llamada “El Seductor”.
Dirige José Luis García Sánchez, director español que me cae muy simpático pero cuya carrera es de lo más irregular.
lunes, 1 de junio de 2009
AULLIDOS
Hay algo de mágico y maravilloso en esto de repasar un viejo clásico -moderno- del horror. Y también en regodearse escribiendo reseñas como la que sigue.Ayer noche tenía mono de "Aullidos", y me puse a verla. Naturalmente gocé plenamente de ella, me entretuvo, despertó mi lado nostálgico y reafirmó el hecho de que, como el terror de aquella década, no lo ha habido y no lo habrá. Lo digo de entrada: Esta es una gran película. Tu y yo lo sabemos... pero siempre hay despistados y mentes impuras que tal vez no hayan tenido la grandiosa suerte de verla, a ellos va destinado el presente escrito.
"Aullidos" es, junto a la también cojonuda "Un hombre lobo americano en Londres", uno de los mejores films de terror de su década, así como las dos más logradas muestras de cine licántropo producido entonces ya que, entre otros motivos, fueron pieza clave para modernizar el mito del hombre lobo, tanto narrativamente como en los efectos especiales. Sí, la primera mutación mega-gráfica fue invento -justamente Oscarizado- de Rick Baker para "Un hombre lobo americano en Londres". Si "Aullidos" se "adelantó" fue, sencillamente, porque el responsable de estas (un pelín más exageradas que en el film de John Landis), Rob Bottin, era alumno de Baker, quien le aconsejó / ayudó durante el rodaje de la reseñada (como bien indican los créditos finales), para mayor posterior cabreo de Landis.
Ya que hablo de los dos films en cuestión, cabe mencionar que en ocasiones se crean disputas sobre cual es mejor o peor... bien, yo creo que ninguna gana a ninguna... es más, se complementan perfectamente, y en lo que una falla, la otra acierta (y viceversa). Aunque sí es bien cierto que "Aullidos" es un trabajo más "tradicional" que "Un hombre lobo americano en Londres".
Hay un asesino que ronda por la ciudad. Se ha citado con una famosa presentadora televisiva y se monta el consabido tinglado. Durante el encuentro, algo extraño ocurre, la mujer grita horrorizada y la policía abate al criminal. Con el fin de recuperarse del sustazo, será enviada a pasar unos días a una especie de colonia. El problema es que está infestada de hombres lobo y, entre estos, ronda un "viejo amigo" ... supuestamente muerto.
Hay un asesino que ronda por la ciudad. Se ha citado con una famosa presentadora televisiva y se monta el consabido tinglado. Durante el encuentro, algo extraño ocurre, la mujer grita horrorizada y la policía abate al criminal. Con el fin de recuperarse del sustazo, será enviada a pasar unos días a una especie de colonia. El problema es que está infestada de hombres lobo y, entre estos, ronda un "viejo amigo" ... supuestamente muerto.
Joe Dante, director, venía de la factoría Roger Corman (quien se marca un divertido cameo, rebuscando posibles monedas olvidadas en una cabina telefónica) y había dirigido la, también entrañable, "Piraña". Era joven y rebosaba talento, algo que se plasma perfectamente en esta peli. Al guión, John Sayles (quien también se marca un papelito como forense), gran guionista de cine fantástico, mediocre director de pelis más "de autor". En dicha tarea le acompaña Terence H. Winkless, a quien le aguardaba una extensa carrera en los dominios de la "serie B" (su debut en la dirección lo hizo con la curiosa "The Nest"). Ambos adaptan una novela original de Gary Brandner.
El reparto está plagado de maravillosos rostros populares: Una guapísima Dee Wallace (apuntito de ser la madre del mejor amigo humano de "E.T."), Patrick Macnee, Dennis Dugan (hoy director de comedias ultra-mainstream), Kevin McCarthy y Dick Miller (inseparables del mejor cine de Joe Dante), John Carradine, Slim Pickens, Elisabeth Brooks (resulta difícil olvidarse de esta ultra-sexy mujer lobo, tristemente fallecida de cáncer cuando solo tenía 46 tacos), Robert Picardo y más, muchos más. Cómo no, por ahí también rula Forrest J. Ackerman, luciendo entre las manos un ejemplar de su mítico "Famous Monsters". La excelente banda sonora la firma un inconmensurable Pino Donaggio. En el equipo técnico descubrimos a gente tan curiosa como Mark Goldblatt en el montaje (entonces futuro director del primer "Punisher" y montador de grandes films de acción en Hollywood), Robert Burns en la dirección artística (cosa que años antes hiciera en "La matanza de Texas" de donde, by the way, se recupera uno de sus cadáveres momificados para ambientar la tienda regentada por Dick Miller), Doug Beswick, David Allen, Greg Cannom (talentos en el terreno de los efectos especiales y/o la stop-motion) o Peter Manoogian (quien poco después se convertiría en realizador para la factoría de Charles Band).
"Aullidos" es una de aquellas películas que, por mucho que las ves, siempre descubres nuevos detalles, cosillas que le dan color y vida y contribuyen a su condición actual de clásico, desde su guión, hasta su fotografía, pasando por otros apartados técnicos y/o artísticos, va repleta de energía. Cierto que en ocasiones, y por aquello de la época y tal, roza el ridículo (los licántropos en dibujos animados fornicando, el caniche del final....), pero se le perdona muy mucho, y más como está hoy día el panorama. Las transformaciones son retorcidamente deliciosas y los hombres lobo en sí mismos me parecen geniales, con un aspecto fiero y una agilidad sorprendente... en eso, creo yo, le ganaron la partida al yanki desubicado en Londres.
El film fue un éxito y, como bien sabéis, generó una ristra de interminables secuelas, todas bastante chusqueras -aunque curiosas-, que alcanzarían hasta el número ocho.
El reparto está plagado de maravillosos rostros populares: Una guapísima Dee Wallace (apuntito de ser la madre del mejor amigo humano de "E.T."), Patrick Macnee, Dennis Dugan (hoy director de comedias ultra-mainstream), Kevin McCarthy y Dick Miller (inseparables del mejor cine de Joe Dante), John Carradine, Slim Pickens, Elisabeth Brooks (resulta difícil olvidarse de esta ultra-sexy mujer lobo, tristemente fallecida de cáncer cuando solo tenía 46 tacos), Robert Picardo y más, muchos más. Cómo no, por ahí también rula Forrest J. Ackerman, luciendo entre las manos un ejemplar de su mítico "Famous Monsters". La excelente banda sonora la firma un inconmensurable Pino Donaggio. En el equipo técnico descubrimos a gente tan curiosa como Mark Goldblatt en el montaje (entonces futuro director del primer "Punisher" y montador de grandes films de acción en Hollywood), Robert Burns en la dirección artística (cosa que años antes hiciera en "La matanza de Texas" de donde, by the way, se recupera uno de sus cadáveres momificados para ambientar la tienda regentada por Dick Miller), Doug Beswick, David Allen, Greg Cannom (talentos en el terreno de los efectos especiales y/o la stop-motion) o Peter Manoogian (quien poco después se convertiría en realizador para la factoría de Charles Band).
"Aullidos" es una de aquellas películas que, por mucho que las ves, siempre descubres nuevos detalles, cosillas que le dan color y vida y contribuyen a su condición actual de clásico, desde su guión, hasta su fotografía, pasando por otros apartados técnicos y/o artísticos, va repleta de energía. Cierto que en ocasiones, y por aquello de la época y tal, roza el ridículo (los licántropos en dibujos animados fornicando, el caniche del final....), pero se le perdona muy mucho, y más como está hoy día el panorama. Las transformaciones son retorcidamente deliciosas y los hombres lobo en sí mismos me parecen geniales, con un aspecto fiero y una agilidad sorprendente... en eso, creo yo, le ganaron la partida al yanki desubicado en Londres.
El film fue un éxito y, como bien sabéis, generó una ristra de interminables secuelas, todas bastante chusqueras -aunque curiosas-, que alcanzarían hasta el número ocho.
De obligada visión. Espero que a nadie se le ocurra hacer un remake de esta, ¡por dios!.
sábado, 21 de mayo de 2011
GUERREROS DEL ESPACIO
“Guerreros del Espacio” o, en su divertido título original, “The Ice Pirates” (“Los piratas del hielo”) es la peli que durante el boom del video-club por ahí los 80 muchos alquilamos y disfrutamos y de la que apenas nada sabíamos. Pasados 15 años, todos la recordábamos con cierta nostalgia y cariño y no han sido pocas las personas con las que me he cruzado que me preguntaban por “una peli del espacio y de risa que vi de crío y me gustó mucho”.
Bien, una vez más y con el sano fin de contentar a los de mi quinta, aquí tienen la reseñita de “Guerreros del Espacio”.
La historia es lo de menos, y ya que no me apetece ponerme a escribirla, o copiarla de alguna web, les dejo este enlace.
Parece mentira, pero en el reparto de esta producción de la MGM figuran nombres del calibre de Anjelica Huston, el hoy más reputado que nunca Ron “Hellboy” Perlman (curiosamente en “Alien Resurrección” hizo un papel muy parecido), John Carradine, John Matuszak (el "Sloth" de los "Goonies") y, como no, el fenecido Robert Urich. El director, Stewart Raffill, poco después viviría un escueto “momento de gloria” gracias a su “Mi amigo Mac” (refrito cutre de “E.T.” apadrinado por la casa McDonalds) y luego desaparecería entre telefilms y encargos para video-club.
A su manera, “Guerreros del Espacio” se adelantó a “Spaceballs” de Mel Brooks como la primera parodia moderna del cine de aventuras galácticas con referentes constantes a títulos intocables como la saga “Star Wars”, “Alien” (en esta ocasión se trata de un “herpes del espacio” y en lugar de salir del estómago de John Hurt durante la cena, lo hace del interior del pollo asado que se disponen a devorar) o “Mad Max” (en vez de gasolina, el material preciado es agua y hay una secuencia que se desarrolla en un desierto apocalíptico por el que corren autos exageradamente monstruosos). Pero de toda la larga lista de referencias, gags más o menos ocurrentes (la escena en la que convierten a los machos en eunucos mediante una maquinaria propia de una factoría de alimentos está entre lo mejor y más delirante) y demás, destacan dos aspectos, francamente brillantes, que son lo que más recuerdan aquellos que vieron el film en su infancia, a saber: Los robots, nunca se han vuelto a ver robots tan divertidos y de look tan molón, auténticas chatarras continuamente en proceso de oxidación pero capaces de practicar karate si para ello se les programa (atención al robot pintado de negro por su mecánico –un negro, claro- y al robot-proxeneta que suelta esa mitiquisima frase “Hey hombre blanco, hey negrito, ¿tenéis ganas de echar un polvito?”). El otro momento inolvidable es al final, cuando la nave de los buenos y la de los malos caen en un agujero temporal durante el cual cada 5 segundos representan años, así, de este modo, vamos viendo a los héroes y a los villanos envejecer a ritmo alarmante mientras intentan combatir con espadas que apenas pueden sujetar. Atención al nacimiento y crecimiento hiper-acelerado del hijo del prota, a la muerte y descomposición de la criada y al peinado afro del amigo negro que crece hasta proporciones gigantescas.
En fin, un auténtico divertimento que desde aquí recomiendo muy encarecidamente.
Bien, una vez más y con el sano fin de contentar a los de mi quinta, aquí tienen la reseñita de “Guerreros del Espacio”.
La historia es lo de menos, y ya que no me apetece ponerme a escribirla, o copiarla de alguna web, les dejo este enlace.
Parece mentira, pero en el reparto de esta producción de la MGM figuran nombres del calibre de Anjelica Huston, el hoy más reputado que nunca Ron “Hellboy” Perlman (curiosamente en “Alien Resurrección” hizo un papel muy parecido), John Carradine, John Matuszak (el "Sloth" de los "Goonies") y, como no, el fenecido Robert Urich. El director, Stewart Raffill, poco después viviría un escueto “momento de gloria” gracias a su “Mi amigo Mac” (refrito cutre de “E.T.” apadrinado por la casa McDonalds) y luego desaparecería entre telefilms y encargos para video-club.
A su manera, “Guerreros del Espacio” se adelantó a “Spaceballs” de Mel Brooks como la primera parodia moderna del cine de aventuras galácticas con referentes constantes a títulos intocables como la saga “Star Wars”, “Alien” (en esta ocasión se trata de un “herpes del espacio” y en lugar de salir del estómago de John Hurt durante la cena, lo hace del interior del pollo asado que se disponen a devorar) o “Mad Max” (en vez de gasolina, el material preciado es agua y hay una secuencia que se desarrolla en un desierto apocalíptico por el que corren autos exageradamente monstruosos). Pero de toda la larga lista de referencias, gags más o menos ocurrentes (la escena en la que convierten a los machos en eunucos mediante una maquinaria propia de una factoría de alimentos está entre lo mejor y más delirante) y demás, destacan dos aspectos, francamente brillantes, que son lo que más recuerdan aquellos que vieron el film en su infancia, a saber: Los robots, nunca se han vuelto a ver robots tan divertidos y de look tan molón, auténticas chatarras continuamente en proceso de oxidación pero capaces de practicar karate si para ello se les programa (atención al robot pintado de negro por su mecánico –un negro, claro- y al robot-proxeneta que suelta esa mitiquisima frase “Hey hombre blanco, hey negrito, ¿tenéis ganas de echar un polvito?”). El otro momento inolvidable es al final, cuando la nave de los buenos y la de los malos caen en un agujero temporal durante el cual cada 5 segundos representan años, así, de este modo, vamos viendo a los héroes y a los villanos envejecer a ritmo alarmante mientras intentan combatir con espadas que apenas pueden sujetar. Atención al nacimiento y crecimiento hiper-acelerado del hijo del prota, a la muerte y descomposición de la criada y al peinado afro del amigo negro que crece hasta proporciones gigantescas.
En fin, un auténtico divertimento que desde aquí recomiendo muy encarecidamente.
sábado, 2 de agosto de 2008
MASACRE EN CENTRAL HIGH
Título de culto en las Américas, "Massacre at central high" es una de aquellas películas que, en la era dorada del vídeo-club, tuve en las manos cientos de veces, pero nunca me acababa de decidir si quería alquilarla o no. ¿Quién sabe?, tal vez temía verla para no llevarme una decepción. Con ese título, y esa caratula, algo bueno debía de tener. Eso y que Bruce Campbell la sitúa entre sus diez favoritas, dentro del apartado "tan malas que son buenas". Al final decidí tirar de la era dorada del equino para agenciármela, y aunque ha tardado en aterrizar, ya puedo por fin decir que he roto la maldición.
Y la pregunta es: ¿Valía la pena?. Sinceramente, no.
"Masacre en central high" cuenta la historia de un insti en el que un grupo de matones tienen acojonados a un grupo de "fricos" (leáse "nerds" o "geeks"). En eso que llega un chico nuevo, y resulta ser amigo de uno de los matones. Pero claro, no le mola lo que ve, y pronto se enemista con ellos, hasta el extremo de que, como venganza, los chungos le dejan medio lisiado. ¡Ui, lo que han hecho!, poco se imaginan que en realidad el chaval es un psycho-killer y pronto comenzará la escabechina. Lo curioso, y novedoso, del caso, es que una vez aniquilados todos los matones, los "fricos" comienzan a creérselo demasiado, tanto que terminan convertidos en otros matones. Evidentemente, el psycho no tardará en acabar de completar los deberes.
En los USA se vende como un "slasher", pero no lo es. Se trata de un film de acción, o un thriller, que en muchos aspectos se adelantó a títulos como "Curso 1984", "La gran revancha" o "Heathers" (en la que Christian Slater interpretaba un poco el mismo papel protagonista, aunque con más sorna). Las muertes no son especialmente gores, pero sí un pelín retorcidas, recreándonos en aquella del ex-"frico" que se lo monta con dos tipas en una tienda de campaña junto a un acantilado, y con ayuda de dinamita, el prota se encarga de que un montón de piedras les corten el rollo.
"Massacre at central high" es, primero, muy setentera (esas pintas, esos pantalones acampanados) y, segundo, muy mala. Mala de esas que te ríes y puedes soportar hasta el final... pero mala al fin y al cabo. Las situaciones son totalmente inverosímiles, incluso para un creyente total como yo. En ese universo no hay sentimientos, a nadie le afecta demasiado que sus amigos mueran, o que sus novias les pongan los cuernos. Tampoco hay mucha racionalidad viendo algunos de los diálogos que se marcan los "fricos", totalmente absurdos y, eso sí es raro, no hay adultos. No sale ni un personaje mayor de 20 hasta diez minutos antes de acabar. Y la policía no interviene hasta que faltan cinco. De hecho, todo ocurre en un insti, pero las aulas repletas de taburetes no aparecen más que para escenificar un tontísimo intento de violación.
Aunque para tonto, el desenlace.
En el reparto, algún nombre reconocible como los de Andrew Stevens, Robert / Bob Carradine o Kimberly Beck. Es lo más destacable que hizo en vida su director, Rene Daalder. Mejor eso que nada.
Mala de cojones, pero curiosa.
Y la pregunta es: ¿Valía la pena?. Sinceramente, no.
"Masacre en central high" cuenta la historia de un insti en el que un grupo de matones tienen acojonados a un grupo de "fricos" (leáse "nerds" o "geeks"). En eso que llega un chico nuevo, y resulta ser amigo de uno de los matones. Pero claro, no le mola lo que ve, y pronto se enemista con ellos, hasta el extremo de que, como venganza, los chungos le dejan medio lisiado. ¡Ui, lo que han hecho!, poco se imaginan que en realidad el chaval es un psycho-killer y pronto comenzará la escabechina. Lo curioso, y novedoso, del caso, es que una vez aniquilados todos los matones, los "fricos" comienzan a creérselo demasiado, tanto que terminan convertidos en otros matones. Evidentemente, el psycho no tardará en acabar de completar los deberes.
En los USA se vende como un "slasher", pero no lo es. Se trata de un film de acción, o un thriller, que en muchos aspectos se adelantó a títulos como "Curso 1984", "La gran revancha" o "Heathers" (en la que Christian Slater interpretaba un poco el mismo papel protagonista, aunque con más sorna). Las muertes no son especialmente gores, pero sí un pelín retorcidas, recreándonos en aquella del ex-"frico" que se lo monta con dos tipas en una tienda de campaña junto a un acantilado, y con ayuda de dinamita, el prota se encarga de que un montón de piedras les corten el rollo.
"Massacre at central high" es, primero, muy setentera (esas pintas, esos pantalones acampanados) y, segundo, muy mala. Mala de esas que te ríes y puedes soportar hasta el final... pero mala al fin y al cabo. Las situaciones son totalmente inverosímiles, incluso para un creyente total como yo. En ese universo no hay sentimientos, a nadie le afecta demasiado que sus amigos mueran, o que sus novias les pongan los cuernos. Tampoco hay mucha racionalidad viendo algunos de los diálogos que se marcan los "fricos", totalmente absurdos y, eso sí es raro, no hay adultos. No sale ni un personaje mayor de 20 hasta diez minutos antes de acabar. Y la policía no interviene hasta que faltan cinco. De hecho, todo ocurre en un insti, pero las aulas repletas de taburetes no aparecen más que para escenificar un tontísimo intento de violación.
Aunque para tonto, el desenlace.
En el reparto, algún nombre reconocible como los de Andrew Stevens, Robert / Bob Carradine o Kimberly Beck. Es lo más destacable que hizo en vida su director, Rene Daalder. Mejor eso que nada.
Mala de cojones, pero curiosa.
domingo, 1 de enero de 2012
EMPAREDADA
Por alguna extraña razón que desconozco, a finales de los 80 e inicios de los 90, a la peña le dio una inexplicable Poenitis... de Edgar Allan Poe. Es decir, que les entró la neura de readaptar los más famosos relatos del célebre escritor. Claro que los cineastas de más categoría en tal empresa fueron Dario Argento y George A. Romero con su "Los ojos del diablo", seguidos de cerca por Stuart Gordon y "El pozo y el péndulo" (producido por Charles Band). Así que imaginaos el nivel del resto: Roger Corman, Fred Olen Ray, Jim Wynorski... y Harry Allan Towers, legendario productor de "serie B" gracias a sus aportaciones cinematográficas del personaje de "Fu-Manchu" (curró incluso junto a Jesús Franco durante los años 60/70) asociado para la ocasión nada menos que con un ex-director porno francés (Gerard Kikoine, quien se había marcado un escueto tanto convirtiendo a Anthony Perkins en un nuevo "Dr.Jekyll/Mr.Hyde" con "Al borde de la locura"), un oscuro exploiter (Alan Birkinshaw) e incluso, en un momento dado, el mítico ex-"Cannon" Yoram Globus. Vaya panorama. Para dar un mayor toque exótico al asunto, Towers había descubierto lo baratico que salía rodar sus películas en Sudáfrica, y hasta allí arrastraba a sus equipos, cosa que también hizo en el caso que nos ocupa (en su periplo sudafricano, trabajó junto al peculiar Darrell Roodt, semireputado especialista en cine fantástico allá en su tierra y donde le llamen, suya es la infamemente famosa "Dracula 3000").Y sí, lo de Edgar Allan Poe es una puta excusa (que en los créditos figura como Edgar AllEn Poe... ¿trifulcas legales acaso?), ya que "Emparedada" no guarda ninguna relación con el supuesto relato que adapta, el de "The Premature Burial". En realidad tiene más puntos en común con "El Gato Negro". Primero porque todo el rato sale un gato negro (gñé!), y segundo porque, como dice el título, al asesino le va emparedar a sus víctimas. Estas son todas chicas malas salidas de un especie de psiquiátrico / residencia / correccional (que responde al poeniano nombre de Ravenscroft) cuya norma es aceptar únicamente a mozas de buen ver y mejor catar (y más si son ex-estrellas del porno en un intento de meterse -ja!- en eso del cine legítimo, como Ginger Lynn). Al lugar llega una profa nueva, muy guapa ella, que comienza a tener visiones en las que ve a un John Carradine hecho polvo en su última peli intentando salir de detrás de una pared. El dueño del castillo no es otro que "mister hachazo" Robert Vaughn. Y a sus servicios está un patético Donald Pleasence con peluquín y tirando a histriónico. Otros rostros más o menos conocidos son los de un joven Arnold Vosloo (futura "Momia") y William Butler (que hace el papel que siempre solía, noviete chulillo). Se trata de descubrir quien es el asesino y por qué mata (y salvo un crimen, poca sangre derrama), pero llegados a los 60 minutos de peli, ya ha dejado de interesarnos. El resto lo vemos porque, total, ya que estamos puestos, al menos que termine.
Aburrida, sosa, de ver-y-olvidar... en definitiva, muy de los 90.
lunes, 10 de marzo de 2008
EL ARTE DE LA VENGANZA
Me gusta la carrera que lleva uno de mis actores favoritos, Ving Rhames. Y es que le ha pasado lo contrario que a otros. Si a John Travolta le redescubrió Tarantino (o eso dicen) y su carrera subió meteóricamente, a Rhames fue descubrirle Tarantino y bajar y bajar, tanto que ya solo hace COJONUDAS pelis que únicamente salen en dvd o ejerce de secundario en producciones mainstream.Claro, que pensándolo bien, Tarantino no ha relanzado la carrera de nadie. Si os dais cuenta, se supone que hizo lo mismo con Pam Grier y la verdad, desde entonces esta se ha prodigado poco. Robert Foster, tres cuartas de lo mismo y David Carradine tampoco ha hecho mucho desde "Kill Bill".
Pero me estoy yendo por los cerros de Úbeda.
El caso es que el contundente físico de Ving Rhames le viene que ni pintado al personaje de “Clue Ball” Carl en esta estupenda película de videoclub titulada "El arte de la venganza", uno que se sacan de la manga los distribuidores españoles y desvela el final. "Shooting Gallery", el original, es mucho más acertado y molón, pero también engañoso. Aunque hay tiros, el título es el nombre de un club de billar donde se hacen apuestas.
Un excelente jugador se dedica a hacer pequeños timos desplumando a sus oponentes, fingiendo que es un patata. Una organización capitaneada por “Clue Ball” Carl, mafioso que chupa patas de pollo (literalmente), se fija en este muchacho (Freddy Prinze Jr.) y le ficha para que trabaje para él. De mientras, un poli corrupto, que a la vez es jugador, le chantajea con el fin de que prepare una partida con “Clue Ball”.
La peli, que va a un ritmo endemoniado y videoclipero, está francamente bien y, aunque quizás tiene momentos extremadamente infantiloides, la potencia de algunas de sus imágenes, me ha fascinado. Además, desde "El color del dinero", hacía mucho tiempo que no se rodaba una película sobre billar.
El director es otro de esos tipos especializados en telefilms, Keoni Waxman, que no tiene ningún trabajo por el que destaque especialmente. Pero este lo ha hecho muy bien.
Y Freddy Prize Jr., que se ha puesto bastante gordo, en un papel en el que no deja de poner caritas y gesticular, como diciendo “¡Eh miradme, no solo soy un guaperas, también se actuar!” Que iluso.
En definitiva, una peli muy disfrutable con la que se pasa el rato fenomenalmente, siempre que te hayas desprendido de todos tus prejuicios. Ayuda tener en cuenta su naturaleza de producto destinado al vídeo-club.
viernes, 27 de noviembre de 2015
REENCUENTROS
Pensándolo, es muy cierto que Jonh Belushi es un icono, pero
también es cierto que de las siete películas en las que apareció, fueron un
fracaso seis, solo fue un exitazo “Desmadre a la americana”, todo lo demás
pinchó, a veces de forma catastrófica, lo que le convierte en un verdadero cómico
de culto. Porque la veneración por Belushi viene a posteriori y no por gran
actor, sino por yonkie. Y el culto a películas como “1941” o “Granujas a todo
ritmo” se inicia años después, que en el
momento, fueron fracasos gordos.
Si bien empezó con papeles episódicos en películas como
“Camino del Sur” o la que nos ocupa “Reencuentros”, “Old Boyfriends” en su
versión original. Nada, es una intervención que apenas sobrepasa los 25
minutos, pero que sirve para comprender por qué Belushi es tan amado; es que
gozaba de un carisma y una personalidad tal que traspasaba incluso las
películas en las que aparecía. Y no hay que olvidar que Belushi es quien es
gracias a sus intervenciones en el “Saturday night Live” y que de ahí le viene
el éxito y la fama; cuando murió, en el cine, no estaba más que empezando y, a
juzgar por los fracasos, con bastante mal pie. Pero cuando salía en una peli,
el espectador se queda bocas contemplando el alarde de energía que soltaba el
actor.
“Reencuentros” es la progre historia de una loca del coño
que tras divorciarse, decide pegarse el festival de pollas follándose a sus ex
novios, así se va a una ciudad y fornica con uno, lo intenta con otro en otra
ciudad, y mientras cala hondo en el primero de todos ellos, cuando este se va a
buscarla, le da tiempo a echarse otro caliqueño con un tercero.
La película pasó inadvertida, porque pocas cosas se han
visto más malas que esta. Un coñazo de corte medio feminista, con una música
épica que le acompaña en toda suerte de escenas románticas y que no le va nada bien
al asunto, que supuso el debut de su directora, Joan Tewkesbury, y que después
quedó relegada a la dirección televisiva porque es obvio que la chica no era en
exceso talentosa.
Belushi interpreta en la cinta a su novio del instituto, el
cual la humilló diciendo a sus compañeros que se había acostado con ella siendo
mentira. Cuando se reencuentran años después, ella está dispuesta a, ya que él
alardeaba de ello, que se la tire de verdad.
Y ahí radica todo el interés del asunto, el poder ver en
acción a Belushi en una de sus películas más ignotas. Una vez concluye su
parte, el resto de la película carece de interes. De hecho, circula por la red
una versión de la película montada por un fan, en la que solo vemos las escenas
en las que aparece Belushi.
La película la protagoniza Talia Shire, hermana de Francis Ford Coppola y la Adrian de “Rocky”, papel por el que consiguió después este
protagonista, y por el cual ya nunca haría ninguna película trascendente más
allá de la saga de “Rocky”. “Reencuentros” estaba concebida para su lucimiento,
pero se lució más bien poco. Y es que ¡que bazofia tan grande por dios!
Junto a Belushi y Shire, Keith Carradine (hermano de David y
de Robert e hijo de John) interpreta a otro novio más y Richard Jordan (“Dune”, “A la caza del
Octubre rojo”) interpreta al que al final se lleva el gato al agua. De hecho, en la época del vídeo, era el actor
que lo partía de todo el reparto, puesto que al estrenarse directamente en
vídeo en nuestro país –y he aquí la prueba de que Belushi no era nadie, al
menos en España, hasta que le
reivindicaron los esnobs- en la carátula (que no tiene desperdicio) es él el
que figura como estrella, más allá de sus compañeros. También es cierto que la carátula
de vídeo es un poco engañosa, ya que se nos muestra la película como una
especie de thriller, o algo así, prometiendo acción cuando en realidad se trata
de un culebrón rosa y dramático que sonrojaría al más acostumbrado a las
ñoñerías.
No obstante en su estreno americano, al largarse el público
a mitad de película durante sus proyecciones, de puro coñazo que era, a los
señores distribuidores de Embassy, no se les ocurrió otra cosa que cambiar el
póster; si en la primera versión aparecía Talia Shire abrazando a un señor
anónimo, en la versión nueva, con las que inundaron paneles de autopistas y
marquesinas, aparecía ella en primer plano, custodiada por un Belushi que
presidía el póster, micrófono en mano, y cuya frase promocional venía a decir
algo así: “Talia Shire buscaba el amor de su vida, pero esta vez será Belushi
el que la mande a la mierda”. No he podido encontrar casi info de la peli en
toda la red, menos aún este póster que tan bien hubiera ilustrado lo que digo.
Jonh Belushi, su representante, y la madre que parió a todos
ellos, por supuesto, se llevaron un monumental cabreo al ver el uso que se
hacía de la figura de Belushi en la promoción, pero al ser tal el fracaso,
pasaron de todo lo referente a denuncias y malos rollos.
Y es que Belushi, cuando se estrenó esto, era ya súper
famoso, tanto que le colaron ahí como protagonista para ver si se salvaba la
película. Lo único que se consiguió es que la gente pidiera que se le
devolviera su dinero a la entrada del cine, porque habían pagado para ver una
película protagonizada por John Belushi, y en esta él aparecía un momento. Así
que no remontaron y la película se fue al garete; eso si, las críticas fueron
más que favorables para el señor Belushi.
Por lo demás, mierda. Lo más interesante, lo que acaban de
leer aquí.
viernes, 25 de mayo de 2018
MOVIDA EN WALL STREET
Los locos años 80. Charles Band, con su flamante Empire en
boga —y en decadencia—, consciente de que el otro género, además del terror,
que generaba pasta era la comedia, debió pensar un buen día “Pero ¡qué coño!” y
se sacó de la manga una comedia con un reparto a prueba de bombas; RobertCarradine, Malcolm McDowell, Michael Winslow, Rody Pipper, Randall “Tex” Cobb…
Ya había producido más comedias como “The Princess Academy” y alguna más, pero
esta sería la primera con un fuerte reclamo comercial basado en un potente
reparto.
Sin embargo la cosa no salió como se esperaba en un
principio y la película se quedó prácticamente aparcada, apareciendo en su
momento, 1987, únicamente en vídeo de alquiler distribuida por New World. Para
más mala suerte, New World la distribuyó justo en el momento en el que se
declaró en bancarrota. Con todo, la película tuvo su distribución en vídeo en
nuestro país, siendo a día de hoy una película oscura e ignota de la cual ni
tan siquiera existe una edición en DVD más que en Australia. Pero nosotros
tenemos, como no, un VHS…
“Movida en Wall Street”, “Buy & Cell” en su versión
original, cuenta la historia de un individuo medio nerdo que trabaja en bolsa.
En una de estas que por un accidente muere el presidente de la empresa en la
que trabaja, y que tiene trampas como para parar un tren, este es engañado por
uno de los socios, que le propone ser el director de la empresa. Este acepta y
en consecuencia, irá a la cárcel como responsable de todos esos pufos. Una vez
en prisión, la relación con los presos propicia que, entre rejas, cree su
propia empresa de inversión para rentabilizar el dinero de los presos, cosa
esta, que al malvado alcalde de la cárcel le parece fatal, por lo que se pondrá
a tocar un poco los huevos.
Sencillita, sin artificios y con un par de gags correctitos,
“Movida en Wall Street” es, sin embargo, un entretenimiento agradable y
simpático que funciona a todos los niveles, en parte gracias al reparto de
grandes que sostienen la película para que no se haga añicos, siendo el rey de
la función el bueno de Michael Winslow.
La película asimismo, se nutre de todos los éxitos de las
comedias más punteras de la época, por eso tenemos a Carradine en
representación de “La revancha de los novatos”, Michael Winslow en
representación de “Loca academia de policía” así como procura mantener detrás
de su cutre y cochambrosa fotografía, una estructura narrativa similar en
temática y formas a la de “Entre pillos anda el juego”, pero rodada con lo que
en esas producciones se gastaron tan solo en papel higiénico. Y sale airosa.
Para echar un ratillo, sin más ni más. Mucho mejor que otras
películas más gordas, y una rara avis para el catálogo de Empire pictures.
Dirige Robert Boris, también productor y guionista en mayor
medida, que aunque firmó pocas películas como director, no dejan de ser
videoclubadas hoy míticas. Suyas son “Oxford Blues”, uno de los primeros éxitos
de Rob Lowe, y “Justicia de acero”, una película que presentaba al secundario
Martin Kove como absoluto protagonista.
martes, 19 de agosto de 2008
BEVERLY HILLS VAMP
Sin contar "The Alien Dead", y dentro de su dinámica semi-industrial de rodar pelis como salchichas en cinco días, para mi esta es la mejor obra del insigne Fred Olen Ray. La mayoría siempre poseen algún elemento interesante -aunque hablemos de la ridícula criatura que acompaña a David Carradine en "Warlords"- mientras que el resto apesta y, sí, mata de aburrimiento. Sin embargo, y a pesar de todas sus carencias, "Beverly Hills Vamp" es razonablemente entretenida e incluso divertida.
Tres chavales de pueblo, cuyo sueño es hacer una película, van a Hollywood a pedir ayuda a un productor de series Z. Mientras esperan una respuesta a sus plegarias, deciden pasar la noche en un prostíbulo que, fíjate tu, está regentado por vampiras. Solo logrará escapar uno, quien recurrirá al mentado productor, y un cura, para poner fin a la amenaza.
Todo ello, claro está, en forma de comedia bufa, muy muy tonta, y facturado a la inevitable manera del Ray más perezoso, a saber, planos casi secuencia, muuuucho diálogo y look estéril, sin vida (por mucho que metan alguna luz verde o roja de fondo para dar más de "algo" al "decorado"). El humor, como decía, es mega-chorra, pero en ocasiones funciona, una, gracias a estultísimos pero acertados efectos sonoros, y dos, y eso sí es curioso, gracias al doblaje español, destacando el que le pone la voz al prota, el comediante de serie Z Eddie Deezen (al que hemos podido ver en "Grease" y "1941", nada menos, y sobrevive gracias al doblaje de dibujos animados y la televisión. El film reseñado no representa su único escarceo con el zetismo , volvió a colaborar con Olen Ray en "Mobb Boss" y se las vio también con Mark Pirro , aunque en aquella ocasión se largó del rodaje sin completar su parte). Suelta algunas frases que son una risa, sobre todo a lo largo del desenlace.
Acompañan a Deezen en tareas interpretativas Britt Ekland (ex-chica Bond y actriz en algunos títulos de culto del cine de género Británico de los 70), Michelle Bauer (inevitable en una de Olen Ray e inevitable verla en cueros. La primera secuencia en la que aparece de esa guisa sobre un tipo, es material descartado de "The Tomb / El misterio de la pirámide", del mismo cineasta), Jay Richardson (otro habitual de Alfredo, quien da vida al productor, lo que permite muchas coñas privadas), Robert Quarry (ex-Conde Yorga, personaje este a costa del cual se permite bromear y todo), Dawn Wildsmith (pareja sentimental del realizador en aquella época) y Tim Conway Jr., hijo del popular comediante televisivo (quien formó pareja junto a Don Knotts en la mítica "Detectives casi privados").
En el apartado técnico también se repiten los habituales de la plantilla, Ernest D. Farino en el guión (su porción más grande del pastel está como diseñador de créditos para films de James Cameron ¡¡!!), T.L.Lankford como "consultor creativo", Bret Mixon en los créditos y las animaciones... y, eso si, el gran Chuck Cirino en lo musical, quien como siempre hace gala de un talento innato para crear sencillos pero efectivos temillas pegadizos, y si no que se lo digan al público que asistió a un pase de "Deathstalker 2" en la "Maratón de Cine de Terror de Cotxeres de Sants" y tarareó a grito pelado la fanfarria principal, obra del compositor y sus sintetizadores.
Tres chavales de pueblo, cuyo sueño es hacer una película, van a Hollywood a pedir ayuda a un productor de series Z. Mientras esperan una respuesta a sus plegarias, deciden pasar la noche en un prostíbulo que, fíjate tu, está regentado por vampiras. Solo logrará escapar uno, quien recurrirá al mentado productor, y un cura, para poner fin a la amenaza.
Todo ello, claro está, en forma de comedia bufa, muy muy tonta, y facturado a la inevitable manera del Ray más perezoso, a saber, planos casi secuencia, muuuucho diálogo y look estéril, sin vida (por mucho que metan alguna luz verde o roja de fondo para dar más de "algo" al "decorado"). El humor, como decía, es mega-chorra, pero en ocasiones funciona, una, gracias a estultísimos pero acertados efectos sonoros, y dos, y eso sí es curioso, gracias al doblaje español, destacando el que le pone la voz al prota, el comediante de serie Z Eddie Deezen (al que hemos podido ver en "Grease" y "1941", nada menos, y sobrevive gracias al doblaje de dibujos animados y la televisión. El film reseñado no representa su único escarceo con el zetismo , volvió a colaborar con Olen Ray en "Mobb Boss" y se las vio también con Mark Pirro , aunque en aquella ocasión se largó del rodaje sin completar su parte). Suelta algunas frases que son una risa, sobre todo a lo largo del desenlace.
Acompañan a Deezen en tareas interpretativas Britt Ekland (ex-chica Bond y actriz en algunos títulos de culto del cine de género Británico de los 70), Michelle Bauer (inevitable en una de Olen Ray e inevitable verla en cueros. La primera secuencia en la que aparece de esa guisa sobre un tipo, es material descartado de "The Tomb / El misterio de la pirámide", del mismo cineasta), Jay Richardson (otro habitual de Alfredo, quien da vida al productor, lo que permite muchas coñas privadas), Robert Quarry (ex-Conde Yorga, personaje este a costa del cual se permite bromear y todo), Dawn Wildsmith (pareja sentimental del realizador en aquella época) y Tim Conway Jr., hijo del popular comediante televisivo (quien formó pareja junto a Don Knotts en la mítica "Detectives casi privados").
En el apartado técnico también se repiten los habituales de la plantilla, Ernest D. Farino en el guión (su porción más grande del pastel está como diseñador de créditos para films de James Cameron ¡¡!!), T.L.Lankford como "consultor creativo", Bret Mixon en los créditos y las animaciones... y, eso si, el gran Chuck Cirino en lo musical, quien como siempre hace gala de un talento innato para crear sencillos pero efectivos temillas pegadizos, y si no que se lo digan al público que asistió a un pase de "Deathstalker 2" en la "Maratón de Cine de Terror de Cotxeres de Sants" y tarareó a grito pelado la fanfarria principal, obra del compositor y sus sintetizadores.
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