Tras el desbarajuste sufrido en 1980 con la película “Times Square” (secuestrada por los productores e inacabada por el director), Allan Moyle se retira de la dirección de manera en principio permanente. No es hasta diez años después que, tras la escritura de un guion destinado a ser vendido a alguna productora indie para ser dirigido por vete tú a saber quién, Moyle se pone de nuevo tras las cámaras.
No fue fácil, el hombre se negaba en rotundo a volver a revivir el pifostio de su película ochentera, pero no pudo rechazar una oferta ofrecida por "SC Entertainment", compañía independiente del Canadá, que prácticamente convence al realizador para que dirija su guion. Y accede, y rueda una película al servicio de un emergente Christian Slater —la primera opción de cast fue John Cusack, quien tuvo buen ojo y rechazó el papel— que termina siendo un rotundo fracaso financiero, esta “Rebelión en las ondas”.
Sin embargo, se trata de una película a todas luces estimable que cosecha un buen puñado de críticas positivas, premios en festivales de cine independiente, incluso es alabada por Ebert y Siskel que la ponen como ejemplo de película fracasada que merece una segunda oportunidad.
Pero después de eso, nada, ni siquiera genera culto. Se distribuye malamente en vídeo y se queda dando vueltas en un limbo del que difícilmente saldrá. “Rebelión en las ondas” es una de esas películas olvidadas que merecen una revisión y, tal vez, una reivindicación… o tal vez no, porque, datada en 1990, quizás en pleno 2025 resulta tremendamente ingenua y anticuada, y es que la tecnología ha avanzado tanto en los últimos treinta años, que las formas de comunicación sobre las que versa la cinta a día de hoy no solo se han quedado obsoletas, sino que, además, son incomprensibles para cualquier espectador menor de 20 años, rango de edad al que la película va destinada.
Resumiendo; “Rebelión en las ondas” se ha quedado tremendamente vieja, casi naíf.
No recuerdo un estreno en salas de la película, ni recuerdo ver copias en ninguno de los videoclubs que yo frecuentaba en el año 1991, pero la pusieron en "Canal +" y, casi de casualidad, la vi uno de los muchos días que la emitieron. Trataba sobre algo que en la época me apasionaba como eran las emisiones de radio pirata, y recuerdo que me entusiasmó.
Un joven bastante retraído, recién mudado a un árido pueblo de Arizona, monta una emisora pirata en el sótano de sus padres y, por las noches, emite un programa del todo rompedor y revolucionario. Reflexiona en voz alta, y transgrede soltando sonidos de pedos o simulando masturbaciones, además de pinchar temas controvertidos de punk y rap, por lo que se granjea un buen número de seguidores en la zona. Su feliz hobby se complicará en el momento que un oyente le llama en directo anunciando que se va a suicidar. O cuando le da por denunciar toda suerte de corruptelas entre el profesorado del instituto. Generará, como bien dice el título español (el americano es “Pump Up The Volume”, “Sube el volumen”), una auténtica revolución en las ondas.
Hacía muchos años que no veía esta película y el recuerdo era dulce. Anoche la volví a ver y, bueno, sin que me desagrade del todo y, pareciéndome a rasgos generales una buena cinta, sí me pareció tonta, como para niñas… y es que, claro, no es lo mismo ver “Rebelión en las ondas” en los 90 cuando se tienen 14 años, que en 2025 cuando se tienen ya 50, poca capacidad de concentración y la sensación de que, a uno, cada vez más, le gustan menos las películas.
Al margen de eso, no deja de parecerme curioso que es una película sobre un influencer que la lía parda… uno de los 90. Solo que en lugar de hacerlo a través de "TikTok" y para una audiencia mundial, lo hace montando un tinglado cojonudo de radiofrecuencias para emitir en un radio de apenas unos kilómetros, en lo que entonces se conocía como radio pirata. Explíquenle a sus sobrinos, hijos o nietos, qué era aquello y para qué servía.
Y encima, acaba en la cárcel.
En el reparto, además de Christian Slater, que arrastraba terribles problemas de alcoholismo ya por aquel entonces, tenemos a la que era su novia en aquel momento, Samantha Mathis, y a la entrañable "Audrey" de “La tienda de los horrores”, Ellen Green, que se marca un papel de lo más insulso y anecdótico.
Por otro lado, Moyle, fan hasta la médula de “American Graffiti”, tanteó a su ídolo George Lucas con el fin de que la producción lo contratase como asesor y supervisor. Y Lucas estuvo a punto de aceptar, pero prefirió producir una película con guion suyo y del director de “Howard, el pato”, también sobre el mundo de la radio, en un fracaso estrepitoso, más malo que pegarle a un padre con un calcetín sudado, titulado “Asesinato en la radio”.
Después de la reseñada, Allan Moyle tuvo un pequeño éxito con otra película sobre la radio, “Empire records”. Y aunque demodé, sosita y anticuada, “Rebelión en las ondas”, es su mejor película.
Mostrando las entradas para la consulta Christian Slater ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta Christian Slater ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
martes, 2 de diciembre de 2025
viernes, 24 de febrero de 2017
EL NOMBRE DE LA ROSA
La novela homónima de Umberto Eco, probablemente sea una de
las novelas de detectives más populares de todos los tiempos, entre otras cosas
porque transcurría en una abadía del medioevo y, la investigación, corría a
cargo de suspicaces monjes Franciscanos, por lo que enseguida esa novela se
traspasó la mera literatura para convertirse en cultura popular, cosechando
críticas positivas –e incluso algun negativa- allá dónde iba a comienzos de los
años ochenta. Es por ello que, en coproducción entre varios países de la
comunidad Europea, se llevara a cabo una adaptación al cine con todos los
honores. Producirían Italia, Francia y Alemania y la dirección recaería en las
manos del competente Francés Jean-Jaques Annaud, reputadísimo director que
venía de dirigir “En busca del Fuego”, y que después de “El Nombre de la Rosa”
seguiría cosechando éxitos “de autor”, rodando “El Oso”, “El Amante” o “Siete
Años en el Tíbet”. Luego ya, aún con títulos prestigiosos en los últimos años,
andaría más de capa caidilla.
El caso es que en 1986, era el más indicado para dirigir
esta adaptación y llevarla a buen puerto. De hecho, el director llegó a
declarar que la Novela de Eco existía únicamente para que él pudiera dirigir la
versión cinematográfica. Estaba encantado de poder hacerla.
Resultó ser un éxito comercial de tomo y lomo –sobrepasó los
dos millones de espectadores en nuestro país- y uno de los títulos europeos
emblemáticos de la década de los ochenta, siendo recordado como cualquier
producción de Spielberg de la época, en la memoria popular.
Con sus tropecientos guiños a Sherlock Holmes, nos cuenta como un Franciscano y su ayudante,
llegan a una abadía dónde se están cometiendo una serie de crímenes sin
explicación aparente, por lo que todos los frailes culparán de ellos al mismo
demonio. Fray Guillermo de Baskerville, con su inteligencia y escepticismo, irá
investigando paa demostrar que de muertes demoníacas, nada de nada. Durante el
periplo, soteará algunos que otros pelígros, mientras se sucederán más
escabrosos asesinatos.
Aunque Annaud no quería a James Bond en su película,
Columbia sugirió a Sean Connery para el papel de Guillermo de Baskerville. El
actor estaba demasiado encasillado y su
carrera en plena decadencia, por lo que Annaud buscó otros aspirantes al papel.
Pero pronto se dio cuenta de que ningún otro actor lo hacía mejor que Connery,
por lo que reconsideró la opción de que este protagonizara la cinta, y
finalmente, así lo hizo. Como resultado, se relanzó la carrera de Connery de
tal manera, que se convirtió en una de las estrellas más queridas y cotizadas de Hollywood,
convirtiendo en oro toda película que llevara su nombre, todo ello consecuencia
de “El Nombre de la Rosa”.
Por otro lado, de un casting salió un jovencito Christian Slater que interpreta a Azzo, el ayudante de Guillermo de Baskerville.
A título personal, he de decir que, efectivamente, no puedo
imaginarme “El nombre de la Rosa” sin las presencias de Connery o Slater, pero
ciertamente, mientras que el primero sobreactúa y pone caritas para que se vea
lo guapo que es, aunque esté interpretando a un Franciscano casi anciano, el
segundo no llega de lo contenido que está, llegando por momentos a parecer
autista. Pero no pasa nada.
Tan recordado como estos sería el secundario Ron Perlman,
quíen da vida a Salvatore, el Jorobado que habla más de la cuenta y cuyos
rasgos no se nos despintaron a los que vimos la película siendo aún infantes;
el futuro inmediato de Perlman, todos sabemos cual fue.
La película es verdaderamente buena. En la época ya lo era, y
vista a día de hoy, que ya sabemos el peligro que corren hoy en día las
películas de los ochenta de quedarse desfasadas, observo que el paso del tiempo
la ha beneficiado sustancialmente. No solo toda la ambientación, así como el
elenco de secundarios que da vida a todos los frailes, tan feos, tan
desagradables, tan deformes, son una
cosa como no había visto yo antes en una película de lo conseguidos que están,
sino que lo que es la narración, ya estaba adelantada en su tiempo. Y la
percepción de las cosas, que ya sabemos que cambia… porque si en 1986 la
película podía pecar de lenta en su desarrollo, a día de hoy,
inexplicablemente, ocurre todo lo contrario, que la película se desarrolla de
manera fluida y el espectador es testigo de los acontecimientos a un ritmo de
vértigo; esto es, que la puta peli va a toda hostia, y las casi dos horas pasan
en un santiamén. Por otro lado, desde el primer al último fotograma, atrapa el
interés del espectador y este se lo pasa divinamente. La verdad es que es una
maravilla que una película como esta se conserve así con el paso de los años.
Que frescura, que bien rodada, que imperecedera.
Me encanta. Cosa que las anteriores veces que la vi, no
ocurrió, por lo que cada película requiere de sus diversos tiempos y visionados.
Para finalizar, no quiero olvidarme de la anécdota del DVD.
Desconozco los motivos, pero el DVD lleva unos cuantos
minutos más de metraje con respecto a sus ediciones para cine y VHS. Entonces,
los responsables de la edición, en lugar de dejar subtítulos a esas añadiduras
deciden doblar ese minutaje. Pero no con las voces originales. De hecho, si en
ese par de minutos pronuncian texto tres personajes, escuchamos la misma voz
para los tres, que lejos de se la voz de un actor de doblaje profesional, parece
que es la voz del primero que pasaba por allí. Para más inri, da voz a tres
personajes ancianos, una voz muy joven que la fuerza para ser mayor… con lo
cual parece una broma o una tomadura de pelo de los de Warner. Pero resulta que
no, que lo que pasa es que no se querían gastar un clavél en el doblaje, por lo
que, con ese cambio de tempo ¡Incluso nos hace salir de la atmósfera!! Vamos
que se carga la película. Por suerte, siempre tendremos la versión original
subtitulada para disfrutarla tal y como fue concebida. Pero lo de estos minutos
doblados… fue sonado en su momento.
En definitiva: Qué gran película.
sábado, 2 de agosto de 2008
MASACRE EN CENTRAL HIGH
Título de culto en las Américas, "Massacre at central high" es una de aquellas películas que, en la era dorada del vídeo-club, tuve en las manos cientos de veces, pero nunca me acababa de decidir si quería alquilarla o no. ¿Quién sabe?, tal vez temía verla para no llevarme una decepción. Con ese título, y esa caratula, algo bueno debía de tener. Eso y que Bruce Campbell la sitúa entre sus diez favoritas, dentro del apartado "tan malas que son buenas". Al final decidí tirar de la era dorada del equino para agenciármela, y aunque ha tardado en aterrizar, ya puedo por fin decir que he roto la maldición.
Y la pregunta es: ¿Valía la pena?. Sinceramente, no.
"Masacre en central high" cuenta la historia de un insti en el que un grupo de matones tienen acojonados a un grupo de "fricos" (leáse "nerds" o "geeks"). En eso que llega un chico nuevo, y resulta ser amigo de uno de los matones. Pero claro, no le mola lo que ve, y pronto se enemista con ellos, hasta el extremo de que, como venganza, los chungos le dejan medio lisiado. ¡Ui, lo que han hecho!, poco se imaginan que en realidad el chaval es un psycho-killer y pronto comenzará la escabechina. Lo curioso, y novedoso, del caso, es que una vez aniquilados todos los matones, los "fricos" comienzan a creérselo demasiado, tanto que terminan convertidos en otros matones. Evidentemente, el psycho no tardará en acabar de completar los deberes.
En los USA se vende como un "slasher", pero no lo es. Se trata de un film de acción, o un thriller, que en muchos aspectos se adelantó a títulos como "Curso 1984", "La gran revancha" o "Heathers" (en la que Christian Slater interpretaba un poco el mismo papel protagonista, aunque con más sorna). Las muertes no son especialmente gores, pero sí un pelín retorcidas, recreándonos en aquella del ex-"frico" que se lo monta con dos tipas en una tienda de campaña junto a un acantilado, y con ayuda de dinamita, el prota se encarga de que un montón de piedras les corten el rollo.
"Massacre at central high" es, primero, muy setentera (esas pintas, esos pantalones acampanados) y, segundo, muy mala. Mala de esas que te ríes y puedes soportar hasta el final... pero mala al fin y al cabo. Las situaciones son totalmente inverosímiles, incluso para un creyente total como yo. En ese universo no hay sentimientos, a nadie le afecta demasiado que sus amigos mueran, o que sus novias les pongan los cuernos. Tampoco hay mucha racionalidad viendo algunos de los diálogos que se marcan los "fricos", totalmente absurdos y, eso sí es raro, no hay adultos. No sale ni un personaje mayor de 20 hasta diez minutos antes de acabar. Y la policía no interviene hasta que faltan cinco. De hecho, todo ocurre en un insti, pero las aulas repletas de taburetes no aparecen más que para escenificar un tontísimo intento de violación.
Aunque para tonto, el desenlace.
En el reparto, algún nombre reconocible como los de Andrew Stevens, Robert / Bob Carradine o Kimberly Beck. Es lo más destacable que hizo en vida su director, Rene Daalder. Mejor eso que nada.
Mala de cojones, pero curiosa.
Y la pregunta es: ¿Valía la pena?. Sinceramente, no.
"Masacre en central high" cuenta la historia de un insti en el que un grupo de matones tienen acojonados a un grupo de "fricos" (leáse "nerds" o "geeks"). En eso que llega un chico nuevo, y resulta ser amigo de uno de los matones. Pero claro, no le mola lo que ve, y pronto se enemista con ellos, hasta el extremo de que, como venganza, los chungos le dejan medio lisiado. ¡Ui, lo que han hecho!, poco se imaginan que en realidad el chaval es un psycho-killer y pronto comenzará la escabechina. Lo curioso, y novedoso, del caso, es que una vez aniquilados todos los matones, los "fricos" comienzan a creérselo demasiado, tanto que terminan convertidos en otros matones. Evidentemente, el psycho no tardará en acabar de completar los deberes.
En los USA se vende como un "slasher", pero no lo es. Se trata de un film de acción, o un thriller, que en muchos aspectos se adelantó a títulos como "Curso 1984", "La gran revancha" o "Heathers" (en la que Christian Slater interpretaba un poco el mismo papel protagonista, aunque con más sorna). Las muertes no son especialmente gores, pero sí un pelín retorcidas, recreándonos en aquella del ex-"frico" que se lo monta con dos tipas en una tienda de campaña junto a un acantilado, y con ayuda de dinamita, el prota se encarga de que un montón de piedras les corten el rollo.
"Massacre at central high" es, primero, muy setentera (esas pintas, esos pantalones acampanados) y, segundo, muy mala. Mala de esas que te ríes y puedes soportar hasta el final... pero mala al fin y al cabo. Las situaciones son totalmente inverosímiles, incluso para un creyente total como yo. En ese universo no hay sentimientos, a nadie le afecta demasiado que sus amigos mueran, o que sus novias les pongan los cuernos. Tampoco hay mucha racionalidad viendo algunos de los diálogos que se marcan los "fricos", totalmente absurdos y, eso sí es raro, no hay adultos. No sale ni un personaje mayor de 20 hasta diez minutos antes de acabar. Y la policía no interviene hasta que faltan cinco. De hecho, todo ocurre en un insti, pero las aulas repletas de taburetes no aparecen más que para escenificar un tontísimo intento de violación.
Aunque para tonto, el desenlace.
En el reparto, algún nombre reconocible como los de Andrew Stevens, Robert / Bob Carradine o Kimberly Beck. Es lo más destacable que hizo en vida su director, Rene Daalder. Mejor eso que nada.
Mala de cojones, pero curiosa.
sábado, 1 de octubre de 2022
SESIÓN DOBLE: CAZADORES DE MENTES + DOMINO
CAZADORES DE MENTES: "Cazadores de mentes" (que no "Cazadores dementes", buen título para un exploitation) es el paradigma del buen cine mainstream. Un producto perfectamente fabricado, en lo técnico, lo interpretativo (a base de buenos actores, algunos tan conocidos como Val Kilmer o Christian Slater), lo rítmico (va a toda castaña desde el minuto uno, aunque es cierto que luego da una leve bajona y eso, quieran que no, corta un poco el rollo), lo estético y una buena trama de misterios y asesinatos, no exenta de su pequeña dosis de truculencia -lo justo para no ofender- Planificada al milímetro para acompañar estupendamente un bol de palomitas y, al terminar, olvidar sin rencores. Dirige el tipo perfecto, Renny Harlin. La cosa va de unos aspirantes a criminalista del FBI que son "abandonados" en una isla a merced de un supuesto falso asesino al que tendrán que descubrir -de eso va el ejercicio-. Obviamente resulta que el tipo existe de verdad y comienza a matar a los presentes con retorcidos juegos llenos de complicadas trampas y pistas (de esos / esas que dices "¿Cómo ha tenido tiempo de fabricarlas y lograr que siempre
f
uncionen a la perfección?") La movida gasta un regusto a "Seven", de cuando se pusieron de moda los psycho-thrillers estilizados y es orgullosamente "de domingo por la tarde".
uncionen a la perfección?") La movida gasta un regusto a "Seven", de cuando se pusieron de moda los psycho-thrillers estilizados y es orgullosamente "de domingo por la tarde".DOMINO: Lo que de entrada parece la típica trama de policía en busca de venganza tras ver a su compañero morir en manos de un supuesto asesino, pronto tira por otros derroteros cuando descubrimos que, justamente, es este último el que se venga. Concretamente de los terroristas islámicos que se cargaron a su padre. La CIA lo captura y pretende utilizarlo para que haga el trabajo sucio, mientras el policía con sed de revancha sigue obsesionado en cazarlo. "Domino" es la última película oficial -hasta ahora, ya hay dos más anunciadas- del gran Brian De Palma. A diferencia de "Femme Fatale", aquí aparca un poco la vena autoral para adaptarse a la de artesano... pero no mucho. Momentos típicamente De Palmeros los hay, y están un rato guapos. Especialmente el final, graciosamente situado en Almería, concretamente una plaza de toros, ¡anda no me jodas! Otro aspecto que me ha gustado -y eso, supongo, se lo debemos a la condición medio europea del film- es que ninguno de los personajes "buenos", lo son tanto. El héroe, por muy héroe que sea, es el verdadero culpable de la muerte de su compañero. Y este, ascendido a santo tras morir, y más dejando una viuda impedida, en realidad andaba liado con otra.
La música del gran gran Pino Donaggio pone la necesaria guinda a un thriller perfectamente visible, vibrante y disfrutable.
sábado, 24 de mayo de 2025
EL HOMBRE SIN SOMBRA
La legendaria bajada de pantalones del gran Paul Verhoeven.
Tras los semi-fracasos de las incomprendidas "Starship Troopers (Las brigadas del espacio)" y "Showgirls", al holandés no le quedan más cojones que transigir con los caprichos -morales- de Hollywood si quiere seguir currando. Por ello, aborda la realización de "El hombre sin sombra" como un resignado artesano cumplidor, evitando sus habituales salidas de tono. Claro que, Verhoeven es mucho Verhoeven, e incluso así, con todas las limitaciones e imposiciones, logra echar palante un producto que, sí, carece de su toque (bueno, algo hay, aunque poquita cosa), pero sigue siendo perfectamente deglutible y entretenido, por mucho que él lo califique como lo peor de su filmografía.
Estamos ante una puesta al día -del año 2000- de uno de los "monstruos clásicos", el hombre invisible... aunque, estructuralmente, esto remita más a "La Mosca" de David Cronenberg. El super genio Sebastian Caine ha inventando la fórmula de la invisibilidad procediendo en plan "resolución para lerdos", es decir: sentado frente al ordenador, no consigue resultados. Pone cara de palo y se cabrea. Entonces, tiene un momento de inspiración. Le da a tres teclas. En la pantalla vemos varios colorinches. Y,¡¡voilà!!, la mueca de cabreo pasa a la de alegría. ¡Lo ha resuelto!. Así, ambicioso como es, decide aplicársela. Pero a la hora de recuperar la forma visible, todo falla. Poco a poco, ello le va minando la mente, una que ya de por sí tendía a la megalomanía. De esta guisa, se vuelve más malo que la tiña para mayor desesperación de sus compañeros de laboratorio.
Cine "mainstream" en su mejor y máximo exponente al que contribuye, sin duda, el reparto, con el siempre eficaz Kevin Bacon como villano, Elisabeth Shue combatiéndole, Josh Brolin en medio del caos, el veterano William Devane (Verhoeven es muy fan de Alfred Hitchcock, así pues, contar con aquel que actuara en la última película del orondo cineasta, "La Trama", debió ser para él toda una flipada) y Rhona Mitra enseñando las tetas de silicona. Porque sí, tenemos algo de sexo y violencia.... aunque reducir el "estilo Verhoeven" a eso sería injusto, superficial y facilón, pues su talento va más allá. No obstante, en este blog somos bastante injustos, superficiales y facilones, así que celebramos con algarabía la agradecida dosis de ambas cosas, más para los estándares de Hollywood, siempre mojigatos (entonces un poco menos).
Aunque, no nos engañemos, la verdadera estrella de "El hombre sin sombra" son unos tremendos efectos especiales mediante un CGI algo verde que ha soportado muy bien el paso de los años. Por primera vez veíamos la invisibilidad en su vertiente más realista y cruda, con esos cuerpos reducidos progresivamente a músculos, venas y/o esqueletos. Un diez.
"El hombre sin sombra" fue otro semi-fracaso a nivel taquillero, aunque se resarció en los vídeo-clubs. Tanto como para generar una secuela seis años después exclusivamente destinada a ese mismo mercado y con protagonismo de un cada vez más acabado Christian Slater. Viendo el agrio panorama, Paul Verhoeven abandona Hollywood y se las pira a su tierra natal aludiendo falta de libertad y demás monsergas... el cuento de siempre. No obstante, bienvenido fue el cambio, porque desde entonces ha ido rodando cosas tan decentes y visibles como "El libro negro", "Elle" o "Benedetta". Y ahí sigue, con más proyectos en marcha.
Tras los semi-fracasos de las incomprendidas "Starship Troopers (Las brigadas del espacio)" y "Showgirls", al holandés no le quedan más cojones que transigir con los caprichos -morales- de Hollywood si quiere seguir currando. Por ello, aborda la realización de "El hombre sin sombra" como un resignado artesano cumplidor, evitando sus habituales salidas de tono. Claro que, Verhoeven es mucho Verhoeven, e incluso así, con todas las limitaciones e imposiciones, logra echar palante un producto que, sí, carece de su toque (bueno, algo hay, aunque poquita cosa), pero sigue siendo perfectamente deglutible y entretenido, por mucho que él lo califique como lo peor de su filmografía.
Estamos ante una puesta al día -del año 2000- de uno de los "monstruos clásicos", el hombre invisible... aunque, estructuralmente, esto remita más a "La Mosca" de David Cronenberg. El super genio Sebastian Caine ha inventando la fórmula de la invisibilidad procediendo en plan "resolución para lerdos", es decir: sentado frente al ordenador, no consigue resultados. Pone cara de palo y se cabrea. Entonces, tiene un momento de inspiración. Le da a tres teclas. En la pantalla vemos varios colorinches. Y,¡¡voilà!!, la mueca de cabreo pasa a la de alegría. ¡Lo ha resuelto!. Así, ambicioso como es, decide aplicársela. Pero a la hora de recuperar la forma visible, todo falla. Poco a poco, ello le va minando la mente, una que ya de por sí tendía a la megalomanía. De esta guisa, se vuelve más malo que la tiña para mayor desesperación de sus compañeros de laboratorio.
Cine "mainstream" en su mejor y máximo exponente al que contribuye, sin duda, el reparto, con el siempre eficaz Kevin Bacon como villano, Elisabeth Shue combatiéndole, Josh Brolin en medio del caos, el veterano William Devane (Verhoeven es muy fan de Alfred Hitchcock, así pues, contar con aquel que actuara en la última película del orondo cineasta, "La Trama", debió ser para él toda una flipada) y Rhona Mitra enseñando las tetas de silicona. Porque sí, tenemos algo de sexo y violencia.... aunque reducir el "estilo Verhoeven" a eso sería injusto, superficial y facilón, pues su talento va más allá. No obstante, en este blog somos bastante injustos, superficiales y facilones, así que celebramos con algarabía la agradecida dosis de ambas cosas, más para los estándares de Hollywood, siempre mojigatos (entonces un poco menos).
Aunque, no nos engañemos, la verdadera estrella de "El hombre sin sombra" son unos tremendos efectos especiales mediante un CGI algo verde que ha soportado muy bien el paso de los años. Por primera vez veíamos la invisibilidad en su vertiente más realista y cruda, con esos cuerpos reducidos progresivamente a músculos, venas y/o esqueletos. Un diez.
"El hombre sin sombra" fue otro semi-fracaso a nivel taquillero, aunque se resarció en los vídeo-clubs. Tanto como para generar una secuela seis años después exclusivamente destinada a ese mismo mercado y con protagonismo de un cada vez más acabado Christian Slater. Viendo el agrio panorama, Paul Verhoeven abandona Hollywood y se las pira a su tierra natal aludiendo falta de libertad y demás monsergas... el cuento de siempre. No obstante, bienvenido fue el cambio, porque desde entonces ha ido rodando cosas tan decentes y visibles como "El libro negro", "Elle" o "Benedetta". Y ahí sigue, con más proyectos en marcha.
martes, 25 de junio de 2024
TIMES SQUARE
El gran fracaso del productor Robert Stigwood, que planeaba un nuevo éxito para la gran pantalla como lo fue su anterior película “Fiebre del Sábado noche”, solo que, esta vez, en clave de punk rock. Varios factores impidieron que se repitiera la hazaña, como por ejemplo, que el punk no era tan comercial como el disco (o al menos no atraía tantas personas a los cines en aquel momento), que el film no contenía estrellas en su reparto y, sobre todo, que las continuas irrupciones del productor en el rodaje propiciaron que la película quedara incompleta, con un montón de secuencias que se perdieron y un director, Allan Moyle, que abandonó el rodaje antes de terminar porque se negaba a convertir una historia sobre dos chicas con problemas mentales en un musical impostado con numeritos punk que no aportaban nada a la historia. A eso añádanle el hecho de que “Fiebre del Sábado noche” era una gran película, mientras que “Times Square” es irregular, con un par de buenos momentos, pero a rasgos generales tirando a mala. No por ello deja de ser una interesante; es de culto para la comunidad LGTBI —supuestamente las protagonistas son lesbianas; en el guion así estaba escrito, pero luego se eliminó todo atisbo de lesbianismo por motivos meramente comerciales— y sobre todo, tiene mucho valor el hecho de estar rodada enteramente en el Deuce neoyorquino antes de su remodelación en los 90, por lo que se ve intacta la sordidez de la zona, así como varios de los locales de puterío y, mejor aún, los cines que programaban sesiones dobles o triples de la época. En ese sentido, el retrato de Times Square que se hace en la película, es el más fehaciente y, a efectos estéticos, de gran valor.
Más allá de eso, tenemos una historia bastante ñoña sobre dos chicas que se conocen en una institución mental y, outsiders perdidas como son, acaban fugándose para acabar de okupas en un sucio antro de Times Square en el que intentarán sobrevivir y buscar su identidad. Así, mientras vagabundean, forman una banda de punk que se verá alentada desde las ondas por un locutor de radio que conoce la historia de las dos chicas e intentará apoyarlas. No obstante, cuando la cosa parece mejorar, el estado mental de una de ellas pondrá en jaque todo lo conseguido.
La idea surge por parte de Allan Moyle. Un día compró un sofá de segunda mano y, entre sus cojines, encontró un diario escrito por una joven con problemas mentales, que narraba su historia en el alambre, dejando al director cautivado. De este modo encargó la escritura del guion a Jacob Brakman, partiendo de pasajes de ese diario. Stigwood rápidamente quiso producirlo. Obviamente fue un grano en el culo. Entre otras cosas, convencido como estaba del futuro éxito, empezó a promocionar a la actriz protagonista, Robin Johnson, como una suerte de John Travolta femenina. Se encargó de no dejarla escapar haciéndole firmar un contrato en exclusiva con su compañía de management durante tres años. “Times Square” fracasó, y, en consecuencia, Johnson tuvo que rechazar las ofertas que le venían de otras gentes en favor de las que le ofreciera Stigwood, pero este perdió el interés tras el fracaso. Cuando la actriz quedó liberada del ese contrato, ya no interesaba para el cine, y aunque hizo algunos papelitos más en algunas películas (salía un momento en “¡Jo, que noche!” de Scorsese), al final tuvo que buscarse la subsistencia entrando en una vida laboral normal y corriente lejos de los focos.
Asimismo, Stigwood decidió lanzar una banda sonora en álbum doble del mismo modo que había hecho con “Fiebre del Sábado noche”, pero esta vez con canciones de grupos punk punteros (aunque la mayoría pertenecieran más a la "New Wave". Quizás el único combo genuinamente punk rock sean los británicos "The Ruts"). También se puso muy idiota con la idea de incluir a los "Bee-Gees" que tanto éxito le habían proporcionado un par de años antes, aunque estos no pegaran ni con cola, y ordenó filmar más números musicales con el fin de poder incluir esas canciones. A causa de dicha estúpida imposición, el director se fue de najas. La segunda unidad hizo lo que pudo y se dejó una película incompleta. En montaje, además, mucho material se perdió por el camino y, en definitiva, lo que se estrenó es un auténtico desbarajuste. Pero ahí quedó. La verdad es que es flojucha, pero tiene algo de gracia (no demasiada).
En el reparto, además de Robin Johnson, tenemos a Trini Alvarado muy jovencita, con 13 años, que asistía cada día al rodaje portando consigo una biblia. Después obtendría cierta popularidad al aparecer en films de renombre como “Mujercitas” o “Agárrame esos fantasmas”. Como locutor que ayuda sin salir de su cabina a estas dos jóvenes punks, tenemos a Tim Curry que fue metido en la película de rebote, primero porque al tipo le gustó la historia que se iba a rodar, segundo porque necesitaban un nombre popular que pudiera vender y Curry estaba en su mejor momento. Eso sí, fue contratado para tan solo dos sesiones, que se irían alargando en el metraje con el fin de que pareciera que estaba presente todo el largometraje.
En cuanto al director Allan Moyle, no tuvo una carrera fulgurante precisamente, pero sí rodó un par de películas interesantes. Suya es la estupenda “Rebelión en las ondas” con Christian Slater haciendo de un locutor que revoluciona a todo un pueblecito desde una emisora pirata, o “Empire Records” también relacionada con el mundo de la música y la radio.
Más allá de eso, tenemos una historia bastante ñoña sobre dos chicas que se conocen en una institución mental y, outsiders perdidas como son, acaban fugándose para acabar de okupas en un sucio antro de Times Square en el que intentarán sobrevivir y buscar su identidad. Así, mientras vagabundean, forman una banda de punk que se verá alentada desde las ondas por un locutor de radio que conoce la historia de las dos chicas e intentará apoyarlas. No obstante, cuando la cosa parece mejorar, el estado mental de una de ellas pondrá en jaque todo lo conseguido.
La idea surge por parte de Allan Moyle. Un día compró un sofá de segunda mano y, entre sus cojines, encontró un diario escrito por una joven con problemas mentales, que narraba su historia en el alambre, dejando al director cautivado. De este modo encargó la escritura del guion a Jacob Brakman, partiendo de pasajes de ese diario. Stigwood rápidamente quiso producirlo. Obviamente fue un grano en el culo. Entre otras cosas, convencido como estaba del futuro éxito, empezó a promocionar a la actriz protagonista, Robin Johnson, como una suerte de John Travolta femenina. Se encargó de no dejarla escapar haciéndole firmar un contrato en exclusiva con su compañía de management durante tres años. “Times Square” fracasó, y, en consecuencia, Johnson tuvo que rechazar las ofertas que le venían de otras gentes en favor de las que le ofreciera Stigwood, pero este perdió el interés tras el fracaso. Cuando la actriz quedó liberada del ese contrato, ya no interesaba para el cine, y aunque hizo algunos papelitos más en algunas películas (salía un momento en “¡Jo, que noche!” de Scorsese), al final tuvo que buscarse la subsistencia entrando en una vida laboral normal y corriente lejos de los focos.
Asimismo, Stigwood decidió lanzar una banda sonora en álbum doble del mismo modo que había hecho con “Fiebre del Sábado noche”, pero esta vez con canciones de grupos punk punteros (aunque la mayoría pertenecieran más a la "New Wave". Quizás el único combo genuinamente punk rock sean los británicos "The Ruts"). También se puso muy idiota con la idea de incluir a los "Bee-Gees" que tanto éxito le habían proporcionado un par de años antes, aunque estos no pegaran ni con cola, y ordenó filmar más números musicales con el fin de poder incluir esas canciones. A causa de dicha estúpida imposición, el director se fue de najas. La segunda unidad hizo lo que pudo y se dejó una película incompleta. En montaje, además, mucho material se perdió por el camino y, en definitiva, lo que se estrenó es un auténtico desbarajuste. Pero ahí quedó. La verdad es que es flojucha, pero tiene algo de gracia (no demasiada).
En el reparto, además de Robin Johnson, tenemos a Trini Alvarado muy jovencita, con 13 años, que asistía cada día al rodaje portando consigo una biblia. Después obtendría cierta popularidad al aparecer en films de renombre como “Mujercitas” o “Agárrame esos fantasmas”. Como locutor que ayuda sin salir de su cabina a estas dos jóvenes punks, tenemos a Tim Curry que fue metido en la película de rebote, primero porque al tipo le gustó la historia que se iba a rodar, segundo porque necesitaban un nombre popular que pudiera vender y Curry estaba en su mejor momento. Eso sí, fue contratado para tan solo dos sesiones, que se irían alargando en el metraje con el fin de que pareciera que estaba presente todo el largometraje.
En cuanto al director Allan Moyle, no tuvo una carrera fulgurante precisamente, pero sí rodó un par de películas interesantes. Suya es la estupenda “Rebelión en las ondas” con Christian Slater haciendo de un locutor que revoluciona a todo un pueblecito desde una emisora pirata, o “Empire Records” también relacionada con el mundo de la música y la radio.
“Times Square” se estrenó de mala manera en España, apenas la vieron 41.000 espectadores en salas destinadas a la versión original subtitulada. No recuerdo una edición en vídeo en la época, pero sí fue emitida en televisión a horas intempestivas, así como contó con una edición en DVD que a día de hoy es bastante difícil de localizar.
Por otro lado, me hace mucha gracia la traducción que en el póster español (aquí adjunto) se hace de la frase promocional “Go Sleazy In Times Square”; “Toda la basca!... a Times Square!”. Y se quedaron tan panchos.
Por otro lado, me hace mucha gracia la traducción que en el póster español (aquí adjunto) se hace de la frase promocional “Go Sleazy In Times Square”; “Toda la basca!... a Times Square!”. Y se quedaron tan panchos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




