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lunes, 10 de diciembre de 2018

STRIPTEASE

Uno de los hits rompetaquillas de los 90 que, basado en un best seller de tres años antes de su rodaje, consiguió un “más difícil todavía” de las películas malas, que es camuflar una comedia involuntaria de voluntaria. O eso creo.
Supuestamente, “Striptease” se concibió como una comedia con toques de thriller, y durante el rodaje, Andrew Bergman, su director, puso especial empeño en las escenas cómicas. Sin embargo en un pase de prueba previo al estreno oficial, el director y el equipo de la película pudo comprobar en propias carnes como el público se reía… ¡pero en las escenas en las que no tocaba reírse, en las dramáticas! Es por eso que, según ese pase de prueba, se montó la película de nuevo alterando parte de los acontecimientos y rodando nuevas escenas deprisa y corriendo para las que Demi Moore debió ponerse una peluca, ya que en esa fase de la postproducción, esta ya estaba con la cabeza rapada y rodando “La teniente o’Neill”. El resultado de todo esto es el desbarajuste que se estrenó en las salas de nuestro país y que, pese a la banda sonora claramente cómica que acompaña el clímax final para remarcar que estamos viendo una comedia, no funciona como tal y sencillamente parece un mal thriller con aires de comedia involuntaria. “Striptease” ya era mala en el año de su estreno, 1996, pero deberían verla hoy, 22 años después, y comprobarán por qué los 90 eran tan nefastos cinematográficamente hablando. Pese a ello, y pese al aluvión de premios razzies que se llevó, la película logró ser un éxito sin precedentes, más concretamente en Europa. En España, sin ir más lejos, logró congregar la friolera de 4 millones de espectadores, lo que es un absoluto pepinazo. Claro que, seguramente, lo que el público estaba comprando eran las nuevas tetas de la Moore.
La historia, las dos tramas con las que cuenta la cinta, no son más que una excusa que sirven como hilo conductor para lo que realmente se vende que son las escenas de Striptease en las que vemos a Demi Moore tetas y culo cada cinco minutos. Además el argumento es una mierda que no hay quién se lo crea.
Una secretaria del FBI pierde su trabajo por tener un marido delincuente. Para más drama, durante el divorcio, este gana la custodia de la hija que tienen porque  es quien tiene trabajo, por lo que esta mujer tendrá que buscarse la vida como buenamente pueda. Entonces, como ser secretaria del F.B.I. no es tener un buen currículum, no le queda más remedio que mover el culo en un club de Striptease, dominando el medio en pocas semanas como si bailara en pelotas desde cría. En una de esas,  un senador con ciertos problemillas de índole sexual y bastante corrupto, se cruzará en su día a día con el fin de complicar más aún las cosas.
Mala a rabiar, lo único que podemos sentir es vergüenza ajena casi en cada uno de sus planos, con todos sus diálogos y con una Demi Moore que siendo una chica delgadita y encantadora en películas previas, aquí aparece hiper musculada y siliconada hasta el punto de no saber si estamos viendo “Striptease” o una adaptación al cine de “Hulka”. Por otra parte, le vino bien a la Moore rodar este pozo de estiércol, porque se convirtió en la actriz mejor pagada de la década al recibir nada menos que 12 millones de dólares. Ridículo resulta también  Burt Reynolds, quien se suponía que regresaba al cine por la puerta grande y quien, prácticamente, suplicó para poder obtener este rol protagonista y, suponiéndose que interpreta un papel divertido (un diputado que soba a las stripers y que en sus ratos de ocio se unta el cuerpo con vaselina) lo que consigue es parecer que es un malísimo actor. En cualquier caso, ninguno de los implicados parece estar haciendo una comedia.  ¿Quizá se decidió que “Striptease” era una comedia después de su estreno? A saber.
Por otra parte “Striptease” no es más que la consecuencia de esa moda desinhibida —y agradecida— de los 90 que resultó ser el thriller erótico, subgénero este, para el que “Instinto Básico” abrió la veda, ramificando por una corriente que murió tan pronto como empezó (con “Showgirls”) como era el thriller erótico ambientado en locales de Striptease.
Un mojón de caballo con tan poca gracia, que al final, si se la rebuscamos un poquillo, se la encontraremos. Eso sí, yo la he borrado de mi disco duro tras el visionado.
Dirige Andrew Bergman, que se ha ganado la vida algo mejor como guionista pero que, además de esta, dirigió cosas algo más potables como por ejemplo “Profesor a mi medida” o “El Novato”.
Puro fast food del malo, del podrido.

lunes, 28 de agosto de 2017

GHOST

“Ghost” fue un fenómeno social en 1990, una película que habiendo costado tan solo 22 millones de dólares, llegó a recaudar cerca de 600 convirtiéndose así en la película más taquillera de los 90, y uno de los films de mayor trascendencia en su momento.
Con fama de moñas, de edulcorada y de estúpida, fui a verla de adolescente al cine, como cualquier hijo de vecino (en España fueron a verla cerca de 4 millones de espectadores) y pese a los cientos de pases televisivos que se le ha dado, jamás volví a verla. Recuerdo que en su momento me entretuve, pero no es el tipo de cine que suscite mayor interés en mí. Así que recientemente, y aprovechando que la tenían en un “Cash Converters” por un pavo, dedico ver como ha aguantado el paso del tiempo.
Cuenta la historia de un banquero que está a punto de casarse con su novia, hasta que este es asesinado por un ratero, y quedar en tierra su fantasma. Este, vagando por la vida, descubre que su asesinato no ha sido fortuito, sino planeado por un compañero suyo que está robando unos cuantos millones de dólares y que casi ha sido descubierto por él. Con la ayuda de una Médium, nuestro protagonista hará que su novia descubra todo el entuerto que gira en torno a su asesinato, para así poder irse en paz, no sin antes decirle  a su novia lo mucho que la quiere y la cantidad de amor que se lleva al otro barrio. A las féminas, les encantaba este argumento, y les encantaba el bueno de Swayze, temprana y tristemente fallecido hace algunos años.
Teniendo en cuenta lo mal que queda a día de hoy el cine noventero, he de decir que no ha envejecido tan mal, ni es tan edulcorada ni tan moñas, pero tampoco es una película a reivindicar. Es puro “Fast Food”, ver y olvidar. Sin más.
Sin embargo, toda ella es una rara avis, puesto que fue un enorme éxito a nivel mundial –y una peli muy de su época-  con un director que venía de hacer un cine opuesto a este, que luego no tuvo mucha suerte.
Y es que cuando el guionista Bruce Joel Rubin salió del teatro de ver una obra clásica, y en ella, un fantasma le dice al protagonista que ha de vengar su muerte, se le ocurrió que ese era un buen punto de partida para una película de Hollywood, por lo que desarrolló el guion de “Ghost” y  al verlo los ejecutivos del estudio, a estos les entusiasmó, por lo que el producto tuvo luz verde en seguida. En la mente de  Rubin, estaba que la película se convirtiera en un clásico moderno –lo consiguió, no obstante-  Y producida por Paramount, mucho se tenía que torcer la cosa. En su mente, la película estaría interpretada por Tom Cruise, que rechazó la oferta. Tom Hanks, que parecía adecuadísimo en ese momento, lo rechazó por el mismo motivo que Cruise; no quería interpretar personajes que estuvieran muertos, por pura superstición.
Más avanzada la preproducción, Paramount vino con la estupenda noticia de que ya tenían director para la película. Dijeron que habían conseguido al mejor, al más rentable. Rubin se esperaba a Steven Spielberg o a Martin Scorsese, pero el estudio le dijo que no, que tenían uno mejor todavía. Cuando preguntó que de quién se trataba, y el estudio respondió que Jerry Zucker, Rubin se llevó las manos a la cabeza. ¿Cómo iba a dirigir uno de los directores de “Aterriza como puedas” o “Top Secret” su película? No parecía el adecuado, pero el estudio convenció a Rubin de que esas películas, no solo habían sido taquilleras, sino que además de eso, eran muy buenas películas a pesar de ser “Spoofs”. Nada más conocer a Zucker, y ver los puntos de vista comunes, y el entusiasmo que le ponía al proyecto, pronto hicieron migas y el trabajo fue armonioso. Zucker, estancado como estaba en esos míticos “Spoofs”, quería cambiar de tercio y hacer algo distinto.
Así pues, con las presencias de Demi Moore, que despuntaba, y Patrick Swayze que le encantó a Zucker tras verle en un programa de televisión emocionarse con la reciente muerte de su padre, amén de ser uno de los pocos actores que no rechazaron el papel por hacer de muerto, pusieron en marcha una película que si ajustamos a los precios de hoy en día, sería una de las más taquilleras de todos los tiempos. El contrapunto cómico lo puso una muy en alza Whoopy Goldberg, que acometió el papel de médium sin chirriar demasiado, y se convirtió, según la crítica yankie, en lo mejor de la película. No en valde se llevó el Oscar a la mejor actriz secundaria ese año.
La película fue un bombazo en todos los sentidos, se metió a público y crítica en el bolsillo, miles de parejas se enamoraron viendo la película –o escuchando su banda sonora compuesta de viejos éxitos de décadas anteriores- y dejó para la posteridad la romántica escena en la que, mientras los protas se manosean un poco haciendo alfarería, hacen el amor de una manera sexy y delicada. De hecho, esta escena propició que en 1990, se dispararan las matriculaciones en las escuelas de alfarería. Cosas estas que solo provoca el cine.
La carrera de los tres protagonistas se relanzó con mayor fuerza, si bien es cierto que Zucker, aún habiéndose desencasillado, tan solo haría dos películas después, “El primer Caballero” y “Ratas a la carrera”, sin embargo, tuvo una prospera carrera como productor.
Y del resto, ya saben. Clásico moderno, de los pocos que dio la década de los noventa en lo que a cine de estudio se refiere (que ya sabemos que el indie de aquellos años está muy bien considerado).

martes, 10 de marzo de 2026

UNA NOCHE FUERA DE CONTROL

Otra muestra reciente del tipo de comedia que décadas atrás fue concebida por y para tíos, acogida en su seno por parte de las féminas para demostrar que, si ellos esnifan cuatro rayas de farlopa, ellas pueden esnifar doce.
En esta ocasión, un film para lucimiento de Scarlett Johansson, que entre película "Marvel" y película "Marvel" gusta de exhibir su palmito en productos de corte mainstream de variada índole, sin importarle en absoluto el género al que pertenezca aquello que le toque protagonizar.
"Una noche fuera de control" es una consecuencia directa —y femenina— de "Resacón en Las Vegas" que ha marcado un hito en lo que a "party movies" se refiere, no habiendo ni tan solo una película posterior de temática similar que no mire hacia ella como si fuese un espejo.
El argumento de "Una noche fuera de control" cabe en un ticket de metro; un grupo de amigas viaja a Miami con el fin de disfrutar de una despedida de soltera —la novia se presenta como candidata a senadora, nada menos—, cuando por equis cuestiones la cosa se complica y lo que empieza como una fiesta por todo lo alto se torna un problemón de los gordos. En esta ocasión, la trama se desarrolla cliché tras cliché hasta tal punto que, lejos de ofrecernos la cinta un poco de originalidad, el núcleo de la misma es un asesinato que las protagonistas cometen por error, planteándonos así una exposición que hemos visto mil veces, en mil películas y de maneras mil veces más transgresoras que esta. Para más inri, en el giro que este planteamiento pretende dar, la cosa se pone de un previsible y un vergonzante que sonrojaría incluso al espectador más avezado.
Al margen de las carencias en la creatividad, la originalidad o la inteligencia, no nos olvidemos de que se trata de un producto mainstream, una comedia para las masas, y eso siempre es una garantía de que, a pesar de todo, pasaremos una hora y cuarenta sentados en nuestras butacas sin bostezar ni mirar el reloj.
El guion es una patata hervida, las intenciones del film denunciables, y la dirección por parte de Lucia Aniello, que debuta con su primer largometraje de estudio, es incluso torpe. Sin embargo, da gusto ver tanto talento en lo actoral. La Johansson es una estupenda actriz, como viene demostrando prácticamente desde que era niña, con lo cual se siente como pez en el agua esnifando cocaína y haciendo el gamberro. Además, menudo cacho de jaca. Asimismo, y robándole completamente el protagonismo a la diva, la creme de la creme de la nueva comedia femenina USA se alza como lo mejor de la función, haciendo que verdaderamente merezca la pena ver la película. Por un lado, Jillian Bell explota su vena más soez, que es la que, justo, le ha lanzado al estrellato, ejecutando a un personaje con algún tipo de predilección por la masturbación con pies. Por su parte, Kate McKinnon sería la reina de la función. Completan el reparto, discretas, sin gracia, Zöe Kravitz, hija de Lenny Kravitz, e Ilana Glazer. Una pareja con pulsiones lésbicas. Demi Moore y Ty Burrell, como secundarios de lujo, ponen la guinda a la comedia interpretando a un matrimonio madurito de "swingers" cuya intención es follarse, si pueden, a las cinco protagonistas en la despedida de soltera.
La película surge a raíz del éxito cosechado por la serie dirigida por Lucia Aniello, "Broad City", que propició que los estudios se dieran de hostias por dirigir esta película, siendo finalmente "Sony Pictures" quien se llevara el gato al agua, produciendo un guion previamente archivado, sin que nadie le prestara atención, en un cajón en algún despacho hollywoodiense. Aniello, buscando referentes respetables, asegura que "Una noche fuera de control" sería su versión desfasada de la película "Reencuentro", melodrama sin demasiada relevancia, en el que los hechos narrados son similares al film que nos ocupa.
Con 20 millones de dólares de presupuesto, apenas llegó a recaudar 50 en todo el mundo, una cifra muy por debajo de las expectativas de "Sony Pictures", por lo que podemos hablar de un éxito moderado. En nuestro país, donde las salas de cine van de mal en peor, apenas consiguió recaudar un millón de euros que dejaron unos paupérrimos 225.000 espectadores. Las cifras que en general están consiguiendo nuestras salas son del todo alarmantes. Y es que el género de comedia se encuentra ahora mismo en profunda crisis.
Curiosamente, "Una noche fuera de control" fue calificada con una “R”, es decir, para menores de 18 acompañados, teniendo así el honor de ser la primera película con tal calificación dirigida por una mujer en las últimas décadas.
Por último decir que en su versión angloparlante, "Una noche fuera de control", es decir "Rouge Night", iba a titularse "Rock That Body!" en referencia a una canción de "The Black Eyed Peas". Finalmente, y por el simple hecho de ahorrarse los derechos que deberían pagar por usarlo, se optó por el que quedó, tan falto de originalidad como el argumento de la película en sí misma.

lunes, 13 de julio de 2020

MR. SKIN'S THE GRATEST STRIPPER SCENES

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viernes, 2 de febrero de 2024

ME GUSTAN LAS PELIS

Película canadiense indie y festivalera ganadora de mogollón de premios que, a grandes rasgos, se deja ver. Está entretenida y no hace ningún tipo de aspaviento, pero, según va avanzando, cae antipática. Porque es tan indie, la historia que cuenta es tan de las películas indies, la estética que se gasta es tan indie —incluso la época en la que se ambienta la película es indie (el año 2002) —, que, al final, por exceso de “indismo”, más que una película indie parece una parodia del cine indie.
Un adolescente obeso, con serios problemas sociales y obsesionado con el cine, decide que quiere estudiar dirección cinematográfica en Nueva York. Para ello necesita 90.000 dólares que cree conseguirá trabajando en el que, por otro lado, es un puesto de trabajo ideal para él: un videoclub de franquicia al estilo de Blockbuster, llamado Secuelas. Allí entabla una extraña relación con su encargada, una treintañera sin demasiada suerte. El gran ego del muchacho, y su idea de estudiar cine, le llevará a tomar un par de decisiones no muy inteligentes, y perder al único amigo que tiene. Y poco más… una película minimalista concebida muy al gusto de los hipsters, quizás porque su directora, la debutante Chandler Levack, también lo sea.
"Me gustan las pelis" se basa en momentos autobiográficos de Levack, de cuando de adolescente trabajó en un videoclub, y utiliza a un joven gordo para que haga de sí misma, porque según ella así escapa del estereotipo de directora que solo cuenta historias por y para mujeres. Y en un principio podría colar, si no fuera porque el discurso femenino que podíamos esperar de una directora de estas características lo pone en boca de la encargada del videoclub, así que al final, Levack responde al estereotipo del que dice huir, porque solo lo camufla poniendo a un gordo purulento en primera línea y dando su discurso a un personaje secundario.
Al margen de eso, es muy curioso cómo uno parece empatizar con una película por su temática y título y poco a poco se va poniendo en su contra. Y es que el protagonista, el obeso resabiado y obsesivo encarnado por Isaiah Lehtinen, cae gordo, gordísimo, casi dan ganas de matarlo. En el afán de la directora por conseguir un carácter muy particular (un híbrido entre un nerd y un pedante), una vez más, como si fuera una parodia, parece que ha pedido prestado a Wes Anderson uno de sus personajes. “Me gustan las pelis” no acaba siendo odiosa, pero le falta muy poquito.
Tiene gracia que, siendo el film canadiense, esté financiado por Telefilm Canadá, a través de unas ayudas que dan a cineastas emergentes. Como si fueran subvenciones, vaya. Lo mismo que pasaba en los años 70 y 80 con las películas de terror o sex comedies que se aprovechaban de este tipo de ayudas rodando como un churrero hace churros, por lo que podíamos decir que, de no ser por la época en la que estamos, “Me gustan las pelis” encajaría como película canuxploitation (¡Ja!).
A destacar la intervención de Romina D’Ugo, la actriz que interpreta a la encargada del videoclub. Con un ligero aire a Demi Moore de jovencita, no solo me ha gustado mucho su presencia en pantalla, su forma calmada de interpretar, sino que me parece una de las mujeres más bellas que se puede ver hoy en día en una película. Lástima que se prodigue poco. Como el cine canadiense en general.

jueves, 9 de mayo de 2013

BEAVIS & BUTT-HEAD RECORREN AMERICA

Siempre echo pestes de la animación, pero confesaré que existe una serie, que yo seguía a través del VHS –porque en España, o tenías canal plus, o alquilabas los vídeos para poder verla- que siempre provocó mi hilaridad, precisamente porque la animación era lo de menos, en pro de la estupidez de sus personajes. Esta serie era (y es, porque ha vuelto a la parrilla de Mtv) “Beavis & Butt-Head”. Ya saben: dos adolescentes algo border line, amantes del rock, en cuyos episodios, vivían aventuras de lo más estúpido y hacían pequeños interludios donde comentaban los video clips del momento. Me encantan los personajes y sus chistes de caca, pedo, culo pis.
Tal fue el éxito de la serie, que como es habitual en los productos Mtv, pronto darían su paso a la gran pantalla.
Hay que decir también, que el trabajo del padre de estos, Mike Judge, le tengo en igual estima, ya sea en películas como “Idiocracia” o “Trabajo Basura”, o en sus series de tosca animación.
La película, dirigida por el mismo Judge, es la cosa más entretenida que te puedes echar a la cara. Digamos que es un episodio largo de la serie, donde se han suprimido los interludios musicales y se ha desarrollado una trama más acorde con el formato que ahora se explota, que es el cine.
En ella, a Beavis y Butt head, les roban la televisión, cosa esta nefasta para ellos porque, básicamente, a verla es a lo que dedican el grueso de sus estúpidas vidas. En la búsqueda de una televisión con la que saciar su adicción, un individuo les confunde con los dos maromos que ha contratado para que se carguen a su esposa. Esto les llevará a cruzar todo Estados Unidos, cuando en el encontronazo con la mujer del contratante, esta, le cose en el pantalón a Beavis una pequeña bomba química que hará que tras de ellos vayan su marido y el F.B.I, mientras andan haciendo el estúpido e intentando mojar, siempre sin éxito, ajenos a todo lo que les está pasando.
Siempre es difícil adaptar series de pequeño formato al cine, pero en esta ocasión, Mike Judge, sabe perfectamente como hacerlo, básicamente, porque da lo mismo que da la serie de televisión pero multiplicado por dos. Solo por dos ¿eh?, que la animación, aunque está un poco más cuidada que en la tele (abundan las sombras, y los fondos están más elaborados), no deja de ser una muestra más del feísmo del que siempre hace gala Judge. Ahora, el máximo entretenimiento, y de nuevo, la supina estupidez de Beavis & Butt-Head, hacen de la película una cosa ideal para disfrutar en cualquier hora del día.
La película, además, cuenta con las voces del propio Judge dando vida a sus retoños, de Bruce Willis, Demi Moore, David Letterman, Richard Linklatter, Greg Kinnear o David Spade, en roles secundarios.
Un exíto de taquilla en los USA, del que 16 años después, todavía se rumorea el proyecto de una secuela.
Muy maja.

viernes, 15 de mayo de 2015

LA PANDILLA BASURA

Ya saben lo que es “La Pandilla Basura”; Una colección de cromos  de la famosa compañía americana “topps”que, por un lado, parodiaba la imagen de las conocidas muñecas repollo y por otro, mostraba en tono cómico una serie de ilustraciones en las que podíamos ver niños en actitud escatológica, ejecutados, decapitados, amputados, deformes, torturados… y todas las aberraciones que se puedan imaginar, todo ello servido con muy mala baba y, según se mire, con una crueldad intolerable. El resultado de esto, es la colección de cromos más popular y vendida de la historia, que se exportó, incluso, en el tercer mundo y esto incluye, obviamente, España. Claro que mientras que en  estados unidos estos cromos se presentaban en forma de tarjetas –la manera habitual de coleccionar cromos en los U.S.A.-  y  la formaban una serie de 16 colecciones sumando 1200 cromos, en España lo hizo de la forma habitual aquí en los ochenta, esto es, cromos adhesivos que se pegaban de mala manera en un álbum con papel de calidad de mierda, con un máximo de 166 cromos. Casi nadie se acuerda, pero en España, además de la colección principal, poco después apareció una segunda colección, con nuevas imágenes, que  con la misma fuerza que triunfó la primera de ellas, fracasó esta segunda.
Hoy el primen álbum, el que todo el mundo tiene (yo guardo ese álbum completo como oro en paño) es una pieza de coleccionista cotizadísima. Debería serlo el segundo.
Esos cromos fueron polémicos a más no poder, siendo prohibidos en mogollón de países, además de las consiguientes quejas por parte de los padres de los críos que los coleccionaban. No era puritanismo, los cromos eran realmente fuertes para los niños, pero nos encantaban.
El caso es que tal éxito, no se podía quedar únicamente en los cromos, así que por un lado, se hizo una serie de televisión completamente light, pero que, censurada en Estados Unidos, sin embargo aquí en el tercer mundo si que se emitió, al menos en los canales autonómicos, y por otro, se estrenó la película que nos atañe. Al tercer mundo llegó en formato vídeo.
“La pandilla basura” está considerada por la prensa especializada (y esto incluye, que ustedes y yo podamos conocer, “Rotten Tomatoes”) como la peor película de la historia, si bien no está ni considerada como tal en las listas menos especializadas de pelis malas tipo “Worst Movies Ever Made”, que dan más palos de ciego.
Por supuesto, como fan que yo era de los cromos, quedé exhausto cuando descubrí, en uno de mis videoclubes habituales, que habían hecho una película basada en los cromos, pero tras ojear la carátula, la cosa tenía tan mala pinta que jamás la alquilé. No captó mi interés.
Casi treinta años después, veo, navegando por Internet, unos fotogramas pertenecientes a la película y  me digo a mí mismo “¡Que coño! Me la bajo y me la veo”.
Y la mayor baza con la que contaban los productores, que es vía libre –en el sentido de que son unos personajes de cromos que no tienen una historia detrás- a la hora de elaborar el argumento. Pero claro, la falta de ideas y de medios, dejaron toda esa creatividad de la que podrían haber hecho gala en la cuneta, elaborando una historia de mierda para el público infantil (se cuenta por ahí, que en un principio iba a ser una película de terror y que la iba a dirigir John Carl Buechler. Ya le pega), que se tradujo en fracaso taquillero y la indiferencia del público, incluso hoy, que tanto se reivindican los productos de los ochenta, por el mero hecho de ser  eso, de los ochenta (Aunque ahora llegan a mis oídos, que ya tampoco mola... puto fandom).
Y la cosa, naturalmente, no es para menos, pero uno está tan acostumbrado ya a la cochambre, que no solo he encontrado la película simpática, sino que incluso me ha hecho gracia. Tiene un par de elementos estrambóticos que me han gustado.
Ahora, la historia, es una puta mierda: Por un lado tenemos a la pandilla basura, un grupo de enanos cabezones y deformes que vomitan , mean, moquean y se tiran pedos, que llegan a la tierra, desde el espacio exterior en su cubo de basura-nave espacial. Pasa el tiempo, y por otro lado, tenemos a un niño que trabaja para un mago que vende antigüedades, donde se encuentra el cubo de basura de los infraseres desde que estos llegaron, y queda advertido el niño explotado de que no toque ese cubo bajo ningún concepto, ya que es similar a la caja de Pandora. Obviamente, un incidente hace que este cubo sea tocado y que se escapen los subnormales.
Este niño de no más de 12 años, es acosado y golpeado por un grupo de “nuevaoleros”, que incluso llegan a intentar asesinarle (La pandilla Basura le salvan, desafortunadamente), pero al chaval no solo parece sudársela, sino que además, se siente atraído por una de las chicas de este grupo, aunque esta le saque como 15 o 16 años. Esta chica además vende ropa popera en una tienda clandestina, y el día que el chaval aparece en su tienda con unas ropas ochenteras que han elaborado la pandilla basura, y las cuales dice que ha confeccionado él, esta decide dedicarse a calentar la polla al crío (incluso, le mete la lengua en la oreja) con el fin de que haga más ropa y poder venderla. El muchacho pone manos a la obra a los deformes y le cosen una serie de ropajes que le valdrán a la chica conseguir un pase de modelos. Mientras, La pandilla basura hace travesuras por ahí (se van al cine, como los Gremlins, o la lían en un bar, como los Gremlins) y los Post Punkis estos, al descubrir que quienes se pegan la currada  con los ropajes son la pandilla basura, avisan a los responsables del hospicio ¡para feos! del condado, para que, como si fueran perros rabiosos, los capturen y los encierren en sus instalaciones. Y claro, habrá que rescatar a los freaks.
Que quieren que les diga, la película es un rato mala, pero a mí, lo de la pederasta calentando al chaval a lo Demi Moore, o lo del hospicio para feos, me parecen dos de las cosas más marcianas que he podido ver en una película. Y me gustan ambas ideas.
En cuanto a los monigotes, los han elegido a conciencia; no han escogido muñecos de aquellos que se arrancan la carne o se cortan los brazos con un cuchillo en los cromos, no, han tirado solo por el lado escatológico, y en la película, este se nos presenta solo en momentos  puntuales para dejar clara la personalidad de cada muñecajo y de forma completamente blanca. Y lo más importante  y detestable de todo: en los cromos, todos los personajes son niños, aquí los han convertido en adultos. Y eso que solo se mean y se tiran pedos. Y conscientes sus perpetradores de que estaban ante un material del todo transgresor y provocador, para que no se diga, al personaje del lagarto (Ali Gator) le han colocado una tarterita en la que lleva ojos, dedos humanos y demás extremidades amputadas, con el fin de darle el toquecito gore, pero se nota tanto que esos órganos que el lagarto nos muestra, pero que no llega a comerse jamás, son de goma espuma, que en ningún momento se crea un efecto desasosegante.
Con una falta de medios más que palpable, y con un guión elaborado por alguien con poquísimas luces (el propio director) la película, además de estúpida, hace aguas por todas partes, con unos gags que no hacen ninguna gracia, unos muñecos feos a más no poder y un deambular general que resulta crispante, pero oigan, me hace gracia el berenjenal… es tan estúpida, tan ñoña, es tan poco fiel al espíritu cruel de los cromos, que automáticamente se convierte en una cosa extraña. Una rara avis, sin fandom que la defienda (es más, solo encuentro detractores e insultos en torno a ella) que, aún viendo que es una mierda, me he comido de principio a fin, sin pestañear y con una sonrisa en los labios.
El reparto lo encabeza, como uno de los monstruitos, como no podía ser de otra manera, el “Warwick Davis de la serie b” o lo que es lo mismo, Phill Fondacaro, que se hace acompañar de más enanos no tan populares, y se una serie de personas (porque llamarlos actores es una osadía) de tamaño real, a los que no les he visto la jeta en mi puta vida, ni me voy a poner ahora a trastear en el IMDB para ver que más cosas han hecho. Dan igual.
En cuanto al director, Rod Amateau, es un productor y director de productos televisivos de más o menos renombre (es el responsable de “Lío en la Universidad”, telefilme “Teenmoviero” al servicio de un Michael J.Fox pre “Regreso al futuro”) cuyo trabajo más destacable para el cine, es este. Claro, que ya no volvió a dirigir cine hasta que murió.
Una película que, efectivamente, se merece el ser considerada la peor de la historia. Si no lo es, está cerca de conseguirlo, y solo por eso, ya se merece una consideración y por si sola, a mí me ha ganado. No necesita del imprescindible “humor involuntario” de las películas malas, por eso no la reivindican los lerdos amantes del cine “Trash”, porque se aburren. Que coño sabrán ellos. A mí me parece toda una curiosidad.