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viernes, 27 de noviembre de 2015

REENCUENTROS

Pensándolo, es muy cierto que Jonh Belushi es un icono, pero también es cierto que de las siete películas en las que apareció, fueron un fracaso seis, solo fue un exitazo “Desmadre a la americana”, todo lo demás pinchó, a veces de forma catastrófica, lo que le convierte en un verdadero cómico de culto. Porque la veneración por Belushi viene a posteriori y no por gran actor, sino por yonkie. Y el culto a películas como “1941” o “Granujas a todo ritmo”  se inicia años después, que en el momento, fueron fracasos gordos.
Si bien empezó con papeles episódicos en películas como “Camino del Sur” o la que nos ocupa “Reencuentros”, “Old Boyfriends” en su versión original. Nada, es una intervención que apenas sobrepasa los 25 minutos, pero que sirve para comprender por qué Belushi es tan amado; es que gozaba de un carisma y una personalidad tal que traspasaba incluso las películas en las que aparecía. Y no hay que olvidar que Belushi es quien es gracias a sus intervenciones en el “Saturday night Live” y que de ahí le viene el éxito y la fama; cuando murió, en el cine, no estaba más que empezando y, a juzgar por los fracasos, con bastante mal pie. Pero cuando salía en una peli, el espectador se queda bocas contemplando el alarde de energía que soltaba el actor.
“Reencuentros” es la progre historia de una loca del coño que tras divorciarse, decide pegarse el festival de pollas follándose a sus ex novios, así se va a una ciudad y fornica con uno, lo intenta con otro en otra ciudad, y mientras cala hondo en el primero de todos ellos, cuando este se va a buscarla, le da tiempo a echarse otro caliqueño con un tercero.
La película pasó inadvertida, porque pocas cosas se han visto más malas que esta. Un coñazo de corte medio feminista, con una música épica que le acompaña en toda suerte de escenas románticas y que no le va nada bien al asunto, que supuso el debut de su directora, Joan Tewkesbury, y que después quedó relegada a la dirección televisiva porque es obvio que la chica no era en exceso talentosa.
Belushi interpreta en la cinta a su novio del instituto, el cual la humilló diciendo a sus compañeros que se había acostado con ella siendo mentira. Cuando se reencuentran años después, ella está dispuesta a, ya que él alardeaba de ello, que se la tire de verdad.
Y ahí radica todo el interés del asunto, el poder ver en acción a Belushi en una de sus películas más ignotas. Una vez concluye su parte, el resto de la película carece de interes. De hecho, circula por la red una versión de la película montada por un fan, en la que solo vemos las escenas en las que aparece Belushi.
La película la protagoniza Talia Shire, hermana de Francis Ford Coppola y la Adrian de “Rocky”, papel por el que consiguió después este protagonista, y por el cual ya nunca haría ninguna película trascendente más allá de la saga de “Rocky”. “Reencuentros” estaba concebida para su lucimiento, pero se lució más bien poco. Y es que ¡que bazofia tan grande por dios!
Junto a Belushi y Shire, Keith Carradine (hermano de David y de Robert e hijo de John) interpreta a otro novio más y Richard Jordan (“Dune”, “A la caza del Octubre rojo”) interpreta al que al final se lleva el gato al agua.  De hecho, en la época del vídeo, era el actor que lo partía de todo el reparto, puesto que al estrenarse directamente en vídeo en nuestro país –y he aquí la prueba de que Belushi no era nadie, al menos en España,  hasta que le reivindicaron los esnobs- en la carátula (que no tiene desperdicio) es él el que figura como estrella, más allá de sus compañeros. También es cierto que la carátula de vídeo es un poco engañosa, ya que se nos muestra la película como una especie de thriller, o algo así, prometiendo acción cuando en realidad se trata de un culebrón rosa y dramático que sonrojaría al más acostumbrado a las ñoñerías.
No obstante en su estreno americano, al largarse el público a mitad de película durante sus proyecciones, de puro coñazo que era, a los señores distribuidores de Embassy, no se les ocurrió otra cosa que cambiar el póster; si en la primera versión aparecía Talia Shire abrazando a un señor anónimo, en la versión nueva, con las que inundaron paneles de autopistas y marquesinas, aparecía ella en primer plano, custodiada por un Belushi que presidía el póster, micrófono en mano, y cuya frase promocional venía a decir algo así: “Talia Shire buscaba el amor de su vida, pero esta vez será Belushi el que la mande a la mierda”. No he podido encontrar casi info de la peli en toda la red, menos aún este póster que tan bien hubiera ilustrado lo que digo.
Jonh Belushi, su representante, y la madre que parió a todos ellos, por supuesto, se llevaron un monumental cabreo al ver el uso que se hacía de la figura de Belushi en la promoción, pero al ser tal el fracaso, pasaron de todo lo referente a denuncias y malos rollos.
Y es que Belushi, cuando se estrenó esto, era ya súper famoso, tanto que le colaron ahí como protagonista para ver si se salvaba la película. Lo único que se consiguió es que la gente pidiera que se le devolviera su dinero a la entrada del cine, porque habían pagado para ver una película protagonizada por John Belushi, y en esta él aparecía un momento. Así que no remontaron y la película se fue al garete; eso si, las críticas fueron más que favorables para el señor Belushi.
Por lo demás, mierda. Lo más interesante, lo que acaban de leer aquí.

lunes, 23 de noviembre de 2015

WIRED

“Ahora mismo tengo una caterva de brujas a mi servicio que arrojarán sus males de ojo sobre esa cosa. Espero que  “Wired” jamás se estrene y voy a poner todas mis energías en ello para conseguirlo, te lo digo honestamente ¡Que arda en el infierno!”. Con estas palabras –más o menos, que es una traducción mía- contestó Dan Aykroyd a una entrevista de la MTV, cuando le preguntaron sobre el proyecto en ciernes, “Wired”, la película inspirada en el Best seller que cuenta la vida de John Belushi, "Como una moto: la vida galopante de John Belushi", escrito por el prestigioso Bob Woodward.
Y es que pocas películas tienen una historia tan dura –y apasionante- detrás de sí como esta. Todo lo que Belushí tocó en vida, a su muerte lo llenó de tensión y mal rollo. Esa es mi opinión.
Resulta que si bien John Belushi no es un actor del todo conocido en España, solo los fans que en España pueda tener conocemos la existencia de esta extraña película, invisible, ignota y maldita, que no había forma de encontrar, hasta que un alma caritativa la colgó en la red. Antes de esto, la película era como si no existiese, porque amigos y familiares de Belushi, se encargaron de boicotearla usando todo el poder e influencias que estos tenían en Hollywood. Incluso, cuenta la leyenda, que James Belushi, hermano de John, iba videoclub tras videoclub alquilándola, no la devolvía, y así se fueron eliminando las pocas copias que se pusieron en circulación, al menos en Hollywood y Los Angeles, pero esto huele a bulo.
El libro de Woodward, “Como una moto, la vida galopante de John Belushi” que es como se tituló en España cuando se publicó por primera vez ¡25 años después de que lo hiciera en los USA! se convirtió en un best seller, básicamente porque contaba los fiestones que se pegaba Belushi, los rayajos que esnifaba y lo estúpido que era –estupidez supina que lo llevó a la muerte-, cosa esta que, no obstante, en Hollywood no gustó nada, y familiares y amigos del actor acusaron a Woodward de sensacionalista y explotador al presentarnos a Belushi como un personaje negativo y no retratar una imagen fiel –según sus allegados- del comediante. Lo mismo dijeron los familiares de Antonio Vega cuando se estrenó el magnífico documental “Antonio Vega, tu voz entre otras mil”, por lo que tiendo a pensar que los familiares -¿Qué van a decir?- no son muy juiciosos ni objetivos a la hora de hablar de los suyos y a fiarme más de los periodistas que han estado investigando años sobre las personalidades de estos, al fin y al cabo, yonkies. Argumentando que Woodward no pasó el manuscrito terminado a la viuda de Belushi antes de su publicación –y bien que hizo- el libro se ganó una muy mala reputación dentro del mundo de Hollywood.
Woodward, que tampoco era un angelito de la caridad, quiso vender los derechos de su libro rápidamente con el fin de que se hiciera una película y cobrar un sustancial cheque, pero en Hollywood, a este tío, lo mandaban a tomar por el culo rápido; ningún estudio quería producir una película en la que el malo de la misma, era el mismo Hollywood.
Finalmente, los derechos los adquirieron un par de productores independientes, que consiguieron 13 millones de dólares, lo que la convertiría en una película de bajo presupuesto. Se contrato a Woodward como asesor técnico y al director Larry Peerce, con mucha experiencia en telefilmes, pero más bien poca en largos para cine, así como al actor Michael Chicklis (“La cosa” en  Los 4 Fantásticos") que fue elegido tras un casting de 200 actores como el mejor de todos ellos para dar vida a John Belushi.
La película se rodó y ninguna distribuidora quiso hacerse cargo de ella para llevarla a los cines, ni las de los grandes estudios, ni las independientes. Woodward afirmaba que este boicot era debido a las fuertes presiones de Hollywood para no estrenarla, pero las distribuidoras decían que no se hacían cargo de ella, sencillamente, porque era una puta mierda. Finalmente una pequeña distribuidora consiguió sacarla en vídeo de manera reducida; pocas copias y en pocas tiendas. Un fracaso absoluto, para fortuna de los poderosos amigos y familiares de John Belushi. Aquí hay que creerse la versión de las distribuidoras, porque ajeno al boicot ejecutado por las personalidades de Hollywood , el festival de Cannes de 1989 la estrena dentro de su programación con una de las mayores expectaciones que tenía el festival en años. De hecho, el día del estreno, la entrada del cine donde se proyectaba se colapsó, colas interminables para las  poco más de 800 butacas con las que contaba el recinto. Bien, pues la película resultó ser tan espantosa, que a mitad de la proyección, ya se estaba marchando el público de la sala. Para cuando aparecieron los primeros títulos de crédito, la gente empezó a abuchear y a pitar a la película, como no se recordaba en mucho tiempo en Cannes. Tras esto, la película murió comercialmente. Quedó relegada al olvido rápidamente. Y aunque circularon copias a lo largo del planeta, la película nunca se emitió en televisión, nunca gozó de más ediciones en VHS de la que sacó esa distribuidora pequeñita, y nunca se editó en DVD.
Puede que en parte sea debido a ese supuesto boicot de los Belushi y compañía (capitaneado por Judy Belushi, Dan Aykroyd  y James Belushi), no lo ponemos en duda, pero lo cierto es que la película es mala a rabiar, una de las peores películas que se pueden ver, sosa, aburrida, mal montada, mal contada, sin ritmo alguno, sin coherencia ni argumento…y ni la más mínima gracia.
Y es que, aún basada en el libro de Woodward, la película es de lo más marciana y se toma unas licencias de lo más estúpidas: Se nos presenta a John Belushi en el deposito de cadáveres, y a partir de ahí, toma protagonismo ¡El fantasma de John Belushi!, que como si de “Cuento de Navidad” se tratase, es llevado por un taxista Portoriqueño –e insoportable- hacia momentos clave de su vida que se nos muestran a modo de flash back y sin orden ni concierto, de forma aleatoria, como si abrieran una página del libro al azar, y dijeran “Vamos a rodar esto mismo”. Para más inri, el propio Bob Woodward aparece como personaje, en una subtrama que más que aportar, ralentiza la acción, en la que este negocia con la viuda de Belushi el trasladar la vida de este a un libro. Y lo mejor de todo es que ni el fantasma, ni Woodward, están en el  libro original en el que esta mierda se basa. Un desbarajuste vaya. Al final la película es como un cochambroso álbum de cromos al que le faltan la mitad para completar la colección.
Por otro lado la mayoría de los protagonistas de la historia, no autorizaron su imagen para parecer en la película,  así que salvo John Belushi, el resto de protagonistas de la historia, o no aparecen – solo se les nombra-, o si lo hacen  es con el nombre ligeramente cambiado. Así Judy Belushi pasa a ser Judith Belushi, Dan Aykroyd pasa a ser Danny Aykroid,  los “Blues Brothers” pasan a ser sencillamente Los  “Blues” y John Landis, que aparece en la película, acaba siendo un director de cine sin nombre.
Yo acabo de verla con la expectación que requería el saber de su existencia, y aún sabiendo que era una película muy mala, no me podía esperar que lo fuera tanto. Me ha costado un imperio el no quitarla, porque, es que parece mentira que una historia tan intensa, con tanta miga, sea contada de manera tan aburrida y tan torpe. Sin ir más lejos, la escena en la que, estando Belushi absolutamente drogado en su caravana, es requerido por Jonh Landis para rodar en el set de “Granujas a todo ritmo”, es lo más vergonzante que he visto en mi vida. Landis acaba dando un puñetazo a Belushi que lo tumba; en la vida real, uno de los episodios más populares. Bien, pues la forma en la que se resuelve eso en pantalla y el como está montado, es para coger al director y al montador, despedirles y que no vuelvan a tocar celuloide en sus putas vidas.
Una película de mierda…Pero la historia que trae consigo es fascinante ¿a que si?
Michael Chicklis, el elegido entre 200 para dar vida a Belushi, resulta ser demasiado soso, demasiado guapo, demasiado alto y demasiado delgado para parecernos un Belushi creíble, además de ser un actor del montón que eso, si, se esfuerza por hacerlo lo mejor posible. En una entrevista afirmó que la vida de un actor es impredecible, puesto que un día se encuentra firmando el contrato de lo que se supone que será el papel de su vida en una película importante para, tras concluirla, no volver a conseguir papeles en un largo periodo de tiempo por culpa en concreto de ese papel. Está para matarlo, por no hablar del maromo que hace de Dan Aykroyd, Gary Groomes, más parecido a Chevy Chase que al larguirucho. De hecho, al verlo en pantalla  me creí que encarnaba a Chevy Chase, que dicho sea de paso en la peli solo aparece nombrado.
En definitiva, “Wired” no es más que una porquería que como curiosidad, obviamente, nos la satisfice, pero hay que pagar el alto precio.
A estas alturas de 2015 el proyecto del Biopic “Made in Hollywood” sigue en pre-producción; dudo mucho que llegue a realizarse y si lo hace, no creo que sea algo mucho más destacable que este, a juzgar por su reparto con Emily Hirsch como Belushi y Ryan Reynolds como Chevy Chase…

martes, 3 de noviembre de 2009

1941

El fracaso más sonado de Spielberg, y una de sus pocas comedias, se prodiga hoy día como una obra maestra del despropósito. La película es espectacular, cuenta con una media de un gag por minuto, John Belushi está inmenso... pero es un revoltijo incomprensible, con un montaje tan confuso que no conseguimos enterarnos bien de lo que está pasando. Sin embargo, es altamente curiosa y, por ello, he desembolsado los 10 euros que cuesta la nueva edición en DVD.
Cuando la vi siendo infante no me enteré de un carajo, por eso repetía una y otra vez, con la esperanza de comprender algo y convertirla en una de mis favoritas... pero salvo lo atrayente del conjunto, no le encontré nada.
Pasan como 20 años de la ultima ocasión y ahora, con madurez (es un decir) y una plenitud completa de mis capacidades comprensivas (otro decir), decido sentarme delante de la tele, relajado y bien centrado, con la idea de disfrutar como un loco de aquella película que tanto quería que me gustara de pequeño. Y el resultado es que sigo queriendo que me guste, pero no lo consigo ni por el forro.
En la biografía de John Belushi se cuenta que, mientras rodaba, Spielberg se quejaba de que él no sabía hacer comedia, que no entendía como se podía haber metido en tal embolado. Efectivamente, el rey Midas de Hollywood no entiende ni un pijo de comedia, y así le salió esta peli. Pero si no digo algo a favor de "1941", me pego un tiro. Y es que tiene dos cosas muy buenas, que hacen que forme parte de mi dvdteca (aunque no me guste): Como he dicho antes, cada escena, cada plano, cada diálogo, cada frase, tiene un efecto cómico. Es un huracán de gags, posiblemente sea la película que más contiene de cuantas se han rodado. Pero, claro, el tema es que estos, intentando ser “inteligentemente” hilarantes, no hacen puta la gracia. Y eso viniendo de un Spielberg, engrandece la película. Y la otra cosa buena (obviaremos cuestiones técnicas, puesto que estas son impecables) es que hay tantos personajes hablando a la vez, tantas subtramas entrelazadas, tanto caos, que aunque esto fuera en un principio intencionado, a juzgar por el cristo del maravilloso cartel, dudo mucho que Spielberg quisiera algo tan de locos para su película. Y, a causa de ello, "1941" es tan única, aunque diste mucho de ser mínimamente entretenida.
Por otro lado, tenemos a un montón de estrellas reunidas, cada uno en su rol, pero más perdidos que su puta madre, empezando por la estrella del lío, Jonh Belushi, que claramente han dejado actuar a su puta bola (como corroboraremos en los extras, así fue), y aunque divertido, te deja con una sensación de “...no se, no se...”. Treat Williams, Ned Beatty, Christopher Lee, Toshiro Mifune, Dan Ayrkroid y John Candy, pululan por ahí entre muchos otros y, en el caso del ultimo especialmente, preguntándose (y preguntándonos) qué coño hacen en esta película.
Única... pero recomiendo su visionado en partes, seleccionando los mejores / peores momentos según convenga.

lunes, 26 de junio de 2023

ESTO NO ES HOLLYWOOD

En sus memorias “It Would Be So Nice If You Weren't Here: My Journey Through Show Business”, Charles Grodin dedicó un buen capítulo a su involucración en las películas “El gran lío en la Universidad” (para saber la historia completa, si por un casual cuentan en su biblioteca un ejemplar de mi libro “Screwballs: 101 comedias sexuales”, ahí lo explico en profundidad…) y la que nos ocupa, “Esto no es Hollywood” (porque el proyecto de la primera propició que existiera la segunda).
Y es que los gerifaltes de Paramount a principios de los 80, en busca de material literario que adaptar a la gran pantalla, compraron los derechos de un libro que por aquel entonces era best seller, “The Joy of Sex” del Dr. Alex Comfort. Un libro que lo compró todo dios. El problema es que ese libro carece de narrativa porque es un manual sexual ilustrado, por lo que adaptarlo al cine era una misión poco menos que imposible.
De este modo, a alguno de esos mandamases de Paramount se le ocurrió hacer una película al respecto, aunque fuera para rentar el título que habían comprado, por lo que contrataron a Grodin para que escribiese el guion de “The Joy of Sex” (que es el título original de “El gran lío en la Universidad”). Como no había una historia que adaptar, le pidieron que escribiese una película sobre cualquier cosa. Grodin aceptó el trabajo, pero pensó que los ejecutivos eran una panda de gilipollas que no tenían ni idea de nada, y el encargo que había recibido le pareció poco menos que una marcianada. Y como le dijeron que escribiera sobre lo que quisiera, escribió una película explicando lo sucedido. Así, el guion contaba cómo un productor de Hollywood promete a un buen amigo suyo de la industria, en su lecho de muerte, que rodaría una película sobre el best seller del que acababan de adquirir los derechos. Contratan así a un guionista para desempeñar la ardua tarea de adaptar al cine un manual sexual. Además, Grodin desarrolló un par de subtramas secundarias para darle un poco de vidilla al asunto.
Cuando entregó el guion, tuvo una trifulca con los ejecutivos que pensaban que les estaba tomando el pelo.
El proyecto siguió en pie, pero desestimando el guion de Grodin, quien fue despedido. “The Joy of Sex” se tiró unos cuantos años dando vueltas por el estudio barajándose la idea de ser una comedia dirigida por Penny Marshall al servicio de Jonh Belushi, para acabar convirtiéndose en una grosera sex comedy adolescente (la “El gran lío en la Universidad” tal y como la conocemos) dirigida por Marta Coolidge, que fracasó en taquilla estrepitosamente.
Tras el despido, Charles Grodin amplió el contenido de su guion de “The Joy of Sex” que ahora llevaría el título de “Dreamers” y, como había sido rechazado por Paramount, ahora tenía completa libertad para moverlo, así que con la firme idea de llevar a cabo esa película sobre lo imbéciles que pueden llegar a ser los ejecutivos de Hollywood, envió el guion a varios estudios que, como era de esperar, lo rechazaron.
Años después Metro Goldwyn Meyer se interesó por el proyecto, que a estas alturas se titulaba “Movers & Shakers”, y el director William Asher estaba dispuesto a dirigirlo, siempre que el presupuesto no fuera mayor de dos millones de dólares. Y se dio luz verde a la producción que sería de bajísimo presupuesto, yéndose a parar un millón del mismo al salario del protagonista, Walter Matthau, que dadas las circunstancias había rebajado su caché considerablemente. Por otro lado, ni Charles Grodin ni el resto de los actores verían un duro hasta la llegada de los beneficios tras su estreno, y esa fue la única manera de llevar a cabo esta producción. No obstante, Grodin era un actor muy querido en Hollywood y consiguió que actores y actrices de la talla de Gilda Radner, Vincent Gardenia o Steve Martin se sumaran al proyecto cobrando una miseria.
La película se rodó no con pocas dificultades presupuestarias y, finalmente, en 1985, Asher la tenía completada, por lo que se realizaron varios pases de prueba que no funcionaron. Para los ejecutivos de Metro Goldwyn Meyer era lenta, poco graciosa y deslavazada. No se entendía nada del argumento, y el ejecutivo Greg Morrison exigió que se le añadiera una narración en off por parte del protagonista, Charles Grodin, explicando un poco lo que estaba sucediendo para que los espectadores tuvieran una mayor comprensión del argumento. Se grabó la narración y la cosa mejoró sustancialmente, pero no lo suficiente como para que la Metro apostara su dinero en la promoción y distribución; según estos, la película era una mierda. Así que “Esto no es Hollywood” se estrenó deprisa y mal, apenas en un par de cines americanos, pensando que con un poco de suerte lograrían recuperar la inversión en el mercado del vídeo y las ventas al extranjero. El resultado se tradujo en una recaudación total de 373.000 dólares, por lo que nos encontramos ante uno de los grandes fracasos de un estudio hollywoodiense.
Charles Grodin echó la culpa a la compañía, que se desentendió de la película totalmente. En consecuencia, el actor y guionista se tiró años hablando mal de los ejecutivos de Metro —que en esos momentos se encontraban depositando ingentes cantidades de pasta en la distribución de las películas Cannon— y lidiando con depresiones de la más variada índole, porque al final se echó a perder el que podía haber sido el gran proyecto de su vida.
Lo cierto es que la idea de Grodin de plasmar en celuloide la estupidez supina de los ejecutivos de Hollywood era muy buena y quizás hubiera necesitado una producción un poco más de postín, porque, por lo que a mí respecta, no me queda más remedio que darles la razón a los ejecutivos de Metro: La película es mala de cojones, aburrida como una mala cosa y no se entiende nada. Tan solo vemos a Walter Matthau más perdido que un hijo de puta en el día del padre deambulando por el metraje y hablando de dinosaurios, a Charles Grodin poniendo caras y sonriendo sarcásticamente enseñando sus dientes y una serie de cameos de diversos actores que tampoco es que se encuentren en estado de gracia. Además de eso, se la ve pobre y chusca, se nota a la legua que está rodada por poquísimo dinero y en la economía de planos y el tosco montaje canta que, en el rodaje, no les llegaba. Casi parece una mala producción de serie Z con actores de renombre.
Así que, sí, amigo Charles, tu idea era buena, pero orquestaste un enorme trozo de mierda con ínfulas.
En consecuencia, la película es ignota a más no poder y una rareza a tener en cuenta, pero ha de visionarse con paciencia y teniendo en cuenta que es mucho mejor la historia que hay detrás.
Por otro lado, el film que lo originó todo, “El gran lío en la Universidad”, sin ser demasiado popular, sí que le fue un poco mejor que a “Esto no es Hollywood” y, siendo asimismo mala, resulta bastante mejor. Pero, si sienten curiosidad… véanla.
A nuestro país llegó directamente a través de la televisión, que la emitió en algún pase de madrugada del UHF.

viernes, 3 de marzo de 2017

OPERACIÓN CANADÁ

Más obsesionado con la política y el sensacionalismo que con cualquier otra cosa, Michael Moore, antes de conventirse en el rey Midas de los documentales de denuncia – con ciertas reminiscencias involuntarias del Mondo- también quiso hacer cine de ficción. Es más, quiso satirizar a través de la comedia. Y con “Operación Canadá”, “Canadian Bacon” en su versión original, demostró que al igual que los temas que suelen ser de su interés llegan a entretener lo suyo en un documental, por el contrario, a la hora de exponerlos en una comedia de ficción, esto se torna tremendamente aburrido.
“Operación Canada” es el típico vehículo para que Michael Moore satirice y se burle del sistema gubernamental Americano a través del humor. Para ello se rodea de unos estupendos Allan Alda y John Candy –en su última película completa- que no llegan a funcionar en absoluto por encontrarse la película en tierra de nadie, es decir; para el público popular esto va a ser un coñazo, pero para el público más político, con un sentido del humor más rancio, “Operación Canada” va a ser una tontería.
El presidente de los Estados unidos, decide declarar la guerra fría a Canada, porque sí, porque le sale de sus huevos toreros, para así contentar a los fabricantes de armas que están muy descontentos con la actual presidencia. Así que empieza una campaña de desprestigio contra Canada, en la que el Sheriff de la frontera y su ayudante, que se dedican  a recoger cadáveres de aquellos que se suicidan en la parte americana de las cataratas del Niágara, meterán sus hocicos en los asuntos, provocando las supuestas situaciones cómicas.
No dudo que Michael Moore fuera un gran director de ficción si se dedicara a rodar sus particulares visiones del escándalo del Watergate, o la adaptación de algún biopic de algún presidente Norteamericano. Seguro que lo haría bien y expondría bien a los neófitos sus teorías. Pero Moore, además, se cree un Showman, un comediante, y tiene que intentar hacer reír a la gente bienpensante que le rodea, a la derecha liberal y a la izquierda moderada Norteamericana. Michael Moore, no deja de ser un político. Y con un ego enorme, lo que le lleva a interpretar un cameo en la película, en una intervención que el cree divertidísima y que no lo es.
Porque al final lo que aquí tenemos es una sucesión de chistes políticos que los españoles no entendemos, y que solo le hacen gracia a Moore y a las altas esferas a las que critica. “Operación Canadá” es de lo menos interesante que un consumidor de comedia puede echarse a la cara, así como además, Michael Moore tiene ciertos problemas para marcar el tempo, y si bien sabe como colocar la cámara, no tiene ni pajolera idea de cómo ha de hacer que la ficción fluya. Quizás por eso no rodó más ficción en pro de los documentales que le han dado fama universal.
Para que se hagan una idea de lo sosa que es la película, sepan ustedes que esta se proyectó en alguna sección del festival de Cannes de 1994, siendo una de las pocas comedias que han pasado por los proyectores de tan prestigioso festival.
Junto a Jonh Candy y Allan Alda, Sheriff de la frontera y Presidente de los estados unidos respectivamente, tenemos a Rhea Perlman (“Cheers”) la esposa cornuda y consentida de Danny De Vito, Rip Torn (“Escarabajos Asesinos”) o Kevin Pollack (“Algunos hombres buenos”). Por otro lado, y haciendo alusión a un verdadero (y fallido) espíritu de comedia, contamos con los cameos de James Belushi o Dan Aykroid, que son un visto y no visto.
Sorprendentemente, y quizás por el tironcillo popular del que gozaba John Candy, “Operación Canada” se estrenó en nuestro país llevando a las pateas a 15.000 espectadores de 1994, que serían muy ricos para cualquier película estrenada a día de hoy.
Bastante mala, pero no exenta de curiosidad por ello.