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lunes, 2 de abril de 2018

EL JUSTICIERO

Una breve sinopsis y entramos en materia: A un medico honrado, un buen día, le entran unos delincuentes en casa con la intención de robar y en el periplo acaban asesinando a su mujer y dejando parapléjica a su hija. Como la policía no hace lo suficiente, este médico decide armarse y buscar a los asesinos de su familia, mientras por el camino se lleva por delante a tantos delincuentes como se encuentra.
 Desde luego, en unos años en los que es tendencia el remakear todo lo remakeable, con según que  películas, el material a rehacer es su principal aval, pero también, su principal lastre. Una película como “El Justiciero” tiene que pelear con la sombra de la película en la que se basa, “El justiciero de la ciudad” de Michael Winner, y además, tiene que salir airosa en el intento. Es injusto, pero es lo que sucede. Las hordas de fans van a mirar con lupa cualquier movimiento en falso y se van a tirar a la yugular del director, cuando no, directamente, su trabajo va a consistir en destruir esa obra (en sentido figurado).
Sin embargo,  cuando yo era jovencito y vi por primera vez “La Cosa” de John Carpenter —por poner un ejemplo—, la vi virgen. Quiero decir, que no tenía ni pajolera idea de que se trataba de un remake de “El enigma de otro mundo”, un pequeño clásico de la serie B más añeja. Sin embargo, a la película se la atacó por los mismos motivos que se ataca hoy cualquier remake de una película con notable fandom. Lo de siempre.
Ahora, nostalgias y fanatismos a parte, imagino que las nuevas generaciones no tendrán ni pajolera idea de que “El Justiciero” está remakeando un clásico de los 70… ¿Qué opinión tendrán ellos, que llegan vírgenes a la justicia impartida por Paul Kersey? Me gustará saberlo.
Por otro lado, yo soy un fan incondicional de la saga de “Death Wish”, me flipan esas películas, y marcan momentos de mi vida inolvidables, por lo que la nueva  versión de Eli Roth, con Bruce Willis como Kersey, de primeras lo tenía complicado conmigo. La sombra de Charles Bronson es alargada. Y decidí ir al cine a verla intentando juzgarla desde cero, como si las películas de Bronson no existieran. No pude hacerlo. Comparé de principio a final.  Y obviamente, esta nueva versión, si la comparamos con “El Justiciero de la ciudad” sale perdiendo. ¡Ojo! sale perdiendo, sí, pero en absoluto es una mala película. De hecho es muy buena. Incluso, sería mejor que algunas de las secuelas de la saga madre, sin lugar a dudas.
Entonces, aunque parezca mentira, “El Justiciero” consigue mantener el listón de “Death Wish” bastante arriba. No se ha suavizado la formula, no elude los clichés, es consciente del material que está tratando, y lo moderniza sin dejar sus discutibles valores morales a un lado, quiero decir, que si Paul Kersey se supone que es un personaje amoral porque se toma la justicia por su mano, aquí, Willis supera a Bronson en amoralidad y hasta se permite una escena de tortura, cosa que el Kersey original no hacía. Y me parece estupendo.
Por otro lado, Bruce Willis no me cuadraba a mí en este papel.  No me gustaba de hecho. Hasta que le veo las arrugas y como afronta el personaje. Primordial es que Bruce Willis se despoja de su carisma. No es una peli de Bruce Willis, es una peli del justiciero. Además ya es demasiado viejo, ya no es un héroe de acción, por lo que resulta de lo más creible como Kersey.  Y no es un personaje especialmente simpático, es un pijo, un tontolapolla. Lo hace tan bien… le vemos tan desvalido al principio de la película… rápidamente me ganó.
Entonces, tenemos buenas escenas de acción, macarrismo, frases lapidarias tan en desuso, pero sin abusar, y un Paul Kersey que mola. ¿Qué resulta?  Entretenida de cojones. Estupenda.
Por otro lado, entra el factor Eli Roth. Mucha gente hecha pestes de él, sus películas no acaban de cuajar en el fandom. A mí sin embargo, me gusta Eli Roth, me gusta “El infierno verde” y me gusta “Toc, Toc” y ese tono que le da a sus películas como de serie B de lujo. Me gusta su estilo, me gusta su última etapa, y su cadencia. En ese sentido, “El justiciero” es puro Eli Roth. Ha cogido el material, le ha dado un limpiado de cara y ha puesto al personaje en su universo, por lo cual, la película se torna bastante violenta y gore. Y algo que es de agradecer; en manos de Roth, todo este material corría el peligro de resultar paródico. No lo es. Impregna todo de una seriedad que le viene muy bien a una película de justicieros que en pleno 2018 puede pecar de desfasada. Todo en sus dosis justas y de la mejor manera. De hecho, Roth se tomó el proyecto en serio. Incluso, pasó jornadas junto a la policía de Chicago con el fin de empaparse del ambiente policial al cual era completamente ajeno.
Claro, haters, a Roth y al remake, no le han faltado. He leído de todo. Las opiniones, pues ya se sabe. Es más, las críticas han sido espantosas en la prensa yankie, además de influir el hecho de que se estrenó tan solo unos días después del tiroteo en el instituto de Stoneman Douglas. Ya saben como son los americanos para estas cosas.
Por otro lado diré que me hace mucha gracia el cambio de profesión de Paul Kersey con respecto a las  de Bronson; aquí es médico ¡Como en el exploitation de Paul NaschyLa noche del ejecutor”! obviamente, eso es producto de la casualidad, pero no sería raro que Roth conociera la película de Jacinto Molina. Me gusta fantasear con que ha tomado ese detalle prestado.
Otras licencias, para nada molestas, son el hermano que le encaloman a Paul Kersey, que la película transcurre en Chicago (como en alguna de las novelas en las que se basa todo este pifostio) y no en Nueva York,  o la sustitución de otro de los personajes míticos de las películas originales,  el teniente Frank Ochoa interpretado por Vincent Gardenia,  que aquí pasa a llamarse Kevin Raines, y tiene una acompañante femenina. Vincent D’Onofrio sería el hermano de Kersey, y Dean Norris y Kimberly Elise, la pareja de policías que investiga el caso del justiciero.
Como esposa de Kersey, tenemos a Elisabeth Sue, que está muy bien. Lástima que esté ahí solo para morir.
Muchas vueltas dio el proyecto desde el día que Silvester Stallone se pondría con él hasta que este parecía que iba a ser cosa de Joe Carnahan —quién escribiría finalmente el guion, y que, dicen, que aunque así aparece acreditado en el film, no hay ni una sola página de su guion que permanezca en la película, al ser este rescrito por Roth y otros guionistas— hasta acabar en manos de Eli Roth, quien finalmente lo llevó a buen puerto. Sin duda, me gusta más lo que he visto que la idea inicial de Stallone, en la que quería que Kersey fuera un policía que jamás había tocado un arma, y me gusta más Bruce Willis que Stallone, o cualquiera de los que aspiraban al papel  (desde Will Smith a Brad Pitt) siendo el favorito de la crítica Lian Nelson, el actor que lo iba a interpretar en la versión de Carnahan, y del que dicen que hubiera sido el actor adecuado. Joe Carnahan, de hecho, se salió de la película cuando la producción decidió sustituirlo por Bruce Willis. Me sigo quedando con Willis.
Distribuida por la siempre en mala racha Metro Goldwin Meyer, en España se encarga de hacerlo la Filmax, que hacía tiempo que no daba señales de vida. Y como anécdota al respecto, decir que en el poster promocional, ponen una franja roja en el lado superior en el que asegura que ha tenido “Más de 30.000.000 de recaudación”, como si eso fuera un mega taquillazo… ese es su presupuesto. Mientras escribo esto, ya ha superado los 40 millones, pero a duras penas ha recuperado la inversión y se puede hablar de fracaso de taquilla.
En definitiva, no sabía muy bien con qué me iba a encontrar y lo que me encontró me dejó satisfecho, no solo en lo referente a la saga de “Death Wish”, sino también en lo concerniente al cine de acción, que hace años que no me motiva lo que veo. “El Justiciero”, sí.

lunes, 6 de septiembre de 2021

UNA FAMILIA DE LOCOS

Una joven abrumado por las excentricidades de su familia, acude a una especie de coach motivacional llamado “El Maestro” que le convence de que él no es el protagonista de su vida, si no tan solo un extra. Le plantea que filme el día a día de su familia en películas caseras, que se plantee su existencia como si fuera parte de una película y, de este modo, retomará las riendas de su vida y dejará de ser un secundario para convertirse así en el protagonista. De este modo, el muchacho tomará su tomavistas y comenzará a filmar los desmadres de la gente con la que le ha tocado convivir: Un padre adultero que persigue a todas las chicas, una madre histérica y despechada, y un hermano al que siempre se le ha tratado mejor que a él.
Firmada por Brian de Palma, y al margen de que a este no se le da demasiado ben la comedia (“Dos tipos geniales" era horrorosa), “Una familia de locos” no es una película al uso, ni tampoco es exactamente una película de Brian de Palma.
El director, que había estudiado cine en el Sarah Lawrence College, pese a estar ya metido de lleno en el mainstream y con éxitos a sus espaldas, entre “La Furia” y “Vestida para matar”, ejerce como profesor de cine en las aulas de la misma escuela en la que él se formó, y decide, en lugar de dar insustanciales clases con las que poco podrían aprender sus alumnos, orquestar lo que sería el proceso habitual para hacer una película. En lugar de enseñarles cómo se hacen películas, les ofrece la oportunidad de, directamente, hacerla, siguiendo todos los procesos habituales a la hora de afrontar una producción. Esto va desde buscar la financiación hasta exhibir en salas, con lo que los alumnos salieron de esa escuela habiendo aprendido algo mucho más práctico que si tan solo recibieran clase. Así,  “Una familia de locos” es, en realidad, una película producida, rodada, montada y distribuida por alumnos del curso que De Palma impartía en el Sarah Lawrence College.
La dirección corre a cargo de muchos alumnos, aunque De Palma llevaba la batuta y, quizás por eso, la película aparece firmada con su nombre. De todas formas no es raro que las películas de escuela las acabe firmando el propio profesor.
Desde luego, Brian de Palma hizo bien su trabajo, pues no fueron pocos los alumnos participantes en esa producción que acabarían dedicándose al cine. Por ejemplo, tenemos a Mark Rosman, que debutaría un par de años después de acabar este ejercicio, con la película “Siete mujeres atrapadas” que es un clásico de "serie B" y por la que se convertiría en un director de culto. También participó en “Una familia de locos”, Charlie Loventhal, que levantaría su primera producción al año siguiente con la sex comedy “The First Time” para unos cuantos años después marcarse la simpatiquísima (y ninguneada) “Mi diabólico amante”. De aquella experiencia salieron más directores, pero estos serían los más reseñables.
Por otro lado, esta producción prácticamente amateur (aunque entre unas cosas y otras su producción se fue inflando hasta pasar del medio millón de presupuesto) se pega la machada de contar en su haber incluso con estrellas, ya que uno de los protagonistas, el que interpreta al gurú “El Maestro”, sería nada más y nada menos que Kirk Douglas  que aunque no veía muy claro si aparecer ahí o no, fue convencido por De Palma, al que le unía una gran amistad, y no solo no cobraría ni un duro por su intervención, sino que, además, se convertiría en uno de los principales inversores de la cinta. Por otro lado tenemos a Nancy Allen, que tampoco vería un duro, pero que se vio en la obligación moral de intervenir en la película, ya que por aquel entonces la actriz estaba saliendo con Brian de Palma, por eso aparece en la película como una de las protagonistas principales. Vincent Gardenia sería uno de los actores que vería un dinerillo simbólico del mismo modo que lo vería el principal protagonista, Keith Gordon, que años después sería un habitual de las películas adolescentes de los 80, destacando en su filmo títulos como “Christine” de Carpenter, “Regreso a la escuela” o “Loca academia de combate” y que aparecería en el siguiente film de De Palma, “Vestida para matar”. También tenemos a Gerrit Graham, habitual de De Palma en aquella época,  al que tendrán ustedes fichado en películas como “Terrorvision” o “Kill Bots: Robots asesinos”.
Por supuesto, no sin cierto esfuerzo, estos estudiantes lograron distribuir su película, por lo que se exhibió en salas. Eso sí, sin importarle un carajo a nadie su existencia por mucho Brian de Palma que se acreditara como director. No recaudaron ni uno por ciento de lo que se gastaron en hacerla.
Todo esto que les cuento es la mar de interesante, pero, ¿Cómo es la película? Pues una puta mierda pinchada en un palo, naturalmente.  Al margen de que se la ve relativamente pobretona (no más que cualquier producción de la Crown International de la época) y tosca, esto es una comedia desfasada en el tiempo (parece una sitcom de los años 50) en la que un puñado de personajes corretean para arriba y para abajo, en un caos argumental de difícil seguimiento. Aburrida y tediosa como ella sola. No obstante, ver a Kirk Douglas haciendo el cafre en una producción de factura tan pequeña —y tomándose la película y a sí mismo más en broma que en serio— es lo suficientemente curioso como para que le dediquemos un visionado. Por lo demás, caca.
Para incluir en el pack junto a “Greetings”, “The Wedding Party” y las películas primerizas de naturaleza amateur de su director.
A nuestro país llegó en VHS y DVD, presentada con unas carátulas que provocan, en primer lugar rechazo, cachondeo en segundo, como pueden ver.

lunes, 23 de octubre de 2023

¿DÓNDE ESTÁ PAPÁ?

Es asombroso lo divertida, políticamente incorrecta y adelantada a su tiempo que es esta estupenda comedia. No la había visto hasta hoy y me ha sorprendido gratamente. Se trata de una de las primeras películas firmadas por Carl Reiner como director, aunque con un guion ajeno de Robert Klane que, a su vez, es el autor de la novela en la que se basa, publicada apenas unos meses antes de que comenzase su rodaje. “¿Dónde está papá?” Es una amalgama de situaciones negras, absurdas, escatológicas y delirantes, con un humor que, si a día de hoy puede resultar incomprensible, imagínense en el momento de su estreno en 1970.
Un abogado vive con su madre discapacitada y absorbente, por lo que no puede desarrollar un día a día como una persona normal, imposibilitando este hecho, sobre todo, sus relaciones amorosas. Intenta contratar enfermeras para que se hagan cargo de ella, pero todas rehúsan la idea porque la anciana ya se ha ganado la fama de difícil. Hasta que un día nuestro protagonista no solo encuentra a la mujer que acepta hacerse cargo de su madre, sino que incluso se enamora de ella. Todo resulta un desastre cuando la lleva a casa y no recibe el beneplácito de la vieja loca. Harto de la situación, nuestro abogado decidirá recurrir a su hermano en busca de ayuda.
El argumento, escueto, una vulgar excusa para que se desarrollen los gags, no nos dice mucho por sí mismo, por eso hay que advertir que este viene acompañado de las situaciones más locas e improbables vistas en una pantalla. Al final “¿Dónde está papá?” es un catálogo de chistes sobre medicación, defecación, desmembración, violación y gorilas. Todo muy bruto, muy inadecuado y soberanamente divertido, máxime cuando fue rodada en 1970 y nada de eso era habitual en el cine, estando más próximo el viejo Hollywood que el nuevo. De hecho, “¿Dónde está papá?” ostenta el honor de ser la primera película de la historia en la que se escucha la palabra chupapollas (cocksucker). También, en un flagrante caso de autocensura —Reiner consideró que igual se estaban pasando—, el film cuenta con un final alternativo que fue descartado porque insinuaba que madre e hijo mantenían relaciones sexuales.
Por supuesto, el público de la época no supo digerir una propuesta tan rara y loca, y la película pasó inadvertida en el momento de su estreno; un suspiro en la cartelera en el que, para más inri, se ganó un buen número de detractores que la odiaron porque era una guarrería inadmisible, una vergüenza. Sin embargo, algunos pases de reestreno en sucios cines de sesión continua, le proporcionaron a posteriori una pequeña legión de fans. Estos conseguirían que “¿Dónde está papá?” tuviera una segunda oportunidad en cines 5 años después, en 1975, estrenándose de nuevo bajo el título de “Going Ape” (no confundir con una película del mismo título que en nuestro país se tituló “Me estoy volviendo mico”) y yendo algo mejor en taquilla que la primera vez, pero no lo suficiente. Eso sí, ganó otro puñado más de seguidores, por lo que, al final, nos encontramos ante una pieza de verdadero culto.
Asimismo, y pese a que nunca fue una película popular, recibió el premio del sindicato de guionistas americanos al mejor guion. En 1979 se rodó un episodio piloto para la ABC con idea de desarrollar una serie inspirada en la película, contando con otros actores en los roles principales. Como era de esperar, no cuajó y tampoco fue más allá de este episodio piloto que recreaba algunos de los mejores momentos del largometraje.
Fue gracias a ese culto en Estados Unidos, que tuvo vida en salas de nuestro país 20 años después de su estreno, centrado exclusivamente en el circuito de versiones originales subtituladas, consiguiendo apenas 1.185 espectadores. Vamos, que la vieron mil y pico sibaritas y adiós muy buenas. En 1999 se pasó doblada al castellano en televisión a las 4 de la madrugada y se acabó lo que se dio. No tuvo más vida comercial ni apareció en formato domestico alguno.
El reparto es una auténtica delicia, encabezado por un George Segal que se encuentra en su mejor momento, Ruth Gordon en una previa a “Harold y Maude” -que, al igual que esta, es maravillosa-, Ron Leibman o Vincent Gardenia. Todos espléndidos. “¿Dónde está papá?” también supondría el debut en el cine de un jovencísimo Paul Sorvino, así como una cantera para los propios amigos de Carl Reiner; de ese modo vemos en pantalla, en papeles más o menos destacados, a su hijo Rob Reiner, la futura esposa de este, Penny Marshall o el primogénito de Mel Brooks, Eddie Brooks, en cuya presencia me detendré unas líneas porque cuenta con una pequeña anécdota. En su pequeña intervención, el chaval es estrangulado por el personaje de Ron Leibman. Lo hizo tan bien, y puso una cara de asfixia tan convincente, que el propio Mel Brooks, presente en el rodaje, paró la filmación porque pensaba que Leibman lo estaba estrangulando de verdad.
“¿Dónde está papá?”, a la que, a falta de verme un par de sus films, considero que se encuentra dentro de las tres o cuatro mejores obras de Carl Reiner, es una locura inenarrable y da igual cuanto les explique sobre ella en esta reseña. Deberían ser sagaces, buscarse una copia (que las hay) y comprobar con sus propios ojos cuan especial, desmadrada, absurda y extraordinaria es. Graciosa a rabiar ¡Se la recomiendo!

lunes, 26 de junio de 2023

ESTO NO ES HOLLYWOOD

En sus memorias “It Would Be So Nice If You Weren't Here: My Journey Through Show Business”, Charles Grodin dedicó un buen capítulo a su involucración en las películas “El gran lío en la Universidad” (para saber la historia completa, si por un casual cuentan en su biblioteca un ejemplar de mi libro “Screwballs: 101 comedias sexuales”, ahí lo explico en profundidad…) y la que nos ocupa, “Esto no es Hollywood” (porque el proyecto de la primera propició que existiera la segunda).
Y es que los gerifaltes de Paramount a principios de los 80, en busca de material literario que adaptar a la gran pantalla, compraron los derechos de un libro que por aquel entonces era best seller, “The Joy of Sex” del Dr. Alex Comfort. Un libro que lo compró todo dios. El problema es que ese libro carece de narrativa porque es un manual sexual ilustrado, por lo que adaptarlo al cine era una misión poco menos que imposible.
De este modo, a alguno de esos mandamases de Paramount se le ocurrió hacer una película al respecto, aunque fuera para rentar el título que habían comprado, por lo que contrataron a Grodin para que escribiese el guion de “The Joy of Sex” (que es el título original de “El gran lío en la Universidad”). Como no había una historia que adaptar, le pidieron que escribiese una película sobre cualquier cosa. Grodin aceptó el trabajo, pero pensó que los ejecutivos eran una panda de gilipollas que no tenían ni idea de nada, y el encargo que había recibido le pareció poco menos que una marcianada. Y como le dijeron que escribiera sobre lo que quisiera, escribió una película explicando lo sucedido. Así, el guion contaba cómo un productor de Hollywood promete a un buen amigo suyo de la industria, en su lecho de muerte, que rodaría una película sobre el best seller del que acababan de adquirir los derechos. Contratan así a un guionista para desempeñar la ardua tarea de adaptar al cine un manual sexual. Además, Grodin desarrolló un par de subtramas secundarias para darle un poco de vidilla al asunto.
Cuando entregó el guion, tuvo una trifulca con los ejecutivos que pensaban que les estaba tomando el pelo.
El proyecto siguió en pie, pero desestimando el guion de Grodin, quien fue despedido. “The Joy of Sex” se tiró unos cuantos años dando vueltas por el estudio barajándose la idea de ser una comedia dirigida por Penny Marshall al servicio de Jonh Belushi, para acabar convirtiéndose en una grosera sex comedy adolescente (la “El gran lío en la Universidad” tal y como la conocemos) dirigida por Marta Coolidge, que fracasó en taquilla estrepitosamente.
Tras el despido, Charles Grodin amplió el contenido de su guion de “The Joy of Sex” que ahora llevaría el título de “Dreamers” y, como había sido rechazado por Paramount, ahora tenía completa libertad para moverlo, así que con la firme idea de llevar a cabo esa película sobre lo imbéciles que pueden llegar a ser los ejecutivos de Hollywood, envió el guion a varios estudios que, como era de esperar, lo rechazaron.
Años después Metro Goldwyn Meyer se interesó por el proyecto, que a estas alturas se titulaba “Movers & Shakers”, y el director William Asher estaba dispuesto a dirigirlo, siempre que el presupuesto no fuera mayor de dos millones de dólares. Y se dio luz verde a la producción que sería de bajísimo presupuesto, yéndose a parar un millón del mismo al salario del protagonista, Walter Matthau, que dadas las circunstancias había rebajado su caché considerablemente. Por otro lado, ni Charles Grodin ni el resto de los actores verían un duro hasta la llegada de los beneficios tras su estreno, y esa fue la única manera de llevar a cabo esta producción. No obstante, Grodin era un actor muy querido en Hollywood y consiguió que actores y actrices de la talla de Gilda Radner, Vincent Gardenia o Steve Martin se sumaran al proyecto cobrando una miseria.
La película se rodó no con pocas dificultades presupuestarias y, finalmente, en 1985, Asher la tenía completada, por lo que se realizaron varios pases de prueba que no funcionaron. Para los ejecutivos de Metro Goldwyn Meyer era lenta, poco graciosa y deslavazada. No se entendía nada del argumento, y el ejecutivo Greg Morrison exigió que se le añadiera una narración en off por parte del protagonista, Charles Grodin, explicando un poco lo que estaba sucediendo para que los espectadores tuvieran una mayor comprensión del argumento. Se grabó la narración y la cosa mejoró sustancialmente, pero no lo suficiente como para que la Metro apostara su dinero en la promoción y distribución; según estos, la película era una mierda. Así que “Esto no es Hollywood” se estrenó deprisa y mal, apenas en un par de cines americanos, pensando que con un poco de suerte lograrían recuperar la inversión en el mercado del vídeo y las ventas al extranjero. El resultado se tradujo en una recaudación total de 373.000 dólares, por lo que nos encontramos ante uno de los grandes fracasos de un estudio hollywoodiense.
Charles Grodin echó la culpa a la compañía, que se desentendió de la película totalmente. En consecuencia, el actor y guionista se tiró años hablando mal de los ejecutivos de Metro —que en esos momentos se encontraban depositando ingentes cantidades de pasta en la distribución de las películas Cannon— y lidiando con depresiones de la más variada índole, porque al final se echó a perder el que podía haber sido el gran proyecto de su vida.
Lo cierto es que la idea de Grodin de plasmar en celuloide la estupidez supina de los ejecutivos de Hollywood era muy buena y quizás hubiera necesitado una producción un poco más de postín, porque, por lo que a mí respecta, no me queda más remedio que darles la razón a los ejecutivos de Metro: La película es mala de cojones, aburrida como una mala cosa y no se entiende nada. Tan solo vemos a Walter Matthau más perdido que un hijo de puta en el día del padre deambulando por el metraje y hablando de dinosaurios, a Charles Grodin poniendo caras y sonriendo sarcásticamente enseñando sus dientes y una serie de cameos de diversos actores que tampoco es que se encuentren en estado de gracia. Además de eso, se la ve pobre y chusca, se nota a la legua que está rodada por poquísimo dinero y en la economía de planos y el tosco montaje canta que, en el rodaje, no les llegaba. Casi parece una mala producción de serie Z con actores de renombre.
Así que, sí, amigo Charles, tu idea era buena, pero orquestaste un enorme trozo de mierda con ínfulas.
En consecuencia, la película es ignota a más no poder y una rareza a tener en cuenta, pero ha de visionarse con paciencia y teniendo en cuenta que es mucho mejor la historia que hay detrás.
Por otro lado, el film que lo originó todo, “El gran lío en la Universidad”, sin ser demasiado popular, sí que le fue un poco mejor que a “Esto no es Hollywood” y, siendo asimismo mala, resulta bastante mejor. Pero, si sienten curiosidad… véanla.
A nuestro país llegó directamente a través de la televisión, que la emitió en algún pase de madrugada del UHF.