Otra película española de los dosmiles más o menos olvidada. Pero, esta vez, y a diferencia de las varias de aquella década que de un tiempo a esta parte vengo reseñando, está francamente bien… sin embargo, en su momento la crítica fue más bien discreta con la cinta, y el público apenas llegó a 200.000 espectadores que, igual para el año 2000, ya era un éxito.
Se trata de la adaptación de la novela homónima de Antonio Muñoz Molina que, para la ocasión, adapta al cine su propia mujer, la también escritora Elvira Lindo (la de “Manolito Gafotas”) que firma el guión. Y así todo queda en casa. Dirige el que en su momento fuera uno de nuestros directores más prestigiosos de los 90, Imanol Uribe.
Se trata de un thriller serio y sobrio a más no poder, en el que, tras encontrar el cadáver de una niña que ha sido brutalmente asesinada, un inspector de policía investiga a la vez que las pistas le llevan a conocer a una mujer de la que se enamorará. De este modo, somos testigos de las fechorías del asesino en serie que ha cometido tan atroz crimen, un pescadero sexualmente reprimido que vive con sus padres y se pasa la vida mascullando. Con un par de copitas encima, las noches de luna llena sale a asesinar niñas inocentes. Hasta que un día una de sus víctimas resultará no estar muerta, lo que agilizará la investigación.
En un momento de la película, el inspector, interpretado por Miguel Ángel Solá, dice: “Lo que me da más asco del cine es la forma en que hace atractivo un crimen cuando en realidad no es más que crueldad y chapuza”. Y casi parece una declaración de intenciones porque, efectivamente, “Plenilunio” se cuida de hacer que los crímenes del asesino sean interesantes: este es un tipo repugnante y sus crímenes una auténtica chapuza. A ello contribuye la interpretación de Juan Diego Botto que, pese a que no es un actor al que yo considere muy dotado, aquí, maldiciendo por lo bajini, con ese pelo largo y grasiento y fumando cigarrillos como un poseso, no solo está muy bien, sino que consigue que sus apariciones generen algo de inquietud. Podíamos destacar todas sus escenas como lo mejor del film, y estas se van entrelazando con el romance del inspector de policía con una mujer de mediana edad interpretada por Adriana Ozores, que tampoco están exentas de interés por el trato que se le da al romanticismo, frío, tosco y totalmente alejado de lo rosa. Y me resulta muy curioso ver una historia de amor en una película llevada con la solera del que transporta un saco de patatas.
Así que, en definitiva, tenemos aquí una película serena, oscura, densa y en la que cada pocos minutos estamos palpando el mal rollo. Además de tener una fotografía en scope acojonante —de cuando las películas todavía se rodaban en celuloide—, una estupenda banda sonora firmada por Antonio Meliveo y una cuidada dirección por parte de Uribe, que en lo sucesivo, aunque nunca le faltó trabajo, iría perdiendo el prestigio que en los 90 le proporcionó una que, al contrario que la reseñada, le ha sentado bastante mal el paso de los años: “Días contados”.
En papeles secundarios tenemos a un estupendo Fernando Fernán Gómez haciendo de cura comunista, Chete Lera haciendo de Chete Lera, María Galiana o Manuél Morón.
“Plenilunio” fue nominada a cinco premios Goya. No consiguió ninguno.
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viernes, 26 de enero de 2024
martes, 2 de noviembre de 2010
PLENILUNIO
Ricardo Islas se ha labrado una carrera como cineasta de culto en Uruguay gracias a sus películas de distribución directa para vídeo que le han valido el sobrenombre de “El John Carpenter Uruguayo”. Bueno, no es para tanto, ni mucho menos (ni mucho más).Los integrantes de una especie de ¿escuela de imagen y sonido? descubren que el culpable de unos crímenes recientes es nada menos que un licántropo. No obstante, en este caso el culpable tampoco es que sea un santo en su forma humana. Gran idea esta.
La película está facturada desde el más costroso amateurismo (la cámara tiene pinta de ser una Hi-8, no más) y sale airosa, a pesar de la tosquedad de las imágenes, gracias a un montaje más que solvente y una trama que engancha desde el primer momento. No siempre la escasez de medios es suplida con la imaginación, como pudimos ver aquí, pero sin embargo, sin que "Plenilunio" sea un ejemplo de nada, sí es cierto que Islas destila cierto oficio y algunas buenas ocurrencias. Que el hombre lobo en estado humano tenga la cara destrozada después de la múltiples transformaciones, me parece un acierto bastante original, pues no recuerdo precedente de algo parecido en películas más grandes.
Y el hombre lobo transformado, ¡me encanta! Un bicho peludo ¡blanco! y entrañable, que bien podía haber salido en “Barrio Sésamo”, pero que, sin embargo, aparece en un ambiente la mar de sórdido y decadente. Y (y he aquí el tanto a su favor) resulta creíble.
La afición al género por parte del director queda patentada al ver los guiños que lanza a la revista "Fangoria" y a Paul Naschy, así como a los cómics de la "Marvel" del hombre Lobo. Un compendio de cosas que hacen que la película me caiga simpática.
Ahora, eso sí, no me atrevo a recomendarla, porque como suele pasar con muchas de las películas que aquí reseñamos, hay que tener cierto gusto por este tipo de productos… claro que, por otro lado, este en concreto trata de imitar el cine estándar… que sus mulas decidan. Por lo que a mí respecta, esta mierda me ha agradado mucho.
Y el hombre lobo transformado, ¡me encanta! Un bicho peludo ¡blanco! y entrañable, que bien podía haber salido en “Barrio Sésamo”, pero que, sin embargo, aparece en un ambiente la mar de sórdido y decadente. Y (y he aquí el tanto a su favor) resulta creíble.
La afición al género por parte del director queda patentada al ver los guiños que lanza a la revista "Fangoria" y a Paul Naschy, así como a los cómics de la "Marvel" del hombre Lobo. Un compendio de cosas que hacen que la película me caiga simpática.
Ahora, eso sí, no me atrevo a recomendarla, porque como suele pasar con muchas de las películas que aquí reseñamos, hay que tener cierto gusto por este tipo de productos… claro que, por otro lado, este en concreto trata de imitar el cine estándar… que sus mulas decidan. Por lo que a mí respecta, esta mierda me ha agradado mucho.
lunes, 30 de mayo de 2022
AL MORIR LA MATINÉE
La mayor particularidad de este slasher es su país de proveniencia, Uruguay, lugar cuya cinematografía en general es un misterio para mí, pero del que tenía ciertas nociones gracias a un par de películas de terror amateur, una de ellas titulada “Muñeco viviente” y que era la típica cosa trufada de referencias postmodernas —y nostálgicas— que vi en su momento y que no me gustó nada. Es el tipo de película amateur de la que huyo como de la peste.
Sin embargo los años han pasado y su director, Maximiliano Contenti, se ha ido profesionalizando (nunca del todo) y cogiendo callo, y muchos años después nos trae una película hacia la que me acerqué con todos los prejuicios del mundo y que, pese a seguir siendo una obra referencial y postmoderna, he de reconocer que me entretuvo un rato, cosa que a estas alturas es ya más que suficiente. No está mal esta “Al morir la matinée”.
Un cine de sesión continua se prepara para ofrecer la última función de la noche y, entre los pocos espectadores que han entrado, se cuela un siniestro individuo encapuchado. El operador de cabina habitual tiene compromisos familiares y deja al cargo de la proyección a su hija, una estudiante que apesta a “final girl”. Comienza la película y se nos va presentando a los personajes y sus circunstancias, hasta que el individuo encapuchado comienza a cargárselos de diferentes formas.
Nada nuevo en realidad, y de no ser porque hay referencias a miles de películas de género (de hecho están en un cine, cosa que les sirve para colgar en sus marquesinas toda suerte de pósters de películas de la época, e incluso, uno de “Muñeco viviente”) podría acusársela de ser un plagio barato de “Angustia” de Bigas Luna, ya que cuenta exactamente lo mismo con mucha menos pericia. Tenemos hasta el juego de metacine con el que contaba aquella. Pero la película, escueta en argumento, va avanzando y, a medida que se desarrollan los asesinatos, la cosa va funcionando, es generosa en vistoso gore y, en definitiva, resulta que se disfruta a la perfección. Puede llegar a ser irritante en ciertos momentos, pero entiendan ustedes también que yo ya soy un señor mayor amargado y lleno de manías. Como sea, lo cierto es que “Al morir la matinée” me gustó.
Por supuesto, no faltan los colores saturados, los neones centelleantes y todos los componentes efectistas y capciosos de una película de estas características —y, creo, que ambientada en los 90—, pero a eso ya estamos más que acostumbrados a estas alturas.
Por otro lado, me queda la sensación de que la película que están viendo los espectadores de ese cine en el que transcurre la historia, es mejor que la que estamos viendo nosotros. En contra de lo que pudiera parecer, se trata de un título existente, “Frankenstein: Day of the beast” de 2011, dirigida por Ricardo Islas, veterano "cineasta" responsable de una película uruguaya de culto filmada en Hi-8 titulada “Plenilunio”, perteneciente a la generación anterior de directores de fantástico en Uruguay, y que además interpreta aquí al asesino encapuchado que hace virguerías con uno de sus ojos.
A Islas ya lo tenía yo fichado hace más de 10 años en un primer acercamiento al cine fantastico-amateur uruguayo, a Contenti también. Que curioso comprobar, en este segundo acercamiento a lo uruguayo tiempo después, que los responsables de esta nueva película que he tenido a bien ver, son los mismos de aquella primera vez.
Por otro lado, el cine donde transcurre la película es real, el llamado Cinemateca 18, que por lo visto llevaba cerrado la tira de años cuando rodaron y no tiene visos de ser reabierto ni nada por el estilo, cosa que en fondo me la suda porque no he estado en Uruguay en mi vida y dudo que lo haga, pero, como sea, es un cine enorme y bonito.
En definitiva, a “Al morir la matinée” se le puede echar un ojillo tranquilamente.
Y los millenials lo fliparán en colorines.
Sin embargo los años han pasado y su director, Maximiliano Contenti, se ha ido profesionalizando (nunca del todo) y cogiendo callo, y muchos años después nos trae una película hacia la que me acerqué con todos los prejuicios del mundo y que, pese a seguir siendo una obra referencial y postmoderna, he de reconocer que me entretuvo un rato, cosa que a estas alturas es ya más que suficiente. No está mal esta “Al morir la matinée”.
Un cine de sesión continua se prepara para ofrecer la última función de la noche y, entre los pocos espectadores que han entrado, se cuela un siniestro individuo encapuchado. El operador de cabina habitual tiene compromisos familiares y deja al cargo de la proyección a su hija, una estudiante que apesta a “final girl”. Comienza la película y se nos va presentando a los personajes y sus circunstancias, hasta que el individuo encapuchado comienza a cargárselos de diferentes formas.
Nada nuevo en realidad, y de no ser porque hay referencias a miles de películas de género (de hecho están en un cine, cosa que les sirve para colgar en sus marquesinas toda suerte de pósters de películas de la época, e incluso, uno de “Muñeco viviente”) podría acusársela de ser un plagio barato de “Angustia” de Bigas Luna, ya que cuenta exactamente lo mismo con mucha menos pericia. Tenemos hasta el juego de metacine con el que contaba aquella. Pero la película, escueta en argumento, va avanzando y, a medida que se desarrollan los asesinatos, la cosa va funcionando, es generosa en vistoso gore y, en definitiva, resulta que se disfruta a la perfección. Puede llegar a ser irritante en ciertos momentos, pero entiendan ustedes también que yo ya soy un señor mayor amargado y lleno de manías. Como sea, lo cierto es que “Al morir la matinée” me gustó.
Por supuesto, no faltan los colores saturados, los neones centelleantes y todos los componentes efectistas y capciosos de una película de estas características —y, creo, que ambientada en los 90—, pero a eso ya estamos más que acostumbrados a estas alturas.
Por otro lado, me queda la sensación de que la película que están viendo los espectadores de ese cine en el que transcurre la historia, es mejor que la que estamos viendo nosotros. En contra de lo que pudiera parecer, se trata de un título existente, “Frankenstein: Day of the beast” de 2011, dirigida por Ricardo Islas, veterano "cineasta" responsable de una película uruguaya de culto filmada en Hi-8 titulada “Plenilunio”, perteneciente a la generación anterior de directores de fantástico en Uruguay, y que además interpreta aquí al asesino encapuchado que hace virguerías con uno de sus ojos.
A Islas ya lo tenía yo fichado hace más de 10 años en un primer acercamiento al cine fantastico-amateur uruguayo, a Contenti también. Que curioso comprobar, en este segundo acercamiento a lo uruguayo tiempo después, que los responsables de esta nueva película que he tenido a bien ver, son los mismos de aquella primera vez.
Por otro lado, el cine donde transcurre la película es real, el llamado Cinemateca 18, que por lo visto llevaba cerrado la tira de años cuando rodaron y no tiene visos de ser reabierto ni nada por el estilo, cosa que en fondo me la suda porque no he estado en Uruguay en mi vida y dudo que lo haga, pero, como sea, es un cine enorme y bonito.
En definitiva, a “Al morir la matinée” se le puede echar un ojillo tranquilamente.
Y los millenials lo fliparán en colorines.
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