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jueves, 24 de enero de 2013

EL SEXO ATACA

Si hay una pareja cómica que de verdad se adelantó a su tiempo, que en los años en lo que se estilaba era contar chistes, apostaban por un humor ferozmente surrealista a base de diálogos absurdos, y que además supieron ganarse al público con ese humor, esos fueron Tip y Coll. Sobretodo en sus primeros años. Ya avanzados los ochenta y entrando en los noventa, que aun permanecían en activo,  su humor fue flojeando, eso si, tras 30 años de carrera humorística. A mi lo que me vuelve loco es el look que se gastaban, vestidos de enterradores.
Su paso por el cine, sin embargo, no fue muy brillante. La mayoría de sus intervenciones se limitaban a cameos en películas cómicas para lucimiento de otros cómicos, y la película que hicieron para lucimiento propio, “La garbanza negra que en paz descanse” es algo flojilla.
Por otro lado, no hay director que haciendo un tipo de cine extraño, entre el arte y ensayo y la mamarrachada, y que adaptaba a nuestro cine subgéneros extranjeros como el “Spoof”, la cámara oculta e incluso, mucho más suavizado, eso si, el “mondo”, que conectara tan bien con el publico popular y llenara las salas como Manuel Summers.
Lógicamente, la unión de los humoristas y el director, no podía ser nada malo.
“El Sexo Ataca”, al igual que “Urtain, el rey de la selva… oasí”, coquetea con el género “Mondo” en su vertiente más sexual y blanca, al estilo “Estamos hechos así ¡Ayuda!” o “America de noche prohibida”. Y a parte es la película en la que más se lucen Tip y Coll, y la mejor que hicieron, por supuesto. El guión está escrito a pachas entre Tip y Coll y Summers y estos son los maestros de ceremonias de los extractos que vamos viendo, imágenes de archivo, chistes escenificados, skechts, animaciones y entrevistas a gente especialmente garrula de las calles, vamos a suponer que de Lepe (de dónde era originario el director), explicando, de la manera mas surrealista posible, los intríngulis del sexo, las filias y demás curiosidades.
El título original de la película es “El sexo ataca (primer acto)” ya que, como pasó con “La Biblia en pasta”, Summers quería hacer más entregas de la película, pero como la taquilla en estas ocasiones no era muy alta, ambos  proyectos de saga se quedaron en los primeros títulos.
Es especialmente graciosa la introducción de la película, donde vemos a un presentador de televisión advirtiéndonos que estamos ante una película asquerosamente machista, en la que solo se mostrará el sexo femenino, pero que cuando el estado, la democracia y el gobierno estén preparados, no tendrán inconveniente en mostrar también el sexo masculino. Así durante toda la película vemos a las señoritas en pelota picada, y a los caballeros que las acompañan en  gayumbo largo.
También nos cuentan, a modo de ficción, el rodaje y posterior montaje y doblaje de una película porno, extracto este que resulta especialmente simpático y con el que se cuenta con la presencia del director Leon Klymovsky y donde se “denuncian” los dobles de cuerpo y las dobles versiones, todo ello con un sentido del humor incisivo, que camuflado de chuflilla, va a poner el dedo en la yaga.
Hilarantes resultan las entrevistas a la gente del pueblo, dónde el propio Summers pregunta a las personas de más bajo nivel social cosas tan sencillas como ¿Qué es un orgasmo?. ¿Qué es el clítoris?. ¿Qué es el onanismo?... Las respuestas de la gente son cuanto menos sorprendentes, y dejan claro algo que ya sabíamos: que la gente es tonta. De hecho todo el documental gira en torno a lo mismo, lo idiota que es la gente y lo poco informada que está acerca del sexo.
En las escenificaciones, contamos con la presencia de  no- actores habituales de las películas de Summers como Celedón Parra, y otros profesionales como Gracita Morales, Emilio Fornet, Cristina Galvó o José Riesgo (el entrañable Julián de Barrio Sesamo) y la presencia, además de Kilmovsky, de Jorge Grau.
En definitiva, una película muy divertida e interesante, con el sello del director  en cada uno de los fotogramas, provocadora y adelantada a su tiempo, que recomiendo encarecidamente.

sábado, 25 de diciembre de 2010

Y AL TERCER AÑO, RESUCITÓ

Basada en la novela de Vizcaíno Casas, que también co-escribió el guion, y dirigida por Rafael Gil, estamos ante la quintaesencia del cine facha, con permiso de "Hijos de papá", otra del tándem Vizcaíno Casas - Gil.
Nada más comenzar la película, vemos un texto que explica que están haciendo una improbable hipótesis, sobre algo que nunca ocurrirá, desde la perspectiva del humor. Hasta ahí bien, pero luego añaden un “el que se pica ajos come”, que viene a ser un “Jódanse, rojos de mierda”.
"Y al tercer año, resucitó" especula con lo que ocurriría en España si el Caudillo volviera a la vida tres años después de su muerte, en plena transición democrática. Viene resuelta a base de sketches de los distintos sectores no Franquistas de la sociedad española, mofándose de ellos, e incluso llamándoles chaqueteros. Por lo que respecta a los autores, haciendo alarde de un sentido del humor rancio y político, tres años después de la muerte del generalísimo España es un país lleno de putas, maricones, hipócritas, vagos, hippies y comunistas. Aunque al final dejan caer que los tiempos han cambiado y aferrarse al pasado es un error.
Bien, no vamos a hablar aquí de política, porque no creo en ella, ni mucho menos comulgo con el mensaje de la película, pero tampoco comulgo con el contrario. Ningún ente político me representa, pero la película, sinceramente, está entretenida. Es fluida y se ve con agrado, aunque te repugnen sus ideas. Además, cuenta con la presencia de Tip y Coll, lo cual es siempre de agradecer. Pero si esta película me agrada, es más que nada porque solo podía haber sido facturada en nuestro país, y aunque facha hasta más no poder, es libre y más democrática que cualquier película española actual, por muy rojos que sean sus artífices. Haz tu ahora una película poniendo en jaque todo el sistema político de "Psoe" y no la estrenas ni de coña. Eso sí es fascismo. En esa época al menos podías contar lo que quisieras.
Decir también que, en un acto de denuncia, se cuenta que querían rodar la fachada de la Moncloa, pero al saber allí la ideología de la película, no les dejaron, por lo que resolvieron el plano contando lo sucedido, y mostrando una postal. También se habla de la existencia de la libertad de expresión impuesta por la izquierda, y luego hacen referencia a un chiste de Tip y Coll censurado por aquellos días en la tele por el mismo gobierno que abrazaba la libertad de expresión.
En fin, que la libertad de uno acaba donde empieza la del otro y así…
Rafael Gil se especializó en este tipo de comedias ideológicas, de gran éxito en la época, por parte de los dos bandos y rodó también cosas como "De camisa vieja a chaqueta nueva", "Las autonosuyas" o "A la legión le gustan las mujeres... y a las mujeres les gusta la legión".

lunes, 21 de enero de 2019

EL ASALTO AL CASTILLO DE LA MONCLOA

“El asalto al castillo de la Moncloa” en realidad no trae nada nuevo. Lo que nos ofrece, no es otra cosa que una vieja película de dominio público, que en este caso es la titulada “Los amantes del desierto”, que cae en las manos de un señor con alma de “Exploiter” como era Francisco Lara Polop y que realiza un redoblaje de esta película introduciendo unos diálogos cómicos que casi nunca le van bien a las imágenes. Eso ya lo vimos en la popular “Woody Allen Nº 1, Lily la tigresa” de Woody Allen y en tantas otras, aunque aquí en España fueron pioneros Tono y Mihura con  su “Un bigote para dos”, inencontrable en su versión original.
Sin embargo, lo que hace especial a esta película es el contexto histórico en el que la situamos, nada menos que tras las primeras elecciones generales de nuestro país en la llamada transición democrática, época esta que afectó en todo momento a nuestra cinematografía y en la que, en consecuencia, más chistes de política se inventaban.
Así que con la  ayuda de Manuel Castiñeiras y Juán Portillo “Top” (quien fuera pareja radiofónica de Luis Sánchez Polack “Tip”, antes de que este se uniera en matrimonio humorístico con José Luis Coll) Polop se escribe unos diálogos que giran en torno a la política de aquellos días con Alfonso Suárez y Felipe González a la cabeza del asunto, y se montan un argumento cogido con hilos bajo los que soltar una retahíla de chistes y chascarrillos en torno a la situación política que se vivía en la España de aquél ya lejano 1978. Mariano Ozores, qué ya hacía estos experimentos por placer con sus hermanos y amigos, se encargaría de adaptar los diálogos a las imágenes bajo dirección de Polop.
Y el caso es que el experimento queda de lo más curioso, teniendo en cuenta que los diálogos escritos para la ocasión son soltados con total naturalidad por actores de doblaje profesionales de los de toda la vida, o sea, cojonudos, por lo que estos quedan bien encajados en la acción y totalmente creíbles. “El asalto al castillo de la Moncloa” es, finalmente, una enorme broma.
La película se estrenó en salas, congregó casi 130.000 espectadores y el negocio sale redondo, sin embargo, amén de las críticas que tachan a la película de oportunista (cosa que es cierta y que sus artífices en ningún momento ocultaron) salta la polémica cuando Carmen Sevilla, protagonista de “Los amantes del desierto”, ve la película y al verse doblada y soltando por su boca toda esa ristra de chistes sobre socialistas, sobre UCD y sobre la oposición, entra en cólera. La actriz se siente utilizada e interpone una querella contra Francisco Lara Polop por utilizar su imagen de esa manera en la cinta, alegando que esta podía verse seriamente dañada. Sin embargo, de poco le sirvió esta demanda a la actriz,  puesto  que fue desestimada al tratarse “Los amantes del desierto” una película en dominio público con la que el cineasta podía hacer lo que le viniera en gana. Carmen Sevilla, sufrió lo suyo con este tema cual plañidera, pero lo cierto es que la broma no era para tanto.
Por otro lado, el principal reclamo de la película, además de tratarse de un producto de mera actualidad, era la presencia en el doblaje de Tip y Coll, que hacen las veces de narradores de los hechos acontecidos.
Está claro que “El Asalto al castillo de la Moncloa” en su momento debió resultar un producto fresco y altamente divertido. Vista hoy, la cosa no deja de tener gracia, pero se queda tan anclada en su momento, en 1978, que es como descifrar un jeroglífico. No nos enteramos de nada. No es como esas comedias de Pajares y Esteso en las que de vez en cuando se soltaba un chiste político de la época, sino que se trata de una catarata de referencias una tras otra, sin tregua, y en la que se frivoliza con temas como la legalización del amancebamiento, el aborto y la píldora “antibaby”, conceptos, estos ya antidiluvianos. Sin embargo, ese es su handicap, ya que se trata de una astracanada cuya condición de película es lo que menos importa; se concibió para ser consumida en ese año 1978 y, con las mismas, que fuera olvidada también ese año 1978. Una película del aquí y el ahora, que hoy se puede disfrutar de ella más como concepto que como película, porque en resumidas cuentas de película tiene más bien poco. En todo caso sería como una cinta de “Chistes del golpe” de Arévalo en formato celuloide. Vamos, que no es una película tanto como un ejercicio humorístico. Y un sacacuartos.

viernes, 26 de febrero de 2021

ENSEÑAR A UN SIN VERGÜENZA

Una de las más aclamadas  obras del teatro español, “Enseñar a un sinvergüenza” de Alfonso Paso, obra esta que a pesar de ser estrenada en 1967 se sigue representando en nuestros días y que cuenta con una secuela titulada “¿Qué pasó con el sinvergüenza?” datada cuarenta años después, tiene su propia adaptación cinematográfica en la década de los setenta, homónima,  que se saldaría con un éxito de taquilla.
José Rubio, protagonista de la versión teatral y también de la cinematográfica era un aval, y si la obra teatral ya era un éxito, lógicamente, también lo sería la película. Si además le añadimos la belleza y desparpajo de Carmen Sevilla, pues la cosa acaba arrastrando a  1.073.000 espectadores a las salas, además de contar con todo tipo de críticas —cierto es que en aquellos años, la crítica solía cebarse con nuestro cine de corte más popular—, pero imperando las favorables.
Cuenta la historia de Lorenzo, un vividor que se gana la vida como fotógrafo amateur de modelos y jugador póquer, que un buen día conoce a Rosana, mujer madura y virgen pero terriblemente estricta e inteligente, que se gana la vida como profesora, guía turística y divulgadora cultural en televisión. Lorenzo decide tomar clases particulares ya que se considera un tanto inculto y Rosana accede a impartirle clases a 10.000 pesetas cada una. En realidad se trata de un plan de Lorenzo para llevarla al huerto. De hecho, consigue que Rosana se enamore de él y se convierta en una pizpireta y desinhibida mujer que pide a gritos un buen pollazo. Pronto descubrirá que su galán es más sinvergüenza de lo que ella creía.
Sin ser ni de lejos lo mejor de nuestro cine de comedia, sí que se trata de una cosa de lo más socarrona y dinámica, rodada con solvencia y marcando un tempo de comedia que muy poquitas veces baja a pesar de un guión que, quizás, por ser una adaptación de un libreto de corte teatral, no acaba de funcionar a la perfección en la gran pantalla.
En 1970 el Franquismo estaba  vigente y sin embargo la película se las apaña para esquivar a la censura, dejando ver desnudez parcial en los cuerpos de José Rubio y, sobre todo, Carmen Sevilla, otorgando todo ello a la película un tono suave y semi erótico del que beberían muchas comedias sexy de finales de la década de los setenta. La película, estéticamente, además de precursora, puede darse golpes en el pecho y alardear de su estilo.
Llama la atención, por lo improbable que esto sería en una película de hoy, lo temerario de la actitud de Pepe Rubio en su actuación, ya que durante los títulos de crédito y en algún plano más ya dentro del metraje, este se pone de pie en el asiento de copiloto de un descapotable, con los brazos extendidos por las calles de Madrid. A pelo, sin arneses ni sujeciones. Para haberse matado. Aunque obviamente esto es otro alarde, el de “todo vale”, a la hora de hacer una película de comedia en España. Asimismo también resultarían hoy improbables un par de escenas en las que el protagonista, machista redomado por su propia naturaleza,  invita a los malos tratos dando bofetaditas o en su defecto, golpes de Kárate, a una Carmen Sevilla que no acaba se sucumbir a sus encantos y peticiones.
Por otro lado, resulta curiosa la mala folla que se gasta la película, al ver cómo Carmen Sevilla, prácticamente analfabeta en la vida real, interpreta a una erudita que, precisamente, enseña a hablar con corrección al personal en un programa de televisión. Ay, mih oveitau…
 De secundarios tenemos a Manuel Alexandre, una divertida Mari Carmen Prendes y los cameos siempre estupendos de Rafael Hernández y Tip y Coll, curiosamente por separado e interpretando roles de ficción.
Dirige la película el director y guionista Agustín Navarro, que tras una carrera no del todo destacable, dejaría la profesión con la película que le sigue a esta en su filmografía “La casa de los Martínez”, en 1971. El director falleció en 2001.

miércoles, 15 de octubre de 2014

PAPÁ PIQUILLO

El éxito abrumador de Chiquito de la Calzada fue algo que como vino, se fue. Eso era de prever. No daba para más el asunto. Y yo entiendo el éxito de aquel señor, pero nunca lo compartí. Siendo como soy un gran consumidor de humoristas (Tip y Coll, los mejores) nunca me gustó Chiquito como cuenta chistes (se repetía más que la leche y acabó auto parodiándose, lo que resultaba terrible), y sigo sin entender la puta gracia que puedan tener Faemino y Cansado que me parecen malísimos. Y eso que no entramos en el pantanoso terreno de los humoristas actuales (si es que son humoristas) en el que ya entran en juego odios y manías personales. Pero exceptuando estos, con todos, incluso con los más patéticos tipo “Félix el Gato”, me gusta verlos y me suelo reir. Soy incluso muy permisivo con el humor. Pero a Chiquito, pues la verdad, no.
Otra cosa es el cine, las películas para lucimiento de estos artistas. Como curiosidad me interesa mucho, independientemente de lo que me parezcan a mí los protagonistas. Ahí, las  películas que explotaban a Chiquito cuando aún su fama estaba en alza, “Aquí llega Condemor, el pecador de la pradera” o “Bracula, Condemor II”, me pueden llamar la atención por su condición natural, pero como no me gusta chiquito, me parecen una patata. Malas a más no poder. Las tengo en DVD no obstante, para que entiendan que me gusta el producto, me gusta su existencia, pero no son películas que vea una y otra vez.
A lo que voy es que de las tres películas que protagonizó Chiquito, la que si me gusta, y me parece incluso entrañable de lo ñoña que es, es este “Papá Piquillo”, que venía a destiempo (en 1998 Chiquito ya ni siquiera salía en televisión, o al menos, con la misma asiduidad que en 1994) y con la sana intención de demostrar que Chiquito de la Calzada, además de hacer eso de “Grijandemorenau”, también podía actuar  y hacer un registro dramático. Y sin salirse de su propio personaje, demostró que si podía, aunque no le sirviese de nada. De sus tres películas, fue la que menos recaudó. La vieron unos paupérrimos 120.000 espectadores.
Claro, que en contra de lo que se cree, las dos películas anteriores de Chiquito, que venían con la fama del cómico ya acabándose, tampoco fuero éxitos, pero si recaudaron bastante más que esta.
La película no es un muestrario de las gracietas de chiquito. Es una película con argumento y en la que Chiquito interpreta. Papá Piquillo, es un patriarca gitano que tras el accidente mortal de su hija, tiene que hacerse cargo de todos sus nietos. Tiene salir a trabajar con ellos, con el mono y la cabra, y mal comer, pero es la única forma de subsistir en un mundo en el que la única forma de generar dinero es vendiendo droga, cosa que Papá Piquillo, quiere impedir a toda costa. La cosa se complica, cuando uno de sus nietos sufre un accidente que lo paraliza y que para operarlo, tienen que llevarlo a Australia, cosa que, no es que sea cara para Piquillo, si no, que es imposible. Por lo que se le complicará algo la cosa.
A ver; no es que sea una gran historia. Ni siquiera es una buena película. Pero como está entretenida, y con su intencionalidad de película estándar (no un mero vehículo para el lucimiento de Chiquito), como incluso llega a tocar la fibra porque es una película ñoña y emotiva, a mí me gusta bastante más que las otras películas de Chiquito. Porque es una película de verdad. Ahora, quienes busquen en ella, las gilipolladas del “Condemor”, pues puede que les guste la película (porque está bien) o puede que no. En cualquier caso, y visto lo visto, si que es una de las mejores películas del inefable Álvaro Sáenz de Heredia, su director, que cuando hace películas, y no vehículos para tal o cual humorista, la verdad es que las hace bastante bien.
En cuanto a “Papá Piquillo”, es una película familiar ideal para las navidades, que le da mil vueltas a cosas que se antojan más actuales, pero dirigidas por directores que no tienen tanto oficio como de Heredia como pueda ser “Angeles S.A.”.
Está bien. Visible. Y si fuera niño, supongo que me encantaría.

lunes, 12 de septiembre de 2011

DAME UN POCO DE AMOOOR!!!

En la España de los sesenta, se estilaba mucho en la música, el Pop con tintes Funk y Soul, siendo “Los Bravos”, uno de los principales exponentes de este género en España.
Es este un país acostumbrado a hacer películas/vehículo para cantantes, pero en el caso de esta DAME UN POCO DE AMOOOR! está claro que la película nace en consecuencia del éxito que obtuvieron las primeras películas protagonizadas por “The Beatles”. No tiene demasiado que ver, con por ejemplo QUE NOCHE LA DE AQUEL DIA, pero vamos, se capta.
José María Forqué y Eduardo Ducay, conscientes de esto y sabiendo como hacer películas de Éxito, se les ocurrió hacer esta película con dos fines: promocionar el segundo disco de “Los Bravos” y hacer que en sus bolsillos no entraran los billetes de cinco mil pelas que iban a generar, por lo que se optó por hacer una película muy tontorrona, pero lo suficientemente vistosa como para no dejar indiferente a nadie. Por lo que fuera, no consiguieron un gran éxito, pero si la película mas surrealista y enloquecida del cine Español. Al menos, a niveles anecdóticos, claro.
El cantante de “los Bravos”, se enamora de una china que pronto es secuestrada por un Fu-Man Chu de lo mas chungo, que a su vez se ha quedado con los lingotes de oro con los que la discográfica del grupo pretende fabricar los discos de oro que tendrán los Bravos (¡Peazo de argumento!) y mientras estos intentan rescatar a la chica y recuperar el oro, les sucederán montones de cosas todas ellas extrañísimas, en profundos túneles subterráneos y en un ambiente totalmente colorido y futurista, a la par que interpretan sus canciones fuera de la trama, sin orden ni concierto.
No está nada mal. La película podría ser el equivalente, castizo y prematuro, de las películas de AUSTIN POWERS, en las que se recreaba esa psicodélia tan marciana, que por otro lado es genuina en la película de “Los Bravos”.
Olvídense de la trama, olvídense de los diálogos y de ver una historia mínimamente consistente, y céntrense en las imágenes, pues estas son totalmente delirantes y divertidas. Con un montón de animaciones, algunas de ellas a lo Monty Python, otras de estilo Cómic ( El prota y líder de “Los Bravos”, además, en la película, es un forofo de los cómics, y podemos verle ojeando un ejemplar de FLASH), y unos numeritos musicales que son lo mejor de la peli (máxime, si no se le hacen ascos al soul y al funk), podemos disfrutar del alarde de imaginación, que, en resumidas cuentas, es DAME UN POCO DE AMOOOR!
Además salen Tip y Coll (este ultimo haciendo de chino, y además doblado por otro actor) y Tomás Zori (también doblado).
Apunte quisquilloso. ¿Por qué todo el repugnante poperío actual, lleva las mismas pintas que estos muchachos de hace cuarenta y pico años? Grima.

sábado, 7 de enero de 2012

24 CENTIMETROS

Alex Salgado es un individuo que me cae francamente bien, por lo que esta reseña corre el peligro de que se convierta en una soberana mamada de polla. De hecho, es que me lo he pasado tan bien leyendo el libro, que es más una mamada de polla que cualquier otra cosa. Y al que no le guste que se joda. Pero es que, sinceramente, me ha gustado un montón el libro, más que por el contenido, porque es de Alex Salgado. Lo que me gusta son sus frases, un tanto pedantes a veces, pero siempre sentenciosas, sus chascarrillos, su soberbia… en incluso el comprobar, como en algunos casos (estos son los menos), no se entera de nada y mete la pata hasta el cuezo, porque, menospreciar de esa manera el porno de Jesús Franco en pro del porno del que nos habla en el libro… es para darle dos hostias. Porque ni José María Ponce, ni pollas. Franco, en lo suyo está a otro nivel, así que no da lugar el que se le nombre siquiera. Franco, mal o bien, hacía (y hace) cine, estos ceporros, no.
Así que metámonos en faena, con lo que no comparto del libro, o lo que no me ha gustado… que luego sacaré mi salibosa lengua a pasear.
Bien, el porno es un ¿género? que detesto. A mi no me sirve ni para cascarme pajas. Del cine porno se las vocales (porque el abecedario completo, no se lo sabía ni el marqués de Sade), vamos, muy poco. Alguna curiosidad, algunas producciones… muy poco. Entonces, leyendo un libro que supuestamente habla de la historia del cine porno en España, descubro, que el gran comunicador, el excelso Alex Salgado, ¡No me descubre absolutamente nada!, Es más, el tío se pasa el libro entero despotricando sobre la bazofia de la que habla, sin complejo ninguno, y con dos cojones, porque se expone a que alguno de esos garrulos del porno, le parta la boca ante la fina ironía que se gasta… porque van a hacer malas interpretaciones, sus cerebros no dan más de sí…
Pero, insisto, todo esto poco importa, porque da gusto leer a Salgado, sus idas de olla (toda la parte inicial en la que nos cuenta las reglas que se impuso para la elaboración de este libro) son descabelladas, incluso poco creíbles y sobretodo innecesarias ¡son puro relleno! Pero ah, amigos… ahí está la gracia del libro. El relleno es mejor que el contenido. Te descojonas. Y lo disfrutas. Y vibras. Y no puedes dejar de leer.
El libro engancha. Varias son las veces que Salgado nos advierte que este no es un frío libro de datos y críticas, si no un libro que cuenta anécdotas y vivencias (¡¡¡Pero Salgado, la gente que compre su libro, seguramente busque un libro de datos!!!). Y ciertamente, no me sentí estafado. Es mucho mejor un libro que cuenta un poquito sobre el porno de este país, según los ojos y sentidos de Salgado, que el que inicialmente se nos propone. Sus ideas, opiniones, preferencias, todo ello alegremente distribuido en un montón de capítulos y secciones. Especialmente recomendables los pasajes en los que se hace un análisis de las formas de trabajar y las personalidades de las más destacadas figuras del porno patrio, así como una sección de reseñas, que aunque escueta, es exageradamente divertida. Se centra sobretodo en el porno más comercial, aquél protagonizado por gente ajena al mundillo como la Veneno, Poli Díaz o Dinio, o en las producciones más cutres y chabacanas. Pocas películas comentadas, pero ¿Para qué más? Y estoy de acuerdo con Alex; del poco porno español que yo he visto, destaco, sin lugar a ninguna duda (y además son las únicas pelis porno que conservo en VHS, porque además son las únicas que tuve) las protagonizadas por Poli Díaz. Buenas, en su despropósito, hasta decir basta.
En definitiva, creo acertar cuando digo que 24 CENTIMETROS, es un libro que el pornófilo detestará, pero que la gente inteligente y/o que pasa del porno, agradecerá, porque, aunque el Señor Salgado no tenga ni puta idea de lo que está hablando cuando nombra, dos veces, de manera despectiva a Pajares, Esteso, Ozores o Tip y Coll, el libro refleja ante todo, su personalidad, y de eso el Señor Salgado, va más que servido.
Bien, he sido objetivo. Ahora si, mi lengua que chupe. 24 CENTIMETROS, es una obra imprescindible. No quizás dentro de la bibliografía del porno, pero si en la de libros divertidos, desacomplejados, con cara dura, y repito, con tremenda personalidad. Alex, majo, eres un puto crack.
Me ha gustado más que su otra obra NO VIVIRÁS PARA CONTARLO. Que también estaba maja.
¡Ah! y el prólogo, por supuesto, es de nuestro Naxo Fiol...

martes, 20 de marzo de 2012

¡¡¡ A TOPE !!!

En plenos años ochenta, Ramón Fernández, uno de nuestros artesanos y “Reyes de la comedia” que mejores resultados ha dado siempre en la taquilla, mas que por su firma por el producto que facturaba, recibe el encargo de filmar una película que aprovechara el “boom” de “La movida madrileña” que se estaba viviendo con intensidad, no solo en Madrid, si no en el resto de España también, y reuniera a lo más puntero del pop-rock nacional en un mismo film. Eso como principal reclamo, y como segunda intención, promocionar a un nuevo grupo recién salido a la palestra desde una discográfica pequeñita, y que usando en su música estilos tan dispares como el disco-funk o el rap, suponían un soplo de aire fresco para el panorama músical nacional. Ellos eran “Objetivo Birmania”.
Una vez reunidos los grupos, como suele ocurrir en este tipo de productos, la película era lo de menos, así que el argumento prácticamente brilla por su ausencia. Simplemente se cuentan situaciones protagonizadas por un grupo de veinteañeros que salen a la discoteca, follan mucho e indiscriminadamente, tienen un argot que nada tiene que ver con el que se usara en la vida real, y les pasa una serie de cosas en el instituto, en un ambiente muy de “teen movie” (de hecho adscribo esta película al sub-género sin ningún tipo de problema). Y sobretodo, van a conciertos. De esa forma se soluciona la presencia de los grupos contratados, con actuaciones en directo filmadas, que justifiquen su nombre en el cartel. Así vamos viendo por la pantalla a “Alaska y Dinarama”, “Aviador Dro”, “Nacha pop”, “Loquillo y los trogloditas”, “Derribos Arias”, “Golpes Bajos”, “Video” y “Gabinete Caligari”, así como salas de conciertos míticas de la época, como por ejemplo, el famoso “Rock-ola”.
También destacar la presencia de Cristina Torres, la “Desita” de VERANO AZUL, que nos muestra aquí sus escasas dotes interpretativas, y sus jugosas tetas. Porque no solo de música de nutre esta película. Hay tetas y poblados felpudos de adolescentes, casi tanto o más que numeros músicales.
Claro, que Ramón Fernandez (que para la ocasión, y en un alarde de modernidaz firma la película como “Tito” Fernández) no deja de ser un autor, así que , aunque seguramente la propuesta de trabajo, tan moderna y descerebrada, le repugnase, metió actores clasicos para sacar algo de su cosecha en una película tan impersonal. Por eso, sin que vengan en absoluto a cuento, tenemos en la cinta a Tip y Coll haciendo un par de papelitos, así como a una Rafaela Aparicio usando ese falso argot juvenil del que hace gala toda la película o un José Lifante que goza en el autobus, cuando una jovencita restriega sus nalgas contra su maltrecho paquete.
Todo ello en un mejunge de conceptos, alborotados y enloquecidos, donde lo que cuenta realmente son las actuaciones de los grupos, y servido todo a un ritmo endiablado, que hace que las pequeñas –y sin importancia- tramas de la película pasen inadvertidas. ¡¡¡A TOPE!!! Es como lanzar bolas de barro contra la pared.
Sin embargo, y a pesar de que yo odio el pop-rock español de los ochenta (por otro lado la música más representativa de nuestro país), me parece una película harto divertida, simpática, descerebrada y entretenida, que se pasa en un suspiro, y que es unica en el sentido de que una película así, solo podía haber sido rodada en españa, por el fenómeno que retrata, por su carácter “Xplotation” y porque si tienes a los personajes que venden entradas ¿para que molestarse en rodar algo con un mínimo de calidad?
Entrañable.

viernes, 25 de agosto de 2017

LOS HIJOS DE...

Esta extraña comedia, de desmedida mala hostia y particular sentido del humor, básicamente se sustenta de dos tramas que se entrelazan; por un lado, tenemos una  mujer que acaba de enviudar, porque por ir a sacar unas fotos en un safari, su marido es devorado por un león. Como la deja viuda y sin un duro, contrata al novio de la chacha para que se cargue al león, cosa a la cual accede, no sin ciertas reticencias.
Por otro lado, tenemos a un joven al cual su novia lo deja por no tener un padre reconocido. Así que la madre de este le enrolla con la viuda del comido por la fiera, a cambio de que estos le solucionen la vida en lo referente a lo económico.
Muy curiosa, muy divertida y muy negra, resulta esta película del mítico Luis María Delgado, que en hora y pocos minutos se saca de la manga una de esas comedias atípicas dentro de la cinematografía española. Sin duda se trata de una de las películas más autorales de Delgado, y la más personal ya que es su película más pura, y no al servicio de alguna celebridad como acostumbraba. Por eso se rodea de nombres como Pedro Osinaga, María José Cantudo o Rafael Hernández, y la cosa queda, por lo menos, curiosa y simpática.
Y aunque tuvo otras películas personales, Delgado, al igual que Álvaro Sáenz de Heredia, era conocido por hacer películas para el cantante  o humorista de turno, siendo las más destacadas “Hamelín” con Miguel Ríos, “La Garbanza Negra que en paz descanse” con Tip y Coll, “¿Dónde estará mi niño?” con Manolo Escobar, “Loca por el circo” con Teresa Rabal, “Chispita y sus gorilas” con Chispita y el Tito y el Piraña, o esa maravilla que es “Ni se te ocurra… dejar de verla” con Cruz y Raya.
Por eso, y aunque me encantan todas estas películas, yo creo que “Los hijos de…”, por otro lado tan ignota y desconocida, es una cosa aparte para poder juzgar a Luis María Delgado en su justa medida y calibrarlo debidamente.
Entretenida y diferente, amén de, por un lado, tener una dirección encomiable a la par que chapuceras maneras de solventar según que situaciones, yo creo que bien merece la pena echarle un vistazo.
Aunque es una película que apenas ha trascendido  después de su estreno en salas, lo cierto es que en su momento llegó a meter en cines 359.000 espectadores del año 1976. Un moderado éxito en su época, que coño.

martes, 10 de mayo de 2011

EL CHISTE

No hay cosa más española, ni con más aceptación popular, que los chistes. Y también es cierto que el chiste como tal es un tipo de humor en claras vías de extinción. 
Ya no hay cuentachistes, hay monologuistas.
Hasta bien entrados los noventa, muchos eran los que se ganaban la vida, y además a base de bien, contando chistes. Cintas de gasolinera (incluso C.D,s), galas en televisión… Hay contadores de chistes cuya fama y humor les llevó a protagonizar películas. Arévalo, sin ir más lejos, apareció en unas cuantas, Eugenio protagonizó la lisérgica "Un genio en apuros", y ni que decir que uno de los últimos bastiones del chiste, aún en activo, Chiquito de la Calzada, protagonizó sus buenas películas.
Pero en la actualidad el contador de chistes ha quedado relegado a infectas y añejas salas de fiestas, o escenarios de público casual como pueda ser el de los cruceros, donde los cuentachistes siguen siendo la guinda del pastel.
Por todo ello, una película como esta sería impensable 
en nuestros días. Sin embargo, hace escasas tres décadas sí era viable e incluso, pudiera ser, un gran negocio. Un largometraje centrado en contar chistes al espectador.
Tras esta reflexión, pasamos a la película de marras que data de 1976, época en que los chistes eran una cosa popular; de la tasca, y del café Gijón, del analfabeto y del aristócrata. Un tipo de humor totalmente democrático.
"El chiste" es un homenaje a esa forma de humor. El invento consiste en escenificar una serie de idems que, intercalados con otros contados por actores y cómicos más o menos populares de la época, van dando forma a la película. Obviamente, ante tanta ristra de chistes, algunos son resultones, otros rozan lo patético y es curioso comprobar como funciona mucho más el chiste contado que el escenificado. Digamos que en lo que a escenificación de chistes se refiere, esto es como las películas de "Jaimito", pero de otra manera más directa. A cada chiste le precede un cartel con el título del mismo.
Si me he de quedar con alguno, sin embargo, es con uno escenificado, en el que Manolo Zarzo al teléfono dice: -“ Mañana voy a hacer una matanza. Tengo al cerdo aquí en mi alcoba”. –“¿Que lo tienes en tu alcoba?”- responde el individuo al otro lado de la línea. – “Entonces olerá muy mal”. – A lo que Zarzo responde: -“Que se joda”. En fin, en este caso, seguro que visto, es mucho más gracioso que contado. Pero es que yo no tengo ninguna gracia a la hora de contar chistes. Mucho menos, escribiéndolos.
Por esa pantalla van desfilando, actuando o contando chistes, gente de la talla de Juanito Navarro, Tip y Coll, Antonio Garisa, Paco Cecilio, Lusson y Codeso, Zori y Santos, Rafael Hernández, Emilio Laguna, Tono, Alfredo Mayo, Manolo Zarzo… en fin, una ristra de cómicos considerable.
Como película, el hecho de que cada chiste ficcionado requiera de un escenario distinto, me lleva a pensar lo costoso y jodido de rodar que fue esto.
No obstante, lo raro del asunto (¡hacer una película de chistes!) y lo simpático de la propuesta, a lo que añadimos una duración más que escueta, si tienes una noche tonta y quieres ver algo que pase ligerito, no conlleve mucho esfuerzo y se te olvide con la misma facilidad con la que te pones a verlo, "El chiste" es la película adecuada.

viernes, 18 de enero de 2019

NO SOMOS DE PIEDRA

“Juguetes rotos” puede que sea uno de los films más personales de Manuel Summers, sin embargo fue un descalabro en taquilla de padre y muy señor mío. Ante esta tesitura, el director lepero optó por cultivar, en lo sucesivo, una suerte de cine popular que gustara al gran público que, como confesó el propio director “al fin de al cabo es el que paga”. En consecuencia de esto, Summers concibe “No somos de piedra”, una comedieta ligera con alto contenido sexual que, por protagonismo absoluto de Alfredo Landa, se adscribe al “landismo” casi de forma accidental.
Con un guión a pachas con Juan Miguel Lamet, “No somos de piedra” se sostiene sobre dos tramas que ocupan el grueso de la película, en lo que es una estructura narrativa un tanto extraña para una película española de los años sesenta. Por un lado, la película cuenta como un hombre de familia numerosa  tiene que lidiar con las calenturas que le provoca la presencia de la nueva niñera, una ex prostituta proveniente de un programa de inserción social para señoritas de la vida, que entre lo jamona que está y las minifaldas que gasta, hacen pasar a nuestro protagonista unos momentos muy malos. Por otro lado, harto de tantos hijos, tendrá que ingeniárselas para que, por medio del engaño y las malas artes, su esposa comience a tomarse la píldora anticonceptiva, cosa esta a la que se opone al ser una mujer de moral cristiana. Los tejemanejes que se trae Landa para conseguirlo conforman el material cómico y, ergo, traen consigo los mejores gags.
Summers era un valiente, porque con “No somos se piedra”, pese a ser la película menos Summers de cuantas hizo, aborda temas que eran más que peliagudos, máxime teniendo al caudillo vivo. Entonces, Summers introduce el sexo en su comedia en la medida de lo posible; estamos en 1968 y ver carne por encima de la rodilla es ya un atrevimiento. Pues vemos el muslamen de Ingrid Garbo. Por otro lado, la osadía de hacer una apología de la píldora anticonceptiva —contrarestada por la oposición total de la esposa del protagonista principal, artimaña esta muy inteligente para poder contar lo que le da la gana— se me antoja todavía más suicida que el mostrar minifaldas. Lo que me extraña es que no hubiera en la época una controversia sonada al respecto al ser tomado el tema con toda ligereza. Y a lo mejor no la hubo por el mero hecho de que “No somos de piedra” no fue un fracaso tan grande como el de “Juguetes rotos”, pero apenas la vieron 390.000 espectadores, con lo que la estrategia comercial tampoco le fue muy bien.
Sin embargo, sí que se trata de una pieza seminal para todo lo que vendría después. Summers se agarró al cine comercial como un clavo ardiendo, eso sí, siendo lo suficientemente inteligente como impregnar su sello de autor, dando unos toques de sensacionalismo a todas esas cintas de adolescentes embarazadas que vendrían después y que significarían las obras más significativas de su carrera.
Por lo demás,“No somos de piedra” se deja ver, sin más. Osadías a parte, se trata de una comedia populachera como tantas y tantas se parían a finales de los años sesenta, siendo del montón en cualquier caso.
Junto a Landa en el reparto, tenemos a Laly Soldevila, Emilio Laguna, una jovencísima Terele Pávez pre “Los escondites”, Maricarmen Prendes y Tip y Coll, que aparecen en la cinta en calidad de actores, es decir, que no hacen de ellos mismos.
 Ver y olvidar, sin más.

viernes, 25 de junio de 2010

SÚPER SELECCIÓN


¡Esto sí que es una selección, y no la mierda esa que tiene el seso sorbido a todo el planeta!
Arriba, de izquierda a derecha: Simón Cabido (Doña Croqueta), Josema Yuste, Eloy Arenas, Raúl Sender, Andrés Pajares, Alfonso Lusson y Luis Sánchez Polak "Tip".
Abajo, de izquierda a Derecha: Juanito Navarro, Fernando Conde, Fernando Esteso y Jose Luis Coll.