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jueves, 20 de enero de 2011

EL RETORNO DEL HOMBRE LOBO

La creación más famosa de Jacinto Molina, "Waldemar Daninsky", mola, más que por su condición de licántropo, por ser un personaje totalmente atemporal. Con esto no quiero decir que las películas protagonizadas por él sobrevivan bien al paso del tiempo (todo lo contrario, lo llevan bastante mal). A lo que me refiero es que "Daninsky" lo mismo está en el medievo ("La bestia y la espada mágica"), que en los años setenta ("Dr.Jekyll y el hombre lobo"), que en los años cuarenta ("La marca del hombre lobo"). Esto lo convierte en individuo tremendamente impersonal, dando la impresión de que son distintos hombres lobos en cada película. Y esta es una adscrita a las protagonizadas por el "Waldemar Daninsky" barbudo, que aún consideradas por los “Naschystas” las mejores de su filmografía, a mi me parecen las peores. Son aburridas y no demasiado malas, con lo cual el elemento “risas” lo borramos de un plumazo..
Dirigida por el propio Jacinto Molina, "El retorno del hombre lobo" cuenta que tras ser ejecutados en la edad media, tanto la Condesa de "Bathory" como su siervo, el licántropo "Daninsky", serán resucitados en "tiempos actuales" por unas muchachas de vacaciones en los Cárpatos y unos profanadores de tumbas, respectivamente. Así pues, el pitote está servido.
A Paul Naschy ya le gustaban este tipo de “crossovers”, y si normalmente suelen funcionar, en esta, la primera de "Waldemar Daninsky" que se atrevió a dirigir el propio Naschy, la cosa resulta un revoltijo, entremezclado de conceptos e ideas, por los que es fácil perderse, en parte debido a un montaje más o menos torpe, y una dirección del todo incompetente.
Pero el atractivo de esta película radica en lo estético (toda es visualmente fascinante), por lo que es fácil perdonar unas cosas por otras.
En el reparto, y junto a Naschy, Julia Saly, Azucena Hernández y Rafael ("Terror en el tren de la medinoche") Hernández como uno de los profanadores. El otro es el orondo y terrorífico Ricardo Palacios.
En definitiva, muy regular.

viernes, 11 de diciembre de 2015

AGONIZANDO EN EL CRIMEN

Tras una operación quirúrgica, la novia de un cirujano pierde la vida. Este, enloquecido y con sus facultades mentales mermadas, pensando que su novia sigue viva, se dedicará a asesinar a estudiantes de medicina  a los que en un alarde de originalidad, cercenará las manos –no vaya a ser que estos recobren vida y les de por volver a operar a su novia, no te jode…- .
Como es de suponer, “Agonizando en el crimen” es un bodrio e tres pares de cojones, un thriller que coquetea con el fantástico y que aún teniendo un par de momentos visuales conseguidos –algún asesinato- o momentos propicios para la risa involuntaria –hay un bailecito yeyé en el que uno de los jóvenes que lo practica hace unas muecas con la boca que hacen pensar en retraso mental-, nunca nada de lo positivo que pueda ofrecernos esta película  es suficiente, si bien el único interés que posee es el film es el personal implícito en la misma.
A nivel histórico, hay que decir que se trata de la primera película protagonizada por Paul Naschy, y claro, como debut en un rol protagónico anterior a Waldemar Daninsky, este no aparece acreditado como Naschy, sino con el nombre de David Molba, que a su vez era el nombre artístico que usaba en sus inicios Jacinto Molina, por ser este más comercial que el autentico y genuino nombre, ya inherente a su persona.
Por otra parte, no deja de ser un anticipo a lo que más adelante sería la carrera de Naschy, el hecho de que el director de la misma sería Enrique López Eguiluz, quien después haría que Paul Naschy existiera en el mundo rodando “La Marca del hombre Lobo” y que tan pronto se apartaría del cine comercial tras rodar “Santo contra los asesinos de la mafia”.
Sin embargo, mucho más gracioso resulta el caballero que produjo, escribió,  compuso la banda sonora e interpretó al protagonista principal; según los créditos, este señor se hace llamar Juan. Así sin más. Claro que si indagamos un poco más descubriremos que se trata de Juan Logar, enemigo de Paul Naschy desde esta película y responsable de cosas como “Autopsia” o “El perfil de Satanás” que ya hemos comentado por aquí.
Lo gracioso de Logar es la interpretación tan desfasada que nos ofrece, si bien es cierto que por físico, incluso, recuerda terriblemente al Edward D. Wood Jr. De “Glen or Glenda” lo que en su calidad de hombre orquesta del cine más zetosillo,  no deja de ser revelador, ya que efectivamente, podríamos estar hablando de una especie de equivalente patrio del considerado “Peor director de la historia del cine”, siempre que tengamos en cuenta que, Logar, quién además rodó en vídeo hace un par de años una nueva película en calidad de productor/director es, a todas luces, infinitamente peor directos –y escritor, y actor- que Wood.
Más allá del interés que puedan generar estos personajes, el ver esta película es un acto vacuo.
Pero bueno, en peores plazas hemos toreado de todas formas….

miércoles, 22 de mayo de 2013

UM LOBISOMEM NA AMAZONIA

En los últimos años de vida, Paul Naschy logró salir de España para rodar películas en USA ( “The tomb of the werewolf” de Fred OlenRay  y “Contess Dracula´s orgy of blood” de Don F. Glut) o en Brasil, caso este de “Um lobisomen na amazonia”, mientras además curraba en este país que tanto le ha ninguneado, cosas tan potables como “Rojo sangre” o “La herencia Valdemar”. Lo curioso es que cualquiera de las películas que rodó aquí en los últimos años, ya sea porque efectivamente tienen más calidad o más gracia, son infinitamente mejores que aquellas que rodó en los países dónde tanto se le admiraba. Allí el Lon Chaney patrio fue pasto de los productos video cluberos más infames y cutres.
Pero el caso de su incursión en la tierra de las fabelas, es poco menos que deleznable.
Un remedo de conceptos lleno de guiños a todo tipo de películas de terror rodado en vídeo donde, efectivamente, Naschy es el protagonista, aunque da la sensación de que Iván Cardoso, uno de los directores punteros del fantástico brasileño, se toma a Naschy y al cine de terror en general a cachondeo. La película tiene poco presupuesto, de acuerdo, pero no por eso hay que exagerar lo “cool” de la propuesta y enfatizar en el humor voluntario, haciéndolo pasar por involuntario, que es lo que le pasa.
El Doctor Moreau, tras empollarse los cuadernos del Doctor Menguele, acude junto con su ayudante contrahecho Zoltar a algún lugar perdido de la Amazonia. Allí, crea una raza de Amazonas para no se qué cojones, mientras busca la cura de su enfermedad. Mientras, un grupo de jovencitos sin cerebro, son devorados por un hombre lobo. Y mira tu por donde, la licantropía resulta ser la enfermedad incurable del Doctor Moreau.
Una patochada mayúscula, con un Paul Naschy ya muy mayor, revolcándose con señoritas de dudoso buen ver, que para nada hace justicia a sus anteriores películas del hombre lobo, por mediocres que muchas de ellas pudieran ser. No en vano, al menos han evitado que esta fuera una más de la saga de Waldemar Daninsky, en pro al poupurri de referencias de la que se hace eco la historia.
Mala, antipática y aburrida, al menos nos echamos unas risas (en los momentos en los que se supone que no debemos) con las conversaciones, hablando todos los personajes en su idioma materno, el portugués, a excepción de Paul Naschy, que habla en perfecto castellano. Aún así, ni Naschy tiene problemas para comprender el portugués, ni el resto de los actores lo tienen para entender el castellano.
La cosa está en que a mí, que el Doctor Moreau se haya convertido en un hombre lobo, me parece una gilipollez total, y esta película me provoca vergüenza ajena. Ni lo exótico de su procedencia la salva de la quema.

lunes, 27 de mayo de 2024

A MEIA NOITE LEVAREI SUA ALMA

Me declaro fan del mito brasileiro José Mojica Marins alias Zé do Caixao, me fascinan todas y cada una de sus películas —solo me faltan tres o cuatro por ver— y. sobre todo, me fascina la forma en la que une elementos de cine de terror con un rollo más experimental (que uno no sabe muchas veces si ese tono arty es consecuencia del bajo presupuesto o una intención genuina, lo cual hace que me fascine aun más) Me encanta cuando se pone en modo megalomaníaco e interpreta a sí mismo en crisis de inspiración y atormentado por su propia creación, José el de los ataúdes, como en, por ejemplo, “Exorcismo negro” Pero cuando de verdad me parece un individuo muy apto es en el momento que se pone a hacer cine de terror convencional. En ese sentido, “A meia noite levarei sua alma”, es, sin duda, una de mis películas favoritas, no ya de cine de terror, sino de cine en general.
Verdad o mentira, Marins siempre cuenta que, sumido en la depresión a causa de no poder llevar a cabo las financiaciones para sus proyectos y en la más absoluta ruina, un buen día, delirando como un anormal, soñó con un tipo que, vestido de enterrador y con sombrero de copa, le arrastraba hacia su propio ataúd. Y que justo ese enterrador era Zé do Caixao. Demasiado onírico para creérselo del todo, pero bueno, aceptaremos lo del sueño como génesis del personaje. Rápidamente tenía un proyecto que ofrecer a los productores y que se materializaría en la película que nos ocupa, tras vender José su casa y su coche para financiarla, probablemente la primera película de terror del cine brasileño, con un plan de rodaje de tan solo trece días y siendo el debut en la pantalla de un mito que, salvando las distancias (y aunque lo llaman irritantemente el Freddy Krueger brasileño) podría formar triunvirato con los mitos del horror latino (esto es, junto a los Templarios y Waldemar Danisky) así como formar parte de los monstruos modernos (Jason, Michael Myers, Freddy, Chucky y hasta Candyman…) y no, como sus más acérrimos defensores sostienen, de los clásicos (Momia, Drácula, Frankenstein…) Eso sería jugar en otra liga.
A título personal considero “A meia noite levarei sua alma” una obra maestra, cuyos visibles y evidentes defectos (mala iluminación, saltos de eje, raccord o desenfoques criminales) no hacen más que otorgarle un estilo siniestro y desasosegante. Quizás ese ambientillo salio de chorra por tratarse de la primera vez que Marins abordaba el género, porque lo cierto es que, posteriormente, ninguna de sus películas, teniendo todas y cada una su punto, serían ni parecidas a esta.
Zé do Caixao es el enterrador de un villorrio de Sao Paulo que tiene atemorizados a todos los habitantes, por su ateísmo, su nivel de chulería y su violencia. Asimismo, la obsesión de este es la continuidad de la sangre, es decir, dejar un legado a través de un hijo. Pero para eso su esposa Lenita, a la que tiene esclavizada, no le sirve. Terezinha, la novia de su amigo Antonio, es buena para la crianza, por lo que, en su obsesión, va a asesinando a todos sus allegados para así, tranquilamente, poder violar a Terezinha y engendrarla. Por el camino, el blasfemo Zé do Caixao hará tanta maldad como pueda y desafiará a los mismos muertos, para dejar claro que es, ante los ojos de dios y de los mortales, un ser superior.
Como os digo, una maravilla.
Sin embargo, es muy curioso el lugar que ocupa esta película en lo que es la cinefilia en general, porque si bien es cierto que, según donde, está súper bien considerada (a mí me parece magnífica), por otro lado la crítica un poco más generalista dice que hay mucho flipado al respecto y que “A meia noite levarei sua alma” no es para tanto. Regis Tadeus, periodista principalmente musical pero conocedor de la materia, dice que la película tiene mucho valor, sobre todo, por lo que Mojica Marins fue capaz de hacer con un presupuesto irrisorio, pero que el culto que se le rinde se ha ido de madre, habiendo gente que la considera un clásico cuando en realidad no es más que una película barata y resultona.
En cualquier caso, y tras los muchos problemas que tendría Mojica Marins el resto de su carrera con la censura brasileña (“A meia noite…” lo sufrió especialmente, no por que mostrara violencia salvaje y misoginia, sino por el mensaje blasfemo), lo que sí que es cierto, muy por encima de la calidad de su obra, es que consiguió crear un personaje fascinante y con un carisma arrollador capaz de generar todo tipo de merchadising, ya sean muñequitos, comics, fiambreras o discos de samba con la “Sambinha do Zé do Caixao”. El culto que le rinden al personaje un nutrido número de grupos de metal brasileño es abrumador, del mismo modo que lo es el curioso caso de una empresa de pompas fúnebres que puso al negocio el nombre de Zé do Caixao.
En cuanto a “A meia noite…”, su rodaje está lleno de leyendas, sean auténticas o no. Como aquella que dice que cuando el director de fotografía se negó en rotundo a rodar una secuencia por falta de luz, José Mojica Marins le obligó a punta de pistola —con los años Marins no desmintió esta anécdota, aunque sí aseguró que no era un arma real, sino parte del atrezzo—, o aquella que dice que la araña morunga con la que Zé asesina al personaje de Terezinha era de verdad (cosa que, evidentemente, se ve en pantalla). También es célebre la historia que cuenta que, como tenía un estudio alquilado para rodar los interiores —toda la peli, salvo un par de exteriores, está hecha en el estudio—, mandó a su equipo a robar árboles a la plaza del pueblo para atrezzar el cementerio, con tan mala suerte de que les pillaron y tuvieron que rendir cuentas ante la justicia por robo de flora comunitaria.
Por otra parte, una de las características del personaje de Caixao son sus enormes y desagradables uñas. Lo cierto es que, para cuando Marins rodó la película, tan solo tenía las uñas de los pulgares un poco largas, el resto las llevaba cortadas a ras del dedo, por eso tuvieron que ponerle unas falsas en maquillaje. Las que vemos en pantalla no son de Marins. En películas posteriores sí serían genuinas, Marins se las dejó crecer hasta una longitud absurda y un aspecto repugnante, que le iban muy bien al personaje, pero que, por otro lado, eran una puta guarrería. Tardaría muchos años el cineasta en cortárselas, y tan solo lo haría cuando las continuas roturas estaban mermando el aspecto de las mismas.
Por otro lado, en un principio Marins quería haber hecho seis películas de ficción sobre el personaje, ambientadas en el universo Zé do Caixao propiamente dicho. Pero, debido a las dificultades que el director siempre tenía a la hora de levantar una película, estas se iban posponiendo hasta tener que abortarlas. Sin embargo, cada vez que conseguía levantar un proyecto, de algún modo incorporaba a Zé do Caixao en el mismo, aunque de forma onírica o como personaje siniestro que pasaba por allí, nunca en continuidad con la historia inicial del enterrador que busca la mujer perfecta para engendrar a su vástago. Y esto me resulta harto curioso porque, aunque en la filmografía de Marins existen ocho títulos con la presencia de Zé, solo tres serían oficiales; esta “A meia noite levarei sua alma” de 1964, la que le sigue, “Esta noite encarnarei no teu cadáver” de 1967 y,  rodada 40 años después, “Encarnaçao do demonio”. Eso sin contar las películas de otros directores que también incluían a Zé do Caixao en sus historias (por ejemplo “O profeta da fome” de Maurice Capovilla… un film francamente engañoso porque solo cuenta con Marins como actor, interpretando a un tal Fakir Ali Khan, pero en el póster promocional aparece con su sombrero de copa y su capa, para que todo parezca indicar que estamos ante una película del personaje. Una engañifa brasileira) o la infinidad de cortos o videoclips en los que participó el bueno de José de los ataúdes.
En definitiva, un universo apasionante el de Mojica Marins. Para los que no tengan intención de iniciarse ni por el forro, pero sí sientan algo de curiosidad, recomendarles que vean “A meia noite…” porque, sea como sea, lo que sí que verán es una buena película. El resto, bueno, es otro rollo. Pero esta es una imprescindible.
Por cierto, en 2015 la televisión brasileña produjo el biopic sobre José Mojica Marins en formato serie de siete capítulos, que ahonda en su vida personal así como en la obsesión con su personaje más popular. De momento no he podido dar con la forma de verla, pero lo cierto es que me cago de ganas.