A los gacetilleros americanos, esos que gustan tanto de realizar listas clasificando lo más deficiente, señalan esta película como la peor de cuantas se han rodado a cerca del mito de Frankenstein. Eso a grandes rasgos para que nos hagamos una idea de a lo que nos enfrentamos. Y quizás se quedan cortos en cuanto a sus apreciaciones. “Frankenstein Hospital General” es francamente mala, una de esas comedias que no hacen gracia cuando lo pretenden… ni tampoco cuando no. Sustentada a base de estúpidas conversaciones —porque el presupuesto es tan bajo que no llega para ningún gag visual a la spoof— cuenta la historia del bisnieto del Dr. Frankenstein, que se hace llamar Dr. Frankenheimer y trabaja en un hospital. En el sótano ha montado un laboratorio donde, con la ayuda de un contrahecho llamado Iggy, pretende juntar partes humanas con el fin de dar vida a una criatura superior. Cuando lo consigue, esta da signos de clara subnormalidad, sembrando el caos en el hospital. ¿Les suena, más o menos? Efectivamente, “Frankenstein Hospital General” trata de ser una sucesora de “El jovencito Frankenstein”, pero, como si de la misma criatura de la película se tratara, esta ha salido bastante subnormal.
Rodada en color en las escenas que transcurren dentro del hospital, se torna al blanco y negro en las que los protagonistas se encuentran en el laboratorio, en imágenes que parecen directamente plagiadas —mal plagiadas— del clásico de Mel Brooks. Esto sería el único toque original de toda la cinta que, a su vez, es su mayor torpeza, evidenciando lo mucho que se quiere parecer a “El jovencito Frankenstein”, máxime cuando hace acto de presencia el monstruo cuyo parecido al interpretado por Peter Boyle es manifiesto. Hasta emite la misma clase de sonidos. Y el espectador acaba sonrojando.
El resultado de esta comedia paródica es verdaderamente desasosegante. Un total y absoluto aburrimiento. La nada.
A finales de los años ochenta, rozando los 90, cuando esta película de 1988 fue lanzada directamente a vídeo por el sello Midwest (que era uno más de los subsellos de la mítica distribuidora Record Vision) en nuestro país, recuerdo ver la caratula en las estanterías y pensar que se trataba de una mala película de terror, porque eso es lo que parece si no nos fijamos bien y reparamos en que el edificio que representa el hospital, es también una cabeza de Frankenstein. Como fuere, nunca le dediqué mucha atención hasta hoy que me ha dado por verla.
El protagonista, no obstante, es un actor cómico de mucho talento que solamente sale en mierdas —con la excepción de la descojonante “Jeckyll & Hyde… Hasta que la risa nos separe” a la que adoro pero que, por norma general, está considerada también una peste—, Mark Blankfield, cuya filmografía la componen papeles secundarios y apariciones estelares en diversos spoofs (incluidos los de Mel Brooks), y que aquí da vida a un trasunto del Dr, Fronkonsteen de Gene Wilder poniéndole muchas ganas pero sin brillar en absoluto, por culpa, quizás, de la puta mierda de guion que tenía que escupir. Irwin Keyes, con su particular físico y gigantismo, da vida a un monstruo de Frankenstein que sería bastante convincente de no ser por lo más arriba expuesto; el intentar replicar, de modo nada inspirado, al de Peter Boyle. Pocos más destacarían en el reparto, pero, a modo de guiño, tenemos cameos imperceptibles para Bobby Pickett, el autor de la clásica canción “Monster Mash” que aparece un momentito en la película. Esta se vanagloria orgullosa de contar entre sus filas con Lou Cutell. ¿Quién es Lou Cutell? uno que en “El jovencito Frankenstein” hace de aldeano sosteniendo la antorcha cuando quieren linchar al monstruo.
En cuanto a la directora de “Frankenstein Hospital General”, que también es actriz y montadora así como desempeña cualquier tipo de trabajo para el cine, o es una cachonda o realmente se avergüenza de su trabajo, porque, aquí firma bajo el nombre de Deborah Roberts, pero en realidad se llama Deborah Romare (o Deborah Sahagun después de casada), y según el trabajo que haga firma con un apellido u otro. Así, puedes ver créditos suyos como Deborah Blanchette, Deborah Romare Sahagun o Deborah Sarmiento... poco importa, no hay ni un solo trabajo actoral o de dirección que podamos destacar por encima de este.
A día de hoy “Frankenstein Hospital General” está olvidadísima. Y no me extraña ni lo más mínimo.
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viernes, 27 de octubre de 2023
viernes, 8 de abril de 2022
FRANKENSTEIN 90
Comedia muy afrancesada (y francesa), sosa como ella sola, al estilo de la también franchute “Drácula e hijo”, “Frankenstein 90” es un cambio de tercio en la carrera de un cineasta que llegó a ser una influencia para Martin Scorsese, o cuyos films son exhibidos a modo de obra de arte en las instalaciones de MOMA de Nueva York: Alain Jessua. También es muy francés el hecho de que un director de prestigio un día decide realizar una comedia alocada.
Así, “Frankenstein 90” tiene como principal objetivo parodiar la obra intocable de James Whale, “El doctor Frankenstein”, siguiendo paso por paso los acontecimientos del clásico, pero adaptándolos a los años 80 cuando se rodó, trufando el argumento de una serie de gags y situaciones cómicas que lo cierto es que me resultan bastante poco graciosas. No resulta original ni la idea de base, antes ya parodiaron Frankenstein con mucha más gracia y tino Mel Brooks con “El jovencito Frankenstein” e incluso Armando Crispino desde Italia con “Frankenstein a la italiana”.
Un descendiente directo de Victor Frankenstein (que también se llama Victor Frankenstein) es un doctor experto en cibernética y decide acabar lo que su antepasado empezó; así pues se dedica por las noches, disfrazado, a robar partes de cuerpos muertos con el fin de crear una criatura y darle vida. Cuando lo consigue, esta le sale con un nivel intelectual bastante alto que lo lleva a soltar toda suerte de diatribas filosóficas. Cuando el monstruo ve hacer el amor con su novia a su creador, le da cierta envidia, por lo que el doctor le fabricará una novia a base de partes del cuerpo de strippers asesinadas. Por otro lado, al tener el monstruo un carácter bastante fuerte, las cosas se complicarán cuando interactúe con el resto de miembros de la sociedad.
El resultado de la película, muy europeo y particular, como dije al principio es soso y desangelado, apenas si funcionan un par de gags, pero se deja ver por la ligereza del asunto y por el papel del monstruo interpretado por el cantante Eddy Mitchell que con su corpulencia, sus cicatrices rojas (como si fueran cicatrices reales) y su tupé que hace parecer a su cabeza cuadrada como la de Frankenstein, tiene bastante gracia. Habida cuenta de la cinefilia del artista, cuyo nombre artístico viene dado en homenaje a uno de sus actores favoritos, Eddie Constantine, se comenta que durante el rodaje se lo pasó estupendamente, no así, Jean Rochefort, uno de los actores gabachos con más prestigio en su país, que se tomó su papel de doctor Frankenstein más como un trabajo alimenticio.
Poco más que decir al respecto, tan solo destacar su maravilloso póster, con esas caricaturas gomosas y desternillantes y contar como anécdota que “Frankenstein 90”, es citada como principal “placer culpable” por el director coreano de moda, el prestigioso —y oscarizado— Bong Joon Ho. Suyas son “Rompenieves”, “Okja” o, por supuesto, “Parásitos”.
Así, “Frankenstein 90” tiene como principal objetivo parodiar la obra intocable de James Whale, “El doctor Frankenstein”, siguiendo paso por paso los acontecimientos del clásico, pero adaptándolos a los años 80 cuando se rodó, trufando el argumento de una serie de gags y situaciones cómicas que lo cierto es que me resultan bastante poco graciosas. No resulta original ni la idea de base, antes ya parodiaron Frankenstein con mucha más gracia y tino Mel Brooks con “El jovencito Frankenstein” e incluso Armando Crispino desde Italia con “Frankenstein a la italiana”.
Un descendiente directo de Victor Frankenstein (que también se llama Victor Frankenstein) es un doctor experto en cibernética y decide acabar lo que su antepasado empezó; así pues se dedica por las noches, disfrazado, a robar partes de cuerpos muertos con el fin de crear una criatura y darle vida. Cuando lo consigue, esta le sale con un nivel intelectual bastante alto que lo lleva a soltar toda suerte de diatribas filosóficas. Cuando el monstruo ve hacer el amor con su novia a su creador, le da cierta envidia, por lo que el doctor le fabricará una novia a base de partes del cuerpo de strippers asesinadas. Por otro lado, al tener el monstruo un carácter bastante fuerte, las cosas se complicarán cuando interactúe con el resto de miembros de la sociedad.
El resultado de la película, muy europeo y particular, como dije al principio es soso y desangelado, apenas si funcionan un par de gags, pero se deja ver por la ligereza del asunto y por el papel del monstruo interpretado por el cantante Eddy Mitchell que con su corpulencia, sus cicatrices rojas (como si fueran cicatrices reales) y su tupé que hace parecer a su cabeza cuadrada como la de Frankenstein, tiene bastante gracia. Habida cuenta de la cinefilia del artista, cuyo nombre artístico viene dado en homenaje a uno de sus actores favoritos, Eddie Constantine, se comenta que durante el rodaje se lo pasó estupendamente, no así, Jean Rochefort, uno de los actores gabachos con más prestigio en su país, que se tomó su papel de doctor Frankenstein más como un trabajo alimenticio.
Poco más que decir al respecto, tan solo destacar su maravilloso póster, con esas caricaturas gomosas y desternillantes y contar como anécdota que “Frankenstein 90”, es citada como principal “placer culpable” por el director coreano de moda, el prestigioso —y oscarizado— Bong Joon Ho. Suyas son “Rompenieves”, “Okja” o, por supuesto, “Parásitos”.
lunes, 5 de septiembre de 2022
LA HIJA DE FRANKENSTEIN
Serie B (con un pie puesto en la serie Z) de finales de los años 50, “La hija de Frankenstein” es otro de esos clásicos que engrosan las listas de peores películas de la historia, así como se trata de un clásico del género indiscutible con hordas de fans a lo largo y ancho del planeta. En realidad, y como suele pasar con muchas de estas películas, no es tan mala como la pintan, ni tan divertida como en retrospectiva se nos quiere hacer ver, pero sí que se trata de una película entrañable y, sin duda, interesante.
Ambientada a mediados del siglo XX —es decir, la actualidad del año 1958— la película nos cuenta como el nieto del Doctor Frankenstein (que muy apesadumbrado por pertenecer a esa estirpe lo oculta al mundo haciéndose llamar, sencillamente, Dr. Frank), decide continuar con la obra de su abuelo creando un monstruo a partir de partes humanas muertas, solo que esta vez decidirá dotar a su creación de un cerebro femenino porque, según él, las mujeres están preparadas para obedecer mejor, así que tendrá un monstruo que obedecerá todas sus ordenes. Al mismo tiempo, con una poción de su invención convertirá a una jovencita de su entorno en un horrible monstruo sediento de sangre, que deambulará por la ciudad sin demasiado orden ni concierto. Entre medias, diálogos marcianos, un monstruo que golpea con el dorso de las manos en plan karateka y hasta numeritos musicales puestos unos detrás de los otros, que convierten a “La hija de Frankenstein” en un divertimento tonto con el que el espectador del siglo XXI, ya resabiado, se puede echar unas muy buenas risas. Más allá de eso la película no resulta tan loca y descacharrante como otras películas de la época.Rodada en tan solo seis días, el hecho más característico del film tras las cámaras, consiste en el equívoco por parte del maquillador Harry Thomas. El monstruo que aparece en la película en el guion iba a ser eminentemente femenino, pero a la hora de realizar la máscara del mismo nadie le dijo que el monstruo protagonista iba a ser mujer; tan solo le dijeron que tenía que hacer una máscara del monstruo de Frankenstein, así que la hizo masculina. Cuando en director Richard E. Cunha vio eso, le entraron los siete males porque ya no había más presupuesto para hacer una nueva máscara, así que tiró para delante con ella, haciendo los pertinentes cambios de guion al respecto y teniendo un monstruo de aspecto masculino pero al que todos se dirigen como si fuera una hembra. Porque la situación se soluciona haciendo ver al espectador que el cerebro que le han implantado pertenece a una de las protagonistas femeninas. Y asunto solucionado.
Thomas se defendió diciendo que si hubieran tenido la decencia de pasarle un guion antes de comenzar, nada de esto hubiera ocurrido. El espectador, por supuesto, celebra este error.
Por otro lado, “La hija de Frankenstein” es una de las películas que se rodaron bajo la asociación de Richard E. Cunha con el productor Marc Frederic, Layton Films, cuya misión era la de rodar 10 películas en dos años, con el fin de explotarlas en el circuito de sesiones dobles y autocines y sacarles el máximo rendimiento. Obviamente, el proyecto les salió medio rana porque solo les dio tiempo a hacer tres: Esta, “Invasión a la luna” y “Girl in room 13”. Como fuere, pasarían con estas películas a los anales de la serie B. Son títulos a los que se les procesa un gran seguimiento.
Otro dato curioso sería el que involucra a la estrella del cine mudo, Harold Lloyd, con esta película, o mejor dicho, a su hijo Harold Lloyd Jr. que tenía un papelito secundario en esta e incluso interpreta uno de los numeritos musicales que aparecen en ella. Como Lloyd Jr. estaba bastante implicado con “La hija de Frankenstein”, convenció a su padre para que permitiera que el final de la película se rodase en una finca de la que era propietario, por lo que la piscina en la que culmina la película, era propiedad de Lloyd.
Sin más, la cinta se disfruta moderadamente, pero mucho más cuando somos conocedores de estas pequeñas historias de la producción que son más hilarantes que la propia película.
En cuanto a su director, Richard E. Cunha, que en los años previos había estado trabajando para el ejército rodando infocomerciales de corte militar, no rodaría en su carrera muchas más películas a parte de las que hizo para Layton Films y que he mencionado con anterioridad, pero, estando cortadas todas por el mismo patrón, lo cierto es que se convirtió en uno de los nombres propios de la más genuina serie B de los años 50.
miércoles, 2 de febrero de 2011
FRANKENSTEIN CONQUERS THE WORLD
Peculiar producción "Toho" dirigida por su cabeza más visible, Ishiro Honda (o Isidro Honda, como hubo quien le llamó por aquí), en la que, con afán de internacionalizarse, se buscó un personaje conocido en todo el mundo para que peleara con sus famosos monstruos. "Frankenstein" pareció gustarle lo suficiente a los nipones y fue finalmente elegido.En plena guerra, los alemanes encuentran el corazón con vida del monstruo de "Frankenstein", que veinte años después acaba en un hospital de Japón. Termina metido mediante trasplante en el cuerpo de un niño que se convertirá en un "Frankenstein" gigante. Lo destrozará todo un poquito y peleará con su enemigo "Baragon".
No soy yo muy “Godzillero” ni “Tohero”, aunque hay un par de películas que me gustan, como puedan ser "King Kong se escapa" o "El hijo de Godzilla". Pocos títulos más han logrado llamar mi atención, no solo por lo extenso de la filmografía "Toho", sino por que con todas y cada una de ellas tengo la sensación de que ya se lo que voy a ver. Sin embargo, un exotismo de la "Toho" como el ahora reseñado, pues tengo que verlo. Y tras mucha búsqueda, por fin lo consigo y me encuentro más de lo mismo, pero peor.
Desconozco qué opinión puede tener al respecto un aficionado al "Kaiju", pero yo creo que la película no está a la altura de otros clásicos, y que a nivel risas, aunque inevitables en algunos momentos, tampoco es para tenerla muy en cuenta.
Con un buen puñado de actores caucásicos en el reparto, sin embargo lo mejor es el Japonés Koji Furuhata, que interpreta al "niño Frankenstein", y que, a parte de intentar hacernos creer que se trata de un occidental (cosa esta que no cuela ni aposta), se toma tan a pecho su personaje que parece que está interpretando a un retrasado mental. Los mejores momentos son los de "Frankenstein" a tamaño natural, los únicos con los que podemos soltar alguna risilla. Una vez crece y la película se convierte en un "Kaiju" más, pierde todo el carisma.
Muy mala, pero no seré yo el que os diga que no curioseéis.
Con un buen puñado de actores caucásicos en el reparto, sin embargo lo mejor es el Japonés Koji Furuhata, que interpreta al "niño Frankenstein", y que, a parte de intentar hacernos creer que se trata de un occidental (cosa esta que no cuela ni aposta), se toma tan a pecho su personaje que parece que está interpretando a un retrasado mental. Los mejores momentos son los de "Frankenstein" a tamaño natural, los únicos con los que podemos soltar alguna risilla. Una vez crece y la película se convierte en un "Kaiju" más, pierde todo el carisma.
Muy mala, pero no seré yo el que os diga que no curioseéis.
miércoles, 6 de junio de 2012
LA RESURRECCIÓN DE FRANKENSTEIN
Esta peli, originalmente nacida "Frankenstein Unbound", recibió mucho bombo y platillo en su momento (1990) porque suponía el regreso a la silla del director del amigo Roger Corman, tras casi 20 años únicamente ejerciendo de producer. Además, lo hizo a lo grande, dirigiendo, produciendo y co-guionizando (según la novela de un mindundi). Desafortunadamente (para Rogelio) el invento fracasó estrepitosamente, a España llegó directamente en vídeo y el amigo no volvió a dirigir nunca más.
El problema de "La resurrección de Frankenstein" (o uno de ellos) es que, pretendiendo ser super-original, se queda en terreno de nadie y, sobre todo, se la ve anticuada. Si en 1990 ya lo parecía, ahora no te digo nada. Corman retoma temáticas góticas ya que, se supone, eran su especialidad a rebufo del éxito que tuvo con sus célebres adaptaciones de Edgar Allan Poe, e incluso se repite -supongo que conscientemente- cuando rueda pesadillas, utilizando los mismos efectos (imagen deformada, humo...). Todo ello, sumado al rollito ci-fi de serie B algo descocada, los elementos casi Spielbergianos (coche futurista que habla en plan super-simpa) y otros propios del horror de la época (pequeños momentos de jugosa truculencia sangrienta) hacen que el mejunje se resienta y no logre satisfacer a ninguno de sus posibles espectadores potenciales.
Y es que la historia ya de por si es una chorrada como un camión: Un inventor del futuro ha creado el arma definitiva que desintegra aquello que toca, aunque lo que en realidad hace es mandar el blanco a otra época y/o dimensión. Sin embargo, la cosa tiene efectos secundarios, y tanto experimentar con átomos y tal ha formado una puerta temporal en el cielo de la que sale hasta un primo de Gengis Khan (este momento da un poco de vergüenza ajena y todo). Total, que la puerta interdimensional se lleva al científico a la época en la que Mary Shelley comenzaba a escribir su novela de "Frankenstein". Sin embargo, resulta que la muy golfa se basa en hechos reales, ya que el amigo Franken existe y ha creado, efectivamente, un monstruo que va matando peña. El científico intentará detener un ajusticiamiento equivocado (acusan a una niña de los crímenes del monstro) y se meterá en un montón de líos del copón.
No sé que pensarán ustedes, pero a mi este refrito me resultó algo indigesto. Casi hubiera preferido que Mary Shelley y Lord Byron se quedaran fuera de la historia, y todo se desarrollara dentro de la ficción pura, en un universo paralelo en el que Frankenstein y su monstruo existieron de verdad, por así decirlo. Hay algunos momentos sumamente ridículos, como cuando el prota (un cincuentón John Hurt) se folla a una Mary Shelley (Bridget Fonda) casi adolescente. O el mismo monstruo (by the way, creado por un convincente Raul Julia como Doctor F.), que probablemente sea lo más cutre del pack. Físicamente se parece al propio Roger Corman, luce un absurdo dedo de más en cada mano y, aunque a nivel estético lo de la "pupila del ojo cosida" queda muy bien, su función es absolutamente inútil (ya me veo a Frankenstein dejándose la paciencia ahí cosiendo tres o cuatro ojos distintos pa crear uno solo... ¿¿??). Aunque más inútil es el bicho, que cuando actúa, gesticula o habla, provoca una notoria risotada.
Al final la cosa se alarga y se alarga y se torna soporífera. En fin, la intención era buena y de entrada, la peli cuanto menos resulta curiosa, incluso simpática, pero a medida que avanza la cruda realidad se va imponiendo. Ya en 1990, Corman estaba -como director- más fuera de su tiempo que el propio protagonista de su epopeya, e hizo bien volviendo a terrenos productiles para parir pelis de tiburones con tentáculos, anacondas con dientes de piraña, vacas tocando el xilofón o lo que sea.
El problema de "La resurrección de Frankenstein" (o uno de ellos) es que, pretendiendo ser super-original, se queda en terreno de nadie y, sobre todo, se la ve anticuada. Si en 1990 ya lo parecía, ahora no te digo nada. Corman retoma temáticas góticas ya que, se supone, eran su especialidad a rebufo del éxito que tuvo con sus célebres adaptaciones de Edgar Allan Poe, e incluso se repite -supongo que conscientemente- cuando rueda pesadillas, utilizando los mismos efectos (imagen deformada, humo...). Todo ello, sumado al rollito ci-fi de serie B algo descocada, los elementos casi Spielbergianos (coche futurista que habla en plan super-simpa) y otros propios del horror de la época (pequeños momentos de jugosa truculencia sangrienta) hacen que el mejunje se resienta y no logre satisfacer a ninguno de sus posibles espectadores potenciales.
Y es que la historia ya de por si es una chorrada como un camión: Un inventor del futuro ha creado el arma definitiva que desintegra aquello que toca, aunque lo que en realidad hace es mandar el blanco a otra época y/o dimensión. Sin embargo, la cosa tiene efectos secundarios, y tanto experimentar con átomos y tal ha formado una puerta temporal en el cielo de la que sale hasta un primo de Gengis Khan (este momento da un poco de vergüenza ajena y todo). Total, que la puerta interdimensional se lleva al científico a la época en la que Mary Shelley comenzaba a escribir su novela de "Frankenstein". Sin embargo, resulta que la muy golfa se basa en hechos reales, ya que el amigo Franken existe y ha creado, efectivamente, un monstruo que va matando peña. El científico intentará detener un ajusticiamiento equivocado (acusan a una niña de los crímenes del monstro) y se meterá en un montón de líos del copón.
No sé que pensarán ustedes, pero a mi este refrito me resultó algo indigesto. Casi hubiera preferido que Mary Shelley y Lord Byron se quedaran fuera de la historia, y todo se desarrollara dentro de la ficción pura, en un universo paralelo en el que Frankenstein y su monstruo existieron de verdad, por así decirlo. Hay algunos momentos sumamente ridículos, como cuando el prota (un cincuentón John Hurt) se folla a una Mary Shelley (Bridget Fonda) casi adolescente. O el mismo monstruo (by the way, creado por un convincente Raul Julia como Doctor F.), que probablemente sea lo más cutre del pack. Físicamente se parece al propio Roger Corman, luce un absurdo dedo de más en cada mano y, aunque a nivel estético lo de la "pupila del ojo cosida" queda muy bien, su función es absolutamente inútil (ya me veo a Frankenstein dejándose la paciencia ahí cosiendo tres o cuatro ojos distintos pa crear uno solo... ¿¿??). Aunque más inútil es el bicho, que cuando actúa, gesticula o habla, provoca una notoria risotada.
Al final la cosa se alarga y se alarga y se torna soporífera. En fin, la intención era buena y de entrada, la peli cuanto menos resulta curiosa, incluso simpática, pero a medida que avanza la cruda realidad se va imponiendo. Ya en 1990, Corman estaba -como director- más fuera de su tiempo que el propio protagonista de su epopeya, e hizo bien volviendo a terrenos productiles para parir pelis de tiburones con tentáculos, anacondas con dientes de piraña, vacas tocando el xilofón o lo que sea.
lunes, 3 de octubre de 2016
EL HERMANO MÁS LISTO DE SHERLOCK HOLMES

Tras el éxito mundial de “El Jovencito Frankenstein”, al ser tentado Gene Wilder por el productor Richard A. Roth para que debutara como autor con una parodia de Sherlock Holmes, Wilder, creyendo que los méritos de “El jovencito Frankenstein” radicaba en su talento y no en el de Mel Brooks, decide escribir una parodia centrada en el hermano menor de Sherlock Holmes que firmará como guionista y director, además de, claro está, protagonizarla. Todo esto, sonaba de maravilla en el papel. Para ello, prácticamente, rueda un “Spin off” del "Jovencito Frankenstein", ya que toma a casi todo el reparto de aquella, la personalidad de sus personajes, y los adapta a las situaciones ambientadas en el Londres de Sherlock Holmes.
Lo que pasa es que, Wilder, a pesar de ser un excelente actor cómico, ni mucho menos es el genio de Brooks, por lo que el resultado de esta película es poco menos que infame y vergonzante. En serio, “El hermano más listo de Sherlock Holmes” es una autentica patata. De hecho, le dieron a Wilder presupuesto para que entregase un film de 140 minutos, y la duración final es de 89. No había por dónde coger aquella película.
Y es que Wilder es incapaz de hacer una buena parodia, entre otras cosas porque es incapaz de escribir un buen argumento. A día de hoy, sigo sin saber exactamente sobre que trata la película. Sabemos que aparece por ahí Sherlock Holmes, y que Gene Wilder es su hermano menor, torpe, necio y envidioso, pero más allá de eso, la película es un batiburrillo de chistes malos, peores y nefastos y numeritos musicales agrios e insoportables, que no en pocas ocasiones, incitan al espectador a dejar de ver la película.
El mayor problema es que Gene Wilder trata por todos los medios de repetir “El Jovencito Frankenstein”, contando con Marty Feldman, Madeline Kahn y Dom DeLuise y un estilo de humor directamente sustraído de la obra maestra de Brooks. Pero se notan tanto las intenciones de Wilder, que no son otras que plagiar -amparándose en la creación de un universo ficticio en el que los mismos actores interpretarán distintos roles en parodias de los personajes más importantes de la literatura de ficción- que da mucha vergüenza verle hacer el ridículo de esa forma. Entonces, si el chiste en la de Mel Brooks era que el protagonista no era el Dr. Frankenstein sino Fronkonstin, en esta, el hermano de Holmes, no será Sherlock sino Sherluck. Y así sucesivamente.
Todo esto sería excusable si la película tuviera un par de gags memorables, sin embargo, debe ser la cosa menos graciosa, carente de ritmo y aburrida de la historia de la comedia. Absolutamente insoportable.
En consecuencia, la película fue un fracaso absoluto. Sin embargo, en España, no llegaría a los casi cuatro millones de espectadores que llegaría a congregar “El Jovencito Frankenstein”, pero si que llegaría al millón y medio sin inmutarse, lo que está muy bien. Eso si, tardaría siglos en ver una edición en vídeo para los video-clubes, apareciendo al mercado casi de tapadillo. No había gustado a nadie.
Wilder, que en un principio estaba totalmente emperrado en dirigir para así hacer un uso correcto de sus guiones –y cobrar mayores royalties- después repetiría tras las cámaras rodando sus peores películas que son “El mejor amante del mundo”, “La mujer de Rojo” con la que conseguiría su gran éxito y la floja “Terrorífica Luna de Miel”. Quedó claro que su lugar estaba delante de la cámara, y si era en compañía de Richard Pryor, tanto mejor.
Por lo pronto, “El Hermano más listo de Sherlock Holmes”, es para matarle.
miércoles, 17 de julio de 2013
BLACKENSTEIN
Cuando a los principales gerifaltes del “Blaxplotation”
–blancos la mayoría de las veces- les dio por hacer suyos los géneros con
“Drácula negro” o “Black Gestapo”, a alguien con mucha menos pasta de la poca
que tenían ya los anteriores, pensó que igual que el “Blacula” había recaudado
unos buenos dividendos, sería una tontería no hacer lo mismo creando el
homónimo de Frankenstein, con “Blackenstein” (recientemente editada en dvd bajo
el título de “Black Frankenstein”), aprovechando que estos personajes no tenían
derechos de autor. Y William A. Levey, debutó, y lo hizo casi con calderilla.
Claro que si, por ejemplo, el “Drácula negro” tenía un acabado digno, este
“Blackenstein” era poco más que una carroña de tercera categoría, en la que
unas interpretaciones terriblemente desganadas, un argumento hilarante y unas
pequeñas dosis de casquería, a poco están de no llegar a superar la característica
principal de “Blackenstein” y de toda película mala que se precie: el
aburrimiento. Con todo, el conjunto es lo suficientemente bizarro como para que
pasemos por alto esas nimiedades, a favor, siempre, del “buatdafac”.
Una mujer negra acude a la consulta del Dr. Stein, que ha
llevado potentes investigaciones y experimentos con el ADN, para ver si puede
implantarle brazos nuevos a su novio, que los perdió en la guerra de Vietnam.
Obviamente, el doctor mostrará interés y se pondrá manos a la obra, además de
seguir trabajando en otros casos distintos con otros pacientes.
El ayudante del doctor confiesa a nuestra protagonista
estar enamorado de ella, y ante el rechazo de esta, en venganza, cambia el ADN
de su novio por el de otro paciente, lo que provocará que este se convierta en
un enorme monstruo negro con el pelo afro y cuadrado por encima, que se comerá
a todo aquél que se encuentre por delante… el jodido Frankenstein negro.
La cosa tiene su gracia por tratarse de una serie Z
americana, adscrita al “Blaxploitation” de terror, que es consecuencia de una
serie B de terror del mismo sub-género… así que estamos ante eso que llaman el
“Xplotation” del “Xplotation”, y eso siempre es interesante. Pero más que lo
desmarañado de lo que cuenta, a mi lo que me atrae no es todo aquello
exagerado, el gore , el aspecto del Frankenstein negro o todo lo “pop”… no. Lo
que me llama la atención poderosamente, es la absoluta incapacidad de todos y
cada uno de los implicados en esto. El necio del director, abusando de los
planos fijos, abusando de los primeros planos de frente, ahí, como el que no
quiere la cosa y sin que vengan a cuento, quizás por el desconocimiento de la
existencia de otros planos, o en caso de conocerlos, por no tener ni puta idea
de cómo se hacen, y si Frankenstein negro tiene que ir hasta el hospital de
veteranos a perpetrar una venganza,
veremos todo el trayecto desde el laboratorio del Doctor hasta ese
hospital, al paso que lleva el Frankenstein negrata… con lo que rellenamos
mogollón de metraje, sin que la intención principal sea rellenar metraje. Los
actores, lo peor de lo peor. Pero no por sus sobreactuaciones –ojalá
sobreactuaran- si no por la desidia con la que sueltan sus textos y las
poquitas ganas que tienen de aparecer en la película. Eso se transmite.
Si de algo sí es consciente la película, es de su condición
de “Blaxplotation”, así que meten en el soundtrack, a conciencia temas de Soul y Funk, aunque no queden bien
ni vengan a cuento, y aunque apenas tenga banda sonora… pero claro,
todo esto es por motivos presupuestarios, así que, por lo menos, compran dos
temas de tercera.
Del montador, poco más que decir que es un retrasado, y el
director de fotografía ciego, porque hay escenas en las que, literalmente, no
vemos nada. Pero a nivel global, siendo una peli más para no tener en cuenta
que para sí, sacia la curiosidad del cinéfilo que la busca.
Del director, William A. Levey, decir que empezó en el cine
de manera muy manazas y continuó con ciertas dificultades siguiendo manazas. Eso
si, un todoterreno manazas, de corta filmografía, pero que tocó todos los
sub-géneros de la “Xplotation”, con muy poca fortuna, y sin cosechar ni un solo
éxito. ¿Sus mayores meritos?, inició en la inmundicia mas chabacana a Debra Winger de jovencita en “Fantasías
Sexuales”, una “teen movie” primigenia, tocó el palo erótico con “En Washington
los senadores están calientes”, con “La fiebre del patín” hizo debutar a Scott
Baio en una “disco movie” tan en boga en los setenta, y sobretodo, es el
responsable de “Monaco forever”, más conocida como “Gay Karate Man”, en la que
hizo a debutar a Jean Claude Van Damme en una película en la que chupa pollas
y se deja reventar el ojete, mientras mete mano y acosa a jovencitos
heterosexuales, a los que curte el lomo a base de artes marciales por no
dejarse tocar.
Por si eso fuera poco, el guión de la cojonudísima (en su
contexto) “Patrulla de noche”, de la directora Jackie Kong, es también obra
suya, firmado bajo el pseudónimo de Bill Levey.
Todo eso, y un par de films menores de terror como
“Hellgate” en los noventa, le convierten en, probablemente, el director más
churretoso de la historia del cine, y del que menos info hay por ahí. Una
pena.
sábado, 25 de abril de 2026
CARNE PARA FRANKENSTEIN
Recuerdo perfectamente la rabieta de Forrest J. Ackerman en las páginas de un añejo "Famosos Monsters del Cine" a la hora de escribir sobre esta película. La ponía a bajar de un burro, especialmente centrando sus dardos en los excesos de hemoglobina e inmoralidad y machacando en el trayecto al padrino de todo ello, Andy Warhol, calificando sus nada complacientes primeras películas underground de insufribles. A ver, era una reacción lógica, al fin y al cabo Ackerman representaba al ayer, al cine fantástico apolillado, los clásicos vetustos e intocables, mientras los responsables de "Carne para Frankenstein" estaban, justo, en el espectro opuesto, la modernidad, además una salpicada de contra cultura, transgresión y provocación, más considerando el bagaje de sus responsables. Warhol abrazando el proyecto, aunque muy de aquella manera, casi más por hacer un favor al verdadero instigador, su pupilo Paul Morrissey, quien co-guioniza y dirige... ¿¿o co-dirige?? Siempre hubo un debate de cuanta fue la implicación del eterno y aplicado artesano Antonio Margheriti en la confección de este film (y el otro con el que va de la mano, "Sangre para Drácula", parido al año siguiente y de idénticas intenciones rupturistas -reseña en breve-) como parte del equipo italiano (de donde también sale el responsable de los efectos especiales, el mítico padre -físico- de "E.T.", Carlo Rambaldi). Unos decían que él era el genuino director y que el resto, cumpliendo con su imagen de ex-undergrounds, vivían en el caos y el hedonismo, sin aplicarse demasiado. Otros aseguraban que allí dirigía hasta el apuntador. Y Morrissey intentando convencer de que era SU obra y Margheriti solo respaldó la filmación de las escenas con trucos, pero nada más. Existe otra versión según la cual el director de "Virus" únicamente prestó su nombre al productor, colega suyo, para poder vender mejor la película. En fin, supongo que jamás sabremos la verdad absoluta pero... ¿a quién demonios importa?.
El doctor Frankenstein anda construyendo los cuerpos apolíneos y perfectos del hombre y la mujer del futuro. Tal es su dedicación, que doña Frankenstein se busca mozos atractivos entre la plebe para que la satisfagan sexualmente. Da la casualidad que el último de ellos era amigo del pobre desgraciado al que Doc decapitó para usar el cabolo como el idem de su criatura. En el momento que esta cobre vida (de manera bastante menos aparatosa a lo que nos tienen acostumbrados) y se encuentre con su ex-amigo, las cosas comenzarán a desmadrarse, mucho y muy sangrantemente, sobre todo porque al pobre mastuerzo ya no le tiraba eso del follamen en vida, y ahora, resurrecto, sigue pensando igual para mayor desespero de su creador.
Forrest J. Ackerman tenía razón en dos cosas, la cantidad de sexo y sangre que rula por los fotogramas de esta pieza -encima, toma marcada de paquete, parida en 3D- es generosa. Casi diría que hay más folli folli que hemoglobina, pero está la cosa bastante equilibrada. Tal vez sea el tremebundo desenlace cuando de verdad necesitaremos un chubasquero, rodado ello además con un gran guiñolesco sentido del espectáculo y el drama exacerbado. A ver, no es que la peli chorree humor (menos que sangre, seguro), pero está claro que tampoco se la tomaron muy en serio, había intención de dotarla de un aire delirante y culebronesco que el espectador más avezado seguramente captará. El resultado, pues hombre, está simpático. No es un peliculón, pero tampoco te aburres demasiado. Dejémoslo en astracanada chispeante, consumible, y estupendo reflejo de las libertades y desprejuicios del cine de aquella década.
En ese sentido, el reparto está a la altura. Un sensacional Udo Kier como desquiciado Barón Von Frankenstein de actitud arrogante e ideas prácticamente nazis. Su esposa, la extraña Monique van Vooren, en cuyo currículum localizamos materia tan variada como un capítulo del "Batman" sesentero, "El Decamerón", "Lesbianismo Asesino" o el "Wall Street" de Oliver Stone (!!!). De la prole resultante destaco a la niña, por fea y malrollera, Nicoletta Elmi, que había intervenido en sendos clásicos del fantástico fetuccini del calibre de "¿Quién la ha visto morir?" u "Orgía de sangre" y lo haría en tantos otros como "Rojo Oscuro", "El medallón ensangrentado" o, sobre todo, "Demons", dando vida a la siniestra acomodadora. Hablando de mujeres, la criatura con vagina, y que se pasa toda la peli en pelotas, es Dalila Di Lazzaro, cuyo bello palmito luciría en unas cuantas pelis para pajeros o en el "Phenomena" (the movie, no the horrible evento) de Dario Argento. El restante reparto viene repleto de segundones extraídos del cine popular ítalo parlante, especialmente mucho "peplum" y no menos "giallos". Sin embargo, sería feo obviar la presencia de Arno Jürging, quien interpreta al "Igor" de r-igor (ejem...) de la película, y lo hace a lo grande, histriónicamente, soltando tremebundas miradas y, sobre todo, sacando lascivamente la lengua viperina o, directamente, lamiendo las recientes cicatrices de la criatura con vagina. Toda una puesta a prueba del estómago de los sufrientes espectadores.
Del clan de los estrictamente Warholianos -director aparte-, rescatamos al guapo pero soso Joe Dallesandro, mostrando hasta el rabo (le vimos de idéntica tesitura en los tres clásicos de Paul Morrissey, "Trash", "Flesh" y "Heat") y en funciones de co-guionista Pat Hackett, quien hizo tres cuartos de lo mismo para Warhol con "Bad", sin embargo, no aparece acreditada. Tampoco el prestigioso Tonino Guerra, guionista de exquisiteces para el esnob medio como "Amarcord", "La Aventura" o "Blow-Up". Supongo que el ego de Paul Morrissey era demasiado grande como para asumir una co-paternidad.
El doctor Frankenstein anda construyendo los cuerpos apolíneos y perfectos del hombre y la mujer del futuro. Tal es su dedicación, que doña Frankenstein se busca mozos atractivos entre la plebe para que la satisfagan sexualmente. Da la casualidad que el último de ellos era amigo del pobre desgraciado al que Doc decapitó para usar el cabolo como el idem de su criatura. En el momento que esta cobre vida (de manera bastante menos aparatosa a lo que nos tienen acostumbrados) y se encuentre con su ex-amigo, las cosas comenzarán a desmadrarse, mucho y muy sangrantemente, sobre todo porque al pobre mastuerzo ya no le tiraba eso del follamen en vida, y ahora, resurrecto, sigue pensando igual para mayor desespero de su creador.
Forrest J. Ackerman tenía razón en dos cosas, la cantidad de sexo y sangre que rula por los fotogramas de esta pieza -encima, toma marcada de paquete, parida en 3D- es generosa. Casi diría que hay más folli folli que hemoglobina, pero está la cosa bastante equilibrada. Tal vez sea el tremebundo desenlace cuando de verdad necesitaremos un chubasquero, rodado ello además con un gran guiñolesco sentido del espectáculo y el drama exacerbado. A ver, no es que la peli chorree humor (menos que sangre, seguro), pero está claro que tampoco se la tomaron muy en serio, había intención de dotarla de un aire delirante y culebronesco que el espectador más avezado seguramente captará. El resultado, pues hombre, está simpático. No es un peliculón, pero tampoco te aburres demasiado. Dejémoslo en astracanada chispeante, consumible, y estupendo reflejo de las libertades y desprejuicios del cine de aquella década.
En ese sentido, el reparto está a la altura. Un sensacional Udo Kier como desquiciado Barón Von Frankenstein de actitud arrogante e ideas prácticamente nazis. Su esposa, la extraña Monique van Vooren, en cuyo currículum localizamos materia tan variada como un capítulo del "Batman" sesentero, "El Decamerón", "Lesbianismo Asesino" o el "Wall Street" de Oliver Stone (!!!). De la prole resultante destaco a la niña, por fea y malrollera, Nicoletta Elmi, que había intervenido en sendos clásicos del fantástico fetuccini del calibre de "¿Quién la ha visto morir?" u "Orgía de sangre" y lo haría en tantos otros como "Rojo Oscuro", "El medallón ensangrentado" o, sobre todo, "Demons", dando vida a la siniestra acomodadora. Hablando de mujeres, la criatura con vagina, y que se pasa toda la peli en pelotas, es Dalila Di Lazzaro, cuyo bello palmito luciría en unas cuantas pelis para pajeros o en el "Phenomena" (the movie, no the horrible evento) de Dario Argento. El restante reparto viene repleto de segundones extraídos del cine popular ítalo parlante, especialmente mucho "peplum" y no menos "giallos". Sin embargo, sería feo obviar la presencia de Arno Jürging, quien interpreta al "Igor" de r-igor (ejem...) de la película, y lo hace a lo grande, histriónicamente, soltando tremebundas miradas y, sobre todo, sacando lascivamente la lengua viperina o, directamente, lamiendo las recientes cicatrices de la criatura con vagina. Toda una puesta a prueba del estómago de los sufrientes espectadores.
Del clan de los estrictamente Warholianos -director aparte-, rescatamos al guapo pero soso Joe Dallesandro, mostrando hasta el rabo (le vimos de idéntica tesitura en los tres clásicos de Paul Morrissey, "Trash", "Flesh" y "Heat") y en funciones de co-guionista Pat Hackett, quien hizo tres cuartos de lo mismo para Warhol con "Bad", sin embargo, no aparece acreditada. Tampoco el prestigioso Tonino Guerra, guionista de exquisiteces para el esnob medio como "Amarcord", "La Aventura" o "Blow-Up". Supongo que el ego de Paul Morrissey era demasiado grande como para asumir una co-paternidad.
domingo, 26 de diciembre de 2010
EL JOVENCITO FRANKENSTEIN
No cabe duda que esta es, no ya la mejor comedia de Mel Brooks, sino una de las mejores comedias de todos los tiempos, y uno de los extraños casos de parodias que superan con creces el material que homenajean. Por lo que a mi respecta, el "Frankenstein" de la "Universal" es cojonudo, pero "El jovencito Frankenstein" es infinitamente mejor, no solo por contener algunos de los gags más brillantes de la historia del cine, si no porque recrea la atmósfera de la original a la perfección. A lo que voy es que si "El jovencito Frankenstein" fuera una película de terror, sería más convincente el monstruo interpretado por Peter Boyle que el Boris Karloff. Y ahora que los puristas digan lo que quieran, que me la trae floja.¿Y cómo soporta la peli el paso de los años? Maravillosamente. Lo cierto es que no decae ni un poquito. Se sostiene por si misma desde el primer fotograma, desde la primera escena con Gene Wilder explicando sus teorías sobre la muerte cerebral, e insultando a la cobaya humana que le sirve para demostrar esas ideas (“cochino, cerdo, ¡HIJO DE ZORRA¡” ¿Se acuerdan? ) y mantiene ese ritmo hasta el final. De antología son los gags del encuentro del monstruo con la niña que tira flores al pozo, se le acaban y le pregunta “¿Y ahora qué tiramos?”. Boyle, para conseguir una estruendosa carcajada, tan solo tiene que mirar a cámara de manera cómplice. Ya sabemos lo que viene después, pero por si a alguno se le había olvidado, podemos ver a la niña volar por encima de la cabeza de sus preocupados padres, que se preguntan donde estará. La cría aterriza sobre su cama, a la par que sus padres abren la puerta, y allí se la encuentran durmiendo plácidamente. Una escena que solo podía haber sido coreografiada por un maestro. ¿Y qué decir del cameo de Gene Hackman? Ese ciego que pide a dios un poco de compañía y de pronto irrumpe el monstruo en su casa. En su intención de colmar a su visita de atenciones, por poco lo devuelve a la tumba, abrasado, empapado y quemado.
Y el mejor gag de la peli, justo cuando el monstruo ha cobrado vida, que Gene Wilder se está vanagloriando de su creación, a Igor, interpretado por el gran Marty Feldman no se le ocurre otra cosa que sacarse de su bolsilla un cigarrito y encenderlo, motivo este por el que descubrimos que el monstruo tiene miedo al fuego. Y me podía tirar así un rato largo (Nota de Naxo: Has olvidado el de "a... no se qué". Ese para mí es la joya)
A la hora de decidir si reseñaba o no esta peli he tenido dudas, porque, salvo que es genial en todos sus aspectos, no se qué más puedo decir de ella. Creo que de esta peli está todo dicho. Pero sí, me quería dar el gustazo de comentar lo buena que es y que forme parte de este blog, porque lo merece (la película.... y el blog, claro).
sábado, 30 de mayo de 2026
SANGRE PARA DRÁCULA
Y seguimos con el rey de los vampiros, matando dos plumíferos de un tiro porque, así, cumplimos con la cuenta pendiente de reseñar al film que, en doble sesión, acompaña/ba a aquel simpático y bizarro hito que fue "Carne para Frankenstein". "Sangre para Drácula" la parieron básicamente los mismos, pero el resultado es algo distinto. Justo, hace unas semanas leí en las páginas de "Fangoria" una entrevista de por ahí los dosmiles con el director de ambas, Paul Morrissey. Comentaba que con la reseñada ahora pretendía algo un poco más serio. Contenido. Menos demencial. Y, efectivamente, el mejor y más cómodo modo de definirla sería diciendo aquello de: "Coge "Carne para Frankenstein" y despréndela de todos sus excesos, especialmente los sanguinolentos, pero también los delirantes y obtendrás "Sangre para Drácula"". Considerando que la del "Moderno PrometeDo" únicamente funciona y entretiene gracias a esos mismos elementos tan llamativos, lo que quedará será un rollo patatero, tanto como para que los censores británicos no lo incluyeran en la lista de "Video Nasties", lo opuesto a lo ocurrido con su coetánea.
Drácula está en las últimas. Se muere de hambre porque no localiza vírgenes en Rumanía a las que churrupetear la hemoglobina. Su Renfield particular -Anton- le convence para trasladarse a Italia (país co-productor, obvio es) en busca de muchachas de himen intacto. Y proceden. Terminarán instalados en el casoplón de una familia aristócrata al borde la ruina compuesta por padre y madre + sendas hijas jóvenes y... ¿vírgenes? No todas, algunas se lían entre ellas o con el atractivo leñador que tienen empleado. A Drácula le costará dios y ayuda (y alguna indigestión) echarse un trago.
La idea de un Conde decadente se ha visto ya varias veces en el cine, aunque desconozco si este fue el primer caso, una decisión lógica viniendo de creadores tan subversivos como Morrissey y los suyos. Pero funciona. Lo cierto es que el personaje, y sus vivencias, son lo mejor de todo el film, en parte gracias a un grandioso, y muy adecuado, Udo Kier, quien tuvo que someterse a un régimen severo con el fin de quedarse en los huesos. Molan también esos paralelismos con la adicción a la heroína y Drácula sufriendo tremendos tembleques o vomitando la sangre de las víctimas equivocadas, imágenes estas que han devenido medianamente icónicas con respecto a la película y, un poco también, al fantástico de los setenta. PERO, ese temible pero, ahí quedan los méritos de "Sangre para Drácula". Bueno, vale, lo olvidaba, y el desenlace, que es cuando, por fin, recuperamos el gran guiñol truculento de "Carne para Frankenstein", con furia y crueldad. Lástima que la cosa se reduzca a diez minutos, porque lo demás es... pues eso, pura chapa. Diálogos y más diálogos, repetición de ideas (cuando el vampiro seduce y chupa a las hijas golfas para luego descubrir con horror que la ha cagado, son dos escenas básicamente idénticas que se suceden seguidas), una especie de metáfora sobre la guerra de clases, por aquello de aportar su granito intelectual, y poco más de llamativo, gracioso e ingenioso. Por supuesto definir "Sangre para Drácula" como terror es ser muy generoso. Supongo que lo más abundante acá es el drama. Cierto culebrón. Y unas gotitas de comedia. En fin, todo muy de los setenta.
Otros que regresan de "Carne para Frankenstein" son el histriónico "Igor" de aquella (extrañísimo Arno Jürging), aquí como el sirviente de Drácula y sin aparcar ni por un momento su tendencia a la mueca desaforada. En radical contraste está Joe Dallesandro y su guapo rostro inmóvil, soltando las frases que le dicta el guion como quien recita la lista de la compra. Complementan el elenco actoral dos nombres de peso, Vittorio De Sica como padre de familia y nada menos que Roman Polanski interpretando a un pueblerino. La guinda viene por parte las chavalillas, que actúan igualmente con sosería y, aunque un par de ellas se pasan media peli en pelotas y fornicando, gastan unos aspectos bastante anoréxicos capaces de asesinar la libido de un muerto de hambre -sexualmente hablando... bueno, y también en el otro sentido- de mi porte.
Tras la cámara, Andy Warhol poniéndose medallas que no le pertocan y Carlo Rambaldi ocupándose de los efectos especiales. Dada su escasez, supongo que el hombre se aburrió tanto como nosotros.
Drácula está en las últimas. Se muere de hambre porque no localiza vírgenes en Rumanía a las que churrupetear la hemoglobina. Su Renfield particular -Anton- le convence para trasladarse a Italia (país co-productor, obvio es) en busca de muchachas de himen intacto. Y proceden. Terminarán instalados en el casoplón de una familia aristócrata al borde la ruina compuesta por padre y madre + sendas hijas jóvenes y... ¿vírgenes? No todas, algunas se lían entre ellas o con el atractivo leñador que tienen empleado. A Drácula le costará dios y ayuda (y alguna indigestión) echarse un trago.
La idea de un Conde decadente se ha visto ya varias veces en el cine, aunque desconozco si este fue el primer caso, una decisión lógica viniendo de creadores tan subversivos como Morrissey y los suyos. Pero funciona. Lo cierto es que el personaje, y sus vivencias, son lo mejor de todo el film, en parte gracias a un grandioso, y muy adecuado, Udo Kier, quien tuvo que someterse a un régimen severo con el fin de quedarse en los huesos. Molan también esos paralelismos con la adicción a la heroína y Drácula sufriendo tremendos tembleques o vomitando la sangre de las víctimas equivocadas, imágenes estas que han devenido medianamente icónicas con respecto a la película y, un poco también, al fantástico de los setenta. PERO, ese temible pero, ahí quedan los méritos de "Sangre para Drácula". Bueno, vale, lo olvidaba, y el desenlace, que es cuando, por fin, recuperamos el gran guiñol truculento de "Carne para Frankenstein", con furia y crueldad. Lástima que la cosa se reduzca a diez minutos, porque lo demás es... pues eso, pura chapa. Diálogos y más diálogos, repetición de ideas (cuando el vampiro seduce y chupa a las hijas golfas para luego descubrir con horror que la ha cagado, son dos escenas básicamente idénticas que se suceden seguidas), una especie de metáfora sobre la guerra de clases, por aquello de aportar su granito intelectual, y poco más de llamativo, gracioso e ingenioso. Por supuesto definir "Sangre para Drácula" como terror es ser muy generoso. Supongo que lo más abundante acá es el drama. Cierto culebrón. Y unas gotitas de comedia. En fin, todo muy de los setenta.
Otros que regresan de "Carne para Frankenstein" son el histriónico "Igor" de aquella (extrañísimo Arno Jürging), aquí como el sirviente de Drácula y sin aparcar ni por un momento su tendencia a la mueca desaforada. En radical contraste está Joe Dallesandro y su guapo rostro inmóvil, soltando las frases que le dicta el guion como quien recita la lista de la compra. Complementan el elenco actoral dos nombres de peso, Vittorio De Sica como padre de familia y nada menos que Roman Polanski interpretando a un pueblerino. La guinda viene por parte las chavalillas, que actúan igualmente con sosería y, aunque un par de ellas se pasan media peli en pelotas y fornicando, gastan unos aspectos bastante anoréxicos capaces de asesinar la libido de un muerto de hambre -sexualmente hablando... bueno, y también en el otro sentido- de mi porte.
Tras la cámara, Andy Warhol poniéndose medallas que no le pertocan y Carlo Rambaldi ocupándose de los efectos especiales. Dada su escasez, supongo que el hombre se aburrió tanto como nosotros.
lunes, 9 de diciembre de 2013
EL HOMBRE QUE VIO LLORAR A FRANKENSTEIN
“El hombre que vio llorar a Frankenstein”, más que un
documental sobre la figura de Paul Naschy, es, al igual que el libro que se
editó por las fechas en las que se rodó el documental, un sentido homenaje a un
hombre que, efectivamente, había hecho mucho por el cine fantástico en nuestro
país, y que, además, acababa de morir.
Lo que se traduce, hablando “barriobajeramente”, en una monumental “comida de
polla”. Me parece bien, sobretodo porque en ningún momento se hace alusión a la
posible calidad de sus películas y, aunque tampoco se dice lo contrario, se
trata de un documental tremendamente honesto.
Y funciona a la perfección, porque si, de cualquier forma, como
fan de Naschy que me considero, el hecho de que fuera un documental de
cabezotes parlantes en el que dinosaurios de nuestro cine fantástico aparecen
parloteando sobre las bondades de Jacinto Molina, ya me hubiera bastado, imagínense
la impresión que me llevo de este que, además, cuenta con la presencia de fans
yankies, y celebres, de los que yo también puedo, o no, ser fan.
Así, presentado –muy
bien, además- por Mick Garris, el documental cuenta con la presencia de gente
como Don Glut, que dirigió la primera película americana de Naschy, la
horrorosa, pero curiosa “Countness´s Drácula Orgy of Blood” que afirma que
cuando se enteró de que a Naschy se le homenajeaba en los USA, corrió a
contratarle para pegarse el gustazo de dirigirle en una película, o dos de los
directores cuyas películas sobre hombres lobo, son las mejores que se han
rodado en la historia, Jonh Landis (“Unhombre lobo americano en Londres”) y Joe Dante (“Aullidos"). Mientras que el
primero comenta que era un gran fan del hombre lobo español, y cuenta
curiosidades sobre los estrenos yankies de sus películas – “La marca del hombre
lobo” se estrenó en USA con el engañoso título de “Frankenstein bloody horror”-
el segundo nos indica que uno de los hombres lobo de “Aullidos”, que lleva por
nombre Jack Molina, se llama así en
homenaje a Jacinto Molina, uno de los hombres lobo mas queridos por él.
Así mismo, Caroline Munro, discreta como ella sola, cuenta,
como siempre, la gran profesionalidad de su partenaire en “El Aullido del diablo” y Del Howison nos cuenta el encontronazo de Naschy con Forrest Ackerman.
Por lo demás, declaraciones de Javier Aguirre, Miguel Iglesias Bonns, Ángel Sala, Jack Taylor, María José Cantudo, Antonio Mayans,
así como de distintos familiares de Naschy, que entre lo que cuentan, las
imágenes de archivo y el repaso, no ya a la filmografía del actor/guionista/director,
si no a su propia vida, convierten el documental en una cosa harto entretenida,
y en una obra imprescindible para completistas de la obra de Naschy.
Produce el asunto
“Sci Fi World” (si, la revista), y
dirige Ángel Agudo, el mismo que se encargó de escribir la ultima
biografía de Naschy en salir al mercado.
Atentos a los títulos de crédito iniciales, calcados en
cuanto a estilo, a los de la serie “Masters of horror”. Claro que eso, quizás sea porque está Mick Garris de por medio.
Recomendable.
domingo, 9 de diciembre de 2012
LA VIDA SEXUAL DE FRANKENSTEIN
"Kiss me quick” (Bésame
rápido), es un “nudie” de los muchos que se rodaron en los años 60 que aparece
ahora editado en dvd en nuestro país, con subtítulos en castellano, en una
colección por packs que lleva el título de “Grindhouse” y que contiene cuatro películas
por pack, de lo más granado. Para la ocasión, y siendo los distribuidores más
explotadores que los artífices de la película, y en un alarde de cachondeo,
titulan a la película “La vida sexual de Frankenstein”. Y lo curioso es que en
esta película no folla ni el tato. Eso si, las tetas y los bailes ocupan un 85%
de la película.
Desde un planeta llamado
“Drupiter”, envían a la tierra a un extraterrestre con el fin de que se traiga
una hembra con la que aparearse, ya que en ese planeta solo disponen de
individuos de un sexo, el masculino.
Cuando llega a la tierra,
este llega a una mansión donde un doctor, además de tener por ahí a el monstruo
de Frankenstein, a una momia y algún monstruo más, tiene a un montón de señoritas, que utilizan
una maquina llamada “El erotizador” y que no paran de bailar y despelotarse
durante el escueto metraje de la película, a las que el llama esclavas sexuales.
En realidad, los monstruos de
la película son una vulgar patraña comercial, porque como era habitual en estos “nudies”, lo
importante es ver a todas estas señoritas, que en este caso están muy
buenas, bailando y haciendo strip tease
de lo más baratillo. Así que todo es una sucesión de numeritos eróticos donde
apenas vemos pelo, y de vez en cuando, aparecen los monstruos, mientras ellas
no paran de bailar ritmos ye-yes, mientras agitan violentamente sus
desmesurados pechos.
Pero no deja de tener su
gracia, puesto que todos los numeritos son comentados en “voz en off “por el
extraterrestre y el “mad doctor”, de forma machista y jocosa, y casi parece un
episodio más de “Science Teather 3000”
por el humor de los chabacanos comentarios.
Por otro lado me apasionan
los títulos de crédito, ya que estos no existen… tan solo vemos planos de unas
señoritas gozando, mientras una “voz en off “ femenina va diciendo, en tono
sexy, los nombres de los actores, el título y el resto del equipo.
Todo muy colorido, muy
“kitsch”, con fondos negros en algunas ocasiones, y los colores muy saturados,
dan apariencia agradable a la gilipollez resultante. Con lo cual y con la hora
y diez que dura, el sentido del humor que destila la cinta, y la señoritas que
están muy jamonas, ver la película, no resulta una experiencia del todo
insoportable, como suele ser habitual en este tipo de productos. Está
simpática.
Dirige Peter Perry Jr. un
habitual en “nudies” que siempre firmaba sus películas bajo pseudónimo. En este
caso lo hace bajo el nombre de Seymour Tuchus.
lunes, 4 de marzo de 2013
LA CARRERA DE LA MUERTE 2, EL ORIGEN
Lo primero que sorprende de esta segunda entrega del remake homónimo de Paul W.S. Anderson -con Jason Statham de prota-, es que parece haber sido confeccionada con más medios de lo habitual para lo que sería una "secuela directa a dvd". Uno podría dudar de ello; tal vez en los USA sí se estrenó en salas, solo que no funcionó y bla, bla. Pero no, basta con echar un vistazo al reparto para cerciorarse de que todo cuadra: ¿Ving Rhames, Danny Trejo y Sean Bean en plan "secundarios de lujo"?, ¡tate!.
Aunque el cartel lo ignore, en el doblaje se añade un "el origen" al título. Pues sí, esta segunda entrega recurre al manido truco de la precuela, narrando los hechos que precedieron a la primera y explicándonos cómo dio origen la puñetera carrera mortal y por qué y de qué manera. ¡Como si nos interesara!. Según Imdb (porque yo ni flowers... la parte 1 me gustó, pero no tanto como para recordarla al dedillo), "Death Race 2" basa su trama en el primer "Frankenstein", que muere al inicio de "Death Race 1" y del que Jason Statham heredaba el nombre/uniforme. ¿Ah, sí?, pues vale. El caso es que este, llamado Carl "Luke" Lucas, es el típico delincuente de buen corazón nacido para triunfar perdiendo, o perder triunfando. Guapo, calvo como Statham (pa no perder el hilo), bueno con los puños, gran conductor (¡obvio!), duro pero sensible, traicionado por sus compañeros de robos (él no quería que nadie muriera, ya saben), justo y, según una escena concreta, maravillosamente bien dotado sexualmente, el amigo Carl terminará envuelto en la carrera de la muerte muy a su pesar (y defendiendo a otro recluso, en este caso un autista, que no falte). Pero antes, toca el "Death Match", el precedente a las carreras de coches, es decir, prisioneros dándose de yoyas y matándose a palos para ser emitido mediante antena parabólica y saciar así la sed de sangre de la plebe. Tras ello tenemos al malvado mandamás de una gran corporación que todo lo domina (y no es la O.C.P, sino una que se llama igual que un amigo mío al que tenía mucha manía), interpretado por el bueno de Ving Rhames, y una zorrupia ambiciosa y despiadada que está bastante rica. Los combates dan pie a un motín, lo que obliga a sus creadores a buscar nuevas ideas, y ahí es donde se les ocurre el tema de los autos tuneados a lo "Mad Max 2". Hay una subtrama concerniente al ex-jefe del prota que lo quiere muerto y ofrece una recompensa a todo aquel que, estando entre rejas, se lo cargue. Y por lo demás, pues los ingredientes habituales de la saga y de cualquier muestra de cine chuloputesco destinado a los poco exigentes y muy impresionables paladares del público adolescente moderno: bugas, montaje follao, tipos duros, cachas y tatuados, lenguaje callejero y tías buenas, muchas tías buenas con metralleta, todas ellas reclusas, claro, no hay ni gordas, ni flacas, ni bajitas, ni marimachos, ni negras... en el futuro las cárceles de mujeres de los Estados Unidos irán repletas de pibones tremebundos. Lo normal.
Lo curioso de "La carrera de la muerte 2" es que deja de ser razonablemente entretenida, o soportable, justo cuando arrancan las carreras de coches. ¿Por qué?, ¿más de lo mismo tal vez?. No logran resultar emocionantes, ni espectaculares, a pesar del abuso de cámara lenta (pero abuso, abuso) y ciertos momentos de truculencia demasiado escasos. A medida que nos aproximamos al final la cosa se anima un poquico. Todos los enemigos de Carl "Luke" Lucas mueren en manos ajenas y él termina envuelto por las llamas, dando pie al nacimiento de "Frankenstein", con su careta de acero inoxidable y dispuesto a vengarse de los que le han manipulado y puteado (y aún están vivos). Es decir, poca cosa, tan poca que, nada más comenzar a relucir el personaje... ¡¡se acaba la puta peli!!. En otras palabras, habrá que intentarlo con la siguiente, "Death Race: Inferno" (aunque en la portada el prota sale luciendo su rostro normal... y eso no es "cool"), a base de casi idéntico reparto (salvo Sean Bean, "sustituido" en su función de actor video-clubero por Dougray Scott) y chanante eslogan: "la saga más macarra del cine".
Paul W.S. Anderson se reserva para la ocasión el rol de productor y de "ideador" de la historia de base... para lo cual, me supongo, no tuvo que hacer grandes esfuerzos (imagino que la escribiría en una servilleta de papel durante la primera reunión). Vamos, que el texto que reza al pie del cartel español es mentira cochina. Le acompaña una vez más Roger Corman, que como saben fue productor también no solo del remake, sino del simpático film original del año 75.
No corran por verla, déjenlo pa cuando les sobre mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho pero mucho tiempo.... y el aburrimiento alcance cotas incluso dolorosas.
Aunque el cartel lo ignore, en el doblaje se añade un "el origen" al título. Pues sí, esta segunda entrega recurre al manido truco de la precuela, narrando los hechos que precedieron a la primera y explicándonos cómo dio origen la puñetera carrera mortal y por qué y de qué manera. ¡Como si nos interesara!. Según Imdb (porque yo ni flowers... la parte 1 me gustó, pero no tanto como para recordarla al dedillo), "Death Race 2" basa su trama en el primer "Frankenstein", que muere al inicio de "Death Race 1" y del que Jason Statham heredaba el nombre/uniforme. ¿Ah, sí?, pues vale. El caso es que este, llamado Carl "Luke" Lucas, es el típico delincuente de buen corazón nacido para triunfar perdiendo, o perder triunfando. Guapo, calvo como Statham (pa no perder el hilo), bueno con los puños, gran conductor (¡obvio!), duro pero sensible, traicionado por sus compañeros de robos (él no quería que nadie muriera, ya saben), justo y, según una escena concreta, maravillosamente bien dotado sexualmente, el amigo Carl terminará envuelto en la carrera de la muerte muy a su pesar (y defendiendo a otro recluso, en este caso un autista, que no falte). Pero antes, toca el "Death Match", el precedente a las carreras de coches, es decir, prisioneros dándose de yoyas y matándose a palos para ser emitido mediante antena parabólica y saciar así la sed de sangre de la plebe. Tras ello tenemos al malvado mandamás de una gran corporación que todo lo domina (y no es la O.C.P, sino una que se llama igual que un amigo mío al que tenía mucha manía), interpretado por el bueno de Ving Rhames, y una zorrupia ambiciosa y despiadada que está bastante rica. Los combates dan pie a un motín, lo que obliga a sus creadores a buscar nuevas ideas, y ahí es donde se les ocurre el tema de los autos tuneados a lo "Mad Max 2". Hay una subtrama concerniente al ex-jefe del prota que lo quiere muerto y ofrece una recompensa a todo aquel que, estando entre rejas, se lo cargue. Y por lo demás, pues los ingredientes habituales de la saga y de cualquier muestra de cine chuloputesco destinado a los poco exigentes y muy impresionables paladares del público adolescente moderno: bugas, montaje follao, tipos duros, cachas y tatuados, lenguaje callejero y tías buenas, muchas tías buenas con metralleta, todas ellas reclusas, claro, no hay ni gordas, ni flacas, ni bajitas, ni marimachos, ni negras... en el futuro las cárceles de mujeres de los Estados Unidos irán repletas de pibones tremebundos. Lo normal.
Lo curioso de "La carrera de la muerte 2" es que deja de ser razonablemente entretenida, o soportable, justo cuando arrancan las carreras de coches. ¿Por qué?, ¿más de lo mismo tal vez?. No logran resultar emocionantes, ni espectaculares, a pesar del abuso de cámara lenta (pero abuso, abuso) y ciertos momentos de truculencia demasiado escasos. A medida que nos aproximamos al final la cosa se anima un poquico. Todos los enemigos de Carl "Luke" Lucas mueren en manos ajenas y él termina envuelto por las llamas, dando pie al nacimiento de "Frankenstein", con su careta de acero inoxidable y dispuesto a vengarse de los que le han manipulado y puteado (y aún están vivos). Es decir, poca cosa, tan poca que, nada más comenzar a relucir el personaje... ¡¡se acaba la puta peli!!. En otras palabras, habrá que intentarlo con la siguiente, "Death Race: Inferno" (aunque en la portada el prota sale luciendo su rostro normal... y eso no es "cool"), a base de casi idéntico reparto (salvo Sean Bean, "sustituido" en su función de actor video-clubero por Dougray Scott) y chanante eslogan: "la saga más macarra del cine".
Paul W.S. Anderson se reserva para la ocasión el rol de productor y de "ideador" de la historia de base... para lo cual, me supongo, no tuvo que hacer grandes esfuerzos (imagino que la escribiría en una servilleta de papel durante la primera reunión). Vamos, que el texto que reza al pie del cartel español es mentira cochina. Le acompaña una vez más Roger Corman, que como saben fue productor también no solo del remake, sino del simpático film original del año 75.
No corran por verla, déjenlo pa cuando les sobre mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho, mucho pero mucho tiempo.... y el aburrimiento alcance cotas incluso dolorosas.
domingo, 9 de agosto de 2015
LOS FOTOCROMOS (Y EL PÓSTER) DE “TRANSYLVANIA 6-5000”
Hablar de "Transylvania 6-5000" significa hacerlo de un personaje que desde chavalín siempre me llamó la atención, Rudy De Luca. Si algo destaca en su curriculum es la larga asociación que mantuvo con Mel Brooks, para quien co-escribió guiones ("La última locura", "Máxima Ansiedad") y actuó ocasionalmente ("La loca historia del mundo", "Spaceballs" o en la misma "Máxima Ansiedad" interpretando su personaje más mítico, el del asesino que se pirra por matar. Años después lo retomaría a modo de homenaje en "El silencio de los borregos", donde hizo amistad con su director, el infame Ezio Greggio. Tanto es así que volvería a colaborar con él como escritor en otro de sus spoofs, "Box Office 3D: il film dei film"... la tengo por ahí pero no me atrevo a verla). Cuando no curraba para el director de “Los Productores”, De Luca ponía su estampa en otras comedias bien reconocibles como “Cavernícola”. Todo esto, y un par de leves experiencias como director en la caja tonta, dio alas al caballero para debutar el año 1985 en el largometraje para cines con "Transylvania 6-5000", una comedia de terror. Resulta curioso que cuando los colaboradores de Brooks pasan a la dirección han de facturar, cuanto menos, una comedia de terror, caso también de la peli que comentamos hace un par de semanas, "Terrorífica luna de miel" de Gene Wilder. Es como si pensaran "Bueno, si se me asocia con Mel Brooks, y Mel Brooks es famoso por "El jovencito Frankenstein", eso quiere decir que lo más lógico sería hacer algo por el estilo". Craso error, porque tanto "Terrorífica luna de miel" como esta "Transylvania 6-5000" son productos criminalmente fallidos... en todo, pero especialmente en lo único que esperas de ellos: hacer reír. De hecho, después de esta peli, Rudy De Luca no volvió a dirigir absolutamente nada más (curiosidad: se asoció de nuevo con Mel Brooks para otro parodia del cine de terror ya en la etapa chunga del judío, la muy mediocre "Drácula, un muerto muy contento y feliz").
“Transylvania 6-5000” llegó aquí de la mano del infame/fascinante José Frade. Recuerdo que el cartel me flipaba, y no es pa menos -como pueden comprobar- porque está muy bien. Pero no fui al cine a verla, lo hice con la familia en casita gracias a las bondades del VHS. Desafortunadamente nos aburrió y no nos hizo desternillarnos de risa ni nada que se le parezca. La verdad es que no he vuelto a verla desde entonces, igual debería probar... tal vez..... Aunque tras lo experimentado con "Terrorífica luna de miel" no albergo muchas esperanzas.
La cosa va de unos periodistas de personalidades muy opuestas (uno muy escéptico, el otro todo lo contrario) que son enviados a investigar en un castillo de Transylvania porque dicen haber visto a la criatura de Frankenstein y otros monstruos. Cosas que recuerdo: el gag de cuando todo el personal del lugar sufre un ataque de risa al preguntar uno de los periodistas por los mentados seres (empezaba bien, pero se hacía muy largo) o el asqueroso, forzadísimo y estúpidamente meloso "happy end".
Sin embargo, en lo que "Transylvania 6-5000" sí destaca y mucho es en su extenso, florido y notable reparto. Tenemos a Jeff Goldblum, que no necesita presentación. Joseph Bologna (curiosamente venía de interpretar a uno de los amigos de Gene Wilder en "La mujer de rojo"). El rubito Ed Begley Jr. Carol Kane (de "Llama un extraño"). El pederasta Jeffrey Jones. Una erotiquísima Geena Davies, medio enseñando las tetitas, en su tercer papel pal cine que a mí de chaval me puso mu farruquito (fue en este rodaje donde ella y Goldblum se conocieron pa liarse más adelante). La actriz de comedia Teresa Ganzel, que mostraba las tetorras en "La gran locura americana" (lástima que de cara deje bastante que desear). El hoy detestado -por sus comentarios racistas- Michael Richards de "Seinfeld" interpretando a un agotador mayordomo obsesionado en resultar gracioso (otra de las cosillas que recordaba de la peli) y el propio Rudy De Luca parodiando a "Lawrence Talbot", el hombre lobo clásico, llamándose "Lawrence Malbot".
Para 2016, Rudy anuncia su regreso a la escritura cinematográfica abiertamente cómica con una cosa titulada "Big Finish". ¡Molt bé, home!.
Todo este macro-rollo tiene una utilidad: Introducir los fotocromos y el póster de la época que José Frade se encargó de fabricar para promocionar en las Españas "Transylvania 6-5000", cortesía, cómo no, de Alex Gardés...
“Transylvania 6-5000” llegó aquí de la mano del infame/fascinante José Frade. Recuerdo que el cartel me flipaba, y no es pa menos -como pueden comprobar- porque está muy bien. Pero no fui al cine a verla, lo hice con la familia en casita gracias a las bondades del VHS. Desafortunadamente nos aburrió y no nos hizo desternillarnos de risa ni nada que se le parezca. La verdad es que no he vuelto a verla desde entonces, igual debería probar... tal vez..... Aunque tras lo experimentado con "Terrorífica luna de miel" no albergo muchas esperanzas.
La cosa va de unos periodistas de personalidades muy opuestas (uno muy escéptico, el otro todo lo contrario) que son enviados a investigar en un castillo de Transylvania porque dicen haber visto a la criatura de Frankenstein y otros monstruos. Cosas que recuerdo: el gag de cuando todo el personal del lugar sufre un ataque de risa al preguntar uno de los periodistas por los mentados seres (empezaba bien, pero se hacía muy largo) o el asqueroso, forzadísimo y estúpidamente meloso "happy end".
Sin embargo, en lo que "Transylvania 6-5000" sí destaca y mucho es en su extenso, florido y notable reparto. Tenemos a Jeff Goldblum, que no necesita presentación. Joseph Bologna (curiosamente venía de interpretar a uno de los amigos de Gene Wilder en "La mujer de rojo"). El rubito Ed Begley Jr. Carol Kane (de "Llama un extraño"). El pederasta Jeffrey Jones. Una erotiquísima Geena Davies, medio enseñando las tetitas, en su tercer papel pal cine que a mí de chaval me puso mu farruquito (fue en este rodaje donde ella y Goldblum se conocieron pa liarse más adelante). La actriz de comedia Teresa Ganzel, que mostraba las tetorras en "La gran locura americana" (lástima que de cara deje bastante que desear). El hoy detestado -por sus comentarios racistas- Michael Richards de "Seinfeld" interpretando a un agotador mayordomo obsesionado en resultar gracioso (otra de las cosillas que recordaba de la peli) y el propio Rudy De Luca parodiando a "Lawrence Talbot", el hombre lobo clásico, llamándose "Lawrence Malbot".
Para 2016, Rudy anuncia su regreso a la escritura cinematográfica abiertamente cómica con una cosa titulada "Big Finish". ¡Molt bé, home!.
Todo este macro-rollo tiene una utilidad: Introducir los fotocromos y el póster de la época que José Frade se encargó de fabricar para promocionar en las Españas "Transylvania 6-5000", cortesía, cómo no, de Alex Gardés...
jueves, 22 de enero de 2015
CENA CON EL VAMPIRO
Uno de los cuatro infames telefilms que Lamberto Bava dirigió para la caja lerda bajo el título común -serial- de "Brivido Giallo". Los otros son "Disturbios en el cementerio", "Efectos sobrenaturales" y "El Ogro". A cada cual, peor. ¿Es "Cena con el vampiro" -del 87- la excepción que confirma la regla o se suma al apestismo reinante?.... si de verdad les interesa saberlo (y si de verdad no se imaginan la respuesta), sigan leyendo esta fútil y estúpida crónica.
Fiel a las incongruencias propias del más zafio terror italiano, una bailarina, una aspirante a cantante pop, una actriz de tipo shakespeariano y un humorista irritante se presentan al casting de la nueva epopeya de terror de un importante y enigmático cineasta, Jurek. Todos ellos son seleccionados y conducidos a una gótica, barroca y bonita mansión para que conozcan al caballero. Después de que se les proyecte una antigua peli de vampiros en blanco y negro, hace acto de presencia el supuesto señor director, que se confiesa auténtico chupasangre y les explica que si les ha reunido no es para ofrecerles ningún papel, sino porque los considera lo suficientemente puros (??) como para que puedan matarle y acabar con su milenaria agonía... si antes no se los carga él, se comprende. Y eso es todo. El resto de la peli, pues ya se lo pueden imaginar, carreras y más carreras por la mansión huyendo del vampiro, intentos de acabar con él, etc, etc... y yo, que la vi tumbado en la cama, haciendo esfuerzos titánicos para no caer rendido. Claro que ya iba preparado. La consumí en su día, cuando era novedad en el video-club, y ya entonces me pareció un soberano rollo. Ni tan siquiera el paso del tiempo ha actuado en su favor.
Para la ocasión, y tal vez consciente de lo que tenía entre manos, Bava Junior tira un poco de elemento humorístico, destacando ese doble del "Aiiigorrrr" de "El jovencito Frankenstein" que ejerce como cocinero y criado del vampiro. Tal es la guasa que en un momento dado se refieren a él directamente como Marty Feldman. Toma cha!. Aunque en general todo el elemento cómico retrotrae más otro Frankenstein, a aquel infame "Idem a la Italiana" de funesta memoria y que expoliaba con muy poco "savoir-faire" el clásico de Mel Brooks.
¿Algo más digno de mención?... quizás la curiosidad de que, a diferencia del resto de títulos que conforman ese "Brivido Giallo", en "Cena con el vampiro" sí se apuesta por una escueta dosis de truculencia, condensada la mayoría, que no toda, en la película dentro de la película. Y aunque tenemos efectos muy dignos, destacando por un lado el maquillaje del mismo chupasangre en su versión "geriátrica" (cortesía de un Luigi Ciminelli muy inspirado en "Nosferatu"), por otro encontramos tres secuencias de stop-motion alucinantemente cutres -para un producto como este, mínimamente "pro"- pero, a su vez, ridículamente majas (impagable esa mano mutando).
En cuestión de personal, Lamberto Bava se rodea de varios habituales y no menos clásicos individuos del “fantastique” de su tierra como son: el legendario guionista Dardano Sacchetti, Luciano Martino (hermano de Sergio y productor de espagueti-exploits), Simon Boswell a los teclados, Sergio Stivaletti a los efectos y, pa redondear, E.Sciotti firmando el cartel que, como de costumbre, le da mil patadas a la película.
De los actores me quedo con el señor vampiro, interpretado por George Hilton, un auténtico veterano en las lides del cine popular italiano (lo has visto en westerns, bélicas, giallos, eróticas, polizescos...) y con la cara-de-muñequita de Yvonne Sciò, cuya trayectoria es tan curiosa que incluye cosas como el tercer "Torrente" (urgh!) o "La pantera rosa" del 2006.
Cuando Lamberto Bava se puso manos a la obra con "Brivido Giallo" venía de dirigir sus películas más emblemáticas no sin cierto éxito, los "Demons" y "Crímenes en portada" (entre medio cae una inédita para mi, "Morirai a mezzanotte"), por lo que no me acabo de explicar por qué accedió a hundir definitivamente su carrera pariendo este cuarteto de ñordillas (rematada con ese apestoso remake de "La máscara del demonio").
En fin... ¿¿chi lo sa??.
Fiel a las incongruencias propias del más zafio terror italiano, una bailarina, una aspirante a cantante pop, una actriz de tipo shakespeariano y un humorista irritante se presentan al casting de la nueva epopeya de terror de un importante y enigmático cineasta, Jurek. Todos ellos son seleccionados y conducidos a una gótica, barroca y bonita mansión para que conozcan al caballero. Después de que se les proyecte una antigua peli de vampiros en blanco y negro, hace acto de presencia el supuesto señor director, que se confiesa auténtico chupasangre y les explica que si les ha reunido no es para ofrecerles ningún papel, sino porque los considera lo suficientemente puros (??) como para que puedan matarle y acabar con su milenaria agonía... si antes no se los carga él, se comprende. Y eso es todo. El resto de la peli, pues ya se lo pueden imaginar, carreras y más carreras por la mansión huyendo del vampiro, intentos de acabar con él, etc, etc... y yo, que la vi tumbado en la cama, haciendo esfuerzos titánicos para no caer rendido. Claro que ya iba preparado. La consumí en su día, cuando era novedad en el video-club, y ya entonces me pareció un soberano rollo. Ni tan siquiera el paso del tiempo ha actuado en su favor.
Para la ocasión, y tal vez consciente de lo que tenía entre manos, Bava Junior tira un poco de elemento humorístico, destacando ese doble del "Aiiigorrrr" de "El jovencito Frankenstein" que ejerce como cocinero y criado del vampiro. Tal es la guasa que en un momento dado se refieren a él directamente como Marty Feldman. Toma cha!. Aunque en general todo el elemento cómico retrotrae más otro Frankenstein, a aquel infame "Idem a la Italiana" de funesta memoria y que expoliaba con muy poco "savoir-faire" el clásico de Mel Brooks.
¿Algo más digno de mención?... quizás la curiosidad de que, a diferencia del resto de títulos que conforman ese "Brivido Giallo", en "Cena con el vampiro" sí se apuesta por una escueta dosis de truculencia, condensada la mayoría, que no toda, en la película dentro de la película. Y aunque tenemos efectos muy dignos, destacando por un lado el maquillaje del mismo chupasangre en su versión "geriátrica" (cortesía de un Luigi Ciminelli muy inspirado en "Nosferatu"), por otro encontramos tres secuencias de stop-motion alucinantemente cutres -para un producto como este, mínimamente "pro"- pero, a su vez, ridículamente majas (impagable esa mano mutando).
En cuestión de personal, Lamberto Bava se rodea de varios habituales y no menos clásicos individuos del “fantastique” de su tierra como son: el legendario guionista Dardano Sacchetti, Luciano Martino (hermano de Sergio y productor de espagueti-exploits), Simon Boswell a los teclados, Sergio Stivaletti a los efectos y, pa redondear, E.Sciotti firmando el cartel que, como de costumbre, le da mil patadas a la película.
De los actores me quedo con el señor vampiro, interpretado por George Hilton, un auténtico veterano en las lides del cine popular italiano (lo has visto en westerns, bélicas, giallos, eróticas, polizescos...) y con la cara-de-muñequita de Yvonne Sciò, cuya trayectoria es tan curiosa que incluye cosas como el tercer "Torrente" (urgh!) o "La pantera rosa" del 2006.
Cuando Lamberto Bava se puso manos a la obra con "Brivido Giallo" venía de dirigir sus películas más emblemáticas no sin cierto éxito, los "Demons" y "Crímenes en portada" (entre medio cae una inédita para mi, "Morirai a mezzanotte"), por lo que no me acabo de explicar por qué accedió a hundir definitivamente su carrera pariendo este cuarteto de ñordillas (rematada con ese apestoso remake de "La máscara del demonio").
En fin... ¿¿chi lo sa??.
martes, 6 de diciembre de 2011
CHILLERAMA
Varios de los auto-proclamados nuevos estetas del "horror indie moderno" se unen para parir el enésimo homenaje a los auto-cines, la serie Z, el exploitation, el trash, el grindhouse, las dobles sesiones, bla, bla, bla y bla. Apuestan por la comedia antes que el horror, y te venden el sarao como un festival de gore y mal gusto que luego no es pa tanto. Especialmente lo último, con chistes a base de caca-culo-pedo-pis que se pretenden ofensivos sin llegar a serlo. Encima, lo crean o no, la dosis de tetismo es mas bien escasa (algo que reconoce uno de los mismos directores), todo ello muy típico de la doble moral americana. Eso sí, homenaje a la Troma incluido -el auto-cine donde se desarrolla la trama principal se llama ¡Kaufman!- para justificar el desmadre (y discurso barato anti-era digital... sí, esa misma sin la cual estos señores no podrían haber hecho su película -está grabada en evidente vídeo- ni distribuirla).La historia se centra en el mentado auto-cine, donde se reúnen los personajes principales para una última noche de pelis chungas antes del cierre. Iremos viéndolas en formato corto a lo largo del excesivo metraje. Son las que siguen:
"Wadzilla": Este tiene la suerte de ser el primero del pack, por lo que las salidas visuales graciosas que luego se repetirán hasta la saciedad aquí aún resultan algo sorprendentes y funcionan. En su contra tiene que de parodias de las monster movies de los años 50 explotando sus efectos especiales cutres y sus personajes cuadriculados se han hecho a miles y millares. Es más de lo mismo. A ratos simpático, a ratos incluso patético. Un tio toma una medicina para dar más vidilla a su esperma, con la mala suerte de que los espermatozoides le salen enormes. Uno de ellos huye, y se convierte en un monstruo gigante que lo devora todo (fabricado por los hermanos Chiodo, padres de los "Critters"). Se parece mucho a "El hombre langosta" (en lo de exagerar la cutrez de sus trucajes, a base de evidentes maquetones, muñecos e hilos sujetando juguetes) pero, sobre todo, al "Rectuma" de Mark Pirro... muy superior, by the way. Dirige (y protagoniza) Adam Rifkin, responsable de "Cero en conducta", de una peli de culto en USA titulada "The Dark Backward" y es el tio que sustituyó a Scott Spiegel y el clan Raimi en "The Nutt House".
"I was a teenage werebear": Parodia de "I was a teenage werewolf", de las pelis de amor adolescente de los años 50, los musicales y las "beach movies". Tim Sullivan, director de los dos "2001 Maniacs" (el segundo de los cuales era abominable), despliega su limitado saber hacer para parir el corto más largo y menos divertido de todos. Al "déjà vu" general se le suma un humor muy chorra y elemental y el "gay"ismo del director, que esta vez se desata por completo narrando la epopeya de un chaval -vestido en plan James Dean- que descubre que le molan más los músculos que las tetas y que se obsesiona con el "bad boy" del barrio que resultará ser un "werebear" (en lugar de "hombres lobo" tenemos "hombres oso"... ese es el mejor gag de todos). Cutre, pesada y tonta. Y no lo digo por su tirón homo, para nada, lo digo porque... bueno, porque es así.
"The diary of Anna Frankenstein": Adam Green, padre de los dos "Hatchet", era quien prometía más diversión y gore, y debo decir que, salvo el título, la cosa decepciona bastante. Hitler crea un monstruo de Frankenstein con pinta de judío quien, obvio, se volverá contra él. De todos los segmentos, este es el más "spoof" con algun acertado gag de metacine (para cazar a Hitler, el monstruo busca donde esta el final del decorado y sale), pero en general es muy limitado y previsible y, siguiendo el orden establecido, muy tonto, demasiado incluso para mi. El histrionismo de los actores y el alemán hablado (y que tiene toda la pinta de ser inventado) terminan rayando un poco.
"Deathication": Esto más que un corto es un trailer y es el que apuesta por la mayor dosis de mal gusto, a base de chistes de caca. La parodia apunta hacia el cine setentero y el italiano, y se prolonga incluso a los créditos finales.
Todo ello entrelazado por la historia que se desarrolla en el auto-cine, con amores adolescentes (buuuuh!!), muchos guiños (sobre todo a base de frases famosas sacadas de pelis míticas de los 80, citas directas a "Robocop" y "Spaceballs", mención a Simon Pegg, etc) y, cómo no, ¡zombies!... que sí, que son zombies que se masturban y mueren con un tiro en los cojones, pero son los putos zombies que el mercado demanda. Es la parte más standard del pack y se la debemos a Joe Lynch, dire de "Km. 666 II: Camino sangriento".
El reparto tiene algunas agradables sorpresas como Ray Wise, Eric Roberts, Kane Hodder (haciendo del monstruo judío), Lin Shaye o Ron Jeremy. Los cuatro directores se marcan un simpático cameo justo antes de los créditos.
Al final, lo que uno obtiene de "Chillerama" es la sensación de chiste privado, de peli casera para regocijo de quienes la han hecho y sus colegas (que trabajan en la prensa especializada y se encargarán de darle el "estatus" que no merece), pero de difícil degustación para el resto de los mortales. Eso por un lado está muy bien, pero por otro no mola si, como yo, no conectas con este mega-chiste. Lo peor es que hace muy poca gracia y todo el rato tienes la sensación de que sus responsables creen haber inventado la panacea sin darse cuenta de que otros ya lo pensaron antes y lo hicieron bastante mejor.
Loables intenciones, parcos resultados. Finalmente lo mejor de toda esta empresa es el puto póster, ¿que no?.
sábado, 9 de agosto de 2014
LA LOCA HISTORIA DEL MUNDO
Me encanta esta peli. Que quede claro desde buen principio. La he visto varias veces y siempre la disfruto, pero ha habido casos concretos en los que la he gozado tanto que, en fin, se me ha pasado en un "plis". Volando. Y me sorprendo y me digo "Coño, ¿ya está?, mira que es entretenida y divertida la jodida". Y lo es. Puede que no sea la mejor comedia del gran Mel Brooks, personaje claramente adorado en este blog, ni la más reconocida, ni la más ingeniosa. De hecho, en su época tuvo muy malas críticas. Hasta ganó un premio oficial en los USA como el peor estreno del año. Pero a mí me la suda, de verdad os lo digo, es una peli que me da buen rollo, transpira positividad toda ella y es ideal para combatir penas y aburrimientos.
Un Mel Brooks pletórico, en la cresta de la ola tras estrenar éxitos como "Sillas de montar calientes", "El jovencito Frankenstein" o "La última locura" y con el ego desatado, se encarga de protagonizar (hasta cinco papeles se marca el baranda), dirigir, guionizar, componer/cantar alguna canción y producir este repaso a algunos momentos de la historia de la humanidad, divididos en diferentes segmentos de distintas duraciones. Los más gordos van dedicados al Imperio Romano y a la revolución Francesa. Pero también hay sitio para la prehistoria o la inquisición Española. Todo ello con una estética algo anticuada para el año que se produjo, 1981, con unos colores, un modo de filmar y unos decorados de cartón piedra tremendos, que destilan artificialidad, pero que bien podría ser una estratagema del amigo Brooks como parte de la parodia, algo que ya solía hacer. Imitó el estilo de James Whale en "El jovencito Frankenstein" y aquí podría haber tomado prestado el look de todas esas súper-producciones históricas y bíblicas tan típicas del Hollywood clásico donde primaba un tono diametralmente opuesto al realismo. Sea como sea, me encanta, todo ese colorido incrementa el tono de fiesta y diversión.
El tipo de humor –absurdo- empleado y su eficacia varían a lo largo de los 92 minutos que dura la peli. Hay chistes malísimos (muchos de ellos en el segmento dedicado a la prehistoria), los hay majos, los hay muy buenos y, obvio, los hay brillantes. En este último grupo podría soltar unos cuantos de mis favoritos, pero me quedaría corto. No sé, así a lo burro me encanta el espectacular y delirante número musical situado en el castillo de Torquemada (gran canción, gran letra), me encanta Dom DeLuise como emperador Romano, me encanta Harvey Korman como Conde de Parné (De Monet, en la versión original), la coña a costa de la última cena ("¡Judas!, ¿quieres probar la sopa?"), la ya clásica frase "Es bueno ser rey" que Brooks esputa a cámara cada dos por tres y muchas partes de los diálogos... que imagino será cosa del doblaje, porque son chistes muy “castizos”... pero no puedo resistirme a la forma de hablar de los Romanos ("Comicus, comicus!", "Estúpidus!", "Papirus para el porrus", etc). También resulta interesante hacer notar que, acorde a los tiempos que corrían, Mel Brooks se vuelca en los chistes verdes, el humor vulgar y chabacano, presente en sus trabajos previos pero no hasta ese grado, algo que sentaría fatal a los críticos de la época, pero que hoy es del todo efectivo. Yo esta peli la vi en su estreno, acompañado de mi tío, y recuerdo varias cosas: que la sala estaba petada, que el público se reía mucho y ¡¡que me ponían muy nervioso las chuflas marranas!!, me sentía avergonzado, casi como si estuviese viendo una película porno. Dulce inocencia. Pero es que momentos como el casting de penes para la orgía o la prueba para comprobar la autenticidad de los eunucos (con esa lengua quilométrica desenrollándose) eran materia muy fuerte para un chavalín como era yo entonces.
El caso es que, por el motivo que sea, "La loca historia del mundo" fue un fracaso considerable, y marcó el principio del fin de la carrera de Mel Brooks como director, que ya no levantó cabeza. Pasaron seis largos años hasta que volvió a estrenar un largometraje como autor máximo y fue "Spaceballs", titulado en España "La loca historia de las galaxias", lo que no deja de ser gracioso. Tampoco fue un éxito, aunque, obvio, los que la vimos en su momento la recordamos con mucho cariño (algún día hablaré de ella a fondo). Curiosamente el último gag de "La loca historia del mundo" es una coña a costa de "La guerra de las galaxias", todo un aperitivo de lo que sería la siguiente locura del pequeño judío.
En v.o. "La loca historia del mundo" se titula "History of the world, part 1"... pero nunca hubo en mente hacer un part 2, solo era parte del chiste. Sin embargo, ello dio pie a que algunos indocumentados lo usaran como arma arrojadiza contra Mel Brooks, riéndose de su fracaso y, por tanto, de la imposibilidad de seguir la supuesta saga. Indocumentados como el amigo Carlos Pumares, que detestaba al director de "Máxima Ansiedad" y echaba mano de tan equivocada acusación. Peor para él.
No me voy a enrollar con el tema del personal implicado porque es largo como un día sin pan y hay de todo. Basta decir que están los clásicos de Brooks (DeLuise, Madeline Kahn, Cloris Leachman, Ron Carey, Sid Caesar Rudy DeLuca), algunos fichajes nuevos (Gregory Hines sustituyendo a Richard Pryor, que había co-guionizado "Sillas de montar calientes" y no pudo actuar en la presente por sus movidas chungas con las drogas y los mecheros) y un porrón de cameos (destacando los de Charlie Callas, Paul Mazursky, Henny Youngman -¡¡¡quien también tuvo un papelillo en "The Gore Gore Girls" de H.G.Lewis, nada menos!!!-, Hugh Hefner, Barry Levinson, John Hurt...) y Orson Welles narrando la movida.
Hace unas semanas llegué a la conclusión de que, por mucho que me guste el humor, y que sea la mar de importante en mi vida, en general la comedia ha dejado de gustarme. O peor, de hacerme reír. Naturalmente hablo de la comedia moderna… no sé, hay algo en ella, venga de donde venga (pero especialmente la americana, que siempre fue mi preferida), que ya no funciona conmigo. Por eso, tras revisar “La loca historia del mundo” y disfrutar en el proceso como un niño y su moco, puedo afirmar que “Ya no se hacen como esta”.
Divertida, fresca, sanamente tonta, irreverente.... muy recomendable.
Un Mel Brooks pletórico, en la cresta de la ola tras estrenar éxitos como "Sillas de montar calientes", "El jovencito Frankenstein" o "La última locura" y con el ego desatado, se encarga de protagonizar (hasta cinco papeles se marca el baranda), dirigir, guionizar, componer/cantar alguna canción y producir este repaso a algunos momentos de la historia de la humanidad, divididos en diferentes segmentos de distintas duraciones. Los más gordos van dedicados al Imperio Romano y a la revolución Francesa. Pero también hay sitio para la prehistoria o la inquisición Española. Todo ello con una estética algo anticuada para el año que se produjo, 1981, con unos colores, un modo de filmar y unos decorados de cartón piedra tremendos, que destilan artificialidad, pero que bien podría ser una estratagema del amigo Brooks como parte de la parodia, algo que ya solía hacer. Imitó el estilo de James Whale en "El jovencito Frankenstein" y aquí podría haber tomado prestado el look de todas esas súper-producciones históricas y bíblicas tan típicas del Hollywood clásico donde primaba un tono diametralmente opuesto al realismo. Sea como sea, me encanta, todo ese colorido incrementa el tono de fiesta y diversión.
El tipo de humor –absurdo- empleado y su eficacia varían a lo largo de los 92 minutos que dura la peli. Hay chistes malísimos (muchos de ellos en el segmento dedicado a la prehistoria), los hay majos, los hay muy buenos y, obvio, los hay brillantes. En este último grupo podría soltar unos cuantos de mis favoritos, pero me quedaría corto. No sé, así a lo burro me encanta el espectacular y delirante número musical situado en el castillo de Torquemada (gran canción, gran letra), me encanta Dom DeLuise como emperador Romano, me encanta Harvey Korman como Conde de Parné (De Monet, en la versión original), la coña a costa de la última cena ("¡Judas!, ¿quieres probar la sopa?"), la ya clásica frase "Es bueno ser rey" que Brooks esputa a cámara cada dos por tres y muchas partes de los diálogos... que imagino será cosa del doblaje, porque son chistes muy “castizos”... pero no puedo resistirme a la forma de hablar de los Romanos ("Comicus, comicus!", "Estúpidus!", "Papirus para el porrus", etc). También resulta interesante hacer notar que, acorde a los tiempos que corrían, Mel Brooks se vuelca en los chistes verdes, el humor vulgar y chabacano, presente en sus trabajos previos pero no hasta ese grado, algo que sentaría fatal a los críticos de la época, pero que hoy es del todo efectivo. Yo esta peli la vi en su estreno, acompañado de mi tío, y recuerdo varias cosas: que la sala estaba petada, que el público se reía mucho y ¡¡que me ponían muy nervioso las chuflas marranas!!, me sentía avergonzado, casi como si estuviese viendo una película porno. Dulce inocencia. Pero es que momentos como el casting de penes para la orgía o la prueba para comprobar la autenticidad de los eunucos (con esa lengua quilométrica desenrollándose) eran materia muy fuerte para un chavalín como era yo entonces.
El caso es que, por el motivo que sea, "La loca historia del mundo" fue un fracaso considerable, y marcó el principio del fin de la carrera de Mel Brooks como director, que ya no levantó cabeza. Pasaron seis largos años hasta que volvió a estrenar un largometraje como autor máximo y fue "Spaceballs", titulado en España "La loca historia de las galaxias", lo que no deja de ser gracioso. Tampoco fue un éxito, aunque, obvio, los que la vimos en su momento la recordamos con mucho cariño (algún día hablaré de ella a fondo). Curiosamente el último gag de "La loca historia del mundo" es una coña a costa de "La guerra de las galaxias", todo un aperitivo de lo que sería la siguiente locura del pequeño judío.
En v.o. "La loca historia del mundo" se titula "History of the world, part 1"... pero nunca hubo en mente hacer un part 2, solo era parte del chiste. Sin embargo, ello dio pie a que algunos indocumentados lo usaran como arma arrojadiza contra Mel Brooks, riéndose de su fracaso y, por tanto, de la imposibilidad de seguir la supuesta saga. Indocumentados como el amigo Carlos Pumares, que detestaba al director de "Máxima Ansiedad" y echaba mano de tan equivocada acusación. Peor para él.
No me voy a enrollar con el tema del personal implicado porque es largo como un día sin pan y hay de todo. Basta decir que están los clásicos de Brooks (DeLuise, Madeline Kahn, Cloris Leachman, Ron Carey, Sid Caesar Rudy DeLuca), algunos fichajes nuevos (Gregory Hines sustituyendo a Richard Pryor, que había co-guionizado "Sillas de montar calientes" y no pudo actuar en la presente por sus movidas chungas con las drogas y los mecheros) y un porrón de cameos (destacando los de Charlie Callas, Paul Mazursky, Henny Youngman -¡¡¡quien también tuvo un papelillo en "The Gore Gore Girls" de H.G.Lewis, nada menos!!!-, Hugh Hefner, Barry Levinson, John Hurt...) y Orson Welles narrando la movida.
Hace unas semanas llegué a la conclusión de que, por mucho que me guste el humor, y que sea la mar de importante en mi vida, en general la comedia ha dejado de gustarme. O peor, de hacerme reír. Naturalmente hablo de la comedia moderna… no sé, hay algo en ella, venga de donde venga (pero especialmente la americana, que siempre fue mi preferida), que ya no funciona conmigo. Por eso, tras revisar “La loca historia del mundo” y disfrutar en el proceso como un niño y su moco, puedo afirmar que “Ya no se hacen como esta”.
Divertida, fresca, sanamente tonta, irreverente.... muy recomendable.
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